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ACIMED

versión impresa ISSN 1024-9435

ACIMED v.5 n.3 Ciudad de La Habana sep.-dic. 1997

 

EDITORIAL

Por un enfoque ecológico y epidemiológico en la actividad científico informativa

El estudio de las relaciones entre los organismos y de éstos con su medio, constituye el objeto de estudio de la ecología.1

La relación entre los organismos que pueblan una región es tan estrecha, que cualquier alteración en la población de una especie o del medio afecta de una forma u otra a toda la comunidad a la que pertenece. En un sistema ecológico influyen dos grupos de factores fundamentales: abióticos -de naturaleza físico-química- como la temperatura, la luz, la gravedad, la presión y las diversas sustancias presentes en el medio, y bióticos !que se derivan de la presencia de otros organismos que forman parte del ambiente.1

Un tercer grupo de factores de capital importancia en dichos sistemas pueden ser los de índole informacional, referidos a las alteraciones que se producen en los individuos como resultado del constante intercambio de información que se opera entre los seres vivos y de éstos con el medio. A esta vertiente de la ecología se le pudiera llamar "ecología informativa".

La evolución de la vida y, en especial, de la humanidad, corre junto con el desarrollo de la capacidad para captar, procesar y utilizar la información para organizar el comportamiento de los organismos vivos. Es así que en la sociedad moderna resulta imposible vivir al margen de la información.

Ahora bien, sucede que en el contexto actual, el crecimiento geométrico del conocimiento y, por tanto, de la información, ha originado un conjunto de manifestaciones en el comportamiento del hombre que van, desde el hastío y el temor por el recibo de nueva información !sobre todo cuando ésta puede aparecer en una etapa del trabajo en que ya no resulta conveniente! producida por la saturación del nivel de procesamiento permisible para el hombre promedio, hasta la ansiedad que genera no hallar un dato que él conoce que existe, pero que la organización que dispone de la información lo hace inaccesible.

Hasta el momento, se han valorado sólo los trastornos que en el plano psicológico producen tales situaciones, sin considerar las pérdidas que se generan en las esferas económica, comercial, social, política u otras que, aunque resultan de gran interés para la gerencia de las instituciones de información, no constituyen actualmente objeto de estudio de ninguna subdisciplina del sector informativo-bibliotecario.

Es en este entorno donde se establece un punto de contacto entre la psicología, la gerencia y las ciencias de la información, potencialmente provechoso para la investigación de los efectos que sobre el hombre y la sociedad moderna producen las desviaciones que tienen lugar en el proceso de suministro de la información y la determinación de las formas y de los niveles adecuados de su entrega.

Sin embargo, si bien resulta importante conocer los efectos negativos que genera el suministro inadecuado de la información, como un medio para concientizar a aquellos que en la sociedad ostentan la responsabilidad de la administración de dichos procesos, es mucho más importante hallar nuevas formas de identificación, selección y organización de este recurso que propicien el logro de una armonía o correspondencia entre la información que se entrega y la necesidad de acceder a ésta por parte del que la recibe.

En el logro de este objetivo, es de especial importancia que las instituciones de información cuenten en su estructura con un subsistema que funcione de forma semejante a como lo hacen los sistemas de vigilancia epidemiológica en el sector de la salud.

La epidemiología constituye la rama de la medicina que estudia la evolución de las enfermedades en las agrupaciones humanas en el tiempo y en el espacio, y que analiza todos los factores que contribuyen a modificar los índices de morbilidad, mortalidad y letalidad.2

La aportación fundamental de la epidemiología es la identificación de los problemas, la comprensión de su causa y el conocimiento de la dinámica de su distribución.3 Facilita la identificación de las áreas geográficas y los grupos de población que presentan mayores necesidades y que, por tanto, requieren una mayor atención. Permite conocer la distribución y la importancia de los factores que operan en el aumento de las necesidades y en el consumo de los recursos, que no son necesariamente los mismos en todos los grupos de la población, así como identificar grupos de riesgo o prioritarios, cuyo reconocimiento supone la selección de intervenciones sociales para disminuir o eliminar los factores de riesgo específicos en cada uno de ellos.4 Es, por tanto, una disciplina capaz de producir un cuadro que representa las necesidades que, en materia de salud, tiene una determinada población.

Ahora bien, en la medida que los servicios de una institución de información tengan como objetivo final atender las verdaderas necesidades de una población, el enfoque epidemiológico del trabajo y la dirección son aliados lógicos. Las decisiones relativas a la asignación de recursos, a la definición de las prioridades y de los objetivos que los servicios deben lograr, no pueden tomarse sin una base de información que permita conocer los problemas y su distribución en una población objetivo.3

Es necesario definir políticas de información y no de servicios, es decir, definir políticas cuyas metas se formulen en términos de indicadores de satisfacción de las necesidades o de impacto en la solución de problemas sociales determinados, y no sólo en términos de los servicios que hay que ofrecer y de los recursos que hay que movilizar. El objetivo de tales políticas ha de ser la obtención de un efecto mensurable en el estado informacional de una población específica. Esta concepción es muy diferente a la que sólo se propone como objetivo satisfacer la demanda espontánea de las personas.3

Así, pues, el trabajo de la institución ha de organizarse en torno a programas con fines específicos ante un problema determinado. En tal sentido, debe adoptarse un enfoque poblacional, cuyos propósitos se expresen en términos de los indicadores en los que hay que influir. Esta concepción resulta muy diferente al enfoque institucional y profesional, donde los objetivos se establecen en torno al suministro de unos servicios que, a juicio de los que los dirigen, satisfacen las necesidades de la comunidad a la que atienden. 3

Todo esto implica una reorganización de los servicios, para dar respuesta a las necesidades insatisfechas; la identificación y puesta en práctica de las intervenciones más adecuadas, así como la evaluación del impacto de dichas intervenciones a nivel de la población.3

Sin la existencia de un subsistema epidemiológico que proporcione datos sobre la evolución del estado informacional en la comunidad de usuarios a la que sirve la institución, no se puede hablar de enfoque poblacional. A menos que se piense que las impresiones de los administradores, de los profesionales o de algunos representantes de la población constituyen una fuente fiable, válida y suficiente de datos sobre el estado de satisfacción de las necesidades de información de una población determinada.3

La distribución equitativa de los recursos en una comunidad necesita de la epidemiología informacional, por lo menos para:

  • la identificación de las diferencias en el perfil epidemiológico-informacional de los distintos sectores y categorías de usuarios de la población a la que sirve la institución;
  • la evaluación de la repercusión que producen las distintas opciones de intervención, para evitar el desperdicio de los escasos recursos;
  • la introducción de la información en la toma de decisiones.3
  • Una institución de información requiere, por consiguiente, de un sistema de información ágil, que le permita identificar áreas y poblaciones con mayores necesidades insatisfechas, de manera tal que pueda focalizar sus intervenciones hacia esos grupos prioritarios.

    Indudablemente, el sector informativo-bibliotecario necesita de un enfoque ecológico y epidemiológico en su actividad para la obtención de un mayor impacto en la satisfacción de las necesidades y en la solución de los problemas sociales.

    REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

    1. Diccionario enciclopédico Salvat universal. Barcelona: Salvat, 1989.
    2. Dorland. Diccionario de ciencias médicas. Barcelona: El Ateneo, 1985:468.
    3. Dussault G. La epidemiología y la gestión de los servicios de salud. Boletín Epidemiológico 1995;16(2):1-5.
    4. OPS. Uso de los sistemas de información geográfica en epidemiología (SIG-Epi). Boletín Epidemiológico 1996;17 (1):1-6.
    Lic. Rubén Cañedo Andalia
    Departamento de Recursos Informativos
    Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas