Introducción
La pandemia de COVID-19, ocasionada por el SARS-CoV-2, ha producido un efecto negativo considerable en la salud de las personas a nivel mundial. Desde su aparición a finales de 2019, su impacto ha sido notable, más allá del sistema respiratorio. Esta situación sanitaria afecta de manera particular a la población mayor, impactada sobremanera por la enfermedad y sus consecuencias. Incluye numerosas secuelas que afectan a los distintos órganos y sistemas, notables por su alta morbilidad.1
En dicha situación es vital examinar la correspondencia entre la propagación de la COVID-19 y las tasas de mortalidad en personas mayores, lo que impactará de manera significativa en las políticas de salud pública y atención médica. Las enfermedades cardíacas se perfilan como una grave dolencia asociada al coronavirus, lo que sugiere una conexión entre el contagio y la circulación arterial. La inflamación crónica incrementa la probabilidad de complicaciones cardíacas y precipita la mortalidad prematura.2
Del mismo modo, el envejecimiento se encuentra relacionado con una mayor vasodilatación. Con la edad, la sangre se espesa y la eficiencia cardíaca disminuye. Las personas mayores enfrentan un riesgo elevado de enfermedad cardíaca, exacerbado por otras complicaciones de salud como el COVID-19. Algunas investigaciones muestran que los pacientes mayores con COVID-19 presentan más problemas cardíacos y vasculares.1,3
En la tercera edad es muy frecuente el síndrome hiperinflamatorio, causante de la tormenta de citoquinas, que destruye células endoteliales y aumenta el riesgo de trombosis y trastornos cardiacos. Resulta fundamental la identificación temprana de esta condición, para propiciar un abordaje integral y mitigar sus efectos, sobre todo en pacientes con enfermedades crónicas de base, como es el caso de los pacientes hipertensos y diabéticos, que ya tienen un compromiso vascular.2,4
Las vacunas contra el coronavirus también han tenido un impacto potencial en las afecciones cardíacas. Persisten preocupaciones sobre la potencia de las vacunas y sus posibles efectos adversos en las personas mayores, lo que genera una preocupación continua. No obstante, a pesar de que las vacunas pueden presentar ciertos riesgos asociados en las personas mayores, los beneficios son superiores.5
Junto con los ensayos clínicos, debe reconocerse la influencia de factores sociales y psicológicos en la intensidad de las enfermedades cardíacas en adultos mayores. Las medidas de restricción han incrementado el aislamiento, la tensión y la ansiedad, lo que daña potencialmente el sistema circulatorio.3 Las presentaciones clínicas y la progresión de la enfermedad cardíaca no pueden pasarse por alto. Para mejorar la comprensión, resulta imprescindible exponer las secuelas circulatorias en personas mayores con antecedentes de COVID-19.
Desarrollo
La pandemia de COVID-19 no solo ha generado desafíos de salud comunitarios, sino que ha resultado motivo de numerosas investigaciones médicas. Se ha reportado un gran número de hospitalizaciones, sobre todo en personas mayores, debido a que constituye el grupo demográfico más afectado.3 En este sentido, varios autores1,6 han hecho referencia a la relación existente entre la propagación de la COVID-19 y las enfermedades relacionadas con la edad, como los trastornos circulatorios.
Las afecciones cardíacas, en las que se incluyen los infartos, los ictus y la formación de coágulos sanguíneos, así como las enfermedades infecciosas, son prevalentes en la vejez y tienen un efecto profundo en el sistema circulatorio. La COVID-19 ha impactado de manera significativa en la salud, con un aumento considerable de muertes ocasionadas por trastornos circulatorios.2Espin y otros7 identificaron que los ancianos con COVID-19 a menudo desarrollaban graves problemas cardíacos. Esto sugiere que la respuesta defensiva del organismo, ante el patógeno, puede contribuir al deterioro de la salud.
Una investigación reciente5 revela que la enfermedad provoca una intensa inflamación, con la posible interrupción de la función vascular y, por consiguiente, la inflamación endotelial y alteraciones de la coagulación. Las personas mayores con sistemas inmunes comprometidos tienen mayor riesgo de desarrollar este tipo de trastornos. Katsoularis y otros8 revelaron que las personas mayores infectadas con COVID-19 tienen mayor tendencia a desarrollar trombos vasculares que los no infectados.
Pacientes con edades superiores a los 65 años, durante la hospitalización por presentar COVID-19, tuvieron mayor incidencia de coágulos de lo habitual. Los profesionales sugirieron que este riesgo podría disminuirse con antiinflamatorios. Una investigación realizada por Alonso y otros9 mostró que los ancianos supervivientes de COVID-19 tienen mayor riesgo de desarrollar trastornos circulatorios. Tras seis meses se observaron cambios significativos en un tercio de los mayores de 60 años que sobrevivieron.2,3
Los resultados subrayan un vínculo significativo entre casos de COVID-19 y el deterioro de la salud en ancianos.7,8 Sin embargo, la mayoría de las investigaciones3,5,7 se basan en observaciones visuales, lo que complica la certeza de su precisión. Las variaciones metodológicas pueden afectar las conclusiones de los estudios realizados, por lo cual se necesitan más investigaciones para comprender los mecanismos internos y evaluar el impacto a largo plazo en la salud circulatoria de las personas mayores.
La conexión entre la COVID-19 y los trastornos circulatorios en personas mayores requiere vigilancia ante posibles afecciones cardíacas durante y después de la infección. Es fundamental priorizar las intervenciones preventivas y terapéuticas, mediante el empleo de antiinflamatorios. Además, es importante integrar chequeos vasculares en el protocolo de recuperación de ancianos, dado que podrían sufrir problemas persistentes. La administración de tratamientos para la salud circulatoria es ventajosa, lo cual contribuiría a disminuir la presentación de resultados adversos y mejorar la calidad de vida.10
La relación entre los trastornos circulatorios y la COVID-19 en personas mayores representa una preocupación vital, que requiere de investigaciones al respecto. Si bien se reconoce la conexión entre el virus y el daño circulatorio, es fundamental comprender los efectos duraderos del virus en el corazón. Con medidas oportunas, la influencia de estas dificultades en las personas mayores puede mitigarse, para mejorar su bienestar. Mantener una vigilancia cercana, diseñar e implementar numerosos proyectos de aprendizaje resultan elementales para abordar las secuelas circulatorias de la COVID-19 en personas mayores.5,6
Conclusiones
Las secuelas circulatorias en personas mayores con antecedentes de COVID-19 son preocupantes y requieren atención. Los hallazgos sugieren un aumento en problemas cardiovasculares, lo cual subraya la importancia de monitorear la salud circulatoria en esta población. Se recomienda un seguimiento médico regular para prevenir complicaciones y mejorar la calidad de vida.













