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Humanidades Médicas

versión On-line ISSN 1727-8120

Rev Hum Med vol.18 no.2 Ciudad de Camaguey may.-ago. 2018

 

Revisión

Evolución del constructo de Salud mental desde lo multidisciplinario

Evolution of the mental health construct from a multidisciplinary point of view

Ximena Cecilia Macaya Sandoval1  *  , Rolando Pihan Vyhmeister1  , Benjamín Vicente Parada1 

1. Facultad de Medicina. Universidad de Concepción. Concepción, Chile

RESUMEN

Las concepciones de salud mental son variadas y se han ido sucediendo de manera que cada una ha ido aportando nuevos matices a las anteriores, generando una nueva visión cada vez, donde las necesidades de la propia sociedad, han ido conformando una conceptualización de la salud mental de acuerdo con el contexto histórico, la disciplina y su modelación según las exigencias y particularidades de la sociedad y la cultura vigentes. Por consiguiente, se hace necesario replantear los conceptos desde los que se interpreta la idea de salud mental, si guardan o no relación con definiciones universales o a concepciones construidas a partir de los diferentes planteamientos de salud-enfermedad. En consecuencia, es importante el aporte que se puede realizar desde la investigación para llegar a una construcción del concepto de Salud Mental que considere la multidisciplinariedad. Bajo esta perspectiva, se contextualiza el concepto de salud mental desde lo multidisciplinario.

Palabras-clave: salud mental; construcción de concepto; multidisciplinariedad

ABSTRACT

There are several mental health conceptions which have been followed by others in such a way that each one of them has contributed to the previous ones, generating a different view each time, where the needs of society itself have made a conceptualization of mental health according to the historical context, discipline and model according to the requirements and particular features of society and the current culture. Therefore, it’s necessary to rethink the concepts from which the idea of mental health is interpreted, if it’s related to universal definitions or not, or to conceptions made from different approaches on health-disease. As a result, the contributions that can be made from research to achieve the construction of a multidisciplinary Mental Health concept are important. From this perspective, the concept of mental health is contextualized from a multidisciplinary point of view.

Key words: mental health; construction of the concept; multidisciplinary point of view

INTRODUCCIÓN

La salud mental se presenta como un concepto colectivo, bajo el cual se cobija un conjunto de diferentes perspectivas. Es desde este escenario que se plantea contextualizar la evolución del constructo de salud mental desde lo multidisciplinario.

Dada la naturaleza polisémica y la imprecisión del concepto de salud mental,1 la idea de salud mental, se enfrenta a importantes conflictos epistemológicos para establecer cómo se vinculan la salud y lo mental”, puesto que no guardan relación con definiciones universales, sino con concepciones construidas a partir de los diferentes planteamientos de salud-enfermedad,2 que emergen desde diferentes disciplinas.

La Organización Mundial de la Salud (OMS); señala que “La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades".3 De manera que, salud no es solamente la ausencia de enfermedades sino, resultante de un complejo proceso donde interactúan factores biológicos, económicos, sociales, políticos y ambientales en la generación de las condiciones que permiten el desarrollo pleno de las capacidades y potencialidades humanas, entendiendo al hombre como un ser individual y social. De igual modo, la OMS define la salud mental como un estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a su comunidad.3

DESARROLLO

A lo largo de la historia, el valor dado a la salud en cada sociedad es fundamental, influenciado por ideologías y corrientes de pensamiento que han dominado el mundo a través del tiempo respecto a la concepción de la salud. Desde este punto de vista, se puede señalar que las creencias y prácticas para evitar enfermarse, amuletos, talismanes, hechizos, han existido desde los tiempos más primitivos,4 y persisten aún en muchas culturas y son prueba del interés de siempre por conservar la salud como un bien preciado y, por lo tanto, este tipo de intervenciones se pueden asimilar como medidas promocionales y preventivas.

De acuerdo con lo anterior, se puede observar el concepto de salud, comenzando por los griegos, Esculapio (Asclepios) era el dios de la salud y su culto persistió por mucho tiempo. Tuvo dos hijas: Panacea conocida como la diosa de la curación e Hygea, de la salud, quien dio origen a la palabra higiene. En los tiempos de los griegos la higiene tenía una connotación más amplia, a Hygea se le reconocía como diosa del arte de estar sano, entendido este, como la moderación en el vivir, o el orden natural de las cosas; Panacea por el contrario, era la diosa de las medicinas y de los procedimientos terapéuticos. Ambas están reconocidas en la obra Corpus Hippocraticurn de Hipócrates.4 De igual modo, los filósofos griegos consideraron que ser saludable era un don de los dioses.

Durante el imperio romano, se tuvo una mirada más objetiva de la salud, menos mística, pero se conservaron principios higiénicos tomados de los griegos y egipcios. Médicos como Plutarco exaltaban el trabajo como fuente de salud. Para los romanos apareció una concepción más amplia de salud que incorpora la mente, consagrada en el famoso proverbio "mente sana en cuerpo sano".4 Galeno, el más famoso de los médicos romanos fue el primero que habló de los "pre-requisitos" para la salud, "libertad de pasión e independencia económica"5 fueron los principales; considerados más importantes que la buena constitución física, porque "no es posible llegar a una vida saludable sin independencia completa”.5 Durante la edad media, se realzó el espíritu como principal elemento de la salud y el cuerpo fue vinculado al pecado, por lo que las enfermedades eran el castigo por los pecados. No obstante, las circunstancias en el siglo XII dieron un cambio sustancial con las traducciones de los antiguos tratados de medicina y de higiene de los árabes. Por ejemplo, de los musulmanes es digno mencionar la concepción de hospital ya que fueron los primeros en vincular la academia en servicios de atención a pacientes como contribución al aprendizaje de la medicina desde la práctica clínica.

Los siglos XV y XVI se caracterizaron por una pausada práctica de los principios acumulados desde la antigua Grecia, con pocas excepciones. Por otro lado, la expansión del mundo con el descubrimiento de América produce un encuentro entre los conocimientos y prácticas de las culturas del Nuevo Mundo y los de los europeos, que tuvieron grandes repercusiones para la salud.

El siglo XVIII trajo cambios relevantes, se volvió a destacar la importancia tanto de la salud física como de la mental, para el individuo y la sociedad, este reconocimiento conllevó a que se hicieran grandes esfuerzos para impulsarlas y promocionarlas. Otra corriente totalmente diferente de este siglo, se inspiró en la filosofía de la Iluminación propia de este período y centrada en el individuo: el hombre es bueno, racional y es el único que puede cambiar su situación, pero es ignorante porque no se le da el conocimiento necesario.4 Así pues, la educación era entonces la panacea y uno de sus mejores exponentes en el campo de la salud pública fue John Locke, filósofo y médico inglés que diseñó un programa de salud física y mental a partir de la educación.

Durante el siglo XIX, surge la relación entre salud y condiciones de vida determinantes de enfermedad. Es a mediados de este siglo cuando se manifiestan con fuerza los conceptos de medicina social y la toma de conciencia sobre las relaciones entre el estado de salud de una población y sus condiciones de vida.4

Para concluir esta breve contextualización histórica de la salud, se puede señalar que a lo largo del siglo XX han existido diferentes enfoques de salud y enfermedad; con un propósito heurístico, estos enfoques pueden sintetizarse en el biomédico, el comportamental y el socioeconómico.2

Ahora bien, el constructo de salud mental presenta una gran polémica respecto a su conceptualización. Se habla de salud mental en los ámbitos clínico, social, cultural. Sin embargo, por mucho tiempo se ha homologado el concepto de salud mental con el concepto de enfermedad mental, así cuando se piensa y planifica en salud mental, las propuestas y proyecciones empiezan y terminan en enfermedad mental. Desde este punto de vista, la salud mental es un campo plural e interdisciplinario que recibe aportaciones de diferentes disciplinas. Por tal motivo, se considera que existen variadas conceptualizaciones que muestran la evolución del constructo de salud mental desde lo multidisciplinario. A continuación se revisara solo algunas, ya que como comprenderá el lector es muy difícil en un ensayo clarificar un concepto que lleva muchísimos años generando controversia.

Emiliano Galende6 afirma que se suele pensar el concepto de salud mental como sinónimo de enfermedad mental, de modo que el padecimiento queda situado en el escenario individual de la existencia de las personas afectadas. Asimismo indica que el objeto de la salud mental no es la enfermedad, sino que se constituye en torno a un complejo constructo interdisciplinario, intersectorial, interprofesional e interinstitucional,7 la multiplicidad de sentidos con los que el término salud mental fue introducido, generó un nuevo foco desde el cual abordar los problemas y este era el de comprender los sufrimientos mentales del individuo en el conjunto de sus relaciones familiares, grupales, y sociales en un sentido amplio (…) El objeto de la salud mental no es de un modo exclusivo el individuo o los conjuntos sociales, sino las relaciones que permiten pensar conjuntamente al individuo y a su comunidad.6

Entonces es posible sostener que la salud depende de todos sus elementos y se encuentra históricamente determinada e íntimamente unida a las condiciones de existencia, estilos de vida y de convivencia, en relación inclusiva con la colectividad a que se pertenece.

Por lo tanto, la salud mental de una comunidad

(...) está determinada social e históricamente. Es un proceso resultante de las condiciones de vida, de la historia y de los proyectos de una sociedad. Cada cultura marca a sus miembros con el particular significado que le da a la realidad. Nadie recibe los hechos sin que atraviesen y se tiñan de todos los símbolos, sentidos y mitos que hacen a la individualidad de esa cultura.6

En este sentido la salud mental tiene que ver con la vida diaria de todos, se refiere a la manera como cada uno se relaciona con las actividades en general en la comunidad; comprende la manera en que cada uno armoniza sus deseos, anhelos, habilidades, ideales, sentimientos y valores morales con los requerimientos para hacer frente a las demandas de la vida.7 En tanto, depende de cómo se siente el individuo frente a sí mismo, cómo se siente frente a otras personas y en qué forma responde a las demandas de la vida y de su ambiente.

Erich Fromm, destacado psicoanalista, psicólogo social y filósofo humanista de origen judío alemán, precursor de una visión que hoy día se denominaría holística e integradora del hombre y de su salud, buscó específicamente una integración de la sociología y el psicoanálisis. Adaptado esto a la salud mental significó, entre otras cosas, que Fromm nunca perdió de vista la sociedad detrás de cada individuo y su psicoanálisis del paciente individual siempre fue al mismo tiempo análisis de la sociedad en la cual este vive.

Fromm ve al hombre y las necesidades básicas que se derivan de su condición físico-mental y social. Por lo tanto, lo entiende desde una perspectiva materialista y define la salud mental desde una visión primariamente ética, es decir, se pregunta qué es lo que hace bien al hombre y que lo daña.8

Señala que el hombre tiene ciertas necesidades que si bien no pueden ser advertidas directamente, pueden ser explicadas a partir de sus actos. Este es el corolario más importante que extrae de su análisis y en el que cimienta finalmente su concepto de salud mental:

Producto de su situación específicamente humana con la cual el hombre llega al mundo, esta determina en él ciertas necesidades que son insoslayables, pues deben ser satisfechas. De qué manera estas necesidades son satisfechas es algo que dependerá sobre todo del contexto histórico-social y natural. La forma en que estas necesidades sean adecuadamente satisfechas o no determinarán finalmente el grado de salud mental que el hombre pueda desarrollar.8

Por consiguiente, define las necesidades básicas resultantes de la condición humana como las siguientes: la necesidad de vínculo, de un marco de orientación, de poder entregarse a algo, de arraigo, de identidad y de trascendencia.8

Necesidad de vínculo: Necesita crear nuevos lazos, nuevos vínculos con el mundo. La manera en la que busca relacionarse depende de muchos factores históricos, culturales, familiares, socio-económicos y políticos.

Necesidad de un marco de orientación y de un objeto de entrega: Fromm ve al hombre en su posición primaria como ser desorientado. En relación con las necesidades de orientación y de entrega Fromm distingue dos planos. El primero y más importante es el existencial, el segundo define la calidad de vida. El existencial tiene que ver con la necesidad de algún tipo de marco de referencia. La sociedad puede darle al hombre un marco de referencia inapropiado a sus necesidades básicas. Este primer plano determina, según Fromm, la salud o la enfermedad mental. El segundo plano define la felicidad o la desgracia, es decir, la calidad de vida. Fromm es de la opinión, que no basta únicamente el marco de referencia para ser capaz de actuar. “El hombre necesita también una meta, que le indique hacia donde tiene que ir”. Aquí se trata de la entrega, de su pasión por algo. El entregarse de lleno a algo hace al hombre capaz de actuar, porque funde y encauza la energía humana en una dirección determinada. A partir de ahí el hombre supera su existencia aislada, con todas sus dudas e inseguridades y le otorga sentido a su vida.

Necesidad de arraigo: Únicamente puede desprenderse de sus raíces naturales, al encontrar nuevas raíces, y solo después de haber encontrado esa nueva adaptación, puede volver a sentirse en el mundo como en casa”. El hombre tiene una sola oportunidad, si quiere ser sano, poder realizarse y sentirse como en casa, postula Fromm: Encontrar una nueva tierra, crearla y echar nuevas raíces. Esto se logra relacionándose con otros.8

Necesidad de identidad: Esta necesidad tiene su raíz en los principios de la propia naturaleza humana: El hombre percibe un proceso de individualización, es decir, se vuelve consciente de sí mismo y de su autonomía, porque ya no conforma una unidad con la naturaleza y posee razón y también capacidad de abstracción. Puede decir “yo” y puede también diferenciarse de otros hombres. No obstante, en la sociedad muchos hombres manifiestan un tipo de identidad, que, según Fromm, está fundada sobre el conformismo de masas. Esta sensación de identidad le otorga al hombre también seguridad y una cierta protección. Sin embargo, es una falsa percepción de identidad en la mayoría de los casos, ya que confina la propia libertad, el desarrollo, la salud mental y la felicidad.

Necesidad de trascendencia: El hombre trasciende la naturaleza a través del simple hecho de ser hombre. Fromm observa en esta necesidad una de las raíces humanas del fenómeno creativo: el arte, la religión y la producción material. En cambio el hombre que por algún motivo no puede ser creativo-productivo, necesitará satisfacer esa necesidad de otro modo. Se le ofrece entonces otra posibilidad: Si no puede producir vida, ni arte, ni ninguna otra cosa, entonces puede alcanzar la satisfacción de la necesidad de trascender a través de la destrucción de la vida y de lo vivo.

En consecuencia se establece que la adecuación a las demandas de una sociedad determinada no son siempre el equivalente a salud mental ya que el solo hecho de actuar en la sociedad nada dice al respecto del estado mental de sus individuos. Como el hombre y la sociedad forman una unidad y ya que la sociedad ejerce una gran influencia sobre el hombre, es imposible separar la salud mental de la sociedad en cuestión.

Las necesidades que el ser humano comparte con el animal - hambre, sed, sueño y apetito sexual- son importantes, porque tienen sus raíces en la química interior del organismo, pero su satisfacción total no es aún condición suficiente para una buena salud y para el equilibrio mental. Ambos dependen de la satisfacción de las necesidades y pasiones específicamente humanas y que nacen de las condiciones de la situación humana.8

Otra manera de conceptualizar la salud mental es desde la construcción rizomática. El estudio de las categorías utilizadas por las ciencias del hombre para definir conceptos como salud y enfermedad, normal y patológico, evidencia la existencia de un campo ambiguo e indefinido, lleno de contradicciones. Esta ambigüedad cumple la función de disimular el hecho de que los criterios de salud y enfermedad dependen, en las diversas culturas, del desarrollo dialéctico entre dos fenómenos: por un lado el conocimiento científico, por otro, el grado de desarrollo humano y social, ambos interactuantes y estrechamente relacionados.9

Cuando se trata de definir salud mental aparece una primera dificultad al tratar de encontrar una definición en la que todos concuerden, ya que existen tantas definiciones como apreciaciones para su acercamiento. Entonces, se podría considerar la salud mental como un rizoma. “El rizoma no es una raíz sino un tallo subterráneo. Se extiende bajo la tierra adquiriendo formas imprevisibles, estalla sobre la superficie regalando una planta, y otra, y otra”.10

Para comprender el concepto de rizoma en su sentido originario (concepto botánico) la primera diferencia que debe establecerse es la de configuración individual-arborescente y configuración rizomática. Lo que diferencia al rizoma de otras plantas se manifiesta precisamente en la parte que normalmente no se ve: por debajo del suelo también hay una estructura.

En la teoría filosófica de Gilles Deleuze y Félix Guattari, un rizoma es un modelo descriptivo o epistemológico en el que la organización de los elementos no sigue líneas de subordinación jerárquica de acuerdo al modelo del árbol de Porfirio, sino que cualquier elemento puede afectar o incidir en cualquier otro. Teniendo en cuenta esta configuración rizomática, la salud mental puede considerarse como una construcción teórica que no tiene una definición directa. Por cuanto, la salud mental es un campo plural e interdisciplinario que recibe contribuciones de diferentes disciplinas (sicología, siquiatría, sociología, enfermería, economía, etcétera). Asimismo, en cada disciplina existen diversas orientaciones que tienen concepciones idiosincrásicas y defienden abordajes diferentes y, a veces, difíciles de conjugar, sobre la salud mental. Por lo que sigue, se presenta la posibilidad de analogía con la teoría filosófica de Deleuze y Guattari, ratificando esta visión.

Varios metros separan a veces, una planta de sus múltiples vecinas, conectadas todas a un mismo rizoma. Bajo la superficie, el rizoma de pronto forma bulbos; de pronto, tubérculos. De igual modo, la salud mental no es algo estático y definitivo sino un estado dinámico y cambiante, intersectorial, esto implica una de las consignas básicas para labrar el concepto de salud mental que necesita de acciones conjuntas de los diferentes sectores vinculados al bienestar social de la población.9 Puesto que no se limita la acción de los dispositivos de salud que se encuentran comprometidos con ella, sino incluye a otros sectores de la vida social/institucional: la educación, la vivienda, el trabajo, la justicia, etc.

Considerar ahora que se determinación, aun cuando existe un reconocimiento de la importancia de la salud mental y de la amplia utilización de este concepto en los ámbitos profesionales, académicos y políticos, confronta importantes dificultades epistemológicas y prácticas, puesto que en la praxis, la orientación de las acciones y de las investigaciones en salud mental no obedecen a definiciones universale”, sino a concepciones construidas a partir de los diferentes enfoques de salud-enfermedad.2 Aunque la salud mental es un concepto bastante utilizado, su definición y conceptualización resultan complejas y polivalentes.

Concepción biomédica de la salud mental2 se define a partir de dos características fundamentales: la reducción de esta a un proceso biológico (que tiene que ver con el cerebro) y la ausencia de enfermedad como criterio de normalidad. Otra característica de la concepción biomédica es el protagonismo que se le otorga a la enfermedad como eje identitario de la salud mental. Lo anterior se hace particularmente evidente en muchas de las investigaciones que se realizan, las cuales en la práctica, se ocupan de la epidemiología y tratamiento de los trastornos siquiátricos, pero no de salud como tal.

Concepción conductual de la salud mental:2 Un elemento central de esta concepción conductual es el ambientalismo. Los estímulos ambientales se consideran determinantes en la explicación y modificación del comportamiento: Se plantea que la conducta puede moldearse en la medida en que se conozcan las leyes que rigen el comportamiento y que se modifiquen las condiciones ambientales que lo determinan. Por otro lado, dado que uno de los principios epistemológicos fundacionales del conductismo es el rechazo a la noción de mente y a cualquier forma de mentalismo, en este sentido, desde la perspectiva conductista, se redefine como salud comportamental.

Concepción cognitiva de la salud mental,2 en la concepción cognitivista, la intervención tiene una orientación fundamentalmente educativa-instruccionista, cuya finalidad es lograr que los sujetos corrijan las formas de pensamiento disfuncionales (creencias irracionales, distorsiones cognitivas, etc.) y aprendan a pensar y en consecuencia a comportarse de una manera adaptativa.

Concepción socioeconómica de la salud mental.2 La declaración de Alma Ata constituye un aspecto central en la consolidación del modelo socioeconómico, al reconocer que el desarrollo económico y social es fundamental para lograr el estado máximo de salud para todos y que la promoción y la protección de la salud de la población son condiciones indispensables para el desarrollo económico y social, para la calidad de vida y para alcanzar la paz. Se concibe entonces la salud mental recursivamente relacionada con la noción de capital global dentro de un marco de derechos y desarrollo humano; como un problema de bienestar político y económico dependiente de condiciones más generales de la sociedad, asociados a la condición económica, al ambiente en el que viven las personas y al tipo de recursos disponibles.

La condición plural de las concepciones de salud mental en el ámbito de la salud pública hace necesaria una revisión crítica de las conceptualizaciones en salud mental (teorías, modelos, etc.), los supuestos ontológicos que soportan dichas conceptualizaciones, la lógica del uso de conceptos como mental, enfermedad, y normalidad; las posiciones frente a las relaciones entre la mente y el cuerpo y los métodos para el estudio de fenómenos relacionados con los determinantes del bienestar, los problemas sicosociales y los trastornos mentales.2

Llegados a este punto, se revisa la correlación de la educación en la salud mental. La educación se concibe actualmente como el desarrollo integral del ser en formación. Tal formación o cultivo del educando se realiza con destrezas, hábitos, costumbres y conocimientos. La educación ha sido considerada vital por la función que se ejerce en todas partes y en todos los tiempos en los que los hombres están conviviendo.

La familia, la comunidad, la escuela, el estado y la iglesia son las principales instituciones encargadas de proporcionar los diferentes tipos de educación.11 La salud mental se puede contextualizar en lo general, como una realización de la persona, concepto que se extrae de la articulación que se hace entre persona y sociedad, entre alienación y conciencia, entre opresión y libertad, mientras se asume que la realización humana supone la capacidad de amar, crear y realizarse en el propio contexto social. Por lo tanto, al apreciar los dos conceptos anteriores, se puede inferir una relación directa entre ambos constructos.

Es evidente que la mayoría de las personas aprende continuamente ya que el aprendizaje puede ocurrir y ocurre efectivamente en muchos casos, sin ninguna enseñanza directa o intencional. La educación como enseñanza o instrucción formalizada, se lleva a cabo con el fin de inducir deliberadamente ciertos cambios que se consideran deseables en los miembros de una sociedad.12

En el caso de la salud mental, el concepto que se tiene del mismo al interior de la familia, depende de las experiencias que la familia ha tenido con problemas de enfermedad mental, ya sea en sus miembros o sujetos del entorno próximo. Estas experiencias se asocian también a actitudes, y estrategias de afrontamiento, que la familia genera como concepto de “salud mental”. A su vez, el desarrollo de la personalidad no puede conceptuarse a partir solamente de un alto nivel de eficiencia en algunas esferas de la actividad, de las relaciones interpersonales, etc., sino también tomando en cuenta la posición que el individuo asume con respecto a la tendencia del proceso de la sociedad que matiza la totalidad de su actuación.12 En este contexto, la educación juega un papel fundamental en la formación de hábitos y costumbres tendientes a un estilo de vida sano, en la que los actores (profesores, padres de familia y personal de salud) tienen la corresponsabilidad de enseñar y formar en la salud integral.

Por otro lado, la educación como fenómeno atañe a todos desde que se nace. Los primeros cuidados maternos, las relaciones sociales que se producen en el seno familiar o con los grupos de amigos, la asistencia a la escuela, etc., son experiencias educativas, entre otras muchas, que van configurando de alguna forma concreta del modo de ser.

En este sentido, cabe señalar a Maturana quien apunta que

El futuro de un organismo nunca está determinado en su origen. Es desde el comprender esto que tenemos que considerar la educación y el educar. El educar se constituye en el proceso en el cual el niño o el adulto conviven con otro y al convivir con el otro se transforman espontáneamente de manera que su modo de vivir se hace progresivamente más congruente con el del otro en el espacio de convivencia.13

Debido a la relación tan íntima (aunque no determinante) de salud mental y educación, se sabe que una buena educación que cumpla con los mínimos requisitos en el hogar (familia), en la escuela, contribuye a que el individuo se forme de manera integral, que pueda desarrollarse y autorrealizarse. Por el contrario, en las sociedades en las que la educación es deficiente, hay altos índices de violencia y pobreza; esto es el reflejo no solo de una gran problemática social, económica y hasta política, que se manifiesta en deficiente salud mental.14

Sin embargo, cuando la educación es prioridad, sin importar las condiciones físicas o mentales; es orientada, guiada, formada e instruida de manera multidisciplinaria por la familia y profesores; con ella se forma una persona con más posibilidades de adquirir las herramientas necesarias para desenvolverse en la sociedad. En consecuencia, cuando se reconoce que el individuo es un ser integral, biosicosocial y que las enfermedades mentales se pueden prevenir, tratar y rehabilitar al igual que cualquier otra enfermedad, las acciones que se pueden llevar a cabo para alcanzar la salud mental no se reducen al campo médico, sino, que se amplían a todos los ámbitos del ser humano y uno de los más significativos es la educación como prevención primaria.

Por otra parte, la salud se entiende como un proceso o estado dinámico, la salud estándar no existe, sino que es relativa a cada persona y en una misma persona depende de en qué época de la vida se encuentre. Por lo que desde el ciclo vital pueden observarse las diferencias en cognición, comportamiento y funcionamiento emocional entre niños, adolescentes y adultos y advertir cómo la salud mental se manifiesta, cómo se altera a lo largo de la vida15 y cómo además, va vinculada no solo al estado biológico del ser humano sino que comprende todos los planos que están en constante interacción, ya que no se puede separar lo que es producto del pensamiento, creencias, sentimientos de su entorno social.

Otra dificultad importante que complica la definición del término salud mental es el concepto que cada cultura o sociedad tiene sobre la salud y la enfermedad mental. Lo que en una cultura puede ser considerado como normal y sano en otro contexto cultural o en otro momento social puede ser tomado por anormal o patológico.3 Así, se ha definido salud mental en la sociedad como la ausencia de la dolencia llamada enfermedad mental; como el polo positivo de un proceso continuo cuyo polo opuesto es la enfermedad; como cualidades personales observables tales como lo son la capacidad intelectual e interpersonal (social), compatibles con la edad y dones naturales que faltan en el enfermo mental; la conducta social de adaptación manifestada en una familia sana que vive en una sociedad “sana”; las habilidades definidas mediante conceptos de eficacia, lucha y capacidad de relación social, considerando la salud mental como lo opuesto a incapacidad, resignación desesperanza y egocentrismo.16 En las diferentes culturas el concepto abarca, entre otros aspectos, el bienestar subjetivo, la percepción de la propia eficacia, la autonomía, la competencia, la dependencia intergeneracional y la autorrealización de las capacidades intelectuales y emocionales.

En cuanto a la salud de la mente, se puede señalar que la mente es el ente del ser humano cuyo sustrato biológico es el sistema nervioso central y periférico y que se relaciona con la capacidad de percibir los estímulos externos e internos, de interpretar esos estímulos y darle significado, de experimentar emociones y sentimientos y de reaccionar a esos estímulos, significados y emociones mediante la conducta expresada, que se vincula con otros seres y organizaciones humanas.

Tres factores muy importantes influyen en el desarrollo y la calidad de la mente:

  • El genoma y la biología del cuerpo humano.

  • Lo aprendido mediante la experiencia de crecer y vivir en una familia y sociedad compuesta por humanos, animales, plantas y cosas.

  • Las desviaciones patológicas de la mente humana que podrían llamarse enfermedades mentales.17

Frontera apunta que:

La mente humana es el ente ejecutivo del ser humano. Es la mente la que da sentido y dirección a la vida. Es el conglomerado de mentes humanas lo que le da sentido y dirección a la vida colectiva. No hay salud general si no hay salud mental. No hay salud colectiva si no hay salud mental. El crecimiento, desarrollo, productividad y estabilidad de un pueblo dependen de la salud mental de sus ciudadanos y sus líderes. La mente es la cuna de la percepción, la inteligencia, la memoria, los impulsos motivadores y el lenguaje, además de los pensamientos, ideas, creatividad, sentimientos, decisiones y acciones”.17

Pareciera que la salud mental fuese una realidad rehuida a la que la OMS trata de aproximarse, pero resaltando la importancia de las condiciones de vida (determinantes sociales en salud), el enfoque de derechos y el tratamiento y prevención de los trastornos mentales. Esto lleva a contradicciones en los programas de promoción de salud mental que, en lugar de promover la salud, terminan previniendo la enfermedad: un enfoque centrado en la enfermología.18

CONCLUSIONES

Al contextualizar la evolución del constructo de salud mental desde lo multidisciplinario, se puede establecer que las concepciones al respecto son variadas y se han ido sucediendo de manera que cada una aporta nuevos matices y genera una nueva visión, en tanto las necesidades de la sociedad, han ido determinando una conceptualización de acuerdo al contexto histórico, a la disciplina mientras se modela de acuerdo con la sociedad y la cultura vigentes.

La mirada desde diferentes disciplinas científicas y desde diversas posiciones epistemológicas potencia una discusión profunda de lo que hoy se entiende por salud mental, lo cual necesariamente debe verse reflejado en las acciones encaminadas a preservarla.

Es muy importante el aporte que se puede realizar desde la investigación para llegar a una construcción del concepto de salud mental que considere la multidisciplinariedad para lograr una unificación de lo que verdaderamente es salud mental y lo que ella representa y persigue, que es la salud.

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Recebido: 26 de Setembro de 2017; Aceito: 29 de Maio de 2018

* Autor para la correspondencia: ximenacecimacay@udec.cl

Conflicto de intereses:

Los autores declaran no presentar conflicto de interés para este artículo

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