INTRODUCCIÓN
El envejecimiento de la población mundial en los países desarrollados y en desarrollo es un indicador de la mejora de la salud. El número de personas con 60 años o más se ha duplicado desde 1980 y se prevé que alcance los 2 000 millones para el año 2050.1
Cuba es un país con una transición demográfica avanzada en el contexto de América Latina. Desde hace más de tres décadas la fecundidad se ha mantenido en niveles bajos y, desde 1978, está afectado el reemplazo generacional de la población. Los índices de la mortalidad general e infantil son bajos y la esperanza de vida al nacer muy cerca de los 78 años. La migración internacional ha mostrado saldos negativos por más de 50 años.1
El envejecimiento entraña desafíos importantes para la familia, la interacción comunitaria, el Estado y la sociedad cubana. Demanda ampliar y reorientar los programas sociales, sectoriales y de bienestar y salud que, durante años, han demostrado ser exitosos.1
En muchos países, sobre todo en los subdesarrollados, los servicios de salud y las entidades formadoras no se encuentran preparados para dar una respuesta satisfactoria a las demandas generadas por los cambios demográficos, pero toman medidas y realizan programas para cumplir con lo propuesto en las Asambleas Mundiales sobre el envejecimiento a causa del acelerado incremento que se prevé.2
Los adultos mayores que viven solos también son una consecuencia del cambio demográfico y constituye un factor de riesgo para la depresión y el suicidio.3
No es necesario buscar en lugares específicos para poder darse cuenta de la gran cantidad de personas de la tercera edad en situación de abandono, tanto físico como moral. El abandono de los adultos mayores es un problema cada vez más visible en la sociedad,4 cuando se produce se rompen la comunicación, la relación y la interacción humana dentro del núcleo familiar y los lazos afectivos; las víctimas son desplazadas dentro de su propio hogar y aisladas del mundo social. Otros se apoderan de los bienes materiales del adulto mayor porque se aprovechan de su fragilidad, de su falta de memoria o de su dependencia. El abandono cobra sentido cuando al dueño original se le ignora o se le agrede (física o verbalmente) y cuando, en ocasiones, es desplazado y llevado a asilos o albergues en contra de su voluntad.5
El envejecimiento cambia la forma de vivir y convivir, con implicancias tan amplias que su abordaje por nicho de especialidad es insuficiente, haciendo fundamental generar una mirada integradora.6
Las transformaciones culturales de la sociedad han generado que la etapa geriátrica sea vista como época de vulnerabilidad. Las manifestaciones y las consecuencias en la salud se exponen cuando arriban a un medio hospitalario. En tal sentido, es necesaria la evaluación gerontológica multidimensional para poder brindar un servicio de calidad. Valorar la individualidad de cada paciente es esencial y los adultos mayores con aislamiento social constituyen un grupo de alto riesgo.
La afirmación anterior motivó la realización de la investigación, que tiene el objetivo de describir particularidades de adultos mayores hospitalizados con aislamiento social.
MÉTODOS
Se realizó una investigación de desarrollo, descriptivo transversal en el Hospital Provincial Clínico Quirúrgico Universitario “Arnaldo Milián Castro” de la Ciudad de Santa Clara, Provincia de Villa Clara, en el período comprendido de octubre de 2017 a marzo de 2020.
La población fue definida por 44 adultos mayores con aislamiento social ingresados en la Sala de Geriatría y en el Hospital Diurno Geriátrico del Hospital Provincial Clínico Quirúrgico Universitario “Arnaldo Milián Castro” en el período comprendido de marzo de 2018 a diciembre de 2019.
En la recolección de la información fueron empleados la observación, la entrevista, el análisis documental de las historias clínicas y el Instrumento evaluativo social-gerontológico (fuente primaria de obtención de los datos).
Se definieron las variables: grupo de edad, sexo, institucionalización, afectación sicológica, tipo de recuperación, complicación, número de hijos, hábitos tóxicos y causas de aislamiento social. Todos los aspectos anteriores conformaban la dimensión evaluadora del aislamiento social en el Instrumento evaluativo social-gerontológico diseñado, validado por los investigadores y aprobado por el Comité de Ética y el Comité Científico del Hospital antes referido.
Se emplearon, en el análisis estadístico, las frecuencias absoluta y relativa en la descripción de los resultados y las pruebas no paramétricas de Chi cuadrado. Se fijó un nivel de confiabilidad del 95% para el que, si la significación estadística fue menor que 0,05, se rechazó la hipótesis nula de la prueba estadística utilizada.
RESULTADO
Predominó el sexo masculino (30, 68,2%) y los grupos etarios más representativos fueron los de 65 a 69 y de 75 a 79 años (10, 22,7% cada uno) -Tabla 1-.
Tabla 1 Distribución de pacientes según los grupos de edad y el sexo

Por ciento respecto al total de la muestra
La mayoría de los adultos mayores no estaban institucionalizados (32): 18 (56,3%) eran masculinos y 14 (43,8%) femeninos. El 100% de todos los pacientes institucionalizados eran hombres (Figura 1).
X2=7,7000; pX2=0,0055Fig. 1 Institucionalización de los adultos mayores por el sexo Por ciento respecto al total de la variable institucionalización
Como se muestra en la Tabla 2 el 54,5% (24) de los estudiados tuvieron afectaciones sicológicas: el 100% de las mujeres y el 33,4% de los hombres (10). Predominó la depresión (12, 27,3%).
Tabla 2 Afectación psicológica de los adultos mayores por el sexo

Por ciento respecto al total por sexo
X2=0,4569; pX2=0,4991
En la Tabla 3 se presenta, según las complicaciones, la recuperación del adulto mayor. Predominaron los adultos no complicados y la recuperación lenta (32, 72,7%) y, en los complicados, el 100% tuvieron recuperación lenta. Por cada dos pacientes no complicados con recuperación lenta hubo uno con recuperación rápida.
Tabla 3 Complicaciones y tipo de recuperación de los adultos mayores

Por ciento respecto al total
X2=6,1875; pX2=0,0129
Se registraron 30 (68,2%) adultos con hijos, 20 con más de dos (45,5%). El sexo masculino fue el de mayor representatividad (22); sin hijos el 26,7% de los hombres (8) y el 42,9% de las mujeres (6).
La causa más frecuente de aislamiento social identificada fue la emigración familiar (22,7%), de los 10 pacientes seis eran masculinos (13,6%) -Figura 2-.
En el estudio de los hábitos tóxicos se registraron en los hombres, cuatro alcohólicos, nueve fumadores y cuatro con las dos condiciones; solamente consumo de tabaco en seis mujeres. Del total de pacientes con hábitos tóxicos (19), ocho hombres (18,2%) presentaron esta condición como causa de aislamiento social.
Los problemas económicos (6, 13,6%) y los problemas de la vivienda (4, 9,1%) fueron identificados como causas de aislamiento solo en los hombres y la muerte de los hijos en las mujeres (2, 4,5%). Las enfermedades invalidantes tuvieron similar proporción en ambos sexos (4, 9,1%) y la viudez fue mayor en las mujeres (4, 9,1%) que en los hombres (2, 4,5%).
DISCUSIÓN
Deben estudiarse las causas, los efectos y las condiciones relacionadas con el aislamiento social y la soledad en el adulto mayor en las comunidades y las instituciones de salud.
Envejecer en su entorno es una de las metas expresadas por las personas mayores. Es necesaria una visión transdisciplinaria para crear nuevas innovaciones conceptuales, teóricas, metodológicas y de traducción que muevan el conocimiento más allá de los enfoques específicos y que generen soluciones integrales.6
Con respecto al aislamiento resulta importante distinguirlo de la soledad. El primero expresa realidades objetivas en el ámbito de los contactos sociales, mientras que la segunda se orienta hacia la experiencia subjetiva de la estructura de la interacción social. Para el adulto mayor son importantes la soledad objetiva o la “falta de compañía” y la soledad subjetiva o el “sentimiento de sentirse solo”, ambas relacionadas entre si.7
Los adultos mayores de 60 años experimentan variaciones paulatinas en la esfera física y psíquica, mientras su entorno social cambia. Suelen tomar, por un lado, el camino de aislarse y encerrarse en las costumbres, los valores y los estilos de vida de su época o, por el contrario, intentar adaptarse. Estos cambios se experimentan también en los miembros de la familia, que están expuestos al trabajo agotador, a la falta de tiempo y de espacio personal y, además, a encargarse del cuidado del anciano. Los consideran muchas veces un estorbo, lo que genera sentimientos de soledad y aislamiento social.8
En España el 22,4% de las personas mayores de 65 años informa vivir sola en sus domicilios, mientras que en México hasta 1,6 millones de personas mayores de 60 años lo hacen. Estas cifras han aumentado respecto a años anteriores, por lo que suponen una preocupación social importante. Se ha encontrado evidencia de que la soledad incrementa la probabilidad de presentar problemas de ansiedad y depresión.9
México es un país que se encuentra en un pleno proceso de envejecimiento poblacional, lo que representa un logro de las políticas sociales implementadas en las últimas décadas; al mismo tiempo, este fenómeno implica retos en materia de bienestar social en la vejez, en un contexto caracterizado por la incertidumbre. Los principales resultados obtenidos como resultado de la Encuesta sobre condiciones de vida de las personas adultas mayores en ese país revelan que las personas mayores son mujeres, de edad avanzada, que no trabajan, con hijos y que viven en zonas rurales; ellas tienen mayor probabilidad de recibir apoyo familiar.10
La familia es la base de las diferentes redes de apoyo social, de esta manera, juega un papel importante. En la vejez cobran relevancia, debido a que por lo general son la principal ayuda ante situaciones complejas, por ejemplo, la aparición de enfermedades, la pobreza y la necesidad de cuidados, entre otros.10
Acerca del efecto del aislamiento social en el estado cognitivo de personas mayores de 65 años durante la pandemia de SARS-CoV-2 se realizó una investigación en el Club parroquial de actividades de apoyo en Ecuador en la que participó una población de 711 pacientes de 60 años y más, con una edad promedio de 78 años y predominio del sexo masculino (440).11
En un estudio sobre la prevalencia de la soledad en adultos mayores de 65 años realizado en la de la ciudad de Ourense se aplicó la encuesta OARS-MFAQ (Olders American Resource and Services Multidimensional Functional Assessment Questionnaire). La edad media fue de 79 años (DE: 6,79), con predominio de las mujeres (60,1%). La prevalencia de la soledad declarada en base a la pregunta ¿Se encuentra usted sola/solo? fue del 32,7%: viven solas el 17%, no tiene contacto en la semana el 18,9% y no habla semanalmente por teléfono el 8,6%. El sentimiento de soledad fue casi el doble en el intervalo de 75 a 85 años (51,2%). Se identificaron, asociados a la soledad, el menor nivel de estudios, vivir sola/solo, la viudez o los divorcios, el círculo social estrecho, la pensión económica baja, la depresión, la pérdida de visión, el uso de bastón o muletas, recibir tratamiento con psicofármacos, la dependencia para las actividades de la vida diaria y la necesidad de mejoras en la vivienda. Según las escalas empleadas de evaluación de recursos sociales y económicos, de salud mental y física y de dependencia, el sentimiento de soledad incrementaba por seis el riesgo de aislamiento social. Al realizar el análisis multivariante encontraron que la probabilidad del sentimiento de soledad aumenta de forma significativa de 3,4 veces en las personas que tienen depresión, dos veces en las que no llevan a cabo regularmente alguna actividad física, 1,6 veces en las que son dependientes para las actividades de la vida diaria y 2,1 veces en las que reciben tratamiento por problemas familiares o personales, nerviosos o emocionales en los últimos seis meses.12
Una investigación sobre la soledad social realizada en ancianos hospitalizados en el Servicio de Geriatría del Hospital Clínico Quirúrgico “Comandante Faustino Pérez”, de la Provincia de Matanzas, declara que hubo un nivel medio (41,5%) y alto (39,6%) de soledad social, un predominio del grupo etáreo de 76 a 90 años (42,9%) en proporción similar por sexo, una insuficiente percepción de apoyo (a veces 57,1% y nunca 18,4%) y la realización de vida social a veces o nunca (76,9%).13
En un trabajo que evaluó los niveles de ansiedad y depresión de adultos mayores institucionalizados prevaleció el grupo etáreo de 60 a 79 años y el sexo masculino. Se halló un 57,9% ancianos con niveles de ansiedad medio y alto, mientras que el 47,4% tuvo un nivel de depresión medio y el 52,6% alto. El componente afectivo o emocional de la vida cotidiana del adulto mayor, muchas veces privada del calor y el apoyo del grupo familiar o de un mínimo de interacciones sociales positivas, confiere significados diferentes a la gradual reducción de diversas funciones biológicas, cognitivas o sensoriales.14,15
La Encuesta Nacional de factores de riesgo realizada en Cuba en 1995 mostró que el 35% de las personas de 60 años y más fumaba, con predominio del sexo masculino (46,5%), el cual duplica la prevalencia respecto al sexo femenino (21,5%).16
Una investigación etnográfica realizada para conocer los impactos sociales y económicos de la migración internacional en adultos mayores en Yucatán refiere las formas en que las familias se adaptan y encuentran estrategias para estar conectadas en la distancia. Agrega que, en estudio anterior en 2019, encontraron que así como hay padres y madres que mantienen fuertes vínculos con sus hijos migrantes, también hay los que informan haber sido abandonados o contar con poca ayuda monetaria y comunicación.17
Un grupo de causales que afectaron el mejoramiento del cuidado de la salud de adultos mayores en una Unidad de atención gerontológica de Pimampiro, del Cantón del mismo nombre, de la Provincia de Imbabura, Perú, son:
El equipo técnico no está actualizado en el cuidado y el manejo del adulto mayor debido a la poca capacitación, lo que ocasiona que las personas de la tercera edad no reciban una atención adecuada y sus familiares se encuentren desmotivados o no le dan el interés del caso
Existe escasa conexión con otras instituciones para mejorar la salud del adulto mayor, lo que ocasiona aislamiento social, un trato inapropiado y el no cumplimiento de las normativas existentes
La infraestructura, el equipamiento, la accesibilidad, las barreras arquitectónicas y las baterías sanitarias no satisfacen a la demanda de los servicios para la atención al adulto mayor según lo establece la normativa vigente
La migración de la población por busca de un trabajo o un mejor vivir ha ocasionado el abandono y la soledad de los adultos mayores por parte de sus familiares, lo que influye en el cuidado de la salud y un rápido deterioro físico cognitivo.18
En un artículo publicado por la Revista española “Inmigrantes en Madrid” se evidencia que la emigración afecta a todas las personas y que trae consecuencias en su vida que pueden desencadenar en depresión, tristeza y otras enfermedades. Las personas de la tercera edad sufren, en gran medida, las consecuencias de la emigración, ya sea que sus hijos y familiares jóvenes han decidido emigrar y ellos se quedan solos y se sienten abandonados.19 El sentimiento de pérdida es inevitable, pues de una u otra manera están perdiendo algo, lo que conlleva a la tristeza y, finalmente, a la depresión. Las personas de la tercera edad también sienten abandono, por los hijos que se fueron, o por el país, las costumbres y las tradiciones que deben dejar atrás. Este sentimiento de abandono puede desencadenar en la tristeza y en estados depresivos.19
Para los adultos mayores se espera que la calidad de vida sea construida de forma favorable, de modo que reconozcan y vivan la vejez como una etapa de continuación de un proceso vital y no como una fase de declinación funcional y aislamiento social en la que influyen los vínculos positivos y factores como el contexto familiar y social. No obstante, en muchas situaciones, las familias no pueden hacerse responsables, y envían a muchos de ellos hacia los asilos.20
La viudez genera una crisis transitoria difícil de superar sin el apoyo de la familia. Al funcionar esta como un sistema, la muerte de uno de sus miembros implica la desorganización de todos y la adaptación a la pérdida. En sociedades organizadas en torno al predominio masculino la viudez femenina está asociada con aislamiento y exclusión social, pobreza y marginalidad, es decir, se asocia a condiciones de precariedad y carencia. La viudez es afrontada en mayor número por mujeres y la familia debe ser la red de apoyo principal en esta etapa percibida, por demás, como muy difícil. Los trastornos del estado de ánimo se relacionan con la pérdida del cónyuge, sobre todo en las féminas.21
Como otra causa de aislamiento social en el estudio realizado por la autora están los problemas financieros de la familia; el sexo masculino es el afectado. Esto se debe, en gran medida, al bajo nivel adquisitivo después de la jubilación.
Con el envejecimiento demográfico la población que se retira del mercado laboral se incrementa, lo que genera presiones y costes, tanto en el sistema de salud como en el de protección social, y produce cambios importantes en la estructura y en las funciones de las familias.22
Una evaluación de los efectos de la situación sanitaria generada por la COVID 19 sobre la salud mental, la percepción de seguridad y la calidad de vida de los adultos mayores plantea que, ante situaciones de pandemia, son frecuentes el miedo a la enfermedad, la restriccion social y el aislamiento, la confusión, la inseguridad, las escaseces de alimentos y medicamentos, las pérdidas de empleos y las dificultades económicas que, a su vez, empeoran la depresión, la ansiedad, la soledad y otras alteraciones psicológicas.23
El abandono y el desinterés familiar desencadenan soledad, que pueden derivar en depresión, demencia, desnutrición e, incluso, falta de adherencia a tratamientos farmacológicos y dejadez personal; además de facilitar la inmunodepresión, la cefalea y las enfermedades del corazón y digestivas. Pueden generar baja autoestima, tabaquismo, alcoholismo e ideas suicidas. Varios factores de riesgo pueden ser la edad avanzada, el sexo femenino, el estado civil (divorciadas o viudas), el menor nivel educativo y vivir en zonas rurales o de nivel socioeconómico bajo.24
Un estudio observacional transversal efectuado mediante encuestas y entrevistas a personas mayores de 65 años y sus cuidadores informales en la Ciudad de Ourense (Galicia, España) refiere carencias económicas básicas de la persona mayor percibidas por el cuidador o la cuidadora en cuanto a alimentación, adaptación de la vivienda y ropa de hogar y mostró una relación significativa con la sobrecarga de sus cuidadores o cuidadoras en todos los casos (p=0,031, p=0,009 y p=0,008, respectivamente).24
Las principales causas de depresión en los adultos mayores son las enfermedades degenerativas (41%), el dolor crónico (14%), el abandono (34%), el nivel socioeconómico bajo (55%) y la falta de apoyo familiar (65%). Los principales factores de riesgo que afligen a los adultos mayores para adquirir una enfermedad depresiva son los factores biológicos, psicológicos y sociales.25
En una revisión documental se indagó por las principales problemáticas, a nivel psicológico, que vivencia el adulto mayor víctima de abandono familiar y social que afectan su calidad de vida. El proceso metodológico incluyó el analisis de los hallazgos en tres categorías y dos subcategorías: consecuencias psicológicas y emocionales, adulto mayor y abandono sociofamiliar (integración familiar y concepción del adulto mayor) y causas del abandono en el adulto mayor. Las consecuencias del abandono del adulto mayor son innumerables. La dinámica y las relaciones familiares negativas constituyen factores causales, junto a la percepción negativa o poco favorable de si mismo y por parte de la sociedad. El abandono sigue vigente y aumenta y afecta a un amplio número de personas en todo el mundo.26
CONCLUSIONES
En el estudio predominaron el sexo masculino y los grupos de edades de 65 a 69 y de 75 a 79 años. Los hombres fueron todos institucionalizados. La depresión fue la consecuencia más frecuente en ambos sexos, prevalecieron los no complicados del estado de salud y la recuperación lenta y, como causas del aislamiento, la emigración familiar, los hábitos tóxicos y las enfermedades invalidantes.














