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Universidad de La Habana

versión On-line ISSN 0253-9276

UH  no.281 La Habana ene.-jun. 2016

 


ARTÍCULO ORIGINAL

Manuel Galich bajo el manto del Alma Máter

 

Manuel Galich in the Alma Mater Cloak


 

MARISLEIDYS CONCEPCIÓN PÉREZ

Facultad de Filosofía e Historia, Universidad de La Habana, Cuba.

 

 


RESUMEN:

El intelectual guatemalteco Manuel Galich tuvo una presencia notable como catedrático en la Universidad de La Habana desde su llegada a Cuba en 1962, hasta su muerte en 1984. El presente trabajo refiere, a través de la historia oral, su huella en los predios universitarios habaneros como profesor de Historia de América Latina y el Caribe. Este acercamiento a la labor intelectual de Galich constituye el primer debate en la historiografía cubana y latinoamericana referido a su legado como profesor e investigador en la Universidad de La Habana.

PALABRAS CLAVE: catedrático, Historia de América Latina y el Caribe, intelectual, Manuel Galich, Universidad de La Habana.


ABSTRACT

Since his arrival to Cuba, in 1962, until his passing away in 1984, the Guatemalan intellectual Manuel Galich had an outstanding presence as a professor in the University of Havana. The present work refers to his imprint on Havana University, in the field of Latin America and Caribbean History. This approach to Galich's intellectual activity is the first debate on Havana University's historiography.

KEYWORDS: professor, History of Latin America and the Caribbean, intellectual, Manuel Galich, University of Havana.


 

Desde los primeros años que siguieron al triunfo de la Revolución cubana el cambio llegaba a todas las esferas de la sociedad. Dentro de las transformaciones estructurales se concibió un espacio para revolucionar el sistema educacional, por lo que se dictó, el 20 de diciembre de 1959, la Primera Reforma Integral de la Enseñanza. La Campaña de Alfabetización en 1961 constituyó una de las primeras modificaciones en este sector. Posteriormente, con la Ley de Nacionalización de la Enseñanza se posibilitó, desde el 6 de junio de 1961, el derecho del pueblo a la educación, una legislación que no solo pretendía elevar el nivel educacional, sino también la igualdad de oportunidades. A todos los niveles llegaron las medidas revolucionarias y las universidades no estuvieron exentas de ello. La fisonomía del espacio universitario varió a partir de la Ley de Reforma Universitaria promulgada el 10 de enero de 1962, con la que se depuraron todos los elementos asociados al gobierno de Batista y se restructuró el plan de estudios. Con la reforma del nivel superior de enseñanza se reorganizaron las carreras universitarias y entre los cambios más importantes estuvo la consideración de Historia como una licenciatura. Con la inserción de la Escuela de Historia se logró en el ámbito universitario una especialidad en el plano de las ciencias sociales, que contribuyó a "forjar una manera de ver y explicar la historia" (Amaro, 2013, p. 7) a través de la investigación histórica, así como a crear nuevos valores dentro del recinto estudiantil paralelamente a su impacto social.

En los años sesenta la construcción histórica no tenía un basamento tan amplio como existe actualmente, por ello había preferencia por los temas medulares del siglo XX, entre los que destacaron los debates sobre la historia nacional. En estos años surgió una historiografía influenciada por "Marx, Engels, Lenin, Gramsci, Lukács, Altusser, [….] autores como Gordon Childe, Eric Hobsbwn y Albert Soboul, y los [.…] aportes de Marc Bloch, Fernand Braudel y Piere Vilar, como representación de la escuela de los Annales" (Amaro, 2013, p. 5). La historiografía cubana posterior a 1959 tuvo en esos exponentes un referente para la ciencia histórica que no solo se expresó en la investigación, sino también en los podios universitarios.

Dentro del plan de estudios de la carrera de Historia destacó desde los primeros años de la década del sesenta la asignatura Historia de América. Los estudios de América no constituyeron una novedad para la escena universitaria, pues esta materia formaba parte del currículo de la antigua carrera de Filosofía y Letras a cargo del Dr. Herminio Portell Vilá, quien emigró desde los inicios del proceso revolucionario (Amaro, 2013). Los comienzos de la carrera tuvieron como problemática la necesidad de incorporar nuevas figuras dentro del claustro, ya que algunos profesores, al igual que Portell Vilá, habían abandonado el país después de 1959. En estas circunstancias la Universidad tuvo la necesidad de incorporar intelectuales a su equipo de trabajo. En lo referido a la carrera de Historia hubo materias en las que no se contaba con los profesores para impartirlas, tal es el caso de Historia de América.

La necesidad de docentes y el prestigio alcanzado durante varios meses por Manuel Galich(1) en Casa de las Américas hizo que fuera solicitado, por invitación de Roberto Fernández Retamar, a la Universidad de La Habana como profesor de Artes y Letras. Posteriormente, el entonces director de la Escuela de Historia de la Universidad de La Habana Sergio Aguirre y Elías Entralgo le propusieron, en septiembre de 1962, la cátedra de Historia de América en la Escuela de Historia. La aceptación del puesto lo colocó bajo el manto del Alma Máter durante sus últimos veintidós años de existencia, empleo que simultaneó con su labor en Casa de las Américas. En el período comprendido entre 1962 y 1984 la Escuela de Artes y Letras y la Escuela de Historia(2) de la habanera alta casa de estudios se honraron con la instrucción del intelectual guatemalteco. Del mismo modo su presencia en otras facultades fue notable, sobre todo en la Facultad de Periodismo. Galich compartió en sus inicios docencia con los profesores Carlos Díaz y el uruguayo Sergio Benvenuto, quienes orientaron sus razonamientos hacia la comprensión de la historia del continente americano.

Durante las más de dos décadas que estuvo Galich a cargo de los estudios de Historia de América, sus alumnos reconocían su dinamismo y autenticidad, razón por la que le llamaban Doctor Galich (Concepción, 2013a). Cuando se hablaba de él en los salones universitarios se aludía a su carisma, su talento como comunicador y su humorismo. El estudiantado lo reconocía como un ser llano que establecía una relación fluida con sus educandos. El escritor centroamericano iba acompañado a las aulas solo de su capacidad intelectual, no de un plan de clases ni de cuadernos de trabajo. Quienes compartieron la enseñanza con él nunca olvidarán las interrogantes que daban inicio a sus clases: "¿Qué quieren saber de América Latina? ¿De qué quieren que les hable hoy? ¿Alguien tiene un tema? ¿De qué estábamos hablando en la clase anterior? ¿No les parece mejor que hoy hablemos de.…?" Estas preguntas preliminares ocasionaban en el auditorio conmoción y respeto, pues estaban ante un ser que era una fuente de sabiduría, lo que demostraba en la práctica diaria. Sus conferencias eran una oportunidad para entender aspectos no abordados hasta el momento por la historiografía, pues algunas de las temáticas eran transmitidas al compás de su memoria. Asimismo, sus clases se definían por su método explicativo, analítico y de exposición de ideas como componentes esenciales de su oratoria en la que las conversaciones testimoniales tenían también un espacio.

Galich no era considerado por el estudiantado como un profesor tradicional, aunque mucho de lo que explicaba de historia tenía ese matiz, pues el análisis, la interpretación y el entendimiento eran componentes esenciales en sus conferencias. Su nivel cultural era admirado por todos, desde los estudiantes hasta los profesores más consagrados, ya que tenía un enfoque general de la historia y de la cultura que sabía transmitir muy bien. Sus compañeros de trabajo lo veían como una persona airosa, con un tono irónico, como un hombre para dialogar, comprometido, que planteaba sus ideas y no temía posicionarse políticamente (Concepción, 2013b).

Sus cursos sobre el mundo precolombino, Bolívar, y el panamericanismo y el nacionalismo en América quedaron impregnados en la memoria de muchos de sus estudiantes por lo magistral de sus clases. En 1972 Galich dirigió unos seminarios llamados Nacionalismo en América Latina, al que se incorporaron jóvenes egresados de la Escuela de Historia (Concepción, 2013b). Pocos olvidaron sus lecciones sobre la Doctrina Monroe y su posición contra el imperialismo y la importancia del ideal de unidad bolivariana para América Latina (Concepción, 2013c). Su protagonismo en las lecciones sobre Guatemala fue evocado en múltiples ocasiones al rememorar momentos de la historia nacional centroamericana que formaban parte de su vida. El estudiantado conoció sobre organizaciones guatemaltecas como el Ejército Guerrillero de los Pobres, las Fuerzas Armadas Rebeldes, la Organización del Pueblo en Armas y el Partido Guatemalteco del Trabajo, a través de los debates de Galich (Amaro, 2013). Reflexionar sobre la historia guatemalteca con las clases del letrado centroamericano constituía una experiencia importante para el auditorio estudiantil, pues estaban en presencia de uno de los actores principales de esa nación en el siglo XX.(3)

En Cuba se impartía la Historia de América desde el bachillerato de forma muy elemental. Según criterios de sus alumnos Galich actualizó los estudios sobre América en la Universidad en lo referente a las culturas originarias. Sus conocimientos de los pueblos americanos eran perceptibles en sus clases (Concepción, 2013d), era propio de él incentivar a los escolares a la lectura del Popol Vuh y los Anales de los cakchiqueles como sostén para sus debates (Concepción, 2013e). Uno de los elementos que caracterizó la docencia de Galich fue su perspectiva integral de la Historia de América sobre un sustento analítico que creó una nueva visión de Latinoamérica. Como historiador, defendió la idea de la heterogeneidad latinoamericana, de sus pueblos y sus culturas; "de que somos diferentes de Europa, pero semejantes en nuestras diferencias" (Concepción, 2013f); de que la unidad del continente había que verla como una directriz dentro de la historia de América Latina. Este concepto de la integración y unidad latinoamericana era un tema recurrente no solo en su oratoria, sino también en su prosa. Galich fue un intelectual que aproximó sus discípulos a la cultura de los pueblos latinoamericanos, a sus bailes, a sus creencias, a sus expresiones orales y a sus tradiciones como sujetos integrados en diferentes medios. Sus inclinaciones a la antropología, la etnografía y la etnología le permitieron una mayor conexión y respeto del estudiantado, pues eran debates que no integraban el plan de estudio. El empleo de otras disciplinas para explicar la historia fue un recurso que extrapoló a la expresión escrita; en algunas de sus clases se percibían, por ejemplo, acercamientos al cine como materia de discusión para aproximarse a las problemáticas del continente. Las observaciones del escritor sobre el panorama latinoamericano e internacional en los años sesenta, setenta y ochenta, constituía una cuestión reflexiva en el circuito universitario (Amaro, 2013). En la escena universitaria Galich transmitió al estudiantado la importancia del Caribe en la historia de América Latina, temática que en ese entonces no se tenía muy en cuenta y que él abordó también en su prosa.

Era reconocido por su pensamiento bolivariano, profundamente martiano y antimperialista en su mirada de la historia. Se distinguía por enfoques propios de su naturaleza como sujeto social, de ahí que pueda ser considerado como un ser materialista, su trayectoria lo condujo a ser un hombre dialéctico. Galich era un individuo materialista-dialéctico de manera empírica, pues no tenía una formación marxista, ni un conocimiento filosófico estructurado (Concepción, 2013f). Como intelectual orgánico sabía "interrelacionar los conocimientos históricos con la cultura general, con el pensamiento filosófico, literario, con el pensamiento político, con la acción política" (Concepción, 2013d). En el ejercicio práctico Galich podía iniciar su clase con un tema y en una simbiosis discutir sobre otro asunto, sus observaciones podían abarcar desde un suceso histórico hasta una interpretación literaria o teatral.

La trayectoria política del profesor guatemalteco no lo limitó en los podios universitarios, pues su discurso político se integraba a la disertación histórica, "estaba engarzado y fundamentado mediante [.…] acontecimientos históricos" (Concepción, 2013d); elemento identificativo de su valía intelectual. Galich no podía desprenderse de su experiencia personal como parte ineludible de la historia del continente, por ello enfatizaba sobre temáticas que identificaban su vida y sus posiciones. Sus vivencias conducían el debate y su cultura extraordinaria atraía la atención de los estudiantes. Con sus interpretaciones conectaba aspectos geográficos, políticos y sociales que brindaban una mirada global del objeto de estudio.

La historia se dedica al estudio de acontecimientos que definen la vida de los seres humanos. Como ciencia social, la historia tiene disímiles formas de ser referida, puede hacerse desde fechas y nombres hasta exponiendo el drama de la vida de los seres humanos. Galich era un historiador que interpretaba y explicaba la historia desde sus propias experiencias, desde sus decisiones dramáticas (Concepción, 2013f). Este modelo de análisis histórico fue aprehendido en las aulas por muchos de sus alumnos, entre ellos uno de sus discípulos, el Doctor Alberto Prieto Rozos. Sus análisis en los salones estudiantiles estaban enmarcados en resaltar las condiciones sociales y políticas que determinaban un suceso y en menor medida hacía referencia a las circunstancias económicas. Los comentarios de Galich eran transmitidos a partir de sus visiones integrales, en los que la geografía conjuntamente, con la política complementaba, la reflexión histórica.

El intelectual guatemalteco mostraba al estudiantado de qué manera la literatura podía ser una fuente para el entendimiento de la historia. En sus conferencias las obras literarias constituían un complemento para el conocimiento histórico y transmitía su vocación como dramaturgo en varias oportunidades con explicaciones y propuestas de lecturas. Asimismo, como subdirector de Casa de las Américas comunicaba en los predios universitarios sucesos que acaecían en la escena de dicha institución. Sus comentarios sobre el Premio Casa, los festivales y otros eventos culturales tenían un espacio importante en sus intervenciones, que se convertían "en una especie de taller de la cultura latinoamericana contemporánea" (Amaro, 2013, p.).

En 1974 se creó el Departamento de Historia de América a cargo del profesor Sergio Guerra Vilaboy,(4) quien mantuvo ese puesto hasta su fallecimiento. A partir del curso 1979-1980 se establecieron en la Licenciatura de Historia las especializaciones en los dos últimos años de la carrera. Galich se insertó dentro del claustro que impartía lecciones en la especialidad de Historia, con cursos de Panamericanismo, de la América Precolombina, de Historia del Pensamiento, de Panorama Latinoamericano (figura 1), de Historia de la Cultura, de Historia del Caribe, de Historia del movimiento obrero y de Historiografía latinoamericana (Concepción, 2013b).


Galich recibió el grado científico de Doctor en Ciencias Históricas el 24 de febrero de 1980, fue considerado como un intelectual "que creaba en la medida que vivía dentro de nuestra sociedad, aportaba saberes [...] en el plano universitario" (Concepción, 2013g). Muchas fueron los reconocimientos que se le otorgaron en el ámbito universitario, uno de los más significativos fue la condecoración en la Categoría Docente Especial como Profesor de Mérito de la Universidad de La Habana, un 30 de noviembre de 1983 en el Aula Magna de dicha institución. El respeto y agradecimiento del literato por la Universidad fue reflejado en múltiples ocasiones:

Subir por la escalinata, caminar por la Plaza Cadenas me ha producido siempre una rara impresión. Lo he hecho durante 22 años y siempre me he preguntado si es verdad lo que estoy viviendo. Porque aquellos nombres, aquellos lugares -estos, mejor dicho- están llenos de una historia heroica que marca un zénit, en la vida universitaria de Nuestra América. Siendo así, significando tanto para quien llegue a este sitio, en donde ahora estoy, siendo cubano, imagínense, compañeras y compañeros, lo que es para quien llega aquí, traído de la mano hermosa de la Revolución cubana, nacido en otras tierras y apenas uno más entre los incontables hombres y mujeres que integran este mundo magnífico, que es la Universidad de La Habana. Este es mi caso (Galich, 1983).

La presencia de Galich dentro del claustro universitario prestigiaba la institución, pues era un exponente de la intelectualidad revolucionaria latinoamericana. Asimismo, le brindó al recinto estudiantil sus conocimientos en pos del desarrollo de la ciencia histórica y de una aprehensión de los cánones culturales de la escena latinoamericana.


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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BOURDIE, PIERRE (1989): "La ilusión biográfica", Historia y Fuente Oral, n.o 2, Universidad de Barcelona.

"EXPEDIENTE DEL TÍTULO DE PROFESOR DE MÉRITO DE LA UNIVERSIDAD DE LA HABANA DE MANUEL GALICH" (1983): Expedientes honoríficos, n.o 12, 28 de noviembre, Archivo Central de la Universidad de La Habana.

CASTRO RUZ, FIDEL (1961): Palabras a los intelectuales, Consejo Nacional de Cultura, La Habana.

CONCEPCIÓN PÉREZ, MARISLEIDYS (2013a): Entrevista a Lilliam de la Fuente, investigadora y especialista de teatro, 24 de septiembre.

CONCEPCIÓN PÉREZ, MARISLEIDYS (2013b): Entrevista a Sergio Guerra Vilaboy, profesor y Jefe del Departamento de Historia, 11 de septiembre.

CONCEPCIÓN PÉREZ, MARISLEIDYS (2013c): Entrevista a Francisca López Civeira, profesora, 16 de septiembre.

CONCEPCIÓN PÉREZ, MARISLEIDYS (2013d): Entrevista a Constantino Torres Fumero, profesor, 26 de septiembre.

CONCEPCIÓN PÉREZ, MARISLEIDYS (2013e): Entrevista a Clotilde Elvira Torres Bonachea, profesora, 26 de septiembre.

CONCEPCIÓN PÉREZ, MARISLEIDYS (2013f): Entrevista a Alberto Prieto Rozos, profesor, 17 de septiembre.

CONCEPCIÓN PÉREZ, MARISLEIDYS (2013g): Entrevista a Ángel Pérez Herreros, profesor, 14 de octubre.s

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VV. AA. (1999): La historia con micrófono, Instituto Mora, México.


 

RECIBIDO: 25/3/2015
ACEPTADO: 28/4/2015

 

 

Marisleidys Concepción Pérez. Facultad de Filosofía e Historia, Universidad de La Habana, Cuba. Correo electrónico: marisleidys@ffh.uh.cu

 

 

NOTAS ACLARATORIAS

1. Manuel Galich nació el 30 de noviembre de 1913 en Cuidad de Guatemala y falleció el 31 de agosto de 1984 en La Habana. Destacó como dramaturgo, político, profesor, ensayista e historiador. Su aproximación a la realidad latinoamericana le permitió conocer y estudiar la región. Llega a Cuba en 1962 y desde ese entonces se incorporó al equipo de trabajo de Casa de las Américas, institución de la que se convirtió en director unos meses después.

2. En ese tiempo la Escuela de Artes y Letras y la Escuela de Historia compartían el edificio Dihigo.

3. Galich fue un dirigente estudiantil que protagonizó la lucha contra la dictadura de Jorge Ubico en Guatemala. Durante la Revolución Guatemalteca de 1944-1954 se incorporó a las transformaciones revolucionarias y fue uno de las figuras más prominentes del proceso desde su gestión como Ministro de Educación Pública en el gobierno de Juan José Arévalo y como Ministro de Relaciones Exteriores con Jacobo Arbenz.

4. Galich tuvo una estrecha relación con los profesores Sergio Guerra Vilaboy y Alberto Prieto Rozos, ambos son considerados sus discípulos.


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