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Revista Cubana de Educación Superior

versión On-line ISSN 0257-4314

Rev. Cubana Edu. Superior vol.41  supl.1 La Habana  2022  Epub 20-Jun-2022

 

Revisión

Las revistas científicas y su rol en la difusión del conocimiento científico

Scientific Journals and their role in the dissemination of scientific knowledge

0000-0002-5156-7950Dania Deroy Domínguez1  * 

1Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, Programa Cuba, Universidad de La Habana, Cuba

RESUMEN

La difusión del conocimiento científico permite que los resultados de investigación sean conocidos, discutidos y divulgados por la comunidad académica. En este sentido, las revistas científicas constituyen actualmente uno de los principales espacios de difusión y socialización del trabajo científico y técnico que se desarrolla en las universidades, las cuales están ineludiblemente relacionadas con la investigación, producción y comunicación del conocimiento. Estas tienen el compromiso de generar investigaciones que tengan impacto social; y en ese sentido, la difusión del conocimiento se convierte en uno de los elementos más importantes en la apropiación de la investigación. En este ambiente, las revistas científicas se han convertido en uno de los elementos más importantes a la hora de evaluar las carreras de los académicos e investigadores, así como de sus instituciones.

Palabras-clave: revistas científicas; gestión del conocimiento; revistas científicas universitarias; producción científica; comunicación científica

ABSTRACT

The dissemination of scientific knowledge allows research results to be known, discussed and disseminated by the academic community while ensuring that science has an active presence in the development of countries. In this sense, scientific journals currently constitute one of the main spaces for the dissemination and socialization of scientific and technical work carried out in universities, which are inescapably related to research, production and communication of knowledge. These are committed to generating research that has a social impact; and in this sense the dissemination of knowledge becomes one of the most important elements in the appropriation of research. In this environment, scientific journals have become one of the most important elements when evaluating the careers of academics and researchers, as well as their institutions.

Key words: scientific journals; knowledge management; academic scientific journals; scientific production; scientific communication

INTRODUCCIÓN

Las revistas científicas, al igual que la sociedad, han ido evolucionando progresivamente. Desde los primeros referentes de publicaciones científicas que se conocen, aparecidas en el siglo xvii, Journal de Sçavans de la Academie de Sciences de París, Francia y Philosophical Transactions de la Royal Society en Inglaterra, surgidas en su tiempo como resultado del trabajo de las sociedades científicas y para dar respuesta a la necesidad de contar con una publicación breve, concisa y rápida, estas se han adaptado a las necesidades y contexto de las comunidades científicas. Sus funciones quedaron establecidas desde entonces y no han tenido muchos cambios en cuanto a estructura y funcionamiento hasta la actualidad (Abadal, 2017).

A partir de ese momento, la cantidad de títulos de revistas científicas fue en aumento. Se plantea que hacia 1700 ya había una treintena de títulos, incrementándose sobremanera hacia 1800, donde superaban los 700 (Borrego, 2017). Esto fue motivado por el incremento de la actividad científica y el propio auge de las sociedades científicas de su tiempo.

A partir de la Segunda Guerra Mundial, la publicación académica y en particular la publicación científica, tuvo profundos cambios (Guédon, 2019). Estos cambios obedecieron, esencialmente, al surgimiento de internet, la digitalización de los formatos de publicación, el acceso abierto, entre otros factores. A este escenario hay que agregarle la presencia de editores comerciales como Elsevier, Springer, entre otros, que desde finales del siglo pasado han modificado el sistema de la edición científica, lo que también ha traído cambios en los patrones de comunicación y evaluación de la ciencia (Aguado-López et al., 2019).

REVISTAS CIENTÍFICAS: UNA APROXIMACIÓN

Diversas han sido las definiciones que sobre las revistas científicas han brindado varios autores. Entre ellas, la más citada es la de la American Library Association (ALA) que las define como una publicación periódica que publica artículos científicos y/o información de actualidad sobre investigación y desarrollo acerca de un campo científico determinado (CINDOC-CSIC, 2004).

Más recientemente y con motivo de los 350 años de la publicación de las primeras revistas científicas, la International Association of Scientific, Technical and Medical Publisher (STM) reconocía a las revistas científicas como «aquellas que dan cuenta de la investigación escrita por los propios investigadores y es publicada luego de la debida revisión por pares» (Ware y Mabe, 2015, p. 16). Los académicos latinoamericanos Aparicio et al. (2016) consideran que una revista científica:

es una publicación que se edita con una determinada periodicidad, en la que se difunden los resultados de la investigación en un tema o disciplina por parte de los miembros de una institución de gestión de la ciencia. La revisión por pares de los documentos editados y la exigencia de originalidad son los dos parámetros fundamentales para considerar que una revista es científica. (pp. 21-22)

Estas aproximaciones conceptuales permiten identificar a las revistas científicas como uno de los medios fundamentales de comunicación entre la comunidad académica, a la par de que en todas se hace evidente su esencia: periodicidad, alcance y evaluación por pares.

Los investigadores en el momento de elegir un medio donde divulgar los resultados de sus trabajos y que estos sean sometidos a una evaluación y crítica, comúnmente se deciden por las revistas científicas. Este es el vehículo más empleado y «su prominencia es tal que los títulos de revistas no dejan de incrementarse y se estima que en este momento existen más de 50 000 en todas las áreas de las ciencias» (Alfonso y Silva, 2014, p. 146).

Dentro del ámbito de la comunidad académica las revistas científicas son «ampliamente consideradas y reconocidas como espacios de aprendizaje sobre aspectos fundamentales y complementarios sobre la producción científica» (Repiso et al., 2019, p. 2). Ya desde la segunda mitad del siglo XX algunos autores como Crane plantearon que las revistas científicas son los gatekeepers de la academia pues «son las que dan acceso a la publicación de resultados científicos, principal elemento de evaluación de la academia» (Crane, 1967, como se citó en Repiso et al., 2019). Asimismo, son también consideradas «como actores de la evolución de la ciencia, pues su actuación en cuanto a políticas editoriales y orientaciones en la publicación puede marcar y guiar el devenir de las propias especialidades» (Delgado, 2017, p. 74).

En el caso particular de América Latina, las revistas científicas se convirtieron, en el siglo XX, en uno de los espacios más usados para debatir todo tipo de cuestiones sociales, políticas y económicas (Gudynas, 2017), llegando a constituir un corpus intelectual crítico. Alrededor de algunas de las más importantes y controvertidas de estas se reunieron muchos de los más prestigiosos académicos e intelectuales de su tiempo. Un ejemplo de ello es la revista Universidad de La Habana.

El aspecto fundamental que permite que las revistas científicas sirvan también como medio para legitimar los conocimientos difundidos, y que a la vez respeten las convenciones del método científico, sigue siendo la revisión por pares o expertos ya que es «el filtro protector que salvaguarda la autoridad y prestigio de la ciencia al tiempo que “purifica” el flujo de información que los científicos han de tomar en consideración» (Delgado y Ruiz, 2009, p. 2). Aunque actualmente este proceso de evaluación de la investigación ha recibido muchas críticas, sigue siendo el preferido por los investigadores, entre otros motivos, porque «el proceso de arbitraje (también denominado revisión por pares) añade valor a la investigación reportada, al someterla a examen crítico por expertos anónimos e independientes» (Castellanos et al., 2018).

Más vigente que nunca es la visión que brindó Vessuri (1987) a finales del siglo pasado cuando reveló que la investigación científica que no está publicada no existe. La publicación en una revista de prestigio reconocido asegura la prioridad en la producción de un resultado, acrecienta el crédito académico de un científico, legitima su actividad y permite la existencia de sistemas de comunicación científica.

Aunque es necesario tomar en cuenta estos elementos, todas las consideraciones que brindan los autores antes mencionados acerca de una revista científica no son las únicas, pues el valor de estas radica también, en gran medida, en su calidad y visibilidad (Alperin y Rozemblum, 2017).

Para Guédon (2011), uno de los principales teóricos e impulsor del Movimiento de Acceso Abierto, las publicaciones encarnan un poder enorme, ya que constituyen la base de la gestión de las carreras científicas en todas partes. Y concluye: «las revistas se encuentran constantemente en el pensamiento de los científicos, aunque solo sea para monitorear el progreso de sus competidores» (p. 143). Y es que también las revistas, indirectamente, constituyen un medio para evaluar la actividad investigadora de los académicos que publican en ellas. De ahí la mayor presión que sobre ellos se está ejerciendo en la actualidad en relación a la visibilidad e impacto de su producción científica.

Un enfoque más regional de este tema lo brindan Aguado y Vargas (2016) cuando plantean que «las naciones latinoamericanas dan más valor a los cánones de evaluación de ciencia externos; en detrimento de la comprensión y participación de las dinámicas locales y regionales en Latinoamérica» (pp. 84-85).

En este punto es necesario aclarar que las revistas científicas, como bien señalan Santos y Fernández-Ríos (2016), «se convierten en una mercancía, en un instrumento de control académico y social del conocimiento y del pensamiento de los investigadores» (p. 37). La autora de este trabajo considera que esto obedece a la actual tendencia fuertemente aferrada en la conducta de los académicos e investigadores de publicar en revistas del mainstream (corriente principal) sin tener en consideración otros elementos que también inciden en la visibilidad e impacto de sus investigaciones.

Una revista científica actúa como una institución social que comparte su posicionamiento con quienes participan de ella. También define y legitima nuevos campos de estudio y disciplinas, facilitando la construcción de indicadores de evolución de la ciencia (Corera y Molina, 2016). Otros autores la consideran como «un proyecto colectivo, parte integral de otros que forman, a su vez, otra colectividad que configura los sistemas de generación, comunicación y uso del conocimiento que produce la investigación» (Martínez, 2016, pp. 17-18). Es en este ámbito, desde donde las revistas científicas «proyectan la investigación de calidad del país y consolidan el prestigio en un área, y aumentan la atracción de recursos económicos y humanos» (Repiso et al., 2019, p. 3).

Es importante resaltar que, en el panorama actual, el foco de discusión sobre estas publicaciones se encuentra situado en estas «como artefactos socio-técnicos de circulación de conocimiento científico, vinculado a dos aproximaciones concretas, por un lado, las revistas como instrumento de circulación, y por el otro, como instrumento consagratorio» (Salatino, 2017, p. 11). En este aspecto, luego de lo planteado anteriormente, se puede deducir que el «instrumento consagratorio» está haciendo referencia al papel que tienen las revistas científicas para el posicionamiento de los autores dentro de su comunidad académica, a la vez que constituyen un medio indirecto para evaluar la actividad investigadora de estos. Y precisamente «se han transformado en elementos que otorgan prestigio a todos aquellos que intervienen en su proceso y herramientas para la evaluación personal e institucional» (Rozemblum, 2013, p. 4). Así pues, «las publicaciones emergen como el dispositivo más importante para regular el sistema internacional de competencia científica» (Guédon, 2019, p. 143).

Lo anterior conduce a pensar en el valor de las revistas científicas dentro de una cultura epistémica, no ya de un grupo de investigación en particular, sino un poco más allá, dentro de un campo disciplinar. Sin embargo, para que una revista científica sea reconocida como tal debe cumplir con ciertos principios que según el consenso internacional son los que le dan valor.

Dentro de los elementos a considerar, esta debe:

ser permanente, puntual, rigurosa y transparente, convirtiéndose en el registro oficial y público del conocimiento, certificando su autoría; que lo publicitado respeta los métodos científicos y asegurando que los contenidos han sido previamente sometidos a la consideración de otros científicos que denominamos pares. (Ruiz-Pérez et al., 2015, p. 3)

Se puede apreciar en estas definiciones cómo se resalta el papel que tienen las revistas científicas, primero en la creación y posteriormente en la difusión del conocimiento científico, pues en muchos casos los resultados de investigación contenidos en ella se presentan como generadores de conocimiento.

A pesar de la evolución y los desafíos a los que se han enfrentado las revistas científicas en los últimos tiempos, en ellas prevalecen las mismas funciones que tradicionalmente se le han reconocido (Ruiz-Pérez et al., 2015; Corera y Molina, 2016):

  • Registro: asegura ante terceros la autoría y la propiedad de una idea.

  • Certificación: garantiza la validez del conocimiento publicado mediante el proceso de revisión por pares.

  • Difusión: transmite y disemina el conocimiento científico.

  • Evaluación de la ciencia: representa uno de los mecanismos fundamentales para evaluar los resultados de investigación de autores, instituciones y países.

  • Reconocimiento: confiere prestigio y otorga recompensa a autores, instituciones y editores.

Ante la avalancha de información que existe hoy día, estas funciones son más imperativas por la necesidad de contar con canales de comunicación confiables, que garanticen la calidad de la información. Se plantea entonces que este es uno de los roles más importantes que tienen las revistas científicas en la actualidad, «ser un producto dinámico, periódico, puntual, actual, riguroso en su difusión del conocimiento, accesible y, cada vez más, abierto y digital» (Pérez-Rodríguez et al., 2018, p. 482).

En resumen, una revista científica «representa el registro público que organiza y sistematiza los conocimientos acumulados y es un canal indirecto y formal del mensaje científico que contribuye a la producción y reproducción del conocimiento» (Sarthou, 2012, p. 4).

Revistas científicas universitarias

Existe una estrecha relación entre universidad y difusión del conocimiento a través de las revistas científicas. A diferencia de otras regiones, América Latina se ha caracterizado porque son precisamente las universidades las principales instituciones editoriales de revistas científicas (Salatino, 2017). Tal como plantea Delgado-Troncoso (2011), «a diferencia de las revistas más afamadas del mundo, publicadas por asociaciones profesionales-científicas y corporaciones editoriales, las revistas de Colombia y América Latina se originan en su mayoría en unidades académicas al interior de las universidades» (p. 90).

Este fenómeno responde a la realidad de que en América Latina la publicación científica es liderada por la academia, con un carácter público y estatal de financiamiento de la producción científica y anclada en la concepción del conocimiento científico como bien común. Todo esto va en contra de la lógica comercial de las grandes editoriales, quienes han desarrollado mecanismos para mercantilizar la actividad científica (Salatino, 2017).

Sin embargo, en los últimos años las dos principales bases de datos de corriente principal, Web of Science (WoS) y Scopus, han incorporado a sus colecciones revistas de países emergentes como América Latina, entre otros motivos porque «la política de Web of Science de incluir revistas regionales, obedece a una estrategia de expansión que permitirá a las comunidades a acceder a contenidos con perspectivas locales o enfocadas a temáticas de interés regional» (Reyes, 2008, p. 6). Cabe considerar, por otra parte, que esa política ha permitido aumentar la cobertura geográfica y temática de revistas de estas bases de datos al incluir regiones periféricas y áreas temáticas que estaban mal representadas y al mismo tiempo ha permitido una mayor variedad de idiomas de publicación (Chinchilla-Rodríguez et al., 2015).

En un estudio realizado por Bustos-González (2010) se expresa que el esfuerzo editorial en América Latina es asumido por las universidades con un 61 % de participación, mientras que las asociaciones científicas y profesionales tienen un 33 % y las comerciales un 6 %. Esto trae como consecuencia que estas revistas «tienen unos rasgos particulares, como pueden ser la diversidad de editores universitarios (servicios de publicaciones, facultades, departamentos, grupos de investigación, etc.), un nivel de calidad desigual, y especialmente, la inexistencia de políticas editoriales para su promoción y difusión» (Abadal y Rius-Alcaraz, 2008, como se citó en Corera y Molina, 2016, p. 280).

Algunas de las causas de la proliferación de revistas científicas editadas por universidades obedecen al prestigio que representa para la institución contar con una revista indizada, el desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación, el auge del Movimiento de Acceso Abierto, los procesos de evaluación para investigadores y de acreditación institucionales que exigen la publicación en revistas indizadas, entre otros (Delgado-Troncoso, 2011).

Sin embargo, otro de los motivos, no menos importante, de la edición universitaria de revistas científicas, es para suplir una necesidad cultural que la edición realizada por editoriales comerciales no satisface, generalmente, porque estas últimas, basándose en la rentabilidad, deciden qué temas publicar o no. De hecho, aunque este asunto tiene actualmente total pertinencia, ya desde 1996 en la Conferencia Anual sobre Publicación Electrónica en Ciencia organizada por la UNESCO se planteó la idea de que «los países en desarrollo deben buscar soluciones y respuestas locales e independientes del modelo hegemónico» (Corera y Molina, 2016, p. 286).

Recientemente, se ha desarrollado una corriente en América Latina que busca fortalecer a las editoriales universitarias, empoderando a los editores con tecnología, conocimiento y la definición de estrategias institucionales, para conservar la naturaleza abierta y académica de la tradición editorial de la región (Becerril-García et al., 2018).

No obstante, esto reafirma el compromiso y la responsabilidad de las universidades «en el desarrollo social y tecnológico que proviene de procesos de innovación cuya base incorpora el conocimiento resultado de sus investigaciones» (Martínez et al., 2012, p. 29). De ahí la necesidad de que sean estas instituciones quienes evalúen la rigurosidad y la contribución de ese conocimiento científico difundido a través de las revistas.

Las revistas científicas universitarias y su rol en la gestión del conocimiento

En la sociedad actual, las instituciones del conocimiento, en particular las universidades, han adquirido una importancia estratégica. La universidad juega un rol fundamental como exponente significativo en la creación y difusión de conocimiento, pues es un centro donde constantemente se genera, produce, transforma, aplica, entrega y difunde este conocimiento (Núñez, 2011), siendo uno de sus mayores desafíos cómo gestionarlo y transferirlo de forma eficaz y eficiente.

La gestión del conocimiento está directamente relacionada con la producción del conocimiento científico, por lo que existe una estrecha relación entre la gestión del conocimiento y la universidad, pues su principal misión es la producción, transmisión y transferencia de conocimientos (Tristá, 2005); y la gestión del conocimiento como tal está estrechamente vinculada con los contenidos que se transmiten y desarrollan en esta; toda vez que las universidades tienen una cultura que está ligada a la creación, gestión y evaluación del conocimiento.

Se plantea que el sector universitario, como principal productor y diseminador del conocimiento dentro de una sociedad, juega un papel protagónico dentro de la actividad científica de cualquier nación, aspecto que se pone de manifiesto en la mayor parte de los países de América Latina (Miguel et al., 2006).

La gestión del conocimiento, término surgido a principios de la década de los 90, puede definirse como «el conjunto de procesos que dirigen el análisis, diseminación, utilización y traspaso de experiencias, información y conocimientos entre todos los miembros de una organización para generar valor» (Ríos, 2012, p. 44). Lo anterior permite apreciar cómo este concepto de por sí está estrechamente vinculado con la función de las universidades. Estas son clave en la creación de conocimiento y a su vez en la difusión del mismo.

Para Núñez (2011):

la universidad tiene diversos compromisos con el conocimiento, la ciencia, la tecnología y sus usos sociales. De un lado promover mediante programas de formación, investigación y extensión la producción, distribución y aplicación de conocimiento relevante. De otro, investigar y enseñar lo que el conocimiento, la ciencia y la tecnología significan en la sociedad contemporánea. (p. 9)

Precisamente por ese compromiso que tienen las universidades es que la gestión del conocimiento en estas instituciones debe encaminarse a la reorganización y mejora de todos los procesos, tanto en la docencia, la investigación y la extensión universitaria, «con el objetivo de facilitar el desarrollo de una universidad competitiva y adaptada a las nuevas demandas de la sociedad» (Estrada y Benítez, 2010, p. 2). Estos procesos, denominados sustantivos, son aquellos que inciden de manera significativa en los objetivos estratégicos y que le aportan valor (Batista, 2016).

Esto conduce a plantear que «el propósito de la universidad del presente y el futuro puede ser entendido como la articulación de tres aspectos: la educación, la investigación y el impulso a la difusión y uso del conocimiento» (Lux y Pérez, 2017, p. 129). Siendo la difusión de este conocimiento mediante revistas científicas uno de los principales medios de comunicación de la ciencia utilizado por los investigadores y académicos.

Dentro de las estrategias a tener en cuenta en la aplicación de la gestión del conocimiento en las universidades se hace mención a la gestión del conocimiento tácito para convertirlo en explícito (Estrada y Benítez, 2010) y es precisamente en esta dimensión donde las revistas científicas universitarias contribuyen a mantener y mejorar el capital intelectual de estas instituciones.

Producción y comunicación científicas

Por otra parte, el vertiginoso desarrollo de la ciencia en las últimas décadas ha alterado de manera radical el modelo tradicional de comunicación científica y ha propiciado un incremento de la investigación y producción científica en todos los niveles y parcelas de conocimiento. Esta abundancia y nivel de la producción científica a nivel mundial constituye un indicador de la capacidad y trayectoria de cada equipo de investigación.

La producción científica, aunque está directamente relacionada con la investigación científica, es un proceso más completo que esta pues incluye todos los procesos presentes en la actividad, desde la generación y concepción de la misma hasta finalmente la comunicación de esa investigación. Algunos autores ubican a la producción científica en el mismo centro de las universidades. Se entiende así la producción científica como «todas las actividades académicas y científicas de un investigador aun sin ser publicadas» (Martínez, 2007, p. 16).

Se considera que el papel de la producción científica debe ser relevante porque es a través de ella donde el conocimiento toma forma, se concreta y una vez se logre difundir mediante los canales pertinentes, tanto formales e informales, los resultados de la investigación «pasan a formar parte del conocimiento de la humanidad dejando de pertenecer a su productor» (Martínez, 2007, p. 17).

La producción científica como proceso social tiene entre sus principales actores a las comunidades científicas que interactúan entre sí «para generar, discutir y criticar ideas, datos, problemas, hipótesis, teorías, preguntas y respuestas» (Maletta, 2009, p. 18).

Es necesario aclarar que la producción científica solo se convierte en contribución real luego de publicada; de ahí el estrecho vínculo que existe entre producción científica y publicación. Retomando la expresión de Baiget y Torres (2013) «la publicación de los resultados alcanzados en las investigaciones es el último paso en el ciclo de la investigación científica» (p. 8).

Algunos autores coinciden en definir la comunicación científica como «el estudio de cómo los académicos en cualquier campo utilizan y difunden información a través de canales formales e informales» (Martínez, 2007, p. 18). Tradicionalmente, los canales formales son aquellos establecidos y legitimados por la propia comunidad académica, que incluyen la publicación en libros y revistas científicas, y tiene entre sus ventajas un mayor alcance. Por su parte, cuando se hace referencia a los canales informales se habla de la comunicación oral, las conferencias en congresos, comunicaciones personales entre científicos, entre otras de este tipo. Su principal ventaja radica en una mayor interacción entre los investigadores; aunque con el desarrollo de las tecnologías y los cambios en el modelo tradicional de publicación «la distinción entre ambos se vuelve cada vez más borrosa (Rusell, 2002, p. 2) ».

Para Kircs «el objetivo de la comunicación científica es el registro, evaluación, diseminación y acumulación del conocimiento, hechos y percepciones humanas» (como se citó en Martínez, 2007, p. 17). Coincidentemente, como se planteó anteriormente, estas son algunas de las funciones que también se les atribuyen a las revistas científicas.

Es importante destacar el valor de la comunicación científica pues permite validar los resultados científicos a través de la discusión, el debate y la evaluación de la propia comunidad académica.

La comunicación científica puede ser entendida como el proceso intermedio donde el conocimiento se convierte en insumo dentro de los procesos de innovación y que tienen un impacto en la academia y también en la sociedad. En este sentido, las revistas científicas se convierten en ejes articuladores y reguladores de este conocimiento pues la comunicación científica es tan importante como la investigación misma.

Por su sinergia con la producción científica se puede decir que la comunicación científica es inherente a los procesos de la educación superior. Estas instituciones tienen la responsabilidad de desarrollar y divulgar investigaciones y que a su vez tengan un impacto tanto en la sociedad como en la academia. En este sentido, las revistas científicas son el principal medio de comunicación científica (Delgado et al., 2006).

Tal como se comentó previamente, las revistas científicas tienen un impacto científico y social (Ramírez et al., 2012). El impacto científico está bien delimitado pues está dado por la apropiación de ese conocimiento científico por parte de los académicos e investigadores que posteriormente hacen un uso de él; pero más importante aún es el impacto social que estas tienen. Este impacto social está relacionado con la aplicación de esos resultados en un ámbito local o internacional en beneficio de la sociedad. Resulta necesario también que la investigación y los conocimientos difundidos por una revista científica se orienten al objetivo de suplir necesidades de la sociedad o que sean utilizados de alguna forma en desarrollos puntuales para su beneficio (Ramírez et al., 2012).

La comunicación científica también ha experimentado cambios en los últimos años y han sido fundamentalmente por «los propios cambios en la manera de hacer ciencia, de manera que la creciente globalización, con redes y grupos cada vez más amplios, tiene su reflejo en cuestiones como la autoría o la tipología de productos resultantes de la investigación» (Borrego, 2017, p. 34).

Es justamente la comunidad científica quien ha establecido códigos y normas en el sistema de comunicación científica en todos los ámbitos disciplinares. Dentro de este sistema, la responsabilidad de los actores, dígase como autores o árbitros de la producción científica, es determinante para lograr que se cumpla con su función social.

CONCLUSIONES

La evolución de la ciencia proporcionó las condiciones para que las investigaciones se divulgaran formalmente y comenzaran a circular las primeras revistas científicas. De manera general, estas son consideradas como el principal espacio de divulgación y difusión de la ciencia. Las universidades están totalmente comprometidas con la difusión del conocimiento científico a través de las revistas científicas universitarias.

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Recibido: 23 de Diciembre de 2021; Aprobado: 10 de Febrero de 2022

*Autor para la correspondencia: danita@flacso.uh.cu

La autora declara no existe conflicto de interés.

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