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Revista Cubana de Investigaciones Biomédicas

versão impressa ISSN 0864-0300versão On-line ISSN 1561-3011

Rev Cubana Invest Bioméd vol.38 no.4 Ciudad de la Habana oct.-dez. 2019  Epub 28-Fev-2020

 

Artículo de revisión

Ácido úrico en la disfunción endotelial y la insulinorresistencia en la enfermedad cardiovascular

Uric acid in endothelial dysfunction and insulin resistance in cardiovascular disease

Ela María Céspedes Miranda1  * 

Roger Rodríguez Guzmán2 

Niurelkis Suárez Castillo1 

1Universidad de Ciencias Médicas, Facultad de Ciencias Médicas “General Calixto García”. La Habana, Cuba.

2Hospital Clínico Quirúrgico “Freyre de Andrade”. La Habana, Cuba.

RESUMEN

La determinación de la concentración de ácido úrico se realiza con frecuencia en los servicios de salud. Los niveles plasmáticos de ácido úrico se han asociado con las enfermedades cardiovasculares, y con sus factores de riesgo. Sin embargo, la relevancia de esta asociación aún es controvertida, razón por la que se propone fundamentar la relación entre el ácido úrico, el estrés oxidativo y mecanismos involucrados en la enfermedad cardiovascular. Se realizó la búsqueda de la información mediante las bases de datos de diferentes buscadores (Medline-PubMed, Cochrane, Scielo). La hiperuricemia estimula la producción de especies reactivas oxidantes intracelulares y la reacción del ácido úrico con el óxido nítrico se relaciona con la disfunción endotelial y la resistencia a la insulina. Los niveles de ácido úrico se asocian con la hipertensión arterial, la diabetes mellitus, el síndrome metabólico y la enfermedad cardiovascular. Se considera además, que el ácido úrico es un factor de riesgo independiente para eventos cardiovasculares y un predictor de la morbilidad y la mortalidad por estas enfermedades, aunque se requiere de estudios de intervención con hipouricémicos o uricosúricos para el análisis de los beneficios que pudiera representar modificar la concentración de ácido úrico en sangre en determinadas condiciones.

Palabras clave: ácido úrico; enfermedad vascular; factores de riesgo

ABSTRACT

The determination of the concentration of uric acid is often performed in health services. Plasma uric acid levels have been associated with cardiovascular diseases, and with their risk factors. However, the relevance of this association is still controversial, which is why it is proposed to base the relationship between uric acid, oxidative stress and mechanisms involved in cardiovascular disease. The information was searched through the databases of different search engines (Medline-PubMed, Cochrane, Scielo). Hyperuricemia stimulates the production of intracellular oxidizing reactive species and the reaction of uric acid with nitric oxide is related to endothelial dysfunction and insulin resistance. Uric acid levels are associated with high blood pressure, diabetes mellitus, metabolic syndrome and cardiovascular disease. It is also considered that uric acid is an independent risk factor for cardiovascular events and a predictor of morbidity and mortality from these diseases, although intervention studies with hypouricemic or uricosuric tests are required for the analysis of the benefits that could represent modify the concentration of uric acid in blood under certain conditions.

Keywords: uric acid; vascular disease; risk factor's

Introducción

Las tasas de morbilidad y mortalidad de enfermedades cardiovasculares en Cuba han ido creciendo paulatinamente, en la misma medida en que la esperanza de vida se incrementa. En el contexto de las enfermedades del corazón, la cardiopatía isquémica es un problema de salud y la primera causa de muerte. La enfermedad isquémica y la enfermedad hipertensiva explican el 80 % de las muertes por afecciones cardíacas.1

La aparición y severidad de las manifestaciones de isquemia miocárdica se incrementan si coexisten la resistencia a la insulina, las dislipidemias y la obesidad, condiciones que pueden estar acompañadas por una alta concentración de ácido úrico. Estas situaciones confluyen en un estado metabólico de estrés oxidativo, con estimulación de vías de señalización que modulan las funciones de las células de la pared vascular y agudizan la disfunción endotelial, la vasoconstricción, la inflamación, la aterosclerosis y la trombosis.2,3

El estrés oxidativo se expresa por un desbalance entre especies reactivas de alto potencial oxidante (ERO), sus productos de oxidación y los sistemas antioxidantes. Los sistemas antioxidantes protectores o destoxificadores se han desarrollado en los organismos aeróbicos para disminuir o contrarrestar el daño por ERO. Entre estos sistemas se encuentra el ácido úrico, que es uno de los antioxidantes más abundantes en el plasma humano.2,4

Se reconoce la actividad protectora del ácido úrico en la destoxificación de especies reactivas en condiciones fisiológicas en el ambiente extracelular; aunque existen evidencias crecientes que reconocen que el AU también, promueve efectos prooxidantes en las células, contribuye a la disfunción endotelial y a la resistencia a la insulina.5,6) En este contexto, se atribuye un papel protagónico al incremento del ácido úrico (AU) en la patogenia de las enfermedades cardiovasculares.

En numerosos estudios se reporta que la hiperuricemia se asocia con la hipertensión arterial, la diabetes mellitus, el síndrome metabólico y la enfermedad cardiovascular.7,8,9,10) Se considera además, por algunos autores, que el AU es un factor de riesgo independiente para eventos cardiovasculares y un predictor de la morbilidad y la mortalidad por estas enfermedades.11,12,13) Sin embargo, aunque la determinación de AU es de indicación habitual en la práctica clínica de los servicios de salud, la relevancia de la asociación entre los niveles de este compuesto y diversas condiciones cardiovasculares aún es controvertida, razón por la que se los autores se proponen fundamentar la relación entre el ácido úrico y el estrés oxidativo en la disfunción endotelial y la insulinorresistencia, mecanismos involucrados en la enfermedad cardiovascular.

Desarrollo

El AU es un producto del metabolismo de las purinas. A pH fisiológico el AU se encuentra en su forma iónica, y circula en sangre como urato. La concentración de urato en los fluidos biológicos es el resultado del balance entre su formación, excreción y reabsorción.14

La biosíntesis del AU se realiza mediante un proceso complejo que depende del catabolismo de la adenina y la guanina, bases nitrogenadas a partir de las cuales se genera hipoxantina, xantina y ácido úrico, en presencia de la enzima xantina oxidorreductasa (XOR), una flavoproteína que contiene hierro y molibdeno. Esta enzima se presenta en dos formas: como xantina deshidrogenasa, que utiliza al NAD+ como sustrato, y como xantina oxidasa con mayor afinidad para el oxígeno (Fig. ).10

En la inflamación o la isquemia, se produce la proteolisis de la XOR que se convierte en xantina oxidasa, condición en la que se genera AU, anión superóxido y peróxido de hidrógeno; estas dos últimas son especies reactivas del oxígeno que favorecen el estrés oxidativo y pueden comprometer el funcionamiento vascular.2

XOR: xantina oxidorreductasa; XDH: xantina deshidrogenasa; XO: xantina oxidasa; O. 2: anión superóxido; H2O2: peróxido de hidrógeno

Modificado de Chen y colaboradores. Med Sci Monit. 2016;22:2501-12

Fig Catabolismo de las purinas y formación de ácido úrico. 

En adultos los niveles de AU varían según el peso corporal, el ejercicio físico, la edad, el sexo, la ingestión de alcohol y la dieta. La concentración plasmática de AU se incrementa con la edad y es mayor en los hombres que en las mujeres en edad fértil. La fructosa, las metilxantinas derivadas del café y los flavonoides, incrementan su síntesis,15) lo que enfrenta a las sociedades actuales al riesgo de hiperuricemia, dado el incremento en el consumo de alimentos ricos en purinas, alcohol y bebidas enriquecidas con fructosa.

La excreción de AU se realiza principalmente a nivel renal, aunque cerca del 90 % del urato sérico filtrado por el glomérulo renal es reabsorbido y retorna a la sangre. El paso del anión urato a través de las membranas celulares requiere de transportadores. La proteína intercambiadora de anión urato (URAT1), y la proteína transportadora de unión al ATP (ABCG2), entre otras, intervienen en la regulación de los niveles de ácido úrico sérico.14,16

El conocimiento que se adquiere de acuerdo a los diferentes transportadores y los polimorfismos génicos de simple nucleótido deben permitir un mejor acercamiento a la asociación entre los niveles de ácido úrico y las enfermedades vasculares.

Ácido úrico en el metabolismo oxidativo

El estudio de los radicales libres comenzó hace más de cincuenta años, cuando Harman propuso que los radicales de oxígeno, también llamados especies reactivas del oxígeno, podían formarse in vivo producto de diversas reacciones del metabolismo. Entre estas especies se distinguen el anión superóxido y el radical hidroxilo, los que junto al oxígeno singulete y el peróxido de hidrógeno, se identifican como especies reactivas del oxígeno.17) El óxido nítrico (ON) y el peroxinitrito, están incluidos entre las especies reactivas del nitrógeno en los estudios de los radicales libres.2,18

Las ERO son mediadores de procesos específicos en el organismo humano cuando sus concentraciones se mantienen en rangos fisiológicos, pero su incremento produce efectos deletéreos, debido al daño que se produce en las diferentes biomoléculas de las células. Las células están obligadas a reparar dicho daño o a reemplazar las moléculas que experimentaron la transformación radicálica de manera que se adapten, se recuperen o sobrevivan al daño.2

En los organismos aeróbicos existe un sistema antioxidante representado por enzimas y por compuestos no enzimáticos, para disminuir o contrarrestar la actividad de las ERO. Entre las enzimas antioxidantes se encuentran las superóxido dismutasas, la catalasa y las tiol oxidorreductasas; mientras que el ácido úrico, forma parte del nutrido grupo de sistemas antioxidantes no enzimáticos.17

Halliwell definió como antioxidante: cualquier sustancia que en bajas concentraciones comparada con el sustrato oxidable, disminuye significativamente o inhibe la oxidación de este sustrato. Estas sustancias previenen la formación de especies reactivas del oxígeno, interrumpen las reacciones en cadena por ataque de las ERO, secuestran metabolitos reactivos, amplifican la resistencia de los mediadores susceptibles, facilitan mecanismos de reparación de moléculas como el ADN y favorecen la acción de otros antioxidantes.17

Entre los mecanismos antioxidantes enzimáticos y no enzimáticos se establecen interacciones y sus mecanismos de regulación dependen de los niveles relativos de los oxidantes y de los propios antioxidantes, algunos de los cuales pueden actuar como mediadores de la señalización celular.

La acción del ácido úrico depende del sitio de formación de los radicales libres, su localización y reactividad. El AU es un scavenger de radicales libres, con acción sobre el radical hidroxilo y el oxígeno singulete, así como, con alta afinidad por el peroxinitrito.3 El AU también puede unirse a metales de transición, y se propone que su acción quelante del hierro estabiliza al ácido ascórbico en suero humano.5 El radical urato formado en estas reacciones puede ser reducido por el propio ascorbato y por el péptido glutatión.19

El sistema antioxidante en los sistemas biológicos debe responder a las necesidades de las células de mantener un balance que garantice el funcionamiento celular dependiente de los mecanismos redox. Sin embargo, la generación de anión superóxido se incrementa tanto por el aumento en la formación de AU como por la estimulación de la enzima nicotinamín adenín dinucleótido fosfato reducido (NADPH) oxidasa, como consecuencia de la propia hiperuricemia, lo que disminuye la biodisponibilidad de óxido nítrico en la pared vascular.5,20) La depleción de óxido nítrico también está en función de la posibilidad de su interacción con el AU o en la disminución de su síntesis en presencia de hiperuricemia.21

Park y otros, demostraron en un estudio in vitro con células endoteliales de vena umbilical humana, que en presencia de altos niveles de ácido úrico se produce la fosforilación de la óxido nítrico sintasa endotelial (ONSe) en el residuo treonina de la posición 495 (Thr 495 ), lo que dificulta la interacción de la enzima y la calmodulina, disminuye la actividad de la misma y por tanto, disminuye la producción del óxido nítrico.22) La disminución del ON se relaciona con la disfunción endotelial y la hipertensión arterial.

Ácido úrico, disfunción endotelial e hipertensión arterial

La disfunción endotelial se caracteriza por un desbalance entre factores vasodilatadores y vasoconstrictores. El óxido nítrico es un vasodilatador endógeno, antitrombótico e inhibidor de la adhesión de los leucocitos a la pared arterial, entre otras funciones.3 Su producción o biodisponibilidad reducidas conduce a vasoconstricción e incremento de la resistencia vascular periférica, mecanismo de gran relevancia en la hipertensión arterial y en la patogenia de las enfermedades vasculares.

El papel protagónico del AU en la hipertensión arterial permite confirmar la asociación de este metabolito con la menor biodisponibilidad de óxido nítrico. La disminución del óxido nítrico y el incremento del estrés oxidativo en las células endoteliales como consecuencia de una hiperuricemia, producen constricción vascular e isquemia, mecanismo que igualmente favorece una mayor producción de AU. En estas condiciones también se puede producir disminución de la filtración glomerular o incremento de la reabsorción de AU por la propia vasoconstricción renal. Debido a la isquemia renal se activa el sistema renina angiotensina, con elevación de la presión arterial, la estimulación de la NADPH oxidasa y la acentuación del estrés oxidativo y la disfunción endotelial.23 La isquemia está asociada además a un incremento en la producción de lactato que activa URAT1 y disminuye la excreción de AU.14

Huang y otros aportan evidencias del papel de la enzima aldosa reductasa en la disfunción endotelial inducida por ácido úrico. Esta enzima dependiente de NADPH, interviene en la vía del poliol, y es de relevancia en las complicaciones de la diabetes mellitus y en la aterosclerosis. Estos autores identificaron diferentes ERO en células endoteliales en cultivo con diferentes concentraciones de AU y atribuyen al peróxido de hidrógeno la principal contribución al mayor daño inducido por hiperuricemia.5

Numerosos autores han reportado que la hiperuricemia se asocia con estrés oxidativo, disfunción endotelial e hipertensión arterial. En estudios con 90143 japoneses se demostró asociación entre hiperuricemia y el incremento en la prevalencia de hipertensión arterial (HTA), mientras que en el seguimiento que se realizó con 5899 durante cuatro años, la hiperuricemia se asoció con el incremento en la incidencia de HTA, dislipidemia y obesidad.24,25) El grupo de Chen y otros demostró la asociación de AU con la incidencia de hipertensión arterial en un estudio prospectivo con 23525 personas durante cinco años,26) y Scheepers y otros reportan que tanto la concentración de ácido úrico sérico como del AU urinario se asocian con la presión arterial.9

En estudios de intervención terapéutica en los que se administró alopurinol e inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina se verifica que los cambios fisiopatológicos capaces de desencadenar la hipertensión arterial mediada por AU desparecieron. Feig y otros administraron 200 mg de alopurinol durante cuatro semanas a 30 adolescentes con HTA e hiperuricemia, y observaron disminución de la presión arterial sistólica y de la presión arterial diastólica en el período de tratamiento. En este ensayo se comenta que al parecer la HTA a edades tempranas es más sensible a urato que a sales.27 Resultado similar fue observado por Agarwal, en un estudio en el que se logró reducción tensional después de la administración de alopurinol a adolescentes hipertensos con hiperuricemia mayor de 6 mg/dL.28

Algunos investigadores han considerado a la hiperuricemia como un factor de riesgo independiente para la hipertensión arterial, aunque muchas veces concurren varios factores en una persona y resulta difícil delimitar el riesgo. Sin embargo, Kuwabara y otros, reportaron que un aumento en el AU de 1 mg/dL incrementó la prevalencia de hipertensión aun cuando se excluyeron a los pacientes que ingerían tratamiento antihipertensivo y antihiperuricémico, en un análisis en el que se controlan otros factores de riesgo.24

No obstante, se han observado también resultados contradictorios, como los de Borgi y otros, quienes utilizaron probenecid o alopurinol durante ocho semanas, en un estudio controlado con personas sobrepeso y obesas. Estos autores concluyen que la disminución de ácido úrico no tiene impacto en la función endotelial.29

Aunque se sugiere que el AU puede ser un marcador modificable e independiente en la hipertensión arterial esencial, afirmar que su disminución pueda ser preventiva para esta condición requiere de otros ensayos experimentales y de intervención.

Ácido úrico, resistencia a la insulina y síndrome metabólico

Cuando se produce una disminución en la respuesta fisiológica de los tejidos a la acción de la insulina, en particular en los tejidos muscular y adiposo, con hiperinsulinemia compensatoria, aparece la resistencia a la insulina, condición de relevancia en la diabetes mellitus tipo 2 y en el síndrome metabólico. La hiperuricemia se encuentra entre los criterios que se incluyen en el conjunto de signos del síndrome metabólico.

La insulina es una hormona hipoglucemiante cuyo efecto se produce gracias al funcionamiento de una complicada red de señalización intracelular mediada por proteínas dependientes de GTP, proteínas quinasas y fosfatasas. La acción vasodilatadora de esta hormona depende de la activación de la ONSe por la actividad de la vía fosfatidilinositol-3 quinasa y de la proteína quinasa B (Akt), acción que se potencia por el incremento en la síntesis de tetrahidrobiopterina, cofactor necesario para la actividad de la ONSe.30) Es por tanto, el ON clave no solo en la función endotelial comentada, también, en la resistencia a la insulina.

En una experiencia con ratones que carecen de la enzima ONSe se demostró que estos animales son más susceptibles a desarrollar resistencia a la insulina. Bajo esta condición se incrementó la expresión de la proteína de membrana Nox2, subunidad de la NADPH oxidasa, con generación de anión superóxido en células endoteliales.31) Se ha propuesto que tanto el anión superóxido como el producto de su dismutación, el H2O2, pueden funcionar como sensores metabólicos que vinculan la biología redox con la sensibilidad a la insulina.32) El aumento en estas especies reactivas produce activación de proteínas serina/treonina quinasas que fosforilan residuos de serina en el receptor de la insulina y en el sustrato del receptor de la insulina, lo que disminuye la capacidad de fosforilación en residuos de tirosina, con lo que se modifica la señalización de la insulina.33

Zhu y otros demostraron en cultivos de células hepáticas (HepG2) expuestas a ácido úrico y en ratones hiperuricémicos un deterioro en la tolerancia a la glucosa, así como alteraciones en la señalización de la insulina a través de sus componentes IRS-1(sustrato del receptor de la insulina 1) y el factor de transcripción Akt e insulinorresistencia.34

Evidencias clínicas y epidemiológicas sugieren que la concentración elevada de ácido úrico se relaciona con la diabetes mellitus tipo 2 y los componentes mayores del síndrome metabólico.

En un metanálisis de los autores Xu y su grupo se concluye que el ácido úrico sérico se asocia independientemente con el desarrollo de la diabetes mellitus tipo 2, en hombres y mujeres premenopáusicas y postmenopáusicas, jóvenes y adultos.35) La hiperuricemia asintomática se asoció con resistencia a la insulina en personas aparentemente saludables y en diabéticos tipo 1.36) Asimismo se reportó por Chien el mayor incremento en la resistencia a la insulina (HOMA-IR) en el quinto quintil de ácido úrico.37 Este resultado también ha sido demostrado en estudios con pacientes hiperuricémicos tratados con alopurinol. La administración de este fármaco durante tres meses disminuyó la resistencia a la insulina en estos pacientes.38

La asociación de los niveles de AU con el síndrome metabólico también se ha demostrado por diversos autores. Babi y otros reclutaron 4417 personas para el estudio PREDIMED (Prevención con DIeta MEDiterránea). Estos autores reportaron que de las 1511 personas que continuaron el estudio de seguimiento, la mayor prevalencia e incidencia de nuevos casos de síndrome metabólico se identificó en los participantes que se encontraban en el cuartil mas alto de concentración de ácido úrico.39) En 1978 iraníes diabéticos la prevalencia de SM y sus componentes se incrementó con el aumento de la concentración sérica de AU en diabéticos tipo 2.40) Similar resultado se obtuvo por el grupo de Moulin, con 585 angolanos.41

En el estudio prospectivo de Yadav y otros, con 1590 adultos coreanos seguidos por 2,6 años, se sugiere que el ácido úrico sérico podría tener ser predictor de síndrome metabólico en las mujeres.42) Sun y otros realizaron un seguimiento con niños entre 10 y 15 años y después de diez años, concluyeron que la hiperuricemia es un predictor de síndrome metabólico en los varones.43) Li y otros demostraron asociación entre los niveles de ácido úrico con la presencia de hipertensión y de síndrome metabólico en 2388 pacientes chinos con diabetes tipo 2, independiente de otros factores de riesgo y de aterosclerosis.44

El estrés oxidativo media los cambios metabólicos relacionados con la resistencia a la insulina y la insulinorresistencia potencia un estado de estrés oxidativo con modificación en la concentración de AU, hiperglucemia e hiperlipidemia, obesidad y procesos aterogénicos, cuya expresión clínica más compleja se observa en la enfermedad cardiovascular.

Ácido úrico, aterosclerosis y enfermedad cardiovascular

El estrés oxidativo, la disfunción endotelial y la resistencia a la insulina en hiperuricemia, son condiciones implicadas en las alteraciones de la pared vascular y la aterogénesis. El AU induce un estado inflamatorio y proliferación de las células musculares lisas vasculares mediante la activación de vías de señalización intracelular mediadas por las proteínas quinasas activadas por mitógeno y quinasas reguladas por señales extracelulares.3,45

Kanellis y otros demostraron que, en presencia de AU, se produce activación de los factores de transcripción nuclear kappa B (NF(B) y proteína activadora 1 (AP-1). Estos factores de transcripción están implicados en la regulación de la proteína quimiotáctica de monocitos y en la activación de genes proinflamatorios, sensibles al estado redox de la célula.46,47 También, Spiga y otros reportaron la relación entre AU y reactantes de fase aguda como la proteína C reactiva, el fibrinógeno y la ferritina tanto in vitro como in vivo. La exposición de las células HepG2 de hepatoma humano a AU condujo a la activación del NF(B en presencia de ácido úrico.45) Un incremento de interleuquina 6, con efectos proinflamatorios, fue demostrado por Tanaka y su grupo.48) Estos mecanismos confirman la implicación del AU en el daño vascular, la aterosclerosis y las enfermedades cardiovasculares.

Se dispone de evidencias de la asociación entre el AU con signos de aterosclerosis carotídea y coronaria y de inestabilidad de la placa, así como de la presencia de AU en la placa de ateroma.7,49 En el estudio ARIC (Atherosclerosis Risk in Communities) se demostró la relación de las cifras elevadas de ácido úrico con la alteración del grosor de íntima media (GIM), reconocido como un indicador de enfermedad aterosclerótica temprana.50 Resultados similares se observaron por Hannawi y su grupo con pacientes con artritis reumatoide.51

En el 68 % de 1012 pacientes valorados por el grupo de Sinan se realizó el diagnóstico de enfermedad arterial coronaria con el auxilio de angiografía coronaria, y se encontró asociación entre el AU y la severidad de la enfermedad,52) resultado similar al de Duran y su grupo con 246 pacientes no diabéticos ni hipertensos con síndrome coronario agudo.53) En un estudio que se realizó con 94 pacientes por la autora y su grupo de trabajo, la mayor concentración de ácido úrico se verificó en hipertensos con cardiopatía isquémica en relación con aquellos hipertensos sin complicaciones.54

Según los datos del First National Health and Nutrition Examination Survey (NHANES I) los niveles de AU se asocian con la enfermedad cardiaca isquémica y con la mortalidad cardiovascular.11) También, un incremento en el ácido úrico sérico se asoció con el pronóstico de pacientes con alto riesgo de enfermedad cardiovascular, y también se ha identificado riesgo para la enfermedad cardiovascular en poblaciones saludables cuando hay presencia de hiperuricemia asintomática.55

En este contexto, son numerosas las evidencias que demuestran la asociación de los niveles de AU con la enfermedad cardiovascular. Se reconoce que la hiperuricemia se comporta como factor de riesgo independiente para enfermedad cardiovascular acompañada o no de otros factores de riesgo como la hipertensión arterial o la diabetes mellitus. No obstante, los resultados del estudio de Framingham, Tsai y otros, no reconocen la relación entre el AU y el riesgo cardiovascular, ni su posible indicador como predictor independiente.56,57) Además, los resultados aportados por el grupo de Keenan en un estudio de randomización mendeliana, con el análisis de polimorfismos de simple nucleótido de genes relacionados con el metabolismo del AU, no demuestran un papel causal de los niveles de AU en la diabetes mellitus tipo 2, la enfermedad cardiaca coronaria o la insuficiencia cardiaca.58

Consideraciones finales

Los hallazgos in vitro y en animales de experimentación demuestran su función antioxidante extracelular y su comportamiento prooxidante intracelular, mecanismos implicados en el estrés oxidativo, la disfunción endotelial y la resistencia a la insulina con expresión en los factores de riesgo y las enfermedades vasculares. En los últimos años los estudios en los que se demuestra la asociación del ácido úrico con las enfermedades cardiovasculares y sus factores de riesgo han resurgido. Los factores de riesgo tradicionales muchas veces concomitan en la misma persona, sobre todo cuando se alcanza la tercera edad, de manera que, aunque existen evidencias de la hiperuricemia como factor independiente del riesgo cardiovascular, así como de valor pronóstico en el progreso de las enfermedades cardiovasculares, se requiere de estudios de la cinética del ácido úrico que permitan el análisis certero de los cambios en su concentración, en función de los cambios tejido específicos, dependientes o no de polimorfismos génicos de proteínas asociadas a su metabolismo. Asimismo se requiere también de estudios intervención con hipouricémicos o uricosúricos efectivos y seguros que permitan evaluar el costo beneficio de la disminución de la concentración de este metabolito en sangre en relación con el daño vascular. No obstante, los niveles de AU pudieran constituir una herramienta útil en el manejo de la enfermedad cardiovascular y debe tenerse en cuenta en el análisis evolutivo de los pacientes con riesgo vascular.

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Recibido: 03 de Julio de 2019; Aprobado: 19 de Agosto de 2019

*Autor para la correspondencia: elaces@infomed.sld.cu

Los autores declaran no tener conflicto de intereses.

Ela M. Céspedes Miranda: Propuesta y desarrollo de la idea de la investigación, redacción y supervisión del documento.

Roger Rodríguez Guzmán: Investigador, discusión y análisis de artículos científicos.

Niurelkis Suárez Castillo: Investigadora, discusión y análisis de artículos científicos.

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