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Revista Cubana de Medicina General Integral

versión On-line ISSN 1561-3038

Rev Cubana Med Gen Integr v.19 n.2 Ciudad de La Habana mar.-abr. 2003

 

La sabiduría popular y la ciencia médica

José Díaz Novás1 y Bárbara R. Gallego Machado2

A través de la historia las experiencias individuales y colectivas de una población se han ido sistematizando y transformando en parte de su cultura popular, sus medios de actuación y su sabiduría. Costumbres populares asentadas sobre bases empíricas han encontrado justificación con el desarrollo de la ciencia y la técnica, después de haber sido utilizadas durante largo tiempo.

La eficacia de la medicina alternativa fue puesta en duda durante algún tiempo, hasta que la fuerza de las evidencias y la comprobación de los mecanismos de acción de algunas de estas prácticas, no dejaron lugar a dudas sobre su utilidad en el arsenal terapéutico de la medicina moderna.

Según Lenin, que hizo aportes trascendentales a la teoría del conocimiento científico, la práctica es fuente de conocimientos y criterio de la verdad. Sin querer entrar en reflexiones profundas sobre las bases del conocimiento científico ni defender prácticas pseudocientíficas, creemos que es justo afirmar, que de la misma forma que no podemos aceptar críticamente intervenciones terapéuticas sin una base científica o evidencias irrefutables que las apoyen, tampoco debemos rechazar dogmáticamente y negar de plano, remedios que no hacen daño y que pueden hacer algún bien, siempre y cuando no sustituyan o retrasen el diagnóstico del paciente o la aplicación de terapéuticas más efectivas. También es importante señalar que no debemos dar falsas esperanzas de cura o mejoría a pacientes con enfermedades, para las cuales la medicina moderna no tiene aún la solución, utilizando remedios cuya eficacia no se ha demostrado claramente.

En la era de la medicina basada en evidencias, la genética, la inmunología y la biología molecular, no es erróneo investigar para buscar explicaciones y hechos incontestables que justifiquen el uso de algunas prácticas populares que puedan se útiles en el tratamiento de diferentes problemas de salud. ¿Quién no ha oído hablar de que cuando tenemos gripe, es bueno hacer reposo, abrigarse y tomarse un buen plato de sopa de gallina? ¿Quién no ha experimentado los resultados prácticos de esta prescripción? Pues bien, a la luz de los conocimientos científicos actuales, vamos a referirnos a una costumbre que ya era popular antes del tiempo de nuestros abuelos.

Los primeros registros del valor terapéutico de la sopa de gallina datan del siglo XII y fueron referidos por el médico Maimoniades, que la recomendaba a pacientes víctimas de infecciones del tracto respiratorio. En las últimas décadas las propiedades terapéuticas del caldo de gallina han merecido la atención de la comunidad médica. En un artículo reciente de la Revista Chest (Chest 2000:118:1150-57), fueron estudiadas las propiedades antiinflamatorias de la sopa de gallina, a través de la prueba de inhibición de la quimiotaxia de los neutrófilos in vitro. Los mecanismos atribuidos a la ingestión de la sopa de gallina en las infecciones de las vías aéreas superiores incluyen la descongestión nasal (estimulada por el líquido caliente), la adecuada hidratación y el soporte nutricional, así como el relajamiento psíquico causado por el acto de tomar la sopa.

El artículo revisado trata de documentar las propiedades antiinflamatorias de ese alimento. Como se sabe el proceso inflamatorio desencadenado por las infecciones respiratorias altas es responsable, al menos en parte, por los síntomas a ellas asociados. Con esta base, el grupo de Rennarel y otros de la sección de cuidados críticos y pulmonares, de Omaka, Estado de Nebraska en los Estados Unidos, elaboró un estudio. Después de preparar un receta tradicional (la que llamaron "sopa de la abuela"), fue determinada la inhibición de la actividad quimiotáctica de los neutrófilos usando una prueba patrón.

Inicialmente, los investigadores observaron una importante inhibición de la actividad quimiotáctica de los neutrófilos cuando testaron la sopa con todos sus componentes. Tal efecto era independiente de la concentración utilizada en la sopa. Después de la centrifugación para separar los componentes sólidos, el sobrenadante aún conservaba actividad antiquimiotáctica. Ante este hecho, los investigadores trataron de determinar cuáles de los ingredientes presentes en el caldo eran responsables de la actividad antiinflamatoria. En pruebas semejantes, varios de los componentes usados en la preparación de la sopa (zanahorias, papas, cebollas, hojas de cebollinos, ajos, perejil, ají y otros productos vegetales utilizados en la sopa tradicional), presentaron aisladamente actividad antiinflamatoria semejante a la sopa completa.

Los autores de este estudio concluyeron que, al menos in vitro hay una inhibición de la actividad quimiotáctica de los neutrófilos, tanto por la sopa completa como por sus componentes individuales. Se plantea que este pueda ser uno de los mecanismos de la acción terapéutica de la sopa de gallina en pacientes con procesos infecciosos de las vías aéreas, en los cuales existe actividad inflamatoria con la participación de células polimorfonucleares, en respuesta a la infección.

Al disminuir este proceso inflamatorio, los síntomas también serían atenuados; los investigadores también señalan que otros estudios, esta vez in vivo deben ser realizados para que los hallazgos in vitro puedan ser comprobados.

Como vemos, no fue hasta hace poco tiempo que la ciencia comenzó a comprobar y explicar, la utilidad terapéutica de un viejo remedio, que ya la sabiduría popular nos había enseñado desde hace siglos.

Recibido: 24 de septiembre de 2001. Aprobado: 20 de septiembre de 2002.
Dr. José Díaz Novás. Policlínico Lawton. Ave. Camilo Cienfuegos y Calle 10, Lawton, municipio 10 de Octubre, Ciudad de La Habana, Cuba.


1 Especialista de II Grado en Medicina Interna. Profesor Titular. Policlínico "Lawton".
2 Especialista de II Grado en Pediatría. Profesora Asistente. Policlínico "Lawton".

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