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Revista Cubana de Salud Pública

versión On-line ISSN 1561-3127

Rev Cubana Salud Pública v.29 n.1 Ciudad de La Habana ene.-mar. 2003

 

 

Popper, el contraste de hipótesis y el método crítico

Félix Miguel García1


RESUMEN

En contra de lo que es un lugar común en la apreciación del contraste de hipótesis estadísticas como esencialmente falsacionista, en tanto que sigue la lógica del contraste popperiano de hipótesis/teorías científicas, se tratan de demostrar tres tesis: 1) que Popper no se ocupó el mismo del contraste de hipótesis en el sentido técnico actual, a pesar de ciertas interpretaciones erróneas y de ciertos textos suyos en los que se utiliza un vocabulario confuso; 2) que el contraste de hipótesis no es asimilable al contraste popperiano ni en su estructura, ni en objetivos ni en sus consecuencias; de hecho, lo que finalmente persigue es afirmar una hipótesis positiva, la H1, algo radicalmente antipopperiano; y 3) que el "racionalismo crítico" popperiano, detrás de su aparente sentido común y antidogmatismo, esconde en realidad un "totalitarismo general y metodológico", sutil como neototalitarismo democrático del que forma parte, y de un "todo vale para quien lo tiene todo", coartada ética, científica y política para el actual poder absoluto que la tecnoindustria farmacéutica tiene sobre las decisiones médicas.

DeCS: MÉTODOS EPIDEMIOLÓGICOS.

Introducción

En el último cuarto del siglo XX, tras el iniciático artículo de Carol Buck en 1975,1 se ha producido un debate entre los epidemiólogos acerca de la aplicabilidad o no de las ideas del filósofo austro-británico Karl Popper (1902-1979) a la teoría y prácticas epidemiológicas y a la teoría de la inferencia estadística. El debate ha florecido fundamentalmente en el ámbito anglosajón, aunque también ha llegado al latinoamericano2-5 a pesar de la clarividente reflexión de Karhausen: "Algún día los historiadores de la medicina escribirán la historia de la epidemiología del siglo XX y se preguntarán por qué varios buenos científicos llegaron a ser presa de una misteriosa y reverencial fascinación por las ideas de Karl Popper".6

En los ambientes epidemiológicos el nombre de Popper ha conseguido adherirse a dos grandes ideas:1) que el contraste de hipótesis estadísticas estándar (en adelante, contraste de hipótesis), el de Neyman y Pearson, pero también la prueba de significación de Fischer, es esencialmente popperiano, incluso, que Popper ha dado un marchamo científico y filosófico a tal contraste de hipótesis; y 2) que Popper ha regalado a la ciencia el impagable método crítico que postula la humildad y la búsqueda continua de la verdad y el sometimiento constante de nuestras convicciones a la crítica racional implacable.
Este trabajo pretende desmontar tales grandes ideas y mostrar, en primer lugar, no solo que Popper no se ocupó, pudiendo haberlo hecho, del contraste de hipótesis en su sentido moderno (parte 1), sino que en realidad el contrate de hipótesis es radicalmente antipopperiano (parte 2) y, en segundo lugar, destacar, en una excursión necesariamente política y general, la cara reaccionaria y oculta de Popper y el papel que su filosofía desempeña en una investigación médica desnaturalizada y en manos de los grandes grupos farmacéuticos.

Lo que Popper no dijo

Todo ello concuerda con la visión de Popper [énfasis mío] de que pruebas estadísticas son hipotéticas-deductivas, que incluyen reglas de decisión y de que no hay lugar para la inducción.4

Aunque existan, como se verá más adelante, legítimas interpretaciones del contraste de hipótesis en términos popperianos, es necesario señalar, en primer lugar, que Popper no ha abordado directamente en su obra el asunto del contraste de hipótesis en su sentido moderno. Todo lo relativo a la aplicabilidad de la filosofía popperiana a la lógica del contraste de hipótesis es una adaptación o interpretación de otros autores, fundamentalmente los llamados epidemiólogos popperianos.

La necesidad de aclarar este punto no es gratuita, ya que por una parte, es posible encontrar unos pocos fragmentos en la obra de Popper que leídos aisladamente y fuera de contexto induzcan a pensar que se ocupó de la lógica del contaste de hipótesis y, por otra, existe un malentendido generalizado en los ambientes epidemiológicos que casi llegan a atribuir a Popper la paternidad de la filosofía del contraste de hipótesis, -ejemplo de lo cual puede ser la cita que encabeza esta párrafo, aunque hay más.7

La razón más obvia de que Popper no se ocupó del contraste de hipótesis es constatar que en su obra principal en el terreno de la epistemología, La lógica de la investigación científica8 de la cual el resto no es más que una elongada prolongación, no aborda el asunto. Como concuerda Goodman9 en una interesantísima revisión histórico-conceptual, en la que trata de recuperar las hoy olvidadas diferencias entre la p y el contraste de hipótesis, ya en 1928 Neyman y Pearson10 habían presentado los fundamentos teóricos de la prueba de hipótesis, después de que Fischer inventase la prueba de significación.

La lógica de la investigación científica fue publicada en alemán en el otoño de 1934, pero con fecha de 1935, aunque realmente empezó a ser conocida cuando se tradujo al inglés- ampliada con notas, renotas y apéndices, en 1958. En esta obra Popper no cita a Neyman ni a Pearson, aunque sí a Fischer, a quien trae a colación únicamente para comparar su propio concepto de grado de corroboración con el fisheriano de verosimilitud. Es perfectamente posible que en los años 30 Popper desconociera tales aportaciones, pero es más difícil pensar que en 1958, fecha de la edición inglesa, que casi dobla el original a causa de las anotaciones, no conociera los escritos posteriores de Neyman o los de Fischer The desing of experiments,11 de 1935, en la que presenta de forma completa las pruebas de significación estadísticas o Statistical methods and scientific inference,12 una síntesis de todas sus aportaciones. Pues bien, Popper seguirá ignorando a Neyman y Pearson. Uno podría irónicamente especular acerca de las razones de este olvido conociendo la ascendencia rusa del primero y el activismo político radical desarrollado por el otro Pearson (Karl) en su Londres natal, pero más bien habrá que buscar otras razones, ya que a pesar de ser un "compañero -Sir", Popper continuará con su monotema fisheriano: la verosimilitud.

Además de estas razones de orden descriptivo, deberían anotarse otras conceptuales, pues Popper, en algunos párrafos de su obra, utiliza una terminología en todo común a la que hoy usamos en el contraste de hipótesis. Sirva de ejemplo este párrafo.
"Los esfuerzos de estos autores [Laplace y Bernoulli] se dirigían (...) a establecer una teoría probabilística de la inducción (...) se equivocaban en ello: las teorías estadísticas, como cualquier otras son hipotético-deductivas, y se las somete a contraste -como a todas las demás hipótesis- intentando falsarlas, es decir, intentando reducir su verosimilitud secundaria a cero".8

Resultaría prolijo explicar aquí los pormenores del significado que tienen en el contexto popperiano, por lo que pido que se me conceda el crédito para afirmar sin más que expresiones como: hipótesis estadísticas, contrastes estadísticos, confrontación con la experiencia, contraste de la hipótesis, verosimilitud, etc. aparentan pertenecer a la constelación semántica del contraste de hipótesis; pero en realidad son utilizadas por Popper con un significado distinto al uso técnico que actualmente se hace de ellos.

El contraste de hipótesis es antipopperiano

"... existe un consenso sobre el grupo de convenciones que gobiernan los procedimientos de la inferencia estadística. Esas convenciones para el contraste de hipótesis acuerdan bien con los requerimientos de Popper [énfasis mío] de falsabilidad de una hipótesis a priori. Una hipótesis debe ser claramente formulada antes de ser contrastada y el objetivo es rechazar la hipótesis nula de no diferencia".13

Seguramente más interés que demostrar que Popper no se ocupó de modo directo del contraste de hipótesis, es comprobar si realmente la filosofia popperiana es compatible o es aplicable como fundamento teórico del contraste de hipótesis . Hay cierta legitimidad en pensar que la lógica popperiana es de aplicación a la lógica de las pruebas de hipótesis. No solo Susser, que no es popperiano, reconoce esa compatibilidad. También Maclure, como ya se ha señalado en el apartado anterior, que además ha propuesto adaptar conceptos epidemiológicos7, 4,15 y técnicas estadísticas (análisis multivariado,16 meta-análisis17 a una perspectiva popperiana. Senn, un epidemiólogo que, por su parte, ha intentado hacer lo mismo con los ensayos clínicos, escribe: "Es tentador afirmar inmediatamente que el punto de vista popperiano [...] conduce lógicamente a asociar el sistema de la inferencia estadística con la prueba de hipótesis clásico y que es incompatible con la inferencia bayesiana.18

Esta similitud filosófíca de Popper-contraste de hipótesis, al menos en la mayoritaria interpretación frecuentista, porque en la bayesiana, con pretensiones claramente inductivistas, es clara la contraposición, queda aún más de manifiesto si se leen las frases escritas en 1935, justo el año de publicación de La lógica..., por Fischer, el inventor de las pruebas de significación estadística, que Riva-dulla recoge en su clarificador Probabilidad e inferencia científica19 "...con un comentario entre incrédulo y admirado: interesante es la coincidencia -ignoro si conocida por ambos- entre Fischer y Popper en relación con los aspectos lógicos y metodológicos de los test experimentales.19 Escribe Fischer". habría que tener en cuenta que la hipótesis nula nunca resulta probada o establecida en el curso del experimento, pero sí posiblemente refutada. Se puede decir que todo experimento se plantea a fin de dar a los hechos una posibilidad para refutar la hipótesis nula".11 Y más adelante: "como en todo caso el experimento es capaz de refutar, pero nunca de demostrar esta hipótesis, podemos decir que el valor del experimento aumenta cuando permite refutar más fácilmente la hipótesis nula".11

Pues bien, a pesar de todo lo hasta ahora expuesto, lo que se va a mantener aquí es que no es posible aplicar, si no es de un modo trivial, y por lo tanto inservible, la metodología popperiana a las pruebas de hipótesis, puesto que su origen, estructura, objetivos, técnicas y consecuencias son totalmente distintos.

No muy lejos de esta conclusión parecen que se encuentran Susser y Pearce (ver más adelante), pero no se atreven a dar el paso definitivo, porque la similitud formal del contraste de hipótesis con los requisitos popperianos es innegable y de gran fuerza. Como se puede observar en la figura 1, en el contraste de hipótesis se parte de una hipótesis, la hipótesis nula (Ho) de la que se deduce una distribución de probabilidad cuyas consecuencias se contrastan con los datos de la experiencia. Si estos datos son incompatibles con ella, se rechaza (falsa) la Ho; si son compatibles, no se está en condiciones de rechazar Ho, pero nunca se podrá afirmar que los datos prueban que tal Ho es cierta. Por su parte, Popper afirma que una hipótesis o teoría científica debe ser falsable, esto es, capaz de realizar predicciones contrastables, y por lo tanto, ser potencialmente falsadas por los datos empíricos. Estos datos podrán refutar o rechazar la hipótesis, pero nunca afirmarla, a pesar de que los datos fueran compatibles con ella.

FIG. 1. Similitudes formales entre contraste estadístico y el popperiano.

Ciertamente esta similitud formal es poderosa. Pero ya Susser percibe, a pesar de nadar en su sempiterna ambigüedad, como bien señala Poole,20 que una prueba estadís-ticamente significativa afirma de algún modo la hipótesis. 13y21 Dice Susser: "si se encuentra el criterio de significación, el resultado (del test) (...) es afirmativo.13 y 21 Y Pearce crítica con ironía" "lo que parece ser el único 'avance' sugerido por el método popperiano a la epidemiología".22 Se refiere a que es posible replantear una hipótesis en términos negativos, como hipótesis nula, tal que sea lógicamente refutable. Pero afirma Pearce, la forma en la que la hipótesis se expone no afecta a su estabilidad lógica ni al tipo de estudio que se precisa para probarla. "Así que la idea de que los epidemiólogos pueden hacer su disciplina más científica al insertar la palabra 'no' en su hipótesis, es cuestionable, por no decir más".22

Tales intuiciones quedan definitivamente claras si se observa el anexo 1, en el que se muestran las diferencias radicales entre el contraste de hipótesis y el contraste de hipótesis popperiano. En efecto, las hipótesis de las que habla Popper no tienen nada que ver con las hipótesis estadísticas. Las hipótesis que Popper contrasta con los datos de la experiencia, a través de las consecuencias de ellas derivadas, son hipótesis positivas y generales tipo la teoría gravitacional o la de la relatividad, las cuales compiten a su vez con otras hipótesis positivas y generales que no tienen por qué ser incompatibles mutuamente en todos sus extremos. Sin embargo, la hipótesis estadística típica es la Ho, la cual postula la no diferencia entre parámetros poblaciones y compite con su complementaria, la H1. De este hecho estructural se desprende que el objetivo final y las consecuencias del contraste estadístico y del contraste popperiano sean totalmente opuestas, pues de lo que se trata en el contraste popperiano es de falsar por todos los medios la hipótesis positiva y, si no se consigue, aceptarla provisionalmente, mientras que en el contraste estadístico se pretende finalmente afirmar la hipótesis positiva, la H1, si bien indirectamente a través del rechazo de la Ho. El resultado buscado en un caso es rechazar una hipótesis positiva (la teoría newtoniana, por ejemplo,) y en el otro aceptar una hipótesis positiva la H1 (por ejemplo, que dos medias son distintas), lo cual es decir, afirmar una hipótesis positiva, es estrictamente antipopperiano.

Efectivamente, en el contraste popperiano nunca se podrá afirmar la hipótesis positiva, sino solo aceptarla provisionalmente, mientras que en el estadístico lo que no se podrá afirmar nunca será la hipótesis negativa (que las medias son iguales, por ejemplo). La asimetría epistemológica está bastante clara, aunque los trueques lingüísticos y formales hacen caer fácilmente en la trampa.

A pesar de su apariencia falsacionista, la inercia verificacionista inmanente del contraste de hipótesis se muestra a las claras, cuando lo que se pretende es probar un resultado negativo. En ese caso, a despecho de algunos remilgos puristas, se "afirma" con naturalidad el resultado negativo. Por ejemplo la no aparición de efectos secundarios o la no existencia de asociación estadística entre un supuesto agente patógeno que no se desea que lo sea y una enfermedad (uranios enriquecidos, tendidos eléctricos, etc). También ocurre esto, ya en el terreno más íntimo de la práctica estadística, cuando se "acepta" de facto la semejanza de dos distribuciones en una prueba de homocedasticidad o la normalidad de una distribución con una prueba de Kolmogorov. Bien mirado, estos usos que he denominado a propósito "verificacionistas," serían los típicamente falsacionistas popperianos, ie, se plantea una hipótesis que no es posible rechazar pero que se "acepta" provisionalmente de modo operativo. Pero si he utilizado el calificativo "verificacionista," es para remarcar que el objetivo real del contraste de hipótesis no es rechazar la nula sino aceptar una hipótesis, la H1, y también, si es menester, y en contra de la ortodoxia, "aceptar" la Ho, bien que haciendo aspavientos si el contexto académico así lo aconseja.

El método crítico como impostura política

Las recientes "tendencias" popperianas tienen un aspecto en que han fomentado el pensamiento deductivo y mostrado los defectos de la inducción [...] Sin embargo, actualmente, el restrictivo esquema popperiano inhibe la discusión, a pesar de su veneración por la "discusión crítica."23

Inseparablemente unida a la errónea interpretación del contraste de hipótesis en el sentido de que cumple los requisitos popperianos, y como si fuera una prolongación suya, se encuentra la admiración y alabanza que en los espíritus honrados despierta el repetido hasta la saciedad llamamiento popperiano a la autocrítica continua, la discusión racional, la lucha contra el dogmatismo, en definitiva, a practicar un racionalismo crítico.

Si fuera cierto que es propio de los pensadores mediocres hacer solemnes afirmaciones que de puro inespecíficas provocan el asentimiento general por su trivialidad, Popper estaría en los primeros puestos en una imaginaria lista de tales seres. Si a alguien le cuesta creérselo puede leer algunas perlas recogidas en el anexo dos, que adicionalmente muestran otras dos características muy suyas: el humor tonto y la megalomanía. Este hecho no tendría más trascendencia que la repetición papagayosa de esas obviedades.24 si no fuera porque al lado o detrás de tales simplificaciones aparece una doctrina fuertemente ideologizada que desprecia precisamente lo que aparenta defender. Vieja como nuestra memoria personal e histórica es esa técnica consistente en reapropiarse del lenguaje ajeno para esconder, tras su prestigio, justo lo contrario de lo que originalmente se quería significar, y neutralizar de ese modo la potencia política de la palabra.

Popper caracteriza finalmente al método científico como método crítico, como una exhortación a revisar nuestras creencias y teorías sobre el mundo y a ponerlas a prueba constantemente, con el fin último de falsarlas. Esta continua llamada a la autocrítica esconde detrás de su aparente rigor, libertad de espíritu y sentido común, unos presupuestos duros y unas consecuencias inesperadas para un confiado lector.

Entre los presupuestos destacan dos: (a) el del realismo epistemológico, es decir, la creencia en que existe una verdad objetiva, única y cognoscible, aunque pueda ser que pasemos la vida sin llegar a conocerla: Nuestra discusión crítica de las teorías está presidida por la idea de encontrar una teoría explicativa verdadera.25 Popper propone aceptar el realismo como la única hipótesis sensata -como conjetura a la que nunca se ha opuesto una alternativa sensata.25 No quiero ser dogmático, continúa, (...) [pero] considero que todos los argumentos filosóficos [en contra del realismo presentados por la fenomenología, el positivismo o el idealismo] son, sin duda, erróneos.25 Esta es una secuencia típica de la escritura popperiana: afirmar vaguedades, presentar presupuestos no falsables bajo una apariencia crítica y acabar dogmatizando y sin dudar. This is the real Popper· Y (b) el de la defensa de un único método válido para la ciencia, el hipotético- deductivo, en forma de conjeturas audaces e ingeniosas seguidas por intentos rigurosos de refutarlas.25

Y entre las consecuencias de la aplicación del llamado método crítico, continuamente explicitado y exhibido hasta la saciedad como insistente leit-motiv, señalo otras dos (a) un sutil dogmatismo y totalitarismo en el pensamiento, y (b) un resquicio para el "todo vale para quien lo tiene todo".

Hoy el fascismo se llama democracia
Carteles en las calles de Madrid durante la navidad del 2000

a) El totalitarismo popperiano.

Aunque parezca paradójico, tanta insistencia con el espíritu crítico no es más que una forma de esconder las ínfulas totalitarias de Popper. Para describir esta situación disponemos de un equivalente en la vida cotidiana expresado en la máxima excusa no pedida, acusación manifiesta.

El dogmatismo y totalitarismo del método crítico popperiano, consiste en intentar que toda alternativa al pensamiento vigente pase inadvertidamente por el tamiz de un método particular. Es una maniobra equivalente al antropocentrismo, es decir, juzgar con arreglo a los propios cánones. Y su inmoralidad radica en esconder su verdadera naturaleza al utilizar terminología y argumentos de sentido común o comúnmente aceptados y ocultar que en realidad el método crítico no es una mera apelación genérica a la crítica, sino un método con premisas, procedimientos y consecuencias no neutrales. Nadie en sus cabales intelectuales y éticos puede rechazar que la crítica continua sea un principio regulador. Ni tampoco apelar con asentimiento a la racionalidad en términos generales, aunque ya esto tiene más problemas, puesto que lo que sea la racionalidad no es asunto a dirimir en dos líneas. Hacer de lo obvio doctrina es la habilidad que ha desarrollado cierto tipo de pensamiento para barnizar posiciones totalitarias e instrumentos teóricos y prácticos al servicio del status quo. Esta función la ha cumplido cabalmente el laureado Sir Karl, quien, junto a la retahíla crítica y racionalista, ha sabido sacar partido de la intuición de otros, fundamentalmente de Bacon y de Mill, unilateralizando el método científico en el sentido negativo, como recuerda con su característica energía antipopperiana el parisino Karhausen.26 No puede uno de dejar de admirar la extraordinaria fuerza lógica de la falsación, pero acto seguido, percatarse de su radical falsedad, tanto histórica como pragmática. Pronto los críticos/seguidores de Popper, como Lakatos se dieron cuenta de que, en la práctica, los hechos empíricos que están en contradicción con una teoría, no la falsan automáticamente; de hecho puede estar apoyada en hipótesis auxiliares falsas o incompletas o existir errores en las mediciones, etc. Su concepto de 'programas de investigación27 trata de responder a este problema. Pero es que hay más, porque la falsación es sólo uno de los momentos en el descubrimiento científico como ya Bacon28 y Mill29 destacaron suficientemente. Para andar este camino, pues, no hacía falta Popper.

De forma que lo que se presenta como espíritu crítico no es más que una determinada forma de espíritu crítico, con el añadido de que, al autopresentarse con tal excelencia crítica, da por establecida su primacía intelectual y moral. Esa es la trampa: aparentar la libertad de pensamiento tratándose en realidad de un pensamiento único; ser adalid de la libertad y excluir los puntos de vista ajenos. De hecho, en la práctica, Popper se desenmascara él solo. Desde su atalaya de la libertad, la crítica y la democracia, ha lanzado los más furibundos ataques a los que el denomina enemigos de la sociedad abierta, Platón y Marx. Lo terrible es que su cacareada posición en el terreno de la libertad le dan la coartada, a sus ojos, para hacer tal cosa. Pero no hace falta más que leer algunos de sus textos para, sin ser especialista, comprobar con irritación la pobreza argumental, la simplificación, incomprensión o, directamente, manipulación de las fuentes y las doctrinas ajenas y la tendenciosidad general que se desprende de su biliosa escritura: ... cabe preguntarse cuánto daño no habrá cuando su [de Platón] ponzoñosa retórica;30 un triunfo de la democracia ateniense [fue] el haber llegado casi, pese a la inhumana propaganda [de Platón] (...) a abolir la esclavitud,30 etc. Y aunque no deje de loar a Marx30 en cuanto puede, por ejemplo en su conferencia de la Expo-92 de Sevilla, titulada, por cierto, El colapso de la agresión marxista (...) dice cosas como: la teoría marxista (...) era una teoría absolutamente falsa y absolutamente pretenciosa. Sus muchas falsedades y mentiras teóricas iban envueltas en otras de todos los tamaños.31 Y relatando su pasada experiencia simpatizante del marxismo: a punto estuve de caer en lo que más tarde [yo] denominaría "ratonera ideológica marxista".31 Seguramente Emilio Lledó lo expresa mejor: Que después de 24 siglos, un filósofo contemporáneo desgrane esa serie de improperios contra Platón, contra sus escritos, no dejaría de presentar un aspecto ridículo, si no fuese porque, efectivamente, esta teoría del improperio -inconcebible por cierto en un pensador liberal-, no expresase también la imposibilidad de 'dialogar' con el pasado.32

El totalitarismo popperiano, metodológico y general, no es más que un ejemplo cualificado del totalitarismo propio de nuestro tiempo al que él ha servido y sirve con especial éxito intelectual. Obviamente no se trata de un descarado y, hoy por hoy, impresentable totalitarismo nazi, si no de aquel otro sutil e insidioso característico de la forma política actualmente mayoritaria, denominada tan acertadamente por Agustín García Calvo33 democracia desarrollada o régimen que padecemos y que constituye, en su opinión, la forma de poder más actual y más perfecta. Por otro lado, un año antes del 68, el situacionista Debord, de insistente actualidad de los que aún creen en el antagonismo como práctica política y en la subversión como remedio, utilizó el ya popular término sociedad del espectáculo34,35 para caracterizar nuestro tipo de sociedad abierta, que diría Popper, pero con otros parámetros bien distintos. El espectáculo del que habla Debord no es tanto el abuso de un mundo visual [como] una visión del mundo que se ha objetivado.34 p. 4 Utilizando un potente detournement o trastoque intencional de una cita ajena, tan de su gusto, afirma: el espectáculo es el capital en un grado tal de acumulación que se transforma en imagen.34 p. 11 Y en brillante fórmula escribe: el mundo a la vez presente y ausente que el espectáculo hace ver es el mundo de la mercancía dominando todo lo que es vivido.34 p.12 Efectivamente se trata de un refinamiento del totalitarismo, cuya característica típica es el dominio totalitario de lo mercantil y, paralelamente, en la natural asimilación por parte de la gente de una forma de vida desnaturalizada como la mejor de las vidas posibles. También podría traerse aquí a Foucault36-38 a despecho de las neutralizaciones neoposmodernas de su pensamiento. En todo caso, lo que ocurre es que no existe mayor legitimación que la que emana de un estado democrático o, similarmente, de la población de un método crítico. No en vano otro totalitarismo disfrazado de nuestros días, la medicina basada en la evidencia, utiliza también su critical appraisal como santo y seña... pero esto es harina de otro costal.

Cuando todo se puede decir, la dictadura es el consenso
Pintada en una calle de Lavapiés

b) El "todo vale" popperiano o el "todo vale para quien lo tiene todo".

La aportación de Popper a la filosofía de la ciencia tiene su mayor logro político en hacer efectiva la máxima del todo vale. Dicha máxima se aplica en sentido estricto a una filosofía de la ciencia en las antípodas de lo popperiano, al denominado anarquismo metodológico de Feyerabend,39 que propugna la eficacia y pertinencia del pluralismo en el método científico. Popper, sin embargo, defiende un único método científico, el hipotético deductivo, al que trata de salvar a través de una abigarrada puesta en escena de notas, apéndices, comentarios y notas de notas. (La repetitiva llamada de atención mía acerca de esta característica de la escritura popperiana, de la que, por cierto, el propio Popper es consciente: [en la Lógica de la investigación científica recogí] tantos argumentos (repitiéndome a menudo, mucho me temo);40 y bromea con que se han hecho distinciones irónicas entre Popper0, Popper1, y Popper2 [para denotar etapas contradictorias],40 tiene su razón de ser, aparte de constituir una queja de lector, en denunciar dicha técnica de escritura, consciente o no, en tanto que forma parte de una estrategia, también vieja, a la que podría aplicarse las palabras del gran historiador de la filosofía Francois Chatelet: "estoy convencido de que las majaderías del pensamiento mayoritario y la falsedad de los acólitos del poder, aquéllas sosteniendo a ésta que a su vez las fomenta, tiene su bastión en las definiciones confusas o flotantes".41

Pero, quejas aparte, el caso es que resultado de tal único método científico es paradójicamente un todo vale, en este caso no encaminado a la producción libre, sino un todo vale para quien lo tiene todo, para quien tenga el poder de decidir y hacer. Ya ha pasado a la historia la creencia en la pureza y neutralidad de la ciencia y de los científicos. Fue precisamente un médico, Fleck,42 quien se adelantó casi 30 años a la obra inaugural de lo que se ha dado en denominar el giro historicista de la filosofía de la ciencia, "La estructura de las revoluciones científicas"43 de Thomas Kuhn. Desde entonces no han parado de crecer las aportaciones a las tesis sociologistas como las del propio Feyeraben, Laudan o las de los sociólogos Latour o Knorr-Cetina. Perdida la inocencia por todo menos, parece, por Popper, es fácil aceptar que la filosofía de la ciencia de Popper, tras la apariencia de ser el ejemplo del rigor y la racionalidad, es en realidad, y creo que es parte de la razón de su éxito, un salvoconducto perfecto para que los complejos industriales y tecnológicos que hoy dominan la investigación, incluida la investigación en biomedicina, campeén por sus respetos. El grado de corroboración popperiano, es decir, su medida de la aceptabilidad de una teoría frente a otras, abre la puerta para actuar, sin traba escéptica alguna. Como nuestra aproximación a la verdad es siempre tentativa, y sin embargo, hay que tomar decisiones, es legítimo tomarlas desde la teoría actualmente mejor corroborada. Y legítimo equivocarse.25 y 54 Sin plantear las derivas fraudulentas que aquí caben, o sibilinamente fraudulentas como actualmente ocurre en medicina (se investiga sólo acerca de lo rentable económicamente y en una dirección hacia la máxima rentabilidad), no es difícil ver en esta fundamentación un aval teórico y moral para que quien pueda, es decir, quien tenga en sus manos la capacidad para decidir líneas de investigación, haga, a despecho de la pureza intelectual que el bienintencionado Popper defienda, lo que quiera. La medicina contemporánea, y en concreto, la medicina de los factores de riesgo, con su abigarrada ambigüedad y su espectacular parafernalia de megaensayos y metaanálisis, encuentra en la filosofía de Popper un lugar perfecto para fundamentar su teoría y su práctica.

En contra de lo que algunos epidemiólogos defienden,4 es mi opinión que el ser conscientes de que no operamos inductivamente y de que la corroboración de nuestras teorías es siempre provisional, no es una garantía de actuaciones correctas, sino todo lo contrario. La dichosa provisionalidad deja abierta la puerta a todo, y esa puerta es aprovechada impunemente por quien tiene la sartén por el mango, la industria farmacéutica y tecnológica. El gran error es pensar que utilizando el método crítico popperiano seremos presuntamente más humildes [...] y buscaremos más los errores4 o creer en la ilustrada y popperiana idea de la autoemancipación por el conocimiento.4 Con gran tristeza tuvieron que reconocer Horkheimer y Adorno45 y que un gran nivel cultural y crítico no es una vacuna contra el nazismo, ni, me atrevería a decir ya puestos, contra esa forma actual de sutil neototalitarismo mercantil y político que es nuestra escandalosamente mal denominada demokratía.

 

Summary

Contrary to what is common in the appreciation of the contrast of statistical hypotheses as essentially false, and following the popperian logics of the contrast of hypotheses/scientific theories, 3 theses tried to be proved: (1) that Popper himself did not consider the contrast of hypotheses in the current technical sense, in spite of certain erroneous interpretations and and some texts of his own in which a confused vocabulary is used; (2) that the contrast of hypotheses cannot be assimilated by Popper's contrast neither in its structure nor in its objectives and consequences; in fact, what it finally pursues is to affirm a positive hypothesis, the H1, something radically antipopperian, and (3) that the popperian "critical rationalism" really hides behind its apparent common sense and antidogmatism a "general and methodological totalitarism" subtle as the democratic neototalitarism of which it is a part and of an "everything is worth for those who have it all", an ethical, scientific and political aliby for the present absolute power the pharmaceutical industry has on medical decisions.

Subject headings: EPIDEMIOLOGIC METHODS

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Recibido: 17 de marzo dedl 2001. Aprobado: 2 de diciembre del 2002.
Félix Miguel García. fmiguel@fgapva09.insalud.es

1 Doctor en Medicina, Especialista en Medicina de Familia y Comunitaria.


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