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Revista Cubana de Higiene y Epidemiología

versión On-line ISSN 1561-3003

Rev Cubana Hig Epidemiol v.37 n.2 Ciudad de la Habana may.-ago. 1999

 

Revisión de libros

World Health Report. 1998

Reporte del Director General de la Organización Mundial de la Salud publicado por la misma institución. En inglés.

Se presenta la traducción de parte del capítulo 3 del libro.

Personas viejas. Los retos del envejecimiento

Para muchas más personas que nunca antes la perspectiva de una mayor edad, prolongada y saludable, se está volviendo una realidad. Las personas no sólo viven más, las investigaciones muestran que en algunos casos también viven en mejor salud, con sus tasas de discapacidad reduciéndose, al mismo tiempo que su expectativa de vida crece. Por ejemplo el National Long Term Care Surveys en EE.UU. muestra significativas disminuciones en la prevalencia de discapacidad en ancianos entre 1982 y 1994.

Sobre este hecho el mundo está aprendiendo cómo llegar a viejo de forma exitosa. El envejecimiento progresivo de la población en el siglo xx es un triunfo de la especie humana. El envejecimiento global de la población refleja los logros sin precedentes en la esperanza de vida descritos antes en este informe. Se debe a una combinación de factores, especialmente la dramática declinación de la mortalidad infantil y de la niñez, las reducciones en las muertes maternas y los beneficios que surgen del desarrollo socio-económico global, mejor nutrición, disminución de las infecciones, mejores niveles de vida, progreso en educación, atención médica y tecnológica biomédica.

Esta tendencia al envejecimiento brinda grandes oportunidades y desafíos formidables para todas las sociedades. Pero para muchos, están negadas estas oportunidades y estos desafíos pueden volverse inmanejables en el próximo siglo. Es esencial que el potencial impacto social y económico de una esperanza de vida mejorada sea completamente valorada y se actúe hoy sobre ella. El bienestar de la sociedad depende de la buena salud de sus miembros más viejos en sus últimos años.

Para los políticos y de igual modo para los individuos esto significa planificar para el futuro.

El desafío global

Hace medio siglo muchas personas en el mundo morían antes de la edad de 50 años. Hoy la gran mayoría sobrevive más allá de esa edad particularmente en muchos países industrializados.

La población global de más de 65 años se incrementa en 750 000 por mes. Un niño nacido en Japón hoy puede esperar que su vida sea de 80 años. Para el 2025 serán más de 800 000 000 las personas viejas en el mundo, 2/3 de ellos en países en desarrollo y la mayoría serán mujeres.

Se esperan incrementos en la población más vieja de más de 300 % en muchos países en desarrollo, especialmente en América Latina y Asia en los próximos 30 años. Habrá 274 000 000 de personas mayores de 60 años, sólo en China, más que la población actual en EE.UU.

En la actualidad el 13 % de la población de EE.UU. es mayor de 65 años, comparado con el 4 % al comienzo del siglo xx, la proporción se espera que alcance aproximadamente el 20 % para el 2030. Aunque la población está envejeciendo más lento en los países industrializados, estos países tendrán de forma relativa más personas en el grupo de los viejos más viejos.

Por ejemplo, había sólo 200 personas de más de 100 años en Francia en 1950; para el año 2000, este número se espera que alcance a 8 500 y para el 2050 se proyecta un incremento a 150 000 (un incremento de 750 veces en 100 años).

El desafío global del envejecimiento se hace más complejo por otros cambios demográficos que están ocurriendo simultáneamente. En los próximos 25 años la población de más de 65 años es probable que crezca en 88 %, comparado con el incremento del 45 % en la población de edad laboral.

Esto implica que un número progresivamente menor de personas en edad productiva tendrá que sostener a un número creciente de dependientes no sólo en la forma de apoyo directo a los pacientes viejos, sino también a través de impuestos, la provisión de servicios sociales y de salud y de seguridad social.

El desafío social

Los adultos de hoy serán las personas viejas de mañana. Ellos ya se preguntan: ¿qué tipo de vejez tendremos? ¿cómo diferirá de la de nuestros padres y abuelos? ¿cuál será nuestra calidad de vida? ¿cuál será nuestro lugar en la sociedad? Las respuestas dependerán principalmente de qué hacen ahora las personas como individuos para asegurar una vejez saludable y qué están preparando hacer los gobiernos y las comunidades en su beneficio.

Mantener la salud y la calidad de vida en la población vieja será de vital importancia tanto social como económicamente. En el siglo xxi, posponer los efectos adversos de la vejez, tanto como sea posible, será la principal preocupación política y moral. Se necesitan políticas relacionadas con la salud para enfrentar los problemas encarados por los que ya están en edad mayor y los que serán las personas viejas en el futuro.

El envejecimiento de la población está teniendo profundos efectos en la sociedad. Es un hecho casi invisible, revolución social que está ganando lugar gradualmente y se acelerará y se volverá más evidente en los próximos 25 años; su influencia se sentirá en cada nivel, desde la vida familiar y los preparativos de vivienda, empleo, provisión de servicios de salud y sistemas de pensión, a la situación de la economía.

En algunas de las naciones más avanzadas no está lejano el día en que las personas viejas sobrepasarán el número de niños y el número de personas que alcance 100 años se contarán en decenas de miles. Mientras la sociedad está envejeciendo está cambiando también en otros aspectos. Las familias tradicionalmente, han cuidado de sus miembros más viejos. Los ancianos tienden a tener pocos hijos que los cuiden, en muchos casos los hijos crecen y se trasladan a vivir lejos, a grandes distancias de sus padres.

Aunque las hijas y los hijos son aún los principales cuidadores, su capacidad para atender a sus familiares viejos se ha alterado por los cambios en los estilos de vida. La mujer, la cuidadora tradicional, se ha vuelto parte creciente de la fuerza de trabajo y por tanto no disponible para su papel doméstico. Para llenar estas brechas se espera que la comunidad intervenga mayormente por la provisión de servicios sociales, casas de visita, hospitales, sanatorios particulares y preparación de albergues para los viejos dependientes y favorecer la atención comunitaria más que la atención institucionalizada.

Ya, el envejecimiento de la población está comenzando a revolucionar los sistemas de atención médica y social con nuevas políticas públicas sobre la atención de la salud y social-pluralismo público y sector privado reducción en el gasto públicos, que están siendo adaptados a través del mundo. Para muchos observadores estas tendencias parece que probablemente exacerban la posición desventajosa de muchas personas ancianas.

Aun en países saludables, las personas más viejas y frágiles no pueden enfrentar personalmente más que una pequeña fracción de los costos de la atención médica que necesitan. En la actualidad parece claro que ni los países en desarrollo ni los desarrollados son capaces de atención especializada a largo plazo al gran número de individuos ancianos de la población en las próximas décadas.

Pero este escenario no es inevitable. La atención de los ancianos podría ser una gran fuente de nuevos empleos.

La mayoría del incremento en personas viejas ocurrirá en países en desarrollo, los que enfrentarán el desafío más serio en proporcionar un paquete benéfico de servicios para sus personas viejas, dadas sus dificultades económicas, la ausencia de infraestructura de servicio social y la disminución de la atención tradicional proporcionada por los miembros de la familia.

La creciente vejez está asociada con un incremento de la discapacidad y mayor dependencia de otros, por lo general una persona es considerada como dependiente si él o ella necesita la ayuda de otra persona en relación con desarrollar las actividades básicas de la vida diaria, como bañarse, vestirse, salir, comer y beber. Muchas personas ancianas eventualmente necesitarán ayuda de este tipo en algún grado. Ésta puede ser proporcionada por una combinación de parientes, vecinos, la comunidad y los servicios sociales y de salud, y puede ser necesario por períodos de muchos años.

El costo de la ayuda es raro que pueda ser sustentado enteramente por los individuos más viejos o la familia. La pregunta, por tanto, surge de ¿quién asume el costo? y ¿cómo se realiza esta provisión? Una forma obvia de proporcionar servicios adecuados, accesibles al gran número que los necesitan es imponer mayores impuestos a la población trabajadora.

El incremento de impuestos, sin embargo, es políticamente impopular y muchos gobiernos están presionados para reducir los impuestos más que aumentarlos, lo que explica una reducción más que una ampliación de los servicios en cuestión.

Muchos países están ahora buscando tipos alternativos de paquetes benéficos, como una combinación del sector público y del sector privado del seguro de salud y los esquemas de pensión, basados en impuestos directos e indirectos, y contribuciones voluntarias que asegurarán la atención de los ancianos a largo plazo.

Suecia tiene una de las estrategias más sistemáticas con una amplia variedad de servicios para los ancianos. Los planes de atención por seguros comerciales de largo plazo se están expandiendo de forma rápida en el Reino Unido. En Alemania, los fondos para tal seguro son predominantemente públicos. Un seguro público de atención a largo plazo es posible que sea introducido en Japón en los próximos años. La mitad de los costos se pagará por primas impuestas a todos los mayores de 40 años y la mitad vendrá de los impuestos generales. En Australia, la mayoría de la atención a largo plazo se proporciona por el sector privado a través de una mezcla de organizaciones benéficas y no benéficas.

En algunos países están siendo consideradas nuevas formas de asociación entre los gobiernos y los aseguradores privados de salud, basados en esquemas ya existentes en algunas partes de EE.UU. Esta "propuesta mixta" para apoyar la dependencia de los ancianos a un nivel ampliamente capaz de enfrentar las necesidades de atención, asistencia y acomodación parece estar ganando apoyo.

El desafío individual

Según la persona vive más debe planificar durante su vida cuidar mejor de sí mismo en el presupuesto de que una gran parte de su vida se extenderá mucho más de lo que se ha considerado como sus años productivos.

Aunque las "personas viejas" han sido siempre reconocidas como una categoría social diferente, el inicio de la vejez, definido desde el punto de vista social, hoy se ha vuelto menos claro. En muchos países la vejez y la participación socialmente aceptada con ella está sometida a cambios radicales. El comienzo de la vejez ya no es aceptado de forma incuestionable a una edad fija, como es la del retiro del trabajo o de la jubilación, es decir, 60 ó 65 años.

En los países industrializados, durante la mayoría de la segunda mitad del siglo xx, muchas personas fueron inducidas a esperar una transición abrupta de trabajo todo el tiempo a retiro total a una edad cuando muchos de ellos se sentían razonablemente aptos.

También presumían que las pensiones de retiro y los servicios benéficos proporcionados por el Estado serían adecuados para cubrir sus necesidades en la vejez. Estas expectativas están siendo ahora fundamentalmente alteradas por los individuos, empleadores y gobernantes.

Los individuos están siendo alentados a prepararse para financiar la vejez con más ahorro e inversión y permanecer más en el trabajo.

Muchas personas no desean retirarse a los 60 ó 65 años, cerca de 1/3 de los que respondieron a una encuesta en EE.UU. sentían que habían sido obligados por las circunstancias para retirarse más temprano que lo que hubieran querido hacer. En Canadá se ha estimado que cerca de 25 % de los retirados dejan la actividad laboral involuntariamente. El gobierno alemán ha introducido medidas para hacer la transición al retiro más flexible, incrementar la edad efectiva de pensión, reducir los riesgos ocupacionales para la salud y estimular la creación de nuevos trabajos adaptados a las necesidades de viejos trabajadores.

Las personas que quieren trabajar más están siendo estimuladas a hacerlo, muchas de ellas se sienten obligadas a hacerlo debido a su inseguridad financiera e incertidumbre sobre los niveles futuros de asistencia estatal. Sin embargo, permanecer en el trabajo depende de mantenerse con la buena salud suficiente. Los individuos por tanto, deben tomar gran responsabilidad por su salud a la más temprana ocasión. Esto significa adoptar hábitos como una dieta saludable, ejercicio adecuado, cortar el tabaco en las edades tempranas y mantener esto por el resto de su vida.

Aunque los factores hereditarios juegan un papel importante en la determinación de la esperanza de vida y de salud, el estilo de vida individual es conjuntamente con el medio ambiente, una de las mayores inferencias modificables. La promoción de salud, que es una aspiración de cada uno de los grupos de edad no excluye a las personas viejas.

Más aún, persigue estimular hábitos y estilos de vida conducentes a una mejor vejez y puede tener diferencia crucial en determinar cómo los diferentes individuos alcanzan la vejez. Esta noción se ha resumido en el término "envejecimiento saludable" y es un concepto activamente promocionado por la OMS y otras agencias. Muchos países ahora tienen programas de promoción de salud diseñados en especial para individuos más viejos, cubriendo áreas como ejercicio físico, nutrición saludable, prevención de debilidad y lesiones, y manejo de enfermedades crónicas.

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