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Gaceta Médica Espirituana

versión On-line ISSN 1608-8921

Gac Méd Espirit vol.17 no.3 Sancti Spíritus dic. 2015

 

REVISIÓN BIBLIOGRÁFICA

 

La violencia entre estudiantes preuniversitarios. Un problema social y de salud

 

The violence among pre university students. A social and health problem

 

 

Lic. Marcia Rodríguez BadaI, Lic. Yenisleidy Núñez GarcíaI.

I Universidad José Martí Pérez.Sancti Spíritus.Cuba.

 

 


RESUMEN

Fundamento: El fenómeno de la violencia ha adquirido mayor resonancia social en los últimos tiempos y sus prácticas son cada vez más reconocidas y abordadas, fundamentalmente por el aumento de su frecuencia y los daños que ocasiona. De ahí la importancia que tiene su estudio y profundización, en función siempre de prevenirla y disminuir sus consecuencias negativas.
Objetivo: Abordar el fenómeno de la violencia que se produce entre los adolescentes con un énfasis en el contexto escolar como espacio de desarrollo y crecimiento para el ser humano.
Desarrollo: A partir del acercamiento realizado al fenómeno, se promueve una visión general del mismo en función de las manifestaciones que se emplean, de cada una de las tipologías, el número de contextos afectados y su frecuencia; rechazando la percepción errada de asociar estas prácticas con agresiones físicas visibles, dejando a un lado las manifestaciones de tipo sicológico, sexual, económico y hasta físico no evidenciables en su totalidad.
Conclusiones: Las evidencias científicas que se sintetizan en la revisión confirman la necesidad de tratar las problemáticas individuales dentro de su contexto y de trabajar interdisciplinariamente, implicando todos los grupos que ejercen influencia en el estudiante con la finalidad de favorecer al máximo su desarrollo armónico en el campo intelectual, social y afectivo.

Palabras clave: Violencia, adolescencia, contexto escolar.

DeCS: VIOLENCIA; ESTUDIANTES; PSICOLOGÍA DEL ADOLESCENTE; CONDUCTA SOCIAL.


ABSTRACT

Background: The phenomenon of the violence has acquired a bigger social resonance in the last decades and its practices are more and more grateful and approached, fundamentally for the increasing of its frequency and the damages that it causes, That´s why the importance of its study and profoundness, always in function of preventing it and to diminish their negative consequences.
Objective: To approach the phenomenon of the violence that takes place among the adolescents with an emphasis in the school context as development space and growth for the human being
Development: Starting from the approach carried out to the phenomenon, a general vision of it is promoted in function of the manifestations that are used, of each one of the typologies, the number of affected contexts and its frequency; rejecting the missed perception of associating these practices with visible physical aggressions, leaving to a side the manifestations of psychological, sexual, economic type and even  physical not evidence in their entirety.
Conclusions: The scientific evidences that are synthesized in the revision confirm the necessity to treat the individual problems inside their context and of working interdisciplinary, implying all the groups that make influence in the student with the purpose of favoring to the maximum their harmonic development in the intellectual, social and affective field.

Keywords: Violence, adolescence, school context.

MeSH: VIOLENCE; STUDENTS; PSYCHOLOGY ADOLESCENT; SOCIAL BEHAVIOR.


 

 

INTRODUCCIÓN

La violencia se encuentra en casi todos los ámbitos de la vida de los adolescentes: La escuela, el ocio, la familia, el trabajo y también en las relaciones interpersonales, en la vida comunitaria y en la salud ¹. En sí, constituye una amenaza o negación de las condiciones de realización de la vida y de la supervivencia, afectando diferentes campos del conocimiento ². De ahí, lo complejo y delicado de su abordaje, así como, la necesidad de la acción conjunta de las diferentes ramas de la ciencia responsables en su estudio, dígase: Las ciencias médicas, sociales, pedagógicas, entre otras.

A pesar de la diversidad conceptual existente, es fundamental comprender la necesidad de abandonar el concepto limitado del fenómeno, en el sentido de asignarlo simplemente a algunos tipos de violencia física. La realidad demuestra la importancia de una visión general del asunto, sin rechazar la idea de autores que afirman que los diferentes grados, niveles y concepciones de la violencia están en correspondencia con los valores, normas y creencias de cada país, época y clase social.

Entre los aspectos más debatidos en torno al fenómeno se encuentra su naturaleza multicausal, pues si bien se reconocen factores biológicos en su origen, estos se relacionan con otros elementos individuales que explican parte de la predisposición a los actos violentos, como por ejemplo, características de personalidad, dificultades para el autocontrol, escasa tolerancia a la frustración, problemas de autoestima, entre otros ³. Los cuales a su vez interactúan con factores familiares, comunitarios, culturales y otros agentes externos para crear una situación que favorece el aprendizaje y/o surgimiento de la violencia.

En función de este elemento, el Informe Mundial sobre la Violencia y la Salud en el 2002 adopta un modelo ecológico para explicar la naturaleza multicausal y multifacética de la violencia. Dicho modelo reconoce la existencia de múltiples factores que aumentan el riesgo de violencia y ayudan a perpetuarla o, alternativamente, pueden proteger contra ella, entre los que identifica la historia personal y las características de la víctima o autor, su familia, el contexto social inmediato, las características de la sociedad en su conjunto, coincidiendo con las ideas analizadas anteriormente; además de señalar otros que también desempeñan un papel importante como los patrones sociales y culturales de comportamiento, los factores socioeconómicos (incluyendo la desigualdad y el desempleo) y los estereotipos de género .

Este modelo enfatiza en una idea fundamental, relativa a la combinación de factores como fundamento esencial que actúa directamente en la probabilidad de que la violencia ocurra, se repita o cese, o sea, más que la influencia de algunos de estos factores sobre las personas es la combinación de ellos, en un tiempo y espacio determinado, lo que desencadena el empleo de las prácticas violentas.

Por su parte Pinheiro ² plantea que aunque las consecuencias de la  violencia contra los niños, niñas y adolescentes varían en función de su naturaleza y severidad, sus repercusiones a corto y largo plazo pueden ser devastadoras. La exposición temprana a la violencia es crítica porque puede tener impacto en la arquitectura del cerebro, en el proceso de su maduración; además, produce secuelas en el comportamiento social y emocional como baja autoestima, depresión, impulsividad, conducta antisocial y delincuencia ⁴.

Partiendo de esta idea y del aumento de las manifestaciones de violencia que se producen en el contexto escolar, este artículo tiene como objetivo fundamental abordar el fenómeno de la violencia en esta etapa tan peculiar que constituye la adolescencia, así como, su presencia en los distintos contextos de actuación del adolescente, haciendo énfasis en el contexto escolar como espacio de desarrollo y crecimiento para el ser humano.

 

DESARROLLO

La violencia como fenómeno social y de salud

La violencia vista como un problema social y de salud, afecta a todos sin distinción de edad, raza, país, capa o clase social; convirtiéndose en una de las formas más usuales de resolver conflictos entre las personas ⁵. Este fenómeno ha adquirido mayor resonancia social en los últimos tiempos y sus prácticas son cada vez más reconocidas y estudiadas, fundamentalmente por el aumento de su frecuencia y los daños que ocasiona.

Entre los tópicos más discutidos por los estudiosos del tema se encuentran la determinación conceptual de la violencia, su carácter multicausal y las múltiples clasificaciones que giran en torno a ella. Ante las múltiples alternativas para definirla, se asume la violencia como todo acto u omisión intencional que tiene lugar en el ámbito de las relaciones interpersonales, a partir de relaciones de dominación y subordinación con la finalidad de mantener el poder y/o la producción de un daño.2

De igual forma se pueden establecer diversas clasificaciones y es que el fenómeno puede ser delimitado desde diferentes perspectivas. De acuerdo al número de personas que cometen el acto violento, la OMS propone ⁴:

  • Violencia autoinflingida: Comprende el comportamiento suicida y las autolesiones. El primero incluye pensamientos suicidas, intentos de suicidio y el suicido consumado. El automaltrato se refiere a actos como la automutilación.
  • Violencia interpersonal: Incluye la violencia que aparece en las relaciones interpersonales, ya sea en la pareja, familia o escuela.
  • Violencia colectiva: Uso instrumental de la violencia por personas que se identifican como miembros de un equipo frente a otro grupo, puede adoptar diferentes formas: Conflicto armado, genocidio, represión y otras violaciones de los derechos humanos tales como terrorismo y crimen organizado.

Con relación a los contextos en los que generalmente se producen las  prácticas violentas  se pueden clasificar del siguiente modo:

Familiar: se establece existiendo o no vínculo afectivo, conyugal, de pareja, paterno-filial o semejante, incluso sin convivencia.

Escolar: Relación cotidiana entre varias personas en la  que se ejerce  un abuso sistemático del poder en el ámbito escolar.

Laboral: Situaciones laborales en las que se emplea el maltrato psicológico para obtener y/o mantener la superioridad.

Social: Tiene lugar en espacios públicos, a través de los medios de comunicación masiva, de la publicidad, del uso del lenguaje, las costumbres, la tradición oral, etc.

Es importante señalar que la violencia puede producirse al mismo tiempo en varios de estos contextos de actuación, sus consecuencias entonces pueden aparecer de forma combinada. En función de la naturaleza de los daños que ocasiona, Sánchez y Hernández establecen diferentes tipos:

  • Violencia física: Todo acto de agresión intencional repetitivo en el que se utiliza alguna parte del cuerpo, algún objeto, arma o sustancia que moviliza y causa daño a la integridad física del otro.
  • Violencia sexual: Patrón de conducta consistente en actos u omisiones reiteradas y cuyas formas de expresión pueden ser: Negar las necesidades sexo-afectivas, inducir a la realización de prácticas sexuales no deseadas o que generen dolor además de practicar la celotipia para obtener o mantener el control, manipulación o dominio de la pareja.
  • Violencia económica: Se refiere al manejo de los recursos materiales como dinero, bienes, para controlar o someter a otra(s) persona(s).
  • Violencia psicológica: Patrón de conducta consistente en actos u omisiones repetitivas, cuyas formas de expresión pueden ser prohibiciones, coacciones, condicionamientos, intimidaciones, amenazas de ejercer otras formas de violencia, actitudes devaluatorias, de abandono y que provocan en quienes lo recibe deterioro, reducción o afectación en la estructura de la personalidad, afectándose gravemente la autoestima.

Con relación a esta última Martos refiere que la violencia física produce un traumatismo, una lesión o daño y lo produce inmediatamente; mientras que la violencia psicológica, vaya o no acompañada de violencia física, actúa en el tiempo. Es un daño que se va acentuando y consolidando. Cuanto más tiempo persista, mayor y más sólido será el daño ⁷.

La adolescencia y su relación con las prácticas violentas

La violencia en el contexto escolar es protagonizada fundamentalmente por los adolescentes pues, al decir de Díaz – Aguado, esta se convierte en una vía para dar respuesta a una serie de funciones de gran relevancia, propias de esta etapa del desarrollo, relacionadas con la reducción de la incertidumbre sobre la propia identidad, la integración en el grupo de referencia, o la desviación de la hostilidad producida por situaciones de frustración y tensión, así como, al desajuste entre dichas necesidades evolutivas y las condiciones escolares y familiares que rodean al adolescente 8.

Esta etapa de la vida es comúnmente asociada a la inestabilidad emocional, las contradicciones con los demás y con uno mismo, la rebeldía, entre otros elementos que matizan al desarrollo individual y que pueden verse directamente ligados a la aparición de conductas violentas. Es por ello que se pretende profundizar en las particularidades de la adolescencia y su relación con el fenómeno de la violencia, desde diversas perspectivas.

Cabe destacar algunas como la de Medianero quien la considera como una etapa de formación de la identidad y en la lucha por moldear su personalidad, según este autor, el adolescente se expone a la angustia que le causa obtener su independencia y definir sus aspiraciones para  desarrollarse como persona adulta, provocada por tener que desenvolverse en un medio que no conoce ni domina, y que muchas veces considera como amenazador ⁹. Una mala transición de la adolescencia a la adultez puede traer como consecuencia una desadaptación social expresable muchas veces a través de la violencia.

Por su parte, Domínguez señala que el bienestar emocional del adolescente depende muchas veces de si ha logrado ocupar el lugar al que aspira dentro de su grupo de iguales ¹º. Investigaciones realizadas en torno a esta problemática, han demostrado que la causa fundamental de indisciplina de algunos adolescentes en la escuela, es no haber encontrado ese lugar aspirado, adoptando conductas negativas como estrategia para ser “tenidos en cuenta” por sus compañeros y maestros. Estos problemas de conducta requieren de una atención individualizada por parte de los adultos y en su modificación, pueden también jugar un papel importante los compañeros más cercanos al adolescente, como colaboradores en esta tarea.

Menéndez hace referencia además, a la existencia de determinadas características en los adolescentes, que a pesar de ser imposible generalizarlas, favorecen el empleo de la violencia por parte de estos,  entre las cuales podemos citar: el poco control de impulsos y la ira, ausencia de empatía, escaso reconocimiento de las propias emociones y de las emociones de los demás, incapacidad para aceptar normas y para negociar, así como, déficit en habilidades sociales y resolución de conflictos ¹¹.

Este autor,  coincidiendo con la clasificación de la violencia según los contextos en que aparece, resalta que el aumento de las cifras de violencia en la calle, (delitos y violencia en el ocio), la violencia en la casa, (violencia intrafamiliar) y la violencia en la escuela (acoso escolar o bullying) son alarmantes, debido fundamentalmente al aumento de su frecuencia, prácticas en las que muchas veces se ven implicados los adolescentes debido a las características anteriormente mencionadas. En función de esto y considerando el ámbito escolar como espacio fundamental de actuación e interacción del adolescente, se impone profundizar en el fenómeno de la violencia escolar, las principales características que adopta, así como los factores que propician o facilitan su aparición.

La violencia en el contexto escolar

La violencia que se vive en las escuelas cumple con las mismas particularidades que la violencia en sentido general, incluyendo tanto las agresiones físicas como verbales, así como otras conductas que provocan serios daños en los estudiantes, tal es el caso de la intimidación, la discriminación y el llamado acoso escolar que se presenta como: «Un continuado y deliberado maltrato verbal y modal que se recibe por parte de otro u otros compañeros, que se comportan cruelmente con el objetivo de someterlo, apodarlo, asustarlo, amenazarlo y que atentan contra su dignidad»¹². Otros autores señalan como particularidad que dicho acoso no persigue nada más que preservar posiciones de poder y las ganancias que esto agrega ¹³. Es importante tener en cuenta la definición de bullying que presenta Olweus, considerado pionero en los estudios sobre el  fenómeno, al plantear que “un alumno está siendo maltratado o victimizado cuando él o ella está expuesto repetidamente o a lo largo del tiempo a acciones negativas del otro o un grupo de estudiantes” 14. Independientemente de las formas de agresión que se utilicen, las particularidades que caracterizan al bullying son tres: Intencionalidad, persistencia en el tiempo y abuso de poder.

A partir de un estudio reciente realizado por Díaz-Aguado, Martínez Arias y Martín Seoane en el año 2004, destinado a estimar la incidencia del bullying se deduce que:

1) Se trata de un fenómeno que parece formar parte habitual de la cultura escolar tradicional, puesto que a lo largo de su vida en la escuela todos los alumnos parecen tener contacto con él, como víctimas, agresores o espectadores.

2) Dar a conocer al conjunto de la sociedad la información sobre la incidencia de la violencia entre escolares es un paso fundamental para romper la tradicional «conspiración del silencio» que ha existido hacia este problema, superando la frecuente tendencia que llevaba a minimizarlo. Aunque también es preciso evitar la tendencia contraria, la de exagerar su incidencia, transmitiendo una visión deformada de la escuela actual como un escenario permanente de violencia.

Ciertamente suelen ser tres los roles o papeles que se pueden distinguir en un acto de violencia escolar (víctimas, agresores y espectadores), cada uno de ellos con sus peculiaridades.

Entre las características observadas con mayor frecuencia en los agresores destacan las siguientes 15: Una situación social negativa, aunque tienen algunos amigos que les siguen en su conducta violenta; una acentuada tendencia a abusar de su fuerza (suelen ser físicamente más fuertes que los demás); con escasas habilidades sociales, baja tolerancia a la frustración, dificultad para cumplir normas, relaciones negativas con los adultos y bajo rendimiento, tienen dificultad de autocrítica, etc.

En estudios realizados con adolescentes Díaz- Aguado, Martínez Arias y Martín Seoane 8 reflejan además, que los agresores tienen menor disponibilidad de estrategias no violentas de resolución de conflictos, detectando las siguientes carencias en torno a las cuales convendría orientar la prevención de este problema:

1) Están más de acuerdo con las creencias que llevan a justificar la violencia y tienden a identificarse con un modelo social basado en el dominio y la sumisión.

2) Tienen dificultades para ponerse en el lugar de los demás. Su razonamiento moral es más primitivo que el de sus compañeros, siendo más frecuente entre los agresores la identificación de la justicia con «hacer a los demás lo que te hacen a ti o crees que te hacen», orientación que puede explicar su tendencia a vengar reales o supuestas ofensas. Y se identifican con una serie de conceptos estrechamente relacionados con el acoso escolar, como los de chivato y cobarde, que utilizan para justificarlo y mantener la conspiración del silencio que lo perpetúa.

3) Están menos satisfechos que los demás con su aprendizaje escolar y con las relaciones que establecen con los profesores.

4) Son percibidos por sus compañeros como intolerantes y arrogantes, y al mismo tiempo se sienten fracasados.

La realidad de las víctimas es otra, entre estos escolares suelen diferenciarse dos situaciones 8:

1) La víctima típica, o víctima pasiva, que se caracteriza por una situación social de aislamiento, en relación a lo cual cabe considerar su escasa asertividad y dificultad de comunicación; una conducta muy pasiva, miedo ante la violencia y manifestación de vulnerabilidad (de no poder defenderse ante la intimidación), alta ansiedad, inseguridad y baja autoestima; tendencia a culpabilizarse de su situación y a negarla, debido probablemente a que la consideran más vergonzosa de lo que consideran su situación los agresores (que a veces parecen estar orgullosos de serlo).

2) La víctima activa, se caracteriza por una situación social de aislamiento y fuerte impopularidad, llegando a encontrarse entre los alumnos más rechazados por sus compañeros (más que los agresores y las víctimas pasivas); situación que podría estar en el origen de su selección como víctimas, aunque, como en el caso de las anteriores, también podría agravarse con la victimización; una tendencia excesiva e impulsiva a actuar, a intervenir sin llegar a elegir la conducta que puede resultar más adecuada a cada situación, con problemas de concentración (llegando incluso, en algunos casos, a la hiperactividad) y cierta disponibilidad a reaccionar con conductas agresivas e irritantes. Características que han hecho que en ocasiones este tipo de víctimas sean denominadas como «víctimas provocadoras», asociación que convendría evitar, para prevenir la frecuente tendencia a culpar a la víctima que suele existir respecto a cualquier tipo de violencia, también en la escolar.

En relación con el tercero de los roles, el estudio del papel de los compañeros que no participan directamente en el acoso está creciendo de forma importante, al observarse que suelen estar presentes en la mayoría de las situaciones en las que se produce. Como reflejo de la importancia que tiene su papel cabe destacar uno de los resultados que sistemáticamente se repite en los estudios sobre el perfil de víctimas y agresores, en los que se observa que la víctima suele estar fuertemente aislada, sin amigos, y ser bastante impopular, sufriendo ambos problemas en mayor medida que los agresores, especialmente entre las víctimas activas. Para explicarlo se debe tener en cuenta que la falta de amigos puede originar el inicio de la victimización, y que ésta puede hacer que disminuya aún más la popularidad de quien la sufre y su aislamiento. Se ha observado, además, que tener amigos y caer bien protegen contra la victimización, aunque el carácter protector de los amigos es prácticamente nulo si proceden del grupo de víctimas, probablemente debido a su debilidad para intervenir. De lo cual se desprende que para prevenir la violencia es necesario intervenir con el conjunto de la clase, favoreciendo el tipo de relaciones entre compañeros que inhibe su aparición ¹⁵.

Abordando el tema de la prevención de la violencia escolar hay que señalar lo oportuno de tener en cuenta las condiciones de riesgo y de protección que pueden darse en los adolescentes desde un enfoque ecológico-evolutivo. Sobre la violencia influyen múltiples y complejas condiciones que además, es preciso analizar desde una perspectiva evolutiva y a distintos niveles, incluyendo, junto a la interacción que el alumnado establece en la escuela, la que existe en la familia, la calidad de la colaboración entre ambos contextos, la influencia de los medios de comunicación, o el conjunto de creencias, de valores y de estructuras de la sociedad de la que forman parte ¹⁶. Cuando se analiza cada caso de violencia escolar desde esta concepción,  suelen encontrarse incontables clases de riesgo y escasas o nulas condiciones protectoras en cada nivel y desde edades tempranas. Entre las categorías de riesgo detectadas y que suelen verse reflejadas en la mayoría de los casos de violencia escolar, cabe destacar: la exclusión social o el sentimiento de exclusión, la ausencia de límites, la exposición a la violencia a través de los medios de comunicación, la integración en bandas identificadas con la violencia y la justificación de la violencia por parte de la sociedad en la que dichas circunstancias se producen.

Faltan condiciones que hubieran podido proteger de tales riesgos, como modelos sociales positivos y solidarios, colaboración entre la familia y la escuela, contextos de ocio y de grupos de pertenencia constructivos, o adultos disponibles y dispuestos a ayudar. Para mejorar la convivencia escolar y para prevenir la violencia, se debe intervenir lo antes posible (sin esperar a las graves manifestaciones que suelen alertar sobre dicha necesidad) y en todos estos niveles, desde una doble perspectiva:

  • La perspectiva evolutiva, analizando las condiciones de riesgo y de protección que pueden existir en cada momento evolutivo, en función de las tareas y de las habilidades vitales básicas. La comprensión de dichas tareas es de gran utilidad para adecuar la intervención a cada edad, ayudando a desarrollar las habilidades críticas de ese período, reforzando los logros conseguidos y compensando las deficiencias que se hayan podido producir en edades anteriores. Debido a esto, se propone que la prevención debe fortalecer cuatro capacidades fundamentales que permitan al alumno/a: Establecer vínculos de calidad en diversos contextos; ser eficaz en situaciones de estudio-trabajo, movilizando la energía y el esfuerzo precisos para ello, y obteniendo el reconocimiento social necesario; integrarse en grupos de iguales constructivos, resistiendo presiones inadecuadas; y desarrollar una identidad propia y diferenciada que le ayude a encontrar su lugar en el mundo y le permita apropiarse de su futuro.
  • La perspectiva ecológica, que trata de las condiciones de riesgo y de protección en los complejos niveles de la interacción individuo-ambiente, a partir de la cual se pueda diseñar la prevención con actividades destinadas a optimizar tanto el ambiente como la representación que de él y de sus posibilidades tiene el alumnado, incluyendo los escenarios en los que transcurre su vida (escolar, familiar, comunitario, de ocio), las conexiones entre dichos escenarios, los medios de comunicación, y el conjunto de las creencias y de las estructuras de la sociedad 17.

CONCLUSIONES

A partir del acercamiento realizado al fenómeno de la violencia, promoviendo una visión general de esta en función de las manifestaciones que se emplean, de cada una de las tipologías, el número de contextos afectados y su frecuencia; se refuta la percepción errada de asociar estas prácticas con agresiones físicas visibles, dejando a un lado en el análisis la amplia gama de manifestaciones de tipo psicológico, sexual, económico y hasta físico no evidenciables totalmente.

El innegable aumento de los casos de transgresión de las normas morales y sociales constituye una muestra contundente de que es necesario hacer frente a este mal, atacando de raíz al problema, es decir, trabajando con todos los grupos e instituciones influyentes para los adolescentes, como son la familia, la escuela y la comunidad. Y es que el carácter cambiante e inestable del desarrollo en los adolescentes los hace más propensos a un conjunto de conductas nocivas para su devenir, como es el caso del empleo de la violencia, que encuentra en el contexto escolar el espacio propicio para su desarrollo dado el tiempo que diariamente pasa el adolescente en las actividades escolares y la presencia del grupo como reforzador de estas prácticas.

Resulta necesario entonces tratar las problemáticas individuales dentro de su contexto por lo que los programas de intervención no se pueden separar del medio social en el que está inmerso el adolescente, y se insta a trabajar interdisciplinariamente abarcado todos los grupos que ejercen influencia en el estudiante con la finalidad de favorecer al máximo su aprendizaje autónomo y óptimo, así como, su desarrollo armónico en el campo intelectual, social y afectivo.

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Recibido: 2014-02-06
Aprobado: 2015-08-16

 

 

Lic.Marcia Rodríguez Bada. Universidad José Martí Pérez. Sancti Spíritus. Cuba.

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