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Revista Habanera de Ciencias Médicas

versión On-line ISSN 1729-519X

Rev haban cienc méd vol.11 no.1 Ciudad de La Habana ene.-mar. 2012

 

HISTÓRICO

 

 

Joaquín María Albarrán Domínguez (1860-1912), un cubano universal
(Discurso pronunciado en la conmemoración del centenario de su desaparición física)

 

Joaquín María Albarrán Domínguez (1860-1912), a universal cuban (Speech delivered commemorating the centenary of his physical disappearance)

 

Dra. Marlene Fernández Arias

Doctora en Medicina. Especialista Segundo Grado en Fisiología Normal y Patológica, Investigador Agregado y Asistente. Asesor Docente Metodológico. Oficina del Historiador de la Universidad de Ciencias Médicas de La Habana. Universidad de Ciencias Médicas de La Habana. Vicerrectoría de Extensión Universitaria. Centro de Estudios Humanísticos gimar@infomed.sld.cu

 

 


RESUMEN

En el centenario de la desaparición física del eminente científico cubano Dr. Joaquín María Albarrán Domínguez, la Dra. Marlene Fernández Arias pronunció un discurso en el que destaca los principales méritos científicos del eminente urólogo, así como toda su extraordinaria capacidad de trabajo y su gran vocación investigadora y pedagógica que ha quedado plasmada en las páginas de sus grandes obras didácticas, consideradas magistrales y que lo sitúan como precursor de la Urología moderna. El Dr. Joaquín Albarrán fue un científico integral y su obra científica esta impregnada de un gran pensamiento dialéctico que lo lleva a realizar grandes innovaciones en el campo de la Urología. Su incansable tenacidad por el conocimiento hace de él no solo un eminente clínico, sino que también destaca como histólogo, cirujano y reconocido bacteriólogo. Fue el creador de la exploración funcional y el cateterismo uretral entre otros de sus grandes aportes a la Urología. Resultado de su gran conocimiento científico y por todos los aportes hechos a la humanidad, el Dr. Joaquín Albarrán es considerado un científico de talla universal, si bien nunca olvidó la tierra que lo vio nacer, tal como lo corroboran las palabras que él declarara a la revista El Fígaro de La Habana: "Si los azares de la vida me han hecho adoptar por patria a la gran nación francesa, nunca olvido que soy cubano y siempre tenderán mis esfuerzos a hacerme digno de la patria en que nací."

Palabras clave: Joaquín María Albarrán Domínguez.


ABSTRACT

Dra. Marlene Fernández Arias delivered a speech commemorating the centenary of the death of José María Albarrán Domínguez emphasizing on the main scientific merits of this eminent urologist as well as his extraordinary capacity of work and his great research and pedagogical vocation. All this knowledge was written out in his famous didactic works that place him as an outstanding forerunner of modern urology. Dr Albarrán's scientific work is impregnated of dialectic ideas, that is why along his career he was able to make great innovations in the field of urology. His tireless need of knowledge make of this scientific not only a prominent clinician but also a well known histologist, surgeon and bacteriologist. He was the creator of the functional exploration and the urethral catherization among others of his great contributions to modern urology. Dr. Joaquín Albarrán is considered a universal scientific thanks to his great contributions in the field of medicine to humankind. However, this prominent physician never forgot the land where he was born . These were his words for El Figaro a Cuban magazine of the epoch: "If the destiny of life made me adopt the French nation as my own land I never forget my Cuban origin and all my efforts must be useful for deserving my dear motherland".

Key words: Joaquín María Albarrán Domínguez.


 

 

Discurso pronunciado por la Dra. Marlene Fernández Arias en la conmemoración del centenario de la desaparición física del Dr. Joaquín María Albarrán Domínguez

No puede hablarse del desarrollo de las Ciencias Médicas en Cuba, sin la valoración de los médicos cubanos que alcanzaron dimensión internacional, tal es el caso de Joaquín M. Albarrán Domínguez, el gran maestro de la Urología moderna.

La obra científica de Albarrán respondió al desarrollo alcanzado por las ciencias en Francia, a finales del siglo XIX, de las cuales se nutrió y llegó a ser el urólogo más admirado en el mundo. Tal logro fue posible porque, además, en Albarrán convergieron gran inteligencia, extraordinaria tenacidad y capacidad de trabajo, y una auténtica vocación investigadora, pedagógica y asistencial.

Científico integral como pocos: inventor del cateterismo ureteral, creador de la exploración funcional, clínico emérito, histólogo y anatomopatólogo incomparable, cirujano innovador tan osado como prudente, bacteriólogo reconocido, en cada una de estas disímiles facetas brillaría de tal manera, que es difícil asimilar que el conjunto de su obra haya sido realizado por una persona, cuya vida profesional se interrumpió en la plenitud de sus capacidades intelectuales y su fama.

  • Respetuoso del pasado pero a la vez antidogmático, sus reflexiones dan cuenta de ello:

"La obra científica que creemos mejor establecida, se transforma con los años, cuando la observación de hechos nuevos modifica los viejos conceptos o cuando concepciones nuevas de hechos viejos vienen a suscitar otras."

Pero más allá del valor de su obra científica, impregnada de su pensamiento dialéctico, no pueden olvidarse sus innegables valores espirituales que lo distinguirían como un gran ser humano. Albarrán pasa a la historia como una figura querida, calificativo que no siempre acompaña al autor de una obra por grandiosa que sea. La vigencia de su obra ha trascendido la brevedad de su vida, es por todo ello que en La Habana, un Hospital Clínico Quirúrgico y una de las Facultades de la Universidad de Ciencias Médicas lleve por nombre: Finlay-Albarrán, dos figuras que representan una misma vocación y voluntad de hacer progresar la ciencia.

La trascendencia de su obra nos convoca a reunirnos en la mañana de hoy, para recordar a quien alejado físicamente de la Patria, fue consciente de su condición de cubano en cada circunstancia de su vida.

Al cumplirse hoy, 17 de enero, el Centenario de su desaparición física, honramos a esta figura grandiosa de la ciencia, reseñando en apretada síntesis, aspectos esenciales de su vida y su obra.

Sagua la Grande, ciudad próspera de la antigua provincia de Las Villas, fue la cuna del sabio. Fue su padre don Pedro Pablo Albarrán de la Calle, andaluz, natural de Jerez de la Frontera y su madre María Micaela Domínguez de Lima, matancera, de pura cepa y noble abolengo. De este fértil tronco, nacería el quinto de los hijos: Joaquín María, en una casa colonial de la calle Colón, el 9 de mayo de 1860; en ella y en la hacienda paterna cercana, transcurrirían los 9 primeros años de su vida, años que el sabio, no olvidaría nunca.

Al quedar huérfano de padre y madre antes de la edad de los primeros recuerdos, su padrino, el médico catalán don Joaquín Fábregas, se encargaría de su educación.

A los 9 años de edad, en unión de sus hermanos mayores, Pedro y Pablo, ingresó como alumno interno en el exclusivo Colegio de Belén de los padres jesuitas en La Habana, severo claustro donde cursaría hasta el tercer año de bachillerato.

Apenas 6meses después del fusilamiento de los ocho estudiantes de Medicina, la familia los pone a salvo de los horrores de la guerra. Es así como Joaquín y su hermano Pedro, futuro urólogo de renombre, viajan a Barcelona, con la finalidad de continuar estudios. Un colegio jesuita igualmente severo esperaba a Joaquín a su llegada a la nueva ciudad.

"Fue esta infancia transcurrida entre los muros de un colegio, sin los gozos naturales, la que desarrolló en él la noción del ideal de libertad y sobre todo la inconformidad ante la injusticia", testimoniaría, años después, su hija Suzanne, lo que nos lleva a meditar sobre las circunstancias difíciles que fueron forjando su carácter.

Su brillante inteligencia y su tesón le permitieron doblar cursos; es así como Albarrán se graduaría de bachiller a los 13 años y, en 1877, a los 17 años, de licenciado en la Facultad de Medicina de Barcelona. Un año más tarde, presenta en Madrid, con los máximos honores, su tesis doctoral Contagio de la Tisis. Con solo 18 años, no le es posible ejercer la profesión en Cuba, razón por la cual su tutor le propone continuar estudios en la Facultad de Medicina de Berlín.

París solo significaba una ciudad de tránsito a su llegada, a comienzos de 1879, pero la libertad y el desarrollo científico que le ofreció lo hicieron desistir de continuar viaje hacia Berlín. Nuestro joven constata el alto nivel alcanzado por la medicina francesa, siente que no está suficientemente preparado y adopta la seria decisión de matricular en la Facultad de Medicina, en febrero de 1879; en los próximos 4 años, Albarrán profundizaría en el estudio de la Bacteriología bajo la mirada de Pasteur, símbolo francés de la sabiduría, de la Histología, campo que le apasionaría toda su vida; de la Fisiología, se iría formando como anátomo-patólogo bajo el rigor científico del sabio Ranvier, que lo armaría del arsenal de conocimientos que años más tarde sabría volcar en su especialidad.

En París, Albarrán hace gala de su inteligencia excepcional y una voluntad férrea. Cercano el momento del regreso a la isla natal, el profesor Ranvier, convencido de sus condiciones excepcionales, lo persuade de no interrumpir su desarrollo, en momentos en que el panorama científico cubano era especialmente sombrío. El joven siente que no tiene derecho a abandonar la ciencia, un camino en el cual también se cubre de gloria a la Patria.

Expresándose en una lengua que conservaría para siempre el sello de su origen, Albarrán alcanza el primer lugar entre los 400 candidatos presentados al Concurso del Internado de 1884 y recibe el premio Godard, otorgado por la Academia de Ciencias de París. Su brillante carrera, desde entonces, sería una sucesión de éxitos ininterrumpidos,

Su interés crucial por la cirugía, lo hace encaminar sus pasos por esos servicios hospitalarios; no obstante, reserva su segundo año de Internado al de Clínica Médica. Es durante este curso, cuando ocurrió un hecho dramático que define su estatura profesional y humana. Un domingo de marzo de 1886, estando de guardia, y consciente del riesgo de su proceder, Albarrán no duda en aspirar con su propia boca, el tubo obstruido de la traqueotomía en un niño aquejado de difteria; salva al niño de la asfixia y contrae una grave difteria que lo obliga a la increíble decisión de realizarse, con ayuda de un espejo, una autotraqueotomía, único modo de salvar su vida. Así era Albarrán.

  • En abril de 1885, la publicación de su primer trabajo "Presentación de un tumor renal", en el Boletín de la Sociedad de Anatomistas de París, encabezaría una lista de más de 250 publicaciones y comunicaciones presentadas en Sociedades Científicas y Congresos, en el transcurso de su carrera.

Albarrán es un joven que intuye que la preparación académica de la época no es todo lo integral que necesita la ciencia del mañana. Por propia iniciativa, no abandona sus estudios paralelos de Anatomía Patológica ni de Bacteriología. Estos últimos, reconocidos por el propio Pasteur, le valen para integrar la comisión francesa enviada a España para evaluar los resultados de la vacuna anticolérica del Dr. Ferrán.

Ese mismo año de 1885, tras 13 años de ausencia, viene a Cuba, recibe numerosas pruebas de afecto. Hay que destacar el homenaje ofrecido por la revista Crónica Médico-Quirúrgica, de la cual era corresponsal en París. Su magnífico discurso de despedida, concluye con esta frase que lo define:

"Seguiré llevando en mi cerebro el afán por la ciencia y en mi pecho el amor por mis compatriotas."

De regreso a París, Albarrán obtiene, en 1888, la Medalla de Oro en el Concurso de Cirugía, que viene a coronar su extraordinario desempeño en el Internado, concluido en el Servicio del profesor Guyon, en el célebre Hospital Necker. Guiado por la sabiduría de su maestro, considerado el Padre de la Urología, Albarrán abraza definitivamente esta nueva especialidad que se transformaría con su llegada.

.En 1889, ya es Doctor en Medicina, por segunda vez, tras la defensa de su tesis Estudios sobre el riñón de los urinarios, considerada la mejor de las presentadas en la Facultad.

Desde París, Albarrán ha estado al tanto del desarrollo científico de la Isla, ha enviado un trabajo:"Estudio Experimental de la retención de orina" al Primer Congreso Médico Regional, efectuado en La Habana, en enero de 1890, meses más tarde, el joven de 30 años, que ya es jefe de Clínica de la Escuela del Hospital Necker, viajaría a Cuba por última vez.

En esta segunda ocasión, la Sociedad Económica de Amigos del País lo nombra Socio de Mérito y la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales, le otorga, el 29 de octubre, el título de Miembro de Mérito, atendiendo, como reza en el acta "a sus servicios a la Humanidad y a la Ciencia "

Su orgullo de ser cubano se evidencia en las palabras pronunciadas en el banquete con que le agasajaron las instituciones médicas y la prensa:

"¡Brindo señores, porque se le den a Cuba los elementos que le faltan para su completo desarrollo científico y por el porvenir de la ciencia que tendrá consigo el porvenir moral y material de la tierra en que nacimos!"

¡Cuántas décadas tardaría en hacerse realidad ese sueño!

En esta ocasión, Albarrán declararía en la revista El Fígaro de La Habana, las frases que quedarían grabadas en el pedestal de la estatua que le erige su pueblo natal, en 1910: "Si los azares de la vida me han hecho adoptar por patria a la gran nación francesa, nunca olvido que soy cubano y siempre tenderán mis esfuerzos a hacerme digno de la patria en que nací."

La trayectoria de Albarrán fue seguida en Cuba, paso a paso. En 1892, la Revista de Ciencias Médicas de La Habana, reseña otro importante acontecimiento: "El Dr. Joaquín Albarrán…acaba de ganar en difíciles oposiciones el codiciado y honroso título de profesor agregado a la Facultad de Medicina de París, es el primer cubano en lograrlo." La tesis presentada sobre Los tumores de la vejiga merece el segundo premio Godard; 2 años más tarde, sin transitar por las fases preparatorias, aspira a la plaza de Cirujano de los Hospitales de París. Albarrán se aparta siempre de los caminos trillados y triunfa una vez más.

El 8 de diciembre de 1894, en fecha próxima al comienzo de la Guerra del 95, José Martí escribió una carta en la que incluye a Albarrán entre "lo más valioso de nuestra gente en París". En esa ciudad, la acción compleja de los patriotas cubanos, le confiere en el seno de la emigración un puesto de primer plano, no siempre bien reconocido. Albarrán es uno de sus miembros más dinámicos, prueba de ello es la circular escrita por el General Antonio Maceo en plena campaña invasora, la cual expresa:

". . .Me complazco en participarle que el Comité de París acaba de organizarse en esta forma: presidente, el afamado doctor Joaquín Albarrán…"

1897 sería un año crucial en su vida: presentaría a la Facultad de Medicina su más relevante innovación: su citoscopio ureteral, el cual merece ser expuesto entre los grandes avances de la ciencia durante la Feria Internacional de París de 1900. Medio siglo después, su ingenioso mecanismo articulado conocido como la uña de Albarrán, seguiría siendo elemento fundamental de todos los instrumentos utilizados en endoscopía.

Los éxitos profesionales se suceden. Siempre al tanto de las novedades que a diario se producen en Medicina, sería Albarrán el primero en presentar a la misma Academia las primeras radiografías de cálculos renales.

Este ser apasionado en todas las facetas de su vida, también lo sabría ser en su amor a la mujer. Desde 1891, Albarrán había unido su vida a la de una joven y sencilla mujer, Paulette Ferri, italiana de nacimiento, madre de sus hijos: Georgette y Pierre. Siete años después, a los 30 años de edad, la joven muere a consecuencia de una hemorragia interna por un embarazo ectópico durante unas vacaciones veraniegas. Sin recursos médicos apropiados, nada pudo hacer Albarrán para salvarla.

En su desespero, se refugia en la vorágine de su intensa vida profesional. La asociación de Guyon y Albarrán había sido perfecta; durante 11 años, trabajaría bajo la égida de su maestro hasta llegado el momento de asumir sus funciones como Cirujano de los Hospitales. En esos años, la mayoría de los centros, en el mundo, eran fundados por alumnos que habían ido a la Clínica de Necker a impregnarse de la enseñanza de ambos.

La vida sigue su curso indetenible y tiempo después, el 11 de noviembre de 1899, Albarrán contrae segundas nupcias con Carmen Sanjurjo Ramírez de Arellano, hermosa joven de 24 años nacida en París, hija de una familia noble española. El nacimiento de otros dos hijos: Raymond, en 1900, y Suzanne, en 1901, vienen a completar la alegría y el orgullo del padre en la intimidad del hogar.

Dos años más tarde, la Academia de Medicina le otorga el Premio Tremblay por su Estudio experimental y clínico sobre el tratamiento de la hipertrofia de la próstata. En 1903, publica su gran obra: Los tumores del riñón, considerada el tratado más rico en bibliografía publicado hasta entonces y merecedor del segundo premio Tremblay.

Participa en el Primer Congreso Médico Nacional Cubano de 1905 con el envío de un trabajo: "Nuevo procedimiento de nefrectomía subcapsular", que finalizaba con una encomienda: "ambicionando que alguien encuentre en estas líneas más fácil operatoria y que todos recuerden el compatriota ausente". Si alguien vejaba de palabra a Cuba, allí estaba Albarrán dispuesto a la defensa. Así ocurrió un día, cuando alguien intentó menospreciar la gloria del sabio cubano Carlos J. Finlay.

Tras sucesivos éxitos y reconocimientos en varias naciones europeas, Albarrán se convierte en una figura de relieve internacional.

En 1906, llega a la cumbre de su carrera profesoral, al ser elegido unánimemente, sucesor de Guyon como titular de la Cátedra de Vías Urinarias de la Facultad de Medicina de París; la exposición de sus trabajos científicos, inclinó definitivamente la balanza a su favor. La lectura de tan disímil clasificación, del propio Albarrán, nos da una idea del abanico de campos en los que trabajaba simultáneamente de modo exitoso: Anatomía e Histología normales, Fisiología normal, Fisiología patológica, Medios de exploración, Patología general, Infección urinaria, Asepsia y antisepsia urinaria, Patología especial del aparato urinario, Procedimientos operatorios e Instrumentos.

El 14 de noviembre de 1906, toma posesión de la Cátedra de Vías Urinarias. A los 46 años de edad, Albarrán es el profesor más joven de la Facultad y el único hispanoamericano. En su lección inaugural titulada: "Clínica de las enfermedades de las vías urinarias", expone su novedosa concepción del desarrollo de la Urología en los próximos años, en su doble condición de especialidad médico-quirúrgica, tal como se concibe hoy.

Dos años más tarde, el 30 de septiembre de 1908, al presidir el Ier Congreso Internacional de Urología en París, es reconocido como el primer cirujano urólogo del mundo. En sus palabras de bienvenida, brinda por "la obra de la ciencia que ignora las fronteras y reúne los pueblos en su ideal común de progreso".

Albarrán no se daba reposo. Atendía a sus pacientes en su sala del Hospital Necker, volcaba en sus discípulos lo mejor de su vocación pedagógica, atendía pacientes procedentes de todas partes del mundo, en su casa de la calle Solferino a orillas del Sena. Por la noche, hasta horas avanzadas, escribía las páginas de sus obras didácticas consideradas magistrales: Los tumores de la vejiga, 1892, Premio Godard; Los tumores del riñón, 1903, Premio Godard; Exploración de las funciones renales,1905, PremioTremblay; Medicina operatoria de las Vías Urinarias.1909.

Esta ultima, considerada su obra cumbre. Medio siglo después de la muerte de su autor, el gran urólogo catalán Antonio Puigvert, expresaría de ellas:

"… en la obra de Albarrán muchas de las ideas actuales, están allí más o menos esbozadas y definidas; en los fundamentos de sus tesis y en los resultados de sus investigaciones intuyó conceptos que constituyeron las piedras fundamentales del gran edificio inmediato de la urología actual".

A la diabetes que venía padeciendo en los últimos años, se añadiría una tuberculosis, adquirida en el curso de un accidente operatorio, al terminar una nefrectomía. Se vio obligado a apartarse definitivamente de sus responsabilidades profesionales, en 1909, en plenitud de facultades y en la cima de su fama mundial.

Albarrán permanece largas temporadas fuera de París, tratando inútilmente de recuperar su salud. Fatigado de peregrinar, se asienta por último en el balneario de Arcachon, en la costa atlántica francesa. Allí, en la Villa Les Goelands, su chalet del Boulevard de la Playa era visitado con regularidad por sus amigos y familiares; solo el hablarle de Cuba lograba sustraerlo de su tristeza, referiría uno de sus discípulos más queridos.

Al Dr. Enrique Morado, amigo y testigo de sus últimos días, le hizo el encargo de que "remitieran a Sagua su toga, bonete y medalla de oro, para que allí los conservaran". Hoy, son parte del patrimonio del Museo Municipal.

  • Al Dr. Tomás Hernández, amigo de su infancia, confió el mensaje de hacerle saber a sus coterráneos que "su último pensamiento sería para ellos".

El frío amanecer del miércoles 17 de enero de 1912 parecía ser uno más de aquella temporada invernal, pero nada más lejos de la verdad. A las 6 de la mañana, en la habitación de los altos más cercana al mar, fallecía, a los 51 años, el gran maestro de la Urología moderna.

El triste acontecimiento trasciende el dolor de la joven viuda de solo 36 años y de 4 hijos, dos de ellos niños aún, testigos todos de una larga agonía. La lectura de los recortes de la prensa, celosamente guardados por la familia Presno Albarrán aún sobrecoge, a pesar del siglo transcurrido."La muerte del Dr. Joaquín Albarrán ha causado aquí un dolor inmenso, el pueblo ha vestido de luto", testimoniaria ese día la prensa sagüera. En España, el telégrafo ha comunicado la noticia, "no por esperada menos dolorosa".

Desde su Villa en Arcachon, sus restos son conducidos y expuestos en su casa de París. En el vestíbulo de la Facultad de Medicina, se le rinden honores por última vez. En el cortejo, están presentes personalidades del gobierno francés, celebridades científicas y de la intelectualidad francesa e hispanoamericana; el General cubano Enrique Collazo representaba a un país de duelo, más atrás desfilaban los pobres quienes lloraban, operados en su mayoría, a los que devolvió la vida y los amparó después económicamente, en tiempos en que no existía la Seguridad Social.

A las 11 de la mañana del domingo 21 de enero, se efectuó el solemne entierro en el panteón familiar del Cementerio de Neuilly-Sur-Seine, donde fueron pronunciados siete discursos de despedida. La breve inscripción en su tumba resume años de trabajo infatigable, dedicados por entero a la ciencia. Allí reposan, desde entonces, los restos de quien no solo brilló por sus indiscutibles logros individuales, sino también por los cauces que su esfuerzo dejó abiertos.

Su obra científica ha trascendido la brevedad de su vida. Su nombre, patronímico de instrumentos, métodos y técnicas quirúrgicas sigue resonando en las Facultades de Medicina, como piedra angular de la Urología moderna.

La presencia este día, entre nosotros de su nieto el Ing. Thierry Gaudin, quien representa lo más cercano de nuestro querido Albarrán y su hija Alice, es expresión genuina de que el legado de su cubanía ha logrado también trascender en el tiempo y salvar las distancias.

Sirva de motivación para las nuevas generaciones el ejemplo de una vida apasionada, dedicada por entero a la Ciencia y al bien de la Humanidad.

 

 

Recibido: 17 de enero de 2012.
Aprobado 20 de enero de 2012.

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