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Conrado

versión impresa ISSN 2519-7320versión On-line ISSN 1990-8644

Conrado vol.17 no.80 Cienfuegos mayo.-jun. 2021  Epub 02-Jun-2021

 

Artículo Original

La formación de profesores de educación básica

Basic education teacher training

Daniel Fernando Játiva Macas1  * 
http://orcid.org/0000-0001-6177-2504

Lourdes Elizabeth Romo Jiménez1 
http://orcid.org/0000-0001-5357-1032

Eudaldo Enrique Espinoza Freire1 
http://orcid.org/0000-0002-0537-4760

1 Universidad Técnica de Machala. Ecuador

RESUMEN

El docente es un elemento fundamental para el desarrollo social de cualquier país. Con el objetivo de analizar las características del proceso de formación de docentes para la enseñanza básica, se llevó a cabo un estudio descriptivo de tipo revisión bibliográfica con un enfoque histórico-hermenéutico. Se evidencia la necesidad del perfeccionamiento de los currículos de las carreras pedagógicas y en particular la etapa pre profesional del proceso formativo; donde se tengan en cuenta las necesidades sociales, las características del sistema educativo y los enfoques innovadores del ejercicio de la docencia; así como las experiencias obtenidas en la etapa formativa de la práctica pre profesional.

Palabras clave: Formación docente; práctica pre profesional; competencias; educación básica

ABSTRACT

The teacher is a fundamental element for the social development of any country. In order to analyze the characteristics of the teacher training process for basic education, a descriptive study of a bibliographic review type was carried out with a historical-hermeneutical approach. There is evidence of the need to improve the curricula of pedagogical careers and in particular the pre-professional stage of the training process; where social needs, the characteristics of the educational system and innovative approaches to teaching are taken into account; as well as the experiences obtained in the formative stage of the pre-professional practice.

Keywords: Teacher training; pre-professional practice; skills; basic education

Introducción

La docencia es entendida como una labor de compromiso, la cual requiere de instituciones educativas que promuevan condiciones y acciones estratégicas para la formación de la identidad docente; pero, sobre todo, de sujetos motivados, por la instrucción y educación de los demás y por la forja de personalidades integrales comprometidas con su tiempo; deben ser individuos con vocación por el quehacer pedagógico.

No basta simplemente con querer ser profesor, quienes entren a formar parte de la profesión docente deben atesorar cultura y una buena educación, deben haber cursado, por lo menos, la enseñanza de estudios superiores de una calidad y pertinencia adecuadas, de manera que cuenten con conocimientos profundos de las materias que impartirán, así como con la capacidad para adquirir las competencias necesarias para enseñar (Guamán, et al., 2017).

Por otro lado, los profesores encargados de la formación de los futuros docentes también necesitan de la capacitación y superación continuas y actualizadas. A nivel global, se ha perdido la atención en buena medida a este asunto, acarreando que muchos de esos formadores no tengan conocimientos actualizados y posean herramientas metodológicas limitadas pata enfrentar los retos actuales de la enseñanza y aprendizaje impuestos por las exigencias de una sociedad cada vez más necesitada de nuevas formas de alcanzar la información y el conocimiento.

Las exigencias de elevar el nivel y calidad de los procesos formativos de los docentes en las instituciones de la enseñanza superior aumentan; sin embargo, contradictoriamente en muchos casos, las instituciones educativas continúan funcionando con graduados de la escuela secundaria, con limitaciones en: las interacciones educando-maestro, conocimientos relacionados con las estrategias, responsabilidades y roles de los docentes.

De igual forma, el contexto limita el cabal desarrollo de la práctica pre profesional de los futuros docentes; con frecuencia la balanza se inclina hacia la tradición pedagógica en el cumplimiento del currículo y los resultados, sin brindar oportunidad al practicante y el apoyo necesario (Sánchez, et al., 2020).

Bajo estas condiciones queda abierta la interrogante sobre la formación académica adecuada que deben recibir los estudiantes de las carreras pedagógicas para satisfacer esta demanda social. Realidad, que motiva el presente estudio con el objetivo de analizar las características del proceso de formación de docentes para la enseñanza básica.

Metodología

El presente trabajo responde al desarrollo de un estudio descriptivo de revisión bibliográfica con un enfoque histórico-hermenéutico con respecto a los discursos sobre la formación de maestros en educación básica, a partir de una perspectiva educativa y política.

El proceso investigativo fue sistematizado mediante el empleo de los métodos hermenéutico, revisión documental y análisis de contenidos que facilitaron el análisis, interpretación y cotejo de los discursos de diversos autores dedicados a la investigación de la formación del profesional de la educación, desde diferentes enfoques y metodologías de la comprensión epistemológica, teórica y metodológica de este proceso. También, se contó con el método histórico-lógico para encauzar las averiguaciones sobre el origen y evolución del objeto de estudio (la formación docente).

La conjunción de estos métodos facilitó dar respuesta a la necesidad de comprensión y caracterización del proceso de formación de docentes para la enseñanza básica, en cuanto representa un desafío desde el ámbito pedagógico y social.

Las averiguaciones en la literatura especializada (libros, ensayos, artículos científicos, tesis, etc.) fueron direccionadas a los siguientes tópicos, los mismos que, estructuran la lógica del discurso del presente trabajo:

  1. Origen y evolución del proceso de formación docente

  2. Atributos necesarios de los docentes de la enseñanza básica

  3. Competencias necesarias para el desempeño docente

  4. El papel de la práctica pre-profesional (práctica laboral) en la formación docente

Desarrollo

Desde tiempos remotos la educación, de una forma u otra ha estado presente en la vida de las personas. En las comunidades primitivas los ancianos trasmitían sus experiencias a los más jóvenes, luego los llamados tutores eran los responsables del desarrollo intelectual, físico y espiritual de los jóvenes, para ello aglutinaban a su alrededor a los aprendices (Carr, 1999).

Las primeras noticias de un maestro o “paidagogo” se remontan al siglo V a. C. en la cultura griega (González, 1993); este era un esclavo con determinadas características, encargado de la educación del hijo del amo, a quienes enseñaban a leer, escribir y contar, sin poseer preparación y métodos de enseñanza (Santoni, 1996).

No es hasta que Quintiliano, en Roma, escribe el primer manual de formación de maestros “Instituio Oratoria”, donde se reivindica y se da un sentido social a la figura del maestro y a la educación (González, 1993).

En la etapa del Renacentismo en la Edad Moderna Juan Luis Vives moderniza los programas educativos; posteriormente durante la Reforma se incrementa la necesidad de los maestros por el auge de la educación; estos regularmente eran monjes de las instituciones religiosas que tenían a su cargo la enseñanza, pero continúan los viejos métodos de enseñanza.

En el siglo XVII Comenio introduce una nueva visión de los procesos pedagógicos que hasta entonces existían (Santoni, 1996) y tributa la primera metodología de enseñanza de la modernidad denominada “La Didáctica Magna”, contentiva de principios, métodos y procedimientos que han perdurado en el tiempo hasta nuestros días.

En el siglo XVIII se institucionaliza la formación docente en varios países de Europa y se fundan las escuelas normales; siendo Enrico Pestalozzi el pionero de la creación de estas instituciones formativas y propulsor de la formación de maestros (Abbagnano & Vísalberghi, 1974).

Más adelante, dadas las exigencias de la sociedad del siglo XIX, se comienza un proceso paulatino de renovación de la enseñanza tradicional que, procura superar las limitaciones de una educación autoritaria, memorística y reproductiva; proceso que alcanza el siglo XX donde existe una nueva perspectiva de la educación, basada en la redimensión de las relaciones que se establecen entre los actores del proceso de enseñanza-aprendizaje, dando al educando el papel protagónico; situación que necesita de novedosos modelos de formación pedagógica que tributen profesionales instruidos, cultos, capacitados, competentes y, con habilidades y destrezas que les permita la educación de ciudadanos capaces de construir una mejor sociedad.

A lo largo de los años, la formación académica de los docentes y su desarrollo profesional se han consolidado como resultado de las investigaciones pedagógicas llevadas a cabo y en la cuales se fundamentan las políticas y estrategias destinadas a mejorar la calidad del desempeño docente. En este contexto se han diseñado e implementado diversos programas para mejorar los sistemas educativos con el objetivo de fortalecer los conocimientos y habilidades de los educadores.

En la actualidad se puede definir al docente como el encargado de mediar entre el conocimiento diverso y el aprendiz, de manera ordenada y lejos del tradicionalismo. El docente en el siglo XXI debe saber que el conocimiento se basa en la concreción y trasformación de la información, lo que implica un cambio de mentalidad y actitud en todos los miembros de la comunidad educativa; por ello debe pasar de ser menos consumidores trasmisores de los contenidos elaborados por otras personas a ser expertos creadores de contenidos didácticos y pedagógicos para el beneficio de la educación de sus estudiantes y para la satisfacción de sus propias necesidades de nuevos conocimientos (Espinoza, 2020).

Por ende, se exige que el docente de la enseñanza básica sea una persona instruida, culta y capacitada profesionalmente, que sea partícipe de la renovación de la enseñanza tradicional basada en el autoritarismo, la memorización y la competencia; propulsor del cambio de actitud del estudiante, quien ocupa ahora el lugar protagónico del proceso de enseñanza-aprendizaje; gestor y facilitador de espacios de construcción de conocimientos, convirtiéndose en auxiliar, guía o mediador del proceso. Esta redimensión de la relación docente-alumno, donde el discente pasa a ocupar el rol protagónico exige de una mayor preparación del docente en el orden teórico y didáctico-metodológico.

Una responsabilidad fundamental del docente es educar a sus alumnos y su gestión debe estar centrada en el desafío que conlleva transmitir un conjunto de conocimientos a cada estudiante, para lo cual tiene que enriquecer su función profesional y los fundamentos de su conocimiento, destrezas, métodos educativos y pedagógicos, ya que a mayor calidad de la educación, mayores serán los beneficios del desarrollo del proceso educativo e instructivo de sus educandos, por lo que la auto superación y capacitación constantes ha de ser una de las cualidades más notorias que distinga a un buen profesor.

Los docentes deben caracterizarse por el conocimiento y dominio de metodologías que le permitan atender las diferencias y necesidades cognitivas de cada uno de sus estudiantes; cada uno de ellos tiene diferentes formas, estilos y ritmos de aprendizaje, con intereses y motivaciones particulares que deben ser conocidas por el docente y sobre la base de este conocimiento poder implementar acciones estratégicas para encauzar el desarrollo integral de la personalidad del educando; esta labor precisa además de sabiduría, de paciencia, constancia y vocación por la profesión.

También, deben tener personalidades equilibradas capaces de servir como modelos a imitar por sus discípulos, la coherencia entre su decir y su hacer le conceden más fuerza ante el estudiante, que actúa como observador; la propia dinámica de la labor del maestro en el aula favorece los procesos de imitación.

Además, debe saber escuchar, comprender, guiar, mediar y facilitar a los alumnos durante los procesos de educación e instrucción; ser un apoyo para los educandos en el enfrentamiento de los problemas familiares, sociales y académicos. Asimismo, ha de ser responsable, culto, ético, comprensivo, líder, entusiasta, justo, flexible, imparcial, preocupado, dedicado, cautivador, armonioso, fiable, cooperativo y decidido, entre otros atributos (Fundación Universia, 2014).

Otro de los atributos que deben distinguir a un docente son las competencias profesionales para su desempeño.

Un aspecto relevante en la formación de un docente son las competencias para la ejecución de su profesión; debe ser capaz de captar la atención del grupo de estudiantes que atiende durante un lapso prolongado, motivar a los estudiantes por el nuevo conocimiento y crear espacios de aprendizaje activos y significativos (Espinoza, et al., 2017).

Asimismo, debe poseer competencias para enfrentar situaciones o problemas específicos relacionados con su magisterio, que garanticen la pertinencia y utilidad de los aprendizajes escolares en términos de su trascendencia personal, académica y social. Para alcanzar este propósito es necesario que en el contexto de la formación de los futuros maestros se consoliden y reorienten las prácticas educativas hacia la concreción del currículo centrado en el alumno, la atención a la diversidad e inclusión en el logro de aprendizajes significativos (Díaz & Sánchez, 2020).

Importantes y necesarias también resultan las competencias comunicativas para expresar y trasmitir las ideas de manera clara y convincente tanto de forma oral como escrita y desarrollar las habilidades de la escucha activa. En el caso particular de los estudiantes que se preparan para trabajar de maestros, es una condición indispensable para su desempeño profesional, puesto que van a tener que ayudar a sus propios alumnos a desarrollar esta capacidad (García, et al., 2020).

Por otro lado, en el contexto de la sociedad del conocimiento no pueden faltar las competencias digitales, entendida como una de las destrezas necesarias para el despliegue de una educación innovadora propia del nuevo milenio mediada por las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC) (Daquilema, et al., 2019).

Estas tecnologías han asumido el protagonismo en el proceso educativo y en consecuencia el proceso formativo de los profesionales de la educación conlleva al ejercicio permanente de renovación del perfil de estos profesionales (Granda, et al., 2019). El despliegue del ejercicio docente en esta época tecnológica ha obligado a que el profesorado disponga competencias que le permita desenvolverse en ambientes enriquecidos por la diversidad de recursos, aplicaciones y medios informáticos con los cuales lleva a cabo su praxis innovadora (López, et al., 2020).

Ya no basta que el docente posea sólidos conocimientos de los contenidos y metodologías de la materia que imparte; la educación en América Latina y el mundo, va en camino hacia la innovación constante, cambiando los grandes paradigmas de un sistema educativo conservador, donde el maestro juega un papel fundamental siendo un agente de cambio, el puente que permite que la innovación llegue al aula de clase y trascienda más allá de ella, por lo que debe ser un constante aprendiz y activista de las tecnologías puestas en función del cumplimiento del encargo social de su profesión.

El docente del siglo XXI debe estar preparado para incluir dentro de su planeación y acción curricular y didácticas las herramientas tecnológicas que le permitan convertir el aula en un laboratorio de aprendizaje activo en aras de preparar a los estudiantes para la vida y desarrollar su potencial intelectual (Lima, 2019).

Por otro lado, también debe contar con competencias investigativas que le permitan la constante indagación para dar solución a los problemas que se le presentan en su accionar pedagógico; desde esta óptica la formación docente debe comprender en sentido general dos momentos cruciales, la investigación en la formación del profesorado y en la práctica pre profesional (Perrenoud, 2016).

Al respecto Roca (2017), señala que la formación docente “constituye un proceso que ocurre de forma sistemática y permanente bajo la dirección de los procesos sustantivos de docencia que recibe en los sílabos de la malla curricular, la vinculación (prácticas y pasantías) e investigación”. (p.12)

Al hablar de las competencias necesarias del docente de la enseñanza básica no puede faltar su capacidad de auto superación continua que le permite mantenerse actualizado en el orden científico y metodológico sobre los novedosos paradigmas de enseñanza.

Podemos resumir que el docente en estos tiempos debe tener competencias profesionales para propiciar una buena enseñanza, tiene que dominar profundamente la ciencia que imparte, las metodologías y didácticas generales y específicas; así como las competencias pedagógicas para planificar y organizar las actividades metodológicas, elaborar e implementar los sistemas de evaluación y el empleo de los materiales didácticos y tecnológicos. De igual forma, debe tener competencias comunicativas y tecnológicas. Debe ser un constante preocupado por su capacitación y superación continua y ser un incansable investigador para estar constantemente actualizado sobre su profesión.

Por todas estas razones, se requiere contar con un docente creativo, que posea un conocimiento amplio y profundo de lo qué, cómo y cuándo debe enseñar; con un manejo apropiado de estrategias de enseñanza y aprendizaje, de procedimientos e instrumentos de evaluación, y con una clara comprensión de lo que significa su trabajo de aula, tanto en el ámbito del desarrollo individual y colectivo de los estudiantes, como del ámbito social de la labor educativa.

Un importante elemento a tener presente en el proceso de la formación docente es la etapa de la práctica pre-profesional o práctica laboral donde el estudiante pone en función los conocimientos adquiridos en el aula.

Al hablar sobre la formación de los docentes para la educación básica es necesario abordar la práctica pre profesional o práctica laboral, espacio de implementación en la praxis de los conocimientos y habilidades adquiridos en las aulas universitarias; es por ello que, desde la impartición de las clases de las diferentes asignaturas que integran el currículo de la carrera, el profesor formador debe saber qué implica cada componente del proceso de enseñanza-aprendizaje para la concreción en la práctica profesional por el docente en formación. Los futuros profesores deben adquirir, durante su etapa de formación conocimientos, capacidades profesionales y valores éticos necesarios para afrontar adecuadamente los problemas prácticos que se pueden presentar en su futura actividad profesional.

En este sentido, un punto clave para un ejercicio eficaz de la práctica pre profesional es la apropiación de competencias para favorecer la promoción de los aprendizajes, así como para la creación de espacios armoniosos de convivencia en el aula y en la escuela; que contemplan la planeación didáctica, la organización del trabajo cotidiano, la atención a la diversidad, los estilos de aprendizaje de los estudiantes y el proceso de evaluación (Canedo, et al., 2017).

Además, no se puede perder la perspectiva de que la práctica laboral docente está mediada por múltiples factores; por lo que es necesario contar con el apoyo de los centros donde se lleva a cabo este ejercicio formativo, para poder concretar ciertas prácticas docentes en un contexto real de la situación de la profesión (García, et al., 2020). Pero, la práctica pre profesional no se relaciona solo con la institución educativa en que los futuros docentes desarrollarán su trabajo, sino también, entra en contacto con la realidad de la enseñanza y con las necesidades de la comunidad circundante. Es en los centros educativos donde el estudiante de las carreras pedagógicas comienza a construir y a desarrollar su propia identidad, ya que será la persona responsable de orientar y dirigir tanto la interpretación de esa realidad como de la intervención educativa en su comunidad (Díaz & Sánchez, 2020).

De aquí la necesidad de implementar políticas y estrategias articuladas entre organismos y sectores del Estado que atienden simultáneamente los diversos aspectos que tributan a la elevación de la calidad de la educación básica (salud, atención de la primera infancia, desarrollo curricular, infraestructura y equipamiento escolar, sistemas de evaluación, intensificación de la jornada escolar, diversificación de las materias, talleres y oportunidades de aprendizaje de los alumnos, trabajo colaborativo con las comunidades y sus instituciones intermedias, etc.). En este sentido, también es imprescindible la cooperación entre la enseñanza superior encargada de la formación docente y los centros que acogen a los estudiantes durante su práctica laboral (Sánchez, et al., 2020).

La práctica pre profesional ha de ser vista como un proceso de retroalimentación, que permite obtener información para perfeccionar el proceso formativo a la vez que sirve de herramienta para superar las limitaciones de los modelos pedagógicos en la constante búsqueda de la calidad de los procesos educativos e instructivos que se llevan a cabo en las instituciones escolares y del comportamiento de los estudiantes. De igual forma, la retroalimentación de la praxis formativa favorece el desarrollo del ejercicio reflexivo del profesorado sobre sus prácticas de enseñanza, al ser un vínculo entre la academia y la escuela.

La práctica laboral, como parte del proceso formativo para los futuros profesionales de la educación, se convierte en una oportunidad para relacionar la teoría aprendida con la práctica, mediante la acción-reflexión-acción y potenciar los nexos entre la universidad y los actores educativos, que propician experiencias movilizadoras de conocimientos.

Todo lo hasta aquí analizado evidencia la importancia de los escenarios escolares donde se realiza la práctica pre profesional al permitir a los estudiantes trascender de la formación recibida en las aulas universitarias a las aulas de las escuelas de la enseñanza básica.

Por último, es necesario apuntar le necesidad de un profundo análisis y reflexión sobre la formación profesional de docentes, que según Labañino, et al. (2019), cuenta con un extenso currículo enciclopedista, cargado de una gran cantidad de contenidos que deben ser aprehendidos por los estudiantes de la carrera de magisterio en cuatro años y medio de formación, lo que devela la necesaria revisión y perfeccionamiento de los currículos, partiendo de los resultados de la práctica pre profesional.

En este mismo orden de ideas, Cisternas (2016), considera que, la experiencia ha demostrado que al culminar la etapa de formación los discentes solo tienen conocimientos imprecisos, superficiales y aislado, lo que dificulta su inserción en la actividad profesional; dificultad que se acrecienta con los obstáculos que deben ser vencidos por los docentes novatos, como son: la construcción de su identidad docente, los dilemas y conflictos que experimentan los profesores principiantes, la inserción laboral como un proceso de socialización y el apoyo que necesita en este período.

Aspectos que mediante una adecuada planificación, organización, ejecución y control de la práctica pre profesional podrían ser mejorados, toda vez que durante esta etapa de formación se realiza un sistema de acciones que tributan a los hábitos del docente mediante el cumplimiento de normas, prácticas pedagógicas y relaciones sociales.

Conclusiones

Durante la formación docente los estudiantes desarrollan sus conocimientos teóricos y metodológicos de la ciencia que imparte y actitudes que le permiten ser ejemplo para sus discípulos.

En el proceso formativo de las carrereas pedagógicas la práctica pre profesional o práctica laboral ocupa un lugar vital, en esta etapa el estudiante pone en práctica los contenidos aprendidos en las aulas, a la vez que profundiza en las competencias: pedagógicas (planificación, organización, metodología, selección y uso de recursos, y evaluación de los aprendizajes), culturales, éticas, comunicativas, tecnológicas, investigativas y de autosuperación.

La práctica laboral docente es una oportunidad para relacionar la teoría con la práctica, mediante la acción-reflexión-acción, que está condicionada por múltiples factores; por lo que precisa del apoyo de los centros donde se lleva a cabo este ejercicio formativo y su articulación con la enseñanza superior. Es un proceso de retroalimentación, mediante el cual se perfecciona el proceso formativo, a la vez que contribuye a superar las limitaciones de los modelos pedagógicos. La praxis formativa favorece el desarrollo del ejercicio reflexivo del profesorado sobre sus prácticas de enseñanza, al ser un vínculo entre la academia y la escuela.

El docente es un elemento fundamental para el desarrollo social de cualquier país, su formación ha de ser un elemento crucial a tener presente por los gobiernos y Estado, quienes deben diseñar políticas públicas e implementar estrategias encaminadas al perfeccionamiento de los currículos de las carreras pedagógicas y en particular a la etapa pre profesional del proceso formativo; donde se tenga en cuenta las necesidades sociales, las características del sistema educativo y los enfoques innovadores del ejercicio de la docencia.

El perfeccionamiento de los currículos de formación de docentes debe considerar las limitaciones que poseen en el orden pedagógico y metodológico; así como tener en cuenta las experiencias obtenidas en la etapa formativa de la práctica pre profesional.

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Recibido: 20 de Febrero de 2021; Aprobado: 18 de Marzo de 2021

*Autor para correspondencia. E-mail: djativa2@utmachala.edu.ec

Los autores declaran no tener conflictos de intereses.

Los autores participaron en la redacción del trabajo y análisis de los documentos.

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