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Varona. Revista Científico Metodológica

versión impresa ISSN 0864-196Xversión On-line ISSN 1992-8238

Varona  no.72 La Habana ene.-jun. 2021  Epub 01-Jun-2021

 

Artículo original

Principales manifestaciones socio-culturales que atentan contra la educación de los niños, adolescentes y jóvenes desde la realidad social angolana actual

Main sociocultural trends that attempt against the education of children, adolescents and young adults in the current angolan social context

Rossana Katila Alfonso1  * 
http://orcid.org/0000-0001-7437-592X

Lisette Sallés Cabrera2 
http://orcid.org/0000-0002-1513-1113

Grasiel Castillo Duret2 
http://orcid.org/0000-0003-0848-7987

1 Luanda, República de Angola

2 Universidad de Ciencias Pedagógicas Enrique José Varona, La Habana, Cuba

RESUMEN

En el artículo se reflexiona sobre manifestaciones como el alcoholismo, la drogadicción, el abuso y acoso sexual, la prostitución y el embarazo precoz en el seno de la actual sociedad angolana, haciendo hincapié en el papel educativo de los padres, ya que estos constituyen la principal influencia en el comportamiento de los hijos en los diferentes grupos sociales a los que pertenecen. No cabe duda de que una infancia y juventud sin apoyo familiar acarrea grandes trastornos sociales. Cabe significar que su contenido constituye un breve resumen del análisis reflexivo-valorativo que los autores realizan acerca del tema abordado y que forma parte del libro Abra la puerta de su mente para educar a su hijo, el que se encuentra en la fase final de su versión al español.

Palabras clave: educación; proceso educativo; familia; sociedad

Abstract

The article reflects on manifestations such as alcoholism, drug addiction, sexual abuse and harassment, prostitution and early pregnancy in today's Angolan society, emphasizing the educational role of parents, since they constitute the main influence on the behavior of children in the different social groups to which they belong. There is no doubt that childhood and youth without family support brings great social upheaval. It should be noted that its content constitutes a brief summary of the reflective-evaluative analysis that the authors carry out on the topic addressed and that it is part of the book Open the door of your mind to educate your child, which is in the final phase of its Spanish version.

Key words: education; educational process; family; society

INTRODUCCIÓN

La prolongada guerra civil llevada a cabo por el pueblo angolano hasta alcanzar su total y verdadera independencia, aún después de haberse liberado del colonialismo portugués, trajo muy graves consecuencias a la infraestructura económica del país y, por consiguiente, a la educación. Escuelas destruidas, poblaciones enteras emigrando a zonas de paz, fundamentalmente a la provincia de Luanda, el desmembramiento de familias y su repercusión en niños, adolescentes y jóvenes, la ausencia de niños a las escuelas, entre otras, fueron algunas de esas consecuencias. La falta de maestros y la carencia de centros de formación de profesores agudizó la situación interna de las familias tanto en la ciudad como en el campo, problemática que aún subsiste a pesar de los grandes esfuerzos que desarrolla en Estado Angolano en favor de la educación del pueblo.

El deterioro del sistema educativo trajo serios problemas en la sociedad, traducidos en conductas antisociales en algunos sectores de la población, siendo los más afectados los niños, adolescentes y jóvenes quienes se convierten en blanco de disímiles actividades de corrupción por parte de personas inescrupulosas, que se esfuerzan en sacar ventajas de las contradicciones que subsisten dentro de muchas familias.

Múltiples son las aberraciones que aún se ponen de manifiesto en el trato que dan muchos adultos a la población infantil y joven, muy particularmente a las niñas y jovencitas. Las violaciones, la inducción a la prostitución, el acoso sexual, el uso de drogas, el alcoholismo y la violencia familiar son, entre otras, motivo de análisis reflexivo-valorativo en este trabajo, en el que se brinda un grupo de sugerencias y recomendaciones acerca de cómo enfrentar este flagelo, las cuales les pueden ayudar a las familias, a apaliar los nefastos resultados de tales comportamientos.

En el breve recorrido que se va a realizar se evidencia un grupo de factores sociales que inciden en el proceso educativo de las actuales generaciones de angolanos y que muy posiblemente no sean solamente privativos de la sociedad angolana, sino que pueden estar presentes en otros países de cualquier continente, tanto desarrollados como en vías de desarrollo.

DESARROLLO

Está demostrado que la educación es un proceso de carácter social que tiene lugar en una gran variedad de instituciones (la familia, el círculo infantil, la escuela, los orfanatos, las iglesias, las organizaciones políticas, los medios de comunicación social y la propia comunidad) las que se pueden complementar o no entre sí, pues educar implica, por parte de todas estas instituciones, concebir ideas, valores morales y modos de actuación que se traduzcan en convicciones ideológicas, políticas, principios de acción frente a situaciones reales y los desafíos de la vida práctica.

Educar no es una tarea fácil, requiere dedicación, buenos ejemplos y paciencia, no obstante, es gratificante saber que nadie escapa de este proceso, correspondiendo a los padres el papel fundamental en la educación de los hijos, donde los progenitores aúnan fuerzas para la educación y bienestar de los hijos, eliminando divergencias y demostrando actitudes fraternales.

Es importante expresar que se vive en una época en que las familias están muy enfocadas en la búsqueda y posesión de bienes materiales. Esta búsqueda trae una nueva realidad a la vida de los niños, adolescentes y jóvenes, quienes se convierten en víctimas de las profundas transformaciones sociales que resultan y que generan cambios en el modo de pensar, vivir y convivir, en valores éticos, que conllevan a una equivocada perspectiva de la calidad de las relaciones familiares y sociales. “Las familias se deshacen, las relaciones son calculadoras, nada importa más a no ser la ambición” (Santos, 2006: 150).

Como resultado de la disolución de las familias, el uso excesivo del alcohol y las drogas, el individualismo, la agresividad por motivos simples, la poligamia, la ausencia de paternidad, la falta de un adecuado seguimiento a la actividad escolar, el asedio o abuso sexual de menores, no son buenos ejemplos para los niños, adolescentes y jóvenes y no favorecen una buena educación de estos, así como un desarrollo individual saludable.

Ante esta realidad, las familias se preguntan: ¿Qué autoridad tienen sobre sus hijos? ¿Los valores y ejemplos que han estado transmitiendo son los mejores? ¿Qué atención dan a los hijos diariamente? ¿Qué relación afectiva tienen con sus hijos? y ¿Qué están ofreciendo a sus hijos?

La interacción entre los miembros de una familia (reunión para hacer reflexiones, dialogar, bromear, discutir amistosamente y decidir sobre los problemas de interés común), se han afectado por la vorágine de la vida diaria y por la evolución tecnológica que el mundo va teniendo.

El ansia de dar a los hijos un buen sustento y un mejor confort, o sea, no dejar que pasen por las mismas dificultades por las que pasaron sus padres o proporcionarles oportunidades que ellos no tuvieron, trae consigo que los padres les den la responsabilidad fundamental de cuidar los hijos a terceros (empleadas domésticas, abuelos, niñeras, adolescentes o personas contratadas, o personas dedicadas a actividades extra-escolares) reservando apenas para sí la compra de ropas, comida, la observación de la cartilla escolar (al final del año lectivo), el pago de propinas, presentes o viajes a los hijos, por lo que se puede observar una presencia de la función económica de la familia por encima de las demás funciones y poniendo a la función educativa en detrimento de las demás.

Con respecto a la responsabilidad de ser padre, se afirma que:

“Hoy no basta ser padre. Es preciso que ellos se preparen para ser educadores y ayudar a los hijos a construir un futuro del Alta Performance. Por eso, dar a los hijos ‘todo’ (bienes materiales) es una forma de dejarlos sin responsabilidad, siempre insatisfechos con lo que tienen, convirtiéndose en un individuo lleno de cosas, pero vacío de valores, experiencias y sensaciones (engañándolos sobre las dificultades de la vida) (Tiba, 2011:14).

Los padres deben saber que vale la pena mirar un poco más para ver mejor, que tiene poco sentido traer al mundo seres que vengan solamente para completar e iluminar nuestras vidas y no darles la importancia debida. La interacción entre padres e hijos ayuda a los menores a resolver asuntos básicos propios de su edad, así como a superar dificultades para obtener resultados positivos en el aprendizaje y madurez a medida que crecen.

Se puede entonces afirmar, que tener hijos es asumir una enorme responsabilidad, sobre todo cuando estos llegan a la adolescencia, donde la atención debe ser redoblada.

Se entiende que con la modernidad muchos quieran ser más liberales con los hijos, no obstante, según vale destacar que como expresa Viega:

“No hay educación de la libertad sin autoridad, porque ella solo es posible en un contexto de exigencia, seguridad, amor y confianza. La ausencia o exceso de autoridad produce en los educandos agresividad o apatía, sublevación o menosprecio, infantilismo o irresponsabilidad, desequilibrio, inseguridad, angustia […]” (Viega, 2007: 40).

La autoridad es una atribución inherente a los padres en su actividad educativa, la que debe ser ejercida con disciplina, sin dejar de ser amorosos con los hijos. Es primordial que los hijos reconozcan esa autoridad. No se trata apenas de obediencia, es por encima de todo entendimiento, afecto y respeto.

Las emociones constituyen un aspecto fundamental en el desarrollo humano. Por medio de ellas las personas expresan características de su personalidad, sus dificultades y aptitudes.

En la actualidad los hijos están expuestos a muchas sucesos diferentes, entre ellos, la intensidad del día a día en la vida de los adultos, que también forma parte de lo cotidiano de los hijos, los que tienen que despertarse temprano para ir a la escuela o al círculo infantil y verse envueltos en un exceso de actividades programadas, de modo que tienen el tiempo ocupado hasta la hora en que los padres puedan ir a recogerlos a la escuela para regresar a la casa, para verse envueltos en un exceso de actividades programadas, de modo que tienen el tiempo ocupado hasta la hora de dormir, sin que haya existido un intercambio afectivo entre padres e hijos.

Cada día que pasa las niñas dejan la inocencia, la ingenuidad y la pureza de la infancia de lado, para enfrentar un despertar precoz a la sexualidad, las vanidades (maquillaje, saya corta, zapatos con suela alta). Otras salen a vender diferentes artículos en las calles por la necesidad de la sufrida lucha por la supervivencia y otros son dejados bajo la supervisión de personas sin preparación, contratadas por los padres, quienes los colocan frente a la televisión para ver interminables dibujos animados o jugando a los más variados tipos de videojuegos.

Por otra parte, ya los adolescentes y jóvenes tienen acceso a muchas informaciones de todo tipo, con las que se involucran cada vez más, sin dar valor a la vida, consumiendo excesivamente bebidas alcohólicas u otras drogas, faltando a clases, llegando inclusive al suicidio, agrediendo y cometiendo homicidios sin temor alguno, donde todo les parece insignificante. Estos comportamientos inadecuados deben servir de alerta a los padres para que procuren ayudar a sus hijos. Como expresa Sayão: “Si las madres y los padres escucharan más a los hijos, y tuvieran con ellos un mayor vínculo y aproximación, entonces percibirían el momento de cambiar de estrategias. Ellos dan señales” (Sayão, 2016: 48).

Al tratar de llamar la atención de los padres a través del comportamiento autodestructivo, los hijos demuestran estar infelices, y por ello, inconscientemente, necesitan hacer algo más significativo que simplemente ser vistos, es así como creen que pueden recibir atención de los padres, incluso yendo por una vía errada. Muchas veces los padres perciben tardíamente esas prácticas negativas cuando el hijo ya se encuentra envuelto en determinadas situaciones, que les proporcionan aflicción por la nueva realidad de vida (drogas, prácticas sexuales degradables, robos, libertinajes y otros).

No está demás referir, que es en la familia donde se definen fundamentos de vida afectiva, valores morales y éticos necesarios para la vida espiritual y social, donde la preocupación por los hijos está por encima de las cosas materiales que no cubren las carencias afectivas. En el caso contrario sus perspectivas, valores, exceso de mimo y la sobre valoración de “tener” en lugar de ser, crean obstáculos en aspectos fundamentales de la personalidad de los jóvenes los que se vuelven más solitarios, individualistas y propensos a “consejos” externos que vienen en expresa búsqueda de oportunidades para imprimir la pedofilia y el tráfico de toda suerte de sobornos.

De este modo, los hijos precisan de menos bienes materiales y más atención y afectos, por eso con certeza afirma Viega que: “[… ] la presencia de una buena familia, hoy es mucho más necesaria que nunca, sobre todo en el campo afectivo” (Viega, 1997: 22). Así mismo, una de las formas de demostrarlo es el abrazo con cariño, expresar abiertamente cuan importantes son para nuestras vidas, que sepan que van a poder contar con el amor y el apoyo de los padres en los momentos buenos y difíciles, en lugar de expresar los sentimientos por medio de presentes o mensajes de texto, es eso lo que hace la diferencia en el desarrollo de los hijos.

A partir de lo expresado, se concuerda con Montessori cuando expresa que:

“[…] para tratar a los niños de un modo diferentes a como están siendo tratados, para salvarlos de los conflictos que ponen en peligro su vida psíquica y física es necesario, ante todo, dar un paso fundamental, esencial del cual depende todo: modificar al adulto” (Montessori, 2003: 23).

Para eso, es necesario crear la intimidad a través de un fuerte sentido de pertenencia familiar como:

  • Dialogue con los hijos sobre asuntos que se refieren a ellos, oyéndolos con atención, aunque no se concuerde (expresar sus ideas y proyectos). La confianza tiene que ser intercalada con el diálogo, el cariño, los momentos de diversión y desenfado.

  • Ejercite constantemente la tarea educativa, proponiéndose continuas reflexiones y autoevaluaciones diarias con los hijos, hasta que estos incorporen las reglas básicas de la educación a sus vidas. Aproveche los momentos cotidianos como la hora de cenar para hablar o percibir cómo transcurrió el día de los hijos (tanto lo alegre como lo triste).

  • Valore y elogie las cosas que los hijos han logrado hacer por su propio esfuerzo.

  • Participe de la vida social y escolar de los hijos, de sus sentimientos, dificultades y necesidades, para percibir el mundo en que están inmersos, a fin de evitar decisiones precipitadas o erradas. Hable con sus profesores para conocer su comportamiento en la escuela, así como en su grupo de amistades.

  • Converse y prepare a los hijos para dar respuesta a preguntas relacionadas con proyectos futuros, sexualidad, abuso sexual, embarazo, drogas y otros temas.

  • Hable abiertamente con los hijos en relación con sus actitudes, cuando note que lo que hace no está de acuerdo con los patrones familiares.

  • Evite dar presentes en exceso sin un motivo específico. Esta actitud puede dar al hijo la sensación de que siempre es fácil conseguir las cosas.

Los hijos también observan y cuestionan la conducta de los padres. Ellos entienden que los valores aprendidos son buenos si son practicados por los padres. En tal caso llevarán esos valores durante toda la vida.

Las constantes discusiones entre el padre y la madre, resultan dañinas, pues en muchos casos conllevan a agresiones físicas, tienen un impacto doloroso y dejan marcas indelebles en la vida de los hijos. Si sienten que los valores dados son violados por los padres, pueden querer buscar nuevos valores en otro lugar para construir un nuevo modelo de vida. De ahí la necesidad de un buen testimonio por parte de los padres, encargados de la educación y, posteriormente, de los profesores.

Muchas familias se están desintegrando, padres y madres se separan, se divorcian por cuestiones múltiples: financieras, personales, valores, celos, traiciones, conflictos entre los parientes, y los hijos estarán enfrentando dificultades debido a la infelicidad de los padres. Al respecto se señala que: “En esos casos, los niños acostumbran a quedarse sin una referencia segura y presentan reacciones indeseables, como la indisciplina […]” (Feijó, 2006: 66).

En la actual situación en que se vive no solo de crisis económica y financiera, sino también de degradación de valores, tanto ética como ciudadana, se precisa dar atención, cuidados y tiempo a los niños, adolescentes y jóvenes (de 0 a 24 años), que constituyen el grupo mayoritario de la población angolana, de acuerdo con los datos del censo de 2014.

Por todos es conocida la importancia del papel e influencia que la familia ejerce en la educación de los hijos, ya que constituye el eslabón fundamental en la continuidad del proceso educativo, el que es desarrollado en la escuela. La no participación de los padres en la educación de los hijos se refleja directamente en el trabajo del profesor, donde la falta de interés por las clases, las restricciones, indisciplinas y la violencia constituyen parte de la rutina escolar y los profesores se vuelven reformadores del mal comportamiento de los educandos lo que, en muchas ocasiones, los lleva al fracaso escolar.

En la actualidad se puede observar la ausencia de muchos padres en la vida escolar de sus hijos, lo que evidencia que no comprenden cuáles son sus responsabilidades y funciones en la educación social y escolar de los hijos. Muchos padres dejan a la escuela la total responsabilidad de educar a los hijos, exigen que el profesor transmita los valores morales, principios éticos y patrones de conducta, desde las buenas maneras de vestir hasta los hábitos de higiene personal. Eso no significa que los profesores no deban desarrollar vínculos afectivos con sus alumnos, por el contrario, los profesores sirven también de referencia en cuanto a conductas, valores y actitudes para sus educandos. Cuando ese vínculo se torna positivo, los alumnos lo llevan como modelo de conducta y de referencia a seguir en la vida.

La familia y la escuela necesitan unirse en un objetivo común, el éxito escolar tanto académico como afectivo, en la preservación de valores, los que son muy importantes en la vida del educando.

Lamentablemente, en estos días la actuación e interacción entre la familia y la escuela se resume en encuentros rápidos, en reuniones formales en las que no se toma en cuenta que las consecuencias de un mal comportamiento de los alumnos se reflejan directamente en el resultado de su aprovechamiento académico.

Cuando los hijos llegan a la adolescencia y a la juventud, aumentan las preocupaciones de los padres. Drogas y sexo devienen reglas, convirtiéndose en objetivos de prevención, ya que son consideradas unas de las combinaciones más atractivas y peligrosas a la vez.

Las drogas ganan espacio en el seno de la familia a un ritmo preocupante. Cada vez más son los niños que están expuestos y participan en su comercio y consumo. El alcohol (droga legalizada y socialmente aceptada) se acostumbra a ser la primera en experimentarse por los niños, adolescentes y jóvenes, sea por incentivo de los propios familiares, seducción de personas extrañas, por presión de los amigos o por la simple exposición a ella. Así mismo se señala:

“En nuestras calles observamos el atropello cruel, sin compasión, de los más elementales valores morales. Los jóvenes beben de día y de noche de manera desmesurada. Con la bebida van a la prostitución, la droga, y todo esto combinado provoca violencia, agresiones, golpizas, y toda la podredumbre que vemos día a día” (Kundongende, 2013: 46).

La prevención es un paso positivo para evitar y generar problemas resultantes de la adicción, por lo que es necesario que la familia promueva el vínculo adecuado con los hijos y tenga hábitos saludables de vida. Los padres pueden promover actitudes correctas en los hijos en cuanto a la sexualidad precoz, el consumo de bebidas alcohólicas y otras drogas. Por esta razón se sugiere a los padres:

  • Converse con ellos de forma clara y honesta sobre los riesgos y males que trae el consumo del alcohol y drogas, haciendo mención a situaciones que sean palpables de manera cotidiana, que son presentadas en la televisión, vividas en el barrio o en la escuela.

  • Valore el modo cómo ellos se conducen, guíelos en la búsqueda de ideas, ayúdelos a tener objetivos y metas de vida, enséñelos a autovalorarse, preste más atención a sus conversaciones, las que deben estar de acuerdo a la edad de los hijos.

  • Háblele de los efectos sociales y nocivos del consumo de drogas en la salud física, mental y emocional de la persona, la ocurrencia de cirrosis hepática, trastornos mentales, síndrome alcohólico fetal y enfermedades cardiovasculares, principalmente en aquellos que aún están en pleno desarrollo, lo que provoca gran inestabilidad, afectando muchas áreas de la vida.

  • Infórmele que el uso de bebidas alcohólicas u otro tipo de droga disminuye la posibilidad de ser un buen sucesor familiar, o no deja alcanzar lo que desea en la vida y dificulta el aprendizaje en la escuela.

  • Alerte acerca de la tentación y la presión de los amigos y colegas para usar la droga y aún más, no permitir que otros los manipulen o tomen decisiones por ellos. Además de eso debe informales que el tráfico y consumo de drogas es ilícito, que es penado por la ley.

No siempre hay señales palpables de alertas específicas que puedan indicar, con certeza, que alguien está consumiendo alcohol u otras drogas. No obstante, de acuerdo con los especialistas, observando el comportamiento de la persona se pueden verificar algunos indicios como:

  • Quedarse hasta altas horas de la noche fuera de la casa.

  • Mentiras sucesivas.

  • Ausencias frecuentes a la escuela y verificado descenso en su desempeño en la escuela.

  • La inexplicable necesidad de dinero, o la desaparición de dinero u objetos de valor.

  • Disminución en la frecuencia de participación en las actividades escolares o académicas, así como de la interacción con la familia.

  • Cambios súbitos y perceptibles en amigos.

  • Cansancio y cambio en los hábitos de sueño.

  • Alteraciones en los hábitos de alimentación.

  • Uso de desodorantes y perfumes para disfrazar el olor.

  • Falta de concentración.

  • Ojos vidriosos o con sangre.

  • Letargo o pérdida de la motivación.

  • Desinterés por la apariencia física y la higiene personal.

Todas estas manifestaciones pueden llevar al descubrimiento de la presencia del consumo de drogas o bebidas alcohólicas en los hijos, quienes adoptan cualquier tipo de medida para encubrir sus efectos y pasar inadvertidos ante los padres, la familia, la escuela y la sociedad, donde la diversidad socio-cultural está presente en sus más amplias manifestaciones.

En la actual sociedad globalizada conviven personas de culturas diferentes, con distintos valores y convicciones religiosas. Las nuevas concepciones familiares, así como las relaciones entre los individuos en el medio familiar y social, reflejan en gran medida esos cambios

Frecuentemente son conocidos actos de violencia y abuso sexual a menores, hechos por adultos que seducen y fuerzan a niños y adolescentes a un involucramiento sexual, esto es, las víctimas son coaccionadas o persuadidas por un seductor, que puede ser hombre o mujer, que consigue atraerlos con promesas, sobornos, apariencia física, entre otras inescrupulosas artimañas.

El abuso sexual en la infancia, generalmente, causa relaciones emocionales complejas en las víctimas, muchas veces más significativas de carácter físico. Los efectos psicológicos del abuso sexual pueden ser desbastadores e infelizmente se mantienen hasta la edad adulta. Los niños y adolescentes no están preparados física, cognitiva, emocional y socialmente para enfrentar una situación de violencia sexual. No es una experiencia de la cual el niño o el adolescente se olvida. Los que han pasado por vivencias de este tipo en ocasiones repiten el ciclo de victimización, lo que tiene un impacto intergeneracional.

Por lo que se acaba de exponer, es preciso acabar de romper el silencio, apoyar a las familias que pasan por esa lamentable vivencia, abordar con mayor frecuencia el tema, llevando a las personas a la comprensión del problema, fortalecer la educación de niños, adolescentes y jóvenes sobre este particular para que sepan decir no y denunciar cualquier tentativa o comisión de abuso sexual ocurrida consigo mismo o con alguna amiga o amigo, porque, como dice Kundongende: “La generación venidera será el resultado de las actitudes y acciones que desarrolle la generación precedente. No existe ninguna generación que haya venido de Marte o de cualquier otro planeta […]” (Kundongende, 2013: 68).

El futuro de una sociedad está íntimamente ligado al desarrollo de las nuevas generaciones. Si estas no se integran de manera decisiva a la propia sociedad, a través de su conciencia y responsabilidad personal, el futuro se encaminará hacia un camino oscuro, de repetidas faltas, insubordinaciones y liderazgos corrompidos.

Si nuestros hijos logran convertirse en ciudadanos conscientes, honestos y responsables, teniendo estos valores morales y cívicos, estrechamente vinculados a su personalidad, entonces podrán alcanzar excelentes resultados académicos y podrán llegar a ser brillantes profesionales. Por tal motivo se enfrenta el desafío de fortalecer los estudios sobre una buena base familiar, para que en poco tiempo se tenga un país libre de las dificultades y los males con los que se debate actualmente. Se concuerda con lo que se expresa en el libro Almanaque de los Pensamientos: “Todos estamos pensando en dejar un mundo mejor para nuestros hijos […] ¿Cuándo es que pensaremos en dejar mejores hijos para nuestro mundo?” (Azevedo, 2011: 10).

CONCLUSIONES

Finalmente vale decir, que existen diferentes factores sociales, culturales, económicos, religiosos y políticos que influyen en la transformación del núcleo familiar. No obstante, no es la desintegración familiar lo que causa mayor perjuicio, pero si la desorganización familiar, la falta de “pulso” y tiempo de los padres y otros encargados de la educación, para dialogar y dedicarse a los que dependen de ellos, porque ser padres no se resume solamente en el factor biológico, es mucho más que eso, es una misión, es una enorme responsabilidad social que hay que asumir con esfuerzo, dedicación y mucho ejemplo positivo.

La discusión acerca de la falta de amor al prójimo, tolerancias, abusos sexuales, desmotivación, la falta de respeto de los hijos por las normas sociales, entre otras, no siempre es objeto de análisis y debates en las escuelas, la radio y la televisión. Por esta razón se alerta a los lectores que no deben considerar este trabajo como un producto acabado sino un acercamiento al problema y a su vez, un incentivo para continuar en beneficio de las más jóvenes generaciones de angolanos. El propio desarrollo científico-investigativo acerca de esta problemática nacional, traerá nuevas reflexiones y sugerencias encaminadas a ayudar a las familias en la educación primaria e informal de los hijos.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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Feijó, C. (2006). Os 10 erros que os paiscometem. Novo Século Editora, SP. [ Links ]

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Recibido: 17 de Enero de 2021; Aprobado: 02 de Abril de 2021

* e-mail: katilanunes16@gmail.com / lisettesc@ucpejv.edu.cu / grasielcd@ucpejv.edu.cu / grasielcd31@gmail.com

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Los autores somos responsables del contenido recogido en el artículo y en él no existen plagios, conflictos de interés ni éticos.

Rossana Katila Alfonso: revisión de todo el contenido, asiento de la bibliografía y tratamiento informático.

Lisette Sallés Cabrera: redacción del artículo y fundamentos teóricos-metodológicos.

Grasiel Castillo Duret: revisión de todo el contenido y asiento de la bibliografía.

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