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versão On-line ISSN 2411-9970

ARCIC vol.7 no.16 La Habana maio.-ago. 2018

 

Dossier Monográfico

Efectos socio-culturales del turismo en ciudades patrimoniales: los casos de Venecia, Cusco y la Ciudad de México

Socio-cultural effects of tourism in historic cities: the cases of Venice, Cusco and Mexico City

Dra Norma Barbacci1 

1Norma Barbacci Preservation Consultants LLC. Correo electrónico: nbarbacci@gmail.com

Resumen

El trabajo aborda, mediante casos de análisis, la relación turismo/patrimonio, desde un punto de vista humanista, como proceso interconectado con mediaciones económicas, demográficas, urbanísticas y sociales. Centra su reflexión en los cambios que sufren como generalidad, los centros patrimoniales convertidos en centros turísticos, bajo la tipología de turismo cultural, en vínculo con políticas públicas y las prácticas culturales e ideológicas de sus habitantes.

Palabras clave: centros patrimoniales; turismo cultural; turismo no-controlado

Abstract

This paper addresses, through case studies, the relationship tourism-heritage, from a humanistic point of view, as an interconnected process with economic, demographic, urban and social implications. It focuses its reflection on the changes that heritage centers generally suffer, when they become tourist centers, under the typology of cultural tourism, in connection with public policies and cultural and ideological practices.

Keywords: Historic centers; cultural tourism; uncontrolled tourism

1. Introducción

El turismo como sector decisivo para las economías nacionales es un fenómeno relativamente nuevo, si bien en muy corto tiempo se ha convertido en un elemento esencial en nuestras sociedades con implicaciones directas sobre nuestro modo de vida. Según la Organización Mundial de Turismo (OMT o WTO en Inglés), el turismo genera el 10 % del PIB mundial (Producto Interior Bruto) o 1 de cada 10 puestos de trabajo. En el año 2016, se arribó a 1,235 millones de turistas internacionales y se predice que en el 2030 se llegaran a los 1.8 billones. La Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el año 2017 como “Año Internacional del Turismo Sostenible para el Desarrollo”, con el objetivo de enfatizar que el crecimiento de esta industria viene acompañado de responsabilidad (World Tourism Organization, 2016, p.5).

Desde la creación del programa Watch de World Monuments Fund (WMF) en 1996, hasta la publicación de la lista Watch del 2016, WMF recibió más de 2000 nominaciones de sitios de patrimonio cultural en peligro, en las cuales un alto porcentaje menciona al “turismo no-controlado” como uno de los problemas que amenazan al sitio propuesto. Además, recientemente se ha visto un incremento en la publicación de noticias relacionadas a varios destinos en las que se habla de "turismofobia," acompañadas de protestas contra la "invasión de los turistas" y la exclusión de la población local por parte de empresas turísticas.

El efecto económico del turismo ha sido ampliamente medido y estudiado y no es el tema de este artículo, mientras que, los efectos del turismo en la sociedad y la cultura de las comunidades receptoras ha sido menos abordado como agenda investigativa y sus resultados son más difíciles de cuantificar, lo cual no excluye que sea un tópico de gran importancia para la sostenibilidad de los centros históricos como “centros vivos”. Amén de que su análisis permite visualizar los nexos entre las distintas dinámicas sociales que lo estimulan, sostienen, y legitiman en su condición de sector económico estratégico, en un contexto global de reposicionamiento de las industrias de los servicios; este tema admite ser desarrollado desde tres casos de análisis internacionales: Venecia, la Ciudad de México y Cusco.

2. Turismo Cultural y las Cartas Internacionales

El propio desarrollo del turismo a nivel global, sus modalidades de operación, así como su encargo y la especialización de los agentes y actores involucrados (Estado, Ministerios, Comunidades, Asociaciones Gremiales, Empresas, PYMES, entre otras organizaciones) ha ido progresivamente generando una complejidad estructural que ha demandado una contraparte legislativa y regulatoria, la cual ha ido evolucionando y ganando en una visión más abarcadora y dúctil de una actividad, para la cual la cultura se convierte en un eje medular.

En las Normas de Quito, documento producido por el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS) en 1967, el turismo aparece como la salvación del patrimonio cultural y una vía para el progreso, y propone la rehabilitación y puesta en valor de monumentos y la introducción de infraestructura para el turismo.

En 1976, el Comité Científico sobre Turismo Cultural del ICOMOS define al turismo cultural como aquel cuyo objetivo principal es el descubrimiento de monumentos y sitios. Además de esta definición, considera que las tradiciones, usos y costumbres de un pueblo, así como su folklore y artesanías forman parte del patrimonio intangible, que es también motivación del turismo cultural.

En 1999 ICOMOS reemplazó la Carta del 1976 con una nueva Carta Internacional del Turismo Cultural. La carta original se concentró en el manejo de las tensiones entre los turistas en sitios de patrimonio y aquellos encargados de su protección. Los turistas eran considerados por muchos conservacionistas como una amenaza a la integridad física y atmosférica del sitio, mientras que la carta del 99 promueve el concepto de que una de las razones más importantes de la conservación es hacer conocer la importancia del patrimonio de una forma controlada.

2.1. Principios de la Carta del Turismo Cultural:

  1. El turismo internacional y doméstico es uno de los más importantes vehículos de intercambio cultural, por lo tanto, la conservación ofrece la oportunidad de experimentar y conocer de cerca el patrimonio tanto para la comunidad anfitriona como para el visitante.

  2. La relación entre patrimonio y turismo es dinámica y a veces conflictiva, y debe ser manejada en forma sostenible por las generaciones actuales y futuras.

  3. La conservación y el plan de desarrollo turístico deben asegurar que la experiencia del visitante sea provechosa, satisfactoria y agradable.

  4. Las comunidades y grupos indígenas deben ser tomados en cuenta en el planeamiento de la conservación y el turismo.

  5. Turismo y conservación deben beneficiar a la comunidad anfitriona.

  6. Los programas de desarrollo turístico deben proteger y mejorar las características del patrimonio natural y cultural.

En ambos casos, el acceso a los bienes patrimoniales es considerado como un derecho y un privilegio que conlleva la responsabilidad de respetar los valores del patrimonio cultural y natural, así como los intereses y patrimonios de la comunidad anfitriona.

2.2. Turismo en los Centros Históricos

Las conclusiones del Coloquio de Quito, encuentro organizado por UNESCO/PNUD en 1977, define a los centros históricos como “aquellos asentamientos humanos vivos, fuertemente condicionados por una estructura física proveniente del pasado, reconocibles como representativos de la evolución de un pueblo. Los centros históricos, por sí mismos y por el acervo monumental que contienen, representan no solamente un incuestionable valor cultural sino también económico y social. Los Centros Históricos no solo son patrimonio cultural de la humanidad, sino que pertenecen en forma particular a todos aquellos sectores sociales que los habitan” (Carta de Quito, 1977).

El patrimonio edificado se considera cada vez más, como un capital que puede generar beneficios económicos y sociales, pero la preservación del patrimonio ha dejado de ser una tarea del Estado y de algunos grupos filantrópicos para convertirse en una tarea que involucra a la inversión privada (Casos: Empresa de Desarrollo del Centro Histórico de Quito y el Fideicomiso Centro Histórico de la Ciudad de México).

Los centros históricos son uno de los destinos turísticos más antiguos, pero a la vez están siendo desarrollados como “nuevos productos” en el marco de la economía globalizada. Es importante entender que las funciones y el tejido social de los centros históricos o mejor dicho las “ciudades históricas” no fueron construidos para el turismo, por lo que la rehabilitación o mejora física de estos conjuntos patrimoniales, con el objetivo de recibir visitas debe ser evaluada de acuerdo a la distribución de costos y beneficios de la actividad turística entre los diferentes actores, así como los riesgos para el patrimonio.

El turismo indudablemente genera empleos y puede reforzar la identidad local, pero también constituye un riesgo cuando los sitios patrimoniales carecen de infraestructura, o planes de manejo apropiados. Sin un control cuidadoso, el patrimonio se puede banalizar a causa de las demandas de los turistas, los residentes de bajos recursos son desplazados, y las actividades populares son reemplazados por otras actividades para el consumo de habitantes de mayores recursos, resultando en la gentrificación.

En este escenario, los programas de aprovechamiento turístico del patrimonio cultural profundizan la desigualdad social ya que los empleos generados son temporales y los costos de vida suben porque las ganancias no son revertidas en la comunidad (Casos: Antigua Guatemala, Cartagena de Indias, San Miguel de Allende).

“El turismo es un consumidor intensivo de territorio y por lo tanto debe planificarse su desarrollo con una visión urbanista que precise que objetivos económicos se quieren cumplir, que espacios hay que proteger y que identidad se quiere poseer” (Ballart y Juan, 2001, p. 204).

“Si se respetan las prioridades, se planifica considerando lo permanente, interno, propio, esencial y resultante de la vida de los actores permanentes. Entonces el patrimonio cumple un servicio para la comunidad y hace sostenible el centro histórico y la ciudad en sí misma. Luego puede cumplir válidamente otros roles, como es el caso de su uso turístico. El “turista”, a diferencia del poblador local, es temporal, externo, ajeno a los procesos locales, y por lo tanto no forma parte de los valores esenciales de la vida de la ciudad histórica. Cuando se plantean las prioridades invertidas y el turista pasa a convertirse en el centro del proceso de planificación, se comienza a gestionar el patrimonio y la vida ciudadana priorizando lo que no es esencial a la ciudad; se distorsiona el patrimonio tratando de hacerlo más atractivo para el visitante, la cultura viva se convierte en espectáculo, y el poblador local se ve envuelto en una lógica esquizofrénica por la que debe “complacer” a cada momento al “turista” cuando este es absolutamente cambiante (hoy el turista es un grupo de japoneses, mañana de brasileños y pasado mañana de anglo-sajones... ¿Cómo pretender que se complazca a todos por igual?)” (Martorell, 2012, p. 127).

3. Casos de análisis

3.1. Venecia, Italia

La ciudad de Venecia, declarada Patrimonio de la Humanidad en 1987, es el principal destino turístico de la Región del Véneto y un ejemplo de destino turístico maduro, pero bajo el riesgo permanente de superar su capacidad de carga. La población nativa de la ciudad disminuye progresivamente, mientras que la oferta hotelera crece en forma exponencial (Juan, 2004, p. 82). En 1950 Venecia tenía alrededor de 175,000 habitantes permanentes y actualmente solo tiene alrededor de 50,000 habitantes, por tanto el turismo le ha robado a Venecia más habitantes que la peste del siglo XVII, la cual cobró la vida de unos 50,000 venecianos (La Actualidad, 2017). A este ritmo, se estima que para el 2030 no quedará ni un veneciano nativo en la ciudad.

Por otra parte, Venecia recibe alrededor de 30 millones de visitantes al año y las aglomeraciones de turistas son particularmente intensas entre los meses de mayo a setiembre, especialmente a causa de los enormes cruceros que desembarcan a miles de turistas cada fin de semana. En 1999 los turistas de cruceros en Venecia no llegaban a 100,000, mientras que en el 2010 llegaron a mas de 1.6 millones al año, y sus residentes se quejan de que los “gigantescos condominios flotantes” distorsionan el perfil histórico de la ciudad (Melleli, 2012).

Estas condiciones hacen que la vida en Venecia sea insoportable para los locales, por lo cual, con la intención de controlar el flujo desbordante de turistas, en el 2015 los isleños votaron contra el ingreso de los cruceros en el Canal de la Giudecca (3 meses después la ley fue derogada por el gobierno Regional) y en el 2017 se aprobó un sistema de acceso con boletos para el área de la Plaza de San Marco, pero la medida es poco popular entre los residentes. Mientras tanto, los venecianos continúan vendiendo sus casas para que sean convertidas en restaurantes, hoteles y venta de souvenirs y muchos edificios históricos son restaurados gracias al alquiler de vallas publicitarias que ocultan sus fachadas durante meses.

Los beneficios que traen los visitantes son un arma de doble filo que hace que la ciudad esté perdiendo su identidad primigenia. El dialecto veneciano se oye cada vez menos en sus calles, ahogado por una mescolanza de chino, inglés y los demás idiomas que hablan los viajeros de los numerosos cruceros turísticos. Según Jonathan Keates, presidente de la organización “Venecia en Peligro,” el plan para preservar Venecia debe controlar el turismo, imponer altos impuestos turísticos, incentivos fiscales para pequeños negocios y precios asequibles para vivienda. “Venecia necesita que los pies de sus residentes pisen el suelo, que los niños jueguen en sus campos, que sus viejos se sienten en las bancas... que sea una ciudad italiana propiamente dicha, como la conocemos” (CNN Español, 2017).

El ministro de cultura italiano, Darío Franceschini comentó al New York Times:"Necesitamos salvar su identidad. La belleza de las ciudades italianas no es solo la arquitectura, sino también sus actividades, sus tiendas, sus talleres. Una belleza que dejará de existir si llega el día en que en Venecia ya no queden venecianos” (Horowitz, 2017).

Según Paolo Motta, especialista en urbanismo: “Manejar el turismo de cruceros en Venecia significa también preservar el tejido social y asegurar la calidad de vida de la comunidad. La planificación integral y la colaboración entre entidades es necesaria para examinar la posible reubicación de los terminales de crucero y su infraestructura conexa y desarrollar nuevas modalidades de tránsito y acceso a la ciudad con miras a filtrar mejor el flujo de visitantes del centro histórico y alentar la contribución a la economía local” (Motta, 2013, p. 95).

Las autoridades venecianas han tomado finalmente conciencia de la escala del problema y han presentado un proyecto de ley que prohíbe la construcción de nuevos hoteles, y están considerando un plan para trasladar el terminal de cruceros a un emplazamiento industrial al que se llega por un canal que está lejos de la zona histórica, lo cual tendrá un costo astronómico del orden de miles de millones de dólares (Pelzer, 2012, p. 122).

Sin duda alguna, Venecia es un dramático ejemplo de que en turismo también se puede morir de éxito (Moyano, 2017).

3.2. Centro Histórico de Cusco, Perú

La ciudad del Cusco fue la capital del más extenso imperio del nuevo mundo hasta su conquista en 1532. Durante los siglos siguientes, los españoles transformaron la ciudad Inca en una nueva metrópolis, combinando tradiciones barrocas y andinas. Para el siglo XVIII, Cusco se había convertido en la segunda ciudad más grande de Sudamérica y en 1983, la ciudad del Cusco fue incluida en la Lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO por su autenticidad e integridad arquitectónica y urbanística.

Actualmente, la ciudad histórica se enfrenta a realidades y problemas modernos debido al crecimiento tanto de la población como del turismo, razones por las cuales, el Centro Histórico del Cusco fue incluido en la Lista Watch de World Monuments Fund, en los años 1996, 2000 y 2002.

Lisy Kuon, historiadora del Arte y nativa del Cusco, describe los actuales problemas sociales existentes en la ciudad, principalmente asociados al incremento incontrolado del turismo:

3.2.1. Prostitución y Drogas

“La prostitución juvenil, ligada a la venta y consumo de drogas se da incluso a plena luz del día en la Plaza Mayor de Cuzco, con la venia o desentendimiento de las autoridades, y los establecimientos de servicios turísticos como los que ofrecen “masajes,” son lugares que encubren la prostitución juvenil y se los encuentra en todos los circuitos turísticos de la ciudad histórica. Hace unos 30 años apareció, en la jerga de la sub-cultura turística, la palabra “brichera,” calificativo para las jóvenes que buscan compañía u obtener beneficios de los extranjeros, en bares, discotecas y lugares de diversión nocturna. En mi concepto es una prostitución encubierta, aunque se han dado casos que muchas jóvenes lograron un matrimonio a través de este mecanismo. Esta palabra proviene de la palabra “hembra” jerga que usan o usaban los varones en la segunda mitad del siglo XX para referirse a la mujer y derivó en “hembrichi”, “brichi” y finalmente brichera” (Lisy Kuon, 2018).

Un informe sobre “turismo sexual” en Perú, indica que las ciudades con mayor incidencia de este delito son: Cusco, Loreto y Madre de Dios. Según el informe, mafias organizadas contactan a través del internet a visitantes extranjeros para ofrecer este tipo de servicios, mientras que, a nivel local, los hoteles y alojamientos actúan en forma complicita en este tráfico de personas, quienes son en su mayoría adolescentes (Congreso de la Republica del Perú, 2016).

3.2.2. Incremento del Costo de Vida y Segregación

“Como en toda ciudad turística, el costo de vida se incrementa. Los locales de servicios turísticos en el centro histórico se rentan a precios altísimos, por ende, los precios de servicios como hoteles, bares restaurantes, son sumamente caros para el ciudadano cuzqueño medio que no tiene acceso a ellos. En muchos casos, los servidores de restaurantes, bares y similares, preferirán atender al extranjero que, al cliente local, porque los extranjeros dejan mejores propinas. La consecuencia de este fenómeno es el cambio de uso del suelo urbano en el Centro Histórico. Hasta hace unos 40 años atrás era principalmente de vivienda y uno que otro servicio turístico. Al poder rentar una vivienda para uso de servicio turístico a precios altos, es evidente que el propietario cambia de residencia a otro lugar pues tendrá un alto beneficio económico que no querrá perder” (Lisy Kuon, 2018).

UNESCO confirma esta apreciación de Kuon indicando que “los factores que amenazan los atributos de la Ciudad de Cusco no han afectado la autenticidad de sus elementos básicos. Sin embargo, el desarrollo del nuevo turismo está amenazando la preservación y la capacidad funcional de los edificios antiguos, que en algunos casos son alterados o reemplazados por nuevos edificios para el turismo y el comercio, reubicando a los habitantes originales a la periferia” (UNESCO, 2013).

3.2.3. Congestión

“El comercio ambulatorio de “souvenirs” que pocas veces es controlado por la autoridad, se ha vuelto una pesadilla para el viandante que no puede transitar con facilidad porque las veredas se vuelven zonas de comercio al paso” (Lisy Kuon, 2018).

3.2.4. Corrupción

“La corrupción en el sector turismo es impresionante, si no hay una “comisión” de por medio, ya sea al chofer o guía turístico a conductor de grupo, por parte de los empresarios hoteleros, agencias de turismo, guías, choferes u otros, este servidor no dejará que los visitantes opten democrática y libremente por escoger un servicio en vez de otro o un comercio por otro, etc.” (Lisy Kuon, 2018).

La Contraloría General de la Republica confirmó esta apreciación al denunciar la colusión entre una empresa privada y el Comité de Servicios Turísticos Integrados Culturales delCusco (COSITUC), entidad adscrita al Ministerio de Cultura, en la adquisición del boleto turístico (El Comercio, 2015).

Según Alberto (2012), abogado peruano, especialista en Patrimonio: “La experiencia turística debería contribuir a inspirar en los turistas y en los pobladores locales formas reales de acercamiento, que generen verdaderos encuentros de valores humanos. Bajo la lógica veloz, y feroz, de la globalización centrada en el flujo del dinero se rompe esa posibilidad. El poblador local se despoja de su autenticidad para “disfrazarse de sí mismo”. La ciudad cambia sus usos y disfraza sus barrios más auténticos, en espacios de moda superficial y prácticas banales. Por un lado, todas las técnicas imaginables para hacer que el visitante “gaste más” en nuestra ciudad determinada, son válidas. Y eso trae muchas veces verdaderas lacras sociales, como la prostitución y la mendicidad. Por otro, el turista es tratado como si fuera un ser superior y con derecho a obtener todo lo que su dinero permita. La oportunidad del encuentro humano se ve rota por la lógica del negocio” (p.128).

3.3. Centro Histórico de México, México

La ciudad de México posee un extraordinario legado cultural de muchos siglos de historia. Sin embargo, por casi 5 décadas, su Centro Histórico sufrió el abandono de sus instituciones y un proceso de degradación física, el cual se empezó a revertir en los años 80s, especialmente a causa del descubrimiento de la piedra de Coyolxauhqui y la recuperación del Templo Mayor (Nivón y Sánchez, 2014, p.54). En 1980 fue reconocido como zona de monumentos y en el año 1997, como Patrimonio Cultural de la Humanidad en reconocimiento a su autenticidad como ciudad viva, y a su integridad como conjunto urbano.

En los últimos 15 años se ha emprendido un gran esfuerzo para su rehabilitación, incluyendo: el mejoramiento del espacio público, la renovación de redes de infraestructura, la recuperación y rehabilitación de edificios, la conformación de nuevos equipamientos, el mejoramiento de la movilidad y de la calidad urbana, la atención hacia factores de riesgo, la introducción de nuevas tecnologías en los servicios y espacios públicos, así como la reactivación económica.

Es necesario considerar como factores importantes en la recuperación del centro histórico de México, que a pesar de su abandono y deterioro, este nunca perdió su alto valor político-simbólico, y que las autoridades y gestores a cargo de su manejo y protección fueron capaces de integrar dos proyectos de recuperación: el elitista y el popular, lo cual ha permitido mantener la habitabilidad del centro y “el mantenimiento del Centro Histórico como símbolo político y su conversión en un paseo al que acuden alrededor de un millón de personas los fines de semana” (Nivón y Sánchez, p.56).

René Coulomb, anterior director del Fideicomiso del Centro Histórico de México, entidad privada creada en 1990, ilustra en este cuadro las tensiones entre estas dos visiones de un centro histórico:

Coulomb propone que, para poder alcanzar la sustentabilidad de la actividad turística en un centro histórico, es necesario actuar en estos tres campos: a) el fortalecimiento de los espacios públicos, b) el desarrollo socioeconómico de la población residente y c) la revitalización de la función habitacional. Para esto sugiere repensar el “centro histórico” como “ciudad histórica” la cual, como tal debe mantener la heterogeneidad de los usos del suelo y funciones urbanas, y la pluralidad socio-económica de sus habitantes y actividades. “La gestión sustentable de la actividad turística no puede lograrse sin una gestión integral del desarrollo urbano, la cual remite a la visión que se tiene para el futuro desarrollo de la ciudad histórica. Visión que no puede ser estática, de puro conservacionismo museístico, sino de desarrollo dinámico” (Coulomb, 2012, p. 4).

De acuerdo a la Dra. Moreno Toscano, anterior directora de la Autoridad del Centro Histórico de México, entidad pública establecida en el 2007 para gestionar el Centro Histórico:

“Elevar la calidad de los centros históricos implica mejorar las condiciones en que se desarrollan las actividades cotidianas; lo cotidiano es, a su vez, atractivo por sí mismo para el turismo. Una experiencia aprendida en el Centro Histórico de la Ciudad de México es que los visitantes no necesariamente asisten a espacios urbanos como los centros históricos por la oferta cultural que ofrecen; ésta más bien es un complemento en sus recorridos. El principal atractivo de los centros históricos es lo común de la vida y de la sociedad local, su vitalidad urbana. Por ello, desde la perspectiva del turismo, es tan importante que el mejoramiento de los centros históricos forme parte de las políticas urbanas y sociales de las ciudades, para asegurar que los habitantes se apropien y den vida a estos espacios: sólo así entonces los turistas encontrarán esa autenticidad como un atractivo para su visita. La revitalización es un proceso en el que todos deben ser ganadores” (Moreno Toscano, 2012, p. 138).

Toscano además sugiere que las políticas públicas de mejoramiento y revitalización integral en los centros históricos implican una actividad sostenida a lo largo de años, y recomienda evitar la producción de atracciones que no encuentran referencia en la autenticidad de estos sitios, lo que implica un gran esfuerzo y costo para mantenerlas activas.

Si bien todas las voces autorizadas no convergen en una mirada común. Al respecto el panorama que Alonso Vera Cantú (2018), especialista en turismo y habitante de la Ciudad de México, refiere de su urbe, puede ser un aliento para apreciar nuevos derroteros a la hora de enfrentar los diseños de producto e incluso para el diseño de políticas locales, en base a experiencias, trayectorias propias y análisis cruzados a partir de estudios de casos comparativos.

“El Distrito Federal es una ciudad muy densa y compleja, y el Centro Histórico (CH) sigue siendo un “barrio bravo” donde el crimen es común. El turismo no es un problema para sus habitantes, ya que no ha sido muy invasivo y se ha invertido mucho en el patrimonio. Hubo proyectos de iniciativa privada para incrementar la vivienda de artistas con el objeto de “gentrificar” el centro y atraer al turismo, pero esto no ha prosperado mucho. El Centro es principalmente un punto de encuentro para manifestaciones políticas, como lo fue desde tiempos inmemoriales. La principal clientela es un turismo nacionalista, simbólico, local. Todavía existen servicios que hacen al CH único como sombrereros, cafés históricos y dulcerías antiguas. El CH es todavía un atractivo para los locales y nacionales, es auténtico, no es un espacio domesticado con letreros en todos los idiomas, mantiene su peligrosidad y autenticidad, donde no todos hablan inglés... El turismo internacional que viene, es muy conocedor y exquisito, no es masivo. No hay muchos servicios orientados al turista internacional, pero hay suficientes galerías, restaurantes y productos sofisticados para este tipo de consumo. Los problemas sociales del turismo en México solo se ven en los destinos de sol y playa, no en los centros históricos - estos todavía no están colmados o rebasados de turismo. El reto ha sido entender y apoyar la vocación y personalidad del sitio histórico. La cultura no debe estar al servicio del turismo, sino que el turismo debe contribuir a la prosperidad de la cultura. De otra manera la cultura se adapta a la demanda y gustos de los turistas lo cual afecta la calidad de la artesanía, la gastronomía, etc. La vocación del destino, la capacidad de apreciación del visitante y la capacidad de carga de los sitios son los temas más importantes a tener en cuenta” (Vera Cantú, 2018).

4. Conclusiones

  • El turismo masivo puede ser una causa de la destrucción del patrimonio cultural y la inhabitabilidad de los centros históricos, pero este problema puede ser mitigado a través de la aplicación de soluciones creativas y de un manejo apropiado y a largo-plazo del sitio;

  • El turismo adecuadamente controlado debe ser incluido dentro de los planes de desarrollo regionales y nacionales, con un plan de manejo y desarrollo integral sustentable, no solo entendido como proyecto auto-financiable sino por la consideración de su impacto en los medios natural, social y cultural;

  • El patrimonio cultural en los centros históricos puede ser convertido en un beneficio práctico a través del reciclaje y el reemplazo de la demolición especulativa por la rehabilitación especulativa, pero teniendo en cuenta no solo el turismo, sino las necesidades sociales a través de la participación ciudadana, con especial atención al mantenimiento de sus habitantes y la inversión en mejora de la habitabilidad y movilidad;

  • Es necesario reforzar la capacidad de manejo de los gobiernos locales a través de incentivos financieros y otros incentivos para organizaciones preservacionistas e inversionistas y la creación de instrumentos de gestión cultural y administrativa que respondan a la conjunción de los intereses públicos y las iniciativas privadas;

  • Conviene implementar innovadoras estrategias financieras, no solo dependientes del turismo, para crear comunidades y mercados saludables que puedan sostener a largo plazo, programas ambiciosos de revitalización y desarrollo;

  • Es importante coordinar una respuesta que incluya y movilice todos los recursos humanos disponibles para implementar soluciones diseñadas a la medida de las necesidades de cada sitio o centro histórico.

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Recibido: 28 de Marzo de 2017; Aprobado: 14 de Abril de 2017

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