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La Biblioteca pública y el universo de prácticas culturales

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versión On-line ISSN 2411-9970

ARCIC vol.8 no.19 La Habana ene.-abr. 2019  Epub 01-Nov-2019

 

Dossier Monográfico

La Biblioteca pública y el universo de prácticas culturales

The Public Library and the Universe of Cultural Practices

Dra. Felicia Pérez Moya1  * 

Dra. Zoia Rivera2 

1 Universidad de Ciencias Médicas. Sancti Spíritus, Cuba.

2 Universidad de La Habana, Facultad de Comunicación. Cuba.

RESUMEN

La investigación estuvo dirigida a determinar cuáles son las prácticas de consumo cultural, gustos y preferencias asociados a los bienes culturales que la biblioteca pública históricamente ha potenciado en la región de Sancti Spíritus. Para obtener los datos se empleó el método biográfico apoyado en la entrevista en profundidad y el grupo de discusión en las que participaron 34 personas seleccionadas intencionalmente. Se analizó el fondo de asociaciones del Archivo Provincial, los periódicos y revistas locales y fueron detallados registros de información primaria, programas y proyectos culturales, convenios institucionales y actas de colectivos técnicos. Una contribución clave de este estudio fue aplicar el enfoque de los estudios culturales para determinar cómo la biblioteca estimuló el consumo cultural por medio de prácticas y usos sociales relacionados con los gustos y preferencias lectoras, la alfabetización, la concurrencia a espacios de socialización en los que se articularon y tuvieron representatividad las diferentes manifestaciones de la cultura popular. Fue importante revelar que los significados que subrayan los distintos grupos sociales se refirieron a las relaciones subjetivas con el bibliotecario y a la incidencia de la biblioteca en cuestiones de índole axiológica directamente correspondidas con las posibilidades de realización individual y colectiva que ofrece el consumo de bienes simbólicos.

Palabras clave: Biblioteca pública; práctica cultural; consumo cultural; estudios culturales; comunidad; bienes culturales

ABSTRACT

The purpose of this research is to examine consumption practices and tastes and preferences associated with the cultural goods that the public library has historically promoted in the Sancti Spíritus region. In order to obtain data, the biographical method, supported by in-depth interviews and group discussion, was used. Thirty-four participants were selected. An analysis was performed of the holdings of the Provincial Archive associations, local magazines and newspapers, cultural programs and projects, institutional agreements, and collective technical records. A key contribution of this study is the application of cultural studies in determining how the library has stimulated cultural consumption by means of social practices and uses associated with reading tastes and preferences and literacy and the public use of socialization spaces in which those practices and uses have been articulated and have represented various manifestations of popular culture. Importantly, the meanings highlighted by various social groups refer to subjective relationships with the librarian and the influence of the library on axiological questions directly corresponding to the potential for individual and collective fulfillment through the consumption of symbolic goods.

Keywords: Public Library; Cultural Practice; Cultural Consumption; Community; Social Participation; Cultural Studies; Cultural Goods

INTRODUCCION

La biblioteca pública es uno de los elementos constitutivos del entramado cultural comunitario, una institución social que interactúa con otros sistemas de influencia para sus miembros, forma parte del sistema de organizaciones de información y de cultura de un país o una región. Así, excepcionalmente, la UNESCO le creó un manifiesto y en una de sus últimas definiciones, ratifica que “(…) brinda acceso al conocimiento, a la información y a las obras de imaginación, gracias a recursos y servicios y está a disposición de los miembros de la comunidad por igual, (…)”(Unesco/Ifla 2002, 1).

Investigaciones y escritos anteriores señalan que la historia de la biblioteca pública a lo largo del desarrollo de la humanidad está estrechamente ligada a la de la cultura. Para (Jaramillo 2010, 290) la visión de la biblioteca pública como práctica cultural “se relaciona con las maneras de habitar este espacio, […]” y (Freire, 2001, p.12), indica que la biblioteca “es un lugar para que la persona se asuma como ser inacabado y en permanente construcción, […] ”, otros la refieren como práctica cultural por colaborar en la difusión de una amplia gama de manifestaciones culturales humanas. (Nacimiento y Soares, 2011, p. 41).

(Canclini, 1995, p. 6) denominó una “reconquista imaginativa de los espacios públicos donde solo podrá ser el consumo cultural un lugar de valor cognitivo, útil para pensar y actuar significativa y renovadamente en la vida social”. Por lo que se hace ineludible reflexionar constantemente sobre la biblioteca pública, en tanto manifestación de práctica de consumo de bienes simbólicos de relevancia para el entendimiento de la diversidad de los escenarios locales y la generación exitosa de políticas gubernamentales, y con el propósito de que pueda alcanzar una incidencia cultural más enaltecedora en su entorno.

Entre los antecedentes de las investigaciones sobre participación cultural en Cuba se reconocen los iniciados en la década de los 80 por la Biblioteca Nacional, aplicados y generalizados en las bibliotecas públicas del país, sobre consumo cultural, pero “el dato estadístico que ha generado este tipo de estudios no es suficiente para captar toda la riqueza cualitativa asociada a las transformaciones culturales” (Linares, Rivero y Moras, 2010, p. 64). Los estudios interdependientes: perfiles y categorías de usuarios, iniciados en 1979, dinámica de la lectura, en 1981, y las evaluaciones de fondos comenzadas en Sancti Spíritus en la década de 1980, aportan importantes informaciones sobre el universo de prácticas culturales potenciadas por las Bibliotecas.

(Espina, 2004, p. 25) se refirió a la relevancia de la subjetividad de los sujetos -todos en capacidad de los actores que inciden en el pensamiento y la práctica- propician repensar el papel de la biblioteca como agente de cambio cultural y la necesidad de renovar sus dinámicas internas y externas para hacer más efectiva su participación en el ámbito de las relaciones sociales, con “una visión diferente de la idea de futuro que resalte (…) el carácter constructivo de la práctica humana”.

Las investigaciones de (Linares, Rivero y Moras, 2010) sobre práctica cultural precisan que la biblioteca pública constituye una acción conscientemente realizada por los individuos en las que se expresan conductas y formas de proceder en relación con los bienes culturales. Es una práctica cultural que se genera en una sociedad dada para que, mediante un servicio específico, intervenga en el proceso de transformación de la comunidad y tribute a otras prácticas.

En particular, (Linares, 2003, p. 10) reflexiona sobre el enfoque cognitivo y subraya el enorme significado del mundo interior del individuo en los procesos de asimilación y uso de la información. Así, este autor aprueba que los usuarios sean parte de un contexto determinado y no se conciben individualmente; sus necesidades de información se examinan desde los intereses de la comunidad disciplinaria, social o cultural a la que pertenecen. Este tipo de biblioteca no solo una práctica cultural, sino que es tributaria de otras, mediante sus potencialidades y dinámicas específicas de participación.

La biblioteca pública integrada a otras instituciones sociales (escuela, familia) en constantes modificaciones, incide en los conocimientos, significados y valores que los individuos atribuyen a sus realizaciones humanas, de modo que influye en las prácticas económicas, políticas, científicas, jurídicas, religiosas, discursivas, comunicativas y sociales en general; y forma un todo complejo y heterogéneo de recíprocas influencias a través de su relación (prácticas bibliotecarias) con la comunidad.

Entonces, la presente investigación se centra en grupos humanos que habitan en las zonas urbanas y rurales de una región del país. La indagación se dirige a las prácticas culturales y a elementos ideológicos asociados a la identidad de la persona o grupo con su territorio, particularmente a la biblioteca pública, institución que desde el enfoque de los estudios culturales abarca un contexto más amplio como es el de las prácticas culturales, de las que forma parte y es tributaria de otras.

Los estudios culturales emergen como un campo transdisciplinario que permite el acercamiento epistemológico a la Bibliotecología y posibilitan interpretar el mundo de las bibliotecas, sus modalidades de uso y apropiación social pues estos contribuyen a una mejor comprensión de los contextos al resaltar la importancia de los sujetos sociales que actúan en espacio y tiempo históricos como protagonistas de procesos donde son componentes de un sistema de interrelaciones dinámicas. Aunque no se niega que en los últimos años se ha remarcado el componente sociocultural de la biblioteca pública, los estudios culturales en Cuba se centran, en su mayoría, en las cuestiones de arte, de cine, de massmedia y cuando ha estado presente, ha sido en las generalidades.

La no presencia de la biblioteca pública cubana en el universo de los estudios culturales se debe, posiblemente, al predominio casi absoluto de estudios cuantitativos que no profundizan en las dinámicas culturales expresadas en los comportamientos de los grupos poblacionales. De ahí que la pregunta que guía la presente investigación está dirigida a determinar cuáles son las prácticas de consumo cultural, gustos y preferencias asociados a los bienes culturales que la biblioteca pública históricamente, ha potenciado en la región de Sancti Spíritus?

La provincia de Sancti Spíritus cuenta con una biblioteca pública de carácter provincial, con ocho municipales y sucursales ubicadas en pequeñas comunidades urbanas y rurales. En su evolución se delimitan tres etapas fundamentales: la correspondiente al período republicano (1902-1958), momento en que se comienzan a formar las bibliotecas en la antigua provincia de Las Villas y se crea la primera biblioteca en 1917 y las surgidas en el período revolucionario, entre 1959 y 1975, antes de la división político administrativa y después de 1976 hasta la actualidad, período en que se creó el mayor número de ellas en el territorio y aparecen elementos condicionantes de la riqueza de experiencias, vivencias, percepciones, significaciones e información en torno a su valor simbólico. Gráfico 1 (Anexo: Tabla)

Gráfico 1 - Crecimiento de la biblioteca pública espirituana (1917-2017) 

MÉTODOS Y TÉCNICAS

La metodología cualitativa guio el quehacer investigativo. El método biográfico se utilizó por tratarse de procesos subjetivos socio-simbólicos, con carácter retrospectivo, apoyado en las entrevistas en profundidad a 34 personas adultas seleccionadas intencionalmente: bibliotecarios, maestros, promotores, funcionarios, personalidades de la cultura y creadores artístico-literarios. Se efectuaron tres grupos de discusión que permitieron ampliar la participación de informantes de interés, obtener nuevos datos y triangular otros. Con la información obtenida a través de estas dos técnicas se elaboraron e interpretaron los relatos de vida.

El análisis documental se realizó a un conjunto amplio de textos: (actas capitulares, correspondencia, trabajos de comisiones transitorias y permanentes, actas de nombramientos, intervención de intelectuales, disposiciones estatales y papelería diversa), el fondo de asociaciones del Archivo Provincial, los periódicos El Comercio, El Fénix, Escambray, Vitrales y las revistas Hero y Horizontes. Fueron detallados registros de información primaria, programas y proyectos culturales, convenios institucionales, informes anuales y actas de colectivos técnicos.

ANÁLISIS DE LOS RESULTADOS

El consumo cultural se estudia en el escenario donde las personas se comunican e intervienen de una u otra manera al utilizar los bienes culturales. (Canclini 1999, 33), en su artículo El consumo cultural: una propuesta teórica, sostiene que ¨la apropiación de cualquier bien es un acto que distingue simbólicamente, integra y comunica, objetiva los deseos y ritualiza la satisfacción¨. Para (Hinoja y Garza, 2007) el consumo comprende los medios, espacios públicos, usos y prácticas, apropiación del arte y se vincula con los conceptos de recepción, uso social, audiencia, hábitos, preferencias, gustos y tiempo libre. A partir de la década del 30 del siglo XX, en la conexión de la biblioteca pública y el contexto espirituano, se expresaron usos y prácticas de consumo cultural. La información se obtuvo, fundamentalmente, del análisis de contenido de la revista Horizontes, los periódicos El Fénix, Escambray y diversos documentos de archivo, mediante las entrevistas en profundidad y los grupos de discusión.

Práctica de lectura

Una de las direcciones de este estudio se basa en el análisis de la práctica de la lectura como expresión del consumo cultural, en la que intervienen los usuarios y bibliotecarios en influencia recíproca con los bienes culturales. El examen del comportamiento de la lectura-desde cualquier perspectiva- requiere de estudios multidimensionales, pues ésta no ha sido una actividad estática, sino que ha estado vinculada a las necesidades de las épocas, los cambios políticos y sociales, la modificación en la concepción de la educación y otros aspectos que permiten identificarla como práctica socio-cultural. (Romero, M.A., Linares, R. y Rivera, Z., 2017).

Del universo de prácticas de consumo cultural que estimuló la biblioteca, la lectura influyó en el ejercicio de muchas otras realizaciones humanas, fue la que adquirió mayor visibilidad, otorgó diversidad de significados y se reconoció entre las que la biblioteca pública genera y e influye en el ejercicio de muchas otras.

Desde la década del 30, del siglo pasado se verificó que la población espirituana tuvo la posibilidad de leer por medio del servicio en la sala, organizado por la biblioteca pública, en tanto espacio de desarrollo de prácticas culturales. La iniciación y la continuidad de la práctica de la lectura influyeron en el ejercicio de muchas otras, por lo que se puede decir que la biblioteca estuvo conectada al resto de las prácticas culturales por el universo de los libros, documento predominante de sus colecciones y el de mayor circulación.

La exposición bibliográfica fue la tradición de más larga duración, utilizada para mostrar las colecciones que atesoraba la biblioteca y fortalecer el vínculo con el contexto educacional espirituano. Paulatinamente y como resultado de esta práctica, la biblioteca fue convirtiéndose en un espacio cultural activo para la preservación y promoción del patrimonio local, en articulación con actores y recursos de la comunidad con iniciativas de movilización comunitaria. Un ejemplo de ello fueron las actividades culturales dirigidas a los niños y jóvenes cuyo fin era estimular los intereses de lectura y propiciar la convivencia democrática.

La formación de lectores ha sido, históricamente, uno de los objetivos primordiales de la biblioteca pública. (Chartier, 2007, p. 1) sostiene que “desde el siglo XIX el saber leer y la práctica de la lectura definen las condiciones del acceso a los conocimientos”. En la Biblioteca pública espirituana la promoción de actividades que estimulaban la lectura se realizaba mediante la prensa y la radioemisora local, dirigida principalmente a niños y jóvenes: actos sociales y otros certámenes infantiles y juveniles, sin exclusión de raza, sexo o posición social, desde la visión del bibliotecario espirituano.

La población de numerosas comunidades rurales apta para la lectura en la década del 60, no contó con bibliotecas; de ahí, que una de las estrategias de la socialización de la cultura en la región partió de un proyecto nacional. Específicamente las comunidades de difícil acceso, del municipio de Trinidad, dispusieron, por medio de la biblioteca pública, de un bibliobús,i enviado por la Biblioteca Nacional en 1964 con el objetivo de desarrollar un trabajo de educación medioambiental en la región y ampliar el préstamo de libros. Por las entrevistas en profundidad se conoció que las llamadas zonas de silencio, carentes de bibliotecario, constituyeron el objetivo principal para el despliegue de la biblioteca. “El bibliobús era toda una espléndida institución. La forma tan noble y bondadosa en que las poblaciones recibían ese servicio es indescriptible”. (Fig. 1)

Esta acción promovida por María Teresa Freyre de Andrade permitió incorporar a la lectura a personas que por habitar en lugares cuya posición geográfica es intrincada -montañas del Escambray-, hasta aquel momento no tenían acercamiento al libro. La práctica de la lectura constituye una vía de conocimiento e interacción del individuo con su medio, y adquiere tantas significaciones como subjetividades existan. Algunas entrevistadas, promotoras de la extensión bibliotecaria, catalogaron la ampliación de la lectura como una noble labor que tuvo una importancia excepcional para la población espirituana.

Fig. 1 - Servicio de bibliobús. Fuente: Periódico Escambray. 1986 

La Campaña Nacional por la lectura, iniciada en la provincia en febrero de 1985, involucró a la red de bibliotecas públicas, tanto en su organización como en el desarrollo de distintas acciones. El periódico local Escambray y su suplemento Vitrales resaltaron la celebración del Encuentro Provincial de Promoción de la Lectura, celebrado en la biblioteca Rubén Martínez Villena en diciembre de 1985 como parte de este cometido. Asimismo, estimuló a la población a la práctica de la lectura. Para varios entrevistados, la biblioteca ocupó un lugar importante en el proceso de preservar materiales que formaron parte de la historia individual y colectiva los cuales, mediante su lectura, facilitaron, a toda la comunidad, el acceso a experiencias socio-comunitarias, así como despertaron inquietudes individuales en los usuarios.

Con relación al porciento de la frecuencia de lectura fueron los estudiantes y los técnicos los de mayor frecuencia, mientras que las amas de casa y los dirigentes administrativos asistieron menos. En cuanto a los sindicatos, los trabajadores pertenecientes al de Educación y las Ciencias ejercieron esta práctica con mayor frecuencia, lo que denota su función de complemento docente. (Fig. 2)

Fuente: Estudios de dinámica de la lectura

Fig. 2 - Frecuencia de lectura según grupos ocupacionales. 

La lectura tuvo repercusiones distintas en cada individuo. Algunos entrevistados se refirieron a que, paulatinamente, fueron incorporándola a sus modos de vida, a sus alegrías, a la profesión, al trabajo y atribuyeron una alta valoración a la biblioteca en esta práctica cultural. Sobre la base de la interpretación de los grupos de discusión, fue posible desentrañar cuestiones relacionadas con el valor simbólico que para ellos presentan los libros, la práctica de la lectura y su relación con la biblioteca pública. Los datos obtenidos se resumen en la Figura 3.

Fig. 3 - Opiniones que resumen el valor simbólico de los libros. 

Las prácticas culturales, como se ha planteado, están estrechamente articuladas. En este sentido en el debate (Chartier y Bourdieu, 2003, p.162), La lectura: una práctica cultural, se plantea que “sobre el terreno de la lectura se encuentran planteado como microcosmos, los problemas que uno puede encontrar en otros campos y otras prácticas”. Así, la práctica de la lectura está interconectada y compartida con otros usos. De la diversidad de matices que aportaron los sujetos, los usos sociales más significativos estuvieron asociados a la formación y superación personales.

Los argumentos presentados muestran que el consumo cultural estuvo asociado a la satisfacción de intereses, motivaciones y aspiraciones vitales. La comprensión contextualizada de este aspecto remite a los factores sociodemográficos y socioeconómicos de los sujetos y su relación con los gustos, las preferencias y la presencia de patrones culturales grupales. Para este análisis se tomaron como base los elementos sobre las particularidades del uso de la biblioteca pública y los bienes culturales atesorados y consumidos y los aspectos en torno a la presencia de prácticas culturales manifiestas en espacios concretos, abordados en (Pérez y Rivera, 2014).

Gustos y preferencias

La biblioteca pública espirituana satisfizo a un usuario multifacético, cuyos gustos y preferencias variaron en dependencia de los recursos, dimensiones y características de la comunidad a la que pertenece, por ende la institución orientó sus servicios hacia la satisfacción de demandas de información, culturales y formativas, ya sean individuales o colectivas.

El gusto por determinadas temáticas y géneros literarios manifestó una dimensión personal insertada dentro de relaciones más generales a nivel social. La convergencia en la frecuencia de consumo de esta práctica por sujetos usuarios con rasgos sociodemográficos similares permite hablar de cierta homogeneidad de gustos, intereses y preferencias culturales. La edad de los grupos mayoritarios, llegó hasta 35 años; y la de menor representatividad, por encima de 35; por lo que las prácticas más estables de consumo cultural recayeron en los más jóvenes. En los primeros años de creada la biblioteca, los jóvenes leyeron más sobre temas históricos; mientras que los adultos prefirieron la literatura nacional y la espirituana, además de temas históricos y pedagógicos.

La escolaridad predominante fue la de nivel medio superior especializado, con cierta representatividad del nivel universitario, los que no estudiaban están muy poco representados. Como se conoce, la preparación intelectual condiciona, en gran medida, las actitudes de los sujetos para participar en opciones culturales diversas.

Con el desarrollo editorial se diversificaron los temas y autores, y las propuestas abarcaron una multiplicidad de géneros que propició una ampliación de los gustos entre los sujetos, acorde a las particularidades como individuos y al contexto en el que se desenvolvieron. En correspondencia con la pluralidad de materiales de lectura, se observó una variedad de grupos adscritos a la literatura nacional, el género novela y la temática sociopolítica e histórica.

Estas preferencias manifiestan una tendencia proporcional e interconectada de patrones de consumo cultural análogos en espacio regional e institucional semejantes, pero en distintos contextos socioeconómicos y temporales. Las causas de este fenómeno pueden estar dadas por el florecimiento temprano de la literatura local, el fuerte arraigo a los valores nacionales y el predominio en la publicación de literatura artística nacional y local en los períodos estudiados.

Estas tendencias, en las preferencias lectoras de los diferentes grupos, expresan una relación con la constitución de espacios de socialización habituales de realización de las prácticas de lectura, los cuales sobresalieron por su mayor concurrencia de los sujetos, como la lectura en sala y las actividades de extensión bibliotecaria, la alfabetización de adultos videntes e invidentes, de enriquecimiento del conocimiento y representaciones artísticas.

Otra regularidad presente en el contenido de estas prácticas de consumo cultural fue la contribución a elevar los niveles de apropiación que exige la realización de otras prácticas artístico-literarias y el desarrollo de competencias para disfrutar del evento artístico o productos de esta índole.

En términos generales, se diversificaron las prácticas de lectura; en ello influyó el hecho de que durante el siglo XX, en la sociedad espirituana, el analfabetismo se convirtió en un fenómeno reducido, lo que conllevó la exigencia de intensa manipulación de materiales de diversos tipos. Posteriormente creció extraordinariamente la accesibilidad a los productos escritos y el contacto con el libro, mostrado en la acumulación de los bienes y el aumento de la frecuencia de su consumo.

El deber ser de la biblioteca pública

Los cambios tecnológicos profundos han hecho que algunos se pregunten cuál será el futuro de las bibliotecas públicas, si siguen teniendo sentido o si no debería pensarse en transformarlas de espacios donde encontrar y usar libros a lugares donde interactuar y socializar con personas, o sea, menos espacios para libros y más para la gente (Anglada, 2014).

Las bibliotecas públicas en Cuba constituyen espacios de socialización de la cultura, sin embargo, el debilitamiento de esta práctica en los últimos años contrasta con la probada necesidad de su influencia en el desarrollo personal y comunitario. Esta insuficiente sintonía, en medio de los nuevos supuestos del siglo XXI ha generado una de las clásicas preguntas que cuestiona y problematiza la dinámica de la biblioteca actual: ¿qué puede estar incidiendo en los que no asisten a la biblioteca o no tienen contacto con los materiales de lectura que esta proporciona? Una de las respuestas está relacionada con las posibilidades de acceso a las tecnologías de información y comunicación puesto que se ha producido un cambio en la manera en que interactúan sus elementos esenciales y en las formas en que se percibe el servicio.

Esta incógnita, unida a otros componentes, obliga a repensar y redimensionar la biblioteca, sobre todo, precisa tener en cuenta al individuo como factor dinamizador del proceso cultural y comprender que debe conformarse una visión de conjunto de esta práctica cultural, basada en el estudio de lectores y no lectores en un contexto socio histórico específico.

Ariño (2010) considera que es importante una primera aproximación exploratoria y descriptiva a la evolución de las prácticas culturales e indagar sobre las modalidades del consumo, las preferencias, rastrear sus significados y su integración en el sistema de actuaciones del individuo. En el espacio de la biblioteca se objetiva la cultura, se consume y se socializa.

Varios usuarios entrevistados mostraron, de diferentes maneras, su percepción acerca de la práctica de la lectura y establecieron comparaciones con otras realizaciones humanas en el contexto de la biblioteca y los criterios colectivos de los grupos de discusión ayudaron a sintetizar la importancia de la biblioteca pública como práctica cultural, en tanto esta constituye un modo concreto de producción, circulación y apropiación de bienes de sabiduría y arte, de participación social y de consumo de erudición creado por la humanidad, que mediante formas concretas de relación entre el usuario y el bibliotecario, en su práctica promueve valores espirituales y materiales, y los procesos de transformación de la comunidad. (Fig. 4)

Fig. 4 - La biblioteca pública como expresión de prácticas culturales. 

CONCLUSIONES

La biblioteca pública espirituana estimuló el consumo cultural por medio de prácticas y usos sociales relacionados con la lectura, la asistencia a conciertos, el aprendizaje escolar, los concursos, la alfabetización y como complemento de distintas modalidades de estudio. En los gustos y preferencias lectoras se observó una variedad de temáticas, con predominio de autores y géneros de la literatura artística nacional y la concurrencia de los sujetos a espacios de socialización en los que se articularon y tuvieron representatividad las diferentes manifestaciones de la cultura popular.

Los entrevistados se refirieron a las relaciones subjetivas con el bibliotecario y a la incidencia de la biblioteca en cuestiones de índole axiológica y sentimental directamente correspondidas con las posibilidades de realización individual y colectiva que ofrece el consumo de bienes simbólicos por medio de la práctica de la lectura.

La utilización de los estudios culturales como una alternativa de investigación orientada hacia la comprensión de la biblioteca pública y sus prácticas de consumo cultural implica elevar el nivel de análisis del rol de la biblioteca pública en los procesos de producción cultural, esto es, tener en cuenta el grado de relevancia de esta práctica, la modificación de sus rasgos estructurales y el efecto de estos en las condiciones actuales; su representación social y la realización de comparaciones integradoras que denoten tendencias y perspectivas relativas a su organización y distribución social.

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Notas

i El bibliobús de Trinidad llegó a atender en esta etapa 28 zonas rurales con 38 paradas, y 30 minibibliotecas.

Recibido: 03 de Enero de 2019; Aprobado: 28 de Febrero de 2019

*Correo electrónico: felicia.perez@infomed.sld.cu

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