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La industria editorial del libro en Cuba: una reflexión sistémica

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versão On-line ISSN 2411-9970

ARCIC vol.8 no.19 La Habana jan.-abr. 2019  Epub 11-Out-2019

 

Dossier Monográfico

La industria editorial del libro en Cuba: una reflexión sistémica

The editorial industry in Cuba: a systemic reflection

MSc. Yanet Blanco Fernández1  * 

Dra. Yamilé Ferrán Fernández2 

1 Editorial Torre de Letras. La Habana, Cuba

2 Universidad de La Habana, Facultad de Comunicación. Cuba

RESUMEN

La industria editorial, pese a ser una de las industrias culturales más antiguas, no ha sido de los ámbitos privilegiados por la investigación comunicológica. En estas páginas se reflexiona desde una visión sistémica-crítica sobre las relaciones estructurales que se dan al interior de esta industria, sus imbricaciones y discontinuidades respecto a los alcances de políticas públicas de cultura, educación y comunicación, en un país como Cuba para el cual desde la aspiración política pública el consumo de capital escritural ha de desempeñar un rol básico en la producción de conocimientos, intercambios simbólicos y de información.

Palabras clave: libro; industria cultural; industria editorial; políticas públicas (cultura, educación y de comunicación)

ABSTRACT

The editorial industry balances, when being one of the older cultural industries, they have not been of the scopes privileged by the communication research. Since a vision systemic-critics, on these pages, is reflected a criticism over the structural records that are endowed when in this industry, his overlapping and discontinuities compared to the scopes in public politics of culture, education indoors and communication, in a country like republic of Cuba for the such from the public political dream the consumption must perform a basic function on the production in acquaintances, symbolic discussions, and in information inwriting capital.

Keywords: book; cultural industry; editorial industry; public policies (culture, education and communication)

INTRODUCCIÓN

Caracterización del estudio o discusión teórica propuestaI

Las industrias culturales, industrias creativas e industrias de contenidos, como otrora fuera considerado el de industrias del entretenimiento, giran en torno a un fenómeno productivo y simbólico común, solo que uno u otro pretenden establecer el énfasis cualificador en la generalidad o en cambio en una de las fases más dinámicas de toda una cadena de valor, si bien la realidad que designan y pretenden explicar es la misma, la búsqueda de rentabilidad del mercadeo simbólico invisibilizando o por el contrario otorgando acentos allí donde convenga a tenor de la mercantilización de un producto cultural (estandarizado/serializado). Para algunos autores conviene establecer disquisiciones, para otros es más de lo mismo, lo cierto es que no todos los eslabones de la cadena de valor se comportan de la misma forma, ello varía según la tipología de bien simbólico, su complejidad, la valía con la que trasciende cuando se realiza parcial o totalmente, del mismo modo que el(los) acto(s) creativo(s), intelectivo(s) que se despliega(n) en el proceso de objetivar el resultado simbólico tampoco adquieren la misma redituabilidad en todos los casos.

Esta tríada (cultural/creativa/de contenido) viene a vincular conceptos abstractos (arte y cultura) con otros más concretos (industria, economía y mercado). Las perspectivas de los teóricos de la Economía Política de la Comunicación (EPC) han venido a matizar aspectos importantes incluidos dentro de las industrias culturales que complejizan su análisis y que a su vez presupone ‘plus’ cuando se llevan estos paradigmas eurocentristas y norteamericanos a las tipicidades latinoamericanas.

Las industrias culturales tanto por su estructura y alcance como por su morfología no solo le plantean a los cientistas sociales y politólogos un glosario de ejes para discutir en torno a la alta redituabilidad del capital cognitivo y cultural que se pone en circulación mayoritariamente desde los centros de poder occidental hacia el resto del mundo; a la par adquieren un impacto en la generación de empleos como parte de la terciarización y su peso en las estructuras del PIB de países, regiones enteras y mercados, favoreciendo a las grandes corporaciones y en menor medida a los contextos donde se ubican; asimismo las problemáticas en torno a los consumos con tendencias globales cada vez más acentuadas a la uniformidad, o al solapamiento y entrecruzamiento de industrias (música y espectáculo; libro y cine; moda, espectáculo, cine y turismo, entre tantos ejemplos), sin embargo cada vez menos se debate y reflexiona en torno a las desigualdades intrínsecas entre el trabajo intelectual y el manual y sus límites dentro de los modelos de producción ya establecidos; evidenciando las nuevas dinámicas y regulaciones económicas estructuradas sobre el producto simbólico del sector cultural con el fin de corregir las fallas que se dan a nivel del mercado.

El uso del producto cultural (obra de arte) por parte de las industrias culturales implica reflexiones que van desde la concepción de cultura hasta asunciones políticas por parte del Estado o instituciones hegemónicas.

Tema central: Aproximación cualitativa a la industria editorial cubana, en su condición de industria cultural y su relación con las políticas públicas.

Objetivo principal: Determinar las complejidades y articulaciones que habilita desde las dimensiones estructural-organizacional y simbólica, la industria editorial cubana, en su condición de industria cultural y en correlato con lo pautado por las políticas públicas.

El siglo XXI no puede quedar de espaldas a la capacidad creativa de los pueblos, su cultura e identidad, que debe guardar un diálogo fluido con las políticas públicas de cada país. Y ahí precisamente radica el valor de este objeto de análisis para las ciencias sociales, para la comunicación, para los hacedores de políticas, para los creativos y decisores que desde su quehacer más cotidiano hacen posible el sostenimiento y crecimiento de la producción, distribución, consumo y recepción del libro. Para cumplimentar este análisis se ha estructurado el siguiente protocolo metodológico:

Objetivos específicos:

  1. Contextualizar el entramado estructural y funcional que exhibe hoy el desarrollo de la industria editorial cubana.

  2. Analizar las complejidades o los procesos que intervienen en el Ciclo editorial cubano.

Enfoque y/o metodología de abordaje

En correspondencia a una mirada cualitativa al objeto y el enfoque diacrónico que le distingue, se han de privilegiar los métodos inductivo, bibliográfico, análisis-síntesis, y descriptivo-interpretativo, en correspondencia técnicas como la investigación bibliográfica documental, el análisis de contenido cualitativo a los documentos rectores y lineamientos del sector editorial en el país, organigramas-flujogramas del Instituto Cubano del Libro (ICL), así como la entrevista semiestructurada y en profundidad, a expertos, agentes profesionales y funcionarios; así como la encesta por cuestionario.

Tal y como reclama el objeto, este análisis se asienta en un apartado teórico al que tributan autores, teorías y reflexiones procedentes de los estudios culturales, con énfasis en la industria cultural, la EPC, así como los estudios sobre el consumo y la recepción.

DESARROLLO

La industria editorial como objeto de estudio de la comunicación

Los análisis sobre la industria editorial no han sido de los más privilegiados por las ciencias sociales del continente. No cuentan con una robustez teórica como ha pasado con otras expresiones de la industria cultural; tal vez porque el libro dentro de lo simbólico ha sido de los menos afectados por los procesos de estandarización productiva, segmentación del consumo y de los públicos con las que obra la industria. Los debates sobre la industria cultural al interior de la investigación comunicológica y de los estudios sobre EPC desde sus inicios han girado sobre su papel en el desarrollo cultural de las sociedades. De ahí que su análisis de la industria editorial como industria cultural ha de privilegiar cinco dimensiones, a saber:

  1. Dimensión normativa: políticas públicas (culturales, educativas y de comunicación) y su relación con la producción editorial cubana [alcance que se prescribe, normatividad, institucionalidad (campo cultural, educativo, ICL, otro…)].

  2. Dimensión estructural-organizativa: configuración de la industria editorial cubana actual [generalidades (estructura/cantidad de editoriales; tipos de editoriales según funciones, características, tipologías y subordinación/entidades rectoras de la actividad editorial en el país y entidades mediadoras)].

  3. Dimensión simbólica (socioeconómica/productiva): condiciones técnico-productivas del producto editorial [Ciclo editorial (creación, producción, reproducción, distribución/circulación/comercialización, consumo/recepción/apropiación) dimensión técnica de la impresión (tecnología en uso), lógicas industriales/mediaciones, recursos materiales y humanos].

  4. Dimensión institucional interna de la entidad productora: en correspondencia con su objeto social, la imagen que proyecta y las articulaciones sectoriales que atraviesan sus lógicas productivas.

  5. Relación espacio-temporal: flujos y circuitos geoespaciales que intervienen en todo el proceso.

En la actual centuria, aunque existe un incremento en la circulación y publicación de títulos, la industria editorial mundial enfrenta varios desafíos que giran alrededor de la competitividad, la flexibilidad del Ciclo editorial, la sofisticación de los mercados, aumento de la productividad, los cambios acelerados de las tecnologías y la fuerte concentración económica trasnacional. Mientras que las problemáticas están matizadas por: una baja demanda del libro (tradicional) y de la lectura, la piratería, la disminución progresiva y quiebra de bibliotecas públicas y librerías. Al propio tiempo se acentúa la contracción de los mercados nacionales del libro, la desaparición de las editoriales nacionales que deben ceder paso ante un mercado foráneo privilegiado por los medios de comunicación, los cuales tomarán partido a favor de preferencias globales. Elementos que toman fuerza frente a un Estado debilitado (acaso neoliberal) desentendido para con el diseño sistémico de políticas públicas en el terreno de la cultura, la educación y la comunicación.

Cuba, por su parte, ha de enfrentar algunos de estos desafíos globales que marcan tendencias de consumo/recepción, sobre todo, en los segmentos de públicos más jóvenes (menores de 40 años), y si bien, no tiene ante sí las incertidumbres y diatribas entre el capital privado y los intereses del Estado como representante de las mayorías, tampoco puede sustraerse de aquellas dinámicas que marcan el paso de la industria mundial (conexiones con otras industrias culturales; incentivo a los agentes profesionales y a sus posicionamientos intelectuales desde los encargos de la propia industria y en su influencia en el campo cultural; diálogo constante entre los públicos mixtos del sector editorial); tomar acciones de promoción y venta (massmediática, on line); apropiarse de ciertas lógicas del mercadeo de los productos simbólicos, al tiempo de reconocer las verdaderas demandas de sus públicos, sin que ello signifique desjerarquizar la función educativa y el sentido humanista/humanizador del libro y del sector editorial.

Como generalidad, desde esos años fundacionales hasta hoy, las editoriales cubanas han contribuido a las políticas de educación, instrucción ciudadana, bajo la convicción de crear un producto que refleje las necesidades de las mayorías. Si bien se impone una mirada analítica más actualizada y crítica que busque aunar la eficiencia/rentabilidad y calidad de una industria/sector, sin renunciar a la vocación humanística que ha caracterizado a las políticas culturales de la Revolución, y sin subvertir los valores de una sociedad donde la cultura no se rentabiliza.

Pistas para el examen de la cuestión endógena/singularidades a la cubana

El desarrollo del ‘sector editorial’ insular se puede establecer como tardío, considerando el retraso de la introducción de la imprenta (1720) en comparación con otros territorios de la región.

En 1722 Carlos Habré imprime -o más bien reimprime- Novena en devoción y gloria de N. P. San Agustín, primera obra publicada en Cuba; en 1793 Matías Alqueza publica en Santiago Letras de los villancicos que se han de cantar en la santa iglesia de la catedral de Cuba en los maitines del nacimiento de Cristo nuestro señor, primera obra impresa en las provincias que ha llegado a nosotros. (Fornet, 2014, p. 11)

El movimiento editorial cubano no fue fecundo y no se encontró entre los líderes de la región durante los siglos XVIII y XIX, y aunque la producción y circulación del libro aumentó considerablemente en la primera mitad del siglo XX respecto a períodos anteriores, hasta esa fecha siempre estuvo por debajo de la producción de periódicos y revistas. Es pertinente señalar que no fue hasta los primeros años de la década del 60 del siglo XX que el movimiento editorial tuvo un carácter parcial de una industria cultural.

Las imprentas, hasta 1959, devinieron en espacios de producción de un producto socializable poseedor de una enorme carga humanista para circular, generar sentidos y significados al interior de un modelo de desarrollo cultural de la Isla; al tiempo que sirviron de estímulo a un sector de asalariados acaso sui generis como los tipógrafos y cajistas (mitad operario, mitad intelectual). A la par existió un desentendimiento gubernamental/oficial, el creciente analfabetismo y una industria, a nivel general, atrasada por causa del azúcar que se apoderaría del país en función del mercado norteamericano; todos estos elementos contribuyeron a acrecentar las diferencias en el sector editorial cubano.

Con la Revolución del 59, analiza Smorkalov (1987), por parte de sus líderes e instituciones, se confirmó un actuar consciente de cuánto significaba para la cultura que se quería refundar, dinamitar las escuetas brechas de acceso a la lectura, en un país que contaba entonces con más de 707 mil analfabetos.IIA partir de ese momento se pasó a un proceso de estructuración nacional más ambicioso,III que permitió dotar al país de los cimientos claves para un sector editorial que se distinguió durante la República Neocolonial por ser marcadamente restrictivo y elitista.La Imprenta Revolucionaria vendrá a resolver las necesidades más inaplazables del lector cubano y que como tipología de agrupación se utilizó:

Biblioteca Básica para Primera Enseñanza, Secundaria y Educación Obrero-Campesina ‒para adultos‒; Enciclopedia popular de Cuba, cuyas ediciones agruparon libros de conocimiento generales sobre historia, arte, antropología y otras materias, destinada a las zonas más apartadas, más urgidas; Biblioteca del Pueblo, para los clásicos universales; Biblioteca Básica de Cultura Cubana, que recoge títulos cubanos, casi todos del siglo pasado [XIX], que nunca se habían editado en Cuba, y las Ediciones Especiales, que permiten un margen de flexibilidad a los planes de publicación para títulos imprevistos, de importancia y actualidad. (Smorkalov, 1987, p. 141)

Estos cambios que tuvieron lugar en estos primeros años revolucionarios poseen su base en el devenir del sector en la Isla. «La república se funda en 1902 con pocas imprentas, menos escuelas -casi todas privadas- y un sesenta y cuatro por ciento de analfabetismo.» (Smorkalov, 1987, p. 23). Esta situación impuso la creación de una infraestructura editorial sólida que permitiera el desarrollo del sector e impulsará al movimiento literario existente en la Isla.

La política editorial cubana, a modo de resumen

Al hablar de Política cultural cubana de manera indistinta los analistas se referirán a tres documentos: “Palabras a los intelectuales” (1961), los informes y/o objetivos de los diferentes Congresos del Partido Comunista de Cuba (PCC) y, los Lineamientos del Partido (2011). Estos documentos si bien dictan, estipulan líneas o directrices a seguir no son en sí Políticas culturales.

[Aunque] se inscribieron los libros La política cultural en Cuba, de Lisandro Otero en colaboración con Francisco Hinojosa (1971), así como el libro que posteriormente lo reemplaza, La política cultural de Cuba, de Jaime Sarusky y Gerardo Mosquera (1979), textos que, como la serie en general, se concentraron en dar cuenta desde un enfoque más descriptivo y factual que reflexivo de los objetivos y principios de la política cultural en el país y, sobre todo, de las bases organizacionales de la institucionalidad cultural. (Toirac, 2009, p. 58)

Después del triunfo revolucionario ha existido por parte de la dirección del país un interés por constituir instituciones que representen y legitimen los cambios que se dan a nivel de las políticas públicas (culturales, educativas y de comunicación). La política editorial cubana se mantiene en sintonía con esta evolución que abarca a toda la industria editorial; este proceso, dado de forma gradual, puede ser delimitado por etapas:

  • Período 1959-1960: es una fase de gran apertura literaria y dinamizada por la decisión puntual de no pagar los Derechos de Autor lo cual permitió publicar autores como Proust y Joyce, y mucha de la literatura que podría ser considerada ‘anticomunista’. Esta etapa estuvo marcada por las grandes traducciones hechas por escritores como Edmundo Desnoes, Jaime Sarusky, Roberto Padilla, Roberto Blanco y Virgilio Piñera.

  • Los años 70: esta etapa estuvo marcada por el fracaso de la zafra de los Diez Millones y el redimensionamiento de la Revolución con miras al CAME, esto generó una pluralidad de factores que obligaron a reformular la política cultural y con ella la política editorial, provocando un período oscuro dentro de las letras cubanas.

  • El viraje y ascenso de los 80: muchos especialistas afirman y las cifras lo confirman que esta es la etapa de esplendor y explosión del libro cubano. Aquí primó la recuperación que reubicó nuevamente en el panorama de las letras a figuras como Lezama Lima, Virgilio Piñera y Rogelio Martínez Furé, etc. A nivel literario existió un desplazamiento en los géneros, desembarazando a la literatura cubana de antiguos esquemas complementado por posturas más críticas sobre los procesos políticos, económicos y sociales que estaban ocurriendo en el país.

  • El Período Especial: la crisis económica implicó nuevas medidas para la estabilidad del libro, entre las que se encontró el incentivo por la publicación de los escritores cubanos primero fuera del país. A la par se creó el Fondo para el desarrollo de la Cultura (1993), que representaba la contribución monetaria por parte de otras manifestaciones artísticas (danza, música, teatro, pintura, etc.) con el fin de posibilitar la publicación de libros. La caída del Campo Socialistas produjo que los insumos provenían de él y que hasta el momento se pagaban en moneda de convenio, a partir de ahí se comenzó a hacer en dólares, mientras que el libro cubano en el mercado nacional, salvo contadas excepciones, se sigue comercializando en moneda nacional, lo cual produce un encarecimiento y dualidad económica que persiste hasta nuestros días. Este también fue el período de las llamadas ediciones RISO que han acompañado al Sistema de Ediciones Territoriales (SET).

  • Finalmente como colofón de la política editorial: el giro que cierra este análisis es la transición de instituciones presupuestadas a instituciones-empresa, lo cual ha implicado la asumir reestructuraciones macro y micro que están en marcha.

Puede afirmarse incluso que entre las mediaciones que con mayor fuerza hoy impactan a las dinámicas del sector y a las agendas de la industria, está el peso que adquiere lo institucional como hegemonía cultural y su alcance de prescripción sobre las políticas editoriales del país.

Hoy la industria editorial cubana se dividirá en tres grupos: las pertenecientes al Instituto Cubano del Libro (ICL), los SET y las asociadas a Instituciones o Externas. Si bien en un momento su alcance se vio muy restringido a las fronteras provinciales, quedando su aspecto nacionalIV reservado a unas cuantas, en la actualidad estas fronteras se desdibujan. La ‘barrera’, por decirlo de alguna manera, estará dada en el caso de los SET porque privilegiarán a los escritores de la provincia, aunque ya no vivan en ella, y los textos relacionados con la región; mientras que las Externas deben guardar una sintonía con el ministerio u ONG a la que pertenecen.

Téngase presente que hoy al sector concurren un total de 173 editoriales que están distribuidas por toda la Isla; siendo las tres provincias principales: 1.º, La Habana con 122; 2.º, Santiago de Cuba con 8; y 3.º, Holguín con 6. Este extenso grupo, como ya se mencionó anteriormente, responde a adscripciones diferentes: Editoriales pertenecientes al ICL (8+2 compartidas); Editoriales asociadas a Instituciones o Externas (141+2 compartidas); y las Ediciones Territoriales o Sistema de Ediciones Territoriales (SET, 23), este grupo reúne a los Centros Provinciales del Libro y la Literatura (CPLL) y a la Asociación Hermanos Saíz (AHS). A su vez ellas serán reubicadas por la cantidad de títulos que publican:V G I: Publican 100 o más títulos anuales (total=12); G II: Publican 49 o más títulos anuales (total=73); G III: Publican 10 o más títulos anuales (total=88). Aspectos que remiten a ser consideradas, a juzgar por la capacidad productora estándar respecto a la media internacional, como editoriales medianas y pequeñas.

Las editoriales en Cuba requieren de una aprobación ministerial para su creación. En total se registran 48 divisiones repartidas entre ministerios u Organizaciones No Gubernamentales (ONG); siendo MINCULT (22 ed.), el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA, 18 ed.), los CPLL (18 ed.) y Ministerio de la Agricultura (MINAGRI, 15 ed.) los que acogen un mayor número de entidades, se reiteran las provincias La Habana, Santiago de Cuba y Holguín, sumándoseles Villa Clara, como los espacios donde existe una mayor aprobación editorial (en Resumen estadísticos 2014, 2015 y 2016, y ONEI, 2015b).

El mercado del libro en Cuba se encuentra frente a una crisis total. A nivel organizativo se ha creado una diversificación de estructuras que lejos de facilitar el accionar del mercado ha demostrado su inefectividad. La Distribuidora Nacional del Libro, única empresa en el país autorizada para la distribución y comercialización mayorista. La venta se materializa, fundamentalmente, a través de las librerías.

A nivel organizativo se ha creado una diversificación de estructuras que lejos de facilitar el accionar del mercado ha demostrado su inefectividad.

Una vez impresos los libros se extraen de los poligráficos. Las editoriales venden su producción a la Distribuidora Nacional del Libro, única empresa en el país autorizada para la distribución y comercialización mayorista. La venta se materializa, fundamentalmente, a través de las librerías. Según datos del ICL, existen en Cuba 330 librerías de las cuales once están cerradas debido a problemas constructivos. Si bien en la capital se concentra el 15% cada municipio cuenta con, al menos, una. Los libros llegan a los lectores, además, gracias a las 356 bibliotecas en servicio distribuidas en todo el país (ONEI, 2013). Las librerías tienen doble subordinación: al Ministerio de Comercio Interior y a los CPLL, con excepción de tres que pertenecen al ICL. (Laguardia Martínez, 2013, p. 66)

Ya para este año son cuatro las librerías que pertenecen al ICL: Fayad Jamís (Editorial Arte y Literatura), Alma Mater (Editorial José Martí), Cochero Azul (Editorial Gente Nueva) y la Guayabera (perteneciente al proyecto del mismo nombre ubicado en la zona de Alamar).

El Observatorio Nacional del Libro le atribuye el aumento de las ventas en el año 2005 a que tanto la producción de títulos como ejemplares ascendió. También es importante anotar que «el precio promedio del libro descendió de $8.50 (2013) a $5.58 (2014), aunque el índice de libros per cápita ascendió de 0.61 (2013) a 0.77 (2014)» (Resumen estadístico 2014, 2015, p. 68).

Los mecanismos para impulsar las ventas y rotar títulos envejecidos o deficientemente colocados, rebajar precios, fomentar comprar institucionales o escuchar opiniones de los lectores sobre sus preferencias, si bien previstos y utilizados, carecen de sistematicidad en su implementación y suelen ponerse en marcha cuando los problemas -es decir, los inventarios- desbordan las posibilidades de soluciones efectivas a corto y mediano plazo. (Laguardia Martínez, 2013, p. 69)

Reveladoramente, es el sector privado, rublo n.º 23 del registro de actividades autorizadas para el cuentapropismo, bajo el encargo de comercializar libros de uso son quienes llevan la delantera y efectividad en estos procesos de gestión, que pasan por el conocimiento real de las demandas de sus públicos; la ubicación de los puntos de venta en circuitos de tránsito de alta demanda, a menudo próximos a áreas de alta movilidad turística, pues se estima a este como un sector sensible para el negocio. Los libros propuestos por el vendedor privado deben tener como característica, según lo normado para el caso cubano, poseer más de 5 años de su publicación y no formar parte de la literatura complementaria de los programas estudiantiles.

[Para el comercio exterior los mecanismos que se siguen son otros:] En Cuba, las entidades autorizadas para exportar libros son: Empresa Editorial Pueblo y Educación (MINED) -que no exporta libros de texto, sino obras para la formación y superación docente‒; ANTEX S.A. Antilla Exportadora (MINFAR) -que exporta libros para la educación como parte de un paquete de servicios, no existe venta comercial de estos textos‒; ARTEX S.A., a través de la Agencia Exportadora SoyCubano (MINCULT); y Casa de las Américas -que si bien tiene licencia de exportación ejecuta sus exportaciones a través de ARTEX. (Laguardia Martínez, 2013, pp. 76-77)

En el año 2009 las exportaciones de la Isla hacia América Latina representaban un 0.2%, mientras que como importador de libros de la región en el 2009 representó un 0.6% y en el 2011 un 0.7%. Son resultados muy bajos en comparación con los países que encabezan ambas listas para igual fecha; exportadores: Estados Unidos (29.1%), España (19.1) y Colombia (10.9%); importadores: Estados Unidos (23.6%), México (7.2%) y, Venezuela (5.7%) y Colombia (5.7%). Cuba no es de los destinos preferidos por los exportadores debido a las características de sus mercados, los países que sobresalen son: Perú, España, México, Colombia y el Reino Unido. Datos que son confirmados por los análisis estadísticos de la CERLALC (2012, agosto).

Según los datos proporcionados por el Observatorio Cubano del Libro y la Literatura, entre 1967 y 2015 se han publicado un total de 77 206 títulos, de ellos 18 901 títulos corresponden al ICL, 6 182 títulos a las SET y 52 123 títulos a las Externas. En ese mismo período, las tiradas o cantidad de ejemplares referido abarcan un total de 1 545 716 333 ejemplares, de ellos 2 043 830 ejemplares corresponden al ICL, 331 231 ejemplares a las SET y 16 413 909 ejemplares a las Externas.

Por su parte los géneros que gozan de mayor demanda en el público son: en un primer grupo se distingue la literatura infantil, el policiaco, los libros de cocina y de autoayuda; en un segundo grupo están la novela, el testimonio, los diccionarios y el ensayo. Estos datos resultan interesantes, porque al compararlos con las tiradas y ejemplares por temáticas y géneros que aporta el Observatorio Cubano del Libro y la LiteraturaVI se aprecia que tanto el testimonio como el policiaco aparecen dentro de los grupos de menor producción, esto podría traducirse en una necesidad acentuada por reforzar estudios e incentivar diálogos entre libreros/consumo en librerías y las editoriales; y en estudios recientes se constató que el lector cubano demanda un espectro más amplio de autores y títulos que pueden abarcar a la producción foránea mientras que el librero solo se enfoca, fundamentalmente, en la demanda de la producción nacional.

En el caso cubano lo que puede llamarse mercado no se corresponde con un espacio determinado por las instancias productoras con arreglo a procesos de oferta-demanda, sino que se trata de un ámbito social al cual concurren las distintas instancias que configuran el sector y el público lector. A diferencias de lo que ocurre en otros países/mercados, la industria editorial cubana no suele ser pulsada estratégicamente por otras industrias culturales (p. ej. cine, televisión, música) en aras de activar verdaderos sucesos editoriales a partir del impacto positivo generado por otros productos y viceversa.

En la actual gestión editorial predominan las agendas temáticas que responden a una tendencia política o institucional ajustada por etapas e intereses privativos de las mismas y que se centrará en menor medida en el público lector o en la gestión experiencial del editor. De esta manera se explica por qué los esfuerzos más sostenidos en el tiempo se dedican a ediciones científico-técnicas, literatura, política e historia, a la par de que se propondrán menos proyectos dedicados al entretenimiento o a agendas menos ‘robustas’.

Muy en correspondencia con el análisis anterior, en las políticas editoriales que se han desarrollado en el país se ve una marcada tendencia a la estandarización en serie. No ha existido una correcta segmentación de público y un reconocimiento/delimitación de mercado del libro. Lastres y devaneos en la gestión editorial endógena a las que no escapan las irrisorias prácticas institucionales para la promoción de la obra de autores cubanos hacia el exterior bajo esquemas contractuales más agresivos y globales, contextos en los que a menudo el autor está en desventaja por desconocimiento de los mecanismos y dinámicas con que se obra, elementos que vendrá a adquirir mayor peso sobre los aspectos relacionados con el derecho de autor.

El sistema editorial necesita reseñas, comentarios, resúmenes que ayuden al lector a ubicarse ante el producto que se le propone; también son insuficientes los resúmenes de colección dónde se enumeren escritores y títulos publicados o por publicar, así como catálogos editoriales que se actualicen. En este punto se reclama una transparencia de la información, aplicable a los escritores que necesitan conocer las partes del proceso que atraviesa la obra y a los trabajadores de la editorial que requieren de este tipo de información de una manera más expedita.

El libro se enfrenta al fenómeno de la promoción y la inexistente publicidad, herramientas que el mercado internacional articula con mucha eficacia, si bien existen espacios donde concurren estos procesos, estos son insuficientes y poco sistemáticos, en su mayoría son activados y reforzados para la Feria Internacional del Libro; pero al no existir una retroalimentación adecuada estos no llegan a lograr el efecto deseado. En una pesquisa sobre los espacios de interacción/visibilidad del libro, ambas (promoción/publicidad) pudieran situarse en cinco grupos: televisión, radio, prensa escrita, medios digitales y espacios físicos.

Por otra parte, el escenario más próximo, tentativamente un lustro, avizora la conversión de buena parte de estas instituciones en empresas que tienen que autofinanciarse, como probatoria de su efectividad. En este caso se impondrá un cambio de su estructura física, organizativa, legal y de proyectos; bajo nuevas filosofías de producción y políticas editoriales más abiertas y flexibles que condujesen a explotar la dimensión económica del sector; lo cual implicará un reanálisis de los costos, una revisión de los criterios que hasta ahora se han legitimado sobre: personal, derecho de autor, estética de los libros, temáticas/género/autor; en este contexto futuro sobreviene otra interrogante: ¿existirá un cambio tal que permitiera dadas estas condiciones el autofinanciamiento de los escritores?

CONCLUSIONES

En tiempos de Revolución el libro se inscribe con total legitimidad y singularidad en la producción simbólica, como escenario de afirmación de posicionamientos intelectuales en la esfera de producción y circulación. Esas relaciones que se establecen desde las instituciones de cultura hegemónica, en este caso estatal, propenden a privilegiar lo que se incluye dentro de sus agendas.

El debate no resuelto y pugnante entre los desarrollos conceptuales en torno a industrias culturales, industrias creativas e industrias de contenido, entre otras denominaciones, del que da cuenta la bibliografía teórica más actual (incluyendo a la Economía Política de la Cultura y la Comunicación) frente a posiciones reformistas y neoliberales escamoteadas, admiten ser desacralizado y relativizado desde posicionamientos endógenos verdaderamente comprometidos con una cultura humanista y de justicia social. Amén de que han de servir como marco de referencia para un análisis otro, en el cual la industria editorial cubana ha de someter a examen sus actuales dinámicas de funcionamiento, en las cuales este producto cultural que es el libro no alcanza la diferenciación cualitativa necesaria vinculada ni a su dimensión creativa ni por contenidos.

En aras de aumentar su eficacia social, la industria cultural editorial esta llamada a perfeccionar desde la autogestión la legislación-normatividad que la pauta; su estructura de funcionamiento, así como sus esquemas de comercialización, consumo y recepción, a través de los cuales ha de vigorizarse la apropiación pública del libro, en una era digital para la cual la producción y el consumo de saberes escriturales y humanistas no solo siguen siendo material simbólico constitutivo, sino muro de contención para la banalización y la enajenación del gusto y de la capacidad de crear.

El carácter estatal de la sociedad que define a esta industria, así como la naturaleza humanista en torno a la cultura, se convierte en el marco de referencia para las industrias culturales que como la editorial se piensan y definen a sí mismas desde un compromiso con el crecimiento intelectual del individuo, las colectividades, las identidades sociales; el sano entretenimiento; plataforma esta donde desde el discurso público se reconoce al hombre y su crecimiento en el centro del debate, al tiempo que constituye la base para idear y construir políticas públicas consecuentes con ello. Esto también influirá sobre las características de las industrias culturales cubanas en comparación con las foráneas aportando otros indicadores necesarios a lo hora de abordarlas en cualquier estudio.

La industria editorial cubana constituye un sistema que tiene un alcance nacional y que desde sus inicios goza del apoyo del Estado; quien ha sido un garante para ella. Desde sus políticas públicas se han generado un grupo de estrategias que protegen al libro, al autor y al lector cubano. Existen leyes que avalan este accionar. Para ello se ha potenciado la protección al consumidor no solo con temas que tienen que ver con los tópicos que a nivel de políticas culturales se promueven en la búsqueda de un ciudadano tanto instruido como culto, también la industria editorial cubana ostenta precios bajos lo que permite la accesibilidad al libro.

El examen de las políticas públicas (culturales, educativas y de comunicación) no remite de modo expreso ni unívoco a una dimensión comunicativa pública, en la cual el libro/lectura se jerarquice como soporte democratizador de saberes, y a esta industria como garante explícita de los niveles de reproductividad y crecimiento cultural de una nación; amén de que se aprecian evidentes disfuncionalidades y vacíos discursivos y normativos para con una forma simbólica/práctica cultural que ha de ser asumida como transversalmente activa en la formulación de las políticas que emanan del Sistema de educación cubano, del Ministerio de Cultura y de las Políticas de comunicación (informativas/culturales/científicas vigentes, cuyos contenidos discurren por el sistema de medios nacionales, prensa impresa, radio, televisión… sistema de comunicación pública, con alcance noticioso, de conocimiento y entretenimiento). Tales articulaciones adquieren densidad tanto en su ramificación horizontal como vertical, colocándose la industria editorial como núcleo activo del proceso (promoción de la lectura; valorización de la lengua materna; de la cultura y la memoria histórica de la nación; valorización del rol de las bibliotecas públicas, provinciales, municipales, escolares, como instancias repositorios activos que contribuyen al sector, entre tantas acciones en cadena que una visión holística presupone).

En pos de una generalización, a modo de epílogo: el sector de la industria editorial en el país está marcadamente apto para abrirse a dinámicas de relación interinstitucional, sectorial, frente al mercado y la sociedad civil más democráticas y participativas, dinamismo dado por sus múltiples ramificaciones, como nichos de empleo, cualificados y diversos; de ahí la importancia de fomentar el perfeccionamiento de sus dimensiones creativas y de la articulación de esfuerzos micro-empresariales y prestaciones individuales en consideración con el servicio público estatal. En aras de aumentar la eficacia social del libro, la industria editorial y el aparato legal-administrativo, al cual se debe, están llamados a perfeccionar su legislación/normatividad, su estructura de funcionamiento y los esquemas de comercialización, promoción, consumo, a través de los cuales se vigoriza su recepción pública.

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I El presente artículo configura a partir de los resultados de la investigación para optar por el grado de Máster en Ciencias de la Comunicación, como parte de la edición XIV de dicha maestría, FCOM.

IIDos acontecimientos fundamentales integrarán este proceso la impresión de 100 mil ejemplares de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes, por la Imprenta Nacional Revolucionaria; y la Campaña de Alfabetización (1961), verdadera hazaña de emancipación popular que involucró a más de 100 mil personas; para tal propósito se imprimieron más de 1 millón de cartillas, favoreciéndose así un proceso sin precedentes.

IIIEstas instituciones fueron: Imprenta Nacional (1959-1962), Departamento de Literatura y Publicaciones del Consejo Nacional (1959-1962), Editorial Nacional de Cuba (1962-1967), Edición Revolucionaria (1965-1967) bajo la dirección del Consejo Nacional de Cultura, Casa de las Américas (1959) y Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC, 1961), Ministerio de Cultura (MINCULT, 1976) y el ya mencionado Instituto Cubano del Libro, una reestructuración mejorada del Instituto del Libro (1967).

IV Es preciso aclara que la tipología de editoriales nacionales aún sigue vigente, al menos de menos nominativo, ese es el caso de Casa Editora Abril, UNIÓN, Editorial Academia, Editorial San Luis... pero la experiencia demuestra que cada vez más las editoriales se alejan de estas etiquetas efectivas en un inicio, mientras que ahora existe una búsqueda más inclusiva sin reparar tanto en restricciones geográficas.

VEsta clasificación responde a lo normado por la Agencia Internacional del ISBN, a la cual Cuba se suscribe.

VIFuente: Resumen estadístico 2014 (2015, pp. 14-15) y Resumen estadístico 2015 (2016, 15-16).

Recibido: 15 de Diciembre de 2018; Aprobado: 01 de Febrero de 2019

* Correo electrónico: yanet.blanco@accs.co.cu

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