<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>1024-9435</journal-id>
<journal-title><![CDATA[ACIMED]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[ACIMED]]></abbrev-journal-title>
<issn>1024-9435</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S1024-94352007000100015</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La organización de la información en la etapa colonial: Estudio de un caso: La biblioteca de la Sociedad Económica de Amigos del País]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The information organization in the colonial period: A case s tudy : The Biblioteca de la Sociedad Económica de Amigos del País]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Grandal Pérez]]></surname>
<given-names><![CDATA[Lilian]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Campos Herrera]]></surname>
<given-names><![CDATA[Airelys]]></given-names>
</name>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Departamento Bibliotecología y Ciencia de la Información. Facultad de Comunicación. Universidad de La Habana.  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[Ciudad de La Habana ]]></addr-line>
<country>Cuba</country>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>01</month>
<year>2007</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>01</month>
<year>2007</year>
</pub-date>
<volume>15</volume>
<numero>1</numero>
<fpage>0</fpage>
<lpage>0</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1024-94352007000100015&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S1024-94352007000100015&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S1024-94352007000100015&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><abstract abstract-type="short" xml:lang="es"><p><![CDATA[Con el objetivo de conocer cómo ocurrían los procesos de organización de la información en la etapa colonial en Cuba, se procedió a examinar las memorias y archivos de la Sociedad Económica de Amigos del País. Se esboza brevemente como sucedían los procesos de selección, procesamiento, almacenamiento y conservación en dicha institución en esta etapa de la historia de Cuba.]]></p></abstract>
<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[In order to know how the information organization processes took place in the colonial period in Cuba, the memoirs and archives of the Sociedad Económica de Amigos del País were examined. The way in which the processes of selection, processing, storage and conservation were managed at this institution in this stage of the history of Cuba is briefly outlined.]]></p></abstract>
<kwd-group>
<kwd lng="es"><![CDATA[Organización de la información]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[etapa colonial]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[Cuba]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[I nformation organization]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[colonial period]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[Cuba]]></kwd>
</kwd-group>
</article-meta>
</front><body><![CDATA[  <h2>La organizaci&oacute;n de la informaci&oacute;n en la etapa colonial. Estudio de un caso: La biblioteca de la Sociedad Econ&oacute;mica de Amigos del Pa&iacute;s</h2>     <p><a href="#autor">Lic. Lilian Grandal P&eacute;rez<span class="superscript">1</span> y Lic. Airelys Campos Herrera<span class="superscript">2</span></a><a name="cargo"></a> </p> <h4>RESUMEN </h4>     <p>Con el objetivo de conocer c&oacute;mo ocurr&iacute;an los procesos de organizaci&oacute;n de la informaci&oacute;n en la etapa colonial en Cuba, se procedi&oacute; a examinar las memorias y archivos de la Sociedad Econ&oacute;mica de Amigos del Pa&iacute;s. Se esboza brevemente como suced&iacute;an los procesos de selecci&oacute;n, procesamiento, almacenamiento y conservaci&oacute;n en dicha instituci&oacute;n en esta etapa de la historia de Cuba.</p>     <p><em>Palabras clave</em>: Organizaci&oacute;n de la informaci&oacute;n; etapa colonial, Cuba. </p> <h4>ABSTRACT </h4>     <p>In order to know how the information organization processes took place in the colonial period in Cuba, the memoirs and archives of the <em>Sociedad    Econ&oacute;mica de Amigos del Pa&iacute;s </em> were examined. The way in which the processes of selection, processing, storage and conservation were managed at this institution in this stage of the history of Cuba is briefly outlined. <strong></strong></p>     <p> <em>Key words</em>:  I nformation organization, colonial period, Cuba. </p>     <p>Copyright: &copy; ECIMED. Contribuci&oacute;n de acceso abierto, distribuida bajo los t&eacute;rminos de la Licencia Creative Commons Reconocimiento-No Comercial-Compartir Igual 2.0, que permite consultar, reproducir, distribuir, comunicar p&uacute;blicamente y utilizar los resultados del trabajo en la pr&aacute;ctica, as&iacute; como todos sus derivados, sin prop&oacute;sitos comerciales y con licencia id&eacute;ntica, siempre que se cite adecuadamente el autor o los autores y su fuente original. </p>     <p>Cita (Vancouver): Grandal P&eacute;rez L, Campos Herrera A. La organizaci&oacute;n de la informaci&oacute;n en la etapa colonial. Estudio de un caso: la biblioteca de la Sociedad Econ&oacute;mica de Amigos del Pa&iacute;s. Acimed 2007;15(1). Disponible en: <strong><a href="http://bvs.sld.cu/revistas/aci/vol15_1_07/aci15107.htm">http://bvs.sld.cu/revistas/aci/vol15_1_07/aci15107.htm </a></strong> [Consultado: d&iacute;a/mes/a&ntilde;o]. <strong></strong></p>     <p>Las bibliotecas son centros para la informaci&oacute;n acad&eacute;mica, pol&iacute;tica, econ&oacute;mica, social y cultural, que satisface las necesidades de informaci&oacute;n de un grupo de usuarios. </p>     <p>Inicialmente, instituciones como la biblioteca de la Sociedad Econ&oacute;mica de Amigos del Pa&iacute;s (SEAP), fundada en 1793, se consideraban como un almac&eacute;n de libros, y el lugar que ellos ocupaban no presentaba las condiciones adecuadas para la conservaci&oacute;n de sus fondos bibliogr&aacute;ficos. Sin embargo, con el devenir del tiempo y con los resultados de su trabajo; as&iacute; como con el crecimiento de la conciencia sobre la necesidad de la informaci&oacute;n albergada sus fondos, las bibliotecas se transformaron en un espacio cultural donde los usuarios recurr&iacute;an asiduamente, &aacute;vidos de obtener informaci&oacute;n relacionada con los principales adelantos de la ciencia y la t&eacute;cnica, las novedades en materia de humanidades, etc&eacute;tera. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En la medida que se incrementaron las colecciones bibliogr&aacute;ficas, se hizo necesario organizar la informaci&oacute;n, seg&uacute;n los incipientes criterios bibliotecol&oacute;gicos, llegados hasta el momento a la Cuba colonial y que, frecuentemente, fueron el resultado de la practica diaria. </p>     <p>Para acceder a este fondo bibliogr&aacute;fico, que supuestamente deb&iacute;a cubrir las necesidades de informaci&oacute;n de los usuarios de la &eacute;poca, fue necesario organizar, representar, almacenar y conservar la informaci&oacute;n existente. </p>     <p>Como se abordar&aacute; la organizaci&oacute;n de la informaci&oacute;n en la etapa colonial, en una de las instituciones insignes de la cultura cubana, se detallar&aacute;n las funciones tradicionales de la biblioteca que intervienen directamente en el proceso de la organizaci&oacute;n de la informaci&oacute;n: </p> <ul>       <li> Selecci&oacute;n, adquisici&oacute;n y descarte. </li>       <li> Representaci&oacute;n formal y de contenido de la informaci&oacute;n. </li>       <li> Almacenamiento del fondo bibliogr&aacute;fico y conservaci&oacute;n. </li>     </ul> <h4>Selecci&Oacute;n</h4>     <p>Seg&uacute;n las memorias de la biblioteca de la SEAP, esta instituci&oacute;n recibi&oacute; adem&aacute;s del acostumbrado libro otras fuentes de informaci&oacute;n. </p>     <p>Se almacenaban en la biblioteca, documentos no convencionales que actualmente son susceptibles actualmente de una descripci&oacute;n m&aacute;s profunda de sus elementos. Sin embargo, como parte integrante del fondo documental, formaron parte de un cat&aacute;logo num&eacute;rico independiente. </p>     <p>El ingreso de las fuentes de informaci&oacute;n a la biblioteca p&uacute;blica de la SEAP se realizaba de acuerdo con los criterios muy generales que pose&iacute;a el bibliotecario encargado. M&aacute;s bien, la entrada de la documentaci&oacute;n estuvo enfocada al desarrollo econ&oacute;mico, social y cultural del pa&iacute;s con el prop&oacute;sito de emprender reformas en la sociedad colonial. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Este nuevo concepto reformador de la sociedad colonial se sustent&oacute; en las ideas y criterios de la Ilustraci&oacute;n. Poco a poco, esta concepci&oacute;n del Iluminismo se convirti&oacute; en un modelo de la sociedad burguesa, donde la educaci&oacute;n constitu&iacute;a la premisa fundamental para los cambios y renovaciones que iban a suceder en sociedad colonial cubana. </p>     <p>Los estudios relacionados con la bibliotecolog&iacute;a, como disciplina general, se fundamentaban en procedimientos emp&iacute;ricos y la adquisici&oacute;n se enfocaba m&aacute;s al completamiento de las colecciones que al estudio de las necesidades de informaci&oacute;n de los usuarios. </p>     <p>Los procesos relacionados con la organizaci&oacute;n de la informaci&oacute;n se desarrollaron a partir de una realidad objetiva que fue posible conocer mediante la pr&aacute;ctica. Esto produjo como resultado la incorporaci&oacute;n de t&iacute;tulos y vol&uacute;menes no tan necesarios en el fondo documental. </p>     <p>Una de las funciones esenciales de los procesos de selecci&oacute;n en la biblioteca de SEAP, fue la de recibir los materiales bibliogr&aacute;ficos que ingresaron a la biblioteca por diferentes v&iacute;as: compra, donaci&oacute;n, canje y dep&oacute;sito legal. Una vez recibidos, los recursos bibliogr&aacute;ficos se proced&iacute;a a elaborar y a emitir un acuse de recibo como constancia de la adquisici&oacute;n de las fuentes de informaci&oacute;n. </p>     <p>La biblioteca se enriqueci&oacute; por el donativo particular de sus socios como el Excmo. Sr. D. <em>Luis de las Casas</em>, el Sr. <em> Marqu&eacute;s de Montehermoso, </em> y especialmente por el protector D. <em>Antonio Robredo</em>, que ofreci&oacute; la sala de su casa como local para colocar las obras recibidas y utilizarlas. </p>     <p>Fue as&iacute;, como en junio de 1793, pudo esta instituci&oacute;n abrir sus puertas. Al principio contaba con 77 vol&uacute;menes, que costaron 184 pesos y 4 reales. Posteriormente, los libros se incrementaron de manera progresiva, y para el 18 de julio del mismo a&ntilde;o, se contaba con un total de 1 402 vol&uacute;menes. </p>     <p>Una vez trasladada la SEAP al Convento de Santo Domingo, seg&uacute;n <em>Bachiller y </em><em>Morales</em>, esta biblioteca se enriqueci&oacute; con numerosas obras valiosas, gracias a los donativos, entre los que se destacaron los ofrecidos por D. <em>Francisco de Arango</em>. Por otra parte, <em>Bachiller </em> hurg&oacute; en los expedientes del archivo de la sociedad y pudo constatar una colecci&oacute;n de obras notables. “ <em>La espl&eacute;ndida edici&oacute;n de antig&uuml;edades de Herculano, La Antig&uuml;edad de Montfaucon, los grandes diccionarios de Morera, Bayle, etc., muchas de las publicaciones de los benedictinos, la hermosa edici&oacute;n de l&aacute;minas de Picard sobre religiones, ritos y preocupaciones (15 tomos en folios), algunos manuscritos como los de Urrutia y dos tomos que no se determinan sino que trataban de asuntos de Europa”</em>.<span class="superscript">1</span> Seg&uacute;n el propio <em>Bachiller</em>, la mayor parte de las obras se&ntilde;aladas anteriormente hab&iacute;an desaparecido por la irresponsabilidad del estacionario. </p>     <p>Seg&uacute;n se tiene constancia, como parte de los estudios realizados por historiadores sobre la emigraci&oacute;n francesa en Cuba y la relaci&oacute;n de t&iacute;tulos encontrados en las <em>Memorias de la SEAP</em>, el franc&eacute;s fue el idioma que prevaleci&oacute; en los fondos de dicha instituci&oacute;n. No obstante, lo m&aacute;s selecto de la intelectualidad criolla conoc&iacute;a el idioma; en varias ocasiones, recurrieron a la traducci&oacute;n de las obras del franc&eacute;s al espa&ntilde;ol. </p>     <p>Cabe mencionar la traducci&oacute;n de las obras de <em>Corbeaux y Dutrone de la Coutiere </em> sobre el cultivo y mejoramiento de los m&eacute;todos de obtenci&oacute;n de la ca&ntilde;a de az&uacute;car, realizada por <em>Antonio Robredo y Pablo Boloix</em>, ambos socios y activos colaboradores de la SEAP. </p>     <p>A principios del siglo XIX, los intelectuales cubanos pose&iacute;an una amplia cultura enciclop&eacute;dica con relaci&oacute;n a las diversas tem&aacute;ticas del conocimiento; en las postrimer&iacute;a del siglo XIX, fruto de la Segunda Revoluci&oacute;n Industrial, hubo una reestructuraci&oacute;n no s&oacute;lo del volumen documental sino tambi&eacute;n de las t&eacute;cnicas bibliotecarias. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En dicho per&iacute;odo, surgieron nuevas asociaciones de informaci&oacute;n y aparecieron nuevas tipolog&iacute;as documentales y servicios de informaci&oacute;n, que hicieron vislumbrar una ciencia nueva: la ciencia documental. Esta nueva ciencia se construy&oacute; sobre la base de la aparici&oacute;n de nuevos formatos de informaci&oacute;n muy diferente al libro, considerado hasta ese momento como el &uacute;nico soporte de informaci&oacute;n. Por otra parte, como consecuencia del incremento del volumen de informaci&oacute;n en el orden econ&oacute;mico, cient&iacute;fico, social y cultural aparecieron las bibliotecas especializadas en algunas disciplinas fundamentales. </p> <h6><a>&nbsp;</a>Donaci&oacute;n y compra </h6>     <p>Aproximadamente hacia 1811, en relaci&oacute;n con los distintos informes emitidos sobre el estado de la biblioteca respecto a su organizaci&oacute;n, se observa que hasta ese momento, la donaci&oacute;n fue la v&iacute;a de adquisici&oacute;n por excelencia. </p>     <p>Esta situaci&oacute;n se extendi&oacute; durante los primeros a&ntilde;os de inaugurada la biblioteca. Esta se mantuvo gracias a las donaciones de libros realizada por la burgues&iacute;a criolla; es v&aacute;lido mencionar a <em>Francisco Pe&ntilde;alver y a Miguel de Arambarri, </em> adem&aacute;s de los numerosos socios de la SEAP que favorecieron a dicha instituci&oacute;n. Esta v&iacute;a result&oacute; ser muy provechosa y oportuna, porque la instituci&oacute;n no contaba con un presupuesto estable para la adquisici&oacute;n de fondos. </p>     <p>No obstante, esta situaci&oacute;n se tornar&iacute;a insostenible para la biblioteca. </p>     <p>En sus inicios, dicha instituci&oacute;n cont&oacute; con el apoyo de los beneficios que proven&iacute;an de las ventas del <em>Papel Peri&oacute;dico: ” … con el dinero existente, y el que se fuere acumulando se har&aacute;n venir de Espa&ntilde;a los libros que se juzguen conducentes a formar una biblioteca selecta, como la que tiene determinado la SEAP, para que pueda servir a los &uacute;tiles fines que se propone este establecimiento …”</em>.<span class="superscript">2 </span></p>     <p>Por otra parte, a los miembros de la SEAP , con vistas a su actualizaci&oacute;n regular, les parec&iacute;a conveniente, que la Sociedad se suscribiera a los diferentes peri&oacute;dicos que se editaban en Espa&ntilde;a y en Am&eacute;rica y, en caso de ser posible, a aquellos peri&oacute;dicos que se publicaran en los pa&iacute;ses extranjeros y que s&oacute;lo abordaran la tem&aacute;tica relacionada con la literatura. </p>     <p>De forma paulatina, las colecciones de la biblioteca se incrementaron con nuevos libros, fueron por la v&iacute;a de los donativos o por las compras. En 1828, como consecuencia del crecimiento de la colecci&oacute;n, la biblioteca se vio en la necesidad de aplicar nuevos procedimientos relativos a la colocaci&oacute;n de los documentos. Sin embargo, no fue hasta 1838, en que <em>Jos&eacute; de la Luz y Caballero</em>, ocup&oacute; el cargo de director de la sociedad, que se procedi&oacute; a reformar la biblioteca. <em> Jos&eacute; de La Luz y Caballero</em>, realiz&oacute; una propuesta en la Junta, el 9 de julio de 1838, donde plante&oacute; la necesidad de reformar la biblioteca. En esta sesi&oacute;n obtuvo donaciones de libros importantes de los socios como fue el caso de <em>Jos&eacute; Luis </em> Alfons <em>o, </em> que entreg&oacute; 60 vol&uacute;menes y 56 <em>Lorenzo de Allo</em>, </p>     <p>Por otra parte, una considerable suma de dinero pas&oacute; a formar parte del presupuesto de la biblioteca y con estos ingresos se atendi&oacute; desde la construcci&oacute;n de los estantes para colocar los libros adquiridos hasta la obtenci&oacute;n de los libros necesarios en las diferentes ramas del conocimiento, con el fin de que la biblioteca pudiera atender las necesidades de informaci&oacute;n de todas las profesiones u oficios. </p>     <p>De este modo, las diferentes categor&iacute;as de usuarios podr&iacute;an instruirse en cada una de sus ramas de las ciencias y en sus oficios. La biblioteca por medio de sus colecciones colabor&oacute; con la misi&oacute;n de la SEAP de contribuir con el progreso cultural y material del pa&iacute;s en todas las esferas. </p>     <p>A partir de este momento, <em>Jos&eacute; de La Luz y Caballero </em> se auxili&oacute; de la cooperaci&oacute;n de <em>Jos&eacute; Luis Alfonso y Jos&eacute; Bulnes Solera</em>, residentes en Par&iacute;s y Madrid respectivamente para adquirir los libros de la biblioteca en Francia y en Espa&ntilde;a. Estos dos se&ntilde;ores asumieron el importe de las adquisiciones, que colaboraban gustosamente con la noble tarea de actualizar las colecciones de la biblioteca de la Sociedad. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A raz&oacute;n de las obras ingresadas y las muestras halladas en las <em>Memorias de la SEAP </em> se puede plantear, que durante el siglo XIX, la mayor parte de las fuentes de informaci&oacute;n que se almacenaron y diseminaron en el pa&iacute;s, se publicaron en Francia y el franc&eacute;s fue el idioma que prevaleci&oacute;. Esto demuestra la influencia de una cultura francesa en Cuba sobre todo en la primera mitad del siglo XIX. </p>     <p>En m&uacute;ltiples ocasiones, se seleccionaron fuentes de informaci&oacute;n en otros idiomas, y se desde&ntilde;&oacute; el idioma espa&ntilde;ol. Es por eso, que, en diciembre de 1810, una diputaci&oacute;n de la Sociedad , inform&oacute; sobre el estado de la biblioteca, respecto al idioma de la colecci&oacute;n, “… <em>al observar tanta pobreza de producciones en nuestro idioma que puede decirse sin exageraci&oacute;n que no parece una biblioteca espa&ntilde;ola, porque casi todos los libros est&aacute;n escritos en idioma extranjero </em>…”.<span class="superscript">3</span> </p>     <p>Si bien era necesario enriquecer las colecciones bibliogr&aacute;ficas en otros idiomas, se deb&iacute;a priorizar la cantidad de obras que ingresaban a la biblioteca en los idiomas requeridos por ella, a fin de no incorporar en los fondos, aquellas obras que no tendr&aacute;n un uso frecuente entre los usuarios. </p>     <p>Durante los a&ntilde;os de 1840 a 1844, la biblioteca pose&iacute;a una amplia colecci&oacute;n de las m&aacute;s variadas materias. En aquel tiempo, se enviaron a la biblioteca, 1 670 vol&uacute;menes, de las cuales 694 correspond&iacute;an a las bibliotecas de los conventos suprimidos y 11 obras se remitieron desde Boston, Estados Unidos, por <em>Angel Calder&oacute;n de la Barca</em>.<em> De modo que los fondos se abarrotaron de libros y el local result&oacute; insuficiente para mantenerlos en buen estado de conservaci&oacute;n</em>. </p>     <p>Durante la direcci&oacute;n de <em>Tom&aacute;s Romay </em> como bibliotecario, ingresaron a la biblioteca importantes donativos de libros. Se recibieron un total de 246 vol&uacute;menes de <em>Anastasio de </em><em>Arango</em>, 190 vol&uacute;menes de su rey S. M. <em>Luis Felipe </em> de Francia, 596 vol&uacute;menes de <em>Josefa </em><em>Rodr&iacute;guez Vda. de Fresneda</em>, y 59 vol&uacute;menes de <em> Augusto Simounet</em>, C&oacute;nsul de Francia en los Estados Unidos. </p>     <p>A prop&oacute;sito del nuevo reglamento de 1858, se inspeccion&oacute; el dep&oacute;sito pasivo y se detect&oacute; la existencia de nuevas obras. Las tem&aacute;ticas que prevalecieron fundamentalmente fueron las de ciencias y de aplicaci&oacute;n a la industria. </p> <h6>Dep&oacute;sito legal </h6>     <p>Una de las formas de adquirir e incrementar el patrimonio bibliogr&aacute;fico de la biblioteca de la SEAP fue mediante el dep&oacute;sito legal. <em>Antonio del Valle Hern&aacute;ndez </em> advirti&oacute; esta posibilidad, por considerarse hasta entonces la &uacute;nica biblioteca p&uacute;blica existente en el pa&iacute;s. En una junta general, el 24 de septiembre de 1800 expres&oacute;: <em>“… que a ejemplo de lo que se practica en otros pa&iacute;ses, se suplicara al se&ntilde;or Gobernador y Capit&aacute;n General, estableciese que todo aquel que imprima cualquier libro, papel, de dos ejemplares a la biblioteca p&uacute;blica para que por este medio se facilite la com&uacute;n utilidad, sin conocido gravamen de los autores ”</em>.<span class="superscript">4</span> Seguidamente, el 25 de octubre del propio a&ntilde;o la junta acord&oacute; lo designado, y el <em>Marquez de Someruelos</em>, propuso: <em>“… el que publique libro, papel o discurso, de dos ejemplares a su biblioteca…” </em>.<span class="superscript">5</span> </p>     <p>Esta disposici&oacute;n no se mantuvo por mucho tiempo, porque hubo personas que quebrantaron la ley y no se les sancion&oacute;. </p>     <p>Ser depositaria del patrimonio bibliogr&aacute;fico nacional, una condici&oacute;n exclusiva de las bibliotecas nacionales, da una medida de la importancia de la biblioteca de la SEAP como instituci&oacute;n cultural m&aacute;s prominente del pa&iacute;s. </p> <h4>PROCESAMIENTO DE LA INFORMACION </h4>     <p>A prop&oacute;sito del incremento de las colecciones bibliogr&aacute;ficas que se produjo en las primeras dos d&eacute;cada del siglo XIX, se hizo necesaria la organizaci&oacute;n y representaci&oacute;n de estas como parte esencial del desarrollo de la biblioteca. </p> <h6>Catalogaci&oacute;n o descripci&oacute;n bibliogr&aacute;fica </h6>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En el a&ntilde;o 1793, el Sr. censor D. <em>Nicol&aacute;s Calvo </em> para los procesos que se efectuaban en la biblioteca, hab&iacute;a facilitado una peque&ntilde;a imprenta de mano con el prop&oacute;sito de que pudiera utilizarse para marcar y numerar los libros, entre otros usos. Este instrumento ahorr&oacute; tiempo en las tareas bibliotecarias. </p>     <p>La catalogaci&oacute;n, como proceso bibliotecario en la etapa colonial, se suscribi&oacute; fundamentalmente a la enumeraci&oacute;n de las caracter&iacute;sticas formales de los documentos mediante &iacute;ndices con el prop&oacute;sito de proporcionar a la instituci&oacute;n bibliotecaria, una ordenamiento coherente sobre la existencia de las obras en el fondo documental para su posterior consulta y recuperaci&oacute;n. </p>     <p>Cuando se fund&oacute;, la primera biblioteca p&uacute;blica en la SEAP, se destin&oacute; a <em>Jos&eacute; Arango </em> como el bibliotecario responsable para la confecci&oacute;n de los &iacute;ndices de los libros que paulatinamente ingresaron a la instituci&oacute;n. </p>     <p>Una vez trasladada la biblioteca al Convento de Santo Domingo, se encomend&oacute; al bibliotecario <em>Agust&iacute;n Roy&eacute; </em> la confecci&oacute;n de un cat&aacute;logo mucho m&aacute;s ambicioso respecto al n&uacute;mero de las obras existentes hasta ese momento en la instituci&oacute;n. </p>     <p>En dicho cat&aacute;logo, se relacionaron 568 obras con unos 1 000 o 1 030 vol&uacute;menes, s&oacute;lo se detall&oacute; el t&iacute;tulo de los libros por orden alfab&eacute;tico. Esta lista de t&iacute;tulo a modo de inventario fung&iacute;a como especie de un cat&aacute;logo impreso de t&iacute;tulo. </p>     <p>Posteriormente, la Sociedad escogi&oacute; a <em>Tom&aacute;s Romay y Juan Benigno O Gav&aacute;n, </em> para que notificaran sobre el estado de la biblioteca. Entres sus asuntos, se encontraban el estudio del cat&aacute;logo de <em>Roy&eacute;</em>, que se hab&iacute;a conformado anteriormente. </p>     <p>Despu&eacute;s de esta inspecci&oacute;n, se efectuaron observaciones referidas al deficiente ordenamiento o entrada principal del &iacute;ndice. </p>     <p>El ordenamiento propici&oacute; la confusi&oacute;n y desorientaci&oacute;n del investigador o cualquier categor&iacute;a de usuarios en muchas ocasiones e hizo perder el tiempo a m&aacute;s de uno. </p>     <p>Otro de los fen&oacute;menos m&aacute;s frecuentes y que tuvo lugar en el per&iacute;odo colonial fue el de <em>“… desnaturalizar por completo un nombre de familia, de que certificar&aacute; a vueltos de varios otros, el apellido Sarria, el Sarr&iacute;a y el Sarri&aacute;. … </em>”.<span class="superscript">6</span> Todas estas faltas, el reemplazo, la omisi&oacute;n y el cambio de una letra, originaron graves conflictos en determinadas ocasiones. Este problema pudiera decirse que contin&uacute;a hoy y de ah&iacute; la necesidad de estimular los esfuerzos para normalizar las autoridades. </p>     <p>Seg&uacute;n <em> Shardi, </em> que tuvo en sus manos un cat&aacute;logo del ramo de librer&iacute;a, pudo observar que uno de los errores m&aacute;s frecuentes es el cambio de una letra por otra, que trastornan el nombre y cambian, en muchos casos, el sentido, por ejemplo: (…)“ <em>Eduardo por Eudaldo, Eustaquio por Estaquio, Emilio por Emigdio etc.(….) </em>”.<span class="superscript">6</span> A continuaci&oacute;n, ejemplificaba los apellidos. Muchas veces, el catalogador no supo, a ciencia cierta, si se refer&iacute;a al nombre de pila o al primer apellido. Muestra de ello es:, (…) “ <em>el que catalogue a Antonio Mart&iacute;n Gamero por Gamero y a Braulio Ant&oacute;n Ram&iacute;rez por Ram&iacute;rez, se equivoca lastimosamente, pues Mart&iacute;n y Ant&oacute;n son respectivamente los primeros apellidos </em>(…)”.<span class="superscript">6</span> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En este per&iacute;odo, que se tenga constancia no existieron reglas para la entrada de los autores con el prop&oacute;sito de normalizar y unificar el proceso de la catalogaci&oacute;n. Es por eso, que se incurri&oacute; en una serie de errores, algunos de los cuales se mencionaron anteriormente. De esas faltas, no se encontr&oacute; exenta la biblioteca de la SEAP. </p>     <p>En 1813, se traslad&oacute; la biblioteca al convento de San Francisco; por esta fecha, se realiz&oacute; un conjunto de tareas que facilitaron la b&uacute;squeda y recuperaci&oacute;n de la informaci&oacute;n. Estas tareas desempe&ntilde;aron un papel fundamental en la descripci&oacute;n formal de los documentos. </p>     <p>Por aquel entonces, se confeccion&oacute; un &iacute;ndice alfab&eacute;tico y otro de materia por parte de <em>Pablo Boloix y Mauricio Zu&ntilde;iga</em>, instrumentos &uacute;tiles para la b&uacute;squeda y recuperaci&oacute;n de la informaci&oacute;n que, adem&aacute;s, ofrec&iacute;an la posibilidad de encontrar las obras sobre la materia deseada con relativa facilidad. Al mismo tiempo, sirvieron de inventario, primeramente para el trabajo del bibliotecario y, m&aacute;s tarde, para el servicio. Este modo de recuperar la informaci&oacute;n constituy&oacute; uno de los primeros indicios sobre la extracci&oacute;n de los elementos formales de los documentos y de la aparici&oacute;n de una herramienta m&aacute;s eficaz para la b&uacute;squeda y recuperaci&oacute;n de la informaci&oacute;n. </p>     <p>A partir del nuevo reglamento bibliotecario, confeccionado en 1841, y de acuerdo con el ac&aacute;pite “ <em>Del encargado de la Biblioteca </em>”, <em></em>se <em></em>propuso la confecci&oacute;n de diferentes cat&aacute;logos; cabe destacar la formaci&oacute;n de un cat&aacute;logo general por orden num&eacute;rico de todos los libros, otro cat&aacute;logo por orden alfab&eacute;tico de los apellidos de los autores, en el que se colocaba separadamente los an&oacute;nimos y otros por orden de materia. </p>     <p>No fue hasta el a&ntilde;o 1858, que se redact&oacute; un nuevo reglamento para la biblioteca, donde se dispuso confeccionar diferentes tipos de cat&aacute;logos en relaci&oacute;n con las dis&iacute;miles tipolog&iacute;as documentales. A continuaci&oacute;n, se mencionan algunos de ellos: </p> <ul>       <li>Cat&aacute;logo num&eacute;rico, el cual servir&iacute;a como inventario. </li>       <li>Cat&aacute;logo alfab&eacute;tico en tarjetas por orden de autores. </li>       <li>Cat&aacute;logo met&oacute;dico de acuerdo con la clasificaci&oacute;n de los conocimientos. </li>       <li>Cat&aacute;logo inventario: uno para los mapas, otro para las l&aacute;minas, otro para la m&uacute;sica, otro para las obras duplicadas y otro para las obras incompletas que no se hab&iacute;an inventariado con anterioridad en el cat&aacute;logo num&eacute;rico principal. </li>       <li>Cat&aacute;logo inventario para las operaciones administrativas: las encuadernaciones y otro para los peri&oacute;dicos, otro para los pr&eacute;stamos. </li>     ]]></body>
<body><![CDATA[</ul> <h6>Clasificaci&oacute;n </h6>     <p>La SEAP dispuso de dos reglamentos bibliotecarios, uno del a&ntilde;o 1841, que result&oacute; ser una ordenamiento mucho m&aacute;s sencillo y otro del a&ntilde;o 1858. </p>     <p>En el reglamento de 1841, se procur&oacute; reunir, en un mismo estante, todos aquellos recursos que abordaban una misma materia o que las letras con que se diferenciaban eran iguales. Como consecuencia result&oacute; que, a una misma subdivisi&oacute;n, le correspond&iacute;an materias diferentes pero afines con la tem&aacute;tica general. </p>     <p>Por otra parte, pod&iacute;a coincidir la misma subdivisi&oacute;n y letra a un documento que trataba de econom&iacute;a, estad&iacute;stica y comercio. En relaci&oacute;n estrecha con el almacenamiento en cada estante se fijaba la letra de la tem&aacute;tica general y sus subdivisiones. </p>     <p>Por otra parte, seg&uacute;n el reglamento bibliotecario correspondiente al a&ntilde;o 1858, el sistema de clasificaci&oacute;n empleado por la SEAP respond&iacute;a a la clasificaci&oacute;n de los conocimientos humanos. Para la conformaci&oacute;n de los cat&aacute;logos se tuvo presente una tabla enciclop&eacute;dica. </p>     <p>En ella, se reflejaron todos los conocimientos existentes hasta el momento en un sistema o modelo &uacute;nico. La tabla enciclop&eacute;dica divid&iacute;a el conocimiento en dos grandes ciencias: ciencias cosmol&oacute;gicas y ciencias nool&oacute;gicas. A partir de la divisi&oacute;n de las ciencias en dos grandes grupos, se logr&oacute; efectuar una divisi&oacute;n entre las ciencias de la naturaleza y las ciencias del esp&iacute;ritu que respond&iacute;an a las concepciones generales sobre el mundo circundante de la &eacute;poca. </p>     <p>Esta clasificaci&oacute;n estuvo presente en el momento de conformaci&oacute;n de los cat&aacute;logos, y, a su vez, permiti&oacute; el acceso a los materiales bibliogr&aacute;ficos en una materia determinada. Este sistema organiz&oacute; los recursos de informaci&oacute;n por materia. </p>     <p>Cada recurso ten&iacute;a un c&oacute;digo &uacute;nico, representado por una letra may&uacute;scula del alfabeto, que identifica las clases generales. Cada clase general se dividi&oacute; en diferentes subclases y se represent&oacute; por una letra min&uacute;scula del alfabeto, en las que se inclu&iacute;an las diferentes ciencias particulares relativas a la clase principal por denominarlo de alguna manera, seg&uacute;n el esquema de clasificaci&oacute;n. De manera general, se propuso que las letras recordaran a cada ciencia. No obstante, se realiz&oacute; la siguiente salvedad con respecto a las letras E, relativa a clase principal de medicina en honor de <em>Esculapio</em>, y la letra c, la tem&aacute;tica de historia de Am&eacute;rica, en honor a <em>Crist&oacute;bal Col&oacute;n</em>, descubridor de Am&eacute;rica. </p>     <p>El esquema propuesto permiti&oacute; agrupar las tem&aacute;ticas en los diferentes estantes del fondo bibliogr&aacute;fico. Este esquema de clasificaci&oacute;n permiti&oacute; la unificaci&oacute;n de criterio con respecto a la organizaci&oacute;n de la informaci&oacute;n en un mismo sistema de clasificaci&oacute;n de los conocimientos humanos. </p>     <p>Entre sus ventajas, se encontraban: </p> <ul>       ]]></body>
<body><![CDATA[<li>Los documentos relativos a una tem&aacute;tica particular se colocaban en un mismo estante. Este ordenamiento facilit&oacute; la b&uacute;squeda y recuperaci&oacute;n de los documentos sobre una tem&aacute;tica espec&iacute;fica por la proximidad en que se colocaban. </li>       <li>Si se conoc&iacute;a la tem&aacute;tica, no era necesario consultar los cat&aacute;logos. Este ordenamiento facilit&oacute; el trabajo de los bibliotecarios, porque s&oacute;lo ellos ten&iacute;an acceso a los dep&oacute;sitos de libros. </li>       <li> Este sistema de clasificaci&oacute;n propici&oacute; la organizaci&oacute;n de las colecciones de forma elemental y sencilla. </li>     </ul> <h4>ALMACENAMIENTO Y CONSERVACI&Oacute;N </h4>     <p>La biblioteca permaneci&oacute; aproximadamente 44 a&ntilde;os bajo mandato religioso. Por otra parte, qued&oacute; terminantemente prohibido por el responsable de la iglesia, que la obras que pudiesen afectar la doctrina cat&oacute;lica, se colocaran en los estantes donde se encontraba la colecci&oacute;n general de la biblioteca. </p>     <p>En el Acta del 9 de enero de 1803, se hizo referencia, sobre la posibilidad de a&ntilde;adir al reglamento bibliotecario, los ac&aacute;pites respectivos a los libros prohibidos y <em>“… que se compre un estante para guardar los libros prohibidos… </em>”.<span class="superscript">7</span> Los libros prohibidos por la iglesia se guardaban en el fondo de b&uacute;squeda pasiva, en un estante destinado a estas funciones segregadoras, que, en esta &eacute;poca, se reg&iacute;a por criterios religiosos impuestos sobre las sociedades de las colonias espa&ntilde;ola. </p>     <p>Despu&eacute;s del saqueo ocurrido en el Convento de los Dominicos, el 14 de diciembre de 1808, la biblioteca pose&iacute;a 417 obras y 1 617 vol&uacute;menes. Con posterioridad al traslado de la biblioteca, se incrementaron exponencialmente sus fondos, que alcanzaron las 1 133 obras y 2 862 vol&uacute;menes, adem&aacute;s de 12 estantes para conservar los libros. </p>     <p>A principio de 1840, la biblioteca volvi&oacute; a renacer y sali&oacute; del estado tan deplorable en que se encontraban sus fondos para trasladarse a los nuevos locales del Convento de Santo Domingo. A prop&oacute;sito de estos cambios, en la Junta general de 1841 se propuso un reglamento bibliotecario y entre sus ac&aacute;pites: “ <em>De la marca de los libros y la colocaci&oacute;n en los estantes </em>” a partir del art&iacute;culo 46 hasta el 57, se se&ntilde;alaba: “… <em>Se procurar&aacute; reunir en un mismo estante o en las tablas necesarias aquellas obras que traten una materia o que la letra con que se distinguen sean iguales… </em>”.<span class="superscript">8</span> </p>     <p>Desde el punto de vista del almacenamiento pasivo, seg&uacute;n el reglamento que deb&iacute;a observarse en la biblioteca de la SEAP, en el a&ntilde;o 1858, se hizo menci&oacute;n a la colocaci&oacute;n de los libros en dependencia del formato. El mueble debi&oacute; constar de dos partes separadas: en la inferior se colocaron los libros en folio mayor, y en la superior, los restantes libros. Asimismo, para la conservaci&oacute;n de los documentos, se previ&oacute; que los estantes estuvieran bastante separados del suelo. </p>     <p><strong><em></em></strong>La conservaci&oacute;n de los documentos est&aacute; determinada, adem&aacute;s, por el hacinamiento de los libros en los estantes. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A medida que la colecci&oacute;n se increment&oacute;, se hizo necesario aumentar el espacio y comprar nuevos estantes, porque el amontonamiento de los libros constitu&iacute;a una de las causas de deterioro y p&eacute;rdida del material. </p>     <p>Por otra parte, en un mismo espacio, se encontraban aquellos libros que estaban en buen estado, seguidos de otros, en estado de apolillamiento. Esto provocaba la p&eacute;rdida, no s&oacute;lo del material bibliogr&aacute;fico en mal estado, sino de aquel que se encontraba en buenas condiciones. </p>     <p>En 1835, la biblioteca se encontraba alojada en un local inadecuado para su instalaci&oacute;n que afectaba la conservaci&oacute;n y el buen estado de las obras que all&iacute; se ofrec&iacute;an. El secretario de la Sociedad , <em>Antonio Zambrana </em>, comentaba en la Junta General del 17 de diciembre de 1835, que el Director de la Sociedad Econ&oacute;mica visit&oacute; la biblioteca y se llev&oacute; la siguiente impresi&oacute;n <em>“… no pudo menos que dar una muestra de su ilustraci&oacute;n, reconociendo el deplorable estado en que se halla, y la imperiosa necesidad de una reforma que la pusiese al nivel del estado del pa&iacute;s, si no para constituirla en el rango en que todos los pueblos cultos conservan estos dep&oacute;sitos preciosos de los conocimientos &uacute;tiles, a lo menos para sacarla del estado miserable en que se encuentra, no tanto por falta de buenos documentos, cuanto por el mal estado del local </em> … <em>”</em>.<span class="superscript">9</span> </p>     <p>No fue hasta el 9 de julio de 1838 que <em> Jos&eacute; de La Luz y Caballero </em>, en una segunda junta, expres&oacute; la necesidad de reformar la biblioteca y trasladarla a un lugar m&aacute;s apropiado. Para esta empresa <em>Jos&eacute; de La Luz y Caballero </em> cont&oacute; con el presupuesto asignado a la biblioteca que, en a&ntilde;os anteriores, producto del propio estado en que se encontraba, no se hab&iacute;a invertido. Adem&aacute;s, tuvo el apoyo de los socios, los cuales donaron la suma de $3,141.30. As&iacute;, creci&oacute; notoriamente el n&uacute;mero y la calidad de los libros y peri&oacute;dicos obtenidos. Los mayores donativos pecuniarios lo hicieron la Junta de Fomento, que entreg&oacute; $918.00, el presb&iacute;tero <em>Jos&eacute; Ram&oacute;n de la Paz y Morej&oacute;n</em>, cura de Yaguaramas, $102.00 y <em>Gonzalo Alfonso y Miguel Aldama</em>, $ 51.00 cada uno. </p>     <p>Entre 1841 y 1844, al igual que a&ntilde;os atr&aacute;s, la biblioteca fluctuaba con relaci&oacute;n a la disposici&oacute;n de las obras en un lugar adecuado. El aumento exponencial de la colecci&oacute;n, que caracteriz&oacute; a dicha instituci&oacute;n y nunca fue previsto, determin&oacute; el cambio constante de la organizaci&oacute;n bibliotecaria. De esto, puede inferirse la poca conservaci&oacute;n y, por tanto, el volumen de la p&eacute;rdida de libros en la biblioteca. Esta situaci&oacute;n provoc&oacute; el traslado de la entidad a una parte del extinto Convento de San Felipe, que favoreci&oacute; la conservaci&oacute;n y evit&oacute; el hacinamiento de la colecci&oacute;n que destru&iacute;a los libros. Este local pose&iacute;a un amplio y ventilado sal&oacute;n. En el sal&oacute;n principal, se coloc&oacute; una estanter&iacute;a de caoba, que, m&aacute;s tarde, se sustituy&oacute; por escaparates de cedro. Las condiciones favorables del local propiciaron un incremento del n&uacute;mero de libros en buen estado que ascend&iacute;a a un total de 6 000 vol&uacute;menes, sin incluir los folletos que no estaban inventariados. </p>     <p>En 1880, se nombr&oacute; una comisi&oacute;n compuesta por lo se&ntilde;ores D. <em>Agust&iacute;n Saavedra</em>, D. <em>Miguel Melero</em>, D. <em>Rafael Cowley </em> y D. <em>Juan B</em>.<em> Armenteros </em> para reparar, ampliar y reformar los locales de la biblioteca. Se construy&oacute; la galer&iacute;a <em>Jorr&iacute;n </em>y se hicieron 24 estantes corridos, que facilitaron la distribuci&oacute;n y conservaci&oacute;n de las obras. En la sala <em>Robredo</em>, se ensancharon los estantes a fin de situar en ellos, un crecido volumen de obras que se hallaban dispersas al no haber un espacio para colocarlas. En la sala <em>Chaple</em>, se unieron cinco estantes y se form&oacute; otro convenientemente para depositar las colecciones de diferentes peri&oacute;dicos. Estas publicaciones seriadas han llegado hasta nuestros d&iacute;as por la acci&oacute;n favorable de los bibliotecarios. Felizmente, se decidido empastar 112 tomos correspondientes a 56 a&ntilde;os Esta reforma y ensanchamiento permiti&oacute; aislar las colecciones incompletas y apolilladas de aquellas que se encontraban en buen estado de conservaci&oacute;n. Este movimiento permiti&oacute; rescatar valiosas obras literarias. </p> <h4>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS </h4> <ol>       <li> Bachiller y Morales A. 1812-1899. Bibliotecas p&uacute;blicas en La Habana. La Idea 1866 abril 10:204. </li>       <li> Memorias de la Sociedad Patri&oacute;tica de La Havana. 1793. p.65. </li>       <li> Diputaci&oacute;n de la Sociedad. Diciembre 1810. </li>       <li> Junta General. 24 de diciembre de 1800. </li>       ]]></body>
<body><![CDATA[<li> Junta General. 25 de octubre de 1800. </li>       <li> Sbardi JM. Catalogaci&oacute;n. Sl: s.e; 1896. p.442. </li>       <li> Actas. 9 de enero de 1803. </li>       <li> Memorias de la SEAP. Junta General de 1841. </li>       <li> Junta General. 17 de diciembre de 1835. p.18. </li>     </ol>     <p>Recibido: 28 de diciembre del 2006. Aprobado: 8 de enero del 2007.     <br> Lic. <em>Airelys Campos Herrera</em>. Departamento Bibliotecolog&iacute;a y Ciencia de la Informaci&oacute;n. Facultad de Comunicaci&oacute;n. Universidad de La Habana. Calle G No.506 entre 21 y 23. El Vedado. Ciudad de La Habana. Cuba. Correo electr&oacute;nico: <strong><a href="mailto:airelys@fcom.uh.cu">airelys@fcom.uh.cu </a></strong></p>     <p> <span class="superscript"><a href="#cargo">1</a></span><a href="#cargo">Licenciada en Bibliotecolog&iacute;a y Ciencia de la Informaci&oacute;n. Centro de Informaci&oacute;n. Centro de Ingenier&iacute;a y Desarrollo para la Automatizaci&oacute;n (CEDAI). Cuba.     <br>   <span class="superscript"><strong>2</strong></span>Licenciada en Bibliotecolog&iacute;a y Ciencia de la Informaci&oacute;n. Profesor Instructor. Departamento Bibliotecolog&iacute;a y Ciencia de la Informaci&oacute;n. Facultad de Comunicaci&oacute;n. Universidad de La Habana.</a><a name="autor"></a> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Ficha de procesamiento </p>     <p>T&eacute;rminos sugeridos para la indizaci&oacute;n </p>     <p>Seg&uacute;n DeCS<span class="superscript">1 </span></p>     <p>BIBLIOTECAS/historia; CUBA.     <br> LIBRARIES/history; CUBA. </p>     <p>Seg&uacute;n DeCI<span class="superscript">2</span> </p>     <p>BIBLIOTECAS/historia; CUBA.     <br> LIBRARIES/history; CUBA. </p>     <p><span class="superscript">1</span>BIREME. Descriptores en Ciencias de la Salud (DeCS). Sao Paulo: BIREME, 2004. </p>     <p>Disponible en: <a href="http://decs.bvs.br/E/homepagee.htm ">http://decs.bvs.br/E/homepagee.htm </a></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><span class="superscript">2</span>D&iacute;az del Campo S. Propuesta de t&eacute;rminos para la indizaci&oacute;n en Ciencias de la Informaci&oacute;n. Descriptores en Ciencias de la Informaci&oacute;n (DeCI). Disponible en: <a href="http://cis.sld.cu/E/tesauro.pdf ">http://cis.sld.cu/E/tesauro.pdf </a></p>      ]]></body><back>
<ref-list>
<ref id="B1">
<label>1</label><nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Bachiller y Morales]]></surname>
<given-names><![CDATA[A]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[1812-1899. Bibliotecas públicas en La Habana: La Idea]]></source>
<year>1866</year>
<page-range>204</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B2">
<label>2</label><nlm-citation citation-type="">
<source><![CDATA[Memorias de la Sociedad Patriótica de La Havana]]></source>
<year>1793</year>
<page-range>65</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B3">
<label>3</label><nlm-citation citation-type="">
<source><![CDATA[Diputación de la Sociedad]]></source>
<year>1810</year>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B4">
<label>4</label><nlm-citation citation-type="">
<source><![CDATA[Junta General. 24 de diciembre de 1800]]></source>
<year></year>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B5">
<label>5</label><nlm-citation citation-type="">
<source><![CDATA[Junta General. 25 de octubre de 1800]]></source>
<year></year>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B6">
<label>6</label><nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Sbardi]]></surname>
<given-names><![CDATA[JM]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Catalogación]]></source>
<year>1896</year>
<page-range>442</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B7">
<label>7</label><nlm-citation citation-type="">
<source><![CDATA[Actas. 9 de enero de 1803]]></source>
<year></year>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B8">
<label>8</label><nlm-citation citation-type="">
<source><![CDATA[Memorias de la SEAP: Junta General de 1841]]></source>
<year></year>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B9">
<label>9</label><nlm-citation citation-type="">
<source><![CDATA[Junta General. 17 de diciembre de 1835]]></source>
<year></year>
<page-range>18</page-range></nlm-citation>
</ref>
</ref-list>
</back>
</article>
