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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Homeostasis y cirugía: Algunas consideraciones actuales]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[We carried out a literature review on homeostasis and surgery in which we analyzed the characteristics of the integrated body's biological response to various aggresions either physical-chemical or biological and also each of the body's partial responses. In this regard, we underlined the importance of knowing that such response, initially considered to be a defensive response for re-establish homeostasis, can turn into a self-aggresive response leading to the death of a patient]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p>Instituto Superior de Ciencias M&eacute;dicas de Santiago de Cuba. Hospital    General de Santiago de Cuba </p> <h2>  Homeostasis y cirug&iacute;a. Algunas consideraciones actuales</h2>  <i><a href="#*">Dr. Jorge Reyes Cardero<sup>1</sup> y Dra. Marlene de la  C. Danauy Enamorado<sup>2</sup></a></i>  <h4>  RESUMEN</h4>  Se realiza una revisi&oacute;n tem&aacute;tica sobre homeostasis y cirug&iacute;a,  donde se analizan las caracter&iacute;sticas de la respuesta biol&oacute;gica  integrada del organismo frente a diversas agresiones, ya sea de &iacute;ndole  f&iacute;sica, qu&iacute;mica o biol&oacute;gica, as&iacute; como de cada  una de sus respuestas parciales, y se destaca en este sentido la importancia  de conocer que esta respuesta, que inicialmente se considera defensiva  para restablecer la homeostasis, puede convertirse en autoagresiva y conducir  indefectiblemente a la muerte del paciente.      <p><i>Descriptores DeCS: </i>HOMEOSTASIS/fisiolog&iacute;a; PROCEDIMIENTOS  QUIRURGICOS OPERATIVOS.      <p>El estado fisiol&oacute;gico, entendido como un equilibrio din&aacute;mico  entre las funciones de los sistemas org&aacute;nicos y conocido con el  t&eacute;rmino de homeostasis,<sup>1 </sup>resulta objeto de muy frecuentes  agresiones. El organismo considerado como una unidad funcional, pone en  marcha distintas respuestas defensivas parciales (de la fase aguda, neuroendocrina,  metab&oacute;lica e inmunitaria), que funcionan de un modo interactivo,  son extraordinariamente complejas y entre todas terminan conformando una  respuesta global.  <h4>  Respuesta biol&oacute;gica a la agresi&oacute;n</h4>  En principio, calificada como defensiva, pues trata de mantener la homeostasis.  Sin embargo, una inflexi&oacute;n clave en la concepci&oacute;n de esta  respuesta biol&oacute;gica es la que ha conducido a considerar en la actualidad,  que los mecanismos defensivos son tambi&eacute;n potencialmente agresivos  para las c&eacute;lulas, tejidos y &oacute;rganos del propio organismo.  Cuando la agresi&oacute;n sobrepasa un cierto umbral de intensidad, o se  repite en corto espacio de tiempo (agresiones reiteradas) y, en consecuencia,  tambi&eacute;n se reiteran las respuestas primariamente defensivas, la  acumulaci&oacute;n local, general o ambas, de agentes ya m&aacute;s agresivos  que defensivos, terminan por romper el balance de la respuesta biol&oacute;gica,  momento en el cual esta &uacute;ltima se constituye en un estado de autoagresi&oacute;n  continuada, y da lugar a lo que se conoce como situaciones cr&iacute;ticas  para la homeostasis, que en los pacientes quir&uacute;rgicos incluyen s&iacute;ndromes  como el fracaso multiorg&aacute;nico que comprende tambi&eacute;n el <i>distress</i>  respiratorio del adulto, y la malnutrici&oacute;n proteicocal&oacute;rica.  A la luz de los conocimientos actuales, cuando se quieren abordar estos  temas, hay que buscar la g&eacute;nesis en el comportamiento de la homeostasis.  <h4>  Respuesta de la fase aguda</h4>  En el foco traum&aacute;tico quir&uacute;rgico se pone en marcha una respuesta  inflamatoria que, en principio, tiende a la limpieza y a la reparaci&oacute;n  de las lesiones ya producidas o en desarrollo. Se caracteriza por la liberaci&oacute;n  de citocinas como mediadores y por la incrementada s&iacute;ntesis hep&aacute;tica  de las prote&iacute;nas de la fase aguda.<sup>1-3</sup> Esta respuesta  se inicia tras la agresi&oacute;n, que puede tener m&uacute;ltiples or&iacute;genes:  traum&aacute;tica, infecciosa o por trastornos inmunitarios, lo que trae  como consecuencia una reacci&oacute;n local en el nivel del foco traum&aacute;tico,  por la presencia en &eacute;ste de m&uacute;ltiples agentes activadores  primarios y secundarios, c&eacute;lulas desvitalizadas, p&eacute;ptidos  de bacterias contaminantes, etc.; &eacute;sta se origina cuando se ponen  en contacto con receptores espec&iacute;ficos de las membranas de los macr&oacute;fagos  (monocitos sangu&iacute;neos y macr&oacute;fagos fijos en los tejidos),  y de neutr&oacute;filos y los activan. Se activan los sistemas que lo hacen  en cascada (del complemento, coagulaci&oacute;n, fibrin&oacute;lisis y  de las cininas). La activaci&oacute;n de la cascada de la coagulaci&oacute;n  constituye un componente esencial de la respuesta del hu&eacute;sped a  la infecci&oacute;n; representa una espada de doble filo, en tanto que  es necesaria para la hemostasia; tambi&eacute;n amplifica la respuesta  inflamatoria; disminuye la depuraci&oacute;n bacteriana y en el paciente  en estado cr&iacute;tico, contribuye a la lesi&oacute;n org&aacute;nica  y a la muerte. Aunque se han logrado resultados prometedores queda mucho  por hacer en cuanto a la definici&oacute;n exacta de cu&aacute;les son  los factores, o la combinaci&oacute;n de factores de coagulaci&oacute;n  que han de ser inhibidos o reemplazados en el tratamiento del paciente  s&eacute;ptico o en estado cr&iacute;tico.<sup>4 </sup>Se activa el metabolismo  del &aacute;cido araquid&oacute;nico y con ello se estimula la presencia  de los eicosanoides (nombre que reciben los metabolitos del &aacute;cido  araquid&oacute;nico): prostaglandinas tromboxanos y leucotrienos. Se activan  los autocoides, sustancias qu&iacute;micas vasoactivas de producci&oacute;n  y acci&oacute;n preferentemente local, tales como la histamina y la serotonina.  Cuando se activan los fagocitos mononucleares (macr&oacute;fagos, c&eacute;lulas  endoteliales, linfocitos y fibroblastos), comienza la liberaci&oacute;n  de las citocinas (polip&eacute;ptidos de comportamiento hormonal, dotados  de actividad local y general en la respuesta a la agresi&oacute;n) en el  propio foco traum&aacute;tico. Para la respuesta de la fase aguda, las  citocinas que act&uacute;an como mediadores caracter&iacute;sticos son:  interleucina 1B (IL-1B), factor de necrosis tumoral (TNF-ALFA) y la interleucina  6 (IL-6), las cuales son las responsables de la reacci&oacute;n sist&eacute;mica.  Dentro de la respuesta de la fase aguda se detectan como fen&oacute;menos  o marcadores caracter&iacute;sticos las variaciones en la s&iacute;ntesis  hep&aacute;tica de las prote&iacute;nas de la fase aguda, en el sentido  de un incremento muy significativo para la prote&iacute;na C reactiva y  el amiloide A del suero (marcadores positivos de la respuesta de la fase  aguda); mientras que se caracterizan por un descenso de sus valores (marcadores  negativos) para la alb&uacute;mina y la transferrina. Los macr&oacute;fagos  activados en el foco traum&aacute;tico no s&oacute;lo liberan las citocinas  y otros agentes que intervienen en el proceso inflamatorio, sino que desarrollan  un extraordinario poder agresivo mediante la acci&oacute;n de proteasas  y de radicales libres de ox&iacute;geno; la actividad de estos &uacute;ltimos  en el foco traum&aacute;tico inflamado funciona como una v&iacute;a final  com&uacute;n de numerosos procesos fisiol&oacute;gicos y fisiopatol&oacute;gicos  focales, y tambi&eacute;n de los muy agresivos procesos generalizados,  caracter&iacute;sticos de la desviaci&oacute;n de la respuesta biol&oacute;gica  hacia el fracaso multiorg&aacute;nico. El endotelio es un participante  din&aacute;mico en la funci&oacute;n celular y org&aacute;nica y no una  mera barrera est&aacute;tica como se consideraba antes.<sup>5</sup>      <p>Nuevas evidencias implican al endotelio como efector central de la respuesta  inflamatoria. Mediante la expresi&oacute;n de prote&iacute;nas de superficie  y la secreci&oacute;n de moduladores solubles, el endotelio controla el  tono vascular y la permeabilidad, regula la coagulaci&oacute;n y dirige  el paso de leucocitos hacia el &aacute;rea de inflamaci&oacute;n. Las alteraciones  de estas funciones normales pueden contribuir en forma significativa a  una respuesta inflamatoria inadecuada, lo cual puede conducir a la insuficiencia  m&uacute;ltiple de &oacute;rganos y sistemas. La respuesta de la fase aguda  se integra con la globalidad de la respuesta biol&oacute;gica a la agresi&oacute;n,  al ser capaz de producir alteraciones de car&aacute;cter neuroendocrino  (liberaci&oacute;n de ACTH y de cortisol), metab&oacute;lico (prote&oacute;lisis  muscular y balance nitrogenado negativo) e inmunol&oacute;gico (proliferaci&oacute;n  de linfocitos. Desde el punto de vista de la semiolog&iacute;a cl&iacute;nica  y bioqu&iacute;mica, esta respuesta se caracteriza por: a) Escalofr&iacute;os  y fiebre; la fiebre de la respuesta de la fase aguda, se atribuye a la  acci&oacute;n sin&eacute;rgica del TNF-ALFA y de IL-lbeta sobre el centro  termorregulador hipotal&aacute;mico, en la que la prostaglandina PGE2,  bruscamente sintetizada <i>in situ</i>, act&uacute;a como mediador. b)  Eritrosedimentaci&oacute;n acelerada. c) Leucocitosis con c&eacute;lulas  inmaduras. d) Descenso de los niveles s&eacute;ricos del hierro y del zinc  y aumento de los del cobre.  <h4>  Respuesta neuroendocrina</h4>  La respuesta neuroendocrina funciona b&aacute;sicamente como mediadora  entre los efectos primarios de la agresi&oacute;n y el resto de la respuesta  biol&oacute;gica,<sup>5</sup> sobre todo en relaci&oacute;n con la ulterior  respuesta metab&oacute;lica, y se expresa en variaciones de la concentraci&oacute;n  plasm&aacute;tica de diferentes hormonas, en la activaci&oacute;n del eje  hipotal&aacute;mico-hip&oacute;fisis-suprarrenal y del sistema nervioso  aut&oacute;nomo. Dichas variaciones guardan una relaci&oacute;n directamente  proporcional con la intensidad de la agresi&oacute;n;<sup>1</sup> por ello  puede ser poco perceptible cl&iacute;nicamente o desbordarse en la grandes  agresiones y en el fracaso multiorg&aacute;nico. A partir de se&ntilde;ales  emitidas por el foco traum&aacute;tico, por una hipovolemia aguda o por  ambas situaciones, la agresi&oacute;n induce una estimulaci&oacute;n del  sistema nervioso simp&aacute;tico con la consiguiente hiperactividad adren&eacute;rgica  y el s&uacute;bito incremento de la concentraci&oacute;n plasm&aacute;tica  de las catecolaminas (adrenalina, noradrenalina y dopamina). Esta elevaci&oacute;n  de los niveles plasm&aacute;ticos de catecolaminas es de corta duraci&oacute;n,  en particular para la adrenalina, cuyos niveles normales se recuperan dentro  de las primeras 24 horas de producida la agresi&oacute;n, mientras que  los niveles de la noradrenalina se pueden mantener con cifras que alcanzan  el doble de las normales hasta el octavo d&iacute;a de la agresi&oacute;n.      <p>Los est&iacute;mulos con mayor capacidad para inducir una estimulaci&oacute;n  adren&eacute;rgica son: hipovolemia brusca, hemorragia, lesi&oacute;n h&iacute;stica  en el foco traum&aacute;tico, dolor y miedo.<sup>5,6</sup> Recientemente  se ha podido demostrar una correlaci&oacute;n entre la intensidad de la  agresi&oacute;n traum&aacute;tica, medida por el ISS (<i>injury severity  score)</i> y la concentraci&oacute;n plasm&aacute;tica de las catecolaminas.  De acuerdo con la cl&aacute;sica teor&iacute;a de los receptores adren&eacute;rgicos,  los de tipo alfa son excitadores y los beta, inhibidores. La noradrenalina  estimula los rectores alfa-2 y produce una intensa vasoconstricci&oacute;n  del plexo cut&aacute;neo, mientras que los receptores beta-2, activados  con preferencia por la adrenalina, inducen una respuesta vasodilatadora  en el miocardio y en los m&uacute;sculos esquel&eacute;ticos.      <p>La activaci&oacute;n del eje hipotalamo-hipofisis-suprarrenal, provocada  en parte por las catecolaminas, act&uacute;a sobre el n&uacute;cleo supra&oacute;ptico  hipotal&aacute;mico, pero en especial por se&ntilde;ales precedentes del  foco traum&aacute;tico y transmitido por v&iacute;a nerviosa y por la acci&oacute;n  de citocinas liberadas en este foco, est&aacute; seguida primordialmente,  por la liberaci&oacute;n del factor liberador de la ACTH (CRH o<u> </u><i>corticotrophin  releasing hormone),</i> y secuencialmente de la propia ACTH, se&ntilde;al  a su vez para que la corteza suprarrenal en su zona fasciculada sintetice  y libere cortisol. Normalmente la liberaci&oacute;n del ACTH es inhibida  por el cortisol. Normalmente la liberaci&oacute;n del ACTH es inhibida  por el cortisol (<i>long feedback) </i>y por la propia ACTH <i>(short feedback),</i>  pero en la respuesta a la agresi&oacute;n, la incrementada concentraci&oacute;n  plasm&aacute;tica de ACTH resulta independiente del mecanismo de <i>feedback</i>  del cortisol.      <p>La prueba est&aacute; en el hecho de que la administraci&oacute;n de  dexametasona, 30 veces m&aacute;s potente que el cortisol, no bloquea la  liberaci&oacute;n de la ACTH en la respuesta biol&oacute;gica a la agresi&oacute;n.  Conjuntamente con la ACTH se liberan beta endorfinas y encefalina. Tambi&eacute;n  como consecuencia de la activaci&oacute;n del eje hipot&aacute;lamo-hip&oacute;fisis-suprarrenal  se verifica: a) incremento de la concentraci&oacute;n plasm&aacute;tica  de la hormona del crecimiento (Gh, por <i>growth hormone),</i> que se manifiesta  dentro de las primeras 24 horas de la agresi&oacute;n; b) aumento de la  prolactina, aunque se desconoce el prop&oacute;sito de &eacute;ste y c)  elevaci&oacute;n de los valores plasm&aacute;ticos de la hormona antidiur&eacute;tica  (ADH), la cual se produce dentro de las 24 horas siguientes a la agresi&oacute;n,  pues se inicia en pleno acto operatorio y se mantiene por encima de la  normalidad hasta el tercero o quinto d&iacute;a; en casos de quemaduras  extensas se han presentado valores 10 veces superiores a los normales (secreci&oacute;n  inapropiada de ADH). Entre los est&iacute;mulos para su liberaci&oacute;n  se hallan: el aumento de la osmolaridad del plasma, la reducci&oacute;n  de la volemia efectiva y las tracciones quir&uacute;rgicas sobre los mesos  de las v&iacute;sceras abdominales.      <p>Aumento precoz (dentro de las primeras 8 horas) y transitorio de la  concentraci&oacute;n plasm&aacute;tica del cortisol, con recuperaci&oacute;n  de sus valores normales pocos d&iacute;as despu&eacute;s. El cortisol,  la adrenalina y el glucag&oacute;n constituyen las 3 hormonas del estr&eacute;s.  Incremento de los valores plasm&aacute;ticos y urinarios de la aldosterona  (corticosteroides); esta tiene capacidad de control sobre el metabolismo  hidroelectrol&iacute;tico; este aumento coincide con la activaci&oacute;n  del sistema renina-angiotensina por la ACTH; a su vez, la angiotensina  II potencia la liberaci&oacute;n de ACTH. En el grupo de las hormonas gastroenteropancre&aacute;ticas,  en las primeras 12 horas y como respuesta a la agresi&oacute;n, se produce  un incremento de la concentraci&oacute;n plasm&aacute;tica de glucag&oacute;n.  La liberaci&oacute;n de la insulina queda inhibida por la descarga adren&eacute;rgica  inicial como respuesta inmediata a la agresi&oacute;n, por tanto, durante  esta fase hay una disminuci&oacute;n en la concentraci&oacute;n plasm&aacute;tica  de la insulina, sobre todo si se compara con la hiperglicemia que la caracteriza,  a causa de que las c&eacute;lulas betas insulares tienen reducida su sensibilidad  ante el est&iacute;mulo de la glucosa. Varios d&iacute;as despu&eacute;s  de la agresi&oacute;n se produce un aumento de los niveles plasm&aacute;ticos  de la insulina, que alcanzan un pico que supera hasta 3 veces el de los  valores normales, y que coincide con una hiperglicemia, situaci&oacute;n  parad&oacute;jica que pudiera explicarse por una resistencia perif&eacute;rica  en los tejidos a la acci&oacute;n de la insulina, llamada diabetes de la  agresi&oacute;n o traum&aacute;tica. Al igual que el glucag&oacute;n, la  GH, el cortisol y los &aacute;cidos grasos libres se comportan como antagonistas  de la insulina, considerada como la hormona anab&oacute;lica por excelencia.  <h4>  Respuesta metab&oacute;lica</h4>  La respuesta metab&oacute;lica es esencial en una situaci&oacute;n de urgencia  como la agresi&oacute;n aguda, en la que coinciden una disminuci&oacute;n  del aporte energ&eacute;tico y un incremento de las necesidades de energ&iacute;a,  motivado por la propia actividad defensiva/autoagresiva,<sup>7,8</sup>  as&iacute; como por las exigencias de la reparaci&oacute;n de los tejidos  lesionados. Durante la agresi&oacute;n ocurren alteraciones de la homeostasis  metab&oacute;lica, inducidas por diferentes mediadores que afectan al equilibrio  hidroelectrol&iacute;tico, a los hidratos de carbono, a las prote&iacute;nas  y a las grasas; estos 3 &uacute;ltimos son sustratos para la producci&oacute;n  de energ&iacute;a y para los procesos de las s&iacute;ntesis org&aacute;nica.  La respuesta metab&oacute;lica b&aacute;sica consta de los siguientes hechos:  a) retenci&oacute;n de agua y de sodio, b) p&eacute;rdida de potasio, c)  p&eacute;rdida de nitr&oacute;geno con incremento de su eliminaci&oacute;n  urinaria en forma de urea y balance negativo de nitr&oacute;geno; d) hiperglicemia  e hiperlactacidemia y e) aumento de los triglic&eacute;ridos y de los &aacute;cidos  grasos libres en el plasma. La intensidad de estas alteraciones metab&oacute;licas  resulta directamente proporcional a la intensidad de la agresi&oacute;n.  El balance negativo del nitr&oacute;geno, demostrado por primera vez por  <i>Cuthbertson</i><sup>7</sup>,  constituye un hecho clave en la respuesta metab&oacute;lica, que cuando  se acent&uacute;a puede conducir al fracaso energ&eacute;tico del organismo  (malnutricion proteico-cal&oacute;rica) y en definitiva al fracaso multiorg&aacute;nico.  Este balance negativo es la consecuencia de la incrementada prote&oacute;lisis  perif&eacute;rica, as&iacute; denominada porque afecta a la periferia del  eje proteico hepatomuscular perif&eacute;rico. De todas formas, una p&eacute;rdida  neta de prote&iacute;nas org&aacute;nicas puede ser el resultado de varias  situaciones: a) disminuci&oacute;n relativa de la s&iacute;ntesis proteica,  b) incremento del catabolismo proteico y c) combinaci&oacute;n de ambos  mecanismos.      <p>La prote&oacute;lisis muscular libera amino&aacute;cidos para ser utilizados  en el h&iacute;gado, donde toman diversas v&iacute;as: s&iacute;ntesis  hep&aacute;tica de prote&iacute;nas, sobre todo de las que corresponden  al grupo de las prote&iacute;nas de la fase aguda con fines eminentemente  defensivos y, por tanto, con prioridad biol&oacute;gica. La gluconeog&eacute;nesis,  que en condiciones normales se encuentra inhibida por el incremento de  los niveles plasm&aacute;ticos de glucosa, pero en la respuesta a la agresi&oacute;n  se mantiene como mecanismo defensivo, a pesar de la hiperglicemia. Por  tal raz&oacute;n no es posible suprimir la gluconcog&eacute;nesis hep&aacute;tica  mediante la infusi&oacute;n intravenosa de glucosa, como se logra en los  individuos no sometidos al estr&eacute;s. Cuando la agresi&oacute;n es  muy intensa los sustratos ofrecidos al h&iacute;gado para el proceso de  la gluconeog&eacute;nesis son los amino&aacute;cidos derivados de la prote&oacute;lisis  muscular, de modo predominante la alanina y la glutamina, as&iacute; como  el lactato y el piruvato, procedentes de la glucogen&oacute;lisis muscular  y el glicerol liberado a partir de los triglic&eacute;ridos del tejido  adiposo. La prote&oacute;lisis no afecta solo al m&uacute;sculo lesionado  directamente por la agresi&oacute;n traum&aacute;tica, sino que tiene car&aacute;cter  generalizado. El amino&aacute;cido 3-metilhistidina posee gran importancia  para monitorear la intensidad de la prote&oacute;lisis muscular, desde  el punto de vista diagn&oacute;stico, de la evoluci&oacute;n y pron&oacute;stico.  El catabolismo muscular es un fen&oacute;meno caracter&iacute;stico de  la respuesta metab&oacute;lica a la sepsis, la infecci&oacute;n severa  y el trauma.<sup>9-12</sup> En los pacientes con sepsis severa y prolongada,  la respuesta metab&oacute;lica resulta en depleci&oacute;n de la masa muscular  y fatiga, lo cual puede afectar en forma adversa la evoluci&oacute;n cl&iacute;nica.      <p>Adem&aacute;s de la prote&oacute;lisis muscular aumentada, se producen:  <ul>      ]]></body>
<body><![CDATA[<li>  Hiperglicemia: otro hecho metab&oacute;lico caracter&iacute;stico de la  respuesta a la agresi&oacute;n como consecuencia de la glucogen&oacute;lisis  ante el est&iacute;mulo adren&eacute;rgico s&uacute;bito, la gluconeog&eacute;nesis  y la resistencia perif&eacute;rica de los tejidos a la acci&oacute;n de  la insulina, conocido en la literatura m&eacute;dica como diabetes traum&aacute;tica.  Esta hiperglicemia, como sucede con la p&eacute;rdida del nitr&oacute;geno,  constituye una respuesta que puede estratificarse de acuerdo con la intensidad  de la agresi&oacute;n, de modo que var&iacute;a de unos 150 &plusmn; 25  mg/dL de glicemia en cirug&iacute;a electiva hasta 250 &plusmn; 50 mg/dL  en los estados de sepsis.</li>        <li>  Hiperlactacidemia: indica la cuant&iacute;a de la gluc&oacute;lisis no  oxidativa en los estados de hipoperfusi&oacute;n h&iacute;stica. Las cifras  de lactacidemia que para el modelo traum&aacute;tico quir&uacute;rgico  suelen girar alrededor de 1 200 mmol/L, pueden alcanzar en los estados  de sepsis valores de 2 500 &plusmn; 500 mml/L.</li>        <li>  Lip&oacute;lisis: se incrementa inmediatamente despu&eacute;s de la agresi&oacute;n  debido a la estimulaci&oacute;n adren&eacute;rgica del tejido adiposo y  a los niveles elevados en el plasma de las otras 2 hormonas del estr&eacute;s:  el cortisol y el glucag&oacute;n. Esta lip&oacute;lisis acelerada durante  la respuesta a la agresi&oacute;n a pesar de la hiperglicemia y de la hiperinsulinemia,  libera triglic&eacute;ridos cuya concentraci&oacute;n plasm&aacute;tica  aumenta, y a partir de estos &aacute;cidos grasos libres (90 %) y glicerol  (10 %), la correlaci&oacute;n entre los niveles plasm&aacute;ticos de &aacute;cidos  grasos libres y la intensidad de la agresi&oacute;n es pobre,<sup>1</sup>  probablemente a causa de la reducida perfusi&oacute;n sangu&iacute;nea  del tejido adiposo, lo cual explicar&iacute;a que la llegada a dicho tejido  de la alb&uacute;mina necesaria para el transporte de los &aacute;cidos  grasos fuera insuficiente. Los &aacute;cidos grasos libres aportan energ&iacute;a  alternativa a trav&eacute;s del proceso de la betaoxidaci&oacute;n, que  conduce a la acetilcoa como v&iacute;a final com&uacute;n para la gluc&oacute;lisis  aerobia en el ciclo de KREBS, o bien mediante la formaci&oacute;n de cuerpos  cet&oacute;nicos. El glicerol puede seguir la via de la gluconeog&eacute;nesis  o, alternativamente, a trav&eacute;s del piruvato, introducirse en el ciclo  de KREBS. La agresi&oacute;n en general se asocia con un incremento del  gasto energ&eacute;tico en reposo (entre 5 y 50 %), que alcanza sus valores  m&aacute;ximos en las quemaduras de tercer grado y en la sepsis.</li>      </ul>    <h4>  Depresi&oacute;n de la respuesta inmunitaria en los traumatismos accidentales  y/o quir&uacute;rgicos</h4>  La capacidad defensiva del sistema inmunitario de un paciente que sufre  un traumatismo accidental y/o quir&uacute;rgico parece disminuir de modo  global y tambi&eacute;n selectivo en cuanto que la agresi&oacute;n alcanza  una cierta intensidad; por tanto, cuando &eacute;sta es violenta al provocar  un estado de inmunosupresi&oacute;n, puede abrir el camino o potenciar  el desarrollo de infecciones y estados de sepsis, con lo que se incrementan  los riesgos de estas complicaciones.<sup>1,13-15</sup> Otros aspectos de  la respuesta inmunitaria que parecen ser afectados negativamente por la  agresi&oacute;n traum&aacute;tica son las funciones de los leucocitos neutr&oacute;filos,  su quimiotaxis, la fagocitosis, el contenido de sus sacos lisos&oacute;micos,  la denominada explosi&oacute;n respiratoria, que se asocia con la fagocitosis,  y la producci&oacute;n de los radicales libres de ox&iacute;geno, tan importantes  en la destrucci&oacute;n de las bacterias ingeridas. Asimismo, tras haberse  producido agresiones quir&uacute;rgicas mayores, se ha demostrado la reducci&oacute;n  de la proporci&oacute;n entre linfocitos helper (th) y linfocitos supresores  (Ts), as&iacute; como una disminuci&oacute;n del n&uacute;mero de c&eacute;lulas  asesinas por naturaleza (Nk). No obstante el dato m&aacute;s significativo  conseguido hasta ahora acerca del estado de inmunosupresi&oacute;n postraum&aacute;tica,  es el hallazgo de una disminuci&oacute;n, estad&iacute;sticamente significativa,  en el porcentaje de monocitos circulantes que expresan los ant&iacute;genos  HLA-DR (clase II del MHC) despu&eacute;s de una agresi&oacute;n traum&aacute;tica  importante. Tambi&eacute;n se ha demostrado una correlaci&oacute;n entre  esta disminuci&oacute;n de los monocitos que expresan los ant&iacute;genos  HLA-DR y el mayor riesgo de desarrollar infecciones posoperatorias, especialmente  en los pacientes que no recuperan los valores normales transcurrida una  semana desde la agresi&oacute;n traum&aacute;tica, ya sea accidental u  operatoria. En este sentido se ha indicado que la medida de los niveles  de expresi&oacute;n descendidos de los ant&iacute;genos HLA-DR en los pacientes  que han sufrido un trauma mayor, puede servir para predecir complicaciones  infecciosas facilitadas por el estado de inmunosupresi&oacute;n postraum&aacute;tico.  En las interrelaciones entre los macr&oacute;fagos y los linfocitos T,  tambi&eacute;n se han descrito alteraciones tras una agresi&oacute;n traum&aacute;tica  a trav&eacute;s de la secreci&oacute;n de citocinas. En circunstancias  normales, la interacci&oacute;n positiva y estimuladora entre macr&oacute;fago  y linfocito T ocurre mediante la interleucina-1, o sea, en tanto que la  secreci&oacute;n por el macr&oacute;fago de la prostaglandina frena este  est&iacute;mulo; tras una agresi&oacute;n traum&aacute;tica se incrementan  los valores de la prostaglandina. E2 (PGE2) y se reducen los de la interleucina-1.  La PGE2 es una mol&eacute;cula inmunossupresora que impide la producci&oacute;n  y liberaci&oacute;n de linfocinas por los linfocitos Th; de ah&iacute;  que la consecuencia de este desequilibrio de PGE2/IL-1, sea un fallo en  la activaci&oacute;n del linfocito T. Tambi&eacute;n se ha comprobado una  disminuci&oacute;n en la producci&oacute;n por los linfocitos T, del interfer&oacute;n  gamma tras la agresi&oacute;n traum&aacute;tica, por lo que ha sugerido  que la administraci&oacute;n de interfer&oacute;n alfa ex&oacute;geno podr&iacute;a  disminuir la tasa de las infecciones postraum&aacute;ticas.      <p>Los recientes avances en la investigaci&oacute;n del &oacute;xido n&iacute;trico  (ON), aportan claridad sobre su funci&oacute;n en la sepsis y la infecci&oacute;n.<sup>16,17</sup>  Aunque en la sepsis se requieren niveles adecuados de producci&oacute;n  de ON para preservar la pefusi&oacute;n y cumplir las funciones citoprotectoras,  la producci&oacute;n exagerada parece contribuir a la inestabilidad hemodin&aacute;mica  y al da&ntilde;o celular, Tales observaciones han dado lugar al desarrollo  de estrategias tendientes a inhibir la s&iacute;ntesis de ON y la remoci&oacute;n  de su exceso en pacientes en <i>shock </i>s&eacute;ptico.<sup>18,19 </sup>La  combinaci&oacute;n de ON con supre&oacute;xido forma peroximetrito, el  cual participa en la eliminaci&oacute;n bacteriana de la cavidad peritoneal.  Probablemete, la capacidad de los eritrocitos y de la hemoglobina para  remover ON explica el efecto coadyuvante de la sangre en la peritonitis.      <p>En conclusi&oacute;n podemos decir:  <ul>      <li>  La respuesta biol&oacute;gica a la agresi&oacute;n es el resultado de la  integraci&oacute;n de una serie de respuestas biol&oacute;gicas parciales,  que se desarrollan en determinados sistemas org&aacute;nicos y con secuencia  caracter&iacute;stica: respuesta de la fase aguda, respuesta neuroendocrina,  respuesta de la fase aguda, respuesta inmunitaria.</li>        <li>  La respuesta biol&oacute;gica a la agresi&oacute;n se desencadena y evoluciona  tanto a niveles locales como generales frente a variados agentes y situaciones  agresivas: traumatismos accidentales, quir&uacute;rgicos o ambos, infecciones  (estados de sepsis) y sus implicaciones inmunol&oacute;gicas.</li>        <li>  Los mediadores de la respuesta biol&oacute;gica a la agresi&oacute;n no  son &uacute;nicamente neuroendocrinos y nerviosos, sino tambi&eacute;n  inflamatorios, por cuanto estos &uacute;ltimos (citocinas) son sintetizados  y liberados en los focos inflamatorios, tanto as&eacute;pticos como s&eacute;pticos,  producidos por la agresi&oacute;n.</li>        <li>  Si bien en principio, el prop&oacute;sito de la respuesta biol&oacute;gica  a la agresi&oacute;n se considera beneficioso para el organismo al entenderse  como un esfuerzo defensivo para recuperar el equilibrio de la homeostasis,  actualmente este criterio debe ser abandonado, pues los agentes inicialmente  defensivos, pueden transformarse en autoagresivos, por lo que los propios  tejidos y &oacute;rganos del individuo agredido llegan a sufrir cuando  la respuesta es excesiva por la intensidad, repetici&oacute;n y duraci&oacute;n,  aumenta la actividad lesiva de dichos agentes, lo que puede conducir a  una situaci&oacute;n de fracaso multiorg&aacute;nico; por ejemplo: la repetici&oacute;n  de la respuesta metab&oacute;lica ante las persistentes acciones agresivas  puede conducir al organismo hasta el fracaso energ&eacute;tico (malnutrici&oacute;n  proteico-cal&oacute;rica); mientras que el fracaso de la respuesta inmunitaria  induce un estado de inmunodepresi&oacute;n y facilita nuevas agresiones  infecciosas y la evoluci&oacute;n hacia la sepsis grave.</li>        ]]></body>
<body><![CDATA[<li>  Para el cirujano de nuestros tiempos resulta fundamental poseer un conocimiento  te&oacute;rico de la cl&aacute;sica respuesta biol&oacute;gica a la agresi&oacute;n,  de sus caracter&iacute;sticas y, especialmente, de los mecanismos fisiopatol&oacute;gicos  responsables de las diversas situaciones cr&iacute;ticas quir&uacute;rgicas  que el fracaso del prop&oacute;sito defensivo de dicha respuesta biol&oacute;gica  puede provocar. Estos fracasos son cada d&iacute;a m&aacute;s frecuentes  desde que se aplican las t&eacute;cnicas de cuidados intensivos, que son  las que dan tiempo a que los agentes defensivos se conviertan en autoagresivos.</li>      </ul>    <h4>  SUMMARY</h4>  We carried out a literature review on homeostasis and surgery in which  we analyzed the characteristics of the integrated body's biological response  to various aggresions either physical-chemical or biological and also each  of the body's partial responses. In this regard, we underlined the importance  of knowing that such response, initially considered to be a defensive response  for re-establish homeostasis, can turn into a self-aggresive response leading  to the death of a patient.      <p><i>Subject headings:</i> HOMEOSTASIS/physiology; SURGICAL PROCEDURES,  OPERATIVE.  <h4>  REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</h4>    <ol>      <!-- ref --><li>  Pera C. Fundamentos, indicaciones y opciones t&eacute;cnicas. 2 ed. Barcelona:  Masson, 1996:56-68.</li>    <!-- ref --><li>  Hoffman WJ. Procedimientos de cuidados intensivos postoperatorios del Massachusetts  General Hospital. 2 ed. Barcelona: Masson, 1995:54-72.</li>    <!-- ref --><li>  Wagdhas C. Postoperative homeostatic imbalance after trauma surgical interventions  of various degrees in polytrauma. Unfall Chirurg 1995;98(9):455-63.</li>    <!-- ref --><li>  Cirino G, Cicala C, Bucci M, Sorrentino L, Ambrosini G, Deominicis G, et  al. Factor Xa as an interface between coagulation and inflammation: molecular  mimicry of factor Xa association with effector cell protease receptor-1  induces acute inflammation in vivo. J Clin Invest 1997;2446-51.</li>    <!-- ref --><li>  Ahmed NA, Christou NV, Meakins JL. The systemic inflammatory response syndrome  and critically ill surgical patient. Curr Opin Crit Care 1995;1:209-12.</li>    <!-- ref --><li>  Cirino G, Cicala C, Bucci MR, Sorrentino L, Moraganore JM, Stone SR. Thrombin  as an inflammatory mediator throught activation of its receptor. J Exp  Med 1996;183:821-5.</li>    <!-- ref --><li>  Cuthbertson DP. The disturbance of metabolism produced by bone and no-bony  injury, with notes on certain abnormal conditions of bone. Biochem J 1930;24:1244-63.</li>    <!-- ref --><li>  Douglas RG, Shaw JH. Metabolic response to sepsis and trauma. Br J Surg  1989;76:115-22.</li>    <!-- ref --><li>  Fry DE. Multiple system organ failure. St Louis: Mosby Year Book, 1992:57-61.</li>    <!-- ref --><li>  Fong P. The biologic characteristics of cytokines and their implication  in surgical injury. Surg Gynecol Obstet 1990;170:363-78.</li>    <!-- ref --><li>  Heinrich PC, Castell JV, Andus T. Interleukin-6 and the acute phase response.  Biochem J 1990;265:621-36.</li>    <!-- ref --><li>  Hill GL. Disorder of nutrition and metabolism in clinical surgery. Edinburg:  Churchill Livingstone, 1992:86--92.</li>    <!-- ref --><li>  Ahmed NA, Christou NV. Interactions between immune cells and the endothelium.  Shock 1996;S1:32-5.</li>    <!-- ref --><li>  Deich EA. Multiple organ failure. New York: Thieme Medical, 1990:132-41.</li>    <!-- ref --><li>  Hume OM, Egdahl RH. The importance of brain in the endocrine response to  injury. Ann Surg 1959;150:697--712.</li>    <!-- ref --><li>  Kim YM, Bergonia HA, Muller C, Pitt BR, Watkins SC, Lancaster JR Jr. Lost  of degradation of enzyme-bound heme induced by cellular nitric oxide synthesis.  J Biol Chem 1995;270:5710-28.</li>    <!-- ref --><li>  Brown GC. Reversible binding and inhibition of catalase by nitric oxide.  Eur J Biochem 1995;232:188-92.</li>    <!-- ref --><li>  Jorgensen LG. Transcranial doppler ultrasound for cerebral perfusion. Acta  Physiol Scand 1995;625:1-44.</li>    <!-- ref --><li>  Claesson K, Fredin L, Rastal J. Calcium homeostasi after kidney transplantation:  a prospective study. Transplant Proc 1995;27(6):3465-72.</li>    </ol>        <p>    <br>Recibido: 13 de mayo de 1999. Aprobado: 9 de julio de 1999.      <br>Dr. <i>Jorge Reyes Cardero.</i> San Basilio No. 131, entre Padre Pico  y Teniente Rey, municipio Santiago de Cuba, provincia Santiago de Cuba,  Cuba.      <br>&nbsp;      <br>&nbsp;  <dir><a NAME="*"></a><sup>1</sup> Especialista de II Grado en Cirug&iacute;a  General.      <br><sup>2</sup> Especialista de I Grado en Psiquiatr&iacute;a Infanto  Juvenil.      <br>&nbsp;</dir>       <dir>&nbsp;      ]]></body>
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