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<institution><![CDATA[,Hospital Pediátrico Universitario William Soler. Servicio de Anestesia Cardiovascular  ]]></institution>
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<kwd lng="en"><![CDATA[PREOPERATIVE CARE]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[ <h3>Art&iacute;culos de revisi&oacute;n    <br> </h3>    <p>Hospital Pedi&aacute;trico  Universitario &quot;William Soler&quot;. Servicio de Anestesia Cardiovascular    <br>  </p><h2>Valoraci&oacute;n preoperatoria del ni&ntilde;o politraumatizado    <br> </h2>    <p><a href="#cargo">Dr.  Lincoln de la Parte P&eacute;rez<span class="superscript">1 </span></a><a name="autor"></a>    <br>  </p><h4>Resumen    <br> </h4>    <p>La anestesia en el paciente traumatizado constituye  quiz&aacute;s, el mayor reto dentro de la especialidad, al enfrentarse a ni&ntilde;os  muy graves, sin disponer la mayor&iacute;a de las veces de los antecedentes patol&oacute;gicos  personales y desconocer la magnitud exacta de las lesiones sufridas. Por otra  parte existen diferencias importantes entre los adultos y los ni&ntilde;os que  han sufrido accidentes. La valoraci&oacute;n meticulosa y la preparaci&oacute;n  preoperatoria correcta de estos pacientes influyen de forma significativa en la  evoluci&oacute;n de ellos. Es necesario evaluar de inmediato la permeabilidad  de las v&iacute;as a&eacute;reas, la eficacia de la ventilaci&oacute;n, el estado  hemodin&aacute;mico, realizar un examen neurol&oacute;gico y comenzar la administraci&oacute;n  de volumen. Adem&aacute;s de lo anterior se deben conocer los detalles de las  lesiones, el tratamiento previo recibido y los antecedentes patol&oacute;gicos  personales. Se presenta una revisi&oacute;n bibliogr&aacute;fica actualizada de  los aspectos fundamentales que se deber&aacute;n tener en cuenta durante el preoperatorio  en estos pacientes.     <br> </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p><i>DeCS: </i>CUIDADOS PREOPERATORIOS; HERIDAS  Y TRAUMATISMOS/cirug&iacute;a; NI&Ntilde;O; ANESTESIA.    <br> </p>    <p>Los accidentes  constituyen una causa frecuente de ingreso en los hospitales pedi&aacute;tricos  y desdichadamente a pesar de todas las medidas tomadas, a&uacute;n constituyen  una de las principales causas de muerte en la poblaci&oacute;n joven. Los accidentes  del transito frecuentemente tienen consecuencias fatales durante la infancia.<span class="superscript">1</span>    <br>  </p>    <p>La anestesia en el paciente politraumatizado constituye quiz&aacute;s el  mayor reto dentro de nuestra especialidad, pues nos enfrentamos a ni&ntilde;os  muy graves sin disponer la mayor&iacute;a de las veces de los antecedentes patol&oacute;gicos  personales, y desconocer la magnitud exacta de las lesiones sufridas y del estado  actual del paciente. Nunca tenemos la certeza si el paciente ingiri&oacute; alimentos,  tiene el est&oacute;mago lleno o si est&aacute; bajo los efectos de alg&uacute;n  medicamento. El diagn&oacute;stico quir&uacute;rgico est&aacute; incompleto al  comienzo de la operaci&oacute;n y muchas lesiones aparecen durante la exploraci&oacute;n  del paciente.<span class="superscript">2,3 </span>    <br> </p>    <p>A pesar de todo  lo anterior, la situaci&oacute;n no permite demoras innecesarias y debemos monitorear,  anestesiar, reemplazar volumen, administrar f&aacute;rmacos vasoactivos y reanimar  pacientes muy graves, mientras los cirujanos controlan el sangramiento interno  y reparan o extraen los tejidos u &oacute;rganos lesionados.<span class="superscript">4  </span>    <br> </p>    <p>En esta revisi&oacute;n presentamos el manejo preoperatorio  del paciente lesionado, que incluye la evaluaci&oacute;n preoperatoria, el manejo  de la v&iacute;a a&eacute;rea, las t&eacute;cnicas de monitoreo, el reemplazo  de volumen y el tratamiento de las complicaciones m&aacute;s frecuentes.     <br>  </p><h4>Respuesta sist&eacute;mica al trauma    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </h4>    <p>El da&ntilde;o a los  tejidos que se produce como consecuencia de los accidentes produce hipoperfusi&oacute;n  y lesi&oacute;n de estos y provoca una respuesta neuroendocrina que se denomina  respuesta de &quot;estres&quot;, la cual esta integrada por la activaci&oacute;n  del eje hipot&aacute;lamico-hipofisario-adrenal (HHA) y del sistema nervioso aut&oacute;nomo  (SNA). La estimulaci&oacute;n del eje HHA conduce al aumento de los glucocorticoides  y la del SNA produce b&aacute;sicamente la liberaci&oacute;n de catecolaminas.  Esta respuesta es muy importante como mecanismo compensador a corto plazo; sin  embargo, si se mantiene durante mucho tiempo produce efectos indeseables. Una  consecuencia inmediata de la respuesta simp&aacute;tica es la vasoconstricci&oacute;n  en la circulaci&oacute;n espl&aacute;cnica, los m&uacute;sculos y la piel, con  mejor&iacute;a de la perfusi&oacute;n en el coraz&oacute;n y el cerebro. Despu&eacute;s  del trauma se observa da&ntilde;o h&iacute;stico, dolor, p&eacute;rdida de l&iacute;quidos  al tercer espacio e hipoperfusi&oacute;n h&iacute;stica.<span class="superscript">1,5,6</span>    <br>  </p>    <p>Los anest&eacute;sicos pueden atenuar la respuesta de estr&eacute;s, pero  su administraci&oacute;n en pacientes que no han sido correctamente reanimados  desde el punto de vista hemodin&aacute;mico y metab&oacute;lico, produce inestabilidad  hemodin&aacute;mica significativa, la cual acarrea una mayor hipoperfusi&oacute;n  e hipoxia celular. La eliminaci&oacute;n de los mecanismos compensadores puede  ser fatal en un paciente hemodin&aacute;micamente inestable. De lo anterior se  deduce, que los objetivos fundamentales de la anestesia en los pacientes lesionados,  son: logro de la estabilidad hemodin&aacute;mica, correcci&oacute;n de los desequilibrios  metab&oacute;licos y alivio del dolor.<span class="superscript">1,4,5,7</span>    <br>  </p>    <p>Los ni&ntilde;os responden de forma exagerada a p&eacute;rdidas de volumen  que no tienen similar repercusi&oacute;n en adultos. Es conocido que los ni&ntilde;os  que sufren accidentes del transito, frecuentemente necesitan de transfusiones  de sangre equivalentes a un volumen mucho mayor que su volemia.<span class="superscript">1,4</span>    <br>  </p><h4>Diferencias anat&oacute;micas del ni&ntilde;o y su relaci&oacute;n con  la anestesia del paciente traumatizado    <br> </h4>    <p>La v&iacute;a a&eacute;rea  en el ni&ntilde;o presenta diferencias anat&oacute;micas con respecto al adulto  y esto produce una mayor incidencia de obstrucci&oacute;n por acumulo de secreciones  y sangre. La laringe se encuentra en posici&oacute;n m&aacute;s alta que en los  adultos, la epiglotis tiene forma de u y est&aacute; m&aacute;s anterior, lo cual  junto a una lengua relativamente grande hace que las maniobras de intubaci&oacute;n  sean m&aacute;s dif&iacute;ciles. El punto m&aacute;s estrecho de las v&iacute;as  a&eacute;reas est&aacute; a nivel del cart&iacute;lago cricoides, por lo que uno  debe tener precauciones en el momento de seleccionar el tubo endotraqueal. Se  recomienda tener disponibles un n&uacute;mero por debajo y otro por encima del  calculado por las f&oacute;rmulas del di&aacute;metro interno seg&uacute;n la  edad. Por encima del n&uacute;mero 5 pueden utilizarse con cautela los tubos con  manguito.<span class="superscript">1 </span>    <br> </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Los ni&ntilde;os son muy  propensos a padecer de hipotermia que es un factor predisponente para la depresi&oacute;n  cardiovascular, arritmias, acidosis y aumento significativo del consumo de ox&iacute;geno,  lo cual sobrecarga a&uacute;n m&aacute;s los sistemas cardiorrespiratorios.<span class="superscript">8</span>    <br>  </p>    <p>Los &oacute;rganos internos en el ni&ntilde;o est&aacute;n en posici&oacute;n  m&aacute;s anterior que en los adultos y tienen menos protecci&oacute;n por la  grasa subcut&aacute;nea y los m&uacute;sculos del abdomen, por lo que despu&eacute;s  de accidentes del tr&aacute;nsito se observa frecuentemente lesiones del h&iacute;gado  y del bazo. El abdomen debe ser examinado meticulosamente siempre en los ni&ntilde;os  accidentados, para descartar lesiones de los &oacute;rganos internos.<span class="superscript">4</span>    <br>  </p><h4>Evaluaci&oacute;n preoperatoria y reanimaci&oacute;n    <br> </h4>    <p>Cuando  recibimos a un ni&ntilde;o que ha sufrido un accidente del transito o de otro  tipo tenemos que controlar el sangramiento activo, evitar las p&eacute;rdidas  de calor y examinar cuidadosamente las funciones vitales. Son necesarios una valoraci&oacute;n  y tratamiento simult&aacute;neos y racionales. Los aspectos m&aacute;s importantes  incluyen:<span class="superscript">1,3,4</span>    <br> </p><ul>     <li>V&iacute;a a&eacute;rea  permeable.    <br> </li>    <li>Ventilaci&oacute;n.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </li>    <li>Circulaci&oacute;n.    <br>  </li>    <li>Reemplazo de volumen.    <br> </li>    <li>Examen neurol&oacute;gico.    <br> </li>    </ul><h4>Manejo  de la v&iacute;a a&eacute;rea    <br> </h4>    <p>Los pacientes accidentados pueden mostrar  obstrucci&oacute;n de las v&iacute;as a&eacute;reas por diferentes razones. Puede  existir dificultad respiratoria por lesiones de la cara, el cuello o el t&oacute;rax.  Las secreciones y la sangre acumuladas en las v&iacute;as a&eacute;reas, as&iacute;  como los cuerpos extra&ntilde;os, dificultan la ventilaci&oacute;n y deben ser  eliminados de inmediato. Debe evitarse la aspiraci&oacute;n de sangre, secreciones  y fragmentos de dientes y tejidos siempre que sea posible. La fractura del maxilar  inferior, la fractura de los dientes y las lesiones de los tejidos blandos es  frecuente en los ni&ntilde;os. En el paciente inconsciente se produce obstrucci&oacute;n  de la v&iacute;a a&eacute;rea por acumulo de secreciones y por ca&iacute;da de  la lengua que ocluye la faringe. Inicialmente se hiperextiende la cabeza y se  introduce una c&aacute;nula orofar&iacute;ngea de Guedel para facilitar la ventilaci&oacute;n  con una bolsa autoinflable con suplemento de ox&iacute;geno al reservorio. La  intubaci&oacute;n de la tr&aacute;quea debe realizarse tan pronto como sea posible.  La intubaci&oacute;n orotraqueal es la v&iacute;a de elecci&oacute;n para evitar  el posible sangramiento nasal, aunque el personal especializado frecuentemente  utiliza la v&iacute;a nasotraqueal con excelentes resultados en las intubaciones  r&aacute;pidas.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </p>    <p>En los lactantes y reci&eacute;n nacidos (RN), la  eliminaci&oacute;n del espacio muerto del aparato y la resistencia m&iacute;nima  a la ventilaci&oacute;n son los factores m&aacute;s importantes que se deben considerar.  Cualquier aumento del espacio muerto normal del RN puede interferir de forma significativa  sobre el intercambio gaseoso pulmonar. Es importante recordar que el volumen corriente  de un RN es de unos 20 cc y el espacio muerto fisiol&oacute;gico es de un tercio  de esta cantidad, por consiguiente la ventilaci&oacute;n alveolar asciende a unos  14 mL. Cualquier aumento del espacio muerto por peque&ntilde;o que &eacute;ste  sea representa mucho en el RN y es un aspecto que cobra mayor inter&eacute;s aun  en el manejo del paciente lesionado. La m&aacute;scara m&aacute;s conveniente  es la de Rendell Baker, la cual se adapta muy bien a la cara del RN y posee un  espacio muerto insignificante.<span class="superscript">1</span>    <br> </p>    <p>En  los RN de bajo peso se emplean los tubos endotraqueal n&uacute;mero 2,5 a 3, en  el reci&eacute;n nacido normal del 3 al 3,5 y los n&uacute;meros 4 a 4,5 en los  lactantes mayores. En los ni&ntilde;os mayores nos guiamos por la siguiente f&oacute;rmula:      <br> </p>    <p><span class="subrayado">Edad en a&ntilde;os</span> dividida por 4,  m&aacute;s 4,5 = Di&aacute;metro interno en mil&iacute;metros.</p>    <p align="left">Los  servicios de anestesia deben tener siempre listos para usar un equipo completo  para la intubaci&oacute;n de la tr&aacute;quea, la aspiraci&oacute;n de las secreciones  y la ventilaci&oacute;n mec&aacute;nica, en el local donde se reciben las urgencias.    <br>  </p>    <p>Si el ni&ntilde;o est&aacute; luchando por respirar, o est&aacute; en apnea,  debemos comenzar inmediatamente a ventilarlo a presi&oacute;n positiva intermitente  con una bolsa autoinflable pedi&aacute;trica de acuerdo con la edad (Penlon, Ambu  R) conectada a una fuente de ox&iacute;geno con una frecuencia entre 30 y 40/min.<span class="superscript">5</span>  Un error que se repite con demasiada frecuencia en las salas de reanimaci&oacute;n  es quitarle el tubo corrugado reservorio de ox&iacute;geno a las bolsas autoinflables,  dispositivo que nos permite aumentar considerablemente la concentraci&oacute;n  de ox&iacute;geno inspirado. Se necesita en ocasiones presion inspiratoria pico  entre 30 y 40 cm H2<span class="subscript">O</span> para vencer la resistencia  inicialmente. La inserci&oacute;n de una c&aacute;nula orofar&iacute;ngea de Guedel,  de tama&ntilde;o adecuado, favorece la ventilaci&oacute;n mec&aacute;nica con  bolsa autoinflable. Una c&aacute;nula de Guedel demasiado grande puede tocar la  epiglotis y desencadenar laringoespasmo.<span class="superscript">9</span> Si  no es posible realizar la intubaci&oacute;n de la tr&aacute;quea y existe dificultad  respiratoria marcada, realice una cricotirotom&iacute;a o traqueotom&iacute;a.<span class="superscript">4</span>    <br>  </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El aparato anest&eacute;sico que se utiliza en los ni&ntilde;os debe ofrecer  el menor espacio muerto y la menor resistencia a la ventilaci&oacute;n posible.  El sistema Mapleson D y la modificaci&oacute;n de Jackson Rees a la pieza en T  satisfacen todos los requerimientos para la anestesia de los RN y lactantes.<span class="superscript">7</span>  Es necesario emplear un flujo de gas fresco 2 veces mayor que el volumen minuto  del paciente. Son equipos sencillos, f&aacute;ciles de construir y esterilizar  y pueden emplearse como el equipo de elecci&oacute;n en la reanimaci&oacute;n  de los ni&ntilde;os lesionados en hospitales con bajos recursos.    <br> </p>    <p>Los  ventiladores mec&aacute;nicos como el Servo 900D y las estaciones de trabajo como  el Primus, disponibles en nuestro medio, que nos permiten dosificar correctamente  el volumen minuto, la frecuencia respiratoria, la presi&oacute;n inspiratoria,  poseen diferentes sistemas de ventilaci&oacute;n, realizan el monitoreo de varios  par&aacute;metros ventilatorios y tienen sistema de alarma, son la opci&oacute;n  ideal para el transoperatorio.    <br> </p>    <p>El volumen corriente lo calculamos inicialmente  a raz&oacute;n de 10 cc/kg y la frecuencia respiratoria de acuerdo con la edad  (20 a 25 en ni&ntilde;os mayores y entre 30 y 35 en reci&eacute;n nacidos y lactantes).    <br>  </p><h4>Valoraci&oacute;n y manejo hemodin&aacute;mico    <br> </h4>    <p>El paciente  pedi&aacute;trico hipovol&eacute;mico presenta taquicardia, pulso d&eacute;bil,  alteraci&oacute;n del nivel de conciencia, oliguria y en ocasiones piel moteada.  Cuando fallan los mecanismos compensadores la presi&oacute;n arterial cae r&aacute;pidamente.  En el ni&ntilde;o la frecuencia card&iacute;aca determina el gasto card&iacute;aco  y es necesario garantizar la frecuencia adecuada seg&uacute;n la edad.     <br> </p>    <p>Inicialmente  monitoreamos la presi&oacute;n arterial de forma no invasiva (NIBP), la frecuencia  card&iacute;aca, el electrocardiograma y la saturometr&iacute;a transcut&aacute;nea.  Con estos par&aacute;metros decidimos si era necesario o no apoyar farmacol&oacute;gicamente  con catecolaminas. Los ni&ntilde;os responden bien a la dopamina (5 a 10 mcg/kg/min)  y a la adrenalina (0,02 a 0,1 mcg/kg/min) y constituyen los f&aacute;rmacos de  elecci&oacute;n en el paciente con inestabilidad hemodin&aacute;mica.<span class="superscript">10</span>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  </p>    <p>Es necesario optimizar la frecuencia y el gasto card&iacute;aco. El paro  card&iacute;aco es secundario generalmente a hipoxia grave mantenida asociada  a hipovolemia y a la acidosis metab&oacute;lica. El masaje card&iacute;aco se  realiza en los RN y lactantes mediante compresiones manuales r&aacute;pidas (100/min)  con los 2 dedos gordos de las manos rodeando el t&oacute;rax o con los dedos &iacute;ndice  y medio de una mano, combinadas con ventilaci&oacute;n mec&aacute;nica (3 - 5  a 1). Cuando la frecuencia card&iacute;aca est&aacute; por debajo de 60 o entre  60 y 80 y no aumenta a pesar de la ventilaci&oacute;n mec&aacute;nica, damos masaje  card&iacute;aco. El masaje se suspende cuando la frecuencia es mayor de 80/min.  Se necesitan f&aacute;rmacos de reanimaci&oacute;n si despu&eacute;s de 30 s de  ventilaci&oacute;n mec&aacute;nica eficiente y masaje card&iacute;aco, la frecuencia  card&iacute;aca est&aacute; por debajo de 80 latidos/min.<span class="superscript">1,9</span>    <br>  </p>    <p>La colocaci&oacute;n de un ox&iacute;metro de pulso en las extremidades  refleja correctamente la oxigenaci&oacute;n cerebral y debe ser una medida de  rutina en todos los pacientes lesionados. Los signos b&aacute;sicos que se deben  observar durante la reanimaci&oacute;n, son el color, la respiraci&oacute;n y  la frecuencia card&iacute;aca. Cuando la respiraci&oacute;n y la frecuencia card&iacute;aca  son adecuadas, la piel debe estar rosada. La presencia de cianosis indica hipoxemia  y puede estar originada por un fallo del sistema respiratorio, cardiovascular  o de ambos. En estos casos debemos siempre administrar ox&iacute;geno al 100 %.  La mejor&iacute;a de la coloraci&oacute;n en un ni&ntilde;o cian&oacute;tico que  est&aacute; siendo reanimado indica efectividad de las maniobras utilizadas. La  palidez puede ser originada por hemorragia, hipotensi&oacute;n severa o por fallo  cardiovascular. Se debe valorar la necesidad de transfusi&oacute;n.     <br> </p>    <p>La  primera acci&oacute;n destinada a mejorar la funci&oacute;n del sistema cardiovascular  es corregir la hipoxia.<span class="superscript">1,9</span>    <br> </p><h4>Canalizaci&oacute;n  venosa y administraci&oacute;n de volumen    <br> </h4>    <p>Se deben canalizar las venas  perif&eacute;ricas con c&aacute;nulas del mayor di&aacute;metro posible. Si no  se logra en un breve plazo de tiempo, debe intentarse r&aacute;pidamente las v&iacute;as  femoral o yugular externa. Cuando el estado del paciente lo permita se inserta  gu&iacute;a met&aacute;lica a trav&eacute;s de las c&aacute;nulas intravenosas  y se coloca cat&eacute;ter venoso central. La vena femoral no debe utilizarse  en presencia de trauma abdominal. Despu&eacute;s de la intubaci&oacute;n de la  tr&aacute;quea se cateteriza la vena yugular interna con cat&eacute;ter de doble  o triple luz, lo cual nos permitir&aacute; administrar volumen, f&aacute;rmacos  vasoactivos y medir la presi&oacute;n venosa central (PVC).    <br> </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Durante  la fase inicial, si existen antecedentes o sospecha de p&eacute;rdidas de volumen,  administramos un bolo inicial de 5 a 10 cc/kg del coloide disponible (Haemaccel),  o de soluciones electrol&iacute;ticas balanceadas como el ringer lactato que repetiremos  seg&uacute;n necesidades.<span class="superscript">1,4,11 </span>    <br> </p>    <p>Cuando  se administran soluciones intravenosas debe prestarse atenci&oacute;n al pH y  la actividad osm&oacute;tica de estas para evitar complicaciones. La soluci&oacute;n  de ringer lactato tiene un pH de 6,7 una osmolaridad de 273 mosm/L y composici&oacute;n  electrol&iacute;tica similar al plasma (sodio 130, cloro 109, potasio 4, calcio  3), y se considera isosm&oacute;tica y de elecci&oacute;n en estos pacientes.  Las soluciones glucosadas disponibles en nuestro medio son generalmente hipo o  hipert&oacute;nicas y con pH &aacute;cido.<span class="superscript">1 </span>    <br>  </p>    <p>Cuando se reemplazan grandes cantidades de volumen (mayor de 40 cc/kg)  deben administrarse siempre coloide o sangre. </p>    <p>Para la transfusi&oacute;n  de sangre nos guiamos por el hemat&oacute;crito (Hto) seriado y por las siguientes  f&oacute;rmulas de reemplazo:    <br> Cantidad de sangre total: 2,5 cc/peso en kg  (hemat&oacute;crito ideal - real).    <br> </p>    <p>Cantidad de gl&oacute;bulos rojos  concentrados: 1,5 cc/kg (hemat&oacute;crito ideal - hemat&oacute;crito real).    <br>  </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Despu&eacute;s de administrar grandes cantidades de sangre debemos chequear  los mecanismos de la coagulaci&oacute;n (trombocitopenia dilucional, d&eacute;ficit  de factores), mediante el tiempo de protrombina, el kaol&iacute;n y el conteo  de plaquetas. Utilizamos plasma fresco congelado (10-20 cc/kg) y concentrado de  plaquetas a raz&oacute;n de 0,2 unidades por kg de peso corporal, para mejorar  la coagulaci&oacute;n. Puede presentarse hipocalcemia despu&eacute;s de las transfusiones  masivas de sangre a causa del citrato, la cual tratamos con cloruro de calcio  a 10 mg/kg o gluconato de calcio a 30mg/kg.<span class="superscript">1</span>    <br>  </p>    <p>El volumen de l&iacute;quidos que se debe administrar puede evaluarse adecuadamente  mediante la observaci&oacute;n de los signos vitales y especialmente mediante  la PVC y la diuresis. Una diuresis entre 1 a 2 cc por kg/h indica una adecuada  perfusi&oacute;n renal, a menos que estemos en presencia de una diuresis osm&oacute;tica.<span class="superscript">1,4</span>    <br>  </p>    <p>El reemplazo de volumen en el paciente traumatizado debe llevarse a cabo  en un balance entre las necesidades indispensables para la reanimaci&oacute;n  y las medidas para evitar el edema cerebral.<span class="superscript">4</span>  En los ni&ntilde;os con trauma de cr&aacute;neo, la administraci&oacute;n de soluciones  hipot&oacute;nicas y la glucosa agravan el edema cerebral. La hiperglicemia agrava  las consecuencias de la isquemia por la acidosis l&aacute;ctica intracerebral.<span class="superscript">4,11  </span>    <br> </p><h4>Examen neurol&oacute;gico    <br> </h4>    <p>La valoraci&oacute;n  del ni&ntilde;o que ha sufrido un accidente incluye un detallado examen neurol&oacute;gico.  Muchos pacientes, especialmente los lactantes, no presentan en ocasiones, los  signos y s&iacute;ntomas cl&aacute;sicos y es necesario realizar tomograf&iacute;a  axial computadorizada para determinar la magnitud de la lesi&oacute;n si existen  dudas en el diagn&oacute;stico. El uso del esquema de Glasgow da uniformidad en  la evaluaci&oacute;n del nivel de conciencia de estos pacientes y debe realizarse  sistem&aacute;ticamente.<span class="superscript">1</span>    <br> </p>    <p>Es necesario  tomar medidas desde el inicio para evitar el aumento de la presi&oacute;n intracraneana  (PIC). Entre estas tenemos el uso de la hiperventilaci&oacute;n y la administraci&oacute;n  de diur&eacute;ticos.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </p><h4>Valoraci&oacute;n general     <br> </h4>    <p>En los  pacientes que han sufrido grandes ca&iacute;das o accidentes del transito debe  realizarse rayos X del t&oacute;rax, de la pelvis y las extremidades lesionadas.  El ultrasonido es de gran valor en la valoraci&oacute;n del trauma abdominal.  Debe extraerse sangre para determinaciones del hemat&oacute;crito, ionograma,  grupo sangu&iacute;neo, coagulograma m&iacute;nimo y gasometr&iacute;a.<span class="superscript">1,3,4</span>    <br>  </p><h4>T&eacute;cnicas de monitoreo     <br> </h4>    <p>Las t&eacute;cnicas que se deben  emplear desde la recepci&oacute;n incluyen la vigilancia continua de los siguientes  par&aacute;metros: electrocardiograma, presi&oacute;n arterial, saturometr&iacute;a,  diuresis, temperatura central y distal y la presi&oacute;n venosa central. Los  pacientes m&aacute;s graves se benefician del monitoreo invasivo de la presi&oacute;n  arterial. Pueden utilizarse la arteria radial o la femoral de acuerdo con la zona  lesionada.<span class="superscript">1,4,6 </span>    <br> </p>    <p>En conclusi&oacute;n  podemos decir que los ni&ntilde;os que sufren lesiones producto de accidentes,  necesitan de una valoraci&oacute;n y un tratamiento preoperatorio racional de  acuerdo con sus caracter&iacute;sticas. Esta revisi&oacute;n bibliogr&aacute;fica  muestra el enfoque actual de esta problem&aacute;tica, por lo que esperamos sirva  de gu&iacute;a para el establecimiento de conductas apropiadas en el enfrentamiento  a esta dif&iacute;cil situaci&oacute;n.     <br> </p><h4>Summary </h4>    <p>Anesthesia  in the polytraumatized patient is maybe the greatest challenge within the specialty,  on treating very severe children without having most of the times the personal  pathological history and not knowing the exact magnitude of the injuries suffered.  There are also important differences between the adults and children having accidents.  The detailed evaluation and the correct preoperative preparation of these patients  influence significantly on their evolution. It is necessary to evaluate immediately  the permeability of the airways, the efficiency of ventilation, the hemodynamic  state, and to make a neurological examination and to start with the volume administration.  The details of the injuries, the treatment received before and the personal pathological  history should be known, too. An updated bibliographic review of the main aspects  that should be taken into account during the preoperative in these patients is  made.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> .    <br> <i>Subject headings: </i>PREOPERATIVE CARE; WOUNDS AND TRAUMATISMS/surgery;  CHILD; ANESTHESIA-    <br> </p><h4>Referencias bibliogr&aacute;ficas    <br> </h4><ol>      <!-- ref --><li> Striker TW. Anesthesia for trauma in the pediatric patient. En: Gregory AA,  eds. Pediatric Anesthesia. Fourth edition. New York: Ed. Churchill-Livingstone,  2002: 797-804.    <br> </li>    <!-- ref --><li> Cantor RM, Leaming JM. Evaluation and management  of pediatric major trauma. Emerg Med Clin North Am 1998;16:229-56.    <br> </li>    <!-- ref --><li>  Lam WH, Mackersie A. Paediatric head injury: Incidence, aetiology and management.  Pediatric Anaesthesiology 1999;9:377-85.    <br> </li>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><li> Maze A. Anesthesia for  major pediatric Trauma. IARS 2002 Review Course Lectures. Supplement to Anesthesia  &amp; Analgesia, March 2002: 7    7-83.    <br> </li>    <!-- ref --><li> Karlin AD. Anesthesia for trauma:  What's important, What's not. En: 1996 Annual Refresher Course Lectures. American  Society of Anesthesiology: 252.    <br> </li>    <!-- ref --><li> Stein JH. Internal Medicine. Fourth  edition. St Louis: Ed. Mosby,1994:131-43.    <br> </li>    <!-- ref --><li> Miller RD. Anesthesia.  Fourth edition. New York: Ed. Churchill-Livingstone, 1994.    <br> </li>    <!-- ref --><li> Lindahl  S. Perioperative temperature Rregulation. IARS 2001 Selected Review Course Lectures  CD-ROM.    <br> </li>    <!-- ref --><li> Mason LJ. Pitfalls and problems in pediatric anesthesia.  IARS 2002 Review Course Lectures. Supplement to Anesthesia and Analgesia, March  2002:70-6.    <br> </li>    <!-- ref --><li> Kern F. Fourteenth Annual Meeting of the Society for  Pediatric Anesthesia, San Francisco, California, October 13, 2000. Meeting Report.  Anesthesia Analg 2001;93(3):793-7.    <br> </li>    <!-- ref --><li> Simma B, Burger R, Falk M. A  prospective, randomized and controlled study of fluid management in children with  severe head injury: Lactated Ringer's solution versus hypertonic saline. Crit  Care Med 1998;26:1265-70.    <br> </li>    </ol>    <p>Recibido: 7 de mayo de 2003. Aprobado:  3 de junio de 2003.    <br> Dr. <i>Lincoln de la Parte P&eacute;rez</i>. 44 No. 6308  entre 63 y 65. Puentes Grandes. Playa. Ciudad de La Habana. Cuba.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>     <br> <span class="superscript"><a href="#autor">1</a></span><a href="#autor">M&eacute;dico  Especialista de II Grado en Anestesiolog&iacute;a del Cardiocentro. Hospital Pedi&aacute;trico  Universitario &quot;William Soler&quot;. Profesor del Departamento de Cirug&iacute;a  de la Facultad de Medicina &quot;Enrique Cabrera&quot;. </a><a name="cargo"></a>    <br>  </p>      ]]></body><back>
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