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</front><body><![CDATA[  <h1>Diario de la Columna Invasora    <br>   &quot;Antonio Maceo&quot;* </h1>     <div align="center"><a href="#cargo">por el    <br>   Dr. Sergio del Valle Jim&eacute;nez ** </a><a name="autor"></a></div>     <p>Septiembre 20. Hab&iacute;a luna, salimos temprano, a los 2 Km. comimos. Despu&eacute;s    caminamos hasta las 4:50 a.m. (20-s&aacute;bado) pasando el Cimarr&oacute;n    y llegando hasta un peque&ntilde;o monte de la finca La Trinidad a unos 3 kil&oacute;metros    del r&iacute;o La Yegua.</p>     <p>En el trayecto se cruz&oacute; el camino que va a Vertientes, pasamos cerca    de la l&iacute;nea de ferrocarril que va del Central Agramonte al Puerto de    Santa Mar&iacute;a con sus tres ca&ntilde;oneros.    <br>   Los casquitos ten&iacute;an emboscadas seg&uacute;n los campesinos en:    <br> </p> <ul>       <li> Playa Santa Mar&iacute;a.</li>       <li> Tienda Trinidad (Colonia Trinidad).</li>       ]]></body>
<body><![CDATA[<li> En el 3 del Caney.</li>       <li> En el 6 de Agramonte (400 soldados). Seg&uacute;n el campesino.</li>       <li> Todas bastante cerca de nuestro actual campamento.</li>     </ul>     <p>Del cuartel del Central Agramonte al Puerto de Santa Mar&iacute;a hay unas    4 &oacute; 5 leguas.    <br> </p>     <p>Se presentan dos campesinos que espont&aacute;neamente se brindan como pr&aacute;cticos    (?) 12 p.m. Se ingresa al se&ntilde;or Antonio Fonseca, del Batey Trinidad,    el cual, conociendo las posiciones enemigas, se brinda a pasarnos entre ellas    (?).</p>     <p>Se cocinaba cerca del campamento. Ten&iacute;amos temor de ser sorprendidos    por los guardias pues se dec&iacute;a que estaban muy cerca.</p>     <p>6 p.m. Palabras de Camilo a la Tropa:</p>     <p>&quot;Estamos pasando por una situaci&oacute;n cr&iacute;tica, nos quedan largas    jornadas muy peligrosas, donde posiblemente tengamos que abandonar los pocos    caballos que tenemos, pues hay m&aacute;s de 1,000 soldados alrededor nuestro.  </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&quot;S&eacute; de la imposibilidad f&iacute;sica de algunos de ustedes para    caminar y s&eacute; que el peligro se acent&uacute;a cuando crucemos el r&iacute;o    Las Yeguas.</p>     <p>&quot;Por tanto, se le brinda una oportunidad a todos los enfermos y agotados    de quedarse aqu&iacute;, sitio relativamente seguro, donde tengo pr&aacute;cticos    que se ocupar&aacute;n de ustedes hasta que se repongan. Despu&eacute;s, podr&aacute;n    reincorporarse. No hay deshonor en quedarse; al contrario, es una medida de    seguridad para ustedes y nos brinda a nosotros una mayor movilidad, etc.&quot;</p>     <p>S&oacute;lo 3 aceptaron: Borrel, Benigno y Mayedo.</p>     <p>Comimos macho frito y arroz blanco y nos llevamos carne frita de vaca para    el otro d&iacute;a.</p>     <p>7:30 p.m. Est&aacute;bamos en marcha, cruzamos el r&iacute;o Las Yeguas y lo    volvimos a cruzar inmediatamente por equivocaci&oacute;n de los pr&aacute;cticos,    atravesamos el ca&ntilde;averal de la finca La Trinidad y el r&iacute;o, pasamos    la l&iacute;nea del ferrocarril que va de la Playa Santa Mar&iacute;a al Central    Agramonte. Todav&iacute;a no se hab&iacute;a pasado la l&iacute;nea cuando a    uno de los escopeteros desgaritados del &quot;Che&quot; se le escapa un tiro    de la San Crist&oacute;bal. Sab&iacute;amos que los soldados nos ten&iacute;an    preparada una &quot;Trocha&quot; de la Playa Santa Mar&iacute;a al Central Agramonte,    pasando una ronda (carro-tren) cada 10 minutos.</p>     <p>A las 11:30 la ronda se demor&oacute; algo m&aacute;s de 30 minutos, tiempo    que aprovechamos para pasar.</p>     <p>Despu&eacute;s nos extraviamos, el pr&aacute;ctico quer&iacute;a dirigirse    hacia la costa (unas 5 leguas). Por fin a las 4 a.m. acampamos en un guanal    que no ofrec&iacute;a ninguna garant&iacute;a.</p>     <p>El pr&aacute;ctico que se nos uni&oacute; ese mismo d&iacute;a, Antonio Fonseca,    se hab&iacute;a ido. Estaba peligrosa la situaci&oacute;n.</p>     <p>Hace un mes que salimos de la Providencia (Oriente)</p>     <p>9 a.m. Estamos inc&oacute;modos, impacientes, con la sensaci&oacute;n inminente    de combate, aquel guanal, donde apenas hab&iacute;a uno que otro &aacute;rbol    y con el antecedente del gu&iacute;a escapado, el ruido de los motores cerca,    los carros-trenes patrullando la l&iacute;nea, la avioneta dando vueltas por    encima de nosotros, nos manten&iacute;a en tensi&oacute;n; se redoblaron las    postas, se pusieron vig&iacute;as en las copas de los &aacute;rboles, se explor&oacute;    el camino varias veces. Ten&iacute;amos hambre y sed, y sab&iacute;amos que    nuestra situaci&oacute;n era debida a la falta de pr&aacute;cticos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Despu&eacute;s de las 3 p.m. el Comandante orden&oacute; al Tte. Delf&iacute;n    que se pusiera ropa de civil, y acompa&ntilde;ado del gu&iacute;a m&aacute;s    joven, tratara de ver a un se&ntilde;or que viv&iacute;a cerca y del cual ten&iacute;a    referencias de que pod&iacute;a sernos &uacute;til.</p>     <p>Antes de oscurecer apareci&oacute; el se&ntilde;or Nelson Almanza, nos aclar&oacute;    que est&aacute;bamos en la finca Enceiba, de la C&iacute;a. Vertientes, a 2    kil&oacute;metros de Casa Vieja, lugar peligroso cerca de un terrapl&eacute;n    y de la l&iacute;nea del ferrocarril, con 300 guardias a 2 kil&oacute;metros    de la misma finca donde est&aacute;bamos. Prometi&oacute; sacarnos unas 5 leguas    adelante a trav&eacute;s de traves&iacute;as; adem&aacute;s nos dijo que pod&iacute;a    resolver el problema de comer algo, tambi&eacute;n nos comunic&oacute; que a    media hora de donde est&aacute;bamos hay un monte c&oacute;modo y seguro.</p>     <p>Salimos del guanal al oscurecer con luna, llegamos a una casa donde nos dieron    caf&eacute; con leche, queso, galletas y se consigui&oacute; alguna mercanc&iacute;a.</p>     <p>Con gran entusiasmo se emprendi&oacute; de nuevo la marcha. Camino bueno. Inconvenientes:    Se extraviaron cuatro compa&ntilde;eros, casi todos Oficiales.<span class="superscript">1</span></p>     <p>Apenas hab&iacute;amos caminado dos leguas cuando acampamos (4 a.m.).</p>     <p>22 de septiembre. En la finca San Nicol&aacute;s, pues el tiempo, ya no alcanzaba    para pasar el terrapl&eacute;n oscuro. Se habl&oacute; con el se&ntilde;or de    la finca para cocinar en cuanto amaneciera.</p>     <p>Lunes 22:    <br> </p>     <p>Pasamos el d&iacute;a muy bien, con buena alimentaci&oacute;n y descanso. Al    mediod&iacute;a se sintieron ruidos de carros y disparos en la l&iacute;nea.    Nos imaginamos que se trataba de traslado de tropas del Ej&eacute;rcito mercenario.    Despu&eacute;s llovi&oacute;.</p>     <p align="center"><a href="/img/revistas/his/v94/f07his94.jpg"><img src="/img/revistas/his/v94/f07his94.jpg" width="196" height="300" border="0"></a></p>     
]]></body>
<body><![CDATA[<p></p>     <p></p>     <p></p>     <p></p>     <p></p>     <p></p>     <p></p>     <p></p>     <p></p>     <p></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p></p>     <p></p>     <p></p>     <p align="center">Fig. 7. Cmdte. Dr. Sergio del Valle Jim&eacute;nez.</p>     <p align="left">Despu&eacute;s de comer (tercera vez en 17 d&iacute;as) pasamos    el terrapl&eacute;n que va de la Playa Santa Mar&iacute;a a Florida, constantemente    patrullando. Tratamos de no dejar rastro. A las 4: 20 acampamos en un cayo de    monte, rodeados de pantanos con una plaga infernal. Se avanz&oacute; 2 y media    leguas.</p>     <p>Martes 23:</p>     <p>En la ma&ntilde;ana Nelson el pr&aacute;ctico fue a explorar y habl&oacute;    con dos individuos que nos servir&iacute;an de pr&aacute;cticos en 10 &oacute;    12 kil&oacute;metros.</p>     <p>El primer tramo a trav&eacute;s de pantanos, marab&uacute; y manglares, se    comenz&oacute; a las 4:30 de la tarde. Despu&eacute;s, esperamos un rato hasta    que cayeron las tinieblas para continuar la segunda jornada, donde alternaron    los caminos buenos con los pantanos. </p>     <p>A las 8:30 llegamos cerca de un terrapl&eacute;n hasta donde los pr&aacute;cticos    conoc&iacute;an.</p>     <p>Dicho terrapl&eacute;n comunica las arroceras de los Aguilera y es patrullado.    Se decidi&oacute; seguir caminando, pero a trav&eacute;s de los potreros y bordeando    el terrapl&eacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p></p>     <p>Mi&eacute;rcoles 24:    <br>   Nos llamaron muy temprano, pues el monte era claro y los aviones estaban molestando.</p>     <p>Se orden&oacute; a Sen&eacute;n que acompa&ntilde;ado de uno de los pr&aacute;cticos    tratase de explorar y conseguir alg&uacute;n campesino que nos orientase como    pr&aacute;ctico.</p>     <p>Al mediod&iacute;a 3 aviones ametrallaban y bombardeaban todo el monte de la    costa a varios kil&oacute;metros de nosotros. Nos preocupaba Sen&eacute;n.</p>     <p>Al oscurecer partimos; Sen&eacute;n no hab&iacute;a llegado. Ten&iacute;amos    la esperanza de que estuviera perdido. Pero Sen&eacute;n no es de los que se    pierden; seguro que lo han sorprendido los guardias.</p>     <p>Era una rara coincidencia, Sen&eacute;n perdido, y la jornada fue dura, hasta    los caballos se quedaron en el fango (tembladeras).</p>     <p>A las 4 a.m. (25 de septiembre) acampamos en un cayo de monte rodeados de sabanas    de palma cana y guano, con mucha plaga, desorientados, sin agua, sin comida    y sin pr&aacute;cticos. La zona que acabamos de atravesar, seg&uacute;n el pr&aacute;ctico,    est&aacute; llena de cocodrilos.</p>     <p>Aviaci&oacute;n bombardeando por primera vez aquella zona. Se camin&oacute;    algo, perdimos el rumbo, fuimos varias veces a parar a la costa. Se exploraba    buscando alguna casa habitada para buscar orientaci&oacute;n. Acampamos a eso    de las 4 a.m. (25 de septiembre) en un cayo de monte rodeados de potreros. Se    dej&oacute; cerca en un terrapl&eacute;n al Tte. Delf&iacute;n con 4 n&uacute;meros,    su misi&oacute;n era ver si ve&iacute;a alg&uacute;n transe&uacute;nte para    detenerlo, indagar nuestra situaci&oacute;n y que nos sirva de pr&aacute;ctico.</p>     <p>9 a.m. Desesperados por el hambre, Camilo ordena preparar la yegua de Nen&eacute;.    Se prepara la candela, se mata la yegua y se reparte en raciones por Pelot&oacute;n.    No se puede asar por culpa de los aviones y de unos tiros que se sintieron cerca.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Despu&eacute;s de las 3 p.m. aparece Delf&iacute;n acompa&ntilde;ado de dos    empleados de la arrocera de los Aguilera, y m&aacute;s atr&aacute;s, los guardias.    Se tomaron las medidas oportunas, recoger, preparar armas, postas, emboscadas,    exploraci&oacute;n del terreno, etc.</p>     <p>Dice Delf&iacute;n que en la turbina de la arrocera encontr&oacute; a tres    trabajadores, que les pregunt&oacute; si hab&iacute;a guardias cerca y les comunic&oacute;    que estaban perdidos y que necesitaba un individuo que los sacara hasta un lugar    seguro.</p>     <p>Quedaron en que uno de ellos (Edilio Sanabria, negro grande con cara de luna)    fuera al Batey para hablar con un se&ntilde;or que conoc&iacute;a bien la zona.    Al cabo de las dos horas de espera aparecieron los guardias, teniendo Delf&iacute;n    que regresar apresuradamente al campamento con los otros dos individuos. Parece    que el tal Sanabria dio el chivatazo.</p>     <p>Los guardias rodearon un monte a unos 2 kil&oacute;metros de nuestro campamento,    lo tirotearon, ametrallaron, morterearon, haciendo gran alarde de valent&iacute;a,    y gritaban: &quot;&iexcl;R&iacute;ndanse que est&aacute;n rodeados!&quot; La    aviaci&oacute;n segu&iacute;a dando vueltas.</p>     <p>A las 7:10 p.m. partimos; los dos empleados de la arrocera nos servir&iacute;an    de gu&iacute;as.</p>     <p>Atravesamos la arrocera y los montes de Cayo Toro, que pertenece a la C&iacute;a.    Baragu&aacute; de Ciego de &Aacute;vila. Al poco rato llegamos a unas chozas    de carboneros; no estaban, pero aprovechamos para asar la carne de yegua. Todav&iacute;a    sent&iacute;amos el traqueteo de la 30 de los soldados.</p>     <p>Partimos a las 12:30 a.m. (26 de septiembre), llegamos a la finca-vivienda    de los carboneros: Nieves Rodr&iacute;guez, Ra&uacute;l N&uacute;&ntilde;ez    y Jos&eacute; Chamorro.</p>     <p>Con ellos acampamos en la Finca Santana.</p>     <p>Viernes 26 (10 a.m.)</p>     <p>Almorzamos y desayunamos algunos pedazos de carne de yegua asada.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A las 4 p.m. avanzamos hasta la casa del mayoral, donde la vanguardia est&aacute;    preparando la comida:</p>     <p>Cordero, arroz blanco, pl&aacute;tano verde sancochado.</p>     <p>Despu&eacute;s se trat&oacute; el problema de conseguir un hombre dispuesto    y conocedor de la zona que nos adelantara un poco.</p>     <p>Nos llevaron a casa de un viejo: Fernando, de Oro de Baragu&aacute;, que nos    servir&iacute;a de pr&aacute;ctico hasta el puente sobre el r&iacute;o Lituabo.    <br> </p>     <p>Partimos, cruzamos la l&iacute;nea que va de la Playa a Baragu&aacute; y acampamos    en la finca Asiento de Baragu&aacute;, propiedad del se&ntilde;or Eladio Otero    -m&aacute;s de 100 caballer&iacute;as. Para seguir adelante ten&iacute;amos    que cruzar un puente sobre el r&iacute;o Lituabo, a cuyos lados s&oacute;lo    hay pantanos y tembladeras. O sea que el puente es el paso obligado.</p>     <p>El d&iacute;a 27 de septiembre nos encontr&aacute;bamos acampados en el peque&ntilde;o    guanal, a la orilla de un camino vecinal. Nuestros hombres exploradores se llegaron    a una casa de la cual ya ten&iacute;amos referencia y all&iacute; tuvimos noticias    de que el mayoral de la finca era chivato - el nombre de esta finca es &quot;Asiento    de Baragu&aacute;&quot;. Sobre las tres de la tarde una de nuestras postas cogi&oacute;    prisioneros a tres se&ntilde;ores vestidos de campesinos, luego despu&eacute;s    de interrogarles supimos que dos de ellos eran miembros del Ej&eacute;rcito    del Tirano y el otro el chivato del cual ya ten&iacute;amos noticias. El cabo    Trujillo, uno de los prisioneros, nos dijo que era bastante dif&iacute;cil cruzar    la zona pero que &eacute;l era bastante pr&aacute;ctico. En esta finca asamos    dos vacas, lo cual constituy&oacute; nuestra comida.</p>     <p>Por la tarde procedimos a amarrar al cabo Juan Trujillo Medina y darle las    instrucciones precisas y las consecuencias que sufrir&iacute;a si ca&iacute;amos    en una emboscada enemiga; esa noche, seg&uacute;n el cabo Trujillo, que era    inspector de las emboscadas, nos dijo que el enemigo ten&iacute;a 29 kil&oacute;metros    en l&iacute;nea recta ocupados por emboscadas y por otros lugares, que hab&iacute;an    empleado para esa noche un total de 7 batallones de infanter&iacute;a, siendo    de 400 soldados cada batall&oacute;n. A las siete de la noche salimos de este    lugar, atravesamos varias fincas y al pasar por el Central Baragu&aacute; le    pasamos a unos diez cordeles a una emboscada enemiga; en la Colonia Guanales    o&iacute;mos la Radio Rebelde. Al atravesar la colonia San Francisco cogimos    a un se&ntilde;or llamado Jorge P&eacute;rez, el cual se encontraba parado en    el camino por donde nosotros &iacute;bamos. Pasamos por la Colonia Santa Teresa,    tambi&eacute;n burl&aacute;ndonos del enemigo al pasarle a menos de diez cordeles    de distancia. Atravesamos la l&iacute;nea de los Ferrocarriles Occidentales    de Cuba, y acampamos en un ca&ntilde;averal.</p>     <p>Domingo 28 (7 a.m.)</p>     <p>El cabo nos dijo que est&aacute;bamos frente a la finca de los Dumenigo. Camilo    me autoriz&oacute; para ir a Ciego de &Aacute;vila, tratar de hacer contacto    con el Movimiento y conseguir mercanc&iacute;as. Me afeit&eacute;, me puse la    ropa del guardia y par&eacute; en la Carretera Central un &Oacute;mnibus Especial.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Fui a casa de los Dumenigo y les plante&eacute; el problema. Se consiguieron    las mercanc&iacute;as y pude hablar con el Coordinador de Ciego, explic&aacute;ndole    nuestras necesidades. Quedaron en conseguirnos pr&aacute;cticos y camiones y    algunas medicinas.</p>     <p>Pero ten&iacute;an que hablar con Camilo; los cit&eacute; para despu&eacute;s    de las 7 p.m. en la finca de los Dumenigo.</p>     <p>Mientras mis compa&ntilde;eros se asaban en el ca&ntilde;averal a las 2 p.m.    sin alimentos y sin agua, yo estaba almorzando en &quot;Los Leones&quot;, con    aire acondicionado y frente al Capit&aacute;n de la Polic&iacute;a.</p>     <p>A las 8 p.m. se pas&oacute; la Carretera Central con bastante facilidad a pesar    del excesivo tr&aacute;nsito. Inmediatamente se reparti&oacute; la mercanc&iacute;a    y se qued&oacute; con el se&ntilde;or Florido, encargado de conseguir una rastra,    pr&aacute;cticos y algunos art&iacute;culos de necesidad para la tropa.</p>     <p>Dormimos temprano en el monte con la esperanza de que todo hab&iacute;a cambiado.</p>     <p>&iquest;Ma&ntilde;ana el viaje ser&iacute;a en rastra?</p>     <p>Lunes 29 (6 a.m.)</p>     <p>Dormimos bien en el monte de los Dumenigo, nos levantamos contentos y agradecidos    de poder seguir esta lucha contra el Tirano. Todo hab&iacute;a cambiado; est&aacute;bamos    en un lugar relativamente seguro (1 kil&oacute;metro de la Carretera Central),    se estaba preparando comida, y se hab&iacute;a tratado con la Direcci&oacute;n    del Movimiento de Ciego de &Aacute;vila para seguir el resto del viaje en carros.</p>     <p>El mayoral de la finca nos trajo la noticia de que 3 camiones de guardias hab&iacute;an    pasado por la Carretera Central rumbo a Baragu&aacute; y que, adem&aacute;s,    el tr&aacute;nsito por carretera a Baragu&aacute;, estaba suspendido.</p>     <p>&iquest;Creer&aacute;n que estamos all&aacute;? O&#133; &iquest;Estar&aacute;    el&quot; Che&quot;?</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Aviones sobre nosotros todo el d&iacute;a. Al oscurecer una tempestad de agua    y truenos.</p>     <p>9 a.m. Ninguna noticia sobre los camiones.    <br>   10 p.m. Nos enteramos por Dumenigo que la Direcci&oacute;n (el se&ntilde;or    Coordinador doctor Florido y el se&ntilde;or Arbelio) no hab&iacute;a conseguido    nada y que no pod&iacute;an trasladarse a la finca porque estaba lloviendo.    Una patrulla al mando del Comandante Camilo se dirigi&oacute; al &quot;Batey    Quesada&quot;, se consiguieron dos camiones con sus choferes, se recogi&oacute;    el resto de la gente en el camino de La Habana. Due&ntilde;os de los camiones:</p>     <p>Ramiro Ortiz, Enriqueta Quesada; choferes: Ra&uacute;l Hern&aacute;ndez Rodr&iacute;guez,    Agust&iacute;n Rivero.</p>     <p>30 de septiembre. Los carros se atascaron en la entrada de la colonia Jacinta    de los centrales Baragu&aacute; y Pina, a las 6 a.m.</p>     <p>Se sacaron los carros con un tractor y se escondieron, se tomaron todas las    casas del pueblo, el tel&eacute;fono, se detuvieron a todas las personas que    llegaban y nos instalamos en la Escuela P&uacute;blica No. 12.</p>     <p>En la tienda compramos todos los v&iacute;veres y comestibles, est&aacute;bamos    por la libre. Se gastaron m&aacute;s de 400 pesos.</p>     <p>Los habitantes de la colonia nos dispensaron la mejor acogida que recuerdo    desde que estamos en el llano y pasamos un d&iacute;a verdaderamente feliz.</p>     <p>El capit&aacute;n Pinares, hoy comandante, hizo de maestro, gan&aacute;ndose    la simpat&iacute;a de todos los ni&ntilde;os, comprando refrescos; se les hizo    almuerzo y se les regal&oacute; un peso a cada uno. Ofrenda floral a Mart&iacute;.    Cantaron el Himno Nacional, gritaron a toda voz &quot;Viva Cuba Libre&quot;    y quedaron con el comandante que al otro d&iacute;a iban a pedirle a la maestra    que les hablara de Mart&iacute;, por qu&eacute; luch&oacute;, por qu&eacute;    muri&oacute;. </p>     <p>A todos los detenidos trabajadores de la colonia se les pag&oacute; un d&iacute;a    de haber. Comimos y nos despedimos del pueblo alegre y simp&aacute;tico que    supo brindarnos el bienestar que necesitamos. Se sueltan los presos excepto    los guardias y el montero y se les dio dinero para el pasaje, ropa, etc.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Se cogieron tres individuos de Ciego y uno de Santa Clara: Pedro Nodal Loyola,    Mario Lima Olaz&aacute;bal, Alberto Valle R&iacute;os y Prudencio Nodarse.</p>     <p>Le pas&eacute; un telegrama a To&ntilde;a.</p>     <p>Ingresados: Pedro Nodal Loyola, 30 de septiembre.</p>     <p>Mario Lima Olaz&aacute;bal, 30 de septiembre. (Trabaja Rosales).</p>     <p>Alberto Valle R&iacute;os, 30 de septiembre. (Algo de minas) Santa Clara (traidor).</p>     <p>8 p.m. Los tractores pusieron los camiones en el terrapl&eacute;n que sale    a la carretera de Mor&oacute;n. Transitamos por ella durante algunos minutos,    la dejamos por un desecho que result&oacute; p&eacute;simo, al pasar la Trocha    de J&uacute;caro a Mor&oacute;n, algunos kil&oacute;metros m&aacute;s al norte    de donde la pas&oacute; Maceo se sinti&oacute; un tiro. Se hab&iacute;an dejado    los camiones y el cruce fue a pie, se cortaron los hilos telef&oacute;nicos    y se explor&oacute; una casa que hab&iacute;a all&iacute; sin encontrar nada.    Se continu&oacute; el camino a pie.</p>     <p>En la carretera de Ceballos ocurri&oacute; un accidente, se le fue un tiro    a la posta al montar el Garand y darle el alto a un campesino. Al cruzar el    acueducto de la ciudad de Ciego de &Aacute;vila paramos para ver si pod&iacute;amos    conseguir gasolina y result&oacute; que en este lugar se hallaba un apostadero    de 4 soldados de las tropas enemigas. Uno de apellido Montejo dispar&oacute;    contra uno de nuestros compa&ntilde;eros y &eacute;ste le dio muerte; uno de    ellos llamado Jos&eacute; Ruiz se dio por prisionero y uno llamado Leandro Castellanos    se dio a la fuga. Antes de retirarnos le dimos fuego al acueducto y continuamos    nuestra marcha por donde &iacute;bamos. Poco despu&eacute;s algunos carros se    quedaron sin combustible y los otros se atascaron y tuvimos que abandonarlos.    Pocos minutos despu&eacute;s de abandonar los carros nos encontramos con un    se&ntilde;or llamado Ram&oacute;n Hern&aacute;ndez y Gonz&aacute;lez, el que    nos pensaba trasladar hasta un monte cercano a su casa. Por motivo de esto se    enviaron al Tte. Delf&iacute;n Moreno y el soldado Germ&aacute;n Barrero para    que nos esperaran en la casa del se&ntilde;or Hern&aacute;ndez. Por motivo de    cogernos el d&iacute;a atravesando un ca&ntilde;averal nos quedamos en &eacute;sta.</p>     <p>Mi&eacute;rcoles 1&deg; de octubre</p>     <p>A las 12 p.m. recogemos, pues hab&iacute;an pasado unos 30 guardias a pocos    cordeles de nosotros. Al poco rato se sintieron camiones, en total, 6, repletos    de guardias.</p>     <p>Camilo orden&oacute; hacer un cord&oacute;n a lo largo de toda la ca&ntilde;a    con trincheras de piedras y all&iacute; estuvimos mirando a los guardias durante    toda la tarde. Se sintieron tiros detr&aacute;s del monte que ten&iacute;amos    al frente. Por fin los camiones se ubicaron, pero vinieron llenos y algunos    iban casi vac&iacute;os. Seguro que ten&iacute;an emboscadas preparadas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>7 p.m. Sin comer ni tomar agua, emprendemos la marcha. Al llegar a la casa    del pr&aacute;ctico, nos enteramos por la hija del viejo que el Tte. Delf&iacute;n    Moreno hab&iacute;a sido sorprendido por los guardias, que &quot;el abuelo&quot;    hab&iacute;a podido escapar pero que todos los papeles - el diario de Camilo    durante los meses que con anterioridad hab&iacute;a estado en el llano- hab&iacute;an    ca&iacute;do en poder del ej&eacute;rcito.&iexcl; Qu&eacute; penosa la muerte    del hermano Delf&iacute;n y qu&eacute; grave problema los papeles en manos del    ej&eacute;rcito!</p>     <p>Continuamos la marcha, poco antes de llegar a la tienda.</p>     <p>En contra de la voluntad del pr&aacute;ctico se desech&oacute; ese camino,    acampando a las 4 a.m. (2 de oct. 58) en un monte peque&ntilde;o, rodeados de    ca&ntilde;a y seg&uacute;n el pr&aacute;ctico a m&aacute;s de unas leguas de    Marroqu&iacute;.</p>     <p>Jueves 2</p>     <p>Se sintieron algunos tiros un poco lejos de nuestro campamento, que nos puso    en actividad. Al mediod&iacute;a la posta detuvo a un campesino que viv&iacute;a    a pocos metros del campamento y el cual nos comunic&oacute; que los guardias    hab&iacute;an dormido en Marroqu&iacute;, que un grupo se hab&iacute;a quedado    emboscado en el camino de la tienda que hab&iacute;amos desechado y que est&aacute;bamos    en los campos de Marroqu&iacute; a una legua del Batey.    <br>   Nos consigui&oacute; un pr&aacute;ctico familiar de &eacute;l y un pedazo de    queso y az&uacute;car que fue nuestro desayuno, almuerzo y comida.</p>     <p>8 p.m. Caminamos hasta las 2 a.m. (3 de octubre 58) donde descansamos mientras    en una tienda se consegu&iacute;an mercanc&iacute;as.     <br>   Estaba lloviendo. A las 3:30 a.m. partimos de nuevo con algunos pr&aacute;cticos    que se brindaron a buscarnos un lugar donde acampar.    <br>   A las 4 a.m. acampamos en la finca Santa Mar&iacute;a, barrio de Managua, T.M.C.A.    en un peque&ntilde;o monte.</p>     <p>Viernes 3</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Por la ma&ntilde;ana se reparti&oacute; la mercanc&iacute;a, se hicieron los    preparativos para cocinar en una casa cerca. El monte donde est&aacute;bamos    no ofrec&iacute;a mucha seguridad, pues estaba rodeado de 4 caminos, dos de    ellos transitables, por veh&iacute;culos pesados. Adem&aacute;s, la noticia    de que est&aacute;bamos por all&iacute;, hab&iacute;a volado como la paloma.    Un campesino nos dijo que el maestro de una escuela cercana hab&iacute;a mandado    a todos sus disc&iacute;pulos para las casas, pues los rebeldes estaban cerca.</p>     <p>Ten&iacute;amos tambi&eacute;n a 3 leguas el cuartel de Majagua y poco m&aacute;s    lejos el de Ciego de &Aacute;vila y el de Jatibonico.</p>     <p>3 p.m. Nos trajeron la noticia de que cinco camiones con guardias hab&iacute;an    pasado rumbo a Marroqu&iacute;.</p>     <p>Hac&iacute;a dos d&iacute;as que no com&iacute;amos nada caliente; el arroz    con frijoles y la yuca nos supo a gloria.</p>     <p>Se engrosa a los hermanos Diosdado y Jos&eacute; Gonz&aacute;lez Salas, de    17 y 24 a&ntilde;os, naturales de Majagua.</p>     <p>Emprendimos la marcha alrededor de las 7 de la noche, a trav&eacute;s de fincas    y potreros; atravesamos el terrapl&eacute;n que va de Campajuelle a San Felipe;    a las 11 p.m. se detuvo la marcha para conseguir mercanc&iacute;as en una tienda.</p>     <p>Octubre 4</p>     <p>Continuamos a la 1:30 a.m. (octubre 4). Sin darnos cuenta est&aacute;bamos    en el firme de una cordillera.</p>     <p>A la izquierda ten&iacute;amos una vista preciosa del pueblo de Florencia.</p>     <p>A las 2 a.m. acampamos en un monte de las lomas de Marroqu&iacute;, (lomas    del americano) finca americana.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Caminamos unas 2 leguas. Est&aacute;bamos en Mor&oacute;n, T.M.</p>     <p>Los guardias parece que nos esperan en el pueblo de Marroqu&iacute;, pues han    hecho trincheras y est&aacute;n muy preparados.</p>     <p>Noticias: 5 individuos fueron muertos por los soldados cuando se iban a unir    a nuestras fuerzas. (?)</p>     <p>Chocaron los guardias entre s&iacute; en Marroqu&iacute;, habiendo varias bajas    (?)</p>     <p>El d&iacute;a 5 de octubre. Nos encontr&aacute;bamos acampados en &quot;Los    Hoyos de los Indios&quot; -en este lugar nos azot&oacute; otro cicl&oacute;n.    En este lugar los vecinos, aunque pobres, hicieron todo lo posible porque nosotros    qued&aacute;ramos satisfechos en todo. Por la noche pens&aacute;bamos ponernos    en marcha, pero el cicl&oacute;n estaba tan fuerte que era casi imposible caminar,    algunos hombres se ca&iacute;an por la fuerza que pose&iacute;a el viento.</p>     <p>El d&iacute;a 6 lo pasamos en ese lugar de igual forma y por la noche salimos    en marcha; al llegar al r&iacute;o Jatibonico, &eacute;ste se encontraba crecido    y tuvimos que cruzar una soga de un lado al otro para que los hombres pudieran    pasar. Despu&eacute;s de las 12 de la noche, m&aacute;s o menos, ya hab&iacute;amos    cruzado la l&iacute;nea divisoria entre las provincias de Camag&uuml;ey y Las    Villas. Caminamos algunos kil&oacute;metros y llegamos a un lugar conocido por    &quot;Las Llanadas&quot;; &eacute;ste fue el primer campamento de nosotros en    la provincia de Las Villas. En este lugar todo fue espl&eacute;ndido e hicimos    contacto con los escopeteros que operaban en esta zona.</p>     <p> <a href="#autor">* D&Iacute;AS DE COMBATE. Colecci&oacute;n Uvero. La Habana.    Instituto Cubano del Libro. 1970: 275-292.    <br>   ** Comandante del Ej&eacute;rcito Rebelde.</a><a name="cargo"></a>    <br> </p>     <p><span class="superscript">1</span> Los compa&ntilde;eros a que se refiere en    el Diario, aparecieron m&aacute;s tarde y se reincorporaron a la columna (N.    del R.).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[ ]]></body>
</article>
