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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Trascendencia de la obra científica del doctor Carlos J. Finlay en el 170 aniversario de su nacimiento]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <h2><a href="#asterisco"><font size="4">Trascendencia de la obra cient&iacute;fica    del doctor Carlos J. Finlay en el 170 aniversario de su nacimiento* </font></a><font size="4"><a name="titulo"></a></font></h2> <h4>Introducci&oacute;n    <br> </h4>     <p>En el d&iacute;a de hoy conmemoramos el 170 aniversario del nacimiento del    doctor Carlos J. Finlay Barr&eacute;s (1833-1915), m&aacute;xima figura de la    investigaci&oacute;n cient&iacute;fica en nuestro pa&iacute;s y fundador de    la organizaci&oacute;n de la salud p&uacute;blica cubana y acertadamente lo    hacemos en el sal&oacute;n de actos del Instituto de Medicina Tropical &quot;Pedro    Kour&iacute;&quot;, al que estoy unido muy afectivamente desde mis d&iacute;as    de estudiante de medicina como disc&iacute;pulo de su fundador, el profesor    Pedro Kour&iacute; Esmeja (1900-1964) y de sus dos m&aacute;s importantes colaboradores,    los profesores Jos&eacute; G. Basnuevo Artiles (1903-1968) y Federico Sotolongo    Guerra (1905-1997); al que tiempo despu&eacute;s de graduado volv&iacute; nuevamente,    por los a&ntilde;os de la d&eacute;cada de 1970, como alumno y conferencista    en sus cursos de postgrado y como miembro de su Consejo de Direcci&oacute;n    y del Consejo de Asesores de la Revista Cubana de Medicina Tropical, en su antiguo    local de nuestro querido Hospital Universitario &quot;General Calixto Garc&iacute;a&quot;.    <br> </p>     <p>En la presente conferencia, que constituye la tradicional Oraci&oacute;n Finlay    de la Academia de Ciencias de Cuba, heredera leg&iacute;tima de las glorias    de la Real Academia de Ciencias M&eacute;dicas, F&iacute;sicas y Naturales de    La Habana, donde desarroll&oacute; el doctor Finlay toda su obra cient&iacute;fica,    analizar&eacute; brevemente, como marco hist&oacute;rico, los grandes problemas    epidemiol&oacute;gicos de las colonias iberoamericanas en los siglos XVIII y    XIX, para despu&eacute;s destacar la trascendencia de los aportes finla&iacute;stas    en el estudio y soluci&oacute;n de algunos de ellos y finalizar con el determinante    papel que jug&oacute; el sabio en la fundaci&oacute;n del sistema nacional de    salud p&uacute;blica cubano.    <br> </p>     <p align="center"><a href="/img/revistas/his/n95/f02hist95.jpg"><img src="/img/revistas/his/n95/f02hist95.jpg" width="224" height="312" border="0"></a></p>     
<p align="center">Fig. 2. Dr. Carlos J. Finlay Barr&eacute;s (1833-1915).</p> <h4>Las colonias iberoamericanas y sus grandes problemas epidemiol&oacute;gicos    <br> </h4>     <p>Como consecuencia de la revoluci&oacute;n industrial que se llev&oacute; a    cabo en los principales pa&iacute;ses de Europa, en el siglo XVIII el comercio    se aument&oacute; entre todos los continentes y con &eacute;l se extendieron    las enfermedades infecciosas de una manera inconcebible un siglo antes. Esta    verdad innegable har&aacute; que como una necesidad para la garant&iacute;a    del desarrollo econ&oacute;mico y social surja un nuevo objeto de estudio para    las ciencias m&eacute;dicas, la polic&iacute;a m&eacute;dica, lo que conlleva,    por primera vez, un enfoque social de la medicina.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </p>     <p>Fue el m&eacute;dico alem&aacute;n Wolfgang Thomas Rau quien concibe este t&eacute;rmino    y lo desarrolla en su libro <i>Consideraciones acerca de la utilidad y necesidad    de un reglamento para la polic&iacute;a m&eacute;dica de un Estado</i>, publicado    en 1764 e inicia un movimiento en su pa&iacute;s que tendr&aacute; su culminaci&oacute;n    en la monumental obra de Johan Peter Frank (1745-1821) <i>Un sistema completo    de polic&iacute;a m&eacute;dica</i>, en ocho tomos, aparecido entre 1779 y 1821.    <br> </p>     <p>En Inglaterra e Italia tambi&eacute;n surgen movimientos encaminados a fines    muy semejantes que tienen sus m&aacute;s remotas ra&iacute;ces en los trabajos    de finales del siglo XVII y principios del XVIII, de William Petty (1623-1687)    y Bernardino Ramazzini (1633-1714), respectivamente, y en Francia la revoluci&oacute;n    burguesa de 1789 da un fuerte impulso a estas realizaciones al implantar un    sistema nacional de asistencia social que inclu&iacute;a la atenci&oacute;n    m&eacute;dica.    <br> </p>     <p>En Iberoam&eacute;rica la vieja estructura de la organizaci&oacute;n de la    salud p&uacute;blica basada en la instituci&oacute;n del Real Tribunal del Protomedicato,    llegada a M&eacute;xico y a Lima oficialmente en 1570 y a La Habana en 1634,    como los primeros lugares de su ubicaci&oacute;n, resultaba ya insuficiente    ante los desaf&iacute;os del siglo XVIII.    <br> </p>     <p>La viruela introducida en Am&eacute;rica en los primeros a&ntilde;os de la    conquista ser&aacute; el objetivo central al que ir&aacute;n encaminados todos    los esfuerzos de la estructura de gobierno de las colonias en dicho siglo. Dos    hechos hist&oacute;ricos, entre muchos, refuerzan esta opini&oacute;n. En 1785    el Ayuntamiento de Quito pide, al m&eacute;dico natural de esa ciudad, doctor    Eugenio de Santa Cruz Espejo y Aldaz (1747-1795), una de las figuras m&aacute;s    fascinantes de la historia de la medicina en Am&eacute;rica, que emita informe    sobre un m&eacute;todo para curar viruelas propuesto por el acad&eacute;mico    espa&ntilde;ol doctor Francisco Gil, m&eacute;dico y cirujano que fuera del    Real Monasterio de San Lorenzo.    <br> </p>     <p>Para dar cumplimiento al pedido del municipio quite&ntilde;o, el doctor Espejo    confeccion&oacute; en tres semanas sus <i>Reflexiones acerca de las viruelas</i>,    verdadera obra cl&aacute;sica de la bibliograf&iacute;a m&eacute;dica del continente,    en la cual realiz&oacute; una acabada revisi&oacute;n hist&oacute;rica no s&oacute;lo    de las viruelas sino de buen n&uacute;mero de enfermedades infecciosas que azotaban    al pa&iacute;s andino, recopil&oacute; los datos epidemiol&oacute;gicos conocidos    y m&aacute;s en boga de la &eacute;poca sobre dicha enfermedad y hasta se permiti&oacute;    hacer reparos a determinados conceptos del doctor Gil, autoridad reconocida    en la materia, todo lo cual no s&oacute;lo fue admitido por &eacute;ste, sino    que incluy&oacute; como ap&eacute;ndice de su obra, en futura edici&oacute;n,    la monograf&iacute;a del doctor Espejo.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </p>     <p>Una d&eacute;cada despu&eacute;s, a semejanza del Cabildo de Quito, la entonces    reci&eacute;n fundada en La Habana Real Sociedad Patri&oacute;tica de Amigos    del Pa&iacute;s (1793), representante de la clase de hacendados cubanos, encarga    a uno de sus miembros m&aacute;s prominentes, el m&eacute;dico habanero doctor    Tom&aacute;s Romay Chac&oacute;n (1764-1849) que d&eacute; informe ante la instituci&oacute;n    del estado de los conocimientos existentes en aquellos momentos sobre los dos    m&aacute;s graves problemas epidemiol&oacute;gicos que frenaban el desarrollo    econ&oacute;mico y social de la colonia, la fiebre amarilla y la viruela, con    el fin de llevar sus conclusiones a la pr&aacute;ctica social. Sobre la primera    leer&aacute; el doctor Romay ante la instituci&oacute;n, el 5 de abril de 1797,    su extraordinaria monograf&iacute;a <i>Disertaci&oacute;n sobre la fiebre maligna    llamada vulgarmente V&oacute;mito Negro</i>,<i> enfermedad epid&eacute;mica    de las Indias occidentales</i>, la que, publicada ese a&ntilde;o, dar&aacute;    inicio a la bibliograf&iacute;a m&eacute;dica cubana, pero reconoce en ella    el desconocimiento de la forma de erradicarla. Sobre la segunda su informe,    basado en una memoria impresa en Madrid relativa al m&eacute;todo descubierto    por el genial m&eacute;dico ingl&eacute;s Edward Jenner (1749-1823) sobre el    uso y propagaci&oacute;n de la vacuna (1798), dar&aacute; principio a una serie    de investigaciones, realizadas por el facultativo habanero, que llevaran al    comienzo de la vacunaci&oacute;n en Cuba en febrero de 1804, tres meses antes    de la llegada a La Habana de la expedici&oacute;n del doctor Francisco Xavier    de Balmis (1743-1819), que trajo oficialmente dicho m&eacute;todo preventivo    a Am&eacute;rica.    <br> </p>     <p>Pero deteng&aacute;monos, aunque sea brevemente, en &eacute;ste &uacute;ltimo    hecho, que es sin lugar a dudas el m&aacute;s trascendental de la medicina social    en sus inicios en Am&eacute;rica. El doctor Balmis, Cirujano de C&aacute;mara    Real, que hab&iacute;a presenciado en M&eacute;xico los estragos de la epidemia    de viruelas de 1779, logr&oacute; que el monarca Carlos IV patrocinara la Expedici&oacute;n    Filantr&oacute;pica de la Vacuna a las posesiones de ultramar, la cual parti&oacute;    de la Coru&ntilde;a, Galicia, el 30 de noviembre de 1803, con el doctor Balmis    a su frente y el doctor Jos&eacute; Salvany Lleopart (1777-1810) como subdirector.    V&iacute;a Islas Canarias llevaron la vacuna y con ella el inicio de la medicina    preventiva a Puerto Rico, Venezuela, Cuba, M&eacute;xico, Guatemala, Colombia,    Ecuador, Per&uacute;, Bolivia, Chile, Argentina, Filipinas, y a China, en su    ciudad portuaria de Macao, para regresar v&iacute;a Oc&eacute;anos Indico y    Atl&aacute;ntico a Espa&ntilde;a, despu&eacute;s de vacunar en Santa Elena y    arribar a Madrid el doctor Balmis , en un coche con sus colaboradores, el 7    de septiembre de 1806.    <br> </p>     <p>La Expedici&oacute;n de la Vacuna no s&oacute;lo llev&oacute; este m&eacute;todo    a las diferentes colonias espa&ntilde;olas en Am&eacute;rica y Asia, sino que    dej&oacute; establecidas Juntas de Vacunaci&oacute;n, de ejemplar estructura    administrativa, las cuales no s&oacute;lo mantuvieron activa la linfa vacuna,    sino que formaron vacunadores tanto en Am&eacute;rica como en Filipinas, llevaron    a cabo campa&ntilde;as de vacunaci&oacute;n y redactaron estad&iacute;sticas    de su labor en todas las ciudades bajo dominio hispano.    <br> </p>     <p>No puedo dejar de mencionar los trabajos realizados en Lima, como iniciador    de la vacunaci&oacute;n, por el doctor Hip&oacute;lito Unanue (1705-1833), una    de las glorias de la medicina latinoamericana, sabio pol&iacute;grafo peruano,    fundador en 1811 de la Escuela de Medicina de la Universidad de San Marcos.</p> <h4>El doctor Carlos J. Finlay y los grandes problemas epidemiol&oacute;gicos    de Am&eacute;rica    <br> </h4>     <p>Cuando el doctor Carlos J. Finlay y Barr&eacute;s da inicio a su ejercicio    profesional en Cuba, en 1857, despu&eacute;s de graduado de Doctor en Medicina    en el Jefferson Medical College de Philadelphia y revalidados sus estudios en    la Universidad de La Habana, los dos grandes problemas epidemiol&oacute;gicos    del cuadro de salud cubano y por ende de los m&aacute;s importantes de Am&eacute;rica,    controlada en algo las viruelas con la vacuna, eran sin lugar a dudas la fiebre    amarilla y el c&oacute;lera.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </p>     <p>La primera, aunque presente en Am&eacute;rica antes de la conquista, fue conocida    por los espa&ntilde;oles en el siglo XVII y el c&oacute;lera entr&oacute; en    nuestro continente en su segunda pandemia, en 1832 y al siguiente a&ntilde;o    estaba en Cuba. Al estudio de estas dos enfermedades infecciosas dedicar&aacute;    el doctor Finlay toda su existencia.    <br> </p>     <p>En 1854 el genial investigador ingl&eacute;s John Snow (1813-1858) en un estudio    minucioso de un brote de c&oacute;lera ocurrido ese a&ntilde;o en la barriada    londinense de Golden Square, Soho, descubri&oacute; la transmisi&oacute;n h&iacute;drica    del mismo y revolucion&oacute; la higiene p&uacute;blica dando inicio a la moderna    epidemiolog&iacute;a con su aporte del m&eacute;todo epidemiol&oacute;gico.    Este genial descubrimiento no quedar&iacute;a brillantemente confirmado en una    gran poblaci&oacute;n de una zona end&eacute;mica de c&oacute;lera hasta 1870    con la inauguraci&oacute;n del abastecimiento de agua de Calcuta, India.    <br> </p>     <p>No obstante ello en la epidemia que sufriera nuestra patria de 1867 a 1869    el doctor Finlay llegar&iacute;a a las mismas conclusiones que John Snow, del    que conoc&iacute;a sus trabajos, en los estudios que realiz&oacute; en la barriada    del Cerro, de La Habana, al comprobar que la proporci&oacute;n de personas enfermas    era nueve veces mayor entre los que se abastec&iacute;an de agua de la llamada    Zanja Real, que entre los que no lo hac&iacute;an, dando por sentado que la    principal forma de transmisi&oacute;n de la enfermedad era la h&iacute;drica,    siendo uno de los primeros investigadores en el mundo en llegar a esta conclusi&oacute;n    y en aplicar el m&eacute;todo epidemiol&oacute;gico, lo que trajo como consecuencia,    a pesar de la indolencia del gobierno colonial, que la enfermedad pudiera ser    erradicada de Cuba en la pen&uacute;ltima d&eacute;cada del siglo XIX.    <br> </p>     <p>Los trabajos en los que el doctor Finlay dio a conocer estos resultados son:    &quot;Explicaci&oacute;n del cuadro de casos de c&oacute;lera observados en    el Cerro desde noviembre 11 de 1867 hasta enero 29 de 1868&quot; y &quot;Transmisi&oacute;n    del c&oacute;lera por aguas corrientes cargadas de principios espec&iacute;ficos&quot;,    publicados ambos en la revista Anales de la Real Academia de Ciencias M&eacute;dicas,    F&iacute;sicas y Naturales de La Habana en 1873.    <br> </p>     <p>En el caso de la fiebre amarilla los resultados de sus investigaciones son    verdaderamente geniales. Influido por las ideas m&eacute;dicas de su tiempo,    inicia sus estudios relacion&aacute;ndolos con la alcalinidad de la atm&oacute;sfera,    como el mismo nos lo dir&iacute;a en su trabajo &quot;Memorias sobre la etiolog&iacute;a    de la fiebre amarilla&quot; (1865), all&iacute; se lee: &quot;hacia fines de    1858 habiendo descubierto accidentalmente una alcalinidad notable en la atm&oacute;sfera    de La Habana, conceb&iacute; el proyecto de averiguar que influencia pod&iacute;a    ejercer esta circunstancia en el desenvolvimiento de la fiebre amarilla&quot;.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </p>     <p>Y en esta corriente del pensamiento m&eacute;dico se mantendr&aacute; por espacio    de veinte a&ntilde;os llegando a acumular s&oacute;lidos conocimientos de qu&iacute;mica    junto al profesor espa&ntilde;ol Jos&eacute; Luis Casaseca Silv&aacute;n (1800-1864),    iniciador de la ense&ntilde;anza de la qu&iacute;mica en Cuba y a convertirse    en un competente meteor&oacute;logo al lado del sacerdote jesuita Benito Vi&ntilde;es    Martorell (1837-1893), sabio meteor&oacute;logo espa&ntilde;ol, director del    Observatorio de Meteorolog&iacute;a del Colegio de Bel&eacute;n de La Habana.    <br> </p>     <p>En 1879 al llegar a nuestro pa&iacute;s la I Comisi&oacute;n Americana para    el Estudio de la Fiebre Amarilla, el prestigio logrado por el doctor Finlay    en veinte a&ntilde;os de investigaciones sobre esta entidad nosol&oacute;gica    le gana que el gobierno colonial espa&ntilde;ol lo nombre, entre otros, como    asesor de la misma. En el seno de la Comisi&oacute;n el sabio cubano tendr&aacute;    oportunidad de estudiar integralmente la enfermedad desde los puntos de vista    bacteriol&oacute;gico, anatomo-patol&oacute;gico, cl&iacute;nico y epidemiol&oacute;gico    y aunque a pesar de sus grandes esfuerzos la Comisi&oacute;n no lleg&oacute;    a resultados definitivos la parte de su conclusi&oacute;n final en que se expone    que &quot;en el aire deb&iacute;a encontrarse un agente capas de transmitir    la enfermedad &quot;lo hace meditar largamente y un hecho m&aacute;s que casual    debido a lo acucioso de sus estudios lo lleva a la lectura en el <i>Tratado    de Bot&aacute;nica</i> de Julio Saachs, traducido por el sabio naturalista franc&eacute;s    Philippe E. L. Van Tieghem (1839-1914), del ciclo evolutivo del hongo Puccinia    graminis, productor del moho en el trigo y para cuya transmisi&oacute;n necesita    una planta intermedia, el agracejo, formul&aacute;ndose por asociaci&oacute;n    con ese fen&oacute;meno biol&oacute;gico su hip&oacute;tesis del agente intermediario    en la transmisi&oacute;n de enfermedades infecciosas.    <br> </p>     <p>Para el caso concreto de la fiebre amarilla bas&aacute;ndose en la vieja observaci&oacute;n    de la presencia muy numerosa de mosquitos coincidiendo con los brotes epid&eacute;micos    y en las zonas end&eacute;micas, no tuvo la menor duda de que entre estos artr&oacute;podos    estaba el o los agentes transmisores. Para completar su hip&oacute;tesis deb&iacute;a    encontrar las especies que cumplieran los requisitos asignados al vector biol&oacute;gico    en el ciclo evolutivo del agente causal, desconocido tambi&eacute;n en esa &eacute;poca.    Para ello tuvo que hacerse entom&oacute;logo, autodidactamente, apoy&aacute;ndose    en la lectura de valiosas obras de esta especialidad y asesor&aacute;ndose en    algunos momentos del sabio naturalista cubano profesor Felipe Poey Aloy (1799-1891),    para as&iacute; descartar unas seiscientas especies hasta llegar a la conclusi&oacute;n    de que s&oacute;lo la hembra del hoy clasificado como <i>A&euml;des aegypti</i>    re&uacute;ne dichos requisitos.    <br> </p>     <p>De enero a marzo de 1881 se da cita en Washington DC la V Conferencia Sanitaria    Internacional, por primera vez a celebrarse en Am&eacute;rica y con la presencia    de delegados de pa&iacute;ses del nuevo continente, para tratar de preferencia    todo lo concerniente a la transmisi&oacute;n de la fiebre amarilla y el doctor    Finlay asiste como delegado especial por Cuba y Puerto Rico en la Delegaci&oacute;n    de Espa&ntilde;a, junto al notable m&eacute;dico y pol&iacute;tico hispano doctor    Rafael Cervera (1828-?) y all&iacute; en la m&aacute;s alta tribuna del salubrismo    mundial, el 18 de febrero de 1881, da a conocer su hip&oacute;tesis:    <br> </p>     <p>&quot;Mi opini&oacute;n personal -dice- es que tres condiciones son, en efecto    necesarias para que la fiebre amarilla se propague:    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </p> <ol>       <li> La existencia previa de un caso de fiebre amarilla, comprendido dentro      de ciertos l&iacute;mites de tiempo con respecto al momento actual.</li>       <li> La presencia de un sujeto apto para contraer la enfermedad.</li>       <li> La presencia de un agente cuya existencia sea completamente independiente      de la enfermedad y del enfermo, pero necesaria para transmitir la enfermedad      del individuo enfermo al hombre sano&quot;.    <br>   </li>     </ol>     <p>En estas breves palabras quedaba expresada la primera formulaci&oacute;n te&oacute;rica    de la teor&iacute;a metax&eacute;nica del contagio de enfermedades infecciosas,    uno de los mayores aportes al conocimiento m&eacute;dico en el siglo XIX.    <br> </p>     <p>De regreso a La Habana comenz&oacute; el doctor Finlay su demostraci&oacute;n    experimental y una vez reunido un primer grupo de inoculaciones satisfactorias,    present&oacute; ante la Real Academia de Ciencias M&eacute;dicas, F&iacute;sicas    y Naturales de La Habana, el 14 de agosto de 1881, el trabajo que habr&iacute;a    de inmortalizarlo y al que modestamente titul&oacute; &quot;El mosquito hipot&eacute;ticamente    considerado como agente de transmisi&oacute;n de la fiebre amarilla&quot;.    <br> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El estudio, publicado en los Anales de la instituci&oacute;n ese mismo a&ntilde;o,    constituye una acabada obra cient&iacute;fica. En el se expone una brillante    relaci&oacute;n de la historia natural de los mosquitos en general y del hoy    clasificado como <i>A&euml;des aegypti</i> en particular, que incluye su estudio    biol&oacute;gico y a continuaci&oacute;n describe las tres condiciones necesarias    para que la fiebre amarilla se propague y que no son m&aacute;s que las mismas    enunciadas en la Conferencia de Washington, pero ampliadas con el nombre del    agente transmisor.    <br> </p> <ol>       <li>&quot;Existencia de un enfermo de fiebre, en cuyo capilares el mosquito      pueda clavar sus lancetas e impregnarlas de part&iacute;culas virulentas en      el per&iacute;odo de la enfermedad.</li>       <li> Prolongaci&oacute;n de la vida del mosquito entre la picada hecha en el      enfermo y la que deba reproducir la enfermedad.</li>       <li> coincidencia de que sea un sujeto apto para contraer la enfermedad, alguno      de los que el mismo mosquito vaya a picar m&aacute;s tarde&quot;.    <br>   </li>     </ol>     <p>Finalmente, despu&eacute;s de demostrar que las tres condiciones estaban presentes    en La Habana y de exponer algunas consideraciones hist&oacute;ricas muy importantes    sobre la enfermedad, explica en detalles los cinco casos de inoculaciones experimentales    que ten&iacute;a realizados hasta ese momento y cierra el trabajo con cuatro    conclusiones que lo resumen, expuestas con brevedad y claridad.    <br> </p>     <p>Quedaba comprobada su teor&iacute;a metax&eacute;nica o del vector biol&oacute;gico    en la transmisi&oacute;n de enfermedades infecciosas, en el caso concreto de    la fiebre amarilla, pero quedaba tambi&eacute;n abierto el camino para la explicaci&oacute;n    de todas aquellas que ten&iacute;an igual forma de transmisi&oacute;n como el    paludismo, el dengue, las filarias, las leishmanias y otras que no ten&iacute;an    explicaci&oacute;n por las teor&iacute;as contagionista, anticontagionista y    miasm&aacute;tico-contagionista en boga en aquella &eacute;poca. Comenzaban    de esta manera los estudios de entomolog&iacute;a m&eacute;dica en el mundo    y al doctor Finlay se le considera como su iniciador .    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </p>     <p>Despu&eacute;s de dar a conocer este trabajo, durante veinte a&ntilde;os, el    sabio cubano va a continuar acumulando inoculaciones experimentales, auxiliado    por su &uacute;nico colaborador el m&eacute;dico espa&ntilde;ol doctor Claudio    Delgado y Amestoy (1843-1916), hasta tener perfectamente protocolizadas 104    en 1900, a&ntilde;o en el que comenz&oacute; su labor en La Habana la Cuarta    Comisi&oacute;n del Ej&eacute;rcito de los Estados Unidos para el Estudio de    la Fiebre Amarilla.    <br> </p>     <p>A partir de 1881 no s&oacute;lo contin&uacute;a el doctor Finlay con la demostraci&oacute;n    de su Doctrina con nuevas inoculaciones experimentales, sino que trat&oacute;    con ellas de prevenir el contagio de la enfermedad con la inmunizaci&oacute;n    activa de sus inoculados. &Eacute;l comprendi&oacute; que no dispon&iacute;a    de medio alguno para comprobar su teor&iacute;a, con pruebas irrefutables, como    no fuera el mostrar la inmunidad lograda en aquellos.    <br> </p>     <p>El 31 de enero y el 29 de febrero de 1884 ley&oacute; ante la Sociedad de Estudios    Cl&iacute;nicos de La Habana su trabajo &quot;Fiebre amarilla experimental comparada    con la natural en sus formas benignas&quot;, el cual encierra el resultado de    sus experiencias. Con estos aportes se anticipa Finlay, evidentemente, a las    investigaciones que Emil von Behring (1854-1917), Pierre Emile Roux (1853-1933)    y otros eminentes investigadores hicieron m&aacute;s adelante en el campo de    la inmunolog&iacute;a.    <br> </p>     <p>Entre las conclusiones que extrae de sus experiencias se destacan tres de especial    importancia, en las que ya dejaba establecida la profilaxis de la fiebre amarilla,    lo que resulta, tanto m&aacute;s interesante cuanto que fueron formuladas a    principios del a&ntilde;o 1884 y representaban, desde entonces, la s&iacute;ntesis    del trabajo que mucho despu&eacute;s, el 13 de noviembre de 1898, reci&eacute;n    llegado de su participaci&oacute;n en la guerra hispano-cubano-americana, leer&iacute;a    ante la Academia de Ciencias M&eacute;dicas, F&iacute;sicas y Naturales de La    Habana, con el t&iacute;tulo de &quot;El mosquito considerado como agente de    transmisi&oacute;n de la fiebre amarilla y de la malaria&quot;, en el que expuso    las bases fundamentales que fueron utilizadas en 1901, por el doctor William    C. Gorgas (1854-1920), cuando &eacute;ste se decidi&oacute; a poner en pr&aacute;ctica    el m&eacute;todo culicidiano, que dio como resultado la extinci&oacute;n de    la fiebre amarilla en la isla de Cuba.    <br> </p>     <p>En ese momento, ha dejado escrito un investigador de la calidad del profesor    alem&aacute;n Wilhem H. Hoffmann (1875-1950): &quot;No era Finlay el genial    observador, experimentado y pensador que tal vez por casualidad, por un golpe    de buena suerte, hab&iacute;a encontrado, en el mosquito, el transmisor, sino    que era, sin duda, la primera autoridad del mundo y el m&aacute;s experto conocedor    de la fiebre amarilla, a cuyo estudio hab&iacute;a dedicado su vida, disponiendo    de un material inagotable, en las grandes epidemias de La Habana.&quot;    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </p>     <p>En 1890 el doctor Laurent J. B&eacute;renger-F&eacute;raud, el m&aacute;s prestigioso    tratadista de la fiebre amarilla, reconocido internacionalmente, public&oacute;    su libro <i>Teor&iacute;a y cl&iacute;nica</i> <i>de la</i> <i>fiebre amarilla</i>    que para muchos hizo &eacute;poca en la ciencia y en &eacute;l comenta extensamente    la teor&iacute;a de la alcalinidad de la atm&oacute;sfera que Finlay hab&iacute;a    estudiado al iniciar sus investigaciones en 1858, la teor&iacute;a de Finlay    sobre la transmisi&oacute;n de la fiebre amarilla por el mosquito y sus estudios    sobre el tetracoco, que cre&iacute;a haber descubierto como agente etiol&oacute;gico,    en uni&oacute;n del doctor Claudio Delgado.    <br> </p>     <p>A pesar de todo esto y de que el doctor George M. Sternberg (1838-1915), Cirujano    General de los Estados Unidos de Norteam&eacute;rica en 1900, conoc&iacute;a    los estudios de Finlay desde 1879 y fue quien la envi&oacute; a Cuba, la Cuarta    Comisi&oacute;n del Ej&eacute;rcito de los Estados Unidos para el Estudio de    la Fiebre Amarilla consider&oacute; que el doctor Finlay era un investigador    desconocido y su teor&iacute;a completamente desacreditada. No obstante esta    opini&oacute;n, que denotaba su completa ignorancia de la bibliograf&iacute;a    sobre el tema, al ver fracasada su labor por la comprobaci&oacute;n de que el    bacilo de Sanarelli no era el agente causal de la enfermedad, visitaron al sabio    cubano en agosto de 1900 y recibieron de &eacute;ste no s&oacute;lo orientaciones    precisas sobre sus investigaciones, sino copias de sus trabajos, ejemplares    de huevos y mosquitos <i>A&euml;des aegypti</i> y asesoramiento cl&iacute;nico    desde la presidencia de la Comisi&oacute;n sobre Fiebre Amarilla de La Habana,    nombrado el doctor Finlay por el gobierno interventor americano.    <br> </p>     <p>El resultado es sobradamente conocido, la demostraci&oacute;n con la prueba    de campo, principalmente, de la certeza de la teor&iacute;a finla&iacute;sta,    ya m&aacute;s que demostrada por el sabio cubano y el intento de plagio m&aacute;s    evidente que se recuerda en la historia m&eacute;dica mundial.    <br> </p>     <p>No es posible dejar de mencionar otros importantes aportes a las ciencias m&eacute;dicas    en Cuba del doctor Finlay. En agosto de 1886 en uni&oacute;n de su colaborador    el doctor Claudio Delgado comenz&oacute; a aplicar al estudio de la fiebre amarilla    los procedimientos de Louis Pasteur (1822-1895) y de Robert Koch (1843-1910),    practicando cultivos de sangre y otros productos de esa enfermedad en jaleas    esterilizadas. <i>La importaci&oacute;n del agar-agar </i>en La Habana en esa    misma &eacute;poca, les facilit&oacute; poder recurrir a los cultivos en medios    s&oacute;lidos y el estudio de obras tan pr&aacute;cticas y minuciosas como    la <i>Introducci&oacute;n a la pr&aacute;ctica bacteriol&oacute;gica </i>(1886)    de Emil M. Crooshank y <i>Las bacterias y su relaci&oacute;n con la anatom&iacute;a    e histolog&iacute;a patol&oacute;gica de las enfermedades infecciosas</i> (1885)    de Andr&eacute; V&iacute;ctor Cornil (1837-1908) y V&iacute;ctor Bab&eacute;s    (1854-1926), les permiti&oacute; familiarizarse con los procedimientos y las    manipulaciones indispensables para este g&eacute;nero de investigaciones. Con    ellos comenzaron en Cuba formalmente los estudios de microbiolog&iacute;a y    no son pocas sus publicaciones en este campo: &quot;Cultivo de sangre y otros    productos de la fiebre amarilla&quot; (1886), &quot;Cultivo de sangre de enfermos    atacados de fiebre amarilla&quot; (1886), &quot;Colonia de tetr&aacute;genos    sembrados por mosquitos&quot; (1887) y trece trabajos m&aacute;s, puramente    de investigaci&oacute;n microbiol&oacute;gica, hasta el a&ntilde;o 1895.    <br> </p>     <p>Inform&oacute; el primer caso en Cuba de bocio exoft&aacute;lmico (1863) y    se&ntilde;al&oacute; su diagn&oacute;stico y tratamiento. Comprob&oacute; por    primera vez en nuestro pa&iacute;s la existencia de la filariosis (1881), observ&oacute;    microsc&oacute;picamente la microfilaria y estudi&oacute; la enfermedad desde    el punto de vista cl&iacute;nico (1882). Fue el primero en nuestro medio en    descubrir la <i>Filaria inmitis</i>, lo que llev&oacute; a cabo en cuatro perros    procedentes de Guanabacoa (1881), alcanzando tambi&eacute;n la prioridad de    sus estudios a la <i>Trichinella spiralis</i> (1885).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </p>     <p>Publicista incansable de muy diversos temas m&eacute;dicos, sus numerosos estudios    sobre tuberculosis pulmonar, malaria, lepra, t&eacute;tanos, muermo, taeniasis    (<i>solium</i>) y otros, completan su obra como uno de los infect&oacute;logos    m&aacute;s importantes que ha producido la humanidad.</p> <h4>Finlay, fundador del Sistema Nacional de Salud P&uacute;blica Cubano</h4>     <p>Cuando ya por su edad, casi setenta a&ntilde;os, parec&iacute;a imposible esperar    m&aacute;s de la actividad creadora del sabio, comienza el doctor Finlay a desarrollar    como higienista social una labor de extraordinaria importancia al fundar, organizar    y dirigir el naciente sistema sanitario estatal cubano.    <br> </p>     <p>No debemos olvidar que desde este importante cargo y como jefe de la Delegaci&oacute;n    de Cuba a la I Convenci&oacute;n Sanitaria Internacional de las Rep&uacute;blicas    de Am&eacute;rica en diciembre de 1902, junto al doctor Juan Guiteras Gener    (1852-1925), fue de los fundadores de la Oficina Sanitaria Internacional de    las Rep&uacute;blicas de Am&eacute;rica, actual Organizaci&oacute;n Panamericana    de la Salud (OPS).    <br> </p>     <p>Al frente de la que ha dado en llamarse Escuela Cubana de Higienistas de principios    de siglo, se dio el sabio desde 1902 a la tarea de formar cient&iacute;fica    y administrativamente a los que a lo largo de todo el pa&iacute;s ocupar&iacute;an    los cargos de Jefes Locales de Sanidad, para lo cual se public&oacute; en 1905    en una tirada de 3000 ejemplares, para ser distribuidos gratuitamente, la formidable    obra <i>Manual de Pr&aacute;ctica Sanitaria</i>, volumen de 1114 p&aacute;ginas    de extraordinario valor, desde todo punto de vista, considerada la m&aacute;s    alta expresi&oacute;n te&oacute;rica de la Escuela Cubana de Higienistas, orientada    y dirigida respectivamente por los doctores Finlay y Enrique B. Barnet Roque    de Escobar (l855-1916) y en la que colaboraron, adem&aacute;s, otros treinta    y dos notables sanitaristas cubanos, en su totalidad funcionarios de distintos    niveles de la organizaci&oacute;n de la salud p&uacute;blica. Pero tan importante    como el anterior empe&ntilde;o lo fue el de sentar sobre bases legales la actividad    sanitaria de la organizaci&oacute;n, al redactar y aprobarse, el primer c&oacute;digo    sanitario cubano, las Ordenanzas Sanitarias, de rigor t&eacute;cnico a la altura    de los mejores de su &eacute;poca en el mundo.    <br> </p>     <p>El doctor Finlay, por el respeto que inspiraba su prestigio cient&iacute;fico    internacional y por su rectitud y honradez acrisoladas, logr&oacute; mantener    la sanidad cubana fuera de los vicios y podredumbres que ya exhib&iacute;a la    reci&eacute;n estrenada rep&uacute;blica, sin permitir jam&aacute;s un nombramiento    si este no ven&iacute;a avalado por la competencia del aspirante para el cargo    y no admiti&oacute; imposiciones politiqueras de ning&uacute;n g&eacute;nero,    de todo lo cual existen pruebas documentales.    <br> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Al producirse la segunda ocupaci&oacute;n militar norteamericana el 29 de septiembre    de 1906, a pesar de que al doctor Finlay se le ratific&oacute; en sus cargos,    se cre&oacute; una plaza de Consultor Sanitario, a la que se le confer&iacute;an    las atribuciones que con respecto a los organismos sanitarios ten&iacute;a la    Secretar&iacute;a de Gobernaci&oacute;n, nombr&aacute;ndose al m&eacute;dico    del ej&eacute;rcito norteamericano, Mayor Jefferson R. Kean, en dicho cargo.    Esta situaci&oacute;n de duplicidad, creada de facto, fue manejada por el sabio    cubano con habilidad y rectitud admirables, lo cual junto al respeto que infund&iacute;a    su personalidad cient&iacute;fica, hicieron que la sanidad cubana saliera de    aquella vejaminosa etapa con su prestigio y dignidad intactos.     <br> </p>     <p>A pesar de esta situaci&oacute;n se logr&oacute; la promulgaci&oacute;n del    Decreto No.894 de 26 de agosto de 1907, por el cual se cre&oacute; el Departamento    Nacional de Sanidad, nombr&aacute;ndose al frente de su direcci&oacute;n tambi&eacute;n    al doctor Finlay. De esta manera se daba el primer paso en firme para la centralizaci&oacute;n    de toda la sanidad cubana en un Departamento Nacional pues ese d&iacute;a y    por el mismo Decreto todas las Juntas Locales de Sanidad pasaron de la administraci&oacute;n    de los municipios a la del Estado bajo la direcci&oacute;n del Departamento    Nacional.    <br> </p>     <p>Quedaba todo preparado, por la voluntad creadora del doctor Finlay y su Escuela    Cubana de Higienistas para que nuestro pa&iacute;s elevara su organizaci&oacute;n    de la salud p&uacute;blica a categor&iacute;a ministerial, primero en hacerlo    en el mundo, lo que ocurri&oacute; al ponerse en vigor la nueva Ley Org&aacute;nica    del Poder Ejecutivo el 28 de enero de 1909, fecha en que se inaugur&oacute;    la Secretar&iacute;a de Sanidad y Beneficencia, bajo la regencia del Coronel    del Ej&eacute;rcito Libertador y m&eacute;dico notable, doctor Mat&iacute;as    Duque Perdomo (1869-1941).    <br> </p>     <p>Durante los seis y medio a&ntilde;os de direcci&oacute;n nacional sanitaria    del doctor Finlay, adem&aacute;s de lo dicho, se estableci&oacute; el Reglamento    de Sanidad Mar&iacute;tima, se logr&oacute; el control de la epidemia de peste    bub&oacute;nica que nos lleg&oacute; de Veracruz, se complet&oacute; la erradicaci&oacute;n    definitiva de la fiebre amarilla del pa&iacute;s, se implant&oacute; nuevamente    la vacunaci&oacute;n preventiva contra la viruela, se pudo bajar la mortalidad    por t&eacute;tanos neonatal al ponerse en pr&aacute;ctica una medida recomendada    por el propio Finlay como investigador y se emprendi&oacute; una campa&ntilde;a    contra el paludismo con las limitaciones de sus pobres recursos.    <br> </p>     <p>Al abandonar sus altas responsabilidades al frente de la sanidad nacional,    con 75 a&ntilde;os de edad, hab&iacute;a Finlay unido a sus glorias cient&iacute;ficas    un ejemplo de reafirmaci&oacute;n patri&oacute;tica de permanente vigencia.    <br> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Hoy a los 170 a&ntilde;os de su nacimiento su gloria cient&iacute;fica es reconocida    por organismos internacionales e instituciones y personalidades de todos los    pa&iacute;ses del mundo. Pero mucho m&aacute;s que esos justos reconocimientos    es que su obra lo sit&uacute;e entre los grandes forjadores de la nacionalidad    cubana y que su recuerdo perdure eternamente aureolado por la admiraci&oacute;n,    el agradecimiento y el cari&ntilde;o de todo su pueblo, para quien es indiscutiblemente,    el s&iacute;mbolo mayor de la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica y el salubrismo    cubano.</p> <h4>Bibliograf&iacute;a Consultada</h4>     <!-- ref --><p> 1. Delgado Garc&iacute;a G. La Doctrina Finla&iacute;sta: valoraci&oacute;n    cient&iacute;fica e hist&oacute;rica a un siglo de su presentaci&oacute;n. Cuad.    Hist. Sal. Pub. No.65. Cent. Nac. Inf. Cien. Med. La Habana. 1982<!-- ref --><p> 2. Delgado Garc&iacute;a G. Carlos J. Finlay: un benefactor cubano de la humanidad.    En. Delgado Garc&iacute;a G. Temas y Personalidades de la Historia M&eacute;dica    Cubana. Cuad.Hist. Sal. Pub. No.72. Segunda Parte. Cent. Nac. Inf. Cien. Med.    La Habana. 1987: 365-379.<!-- ref --><p> 3. Delgado Garc&iacute;a G. Finlay, fundador de la organizaci&oacute;n de    la salud p&uacute;blica en Cuba. En. Delgado Garc&iacute;a G. Temas y Personalidades    de la Historia M&eacute;dica Cubana. Cuad. Hist. Sal. Pub. No.72. Segunda Parte    . Cent. Nac. Inf. Cien. Med. La Habana. 1987: 381-386.<!-- ref --><p> 4. Delgado Garc&iacute;a G. Finlay y la metodolog&iacute;a de la investigaci&oacute;n    cient&iacute;fica en Cuba. En: Delgado Garc&iacute;a G. Temas y Personalidades    de la Historia M&eacute;dica Cubana. Cuad. Hist. Sal. Pub. No.72. Segunda Parte.    Cent. Nac. Inf. Cien. Med. La Habana. 1987: 387-392.<!-- ref --><p> 5. Dom&iacute;nguez Rold&aacute;n F. Carlos J. Finlay, su centenario, su descubrimiento,    estado actual de su doctrina. Cultural S. A. La Habana. 1942.<!-- ref --><p> 6. Finlay Barr&eacute;s C.J. Obras Completas. 6 tomos. Compiladas por Cesar    Rodr&iacute;guez Exp&oacute;sito. Ed. Academia de Ciencias de Cuba. La Habana.    1965-1981.<!-- ref --><p> 7. Finlay Shine CE. Carlos Finlay y la fiebre amarilla. Ed. Minerva. La Habana.    1942.<!-- ref --><p> 8. Guiteras Gener J. Biograf&iacute;a del Dr. Carlos J. Finlay. Finlay. La    Habana. 1929; 1:4-8.<!-- ref --><p> 9. L&oacute;pez S&aacute;nchez J. Finlay. El hombre y la verdad cient&iacute;fica.    Ed. Cient. Tec. La Habana. 1987.<!-- ref --><p> 10. Rodr&iacute;guez Exp&oacute;sito C. Finlay. Ed. Librer&iacute;a Selecta.    La Habana. 1951.<p><a href="#titulo">* Oraci&oacute;n Finlay le&iacute;da en el Instituto de Medicina    Tropical &quot; Pedro Kour&iacute; &quot; el 3 de diciembre del 2003.</a><a name="asterisco"></a></p>      ]]></body><back>
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