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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Siglo XVII Panorama histórico en general: Estado de España y su medicina]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <h3>Siglo XVII </h3> <h2>Panorama hist&oacute;rico en general. Estado de Espa&ntilde;a y su medicina  </h2>     <p>Al iniciarse este siglo ya se hab&iacute;a restaurado la iglesia de San Pedro    en Roma por el Papa Julio II; Enrique VI de Inglaterra se hab&iacute;a hecho    jefe de su iglesia; se hab&iacute;a descubierto la Florida; ocurri&oacute; la    reforma religiosa y sus grandes guerras; se hab&iacute;a conquistado M&eacute;xico    y Pizarro dominaba al Per&uacute;; se hab&iacute;a fundado San Agust&iacute;n    en la Florida y abatido el poder del rey Felipe II.</p>     <p>A estos grandes sucesos siguieron: revoluciones en Inglaterra, guerras de Luis    XIV, luchas y decadencia de Polonia, guerra de los treinta a&ntilde;os, separaci&oacute;n    de Portugal, etc. Con la colonizaci&oacute;n de Am&eacute;rica se inici&oacute;    la decadencia de Espa&ntilde;a tanto desde el punto de vista econ&oacute;mico,    como del militar y cultural.</p>     <p>Los malos gobernantes, la intolerancia pol&iacute;tica, el fanatismo religioso    y otros factores, ocasionaron constantes guerras que destruyeron el comercio,    disminuyeron el n&uacute;mero de barcos y arruinaron la hacienda nacional, factores    todos reflejados en las colonias espa&ntilde;olas americanas con disminuci&oacute;n    de su desarrollo y sus grandes dificultades en el intercambio cultural.</p>     <p>Por tanto, el gobierno de las Am&egrave;ricas era desastroso y hasta la misma    naci&oacute;n espa&ntilde;ola fue v&iacute;ctima del mal manejo de sus reyes    y favoritos, especialmente en tiempo del degenerado Carlos II con su torpe e    imprudente camarilla. Desamparados los campos nacionales, desatendidas las f&aacute;bricas    y empobrecida la naci&oacute;n, quedaron abandonadas las universidades, los    mares sin escuadras, el ej&eacute;rcito sin disciplina, la industria en manos    extranjeras y las tierras de labor amenazadas constantemente por bandoleros    y maleantes. Todo esto ocurr&iacute;a en la Pen&iacute;nsula en el preciso momento    que se hab&iacute;a iniciado en otras naciones m&aacute;s progresistas el per&iacute;odo    llamado de RENACIMIENTO tan estudiado y alabado por todos los historiadores.</p>     <p>En las universidades espa&ntilde;olas los estudios m&eacute;dicos continuaban    reducidos a la lectura de Prima o libro de Avicena; V&iacute;speras o Causas    y S&iacute;ntomas de las enfermedades; Aforismos y Guido o Patolog&iacute;a    Externa. En total los estudiantes ten&iacute;an que asistir cuatro a&ntilde;os    a la universidad. Despu&eacute;s, practicaban al lado de un m&eacute;dico reputado    de quien aprend&iacute;an la parte cl&iacute;nica, sufr&iacute;an el examen    del Protomedicato y se les conced&iacute;a licencia para ejercer. Esa prueba    se efectuaba en lat&iacute;n y ante un tribunal que una vez constituido abr&iacute;a    repentinamente un libro de M&eacute;todo Medendi de Galeno. El examinado le&iacute;a    el libro, hac&iacute;a sus comentarios sobre lo que &quot;quiso ense&ntilde;ar    Galeno&quot; y a continuaci&oacute;n empezaban los miembros del tribunal a efectuar    sus preguntas y repreguntas sobre la materia. Despu&eacute;s, llevaban al futuro    pr&aacute;ctico a una sala hospitalaria donde se le mostraban distintos enfermos,    y ante ellos ten&iacute;an que demostrar su suficiencia cl&iacute;nicamente.    En fin, si el candidato respond&iacute;a correctamente a todas las preguntas    se le aprobaba <i>nomine discrepanti</i> y se le extend&iacute;a un t&iacute;tulo    escrito en lat&iacute;n que conten&iacute;a muchos detalles y que le autorizaba    para ejercer y le conced&iacute;a ciertas prerrogativas.</p>     <p>Como se dijo anteriormente los profesores destacados eran en su mayor parte    humanistas y ten&iacute;an grandes conocimientos de filosof&iacute;a y otras    ramas del saber. Usaban un traje oscuro con peque&ntilde;as bocamangas y un    cuello blanco, alto y rizado.</p>     <p>Los facultativos vulgares llevaban una vestimenta parecida a los hombres del    pueblo: calzones cortos, chaleco y casaca. En la p&aacute;g. 14 del cuaderno    anterior se&ntilde;alamos como actuaba el m&eacute;dico ante un caso cl&iacute;nico    y como extend&iacute;a su receta invocando a J&uacute;piter.</p>     <p>Hombres de esta calidad y algunos de m&aacute;s capacidad pertenecientes a    la Armada, inspirados en los grandes anat&oacute;micos Rodr&iacute;guez de Guevara    y Valverde de Anueco, y los notables cirujanos Fragoso, Ag&uuml;ero, Dasa Chac&ograve;n,    y D&iacute;az, sentaron la base de la medicina hispano americana, de la que    despu&eacute;s su m&aacute;s genuino representante fue el sabio Esparraguera,    de Guatemala.</p> <h3>Doctrinas m&eacute;dicas dominantes</h3>     <p>La medicina era todav&iacute;a en el siglo XVII una religi&oacute;n: as&iacute;,    ten&iacute;a sus herejes, sus infieles, a los que hubiera mandado a la hoguera    si hubiese dispuesto del brazo secular. Todav&iacute;a se comentaban las obras    de Hip&oacute;crates y Galeno, que algunos consideraban como textos sagrados,    y se disputaban con encarnizamiento sobre lo que hab&iacute;an dicho, lo que    hab&iacute;an querido decir, etc. (Debove). La figura del m&eacute;dico mago    prehist&oacute;rico, de sacerdote de la edad media, de astr&oacute;logo del    siglo XV, pas&oacute; a la de sangrador en este siglo XVII. Sin embargo la ciencia    se abr&iacute;a paso. Los grandes descubrimientos de los f&iacute;sicos como    Galileo, Kepler, Pascal y Newton al aplicarlos a la medicina la hac&iacute;an    progresar. El descubrimiento del microscopio, de la circulaci&oacute;n de la    sangre, de la circulaci&oacute;n linf&aacute;tica, el establecimiento de la    anatom&iacute;a de los tejidos, el progreso de la cl&iacute;nica y los nuevos    m&eacute;todos filos&oacute;ficos de Bac&oacute;n y Descartes, fueron dando    al traste con el galenismo y la escol&aacute;stica.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   Por esta &eacute;poca los m&eacute;dicos se encontraban divididos en varios    grupos con distintos sistemas. Unos segu&iacute;an la escuela iatro-qu&iacute;mica,    de Silvio, que se inspiraba en el alquimismo, ten&iacute;a tendencia humoral,    ve&iacute;a en la digesti&oacute;n un proceso de fermentaci&oacute;n y se caracterizaba    por la teor&iacute;a de los &aacute;cidos y acres. Otros eran partidarios de    la escuela iatro-f&iacute;sica o mec&aacute;nica, que prevaleci&oacute; en Italia    y explicaba el funcionalismo del cuerpo por leyes mec&aacute;nicas, pensamiento    contrario al humorismo. Los partidarios del animismo, doctrina espiritualista,    con su flogismo, dio origen al arqueismo y al dinamismo, que fueron degenerando.</p>     <p>En Espa&ntilde;a exist&iacute;an dos grandes grupos de m&eacute;dicos y otros    menores. Unos eran fieles al hipocratismo y otros segu&iacute;an distinto sistema    y atendieron m&aacute;s a las discusiones abstractas. En este siglo la medicina    hispana cay&oacute; en el marasmo por la pobreza en que se sumi&oacute; el pa&iacute;s    por las guerras. Por Real Decreto de 1617 la carrera de cirujano se dividi&oacute;    as&iacute;: cirujanos latinos, que ten&iacute;an derecho a usar borlas, birrete    y anillo de esmeralda en el pulgar; y cirujanos romancistas, que no conoc&iacute;an    m&aacute;s que el idioma del pueblo o romance y eran simples barberos que usaban    trajes cortos. </p>     <p>Los m&eacute;dicos eran bachilleres, licenciados y doctores. Estos repudiaban    a los cirujanos a quienes consideraban como inferiores a pesar de hacer ellos    menos estudios que los cirujanos latinos que ten&iacute;an conocimiento de las    obras de Galeno y de Guido, de la anatom&iacute;a de los huesos y cursaban cuatros    a&ntilde;os de estudios en las universidades, lo cual formaba un conjunto de    conocimientos superiores a los que recib&iacute;an los m&eacute;dicos. </p>     <p>La dial&eacute;ctica de todos ellos era aparentosa, sus latines estrafalarios    y por lo general estaban poco empapados en la verdadera ciencia.</p>     <p>No obstante todo lo dicho se hicieron algunos progresos. La ciencia oficial    estaba representada por el Protomedicato-tribunal instituido por los reyes cat&oacute;licos-    y los m&eacute;dicos de c&aacute;mara. Se crearon algunos hospitales. Se inici&oacute;    la ense&ntilde;anza de los sordo-mudos. Se introdujo el cacao, sudor&iacute;ficos,    quina, ipeca, etc. Mejor&oacute; algo la cl&iacute;nica. Se conocieron el sudor    miliar, las hid&aacute;tides, etc. Adelant&oacute; poco la cirug&iacute;a pues    dominaba la sangr&iacute;a y compet&iacute;an los cirujanos, barberos y ba&ntilde;eros.  </p>     <p> </p> <h4> Noticias sobre las Colonias Americanas </h4>     <p>Terminada la conquista de gran parte del territorio americano se dividieron    en dos virreinatos por los espa&ntilde;oles: el de M&eacute;xico, en la Am&eacute;rica    Septentrional, y el del Per&uacute;, en la meridional. Se estableci&oacute;    un Consejo de Indias para el gobierno general; Audiencias, para la administraci&oacute;n    de justicia, y una C&aacute;mara de Comercio para regular los asuntos mercantiles.    En fin, los hispanos impusieron al pueblo ind&iacute;gena y a sus propios hijos    americanos, blancos y mestizos, su civilizaci&oacute;n, costumbres, religi&oacute;n,    leyes, tipo de econom&iacute;a y estilo de edificaciones a semejanza de lo que    exist&iacute;a en la Pen&iacute;nsula. Con todo esto introdujeron tambi&eacute;n    las primeras universidades americanas (Santo Domingo en 1537 y la de M&eacute;xico    en 1551) con sus diversas c&aacute;tedras, y el Protomedicato, cuyas leyes dictadas    por los Reyes Cat&oacute;licos, ampliadas por sus sucesores Carlos V y Felipe    II, y luego mejoradas en la &eacute;poca del auge de las universidades, reg&iacute;an    los derechos y deberes de los facultativos m&eacute;dicos de cada uno de los    Virreinatos y despu&eacute;s de las Capitan&iacute;as Generales que se fundaron.</p>     <p>En Nueva Espa&ntilde;a o M&eacute;xico (conquistado por Hern&aacute;n Cort&eacute;s,    1518-1521), la joya m&aacute;s apreciada, con el Per&uacute;, por los conquistadores    y colonizadores espa&ntilde;oles, fundaron los dos primeros colegios religiosos    que titularon de San Juan de Letran y de Santiago de Tlatelolco, que empezaron    a funcionar a principios del siglo XVI. Poco despu&eacute;s, inici&oacute; el    virrey Antonio de Mendoza las gestiones para crear una Universidad; y por fin,    el emperador Carlos V dispuso su fundaci&oacute;n, a virtud de una Real C&eacute;dula    de 21 de septiembre de 1551. Su f&aacute;brica no se concluy&oacute; hasta principios    del siglo XVII pero ya se hab&iacute;an establecido en ellas las c&aacute;tedras    de Prima y V&iacute;speras de Medicina a las que se agregaron en 1621, la de    M&eacute;todo Medendi, Anatom&iacute;a y Cirug&iacute;a con las de Astronom&iacute;a    o Metereolog&iacute;a.    <br>       <br>   Los estudios de medicina en la universidad se reduc&iacute;an a la lectura por    dos a&ntilde;os de los libros de Galeno con la parte titulada <i>De Usurpiatum</i>    y en los otros dos &uacute;ltimos se aprend&iacute;a la <i>Cirug&iacute;a</i>    de Guido. Como no exist&iacute;an anfiteatros, la disecci&oacute;n se hac&iacute;a    en el Hospital de los Naturales, por espacio de varios meses siendo el cirujano    Don Andr&eacute;s de Villavicencio uno de los m&aacute;s distinguidos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La Universidad de Nueva Espa&ntilde;a lleg&oacute; a ser un foco luminoso cuyos    destellos se extend&iacute;an hasta m&aacute;s all&aacute; de Guatemala, de    Cuba y de algunos otros pa&iacute;ses m&aacute;s lejanos. No pudiendo los cubanos    acudir a la lejana Espa&ntilde;a con el fin de desarrollar sus claros timbres    del saber, se trasladaban a la universidad m&aacute;s cercana, la de Nueva Espa&ntilde;a,    en la que ya, desde 1628, seg&uacute;n el acucioso historiador cubano contempor&aacute;neo    Sr. Gregorio Delgado Fern&aacute;ndez, se establecieron tres becas para juristas    habaneros, con casa y comida, mientras cursaran su carrera. De este modo se    inici&oacute; un intercambio intelectual y cultural entre cubanos y mexicanos    que se acrecent&oacute; con los siglos posteriores. En dicha universidad de    Nueva Espa&ntilde;a estudiaron los tres primeros cubanos graduados de m&eacute;dicos    que fueron los doctores Bartolom&eacute; de C&aacute;rdenas, Diego de V&aacute;zquez    y Marcos de Gamboa.</p>     <p>En el siglo XVII se estableci&oacute; el Protomedicato con un solo individuo,    el licenciado Barrera, en el a&ntilde;o 1527. Hacia el a&ntilde;o 1630 o 39    se erigi&oacute; el Tribunal con sus tres miembros. Dicha instituci&oacute;n,    adem&aacute;s de regularizar el ejercicio de la medicina, ten&iacute;a jurisdicci&oacute;n    sobre los estudios de la misma, los ex&aacute;menes, los asuntos de salubridad    y administraci&oacute;n de justicia entre los m&eacute;dicos, cirujanos, flebotomianos,    etc. y boticarios. </p>     <p>Muy pocos facultativos m&eacute;dicos y cirujanos se graduaron en la universidad    hasta finalizar el siglo XVII por lo que casi todos los que ejerc&iacute;an    en M&eacute;xico proced&iacute;an de Espa&ntilde;a. Seg&uacute;n datos del Protomedicato    s&oacute;lo se examinaron en el siglo XVII, entre m&eacute;dicos y cirujanos    un total de 47 individuos. Por este motivo y por la aparici&oacute;n de nuevas    enfermedades como la influenza, el sarampi&oacute;n y la fiebre amarilla, se    dedicaron al ejercicio de la medicina, a despecho de los protom&eacute;dicos,    muchos charlatanes, astr&oacute;logos y barberos. Entre ellos recuerdan los    historiadores a Jim&eacute;nez y a Roldan, este &uacute;ltimo trataba la s&iacute;filis    con la hierba &quot;sebuelo&quot;. Tambi&eacute;n se hizo popular en una hacienda    situada a varias jornadas de la ciudad de M&eacute;xico, Do&ntilde;a Lutgarda    P&eacute;rez, que lleg&oacute; a realizar peque&ntilde;as intervenciones quir&uacute;rgicas.    La Obstetricia, sin ense&ntilde;anza, estaba en manos de ignorantes parteras;    estas ten&iacute;an la costumbre de vestir al reci&eacute;n nacido con trajes    te&ntilde;idos de a&ntilde;il &quot;para evitar la alferec&iacute;a&quot;.</p>     <p>Durante el siglo se instalaron los Hospitales del Esp&iacute;ritu Santo y el    de convalecientes de San Francisco Javier. Como casi todos los de Am&eacute;rica,    por esta &eacute;poca eran verdaderos asilos. Estaban atendidos por religiosos    que prestaron excelentes servicios espacialmente en tiempo de epidemias y que    utilizaban, con a&ntilde;osas drogas europeas, las virtudes de las plantas mexicanas    llamadas &quot;&aacute;rnica&quot; y &quot;valeriana&quot; introducidas entonces    en la terap&eacute;utica. Algunos religiosos ten&iacute;an conocimientos m&eacute;dicos    pues sab&iacute;an algunos Aforismos de Hip&oacute;crates, pasajes del <i>Libro    de las Epidemias y Consejos de Galeno y Avicena</i>. Por tanto, su bagaje cient&iacute;fico    era casi el mismo que se ense&ntilde;aba al facultativo m&eacute;dico del siglo.  </p>     <p>El m&eacute;dico m&aacute;s destacado del siglo XVII en M&eacute;xico fue Don    Juan de Brizuela, elocuente y caritativo, estuvo al frente de la c&aacute;tedra    de V&iacute;speras de Medicina y fue, adem&aacute;s, presidente del Real Protomedicato    desde 1699. Tambi&eacute;n se distinguieron: D. Francisco Urrutia, primer profesor    de la c&aacute;tedra de M&eacute;todo en 1621; D. Juan de la Fuente, que prest&oacute;    buenos servicios en la epidemia de tifus del siglo XVI siendo primer profesor    de la c&aacute;tedra inicial de medicina inaugurada en 1582. D. Juan de Plasencia,    que explic&oacute; la c&aacute;tedra de V&iacute;speras de Medicina en 1599.    D. Diego de Osorio de Peralta, que public&oacute; un libro de anatom&iacute;a    en 1685 con el t&iacute;tulo de <i>Principia Medicinal Epitome</i>. El Dr. Cisneros    que dio a luz un trabajo titulado <i>Sitios y propiedades de la ciudad de M&eacute;xico</i>.    D. Francisco Hern&aacute;ndez un libro de Historia Plantarum Novoac Hispanis    y D. Francisco de L&oacute;pez que escribi&oacute; <i>Tesoro de la Medicina    para todas las Enfermedades</i>.</p>     <p>Guatemala, la tierra del Quetzal fue conquistada en 1524 por el espa&ntilde;ol    D. Pedro de Alvarado que lleg&oacute; desde Nueva Espa&ntilde;a. Tres a&ntilde;os    despu&eacute;s se cre&oacute; la Capitan&iacute;a General, independiente de    M&eacute;xico. Su primer m&eacute;dico fue tambi&eacute;n hispano y se llam&oacute;    D. Juan de los R&iacute;os, llegado en 1543. Por la misma &eacute;poca se fundaron    los dos primeros hospitales: el de San Alejo y el Real de Santiago. Ocurrieron    las primeras epidemias de tabardillo o tifus exantem&aacute;tico hoy tifo, viruela    y la de chaac. El obispo Marroqu&iacute;n hizo gestiones para construir una    Universidad. </p>     <p>En el siglo XVII llegaron varios facultativos procedentes de Nueva Espa&ntilde;a    que se titulaban &quot;Protom&eacute;dicos de su Majestad&quot;, sin serlos    oficialmente, pues el Tribunal no se constituy&oacute; hasta el siglo siguiente    y vino a ser m&aacute;s bien un tribunal consultivo. Se fundaron el hospital    de leprosos de San L&aacute;zaro y la Universidad Real y Pontificia de San Carlos,    por Real C&eacute;dula, expedida el 31 de enero de 1676 pero no se abri&oacute;    hasta 5 a&ntilde;os despu&eacute;s. Los primeros Catedr&aacute;ticos de Prima    fueron los doctores Miguel Fern&aacute;ndez Lozano y Nicol&aacute;s de Souza.    El n&uacute;mero limitad&iacute;simo de estudiantes hizo poco fecunda la ense&ntilde;anza.</p>     <p>Los facultativos m&aacute;s recordados del siglo fueron: D. Juan de Le&oacute;n,    D. Juan del Castillo, D. Jos&eacute; de Bohorquez, L&oacute;pez Ruiz (inici&oacute;    la autopsia medicolegal), B. S&aacute;nchez Parejo, autor de la primera obra    de medicina guatemalteca y C. Tartajo. Estos, y algunos m&eacute;dicos espa&ntilde;oles    de la Armada, tuvieron buenos conocimientos te&oacute;ricos. Debemos recordar    tambi&eacute;n que varios religiosos fueron excelentes auxiliares de los facultativos    m&eacute;dicos, especialmente en tiempos de epidemias donde demostraron casi    siempre su valor y abnegaci&oacute;n. </p>     <p>En el Virreinato del Per&uacute; de la Am&eacute;rica Meridional se atendi&oacute;    primeramente a la Organizaci&oacute;n del Consejo de Indias para el Gobierno    General; Audiencias para la administraci&oacute;n de justicia y una C&aacute;mara    de Comercio para atender los asuntos mercantiles. La Universidad de San Marcos    de Lima fue fundada en 1551. La de Bogot&aacute; 21 a&ntilde;os despu&eacute;s.    Del siglo XVII fueron la de C&oacute;rdoba (1613), la de Sucre (1623), la ya    citada de Guatemala de 1675 y la de Cuzco de ocho a&ntilde;os antes de finalizar    el siglo. En todos estos territorios las universidades llevaron una vida l&aacute;nguida.    Dominaba el charlatanismo y la curander&igrave;a. Pasado el siglo XVII se presentaron    grandes hombre como Hip&oacute;lito Un&agrave;nue, en Per&uacute;, Francisco    de Santa Cruz y Espejo, en Ecuador, y Jos&eacute; Mar&iacute;a Vargas, en Venezuela,    que abrieron nuevos y m&aacute;s felices horizontes en el campo de la medicina.</p>     <p>A Buenos Aires, fundado a fines del siglo XVII, lleg&oacute; el primer cirujano    llamado Don Manuel &Aacute;lvarez, en sus primeros albores. Le siguieron Francisco    B. Xijou; Juan Cordero (herrador y alb&eacute;itar que hac&iacute;a de cirujano);    Maese Escalera; Pablo Garro de Arechaga (primero que se arraig&oacute; y fue    mayordomo del hospital); Gaspar de Acebedo (barbero &quot;que echaba ventosas&quot;);    Francisco Navarro; Francisco Tello y Juan Monjueles. Todos ellos ten&iacute;an    muy escasos conocimientos y les fue tan mal, especialmente cuando la guerra    de separaci&oacute;n de Brasil, que hasta lleg&oacute; a suspenderse el hospital    por no residir ning&uacute;n facultativo en la localidad. Esto se debi&oacute;    en gran parte a la poca importancia que por entonces conced&iacute;a Espa&ntilde;a    a ese paraje, despu&eacute;s important&iacute;sima v&iacute;a fluvial. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>M&aacute;s favorable era la situaci&oacute;n en la primera colonia de Sacramento    (hoy R&iacute;o de Janeiro) a la que prestaron m&aacute;s atenci&oacute;n los    portugueses. Su primer cirujano fue Antonio Rodr&iacute;guez de Costa que se    estableci&oacute; con el primer gobernador Lobo para asistir especialmente a    sus 600 hombres de guarnici&oacute;n. Le sigui&oacute; Manuel Oliveira de Souza,    y a este Bartolom&eacute; Coelho, en diciembre, 1693.</p>     <p>La Ciencia M&eacute;dica Inglesa cuyos m&aacute;s altos representantes en el    siglo XVII fueron Harvey (descubridor de la circulaci&oacute;n mayor), Sydenham    (el Hip&oacute;crates ingl&eacute;s); Bacon y Locke (fundadores del m&eacute;todo    inductivo experimental); Morton (rival de Sydenham), etc. Pas&oacute; a Virginia,    Am&eacute;rica del Norte con los doctores A. Bagnal <i>y </i>L. Boreal<i>,</i>    primeros m&eacute;dicos de los puritanos en 1607. Con otro car&aacute;cter y    otros medios de colonizaci&oacute;n, esos ingleses tuvieron m&aacute;s tranquilidad    que sus colegas espa&ntilde;oles establecidos en el centro y sur del continente.    Admiradores de Sydenham su medicina era hipocr&aacute;tica. Desde l622 contaron    con el primer peri&oacute;dico ingl&eacute;s que les ten&iacute;a al tanto del    progreso m&eacute;dico europeo. Dicha publicaci&oacute;n titulada &quot;A Current    of General News&quot; dio gran prestigio a Inglaterra dentro y fuera de casa.    Estos m&eacute;dicos ingleses lucharon contra algunas epidemias como la influenza    de 1517, que se repiti&oacute; diez a&ntilde;os despu&eacute;s; con la viruela    del 33 y algunos brotes de fiebre amarilla. Sus sucesores publicaron en 1677    el primer &quot;Papel M&eacute;dico&quot; de la Nueva Inglaterra y nueve a&ntilde;os    despu&eacute;s dieron a luz la primera Farmacopea Norteamericana. Al terminar    el siglo XVII fueron afectados por una intensa epidemia de meningitis cerebro    espinal. Estos m&eacute;dicos del norte, as&iacute; como los latinos del sur,    dieron en todas ocasiones muestras de desinter&eacute;s y sacrificio, como lo    hizo tambi&eacute;n en ese mismo siglo el franc&eacute;s Du Tertre al estudiar    la grave epidemia de &quot;v&oacute;mito negro&quot; ocurrida en la isla suramericana    de La Trinidad.</p>     <p>Por su parte los franceses Marquette y La Salle fundaron a Qu&eacute;bec, Canad&aacute;;    donde residieron m&eacute;dicos de nacionalidad gala y los m&aacute;s conocidos    trabajaron en el hospital de la citada ciudad fundado en 1639. Ellos tuvieron    que luchar con la frialdad del pa&iacute;s y sufrieron penalidades parecidas    a sus colegas ingleses de Virginia y Nueva Inglaterra.</p>     <p>Para m&aacute;s detalles sobre nuestra medicina cubana en este siglo que estudiamos,    ve&agrave;se nuestro trabajo &quot;Ojeada hist&oacute;rica sobre la Medicina    Americana en el Siglo XVII&quot; le&iacute;do en la Academia de Ciencias el    d&iacute;a de Finlay y la Medicina Americana, tres de diciembre de 1951.</p> <h4>Ideas generales sobre el estado de Cuba en el siglo XVII</h4>     <p>Durante casi todo ese siglo rein&oacute; en nuestro pa&iacute;s gran intranquilidad,    un verdadero estado de guerra, especialmente en las costas, con motivo de las    constantes luchas que sosten&iacute;a Espa&ntilde;a con casi todas las naciones    de Europa. Los frecuentes y terribles ataques de corsarios y piratas y la indefensi&oacute;n    en que se encontraba la colonia, impidieron el desarrollo del comercio, la inmigraci&oacute;n    y la llegada de personas de alguna cultura. A mediados del siglo la situaci&oacute;n    se agrav&oacute; con los repetidos ataques, incendios y saqueos realizados en    la Isla por Morgan, Legrand, El Olon&eacute;s y otros enemigos. Poco despu&eacute;s,    al firmar Espa&ntilde;a el tratado de paz de Aquisgram mejor&oacute; relativamente    la situaci&oacute;n. Si a esto a&ntilde;adimos los da&ntilde;os ocasionados    por los incendios, las tormentas, las sequ&iacute;as y las epidemias, el cuadro    no pod&iacute;a ser m&aacute;s desastroso. </p>     <p>En los primeros a&ntilde;os del siglo llegaron los hermanos de San Juan de    Dios para atender hospitales. En el a&ntilde;o 1607 se dividi&oacute; el territorio    cubano en dos jurisdicciones, la Occidental con La Habana por capital, y la    Oriental, con Santiago. Ambas depend&iacute;an en lo judicial de la Audiencia    de Santo Domingo. Se dio a conocer la primera Ordenanza para buen gobierno de    la Armada en 1633; se fund&oacute; en La Habana el convento de Santa Clara y    se empez&oacute; a levantar la ermita del Esp&iacute;ritu Santo cinco a&ntilde;os    despu&eacute;s. En 1640 terminaron las obras de reconstrucci&oacute;n del castillo    del Morro y llegaron las primeras religiosas de Santa Clara (clarisas). De 1670    a 1680, se iniciaron las obras de la Muralla, se edific&oacute; la ermita de    Montserrat (donde est&aacute; hoy la estatua de Albear), la iglesia de San Agust&iacute;n    y fray Diego Reinoso, de la orden de San Juan de Letran, hizo gestiones para    que se fundase una Universidad. Ocurri&oacute; en este tiempo una terrible sequ&iacute;a    y un devastador terremoto en Santiago de Cuba.</p>     <p>El estado de La Habana a mediados de este siglo se encuentra se&ntilde;alado    en las Apuntaciones de Hernando de la Parra que public&oacute; Jos&eacute; J.    Garc&iacute;a en 1846 y que seg&uacute;n P&eacute;rez Beato se deben al marino    espa&ntilde;ol Laureano J. Marques que resid&iacute;a en La Habana en el siglo    XIX.</p>     <p>Dicen las Apuntaciones: &quot;San Crist&oacute;bal de La Habana va progresando    no obstante los inconvenientes de piratas y de poco comercio. La poblaci&oacute;n    se construye con mucha irregularidad. La calle Real (hoy Muralla), la de las    Redes (Inquisidor), la del Sumidero (O'Reilly) y la del Basurero (Tte. Rey,    hoy Brasil) es en donde se fabrican las casas en l&iacute;nea, las dem&aacute;s    est&aacute;n plantadas al capricho del propietario, cercadas o defendidas, sus    frentes, sus fondos y costados, con una muralla doble de tunas bravas. Todas    las casas de esta villa son de paja y tablas de cedro, y en su corral tienen    sembrado &aacute;rboles frutales, lo que resulta una plaga insufrible de mosquitos,    m&aacute;s feroces que los de Castilla. Los muebles consisten en bancos y asientos    de caoba sin espaldar, con cuatro pies que forran con lona o cuero crudo, que    por lo regular es el lecho de la gente pobre. Los acomodados mandan a Castilla    las maderas preciosas, y de all&iacute; vienen construidos ricos dormitorios    que llaman camas imperiales. En las salas hay un cuadro de devoci&oacute;n a    quien le encienden luces por las noches. Las familias se alumbran con velas    de cebo, los ricos usan velones de Sevilla que alimentan con aceite de oliva.    Cerrada la noche nadie sale a la calle y el que tiene que hacerlo por urgencia    va acompa&ntilde;ado de hombres armados y con linternas; as&iacute; lo exigen    los perros j&iacute;baros que vagan por las calles o el atrevimiento del alg&uacute;n    cimarr&oacute;n (negro alzado). Los utensilios de cocina son de hierro y los    ind&iacute;genas condimentan sus alimentos en vasijas de barro que se fabrican    en el pa&iacute;s. El servicio de las mesas es de loza de Sevilla. Hacen bateas    con guayac&aacute;n. Las comidas no agradan al extranjero: carnes frescas y    saladas que hacen cocer con aj&iacute; y vija. El ma&iacute;z lo preparan de    muchas maneras. Comen mucho pan de casabe que confeccionan con yuca. La tierra    es hermosa, etc. Se carece de todo y principalmente de artistas, el trabajo    de mano es car&iacute;simo, por la hechura de una ropilla entera de raso que    lleva el maestro Aguilera, que vive al lado del convento que se est&aacute;    fabricando (&iquest;San Agust&iacute;n?), cobran veinte escudos de oro. S&oacute;lo    hay dos boticas en este pueblo, la de Sebasti&aacute;n Milanes, calle Real,    y la de L&oacute;pez Alfaro cerca de Desag&uuml;e (callej&oacute;n del Chorro).    No habr&aacute; en cada una de ellas cincuenta envases y las drogas desvirtuadas,    que el otro d&iacute;a presenciamos su ineficacia en unos c&aacute;usticos que    dispusieron al escribano de mi amo. Las moscas operantes estaban pasadas y hechas    polvo. Las medicinas que se consumen en el pa&iacute;s vienen de Castilla y    hasta que no se acaban no se hace nuevo pedido. Se ha construido una zanja de    agua potable que ha costado tantos sacrificios, que sustituye a la gruesa y    poco aseada del r&iacute;o de Jag&uuml;ey o Luyan&ograve;&quot;. </p>     <p>A mediados del siglo que estudiamos no est&aacute; urbanizada la parte sur    de la ciudad. Desde la calle de Acosta, y la de Cuba, se prolongaba hasta la    iglesia del Esp&iacute;ritu Santo (edificada en 1638 por unos negros libres).    La zanja real ten&iacute;a dos ramales uno que iba a la plaza de la Ci&eacute;naga    (catedral) y el otro segu&iacute;a por lo que es hoy calle de Luz, hasta el    mar. Al sur de este ramal estaba el Molino, el desag&uuml;e de la zanja real    y los barracones de los pescadores. El barrio de Campeche, habitado por negros    libres. La estancia de los campechanos. La huerta de San Diego y el rancho de    los isle&ntilde;os situados m&aacute;s cerca de la porci&oacute;n ya fabricada.    El astillero de Ferrera ocupaba los terrenos en donde est&aacute;n hoy los muelles    de Luz y de la Machina. Por el oeste de la ciudad, pasada la hoy llamada calle    de Villegas, todo era campo. En este lado, y pr&oacute;ximo a la parte urbanizada,    estaban de norte a sur: la ermita del Humilladero, de 1640, que m&aacute;s tarde    se ampli&oacute; y llam&oacute; del Santo Cristo del Buenviaje; la estancia    de Gaspar Arteaga y la Zanja Real. Donde se edific&oacute; el convento de Santa    Clara hab&iacute;a una fundici&oacute;n, un matadero y un cementerio. A fines    de siglo, cuando se extendi&oacute; la agricultura, empezaron a gastar lujo    las familias habaneras. Buena mesa y muchos esclavos para el servicio. Las damas    andaban por las estrechas calles en sillas de mano o a caballo. Sin espect&aacute;culos    p&uacute;blicos, ni teatros. Menudeaban los bailes y mascaradas. Se abusaba    de los juegos de naipes y dados, especialmente en las permanencias de las flotas    (Para m&aacute;s detalles ve&agrave;se &quot;Diario de la Marina&quot; de 5    de noviembre de 1922). </p>     <p>En ese mismo siglo se inici&oacute; el m&aacute;s tarde famoso colegio de San    Carlos. Se establecieron las Leyes de Indias, el Tribunal del Santo Oficio y    en 1691 el colegio de San Francisco de Sales en San Isidro.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Ocurri&oacute; a final del siglo la fundaci&oacute;n de Santa Clara (1689),    por vecinos de Remedios; y la de Matanzas, cuatro a&ntilde;os despu&eacute;s.</p>     <p>La poblaci&oacute;n de la isla, a fines de siglo, se estimaba en unos 50 000    habitantes de todas clases y colores.</p>     <p>Las Villas se reg&iacute;an por Cabildos que presid&iacute;an los Alcaldes    ordinarios de primera y segunda elecci&oacute;n. Exist&iacute;a el Alf&eacute;rez    Real, que era la primera autoridad en defecto del Alcalde y en las ceremonias    oficiales portaba el estandarte real o pend&oacute;n de Castilla. Los Alcaldes    de la Santa Hermandad, cuidaban el orden en los campos. El Procurador General    defensor de menores y la ciudadan&iacute;a (defensor civitatis). Los Regidores    eran perpetuos y electivos y las elecciones en los Cabildos o Ayuntamientos    se efectuaban a final de cada a&ntilde;o.</p> <h4>De los facultativos m&eacute;dicos residentes en Cuba</h4>     <p>Como dejamos se&ntilde;alado, desde el siglo XVI exist&iacute;an en Cuba numerosos    curanderos y charlatanes en medicina que la necesidad y la ignorancia les permit&iacute;a    participar en el oficio.</p>     <p>En 1603 se encontraba en La Habana, peque&ntilde;a ciudad de tres mil habitantes,    un tal Julio C&eacute;sar, cirujano descalificado, a quien por necesidad se    le concedi&oacute; autorizaci&oacute;n para ejercer, por los m&eacute;dicos    de la Armada. Tiene en su haber los servicios que prest&oacute; en la &quot;peste&quot;    que se desarroll&oacute; en dicho a&ntilde;o en la que tambi&eacute;n trabajaron    m&eacute;dicos de la Armada cuyos nombres ignoramos y barberos y curanderos    que en caso de necesidad se habilitaban temporalmente para asistir enfermos    dadas la escasez que hab&iacute;a de facultativos. </p>     <p>Le sigue en orden cronol&oacute;gico el m&eacute;dico Bartolom&eacute; de C&aacute;rdenas    y V&eacute;lez de Guevara, habanero que estudi&oacute; en M&eacute;xico y estaba    en su ciudad natal en 1607. En 1610 no se encontraba en ella. En un acta de    Cabildo del a&ntilde;o 1613 se dio cuenta de una petici&oacute;n &quot;para    que se reciba como m&eacute;dico de la Ciudad con el salario de cuatrocientos    ducados que le est&aacute;n se&ntilde;alados&quot;. Le seguimos por las actas    hasta 1619 y lleg&oacute; a ser Procurador del Ayuntamiento. Seg&uacute;n P&eacute;rez    Beato dio origen a esa familia habanera y muri&oacute; el 5 de noviembre de    1636. </p>     <p>En 1607, en Santiago de Cuba, por no haber cirujano, se autoriz&oacute; para    asistir enfermos a la curandera Mariana Nava (Pezuela, y Revista M&eacute;dica    Cubana, 1857).</p>     <p>En La Habana, a&ntilde;o de 1610, acord&oacute; el Cabildo en 3 de septiembre    &quot;dar cien ducados al Licenciado Juan de Estrada y de Pina (o Pino) para    que se quedase como m&eacute;dico por no haberlo&quot;. </p>     <p>En 1612 resid&iacute;an en esta misma ciudad el m&eacute;dico Gabriel de Salas    y el cirujano Antonio Fonseca.</p>     <p>En el siguiente a&ntilde;o, o sea en 1613, se volvieron a anotar las defunciones    en los libros de las iglesias de La Habana pues los anteriores fueron destruidos    por los piratas. Seg&uacute;n Jorge Le Roy, la primera inscripci&oacute;n corresponde    a Mar&iacute;a Magdalena &quot;comadre de parir&quot; con fecha 24 de enero    del citado a&ntilde;o.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En 1614 resid&iacute;a en La Habana el m&eacute;dico Francisco D&iacute;az    Guerra. En las actas se consigna que reconoc&iacute;a lazarinos con Gabriel    de Salas. Su trabajo no ser&iacute;a grande si se tiene en cuenta que en ese    a&ntilde;o citado, s&oacute;lo murieron en La Habana, seg&uacute;n Le Roy, 59    personas.</p>     <p>Cinco a&ntilde;os despu&eacute;s las Actas se&ntilde;alan al cirujano Juan    de Mesa y al del mismo oficio Juan P&eacute;rez, este estuvo casado primeramente    con Mar&iacute;a Lorenzo, que muri&oacute; el a&ntilde;o 1616 y luego con Beatriz    Salazar (P&eacute;rez Beato). Ambos lucharon contra la &quot;peste&quot; del    a&ntilde;o 1621. D&iacute;az Guerra hab&iacute;a fallecido el 20 de diciembre    de 1618 y Juan de Mesa el 26 de noviembre de 1622 (P&eacute;rez Beato).</p>     <p>Casi al cumplirse el primer cuarto del siglo (1624) se inscribi&oacute; en    Cabildo el t&iacute;tulo de un nuevo m&eacute;dico llamado el Dr. Diego M&eacute;ndez.    P&eacute;rez Beato cita por esta fecha a Bartolom&eacute; Ojeda, muerto el 2    de diciembre de1624 y a Francisco Ortiz, cirujano. En 1626 se suprimi&oacute;    la plaza de &quot;cirujano de los negros&quot;. </p>     <p>La situaci&oacute;n en Santiago de Cuba y en resto de la Isla era fatal desde    el punto de vista de la falta de facultativos, al extremo de haberse suprimido    la plaza de cirujano de negros como se acaba de decir. Por tanto pulularon los    curanderos, barberos, etc.</p>     <p>Don Francisco de Rojas y Mart&iacute;nez estaba en La Habana con su colega    el Dr. Francisco Mu&ntilde;oz de Rojas desde antes de 1627. En este &uacute;ltimo    a&ntilde;o pidi&oacute; el tal Rojas al Cabildo &quot;que se le hiciese merced    de un pedazo de tierra en Guaniamanao&quot;; al contradecirlo Luis Gonz&aacute;lez,    se acord&oacute; &quot;se le mercedara de una cantidad de los tres cientos ducados    que ofreci&oacute; dicho Luis Gonz&aacute;lez por que concediese la dicha tierra&quot;.  </p>     <p>Los cirujanos Juan Bautista y Pedro Mart&iacute;nez son citados en documentos    de 1631.</p>     <p>El Lcdo. Francisco Mu&ntilde;oz de Rojas, m&eacute;dico espa&ntilde;ol, graduado    en Sevilla, resid&iacute;a en La Habana desde antes de 1631 y &quot;ten&iacute;a    una huerta fuera de la ciudad&quot;. Seg&uacute;n acta del 6 de febrero de 1632,    folio 127, vuelto, &quot;Hacia muchos a&ntilde;os que ejerc&iacute;a en esta    ciudad y en el hospital real como lo hab&iacute;a hecho antes en Nueva Espa&ntilde;a    y en Sevilla&quot;. Este se&ntilde;or pidi&oacute; al Cabildo &quot;que escribiese    a S. M. recomend&aacute;ndole para el cargo de Protom&eacute;dico dada la necesidad    que hab&iacute;a en Cuba de una Autoridad que ordenase, diese honestidad y examinase    a los barberos, cirujanos, boticarios y otros oficios, sin que tuviesen necesidad    de irse afuera, especialmente a M&eacute;xico a sufrir el examen del Protomedicato    toda vez que Cuba era entonces una dependencia del mismo&quot;. El Ayuntamiento    se dirigi&oacute; a S. M. con tal fin el d&iacute;a 6 de febrero de a&ntilde;o    1632 (Ve&agrave;se las actas de ese mismo a&ntilde;o, folio 127). Las gestiones    fueron favorables y ante el Cabildo del d&iacute;a 8 de septiembre de 1634 (Ve&agrave;se    actas de ese mismo a&ntilde;o, folios 278 y 279) present&oacute; D. Francisco    Mu&ntilde;oz de Rojas el apetecido t&iacute;tulo de primer Protom&eacute;dico    de Cuba con independencia del de M&eacute;xico. Agregan las actas, &quot;En    Cabildo de septiembre 8 de 1634 present&oacute; petici&oacute;n el Lcdo. Francisco    Mu&ntilde;oz de Rojas, m&eacute;dico, vecino de esta ciudad haciendo relaci&oacute;n    de la merced que S. M. le ha hecho de Protom&eacute;dico y Examinador de todos    los doctores, cirujanos, barberos, boticarios y parteras desta isla de Cuba,    y con ella present&oacute; el t&iacute;tulo de dicha merced y una certificaci&oacute;n    de los Oficiales de la Real Hacienda desta isla de haber satisfecho en las Reales    Cajas de sus cargos dos mil cuatrocientos reales con que se sirvi&oacute; su    Magestad H&ugrave;bese por presentado para que se guarde y cumpla como S. M.    lo manda, y quedando del dicho real t&iacute;tulo y de la dicha certificaci&oacute;n    en este libro copia y se le vuelve el original&quot;.</p>     <p>El nombramiento de un protom&eacute;dico para Cuba nos hace pensar que el n&uacute;mero    de facultativos hab&iacute;a aumentado y que el Gobierno Superior, excitado    por el Cabildo pretend&iacute;a normalizar la situaci&oacute;n de los m&eacute;dicos    limitando y combatiendo el intrusismo en el pa&iacute;s. Seg&uacute;n P&eacute;rez    Beato, Mu&ntilde;oz de Rojas muri&oacute; el 28 de enero de 1637, fue casado    primero con Ana C&eacute;spedes y despu&eacute;s con Isabel Fern&aacute;ndez.    A su muerte no se cubri&oacute; el cargo. </p>     <p>Entre los a&ntilde;os de 1638 y 1640 citan las actas a los cirujanos Pedro    Ruiz de Torres, que bautiz&oacute; a un hijo el 30 de diciembre de 1638, y Luis    Rizo , y a los m&eacute;dicos Diego Rivero, Pedro de Gu&iacute;a y Antonio Guti&eacute;rrez    de Pal. De los primeros nada hemos sabido. De Guti&eacute;rrez de Pal, se dice    en un acta de 1638, p&aacute;g. 488, del libro capitular: &quot;que tiene t&iacute;tulo    del examen y licencia de los protom&eacute;dicos de S. M. y alcaldes examinadores    de la medicina de la Villa de Madrid para que le reciban y conste a su Se&ntilde;or&iacute;a    como tal m&eacute;dico y le admita para que pueda curar en esta ciudad en conformidad    del dicho de su t&iacute;tulo y habi&eacute;ndose le&iacute;do por mi el escribano    se provey&oacute; lo que contiene al pie de dicha petici&oacute;n&quot;. </p>     <p>Parece que estos facultativos cobraban altos honorarios puesto que en 1646,    el capit&aacute;n Hernando de Calvo, pidi&oacute; al Cabildo &quot;que corte    el abuso de los m&eacute;dicos y le ponga arancel&quot;. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En 1548 resid&iacute;a en La Habana el m&eacute;dico sevillano D. Francisco    de Bella. </p>     <p>El a&ntilde;o de 1649 fue fatal para los habaneros y sus facultativos toda    vez que en el verano se desarroll&oacute; una fatal epidemia de fiebre amarilla    que caus&oacute; la muerte de mucha gente principal y la de los cirujanos Pedro    de Estela, Antonio Guti&eacute;rrez y Jacques de Sandoval. Las actas del Cabildo    nada dicen en relaci&oacute;n con esta epidemia que estudi&oacute; con detalles    el inolvidable Dr. Jorge Le Roy y que dio a conocer en un interesante folleto    que vio la luz en el a&ntilde;o de 1930. De la suerte que corri&oacute; Francisco    de Bella nada hemos podido conocer. En 1650 ejerc&iacute;a en la capital el    m&eacute;dico Jorge de Venjes. </p>     <p>El Dr. L&aacute;zaro Flores present&oacute; en Cabildo de 1&ordm; de septiembre    de 1651 t&iacute;tulos de Bachiller, de M&eacute;dico y de Bachiller en Artes.    Dicen las actas: &quot;Sus t&iacute;tulos est&aacute;n en pergaminos y escritos    en lat&iacute;n, cada uno de ellos tiene un sello en una hoja de seda digo impreso    en cera colorada de modelos de Bachiller en Medicina y otro de Bachiller en    Artes los cuales se remitieron al Dr. Pedro Recio de Oquendo Alguacil Mayor    como uno de los Capitulares de dicho Cabildo y habi&eacute;ndolo visto el dicho    Sr. Alguacil Mayor todos los Capitulares del dicho Cabildo dijeron que el dicho    L&aacute;zaro de Flores use en esta Ciudad estas facultades contenidas en los    dichos t&iacute;tulos que presenta y se le retienen los originales, fecha ut    supra D. Diego Vicente Villalva Toledo, etc. ante mi Gaspar de los Reyes Escribano    p&uacute;blico&quot;.</p>     <p>En 1658, seg&uacute;n las Actas del Cabildo de La Habana, &uacute;nica fuente    informativa que hemos encontrado en relaci&oacute;n con los m&eacute;dicos de    esta oscura &eacute;poca, se establecieron en esta ciudad: Diego Pulido de Rojas,    &quot;maestro de cirug&iacute;a y &aacute;lgebra&quot;; y el franc&eacute;s    Cesar Brandier, que solicit&oacute; en 1&ordm; de junio, permiso para ejercer    &quot;en tanto esperaba barco para continuar al Per&uacute; donde se iba a establecer&quot;.    Le fue concedido.</p>     <p>El siguiente a&ntilde;o, el Cabildo pidi&oacute; a los m&eacute;dicos que dieran    &quot;los partes de los casos de personas que padecen del mal de San L&aacute;zaro    y en particular de Diego Pareja que es un notable perjuicio para esta rep&uacute;blica&quot;.</p>     <p>En 1664, al presentar D. Sebasti&aacute;n del Billar su t&iacute;tulo de cirujano    examinado, dispuso el Cabildo: &quot;Que dicho documento sea reconocido por    el Dr. D. L&aacute;zaro Flores y el Capit&aacute;n D. Antonio de Alarc&oacute;n    con lo que sea presentado para que conste a esta Ciudad&quot;. En acta del d&iacute;a    5 de septiembre del mismo a&ntilde;o se dice: &quot;Aviendo convenido y tratado    por los Sres. Capitulares que en esta Ciudad no hay m&aacute;s que el Dr. L&aacute;zaro    de Flores, m&eacute;dico, y sucediendo como es posible que enferme ni hay quien    le cure ni a los dem&aacute;s becinos y por obra este a&ntilde;o suplica esta    Ciudad a su Sria. el Sor. Gobernador y Capit&aacute;n General se sirba escribir    a los Reynos de Espa&ntilde;a llamando al Doctor que fuere de su satisfacci&oacute;n    asegur&aacute;ndoles que la Ciudad acudir&iacute;a en cuanto le sea posible    a su fomento y ayuda y que tendr&aacute; consigna para su sustento y aumento    con el expendio de sus visitas&quot;.</p>     <p>En un Cabildo de 12 de junio de 1665 se lamentan los regidores &quot;de que    hace tiempo no se visitan las boticas&quot; y en tal virtud dispusieron &quot;que    se hiciese la visita por el Dr. L&aacute;zaro Flores, m&eacute;dico, y Juan    Flamenco, cirujano, con un Alcalde ordinario y Alonso Esteban, boticario&quot;.    Tambi&eacute;n se quejan los del Cabildo &quot;de extrangeros que curan en medicina    y cirug&iacute;a con grave da&ntilde;o a la salud p&uacute;blica&quot;. En acta    de fecha 26 de junio se trata &quot;de la presentaci&oacute;n del t&iacute;tulo    de cirujano y examen que se le hizo a Juan Blanco en la Ciudad de los Reyes    del Per&uacute;&quot;, disponi&eacute;ndose que el Dr. L&aacute;zaro Flores    &quot;diese su parecer sobre el t&iacute;tulo&quot;. Las &uacute;ltimas noticias    sobre este se&ntilde;or Flores son del a&ntilde;o 1668 en que por disposici&oacute;n    del Cabildo reconoci&oacute; a lazarinos. </p>     <p>El Dr. Juan Reina, &quot;m&eacute;dico monge de la real armada de India&quot;    se encontraba en La Habana en 1654 y prest&oacute; buenos servicios en la epidemia    de fiebre amarilla que ocurri&oacute; ese a&ntilde;o. Se lee en un acta de Cabildo    del mismo a&ntilde;o: &quot;Reina visit&oacute; la armada y enfermos de ella    y s&oacute;lo hall&oacute; cuatro enfermos en la goleta Nuestra Se&ntilde;ora    de la Fuensanta, dos enfermos de C&aacute;maras y dos de dolores de bubas y    otros cuatro en la Capitana que tiene convalecientes de diferentes achaques,    ninguno del mal que andaba por Cartagena y el que muri&oacute; de repente uno    de pulmon&iacute;a que es llaga en el pulm&oacute;n el qual achaque padec&iacute;a    de tres a&ntilde;os a esta parte&quot;. No hemos encontrado ninguna otra noticia    en relaci&oacute;n con este m&eacute;dico. </p>     <p>Al cirujano Juan Filomeno o (Flamenco) concedi&oacute; el ayuntamiento autorizaci&oacute;n    para ejercer el d&iacute;a 1&ordm; de marzo de 1655. No es citado en a&ntilde;os    posteriores hasta 1678 en que lo fue como visitador de boticas.</p>     <p>El Dr. Diego de V&aacute;zquez de Inestrosa, graduado de m&eacute;dico en la    Universidad de M&eacute;xico, pidi&oacute; autorizaci&oacute;n para ejercer    el 16 de abril de 1655 y le fue concedida. Se hace constar en su expediente:    &quot;Que es natural y vecino de La Habana, de edad de veinte y cuatro a&ntilde;os,    hombre de buena estatura y color trigue&ntilde;o. Fue examinado en teor&iacute;a    por el m&eacute;todo de Galeno y de pr&aacute;ctica en el hospital de Nuestra    Sra. de la Concepci&oacute;n de M&eacute;xico. Vio enfermos de ictericia, cefalalgia,    dolor de costado y fiebre maligna y le preguntamos en que conoci&oacute; dichas    enfermedades, las dilixencias que debe hacer el m&eacute;dico cuando es llamado    para curar, que es fiebre maligna y ictericia y la cierta y verdadera curaci&oacute;n    de la dicha enfermedad, medicamento de que usara cuando y porqu&eacute; sangrara    y purgara y que en victus racio, haci&eacute;ndole sobre ello y otras materias    tocantes a dicha ciencia y facultad de medicina y m&eacute;thodo curativo muchas    preguntas a todo lo cual respondi&oacute; y obr&oacute; bien y cumplidamente    a nuestra satisfacci&oacute;n como buen estudiante por lo cual todos tres doctores    protom&eacute;dicos que lo examinan los aprueban <i>nomine discrepanti </i>y    se le recibe juramento por Dios Ntro. Sr. y la Santa Cruz en forma de derecho    cuyo cargo prometi&oacute; de usar bien y fielmente de ella a todo su leal saber    y entender, etc., etc.&quot; Firman el documento los doctores Alonso Fern&aacute;ndez    Osorio, Rodrigo Mu&ntilde;oz, Pedro de los Arcos Monrroy y Juan de Melgarejo    con el escribano Juan de Gavira, en ciudad de M&eacute;xico a seis de noviembre    de 1653 a&ntilde;os. Admitido a ejercer en La Habana el 22 de abril de 1655.    Nada sabemos de su vida.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Del m&eacute;dico Alonso G&oacute;mez Rond&oacute;n que lleg&oacute; a La Habana    en 1656 tampoco sabemos nada.</p>     <p>Don Diego Pulido de Rojas, &quot;maestro de cirug&iacute;a y &aacute;lgebra&quot;    se estableci&oacute; en esta ciudad en 1658 y aqu&iacute; se encontraba, seg&uacute;n    las actas, en 1670. No existen m&aacute;s noticias de este facultativo.    <br>       <br>   El franc&eacute;s C&eacute;sar Brandier, natural de Borgo&ntilde;a, lleg&oacute;    a La Habana, de paso para el Per&uacute;, en 1658. Se le concedi&oacute; autorizaci&oacute;n    en 1&ordm; de junio para que pudiera ejercer durante el tiempo que permaneciera    en la ciudad.</p>     <p>De Don Sebasti&aacute;n del Billar, que present&oacute; en 1664 su t&iacute;tulo    de cirujano examinado, tratamos antes.</p>     <p>Don Juan Blanco, present&oacute; su t&iacute;tulo el 26 de junio de 1665, fue    expedido &quot;en la ciudad de los Reyes del Per&uacute;&quot;. Se dispuso que    el Dr. L&aacute;zaro Flores diese su parecer sobre el mismo. No hay m&aacute;s    noticias. </p>     <p>El 18 de marzo de 1666 citan las actas, al hacer la relaci&oacute;n de los    oficios, a los facultativos Juan Francisco y Antonio Pereira.    <br> </p>     <p>El cirujano de marina D. Francisco Dur&aacute;n y el m&eacute;dico Marcos Ria&ntilde;o    de Gamboa se encontraban en La Habana en el a&ntilde;o 1672.</p>     <p>En 1679 estaba en La Habana un tal Mat&iacute;as, cirujano.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El 25 de agosto de 1679 present&oacute; en Cabildo su t&iacute;tulo de Bachiller    en Medicina Don Francisco Moreno de Alba. Hizo el examen del protomedicato en    16 de diciembre de 1677 y en vista de ello acord&oacute; el Ayuntamiento &quot;que    usase en esta Ciudad y su jurisdicci&oacute;n del arte de dicha medicina y que    se le devuelvan sus t&iacute;tulos poniendo raz&oacute;n de haberse presentado&quot;.    De este m&eacute;dico existen noticias en las actas de 1688; en las de 1691,    en cuya fecha se le dispuso el reconocimiento de lazarinos; y las de 1693, en    que por orden del Ayuntamiento reconoci&oacute; el t&iacute;tulo del Dr. Marcos    de Gamboa. Se sabe que don&oacute; dinero para la Casa de Maternidad y solares    para el convento de Carmelitas Descalzas, todo lo cual indica que ten&iacute;a    buena posici&oacute;n econ&oacute;mica.</p>     <p>En el a&ntilde;o de 1687 se inscribieron tres t&iacute;tulos:    <br> </p>     <p>El del Dr. Jos&eacute; Mon&eacute;r, acta del 12 de septiembre, que &quot;estaba    trasmutado al castellano&quot;. Este se&ntilde;or se afianz&oacute; en La Habana    pues en acta de 22 de junio de 1691 pidi&oacute; al Cabildo &quot;terreno en    el paraje del Molinillo, pudi&eacute;ndose valer del agua de la zanja para uno    o m&aacute;s molinos dado lo que fuese de menester para las aguadas de las armadas&quot;.    Tambi&eacute;n se le cita ese mismo a&ntilde;o como reconocedor de lazarinos.</p>     <p>El del Lcdo. Jer&oacute;nimo R&oacute;mulo, disponiendo el Cabildo &quot;se    le guarden las gracias y franquicias que le son concedidas a los graduados en    arte, toda vez que dicho se&ntilde;or es ministro de filosof&iacute;a y profesor    de cirug&iacute;a habi&eacute;ndose graduado en la Universidad de Sevilla; debiendo    su t&iacute;tulo trasmutarse de la lengua latina a la castellana por el Dr.    Jos&eacute; Moner&quot;.</p>     <p>Y el de D. Jos&eacute; Ram&oacute;n de Arag&oacute;n, cuyo t&iacute;tulo de    doctor en medicina fue admitido por el Protomedicato de Madrid en 16 de noviembre    de 1685, haci&eacute;ndose constar: &quot;Que es natural de Medina Sidonia,    di&oacute;cesis de C&aacute;diz y que es un hombre de mediana estatura con tres    cicatrices de heridas las dos en la frente y la otra debajo de la ceja izquierda.&quot;</p>     <p>En 1688, a&ntilde;o en que empezaron a regir las Leyes de Indias, estaban en    La Habana el m&eacute;dico Francisco Moreno de Alba, ya citado, y el cirujano    D. Jos&eacute; de Viola. </p>     <p>En 1696 ejerc&iacute;a en la capital el &quot;maestro cirujano&quot; D. Juan    S&aacute;nchez, de cuya vida nada sabemos.</p>     <p>El Dr. Francisco del Barco se encontraba tambi&eacute;n en La Habana el a&ntilde;o    citado &uacute;ltimamente.</p>     <p>En acta de Cabildo del 19 de septiembre de 1692 se cita por primera vez al    Dr. Francisco de la Teneza y Rovira en la copia de su t&iacute;tulo de familiar    del santo oficio que fue extendido por el Santo Tribunal de la Inquisici&oacute;n    en la ciudad de Cartagena de Indias.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Por &uacute;ltimo, el acta del d&iacute;a 30 de abril de 1700 se encuentra    una concesi&oacute;n de licencia al Br. Marcos de Gamboa para que pueda ejercer    en La Habana despu&eacute;s de haberse reconocido su t&iacute;tulo, despachado    en la ciudad de M&eacute;xico, por los Dres. Francisco Tenesa o Theneza y D.    Francisco Moreno de Alba de la ciudad de La Habana. En el documento se hace    constar que Gamboa &quot;es natural de La Habana, mediano de cuerpo, pelo casta&ntilde;o,    holloso de viruelas, de veinte y seis a&ntilde;os de edad y que practic&oacute;    dicha facultad el tiempo dispuesto por Real Pragm&aacute;tica con el Dr. Juan    de Briselo del Real Tribunal de M&eacute;xico&quot;. Hizo su examen: &quot;visitando    tres enfermos, uno con fiebre intermitente terciana, otro de diarrea heterogenea    sarco y otro en la cama 31 y a las preguntas del tribunal respondi&oacute; pronto    y abundante, por lo que le aprobamos y mandamos que haga el juramento, etc.    en ciudad de M&eacute;xico a nueve de diciembre de mil seiscientos noventa y    nueve a&ntilde;os&quot;. Su t&iacute;tulo se encuentra copiado al pie de la    letra en el libro de actas capitulares y es del mismo tenor que todos los de    la &eacute;poca. Sus padres fueron Alonso y Sebastiana, de familia principal,    naci&oacute; en La Habana el d&iacute;a 26 de abril de 1673. Adem&aacute;s de    la medicina estudi&oacute; en M&eacute;xico la carrera de jurisprudencia. Public&oacute;    un tratado de <i>Perspectiva</i> y sus <i>Endymionis Habanenses</i> en 1725.    Versado en varias letras hizo incursiones por el interior de la Isla en estudios    astron&oacute;micos. Sus trabajos fueron celebrados por los sabios Humboldt    y Radmier. Muri&oacute; en La Habana por un accidente en 1729. </p>     <p>En total, sabemos por nuestras personales investigaciones en las actas del    Cabildo que en el siglo XVII se inscribieron en Cuba unos cuarenta m&eacute;dicos    y cirujanos, la mayor parte espa&ntilde;oles, graduados en Sevilla, Madrid,    Alcal&aacute;, etc.; tres cubanos, que estudiaron en M&eacute;xico y un franc&eacute;s    graduado en su pa&iacute;s. Los nativos de Cuba fueron Bartolom&eacute; de C&aacute;rdenas,    Diego de V&aacute;zquez y Marco Antonio Ria&ntilde;o de Gamboa y Vargas, a los    que consideramos, hasta hoy, como los primeros m&eacute;dicos cubanos. Si en    pleno siglo XX nos parece atrasada esa historia m&eacute;dica, debemos situarnos    en aquella fecha de poco adelanto, de dif&iacute;ciles comunicaciones, peque&ntilde;a    poblaci&oacute;n, fanatismo religioso, etc. para juzgar con benevolencia a estos    hombres que hicieron lo que pudieron en el medio indolente en que desarrollaban    sus actividades, con una medicina atrasada y en medio de una poblaci&oacute;n    aislada y casi primitiva.</p> <h4></h4> <h4>EL Protomedicato</h4>     <p>La instituci&oacute;n del Protomedicato era muy antigua y se conoc&iacute;a    desde la &eacute;poca del Imperio Romano. Consist&iacute;a en un Tribunal formado    por los Protom&eacute;dicos o Examinadores, que reconoc&iacute;a la suficiencia    de los que aspiraban a ser m&eacute;dicos y conced&iacute;a las licencias para    el ejercicio. Adem&aacute;s, era un tribunal consultivo. D. Juan I, rey de Castilla    (1379-1390) dio los primeros t&iacute;tulos de protom&eacute;dicos a los m&eacute;dicos    de los Reyes. Los Reyes Cat&oacute;licos le dieron m&aacute;s importancia y    prestigio. Los protom&eacute;dicos dirig&iacute;an la salud de los reyes, propon&iacute;an    y vigilaban las medidas sanitarias contra las epidemias, cuidaban de las relaciones    de los facultativos, persegu&iacute;an y castigaban el intrusismo, sosten&iacute;an    el decoro y la honestidad profesional, examinaban a los profesores m&eacute;dicos    y les conced&iacute;an autorizaci&oacute;n para ejercer, cuidaban de la ense&ntilde;anza    y asuntos gobernativos de la medicina, cirug&iacute;a, farmacia, etc., correg&iacute;an    a los facultativos y administraban o invert&iacute;an los fondos procedentes    de los derechos de examen, ilustraban al Gobierno, Cabildos y Altas Autoridades    sobre asuntos de su jurisdicci&oacute;n, daban instrucciones higi&eacute;nicas,    resolv&iacute;an las querellas entre los m&eacute;dicos, recomendaban el personal    facultativo del Estado, Provincia, Municipio y Ej&eacute;rcito; ejerc&iacute;an    censura sobre los libros de medicina, dirig&iacute;an los trabajos sanitarios    contra las epidemias, visitaban y aislaban los buques, establec&iacute;an cordones    sanitarios, dispon&iacute;an cuarentenas, etc. El Protom&eacute;dico de las    Galeras ten&iacute;a a su cargo la inspecci&oacute;n de los servicios sanitarios,    alimentos, bebidas, etc. de las naves cuyo botiqu&iacute;n era muy pobre.</p>     <p>En 1523 los reyes D. Carlos y Da. Juana dispusieron que el tribunal s&oacute;lo    examinase a m&eacute;dicos y cirujanos, no a embalsamadores, parteras, etc.</p>     <p>En 1535 el Emperador Carlos V (I de Espa&ntilde;a) y la Emperatriz Gobernadora    ordenaron que los impedidos de ser m&eacute;dicos, cirujanos y boticarios por    las leyes de Castilla se sometiesen a la misma prohibici&oacute;n en Indias,    y que ninguno se titulase Doctor, Maestro o Bachiller sin ser examinado y graduado    en Universidad aprobada.</p>     <p>En 1538, los gobernantes antes citados, dispusieron que los Virreyes, Presidentes    y Gobernadores de Indias hiciesen visitar las Boticas de sus distritos, arrojando    las medicinas alteradas.</p>     <p>Durante el reinado de Felipe II (1556-1598) adquiri&oacute; mayor prestigio    el Tribunal del Protomedicato y empez&oacute; a funcionar como verdadera realidad.  </p>     <p>En 1558 dispuso dicho Rey que s&oacute;lo existiese un tribunal en Espa&ntilde;a    y que sus examinadores fuesen nombrados por el Rey.</p>     <p>EL 11 de enero de 1570, el rey dict&oacute; instrucciones para los protom&eacute;dicos    generales que deb&iacute;an ser nombrados.</p>     <p>Felipe II, desde el Pardo, en 12 de febrero de 1579, orden&oacute; que los    protom&eacute;dicos no diesen licencia en Indias a ning&uacute;n m&eacute;dico,    cirujano, boticario, barbero o algebrista, ni a los dem&aacute;s que ejerc&iacute;an    la medicina y cirug&iacute;a, sino comparec&iacute;an ante ellos para ser examinados;    y que en las licencias y visitas de botica cobrasen los mismos derechos que    en Castilla.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En 1588 se compon&iacute;a el tribunal en Espa&ntilde;a de un protom&eacute;dico,    tres examinadores como asesores, un escribano fiscal y un alguacil. Por pragm&aacute;tica    posterior se dispuso que en el lugar de un protom&eacute;dico fuesen tres, con    tres examinadores suplentes.</p>     <p>El primer Protom&eacute;dico de las Indias fue el Dr. Francisco Hern&aacute;ndez    (1520-1587), m&eacute;dico de c&aacute;mara de Felipe II. Parti&oacute; para    Nueva Espa&ntilde;a en 1570, acompa&ntilde;ado de un hijo y del c&eacute;lebre    ge&oacute;grafo Francisco Dom&iacute;nguez. Pas&oacute; en M&eacute;xico siete    a&ntilde;os, recorri&oacute; todo su territorio recogiendo muestras de plantas    que estudi&oacute; desde el punto de vista bot&aacute;nico y terap&eacute;utico    y escribi&oacute; varias obras, parte de las cuales se perdieron, la &uacute;nica    aut&eacute;ntica fue impresa en Madrid en 1790. El tribunal qued&oacute; establecido    en M&eacute;xico en 1628, extend&iacute;a su jurisdicci&oacute;n hasta Cuba.    Su m&aacute;s digno representante fue D. Juan de Brisuela.</p>     <p>Con el fin de evitar que los aspirantes a m&eacute;dicos, cirujanos, barberos,    boticarios, etc. tuviesen que ir a M&eacute;xico a examinarse, el Cabildo de    La Habana recomend&oacute; al supremo gobierno de Espa&ntilde;a que confiriese    el cargo de Protom&eacute;dico de Cuba, independiente del de M&eacute;xico,    al Lcdo. Francisco Mu&ntilde;oz de Rojas, m&eacute;dico espa&ntilde;ol con ejercicio    en La Habana. Despu&eacute;s de largos tr&aacute;mites, y en 8 de septiembre    de 1634, present&oacute; dicho Dr. Mu&ntilde;oz de Rojas, ante el Cabildo, el    codiciado t&iacute;tulo de Protom&eacute;dico para la Isla, con todas sus prerrogativas,    derechos y deberes. Muerto Mu&ntilde;oz de Rojas, a&ntilde;os despu&eacute;s,    qued&oacute; vacante tan importante cargo y sin duda alguna no se nombr&oacute;    su sucesor por la gran escasez de facultativos que hab&iacute;a en Cuba, al    extremo, que en el a&ntilde;o 1664 solo hab&iacute;a un m&eacute;dico, ya viejo,    en La Habana, llamado L&aacute;zaro Flores. Esta situaci&oacute;n anormal continu&oacute;    hasta finalizar el siglo.</p> <h4></h4> <h4>Farmacia y obstetricia</h4>     <p>La farmacia form&oacute; parte de la medicina desde la antig&uuml;edad. En    el papiro de Eberth, se citan f&oacute;rmulas y medicamentos. La materia m&eacute;dica    china era variada. En Grecia exist&iacute;an boticas con sus c&oacute;digos.    La escuela de Alejandr&iacute;a adelant&oacute; la farmacia. En Roma, Galeno    ten&iacute;a una buena botica. Los &aacute;rabes la enriquecieron a&ntilde;adiendo    al c&oacute;lchico, escila, genciana, sales de plomo y de cobre, etc., el ruibarbo,    sen, man&aacute; y az&uacute;car. Las escuelas de Montpellier y de Salerno continuaron    el adelanto. A principios del siglo XVII aparecieron las primeras farmacopeas    pero aun la farmacia continuaba sometida a la medicina. Desde el siglo XII se    llamaron &quot;boticarios&quot; impropiamente a los farmac&eacute;uticos. Felipe    II empez&oacute; a exigirle m&aacute;s estudios: el lat&iacute;n y cuatro a&ntilde;os    de pr&aacute;ctica con boticarios examinados. Reinaba, como entre los m&eacute;dicos,    gran ignorancia y se guiaban en la preparaci&oacute;n de los medicamentos por    f&oacute;rmulas facilitadas por los &quot;f&iacute;sicos&quot;.</p>     <p>De la terap&eacute;utica ind&iacute;gena tratamos en el cuaderno anterior.    En 1569 se autoriz&oacute; al Lcdo. Gamarra para ejercer la medicina, la cirug&iacute;a    y la &quot;botica&quot;. Nada se sabe de las primeras farmacias. Casi todos    los medicamentos se tra&iacute;an de Castilla, de tarde en tarde, por lo cual    casi siempre eran anodinos al estar alterados por el tiempo, siendo por tanto    de poco valor, m&aacute;s bien actuaban por sugesti&oacute;n. Las boticas recib&iacute;an    a menudo las visitas de m&eacute;dicos y protom&eacute;dicos. Por tanto, hasta    la fecha que historiamos dominaban los herbolarios y charlatanes. Muchos m&eacute;dicos    ten&iacute;an la costumbre de ir a las farmacias para ordenar de palabra sus    prescripciones pues las recetas no se establecieron definitivamente hasta el    siglo XVII. Los charlatanes atra&iacute;an al p&uacute;blico con burdos reclamos    y vend&iacute;an a precios elevados &quot;maravillosos remedios&quot;. Exist&iacute;an    muy pocas mujeres m&eacute;dicas (que abundaron en la escuela de Salerno) y    &quot;boticarias&quot;; la mayor parte de las citadas en las poes&iacute;as    pertenec&iacute;an m&aacute;s bien al personal sanitario y al curanderismo.  </p>     <p>Refiri&eacute;ndonos especialmente a Cuba se&ntilde;alaremos que fueron Sim&oacute;n    Alf&eacute;rez (muerto en 1613, seg&uacute;n P&eacute;rez Beato) y Francisco    Alguerra los primeros &quot;boticarios&quot; citados en las actas del Cabildo    de La Habana en 1612. Treinta a&ntilde;os despu&eacute;s nombran a Francisco    de Carmona, que present&oacute; su t&iacute;tulo el 20 de septiembre de 1642.    A mediados de siglo s&oacute;lo viv&iacute;an las boticas de Sebasti&aacute;n    Milan&eacute;s, en la calle Real, y la de L&oacute;pez Alfaro, cerca del Desag&uuml;e,    que &quot;solo ten&iacute;an algunos malos envases y drogas desvirtuadas&quot;.    En el interior s&oacute;lo existir&iacute;a alguna botica en Santiago de Cuba.</p>     <p>Como por esta &eacute;poca casi todos los m&eacute;dicos preparaban y despachaban    sus propias recetas, poco quedaba a los farmac&eacute;uticos. Ambas clases cometieron    excesos y dio lugar a luchas y pleitos entre ellos. El rey Felipe II se interes&oacute;    por el estudio de las plantas, hierbas, semillas, etc. de Indias y pidi&oacute;    a sus protom&eacute;dicos dedicasen atenci&oacute;n a sus propiedades terap&eacute;uticas.    Desde 1538 dispuso a las autoridades superiores que visitaran las boticas de    sus distritos y si encontraban drogas en mal estado proced&iacute;an a su destrucci&oacute;n.    Dispuso en 1579, en El Pardo, que los protom&eacute;dicos no dieran licencia    a los boticarios de Indias si estos no se hubiesen examinado.</p>     <p>Desde la remota antig&uuml;edad y en manos de las Comadronas estaba la asistencia    de los partos, pero en caso de distocia grave se acud&iacute;a a los cirujanos.    Casi siempre un sentimiento equivocado del pudor exclu&iacute;a el auxilio del    hombre. Empezaban por aprendizas al lado de una comadrona de edad y despu&eacute;s    ejerc&iacute;an por su cuenta. Al tocar a su fin la Edad Media, empezaron a    ser examinadas por m&eacute;dicos. Despu&eacute;s los Municipios nombraron comadronas    oficiales. En &eacute;poca remota se efectuaban maniobras m&aacute;gicas para    favorecer el parto. Aun en la actualidad en ciertos pa&iacute;ses se efect&uacute;an    ritos con ese fin. En nuestro ejercicio en el campo de Cuba: se encienden velas    y se hacen rogativas a ciertos Santos, se coloca sobre el cuello de la parturienta    un calzoncillo del esposo (mejor si est&aacute; usado), tijeras y velas encendidas    a cierta distancia de la vulva, etc. todo lo cual encontramos en varias ocasiones.</p>     <p>El libro de Sorano era el modelo seguido por las parteras. Durante el parto    la mujer se hallaba sentada o en cuclillas, a veces en dec&uacute;bito supino.    En Persia se necesitaban diez mujeres para asistir un parto. Hip&oacute;crates,    Plat&oacute;n, Her&oacute;filo, escribieron y dieron consejos sobre partos.    La <i>Lex Regia</i>, romana, ordenaba que al morir una embarazada se extrajera    el ni&ntilde;o del vientre antes de ser enterrada. Oribasio y Pablo de Egina    hicieron adelantar la asistencia de los partos. Los &aacute;rabes crearon la    extracci&oacute;n por medio de lazos. Rhazes y Al&iacute; Abbas, emplearon los    ganchos y tenazas. Tr&oacute;tula, de Salerno, recomendaba sacudidas de la parturienta    en caso de dificultades. Gran atraso hasta 1543, en que Vesalio acaba con las    falsas nociones que se ten&iacute;an de los genitales femeninos y del feto.    Pareo lleva la obstetricia a un gran adelanto, introduce la versi&oacute;n pod&aacute;lica,    olvidada desde la edad antigua y recomienda la operaci&oacute;n ces&aacute;rea    en la parturienta viva. Luis Mercado en Espa&ntilde;a, recomend&oacute; el lecho    para parir y defender mejor el perin&eacute;. En 1610 ya exist&iacute;a en el    Hotel-Dieu de Par&iacute;s un departamento para partos; Luisa Bourgeois, ense&ntilde;&oacute;    obstetricia; el gran Mauriceau, en 1668, public&oacute; su gran obra y se erigi&oacute;    en el m&aacute;s grande maestro del arte de partear. Por 1600 el ingl&eacute;s    Peter Chamberlen pose&iacute;a el secreto del f&oacute;rceps que no fue dado    a conocer hasta 1672 cuando tradujo al ingl&eacute;s Hugh Chamberlen la obra    de Mauriceau. En Cuba, por lo tanto, en esta &eacute;poca no se usaba el f&oacute;rceps    y solo se efectuaba alguna peque&ntilde;a operaci&oacute;n y contada ces&aacute;rea    <i>post mortem</i> que luego se generaliz&oacute;. P&eacute;rez Beato, cita    los fallecimientos de las primeras &quot;comadres de parir&quot; hist&oacute;ricas:    Ana Santiago, 1632; Mar&iacute;a Magdalena, 1613; Ana Hern&aacute;ndez, 1632;    Mar&iacute;a Gregoria, 1621; Catalina Mendoza, 1636; Beatriz S&aacute;nchez,    &quot;comadre&quot;, 1642; Mariana Morales, 1645; Mariana Montes de Oca, 1648;    Marina Alfonso, &quot;partera&quot;, 1650; Mariana Ortiz, 1652; y Mar&iacute;a    Manuela, 1657.</p> <h4></h4> <h4>Hospitales</h4>     <p>Al empezar el siglo XVII exist&iacute;a en La Habana un solo hospital llamado    Real de San Felipe. Por Real Orden de Valladolid de 1&ordm; de agosto de 1602,    se dispuso: &quot;Que vuelva a Nueva Espa&ntilde;a el hermano Crist&oacute;bal    Mu&ntilde;oz y que lleve diez y seis hermanos de la congregaci&oacute;n de San    Juan de Dios, que sean profesos, y que se dediquen, cuatro para La Habana, cuatro    para Cartagena de Indias y cuatro para Porto Bello, para que vivan en los hospitales    de aquellas provincias&quot; (Actas del Cabildo).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Con este motivo llegaron a La Habana, procedentes de C&aacute;diz, el hermano    mayor Don Diego de la Fuente con los hermanos Andr&eacute;s Alcaraz, Gonzalo    Gonz&aacute;lez y Andr&eacute;s de la Paz. Seg&uacute;n las actas del Cabildo,    se acord&oacute;, en 27 de septiembre, que se entregase a esos hermanos la casa    nombrada de San Felipe el Real con todos sus bienes, cuentas, rentas, deudas,    etc. De este modo pasaron los enfermos del Aula Magna del Colegio de Santiago    a la casa de San Felipe (San Felipe y Santiago) que luego se llam&oacute; de    San Juan de Dios por la orden religiosa que lo atend&iacute;a. El primitivo    hospital de San Felipe y Santiago o San Juan de Dios continu&oacute; llam&aacute;ndose    as&iacute; por siglos. En 1845 se trasladaron a sus salas las Cl&iacute;nicas    de la Facultad de Medicina que estaban en San Ambrosio (hospital militar). Ese    mismo nombre se conserv&oacute; en 1861 cuando se traslad&oacute; a Prado 1,    altos de la c&aacute;rcel; este desapareci&oacute; cuando se inaugur&oacute;    el &quot;Reina Mercedes&quot; en 1886 conserv&aacute;ndose siempre en este &uacute;ltimo    una sala titulada de San Felipe y Santiago en recuerdo de la casa primitiva.    Cumplida la misi&oacute;n del Mercedes, pronto pasaran sus enfermos al nuevo    edificio situado al suroeste del Castillo del Pr&iacute;ncipe, en construcci&oacute;n.    <br> </p>     <p align="center"><a href="/img/revistas/his/v96/f07his96.jpg"><img src="/img/revistas/his/v96/f07his96.jpg" width="257" height="163" border="0"></a>    
<br> </p>     <p align="center">Fig. 7. Hospital de San Felipe y Santiago o San Juan de Dios    de La Habana.</p>     <p>Durante el siglo XVII se mejor&oacute; el primitivo hospital y en 1607 se abri&oacute;    al culto la iglesia adjunta de San Juan de Dios. En el hospital se dio cabida    a enfermos de caridad y a soldados y marinos. En 3 de septiembre de 1610, y    por la gran escasez que hab&iacute;a de m&eacute;dicos, acord&oacute; el Cabildo,    &quot;dar cien ducados anuales al Lcdo. Juan de Tejada y Pina para que se quede    como m&eacute;dico por no haberlo&quot;. Se mejoraron sus ingresos con dinero    del fisco, de penas de c&aacute;mara y del Cabildo. Se acord&oacute; tambi&eacute;n    ese a&ntilde;o por el Ayuntamiento &quot;que por haber muchas enfermedades se    nombrases dos personas del lugar para que vayan todas las semanas al hospital    para que vean lo que necesitan sus pobres enfermos&quot;.</p>     <p>Sigui&oacute; su vida pobre y mal asistido. Cuando D. Francisco Mu&ntilde;oz    de Rojas fue nombrado protom&eacute;dico, en 1634, hac&iacute;a muchos a&ntilde;os    que dicho se&ntilde;or prestaba asistencia a sus enfermos. Con frecuencia ped&iacute;a    el Cabildo limosnas para auxiliarlo.</p>     <p>En 1637, con motivo, de las muchas enfermedades que reinaban se efectuaron    rogativas en los templos y se llev&oacute; a cabo una gran procesi&oacute;n    desde la Iglesia Mayor a este Hospital Real &quot;donde est&aacute;n los gloriosos    santos y en donde se le hace cada a&ntilde;o una fiesta&quot;. En 2 de octubre    de ese mismo a&ntilde;o trataron los se&ntilde;ores regidores &quot;sobre las    cuatro caballer&iacute;as de tierra y monte que tiene pedido el Hospital Real    de la otra parte del r&iacute;o de la Chorrera para estancia y para le&ntilde;a    y otros usos de dicha casa religiosa y sus pobres&quot;. El 13 de octubre de    1643 se efectu&oacute; otra gran procesi&oacute;n desde la Iglesia Mayor a la    de San Juan de Dios en rogativas por la gran sequ&iacute;a que azotaba al pa&iacute;s.</p>     <p>Este hospital prest&oacute; excelentes servicios cuando la gran epidemia de    fiebre amarilla del verano de 1649, a consecuencia de la cual murieron muchas    personas de distinci&oacute;n, varios facultativos y causado la &quot;peste&quot;,    seg&uacute;n Le Roy, un promedio de mortalidad de 121.72 por cada mil habitantes.    Prest&oacute; tambi&eacute;n saludables servicios en las siguientes epidemias    de los a&ntilde;os siguientes.</p>     <p>En 1654 el padre prior fray &Aacute;ngel, digo Juan &Aacute;ngel &quot;del    convento real de San Felipe y Santiago orden de San Juan de Dios, ofrece dar    cama y toda asistencia a menos de un cuarto de legua de aqu&iacute; para la    cura de los enfermos que viniesen de la armada y las medicinas&quot;. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Para colmo de infortunios, en 1658, se introdujo la viruela de M&eacute;xico,    lo que unido a la fiebre amarilla y a los ataques de ingleses y franceses, hicieron    m&aacute;s desgraciada la situaci&oacute;n de los habitantes y de la casa hospital.    Dicen las actas: &quot;Que en 1663 se le hizo merced a F&eacute;lix Arca de    dos cuadras de solares, junto a la casa del agua, donde hizo una huerta, de    las cuales hizo donaci&oacute;n al convento con condici&oacute;n de que se le    dijesen dos misas cantadas y habi&eacute;ndose cumplido esta obligaci&oacute;n    se introdujo litigio por el Procurador General de la Ciudad y se concedieron    a diferentes personas&quot; ; el ayuntamiento acord&oacute; hacer concesi&oacute;n    de ella al hospital por nueve a&ntilde;os, sin poder fabricar en ello obra mayor&quot;    (Acta del 26 de mayo). En 1666, y a petici&oacute;n de su prior fray Francisco    de Sosa, le hizo merced el ayuntamiento de dos cuadras de solares a la hospitalidad    real de San Felipe y Santiago. En 1668 tuvo efecto la inauguraci&oacute;n de    la Iglesia y Hospital de Mujeres de San Francisco de Paula por cuyo motivo se    alivi&oacute; la congesti&oacute;n de enfermos que siempre exist&iacute;a en    San Felipe o San Juan de Dios, que era el &uacute;nico hospital que hasta entonces    exist&iacute;a en La Habana, con una capacidad de cien camas y con un movimiento    de 700 enfermos anuales, entre civiles y militares, para una poblaci&oacute;n    de 5 000 habitantes. Al finalizar el siglo continuaba prestando buenos servicios    pero con pobreza.</p> <h4>Hospital de Mujeres de San Francisco de Paula</h4>     <p>El d&iacute;a 10 de diciembre de 1664 el canario Pbro. Nicol&aacute;s de Est&eacute;vez    y Borges, leg&oacute; $45.000 para la construcci&oacute;n de un Hospital para    Mujeres en La Habana. En acta del Cabildo del 31 de julio de 1665 se nombr&oacute;    Comisario a Don Blas Pedroso para que buscase cuatro solares bald&iacute;os    para fabricar la Ermita y el Hospital de Paula. El seis de noviembre de ese    mismo a&ntilde;o hizo merced de cuatro solares para la f&aacute;brica, en tierras    del Tte. Juan Mart&iacute;n y de D. Batolom&eacute; S&aacute;nchez &quot;donde    exist&iacute;a de antiguo una capilla&quot;. En 7 de agosto de 1666 ya &quot;se    estaba fabricando la ermita de San Francisco de Paula y los capitanes Juan Gonz&aacute;lez    Carvajal y Crist&oacute;bal Calder&oacute;n de la Barca, como mayordomos de    la cofrad&iacute;a de San Francisco de Paula, piden se les lleve agua de la    zanja que va al mar para la ermita y el hospital que se ha de hacer en tanto    afectaba a la poblaci&oacute;n la viruela y el tabardillo&quot;. La inauguraci&oacute;n    de la iglesia y el hospital, situados al lado del mar y al suroeste de la bah&iacute;a,    tuvo efecto en 1668. El 1&ordm; de julio de 1676, Tom&aacute;s Guerra, maestro    carpintero, pidi&oacute; autorizaci&oacute;n al Cabildo &quot;para hacer un    molino en su sitio que est&aacute; en la playa y marina de esta ciudad a un    lado de la Hermita y hospitalidad del Sor. San Francisco de Paula donde derrama    la zanja que va a dicha, hermita para en el hazer un molino de trigo que muela    con el agua de dicha zanja&quot;. En 1684 se hicieron rogativas en esta Ermita    por la &quot;peste&quot; que afectaba el vecindario. En 1692 sufrieron ambos    edificios &quot;con la gran tormenta y hurac&aacute;n del viernes que se contaron    veinte y quatro del corriente octubre de vientos y lluvias en el breve espacio    de diez a doce horas cayeron todas las casas de guano y maltrataron las dem&aacute;s    de raja y texas azolando las cementeras y arrancando de ra&iacute;z &aacute;rboles    de tanto extremo que se han cerrado los caminos p&uacute;blicos, etc.&quot;    (Actas del Cabildo).</p> <h4>Enfermer&iacute;a de Bel&eacute;n</h4>     <p>Esta enfermer&iacute;a fue fundada en 1678 por el ermita&ntilde;o Sebasti&aacute;n    Cruz y despu&eacute;s se convirti&oacute; en Iglesia y Hospital de Convalecientes    de Bel&eacute;n.</p> <h4>San L&aacute;zaro</h4>     <p>Las primeras noticias sobre la lepra en Cuba las encontramos en las actas del    Cabildo de La Habana. En un acta del a&ntilde;o 1613 se dice: &quot;Han llegado    de fuera cuatro a seis personas con el mal de San L&aacute;zaro y como no hay    hospital para ellos, que salgan de la Ciudad&quot;. En 1615 dispuso el Cabildo:    &quot;Que se haga la recogida de los lazarinos&quot;. Tres a&ntilde;os despu&eacute;s    orden&oacute; de nuevo: &quot;Que salgan fuera de la Ciudad personas que padecen    del mal de San L&aacute;zaro&quot;. En acta del 29 de marzo de 1629 se menciona    la existencia de enfermos de ese mal, tambi&eacute;n dicta medidas y &quot;dispone    que los visiten los regidores Luis Vel&aacute;zquez de Cuellar y &Aacute;lvaro    de Luceas&quot;, a &quot;fin de que la Superioridad disponga la visita m&eacute;dica    correspondiente. En 23 de agosto de 1629 dispuso el Cabildo que fueran mandados    al campo y &quot;los no casados al hospital de San L&aacute;zaro de la Ciudad    de M&eacute;xico y en el caso se oy&oacute; la opini&oacute;n particular de    cada regidor&quot;. D&iacute;cese en cabildo del 20 de julio de 1630: &quot;Que    todos los tocados del mal de San L&aacute;zaro se junten en alguna estancia    y parte donde se asisten sin que ninguno de ellos puedan entrar ni volver a    la Ciudad con una grave pena que el Sr. gobernador les imponga, etc&quot;. Se    consigna adem&aacute;s: &quot;Que cada vez que de este puerto saliese para la    Nueva Espa&ntilde;a un nav&iacute;o se envien dos ay&aacute; y sus hospitales,    hasta que se remitan todos y sus caudales ecepto el que de ellos tuviese hijos    que este no se ha de remitir mas que su persona, etc.&quot;</p>     <p>En 1639 dispuso el Cabildo: &quot;Que los m&eacute;dicos diesen los partes    de los casos de personas que padecen del Mal de San L&aacute;zaro y en particular    Diego Pareja que es un notable peligro para esta Rep&uacute;blica que est&eacute;n    en ella&quot;. En 1666 se mand&oacute; hacer &quot;una relaci&oacute;n de las    personas tocadas del mal de San L&aacute;zaro que andan por las calles&quot;.</p>     <p>El 27 de julio de 1668 se dispuso que el comisario Jos&eacute; Ruiz Guillen,    en compa&ntilde;&iacute;a del Dr. L&aacute;zaro L&oacute;pez, digo Flores y    de un cirujano &quot;vean de Gabriel del Puerto que tiene tienda en el barrio    del Esp&iacute;ritu Santo para ver si padece del mal de San L&aacute;zaro&quot;.</p>     <p>En acta del mes de febrero de 1691, que trata sobre lazarinos que circulan    por las calles, se dice lo que sigue: &quot;Que se recojan en el lugar asignado    y que sean reconocidos por los Dres. D. Jos&eacute; Moner y D. Francisco Moreno    para que bajo juramento los reconozcan y los que estuviesen dolientes los lleven    al hospital de San L&aacute;zaro&quot;. En acta de 24 de noviembre de ese mismo    a&ntilde;o dice el procurador Miguel de Garro: &quot;Que en esta ciudad y fuera    de ella existen diferentes personas que actualmente padecen del mal de San L&aacute;zaro,    uno es Jacinto Hern&aacute;ndez que tiene estancia en la otra banda del r&iacute;o    Luyan&oacute;, otro Horacio Mora, un hijo de Mar&iacute;a Manuela que ser&aacute;    de Soledad de once a&ntilde;os poco m&aacute;s o menos&quot;.</p>     <p>En acta de 5 de febrero de 1700 se acuerda &quot;que se pidan limosnas para    el hospital de San L&aacute;zaro que est&aacute; muy pobre&quot;. El 12 del    mismo mes y a&ntilde;o pide autorizaci&oacute;n el Procurador General &quot;para    separar de sus familiares a Juan Sotolongo una hija del sarzt. Juan Montero    donzella, un soldado del Morro nombrado Gaspar Vera la hija de Da. Catalina    Pina muxer de Joseph Clemente, un negrito que anda con un ni&ntilde;o tullido    en un carret&oacute;n por padecer todos del mal de San L&aacute;zaro&quot;.</p>     <p>En 1681 se empezaron a alojar estos enfermos en una mala casa, con ermita y    boh&iacute;os, que fund&oacute; ese a&ntilde;o el espa&ntilde;ol D. Pedro Alegre    y Torres en la Calzada de la Infanta (entre la esquina de Tejas y el paseo de    Carlos III, cerca del antiguo puente de Villarin, derribado en 1948, al ser    intubado el ramal de la zanja que pasa por all&iacute;) sitio que se llam&oacute;    &quot;Estancia de Alegre&quot;.</p>     <p>Las primeras noticias sobre la lepra en Santiago de Cuba data de 1692 cuando    el gobernador D. Juan Villalobos dispuso que fueran aislados dos mulatos leprosos    que trabajaban en las minas de El Cobre. (Ve&aacute;se la Revista de Sifiliograf&iacute;a,    Leprolog&iacute;a y Dermatolog&iacute;a, de octubre, noviembre y diciembre de    1951, art&iacute;culo de M. G. Prendes y S. Salazar).</p> <h4>Epidemiolog&iacute;a </h4>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Los antiguos, por ignorancia cl&iacute;nica, llamaban &quot;Peste&quot;, a    toda clase de epidemia. Ellas se presentaban con frecuencia, causaban muchas    v&iacute;ctimas e infund&iacute;an terror al vecindario carente de defensa contra    ellas. He aqu&iacute; la relaci&oacute;n de las m&aacute;s notables en el siglo    XVII en el Nuevo Mundo:    <br> </p>     <p><u>1601</u>, influenza en M&eacute;xico y Guatemala, se ignora si afect&oacute;    a Cuba.</p>     <p><u>1603</u>, &quot;peste&quot; en La Habana, &iquest;fiebre amarilla o influenza?    Le hizo frente el m&eacute;dico Julio Cesar y algunos curanderos y &nbsp;&nbsp;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;herbolistas.</p>     <p><u>1610</u>, muchas enfermedades en La Habana (Actas).</p>     <p><u>1621</u>, &quot;peste&quot; en La Habana, seg&uacute;n Finlay de fiebre    amarilla, para Le Roy, paludismo grave.</p>     <p><u>1630</u>, el gran incendio del barrio de Campeche, Habana, concluy&oacute;    con la &quot;peste&quot; de este a&ntilde;o. Numerosos casos de &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&quot;lamparones,    hoticos y t&iacute;sicos&quot; (Actas) &iquest;Muermo y tuberculosis pulmonar?</p>     <p> <u>1631</u>, influenza en Guatemala, no se sabe si afect&oacute; a Cuba.</p>     <p><u>1635</u>, epidemia de fiebre amarilla en la Isla de Guadalupe, la estudi&oacute;    Du Tetre, le llam&oacute; &quot;golpe de Barra&quot; se ignora si afect&oacute;    a &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cuba.</p>     <p><u>1647</u>, primeras epidemias de influenza y de fiebre amarilla entre los    anglosajones del Norte. Afect&oacute; a M&eacute;xico y a Guatemala, &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;posible    a Cuba. .</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><u>1648</u>, el Cabildo Habanero tom&oacute; medidas contra la peste de Campeche    a donde lleg&oacute; en un nav&iacute;o desde Puerto Rico. Al &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;    &nbsp;llegar a La Habana un buque procedente de San Francisco de Campeche &quot;se    le hizo fondearen la bah&iacute;a del puerto, se le &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;    ayud&oacute; a reparar sus palos averiados y se orden&oacute; regresar al lugar    de su procedencia&quot; (Actas). Este a&ntilde;o la fiebre &nbsp;&nbsp;&nbsp;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; amarilla afect&oacute;    con dureza a Yucat&aacute;n, Guatemala y a la Isla de Trinidad.</p>     <p><u>1649</u>, terrible epidemia de fiebre amarilla en el verano en La Habana;    lleg&oacute; de M&eacute;xico, mat&oacute; mucha gente principal y a los &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;cirujanos    Pedro Est&eacute;vez, Antonio Guti&eacute;rrez y a Jacques de Sandoval; escap&oacute;    el Dr. Francisco Moreno de Alba y alg&uacute;n &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;otro    facultativo. Seg&uacute;n Le Roy ocasion&oacute; una mortalidad de 121.72 por    mil habitantes. La m&aacute;s elevadas que se ha &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;registrado    en la historia habanera pues la de c&oacute;lera de 1833 s&oacute;lo ocasion&oacute;    un 72.62 por mil. La epidemia se fue &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;atenuando    lentamente y desde entonces la afecci&oacute;n se hizo end&eacute;mica en Cuba    (Ver folleto de Le Roy publicado en &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;1930).    <br> </p>     <p><u>1651</u>, nuevos brotes de fiebre amarilla en Cuba.    <br> </p>     <p><u>1652</u>, &iacute;dem seg&uacute;n el historiador Pezuela.    <br> </p>     <p><u>1653</u>, la fiebre amarilla causa da&ntilde;os en Santiago de Cuba.    <br> </p>     <p><u>1654</u>, brote de fiebre amarilla en La Habana; para auxiliar a los hospitales    se edific&oacute; un barrac&oacute;n en el litoral donde se &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;asistieron    muchos. Muri&oacute; Serrano destacado prohombre, auditor.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </p>     <p><u>1658</u>, &nbsp;medidas en La Habana &quot;por estar ardiendo en peste la    villa de San Salvador de Bayamo; se avisa al capit&aacute;n del ingenio &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;de    Matanzas, al del corral Limones chicos y al del ingenio del r&iacute;o C&aacute;nimar    por donde pasa los caminos que conducen a &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;    &nbsp;&nbsp; esta ciudad&quot; (Actas).    <br> </p>     <p><u>1667</u>, dispuso el Cabildo, el 27 de noviembre pedir al se&ntilde;or Obispo    &quot;que haga rogativas por afectar la viruela y el tabardillo &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;que    causan muchas muertes&quot; (Actas).    <br> </p>     <p><u>1673</u>, contin&uacute;an las &quot;pestes&quot; azotando a muchos pa&iacute;ses    de Am&eacute;rica especialmente a M&eacute;xico y Guatemala.    <br> </p>     <p><u>1682</u>, se inicia en diciembre una epidemia de viruela en La Habana (Le    Roy), ces&oacute; el 1683.    <br> </p>     <p><u>1684</u>, copiamos de un acta del Cabildo del 30 de enero: &quot;Es p&uacute;blico    y notorio de algunos d&iacute;as a esta parte se halla esta &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Rep&uacute;blica    y sus vecinos aflixidos con el contaxio que se la&#133;de que resulta el desconsuelo    lo que generalmente se &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;produce    y no queda otro recurso para el alivio que hacer rogaci&oacute;n a Dios ntro.    Se&ntilde;or por medio de su Madre &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sant&iacute;sima,    etc.&quot; (Recrudecimiento de la viruela).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><u>1691</u>, muchos lazarinos por las calles habaneras.    <br> </p>     <p><u>1693</u>, epidemia de viruela y de fiebre amarilla en La Habana, dos a&ntilde;os    despu&eacute;s mucha en Sgo. de Cuba. (Para m&aacute;s detalles &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;ve&aacute;se    Epidemiolog&iacute;a&quot; por J. A. Mart&iacute;nez- Fort&iacute;n, Cuaderno    de Historia Sanitaria, Ministerios de Salubridad y Asistencia &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Social,    n&uacute;mero 5, 1952).</p> <h4>Miscel&aacute;nea</h4>     <p><u>1601</u>, poblaci&oacute;n de La Habana, 3 000 habitantes; Bayamo, 1 500;    Santiago, 250; El Cobre, 116; Baracoa; 30, Puerto &nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pr&iacute;ncipe,    30; Sancti Sp&iacute;ritus, 250; Trinidad, 150; San Juan de los Remedios, 50    y Guanabacoa, 160. En total en toda la &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;isla    unos 30 000 habitantes.    <br> </p>     <p><u>1602</u>, pobreza en Cuba; Espa&ntilde;a en guerra con Francia e Inglaterra.    <br> </p>     <p><u>1607</u>, los ingleses se establecen en Virginia, el 25 del mes de abril.    <br> </p>     <p><u>1612</u>, A. Bagnall y B. Boreal, primeros m&eacute;dicos entre los colonos    ingleses de Virginia.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </p>     <p><u>1612</u>, en Cuba se inscriben las primeras defunciones en la catedral de    La Habana. Gran incendio en Santiago.    <br> </p>     <p><u>1616</u>, el ingl&eacute;s Harvey, decubre el mecanismo de la circulaci&oacute;n    mayor de la sangre.    <br> </p>     <p><u>1621</u>, Espa&ntilde;a ayuda al emperador Fernando II en la gran guerra    europea de los Treinta A&ntilde;os.    <br> </p>     <p><u>1623</u>, se funda la Universidad de Sucre. Grandes inundaciones en La Habana    por una tormenta que destruy&oacute; la flota de L&oacute;pez &nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;    &nbsp;D&iacute;az.    <br> </p>     <p><u>1625</u>, gran sequ&iacute;a en Cuba, rogativas en los templos. Contin&uacute;a    Espa&ntilde;a luchando en Italia y en Alemania.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </p>     <p><u>1626</u>, pobreza en el hospital de Santiago de Cuba; suprimen la plaza    de cirujanos de negros de ese lugar.    <br> </p>     <p><u>1627</u>, circulan en La Habana las primeras calezas    <br> </p>     <p><u>1628</u>, los holandeses destruyen una escuadra espa&ntilde;ola frente a    Matanzas. Se inicia el protomedicato, M&eacute;xico.    <br> </p>     <p><u>1631</u>, la guarnici&oacute;n de La Habana consta de 400 soldados.     <br> </p>     <p><u>1633</u>, se publican en Espa&ntilde;a las Ordenanzas de Buen Gobierno de    las Armadas de Occidente (Clavijo).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </p>     <p><u>1634</u>, primera confirmaci&oacute;n del obispo Jer&oacute;nimo Manrique    de Lara al sargento mayor Pedro Ulibarri (La Prensa, julio de &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;1849).    <br> </p>     <p><u>1637</u>, las escuadras holandesas y francesas siembran el terror en las    aguas cubanas.    <br> </p>     <p><u>1639</u>, se terminan las obras del Morro, Habana.    <br> </p>     <p><u>1642</u>, Espa&ntilde;a lucha con Francia y con Potugal. Cuba abandonada    a su suerte.    <br> </p>     <p><u>1643</u>, los franceses derrotan en Rocroy, Flandes, a la infanter&iacute;a    espa&ntilde;ola considerada hasta entonces la primera de Europa. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los    franciscanos establecidos en La Habana piden permiso para construir una casa    que sirva de &quot;Enfermer&iacute;a&quot; a los &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;religiosos    &quot;que por no tenerla tienen necesidad de asistirse en casas particulares&quot;    (Actas del Cabildo).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><u>1644</u>, llegan las primeras religiosas clarisas.    <br> </p>     <p><u>1648</u>, termin&oacute; la guerra de los Treinta A&ntilde;os en Europa,    se acompa&ntilde;&oacute; de muchas epidemias.    <br> </p>     <p><u>1649</u>, peste en Sevilla, &iquest;fiebre amarilla? murieron todos los    m&eacute;dicos de la ciudad menos tres. Se empieza a extender en la &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Europa    Occidental el empleo de la quina.    <br> </p>     <p><u>1650</u>, plaga en N&aacute;poles, murieron 26 000 personas en un d&iacute;a    (&iquest;peste bub&oacute;nica?).    <br> </p>     <p><u>1657</u>, terrible situaci&oacute;n en Cuba por los corsarios.    <br> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><u>1658</u>, el pirata franc&eacute;s Nau saquea a Remedios.    <br> </p>     <p><u>1664</u>, el pirata ingl&eacute;s Morgan ataca a Santiago.    <br> </p>     <p><u>1667</u>, Espa&ntilde;a en la m&aacute;s deplorable situaci&oacute;n.</p>     <p><u>1668</u>, muere en Santiago de Cuba el Pbro. Nicol&aacute;s Borges que dej&oacute;    un legado para el hospital de Paula en La Habana, 25 de &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;abril.    El pirata Legrand, ataca Sancti Sp&iacute;ritus.    <br>       <br>   <u>1668</u>, ataque del Olon&eacute;s a Remedios y de Morgan a Puerto Pr&iacute;ncipe.    Se conncluy&oacute; la primera plaza de toros en La Habana &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;(La    Prensa, julio de 1849).    <br> </p>     <p><u>1670</u>, el Cabildo de Santiago de Cuba pide se haga cirujano mayor al    alf&eacute;rez Esteban de la Arena que presta asistencia a la &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;tropa    y vecinos.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </p>     <p><u>1673</u>, intensa sequ&iacute;a en toda la isla.    <br> </p>     <p><u>1674</u>, se inicia la construcci&oacute;n de la muralla de piedra de La    Habana.    <br> </p>     <p><u>1675</u>, se funda la ermita de Montserrat (donde est&aacute; hoy la estatua    de Albear) La Habana. Terremoto en Santiago de Cuba.    <br> </p>     <p><u>1678</u>, se abre al culto a la iglesia de San Agust&iacute;n.    <br> </p>     <p><u>1681</u>, sigue la escasez de m&eacute;dicos, prestan buenos servicios los    de la Armada, curandean barberos y practicantes, mucha &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;sangr&iacute;a.    La guarnici&oacute;n de La Habana aumentada hasta 800 soldados.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </p>     <p><u>1685</u>, se establece el Colegio de San Ambrosio, de ni&ntilde;as.    <br> </p>     <p><u>1687</u>, se inicia el Colegio de San Carlos. El obispo Compostela gestiona    la fundaci&oacute;n de la Casa Cuna.    <br> </p>     <p><u>1688</u>, empiezan a regir las Leyes de Indias.    <br> </p>     <p><u>1689</u>, funciona el Colegio Eclesi&aacute;stico de San Ambrosio con doce    ni&ntilde;os, frente al muelle de Luz, creado por el obispo &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Compostela    (Jos&eacute; M. de la Torre).    <br> </p>     <p><u>1690</u>, se establece el primer Tribunal del Santo Oficio. Se fundan las    parroquias del Santo &Aacute;ngel, de la Salud y la ermita de &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Regla.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </p>     <p><u>1691</u>, el obispo Compostela instala un Colegio de Ni&ntilde;as, de San    Francisco de Sales, en el lugar de San Isidro. Fundaci&oacute;n de &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;    &nbsp;&nbsp;&nbsp; Matanzas por Manzaneda. Espa&ntilde;a en guerra con Luis    XIV de Francia.</p>     <p>    <br>   <u>1696</u>, empieza a ejercer en La Habana el m&eacute;dico Carlos del Rey.    Se inician los libros para inscribir las defunciones en las &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;parroquias    del Santo &Aacute;ngel y del Santo Cristo, La Habana, seg&uacute;n Le Roy.</p>     <p align="center">    <br>   <a href="/img/revistas/his/v96/f08his96.jpg"><img src="/img/revistas/his/v96/f08his96.jpg" width="274" height="186" border="0"></a>  </p>     
<p align="center">Fig. 8. Real Hospital Militar de San Ambrosio de La Habana.</p>     <p></p> <h4>Sumario de noticias del siglo XVII</h4>     <p>Durante todo el siglo XVII la situaci&oacute;n de Cuba fue desastrosa a causa    de los repetidos ataques de corsarios y piratas extranjeros como consecuencia    de las guerras que sosten&iacute;a Espa&ntilde;a con la mayor parte de las grandes    naciones de Europa. A estos hay que agregar los da&ntilde;os ocasionados por    las tormentas, las sequ&iacute;as, epidemias, incendios y falta de bastimentos    por el mal estado de las comunicaciones por mar y tierra. Sin embargo, a pesar    de todos esos infortunios se hizo alg&uacute;n adelanto. Se fund&oacute; el    Convento de Santa Clara y la Ermita del Esp&iacute;ritu Santo. Se terminaron    las obras del Morro. Se iniciaron las Murallas, la Ermita de Montserrat y la    Iglesia de San Agust&iacute;n. Todav&iacute;a casi todas las casas eran de paja    o guano con muebles primitivos. Las calles mal trazadas y sin pavimento lo que    ocasionaba mucho polvo en tiempo de sequ&iacute;a y abundante barro y lagunatos    en la &eacute;poca lluviosa. M&aacute;s adelante al final del siglo con la fundaci&oacute;n    del Colegio de San Carlos, el establecimiento de las Leyes de Indias y el inicio    del Colegio de San Francisco de Sales. La poblaci&oacute;n de la capital lleg&oacute;    a los 50 000 habitantes y se fundaron las villas de Matanzas y de Santa Clara.    La metr&oacute;poli se encontraba en bancarrota por la ruina del comercio, el    abandono de la literatura, el atraso de la ciencia y el regreso de la medicina.</p>     <p>El estado de la medicina europea tampoco era favorable. Los m&eacute;dicos    se encontraban divididos en grupos con distintos sistemas (iatroqu&igrave;micos,    iatrof&iacute;sicos, animistas, etc.). Los facultativos espa&ntilde;oles estaban    tambi&eacute;n divididos en dos grandes grupos; uno de ellos, los m&eacute;dicos    fieles al dogma de Hip&oacute;crates; y el otro, subdividido en los diversos    sistemas antes se&ntilde;alados. En general, la dial&eacute;ctica de casi todos    era aparatosa, sus latines estrafalarios, conoc&iacute;an poco la verdadera    ciencia y abusaban de la sangr&iacute;a. Entre los m&eacute;dicos espa&ntilde;oles    exist&iacute;an los cirujanos latinos y los romancistas, estos &uacute;ltimos    no conoc&iacute;an el lat&iacute;n y hablaban romance o lenguaje del pueblo    bajo. Los m&eacute;dicos eran bachilleres, licenciados y doctores. Todav&iacute;a    se comentaban las obras de Hip&oacute;crates y de galeno, que algunos consideraban    como textos sagrados, a pesar de los nuevos sistemas filos&oacute;ficos iniciados    por Bacon y Descartes, del descubrimiento del microscopio y del mecanismo de    la circulaci&oacute;n mayor.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Por nuestras investigaciones en las Actas del Cabildo de La Habana hemos podido    conocer y publicar por primera vez, los nombres de muchos facultativos que se    establecieron en Cuba en este siglo, especialmente en la Capital, ya que del    interior casi nada sabemos.</p>     <p>He aqu&iacute; los nombres de los facultativos que ejercieron en La Habana    durante el siglo:</p>     <p>Julio C&eacute;sar, Gabriel de Salas, Bartolom&eacute; de C&aacute;rdenas,    Antonio Fonseca, Francisco D&iacute;az, Juan de Mesa, Juan P&eacute;rez, Diego    M&eacute;ndez, Francisco de Rojas, Francisco Mu&ntilde;oz, Juan Bautista y Pedro    Mart&iacute;nez, Pedro Ru&igrave;z, Luis Rizo, Diego Rivero, Pedro de Gu&iacute;a,    Antonio Guti&eacute;rrez, Pedro Estela, Jacques de Sandoval, Francisco Moreno,    Jorge de Verges, L&aacute;zaro Flores, Juan Reina, Juan Filomeno, Diego de V&aacute;zquez,    Alonso G&oacute;mez, Diego Pulido, C&eacute;sar Brandier, Sebasti&aacute;n del    Billar, Juan Francisco y Antonio Pereira, Francisco Dur&aacute;n, Marcos Ria&ntilde;o,    Jos&eacute; M&eacute;ndez, Jer&oacute;nimo R&oacute;mulo, Jos&eacute; de Arag&oacute;n,    Jos&eacute; de Viola, Juan S&aacute;nchez, Francisco del Barrio, Francisco de    la Thenessa y Marcos de Gamboa. Los m&aacute;s destacados fueron Francisco Mu&ntilde;oz,    Thenessa y Gamboa. Pobreza en boticas, primeros boticarios Sim&oacute;n Alf&eacute;rez    y Francisco Alguerra (1612), luego Francisco Armona, titulo 20 septiembre de    1642. Ya citamos las pobres farmacias de S. Milan&eacute;z y L&oacute;pez Alfaro.</p> <h4>Ap&eacute;ndice    <br> </h4> <h6>T&iacute;tulo del Protom&eacute;dico Lcdo. Francisco Mu&ntilde;oz de Rojas</h6>     <p>&quot;D. Felipe por la gracia de Dios rey de Castilla, de Le&oacute;n, de Arag&oacute;n,    de las Dos Cicilias, de Jerusal&eacute;n , de Portugal, de Navarra, de Granada,    de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Cerde&ntilde;a,    de C&oacute;rdova, de C&oacute;rcega, de Murcia, de Ja&eacute;n, de los Algarbes,    de Algeciras, de las Islas de Canarias, de las Indias Orientales y Occidentales,    Islas y Tierra Firme del Mar Oc&eacute;ano, Archiduque de Austria, Duque de    Borgo&ntilde;a, de Bravante y Mil&aacute;n, Conde de Absburg, de Flandes, de    Tirol y Barcelona, Se&ntilde;or de Vizcaya y de Molina, etc. Por cuanto por    parte de vos el Lcdo. Francisco Mu&ntilde;oz de Rojas se me ha hecho relaci&oacute;n    estudiada en la Universidad de Sevilla (sic. debe faltar algo de la copia por    descuido del copista) las Facultades de Filosof&iacute;a, Medicina y Cirug&iacute;a,    os graduaste de Bachiller en ellas y fuistes ecsaminado por mis protom&eacute;dicos,    y que hab&eacute;is sido visitador de todos los doctores cirujanos, barberos    y boticarios de la ciudad de Sevilla y su jurisdicci&oacute;n, y m&eacute;dico    mayor de galeones de la carrera de las Indias, y visitador de los m&eacute;dicos,    cirujanos, barberos y boticarios de la ciudad de la Veracruz y su distrito en    la Nueva Espa&ntilde;a por nombramiento de mi Audiencia de ella, y que mi gobernador    de la Habana os nombr&oacute; por m&eacute;dico de mi hospital de aquella ciudad,    que estais egerciendo con aprobaci&oacute;n de sus vecinos, y que por su mucha    distancia que hay de la dicha ciudad de la Habana a la de M&eacute;jico, donde    estan los protom&eacute;dicos y ecsaminadores de las dichas Facultades de Medicina    y Ciruj&iacute;a, y no tener caudales para tan largo camino los que sean de    ecsaminar usan los dichos oficios de m&eacute;dicos, cirujanos, boticarios y    parteras sin ser capaces ni estar ecsaminados para ello en gran da&ntilde;o    de los vecinos y pasageros de la dicha ciudad de la Habana y su Ysla, lo cual    se sali&eacute;redes (sic) si en ella hubiesen un protom&eacute;dico ecsaminador    que los ecsaminase y diese licencia y titulos a los que hallase h&aacute;biles    y suficientes, como le hay en la ciudad de M&eacute;gico, Reyes y otras partes,    suplic&aacute;steisme atento a ello os hiciese merced de darnos t&iacute;tulo    de protom&eacute;dico ecsaminador de todos los doctores cirujanos, barberos,    boticarios y parteras de la dicha Ysla y ciudad de la Habana. Y habiendose visto    en mi Consejo Real de las Indias con lo que sobre ello dijo y aleg&oacute; mi    fiscal d&eacute;l y lo que informaron la dicha ciudad de la Habana y los gobernadores    della, teniendo en consideraci&oacute;n a lo referido y a las letras y experiencia,    suficiencia y buenas partes que concurren en vos el dicho Lcdo. D. Francisco    Mu&ntilde;oz de Rojas, he tenido y por la presente tengo por bien que ahora    y de aqu&iacute; adelante cuando mi voluntad fuese, seais mi protom&eacute;dico    ecsaminador de todos los doctores, cirujanos, barberos, boticarios y parteras    de la dicha ciudad de la Habana y Ysla de Cuba, y que como tal podais usar y    useis el dicho cargo en los casos y cosas a el anejas y concernientes seg&uacute;n    y de la manera de que lo usan y pueden y deben usar los protom&eacute;dicos    ecsaminadores destos reinos y de la ciudad de M&eacute;gico, Los Reyes, Santa    Fe y Cartagena, ecsaminando y dando titulos y licencias a los que hall&aacute;redes    h&aacute;biles y suficientes para los dichos oficios, guardando en todo la instrucci&oacute;n    que para ellos esta dada y por esta mi carta o por su traslado signado de escribano,    mando a mi gobernador y capit&aacute;n general de la dicha Ysla y ciudad de    la Habana y a todos los demas jueces y justicias dellas y a lo Consejos, caballeros    y escuderos, oficiales y hombres buenos de la ciudad de Sevilla, y lugares de    su jurisdicci&oacute;n os hayan, reciban y tengan a vos, el Licdo. Francisco    Mu&ntilde;oz de Rojas por tal protom&eacute;dico y ecsaminador dellas, y usen    con vos el dicho oficio seg&uacute;n dicho es, y os guarden y hagan guardar    todas las honras, gracias, mercedes, franquezas, libertades, preeminencias,    prerrogativas e inmunidades que por raz&oacute;n d&eacute;l os deben ser guardadas,    y os recudan y hagan recudir con todos los derechos, salarios y otras cosas    al dicho cargo anejas y pertenecientes; todo bien y cumplidamente, sin que le    falte cosa alguna, que yo por la presente os recibo y he por recibido al dicho    cargo, y os doy poder y facultad para lo usar y egercer como dicho es, caso    que por ellos o alguno dellos a &eacute;l no seais recibido y los unos ni los    otros no hagais cosa en contrario. Por cuanto ha constado en mi Consejo Real    de las Indias que en conformidad con la orden que tengo dada, habeis pagado    y puesto en poder de mi escribano general de la media anata dellos, tres mil    setecientos y cinquenta maravedis en reales de plata doble, que tocanala dicha    media annata de los trescientos pesos con que me habeis de servir en poder de    los Oficiales de Mi Real Hacienda de la dicha ciudad de la Habana antes que    seais recibido al uso y egercicio de dichos oficios, y mando que tome la raz&oacute;n    de la presente D. Juan de Castilla, mi Secretario y del registro general de    las mercedes. Dada en Madrid a diez de mayo de mil seiscientos y treinta y tres;    Yo el Rey. El Conde de Castrillo. El Lcdo. Antonio Villase&ntilde;or. D. Diego    de C&aacute;rdenas. El Lcdo. D. Juan Pardo. El Conde de Umanes. D. Juan de Sol&oacute;rzano    Pereira. Yo D. Fernando Ruiz de Contreras, Secretario del Rey nuestro se&ntilde;or,    lo fue escribir por su mandato. Registrada: D. Antonio de Aguiar y Acu&ntilde;a;    Por el gran Canciller: D. Antonio de Aguiar y Acu&ntilde;a. Subteniente Tom&eacute;    la raz&oacute;n en diez y seis de junio de mil seiscientos y treinta y tres,    D. Juan del Castillo&quot;. Sigue en el libro de Actas: a), diligencia de los    Oficiales Reales, de fecha 9 de septiembre, de 1634, de haber hecho el ingreso    de 2 400 reales (Copiado de las Actas por Jenaro Artiles, de la Oficina del    Historiador de la Ciudad y cedido gentilmente al autor).</p>      ]]></body>
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