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</front><body><![CDATA[   <H5>&nbsp;</H5> <H3>EDITORIAL</H3> <H2>Acerca de la pr&aacute;ctica cl&iacute;nica basada en la evidencia</H2>     <P><A HREF="#autores"><I>F&eacute;lix Jos&eacute; Sans&oacute; Soberats<SUP>1    </SUP>y Eduardo Vergara Fabi&aacute;n<SUP>2</sup></I></A> </P>     <P>Durante milenios, la pr&aacute;ctica m&eacute;dica universal se ha sustentado en la experiencia acumulada a partir de la observaci&oacute;n de los fen&oacute;menos relacionados con la salud y la enfermedad; de hecho, esta experiencia ha constituido la mayor evidencia sobre la cual se ha sustentado el accionar m&eacute;dico. </P>     <P>En la pr&aacute;ctica cl&iacute;nica diaria, en cada consultorio surgen infinidad de preguntas sobre las disposiciones que norman el trabajo o los problemas particulares que debemos encarar cuando estamos frente a un paciente: ¿Por qu&eacute; se cuestiona la eficacia de la nifedipina en el tratamiento de la hipertensi&oacute;n arterial?, ¿qu&eacute; utilidad tendr&aacute; el electrocardiograma de superficie para el seguimiento a un paciente aparentemente sano y cada qu&eacute; tiempo debe ser indicado?, ¿la detecci&oacute;n precoz de un c&aacute;ncer de pr&oacute;stata mediante tacto rectal, logra modificar el curso de la enfermedad?, ¿la indicaci&oacute;n de PPG a toda persona mayor de 40 a&ntilde;os previene la arteriosclerosis?, ¿est&aacute; cient&iacute;ficamente confirmada la utilidad del seguimiento diario a todos los lactantes en una comunidad determinada?, ¿el ejercicio f&iacute;sico previene el c&aacute;ncer?... </P>     <P>&Eacute;stas y otras preguntas que pudi&eacute;ramos hacernos cotidianamente son formuladas al valorar la posibilidad de producir o no un efecto determinado (en un individuo, familia o la propia comunidad) mediante una acci&oacute;n m&eacute;dica. En un gran n&uacute;mero de casos, nuestras conductas y decisiones m&eacute;dicas est&aacute;n basadas en tradiciones inerciales, conocimientos desactualizados o incorporados sobre la base de nuestra experiencia en la pr&aacute;ctica cl&iacute;nica, muchas veces anecd&oacute;tica, la cual no siempre se ajusta al conocimiento cient&iacute;ficamente constatado; y lo cierto es que para responder a cada interrogante se necesitan conocimientos. En relaci&oacute;n con la an&eacute;cdota, somos del criterio de que ha de tenerse en cuenta, porque puede ser &uacute;til como embri&oacute;n de hip&oacute;tesis ocasionalmente interesantes, pero nunca debe constituirse como ciencia en la base de la actuaci&oacute;n. </P>     <P>En los &uacute;ltimos 5 a&ntilde;os se ha desarrollado una fuerte corriente denominada <B>"medicina basada en la evidencia"</B>. Se trata precisamente de reivindicar la zona m&aacute;s s&oacute;lida y racional del proceso de conformaci&oacute;n de conocimientos como la que debe prevalecer; <I>David Sachet</I>, uno de sus impulsores fundamentales, la define como: "el uso concienzudo, expl&iacute;cito y juicioso de la mejor evidencia existente para tomar decisiones sobre el cuidado de pacientes (...). Significa integrar la experiencia cl&iacute;nica individual con la mejor evidencia cl&iacute;nica externa disponible, proveniente de la investigaci&oacute;n sistem&aacute;tica". </P>     <P>No es un secreto que actualmente en Cuba, por las limitaciones que nos impone el bloqueo norteamericano, nuestro acceso a bibliograf&iacute;a de punta es limitado. Tambi&eacute;n es cierto que, incluso teniendo acceso a la informaci&oacute;n, no siempre existe el tiempo necesario para buscarla; y que en la actualidad el volumen de publicaciones que se produce, resulta inabarcable. Agr&eacute;guese a lo anterior el hecho de que la calidad de un sinn&uacute;mero de art&iacute;culos que se publican es objetable desde distintos puntos de vista, y que durante nuestra carrera no recibimos un entrenamiento formal especialmente dirigido a proveernos de la solvencia necesaria para examinar cr&iacute;ticamente esa literatura. </P>     <P>Para alcanzar una capacidad propia de discernimiento cient&iacute;ficamente sustentada, el m&eacute;dico debe adquirir conocimientos acerca de los diversos dise&ntilde;os de investigaci&oacute;n cl&iacute;nica, conocer los distintos tipos de riesgo para interpretar los estudios, e incorporar una metodolog&iacute;a m&iacute;nima para la revisi&oacute;n de art&iacute;culos. Es importante para el equipo en la Atenci&oacute;n Primaria de Salud tener acceso a la mejor evidencia externa disponible, como tambi&eacute;n lo es, no ignorar su experiencia cl&iacute;nica individual y establecer un balance entre ellas. </P>     <P>En nuestro pa&iacute;s y espec&iacute;ficamente en nuestro sistema de salud, es vital economizar los recursos disponibles; se impone que las prioridades sean planificadas y fundamentadas sobre la base de una s&oacute;lida evidencia que contribuya a una elevaci&oacute;n sostenida en la calidad de la asistencia m&eacute;dica. Una pr&aacute;ctica m&eacute;dica basada s&oacute;lo en la experiencia de los diferentes centros no facilitar&aacute; una planificaci&oacute;n organizada de los recursos, pues &eacute;stas pueden ser discre-pantes y dificultar el consenso, y comprometer la racionalidad de las decisiones acerca de hacia d&oacute;nde deben destinarse los recursos. Es obvio que al basar nuestra pr&aacute;ctica en estudios ciet&iacute;ficamente probados, estaremos haciendo ciencia y de hecho mejor medicina. </P>     <P>Recibido: 26 de marzo de 1999. Aprobado: 26 de marzo de 1999.     ]]></body>
<body><![CDATA[<BR> Dr. <I>F&eacute;lix J. Sans&oacute; Soberats</I>. Mariano #415 e/ Lombillo y Pi&ntilde;era, Cerro, Ciudad de La Habana, Cuba.     <BR> <A NAME="autores"></A><SUP>1</SUP> Especialista de I Grado en Medicina General Integral. M&eacute;dico de Familia. Instructor de la Facultad "Manuel Fajardo" .     <BR> <SUP>2</SUP> Especialista de I Grado en Medicina General Integral. Diplomado en Farmacoepidemiolog&iacute;a. </P> <H5></H5>     ]]></body>
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