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</front><body><![CDATA[  <h2>La ciencia y la cultura: las raíces culturales de la productividad </h2>     <p><a href="#cargo"><i>Dr. Agustín Lage Dávila<span class="superscript">1</span></i><span class="superscript">    </span></a><span class="superscript"><a name="autor"></a></span></p>     <p>La ciencia y la cultura han sido dos frentes protagónicos de trabajo y lucha    de la Revolución Cubana. Durante 40 años hemos luchado los cubanos por desarrollar    ambas; cada una en su ámbito. No ha sido un proceso guiado por la espontaneidad    sino que ha habido estrategia, diseño de sistema, esfuerzo organizado, en fin    eficacia. Y puede hablarse de eficacia porque en la perspectiva de 40 años,    a través de una compleja mezcla de aciertos y errores particulares, se dibuja    la realidad de una transición, a partir de un país con 24 % de analfabetos y    45 % de escolarización primaria, hacia una nación con un nivel escolar de 9no.    grado, con la mayor densidad del mundo en instructores de arte, con un índice    de científicos por habitante cercano al de las naciones más industrializadas,    produciendo y exportando productos de la Biotecnología varios de los cuales    son únicos y todo esto en un tiempo histórico increíblemente corto.</p>     <p> ¿Cómo se relaciona el desarrollo científico con el contexto cultural? Estas    relaciones intuimos que existen. ¿Pero podremos describirlas de manera estructurada    y sistemática? ¿Nos puede ser útil esa descripción para potenciar las interacciones?    ¿Tan claras como están nuestras especificidades culturales, pudieran estar algún    día también nuestras especificidades en la creación científica? </p>     <p>Estas son las preguntas que provocaron las reflexiones que siguen. Van escritas    en el lenguaje directo y afirmativo de las proposiciones –casi un lenguaje de    laboratorio– porque pretenden iniciar discusiones, no concluirlas. De lejos    se verán como un edificio en construcción, lleno de andamios y ruidos, partes    incompletas y piezas en desorden, y no como una obra bella rodeada de jardines.    Pienso que puede ser útil así y eso es lo que importa, al menos por ahora. </p>     <p>1 Doctor en Ciencias Médicas. Director del Centro de Inmunología Molecular.    Profesor Titular. </p>     <p>La idea básica que emerge es que, además de trabajar por el desarrollo de la    ciencia y la cultura, debemos trabajar por su articulación, ya que este proceso    también necesita estrategia, diseño de sistema y esfuerzo organizado. La eficacia    en este proceso integrador puede ser tremendamente potenciadora de lo que hemos    hecho hasta ahora. </p> <h4>La ciencia y la cultura como formas del conocimiento </h4>     <p>Las llamadas «ciencias empíricas» son una forma de conocimiento de la realidad.    La cultura artística es otra. </p>     <p>Las ciencias empíricas son conocimiento racional, sistemático, exacto y verificable.    Esas son sus virtudes. Pero al mismo tiempo es analítico, parcial y reduccionista.    Esas son sus limitaciones. </p>     <p>La cultura artística también es reflejo de la realidad que se expresa mediante    imágenes; una conjunción de experiencia, imaginación, visión y habilidad para    realizar inferencias de tipo no analítico.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> En las ciencias empíricas hay un «método de adquisición de conocimientos»    cuya estructura podemos identificar y describir. Este opera mediante un ciclo    que se repite una y otra vez, y que parte de la identificación de un problema    o enigma y de la formulación de una hipótesis para resolverlo. La hipótesis    del científico es siempre un instrumento: es una formulación de la posible solución    del problema en términos claros, medibles y refutables.</p>     <p> De la hipótesis, suponiéndola cierta, se extraen sus predicciones y se llevan    a términos operacionales, es decir, a variables medibles con un experimento.    El científico prepara entonces el experimento, aislando esas variables de otras    que pueden crear confusión, efectúa las mediciones y evalúa los datos usualmente    con procedimientos estadísticos, para decidir si ellos verifican o niegan la    hipótesis inicial y si dicha hipótesis, en consecuencia, debe sostenerse para    generar nuevas predicciones o cambiarse. Ahí se cierra el ciclo, y comienza    el siguiente. </p>     <p>El proceso cognoscitivo por el cual la cultura, en especial la cultura artística,    capta la realidad no podemos aun describirlo con esa precisión, pero ello no    quiere decir que no exista. Sabemos que intenta captar la realidad en su conjunto    sin reducirla a componentes, con una aproximación más sintética que analítica.    Pero sabemos muy poco. El propio proceso de la creatividad ha eludido, hasta    ahora, el análisis por ser tan complejo como la propia realidad que intenta    captar. </p>     <p>Esta dicotomía de aproximaciones cognoscitivas a la realidad es relativamente    reciente. Nótese por ejemplo que por mucho tiempo, desde la antigüedad, la pintura    fue considerada una disciplina de conocimiento acumulativo –como vemos hoy la    ciencia– que avanzaba en su aproximación a la realidad a través de descubrimientos    sucesivos. Aún durante el Renacimiento las ciencias y las artes no se veían    como actividades intelectuales separadas y muchos creadores se movían de un    campo a otro –aunque sea Da Vinci el más conocido, no es el único– y el término    «arte» se aplicaba a la pintura y a la escultura, pero también a la tecnología.</p>     <p> El llamado método científico –que conocemos hoy como forma organizada y eficiente    de obtención de conocimientos–, es una adquisición mucho más reciente, surgida    del pensamiento europeo durante los últimos cuatro siglos. Casi nada en comparación    al tiempo en que nuestra especie ha existido sobre este planeta, dotada de capacidad    de conocer y trasmitir el conocimiento; es decir, de crear cultura. </p> <h4>El método científico como componente de la cultura general </h4>     <p>La cultura es conocimiento socialmente adquirido y socialmente compartido y    trasmitido. El método científico es una adquisición de la cultura y como forma    de conocimiento puede y debe estar al alcance de una proporción cada vez mayor    de los seres humanos, algún día de todos. </p>     <p>También fue así con la capacidad de leer y escribir: en una época fue privativa    de una fracción pequeña de la sociedad y de algunas sociedades. Hoy impulsada    por su valor funcional para la economía, la capacidad de leer y escribir se    ha extendido a muchos, en Cuba a todos. ¿Podría suceder lo mismo con el método    científico? </p>     <p>Quisiera precisar que no me refiero aquí a la universalización del beneficio    de los resultados de la investigación científica –que también hay que garantizar–    sino a la universalización, como componente de la cultura general, del proceso    de organización de la interacción cognoscitiva con la realidad que constituye    el método científico. Se trata de una forma de pensar que no es la única, pero    que es útil en muchas circunstancias.</p>     <p> En el pensamiento de José Martí encontramos esta idea: «Lo que hace crecer    el mundo no es el descubrir como está hecho, sino el esfuerzo de cada uno para    descubrirlo [...].» </p>     <p>Cualquier hombre pudiera interpretar su realidad concreta al identificar las    variables principales que determinan los fenómenos que le interesan –la salud    de una comunidad, la productividad de un taller, el rendimiento escolar de un    aula, la eficiencia de una cosecha, cualquier cosa–, hacer hipótesis sobre esas    variables, coleccionar datos verificables y contrastar estos con las predicciones    de las hipótesis. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Está claro que este método no funciona para todo. De hecho la ciencia, hasta    ahora, ha explorado solo una pequeña parte de la realidad. Pero donde funcione,    cualquier hombre debe poder utilizarla. También hay formas de conocimiento e    ideas que no pueden trasmitirse formalmente mediante el lenguaje oral o escrito    y se trasmiten mediante imágenes, tradiciones, ejemplos, actitudes, analogías,    práctica concreta, etc. Pero bien nos hemos ocupado de universalizar el acceso    a todo lo que puede trasmitirse y aprenderse mediante la lectura y la escritura.    Igualmente hemos invertido mucho esfuerzo en promover el acceso universal a    la cultura artística. </p>     <p>Quizás debamos proponernos una nueva alfabetización con relación al método    científico. ¿QUIMÉRICO? No faltaron quienes usaron ese término en 1961.</p>     <p> El uso de la palabra «alfabetización» no es casual: es una analogía que puede    ser muy ilustrativa de la idea que se intenta trasmitir. Hoy la mayoría de las    personas entiende por «alfabetización» la adquisición de capacidad para leer    y escribir, pero pudiéramos intentar ver más allá de esa interpretación, la    adquisición de capacidad para utilizar los medios más eficientes de captación    y transmisión de conocimiento; que son hoy la lectura y la escritura, pero que    pueden pronto no limitarse a estos. </p>     <p>El método científico de pensamiento puede universalizarse mucho más de lo que    se ha hecho hasta ahora. Muchos asocian la investigación científica con laboratorios    llenos de complejos instrumentos, pero estos son solo las herramientas con las    que coleccionamos datos de la realidad. La verdadera innovación cultural está    en el proceso intelectual de identificación de los datos necesarios, su forma    de organización y de interpretación, y este proceso es bastante independiente    de la aplicación. La literatura científica está llena de ejemplos de estudios    poco rigurosos usando complejos instrumentos y de joyas de rigor metodológico    y descubrimientos a partir de observaciones sencillas. </p>     <p>Este método de pensamiento y de comunicación entre la gente es la real adquisición    de la cultura. Y los fenómenos culturales son masivos o no son culturales. La    alfabetización universal potenció mucho la productividad de la fuerza de trabajo    ¿Quién sabe las fuerzas productivas que podrían liberarse como consecuencia    de la extensión del uso del método científico? </p>     <p>Resulta casi común la reiteración de la idea de que, en los tiempos actuales,    la ciencia forma parte de las fuerzas productivas. Pero lo ha sido hasta ahora    menos evidente –lo que es una consecuencia directa de esa afirmación– es que    la ciencia debe también formar parte de la cultura general, de la gestión intelectual    cotidiana de cada vez más y más individuos. </p>     <p>La aplicación concreta de este concepto tiene enormes implicaciones prácticas    para quienes dirigen la actividad científica y la educación. Para empezar nos    enfrenta a una contradicción entre la creciente especialización, sofisticación    y costo de la investigación científica; y la aspiración –necesidad– de extender    en la sociedad la comprensión y el uso del método científico ¿Cómo se resuelve    esto? No creo que nadie tenga recetas escritas; pero corresponde a la actual    generación de científicos y dirigentes encontrar la entraña creadora que, como    todas, tiene esta contradicción; y utilizarla como motor del desarrollo. </p>     <p>La ciencia y la cultura se aproximan entre sí En la primera sección tratábamos    la ciencia y la cultura como dos formas de adquisición de conocimiento: la primera,    analítica, sistemática, reduccionista; la segunda, intuitiva, sintética, holística.    Una aproximación más cercana nos muestra a ambas como los polos de un continuo    dado, por la complejidad creciente de los fenómenos y la cantidad de variables    que intervienen.</p>     <p> El método científico funciona cuando los fenómenos pueden ser descritos en    términos de pocas variables protagónicas. Generalmente cuando el número de variables    aumenta se pierde capacidad predictiva y se recurre a la intuición. Hay que    reconocer con humildad, que nuestro pensamiento es incapaz de manipular racionalmente    algo más que un pequeño grupo de variables. Podemos utilizar muchos factores    simultáneos de manera inconsciente o intuitiva, pero no de forma sistemática    y consciente. La consecuencia es que cuando intentamos acercarnos con métodos    científicos a problemas intrínsecamente complejos –la eficiencia de los sistemas    económicos, los cambios en el medio ambiente, el surgimiento de valores éticos,    la epidemiología de los trastornos psiquiátricos, las determinantes de la capacidad    del pensamiento abstracto, la regulación del sistema inmune, la dinámica de    las poblaciones, y pudiera añadir muchos más–, tendemos a concretar el análisis    en 3 ó 4 factores y a ignorar el resto, o tratarlos como «variables de confusión»,    cuando es posible que en el resto o en las interacciones de varias variables    entre sí esté lo más importante. Muchos de estos sistemas complejos han sido    el espacio natural de la intuición creativa, la visión de conjunto, la capacidad    de síntesis. También ha sido el espacio donde con más frecuencia se ha desconfiado    del método científico y de sus conclusiones. </p>     <p>Esta situación, sin embargo, está cambiando en gran parte como consecuencia    de la revolución de la informática y la computación; y se desarrollan aceleradamente    métodos de enfoque de sistemas que intentan una visión total, no fragmentaria,    de la complejidad, como complemento –no necesariamente contraposición– del pensamiento    cartesiano que privilegia el análisis de componentes en detrimento del contexto.  </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Tales métodos están permitiendo, cada vez más, introducir un pensamiento racional,    sistemático, exacto, verificable, y predictivo, en el tratamiento de problemas    complejos, hasta ahora solo accesibles a la intuición. De estos procedimientos    surge el concepto de «propiedades emergentes», características de los sistemas    complejos y que no son trazables como consecuencia de ninguno de sus componentes    por separado. De ahí va surgiendo también una nueva noción de la causalidad    que deja la causalidad mecánica con la que hemos operado hasta hoy como un caso    particular aplicable a situaciones límites o a casos ideales. </p>     <p>La cultura también se aproxima desde su orilla acumulando conocimientos sobre    las regularidades que la historia muestra en el surgimiento, la penetración    social, prevalencia y cambio de las maneras de pensar. </p>     <p>¿En qué punto se encontrarán? Nadie lo sabe, pero es seguro que ciencia y cultura    caminan al encuentro y probablemente ya sea más útil tratarlas como facetas    de un mismo fenómeno que como fenómenos separados. Es otra idea que tiene consecuencias    prácticas, en función del propósito organizado de incrementar las capacidades    cognoscitivas de las colectividades humanas. </p> <h4>Los determinantes culturales de la productividad científica </h4>     <p>Otro simplismo muy extendido se presenta en la investigación científica como    algo absolutamente objetivo, extracultural, supranacional. Pero esto es solo    la mitad de la verdad, porque el carácter objetivo de la ciencia es cierto para    sus resultados, que son aplicables universalmente, pero no para el proceso por    el cual se obtienen esos resultados, que es un proceso social con enormes condicionantes    culturales.</p>     <p> Así, podemos eliminar la poliomielitis en África usando la vacuna que se inventó    en los Estados Unidos y se perfeccionó en la URSS, o vacunar en China o en Irán    con la vacuna antimeningitis obtenida en Cuba, pero el complejo proceso social    mediante el cual se realiza la búsqueda de conocimientos es mucho más difícil    de trasplantar de una cultura a otra y en ello radica quizás el fracaso de muchos    intentos imitativos de «sembrar ciencia». </p>     <p>Se puede hacer ciencia en todas partes; pero se hace de manera diferente. ¿Se    contradice esta idea con la estructuración racional del método científico? Más    bien se complementa. </p>     <p>Nótese que la rigurosa sistematización del método científico –hipótesis, variables,    mediciones, inferencia estadística– se refiere a la forma en que las preguntas    científicas se responden, pero no a la manera en que las preguntas científicas    se formulan. Esto último es intuición, creatividad, pensamiento no estructurable.  </p>     <p>Ningún científico puede explorar todos los caminos posibles en el campo en    que trabaja; sino que debe escoger un problema. Tampoco puede hacer todos los    experimentos posibles para abordar el problema que seleccionó; hay que escoger,    y para esto no hay reglas. Esta selección depende de lo que se ha llamado «conocimiento    tácito», adquirido a través de la práctica y que no puede expresarse de manera    explícita. En última instancia, los científicos son trabajadores con habilidades    para tres tareas: medir un fenómeno –y sus componentes–, evaluar y descubrir    asociaciones entre un fenómeno y otro, y evaluar el impacto de intervenciones    humanas sobre el mundo real. </p>     <p>Ahora, entre todo lo posible: ¿Qué fenómeno resulta más significativo describir?    ¿Qué componentes hay que medir para descubrir algo? ¿Qué asociaciones merecen    ser exploradas? ¿Cuáles intervenciones tienen mayor posibilidad de impacto?    Para la productividad del trabajo científico, la pertinencia –fertilidad– de    esta formulación de problemas es lo más importante. </p>     <p>Para encontrar las respuestas adecuadas a las preguntas existe un método, para    encontrar las preguntas significativas no. Lo esencial del descubrimiento es    hallar la pregunta adecuada; su respuesta está generalmente accesible. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Enseguida se hará evidente la influencia cultural en este proceso. La elección    del camino a tomar es una cuestión de valores, que no puede decidirse solamente    a partir de razonamientos lógicos, deductivos. </p>     <p>Esta parte creativa intuitiva de la gestión intelectual del científico es intrínsecamente    probabilística: se pueden crear condiciones que aumenten la probabilidad de    aparición de nuevas ideas, pero no se puede predecir, ni menos programar su    aparición. «El método potencia al talento, pero no lo sustituye» escribía Descartes.    El camino original, la pregunta imaginativa, la conexión de piezas distantes    de conocimiento, la exploración de lo no-obvio, es el espacio propio del pequeño    colectivo científico, audaz, innovador, creativo.</p>     <p>Una vez que ha surgido la idea que puede ser buena, comienza una segunda parte    del proceso: la evaluación de esa idea, cuyo método ha sido descrito, estructurado    y sistematizado. Esta parte es un proceso determinista en que las etapas se    articulan según una disciplina de rigor metodológico en la cual la comunidad    científica ha sido educada y podemos, con bastante aproximación, predecir cuando    tendremos las respuestas. Funciona aquí algo análogo a la «economía de escala»    en la producción; que en la industria farmacéutica por ejemplo, se expresaría    mediante muchos químicos obteniendo moléculas, muchos biólogos ensayando, procedimientos    automatizados, análisis de datos asistidos por computadoras, etc. Este es el    espacio de las grandes organizaciones de investigación científica; las «fábricas»    de descubrimientos. Aquí conocemos mejor como funciona el sistema, pero la estructura    cognoscitiva de la primera etapa del proceso –el surgimiento de la «buena idea»–    ha sido mucho menos estudiada. Esa primera etapa es la parte que más se articula    con los otros componentes del espacio cultural en el que trabaja el científico:    su representación de la realidad, sus sistemas de valores éticos y estéticos,    la impronta de praxis anterior, la suya, la de su generación, la de su nacionalidad.    Volveremos sobre esta articulación más adelante. </p>     <p>Debemos ahora mencionar otro aspecto de la labor científica de innegables conexiones    culturales: se trata de la motivación. </p>     <p>Quienes han investigado a los propios investigadores han buscado evidencias    de cocientes de inteligencia superiores a los de individuos de otras profesiones:    no las han encontrado. Las particularidades del científico dedicado están, eso    sí, en la esfera de la motivación. Esa motivación hace poner en tensión sostenidamente,    tenazmente, obstinadamente sus normales recursos intelectuales, y movilizarlos    una y otra vez por encima de cada frustración. Hace falta una especial percepción    del mundo, de su lugar en él, del sentido de la vida y del valor de los deberes,    para un esfuerzo de esa envergadura. ¿Y qué es la cultura sino la síntesis de    todo eso? </p>     <p>Una vez más, se trata de una reflexión que puede parecer abstracta, pero que    tiene enormes consecuencias prácticas: trabajemos sobre la motivación de quienes    portan talento; y veremos los resultados. También es un mandato martiano. En    una de sus cartas puede leerse que «...Ha de tenderse a desenvolver todo el    hombre, y no un lado de él». </p>     <p>Desarrollar la motivación; correcto. Pero, ¿motivación sobre qué? ¿Debe estar    motivado el científico por la necesidad de conocer? Seguramente. ¿Lo mueve el    afán de aportar al caudal de conocimientos de la humanidad? Con certeza que    sí. ¿Es suficiente esta motivación? Afirmamos que no lo es. Quizás fuese motivación    suficiente hace 200 años, o 100, pero no en la época actual.</p>     <p>La investigación científica es una tarea social: la hacen las colectividades    humanas a través de determinados individuos, no a la inversa como algunos aún    la describen, por cierto.</p>     <p> Siempre fue así, aunque quizás fuese menos evidente el carácter social de    la labor científica en el siglo XVIII. Pero en la época actual los crecientes    nexos de la ciencia con la economía, el bienestar material, la educación, la    cultura, la ética, la salud, hacen evidentes, en la vida real cotidiana, el    carácter de la ciencia no como obra aislada, válida en sí misma; sino como parte    de una obra social de mayor envergadura. Hacemos ciencia como parte y aporte    de un proyecto de sociedad, de una visión de cómo deben ser las cosas; como    expresión de compromiso con un futuro, que sabemos ella sola, no es capaz de    construir. Los científicos lo saben, aunque quizás muchos no se den cuenta de    que lo saben.</p>     <p> Ninguna «curiosidad de conocimiento» por muy necesaria que esta sea, puede    ser más motivante para el esfuerzo del científico, que la comprensión consciente    de su participación en la materialización de un proyecto de sociedad humana.    Ninguna expresión más completa puede tener la libertad del científico que la    conciencia de esta necesidad. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Reforcemos esto con acciones concretas.     <br>   En la prédica de José Martí hay una alta valorización de la ciencia para la    construcción de la sociedad que él vislumbraba y diseñaba. «La ciencia debe    eregirse como la religión de la nueva época» escribía; y a María Mantilla le    comentó en una carta esta expresión de síntesis de la ciencia y la cultura:    “[...] donde yo encuentro poesía mayor, es en los libros de ciencia». Pero a    partir de esta valorización, el ideario martiano sobre la ciencia es una clara    señal de alerta a nuestros pueblos, de advertencia, aquí también, de los peligros    que veía: el de no saber asimilar la ciencia universal, el de no vincular la    ciencia con la práctica social, el de convertirla en una función de élites.    Igualmente intuía el error de reducir la noción de creatividad científica a    la rigurosa aplicación del «método», en detrimento de su componente de imaginación    creativa, culturalmente condicionado y nos decía que: “[...] toda ciencia empieza    en la imaginación y no hay sabio sin el arte de imaginar, que es el de adivinar    y componer [...]», y que “[...] la imaginación es como una iluminadora, que    va delante del juicio, avivándole, para que vea lo que investiga [...]».</p> <h4>El triángulo ciencia-cultura-economía </h4>     <p>Después de comentar sobre los nexos crecientes entre la ciencia y la cultura,    completemos el triángulo con los nexos de ambas con la economía, en el sentido    de la reproducción ampliada de la vida material. </p>     <p>Nos adentramos en la era de la «economía guiada por el conocimiento», se ha    dicho y repetido. Con esta expresión se quiere captar un conjunto de tendencias    tales como: la reducción del tiempo de obsolescencia de los productos que se    comercian y por tanto la creciente necesidad de renovarlos, es decir, de innovar;    el aumento del componente «conocimiento» –valor de la tecnología, know-how,    calificación de la fuerza de trabajo– en el costo de los productos, en comparación    con el costo de los materiales componentes –nótese el peso del componente “conocimiento”    en el costo de producción de un medicamento nuevo o una computadora–; el incremento    del comercio de «bienes intangibles» –patentes, tecnologías, derechos de marca,    consultorías, proyectos, etc.–; el reforzamiento de los sistemas de protección    de propiedad intelectual y otras. Como veremos más adelante, algunos de estos    procesos se relacionan con uno más profundo, que es un cambio en la forma en    que el capitalismo garantiza la apropiación privada de los resultados del trabajo    social. Estos procesos están presentes en todos los sectores de la producción    y los servicios, pero son más evidentes en algunos sectores llamados «de alta    tecnología», caracterizados por altos costos de su mano de obra calificada y    del proceso de investigación-desarrollo permanente que demandan: se trata de    la Biotecnología, la fabricación de computadoras, la industria del software,    los sistemas de producción automatizados, la industria farmacéutica, las telecomunicaciones,    los polímeros y plásticos de alta tecnología, los nuevos materiales, la industria    aeroespacial, la microelectrónica y otros. </p>     <p>En estos sectores se hacen fuertes las naciones industrializadas, mientras    que «exportan» a otras naciones las tecnologías de la ola anterior. Lo que está    realmente ocurriendo en aquellos sectores de alta tecnología es un corrimiento    del centro de gravedad de la competitividad, situado antes en la capacidad tecnológica    de aplicar el conocimiento disponible; y que se sitúa ahora cada vez más en    la capacidad de generar conocimiento nuevo. </p>     <p>Es un asunto de velocidades relativas: mientras era lenta la velocidad de aplicación    práctica del conocimiento, esta velocidad fue el factor determinante de todo    el proceso. Pero en una época en que los conocimientos se aplican a la producción    casi instantáneamente, el factor determinante, y la ventaja competitiva, está    en la generación de conocimientos.</p>     <p>Las transacciones económicas siempre han sido en última instancia transacciones    culturales. Se cambian los recursos –la capacidad adquisitiva– del comprador,    por la capacidad de «resolver un problema» que tiene el que vende. La mercancía    es el elemento material que media la transacción. Lo que está sucediendo últimamente    es que, siendo la transformación del conocimiento en producto tan expedita,    el objeto de la transacción económica es el conocimiento mismo. Y a medida que    empezamos a ver la transacción económica de esta manera, surge una nueva visión    de la empresa que la define como «una suma de conocimientos» articulados para    un propósito específico. </p>     <p>Puede esto parecer exagerado, privativo de casos particulares, futurista antes    de tiempo, y todo lo que se quiera decir; pero esa es la tendencia. </p>     <p>En su ensayo sobre la nueva economía titulado «La Tercera Ola», A. Toffler    llegó a la conclusión de que: «en la civilización de la tercera ola, la materia    prima más básica de todas es la información; incluyendo a la imaginación».<span class="superscript">1    </span></p>     <p>Así, la viabilidad a largo plazo de los sistemas económicos –a nivel de empresa,    o de nación, o de grupo regional de naciones– se relaciona con la capacidad    de generación de conocimiento que estos sean capaces de instalar y mantener.  </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>¿Cómo influye la capacidad de investigación científica en la viabilidad económica    de las naciones? ¿Cómo influye la cultura en la motivación y la capacidad creativa    del sistema de ciencia y técnica; y de la producción misma? ¿Qué mecanismos    económicos pueden sostener eficientemente el desarrollo de la ciencia y de la    cultura? </p>     <p>¿Cómo en fin, pueden potenciarse recíprocamente las tres? Una vez más, hay    más preguntas que respuestas; pero ya hemos visto que lo esencial es encontrar    las buenas preguntas, y estas radican en el centro del triángulo que forman    la ciencia, la cultura y la economía. Hacia una nueva teoría de las ventajas    competitivas Hace varios años se publicó un libro –M. Porter: La Ventaja Competitiva    de las Naciones– que influyó mucho en el pensamiento económico. </p>     <p>Se exponía en él una teoría según la cual, la interacción de diferentes factores,    iba conformando para cada nación un área de «ventaja competitiva» para la producción,    en determinados sectores, y para otras naciones en otros sectores. Tal es el    caso de la elaboración de productos químicos en Alemania, farmacéuticos y servicios    financieros en Suiza, camiones pesados y equipos de minería en Suecia, ordenadores    y Software en Norteamérica, maquinaria de envasado en Italia, electrónica de    consumo en Japón. </p>     <p>Cada nación debería encontrar su zona de ventaja competitiva y explotarla al    máximo, sin pretender competir en todos los sectores. El análisis de Porter    se concentraba en las ventajas competitivas para la producción de bienes y servicios.  </p>     <p>Ahora bien, si las predicciones de la sección precedente son correctas: ¿Qué    sucederá cuando el principal determinante de la eficiencia económica sea la    capacidad de generación de conocimientos? ¿Existen «ventajas competitivas» para    la generación de conocimientos? Esta es la pregunta central y más importante    de todo este conjunto de ideas; la que haríamos si se nos permitiese hacer solamente    una.</p>     <p>La visión de la ciencia como fenómeno racional, objetivo, extracultural y supranacional    de acumulación lineal de conocimientos, respondería negativamente a la pregunta,    y concluiría que la ciencia se hace igual en todas partes, en función de la    inversión de recursos humanos y materiales que se haga en ella. No comparto    esta visión, en primer lugar porque la considero equivocada, pero además, porque    ofrece muy pocas oportunidades a los países pequeños en lucha por su desarrollo.  </p>     <p>Como alternativa, la visión de la ciencia como un componente del complejo proceso    de aprehensión y representación de la realidad, integrado con muchos otros componentes    de la cultura, nos sugiere que sí, que podemos encontrar áreas de ventaja en    la producción de conocimientos, aún para las naciones de menor desarrollo. </p>     <p>La conclusión que se desprende obviamente de este razonamiento es que, si las    ventajas competitivas existen, ellas se encuentran en el campo de la cultura    de las naciones.</p>     <p>Tales ventajas dependerán del sistema de ideas, imágenes, valores e influencias    sociales, que la cultura construya para cada individuo y para cada colectivo    de individuos que practica la ciencia, o que utiliza creadoramente sus resultados;    y que le aporte motivación, audacia, tenacidad, puntos de referencia en la propia    tradición cultural y científica nacional, conocimiento tácito, analogías con    situaciones cercanas en que basar la creatividad, enfoques alternativos a los    mismos problemas que investigan otros colectivos científicos; articulaciones    con otros sectores de la actividad social de donde extraer problemas e ideas    o por donde aplicar eficazmente los resultados y muchas otras cosas que pudiéramos    seguir enumerando.</p>     <p>No se trata de hacer aquí y ahora, el esfuerzo de identificación de todos los    determinantes culturales de la productividad científica, e identificar aquellos    que pueden ser más fértiles en el contexto sociocultural cubano. Esto debe ser    tarea de mucha gente, y quizás tome mucho tiempo. Se trata por ahora solamente    de exponer la idea central de que los principales factores determinantes de    la productividad científica hay que buscarlos fuera del sector que tradicionalmente    hemos llamado de «ciencia y técnica»; y que ellos dependen del contexto cultural    e ideológico dentro del cual la ciencia opera. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Aquí de nuevo hay que reiterar que la teoría se hace para extraer sus consecuencias    prácticas; y la consecuencia que trae esta idea es que tenemos que reforzar,    con diseño estratégico y acciones concretas, las ricas influencias que el acervo    cultural (influyendo el político-ideológico) acumulado históricamente en Cuba    puede ejercer sobre el sector científico. Se trata además, de un proceso en    las dos direcciones: la práctica de la investigación científica es ya en nuestro    país una parte no pequeña de la práctica social. Ella debe hacer su aporte también    a la cultura cubana, y quienes tienen a su cargo realizar y/o conducir lo principal    del trabajo cultural tienen por delante una tarea importante en captar, reflejar,    expresar y en fin integrar a la cultura espiritual y artística cubana esta parte    emergente de nuestra realidad. Será sin duda un intercambio muy enriquecedor.  </p> <h4>Nacionalidad y universalidad en el trabajo científico </h4>     <p>Ciencia y soberanía se influyen mutuamente. En un artículo anterior –A. Lage:    Ciencia y Soberanía; los retos y las oportunidades. Compilador Sela, 1995– argumentamos    cómo en las próximas décadas, la capacidad autónoma de creación y aplicación    social de nuevos conocimientos será cada vez más un requisito indispensable    de la viabilidad económica –y en última instancia política– de las naciones.    Hasta que el planeta no sea realmente la patria comunista de la humanidad, la    contradicción explotación versus defensa de la soberanía continuará operando,    y las batallas se librarán precisamente en los campos más determinantes para    la reproducción ampliada de la vida material: en una época fue el acceso a las    rutas de comercio, luego el acceso a las fuentes de materia prima, después la    propiedad de las instalaciones industriales; y más recientemente la protección    de los mercados y el acceso a las tecnologías. Es de preveer que la generación    y control del conocimiento sea el nuevo campo de batalla donde el capitalismo    exprese su condición de generador de hostilidad entre los hombres. En este campo    habrá que luchar, expropiar, redistribuir y vencer. Así sirve el desarrollo    científico a la causa de la soberanía nacional. </p>     <p>Ahora, en este trabajo, tratamos el mismo problema en la dirección inversa,    es decir, la necesidad de una sólida identidad y cultura nacional –de la identificación    con ella de los científicos– para que el propio trabajo científico pueda ser    productivo. Siempre hemos sabido de la necesidad de una cultura nacional, una    literatura nacional e incluso un carácter nacional del proceso educativo. En    la esfera de la ciencia para muchos las cosas han estado menos claras y no ha    faltado quien haya caído en la trampa de la «universalidad» mal interpretada    como pérdida de las raíces. </p>     <p>A medida que profundizamos en el estudio de los nexos entre la ciencia y la    cultura, se hace evidente que también en la ciencia el aporte universal solo    es posible a partir de las raíces nacionales. La creación científica es una    tarea de los colectivos humanos, no solo de los individuos; y el nivel de integración,    comunicación y funcionalidad de los colectivos también forma parte de la eficiencia.    Las propias «intuiciones» de los científicos, no son realmente individuales    –aunque alguien siempre las exprese primero–, sino resultado de una compleja    interacción de imágenes y analogías compartidas por un grupo, cuya riqueza no    puede reducirse al intercambio de piezas racionales de información verificable.</p>     <p> Por último en este punto es necesario precisar –para muchos será evidente–    que esta insistencia en la importancia de hacer ciencia desde cada cultura y    en integración con ella, no parte solamente del ideal de defensa de la soberanía    nacional –que contiene en sí poderosas razones éticas–, sino que parte también    de la convicción de que es esta la mejor manera de aportar al conocimiento científico    universal.</p>     <p> La concentración geográfica de la ciencia en pocos países –actualmente los    países que conforman el 75 % de la humanidad tienen menos del 25 % de los científicos–    y la estandarización de sus procedimientos y juicios de valor no benefician    a nadie; ni siquiera a los países más desarrollados. En última instancia, acabará    por empobrecer la creatividad. Y es que el conocimiento avanza no solo por aparición    de piezas de conocimiento completamente nuevas, sino por «recombinación de conocimientos»    y de aproximaciones al mismo problema, que contienen en sí una fuente de innovación.</p>     <p> En su obra clásica de filosofía de las ciencias –La Estructura de las Revoluciones    Científicas, 1962– Thomas Kuhn explicaba como la llamada «ciencia normal» funciona    dentro del contexto de un conjunto de ideas compartidas por una comunidad científica    –los «paradigmas»– y como la acumulación de anomalías no previstas por los paradigmas    va condicionando la sustitución de estos. La sensibilidad de las comunidades    científicas a los problemas posibles, el sistema de valores que les da importancia,    la capacidad de percepción y reacción a las anomalías, la elección entre paradigmas    en competencia, son fenómenos culturales complejos, que no son susceptibles    de análisis con los propios criterios de la ciencia normal. </p>     <p>La diversidad de estos enfoques es lo que debemos buscar; no su estandarización.  </p> <h4>La colisión del capitalismo con el futuro </h4>     <p>¿Es compatible el capitalismo con la economía basada en el conocimiento? Impera    en la mayor parte del mundo un sistema –ya viejo– de relaciones entre los hombres    basado en la propiedad privada sobre los medios de producción. Esta defensa    de la propiedad es más intensa mientras más fundamentales sean los medios de    producción. Estos medios de producción se convierten en capital y el capital    se acumula y se amplía con la apropiación también privada de la plusvalía que    genera el trabajo social. Así funciona el sistema.</p>     <p>¿Qué pasará cuando el factor fundamental de la producción sea el conocimiento    y la capacidad de creación de conocimiento? ¿Es esto apropiable? </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Para enfrentar este desafío los ideólogos del capitalismo han inventado el    concepto de "propiedad intelectual" –las patentes, las marcas, los secretos    industriales, etc.– y acaban de imponer al mundo su reconocimiento universal    en los acuerdos TRIPs (Trade Related Intellectual Property) resultado de la    última "Ronda Uruguay" del acuerdo GATT; y ahí está la Organización Mundial    de Comercio para vigilar su aplicación. Es como imponer el reconocimiento de    la "propiedad privada sobre el conocimiento", precisamente el producto cuyo    origen social es más claramente evidente. Y ya estamos presenciando la multiplicación    de los conflictos, en el área de la Biotecnología, de la Informática, de los    recursos de la biodiversidad y en otras muchas, porque sencillamente, el sistema    no funciona. </p>     <p>Nadie puede "poseer" todo lo necesario para fabricar conocimiento: este es    un "producto" de la cultura. </p>     <p>La lógica del sistema de patentes es la del "Retorno de la Inversión", un intento    de aplicar las leyes del mercado a los productos de la investigación científica.    ¿Y en la medida que se hagan más evidentes –como sucederá– los nexos de la productividad    científica con el acervo cultural, ¿a quién debe retornar la inversión en la    creación de cultura? </p>     <p>El sistema productivo de la economía del conocimiento tendrá una cantidad enorme    de "externalidades económicas", factores sociales determinadores de la productividad    que la empresa utiliza sin pagar por ellos. De hecho serán lo que hoy consideramos    "externalidades complementarias" –el conocimiento disponible, la preparación    de la gente, la motivación, el entorno social, etc.– el factor principal de    la competitividad. </p>     <p>Estos conflictos que vemos en la aplicación del sistema de patentes a los sectores    de alta tecnología nos están indicando que lo que falla no es el sistema de    patentes en sí, sino el sistema más amplio de propiedad de los medios y apropiación    del resultado del trabajo, que le dio origen. </p>     <p>En la medida en que la productividad dependa más de componentes sociales inapropiables    como el conocimiento y la cultura, se hará más evidente y aguda la contradicción    entre el carácter social de la producción y el carácter privado de la apropiación.  </p>     <p>Lo estamos viendo ya en los conflictos de propiedad intelectual que proliferan    en la Biotecnología –es el área que conozco mejor, pero hay ejemplos de otros    campos– que en muchos casos tienen el efecto de posponer la implantación práctica    de los resultados de la investigación, limitar el acceso a los productos, disuadir    del inicio de proyectos de investigación que tengan potencialmente conflicto    de propiedad, aumentar los costos de inversión en la creación de capacidad científica,    disparar los gastos en servicios no productivos y otros.</p>     <p> El sistema de privatización del conocimiento no solo es injusto e inmoral;    si no que es también infuncional; y terminará siendo un sistema de relaciones    que frene el desarrollo de las fuerzas productivas. Leamos otra vez a Carlos    Marx.</p>     <p>El capitalismo chocará con el futuro. Quedaría por discutir aquí que es lo    que tenemos que hacer para acelerar la colisión. Pero ello es materia de otro    artículo, y probablemente de otros autores.</p> <h4>Qué hacer</h4>     <p>Plagio el título de una obra de Lenin para recordarnos siempre entre nosotros    mismos, que los análisis no se hacen como monumentos a contemplar, sino como    herramientas a utilizar. En términos prácticos, ¿a dónde nos conducen estas    reflexiones sobre los nexos entre la ciencia, la cultura y la economía? Ante    todo a que tenemos que:</p> <ul>       ]]></body>
<body><![CDATA[<li> Seguir profundizando en este tema para identificar y potenciar los elementos      de la cultura cubana que pueden tener mayor impacto en la creatividad científica,      la capacidad de innovación, la recombinación de conocimientos entre áreas      diferentes, la circulación y penetración del conocimiento dentro de la sociedad      y su transformación en aplicaciones; hacer explícito todo hallazgo en esta      indagación. </li>       <li> Seguir formando cuadros científicos. La ventaja competitiva está en la      gente; en su calidad, pero también en su cantidad. Con los datos publicados      de diferentes naciones puede construirse una línea casi recta de correlación      entre el número de científicos por habitante y el Producto Interno Bruto.      Cuba se separa de esta línea, al tener el PIB per cápita similar al de América      Latina, pero una cifra de científicos e ingenieros cercana a la de Europa      y cuatro veces superior a la de países de similar PIB. Esta "desviación" no      es una que haya que rectificar, sino más bien que amplificar; siempre que      sea económicamente sostenible. Las sociedades dirigidas por el mercado no      pueden sostener este desacoplamiento entre el PIB actual y la inversión en      recursos humanos para el futuro; la sociedad socialista cubana, sí puede.</li>       <li> Prepararnos para negociaciones económicas internacionales cada vez más      basadas en activos intangibles –proyectos en curso, patentes, cuadros, contexto      social, tecnologías, trabajo pretérito, etc.– La construcción de costos y      precios </li>       <li>sobre estos activos es muy compleja, aun desde su propia teoría; y también      lo son las negociaciones que los involucran. Tenemos que formar más especialistas      en los aspectos económicos y jurídicos de este tipo de negociación. </li>       <li> Continuar estudiando –ya hay compañeros capaces ocupándose de esto– las      especificidades de la experiencia del desarrollo científico-técnico cubano.      Hemos incorporado elementos de muchos modelos: del CNRS francés, de la Academia      de Ciencias de la URSS, de las empresas biotecnológicas norteamericanas y      otros; y esto no es malo –"injértese en nuestras repúblicas el mundo..."–      pero cada uno de estos modelos de organización y desarrollo tienen raíces      en las culturas que los originaron. La síntesis, en el crisol cultural cubano,      es lo que buscamos ahora. Por supuesto que la propia vida la está haciendo,      pero también necesitamos quien la analice, la estructure y la explique. ·      Estimular, de forma activa y programada, la circulación del conocimiento dentro      de la sociedad y la recombinación entre diferentes campos de la creación científica      y cultural. Cada vez que se nos crea un «compartimiento estanco», nos hace      daño y retrasa nuestro desarrollo. El valor del conocimiento radica tanto      en su volumen como en la intensidad de su circulación. </li>       <li> Intensificar la formación ideológica y cultural de nuestros científicos;      y preparar cada vez mejor un hombre que no solo sabe lo que hace, sino porqué      y para qué lo hace; y qué relaciones tiene su trabajo con la labor de muchos      otros; que haga suya la herencia de ideas y valores que entrega nuestra historia;      que comprenda su mundo, para ayudar mejor, a partir de este y a través de      este, a todo el mundo.</li>       <li> A muchas cosas más que no se hacen evidentes en una primera aproximación      al tema, pero que surgirán sin duda de la discusión. </li>     </ul>     <p>No se trata ahora de terminar un artículo que tuvo la pretensión de ser conceptual,    escribiendo un plan de tareas con fecha de cumplimiento y responsable; pero    sí he querido dejar señalado cómo pudieran las preocupaciones transformarse    en "ocupaciones.</p>     <p>" Todo esto es muy complejo y difícil. La dinámica interna del capitalismo    ha introducido a la humanidad en una absurda carrera de concentración de riquezas    y marginación de personas, que nadie sabe a donde va a conducir, ni si habrá    en el planeta suficiente conciencia y valores morales acumulados para revertir    el proceso. Pero hay que enfrentarse a eso, con valor y con ideas; aunque pueda    parecer imposible. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En una sesión del parlamento cubano en julio de 1998, anoté esta frase de una    intervención de Fidel Castro, con la que quiero concluir este trabajo: “Una    Revolución es una lucha contra lo imposible; y lo posible se alcanza siempre    luchando contra lo imposible”. </p> <h4>Bibliografía consultada </h4>     <!-- ref --><p>Bunge M. La Ciencia: su método y su filosofía. Editorial Sudamericana, Buenos    Aires, 1995. Castro F. Ciencia, Tecnología y Sociedad. Editora Política, La    Habana, 1991. Kuhn T. The Structure of Scientific Revolutions. University of    Chicago Press, Chicago, 1962. Martí J. Obras Completas. Editorial de Ciencias    Sociales, La Habana, 1991. Porter M. E. La Ventaja Competitiva de las Naciones.    Javier Vergara Editor s.a., Buenos Aires, 1991. Toffer A. The Third Wave. Pan    Books Ltd, London, 1981. ———. Powershift. Batam Press, London, 1990. <!-- ref -->    <!-- ref -->    <!-- ref -->    <!-- ref -->    <!-- ref -->    <!-- ref -->    <p>Recibido: 24 de mayo del 2001. Aprobado: 7 de junio del 2001. </p>     <p>Tomado de Cuba Socialista. 3ra época, número 20,2001:2-21. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> <a href="#autor">1 Lo destaca es del autor.</a><a name="cargo"></a></p>      ]]></body><back>
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