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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Apuntes para una historia de la traducción en Cuba (II)]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Remarks about the History of Translation in Cuba (II) By going through the history of translation in Cuba, the author relates how this activity has been developed in our island since the encounter of the two cultures until our days. Mainly focusing her balance on literary translation and upon the base of a periodicity established for the studying of Cuban literary evolution, she points out the characteristics of translation in our country in each of those periods (immediate interpreting/translation, of prevalence with some features of domain first and then of rebelliousness, till it became referral translation in which dependant features alternate). She provides relevant data !and in some cases curious data! to be able to follow this process started at the very first moments of the two culture encounter till the first years of the growing Republic. She devotes special attention to the profuse translating activity of our main writers and intellectuals in the XIX Century during which people like Heredia, Del Monte, Zenea and very significantly José Martí standed out as leading figures.]]></p></abstract>
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<kwd lng="es"><![CDATA[TRADUCCIÓN (PROCESO)]]></kwd>
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<kwd lng="es"><![CDATA[INTERPRETACIÓN]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[ <H3> SECCI&Oacute;N HIST&Oacute;RICA</H3>  <H2> Apuntes para una historia de la traducci&oacute;n en Cuba (II)</H2> <I>Dra. Lourdes Arencibia Rodr&iacute;guez<SUP>1</SUP></I> <OL>     <LI> Doctora en Filosof&iacute;a y Letras. Miembro de la Secci&oacute;n de Traducci&oacute;n Literaria de la UNEAC, del Ejecutivo Nacional de la ACTI y del Consejo de Edici&oacute;n de la revista <I>Hieronymus Complutensis</I> de la Universidad Complutense de Madrid.</LI>     </OL>  <H4> RESUMEN</H4> En esta incursi&oacute;n por la historia de la traducci&oacute;n en Cuba, la autora relaciona c&oacute;mo se ha desarrollado en nuestra isla esta actividad desde la &eacute;poca del descubrimiento hasta nuestros d&iacute;as. Centrado su balance principalmente en la traducci&oacute;n literaria, y sobre la base de una periodizaci&oacute;n establecida para los estudios de la evoluci&oacute;n literaria cubana, se&ntilde;ala cu&aacute;les han sido las caracter&iacute;sticas de la traducci&oacute;n en nuestro pa&iacute;s en cada uno de esos per&iacute;odos (interpretaci&oacute;n/traducci&oacute;n de inmediaci&oacute;n, de prevalencia, con rasgos de dominaci&oacute;n primero y luego de rebeld&iacute;a, hasta transformarse en traducci&oacute;n de referencia en la que alternan rasgos de dependencia). Aporta datos relevantes -y en ocasiones curiosos- para poder seguir este proceso iniciado desde los primeros momentos del encuentro de las dos culturas hasta los primeros a&ntilde;os de la rep&uacute;blica naciente. Especial atenci&oacute;n presta a la profusa actividad traductoral de nuestros principales escritores e intelectuales en el siglo xix, durante el cual, entre muchos otros, sobresalieron Heredia, Del Monte, Zenea, y muy significativamente Jos&eacute; Mart&iacute;, como figuras ce&ntilde;eras.      <P><I>Descritores:</I> TRADUCCI&Oacute;N (PROCESO)/historia; TRADUCTORES; INTERPRETACI&Oacute;N; TRADUCCI&Oacute;N LITERARIA; CUBA.      <P>Al igual que otras investigaciones con prop&oacute;sito similar, con el consecuente enfoque nacional que las acota, esta rese&ntilde;a hist&oacute;rica del quehacer de los traductores cubanos desde 1492 hasta principios del siglo xx, peca de determinadas limitaciones.      <P>En primer lugar, nuestros apuntes carecen de sentido cr&iacute;tico y tienen un car&aacute;cter eminentemente informativo, habida cuenta de que las posibilidades de acceder a los originales son muy desiguales. Hacer una valoraci&oacute;n de la obra individual en esas condiciones habr&iacute;a restado unidad y coherencia al estudio.      <P>Por dem&aacute;s, estos empe&ntilde;os rara vez consiguen ser exhaustivos y es m&aacute;s que probable que hayamos omitido trabajos meritorios. M&aacute;xime, cuando esta nueva versi&oacute;n de un ensayo nuestro sobre el mismo tema,<SUP>1</SUP> se ha ido completando aqu&iacute; con referencias a trabajos de traductores que, adem&aacute;s de escoger como textos/fuente la obra literaria de autores extranjeros en sus diversos g&eacute;neros, se dedicaron tambi&eacute;n a la traducci&oacute;n de textos pragm&aacute;ticos (obras did&aacute;cticas, hist&oacute;ricas, cient&iacute;ficas, etc.) que son, por lo com&uacute;n, de mayor extensi&oacute;n.      <P>Detenemos la investigaci&oacute;n a principios del siglo xx, para no aventurarnos en una etapa en la que la actividad traduccional en Cuba se institucionaliza y se torna una labor colectiva e, incluso, una actividad oficial. Sobre todo en los &uacute;ltimos cincuenta a&ntilde;os, que no as&iacute; en la primera mitad, lo que ha dado a este quehacer perfiles sociales muy particulares. Esto acrecienta, por ende, el riesgo de desconocer u omitir hechuras y autor&iacute;as que han pasado a ser pr&aacute;cticamente an&oacute;nimas. Nos prometemos, no obstante, una continuaci&oacute;n decorosa, cuando se propicie un pesquisaje m&aacute;s ordenado y objetivo que el que pudi&eacute;ramos efectuar ahora.      <P>Sugerimos dividir los per&iacute;odos de la historia de la traducci&oacute;n en consonancia con los de la historia de la literatura cubana que propone Jos&eacute; Antonio Portuondo,<SUP>2</SUP> a saber: <DIR>I. El Encuentro (1492-1510)      <P>II. La Conquista (1511-1536)      ]]></body>
<body><![CDATA[<P>III. La Factor&iacute;a (1537-1761)      <P>IV. La Colonia (1762-1909)      <P>V. La Rep&uacute;blica semicolonial (1910-1959)      <P>VI. La Rep&uacute;blica (1959)      <P>- Interpretaci&oacute;n/traducci&oacute;n de inmediaci&oacute;n.      <P>- Primeras manifestaciones de una interpretaci&oacute;n/traducci&oacute;n de prevalencia.      <P>- La traducci&oacute;n de prevalencia funciona en situaciones de: dominaci&oacute;n; rebeld&iacute;a.      <P>- Se va transformando en traducci&oacute;n de referencia que alterna con rasgos de dependencia.      <P>En el primer lugar que desembarcamos pude entender s&oacute;lo unas cuantas palabras del habla de la gente. Esto me entristeci&oacute;, puesto que yo quer&iacute;a serle m&aacute;s &uacute;til a Col&oacute;n que sirvi&eacute;ndole s&oacute;lo para friccionarlo, vaciar su bacinica y cuidar su ropa. Se enoj&oacute; tanto por eso, como se hab&iacute;a enojado cuando los cubanos no entendieron el habla jud&iacute;a de Luis; pero luego decidi&oacute; capturar a un hombre amistoso, que se acerc&oacute; a la nave en una canoa, y forzarlo a traducir. Era muy de Col&oacute;n hacer esto sin pensar que, como el hombre no hablaba castellano, le era menos &uacute;til que yo...</DIR> Cedric Belfrage<SUP>3</SUP>      <P>Si bien la traducci&oacute;n escrita en el Nuevo Continente es un hecho hist&oacute;rico documentable y, por ende, testimonial por excelencia de momentos diferentes de la evoluci&oacute;n del fen&oacute;meno ling&uuml;&iacute;stico iberoamericano y de nuestros contactos con otras lenguas y culturas, todas las modalidades de esta actividad comunicativa partieron all&iacute; de la cadena hablada.      ]]></body>
<body><![CDATA[<P>La cita que encabeza este trabajo nos introduce en el mundo de la comunicaci&oacute;n que vamos a llamar traducci&oacute;n de inmediaci&oacute;n que se manifiesta en el per&iacute;odo del Encuentro (1492-1510).      <P>El narrador Yayael, personaje de ficci&oacute;n, aunque bien pudo ser real, es un aborigen de Guanahani (Walting), isla del archipi&eacute;lago de las Yucayas, hoy Bahamas, que metido en la piel de un traductor-int&eacute;rprete, acompa&ntilde;&oacute; al Almirante en sus peripecias por el Caribe, ya que es sobradamente conocido que desde su primera escala en tierra americana utiliz&oacute; a un grupo de ind&iacute;genas como int&eacute;rpretes. Uno de ellos fue bautizado posteriormente como Diego Colomb y es el mismo cuya identidad pretende reivindicar Belfrage en su Nota a los colombinos y despu&eacute;s en el presunto manuscrito de fray Diego Lucero, fechado en C&oacute;rdoba en 1507, que figuran en la citada novela, aduciendo que Yayael y Diego Colomb son la misma persona. El segundo personaje que se menciona en la cita alcanza para los cubanos particular relevancia, porque debe su historicidad a haber sido el primer traductor-int&eacute;rprete al castellano que se desempe&ntilde;&oacute; en nuestra Isla, en 1492. Se llamaba Don Luis de Torres y era un jud&iacute;o converso que, adem&aacute;s del consabido lat&iacute;n, se daba ma&ntilde;as en &aacute;rabe, hebreo, griego y arameo, lenguas que tuvo que dejar a un lado en las Antillas y s&oacute;lo quedarse con las ma&ntilde;as para tratar de adiestrar a los nativos, quienes, seg&uacute;n cuenta la historia, m&aacute;s pronto que tarde tomaron su lugar y la palabra.      <P>En la traducci&oacute;n de inmediaci&oacute;n, destinada a funcionar sobre todo en situaciones de pura comunicaci&oacute;n, las lenguas que traban contacto tienen, por lo regular, un nivel de desarrollo escaso y desigual. En este caso particular, por un lado, se trataba del aruaco que, seg&uacute;n el antrop&oacute;logo Daniel G. Brinton, era el tronco ling&uuml;&iacute;stico m&aacute;s definido en Am&eacute;rica del Sur y, en aquella &eacute;poca, alcanzaba hasta las Yucayas o Bahamas, a poca distancia de la regi&oacute;n septentrional del continente. El propio Col&oacute;n, en el fragmento de su carta anunciadora del descubrimiento, impresa en Barcelona por Pedro Posa en 1493, relata que: en todas estas islas, non vide mucha diversidad [...] ni en la lengua, salvo que todos se entienden, que es cosa muy singular. Era evidente, empero, que los incipientes l&eacute;xicos antillanos no pod&iacute;an expresar una reflexi&oacute;n que fuera m&aacute;s all&aacute; del universo material circundante y que carec&iacute;a de vocablos para explicar una buena parte de los conceptos europeos. Pero, si bien el espa&ntilde;ol era m&aacute;s evolucionado que el aruaco, no hay que olvidar que proced&iacute;a de un lat&iacute;n ya degenerado, anterior a la gram&aacute;tica de Nebrija. La traducci&oacute;n de inmediaci&oacute;n era, pues, la &uacute;nica forma posible de establecer una especie de puente capaz de sortear la barrera transcultural. Por dem&aacute;s, el antecedente directo de Don Luis de Torres habr&iacute;a que buscarlo con certeza en la escuela de Toledo (1125-1151), donde pese a la escasa conciencia del idioma propio, traduc&iacute;an, al romance, como pod&iacute;an, del &aacute;rabe y del jud&iacute;o, no sin antes pasar por la censura de los revisores de castellano (Gerona, M. <I>Cualidades requeridas de la traducci&oacute;n documental</I>. Nueva York: Servicio de Traducci&oacute;n de la Organizaci&oacute;n de las Naciones Unidas, s/f:1-41. [mimeografiada]), que contribuy&oacute; en muy alta medida, sin embargo, al enriquecimiento de la lengua.      <P>Otro int&eacute;rprete de la &eacute;poca y, por cierto, el primer traductor negro conocido al espa&ntilde;ol y acaso el primer negro <I>brujo</I> que hubo en Cuba, fue Estevancio, mencionado por Alejo Carpentier<SUP>4</SUP> y por Fernando Ortiz.<SUP>5</SUP> Llevado por P&aacute;nfilo de Narv&aacute;ez a la Florida en 1527, permaneci&oacute; en suelo indio de la actual Texas, en uni&oacute;n de algunos supervivientes de la fracasada expedici&oacute;n, hasta 1539, y muri&oacute; a manos de los indios zuniz !quienes jam&aacute;s hab&iacute;an visto un negro! por utilizar una calabaza de valor ceremonial como instrumento de m&uacute;sica.      <P>A medida que la Conquista se consolidaba, con la conciencia cat&oacute;lica erigida en raz&oacute;n de ser de Espa&ntilde;a, en Cuba la traducci&oacute;n de inmediaci&oacute;n fue dando paso a la traducci&oacute;n de prevalencia, que otros autores llaman de imperio. Podr&iacute;a decirse que adquiere matices seg&uacute;n refleje una situaci&oacute;n de dominaci&oacute;n, como ocurre en la &eacute;poca de la Factor&iacute;a, cuando la Isla era una simple escala hacia las tierras m&aacute;s ricas del Continente, o una situaci&oacute;n de rebeld&iacute;a, en &eacute;pocas posteriores de la Colonia, &eacute;poca en la que, a la par con nuestras letras, fue naciendo tambi&eacute;n el anhelo independentista.      <P>De la primera etapa no abundan los ejemplos. En la precaria y dispersa producci&oacute;n literaria de la Isla, el proceso de integraci&oacute;n era lento y la vida, en general, una mera imitaci&oacute;n formal de la de la metr&oacute;poli. As&iacute; las cosas, y pese a que la imprenta se introdujo en Cuba desde principios del siglo xviii, y a que el folleto m&aacute;s antiguo que se conoce data de 1723, la primera traducci&oacute;n de que tenemos noticias fue la realizada por el obispo Pedro Agust&iacute;n Morell de Santa Cruz (1694-1768).      <P>Aunque el manuscrito de su obra inacabada (<I>Historia de la Isla y Catedral de Cuba</I>) no fue dado a la estampa hasta 1929 por la Academia de Historia de Cuba, se sabe que, para el primero de los dos vol&uacute;menes en que dividi&oacute; su obra, Morell tradujo del franc&eacute;s y resumi&oacute; los cap&iacute;tulos principales referentes al descubrimiento de Col&oacute;n y a las primeras etapas de la Conquista, de los cuatro primeros tomos de <I>L'Histoire de l'Isle Espagnole de Saint-Domingue</I> del padre Pierre Fran&ccedil;ois Xavier de Charlevoix, publicada en Par&iacute;s en 1730. Como en las partes de la obra de Morell que se conservan no se aclara que hab&iacute;a realizado dicha traducci&oacute;n para aprovechar los datos que la obra conten&iacute;a, fue acusado de plagio por Abiga&iacute;l Mej&iacute;a, cuyo padres, Juan Mej&iacute;a y Cotes, tradujo y tambi&eacute;n public&oacute; la obra de Charlevoix en varias separatas en la revista dominicana <I>Letras y Ciencias</I> (1892-1898), que dirig&iacute;a Federico Henr&iacute;quez y Carvajal. Henriquez Ure&ntilde;a opina que esta acusaci&oacute;n fue probablemente injusta, toda vez que Charlevoix era demasiado conocido en la &eacute;poca para que Morell intentase impunemente el plagio.<SUP>6</SUP>      <P>Jos&eacute; Juan Arrom refiere que otro traductor-arreglista de la &eacute;poca fue el habanero Santiago Pita, quien se inspir&oacute; en una versi&oacute;n del italiano que &eacute;l mismo realiz&oacute;, de la obra esc&eacute;nica en prosa de Giacinto Andrea Cicognini titulada <I>Il Principe Giardiniero</I>, para escribir una obra que con id&eacute;ntico t&iacute;tulo fue publicada en 1730 en Sevilla. Cabe destacar por estos a&ntilde;os la labor traductoral del m&aacute;s antiguo cl&eacute;rigo de su Majestad en las iglesias auxiliares y parroquiales de La Habana y cura rector de su Parroquial Mayor: Juan Bautista Barea (1744-1789), reconocido como el mejor orador sagrado de su tiempo. No s&oacute;lo tradujo a los Padres de la Iglesia (San Agust&iacute;n, San Ambrosio y San Bernardo), sino tambi&eacute;n discursos de Cicer&oacute;n, obras de Tertuliano y Floro, odas de Horacio y las historias griega y romana del abate Millet.      <P>La toma de La Habana por los ingleses (1762) marca un hito en la historia econ&oacute;mica y cultural de la Isla: el nacimiento de la Colonia. Ciertamente que en Cuba, desde los primeros tiempos, pero con m&aacute;s raz&oacute;n a&uacute;n en el per&iacute;odo colonial !en el que nuestra dependencia de Espa&ntilde;a extend&iacute;a las relaciones de la Metr&oacute;poli y, por consiguiente, las nuestras, a otros pa&iacute;ses de Europa! debieron traducirse otros materiales, y que el traductor oficial o administrativo tuvo necesariamente un espacio para desempe&ntilde;arse sobre todo con la presencia de los ingleses durante un a&ntilde;o en La Habana. Sin embargo, la historia no suele hacer justicia a este trabajador an&oacute;nimo. Su obra, totalmente despersonalizada, carece de huellas.      <P>A finales del siglo xviii y por iniciativa de Don Luis de las Casas, se fund&oacute; El <I>Papel Peri&oacute;dico de La Havana</I> (1790), y en sus p&aacute;ginas aparece una traducci&oacute;n del ingl&eacute;s, sin referencia al autor, de la nOda a la soledado de Pope. A esta &eacute;poca pertenece la producci&oacute;n de tres figuras: Jose Agustin Caballero (1762-1835), quien se desempe&ntilde;aba fundamentalmente como traductor de textos hist&oacute;ricos y cient&iacute;ficos: De Sep&uacute;lveda acomete la traducci&oacute;n de <I>La Historia del Nuevo Mundo y en especial de M&eacute;xico</I> (del lat&iacute;n) y la correspondencia de ese autor con Melchor Cano (del franc&eacute;s); las <I>Lecciones preliminares del curso de estudios</I> del abate Condillac y <I>Philosophia electiva</I>, transcripci&oacute;n del original del siglo xviii y versi&oacute;n castellana, (edici&oacute;n biling&uuml;e lat&iacute;n-espa&ntilde;ol) con introducci&oacute;n y notas de Jenaro Artiles; y la novela <I>Cartas de Milady Julieta Castelvi a su amiga Milady Henriqueta Compley</I> (del ingl&eacute;s); Jos&eacute; Maria Callejas y Anaya (1772-1833), quien al morir, v&iacute;ctima de una epidemia de c&oacute;lera, trabajaba en un <I>Diccionario enciclop&eacute;dico militar</I>; y Ventura Pascual Ferrer (1772-1851), quien tiene a su haber versiones del lat&iacute;n, franc&eacute;s e italiano.      ]]></body>
<body><![CDATA[<P>Si bien en un trabajo que aborda un tema tan espec&iacute;fico no cabr&iacute;a extenderse en an&aacute;lisis de otra magnitud, ser&iacute;a impensable soslayar la importancia y el peso que la Colonia tuvo en todos los &oacute;rdenes para la Isla, aunque s&oacute;lo fuera para subrayar que justamente en aquellos a&ntilde;os se gest&oacute; la nacionalidad cubana y se sentaron las bases de su cultura.      <P>Desde dos siglos atr&aacute;s, la Isla ven&iacute;a siendo un crisol donde como [incubada] en un ambiente familiar, del trato de las familias se forjaba la simiente, sin asistencia a instituciones sino brotada de sus propias exigencias autodidactas.<SUP>7</SUP>      <P>El siglo xix, que da paso a una &eacute;poca que ve su estructura social y cultural conmovida en sus cimientos por la industrializaci&oacute;n y por el triunfo cultural de la burgues&iacute;a es, en todas partes, un per&iacute;odo clave para la traducci&oacute;n. En Occidente se traduce todo y de todos los idiomas. Cuba no es ajena a ese movimiento. De manera que en el siglo xix, la traducci&oacute;n en la Isla alcanza uno de sus momentos m&aacute;s activos como veh&iacute;culo de acercamiento a otras culturas. No exagero al decir, al comprobar cu&aacute;n pr&oacute;diga fue esta &eacute;poca en traductores de relieve intelectual, que aquellos cultivadores del g&eacute;nero consideraron la traducci&oacute;n como una actividad asociada al prestigio cultural de quien la ejerc&iacute;a y no solo un <I>modus vivendi</I>.      <P>Los creadores del xix, exponentes elocuentes de ese quehacer generacional de formaci&oacute;n y b&uacute;squeda de ra&iacute;ces y de identidad que no pod&iacute;a sino asomarse, exhibieron todav&iacute;a una producci&oacute;n desigual, no exenta de limitaciones est&eacute;ticas. Los rasgos imitativos y poco selectivos de algunas de sus manifestaciones !y la traducci&oacute;n era una de ellas! se calcaron de las modas y tendencias euroc&eacute;ntricas y norteamericanas devenidas en autoridad. Por eso la cr&iacute;tica no les suele conceder visado de perennidad. No tanto por su factura, sino por ausencia de originalidad. Pero, a medida que corr&iacute;a el siglo, permeados primero de un neoclasicismo decadente y m&aacute;s tarde, desde las filas de un romanticismo declarado o abrazando un modernismo incipiente, los traductores mayores y menores, creadores en s&iacute; mismos, cultos y populares, en la patria o el destierro, fueron transitando por las corrientes literarias de su siglo, sin proponerse, sin embargo, la europeizaci&oacute;n de nuestro continente y dejaron una impronta que empezaba a ser <I>criolla</I> en nuestra joven literatura.      <P>Los autores/traductores eran gente formada e informada que en su mayor&iacute;a tuvo la oportunidad de viajar y muchas veces de establecerse por cierto tiempo en el extranjero !fundamentalmente en Europa y los Estados Unidos!, casi siempre movidos por afanes separatistas y emancipadores, de suerte que, por estudio o por vivencia, conocieron varias lenguas y se relacionaron con otras culturas. El periodismo tampoco les fue ajeno. Y en un ambiente de tertulia, aglutinados en torno a determinadas figuras ce&ntilde;eras, aquellos hombres y mujeres de su tiempo !en La Habana y en provincias! solieron compartir, como testigos y actores, ideas reformistas primero, separatistas m&aacute;s tarde, e independentistas por fin, am&eacute;n de reflexiones y creaciones con lo mejor de su generaci&oacute;n. De suerte que cualquier estudio sobre lo que se tradujo, c&oacute;mo se tradujo y qui&eacute;n lo tradujo en el siglo xix en la Mayor de las Antillas !o en el extranjero sobre todo tema que interesara a los cubanos de la &eacute;poca y particularmente a aquellos que vivieron y participaron de una vida cultural y sociopol&iacute;tica intensa en el per&iacute;odo que abarca desde la fundaci&oacute;n de <I>El</I> <I>Papel Peri&oacute;dico</I> hasta las primeras cr&oacute;nicas salidas de la pluma de nuestro Jos&eacute; Mart&iacute;, a finales del siglo! no puede soslayar el papel desempe&ntilde;ado en la Isla por las tertulias literarias que animaron primero Domingo del Monte y Aponte y Jos&eacute; de la Luz y Caballero m&aacute;s tarde.<SUP>8</SUP>      <P>No ser&iacute;a exagerado decir que para esta hornada de humanistas, que fueron intelectuales del primer mundo nacidos en el subdesarrollo, la traducci&oacute;n fue una necesidad, a juzgar por la frecuencia del quehacer y la talla de los hacedores. Huelga se&ntilde;alar que se trataba de una traducci&oacute;n de prevalencia, donde, como su nombre lo indica, priman el genio y las estructuras de la lengua de partida, subordinada a los patrones de la &eacute;poca; que el diapas&oacute;n de autores no era muy amplio, m&aacute;s bien repetitivo, ni variada la tem&aacute;tica, y que las principales motivaciones se vinculaban a la docencia, al teatro y a la divulgaci&oacute;n literaria. Pero &eacute;ste no era s&oacute;lo un fen&oacute;meno cubano, fue caracter&iacute;stico de la traducci&oacute;n del siglo xix. Las fuentes m&aacute;s importantes para investigar ese movimiento traduccional cubano del siglo xix en su conjunto, son, a nuestro juicio, las revistas que se editaban por suscripci&oacute;n, donde ten&iacute;an cabida muchas de estas producciones; el <I>Cent&oacute;n epistolario</I> de Domingo del Monte, y las cr&oacute;nicas period&iacute;sticas, cuadernos de apuntes y correspondencia de Jos&eacute; Mart&iacute;, compilada en sus <I>Obras completas</I>.      <P>Encabeza este per&iacute;odo que llega hasta los albores del siglo xx, o sea, hasta la Rep&uacute;blica semicolonial, la figura del santiaguero Jos&eacute; Mar&iacute;a Heredia y Heredia (1803-1839), una de las personalidades m&aacute;s sobresalientes de la poes&iacute;a rom&aacute;ntica americana, quien vivi&oacute; largo tiempo en M&eacute;xico, donde escribi&oacute; buena parte de su obra. Adem&aacute;s de gran poeta, Heredia fue un pol&iacute;gloto notable; antes de los nueve a&ntilde;os ya compon&iacute;a estrofas y, en el seno de una familia de relevancia intelectual, se inici&oacute;, muy joven a&uacute;n, en el conocimiento de los cl&aacute;sicos y en los estudios human&iacute;sticos. Desarroll&oacute; de tal suerte esa afici&oacute;n que, antes de los diez a&ntilde;os, le&iacute;a, comentaba y traduc&iacute;a a Horacio y a otros poetas latinos. En un cuadernito de versos dedicado a su t&iacute;o Domingo !padre del autor de <I>Los Trofeos</I>! titulado <I>Ensayos po&eacute;ticos</I>, aparec&iacute;a la traducci&oacute;n de algunas f&aacute;bulas de Flori&aacute;n. Entre ellas se destaca por su calidad, sobre todo por tratarse de un traductor tan joven y precoz, la del fil&oacute;sofo y el b&uacute;ho.      <P>Heredia realiz&oacute; una copiosa faena como traductor. Am&eacute;n de haber trabajado numerosos poemas del lat&iacute;n, franc&eacute;s, italiano e ingl&eacute;s, lo hizo tambi&eacute;n con las novelas <I>Waverly</I> o <I>Ahora sesenta a&ntilde;os</I> de Walter Scott (M&eacute;xico: Impr. de Galv&aacute;n, 1833; 3 vols.); <I>El epic&uacute;reo</I> de Thomas Moore, del ingl&eacute;s, y varias obras de teatro del franc&eacute;s, algunas publicadas y llevadas a escena en vida de Heredia y otras despu&eacute;s de su muerte. Son &eacute;stas: <I>Sila</I>, tragedia en cinco actos de V.J.E. Jouy, (M&eacute;xico: Imp. de Alejandro Vald&eacute;s, 1825), representada con gran &eacute;xito en la funci&oacute;n onom&aacute;stica dedicada al presidente mexicano Guadalupe Victoria; <I>Tiberio</I>, de J.M.B. Chenier, tragedia en cinco actos, (M&eacute;xico: Imp. del Supremo Gobierno, en Palacio, 1829) y <I>Cayo Graco</I>, del mismo autor; <I>Pirro</I> y <I>Atreo</I>, ambas de Jolgot de Crebillon, esta &uacute;ltima estrenada en 1822 en el teatro de Matanzas; <I>Abufar o la familia &aacute;rabe</I>, de Ducis; <I>Sa&uacute;l</I>, de Alfieri; <I>El fanatismo</I>, de Voltaire y, presuntamente, <I>Los &uacute;ltimos romanos</I>.      <P>Abord&oacute;, asimismo, la traducci&oacute;n de textos no literarios: <I>Bosquejo de los viajes a&eacute;reos de Eugenia Roberston en Europa, los Estados Unidos y las Antillas</I>, de E. Roch (del franc&eacute;s) (M&eacute;xico: Imp. Galv&aacute;n, 1835). En 1826, acomete la traducci&oacute;n de los <I>Elementos de Historia</I> de Tytler, y que titul&oacute; <I>Historia universal</I> (Toluca: Imp. del Estado, 1831-1832; 4 t, 2 vol), de la que se hizo otra edici&oacute;n posteriormente, dirigida por Jos&eacute; A. Rodr&iacute;guez Garc&iacute;a (La Habana: Cuba Intelectual, 1915). Por dem&aacute;s, esa traducci&oacute;n a la que Heredia hace aportes originales, sirvi&oacute; de referencia para el texto que escribi&oacute; el profesor Jos&eacute; Mar&iacute;a de la Torre para su C&aacute;tedra de Historia en la Universidad de La Habana.      <P>Notable es la personalidad de Antonio Bachiller y Morales (1812-1889), traductor, por dem&aacute;s. En los Estados Unidos, pa&iacute;s donde reside durante diez a&ntilde;os como refugiado pol&iacute;tico, funda <I>The Magazine of the American History</I> y <I>The Scientific American</I>, entre otras publicaciones, y se desempe&ntilde;a tanto en la traducci&oacute;n literaria como en la cient&iacute;fico-t&eacute;cnica. Entre las primeras se cuentan <I>El campamento de las cruzadas</I>, drama de Adolphe Dumas; <I>Los celos deseados</I>, de Luis Stella (comedia); y entre las segundas, <I>Fisiolog&iacute;a e higiene de los hombres dedicados a trabajos literarios</I>, de Reveill&eacute; Parisse, y <I>Rudimentos de lengua latina</I>, de T. Rudinos.      ]]></body>
<body><![CDATA[<P>Gertrudis G&oacute;mez de Avellaneda (1814-1873), otra grande de las letras cubanas, fue una excelente traductora de Victor Hugo, Byron, Lamartine, Parny y del poeta portugu&eacute;s Augusto de Lima. Seg&uacute;n acota Lezama, no traduce la Avellaneda apeg&aacute;ndose al texto con precisi&oacute;n rigurosa, son como ella llama, imitaciones, var&iacute;a los metros, mejora muchas veces el original, les comunica alegr&iacute;a y valoro.<SUP>9</SUP> En sus versiones, aunque se manifieste la primac&iacute;a de la lengua de partida, hay rechazo a la copia servil del modelo.      <P>Al grupo femenino del diecinueve habr&iacute;a que incorporar a Aurelia Castillo de Gonz&aacute;lez (1842-1920) y a Mercedes Matamoros (1851-1906). A la primera se debe la versi&oacute;n fiel y ajustada de <I>La hija de Iorio</I>, de D'Annunzio, y algunas composiciones de Vittoria Agancor-Pompili, Ada Negri, Carducci, Lamartine, Fran&ccedil;ois Copp&eacute;, Fernand Gregh y Byron.      <P>Los primeros trabajos que dio a conocer la Matamoros, en 1878, fueron traducciones de Byron, Chenier y Longfellow. Henr&iacute;quez Ure&ntilde;a se&ntilde;ala que sus traducciones de las veintitr&eacute;s melod&iacute;as hebreas de Byron y las de los treinta y un <I>Cantos y baladas</I> de Thomas Moore fueron muy apreciadas. Tambi&eacute;n tradujo (en dos versiones) <I>La joven cautiva</I>, de Chenier, <I>El &aacute;guila y la paloma</I>, de Goethe y <I>Pegaso bajo el yugo</I>, de Schiller.      <P>Antonio y Eusebio Guiteras Font realizaron una notable labor pedag&oacute;gica que les incentiv&oacute; a traducir obras did&aacute;cticas y les conquist&oacute; un lugar aventajado en la relaci&oacute;n de traductores cubanos del xix. Eusebio (1823-1893) tradujo el <I>Catecismo de la misa</I> (1863) y un <I>M&eacute;todo pr&aacute;ctico para aprender la lengua francesa expresamente (sic) adaptado a la capacidad de los ni&ntilde;os</I> (1869). Tambi&eacute;n corrigi&oacute; una antigua versi&oacute;n espa&ntilde;ola de la Biblia y de <I>Enni Sacri</I>, de Manzoni.      <P>Por su parte, su hermano Antonio (1819-1901) fue traductor en versos libres de los cuatro primeros libros de <I>La Eneida</I> de Virgilio (Barcelona: Jaime Jes&uacute;s, 1885), como tambi&eacute;n hizo, por dem&aacute;s, entre otras traducciones del franc&eacute;s (<I>El cervecero del Rey de D'Arlincour</I> y <I>Las dos Dianas</I>, de Alejandro Dumas), Carlos Manuel de C&eacute;spedes (1819-1874). Algunos a&ntilde;os atr&aacute;s, ya hab&iacute;an aparecido fragmentos de ese trabajo sobre el cl&aacute;sico latino en un peri&oacute;dico de Madrid por gestiones de Domingo del Monte. Otros trozos se publicaron tambi&eacute;n en el <I>Aguinaldo de Luisa Molina</I>, <I>El Liceo de Matanzas</I>, <I>Revista de Cuba</I>, <I>El Ramillete</I> y la <I>Ilustraci&oacute;n Cubana</I> (Barcelona). La traducci&oacute;n de Guiteras concit&oacute; posteriormente elogios de la cr&iacute;tica cubana y extranjera: Guiseppe Favole Girande le dedica un art&iacute;culo titulado La Eneida traducida por un cubano, que vi&oacute; la luz en la <I>Revista Cubana</I>, La Habana, 1935;1:60-90, y (Heredia, &iquest;Nicol&aacute;s?), otro, con el t&iacute;tulo de La Eneida de Virgilio. Traducci&oacute;n en verso castellano por el se&ntilde;or Don Antonio Guiteras [...]o, dado a la estampa en <I>El Tip&oacute;grafo</I>, Matanzas, 13 de octubre, 1901; 1(36):10.      <P>Cabe hacer un aparte para otras dos parejas de hermanos traductores en el per&iacute;odo. Fueron &eacute;stos Jos&eacute; (1834-1900) y Juan Ignacio (1842-1889) de Armas y C&eacute;spedes, y Francisco (1836-1907) y Antonio Sell&eacute;n (1838- -1889).      <P>Los de Armas se anotaron los trabajos siguientes: Jos&eacute;, tradujo del franc&eacute;s: <I>Las orientales</I>, de Victor Hugo, y cultiv&oacute; la traducci&oacute;n inversa al ingl&eacute;s de obras de teatro de Calder&oacute;n. Por su parte, las dotes de Juan Ignacio se ponen a prueba con una obra jur&iacute;dica: <I>Derecho federal</I>, de John C. Calhoun, aparecida en Caracas en 1879.      <P>Max Henr&iacute;quez Ure&ntilde;a considera a los Sell&eacute;n: traductores escrupulosos de poetas de diferentes idiomas, y Jos&eacute; Mart&iacute; les dedica varias cr&oacute;nicas en 1889 y 1890, respectivamente. El m&aacute;s prolifero fue Antonio (1838-1889), que en 1877 public&oacute; cuatro poemas de Lord Byron: Parisina, El prisionero de Chill&oacute;n, Los lamentos del Tasso y La novia de Abydos. Posteriormente, trajo al espa&ntilde;ol al escritor sueco Isa&iacute;as T&eacute;gner, y al polaco Adam Mickiewicz, de quien dio a conocer en <I>La Revista Cubana</I> su poema en seis cantos <I>Conrado Wallenrod</I>. Sell&eacute;n tradujo asimismo a autores franceses. En <I>Ecos del Sena</I> se public&oacute;, en 1883, un florilegio de los rom&aacute;nticos m&aacute;s en boga, y en <I>La Revista Cubana</I> apareci&oacute; su versi&oacute;n de <I>La esperanza de Dios</I>, de Musset. Del ingl&eacute;s Edward Lytton Bulwer tradujo <I>Amor y orgullo</I> en 1886.      <P>No menos prolija es la actividad traduccional de Francisco (1836-1907), a quien se deben versiones de <I>Intermezzo l&iacute;rico</I>, de Heine, y del poema de Byron El Giaour. Por encargo de la editora Appleton !la misma donde Mart&iacute; se desempe&ntilde;&oacute; como traductor en Nueva York! puso en espa&ntilde;ol las novelas <I>Su cara mitad</I>, de F. Barret (1889), <I>La vida de un perill&aacute;n</I>, de Wilkie Collins (1892), <I>La letra escarlata</I>, de N. Hawthorne (1895), y <I>Plagiado</I> de R.L. Stevenson (1896). Los Sell&eacute;n compilaron en un tomo titulado <I>Ecos del Rhin</I>, (163 versiones de 38 poetas germanos! Tambi&eacute;n incursionaron en el g&eacute;nero teatral, sobre todo Francisco, quien tradujo del alem&aacute;n el drama en un acto de Z. Werner, <I>El 24 de febrero</I> (1864) y <I>El amor pintor</I>, comedia en un acto y en prosa de Moli&eacute;re (1856). Se&ntilde;alemos de paso, que la &uacute;nica obra teatral original de Francisco Sell&eacute;n que fue llevada a las tablas se represent&oacute; en ingl&eacute;s, en el Berckely Lyceum, en abril de 1893. Se titulaba <I>Las apuestas de Zuleica</I>, inspirada en una idea que desarroll&oacute; Balzac en su <I>Fisiolog&iacute;a del matrimonio</I>.      <P>Merecido espacio para los cultivadores de la traducci&oacute;n cient&iacute;fica o did&aacute;ctica merecen Esteban Borrero Echevarria (1849-1906), m&eacute;dico, farmac&eacute;utico y profesor, quien tradujo <I>Las instituciones antropol&oacute;gicas</I>, de Broca, y el <I>Tratado de aritm&eacute;tica</I> de Wentworth. Manuel Gonz&aacute;lez del Valle (1802-1884), junto con una puesta en verso castellano de la &oacute;pera <I>El barbero de Sevilla</I>, de Rossini, acomete la <I>Breve historia del proceso en lo criminal</I>, de Pagano y las <I>Relaciones del Derecho y de la Legislaci&oacute;n en la Econom&iacute;a</I>, de F. Rivet, publicada en Paris en 1864. Emilio Blanchet (1829-1915), pedagogo destacado y estudioso de las lenguas compil&oacute;, en su obra <I>Trozos de literatura francesa, con res&uacute;menes de historia literaria, notas, vocabularios de las palabras contenidas en el texto (sic) y &uacute;nicamente de las acepciones que all&aacute; tienen y un ap&eacute;ndice mercantil</I>, Barcelona, Imp. de S. Marrero, 1875, textos que demuestran que enfocaba esta actividad con profesionalismo y rigor. Asimismo, dej&oacute; in&eacute;dito un libro de epigramas e idiotismos franceses. Jos&eacute; del Perojo (1853-1908) se anota el m&eacute;rito de haber sido el primero que verti&oacute; al espa&ntilde;ol, directamente del alem&aacute;n, el texto completo de la <I>Cr&iacute;tica de la raz&oacute;n pura</I>, de Kant, y una <I>Historia de los or&iacute;genes de la filosof&iacute;a cr&iacute;tica</I> de Kuno Fischer !su amigo y maestro!, tambi&eacute;n del alem&aacute;n. Otro germanista destacado, el traductor Antonio Angulo y Heredia (1837-1875), sobrino de Jos&eacute; Mar&iacute;a, tiene en su haber <I>La campana</I>, de Schiller, y <I>Par&iacute;s en Am&eacute;rica</I>, del franc&eacute;s E. de Laboulaye. Miguel Teurbe Tol&oacute;n (1820-1870), a quien adem&aacute;s de haber puesto en espa&ntilde;ol <I>El sentido com&uacute;n</I> de Thomas Payne y un <I>Compendio de la Historia de los Estados Unidos</I>, de Enma Willard (New York, 1854), tambi&eacute;n le debemos una obra did&aacute;ctica sobre la traducci&oacute;n aparecida en Nueva York en 1852, titulada <I>The Elementary Spanish Reader and Translator</I>.      ]]></body>
<body><![CDATA[<P>Un espacio en este recuento merece tambi&eacute;n, aunque no haya sido propiamente un traductor, Nestor Ponce de Le&oacute;n, por la descollante obra de divulgaci&oacute;n de las letras iberoamericanas que desarroll&oacute; desde el exilio pol&iacute;tico en Nueva York en su casa editorial Monitor, una de las m&aacute;s importantes imprentas y librer&iacute;as de obras en castellano que existiera en el siglo xix en esa urbe estadounidense. Pero, adem&aacute;s, a N&eacute;stor Ponce de Le&oacute;n se debe el <I>Diccionario tecnol&oacute;gico ingl&eacute;s-espa&ntilde;ol y espa&ntilde;ol-ingl&eacute;s</I>, publicado en Nueva York en 1884, que Mart&iacute; califica de obra indispensable en la biblioteca de todo hombre moderno y herramienta de trabajo de valor para los traductores. Otro autor important&iacute;simo de obras de referencia y traductor por a&ntilde;adidura, !sobre todo de piezas de teatro!, es Francisco Calcagno (1827-1903), autor del c&eacute;lebre <I>Diccionario biogr&aacute;fico cubano</I>. A su factura se deben <I>Adriana Lecouvreur</I>, <I>Angelo, tirano de Padua</I>, de E. Scribe, por encargo de la casa editorial Baker y Godwin de Nueva York; y <I>Torquemada</I>, de Victor Hugo, que tuvo dos ediciones: en M&eacute;xico y en Barcelona. Ensay&oacute; tambi&eacute;n la traducci&oacute;n inversa y llev&oacute; al franc&eacute;s un proverbio dram&aacute;tico de C. Navarrete, en 1887.      <P>Juan Clemente Zenea (1832-1871) es otra figura destacada de las letras y de la traducci&oacute;n. Con &eacute;l presentamos una selecci&oacute;n de traductores de val&iacute;a cuyo desempe&ntilde;o pretendemos ilustrar con algunos trozos de su factura y cerrar el per&iacute;odo que dar&aacute; paso al de la Rep&uacute;blica semicolonial, con el que concluye tambi&eacute;n nuestro estudio.      <P>En Zenea/poeta, hay una huella muy fuerte de Musset. De &eacute;ste tradujo, y public&oacute; &iacute;ntegramente en <I>La Revista Habanera</I> (1862), su drama <I>Andrea del Sarto</I> y dos poemas: nAdieuo (1839), que apareci&oacute; en <I>Poesias de Cuba</I> (1855), y que tambi&eacute;n tradujo, por cierto, Jos&eacute; Antonio Cortina (<I>Revista de Cuba</I>, t 1, 1877) sin que ni el uno ni el otro le hicieran al original mucho favor, si bien la versi&oacute;n de Cortina es mejor que la de Zenea; y la eleg&iacute;a Lucieo, que el cubano incluy&oacute; en el segundo tomo de sus <I>Noches literarias en casa de Nicol&aacute;s Azc&aacute;rate</I> (1866) que, al decir del notable cr&iacute;tico de la &eacute;poca Enrique Pi&ntilde;eyro, es de excelente factura, pues el traductor supo reproducir de modo sorprendente, el ritmo deliciosamente melanc&oacute;lico del original de Alfredo Musseto. Por la comparaci&oacute;n de las dos estrofas que copiamos a rengl&oacute;n seguido, la primera de Musset y la segunda de Zenea, podr&aacute;n apreciarse las cualidades del traductor: <DIR>Paix profonde &agrave; ton &acirc;me, enfant, &agrave; ta m&eacute;moire      <P>Adieu ta blanche main sur le clavier d'ivoire,      <P>durant les nuits d'&eacute;t&eacute; ne voltigera pas...</DIR> (Musset) <DIR>&iexcl;Duerme por fin en paz! &iexcl;Duerme, angel m&iacute;o!      <P>&iexcl;Paz profunda a tu alma! &iexcl;Adios! Tu mano</DIR> Ya no m&aacute;s en las noches del est&iacute;o <DIR>Podr&aacute; vagar sobre el marfil del piano...</DIR> (Zenea)      <P>Zenea se ocup&oacute;, adem&aacute;s, con otros autores. De Lamartine tradujo un trozo de <I>Jocelyn</I> y dos poemitas: El iriso y En un &aacute;lbum; de Leopardi, las composiciones Desenga&ntilde;o e ninfinito; de Tennyson, el fragmento XVI del poema In memoriam; de William Cullen Bryant, La muerte de las flores; de Longfellow, La ventana abierta; del alem&aacute;n Gustav Pfizer, Los dos rizos, que Logfellow hab&iacute;a tambi&eacute;n traducido al ingl&eacute;s cambi&aacute;ndole el t&iacute;tulo; de Heine, algunas estrofas del <I>Intermezzo</I> que no poseen gran calidad y de Nicol&aacute;s-Bermain L&eacute;onard, poeta originario de la isla de Guadalupe, la composici&oacute;n Las Antillas.      <P>Jose Agustin Quintero (1829-1885) pertenece a la generaci&oacute;n de traductores de la evasi&oacute;n. La evasi&oacute;n de los poetas se realiza de m&uacute;ltiples formas, y una de ellas puede ser a trav&eacute;s del acercamiento o la imitaci&oacute;n a figuras de otras culturas. As&iacute; se manifiesta en ellos la producci&oacute;n que hemos llamado traducci&oacute;n de prevalencia con tendencia a la evasi&oacute;n.      <P>Desde ni&ntilde;o, Quintero aprendi&oacute; el ingl&eacute;s, lengua que lleg&oacute; a dominar como la suya propia, incluso para escribir en ella algunas de sus composiciones. Cultiv&oacute; la amistad personal de poetas de habla inglesa, entre ellos, Longfellow y Tennyson, y realiz&oacute; igualmente versiones del alem&aacute;n. Entre &eacute;stas se destaca uno de los sonetos llamados Geharnischte Sonette, que el alem&aacute;n Friedrich Ruckert public&oacute; en 1814 en su primera colecci&oacute;n de versos titulada <I>Deutsche Gedichte</I>. El soneto del alem&aacute;n, en forma de preguntas y respuestas comienza as&iacute;: <DIR>Was schmiedst du, Schmied? !Wir schmieden Ketten, Ketten! Ach, in die Ketten seid ihr selbst geschlagen...</DIR> Traducido textualmente todo el soneto, dice: <DIR>- &iquest;Qu&eacute; est&aacute;s fundiendo, herrero? ! Forjamos cadenas, cadenas.      <P>- &iexcl;Ay! Prisioneros en esas cadenas viv&iacute;s atormentados.      ]]></body>
<body><![CDATA[<P>- &iquest;Qu&eacute; cultivas, labrador? !La tierra que ha de brindarme sus frutos.      <P>- Si, para nuestros enemigos ser&aacute; el trigo; para vosotros, los labradores, los cardos.      <P>- &iquest;A qui&eacute;n enderezas tus tiros, cazador? !Quiero dar muerte al m&aacute;s gordo de los ciervos.      <P>- Igual que al ciervo y al corzo, a vosotros os cazan y persiguen.      <P>- &iquest;Qu&eacute; tejes, pescador? !Redes para los peces temerosos.      <P>- &iquest;Y de la red mortal en que sucumbes, qui&eacute;n podr&aacute; arrancarte?      <P>- &iquest;Qu&eacute; meces t&uacute;, madre insomne? !Mis ni&ntilde;os.      <P>- Si, para que crezcan al servicio de los enemigos, ofendan y maltraten su propia patria.      <P>- &iquest;Qu&eacute; escribes t&uacute;, poeta? !En letras de sangre inscribo mi verg&uuml;enza y la de mi pueblo, que no puede atreverse siquiera a pensar en su libertad</DIR> A su vez, la par&aacute;frasis de Quintero recoge en cuatro estrofas de cinco versos algunas de las preguntas de Ruckert, adapt&aacute;ndolas a la situaci&oacute;n de Cuba, y d&aacute;ndoles parecida respuesta: <DIR>- &iquest;Qu&eacute; trabajas, herrero? !Una cadena.      <P>- &iquest;Cadena que tal vez lleve un hermano!      ]]></body>
<body><![CDATA[<P>- &iquest;D&oacute;nde vas, pescador? !La mar serena mi red de hermosos peces ver&aacute; llena...      <P>- Ve, tr&aacute;elos al banquete del tirano.      <P>- &iquest;Qu&eacute; aras, labrador? !La tierra dura      <P>donde florecen el caf&eacute; y la ca&ntilde;a.      <P>- &iquest;Vana es tu industria; tu af&aacute;n locura!      <P>Para t&iacute; la fatiga y la amargura.      <P>&iexcl;El oro y las cosechas son de Espa&ntilde;a!      <P>- &iquest;Qu&eacute; corta, le&ntilde;ador, tu hacha pesada?      <P>- &iquest;&Aacute;rboles de vigor y pompa llenos!      <P>- &iquest;Detente, que la patria est&aacute; enlutada:      ]]></body>
<body><![CDATA[<P>a cada golpe de tu mano osada      <P>(hay un cadalso m&aacute;s y un &aacute;rbol menos!      <P>- Di, &iquest;qu&eacute; meces, mujer, en esa cuna?      <P>- &iexcl;Un ni&ntilde;o! En &eacute;l mis ojos siempre clavo.      <P>- Pese, oh madre infeliz, a tu fortuna, desvelada te encuentran sol y luna,      <P>y al fin le das al d&eacute;spota otro esclavo.</DIR> Diego Vicente Tejera (1829-1885) estaba particularmente dotado para la traducci&oacute;n. Colabor&oacute; en forma an&oacute;nima con la que hizo el venezolano Juan Antonio P&eacute;rez Bonalde, de <I>Das Buch der Lieder</I> (El libro de los cantares) de Heine que, hasta el presente, no tiene parang&oacute;n en lengua castellana e integr&oacute; un singular equipo de trabajo con el propio Bonalde y con Jos&eacute; Mart&iacute;, durante los a&ntilde;os que residieron los tres en Nueva York, para traducir del ingl&eacute;s al espa&ntilde;ol <I>Lalla Rookh</I> de Thomas Moore, cuyo texto nunca se ha hallado. Tambi&eacute;n tradujo magn&iacute;ficamente a Leopardi y dio a conocer en espa&ntilde;ol La romanza de Mignon de Goethe; La hoja de Arnaulto y El amanecer, de Longfellow. No obstante, su mejor traducci&oacute;n es la de los diecisiete <I>Cantos magiares</I> de Pet&ouml;fi y, de ellos, la de Mi voto, de la que reproducimos las dos &uacute;ltimas estrofas. Con ella Tejera quiso alentar el sentimiento de libertad de los cubanos de la &eacute;poca y por eso la dedica a Cuba: <DIR>&iexcl;La muerte, sable en mano, magn&iacute;fica, tremenda, cuando el clar&iacute;n vibrante reemplace el ruise&ntilde;or!      <P>&iexcl;Que el alma m&iacute;a, entonces, el libre vuelo emprenda!      <P>&iexcl;Que brote de mi pecho sangrienta y ancha flor!      <P>Y as&iacute; que el corcel m&iacute;o me lance entre el ramaje acude y besa al punto mis labios por piedad.      <P>&iexcl;Oh t&uacute;, que siempre fuiste mi amor rudo y salvaje!      ]]></body>
<body><![CDATA[<P>&iexcl;Oh casta hija del cielo, sublime Libertad!</DIR> Jos&eacute; Mart&iacute; (1853-1895). La talla universal de este gigante de las letras y el pensamiento americano y la autoridad y el prestigio de las plumas que a su obra le han dedicado cientos de miles de p&aacute;ginas de homenaje y reflexi&oacute;n en todos los continentes, hacen ociosa una presentaci&oacute;n que siempre habr&iacute;a quedado a la zaga del empe&ntilde;o. Su actividad como traductor a varios idiomas es en cambio no tan conocida, pese a que su vast&iacute;sima cultura y sus excepcionales dotes le permitieron abordar con ventaja g&eacute;neros, autores y asuntos muy variados.      <P>&nbsp;      <P>Cuadro general de las traducciones conocidas de Jos&eacute; Mart&iacute; <H4> TRADUCCI&Oacute;N LITERARIA*</H4> Poes&iacute;a (traducciones y versiones)      <P>A Mistery, de Lord Byron I-E. No se conserva.      <P>Canci&oacute;n, de Auguste Vacquerie. F-E. No se conserva.      <P>La rima, de Augusto de Armas. F-E.      <P>"Los dos pr&iacute;ncipes", de Helen Hunt Jackson. I-E.      <P>Adi&oacute;s, de Ralph Waldo Emerson. I-E.      <P>Annabel Lee, de Edgar Allan Poe. I-E.      <P>El cuervo, de Edgar Allan Poe. I-E. Inconclusa.      ]]></body>
<body><![CDATA[<P>No siempre es mayo, de Henry W. Longfellow. I-E.      <P>La canci&oacute;n de Hiawatha, de Henry W. Longfellow. I-E. Inconclusa.      <P>Lalla Rookh, de Thomas Moore. I-E. No se conserva.      <P>Oda a Delio, de Horacio. L-E. Dos versiones.      <P>A su lira, de Anacreonte. G-E. Leyenda:      <P>A las mujeres, de Anacreonte. G-E.I-E:      <P>Al amor, de Anacreonte. G-E.F-E:      <P>A la paloma, de Anacreonte. G-E.L-E;      <P>A s&iacute; mismo, de Anacreonte. G-E.L-E:      <P>Al vivir mi envidia, de Anacreonte. G-E.      ]]></body>
<body><![CDATA[<P>A una muchacha, de Anacreonte. G-E.      <P>A los amores de s&iacute; mismo, de Anacreonte. G-E.      <P>A la cigarra, de Anacreonte. G-E.      <P>Leyenda: I-E: ingl&eacute;s a espa&ntilde;ol; F-E: franc&eacute;s a espa&ntilde;ol; L-E: lat&iacute;n a espa&ntilde;ol; G-E: griego a espa&ntilde;ol.      <P>Prosa (traducciones y versiones)      <P><I>Mis hijos</I>, de Victor Hugo. F-E.      <P>Me&ntilde;ique, de Edouard de Laboulaye. F-E.      <P>El camar&oacute;n encantado (Cuento eslavo. No est&aacute; verificada la lengua/fuente.)      <P>Los dos ruise&ntilde;ores, de Hans Christian Andersen. (No est&aacute; registrada la len- gua/fuente.)      <P>La monta&ntilde;a y la ardilla, de Ralph Waldo Emerson. I-E.      ]]></body>
<body><![CDATA[<P>Un idilio de Pascua, de Andr&eacute; Th&eacute;uriet. F-E. No se conserva.      <P><I>Los trabajos y los d&iacute;as</I>, de Hes&iacute;odo. (En prosa po&eacute;tica). G-E.      <P><I>Ramona</I>, de Helen Hunt Jackson. I-E.      <P><I>Misterio</I>, de Hugh Conway. I-E.      <P><I>Atrocidades en Cuba</I>, de Lila Warig de Luaces. I-E. <H4> TRADUCCIONES DE TEXTOS NO LITERARIOS</H4> <I>Antig&uuml;edades griegas</I>, de J.H. Mahaffy. I-E.      <P><I>Antig&uuml;edades romanas</I>, de A.S. Wilkins. I-E.      <P><I>Nociones de l&oacute;gica</I>, de W. Stanley Jevons. <H4> REFLEXIONES TE&Oacute;RICAS SOBRE LA TRADUCCI&Oacute;N</H4> Pr&oacute;logo a <I>Mis hijos</I> (1875).      <P>Pr&oacute;logo a <I>Misterio</I> (1885).      <P>Comentarios sobre las traducciones de <I>Los Luis&iacute;adas</I>, de Luis de Camoens (1882)      <P>Cr&iacute;tica sobre la traducci&oacute;n de G. de Z&eacute;ndegui de H. Hjorth Boyensen (1887).      ]]></body>
<body><![CDATA[<P>Carta a Mar&iacute;a Mantilla de 9 de abril de 1895.      <P>Cualquier estudioso puede hallar sin dificultad estas traducciones en los tomos que especialmente las compilan de las varias ediciones que se han hecho de sus <I>Obras completas</I>, am&eacute;n de algunos ensayos que figuran en su bibliograf&iacute;a pasiva y ata&ntilde;en al tema. Creemos m&aacute;s interesante destacar sus opiniones sobre c&oacute;mo deb&iacute;a realizarse a cabalidad una actividad que abordaba personalmente con absoluto profesionalismo; que respetaba, como todo lo que hac&iacute;a; y cuyo saber adem&aacute;s pod&iacute;a transmitir con autoridad de ling&uuml;ista, vocaci&oacute;n de Maestro y ejemplaridad de Ap&oacute;stol. Para ello, nos referiremos a la carta que Mart&iacute; escribe a Mar&iacute;a Mantilla, desde Cabo Haitiano, el 9 de abril de 1895, semanas antes de morir.      <P>Creo que es dif&iacute;cil para un traductor, al retomar esta carta, no relacionarla con la nota introductoria que pone Mart&iacute; a la traducci&oacute;n que hace de <I>Mes fils</I> de V&iacute;ctor Hugo, publicada en la <I>Revista Universal</I>, de M&eacute;xico, el 17 de marzo de 1875 y que titula Traducir Mes fils. Y m&aacute;s dif&iacute;cil a&uacute;n, no establecer un paralelo entre los comentarios que hace Hugo en la citada obra sobre Fran&ccedil;ois Victor, uno de sus hijos, traductor de Shakespeare, y los consejos que Mart&iacute; da en la carta de referencia a su querida ni&ntilde;a.      <P>A este paralelo, donde Hugo y Mart&iacute; hablan de la traducci&oacute;n a trav&eacute;s de sus hijos, quisi&eacute;ramos dedicar nuestra reflexi&oacute;n final.      <P>Dice Mart&iacute; a Mar&iacute;a Mantilla: <DIR>Yo quiero que tu traduzcas en invierno o en verano, una p&aacute;gina por d&iacute;a; pero traducida de modo que la entiendas y que la puedan entender los dem&aacute;s, porque mi deseo es que este libro de historia quede puesto por t&iacute; en buen espa&ntilde;ol [...] a la vez que te sirva [...] a t&iacute;, para entender, entero y corto, el movimiento del mundo y poderlo ense&ntilde;ar [...].</DIR> Comenta Hugo de su hijo: <DIR>[...] traduce a Shakespeare, lo interpreta, lo comenta, lo hace accesible a todos [...]. Introducir a Shakespeare en Francia (qu&eacute; deber tan vasto( Y este deber &eacute;l lo acepta, a &eacute;l se obliga, en &eacute;l se encierra.</DIR> Prosigue Mart&iacute;: <DIR>En franc&eacute;s hay muchas palabras que no son necesarias en espa&ntilde;ol [...]. Es bueno que al mismo tiempo que traduzcas [...] leas un libro escrito en castellano &uacute;til y sencillo, para que tengas en el o&iacute;do y en el pensamiento la lengua en que escribas [...] Ve, pues, el cuidado con que hay que traducir [...] para que el libro no quede como tantos libros traducidos, en la misma lengua extra&ntilde;a en que estaba [...]</DIR> Y Hugo: <DIR>El ingl&eacute;s de Shakespeare no es el ingl&eacute;s de hoy: ha sido necesario superponer a este ingl&eacute;s del siglo diecis&eacute;is el franc&eacute;s del siglo diecinueve, especie de combate, de combate cuerpo a cuerpo de los dos idiomas: la aventura m&aacute;s terrible que pudiera acometer un traductor [...]</DIR> A&ntilde;ade el cubano: <DIR>La traducci&oacute;n ha de ser natural, para que parezca como si el libro hubiese sido escrito en la lengua a que lo traduces, que en eso se conocen las buenas traducciones [...].</DIR> Y observa el franc&eacute;s: <DIR>Ha puesto sobre Shakespeare la lengua francesa, y ha hecho pasar a trav&eacute;s de este calado inextricable de dos idiomas aplicados uno sobre otro, todo el brillo, toda la irradiaci&oacute;n de este genio [...].</DIR> Por dem&aacute;s, la coincidencia de criterios en cuanto a la manera de abordar la labor de restituci&oacute;n es absoluta. En los p&aacute;rrafos que presentamos a continuaci&oacute;n, ambos autores van de referirse al enfoque traduccional que hemos calificado de traducci&oacute;n de dependencia, pero lo hacen partiendo del &uacute;nico an&aacute;lisis en que la relaci&oacute;n entre el original y la restituci&oacute;n es v&aacute;lido y concebible para un profesional de la mediaci&oacute;n. No obstante, Hugo se acerca m&aacute;s, a nuestro entender, a lo que ya en pleno siglo xx se ha denominado traducci&oacute;n de referencia. Analicemos lo que expresan al respecto ambos escritores: <DIR>Traducir es transcribir de un idioma a otro !escribe Mart&iacute;! Yo creo m&aacute;s, yo creo que traducir es transpensar [...] traducir es pensar como &eacute;l, impensar, pensar en &eacute;l. El deber del traductor es conservar su propio idioma, y aqu&iacute; es imposible [...] Victor Hugo no escribe en franc&eacute;s: no puede traduc&iacute;rsele en espa&ntilde;ol. V&iacute;ctor Hugo escribe en V&iacute;ctor Hugo: (qu&eacute; cosa tan dif&iacute;cil traducirlo( [...]. De otros, traducir es pensar en espa&ntilde;ol lo que en su idioma ellos pensaron. De &eacute;l, traducir es pensar en la mayor cantidad de castellano posible lo que &eacute;l pens&oacute;, de la manera y en la forma que lo pens&oacute; &eacute;l, porque en V&iacute;ctor Hugo la idea es una idea y la forma otra. Su forma es parte de su obra, y un verdadero pensa miento: puesto que &eacute;l crea all&iacute;, o la traducci&oacute;n no ser&iacute;a una verdad, o en ella es preciso crear tambi&eacute;n. !Yo no lo he traducido, lo he copiado,! y creo que si no lo hubiera copiado, no 10:48 a.m. 19/04/2001lo hubiera traducido bien. He copiado sus escisiones, sus estructuras, sus repeticiones, su presunci&oacute;n, su ortograf&iacute;a [...]. !Y en todo, de &eacute;l traduje frases e ideas.! Traducir es estudiar, analizar, ahondar. Cav&eacute; en cuanto pude [...].      <P><I>He ah&iacute;, en efecto, a Shakespeare traducido. [...] Importa no perder nada de esta obra enorme [...] Para esto ha debido prodigar en cada frase, en cada verso, casi en cada palabra, una inagotable invenci&oacute;n de estilo. Para obra tal, es preciso que el traductor sea creador [...]. &Eacute;l es el escritor que era preciso [...] Escritor extra&ntilde;o y raro, un escritor que prueba su originalidad con una traducci&oacute;n. No le basta traducir [...] Es ling&uuml;ista, artista, gram&aacute;tico, erudito. Es docto y avisado. Siempre sabio, jam&aacute;s pedante. Asimila y coordina las diferencias, las notas, los prefacios, las explicaciones. [...] No tiene esta caverna inmensa un antro en que no penetre &eacute;l. Hace excavaciones en este genio [...].</I> (V&iacute;ctor Hugo. <I>Mes fils</I>.)</DIR> Cerramos con esta reflexi&oacute;n el per&iacute;odo que llega hasta la Rep&uacute;blica pseudocolonial y nuestro estudio. En el de !la Rep&uacute;blica! que corre hasta nuestros d&iacute;as, observamos una actividad menor de la traducci&oacute;n literaria cuyos cultivadores prefieren dedicarse a la creaci&oacute;n original en un proceso de asentamiento y consolidaci&oacute;n de la literatura nacional, en provecho de la traducci&oacute;n de textos pragm&aacute;ticos o utilitarios que alcanza, en cambio, un auge sin precedentes. Si bien la individualidad del traductor general se pierde en una faceta menos creadora del oficio, en el proceso de institucionalizaci&oacute;n de esa profesi&oacute;n, como se&ntilde;alamos al principio.      <P>Empieza a darse entonces con frecuencia mayor, un movimiento en sentido inverso: muchos autores cubanos son traducidos a otras lenguas No obstante, la obra traducida de los autores cubanos puede y debe desempe&ntilde;ar en las culturas de destino el papel de traducci&oacute;n de referencia. A las puertas de un nuevo milenio, la letra mediada puede y debe, transmitir ya resultados de aut&eacute;ntico sello americano para que alcance <I>esta potencia singular de enriquecer a un pueblo sin empobrecer al otro, de no extraviar lo que toman, y dar un genio a una naci&oacute;n sin quitarlo a su patria </I>(V&iacute;ctor Hugo, traducido por Jos&eacute; Mart&iacute;). <H4> ABSTRACT</H4> Remarks about the History of Translation in Cuba (II)      <P>By going through the history of translation in Cuba, the author relates how this activity has been developed in our island since the encounter of the two cultures until our days. Mainly focusing her balance on literary translation and upon the base of a periodicity established for the studying of Cuban literary evolution, she points out the characteristics of translation in our country in each of those periods (immediate interpreting/translation, of prevalence with some features of domain first and then of rebelliousness, till it became referral translation in which dependant features alternate). She provides relevant data !and in some cases curious data! to be able to follow this process started at the very first moments of the two culture encounter till the first years of the growing Republic. She devotes special attention to the profuse translating activity of our main writers and intellectuals in the XIX Century during which people like Heredia, Del Monte, Zenea and very significantly Jos&eacute; Mart&iacute; standed out as leading figures.      <P><I>Subject headings:</I> TRANSLATING/history; TRANSLATORS; INTERPRETING; LITERARY TRANSLATION; CUBA. <H4> REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</H4>  <OL>     <!-- ref --><LI> Arencibia Rodr&iacute;guez L. Apuntes para una historia de la traducci&oacute;n en Cuba (I). LIVIUS. Rev Estud Trad 1993;(3):1-17.</LI>    <!-- ref --><LI> Portuondo JA. La Historia y las generaciones, Santiago de Cuba: Editorial Manigua, 1958.</LI>    <!-- ref --><LI> Belfrage C. Mi amo Col&oacute;n. La Habana: Editorial Arte y Literatura, 1988:359.</LI>    <!-- ref --><LI> Carpentier A. La m&uacute;sica en Cuba. M&eacute;xico, D.F.: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1946:33.</LI>    <!-- ref --><LI> Ort&iacute;z F. Los negros esclavos. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1975:92.</LI>    <!-- ref --><LI> Henr&iacute;quez Ure&ntilde;a M. Panorama hist&oacute;rico de la literatura cubana. La Habana, 1967;t 1:58. (Edici&oacute;n Revolucionaria)</LI>    <!-- ref --><LI> Lezama Lima<A NAME="QuickMark"></A> J. Antolog&iacute;a de la poes&iacute;a cubana. La Habana: Editora del Consejo Nacional de Cultura, 1965;t 1:72.</LI>    <!-- ref --><LI> Arencibia Rodriguez L. La traducci&oacute;n en las tertulias literarias del siglo xix en Cuba. Revoluci&oacute;n y Cultura (En prensa).</LI>    <!-- ref --><LI> Henr&iacute;quez Ure&ntilde;a M. Panorama hist&oacute;rico de la literatura cubana. La Habana, 1967;t 1:396. (Edici&oacute;n Revolucionaria)</LI>    </OL> Recibido: 6 de diciembre de 1997.      <P>Aprobado: 28 de diciembre de 1997.      ]]></body>
<body><![CDATA[<P>Dra. <I>Lourdes Arencibia Rodr&iacute;guez</I>. 17 N1 357 (altos) esquina a G, La Habana, Cuba. CP 10400.        ]]></body><back>
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