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</front><body><![CDATA[  <H3>SECCI&Oacute;N DE HISTORIA</H3>     <P>Facultad "Dr. Salvador Allende" </P> <H2>Finlay, cient&iacute;fico cubano</H2> <I>    <P>Lic. Gisela S&aacute;nchez Dager, Lic. Jos&eacute; A. S&aacute;nchez Dager y Lic. Olga Herrera</P></I>      <P>Carlos J. Finlay desempe&ntilde;&oacute; un papel excepcional en la ciencia cubana. Su enorme talento y sus conocimientos cimeros en medicina, su capacidad de hacer uso de otras disciplinas cient&iacute;ficas, y su hondo amor al trabajo y al estudio, su fidelidad ilimitada a los postulados cient&iacute;ficos, con entera independencia de sus creencias religiosas, su clara intuici&oacute;n para elegir el objeto de sus investigaciones, y realizar observaciones correctas y exactas, acertadas s&iacute;ntesis, conclusiones certeras y nuevos descubrimientos; hacen de &eacute;l una personalidad notable de la ciencia universal. Su gran visi&oacute;n pr&aacute;ctica y su desvelo por salvar a la humanidad de la enfermedad y la muerte, liber&aacute;ndola del acicate de una de las m&aacute;s horrendas y desvastadoras enfermedades, contra la que no hab&iacute;a defensa alguna: la fiebre amarilla; le permiti&oacute; abrir causes para el conocimiento y la erradicaci&oacute;n de otras enfermedades transmisibles por vectores biol&oacute;gicos, y lo acreditan, adem&aacute;s de sabio, como hacedor del progreso social y benefactor de la humanidad. Por tanto, constituye un deber de todo cubano conocer la vida y obra de este sabio cubano, tal es el objetivo de este trabajo. </P>     <P>Carlos J. Finlay Barr&eacute;s, nace el 3 de diciembre de 1833 en Puerto Pr&iacute;ncipe, Camag&uuml;ey. Sus padres se mudan hacia La Habana y hasta los 6 a&ntilde;os de edad vive en esta ciudad. Despu&eacute;s &eacute;l y su hermano mayor Eduardo vivir&iacute;an en Guanimar. Era un ni&ntilde;o de constituci&oacute;n d&eacute;bil y delicada, pero en el que ya asomaba un esp&iacute;ritu en&eacute;rgico y decidido, jugaba poco, observaba mucho. </P>     <P>En 1844, Carlos Juan, en uni&oacute;n de su hermano Eduardo, abandonan la Isla. Se embarcan para Francia donde va a continuar sus estudio en Rouen. </P>     <P>En 1851, Carlos Juan tiene que venir de nuevo a La Habana. Esta vez viene a recuperarse de una fiebre tifoidea que contrajo en Rouen, y despu&eacute;s de unos meses reemprende el camino de regreso. </P>     <P>Despu&eacute;s de realizar estudios de Medicina, el Gobierno espa&ntilde;ol no le considera su t&iacute;tulo y se somete a evaluaci&oacute;n. </P>     <P>En 1857, cuando s&oacute;lo contaba con 25 a&ntilde;os de edad, inici&oacute; sus primeros ensayos en busca de una explicaci&oacute;n del por qu&eacute; se produc&iacute;a la enfermedad, cu&aacute;l era la causa y si &eacute;sta se relacionaba de alguna forma con los factores ambientales. &Eacute;l no podr&iacute;a escapar, como todo cient&iacute;fico que inicia una investigaci&oacute;n, de los conceptos aceptados en su tiempo. </P>     <P>Nadie pod&iacute;a explicarse el curso tan err&aacute;tico e imprevisible que segu&iacute;a la fiebre amarilla. &Eacute;sta afectaba, en ocasiones, a un individuo de una familia y no afectaba a otros que viv&iacute;an con &eacute;l. En ocasiones se propagaba por un solo lado de la calle saltando caprichosamente para algunas casas mientras en otros casos aparec&iacute;a barrios distantes. </P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P>Lo que distingui&oacute; a Finlay como investigador consecuente, serio y capaz de aqu&eacute;llos que no son m&aacute;s que sesudos presumidos en busca de esnobismo y espectacularidad, es que &eacute;stos intentan inventar tesis nuevas, sin comprobar la veracidad, lo err&oacute;neo de los conceptos prevalecientes, es decir fuera del nivel sociocultural de la &eacute;poca. En las ciencias no se puede negar el valor, cualquiera que &eacute;stos sean, de las verdades existentes. De ah&iacute; que se requiera analizar si dentro del contexto de las teor&iacute;as o doctrinas que generan estas verdades, se incluye un modelo aceptable, capaz de ser transformado, mejorado o no, o en su defecto sustituido por otro m&aacute;s congruente con los resultados de la experiencia.<SUP>1</SUP> </P>     <P>La primera hip&oacute;tesis seleccionada por <I>Finlay</I>, fue correcta pues &eacute;l deb&iacute;a partir de que si el concepto imperante acerca de la trasmisi&oacute;n de las enfermedades, es denominado ?anticontagioso?, que le atribu&iacute;a a las mismas, los elementos delet&eacute;reos de la atm&oacute;sfera y la sociedad, podr&iacute;an ofrecer alg&uacute;n esclarecimiento de la causa de la fiebre amarilla. <I>Carlos J. Finlay</I> escuchando todas las opiniones al respecto, investig&oacute; y corrobor&oacute; que la fiebre amarilla iniciaba ya estragos en Am&eacute;rica Tropical, mucho antes del descubrimiento de Col&oacute;n. Como dato significativo de su investigaci&oacute;n comprob&oacute; que al parecer los focos principales estaban en las tierras bajas y en los puertos; rara vez ocurr&iacute;a la epidemia a m&aacute;s de 1 300 m. de altitud. Era muy frecuente en los puertos de Cuba, M&eacute;xico y Brasil, donde pod&iacute;a decirse que era end&eacute;mica. Se produc&iacute;an, no obstante, brotes espor&aacute;dicos y violentos en poblaciones situadas al norte y al sur de la zona tropical. </P>     <P>Hasta 1870, por ejemplo se hab&iacute;a registrado en Nueva York 23 epidemias graves, 25 en Filadelfia, la mortalidad se elevaba en un 50 % de los atacados. En R&iacute;o de Janeiro hab&iacute;an muerto, en una epidemia el 94 % de los enfermos. </P>     <P>En 1879, el gobierno de los EE.UU., envi&oacute; a La Habana la primera comisi&oacute;n m&eacute;dica con el objetivo de estudiar sobre el terreno el problema de la fiebre amarilla. El Capit&aacute;n General de la Isla nombr&oacute; a <I>Finlay</I> para que tomase parte en calidad de auxiliar, en las tareas de la comisi&oacute;n. &Eacute;sta redact&oacute; un informe confuso y se fue, dejando la cuesti&oacute;n de la fiebre amarilla en el mismo estado en que la encontr&oacute;. </P>     <P><I>Finlay </i>atrap&oacute; y clasific&oacute; mosquitos, averigu&oacute; su habitat y ciclo de vida, desechando familias de mosquitos. S&oacute;lo le qued&oacute; una, la <I>Aedes aegypty</I>, contra la cual acumul&oacute; sumarios abrumadores que comprobaban la incidencia de la temperatura (entre 26 a 30 ?C) con la enfermedad que cobraba incremento temperatura en la que se multiplica mejor el mosquito. </P>     <P>En 1865, escribe "Memoria sobre etiolog&iacute;a de la fiebre amarilla" la que env&iacute;a para publicar y no lo hacen alegando que se extravi&oacute; el art&iacute;culo (se public&oacute; en 1879). </P>     <P>Su teor&iacute;a de trasmisi&oacute;n de la fiebre amarilla, la expone el 18 de febrero de 1881, en el Congreso Internacional de Salubridad. Fue aqu&eacute;lla una ocasi&oacute;n hist&oacute;rica, por primera vez se mencionaba el mosquito como veh&iacute;culo de enfermedad. En esta ocasi&oacute;n, la teor&iacute;a caus&oacute; sensaci&oacute;n al principio, pero posteriormente pas&oacute; a ser objeto de burla llam&aacute;ndose a <I>Finlay</I> "el m&eacute;dico del mosquito" y se le tuvo por loco. </P>     <P>A trav&eacute;s de a&ntilde;os de estudios, obtuvo suero de ampollas experimentales provocadas en enfermos. En 1893, inocul&oacute; a 13 soldados espa&ntilde;oles de la guarnici&oacute;n de La Habana, los que no contrajeron la enfermedad. </P>     <P>El Dr.<I> Finlay</I> tuvo que abandonar sus experimentos de inmunizaci&oacute;n ya los hospitales militares cierran a todo tipo de trabajo de esa &iacute;ndole. </P>     <P>La guerra contra Espa&ntilde;a y EE.UU. vino a dar tr&aacute;gico relieve a los horrores de la fiebre amarilla en La Habana. Fue, entonces cuando el ej&eacute;rcito norteamericano envi&oacute; a La Habana una comisi&oacute;n para la fiebre amarilla con &oacute;rdenes estrictas de acabar con el azote de esta enfermedad. Esta comisi&oacute;n la encabezaba Wualter Reed y sus colaboradores, los Dres. James Canol, Ar&iacute;stides Agramonte y Jessear. Despu&eacute;s de fallidos intentos la comisi&oacute;n tiene que recurrir a los experimentos de <I>Finlay.</I> </P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P>La comisi&oacute;n escuch&oacute; la exposici&oacute;n que les hizo de su teor&iacute;a y las pruebas en que se apoyaba y salieron de all&iacute; con la jabonera llena de huevos de mosquitos que les dio el modesto sabio. </P>     <P>Por fin, despu&eacute;s de 20 a&ntilde;os, iba a ponerse a prueba la teor&iacute;a del sabio cubano. Se pusieron en pr&aacute;ctica los experimentos con los soldados quedando comprobado con testimonios irrebatibles que la fiebre amarilla se trasmit&iacute;a de una persona a otra por la picadura del mosquito. </P>     <P>Se puso en ejecuci&oacute;n el programa de saneamiento concebido por <I>Finlay</I>, con la finalidad de eliminar las zonas que pudieran permitir la reproducci&oacute;n del mosquito. </P>     <P>En esa &eacute;poca se nombr&oacute; a<I> Carlos J. Finlay</I> como presidente de la Junta Nacional de Sanidad; despu&eacute;s fue el Director General de Sanidad. </P>     <P>En 1909, <I>Finlay</I> renunci&oacute; a su cargo oficial. El m&eacute;dico consideraba que la obra a la cual hab&iacute;a dedicado su existencia estaba concluida. El hombre no ambicionaba nada, cre&iacute;a haber recibido bastantes distinciones. Francia lo hab&iacute;a hecho oficial de la Legi&oacute;n de Honor. </P>     <P>La Facultad de Medicina de Jefferson lo hab&iacute;a nombrado Dr. <I>Honoris Causa</I> y sin embargo, no pod&iacute;a decirse que se le hubiera hecho mediana justicia. En tanto que la fama hab&iacute;a paseado con el nombre de Wualter Reed y de otros colaboradores, el nombre de <I>Finlay</I> permanec&iacute;a en relativa e injusta oscuridad, era un hombre casi olvidado. En 1915, muere el sabio cubano. </P>     <P>Consagr&oacute; la mayor parte de su vida a descifrar el enigma de la fiebre amarilla. Encontr&oacute; la clave del alucinante misterio e ide&oacute; las medidas sanitarias que se adaptaron universalmente para combatir el flagelo. Por &uacute;ltimo, dej&oacute; iniciadas las investigaciones que hab&iacute;an de concluir a&ntilde;os despu&eacute;s al descubrimiento de la vacuna contra la terrible enfermedad. </P>     <P>En varios congresos se discuti&oacute; el valor de la obra de <I>Finlay</I>, nuestro sabio cubano, algunos art&iacute;culos le denominaron "el Pasteur olvidado de Am&eacute;rica". </P>     <P>Hoy se reconoce en el mundo el valor de la obra de <I>Finlay</I>, qui&eacute;n nos legara una extensa bibliograf&iacute;a resultado de sus estudios, contando con 244 art&iacute;culos que en la actualidad se encuentran activos. </P>     <P>Sent&oacute; el principio fundamental de la epidemiolog&iacute;a moderna. </P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P>Las principales conclusiones que aport&oacute; <I>Finlay</I> a la historia m&eacute;dica con sus descubrimientos puede resumirse en: </P> <OL>  <OL>      <LI>&nbsp;La teor&iacute;a cient&iacute;fica del contagio de las enfermedades epid&eacute;rmicas; su modo de propagaci&oacute;n y trasmisi&oacute;n de una persona enferma a un sujeto apto para contraerla, lo cual representa una formulaci&oacute;n estelar, original y exclusiva, sin antecedentes, ni precursores en la historia m&eacute;dica de las enfermedades epid&eacute;rmicas.</LI>     <LI>La aplicaci&oacute;n de esta teor&iacute;a por extensi&oacute;n a todos los seres org&aacute;nicos la enmarca dentro de las ciencias biol&oacute;gicas.</LI>     <LI>La soluci&oacute;n del problema del contagio, no como cuesti&oacute;n m&eacute;dica, sino como un contenido filos&oacute;fico, como lo revela el hecho de haber tenido que expresarlo mediante la s&iacute;ntesis dial&eacute;ctica, de las 2 principales corrientes epidemiol&oacute;gicas de su tiempo.</LI>     <LI>Los resultados de la aplicaci&oacute;n de esta teor&iacute;a, en la investigaci&oacute;n del modo de propagaci&oacute;n de la fiebre amarilla, que lo condujo al descubrimiento del Culex mosquito (<I>Aedes aegypty</I>) como el vector biol&oacute;gico trasmisor de la enfermedad.</LI>     <LI>&nbsp;La selecci&oacute;n del mosquito <I>Aedes aegypty</I> como el &uacute;nico agente trasmisor de la fiebre amarilla, como consecuencia de sus profundos conocimientos entomol&oacute;gicos sobre los h&aacute;bitos de vida, alimentaci&oacute;n y reproducci&oacute;n de los mosquitos, que le permitieron discriminar esta especie del resto de las que integran la familia de los cul&iacute;cidos, y de remarcar que era la hembra el verdadero vector de la fiebre amarilla.</LI>     <LI>La teor&iacute;a del contagio enunciada por &eacute;l tiene un car&aacute;cter eminentemente cient&iacute;fico, al poderse establecer de un modo riguroso su comprobaci&oacute;n mediante la experimentaci&oacute;n.</LI>     <LI>El conocimiento del ciclo evolutivo de la fiebre amarilla, su naturaleza, su cl&iacute;nica y su diagn&oacute;stico le permitieron descubrir las formas benignas o larvadas de la fiebre amarilla; sobre su base se experiment&oacute; en seres humanos, y reproducirla bajo el control cl&iacute;nico terap&eacute;utico.</LI>     <LI>Con la aplicaci&oacute;n de su m&eacute;todo experimental produjo por primera vez, en la historia de la medicina, casos de fiebre amarilla benigna, o intermedios, sin riesgo para la vida del individuo que se prestaba a ser inoculado con mosquitos contaminados.</LI>     <LI>Sus experiencias cl&iacute;nicas, y sus trabajos experimentales, le permitieron adquirir el m&aacute;s completo y cabal conocimiento de la fiebre amarilla como entidad nosol&oacute;gica, reput&aacute;ndose mundialmente como la primera autoridad en esta enfermedad.</LI>     ]]></body>
<body><![CDATA[<LI>El hecho de que su teor&iacute;a fuese acogida con reservas e incomprensiones por los cient&iacute;ficos de su tiempo, tanto en Cuba como en el extranjero, se explic&oacute; porque su enunciado constitu&iacute;a una discontinuidad, un salto cualitativamente brusco en el pensamiento medicocient&iacute;fico de la &eacute;poca. Era la subversi&oacute;n total de conceptos mantenidos durante largo tiempo por los sanitarios e higienistas. La oposici&oacute;n se motiv&oacute; como en el caso de otros grandes descubrimientos, por la inercia mental, por la presi&oacute;n de los criterios establecidos, por viejas ideas que no quer&iacute;an abrir cauce a las nuevas, y tambi&eacute;n por ciertos intereses creados en la profesi&oacute;n m&eacute;dica que ven en lo nuevo la p&eacute;rdida de prestigio por la incapacidad de asimilarlas y afectarse en su rango econ&oacute;mico y social; en el caso de los sanitarios, su apego intransigente a los criterios derivados de la polic&iacute;a cuarentenaria de la que eran dependientes profesionalmente</LI>     <LI>La comprobaci&oacute;n de la teor&iacute;a, aunque s&oacute;lo fuese de modo parcial, result&oacute; un est&iacute;mulo para desarrollar el cap&iacute;tulo de la trasmisi&oacute;n de otras enfermedades; promovi&oacute; la investigaci&oacute;n interdisciplinaria entre m&eacute;dicos y bi&oacute;logos; cre&oacute; y desarroll&oacute; una importante ciencia nueva, la entomolog&iacute;a m&eacute;dica; modific&oacute; sustancialmente los postulados de la profilaxis, de la higiene p&uacute;blica y de la medicina preventiva.</LI>     <LI>Junto con los descubrimientos de <I>Pasteur</I> y <I>Koch</I> estableci&oacute; la nueva doctrina de las enfermedades epid&eacute;micas e infecciosas, deviniendo en el enlace necesario para explicar como los g&eacute;rmenes o agentes causales de una enfermedad pod&iacute;an penetrar en el organismo humano sano.</LI>     <LI>Su teor&iacute;a se apoyaba en el principio de proteger e impedir la propagaci&oacute;n de las enfermedades, esforz&aacute;ndose por encontrar m&eacute;todos que asegurar&aacute;n la inmunidad del individuo a la fiebre amarilla, bien por la inoculaci&oacute;n directa del mosquito contaminado o por la sueroterapia.</LI>     <LI>&nbsp;De su teor&iacute;a se derivaron reglas precisas que &eacute;l mismo prescribi&oacute; para la erradicaci&oacute;n de la fiebre amarilla mediante la destrucci&oacute;n del vector, y as&iacute; naci&oacute; uno de los m&eacute;todos m&aacute;s eficaces para la eliminaci&oacute;n de las epidemias, como lo testimonia la erradicaci&oacute;n de la fiebre amarilla en La Habana, Veracruz, Brasil, Nueva Orleans y otras zonas end&eacute;micas, y su efectividad en los casos de epidemias espor&aacute;dicas u ocasionales. La aplicaci&oacute;n de las reglas de la lucha antivector representan en la actualidad, el mejor medio para el control y la extinci&oacute;n de las enfermedades infecciosas; su ejecuci&oacute;n en las diferentes campa&ntilde;as promovidas, ha salvado millones de vidas humanas y ha favorecido el progreso econ&oacute;mico y social de las naciones.</LI>     <LI>&nbsp;Los prop&oacute;sitos de EE.UU. de adjudicarse este descubrimiento, aparte de constituir una evidente prueba de robo cient&iacute;fico y cultural propio de la acci&oacute;n del imperialismo, fueron tratar de justificar la intromisi&oacute;n en los asuntos internos de una naci&oacute;n, violando los derechos soberanos de la misma. Los m&eacute;dicos integrantes de la comisi&oacute;n militar americana que se prestaron a esta usurpaci&oacute;n faltaron a los principios morales y &eacute;ticos universales que rigen los derechos de la creaci&oacute;n cient&iacute;fica y contribuyeron a que se falsearan los postulados de la verdad hist&oacute;rica.</LI>    </OL>     </OL>      <P>Han pasado muchos a&ntilde;os, m&aacute;s de un siglo, de sus descubrimientos, y siglo y medio de su nacimiento. Pocos hombres se recuerdan pasado tanto tiempo, pero <I>Finlay</I> pertenece al grupo selecto de los que no entran en el olvido de la gratitud humana. </P>     <P>No ha sido el tes&oacute;n con el que se ha defendido su creaci&oacute;n lo que justifica su permanencia en el recuerdo de la historia, sino sus cualidades magn&iacute;ficas de hombre e investigador y el valor de sus grandes descubrimientos para librar a sus semejantes de las enfermedades epid&eacute;micas. Esto se pone de relieve en el mundo de hoy, que pese a las grandes conquistas de las ciencias biol&oacute;gicas y m&eacute;dicas, y de los portentosos recursos que se poseen para mejorar la salud y hacer m&aacute;s confortable la existencia humana, la mayor&iacute;a vive la angustia del hambre y de la enfermedad; y la totalidad, el temor de una cat&aacute;strofe que haga inhabitable el planeta, por el factor de la guerra nuclear. </P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P>Trabaj&oacute; durante toda la vida para el bien de la humanidad hasta que se extingui&oacute; la luminosidad de su mente, por lo que su recuerdo vive en la memoria de los hombres en la estela del tiempo. </P>     <P><I>Carlos J. Finlay</i> m&eacute;dico cubano, investig&oacute; arduamente el causante de la fiebre amarilla y con sencillez y honradez demostr&oacute; a la comisi&oacute;n de EE.UU. todas sus investigaciones. </P>     <P>Al cabo de 20 a&ntilde;os se pone de pr&aacute;ctica la teor&iacute;a de <I>Finlay</I> lo que demuestra el tes&oacute;n y la actitud cient&iacute;fica del Dr. <I>Finlay.</I> </P>     <P>Como presidente de la Junta Nacional de Salubridad <I>Finlay </I>adopta positivas medidas para la salud del pueblo, de gran importancia no s&oacute;lo para la salud humana sino para experiencia a otros pa&iacute;ses. </P>     <P>El Dr. <I>Finlay</I> a quien en la &eacute;poca vivida no se le hizo justicia y dedic&oacute; gran parte de su vida a descifrar el enigma de la fiebre amarilla. Hoy la juventud cubana representa en los futuros galenos con dignidad y orgullo el nombre del Destacamento <I>Carlos J. Finlay</I> y su ense&ntilde;anza sigue adelante con esta joven generaci&oacute;n, como justicia de su obra. </P> <H4>AGRADECIMIENTOS</H4>     <P>Agradecemos la participaci&oacute;n en la realizaci&oacute;n de este art&iacute;culo a la estudiante <I>Ozara Granado</I> </P> <H4>Referencias Bibliograficas</H4> <OL>      <!-- ref --><LI>L&oacute;pez S&aacute;nchez J. El hombre y la verdad cient&iacute;fica. La Habana:Editorial Cient&iacute;fico-T&eacute;cnica,1987.</LI>    <!-- ref --><LI>S&aacute;nchez AJ. La doctrina finlaista. La Habana:Editorial Cient&iacute;fico-T&eacute;cnica,1981.</LI>    <!-- ref --><LI>Finlay CJ. Obras completas. La Habana:Academia de Ciencias de Cuba,1965;t2.</LI>    <!-- ref --><LI>Leuchsenring Roig E de. M&eacute;dicos y medicina en Cuba. La Habana:Academia de Ciencias,1965.</LI>    <!-- ref --><LI>Rodr&iacute;guez Exp&oacute;sito C. Vidas ejemplares de m&eacute;dicos cubanos. La Habana:Edici&oacute;n Cubanac&aacute;n:1947.</LI>    </OL>  <H5></H5>     ]]></body><back>
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