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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Orígenes de la enseñanza de la Farmacia en Cuba]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Instituto de Farmacia y Alimentos. Universidad de La Habana.  ]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Havana University is almost three centuries-old; however, no study has been made so far in which the history of Pharmacy career has been chronologically and systematically presented. The objective of this paper was to look for the most ancient information available in order to present in a brief way the antecedents and origins of Pharmaceutical Sciences teaching at university in Cuba, taking the most significant aspects of the situation prevailing in the island before the emergence of the first university in 1728 as a basis. Additionally, through the analysis of existing documents of that time, it was possible to precise over the year when Pharmacy career was included in that first university.]]></p></abstract>
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<kwd lng="es"><![CDATA[Historia de la farmacia en Cuba]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[ <p>Historia de la Farmacia    <br>    Instituto de Farmacia y Alimentos     <br> Universidad de La Habana </p> <h2>Or&iacute;genes de la ense&ntilde;anza de la Farmacia en Cuba </h2>     <p><a href="#autor">Pilar Marchante Castellanos<span class="superscript">1</span> y Francisco Merch&aacute;n Gonz&aacute;lez<span class="superscript">2</span></a><span class="superscript"><a name="cargo"></a></span> </p> <h4>Resumen </h4>     <p>Aunque la Universidad cubana cuenta con casi tres siglos de existencia, hasta el momento no ha sido realizado un estudio que presente la historia de la carrera de Farmacia de manera cronol&oacute;gica y sistem&aacute;tica. El objetivo del presente trabajo ha sido comenzar la b&uacute;squeda de la informaci&oacute;n m&aacute;s antigua disponible para presentar, en apretada s&iacute;ntesis, los antecedentes y or&iacute;genes de la ense&ntilde;anza universitaria de las Ciencias Farmac&eacute;uticas en Cuba tomando lo m&aacute;s significativo de la situaci&oacute;n imperante en la Isla antes del surgimiento de su primera Universidad, en 1728. Adicionalmente, y mediante el an&aacute;lisis de la documentaci&oacute;n existente, se logra precisar el a&ntilde;o en que se incluy&oacute;, por primera vez, la carrera de Farmacia en esa Universidad. <strong></strong></p>     <p><strong>Palabras clave</strong>: Historia de la farmacia en Cuba, origen de los estudios farmac&eacute;uticos en Cuba, antecedentes de la carrera farmac&eacute;utica en Cuba. </p> <strong></strong>     <p>Al arribar a las costas cubanas en 1492, los colonizadores espa&ntilde;oles encontraron d&eacute;biles y primitivas comunidades ind&iacute;genas. A&ntilde;os despu&eacute;s, en 1510, comenzaron la fundaci&oacute;n de las primeras villas, principalmente en los lugares donde se encontraban esas comunidades, a saber, San Crist&oacute;bal de La Habana, Puerto Pr&iacute;ncipe, Santiago de Cuba, Trinidad, Baracoa, Bayamo y Sancti Sp&iacute;ritus. </p>     <p>El excesivo trabajo que los conquistadores exig&iacute;an de los ind&iacute;genas, las malas condiciones de vida a que estos eran sometidos, las nuevas enfermedades y el suicidio, entre otras causas, provocaron la reducci&oacute;n de esa poblaci&oacute;n que viv&iacute;a dispersa por los campos o agrupada cerca de las villas que se fundaban. Por tal motivo y ante la creciente escasez de mano de obra y de servidumbre, comenzaron los colonizadores a importar esclavos de &Aacute;frica, lo que trajo como consecuencia el crecimiento de la poblaci&oacute;n mestiza por el cruce intenso de las etnias y la creaci&oacute;n de las bases de una nueva cultura, enriquecida por el aporte de sus tres componentes: indios, negros y blancos. Paralelamente, se produjo la afluencia de europeos, sobre todo de espa&ntilde;oles, italianos y portugueses, entre ellos aventureros, n&aacute;ufragos, soldados, pr&oacute;fugos de la justicia y, en general, de personas de todas las capas sociales. </p>     <p>Las ciudades carec&iacute;an de grandes construcciones pues, salvo las fortalezas, predominaban boh&iacute;os y casas de madera y, aunque se fundaron colegios de &oacute;rdenes religiosas, los criollos de m&aacute;s riqueza y poder acud&iacute;an a las instituciones espa&ntilde;olas o a la Universidad de Nueva Espa&ntilde;a.<span class="superscript">1</span> </p>     <p>Por aquellos tiempos, la higiene p&uacute;blica era p&eacute;sima al no existir instituciones que de manera oficial se encargaran de la salud p&uacute;blica. La basura se arrojaba a las calles, no hab&iacute;a capacidad de dar respuesta adecuada a los brotes de epidemias y, por ende, la situaci&oacute;n higi&eacute;nica en las villas era deplorable.<span class="superscript">2</span> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En la segunda mitad del siglo XVI las enfermedades en la isla eran atendidas por curanderos, ensalmadores, m&eacute;dicos, cirujanos, flebotomianos y boticarios, y exist&iacute;an tambi&eacute;n las parteras. Todos ellos se presentaban como tales, tras haber adquirido mayores o menores conocimientos en otros pa&iacute;ses o haberse entrenados en Cuba por aqu&eacute;llos. Durante esa &eacute;poca, el m&eacute;dico ejerc&iacute;a por lo general tambi&eacute;n como boticario, pues &eacute;l mismo se encargaba de elaborar los remedios que recetaba a sus pacientes.<span class="superscript">3</span> </p>     <p>La preparaci&oacute;n de las personas que realizaban tales pr&aacute;cticas se formaliz&oacute; un tanto cuando, a principios del siglo XVII, el Rey <em>Felipe III </em> decidi&oacute; otorgar licencias y favores excepcionales a aquellos que pudieran demostrar, tanto mediante la presentaci&oacute;n de t&iacute;tulos de universidades espa&ntilde;olas o de su habilidad en el manejo de cocimientos de materia vegetal (p&oacute;cimas curativas) y ung&uuml;entos y en la realizaci&oacute;n de sangr&iacute;as y otros m&eacute;todos curativos, su capacidad para curar enfermos o elaborar y dispensar preparados medicinales. A su vez el Rey dio su autorizaci&oacute;n para que tales personas pudieran ense&ntilde;ar y otorgar la condici&oacute;n de practicante a los j&oacute;venes aprendices, fundamentalmente los criollos. </p> <h4>El Real Protomedicato de San Crist&oacute;bal de La Habana </h4>     <p>El Protomedicato era la instituci&oacute;n encargada de la salud p&uacute;blica en las principales villas fundadas por la Corona espa&ntilde;ola. Hasta finales del primer tercio del siglo XVII, los aspirantes a cirujanos, barberos, boticarios y parteras de Cuba ten&iacute;an que someterse a examen en Nueva Espa&ntilde;a, de cuyo Protomedicato depend&iacute;a la isla, para poder ejercer como tales de manera oficial. Los tr&aacute;mites que deb&iacute;an hacer al efecto los aspirantes eran muy engorrosos y resultaban de alto costo, si se tiene en cuenta el viaje que necesariamente deb&iacute;an realizar para trasladarse hasta all&iacute;.<span class="superscript">4</span> </p>     <p>Fue por ello que el Cabildo Secular de San Crist&oacute;bal de La Habana realiz&oacute; los tr&aacute;mites correspondientes y suplic&oacute; a la Corona que le confiriera al m&eacute;dico espa&ntilde;ol, doctor <em>Francisco Mu&ntilde;oz de Rojas</em>, entonces residente en la capital de Cuba, la autorizaci&oacute;n oficial para que pudiera ejecutar las funciones de protom&eacute;dico, entre ellas, valorar las capacidades de los aspirantes y autorizar a los que estuvieran aptos a ejercer la profesi&oacute;n u oficio correspondiente. El 9 de septiembre de 1634, <em>Mu&ntilde;oz de Rojas </em>present&oacute; al Cabildo el t&iacute;tulo a su favor otorgado por el Rey de Espa&ntilde;a y abon&oacute; el impuesto por el cargo otorgado. Se constitu&iacute;a as&iacute; el primer Protomedicato en la Isla de Cuba. En su calidad de protom&eacute;dico, el trabajo del doctor <em>Mu&ntilde;oz de Rojas </em> no solo consist&iacute;a en valorar la capacidad de los aspirantes y autorizarlos a ejercer, sino tambi&eacute;n en vigilar la pr&aacute;ctica de la medicina en la villa.<span class="superscript">2,5,6 </span></p>     <p>En San Crist&oacute;bal de La Habana hubo protom&eacute;dico mientras vivi&oacute; el doctor <em>Mu&ntilde;oz de Rojas</em>. Su muerte produjo la desaparici&oacute;n de las funciones que realizaba por autorizaci&oacute;n de la Corona espa&ntilde;ola, por lo que la salud p&uacute;blica qued&oacute; de nuevo a merced de personas que se presentaban a s&iacute; mismas como m&eacute;dicos, cirujanos, boticarios, parteras, etc&eacute;tera.<span class="superscript">2,5</span> </p>     <p>En el a&ntilde;o 1695, arrib&oacute; a San Crist&oacute;bal de La Habana, <em>Francisco Teneza y Rubiera </em>(1666-1742), doctorado en Derecho Civil, quien tambi&eacute;n hab&iacute;a obtenido el t&iacute;tulo de Examinador en Medicina, en 1689, en la Real y Pontificia Universidad de Orihuela, reino de Valencia. Su audacia y afici&oacute;n a curar enfermedades lo llev&oacute; a contratarse, como curador de cuerpos, por los armadores de la flota, dado que era dif&iacute;cil encontrar facultativos que estuviesen dispuestos a largos y riesgosos viajes por mar cuando eran bien pagados por sus servicios en las ciudades espa&ntilde;olas. Esta contrataci&oacute;n se vio favorecida tambi&eacute;n si se tiene en cuenta que los remedios con que contaba en el botiqu&iacute;n de a bordo eran muy escasos y no se requer&iacute;a de gran conocimiento para aplicar estos &uacute;ltimos durante una traves&iacute;a mar&iacute;tima. Todav&iacute;a un siglo despu&eacute;s, el botiqu&iacute;n de una nave se preparaba por un boticario reconocido y apenas se compon&iacute;a de aguas arom&aacute;ticas, licores, &aacute;cidos, jarabes, electuarios, extractos, p&iacute;ldoras, esp&iacute;ritus, sales, b&aacute;lsamos naturales, tinturas, polvos, escar&oacute;ticos, aceites, ung&uuml;entos y otras preparaciones simples.<span class="superscript">5</span> </p>     <p><em>Francisco de Teneza </em> lleg&oacute; a San Crist&oacute;bal de La Habana, procedente de C&aacute;diz, como m&eacute;dico de un barco (funci&oacute;n que desempa&ntilde;aba por primera vez) y se qued&oacute; en la Villa por razones de enfermedad, no sin antes asegurarse de que el capit&aacute;n de la nave diera una buena recomendaci&oacute;n de su persona y de sus funciones como m&eacute;dico. Una vez en la Villa, <em>Teneza </em> continu&oacute; desempe&ntilde;&aacute;ndose como m&eacute;dico hasta el a&ntilde;o de 1708. </p>     <p>No obstante, es preciso aclarar que algunos historiadores han puesto en duda    que <em>Teneza </em> realmente poseyera el t&iacute;tulo que lo acreditaba como    m&eacute;dico, llegando incluso a expresar que hab&iacute;a comenzado a ejercer    como tal “de forma improvisada y sin el t&iacute;tulo adecuado”.<span class="superscript">5</span>    No obstante, en la Audiencia de Santo Domingo en el Archivo General de Indias    de Sevilla, aparece en las p&aacute;ginas de la 42 a la 49 del legajo 489 el    original de la Carta de Examen que se le expidi&oacute; a <em>Teneza </em> en    Madrid el 5 de noviembre de 1689, en la que consta su aprobaci&oacute;n y graduaci&oacute;n    como m&eacute;dico.<span class="superscript">7</span> </p>     <p><em>Teneza </em> tambi&eacute;n logr&oacute; ser miembro del Tribunal del Santo Oficio de Cartagena de Indias, como familiar de la Inquisici&oacute;n, y estableci&oacute; muy buenas relaciones con el gobierno de la Villa, de cuyo reconocimiento se vali&oacute; para presentar un expediente con la intenci&oacute;n de que fuera creado el Real Tribunal del Protomedicato en la Ciudad de San Crist&oacute;bal de La Habana. </p>     <p>A tenor del apoyo que recibi&oacute; por parte del Cabildo Secular, el Gobernador, el Obispo, el Teniente General y de otras personalidades que lo recomendaron al Rey, se le confiri&oacute; el t&iacute;tulo de Protom&eacute;dico de La Habana el 9 de julio de 1709. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>As&iacute;, en 1711 se estableci&oacute; definitivamente el Real Tribunal de Protomedicato como instituci&oacute;n oficial incorporada a la administraci&oacute;n colonial, el cual se deb&iacute;a encargar de dar cumplimiento a las leyes de las Indias referidas a aplicar ciertas medidas de control de la salud p&uacute;blica.<span class="superscript">2,5</span> En esas leyes se establec&iacute;a que los m&eacute;dicos, cirujanos y boticarios no se pod&iacute;an titular de doctor, maestro o bachiller sin ser examinados y graduados en alguna Universidad reconocida por la Corona (15 de octubre de 1535). Otro aspecto incluido establec&iacute;a que los Virreyes y gobernadores de las Indias deb&iacute;an hacer que se visitaran las boticas y que las medicinas corrompidas se arrojaran y derramaran, de forma que no fuese posible usarlas por el da&ntilde;o que pod&iacute;an causar (10 de mayo de 1538). Esas regulaciones tambi&eacute;n se fijaba que los protom&eacute;dicos no pod&iacute;an otorgar licencia para ejercer a ning&uacute;n m&eacute;dico, cirujano, boticario, barbero, algebrista o flebotomiano si no comparec&iacute;a personalmente ante ellos para ser examinados y encontrados h&aacute;biles y suficientes; y que, por licencia o visita a botica, se cobrar&iacute;a un trestanto (impuesto o multa) no mayor del que percib&iacute;an los protom&eacute;dicos de Castilla.<span class="superscript">5</span> </p>     <p>El Real Tribunal del Protomedicato de La Habana, integrado en principio s&oacute;lo por el doctor <em>Teneza </em>, comenz&oacute; a aplicar medidas de control de la salud p&uacute;blica; examinar m&eacute;dicos, cirujanos, boticarios, etc&eacute;tera; inspeccionar boticas; vigilar la adulteraci&oacute;n y ordenar la incineraci&oacute;n de las preparaciones curativas en estos casos; controlar la calidad del establecimiento y, si lo entend&iacute;a, proceder a cerrarlo y enviar expediente a la sala de justicia; as&iacute; como inspeccionar los hospitales. Se ocupaba, con particular inter&eacute;s, de establecer un arancel o tarifa general de precios de las medicinas y de los honorarios que deb&iacute;an recibir los m&eacute;dicos, de supervisar la aplicaci&oacute;n de las medidas higi&eacute;nicas en los establecimientos de ventas de alimentos y de dictar medidas de emergencia en caso de epidemias. Todas estas disposiciones se aplicaban s&oacute;lo en San Crist&oacute;bal de La Habana, jurisdicci&oacute;n del referido Protomedicato.<span class="superscript">4</span> </p>     <p>El primer protofarmac&eacute;utico registrado en la Villa fue <em>Fray Eligio de Torcremata </em>, un italiano que radicaba en lo que hoy d&iacute;a es la calle Mercaderes, aunque de hecho, en las seis villas restantes exist&iacute;an protofarmac&eacute;uticos. </p>     <p>A medida que aumentaba la poblaci&oacute;n, se incrementaban tambi&eacute;n la producci&oacute;n y el comercio. Los boticarios comenzaron a cobrar precios altos por sus preparados y remedios curativos, tal como lo hac&iacute;an los comerciantes con sus productos y esto trajo como consecuencia que, dado su nivel de prosperidad, se le exigiera el doble del impuesto al fisco por las ventas que realizaban (sisa y alcabala). </p>     <p>Algunos de esos protofarmac&eacute;uticos hac&iacute;an estudios muy rudimentarios y con poca base cient&iacute;fica de la flora y la fauna con vistas a su empleo para curar determinadas enfermedades. Tal fue el caso del maestro boticario <em>Fray Reinaldo Donoghan </em>, de origen irland&eacute;s.<span class="superscript">8</span> </p>     <p>El Real Tribunal del Protomedicato de La Habana naci&oacute; y vivi&oacute; durante muchos a&ntilde;os bajo la influencia del doctor <em>Teneza</em>. En los albores del segundo cuarto del siglo XVIII ingres&oacute; en el Tribunal el m&eacute;dico franc&eacute;s <em>Luis Fontayne Cullembourg</em>, quien fue nombrado por el Rey en calidad de segundo de aquel.<span class="superscript">5 </span></p>     <p>El aumento del n&uacute;mero de asuntos de la incumbencia del Real Tribunal afirm&oacute; la necesidad de darle pluralidad y ya en 1739 se compon&iacute;a de tres protom&eacute;dicos y un fiscal. Aunque desde 1728 se hab&iacute;a fundado la primera Universidad en la isla, los estudios relacionados con la pr&aacute;ctica farmac&eacute;utica, no hab&iacute;an sido considerados en su primer Plan de Estudios.<span class="superscript">2,5 </span></p>     <p>As&iacute;, ni la existencia de la Real y Pontificia Universidad de San Ger&oacute;nimo de La Habana, ni la presentaci&oacute;n de t&iacute;tulos expedidos por otros centros de altos estudios de Hispanoam&eacute;rica, privaron al Protomedicato de la potestad con que lo dotaron las leyes de las Indias y la voluntad de <em>Felipe V</em>, en particular, en relaci&oacute;n con el ejercicio en la isla de las actividades m&eacute;dicas y de otras relacionadas. Los miembros del Tribunal llegaron a ser llamados jueces, examinadores, visitadores y alcaldes mayores de los m&eacute;dicos, cirujanos, flebotomianos, hernistas, algebristas oculistas, destiladores, parteras y boticarios.<span class="superscript">5</span> </p>     <p>Las pruebas a las que era sometido cada aspirante se iniciaban con lo relativo a su filiaci&oacute;n cat&oacute;lica, apost&oacute;lica y romana; a sus estudios universitarios y a su conducta. Luego, era sometido a un examen te&oacute;rico y pr&aacute;ctico por espacio de no menos de dos horas, que consist&iacute;a en preguntas sobre su “especialidad”. Quedaba aprobado si contestaba bien y cumplidamente y prestaba juramento de defender el misterio de la Pur&iacute;sima Concepci&oacute;n de la Virgen Mar&iacute;a, usar con rectitud su facultad, ofrecer limosnas a los pobres, guardar las leyes y pragm&aacute;ticos reales, curar todas las enfermedades sometidas a su disciplina, visitar pacientes, conducir disc&iacute;pulos y ejecutar cuanto m&aacute;s le incumbiese como depositario de los privilegios, gracias, mercedes, exenciones, prerrogativas o inmunidades inherentes a su profesi&oacute;n. </p>     <p>En tanto ten&iacute;a de capacidad de aprobar o suspender a graduados universitarios,    el Protomedicato adquiri&oacute; el car&aacute;cter de Tribunal de Estado al    que se hallaba reservada la potestad de autorizar el ejercicio de las profesiones    de Medicina, Cirug&iacute;a y Farmacia, a quienes presentaban t&iacute;tulos    obtenidos en otros pa&iacute;ses o no, una vez aprobados los ex&aacute;menes    correspondientes.<span class="superscript">2,5 </span></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Nuevas necesidades de los servicios m&eacute;dicos y farmac&eacute;uticos explicaban, sino justificaban, la tendencia a incrementar la composici&oacute;n del Protomedicato de La Habana. De hecho, en 1793 la Corona aprob&oacute; la elecci&oacute;n de un segundo fiscal solicitado por el Tribunal y, en los albores del segundo cuarto del siglo XIX, el establecimiento en La Habana de la Junta Superior de Sanidad, cuyo advenimiento tuvo aparejado el eclipse del Real Tribunal del Protomedicato.<span class="superscript">5</span> </p>     <p>En Real C&eacute;dula de 9 de noviembre de 1826 relativa a la divisi&oacute;n de las atribuciones de las ramas cient&iacute;ficas de medicina, cirug&iacute;a y farmacia, se advert&iacute;a que las Juntas Superiores de estas se erig&iacute;an en lugar del Protomedicato. La opini&oacute;n, de mucho valor, de personalidades ilustradas de la &eacute;poca que se opon&iacute;an al mantenimiento de los ex&aacute;menes facultativos que hac&iacute;a el Protomedicato, influy&oacute; notablemente en tal decisi&oacute;n y se logr&oacute; que el 23 de febrero de 1829 el Capit&aacute;n General de La Isla elevara al Rey el expediente conformado en La Habana acerca de la divisi&oacute;n de los derechos de las Juntas de Medicina, Cirug&iacute;a y Farmacia y su opini&oacute;n al respecto. </p>     <p>El Consejo de Indias dictamin&oacute; y <em>Fernando VII </em> firm&oacute; el 9 de enero de 1830 la Real C&eacute;dula dispositiva de que, en lugar del Tribunal del Protomedicato, se establecieran en La Habana dos Juntas Superiores: una de Medicina y Cirug&iacute;a y otra de Farmacia independientes ambas, no solo entre s&iacute;, sino tambi&eacute;n de las existentes en Espa&ntilde;a. La de Farmacia estaba integrada por tres vocales y un secretario, todos nombrados por la Corona.<span class="superscript">2</span> El Consejo de Indias conoci&oacute; los proyectos de Reglamento de la Real Junta Superior de Medicina y Cirug&iacute;a y de la de Farmacia y, el 9 de mayo de 1833, elev&oacute; al Trono un dictamen a favor de ambos sin modificaci&oacute;n alguna.<span class="superscript">4</span> </p>     <p>El 21 de octubre del propio a&ntilde;o la Reina gobernadora aprob&oacute; el Reglamento, si bien procede aclarar que la extinci&oacute;n del Real Protomedicato se produjo sin mengua para su historia. El 24 de diciembre de 1833 se estableci&oacute; la Real Junta Superior Gubernativa de Farmacia, con lo cual qued&oacute; oficialmente reconocida esta actividad en Cuba separada de la de Medicina y Cirug&iacute;a. En virtud de ello, se crearon nuevos departamentos de Bot&aacute;nica, Qu&iacute;mica y Farmacia te&oacute;rica, al frente del cual estuvo <em>Antonio Benatch y Cerva</em>. La Real Junta otorgaba los grados de Bachiller, Licenciado y Doctor a los que ostentaban tales t&iacute;tulos expedidos en universidades de otros pa&iacute;ses y autorizaba impartir cursos te&oacute;ricos y pr&aacute;cticos relacionados con la Farmacia.<span class="superscript">2 </span></p>     <p>Durante el largo per&iacute;odo comprendido entre 1795 y 1842, el n&uacute;mero total de farmac&eacute;uticos autorizados a ejercer aparece en dos relaciones: la primera, en la Memoria Anuario acerca del Estado de la Ense&ntilde;anza en la Universidad de La Habana curso 1864-65,<span class="superscript">9</span> en la que se publica una relaci&oacute;n nominal de 330 farmac&eacute;uticos recibidos por el Protomedicato desde 1795 hasta 1833; y la segunda, en el Anuario del curso 1865-66<span class="superscript">9</span> en la que se relacionan los farmac&eacute;uticos recibidos o inscriptos en la Real Junta Superior Gubernativa de Farmacia entre los a&ntilde;os 1834 a 1842, en cuyo per&iacute;odo se titularon 22 doctores y 128 licenciados. </p> <h4>Fundaci&oacute;n de la primera Universidad en Cuba </h4>     <p>El 12 de septiembre de 1670 <em>Fray Diego Romero </em> present&oacute; una instancia al Ayuntamiento habanero para que gestionara la fundaci&oacute;n de una Universidad en el Convento San Juan de Letr&aacute;n, de la ciudad de San <em></em>Crist&oacute;bal <em> de </em>La Habana.<span class="superscript">10</span> El pase por el Consejo Real de las Indias qued&oacute; en suspenso como consecuencia de una representaci&oacute;n que formul&oacute; el entonces Obispo de Santiago de Cuba el 27 de abril de 1721, en la que reclamaba que la Bula del Papa Inocencio XIII, que conced&iacute;a la facultad de erigir Universidad a la Orden de Predicadores de San Juan de Letr&aacute;n, se entendiese concedida para la casa e Iglesia que, fabricada a su costa, hab&iacute;a donado a ese convento con el objetivo de que sirviese para colegio y universidad.<span class="superscript">11 </span></p>     <p>Por <em>Bula </em> del 12 de septiembre de 1721 se concedi&oacute; por su Santidad <em>Inocencio XIII </em> a los religiosos del Convento de San Juan de Letr&aacute;n de los Dominicos, Orden de los Predicadores, la facultad de erigir universidad y conferir grados en las ciencias y facultades, de la misma forma que se hac&iacute;a en la Universidad de Santo Domingo de la Isla Espa&ntilde;ola.<span class="superscript">12</span> En consecuencia, el 5 de enero de 1728 el Rey <em>Felipe V de Borb&oacute;n </em> aprob&oacute; y confirm&oacute; en todo la fundaci&oacute;n y establecimiento de la referida Universidad, con aprobaci&oacute;n por el Consejo de Indias el 23 de septiembre del mismo a&ntilde;o. </p>     <p>Sin embargo, no fue hasta el 27 de julio de 1734 que se establecieron los Estatutos y Constituciones de la Real y Pontificia Universidad de San Ger&oacute;nimo, sita en el Convento de San Juan de Letr&aacute;n (posteriormente conocido como Convento de Santo Domingo), de la ciudad de La Habana. Esta demora en promulgarse los Estatutos se debi&oacute; a que los padres dominicos mostraron reticencia a elaborarlos, raz&oacute;n por la cual fueron acusados de querer gobernar la Universidad a su arbitrio. De cualquier forma, los primeros Estatutos redactados por ellos y firmados el 29 de agosto de 1730, ignoraron los que reg&iacute;an en el resto de las universidades del mundo hispano, particularmente los de la Isla de Santo Domingo que deb&iacute;an constituir su modelo. Por ello hubo fuertes protestas e incluso propuestas de que el Rector, los Consiliarios y el Secretario de la Universidad no fueran religiosos, sino eclesi&aacute;sticos seculares o personas laicas (pr&aacute;cticamente una secularizaci&oacute;n sin secularizaci&oacute;n), lo que produjo un enconado litigio que dur&oacute; alrededor de tres meses (la documentaci&oacute;n al respecto se encuentra en el Archivo General de Indias, Sevilla) y provoc&oacute; que el Consejo de Indias emitiera un dictamen para que se redactaran otros Estatutos con la intervenci&oacute;n de los catedr&aacute;ticos y graduados de la Universidad.<span class="superscript">3</span> En los nuevos Estatutos, finalmente aprobados en 1734, se establec&iacute;a que para poder ingresar en la Universidad se deb&iacute;a ser nacido de matrimonio leg&iacute;timo y hacer constar con los correspondientes documentos, la “limpieza de sangre” de sus ancestros “cristianos viejos, limpios de mala sangre de moros, jud&iacute;os, negros y mulatos”.<span class="superscript">6,12 </span></p> <h4>Plan de Estudios de 1728 </h4>     <p>En los Estatutos y las Constituciones, formulados por el claustro universitario    y aprobados por el <em>Rey Felipe V de Borb&oacute;n </em> el 27 de julio de    1734,<span class="superscript">12</span> estaba contenido el Plan de Estudios    de la Universidad. En ellos, se establecieron las ense&ntilde;anzas de Gram&aacute;tica,    Artes, Teolog&iacute;a, Sagradas Escrituras, Matem&aacute;ticas, Filosof&iacute;a,    Derecho Civil, C&aacute;nones y Medicina, con 21 c&aacute;tedras en total que    se prove&iacute;an por oposici&oacute;n. Esas ense&ntilde;anzas correspond&iacute;an    a cuatro Facultades Mayores: Teolog&iacute;a, C&aacute;nones, Leyes y Medicina;    una Facultad Menor, la de Artes (cuyo Bachillerato era requisito obligatorio    para matricular en las Facultades Mayores) y las C&aacute;tedras independientes    de Gram&aacute;tica y Matem&aacute;tica. Los sacerdotes no precisaban el t&iacute;tulo    de Bachiller en Artes para ingresar en las facultades de Teolog&iacute;a, Sagrados    C&aacute;nones o Leyes, por haber seguido la carrera eclesi&aacute;stica. En    los Estatutos se especificaban tambi&eacute;n las ense&ntilde;anzas que conformaban    los estudios para la obtenci&oacute;n de los diversos grados de Bachiller, Licenciado    y Doctor, potestad de las Facultades.<span class="superscript">3,11,12</span>  </p>     <p>Los estudios en cada Facultad Mayor consist&iacute;an en cuatro cursos de alrededor de seis meses de duraci&oacute;n cada uno y, en la Facultad Menor (la cual solo pod&iacute;a expedir t&iacute;tulos de Bachiller y de Maestro en Artes), los estudios comprend&iacute;an tres cursos con una duraci&oacute;n total de a&ntilde;o y medio, equivalentes a un nivel preuniversitario. Mediante estos los alumnos recib&iacute;an una formaci&oacute;n exclusivamente human&iacute;stica y saturada de un gran contenido religioso. La Licenciatura y el Doctorado se obten&iacute;an en estudios posteriores, la presentaci&oacute;n de una tesis y la realizaci&oacute;n de un examen p&uacute;blico (ejercicios de grado). El Doctorado representaba en realidad un t&iacute;tulo puramente honor&iacute;fico y los ejercicios de grado para la Borla de Doctor ten&iacute;an m&aacute;s un car&aacute;cter de requisito formal que el de una verdadera demostraci&oacute;n de plena capacidad del graduado. La Licenciatura y el Doctorado se pod&iacute;an tambi&eacute;n alcanzar a “t&iacute;tulo de c&aacute;tedra”, o sea, por ocupar el cargo de profesor universitario ganado por oposici&oacute;n. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Durante los 114 a&ntilde;os de existencia de la Real y Pontificia Universidad de San Ger&oacute;nimo de La Habana, es decir, desde 1728 hasta 1842, su Plan de Estudios excluy&oacute; la ense&ntilde;anza de las ciencias, aunque ya en esa &eacute;poca eran bien conocidas las teor&iacute;as de <em>Galileo Galilei, Pascal, Descartes, Newton </em> y de otras figuras del “renacimiento cient&iacute;fico”. Mientras estuvo dirigida por los padres dominicos, en la Universidad se desconocieron las principales corrientes filos&oacute;ficas y la Qu&iacute;mica moderna, que nac&iacute;a con los trabajos de <em>Lavoisier </em> y <em>Lomonosov </em>, nunca se lleg&oacute; a explicar.<span class="superscript">6 </span></p>     <p>Por tanto, el Plan de Estudios de 1728 se mantuvo (ya desde sus inicios bastante atrasado y rudimentario) pr&aacute;cticamente sin modificaciones por espacio de 114 a&ntilde;os, pues todas las tentativas de reformas emprendidas por unos u otros, daban al traste con el rechazo al cambio de los que deb&iacute;an aprobarlas. Por ejemplo, en 1751 el propio Rector <em>Fray Juan Francisco Chac&oacute;n </em> propuso ciertas reformas que no contaron con el apoyo del Claustro Menor (cinco decanos y cuatro consiliarios). En 1759 y en 1765 hubo tambi&eacute;n intentos de reformas. En este &uacute;ltimo a&ntilde;o y por segunda vez las propuestas se hicieron por el propio Rector <em>Chac&oacute;n </em>, quien ocupaba nuevamente el cargo. Sin embargo, muy poco fue aceptado, pues no solo se neg&oacute; la creaci&oacute;n de la C&aacute;tedra de Filosof&iacute;a Experimental (F&iacute;sica), sino que se suprimi&oacute; una C&aacute;tedra de Matem&aacute;tica existente. M&aacute;s adelante, en 1792, el Rector <em>Fray Jos&eacute; Ignacio Calder&oacute;n </em> formul&oacute; una serie de propuestas para una reforma, pero su temprana muerte a los 37 a&ntilde;os frustr&oacute; este nuevo intento de modernizar la Universidad.<span class="superscript">3</span> </p>     <p>El 6 de octubre de 1795, el ilustre <em>Jos&eacute; Agust&iacute;n Caballero </em> pronunci&oacute; un discurso en la Real Sociedad Patri&oacute;tica de La Habana, donde se&ntilde;al&oacute; la necesidad de reformar los estudios en la Universidad.<span class="superscript">3</span> Tambi&eacute;n el doctor <em>Tom&aacute;s Romay </em> y otros destacados profesionales exigieron la Reforma de los Estatutos universitarios y propusieron la introducci&oacute;n de la ense&ntilde;anza de nuevas disciplinas. </p>     <p>Una prueba de la poca importancia que se le daba a las carreras de ciencias, son las cifras de graduados en las diferentes carreras universitarias de ese entonces: </p>     <p>185 de Filosof&iacute;a     <br> 196 de Teolog&iacute;a     <br> 121 de C&aacute;nones     <br> 91 de Medicina </p>     <p>Estas cifras hacen un total de 858 graduados en los 114 a&ntilde;os de existencia de la Universidad de La Habana en su etapa pontificia. Como se puede apreciar, durante ese per&iacute;odo se gradu&oacute; menos de un m&eacute;dico por a&ntilde;o y ning&uacute;n farmac&eacute;utico.<span class="superscript">3</span> </p>     <p>En los documentos que se encuentran el Archivo Central de la Universidad de La Habana, donde est&aacute;n registrados los doctores graduados a partir de la fecha de su constituci&oacute;n en 1728,<span class="superscript">13</span> no aparecen egresados de Farmacia durante el per&iacute;odo comprendido desde tal fecha hasta l842. Los farmac&eacute;uticos que ejercieron en Cuba antes de ese &uacute;ltimo a&ntilde;o fueron recibidos por el Protomedicato o por la Junta Gubernativa de Farmacia. Adem&aacute;s de lo que se deriva de la consulta de los libros de graduados del mencionado Archivo Central, las relaciones de las Memorias Anuario confirman que, con anterioridad a 1842, no se realizaban estudios de Farmacia en la Universidad, por lo que esta no confer&iacute;a t&iacute;tulos de Licenciado y Doctor en esta especialidad. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Los Estatutos y Constituciones de 1734<span class="superscript">12</span> estuvieron vigentes hasta 1842, en que el Gobierno de Espa&ntilde;a aprob&oacute; por Real Orden del 24 de agosto, la reforma de estos, dando la posibilidad de que se practicasen todas las revisiones y adiciones necesarias, tanto al Plan de Estudios como al Reglamento para su definitiva aprobaci&oacute;n. Los nuevos documentos quedaron definitivamente aprobados por Real Orden del 27 de octubre de 1844, y se publicaron en la Imprenta del Gobierno en 1846. As&iacute;, la Real y Pontificia Universidad de San Ger&oacute;nimo de La Habana fue secularizada y pas&oacute; a llamarse Real Universidad de La Habana aunque, popularmente e incluso en algunos documentos oficiales, se le denominaba Real y Literaria Universidad de La Habana. Fue justamente a partir de 1842 que la Universidad incluy&oacute; por primera vez la carrera de Farmacia en su Plan de Estudios.<span class="superscript">11</span> En un pr&oacute;ximo trabajo ser&aacute; abordado lo concerniente al desarrollo y evoluci&oacute;n de la mencionada carrera en sus primeros a&ntilde;os de existencia. </p> <h4>Consideraciones finales </h4>     <p>Seg&uacute;n la documentaci&oacute;n revisada, se puede considerar que, desde su fundaci&oacute;n en 1728 hasta su secularizaci&oacute;n en 1842, en la Real y Pontificia Universidad de San Ger&oacute;nimo de La Habana no existieron estudios de Farmacia. El n&uacute;mero total de farmac&eacute;uticos autorizados a ejercer aparece en una relaci&oacute;n nominal de 330, que se recibieron por conducto del Protomedicato entre 1795 y 1833; adem&aacute;s de otra cifra de 22 doctores y 128 licenciados, que incluye a los recibidos o inscritos en la Real Junta Superior Gubernativa de Farmacia desde 1834 hasta 1842. Por otra parte, los libros de graduados del mencionado Archivo Central y las listas que aparecen en las primeras Memorias Anuario de la Real Universidad de La Habana, correspondientes a los cursos 1864-1865 y 1865-1866, confirman que, con anterioridad a 1842, no se realizaban estudios de Farmacia en ese centro de altos estudios, por lo que entonces no se confer&iacute;an t&iacute;tulos de Licenciado y Doctor en la mencionada especialidad. </p>     <p>Tras su secularizaci&oacute;n en 1842, la Real Universidad de La Habana incluy&oacute; por primera vez en su Plan de Estudios los relativos a la carrera de Farmacia. </p> <h4>Summary </h4>     <p>  <strong>Origin of Pharmacy teaching in Cuba </strong> </p>     <p>Havana University is almost three centuries-old; however, no study has been made so far in which the history of Pharmacy career has been chronologically and systematically presented. The objective of this paper was to look for the most ancient information available in order to present in a brief way the antecedents and origins of Pharmaceutical Sciences teaching at university in Cuba, taking the most significant aspects of the situation prevailing in the island before the emergence of the first university in 1728 as a basis. Additionally, through the analysis of existing documents of that time, it was possible to precise over the year when Pharmacy career was included in that first university. </p>     <p><strong>Key words</strong>: History of Pharmacy in Cuba, origin of pharmaceutical studies in Cuba, antecedents of Pharmacy career in Cuba. </p> <h4>Referencias bibliogr&aacute;ficas </h4>     <!-- ref --><p><strong> </strong>1. Le Riverend, Julio. Introducci&oacute;n a la Gu&iacute;a Tur&iacute;stica CUBA Tierra y Pueblo de G. Constantino. La Habana : Publicaciones Publicitar. Editado por el Instituto Nacional de Turismo (INTUR);1984. p. 10.   </li> <!-- ref --><p>2. Garc&iacute;a Hern&aacute;ndez, Manuell; Mart&iacute;nez-Fort&uacute;n, Follo Susana. Apuntes hist&oacute;ricos relativos a la Farmacia en Cuba. Cuadernos de Historia de La Salud P&uacute;blica No. 33. La Habana : Publicaci{on del Consejo Cient&iacute;fico del Ministerio de Salud P&uacute;blica. 1967.<!-- ref --><p>3. De Armas, Ram&oacute;n; Torres-Cuevas, Eduardo, Cairo Ballester, Ana. Historia de la Universidad de La Habana. Tomo I (1728-1929). La Habana : Editorial Ciencias Sociales;1984.<!-- ref --><p>4. Le Roy y G&aacute;lvez, Luis Felipe. Revista Universidad de La Habana. 1973;(200);161.<!-- ref --><p>5. Santovenia, Emeterio. El Protomedicato de La Habana. Cuadernos de Historia Sanitaria No. 1. Publicaciones del Ministerio de Salubridad y Asistencia Social. La Habana , 1952. p. 5-11.<!-- ref --><p>6. Gonz&aacute;lez Jacomino, Jos&eacute; Javier. S&iacute;ntesis Hist&oacute;rica de la Universidad de La Habana y su Facultad de Ciencias M&eacute;dicas durante la &eacute;poca de la colonia. Colecci&oacute;n “ La Juventud en la Historia ”, Editado por la Secretaria de Trabajo Ideol&oacute;gico. Comisi&oacute;n Nacional de Historia de la Uni&oacute;n de J&oacute;venes Comunistas. La Habana,1978.<!-- ref --><p>7. Audiencia de Santo Domingo. Archivo General de Indias. T&iacute;tulo de Examinador en Medicina de Francisco Teneza. Sevilla: Legajo 489;1708. p. 22-9.<!-- ref --><p>8. Henriques Rodr&iacute;guez, Ruth D. Conferencia Magistral dictada en el Primer Taller de Historia de la Farmacia. Museo Carlos Juan Finlay, La Habana, Marzo 13,2005.<!-- ref --><p>9. Memoria acerca del Estado de la Ense&ntilde;anza en la Universidad de La Habana, Curso 1864-1865. Anuario 1865-1866. Habana, Imprenta del Gobierno y Capitan&iacute;a General, por S.M., Enero de 1866.<!-- ref --><p>10. Carreras Cuevas, Delio. Brev&iacute;sima Cronolog&iacute;a de la Universidad de La Habana: 1670 -1987. [Apuntes personales donados por el autor, localizados en la Biblioteca Central “Rub&eacute;n Mart&iacute;nez Villena”, de la Universidad de La Habana. Referencia FC 378 Carr B]. Ciudad de La Habana,1988.<!-- ref --><p>11. Anuario de la Universidad de La Habana 1900-1901. Legislaci&oacute;n de los Estudios.<!-- ref --><p>12. Real C&eacute;dula y Estatutos de la Real y Pontificia Universidad de San Ger&oacute;nimo de La Habana. A&ntilde;o de 1734. [Documento original localizado en el Archivo Central de la Universidad de La Habana ].<!-- ref --><p>13. Libro Primero de Doctores 1728-1823. [Localizado en el Archivo Central de la Universidad de La Habana ]. </ol>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Recibido: 29 de mayo de 2006. Aprobado: 30 de junio de 2006.     <br> Dra. C. <em>Pilar Marchante Castellanos</em>. Instituto de Farmacia y Alimentos. Universidad de La Habana. Calle 23 No. 21425 entre 214 y 222, La Coronela. municipio Playa, Ciudad de La Habana. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:pilarmc2003@yahoo.es">pilarmc2003@yahoo.es </a></p>     <p><span class="superscript"><a href="#cargo">1</a></span><a href="#cargo">Doctora en Ciencias Qu&iacute;micas. Profesora Titular.    <br> <span class="superscript"><strong>2</strong></span>Doctor en Farmacia. Profesor Titular. Asesor Metodol&oacute;gico.</a><a name="autor"></a> </p>      ]]></body><back>
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