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</front><body><![CDATA[ <DIR>     <DIR> </DIR> </DIR>      <H3>Editorial</H3>   <H2>La otra cara de la respuesta inmune: las enfermedades autoinmunes</H2>   <I>    <P ALIGN="JUSTIFY">Dra. Elena Kokuina</P>       <P ALIGN="JUSTIFY">&#9;La reactividad frente a las estructuras propias fue considerada prohibida por el concepto de "horror autotoxicus" introducido por Ehrlich a principio del siglo. M&aacute;s tarde, se descubrieron los efectos "horrorosos" de la autoinmunidad y actualmente, cerca de 40 estados patol&oacute;gicos se clasifican, completa o parcialmente, como autoinmunes. Las acciones consecuentes de los autoanticuerpos o las c&eacute;lulas T autorreactivas destruyen los tejidos y alteran sus funciones. Las enfermedades autoinmunes (EAs) incluyen condiciones cl&iacute;nicas muy diversas como inflamaciones org&aacute;nicas de articulaciones, serosas, m&uacute;sculos, ri&ntilde;ones y sistema nervioso central, enfermedades hematol&oacute;gicas, lesiones de la piel, defectos de la visi&oacute;n y un grupo considerable de endocrinopat&iacute;as encabezado por la diabetes mellitus insulinodependiente (DMID) y las enfermedades del tiroides.</P>       <P ALIGN="JUSTIFY">&#9;¿Por qu&eacute; un sistema que est&aacute; dise&ntilde;ado para proteger lo propio se vuelve en contra del individuo? Las EAs tienen un origen multifactorial. De manera similar como ocurre con el c&aacute;ncer, donde se sabe que una c&eacute;lula necesita pr&aacute;cticamente pasar la prueba del decatl&oacute;n para convertirse en maligna, son m&uacute;ltiples los factores que intervienen en el desarrollo de las EAs. Las primeras evidencias recayeron sobre los factores gen&eacute;ticos por la elevada incidencia de las EAs en familiares y sobre todo en gemelos id&eacute;nticos. De las influencias g&eacute;nicas, unas de las m&aacute;s documentadas han sido los genes del complejo mayor de histocompatibilidad, que pueden predisponer a las EAs por varios mecanismos, incluyendo la conformaci&oacute;n del repertorio de las c&eacute;lulas T, la selecci&oacute;n y presentaci&oacute;n, y tambi&eacute;n el transporte, de p&eacute;ptidos. Los genes constituyen el asiento de las EAs, sobre el cual inciden las infecciones y se desencadenan las lesiones. La gravedad y extensi&oacute;n de &eacute;stas est&aacute;n moduladas por diversos factores, entre los cuales los endocrinos y los psiconeuroinmunol&oacute;gicos son los m&aacute;s notables.</P>       <P ALIGN="JUSTIFY">&#9;Actualmente se confiere especial importancia a las infecciones como factores desencadenantes de las EAs. Los agentes infecciosos pueden inducir la autoinmunidad patol&oacute;gica por varios mecanismos dentro de los cuales la similitud o mimetismo molecular, la disponibilidad de determinantes cr&iacute;pticos y la presencia de superant&iacute;genos ocupan el mayor inter&eacute;s en la actualidad.</P>       <P ALIGN="JUSTIFY">&#9;&#9;La similitud molecular entre los g&eacute;rmenes y las prote&iacute;nas propias es cr&iacute;tica para el inicio de las EAs. La similitud molecular constituye una ventaja evolutiva de las bacterias y los virus mediante la cual tratan de confundir al hospedero dando lugar a una enfermedad infecciosa por falta de respuesta inmune o a una enfermedad infecciosa que puede culminar en EA, pues una vez que las c&eacute;lulas autoinmunes se activan por el agente invasor, en virtud de la similitud estructural, atacan los tejidos propios que exhiben las mol&eacute;culas en cuesti&oacute;n. Existen evidencias que sustentan esta hip&oacute;tesis. Con determinada frecuencia las EAs son precedidas por episodios de infecci&oacute;n. Un ejemplo interesante de la asociaci&oacute;n entre infecci&oacute;n viral y autoinmunidad es la tiroiditis subaguda, una enfermedad cuya presentaci&oacute;n cl&iacute;nica apunta a la patog&eacute;nesis viral, pero un subconjunto de estos pacientes progresan a la enfermedad tiroidea autoinmune. Estudios moleculares han permitido identificar secuencias aminoac&iacute;dicas similares entre el adenovirus tipo 2 y un fragmento de la prote&iacute;na de la mielina (autoant&iacute;geno de la esclerosis m&uacute;ltiple [EM]), as&iacute; como entre el virus coxsackie y la descarboxilasa del &aacute;cido glut&aacute;mico (autoant&iacute;geno de la DMID). Se ha comunicado que el virus coxsackie est&aacute; epidemiol&oacute;gicamente asociado con la DMID, y puede inducir esta enfermedad en animales de experimentaci&oacute;n.</P>       <P ALIGN="JUSTIFY">&#9;Recientemente se ha esclarecido como los genes pueden influir en la respuesta inmune. Estudios recientes de biolog&iacute;a molecular han demostrado que los factores gen&eacute;ticos determinan la calidad de la respuesta inmune porque seleccionan los fragmentos de la prote&iacute;na extra&ntilde;a que van a inducir la respuesta inmune. En este sentido los genes aportan la susceptibilidad para las EAs porque escogen con preferencia fragmentos del germen id&eacute;nticos o similares a los propios para activar el sistema inmune. Esto no significa que las personas con predisposici&oacute;n gen&eacute;tica a la autoinmunidad inicien una EA despu&eacute;s de una infecci&oacute;n dada. La progresi&oacute;n a la EA depende de diversos factores inmunorregulatorios, entre los cuales el balance de las c&eacute;lulas Th (helper = auxiliadora) CD4+, Th1/Th2, pudiera desempe&ntilde;ar un papel decisivo si consideramos que EAs como la artritis reumatoidea, la DMID, la EM y posiblemente otras localizadas en &oacute;rganos son atribuidas a la patogenicidad de las c&eacute;lulas Th1, secretoras de citocinas proinflamatorias como interfer&oacute;n (IFN-gamma), interleucina 2 (IL-2), factor de necrosis tumoral beta (TNF-beta) y eficientes activadoras de los macr&oacute;fagos. Por el contrario, como se ha demostrado en modelos experimentales de estas enfermedades, las c&eacute;lulas T CD4+ con fenotipo de Th2, secretoras de citosinas antiinflamatorias, como las interleucinas 4 y 5 (IL-4, IL-5) no s&oacute;lo son protectoras frente a la inducci&oacute;n de la EA, sino tambi&eacute;n previenen la progresi&oacute;n de la enfermedad establecida. De ah&iacute;, que se ha propuesto la inmunizaci&oacute;n con el autoant&iacute;geno en presencia de IL-4 para desviar la respuesta a Th2 como una posible estrategia de intervenci&oacute;n en estas enfermedades. En realidad, hay que considerar que algunas EAs son causadas y dependientes de c&eacute;lulas Th2, como es el caso de la enfermedad de Graves (asociada a autoanticuerpos frente al receptor de la hormona estimulante del tiroides) y la miastenia gravis (asociada a autoanticuerpos frente al receptor de acetilcolina). De hecho, la incidencia de la enfermedad de Graves en la poblaci&oacute;n es muy superior (alrededor de 10 veces, seg&uacute;n estad&iacute;sticas de pa&iacute;ses industrializados) a la de la DMID. Entonces, se necesita mucha cautela al provocar desequilibrio en las proporciones de c&eacute;lulas Th1/Th2, pues se podr&iacute;a pasar de una EA a otra. Es m&aacute;s sensato considerar que el desbalance Th1/Th2 no es el &uacute;nico factor inmunorregulador que determina el desarrollo de las EAs, y si as&iacute; lo fuera, es necesario desentra&ntilde;ar los procesos moleculares que conllevan a la dicotom&iacute;a Th1/Th2, as&iacute; como los mecanismos por los cuales la polarizaci&oacute;n de las c&eacute;lulas Th induce las etapas finales, irreversibles de la patog&eacute;nesis de las EAs.</P>   </I>       ]]></body>
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