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<institution><![CDATA[,Hospital Militar Central Carlos J Finlay  ]]></institution>
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<country>Cuba</country>
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</front><body><![CDATA[ <H3> Opiniones</H3>      <H2>   Crisis del m&eacute;todo cl&iacute;nico</H2>   <I>Dr. Miguel A. Moreno Rodr&iacute;guez</I>          <P>Asistimos a una crisis del <I>m&eacute;todo cl&iacute;nico</I>, que   tiene consecuencias preocupantes en el ejercicio de la medicina. Nos afecta   a todos, pa&iacute;ses desarrollados y subdesarrollados y la encabezan,   los Estados Unidos que, teniendo los aspectos cient&iacute;fico-t&eacute;cnicos   m&aacute;s avanzados de la medicina en el mundo -no as&iacute; los sociales-   ejercen por ello una fuerte influencia sobre los m&eacute;dicos e instituciones   de salud en todas partes y crean en algunos una tendencia a seguir su ejemplo.          <P>El problema se ha estudiado en distintos pa&iacute;ses y debemos decir   que un gran n&uacute;mero de los an&aacute;lisis m&aacute;s sensatos y   l&uacute;cidos provienen, precisamente, de los medios acad&eacute;micos   de los propios Estados Unidos, hondamente preocupados por sus implicaciones.          <P>A mi juicio, la crisis gira, sobre todo, alrededor de los siguientes   aspectos: deterioro de la relaci&oacute;n m&eacute;dico-paciente, menosprecio   del valor del interrogatorio y del examen f&iacute;sico, sobrevaloraci&oacute;n   de la funci&oacute;n de la tecnolog&iacute;a y desinter&eacute;s creciente   por la medicina interna y de atenci&oacute;n primaria. Intentaremos abordarlos   separadamente.   <H4>   DETERIORO DE LA RELACI&Oacute;N M&Eacute;DICO-PACIENTE</H4>   La relaci&oacute;n m&eacute;dico-paciente, que es el aspecto m&aacute;s   sensible y humano de la medicina, requiere una buena comunicaci&oacute;n   del m&eacute;dico con el enfermo, sentir y mostrar un inter&eacute;s real   por su problema, tratarlo con dignidad, con respeto y saber escuchar, lo   que equivale a dejar al enfermo expresar libremente sus quejas. <I>Osler</I>   dec&iacute;a que el m&eacute;dico tiene 2 o&iacute;dos y 1 boca para escuchar   el doble de lo que habla. Sin embargo, el estilo m&eacute;dico actual en   la entrevista es de un alto control. El m&eacute;dico habla m&aacute;s   que el paciente y realiza un interrogatorio muy dirigido sobre la base   de preguntas directas, mientras que el paciente con frecuencia se limita   a decir s&iacute; o no. De ah&iacute; que las entrevistas tengan un bajo   contenido terap&eacute;utico, no se obtengan datos primarios de valor,   la informaci&oacute;n para el diagn&oacute;stico sea incompleta, se dejen   de abordar problemas activos y, al final, se cometan errores en el diagn&oacute;stico.   Muchos m&eacute;dicos olvidan que con frecuencia, los enfermos eval&uacute;an   las habilidades interpersonales por encima de su propia competencia cient&iacute;fica,   que desean explicaciones claras, que el m&eacute;dico demuestre paciencia,   cortes&iacute;a, privacidad, confidencialidad y lo ayude no s&oacute;lo   desde el punto el vista m&eacute;dico, sino tambi&eacute;n psicol&oacute;gico   y social.          <P>El estudio de <I>Beckman</I> y <I>Frankel</I>,<SUP>1</SUP> muestra que   los enfermos eran interrumpidos como promedio a los 18 s de comenzar a   hablar, en ocasiones a los 5 s, que en la mayor&iacute;a de los casos la   interrupci&oacute;n ven&iacute;a despu&eacute;s de exponer el primer s&iacute;ntoma   y que s&oacute;lo el 20 % pudo completar el relato de sus quejas. <I>Noren</I><SUP>2</SUP>   ha reportado que el tiempo medio que el especialista de atenci&oacute;n   primaria dedica a sus enfermos es de 13 min y de 18 el internista, sin   abordar los problemas emocionales de los pacientes en el 97 % de la muestra.   En contraste, <I>De la Sierra</I><SUP>3</SUP> considera que interrogar   y examinar a un paciente nuevo requiere en las mejores condiciones de cooperaci&oacute;n   por parte del enfermo y de entrenamiento por parte del m&eacute;dico, un   m&iacute;nimo de 30 min, sin los cuales el <I>m&eacute;todo cl&iacute;nico</I>   no puede ser adecuadamente aplicado. En un largo estudio de 8 a&ntilde;os,   <I>Beaumier</I> y <I>Bordage</I>,<SUP>4</SUP> en Canad&aacute;, hallaron   entre las deficiencias m&aacute;s frecuentes de los m&eacute;dicos, no   identificarse ante el paciente, no darle el tiempo necesario para contestar,   hablar al mismo tiempo que &eacute;l, no mirarlo, no atender a lo que se   le dec&iacute;a, re&iacute;rse inapropiadamente, hacer preguntas autom&aacute;ticas   en tono mon&oacute;tono, permanecer distante, hacer un examen f&iacute;sico   desorganizado, mec&aacute;nico e irrelevante, mostrarse impaciente e incluso   agresivo, no dar explicaciones o ser muy escueto y no hacer el seguimiento   posterior del enfermo. &iquest;Qu&eacute; puede esperarse de tal tipo de   relaci&oacute;n m&eacute;dico-paciente?          <P><I>Patricia Numan,</I><SUP>5</SUP> de la Universidad de Nueva York,   ha se&ntilde;alado que la mayor&iacute;a de los pleitos judiciales contra   los m&eacute;dicos son por la pobre comunicaci&oacute;n con los enfermos.   Digamos de paso que exactamente lo mismo es lo que sucede en nuestro pa&iacute;s.   En su opini&oacute;n, las fallas de comunicaci&oacute;n son por un mayor   &eacute;nfasis educativo en los aspectos de la ciencia y la t&eacute;cnica   que en el desarrollo de habilidades interpersonales.          <P>Se ha dicho que un factor importante es la falta de tiempo. Mi experiencia   personal me ha ense&ntilde;ado que la primera entrevista con un paciente   es crucial y el tiempo invertido en ella es tiempo que se ahorra <I>a posteriori</I>,   porque cuando hay premura e indefinici&oacute;n de problemas el m&eacute;dico   tendr&aacute; que volver sobre sus pasos para redefinir la informaci&oacute;n   primaria, con lo que al final se consume m&aacute;s tiempo. Claro est&aacute;   que si hay que ver &laquo;6 casos por hora&raquo;, como establece una norma   cl&aacute;sica de nuestros administradores, que med&iacute;a la &laquo;productividad&raquo;   del m&eacute;dico por el n&uacute;mero de enfermos vistos en la unidad   de tiempo, no puede hacer tampoco una buena definici&oacute;n de los problemas.          <P>Hay otro factor muy importante que ha se&ntilde;alado el profesor mexicano   <I>Hinich</I>:<SUP>6</SUP> el clima econ&oacute;mico y social de la medicina   actual en el mundo admira y paga con creces al m&eacute;dico que hace procedimientos   t&eacute;cnicos y desprecia y paga mal al que interroga y escucha. Hace   4 a&ntilde;os, en Tennessee, un m&eacute;dico de familia requer&iacute;a   hacer 18 visitas de 15 min cada una u 8 visitas de 50 min cada una, trabajando   en el primer caso 4 horas y media y en el segundo 8 horas y media para   ganar lo que un cardi&oacute;logo al realizar una coronariograf&iacute;a,   que puede hacerse en menos de 1 h.7 Mientras m&aacute;s tiempo se le dedica   al enfermo, el pago por unidad de tiempo se reduce. Se gana m&aacute;s   puncionando un orzuelo que haciendo un diagn&oacute;stico cl&iacute;nico   brillante.   <H4>   EL MENOSPRECIO DE LA CL&Iacute;NICA</H4>   De la medicina interna y la cirug&iacute;a general se desprendieron en   este siglo las subespecialidades como una necesidad inevitable y provechosa,   en virtud de la acumulaci&oacute;n vertiginosa de conocimientos y el progreso   tecnol&oacute;gico y es enorme lo que debe nuestra profesi&oacute;n al   desarrollo de las subespecialidades. Pero los subespecialistas que atienden   enfermos de manera continuada tambi&eacute;n son cl&iacute;nicos porque   adem&aacute;s de la t&eacute;cnica usan el interrogatorio, el examen f&iacute;sico,   el razonamiento cl&iacute;nico y las aproximaciones anal&iacute;ticas en   el diagn&oacute;stico. El <I>m&eacute;todo cl&iacute;nico</I> les concierne   tanto como al internista. &iquest;Qu&eacute; valor tiene este m&eacute;todo?          <P>Est&aacute; bien establecido que los m&eacute;dicos obtienen de la historia   cl&iacute;nica la mayor parte de la informaci&oacute;n para el diagn&oacute;stico.   Los trabajos de <I>Bauer</I>,<SUP>8</SUP> <I>Hampton</I>,<SUP>9</SUP> <I>Sandler</I>,<SUP>10</SUP>   <I>Young</I>,<SUP>11</SUP> <I>Rich</I><SUP>12</SUP> y otros investigadores   en los Estados Unidos e Inglaterra muestran que el interrogatorio hace   por s&iacute; solo el diagn&oacute;stico en el 56 al 62 % de los enfermos;   el examen f&iacute;sico a&ntilde;ade del 9 al 17 % y la tecnolog&iacute;a   aporta del 20 al 23 % restante. La importancia del interrogatorio es determinante.          <P>&iquest;Por qu&eacute; entonces se maltrata a la cl&iacute;nica que   es tan &uacute;til? Pienso que por 4 razones: por ignorar su importancia,   porque requiere de tiempo (sentarse con el enfermo, escucharlo con calma,   relacionarse amablemente con &eacute;l, luego examinarlo y despu&eacute;s   escribir); porque no da mucho dinero y porque se considera equivocadamente   que la tecnolog&iacute;a puede sustituirla. Est&aacute; claro que el menosprecio   de la cl&iacute;nica no s&oacute;lo rebaja al m&eacute;dico, sino que encarece   notablemente los costos de la asistencia y es una fuente continua de errores   diagn&oacute;sticos.          ]]></body>
<body><![CDATA[<P>Hace 11 a&ntilde;os, <I>Thomas Iberti</I>,<SUP>13</SUP> del hospital   Mount Sinai, expresaba que a la mayor&iacute;a de los residentes se les   ve&iacute;a muy pocas veces haciendo una entrevista o examinando a un enfermo,   raramente buscaban relacionarse de manera efectiva con el paciente y que   la habilidad para hacer una anamnesis y un examen f&iacute;sico experimentado   hab&iacute;a sido desenfatizada. En nuestro medio, mientras haya un alumno   o un interno, entre &eacute;l y el paciente, el residente jam&aacute;s   har&aacute; una historia cl&iacute;nica. En una encuesta efectuada en 1994   entre los jefes de cardiolog&iacute;a de las facultades de medicina de   los Estados Unidos y miembros de la sociedad <I>Laennec</I> de la <I>American   Heart Association</I><SUP>14</SUP> acerca de si consideraban que hab&iacute;a   un deterioro de dichas habilidades entre los residentes de esa especialidad   en el pa&iacute;s, hubo una respuesta afirmativa del 70 % de los profesores   y del 92 % de los especialistas consultados. Es realmente sorprendente   que se est&eacute;n formando cardi&oacute;logos en los Estados Unidos capaces   de hacer e interpretar una ecocardiograf&iacute;a bidimensional con cartograf&iacute;a   del flujo a color, pero no sepan definir un soplo.          <P>Pienso que en el menosprecio interviene el que se considere a la cl&iacute;nica   una ciencia "blanda", inmersa en la incertidumbre, una mera colecci&oacute;n   de estampas folkl&oacute;ricas y anecd&oacute;ticas. Quienes as&iacute;   razonan ignoran que la incertidumbre y el azar existen en todas las ciencias,   incluida la f&iacute;sica moderna y que todos los casos cl&iacute;nicos   serios son rigurosamente cient&iacute;ficos, encarnando una ciencia de   lo individual tan &laquo;dura&raquo; como la biolog&iacute;a molecular.   <H4>   SOBREVALORACI&Oacute;N DE LA TECNOLOG&Iacute;A</H4>   Al igual que el desarrollo de las subespecialidades, el progreso tecnol&oacute;gico   ha significado un gigantesco paso de avance en la medicina. Los an&aacute;lisis,   de cualquier tipo que sean, no s&oacute;lo confirman unos diagn&oacute;sticos   y rechazan otros, tambi&eacute;n rastrean enfermedades ocultas, revelan   posibilidades diagn&oacute;sticas all&iacute; donde la cl&iacute;nica no   llega, asisten al m&eacute;dico en el tratamiento de enfermedades ya definidas,   proveen ayuda pron&oacute;stica y tienen el valor de tranquilizar tanto   al enfermo como al m&eacute;dico.<SUP>15</SUP> Son una ayuda inapreciable;   los usamos a diario y nos beneficiamos a diario de ellos si son empleados   racionalmente. El error est&aacute; en considerar que la tecnolog&iacute;a   sustituye y hace obsoleta la cl&iacute;nica. La tecnolog&iacute;a extiende,   pero nunca remplazar&aacute; las habilidades cl&iacute;nicas: en todo caso   lo que hace la t&eacute;cnica moderna es sustituir a la t&eacute;cnica   vieja y de eso hay decenas de ejemplos.          <P>La confianza en la capacidad de la tecnolog&iacute;a ha sido absurdamente   hipertrofiada por algunos que preconizan entregar el razonamiento m&eacute;dico   a equipos autom&aacute;ticos y delegar el estudio cl&iacute;nico a computadoras,   consideran que la funci&oacute;n del m&eacute;dico es ordenar procedimientos   t&eacute;cnicos e interpretar sus hallazgos. Otros creen que la tecnolog&iacute;a   hace anticuadas las opiniones de los cl&iacute;nicos, que el juicio cl&iacute;nico   est&aacute; anclado en el pasado, mientras que la tecnolog&iacute;a se   basa en progresos contempor&aacute;neos que son la ant&iacute;tesis de   la experiencia.          <P>El problema del sobreuso de la tecnolog&iacute;a es complejo. Por un   lado muchos generalistas en el mundo han desarrollado una dependencia de   los an&aacute;lisis de laboratorio, radiograf&iacute;as y electrocardiogramas   para incrementar sus ingresos y derivan del 25 al 30 % de sus ganancias   de estos procederes; por otro lado muchos m&eacute;dicos est&aacute;n colonizados   por la t&eacute;cnica (que es lo que sucede entre nosotros), han atrofiado   sus habilidades de observaci&oacute;n y razonamiento, desconf&iacute;an   de la cl&iacute;nica, que quiz&aacute;s nunca cultivaron con amor, creen   que s&oacute;lo hay ciencia en el laboratorio y lo que hacen es un crudo   "triage" que no exige m&aacute;s que un razonamiento muy elemental. En   consecuencia, por cualquier pretexto indican an&aacute;lisis, endoscopias,   tomograf&iacute;as computadorizadas y resonancias magn&eacute;ticas que   lo &uacute;nico que hacen es maltratar a los enfermos, someterlos a riesgos,   multiplicar los costos y aumentar los errores. El abuso tecnol&oacute;gico   no mejora la calidad de la atenci&oacute;n m&eacute;dica, sino que la perjudica   y ha deteriorado la educaci&oacute;n de los m&eacute;dicos en la aplicaci&oacute;n   del <I>m&eacute;todo cl&iacute;nico</I>, determinando una disminuci&oacute;n   del &eacute;nfasis en el entrenamiento de los estudiantes para hacer una   historia cl&iacute;nica con calidad.          <P><I>George L. Engel</I>,<SUP>16</SUP> un eminente analista de esta situaci&oacute;n,   puso el dedo en la llaga cuando escribi&oacute; este juicio l&uacute;cido   y profundo: "La declinaci&oacute;n en la atenci&oacute;n a las habilidades   cl&iacute;nicas contrasta con una suprema confianza en la capacidad de   la tecnolog&iacute;a para resolver los problemas m&eacute;dicos y es un   reflejo de la confianza que la sociedad occidental pone en la superioridad   de las soluciones tecnol&oacute;gicas para los problemas del hombre".          <P>Concluyamos con <I>Feinstein</I>:<SUP>17</SUP> La complejidad del ser   humano s&oacute;lo puede ser apreciada &iacute;ntegramente por el &uacute;nico   aparato astuto, vers&aacute;til, perceptivo y suficientemente adaptable   para examinar al hombre como hombre: un observador humano.   <H4>   EL DESINTER&Eacute;S POR EL GENERALISMO</H4>   Cada vez son menos los m&eacute;dicos que se interesan por la medicina   interna y de atenci&oacute;n primaria. Es un fen&oacute;meno universal,   pero m&aacute;s acusado en los pa&iacute;ses desarrollados. No tienen atractivos   para los estudiantes; en los Estados Unidos, las plazas de estas residencias   se ocupan s&oacute;lo en un 50 al 60 %; casi el 30 % de los que inician   la residencia la abandonan en el segundo a&ntilde;o y hasta el 60 % de   los que finalmente la concluyen se derivan a la larga a otra especialidad.   Seg&uacute;n una encuesta de <I>Lewis</I><SUP>18</SUP> en 1991, el 21 %   de los especialistas no volver&iacute;an a escogerla si tuvieran que empezar   de nuevo y el 19 % escoger&iacute;an incluso una profesi&oacute;n no m&eacute;dica.   Para <I>Cleaveland</I>,7 en 1993, y cito textualmente, "esto es terror&iacute;fico   para un pa&iacute;s que necesita m&aacute;s y no menos m&eacute;dicos de   atenci&oacute;n primaria".          <P>Las razones son las siguientes: menor retribuci&oacute;n econ&oacute;mica:   un generalista gana hasta la cuarta parte de lo que percibe un subespecialista;   demasiada sobrecarga de trabajo, intrusismo y limitaciones que imponen   las compa&ntilde;&iacute;as de seguros y otras agencias, excesivo papeleo,   desagrado por el tipo de enfermo, muchos de ellos ancianos con enfermedades   cr&oacute;nicas incurables, muchos alcoh&oacute;licos, drogadictos y enfermos   del SIDA; discriminaci&oacute;n en los hospitales, menor tiempo libre y   estilo de vida inferior.          <P>Y sin embargo, pese a todo, ning&uacute;n pa&iacute;s puede darse el   lujo de prescindir de una amplia cobertura de m&eacute;dicos generalistas   en la atenci&oacute;n primaria y secundaria, m&eacute;dicos de perfil ancho,   que hagan uso con excelencia del interrogatorio, el examen f&iacute;sico,   el razonamiento cl&iacute;nico, indiquen an&aacute;lisis cuando lo crean   necesario y puedan asumir la mayor parte de la atenci&oacute;n m&eacute;dica   individual de la poblaci&oacute;n. De ninguna manera ello puede ser asumido   por las subespecialidades desde la misma base del sistema de salud. La   vida demostr&oacute; que ese intento fracas&oacute; por su alt&iacute;simo   costo, porque ni siquiera los Estados Unidos, tan inmensamente ricos y   saturados de recursos y donde esa concepci&oacute;n tuvo mucha fuerza,   pudo echarse sobre sus hombros tama&ntilde;o esfuerzo y hoy tratan, a trav&eacute;s   de reformas al sistema de salud, de lograr una amplia cobertura de generalistas   que les permita asumir la atenci&oacute;n primaria de la poblaci&oacute;n   y acallar las quejas de m&aacute;s de 40 000 000 de habitantes que reciben   una deficiente atenci&oacute;n m&eacute;dica.          <P>En Cuba ya contamos con unos 67 000 m&eacute;dicos, 30 000 de ellos   de atenci&oacute;n primaria y unos 3 500 internistas. En un comienzo se   prioriz&oacute; la formaci&oacute;n de internistas, pero despu&eacute;s   se decidi&oacute; impulsar la subespecializaci&oacute;n antes de que la   medicina interna alcanzara la suficiente madurez y cobertura. La raz&oacute;n   era acoplarnos al desarrollo acelerado de la especializaci&oacute;n y la   t&eacute;cnica que se produc&iacute;a en el primer mundo e impulsar el   desarrollo cient&iacute;fico del pa&iacute;s. La consecuencia fue derivar   el inter&eacute;s de los m&eacute;dicos hacia las subespecialidades. La   medicina interna qued&oacute; sumergida por a&ntilde;os en una sobrecarga   de trabajo asistencial y docente en la atenci&oacute;n primaria y dej&oacute;   de tener atractivos m&aacute;s que para una minor&iacute;a.          <P>La presi&oacute;n de trabajo deterior&oacute; seriamente el <I>m&eacute;todo   cl&iacute;nico</I> entre los propios internistas, quiz&aacute;s el especialista   m&aacute;s obligado a utilizar el m&eacute;todo en su forma m&aacute;s   depurada. Los a&ntilde;os que siguieron vieron un desarrollo desigual y   una confrontaci&oacute;n creciente y a veces amarga entre internistas y   subespecialistas.<SUP>19</SUP> Ya para los a&ntilde;os 80 hab&iacute;a   plena conciencia de que nos faltaba otro m&eacute;dico generalista para   la atenci&oacute;n primaria y se prioriz&oacute; su formaci&oacute;n. Hoy   es la especialidad m&aacute;s numerosa del pa&iacute;s y ha constituido   la medida m&aacute;s importante para hacer resurgir la medicina interna,   que se mantiene en los hospitales y compartiendo tareas de consultor&iacute;a   en la atenci&oacute;n primaria. A mi juicio, la esencia de nuestra experiencia   asistencial en la atenci&oacute;n de adultos es que hace falta priorizar   desde un principio la formaci&oacute;n de 2 generalistas: uno para la atenci&oacute;n   primaria -que asume adem&aacute;s al ni&ntilde;o, la embarazada y otras   importantes funciones m&eacute;dico-sociales comunitarias- y otro para   la atenci&oacute;n secundaria, porque en los hospitales, el servicio con   mayor demanda de trabajo ha sido, es y continuar&aacute; siendo medicina   interna.          ]]></body>
<body><![CDATA[<P>Hoy tenemos por delante un reto que ata&ntilde;e en particular a los   profesores. A todos los de las especialidades cl&iacute;nicas, pero en   particular a los de medicina interna y medicina general integral: restablecer   todos los valores del <I>m&eacute;todo cl&iacute;nico</I> y sembrar permanentemente   sus principios en todos los m&eacute;dicos en formaci&oacute;n.   <H4>   Referencias bibliogr&aacute;ficas</H4>      <OL>       <LI>   Beckman HB, Frankel RM. The effect of physician behavior on the collection   of data. Ann Intern Med 1984;101(5):692-6.</LI>          <LI>   Noren J, Frazier T, Altmann I, De Lozier J. Ambulatory medical care: a   comparison of internist and family general practitioners. N Engl J Med   1980;302:11-6.</LI>          <LI>   Sierra T de la. El m&eacute;todo cient&iacute;fico aplicado a la cl&iacute;nica.   M&eacute;xico, DF:Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana, 1982;39-40.</LI>          <LI>   Beaumier A, Bordage G, Saucier D, Turgeon J. Nature of the clinical difficulties   of first year family medicine residents under direct observations. Can   Med Assoc J 1992;146(4):489-97.</LI>          <!-- ref --><LI>   Numan P. Our greatest failure. Am J Surg 1988;155(2):263-5.</LI>    <LI>   Hinich H. Triunfos y fracasos de la medicina en los Estados Unidos. Gac   Med Mex 1990;126:72-9.</LI>          <!-- ref --><LI>   Cleaveland CR. Gloom in the trenches. HMQ 1993;15:7-11.</LI>    <LI>   Bauer J. Diagn&oacute;stico diferencial de las enfermedades internas. Barcelona:Editorial   Cient&iacute;fico-M&eacute;dica, 1958:XI.</LI>          <LI>   Hampton JR, Harrison MJG. Mitchell JRA, Prichard JS, Seymour C. Relative   contributions of the history-taking, physical examination and laboratory   investigations to diagnosis and management of medical out patients. Br   Med J 1975;2:486-9.</LI>          ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><LI>   Sandler G. Cost of unnecessary tests. Br Med J 1979;2:21-4.</LI>    <LI>   Young MJ, Posses RM. Medical students perceptions of the value of the history   and physical examination. J Med Educ 1983;58:738-9.</LI>          <LI>   Rich EC, Terry WC, Harris IB. The diagnostic value of the medical history.   Perceptions of the internal medicine physicians. Arch Intern Med 1987;1477:1957-60.</LI>          <LI>   Iberti TJ. American medical education: has it created a Frankenstein? Am   J Med 1985;78:179-81.</LI>          <LI>   Shaver JA. Auscultaci&oacute;n card&iacute;aca: una habilidad diagn&oacute;stica   con buena relaci&oacute;n costo-efectividad. Madrid:Tarpyo, 1996:7-8.</LI>          <LI>   Griner PF, Glaser RJ. Misuse of laboratory tests and diagnostic procedures.   N Engl J Med 1982;307:1336-9.</LI>          <!-- ref --><LI>   Engel GL. Are medical schools neglecting clinical skills? JAMA 1976;236(7):861-3.</LI>    <LI>   Feinstein AR. Scientific methodology in clinical medicine. Ann Intern Med   1964;61:1162-3.</LI>          <LI>   Lewis CE, Pront DM, Chalmers EP, Leake B. How satisfaying is the practice   of internal medicine? Ann Intern Med 1991;114(1):1-5.</LI>          <LI>   Cuba. Ministerio de Salud P&uacute;blica. Programa de desarrollo 2000:   medicina interna. La Habana: Editorial Ciencias M&eacute;dicas, 1987:11-9.</LI>       ]]></body>
<body><![CDATA[</OL>   Recibido: 17 de marzo de 1998. Aprobado: 20 de abril de 1998.          <P>Dr. <I>Miguel A. Moreno Rodr&iacute;guez. </I>Hospital Militar Central   &laquo;Carlos J Finlay, Ave. 31 y calle 114, Marianao, Ciudad de La Habana,   Cuba.             ]]></body><back>
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