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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Monitoreo neurointensivo en pediatría (III): Tratamiento. Medidas generales]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Hospital Pediatrico Provincial Docente Eduardo Agramonte Piña  ]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Summary It is reported that with neuromonitoring and the intensive management of severe cranioencephalic trauma, a group of different physiopathological phenomena has been identified that requires diverse and specific measures for each patient, making their treatment more rational. This has also led to a radical change of conceptions about old therapeutic patterns established for many years. An example of this change is their hydric replacement. They were before on a dry flowing and today it is preconized the strict euvolemia, the substitution of routine hyperventilation by optimized ventilation, changes in the policy of use of osmotic agents, the barbiturate therapy and the decompressive craniotomy in cases of intracranial hypertension refractory to the conventional therapeutic measures. In this paper, an updated review of the main therapeutic measures used in these patients is made according to the guidelines for the treatment of severe cranial trauma of the American Association of Neurological Surgeons and of the European Consortium for Brain Injury. The therapeutic measures used in these patients are divided into 2 stages. In this third updating paper, the management of the first stage that corresponds to the urgent initial stabilization before determining the measurement of the intracranial pressure (ICP), as well as the general measures of the second phase, once the monitoring of the ICP has started, are approached. The therapeutic principles that have been used for many years at the Provincial General Hospital and at the Provincial Pediatric Teaching Hospital of Camagüey to manage severe cranial trauma and which are based on the initial measures taken on admission, according to the principles of advanced vital support in trauma for the cardiopulmonary resuscitation, and some general measures directed to avoid the progression or appearance of secondary brain injuries are also included here.]]></p></abstract>
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<kwd lng="es"><![CDATA[TRAUMATISMOS CEREBRALES]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[ <p>Hospital Pediátrico Provincial Docente “Dr. Eduardo Agramonte Piña”, Camagüey  </p> <h2>Monitoreo neurointensivo en pediatría (III). Tratamiento. Medidas generales  </h2>     <p><a href="#cargo"><i>Dr. Eduardo M. Pleguezuelo Rodríguez,<span class="superscript">1</span>    Dra. Odila Quirós Viqueira,<span class="superscript">2</span> Dr. David Rodríguez    Bencomo,<span class="superscript">2</span> Dr. José montejo montejo<span class="superscript">3    </span>y Dr. Huviel López Delgado<span class="superscript">4 </span> </i></a><i><a name="autor"></a></i></p> <h4>Resumen </h4>     <p>Se informa que con el neuromonitoreo y el manejo intensivo del traumatismo    craneoencefálico grave, se han identificado un grupo de fenómenos fisiopatológicos    diferentes, los cuales requieren de medidas disímiles y específicas para cada    paciente, lo que hace más racional el tratamiento de ellos. De la misma manera    esto ha propiciado que cambien radicalmente las concepciones acerca de antiguos    patrones terapéuticos establecidos durante muchos años; ejemplo de esto es el    cambio en la reposición hídrica de ellos, los cuales antes se mantenían sobre    una vertiente seca y hoy se preconiza la euvolemia estricta, la sustitución    de la hiperventilación de rutina por la ventilación optimizada, cambios en la    política del uso de agentes osmóticos, la terapia barbitúrica y la craneotomía    descompresiva en casos de hipertensión intracraneal refractaria a medidas terapéuticas    convencionales. En este trabajo se hace una revisión actualizada de las principales    medidas terapéuticas utilizadas en estos pacientes, acorde con lo que plantean    los lineamientos para el tratamiento del traumatismo craneal grave de la Asociación    Americana de Cirujanos Neurológicos y los del consorcio europeo para la lesión    cerebral. Las medidas terapéuticas utilizadas en estos pacientes se dividen    en 2 fases. En este tercer trabajo de actualización se aborda el manejo de la    primera fase que corresponde a la estabilización urgente inicial antes de establecer    la medición de la presión intracraneal (PIC), así como las medidas generales    de la segunda fase una vez iniciado el monitoreo de la PIC. Principios terapéuticos    que desde hace algunos años se vienen utilizando en el Hospital provincial General    y el Hospital Pediátrico Provincial Docente de Camagüey para el manejo del trauma    craneal grave, los cuales se basan en medidas iniciales en la recepción, acorde    con lo que plantean los principios del soporte vital avanzado en trauma para    la reanimación cardiorrespiratoria, y medidas generales encaminadas a evitar    la progresión o aparición de lesiones cerebrales secundarias.</p>     <p>DeCS: TRAUMATISMOS CEREBRALES/terapia; TRAUMATISMOS DE LA CABEZA/terapia; CUIDADOS    INTENSIVOS; PRESION INTRACRANEANA; PERFUSION; NIÑO; MONITOREO FISIOLOGICO. </p>     <p>El traumatismo craneoencefálico (TCE) requiere de un tratamiento de urgencia    agresivo, con el fin de impedir o reducir al mínimo la lesión irreversible del    sistema nervioso central (SNC), para lo cual es preciso adoptar un enfoque decidido    y organizado que asegure la atención óptima del paciente desde su manejo inicial    y durante las bases siguientes de diagnóstico y tratamiento definitivos. </p>     <p>Globalmente el enfoque terapéutico del neurotrauma grave persigue 3 finalidades:  </p> <ol>       <li>Optimización de la presión de perfusión cerebral (PPC). </li>       <li>Control de la PIC: Prevención de la herniación cerebral.</li>       <li>Prevención de la lesión cerebral secundaria que incluye:     <br>         ]]></body>
<body><![CDATA[<br>     - Tratamiento de factores intraneurológicos:    <br>         <br>     · Hipertensión endocraneal (HTE).     <br>         <br>     - Lesiones de masa intracraneales.     <br>         <br>     · Vasospasmo de hemorragia subaracnoidea (HSA) traumática.          <p> · Convulsiones. </p>         <p>- Prevención, reconocimiento y tratamiento de factores extraneurológicos:      </p>         <p>· Hipotensión arterial.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>       · Hipoxemia.    <br>       · Hipercapnia.    <br>       · Hipocapnia.    <br>       · Anemia.    <br>       · Hipovolemia.    <br>       · Hiperglicemia.    <br>       · Hipoglicemia.    <br>       · Hiperosmolaridad.    <br>       · Hiponatremia.    <br>       · Fiebre. </p>   </li>     ]]></body>
<body><![CDATA[</ol>     <p>Los importantes progresos de los últimos años en la comprensión de las complejas    repercusiones funcionales que siguen el fenómeno traumático, han introducido    conceptos novedosos y revolucionarios en las concepciones tradicionales de manejo    de las lesiones craneoencefálicas severas. Como ejemplos podrían citarse: </p> <ul>       <li>El manejo prioritario de la PPC como objetivo principal del tratamiento.    </li>       <li>La utilización de una terapéutica específica individualmente orientada a      las alteraciones fisiopatológicas detectadas. </li>       <li>El empleo racional de medidas dirigidas al control de la HTE únicamente      cuando se demuestra un aumento de la PIC, mediante el monitoreo o por evidencias      sugestivas en la tomografía axial computadorizada (TAC), o bien de manera      emergente en pacientes con signos clínicos de herniación inminente.<span class="superscript">1-3      </span></li>     </ul>     <p>En este trabajo abarcaremos los fundamentos de los 2 primeros. </p>     <p><b>Tratamiento </b></p>     <p>El tratamiento puede dividirse en 2 fases: </p> <ol>       <li>Estabilización urgente inicial antes de establecerse la medición de la PIC.</li>       ]]></body>
<body><![CDATA[<li> Después de haberse iniciado el monitoreo de la PIC y del resto de las variables      fisiológicas intracraneales. </li>     </ol>     <p>En el manejo inicial de emergencia, la atención debe dirigirse a la corrección    agresiva de los factores extraneurológicos de lesión secundaria, a causa de    los efectos devastadores de los insultos sistémicos, especialmente la hipoxia    y la hipotensión arterial, sobre el cerebro lesionado. En esta etapa, la meta    fundamental es asegurar una perfusión cerebral adecuada con sangre bien oxigenada,    para impedir o minimizar la lesión cerebral hipóxico-isquémica y tratar de proporcionar    un medio interno ideal a las neuronas potencialmente recuperables. </p>     <p>De hecho, el restablecimiento de variables fisiológicas normales constituyen    el primer paso en el tratamiento o prevención de la HTE.<span class="superscript">3-5    </span></p>     <p>Existen además evidencias sólidas que demuestran que en esta fase inicial el    resultado y el pronóstico de los pacientes dependen en mucha mayor medida de    la corrección de los factores sistémicos de lesión secundaria, que de la instauración    de medidas específicas enfocadas al tratamiento de la HTE, algunas de las cuales    pueden tener incluso efectos negativos en la restauración inicial de un estado    hemodinámico óptimo. </p>     <p>Por tanto, en el paciente en coma postraumático, en el que no existen evidencias    clínicas de un aumento de la PIC o herniación transtentorial, la atención inicial    debe dirigirse totalmente al objetivo básico de restaurar una adecuada ventilación    y oxigenación, una volemia efectiva y una tensión arterial (TA) adecuada tan    rápidamente como sea posible.<span class="superscript">3-5</span></p>     <p> <b>La estabilización de urgencia debe incluir: </b></p> <ol>       <li>Oxígeno, 100 %. </li>       <li>Intubación endotraqueal utilizando una secuencia rápida. </li>     </ol>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>No olvidar que la laringoscopia e intubación, aun en el paciente comatoso,    pueden desencadenar aumentos significativos de la PIC, respuesta que puede atenuarse    con el uso de agentes tales como la lidocaína, el fentanyl y el tiopental.<span class="superscript">6</span>  </p>     <p>3. Inicio de soporte ventilatorio. </p>     <p>La hiperventilación empírica o profiláctica, considerada durante mucho tiempo    como elemento esencial dentro de la estrategia inicial de manejo del TCE grave,    es actualmente discutida por el riesgo potencial de exacerbar lesiones hipóxico-isquémicas    cerebrales, especialmente cuando no se ha logrado una estabilización óptima    del paciente desde el punto de vista hemodinámico. </p>     <p>Los estudios clínicos han demostrado amplias fluctuaciones en el flujo sanguíneo    cerebral (FSC) en el período poslesional inmediato, con reducción en algunos    pacientes a niveles críticos, independientemente de la prevalencia posterior    del patrón hiperémico cerebral en la edad pediátrica. Muchas veces incluso la    hiperemia cerebral inicial detectada representa realmente una vasodilatación    autorregulatoria debido a la caída de la PPC, la cual debe revertirse mediante    el apoyo hemodinámico y no con el uso de hiperventilación.<span class="superscript">7    </span></p>     <p>Por estas razones, se recomienda actualmente el régimen de normoventilación    si no existen evidencias absolutas de HTE, y procurar una PaCO<span class="subscript">2</span>    en el límite inferior de la normalidad (35 mmHg).<span class="superscript">7,8    </span></p>     <p>4. Reposición de volumen para lograr normovolemia y asegurar una presión sanguínea    adecuada mediante la administración de soluciones cristaloides isotónicas no    dextrosadas. </p>     <p>Actualmente se presta especial atención a los posibles efectos beneficiosos    del empleo de soluciones hipertónicas (ClNa 5 %, 7,5 %) que pueden restaurar    una volemia efectiva con la influsión de menores cantidades de líquidos (4 a    5 mL/kg) lo que puede resultar particularmente útil en el paciente con riesgo    de edema cerebral.<span class="superscript">9 </span></p>     <p>5. Mantener una SaO<span class="superscript">2 </span>a 95 %. </p>     <p>6. Monitoreo hemodinámico inmediato. </p>     <p>7. Exploración neurológica urgente para valorar herniación inminente.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> 8. Sedación y analgesia. </p>     <p>Los estímulos nociceptivos pueden provocar elevaciones significativas de la    PIC. </p>     <p>Deben tenerse en cuenta los efectos adversos en la hemodinamia de las drogas    que se deben utilizar y emplear con especial cuidado los fármacos con efectos    hipotensores, para evitar a toda costa una caída de la TA.</p>     <p> El inicio de manera empírica de medidas específicas dirigidas a la HTE sólo    se justifica realmente cuando existen evidencias o indicadores clínicos de un    aumento severo de la PIC (por ejemplo respuestas de Cushing o signos de herniación    inminente: midriasis ipso o bilateral o respuestas decorticadas o descerebradas)    o degradación neurológica progresiva no atribuible a factores extracraneales,    y procurar evitar siempre la hipotensión arterial como resultado de estas intervenciones.  </p>     <p>En estos se recomienda iniciar hiperventilación ligera a moderada (PCO2 a 30-35    mmHg) y si la volemia es satisfactoria y la presión sanguínea estable, administrar    manitol (0,5 a 1 g por kg). Debe evitarse de todas formas la hiperventilación    excesiva por el riesgo de vasoconstricción y compromiso crítico de flujo sanguíneo    cerebral (FSC).<span class="superscript">10 </span></p>     <p>La fase diagnóstica comienza desde la llegada del paciente, pero sólo se convierte    en prioridad fundamental después de haber logrado su estabilización. La TAC,    tan pronto se obtenga la estabilidad fisiológica del lesionado, constituye el    proceder de elección para evaluar la severidad de la lesión cerebral, establecer    un diagnóstico específico de la afección intracraneal y definir las intervenciones    terapéuticas de emergencia, con inclusión de la necesidad de tratamiento neuroquirúrgico.  </p>     <p>En ausencia de TAC disponible de forma inmediata, persistencia de inestabilidad    hemodinámica crítica por lesiones extracraneales asociadas que imposibiliten    el traslado del paciente, o evidencias clínicas sugestivas de desarrollo de    herniación transtentorial, debe considerar como alternativa, la realización    de trépanos exploratorios como proceder neuroquirúrgico urgente. </p>     <p>Una vez que se inicia el monitoreo de la PIC es posible contar con elementos    objetivos que permiten definir y optimizar la terapéutica. </p>     <p>El tratamiento en esta segunda fase puede dividirse de manera esquemática en    2 grupos de medidas: generales y específicas. </p>     <p><b>Generales: </b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>1. Garantizar oxigenación. En caso de insuficiencia respiratoria aguda que    requiere el uso de presión de distensión continua (PDC) para lograr una oxemia    arterial adecuada, debe procurarse usar siempre el nivel mínimo de presión positiva    al final de la espiración (PEEP) por sus efectos sobre la PIC como consecuencia    no sólo de la disminución del retorno venoso cerebral, sino además y particularmente    por sus repercusiones hemodinámicas que pueden comprometer la PPC. El monitoreo    de ambas variables permite por supuesto hacer un uso más racional de la PEEP,    utilizar incluso niveles más elevados cuando resulte necesario y valorar el    grado de afectación de la PPC y la PIC.</p>     <p>2. Mantener ventilación controlada, y procurar un PCO<span class="subscript">2</span>    de 35 mmHg a menos que esté indicada la hiperventilación para el tratamiento    de HTE. </p>     <p>3. Manejo de los líquidos y hemodinámico. Actualmente está prescripta la “vertiente    o perfil seco”, preconizado como profilaxis y tratamiento del edema cerebral.    El objetivo del aporte hídrico debe ser mantener un estado de normovolemia o    incluso de discreta hipervolemia. </p>     <p>No existen indicaciones para la restricción hídrica.<span class="superscript">7,10    </span></p>     <p>En el paciente euvolémico y normohémico deben administrarse las necesidades    de mantenimiento habituales. </p>     <p>El uso de diuréticos y agentes osmóticos obligan a un control cuidadoso de    la hidratación y los electrólitos, para evitar deshidrataciones indeseables.    Es indispensable un balance hídrico estrictamente controlado para evitar la    hipovolemia, particularmente necesario cuando se usan agentes presores para    el manejo de la PPC. La velocidad de infusión endovenosa debe establecerse de    acuerdo con los parámetros hemodinámicos y el gasto urinario, y procurar una    reposición horaria 1 por 1 en mL de los volúmenes urinarios, para evitar un    balance hídrico negativo; esto es especialmente importante cuando se usan dosis    frecuentes de manitol y los diuréticos de asa. </p>     <p>Deben evitarse las soluciones gluconadas durante las primeras 72 h de tratamiento.  </p>     <p>En todos los casos es esencial mantener la normovolemia, una presión sanguínea    estable y la corrección agresiva de la hipotensión arterial.<span class="superscript">10-12    </span></p>     <p>El monitoreo hemodinámico debe ser proporcional al grado de compromiso cardiocirculatorio    y la complejidad del tratamiento. </p>     <p>4. Sedación y analgesia. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>5. Posición de la cabeza en la línea media y elevación en ángulo de 15 a 30    °. La elevación de la cabeza está contraindicada en el paciente hipovolémico    o hipotenso. </p>     <p>6. Control de la temperatura corporal (mantener normotermia). </p>     <p>7. Observar glicemia dentro de límites normales. Resulta muy importante evitar    la hiperglicemia. </p>     <p>8. Control de los electrólitos séricos, especialmente evitar la hiponatremia.  </p>     <p>9. Bloqueo neuromuscular. Debe limitarse a los pacientes cuya HTE se exacerba    por la actividad motora no controlada adecuadamente mediante el uso de sedantes    y analgésicos.<span class="superscript">11,12 </span></p>     <p>No se ha demostrado mejoría en los resultados con la parálisis farmacológica    y profiláctica, que se asocian por el contrario con mayor estadía en las UCI,    mayor incidencia de complicaciones como neumonía y sepsis y riesgo de miopatía    como resultado de la administración prolongada de miorrelajantes.<span class="superscript">13    </span></p>     <p><b>Específicas: </b></p>     <p>Manejo de la PPC. La PPC es un parámetro fisiológico íntimamente ligado con    la PIC y la presión arterial media (PAM) y el determinante más importante de    la respuesta hemodinámica cerebral. </p>     <p>La función primaria del mantenimiento y la manipulación de la PPC es la preservación    del FSC independientemente de las anormalidades de autorregulación, si se toma    en cuenta que la isquemia cerebral es el fenómeno más importante que determina    el pronóstico de la lesión traumática. </p>     <p>La optimización de la PPC es reconocida en nuestros días como el objetivo terapéutico    principal durante todo el desarrollo del manejo del TCE grave, debido además    a su influencia sobre el comportamiento de la PIC por la interrelación PPC-volumen    sanguíneo cerebral (VSC)-PIC en virtud de las cascadas autorregulatorias ya    comentadas. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Estudios clínicos han demostrado mayores índices de supervivencia y mejores    resultados en general en términos pronósticos, con la utilización de una terapéutica    orientada primariamente a la PPC que con el manejo tradicional dirigido a la    PIC.<span class="superscript">14,15 </span></p>     <p>A pesar de que durante muchos años se preconizó el concepto de parálisis vasomotora    postraumática descrito por Langfitt, ya los trabajos de Mulzelaar en 1989 demostraron    que la autorregulación se mantenía conservada, al menos parcialmente, en 2/3    de los niños con TCE severo. </p>     <p>Más recientemente se ha demostrado que lo que ocurre en realidad en la mayoría    de los casos es una desviación de la curva autorregulatoria cerebral siguiendo    el fenómeno traumático, con desplazamiento a la derecha del límite inferior    de autorregulación (a 70 mmHg) y del punto de curva crítico vascular (que se    sitúa entre 30 y 35 mmHg), por lo que el cerebro lesionado requiere de una PPC    mayor (por encima de la normal) para mantener niveles relativamente estables    de FSC (fig.). Por lo tanto, al garantizar una PPC en un rango suficientemente    elevado se preserva el funcionamiento de las cascadas autorregu-latorias, independientemente    de cierto grado de paresia en la respuesta de la vasculatura, lo que puede resultar    muy útil para prevenir la isquemia cerebral y para el control de la PIC. De    esta manera, la terapia dirigida a la PPC puede minimizar la PIC mediante la    reducción del VSC a través de una vasoconstricción autorregulatoria. Por el    contrario, la disminución de la PPC (como resultado de hipotensión arterial,    restricción hídrica, uso de diuréticos o agentes osmóticos y elevadas presiones    intratoráxicas medias durante la ventilación, etc.), desencadena una respuesta    vasodilatadora refleja que secundariamente puede llevar a una elevación de la    PIC por incremento del VSC. </p>     <p>No se conoce con certeza el nivel óptimo de PPC en el paciente pediátrico con    lesión cerebral severa. Según Miller, en los niños menores de 10 años podría    ser aceptable una cifra superior a 50 mmHg y en los mayores, por encima de 60    mmHg. Sin embargo, existen evidencias de que los niveles óptimos pueden ser    superiores a los umbrales tradicionalmente considerados (entre 50 y 70 mmHg),    por lo cual parece recomendable procurar en todos los casos un valor mínimo    de 70 mmHg e incluso con frecuencia, más elevado, sobre la base de un mejor    control de la PIC que se obtiene con la estabilización de la PPC en ese rango    superior.<span class="superscript">11-15</span></p>     <p> La selección de los valores de PPC resulta además un proceso dinámico durante    la evolución de la lesión cerebral aguda, por las modificaciones en el tiempo    del grado de efectividad de la autorregulación de presiones. Como ya se había    comentado, la valoración del denominado umbral de respuesta isquémica de las    ondas A y B de Lundberg, pudiera constituir un método útil adicional para definir    el límite inferior por encima del cual debe mantenerse la PPC. </p>     <p>Una reposición adecuada de la volemia permite en la mayoría de los pacientes    el control de la TA para asegurar una PPC adecuada. Sin embargo, cuando la presión    sanguínea alcanzada con la expansión volumétrica es insuficiente en el paciente    normovolémico para mantener la PPC, se indica el uso de inotrópicos y vasopresores.    Los agentes más utilizados son norepinefrina, dopamina y fenilefrina.<span class="superscript">11-20    </span></p>     <p>Es importante además, diferenciar el aumento de la PIC que se produce como    consecuencia de hiperhemia cerebral secundaria a vasocongestión cerebral, por    defectos de las respuestas autorregulatoras (frecuente en la edad pediátrica,    especialmente en las lesiones cerebrales difusas), de la vasodilatación refleja    por la caída de la PPC, por las implicaciones terapéuticas. En el primer caso,    la PPC es normal, la saturación yugular de oxígeno (SjO2) es superior a 75 %    y la DavjO<span class="subscript">2</span> muestra bajos índices de extracción    cerebral de O<span class="subscript">2</span>. En estos pacientes el tratamiento    debe dirigirse por tanto a lograr una disminución del FSC y el VSC, a través    del efecto vasoconstrictor de la hiperventilación. </p>     <p>En el segundo caso, la PPC está disminuida y la SjO<span class="subscript">2</span>    y la DavjO<span class="subscript">2</span> demuestran altos índices de extracción    cerebral de O<span class="subscript">2</span>, por lo que el tratamiento debe    encaminarse totalmente a la restauración de una PAM y una PPC óptimas, mediante    la expansión de volemia y agentes presores. En esta situación, el uso de la    hiperventilación resulta perjudicial por el riesgo potencial de producir mayor    compromiso de la oxigenación cerebral. </p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="center"><a href="/img/revistas/ped/v73n2/f0108201.jpg"><img src="/img/revistas/ped/v73n2/f0108201.jpg" width="256" height="218" border="0"></a></p>     
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<body><![CDATA[<p align="center">FIG. Curva de autorregulación de presiones.</p> <h4>Summary</h4>     <p> It is reported that with neuromonitoring and the intensive management of severe    cranioencephalic trauma, a group of different physiopathological phenomena has    been identified that requires diverse and specific measures for each patient,    making their treatment more rational. This has also led to a radical change    of conceptions about old therapeutic patterns established for many years. An    example of this change is their hydric replacement. They were before on a dry    flowing and today it is preconized the strict euvolemia, the substitution of    routine hyperventilation by optimized ventilation, changes in the policy of    use of osmotic agents, the barbiturate therapy and the decompressive craniotomy    in cases of intracranial hypertension refractory to the conventional therapeutic    measures. In this paper, an updated review of the main therapeutic measures    used in these patients is made according to the guidelines for the treatment    of severe cranial trauma of the American Association of Neurological Surgeons    and of the European Consortium for Brain Injury. The therapeutic measures used    in these patients are divided into 2 stages. In this third updating paper, the    management of the first stage that corresponds to the urgent initial stabilization    before determining the measurement of the intracranial pressure (ICP), as well    as the general measures of the second phase, once the monitoring of the ICP    has started, are approached. The therapeutic principles that have been used    for many years at the Provincial General Hospital and at the Provincial Pediatric    Teaching Hospital of Camagüey to manage severe cranial trauma and which are    based on the initial measures taken on admission, according to the principles    of advanced vital support in trauma for the cardiopulmonary resuscitation, and    some general measures directed to avoid the progression or appearance of secondary    brain injuries are also included here. </p>     <p>Subject headings: BRAIN INJURIES/therapy; HEAD INJURIES/therapy; INTENSIVE    CARE; INTRACRANIAL PRESSURE, PERFUSION, CHILD; MONITORING, PHYSIOLOGIC. </p> <h4>Referencias bibliográficas</h4> <ol>       <!-- ref --><li> Letarte PB. Neurotrauma care in the new millennium. Surg Clin North Am      1999;79 (6):1449-70. </li>    <!-- ref --><li> Pomata HB, Pico PH, Tello CA. Traumatismo encefalocraneano y vertebromedular      en pediatría. 5 ed. 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