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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Enfermedad renal poliquística autosómica dominante]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Hospital Pediátrico Provincial Docente William Soler  ]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The objective of this literature review was to provide medical students and general practitioners with some fundamental aspects on this relatively frequent disease that may even be diagnosed before birth, in newborns, infants and preschool-age children and that until some years, it was known as polycystic autosomal recessive disease of the adult type. The importance of family history and usefulness of diagnostic ultrasound as an important non-invasive element of diagnosis was stressed. Secondly, we insist on the presentation signs of the disease, possible complications and risk factors for the progression. This review was additionally intended to contribute to detection of the disease and to provide an adequate genetic counselling.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p>Hospital Pedi&aacute;trico Provincial Docente &laquo;William Soler&raquo;</p> <h2><strong>Enfermedad renal  poliqu&iacute;stica autos&oacute;mica dominante</strong></h2>     <p>  <a href="#cargo">Dr. Sandalio Dur&aacute;n &Aacute;lvarez<span class="superscript">1</span></a><a name="autor" id="autor"></a></p>     <p>&nbsp;</p>     <blockquote>   <hr />   <h4>RESUMEN</h4>       <p align="justify">    El objetivo de esta revisi&oacute;n es trasmitir a los estudiantes y m&eacute;dicos  generales b&aacute;sicos algunos aspectos fundamentales sobre esta enfermedad,  relativamente frecuente, que puede incluso diagnosticarse antes del nacimiento,  en el ni&ntilde;o reci&eacute;n nacido, lactante y preescolar, y que hasta hace algunos a&ntilde;os  era conocida como &laquo;enfermedad renal poliqu&iacute;stica de tipo adulto&raquo;. Se enfatiza  tambi&eacute;n en la importancia de la historia familiar y la utilidad del ultrasonido  diagn&oacute;stico como elemento importante y no invasivo para el diagn&oacute;stico. En  segundo lugar, insistimos en los signos de presentaci&oacute;n de la enfermedad, sus posibles  complicaciones y factores de riesgo para la progresi&oacute;n de &eacute;sta. Esta revisi&oacute;n  aspira, adem&aacute;s, a contribuir a la b&uacute;squeda de la enfermedad y a que se pueda  ofrecer un asesoramiento gen&eacute;tico adecuado.</p>       <p align="justify"><em>Palabras clave</em>: Quistes renales, enfermedad poliqu&iacute;stica  autos&oacute;mica dominante.</p>   <hr />       <p align="justify">&nbsp;</p> </blockquote>     <p align="justify">La enfermedad renal poliqu&iacute;stica autos&oacute;mica dominante (EPAD) es una  enfermedad hereditaria frecuente y es la causa del 10&nbsp;% de las  insuficiencias renales cr&oacute;nicas terminales en pacientes con tratamiento dial&iacute;tico.<span class="superscript">1-4</span>  Es 20 veces m&aacute;s frecuente que la enfermedad de Huntington, 15 veces m&aacute;s  frecuente que la fibrosis qu&iacute;stica del p&aacute;ncreas y 10 veces m&aacute;s frecuente que la  anemia drepanoc&iacute;tica.<span class="superscript">2</span>  La prevalencia citada en la literatura es de 1 por 1000  habitantes<span class="superscript">2-5</span> y cada descendiente de un sujeto afecto tiene 50&nbsp;% de  probabilidad te&oacute;rica de heredar la enfermedad.<span class="superscript">4-6</span></p>     <p align="justify">  Esta enfermedad es una de las primeras causas de insuficiencia renal  cr&oacute;nica en el adulto y ha ganado importancia en pediatr&iacute;a desde que se  describieron los primeros casos en ni&ntilde;os.<span class="superscript">7-10</span> Desde hace m&aacute;s de 20 a&ntilde;os es  posible su diagn&oacute;stico prenatal en determinados casos,<span class="superscript">11-13</span> y el reporte m&aacute;s  temprano es a las 16 semanas del embarazo.<span class="superscript">14</span> Se estima que aproximadamente el  2&nbsp;% de los portadores del gen se presenta con manifestaciones graves en  los ni&ntilde;os.<span class="superscript">11</span> La inesperada aparici&oacute;n del comienzo infantil de la enfermedad  en una familia con historia de enfermedad con inicio cl&aacute;sico en el adulto no tiene  una explicaci&oacute;n satisfactoria, aunque se reportan algunas variaciones  intrafamiliares.<span class="superscript">15</span></p>     <p align="justify"><em>Zerres</em> y otros, que estudiaron 64 familias con 79 ni&ntilde;os afectados,  diagnosticaron 5 casos prenatalmente en 17 familias con m&aacute;s de un hijo con la  enfermedad.<span class="superscript">11</span> En la literatura revisada por estos autores citan 23 casos  diagnosticados al nacimiento y 6 antes de nacer, aunque existen otros reportes  que no fueron revisados por ellos.<span class="superscript">16,17</span> Se ha se&ntilde;alado que aproximadamente en  el 30&nbsp;% de las personas en riesgo, el diagn&oacute;stico puede establecerse por  ultrasonograf&iacute;a antes de los 10 a&ntilde;os de edad,<span class="superscript">18</span> aunque algunos no han podido  detectar quistes en el 40&nbsp;% de los portadores de la enfermedad menores de  30 a&ntilde;os.<span class="superscript">19</span></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">  La insuficiencia renal puede presentarse desde los 2 hasta los 80 a&ntilde;os.<span class="superscript">2</span>  En una serie de 515 pacientes, el 39&nbsp;% desarroll&oacute; insuficiencia renal  cr&oacute;nica a los 54&nbsp;&plusmn;&nbsp;10 a&ntilde;os de edad.<span class="superscript">4</span> En el an&aacute;lisis de otra serie  de pacientes solamente el 25&nbsp;% la ten&iacute;a a los 50 a&ntilde;os, mientras que a los  58 la padec&iacute;a el 43&nbsp;% y a los 73 a&ntilde;os el 53&nbsp;% se hallaba en  insuficiencia renal cr&oacute;nica terminal.<span class="superscript">20</span> En general, a los 70 a&ntilde;os el 50&nbsp;%  de los casos padece insuficiencia renal cr&oacute;nica terminal.<span class="superscript">21</span></p>     <p align="justify">  Teniendo en cuenta que por los c&aacute;lculos de frecuencia de la enfermedad  en Cuba tendremos aproximadamente 10&nbsp;000 sujetos padeci&eacute;ndola,<span class="superscript">22</span> no s&oacute;lo  el nefr&oacute;logo y el genetista sino tambi&eacute;n el internista, el generalista, el pediatra,  el m&eacute;dico general b&aacute;sico e incluso el perinat&oacute;logo, estamos en la obligaci&oacute;n de  conocer mejor esta enfermedad para tratar m&aacute;s adecuadamente a estos pacientes.</p> <h4><br />   HISTORIA Y ETIOLOG&Iacute;A</h4>     <p align="justify">  Algunos refieren que esta enfermedad fue reportada por primera vez en  Francia a comienzos del siglo XVII<span class="superscript">22</span> y otros la sit&uacute;an a finales del siglo  XIX.<span class="superscript">23,24</span> La naturaleza hereditaria de esta enfermedad fue reconocida desde  principios del siglo XX.<span class="superscript">25,26</span> Los estudios de <em>Dalgaard</em> en 1957 establecieron el patr&oacute;n de herencia autos&oacute;mico  dominante de la enfermedad,<span class="superscript">27</span> pero no fue hasta 1985 que se localiz&oacute; un gen  asociado con el ri&ntilde;&oacute;n poliqu&iacute;stico autos&oacute;mico dominante en el brazo corto del  cromosoma 16 (16 p 13.3).</p>     <p align="justify">  Posteriormente se vio que en algunas familias no se detectan  marcadores en el brazo corto del cromosoma 16,<span class="superscript">29</span> lo cual indic&oacute; que exist&iacute;a  un segundo gen.<span class="superscript">2</span> Al primer grupo se le denomin&oacute; ri&ntilde;&oacute;n poliqu&iacute;stico autos&oacute;mico  dominante de tipo 1 (siglas en ingles: ADPKD1 &lsquo;autosomic dominant polycystic  kidney disease&rsquo;) y al segundo, ri&ntilde;&oacute;n poliqu&iacute;stico autos&oacute;mico dominante de tipo 2  (ADPKD2). El tipo 1 es la causa de la enfermedad en cerca del 90&nbsp;% o m&aacute;s  de las familias que la padecen.<span class="superscript">30</span> Hasta ahora se han identificado por lo menos  3 loci diferentes como causantes de la enfermedad: PKD1, PKD2 y PKD3. El gen  del tipo 2 se localiza en el brazo largo del cromosoma 4 (4 q 21-23) y el locus  del PKD3, aunque es probable que comprenda m&aacute;s de un gen, est&aacute; localizado en el  cromosoma 1q a nivel de HRPT2. El tipo PKD3 s&oacute;lo aparece en aisladas familias.<span class="superscript">31</span></p>     <p>&nbsp;</p> <h4>FISIOPATOLOG&Iacute;A</h4>     <p align="justify">  Como la funci&oacute;n del gen es desconocida hasta ahora, las  investigaciones encaminadas a conocer la patog&eacute;nesis de la enfermedad se han  concentrado en los mecanismos de producci&oacute;n de los quistes.<span class="superscript">2</span> La formaci&oacute;n de  los quistes requiere la proliferaci&oacute;n del epitelio tubular, en base a las  consideraciones matem&aacute;ticas impuestas por el &aacute;rea de superficie de los quistes  y el tama&ntilde;o de la c&eacute;lula.<span class="superscript">6</span> Los trabajos de microdisecci&oacute;n han demostrado que  los quistes son esencialmente divert&iacute;culos a lo largo de las nefronas<span class="superscript">32,33</span> y  en estudios con microscop&iacute;a electr&oacute;nica se informa que el 27&nbsp;% de los  quistes est&aacute;n conectados al glom&eacute;rulo y el 37&nbsp;% son sacos aut&oacute;nomos.<span class="superscript">34</span></p>     <p align="justify">  Para la formaci&oacute;n de los quistes renales, <em>Gardner</em> ha desarrollado tres hip&oacute;tesis fundamentales y agrega una  cuarta posibilidad.<span class="superscript">25</span> La <em>primera  hip&oacute;tesis</em> plantea como el defecto primario una debilidad aumentada de la  membrana basal, que es sugerida por la alteraci&oacute;n de estructura y funci&oacute;n de la  membrana.<span class="superscript">35,36</span> Adem&aacute;s, las dilataciones qu&iacute;sticas y diverticulares en otros  &oacute;rganos apoyan que los pacientes con enfermedad poliqu&iacute;stica autos&oacute;mica  dominante tengan una membrana basal laxa en sitios extrarrenales.</p>     <p align="justify">  La <em>segunda hip&oacute;tesis</em> involucra el movimiento invertido de agua y solutos, que fluye y efluye de las  nefronas afectadas. Esta hip&oacute;tesis es apoyada experimentalmente por lo menos  por tres observaciones: a) la ATP-asa sodio-potasio parece mediar en la  formaci&oacute;n de quistes en los cultivos de &oacute;rganos metan&eacute;fricos;<span class="superscript">37</span> b) la pared  del quiste de un ri&ntilde;&oacute;n poliqu&iacute;stico es metab&oacute;licamente activa y farmacol&oacute;gicamente  respondedora in vitro;<span class="superscript">38</span> y c) estructuras similares a los quistes son  formadas por las c&eacute;lulas MDCK cuando crecen in vitro en gel de col&aacute;geno.<span class="superscript">39</span></p>     <p align="justify">  La <em>tercera hip&oacute;tesis</em> implica  la hiperplasia epitelial, los mucol&iacute;pidos<span class="superscript">40</span> o ambas como causa de  obstrucci&oacute;n parcial del flujo tubular.<span class="superscript">41,42</span> Se produce la dilataci&oacute;n como  consecuencia del aumento de la presi&oacute;n intraluminal que existe en estos ri&ntilde;ones.<span class="superscript">40,43,44</span></p>     <p align="justify">  La <em>cuarta hip&oacute;tesis</em> es la  llamada hip&oacute;tesis de la &laquo;proliferaci&oacute;n&raquo; y considera que los quistes se forman  debido a un crecimiento anormal hacia afuera. Apoya este postulado la  hiperplasia celular observada en los modelos animales de enfermedad qu&iacute;stica y  el hallazgo de p&oacute;lipos y tumores en la enfermedad qu&iacute;stica renal humana.<span class="superscript">42,44,45</span></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">  Cada una de estas hip&oacute;tesis tiene defectos reconocidos y, aunque  separadas, no son completamente excluyentes.<span class="superscript">25</span></p>     <p align="justify">  Estudios que han examinado cuidadosamente quistes individuales  sugieren que cuando el quiste crece pierde su comunicaci&oacute;n tubular y se a&iacute;sla  del glom&eacute;rulo, por lo que requiere transporte transepitelial de solutos y  l&iacute;quidos para su crecimiento posterior.<span class="superscript">34</span> El contenido de los quistes tiene  diferente concentraci&oacute;n de sodio<span class="superscript">46,47</span> y esta diferencia se ha interpretado  como un reflejo del diferente sitio de origen dentro de la nefrona.<span class="superscript">2</span></p>     <p align="justify">  Los modelos animales de enfermedad qu&iacute;stica renal y el cultivo de  c&eacute;lulas del epitelio qu&iacute;stico del ri&ntilde;&oacute;n humano demuestran que las alteraciones  en el crecimiento celular, la secreci&oacute;n de l&iacute;quido, y la composici&oacute;n de la  matriz extracelular, est&aacute;n involucradas en la quistog&eacute;nesis.<span class="superscript">48,49</span> Los  cultivos primarios del epitelio del ri&ntilde;&oacute;n poliqu&iacute;stico humano tienen una  respuesta proliferativa amplificada a factores de crecimiento como el factor de  crecimiento epid&eacute;rmico<span class="superscript">50</span> y una respuesta inhibidora disminuida a los  inhibidores de la proliferaci&oacute;n, como el factor B de crecimiento tumoral.<span class="superscript">51</span></p>     <p align="justify">  Puede haber un aspecto autocrino o paracrino para el crecimiento de  los quistes adquiridos. En los modelos animales los quistes inducidos qu&iacute;micamente  y los cultivos de &oacute;rganos metan&eacute;fricos de ratones con enfermedad poliqu&iacute;stica  recesiva regresan cuando se retira el producto qu&iacute;mico o la hormona que  promovi&oacute; su formaci&oacute;n.<span class="superscript">36</span> En los pacientes con enfermedad renal de cualquier  etiolog&iacute;a que desarrollan quistes durante la insuficiencia renal cr&oacute;nica,<span class="superscript">52</span>  estos pueden regresar despu&eacute;s del trasplante.<span class="superscript">3</span><em> Gabow</em> plantea que te&oacute;ricamente los quistes de la enfermedad  poliqu&iacute;stica autos&oacute;mica dominante pueden regresar.<span class="superscript">2</span><em> Ye</em> y <em>Grantham</em> han  demostrado que los quistes renales epiteliales de los pacientes con enfermedad  renal poliqu&iacute;stica autos&oacute;mica dominante pueden segregar l&iacute;quido in vitro y que  el aumento o disminuci&oacute;n del l&iacute;quido est&aacute; relacionado con el transporte de  sodio.<span class="superscript">54</span></p>     <p>&nbsp;</p> <h4>ANATOM&Iacute;A PATOL&Oacute;GICA</h4>     <p align="justify">  Los ri&ntilde;ones en la enfermedad poliqu&iacute;stica autos&oacute;mica dominante se  hallan casi siempre aumentados de tama&ntilde;o. <em>Kissane</em> refiere un caso en que cada ri&ntilde;&oacute;n pesaba 2&nbsp;600&nbsp;g<span class="superscript">23</span> y <em>Gabow</em> se&ntilde;ala que los ri&ntilde;ones pueden  exceder los 40&nbsp;cm de altura y pesar hasta 8&nbsp;kg.<span class="superscript">2</span> Los quistes pueden  variar de tama&ntilde;o: entre pocos mil&iacute;metros y varios cent&iacute;metros, y su contenido  puede ser claro, turbio o achocolatado, en caso de hemorragia.<span class="superscript">2</span> Estos quistes  de tama&ntilde;o irregular producen distorsi&oacute;n marcada del contorno renal y de los  c&aacute;lices, y est&aacute;n cubiertos por epitelio plano.<span class="superscript">55</span> El estudio microsc&oacute;pico  demuestra que pueden originarse en cualquier parte de la nefrona y no se trata  en realidad de quistes sino de una invaginaci&oacute;n sacular de la nefrona.<span class="superscript">23</span> Aunque  la presentaci&oacute;n bilateral es la norma, el 27&nbsp;% de los casos son  asim&eacute;tricos, especialmente en los ni&ntilde;os.<span class="superscript">31</span></p>     <p align="justify">  Las formas asim&eacute;tricas extremas se corresponden con el llamado ri&ntilde;&oacute;n  poliqu&iacute;stico autos&oacute;mico dominante unilateral.<span class="superscript">56</span> El ri&ntilde;&oacute;n poliqu&iacute;stico  autos&oacute;mico dominante con agenesia renal contralateral se ha reportado 4 veces  en la literatura.<span class="superscript">31,57</span> En este sentido se ha se&ntilde;alado que es dif&iacute;cil  corroborar si los casos de &laquo;ri&ntilde;ones poliqu&iacute;sticos unilaterales del adulto&raquo;  reportados antes de 1980 eran verdaderas EPAD u otros tipos de enfermedades  qu&iacute;sticas.<span class="superscript">31</span></p>     <p>&nbsp;</p> <h4>MANIFESTACIONES CL&Iacute;NICAS</h4>     <p align="justify">  Aunque se puede establecer el diagn&oacute;stico prenatal de esta enfermedad en  aislados casos con historia familiar y se reportan pacientes con s&iacute;ntomas en la  edad pedi&aacute;trica, incluso neonatales,<span class="superscript">58</span>el comienzo de la sintomatolog&iacute;a suele  iniciarse en la cuarta d&eacute;cada de la vida.<span class="superscript">52</span></p>     <p align="justify">  Los s&iacute;ntomas principales que hacen que los pacientes no detectados en  pesquisajes familiares consulten al m&eacute;dico son: hipertensi&oacute;n arterial, dolor en  el flanco, infecci&oacute;n urinaria, hematuria y nefrolitiasis. Cada una de estas  manifestaciones aparecen en el 20 a 30 % de los casos.<span class="superscript">1</span> La tumoraci&oacute;n  unilateral o bilateral tambi&eacute;n puede ser un hallazgo relativamente frecuente.<span class="superscript">25</span></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">  La hipertensi&oacute;n arterial se presenta en el 30&nbsp;% de los ni&ntilde;os,<span class="superscript">59-61</span>  el 60&nbsp;% de los adultos antes que desarrollen insuficiencia renal terminal<span class="superscript">1</span> y el 80&nbsp;% de las insuficiencias renales cr&oacute;nicas terminales.<span class="superscript">62</span> El  aumento de la tensi&oacute;n arterial parece estar mediado por la activaci&oacute;n del  sistema renina-angiotensina, que produce un evidente estrechamiento de la red  arterial visible en la arteriograf&iacute;a, y se han encontrado prominentes gr&aacute;nulos  de renina en las c&eacute;lulas de la m&aacute;cula densa.<span class="superscript">5</span> Al inicio de la enfermedad  puede haber una expansi&oacute;n de volumen con una inapropiada falta de respuesta del  sistema renina-angiotensina. La patog&eacute;nesis de la hipertensi&oacute;n puede estar  mediada por diferentes mecanismos en el curso de la enfermedad<span class="superscript">3</span> y su  aparici&oacute;n est&aacute; considerada un signo de mal pron&oacute;stico.<span class="superscript">63</span></p>     <p align="justify">  El dolor abdominal, en la espalda o en el flanco es uno de los  s&iacute;ntomas frecuentes de la enfermedad; el 60&nbsp;% de los pacientes lo padece. Se  plantea que el dolor es debido a los ri&ntilde;ones grandes, impresi&oacute;n que es apoyada  por la observaci&oacute;n de que el 80&nbsp;% de los pacientes est&eacute; libre de s&iacute;ntomas  durante 1 a&ntilde;o y el 60&nbsp;%, 2 a&ntilde;os, si se le descomprimen los quistes.<span class="superscript">2,3</span>  El drenaje de los quistes s&oacute;lo debe hacerse cuando interfiere con las  actividades normales del paciente,<span class="superscript">64</span> porque aunque el dolor puede producirse  por la acumulaci&oacute;n de l&iacute;quido en los quistes con aumento de la presi&oacute;n  intraluminal, la causa no est&aacute; totalmente aclarada.<span class="superscript">3</span></p>     <p align="justify">  La infecci&oacute;n urinaria se presenta en m&aacute;s de la tercera parte de los  casos en alg&uacute;n momento de la vida, siendo m&aacute;s frecuente en las mujeres (72 %)  que en los hombres (28 %).<span class="superscript">65</span> Por su localizaci&oacute;n, la infecci&oacute;n puede  dividirse en <em>pionefrosis</em> (infecci&oacute;n  de pelvis y c&aacute;lices), <em>infecci&oacute;n renal  parenquimatosa</em> (infecci&oacute;n bacteriana intersticial aguda) y <em>piocisto</em> (infecci&oacute;n del quiste).<span class="superscript">65</span> La  instrumentaci&oacute;n es el mayor riesgo de infecci&oacute;n y se presenta posteriormente a  &eacute;sta en el 40&nbsp;% de los casos, si no se utiliza el antibi&oacute;tico adecuado.<span class="superscript">65</span>  La infecci&oacute;n qu&iacute;stica puede ser dif&iacute;cil de diferenciar de la infecci&oacute;n renal,  aunque en la infecci&oacute;n qu&iacute;stica es m&aacute;s frecuente el dolor lumbar; en la  infecci&oacute;n renal es m&aacute;s frecuente el hemocultivo positivo y en la pionefrosis es  m&aacute;s frecuente la leucocituria y la cilindruria.<span class="superscript">66</span> Estas diferencias son  importantes para decidir el tratamiento. La infecci&oacute;n perinefr&iacute;tica tiene alta  mortalidad.<span class="superscript">66</span></p>     <p align="justify">  La hematuria es el signo de presentaci&oacute;n en el 35&nbsp;% de los casos  y en el 50&nbsp;% de los pacientes se observa hematuria macrosc&oacute;pica o  microsc&oacute;pica.<span class="superscript">2</span> El riesgo de hematuria parece asociarse a la hipertensi&oacute;n y el  aumento del tama&ntilde;o de los quistes. Aunque la mayor&iacute;a de los pacientes se&ntilde;alan  causas precipitantes como traumas y ejercicios violentos, no se ha demostrado  una asociaci&oacute;n precisa.<span class="superscript">2,67</span></p>     <p align="justify">  La nefrolitiasis se se&ntilde;ala en el 15 a 20&nbsp;% de los casos y &eacute;sta  puede producir dolor y hematuria. Los c&aacute;lculos est&aacute;n constituidos  principalmente de urato y oxalato de calcio y est&aacute;n asociados con pH urinario  bajo, descenso de la excreci&oacute;n urinaria de citrato y aumento de la excreci&oacute;n de  &aacute;cido &uacute;rico.<span class="superscript">68</span></p>     <p align="justify">  Se presenta proteinuria en aproximadamente un tercio de los pacientes,  pero &eacute;sta es casi siempre ligera (&lt;&nbsp;1&nbsp;g&nbsp;en&nbsp;24&nbsp;h). Los casos con  proteinuria de rango nefr&oacute;tico a los que se les ha realizado biopsia renal, ten&iacute;an  sobrea&ntilde;adida una enfermedad glomerular.<span class="superscript">69-72</span></p>     <p align="justify">  A los 60 a&ntilde;os de edad aproximadamente, el 45 % de los pacientes  presenta insuficiencia renal.<span class="superscript">20,63</span> Sin embargo, la edad de comienzo de la  insuficiencia renal puede variar ampliamente y se se&ntilde;ala que esta variabilidad  est&aacute; influida por el tipo gen&eacute;tico de la enfermedad, ya que los pacientes con  el tipo 2 tienen mayor edad al comienzo de la insuficiencia renal que los  pacientes del tipo 1.<span class="superscript">2</span> Pero, otros factores pueden influir en la progresi&oacute;n  de la enfermedad renal y &eacute;sta parece ser menos agresiva en la mujer que en el  hombre.</p>     <p align="justify">  Ciertas funciones endocrinas del ri&ntilde;&oacute;n tambi&eacute;n parecen alterarse,  reflej&aacute;ndose tanto en la secreci&oacute;n de renina como de eritropoyetina. La  secreci&oacute;n de renina est&aacute; relacionada con la hipertensi&oacute;n arterial como se  se&ntilde;al&oacute; anteriormente, y los niveles altos de eritropoyetina ayudan a mantener  un nivel de hemoglobina y hematocrito m&aacute;s altos que en las insuficiencias  renales por otras causas,<span class="superscript">73</span> pudiendo llegar a producirse policitemia, pero  s&oacute;lo en raros casos.<span class="superscript">74-76</span> Los niveles elevados de eritropoyetina pueden  producirse en parte por su secreci&oacute;n por las c&eacute;lulas relacionadas con el quiste  y existe una relaci&oacute;n directa entre los niveles de la hormona en el l&iacute;quido  qu&iacute;stico y en el suero, por lo que puede ocurrir que al aumentar los quistes  ascienda el nivel sangu&iacute;neo de eritropoyetina.<span class="superscript">2</span></p>     <p align="justify">  Teniendo en cuenta lo se&ntilde;alado de que &eacute;sta no es s&oacute;lo una enfermedad  renal,<span class="superscript">5</span> es importante analizar sus manifestaciones extrarrenales. Las  manifestaciones extrarrenales pueden ser qu&iacute;sticas y no qu&iacute;sticas. Los quistes  se presentan en el h&iacute;gado, ovarios, p&aacute;ncreas y bazo.<span class="superscript">2,27,77</span> Las  manifestaciones no qu&iacute;sticas incluyen las anormalidades de las v&aacute;lvulas  card&iacute;acas, los aneurismas cerebrales y los divert&iacute;culos del colon.<span class="superscript">2,3,25</span></p>     <p align="justify">  Los quistes hep&aacute;ticos se originan probablemente del epitelio biliar y  aparecen aproximadamente 10 a&ntilde;os despu&eacute;s de los quistes renales.<span class="superscript">3</span> Cerca del  50 % de los pacientes sin insuficiencia renal tienen quistes hep&aacute;ticos.<span class="superscript">2</span>  Estos quistes aumentan con la edad y son infrecuentes en el ni&ntilde;o; entre los 20  y 30 a&ntilde;os el 10 % de los pacientes tiene quistes hep&aacute;ticos y a los 60 a&ntilde;os los  tiene el 75 % de estos enfermos. Aunque los quistes hep&aacute;ticos se ven en ambos  sexos, la masividad, el gran tama&ntilde;o y las complicaciones son m&aacute;s frecuentes en  la mujer, lo que hace plantear que este aspecto est&aacute; relacionado con las  hormonas esteroides femeninas. Se ha visto que las mujeres con mayor n&uacute;mero de  embarazos tienen m&aacute;s quistes y estos tienden a ser m&aacute;s grandes.<span class="superscript">2,3</span> Los  s&iacute;ntomas relacionados con los quistes hep&aacute;ticos son raros y obedecen a la  compresi&oacute;n de estructuras vecinas. <em>Lieske</em> y <em>Toback</em> hacen referencia a una serie  de pacientes en hemodi&aacute;lisis, en quienes las complicaciones relacionadas con  los quistes hep&aacute;ticos (infecci&oacute;n, hipertensi&oacute;n portal y colangiocarcinoma)  ocasionaron el 10,5&nbsp;% de las muertes.<span class="superscript">2</span></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">  Refiere <em>Gabow</em> que no hay  datos publicados sobre la frecuencia de los quistes ov&aacute;ricos, aunque &eacute;stos se  han reportado en esta enfermedad y este parece ser un hallazgo frecuente.<span class="superscript">2</span></p>     <p align="justify">  No hemos encontrado referencias en cuanto a los quistes pancre&aacute;ticos y  espl&eacute;nicos.</p>     <p align="justify">  Las principales manifestaciones extrarrenales no qu&iacute;sticas son las  relacionadas con las alteraciones valvulares card&iacute;acas.<span class="superscript">78,79</span> El 26 % de los  pacientes con enfermedad renal poliqu&iacute;stica autos&oacute;mica dominante tienen  prolapso de la v&aacute;lvula mitral, comparado con el 2 % del grupo control de la  poblaci&oacute;n.<span class="superscript">79</span> El prolapso de la mitral en la poblaci&oacute;n pedi&aacute;trica se reporta  en el 2,6 % y en los adolescentes alcanza el 5,1 %.<span class="superscript">80</span> Los s&iacute;ntomas imputables  al prolapso de la mitral, como las palpitaciones y el dolor precordial, son  mucho m&aacute;s frecuente en la enfermedad poliqu&iacute;stica autos&oacute;mica dominante que en  la poblaci&oacute;n normal. Las anormalidades de la v&aacute;lvula a&oacute;rtica pueden requerir  tratamiento quir&uacute;rgico<span class="superscript">77,78</span> y tanto la v&aacute;lvula a&oacute;rtica como la tric&uacute;spide  pueden tener degeneraci&oacute;n mixomatosa.<span class="superscript">78</span></p>     <p align="justify">  Los aneurismas saculares del cerebro est&aacute;n presentes en el 10 a 40 %  de los pacientes y son visibles en la arteriograf&iacute;a o en la autopsia,<span class="superscript">5</span> aunque  su verdadera frecuencia se desconoce por ser muy variables los resultados de  diferentes estudios reportados y esto puede estar influenciado por la selecci&oacute;n  de los pacientes, los diferentes medios diagn&oacute;sticos empleados y las  diferencias entre los grupos &eacute;tnicos estudiados.<span class="superscript">2</span> Refiere <em>Gabow</em> que en tres estudios realizados en  los Estados Unidos los resultados tambi&eacute;n son variables. En el primero se  estudiaron 96 pacientes mediante resonancia magn&eacute;tica y tomograf&iacute;a  computarizada y no encontr&oacute; aneurismas; el segundo hall&oacute; a 4 pacientes con  aneurismas entre 92 estudiados con tomograf&iacute;a computarizada, angiograf&iacute;a o  ambas y el tercer estudio detect&oacute; 9 casos asintom&aacute;ticos, al estudiar 85 casos  con resonancia magn&eacute;tica.<span class="superscript">2</span> Se discute el uso de la angiograf&iacute;a en pacientes  con antecedentes familiares de hemorragia subaracnoidea,<span class="superscript">3</span> pero se ha  recomendado la tomograf&iacute;a axial de alta resoluci&oacute;n o la resonancia magn&eacute;tica en  secciones de 3&nbsp;mm a lo largo del pol&iacute;gono de Willis en los individuos con  alto riesgo.<span class="superscript">80</span></p>     <p align="justify">  Los divert&iacute;culos de colon se reportan en el 80 % de los casos en  hemodi&aacute;lisis por insuficiencia renal cr&oacute;nica debido a esta enfermedad.<span class="superscript">81</span>  Aunque la patog&eacute;nesis de la enfermedad diverticular no est&aacute; bien definida<span class="superscript">2</span>  se recomienda la evaluaci&oacute;n de estos divert&iacute;culos antes del trasplante renal y considerar  la colectom&iacute;a parcial si se encuentra enfermedad diverticular extensa.<span class="superscript">3</span></p>     <p>&nbsp;</p> <h4>DIAGN&Oacute;STICO </h4>     <p align="justify">  Para el diagn&oacute;stico de la enfermedad poliqu&iacute;stica se necesita la  presencia de 3 a 5 quistes en cada ri&ntilde;&oacute;n.<span class="superscript">3</span> En el estadio presintom&aacute;tico de la  enfermedad, el an&aacute;lisis gen&eacute;tico molecular basado en el ligamiento de ella a  marcadores polim&oacute;rficos de DNA situados pr&oacute;ximos al denominado locus PKD1 en el  brazo corto del cromosoma 16, hace que sea posible la predicci&oacute;n diagn&oacute;stica  precoz en m&aacute;s del 90&nbsp;% de los casos.<span class="superscript">4,82,83</span> En este per&iacute;odo  presintom&aacute;tico el ultrasonido puede detectar quistes en el 30&nbsp;%  aproximadamente de los menores de 10 a&ntilde;os, entre 60 y 83 % de los comprendidos  entre 10 y 30 a&ntilde;os (figura) y pr&aacute;cticamente en el 100 % de los mayores de 30  a&ntilde;os.<span class="superscript">3,11</span> Debe se&ntilde;alarse que aproximadamente el 10 % de los casos  corresponden al tipo 2. La mitad de los pacientes con EPAD tienen quistes en  otros &oacute;rganos (principalmente en h&iacute;gado, p&aacute;ncreas, bazo y pulmones).<span class="superscript">31</span></p>     <p align="center"><a href="/img/revistas/ped/v79n3/f0110307.jpg"><img src="/img/revistas/ped/v79n3/f0110307.jpg" alt="Figura" width="500" height="345" border="0" /></a></p>     
<blockquote>       <p align="justify"><strong>Figura</strong>. <em>Enfermedad renal poliqu&iacute;stica en un ni&ntilde;a de 12 a&ntilde;os.</em></p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><br /> La historia familiar es un elemento muy importante para el diagn&oacute;stico  tanto en el tipo 1 como en el tipo 2, y cuando es t&iacute;pica ayuda al diagn&oacute;stico  en el 90 % de los casos; el 10 % constituye una mutaci&oacute;n gen&eacute;tica por lo que la  historia familiar es negativa. Cuando la historia familiar es t&iacute;pica, el  ultrasonido detecta m&aacute;s de 3 quistes por ri&ntilde;&oacute;n y el estudio gen&eacute;tico molecular  detecta la alteraci&oacute;n en el brazo corto del cromosoma 16 o en el brazo largo  del cromosoma 4, se tiene el diagn&oacute;stico de certeza. Cuando se detectan m&aacute;s de  3 quistes por ri&ntilde;&oacute;n y la historia familiar es t&iacute;pica tambi&eacute;n se puede hacer el  diagn&oacute;stico. Cuando esto no es as&iacute; y aparecen quistes renales sin antecedentes  familiares, es necesario valorar otras posibilidades diagn&oacute;sticas.</p>     <p align="justify">  En el caso de ni&ntilde;os con ri&ntilde;ones qu&iacute;sticos el diagn&oacute;stico diferencial  m&aacute;s dif&iacute;cil puede ser la enfermedad renal poliqu&iacute;stica autos&oacute;mica recesiva  (EPAR). Aunque son dos entidades distintas y con diferentes tipos de herencia,  tienen presentaci&oacute;n cl&iacute;nica e imaginol&oacute;gica que pueden confundirlas.<span class="superscript">84,85</span> En  ocasiones es necesario recurrir al examen histol&oacute;gico de h&iacute;gado y ri&ntilde;&oacute;n para  diferenciarlas. La variedad recesiva muestra quistes radiales derivados de los  tubos colectores y tiene como caracter&iacute;stica la ectasia y proliferaci&oacute;n de los  conductos biliares con fibrosis portal,<span class="superscript">85</span> y en la EPAD los quistes var&iacute;an de  tama&ntilde;o y pueden aparecer en cualquier sitio de la nefrona, afectando  frecuentemente t&uacute;bulos y glom&eacute;rulos.<span class="superscript">15,86</span></p>     <p align="justify">  En algunas ocasiones el fenotipo cl&aacute;sico de EPAD puede verse asociado  a la esclerosis tuberosa, como un ejemplo de &laquo;s&iacute;ndrome de genes contiguos&raquo;,  porque el gen PKD1 est&aacute; inmediatamente adyacente al gen TSC2 que produce las  dos terceras parte de la esclerosis tuberosa.<span class="superscript">31</span> El gen TSC1 de esta  enfermedad est&aacute; situado en el cromosoma 9.<span class="superscript">87</span> Cuando es necesario, el  diagn&oacute;stico puede establecerse mediante biopsia renal ya que los quistes de la  esclerosis tuberosa muestran paredes limitadas por epitelio hiperpl&aacute;stico y  eosinof&iacute;lico que se consideran elementos patognom&oacute;nicos de la enfermedad.<span class="superscript">88</span></p>     <p align="justify">  Estas dos entidades, EPAR y esclerosis tuberosa, son las de mayor  dificultad en cuanto al diagn&oacute;stico diferencial, porque las enfermedades que se  acompa&ntilde;an de quistes renales, hereditarias o no, son muchas y generalmente no  ofrecen confusi&oacute;n.</p>     <p>&nbsp;</p> <h4>PRON&Oacute;STICO</h4>     <p align="justify">  Como se se&ntilde;al&oacute; anteriormente, estos pacientes evolucionan a la  insuficiencia renal terminal y, en estudios realizados alrededor de los 50 a 60  a&ntilde;os de edad, el 39 % de los pacientes se encuentran en esta situaci&oacute;n.4). Otras  series se&ntilde;alan solamente un 25 % de insuficiencia renal cr&oacute;nica a los 50 a&ntilde;os,  43 % a los 58, y 53 % a los 73.20). En general, a los 70 a&ntilde;os el 50 % de los  pacientes est&aacute; en insuficiencia renal cr&oacute;nica terminal.<span class="superscript">21</span></p>     <p align="justify">  La EPAD tiene un riesgo alto de que la proliferaci&oacute;n celular produzca  hiperplasia, adenoma o carcinoma. El carcinoma de c&eacute;lulas renales en esta  enfermedad tiene un perfil clinicopatol&oacute;gico que lo distingue: pacientes  j&oacute;venes, sin predilecci&oacute;n sexual, y con preferencia es de tipo sarcomatoso.<span class="superscript">31</span>  Se ha se&ntilde;alado la utilidad de la tomograf&iacute;a computarizada para su diagn&oacute;stico.<span class="superscript">89</span>  Se han reportado m&aacute;s de 50 casos,<span class="superscript">31</span> incluyendo un carcinoma de tubos  colectores.<span class="superscript">90</span></p>     <p align="justify">&nbsp;</p> <h4>CONDUCTA M&Eacute;DICA</h4>     <p align="justify">  La conducta m&eacute;dica se basa en el asesoramiento gen&eacute;tico, el  diagn&oacute;stico precoz, el tratamiento sintom&aacute;tico, el tratamiento de las  complicaciones y el trasplante renal.</p>     <p align="justify">  Es sabido que el individuo afectado por la enfermedad pol&iacute;qu&iacute;stica autos&oacute;mico  dominante tiene 50 % de probabilidad te&oacute;rica de trasmitir la enfermedad a su  descendencia.<span class="superscript">4,6</span> Conociendo estas posibilidades el diagn&oacute;stico puede  confirmarse mediante el estudio bioqu&iacute;mico molecular, la ultrasonograf&iacute;a, la resonancia  magn&eacute;tica o la tomograf&iacute;a computarizada.<span class="superscript">3</span> Sin embargo, existen experiencias  de diferentes actitudes entre individuos con posibilidades de tener ri&ntilde;ones  poliqu&iacute;sticos, que han rechazado la investigaci&oacute;n hasta en el 22 % de los casos  considerados de alto riesgo, y un bajo porcentaje decide cambios en sus planes  reproductivos al conocer la enfermedad y sus posibles riesgos.<span class="superscript">3</span></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">  En el paciente sintom&aacute;tico los episodios de hematuria son  relativamente frecuentes y pueden ser graves, agudos y dolorosos. Si la  hematuria no est&aacute; acompa&ntilde;ada de urolitiasis, el reposo durante algunos d&iacute;as es  la conducta recomendada; si la hematuria se debe a una litiasis y &eacute;sta produce  obstrucci&oacute;n urinaria, la presencia de los quistes renales puede hacer m&aacute;s dif&iacute;ciles  los procederes urol&oacute;gicos y aumentar el riesgo de complicaciones quir&uacute;rgicas o  endosc&oacute;picas. La hematuria macrosc&oacute;pica es el signo de presentaci&oacute;n en algunos  escolares y adolescentes en los que falta el antecedente familiar de la enfermedad.</p>     <p align="justify">  La infecci&oacute;n urinaria es una complicaci&oacute;n frecuente en estos  pacientes, principalmente en la mujer. De las localizaciones de la infecci&oacute;n,  ya se&ntilde;aladas anteriormente, la infecci&oacute;n qu&iacute;stica es la m&aacute;s seria, ya que  habitualmente no cede a cursos cortos de antibi&oacute;ticos.<span class="superscript">65</span> Para el tratamiento  de las pionefrosis y las infecciones intersticiales agudas pueden utilizarse  los antibi&oacute;ticos indicados en las infecciones urinarias en general, pero en la  infecci&oacute;n qu&iacute;stica se debe seleccionar un antibi&oacute;tico que penetre en el quiste,  como el sulfametoxazol-trimetoprina y el cloranfenicol.<span class="superscript">3</span> La ciprofloxacina  ser&iacute;a el de elecci&oacute;n en el adulto, pero debe tenerse en cuenta que a&uacute;n no se  recomienda su utilizaci&oacute;n en menores de 18 a&ntilde;os, y pueden utilizarse las  cefalosporinas de tercera generaci&oacute;n.</p>     <p align="justify">  Los quistes infectados y los de gran tama&ntilde;o pueden producir dolor  lumbar o en el flanco, por lo que primeramente se utiliz&oacute; la cirug&iacute;a para reducir  el volumen qu&iacute;stico y aliviar los s&iacute;ntomas asociados, pero el deterioro de la  funci&oacute;n renal era un elemento importante en este proceder.<span class="superscript">91</span> Se ha reportado  que la aspiraci&oacute;n del contenido l&iacute;quido de los quistes disminuye el dolor  lumbar y desciende la tensi&oacute;n arterial sin deterioro de la funci&oacute;n renal<span class="superscript">92</span>por lo que en la actualidad se prefiere este proceder. Tambi&eacute;n se ha utilizado  el drenaje percut&aacute;neo cuando no hay respuesta adecuada a los antibi&oacute;ticos.<span class="superscript">3</span></p>     <p align="justify">  Para la esclerosis de los quistes se utiliza frecuentemente el alcohol,<span class="superscript">93</span>  y se reporta la utilidad de la minociclina con esta finalidad.<span class="superscript">93,94</span> Con este  procedimiento se han llegado a puncionar y esclerosar hasta 12 quistes, 6 de  cada ri&ntilde;&oacute;n, de los que se han extra&iacute;do 430 mL de l&iacute;quido.<span class="superscript">95</span></p>     <p align="justify">  La hipertensi&oacute;n arterial requiere tratamiento en la mayor&iacute;a de estos  pacientes y &eacute;ste es fundamentalmente medicamentoso, aunque en ocasiones es  necesario el drenaje de los quistes. Es probable que la hipertensi&oacute;n juegue un  papel importante en los cambios vasculares observados.</p>     <p align="justify">  Entre los 60 y 70 a&ntilde;os el 50 % de estos pacientes ha llegado a la  insuficiencia renal terminal, pero algunos mucho antes de esa edad, por lo que  la hemodi&aacute;lisis y el trasplante renal son necesarios en estos casos.</p>     <p align="justify">  Entre los indicadores de mal pron&oacute;stico se se&ntilde;ala su asociaci&oacute;n al  rasgo drepanoc&iacute;tico y que en los negros, la insuficiencia renal se alcanza como  promedio 10 a&ntilde;os antes que en los blancos.<span class="superscript">95</span> Otro indicador de mal pron&oacute;stico  es el n&uacute;mero mayor de 3 embarazos,<span class="superscript">63</span> por lo que se impone la orientaci&oacute;n  adecuada a la mujer con esta enfermedad. Adem&aacute;s de estos indicadores, <em>Gabow,</em> y otros que estudiaron 580  pacientes con la enfermedad, incluyen como indicadores de mal pron&oacute;stico: la  edad temprana al diagn&oacute;stico, el sexo masculino, la hipertrofia ventricular  izquierda, la hematuria macrosc&oacute;pica y la infecci&oacute;n urinaria en el hombre, as&iacute;  como la presencia de quistes hep&aacute;ticos en la mujer. Tambi&eacute;n se reporta peor  pron&oacute;stico en los pacientes con alteraciones del cromosoma 16.<span class="superscript">63</span></p>     <p align="justify">&nbsp;</p> <hr /> <h4>summary</h4>     <p align="justify">The  objective of this literature review was to provide medical students and general  practitioners with some fundamental aspects on this relatively frequent disease  that may even be diagnosed before birth, in newborns, infants and preschool-age  children and that until some years, it was known as &ldquo;polycystic autosomal  recessive disease of the adult type&rdquo;. The importance of family history and  usefulness of diagnostic ultrasound as an important non-invasive element of  diagnosis was stressed. Secondly, we insist on the presentation signs of the  disease, possible complications and risk factors for the progression. This  review was additionally intended to contribute to detection of the disease and  to provide an adequate genetic counselling.</p>     <p><em>Key words:</em> renal cysts, autosomal dominant  polycystic disease.</p> <hr />     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p> <h4>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS </h4>     <!-- ref --><p>1. Zeier M, Geberth S, Ritz E, Jaeger T, Waldheer R. Adult dominant polycystic    kidney disease: Clinical problems. Nephron. 1988;49:177-183. <!-- ref --><p>2.&nbsp;Gabow PA. Autosomal dominant polycystic kidney disease. N Engl J Med.    1993;329:332-342. <!-- ref --><p>3. Lieske JC, Toback FG. Autosomal dominant polycystic kidney disease. J Am    Soc Nephrol. 1993;3:1442-1449. <!-- ref --><p>4. Rexistro Galego de Nefropat&iacute;as (RGN). Epidemiolog&iacute;a de la    enfermedad renal poliqu&iacute;stica autos&oacute;mica dominante en Galicia.    Impacto del tratamiento sustitutivo. Nefrolog&iacute;a. 1993; 13: 122-126. <!-- ref --><p>5. Gabow PA. Autosomal dominant polycystic kidney disease: More than a renal    disease. Am J Kidney Dis. 1990; 16: 403-413. <!-- ref --><p>6. Gabow PA. Polycystic kidney disease: Clues to pathogenesis. 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