<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>0045-9178</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Cuadernos de Historia de la Salud Pública]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Cuad Hist Salud Pública]]></abbrev-journal-title>
<issn>0045-9178</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Editorial Ciencias Médicas]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S0045-91782002000200002</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[DR. ARÍSTIDES AGRAMONTE Y SIMONI]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Le Roy y Cassá]]></surname>
<given-names><![CDATA[Jorge]]></given-names>
</name>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A">
<institution><![CDATA[,  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>12</month>
<year>2002</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>12</month>
<year>2002</year>
</pub-date>
<numero>92</numero>
<fpage>0</fpage>
<lpage>0</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0045-91782002000200002&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S0045-91782002000200002&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S0045-91782002000200002&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[  <h2 align="center">DR. AR&Iacute;STIDES AGRAMONTE Y SIMONI<a href="#pie">*</a><a name="asterisco"></a>    <br> </h2>     <div align="center">por el    <br>   Dr. Jorge Le Roy y Cass&aacute; </div>     <p>Sr. Presidente,     <br>   Amigos del Pa&iacute;s.</p>     <p>La Sociedad Econ&oacute;mica de Amigos del Pa&iacute;s de La Habana, es la    m&aacute;s alta representaci&oacute;n de la cultura nacional, por reunir en    su seno a los elementos integrantes de las diversas manifestaciones de las actividades    humanas; la que ejerce las funciones propias de una academia de ciencias econ&oacute;micas,    morales y pol&iacute;ticas.    <br> </p>     <p>Es la Sociedad que seg&uacute;n el art&iacute;culo 1&ordm; de sus Estatutos    &#147;continuar&aacute; en la medida de sus esfuerzos cumpliendo los altos fines    patri&oacute;ticos que inspiraron su fundaci&oacute;n y han ennoblecido su historia,    contribuyendo al fomento de los intereses morales y econ&oacute;micos de Cuba,    estimulando la cultura y la instrucci&oacute;n popular en todas sus manifestaciones,    manteniendo la veneraci&oacute;n por los antepasados ilustres, avivando el sentimiento    de sereno patriotismo que hace amar los supremos ideales de civilizaci&oacute;n,    libertad y justicia, y colaborando a la formaci&oacute;n de una opini&oacute;n    p&uacute;blica consciente que auxilie al Gobierno de la Rep&uacute;blica en    su misi&oacute;n de trabajar por el m&aacute;s hermoso porvenir libre del pa&iacute;s,    identific&aacute;ndose as&iacute; con el esplendor y prosperidad de la patria    cubana&#148;.    <br> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Es la Sociedad que por la pluma excelsa del Gran Montoro, al celebrar el centenario    de su fundaci&oacute;n, fue descripta en esta conceptuosa s&iacute;ntesis: &#147;En    un pa&iacute;s en que todo parece condenado a vida ef&iacute;mera y trabajosa;    al trav&eacute;s de vicisitudes y de cambios que no han dejado en pos sino ruinas    informes y melanc&oacute;licas; en medio de una transformaci&oacute;n penosa    y larga que no presenta a los ojos del observador sino bocetos que se borran    con mano ligera o sa&ntilde;uda antes de que puedan convertirse en trazos inseguros,    en fijos y duraderos contornos, el Cuerpo Patri&oacute;tico es acaso la &uacute;nica    instituci&oacute;n p&uacute;blica y militante en que palpita el esp&iacute;ritu    de la antigua sociedad cubana, en &iacute;ntima comuni&oacute;n con las necesidades    de nuestros tiempos&#148;.1    <br> </p>     <p>La Sociedad cuya lista de socios es la relaci&oacute;n de los pr&oacute;ceres    que han ilustrado la historia patria en los ciento cuarenta a&ntilde;os de su    fruct&iacute;fera existencia; se ha servido elegir al &uacute;ltimo de sus miembros    para hacer el Elogio de uno de los primeros, ya que fue exaltado a la m&aacute;s    elevada categor&iacute;a; la de Socio de Honor, en la junta general celebrada    el 23 de junio del pasado a&ntilde;o 1931, t&iacute;tulo que le fue entregado    el 29 del mismo mes y a&ntilde;o, pocos d&iacute;as antes de su partida definitiva    de la patria que le vio nacer.    <br> </p>     <p>No es necesario que pronuncie el nombre del Dr. Ar&iacute;stides Agramonte    y Simoni, pues viene a los labios lo que en el coraz&oacute;n se tiene.</p>     <p>&iquest;Por qu&eacute; la Sociedad me ha designado para hacer la apolog&iacute;a    de este Amigo del Pa&iacute;s? &iquest;Por qu&eacute; se ha fijado en el que    menos m&eacute;ritos tiene? Quiz&aacute;s por ocupar, por mi antig&uuml;edad,    el n&uacute;mero uno entre sus actuales socios de n&uacute;mero, y que por llevar    ya cuarenta a&ntilde;os no interrumpidos amando y sirviendo a esta patri&oacute;tica    sociedad est&eacute; en mejores condiciones que otros para conocer su magn&iacute;fica    actuaci&oacute;n. Tal vez por mis &iacute;ntimas relaciones profesionales con    el querido amigo desaparecido. Acaso por la coincidencia de haber escrito tanto    sobre la fiebre amarilla, trazando la biograf&iacute;a de los hombres que en    Cuba contribuyeron a su erradicaci&oacute;n, aplicando las doctrinas del inmortal    Finlay, y su &uacute;nico colaborador Claudio Delgado, en los tiempos de prueba    del insigne descubridor del medio de transmisi&oacute;n de tan terrible mal.    Chaill&eacute;, Sternberg, Lazear, Barnet, Guiteras, Lebredo, para no citar    m&aacute;s que a los muertos, forman con los m&eacute;dicos de la Comisi&oacute;n    Americana, los distintos eslabones de una cadena que comenzara el 18 de febrero    de 1881, en la Conferencia Sanitaria Internacional de Washington, donde Finlay    anunci&oacute; &#150; todav&iacute;a sin especificar cu&aacute;l fuera- la necesidad    de un agente intermediario entre el enfermo amarillo y el hombre sano susceptible    de infectarse, y cuyo eslab&oacute;n todav&iacute;a no se ha encontrado, a pesar    de los progresos que la infecci&oacute;n de los simios, <i>Macacus rhesus</i>,    hace presumir que se alcance en breve tiempo el conocimiento del agente etiol&oacute;gico    del felizmente desaparecido de nuestro suelo, v&oacute;mito negro.     <br> </p>     <p>La Sociedad me pide un Elogio del doctor Agramonte, y esto es lo que tratar&eacute;    de realizar; pero antes de comenzarlo, inter&eacute;same sobremanera hacer constar    que seg&uacute;n define este t&eacute;rmino el Diccionario, es la: &#147;Alabanza,    testimonio de las buenas prendas y m&eacute;rito de una persona o cosa&#148;;    y que nuestro histori&oacute;grafo Jos&eacute; Ignacio Rodr&iacute;guez, en    el que pronunciara, en la que fue Real Universidad de La Habana, el 14 de febrero    de 1864, al hacer el de su gran Rector Dr. Manuel G&oacute;mez Mara&ntilde;&oacute;n,    consign&oacute; estos hermosos pensamientos, que reproduje al terminar el m&iacute;o    de Finlay en nuestra Academia de Ciencias M&eacute;dicas, F&iacute;sicas y Naturales    de La Habana. Dec&iacute;a Rodr&iacute;guez:</p>     <p>&#147;...un elogio no hace nada a la memoria del que ha muerto; pero s&iacute;    puede servir de mucho para provecho de los vivos. Un elogio no es por cierto    la vana ceremonia en que se viene a rendir culto al amor propio, quemando incienso    ante nosotros mismos, so pretexto de tributarlo a los dem&aacute;s. &iexcl;No!    Un elogio cuando es justo, y aunque peque de tan desali&ntilde;ado como &eacute;ste,    se propone siempre un fin muy grande y de notable trascendencia, se propone    se&ntilde;alar un digno ejemplo y presentar un digno modelo que la juventud    puede imitar&#148;.<span class="superscript">2</span>    <br>       ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   De lo antes expuesto se deduce que mi misi&oacute;n no es ahora la de hacer    el juicio cr&iacute;tico de la vida y de las obras de nuestro buen amigo. Esto    adem&aacute;s de llevarme muy lejos, me har&iacute;a salir por completo del    tema objeto de este trabajo. Por consiguiente me limitar&eacute; a consignar    los hechos principales de su fructuosa existencia; a presentar desde un punto    de vista elevado, su actuaci&oacute;n preferentemente profesional, pues su vida    p&uacute;blica se desenvolvi&oacute; sobre todo en el medio de la ense&ntilde;anza    universitaria, no siendo por cierto ajenos a su muerte demasiado prematura,    los dolorosos sucesos que en ese centro docente han ocurrido en los &uacute;ltimos    tiempos; y a dar a conocer su actuaci&oacute;n como sanitario, comenzando por    sustituirme en la Secretar&iacute;a de la Comisi&oacute;n de Fiebre Amarilla    y llegando a ocupar el m&aacute;s alto puesto de esa carrera, tan ansiada y    necesaria como a&uacute;n no obtenida, la cartera de la Secretar&iacute;a de    Sanidad y Beneficencia, en el Gabinete del Presidente Alfredo Zayas.    <br> </p>     <p>En la legendaria regi&oacute;n camag&uuml;eyana, de tan hist&oacute;rica recordaci&oacute;n,    poco tiempo antes de comenzar la &eacute;pica epopeya de los diez a&ntilde;os,    naci&oacute; nuestro biografiado, el 3 de junio de 1868.    <br> </p>     <p>Fue su padre Eduardo Agramonte y Pi&ntilde;a, m&eacute;dico tambi&eacute;n,    uno de los primeros que con su primo, el inolvidable Ignacio Agramonte y Loynaz,    y con Salvador Cisneros Betancourt (el Marqu&eacute;s de Santa Luc&iacute;a),    se lanzaron al campo de la revoluci&oacute;n, formando parte del Comit&eacute;    de Gobierno al ser decretada la guerra en el Centro. Al instalarse, el 10 de    abril de 1869, en Gu&aacute;imaro, la Convenci&oacute;n Nacional, form&oacute;    parte de ella como representante de su pueblo, y ocup&oacute; las Secretar&iacute;as    del Interior y de Estado en el Gobierno de Carlos Manuel de C&eacute;spedes,    y en las Conferencias de las Minas fue el factor principal para destruir los    planes pacifistas de Napole&oacute;n Arango. Alcanz&oacute; el grado de General    de Brigada del Ej&eacute;rcito Libertador con el que muri&oacute; en la acci&oacute;n    de San Jos&eacute; de El Chorrillo, el 8 de marzo de 1872, seg&uacute;n afirma    Enrique Ubieta en sus &#147;Efem&eacute;rides de la Revoluci&oacute;n Cubana&#148;;    y seg&uacute;n se desprende de este p&aacute;rrafo de una carta escrita por    Amalia Simoni y Argilagos &#150;la hermana de Matilde&#150;a su esposo, el Bayardo    camag&uuml;eyano, Ignacio Agramonte, fechada en M&eacute;rida, Yucat&aacute;n,    el 30 de abril de 1873, once d&iacute;as antes de la muerte del h&eacute;roe    en los campos de Jimaguay&uacute;, en la cual carta se hace una primera apreciaci&oacute;n    de la inteligencia de nuestro biografiado. Dice:</p>     <p> &#147;...Matilde, mi infeliz hermana, aun ignora su inmensa desventura y todos    nos esforzamos para que no lo sepa sino lo m&aacute;s tarde posible. Perdi&oacute;    tambi&eacute;n sus dos ni&ntilde;os m&aacute;s chicos y s&oacute;lo le queda    Ar&iacute;stides, que es una criatura interesante y de clar&iacute;sima inteligencia.&iexcl;    Pobre Eduardo!.No tengo valor para preguntarte ning&uacute;n detalle sobre &eacute;l...&#148;    (op. cit. p.516).<span class="superscript">3</span></p>     <p align="center"><a href="/img/revistas/his/n92/f010292.jpg"><img src="/img/revistas/his/n92/f010292.jpg" width="110" height="133" border="0"></a></p>     
<p align="center"><b>Fig. 2.</b> <i>Gral. Dr. Eduardo Agramonte y Pi&ntilde;a    (1849-1872). Padre del doctor Ar&iacute;stides Agramonte Simoni.    <br>   </i> </p>     <p>Fue su madre la se&ntilde;ora Matilde Simoni y Argilagos, tambi&eacute;n de    patri&oacute;tico abolengo, evidenciando al correr con su esposo los riesgosos    peligros de la vida en la manigua, donde se deslizaron los primeros a&ntilde;os    de la vida de su hijo Ar&iacute;stides, en el &#147;batey de un boh&iacute;o    oculto en la monta&ntilde;a&#148; como po&eacute;ticamente lo describe mi buen    amigo el doctor Horacio Ferrer, en su magn&iacute;fico &#147;Homenaje a la Sanidad    Militar del Ej&eacute;rcito Libertador&#148;, discurso le&iacute;do en la Academia    de Ciencias, el 19 de mayo de 1927, al inaugurarse los festejos conmemorativos    de las Bodas de Plata de la Rep&uacute;blica.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </p>     <p>A la muerte del brigadier Agramonte, traslad&oacute;se su viuda con su peque&ntilde;o    infante a la ciudad de M&eacute;rida, en la pen&iacute;nsula de Yucat&aacute;n    en la que permanecieron mientras &eacute;ste comenzaba, en el Colegio &#147;El    Af&aacute;n&#148;, su instrucci&oacute;n elemental, y de all&iacute;, en el    a&ntilde;o 1880, se trasladaron a New York, donde en las escuelas p&uacute;blicas    de la gran urbe la termin&oacute;; siguiendo en el colegio de la ciudad, la    instrucci&oacute;n secundar&iacute;a (Bachillerato en Artes) hasta junio de    1886.    <br> </p>     <p>En la Universidad de Columbia curs&oacute; los estudios de Medicina, gradu&aacute;ndose    de Doctor en esta Facultad, en junio de 1892. Fue alumno premiado (medalla de    plata) en Histolog&iacute;a Normal; y al recibirse, con el Premio Harsen (medalla    de bronce y una cantidad en efectivo).    <br> </p>     <p>Ocup&oacute;, por oposici&oacute;n, el Internado del Servicio de Medicina,    en el curso de 1892-1893, del Hospital Roosevelt, de New York; y en las mismas    condiciones en el servicio de cirug&iacute;a, en el curso de 1893-1894, en el    propio hospital.    <br> </p>     <p>Es nombrado M&eacute;dico de Visita, en el departamento de Enfermedades de    la Infancia en el Hospital de Bellevue; y al mismo tiempo en igual departamento    en el <i>West Side German Dispensary</i>, de New York, en 1894-1898. Alcanza,    por oposici&oacute;n, el puesto de Inspector M&eacute;dico del Departamento    de Sanidad de New York, obteniendo la excepcional calificaci&oacute;n de 99,20    %, en los ex&aacute;menes efectuados ante la Comisi&oacute;n del Servicio Civil    del Estado de New York; puesto que ocup&oacute; de 1895 a 1897, comenzando aqu&iacute;    su carrera sanitaria. M&aacute;s tarde, tambi&eacute;n por oposici&oacute;n,    y obteniendo 93,60 % en los ex&aacute;menes verificados ante el propio tribunal,    es nombrado Bacteri&oacute;logo del mismo Departamento de Sanidad de New York,    en los a&ntilde;os 1897-1898.    <br> </p>     <p>En este &uacute;ltimo a&ntilde;o, en el mes de abril, ingresa como m&eacute;dico    agregado al Ej&eacute;rcito de los Estados Unidos, para tomar parte en la guerra    hispano-cubano-americana, puesto que renunci&oacute; en 1902, al cesar el gobierno    de ocupaci&oacute;n de Cuba, y adquirir nuestra patria su soberan&iacute;a.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </p>     <p>Como tal M&eacute;dico se le encarg&oacute; del Laboratorio de Anatom&iacute;a    Patol&oacute;gica y Bacteriolog&iacute;a de la Divisi&oacute;n de Cuba, establecido    en el Hospital N&uacute;mero Uno, en el a&ntilde;o 1899; en cuyo Hospital ocup&oacute;    el puesto de M&eacute;dico de Visita, en la sala de Enfermedades Tropicales,    en 11 de agosto de 1900.    <br> </p>     <p>En 25 de enero de ese a&ntilde;o 1900 hace ejercicios de incorporaci&oacute;n    de su t&iacute;tulo americano, obteniendo el de Licenciado en Medicina en la    Universidad de La Habana; y en 30 de julio del propio a&ntilde;o, efect&uacute;a    los ejercicios del doctorado, pasando su tesis &#147;La parasitolog&iacute;a    del paludismo en el hombre&#148;, que le sirve para conferirle el grado de Doctor    en nuestra Universidad.    <br> </p>     <p>Pocos d&iacute;as despu&eacute;s de obtenido aquel preciado t&iacute;tulo,    hace oposiciones para obtener la c&aacute;tedra de Auxiliar Jefe de Laboratorio    de Bacteriolog&iacute;a, el 13 de septiembre de 1900; y el 9 de abril de 1901    es ascendido al cargo de Profesor Titular de Bacteriolog&iacute;a y Patolog&iacute;a    Experimental, puesto que ocup&oacute; hasta que por la ley del a&ntilde;o 1925    fue dividida dicha c&aacute;tedra, conservando s&oacute;lo la primera hasta    que la renunci&oacute;, para marchar al extranjero el 4 de julio de 1931.    <br> </p>     <p>Hasta aqu&iacute; sus actividades profesorales en nuestro primer centro docente.</p>     <p> Veamos ahora las que desarroll&oacute; como sanitario, en la cual carrera    alcanz&oacute; como antes hice constar el puesto m&aacute;s elevado, el de Secretario    de Sanidad y Beneficencia. Ya lo vimos comenzar a dedicarle sus conocimientos    en la ciudad de New York, pero est&aacute;bale reservado en La Habana asistir    a un hecho de imperecedera memoria, y el que ha dado a conocer su nombre mundialmente.    Me refiero a su actuaci&oacute;n como miembro de la Comisi&oacute;n de M&eacute;dicos    del Ej&eacute;rcito Americano, que demostr&oacute; &#150;y fijaos bien en el    verbo que uso&#150;la verdad de la teor&iacute;a expuesta por nuestro inmortal    Finlay desde 1881, acerca del mosquito como medio de transmisi&oacute;n de la    fiebre amarilla. Permitidme exponer con alguna latitud tan trascendental suceso,    porque a pesar de haber insistido numerosas ocasiones sobre este important&iacute;simo    particular, todav&iacute;a se le quiere restar la gloria que le corresponde    a Finlay, y hasta al mismo Agramonte, omitiendo el nombre del primero, y silenciando    maliciosamente el del segundo, para glorificar a Reed, sobre todo, como si la    gloria de tan importantes demostraciones no fuera m&aacute;s que suficiente    para cubrir a todos los que tomaron parte en el hist&oacute;rico suceso.    <br> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Para ser m&aacute;s claro y evidente lo que a cada uno corresponde, y aunque    en repetidas ocasiones he tratado ya estos particulares, como lo he hecho en    Congresos y Academia de &iacute;ndole puramente m&eacute;dica, y no en una corporaci&oacute;n    como &eacute;sta de proteiformes componentes, me permitir&eacute;is que haga    una suscinta relaci&oacute;n de lo dicho y publicado por Finlay, antes de que    existiera la c&eacute;lebre Comisi&oacute;n que confirmara sus doctrinas, y    una vez sentados estos jalones indicadores del camino, os presentar&eacute;    igualmente la gran obra de esa inolvidable Comisi&oacute;n, cuyo &uacute;ltimo    miembro superviviente fuera el Amigo, cuya memoria honramos en este acto.    <br> </p>     <p>El 18 de febrero de 1881, concurr&iacute;a Finlay a la Conferencia Sanitaria    de Washington, como Delegado de Cuba y Puerto Rico, en uni&oacute;n del Delegado    de Espa&ntilde;a, doctor Cervera, firmando con &eacute;l su proyecto, as&iacute;    como el del doctor Amado, los que ped&iacute;an la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica    para adoptar las medidas sanitarias convenientes a evitar la propagaci&oacute;n    de la fiebre amarilla. Las opiniones de los contagionistas y de los anticontagionistas,    le indujeron a manifestar que: </p>     <p>&#147;... un gran n&uacute;mero de las pruebas que abonan una y otra de esas    dos opiniones contradictorias deben aceptarse como perfectamente aut&eacute;nticas;    conclusi&oacute;n que conduce necesariamente a esta otra consecuencia, que es    preciso admitir la intervenci&oacute;n de una tercera condici&oacute;n independiente    para poder explicar esas dos categor&iacute;as de hechos.</p>     <p>Mi opini&oacute;n personal es que tres condiciones son, en efecto, necesarias    para que la fiebre amarilla se propague:</p> <ol>       <li> La existencia previa de un caso de fiebre amarilla, comprendido dentro      de ciertos l&iacute;mites de tiempo con respecto al momento actual.</li>       <li> La presencia de un sujeto apto para contraer la enfermedad.</li>       <li> La presencia de un agente cuya existencia sea completamente independiente      de la enfermedad y del enfermo, pero necesaria para transmitir la enfermedad      del individuo enfermo al hombre sano.    <br>         <br>     &#148;Esto, me dir&aacute;n, no pasa de ser una hip&oacute;tesis, y as&iacute;      lo entiendo; mas la creo plausible y tiene, por lo menos, el m&eacute;rito      de explicar cierto n&uacute;mero de hechos hasta ahora inexplicables por las      teor&iacute;as actuales. No necesito m&aacute;s, supuesto que mi &uacute;nico      objeto es demostrar que si mi hip&oacute;tesis u otra an&aacute;loga llegase      a realizarse, todas las medidas que hoy se toman para detener la fiebre amarilla      resultar&iacute;an ineficaces; toda vez que se estar&iacute;a combatiendo      las dos primeras condiciones en lugar de atacar la tercera, para destruir      el agente de transmisi&oacute;n o apartarlo de las v&iacute;as por donde propaga      la enfermedad&#148;.<span class="superscript">4</span></li>     ]]></body>
<body><![CDATA[</ol>     <p> All&iacute; no mencion&oacute; Finlay todav&iacute;a cu&aacute;l fuera el    tal agente; pero en el trabajo intitulado &#147;El mosquito hipot&eacute;ticamente    considerado como agente de transmisi&oacute;n de la fiebre amarilla&#148;, le&iacute;do    en la Academia de Ciencias M&eacute;dicas, F&iacute;sicas y Naturales de La    Habana, el 14 de agosto de ese mismo a&ntilde;o 1881, ya lo menciona y dice    que no es otro que el mosquito del g&eacute;nero Culex, sintetizando su admirable    teor&iacute;a en las siguientes memorables l&iacute;neas:</p>     <p> &#147;Tres condiciones ser&aacute;n, pues, necesarias para que la fiebre amarilla    se propague:</p>     <p>1&ordm;. Existencia de un enfermo de fiebre amarilla, en cuyos capilares el    mosquito pueda clavar sus lancetas e impregnarlas de part&iacute;culas virulentas,    en el per&iacute;odo adecuado de la enfermedad.</p>     <p>2&ordm;. Prolongaci&oacute;n de la vida del mosquito entre la picada hecha    en el enfermo y la que deba reproducir la enfermedad; y</p>     <p>3&ordm;. Coincidencia de que sea un sujeto apto para contraer la enfermedad    alguno de los que el mosquito vaya a picar despu&eacute;s&#148;.    <br>       <br>   Permitidme reproducir unos p&aacute;rrafos del trabajo que le&iacute; en la    Academia Nacional de Medicina de M&eacute;xico, el 29 de julio del pasado a&ntilde;o    1931, porque ellos condensan toda la obra fundamental de Finlay, admirablemente    expuesta en las tres conclusiones que os acabo de leer, y en los que a continuaci&oacute;n    citar&eacute;:    <br> </p>     <p>All&iacute; est&aacute;n consignadas con claridad meridiana, y con la sint&eacute;tica    brevedad que caracteriza la obra del sabio, lo que ninguno antes que &eacute;l,    hab&iacute;a dado a conocer, es decir: la transmisi&oacute;n de una enfermedad    del hombre enfermo al hombre sano por el intermedio de un insecto chupador de    sangre; del <i>Culex mosquito</i> (como Finlay lo llamara), del <i>Stegomya    calopus</i>, del <i>Aedes aegypti</i>, como se le llam&oacute; m&aacute;s tarde.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>       <br>   En ese mismo trabajo, el fundamental del a&ntilde;o 1881, Finlay con la clarividencia    que caracterizaba sus estudios en esta materia, formul&oacute; la cuarta de    sus conclusiones, en esta forma:</p>     <p> Si llegase a comprobarse que la inoculaci&oacute;n por el mosquito no tan    solo puede reproducir la fiebre amarilla, sino que es el medio general por el    cual la enfermedad se propaga, las condiciones de existencia y de desarrollo    de ese d&iacute;ptero explicar&iacute;an las anomal&iacute;as hasta ahora se&ntilde;aladas    en la propagaci&oacute;n de la fiebre amarilla y tendr&iacute;amos en nuestras    manos los medios de evitar por una parte, la extensi&oacute;n de la enfermedad,    mientras que, por otra, <i>podr&iacute;an preservarse con una inoculaci&oacute;n    benigna los individuos que estuviesen en aptitud de padecerla&#148;. </i>(Lo    subrayado es m&iacute;o. Le-Roy).</p>     <p>Pero como Finlay ten&iacute;a muy presente, por la bondad que lo caracterizaba,    el aforismo Primum non nocere, dedic&oacute;se a estudiar profundamente en 1882    el problema de las formas benignas naturales de la enfermedad, a fin de poder    compararlas con las manifestaciones leves, que &uacute;nicamente eran de esperarse    con las inoculaciones preventivas que ten&iacute;a en proyecto; teniendo en    cuenta que &eacute;l mismo afirm&oacute; que:</p>     <p>&acute;...mi principal cuidado se dirig&iacute;a a evitar y no a provocar un    ataque grave de fiebre amarilla experimental...&acute;.</p>     <p>&acute;En un trabajo que present&oacute; en la Sociedad de Estudios Cl&iacute;nicos    de La Habana, en las sesiones del 31 de enero y 29 de febrero de 1884, con el    t&iacute;tulo &acute;Fiebre amarilla experimental comparada con la natural en    sus formas benignas&acute;, manifest&oacute; Finlay que:</p>     <p>La experimentaci&oacute;n deber&aacute; hacerse en el hombre en condiciones    tales que podamos regular la intensidad de sus efectos consecutivos, a fin de    no exponernos a determinar formas graves o mortales de la enfermedad.    <br> </p>     <p>Por donde se ve que m&aacute;s de tres lustros antes de que se aplicasen sus    doctrinas ya hab&iacute;a enunciado de manera clara y evidente la profilaxis    de la enfermedad que tantos millones de v&iacute;ctimas ha causado en el Nuevo    Mundo y hasta en el Antiguo Continente.    <br> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Esta conclusi&oacute;n principio fundamental y b&aacute;sico de toda la campa&ntilde;a    preventiva de la fiebre amarilla, es tanto m&aacute;s importante recordarla    cuanto que formulada al comenzar el a&ntilde;o 1884, le dio forma definitiva    en 1898, en nuestra Academia de Ciencias, en la sesi&oacute;n del 13 de noviembre,    a que hube de referirme al leeros los p&aacute;rrafos de mi trabajo presentado    en New York en 1921.<span class="superscript">5    <br>   </span> </p>     <p>Pero antes en un c&eacute;lebre manuscrito de 1891, enviado por Finlay al doctor    E. P. Davis, para su publicaci&oacute;n en<i> The Journal of the Medical Sciences</i>,    de Filadelfia, con el t&iacute;tulo &#145;Transmission of Yellow Fever by the    Culex mosquito&#148;, y dado a conocer en 1903 por el doctor Juan Guiteras,    dijo Finlay:</p>     <p>&acute;Por mosquito contaminado entiendo yo el insecto que ha picado un caso    de fiebre amarilla en los primeros seis d&iacute;as de la enfermedad, y es mi    opini&oacute;n que mientras que una o dos picadas de mosquitos recientemente    infectados podr&aacute;n ocasionar en una persona susceptible, ya un ataque    ligero, ya una inmunizaci&oacute;n sin fen&oacute;menos patol&oacute;gicos,    resultar&iacute;a, al contrario, un ataque grave, a consecuencia de un n&uacute;mero    mayor de picadas; y creo tambi&eacute;n que lo mismo suceder&iacute;a a consecuencia    de una sola picada de un mosquito que haya sido alimentado exclusivamente de    dulces durante varios d&iacute;as o semanas despu&eacute;s de su contaminaci&oacute;n    (Lo subrayado es m&iacute;o. LeRoy). En este caso, los g&eacute;rmenes habr&aacute;n    tenido tiempo para desarrollarse m&aacute;s abundantemente sin que el insecto    haya podido desembarazarse de ellos en el intervalo, acrecent&aacute;ndose proporcionalmente    la virulencia de la infecci&oacute;n&acute;.    <br> </p>     <p>De lo expuesto se deduce que Finlay hab&iacute;a dado a conocer todo cuanto    constituye la doctrina cul&iacute;cida de la fiebre amarilla mucho antes de    que existiera la inolvidable Comisi&oacute;n Americana, que como dije antes    s&oacute;lo <i>confirm&oacute;</i> la teor&iacute;a de Finlay, y de que Gorgas,    <i>aplic&aacute;ndola</i> llegase a fijar su c&eacute;lebre nivel mosquito,    que tantos &eacute;xitos le produjeron ulteriormente a la campa&ntilde;a con    que erradic&oacute; la fiebre amarrilla de La Habana.    <br> </p>     <p>La incubaci&oacute;n en el cuerpo del mosquito, del agente etiol&oacute;gico    de la fiebre amarilla, atribuida a la Comisi&oacute;n Americana por una parte,    y a la hermosa concepci&oacute;n epidemiol&oacute;gica de Carter, por otra,    tambi&eacute;n las enunci&oacute; Finlay en la segunda de sus conclusiones fundamentales,    cuando de manera categ&oacute;rica afirm&oacute; la necesidad de la &acute;Prolongaci&oacute;n    de la vida del mosquito entre la picada hecha en el enfermo y la que deba reproducir    la enfermedad [...]&acute; y posteriormente en 1894 en el Octavo Congreso Internacional    de Higiene y Demograf&iacute;a, de Budapest, cuando formul&oacute; su plan de    profilaxis al considerar como inseguro todo lugar mientras vivan en &eacute;l    mosquitos que hayan picado enfermos de fiebre amarilla.    <br> </p>     <p>No s&oacute;lo se ocup&oacute; Finlay en conferir la inmunidad a los sujetos    aptos para contraerla, por medio de las inoculaciones de los mosquitos contaminados,    sino que adelant&aacute;ndose a su &eacute;poca concibi&oacute; un recurso terap&eacute;utico    que preconiz&oacute; como profil&aacute;ctico y quiz&aacute;s como curativo    al decir:     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </p>     <p>&acute;[...] he pensado que la fiebre amarilla sea entre todas las enfermedades    de la patolog&iacute;a humana la que mejor se presta a la medicaci&oacute;n    por medio de inyecciones con la serosidad inmunizante de sujetos aclimatados,    ya con el objeto de procurar una protecci&oacute;n profil&aacute;ctica a los    reci&eacute;n venidos, ya para combatir las manifestaciones alarmantes en los    casos graves de la enfermedad&acute;.    <br> </p>     <p>Este recurso terap&eacute;utico no fue otro que el suero de un sujeto inmune,    recogido en la serosidad de un vejigatorio aplicado con todas las condiciones    de asepsia necesarias e inyectado al sujeto a quien se trata de inmunizar, cosa    que tambi&eacute;n public&oacute; en junio de 1898, seg&uacute;n lo describe    en el trabajo &acute;A plausible method of vaccination against yellow fever&acute;,    inserto en <i>The Philadelphia Medical Journal</i>, en el que reproduce tambi&eacute;n    la favorable opini&oacute;n emitida por el doctor Roux, del Instituto Pasteur    de Par&iacute;s, en carta del 1&ordm;. de diciembre de 1894 sobre lo perfectamente    fundado de la idea que somete a su juicio; y en que manifiesta adem&aacute;s    que &eacute;l cree tener la idea de haber sido el primero en aplicar el principio    del descubrimiento de Behring y Kitasato al sujeto humano.&#148;<span class="superscript">6</span>    <br> </p>     <p>Acabo de presentar, de la manera m&aacute;s sint&eacute;tica que me ha sido    posible, la obra de Finlay, demostrativa de que su doctrina de transmisi&oacute;n    de la fiebre amarilla por el mosquito, era absolutamente positiva y completa,    y hab&iacute;a sido dada a conocer en distintos centros y publicaciones cient&iacute;ficas    de diversos pa&iacute;ses, mucho antes de que existiera la inolvidable Comisi&oacute;n    Americana, y por lo tanto el que &eacute;sta nada <i>descubri&oacute;</i>, sino    que <i>confirm&oacute;</i> dicha doctrina, con observaciones y experimentos    que la har&aacute;n inmortal en los fastos de la historia de la medicina.    <br> </p>     <p>Recordemos un poco el pasado para darle al C&eacute;sar lo que al C&eacute;sar    corresponde, y para que con la ignorancia y con la mala fe supinas, como he    demostrado en otros trabajos<span class="superscript">7</span> no se siga tergiversando    la verdad hist&oacute;rica, ya que como dec&iacute;a mi inolvidable amigo el    doctor Mario G. Lebredo, al descubrirse el busto de Finlay, en nuestra Academia    de Ciencias, el 6 de febrero de 1926:</p>     <p>&#147;[...] vamos quedando pocos los voceros directos de su fama que hubimos    de vivir la &eacute;poca de sus luchas por imponer su ideal, y empieza la era    en que tendr&aacute; que buscarse en la literatura la apreciaci&oacute;n de    aquellos momentos en que toda especulaci&oacute;n cient&iacute;fica y de aplicaci&oacute;n    tuvo que derivarse del principio de su doctrina [...]&#148;.    <br>   Y en que a&ntilde;ad&iacute;a yo, como testigo y actor de muchos de estos actos:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> &#147;[...]me veo en la imprescindible necesidad de insistir una vez m&aacute;s    en este enojoso asunto, para que cuando llegue la fecha a que se refer&iacute;a    el doctor Lebredo, y sea necesario buscar en la literatura la apreciaci&oacute;n    de aquellos momentos, se encuentre junto con los errores propalados el merecido    correctivo y la protesta de quienes tenemos el derecho de hacerlo, como testigos    presenciales y el deber de realizarlo como hombres de ciencia, que no admiten    la tergiversaci&oacute;n de la verdad hist&oacute;rica de los hechos&#148;.    <br> </p>     <p>Veamos los hechos. A los finales de la guerra que por nuestra independencia    libraran los cubanos contra los gobiernos de Espa&ntilde;a, estall&oacute; la    hispanoamericana, en el a&ntilde;o 1898. Con este motivo Finlay, que ten&iacute;a    al menor de sus hijos (Frank) en los campos de la revoluci&oacute;n, se uni&oacute;    al ej&eacute;rcito americano en Santiago de Cuba, y all&iacute;, entre sus profesionales,    propag&oacute; los conocimientos cul&iacute;cidos de su doctrina de la fiebre    amarilla.    <br> </p>     <p>Por otra parte, Agramonte, que hab&iacute;a venido como <i>Acting Assistang</i>    <i>Surgeon </i>del Ej&eacute;rcito de los Estados Unidos, en el mes de julio    de ese mismo a&ntilde;o 1898, tuvo oportunidad de conocer estos trabajos en    Santiago de Cuba, mientras estudiaba la influencia del bacilo de <i>Sanarelli</i>,    que hab&iacute;a encontrado all&iacute; en un 33 % de sus autopsias.    <br> </p>     <p>Evacuada la Isla de Cuba por las tropas espa&ntilde;olas, los americanos se    preocuparon sobre todo de restablecer la salubridad del pa&iacute;s, profundamente    alterada por los tres a&ntilde;os de guerra.</p>     <p align="center"><a href="/img/revistas/his/n92/f020292.jpg"><img src="/img/revistas/his/n92/f020292.jpg" width="112" height="131" border="0"></a></p>     
<p align="center"><b>Fig. 3</b>. <i>El doctor Ar&iacute;stides Agramonte y Simoni    con el uniforme de la Sanidad Militar del Ej&eacute;rcito de los Estados Unidos    de Norteam&eacute;rica.</i>    <br> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Las victorias alcanzadas por el doctor Valery Havard sobre las viruelas; la    disminuci&oacute;n del n&uacute;mero inconmensurable de pal&uacute;dicos que    deambulaban por todo el territorio nacional; los alimentos proporcionados a    los supervivientes de las hecatombes producidas por la inicua reconcentraci&oacute;n    ordenada por Weyler; y sobre todo, la alegr&iacute;a de la paz mejoraron de    manera notable el estado sanitario; y la fiebre amarilla, que tantos estragos    hab&iacute;a producido, estaba poco menos que extinguida, como se extingue un    incendio por falta de combustible; pero la llegada de nuevos elementos no inmunes    a esta enfermedad, hizo que bien pronto tomara caracteres alarmantes por su    r&aacute;pida difusi&oacute;n.    <br> </p>     <p>Los americanos, que siempre le han tenido un terror p&aacute;nico al v&oacute;mito    negro, por las v&iacute;ctimas que en su pa&iacute;s produjeron las diversas    importaciones del mismo, no tardaron en prestarle atenci&oacute;n a este estado    epid&eacute;mico.    <br> </p>     <p>Ocupaba el puesto de<i> Surgeon</i> General del Ej&eacute;rcito, el doctor    George Sternberg, que hab&iacute;a actuado como Secretario de la Comisi&oacute;n    que su gobierno mandara a La Habana en 1879, presidida por el doctor Chaill&eacute;,    y que conoc&iacute;a muy bien el problema, cre&oacute; una Comisi&oacute;n de    Oficiales de Sanidad del Ej&eacute;rcito Americano &#147;para el estudio de    las enfermedades agudas infecciosas de la Isla de Cuba&#148;, la que lleg&oacute;    a su destino, en los Cuarteles de Columbia, Quemados de Marianao, el 25 de junio    de 1900, dedicando preferente atenci&oacute;n &#147;a la etiolog&iacute;a y    profilaxis de la fiebre amarilla&#148;.    <br> </p>     <p>Dicha comisi&oacute;n formada por Walter Reed, como Presidente, James Carroll,    Jesse W. Lazear y Ar&iacute;stides Agramonte, se puso en seguida a la obra y    comenzaron por buscar el bacilo &iacute;cteroides que <i>Sanarelli</i> hab&iacute;a    propagado por todas partes como ser el agente causante del mal de <i>Siam</i>.    <br> </p>     <p>Como lo ofrec&iacute; antes, y para que no se me pueda tachar de parcial, har&eacute;    ahora con los trabajos de esa Comisi&oacute;n lo mismo que hice con Finlay,    es decir, har&eacute; hablar a sus miembros, por los documentos originales,    aut&eacute;nticos y fundamentales. En el primero, que es la &#147;Nota Preliminar&#148;,    presentada en la 28a. Reuni&oacute;n de la <i>American Public Health Association</i>,    efectuada del 22 al 26 de octubre de 1900 en Indianapolis, se desecha terminantemente    al bacilo icteroides como causa de la fiebre amarilla, bas&aacute;ndose para    ello en los cultivos de sangre obtenidos en vida de los enfermos de fiebre amarilla,    y en el cultivo de los tejidos de los cad&aacute;veres que padecieron dicha    enfermedad, y en los trabajos de Portier y de Lutz, que tambi&eacute;n rechazaron    dicho germen como productor del v&oacute;mito negro.    <br> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En la segunda parte de esta &#147;Nota Preliminar&#148;, dicen textualmente    lo que sigue:</p>     <p> &#147;No habiendo logrado aislar el bacilo icteroides en la sangre en vida,    ni en &oacute;rganos del cad&aacute;ver, nos quedaban dos procedimientos que    investigar, que eran, primero, un estudio cuidadoso de la flora intestinal en    la fiebre amarilla en comparaci&oacute;n con las bacterias que pudi&eacute;ramos    aislar del tubo digestivo de individuos sanos en estas regiones o enfermos de    otras dolencias; y el segundo, estudiar la teor&iacute;a de la propagaci&oacute;n    de la fiebre amarilla por medio del mosquito, una teor&iacute;a anunciada primeramente    e ingeniosamente discutida por el doctor Carlos Finlay, de La Habana en 1881    (Anales de la Real Academia, vol. XVIII, pp. 147-169); nos indujo a seguir el    segundo camino los hechos ya conocidos sobre la epidemiolog&iacute;a de esta    enfermedad y por supuesto el brillante trabajo de Ross y de otros observadores    italianos sobre la teor&iacute;a de la propagaci&oacute;n del paludismo por    el mosquito. Tambi&eacute;n nos impresionaron las observaciones hechas en Orwood    y Taylor, Miss, E.U., durante el a&ntilde;o 1898 por el cirujano Henry R. Carter    U.S Marine Hospital Service (<i>A note on the interval between infecting and    secondary cases of yellow fever</i>, etc. <i>Reprint from New Orleans Medical    Journal</i>, mayo 1890). No creemos que se haya concedido suficiente importancia    a estas observaciones cuidadosas y los doctores Durham y Meyers a quienes presentamos    las observaciones de Carter fueron igualmente impresionados por su importancia.    (<i>British Medical Journal</i>, Sep. 8 1900, pp. 1656-57).<span class="superscript">8</span>    <br> </p>     <p>Las circunstancias en que trabaj&oacute; Carter eran en extremo favorables    para registrar con exactitud el intervalo transcurrido entre el tiempo de llegada    de los casos infectantes en haciendas aisladas y la presentaci&oacute;n de casos    secundarios en estas casas. Seg&uacute;n Carter &#145;el per&iacute;odo entre    el primer caso infectante y el primer grupo de casos infectados en estas casas    es generalmente de dos a tres semanas&#146;.    <br> </p>     <p>Habi&eacute;ndose infectado las casas, los individuos que las visiten aunque    sea por algunas horas contraen la enfermedad en un per&iacute;odo habitual de    incubaci&oacute;n de 1 a 7 d&iacute;as.    <br> </p>     <p>Otras observaciones que hemos hecho despu&eacute;s de nuestra llegada confirman    las conclusiones de Carter, se&ntilde;al&aacute;ndonos as&iacute; la presencia    de un hu&eacute;sped intermediario, como el mosquito, que habiendo ingerido    el par&aacute;sito en su est&oacute;mago al entrar el paciente en la casa no    infectada, ser&iacute;a capaz despu&eacute;s de cierto intervalo de transmitir    el agente infectante a otros individuos convirtiendo la casa no infectada en    una casa&#145;infectada&#146; . Este intervalo ser&iacute;a de 9 a 16 d&iacute;as    (coincidiendo el per&iacute;odo de incubaci&oacute;n) lo cual corresponde al    tiempo que requiere el paso de un par&aacute;sito del paludismo desde el est&oacute;mago    del mosquito a sus gl&aacute;ndulas salivales.    <br> </p>     <p>En vista de las observaciones anteriores nos propusimos ensayar la teor&iacute;a    de Finlay, en el hombre. Seg&uacute;n las observaciones de este autor en numerosas    inoculaciones practicadas en 90 individuos, la aplicaci&oacute;n de 1 &oacute;    2 mosquitos contaminados no es peligrosa y es seguida en un 18 por ciento por    un ataque ligero de fiebre amarilla cuando m&aacute;s.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </p>     <p>Deseamos expresar nuestras m&aacute;s sinceras gracias al doctor Finlay por    la cort&eacute;s entrevista que nos concedi&oacute; y puso a nuestra disposici&oacute;n    sus diversas publicaciones sobre la fiebre amarilla durante los &uacute;ltimos    19 a&ntilde;os; y tambi&eacute;n los huevos de la variedad del mosquito con    los cuales hab&iacute;a hecho sus diversas inoculaciones. Una observaci&oacute;n    importante que debe registrarse aqu&iacute; hecha por el doctor Finlay es que    30 d&iacute;as antes de nuestra visita estos huevos hab&iacute;an sido depositados    por una hembra en el borde mismo de una vasija con agua cuyo contenido se hab&iacute;a    evaporado ligeramente, de manera que los huevos estaban fuera del contacto del    agua; a pesar de este largo intervalo prontamente se convirtieron en larvas    elevando el nivel del agua en la vasija.    <br> </p>     <p>Con los mosquitos obtenidos de esta manera realizamos nuestras experiencias.    Las muestras de este mosquito enviada a Mr. L. A. Howard, entom&oacute;logo    del Departamento de Agricultura de Washington, fueron identificados como el    <i>Culex fasciatus. Fabr.</i>    <br> </p>     <p>En esta nota preliminar no podemos referirnos por falta de espacio a las interesantes    y valiosas contribuciones hechas por Finlay a la teor&iacute;a del mosquito    en la propagaci&oacute;n de la fiebre amarilla.&#148;    <br> </p>     <p>Siguen a estos p&aacute;rrafos otros en que se estudian las 11 inoculaciones    realizadas por la Comisi&oacute;n, de las que 9 casos fueron negativos y 2 positivos,    fijando de manera altamente cient&iacute;fica las condiciones de los experimentos    llevados a cabo, y relatando con detalles las historias cl&iacute;nicas del    doctor James Carroll, y del americano X. Y.; residente en las reservas militares    del Cuartel Columbia, as&iacute; como la del desgraciado doctor Lazear, picado    en el Hospital Las &Aacute;nimas el 13 de septiembre de 1900, enferm&oacute;    el 18 por la tarde (5 d&iacute;as despu&eacute;s de la picada) y fallecido en    la tarde tambi&eacute;n del 25 del mismo mes, al duod&eacute;cimo d&iacute;a    de la inoculaci&oacute;n. Estudian tambi&eacute;n los 16 casos ocurridos en    una poblaci&oacute;n no inmune desde el 1&ordm;. de mayo hasta el 13 de octubre,    motivados todos ellos por alguna visita dentro de los l&iacute;mites de la zona    epid&eacute;mica, excepto los 3 casos antes relatados. Llaman igualmente &#147;la    atenci&oacute;n al hecho de que desde agosto 17 al 13 de octubre en un per&iacute;odo    de 57 d&iacute;as, han ocurrido s&oacute;lo tres casos de fiebre amarilla en    esta poblaci&oacute;n de 1,400 americanos no inmunes y consideramos de importancia    anotar que dos de &eacute;stos hab&iacute;an sido picados dentro de los cinco    d&iacute;as anteriores a su ataque por mosquitos contaminados&#148;.     <br> </p>     <p>Antes de formular las conclusiones de esta &#147;Nota Preliminar&#148;, hacen    las siguientes consideraciones que reproduzco &iacute;ntegras porque demuestran    la prioridad del descubrimiento de Finlay, que ahora se trata de arrebatarle.    Dice as&iacute;:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&#147;Por nuestra parte nos ha impresionado profundamente el modo de infecci&oacute;n    y resultados consecutivos a la picada del mosquito en estos tres casos. Nuestros    resultados parecer&iacute;an arrojar nueva luz sobre las observaciones de Carter,    en el Mississipi, en cuanto al per&iacute;odo entre la introducci&oacute;n del    primer caso (infectante) y la aparici&oacute;n de los casos secundarios de fiebre    amarilla. Como registramos aqu&iacute; por primera vez un caso t&iacute;pico    de fiebre amarilla siguiendo a la picada de un mosquito, infectado dentro de    la incubaci&oacute;n normal de la enfermedad, en el cual pueden excluirse las    otras fuentes de infecci&oacute;n, creemos que al publicar estas observaciones    despertaremos la atenci&oacute;n en la teor&iacute;a de la propagaci&oacute;n    de la fiebre amarilla por el mosquito, propuesta primeramente por Finlay.<span class="superscript">9</span>    <br> </p>     <p>De nuestro primer estudio de la fiebre amarilla inferimos las siguientes conclusiones:</p>     <p>1&ordm;. La sangre tomada en vida en la circulaci&oacute;n venosa general,    en varios d&iacute;as de la enfermedad, en diez y ocho casos de fiebre amarilla    y estudiados sucesivamente han dado resultados negativos en cuanto a la presencia    del bacilo icteroides.    <br>   2&ordm;. Los cultivos hechos de la sangre y &oacute;rganos de 11 cad&aacute;veres    de fiebre amarilla tambi&eacute;n han resultado negativos en cuanto a la presencia    de este bacilo.    <br>   3&ordm;. El bacilo icteroides (Sanarelli) no tiene relaci&oacute;n causal con    la fiebre amarilla y cuando existe debe considerarse como un invasor secundario    en esta enfermedad.    <br> </p>     <p>De la segunda parte de nuestro estudio de la fiebre amarilla deducimos la siguiente    conclusi&oacute;n: el mosquito sirve de hu&eacute;sped intermediario para el    par&aacute;sito de la fiebre amarilla y es muy probable que la enfermedad s&oacute;lo    se propague por la picada de este insecto&#148;.    <br> </p>     <p>Fijaos bien, que la Comisi&oacute;n dice textualmente que &#147;es muy probable    que la enfermedad s&oacute;lo se propague por la picada de este insecto&#148;.    Quiero hacer notar esto para los que dicen que Finlay s&oacute;lo lo consider&oacute;    como medio &#147;hipot&eacute;tico de transmisi&oacute;n del hombre enfermo    al hombre sano en estado de receptividad&#148;.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </p>     <p>El 5 de febrero de 1901 se&ntilde;ala una fecha inolvidable en la historia    de esta Comisi&oacute;n; fue el d&iacute;a en que su Presidente, el doctor Walter    Reed, ley&oacute; en la sesi&oacute;n de la ma&ntilde;ana, del III Congreso    M&eacute;dico Pan-Americano, celebrado en la Habana, el c&eacute;lebre trabajo    que con el t&iacute;tulo &#147;La etiolog&iacute;a de la fiebre amarilla (Nota    adicional)&#148;, ha inmortalizado sus admirables experimentos cient&iacute;ficos.    <br> </p>     <p>Bien quisiera reproducir &iacute;ntegramente aqu&iacute; ese grandioso trabajo,    pero como esto no me es posible, me limitar&eacute; a consignar de manera sint&eacute;tica    sus principales cuestiones. Se detallan, con verdadera minuciosidad las condiciones    del Campamento Lazear, as&iacute; llamado en honor del desgraciado profesional    que ofrend&oacute; su vida en holocausto de la ciencia, y que por una curiosa    coincidencia ocupaba el mismo lugar donde a&ntilde;os antes operara Finlay sobre    los jesuitas que voluntaria y espont&aacute;neamente se somet&iacute;an a sus    inoculaciones, y se detallan no s&oacute;lo las habitaciones sino a sus habitantes,    para tener la plena seguridad de que no pudieran ser sino sujetos no inmunes    a la fiebre amarilla y que no se pudiesen infectar por otros medios que no fueran    los experimentales. Se consignan los experimentos realizados en los seis casos    inoculados por mosquitos: dos americanos, John R. Kissinger y John J. Moran,    y cuatro inmigrantes espa&ntilde;oles, realizados entre el 20 de noviembre y    el 30 de diciembre de 1900. Los efectuados en cuatro casos por inyecci&oacute;n    directa de la sangre de enfermos amarillos por el tejido subcut&aacute;neo de    individuos sanos, produciendo tres casos positivos y uno negativo en un inmigrante    espa&ntilde;ol que hab&iacute;a sido antes inoculado por picadas de mosquitos    con id&eacute;ntico negativo resultado y que se supone fuera un caso de inmunidad    natural, por haber resistido a esta doble prueba de inoculaci&oacute;n.    <br> </p>     <p>Llegamos ahora al para m&iacute; m&aacute;s importante de los trabajos de la    Comisi&oacute;n, el que se refiere a la vehiculaci&oacute;n del germen de la    fiebre amarilla, por los f&oacute;mites como se llama a las ropas y otros objetos    que hayan tenido alg&uacute;n contacto con los atacados de esa enfermedad, y    que responde a la pregunta que formulara la Comisi&oacute;n, despu&eacute;s    de estudiar las inoculaciones cul&iacute;cidas y la infecci&oacute;n por inyecciones    sangu&iacute;neas.&iquest;Puede o no propagarse la fiebre amarilla de alguna    otra manera?    <br> </p>     <p>En el trabajo que present&eacute; el 24 de noviembre de 1922 en la Secci&oacute;n    de Historia de la Medicina Americana, del VI Congreso Latino Americano, celebrado    en La Habana, sobre &#147;Desenvolvimiento hist&oacute;rico de los conocimientos    sobre fiebre amarilla,&#148; al tratar del Per&iacute;odo Prefinlayco, como    denomin&eacute; al que precedi&oacute; al 14 de agosto de 1881, hice constar    la opini&oacute;n anticontagionista de nuestro gran cl&iacute;nico el doctor    Tom&aacute;s Romay, el primero que en Cuba public&oacute; un trabajo sobre esta    enfermedad, le&iacute;do el 5 de abril de 1797 en la Sociedad Patri&oacute;tica    (Amigos del Pa&iacute;s). Dec&iacute;a as&iacute;:</p>     <p>&#147;Aunque opin&eacute; que esta enfermedad es contagiosa, las posteriores    observaciones que no he cesado de hacer por espacio de cinco a&ntilde;os, y    las que han ejecutado Mr. Devere, los doctores Moseley, Titler, Smith y otros    c&eacute;lebres m&eacute;dicos me han obligado a abjurar aquellas opiniones&#148;    (Romay, Obras, t. II, p. 86).</p>     <p>El sagaz observador Bartolom&eacute; Colomar, en su &#147;Memoria sobre la    epidemia de fiebre amarilla&#148; que se desat&oacute; en Murcia en 1811, dec&iacute;a    que el medio m&aacute;s ordinario, regular y peligroso de contagiarse, no era,    como se hab&iacute;a cre&iacute;do hasta entonces, el contacto inmediato con    el enfermo o con las ropas o estofas impregnadas de las miasmas; observando    que en Murcia y otros pueblos de Espa&ntilde;a se contagiaban por las personas    al parecer sanas, pero que llevaban oculto en su cuerpo el germen del mal; y    que en muchos lugares se contagiaban los vecinos de una casa donde hab&iacute;a    habido alg&uacute;n enfermo amarillo. Anticip&aacute;ndose &#150; dec&iacute;a    yo &#150; aquel autor a las ideas modernas de Carter y de la Comisi&oacute;n    Americana, asemeja el virus de la fiebre amarilla a un virus que:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&#147;Necesita cierto espacio de tiempo para desarrollarse y entretanto los    infeccionados tienen toda la apariencia de la salud m&aacute;s perfecta. Este    espacio &#150;agrega&#150; por lo com&uacute;n es de cinco o seis d&iacute;as,    como hemos experimentado, aunque en algunas ocasiones se extiende hasta el 14,    y a&uacute;n el 22&#148;.</p>     <p>He citado estas opiniones para que se vea que desde hace m&aacute;s de un siglo,    se consideraba al v&oacute;mito negro como no contagioso por los medios habituales    aceptados en aquellos tiempos, y porque la generalidad de los que escriben en    los actuales, entienden que la ciencia comienza cuando ellos entran en acci&oacute;n,    olvidando los trabajos de los que les precedieron y figur&aacute;ndose haber    descubierto el Mediterr&aacute;neo.    <br> </p>     <p>Muchas y muy valiosas observaciones figuran en el &#147;Tratado sobre fiebre    amarilla&#148;, escrito por Victor Bailly en 1814 (Par&iacute;s); en el Informe    de la Comisi&oacute;n nombrada por el Cuerpo de Sanidad de New Orleans cuando    la desastrosa epidemia de 1853, extendida por gran parte de las Am&eacute;ricas    del Norte, Centro y Sur; en el Informe de Alvarenga sobre la epidemia de Lisboa    en 1857; en el concienzudo de Melier, sobre la de <i>Saint-Nazaire</i>, en el    cual se habla ya de la trasmisi&oacute;n de hombre a hombre, pero sin llegar    a comprenderla, y del caso desgraciado del doctor Chaillon, infectado fuera    y muy lejos del foco primitivo producido por la Anne-Marie, que hab&iacute;a    llevado la fiebre amarilla de nuestro puerto al de Saint- Nazaire; en el Informe    de la Comisi&oacute;n americana presidida por Chaill&eacute;, a que antes hube    de referirme, y que vino a La Habana en 1879; y al que public&oacute; el Departamento    de Marina de los Estados Unidos, sobre los casos ocurridos en el vapor Plymouth.    <br> </p>     <p>A pesar de estos y de otros meritorios trabajos, no se hab&iacute;a demostrado    de una manera palmaria, con una evidencia verdaderamente cient&iacute;fica,    la no contagiosidad de la fiebre amarilla por los f&oacute;mites, ni se hab&iacute;a    hecho la contraprueba indispensable para evidenciar que s&oacute;lo los mosquitos    eran los que trasmit&iacute;an la enfermedad, y esto lo hizo de manera concluyente    la Comisi&oacute;n de la cual formara parte nuestro Agramonte.    <br> </p>     <p>A trueque de prolongar este trabajo, pero de acuerdo con las ideas antes expuestas    de hacer hablar a los documentos justificativos de mis afirmaciones, reproducir&eacute;    a continuaci&oacute;n los p&aacute;rrafos originales de la &#147;Nota Adicional&#148;,    le&iacute;da en el III Congreso M&eacute;dico Pan-Americano de 1901, que tratan    sobre esta materia. Dicen as&iacute;:</p>     <p>&#147;Es una cuesti&oacute;n de la mayor importancia, por lo tanto, determinar    si la ropa de uso o de cama, infectada por el contacto con los enfermos de fiebre    amarilla y sus excretas son capaces de transportar esta enfermedad. Aunque la    literatura m&eacute;dica trae numerosos ejemplos en que no se ha producido la    infecci&oacute;n por este medio, nosotros consideramos que era conveniente probar,    haciendo el experimento con individuos no inmunes, la teor&iacute;a de la vehiculaci&oacute;n    de la fiebre amarilla por ropas y art&iacute;culos contaminados, ya que no conoc&iacute;amos    de qu&eacute; otra manera se pod&iacute;a determinar este asunto definitivamente.    <br> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Para este objeto se erigi&oacute; en el Campamento Lazear, una casa de madera    peque&ntilde;a, conteniendo una sola habitaci&oacute;n, de 14 x 20 pies, conocida    por &#147;Edificio n&uacute;mero 1 o Edificio de Ropa y Art&iacute;culos Infectados&#148;.    La capacidad de esta casa es de 2,800 pies c&uacute;bicos. Se le hizo un cielo    raso de tabla machihembrada y las paredes bien ajustadas por fuera. El frente    da hacia el Sur y est&aacute; provisto de dos peque&ntilde;as ventanas, cada    una de 26 x 34 pulgadas. Estas dos ventanas se pusieron ex profeso al Sur del    edificio con el objeto de evitar en lo posible la circulaci&oacute;n del aire    en su interior. Las ventanas est&aacute;n cubiertas permanentemente por una    tela met&aacute;lica con mallas de medio mil&iacute;metro. Por la parte de adentro,    tiene cristales corredizos que se pueden abrir y por fuera un postigo enterizo    de madera; este &uacute;ltimo con objeto de evitar la entrada de los rayos solares,    pues no se quer&iacute;a que la luz del sol directa o difundida, ejerciera su    poder desinfectante sobre los art&iacute;culos que hab&iacute;a de contener    la habitaci&oacute;n. Se entra a la habitaci&oacute;n a trav&eacute;s de un    vest&iacute;bulo peque&ntilde;o, 3 x 5 pies tambi&eacute;n situado al costado    Sur de la casa. Este vest&iacute;bulo est&aacute; protegido por fuera con una    puerta s&oacute;lida y dividido por el medio por otra de tela met&aacute;lica    montada en goznes de muelle. La entrada interior tambi&eacute;n est&aacute;    cerrada por una puerta de tela met&aacute;lica. De esta manera excluimos la    posibilidad de que entraran mosquitos a la habitaci&oacute;n. Durante el d&iacute;a,    y hasta despu&eacute;s de la puesta del sol, la casa se manten&iacute;a completamente    cerrada, mientras que por medio de una estufa apropiada se aumentaba la temperatura    del interior hasta 92 &ordm; &oacute; 95 &ordm; F (33,3 &ordm; a 35 &ordm; C.)    Al mismo tiempo se tom&oacute; la precauci&oacute;n de mantener la atm&oacute;sfera    h&uacute;meda. Durante 63 d&iacute;as el promedio de calor en esta habitaci&oacute;n    fue de 76,3 &ordm; F (24,6 &ordm; C.)    <br> </p>     <p>El d&iacute;a 30 de noviembre de 1900, estando ya lista la casa, se introdujeron    en ella tres cajas grandes que conten&iacute;an s&aacute;banas, fundas de almohadas,    frazadas, etc., sucias, contaminadas por el contacto con enfermos de fiebre    amarilla y sus v&oacute;mitos y excrementos. La mayor parte de los efectos se    tomaron de las camas de enfermos de fiebre amarilla del Hospital Las &Aacute;nimas    o del Campamento Columbia. Muchos de ellos se hab&iacute;an ensuciado de ex    profeso con buena cantidad de &#145;v&oacute;mito negro&#146;, orina y materia    fecal. En una de las cajas hab&iacute;a una colchoneta y dos frazadas sumamente    sucias que se retiraron de la cama de un caso de fiebre amarilla, de Los Quemados.    El mismo d&iacute;a, el doctor R.P. Cooke, cirujano auxiliar del Ej&eacute;rcito    Americano y dos soldados sanitarios, todos americanos j&oacute;venes y no inmunes,    entraron en la casa y desenvasaron las cajas que hab&iacute;an permanecido cerradas    y lacradas durante dos semanas. Al hacerlo, tuvieron buen cuidado de manosear    y sacudir cada art&iacute;culo de manera de diseminar por el aire del cuarto    el agente espec&iacute;fico de la fiebre amarilla, caso de encontrarse adherido    a esos efectos. Las s&aacute;banas, fundas de almohadas y frazadas sucias sirvieron    para hacer las camas de los soldados. Varios otros art&iacute;culos se colgaron    de las paredes del cuarto o se esparcieron sobre la cama y alrededor de donde    dorm&iacute;a el doctor Cooke.    <br> </p>     <p>Desde esta fecha, hasta el 19 de diciembre de 1900, un per&iacute;odo de 20    d&iacute;as, ocuparon este cuarto todas las noches los tres no inmunes. Cada    ma&ntilde;ana empacaron los art&iacute;culos dentro de sus cajas para volverlos    a desempacar antes de retirarse por la noche. Durante el d&iacute;a se le permiti&oacute;    a estos tres individuos ocupar una tienda de campa&ntilde;a que se coloc&oacute;    al lado de la casa, pero siempre bajo la m&aacute;s estricta cuarentena. El    12 de diciembre se recibi&oacute; otra caja de ropa sucia de&#145;Las &Aacute;nimas&#146;.    Estos art&iacute;culos hab&iacute;an servido en la cama de casos de fiebre amarilla,    pero adem&aacute;s de esto, se les hab&iacute;a agregado las deyecciones mel&eacute;nicas    de un caso mortal de esta enfermedad. Como hab&iacute;a estado envasada esta    caja algunos d&iacute;as, al abrirla el doctor Cooke y sus ayudantes el 12 de    diciembre, el olor que despidiera fue tan ofensivo que los oblig&oacute; a retirarse    de la habitaci&oacute;n. No obstante, al poco rato volvieron a entrar y pasaron    la noche en ella como de costumbre.    <br> </p>     <p>El 19 de diciembre de 1900 a estos tres individuos se les puso en cuarentena    por 5 d&iacute;as y luego se les permiti&oacute; andar libremente por el Campamento.    Todos permanecen en perfecto estado de salud, a pesar de haber pasado 20 d&iacute;as    bajo condiciones tan poco higi&eacute;nicas.    <br> </p>     <p>Durante la semana de diciembre 20 al 27 de 1900, se introdujeron en la casa    los siguientes art&iacute;culos: un flus de payamas, dos camisetas, cuatro ropones    de dormir, cuatro fundas de almohadas, seis s&aacute;banas, cinco frazadas,    dos almohadas, un colch&oacute;n. Estos art&iacute;culos se sustrajeron de las    personas y camas de cuatro enfermos de fiebre amarilla, y se hallaban bien sucios,    pues de ex profeso no se les cambi&oacute; la ropa durante toda la enfermedad,    con objeto de obtener las piezas lo m&aacute;s contaminadas posibles.    <br> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Desde el 21 de diciembre de 1900 hasta el 10 de enero de 1901, ocuparon este    edificio tambi&eacute;n dos j&oacute;venes, no inmunes, americanos, bajo las    mismas condiciones que los tres anteriores, con la diferencia que estos individuos    se vistieron para dormir todas las noches con la misma ropa que hab&iacute;an    usado durante su enfermedad los enfermos de fiebre amarilla ya citados; adem&aacute;s,    tendieron sus camas exclusivamente con s&aacute;banas, frazadas y fundas de    almohadas que estaban bien sucias. Al cabo de veinte d&iacute;as de contacto    &iacute;ntimo con estas ropas y vestidos, entraron los individuos en cuarentena    por cinco d&iacute;as, de la cual fueron relevados en perfecto estado de salud.    <br> </p>     <p>Desde el d&iacute;a 11 de enero hasta el 31 del mismo mes, un per&iacute;odo    de 20 d&iacute;as, han ocupado el &#145;Edificio n&uacute;mero 1&#146; otros    dos americanos no inmunes, que, as&iacute; como los que le precedieron, durmieron    todas las noches en las mismas camas, con las mismas ropas que hab&iacute;an    usado enfermos de fiebre amarilla durante toda su enfermedad sin cambio alguno.    Adem&aacute;s de esto, durante las &uacute;ltimas 14 noches, esos individuos    durmieron recostando la cabeza en una toalla que de ex profeso se empaparon    en la sangre venosa y capilar, de un caso de fiebre amarilla en su primer d&iacute;a.    A pesar de esta prueba tan desagradable como concluyente, nuestros experimentados    contin&uacute;an perfectamente bien de salud.    <br> </p>     <p>La tentativa que hemos hecho, por lo tanto, de infectar el &#145;Edificio n&uacute;mero    1&#146; y a sus siete moradores no inmunes, durante un per&iacute;odo de 63,    ha sido infructuosa. Con relaci&oacute;n a este particular, no podemos hacer    nada mejor que citar aqu&iacute;, de la cl&aacute;sica obra de La Roche, lo    siguiente: &#145;Con respecto a la fiebre amarilla, encontramos tantos ejemplos    que establecen el hecho de la no transmisibilidad de la enfermedad por medio    de art&iacute;culos como los mencionados, ni por mercanc&iacute;as en general,    que no podemos menos que dar poco cr&eacute;dito a las narraciones de car&aacute;cter    contrario que se encuentran en los escritos de Medicina y menos a&uacute;n,    a los que se presentan sostenidos tan s&oacute;lo por el informe popular. Pues    si en gran n&uacute;mero de casos aut&eacute;nticos se han manoseado y usado    esos art&iacute;culos con la m&aacute;s completa impunidad (y eso en condiciones    las m&aacute;s apropiadas para producir el efecto que discutimos), tenemos derecho    a pensar que no se obtendr&aacute; un resultado contrario en otros casos iguales;    y que por lo tanto, el efecto que se atribuy&oacute; a contacto con esos art&iacute;culos    tiene necesidad de haber sido producido por otro agente alguno, hasta que no    se compruebe lo contrario sin dejar lugar a la m&aacute;s leve duda.&#146;(Yellow    Fever, R. La Roche. Vol.II, p&aacute;g. 516, Philadelphia, 1855).    <br> </p>     <p>La cuesti&oacute;n que naturalmente se presenta es, &iquest;c&oacute;mo se    infecta una casa de fiebre amarilla? Esto lo hemos tratado de resolver, erigiendo    en el Campamento Lazear una segunda casa denominada &#145;Edificio n&uacute;mero    2&#146; o el &#145;Edificio de mosquitos infectados&#146;. Este era en todos    sentidos parecido al &#145;Edificio n&uacute;mero 1&#146; con excepci&oacute;n    de que la puerta y ventanas se colocaron en los lados opuestos para obtener    buena ventilaci&oacute;n del interior. Tambi&eacute;n se dividi&oacute; la habitaci&oacute;n    con una tela met&aacute;lica del techo al suelo, formando as&iacute; dos cuartos,    12 x 14 pies y 8 x 14 pies, respectivamente. As&iacute; como en el &#145;Edificio    n&uacute;mero 1&#146; se introdujo ropa bien sucia, todos los art&iacute;culos    que entraron al &#145;Edificio n&uacute;mero 2&#146; fueron previamente desinfectados    al vapor.    <br> </p>     <p>El 21 de diciembre de 1900, a las 11 a.m. se libertaron en el cuarto mayor    de este edificio, quince (15) mosquitos Culex fasciatus que se hab&iacute;an    infectado picando enfermos de fiebre amarilla como sigue:</p>     <p>1, un caso grave (segundo d&iacute;a), noviembre 27,1900 (24 d&iacute;as antes).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   3, un caso t&iacute;pico (primer d&iacute;a), diciembre 9,1900 (12 d&iacute;as    antes).    <br>   4, un caso leve (primer d&iacute;a), diciembre 13,1900 (8 d&iacute;as antes).    <br>   7, un caso t&iacute;pico (primer d&iacute;a), diciembre 16, 1900 (5 d&iacute;as    antes).</p>     <p>Consider&aacute;bamos capaces de trasmitir la infecci&oacute;n a s&oacute;lo    uno de estos insectos, es decir, al mosquito que hab&iacute;a picado a un caso    grave hac&iacute;a 24 d&iacute;as, mientras que tres de ellos, los que hab&iacute;an    pasado 12 d&iacute;as, se encontraban en el per&iacute;odo peligroso, pues se    hab&iacute;an conservado a la temperatura de 82&ordm; F (27,7 &ordm; C), promedio.    <br> </p>     <p>A las doce del mismo d&iacute;a, John J. Moran, al cual nos hemos referido    ya (caso n&uacute;mero 2 de este informe), americano no inmune entr&oacute;    al cuarto que conten&iacute;a los mosquitos y permaneci&oacute; 30 minutos en    &eacute;l. Durante este tiempo le picaron las manos y la cara varios insectos.    A las 4 p.m., del mismo d&iacute;a volvi&oacute; a entrar por 20 minutos y tambi&eacute;n    fue picado. Al d&iacute;a siguiente, a las 4.30 p.m., por tercer vez entr&oacute;    al cuarto siendo nuevamente picado.    <br> </p>     <p><i>Caso</i> 7. El 25 de diciembre de 1900 (cuarto d&iacute;a), a las 6 de la    ma&ntilde;ana, Moran se quej&oacute; de dolor de cabeza, frontal, y de un poco    de mareo. A las 11 a.m., se volvi&oacute; a acostar quej&aacute;ndose de aumento    de la cefalalgia y malestar. T. 99 &ordm; F (37,5 &ordm; C.); P. 88; 12 m. T.    100,4 &ordm; F (37,7 &ordm; C); P. 98; 1 p.m. T. 101,2 &ordm; F (38,4 &ordm;    C); P. 96. Los ojos inyectados y la cara bultosa. Se traslad&oacute; a las salas    de fiebre amarilla. La Junta de expertos vio a este enfermo varias veces, confirmando    el diagn&oacute;stico de fiebre amarilla.    <br> </p>     <p>El per&iacute;odo de incubaci&oacute;n en este caso; contando desde su primera    visita al &#145;Edificio n&uacute;mero 2&#146; fue de 3 d&iacute;as y 23 horas.    Contando desde su &uacute;ltima visita, resulta ser de 2 d&iacute;as y 18 horas.    No tuvo otro origen posible su infecci&oacute;n, toda vez que por 32 d&iacute;as    previos a su entrada al edificio de los mosquitos, hab&iacute;a estado sometido    a la m&aacute;s rigurosa cuarentena en el Campamento Lazear. Durante cada una    de las visitas de Moran, permanecieron en el mismo edificio, tan s&oacute;lo    protegidos por la tela met&aacute;lica que los separaba, dos individuos no inmunes.    Desde el 21 de diciembre hasta el 8 de enero inclusive (18 noches) estos individuos    no inmunes han dormido en ese Edificio, protegidos solamente por la divisi&oacute;n    de la tela met&aacute;lica. Los dos han permanecido bien de salud hasta la fecha.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </p>     <p>El 28 de diciembre de 1900, despu&eacute;s de un intervalo de 7 d&iacute;as,    entr&oacute; en la habitaci&oacute;n infectada un americano, no inmune, que    durante su permanencia de 25 minutos fue picado por un solo insecto. Al d&iacute;a    siguiente volvi&oacute; a entrar, permaneciendo solamente 15 minutos, siendo    picado por un mosquito. El resultado de estas dos visitas fue negativo. Como    la mortalidad entre los mosquitos hab&iacute;a sido muy grande por causa desconocida,    es posible que no hayan picado al individuo m&aacute;s que mosquitos que no    ten&iacute;an m&aacute;s de 13 d&iacute;as de infectados, en cuyo caso probablemente    no se hallaban en condiciones de transmitir la infecci&oacute;n, pues solamente    5 d&iacute;as hab&iacute;an estado a la temperatura de 82&ordm; F (27,7 &ordm;    C) y durante 8 d&iacute;as a la temperatura de la habitaci&oacute;n, 78 &ordm;    F (25,5 &ordm; C).    <br> </p>     <p>Como quiera que sea, nada puede ser m&aacute;s instructivo, con relaci&oacute;n    a la causa de infecci&oacute;n domiciliaria en la fiebre amarilla, que el contraste    que resulta de nuestros esfuerzos en infectar los Edificios n&uacute;mero 1    y 2; pues as&iacute; como en el primer caso, todos los siete individuos no inmunes    escaparon a la infecci&oacute;n, aunque expuestos al contacto m&aacute;s &iacute;ntimo    con ropas y art&iacute;culos contaminados, durante un promedio de 20 noches    cada uno, en el segundo caso, una exposici&oacute;n de igual n&uacute;mero de    minutos fue suficiente para producir un ataque de fiebre amarilla a uno de los    individuos que entraron en la casa (50 por ciento).    <br> </p>     <p>De esta manera en el Campamento Lazear, de 7 individuos no inmunes que tratamos    de infectar por medio de la picada de mosquitos infectados, hemos podido transmitir    la enfermedad a 6 de ellos o sea el 85,71 por ciento. Por otra parte, de 7 no    inmunes a los cuales tratamos de infectar por medio de ropas y art&iacute;culos    contaminados, bajo las condiciones m&aacute;s favorables, no obtuvimos &eacute;xito    en un solo caso.    <br> </p>     <p>De un total de diez y ocho individuos no inmunes que hemos inoculado con mosquitos    infectados, desde que empezamos esta v&iacute;a de investigaci&oacute;n, ocho    de ellos, o sea el 44,4 por ciento han contra&iacute;do la enfermedad fiebre    amarilla. Si de este n&uacute;mero excluimos los individuos que fueron picados    por mosquitos antes de los 12 d&iacute;as de infectados y que por lo tanto eran    incapaces de transmitir la enfermedad, tenemos que anotar ocho casos positivos    y dos negativos (80 por ciento)&#148;.    <br> </p>     <p>Las <i>conclusiones</i> a que lleg&oacute; la Comisi&oacute;n, las formul&oacute;    de la manera siguiente:</p> <ol>       ]]></body>
<body><![CDATA[<li> El mosquito (Culex fasciatus) sirve de hu&eacute;sped intermediario al      par&aacute;sito de la fiebre amarilla.</li>       <li> La fiebre amarilla se transmite al individuo no inmune, por medio de la      picada del mosquito que anteriormente se haya alimentado de la sangre de enfermos      de esta infecci&oacute;n.</li>       <li> Parece requerir un intervalo de 12 d&iacute;as o m&aacute;s, despu&eacute;s      de infectado para que el mosquito sea capaz de transmitir el germen infeccioso.</li>       <li> La picada del mosquito en un per&iacute;odo menor que el citado en el p&aacute;rrafo      anterior, no parece conferir inmunidad alguna contra un ataque subsiguiente      de la fiebre amarilla.</li>       <li> La fiebre amarilla tambi&eacute;n se puede producir experimentalmente por      medio de la inyecci&oacute;n subcut&aacute;nea de sangre, tomada de la circulaci&oacute;n      general durante el primero o segundo d&iacute;a del ataque.</li>       <li> Un ataque de fiebre amarilla producido por la picada del mosquito, confiere      inmunidad contra la inyecci&oacute;n subsecuente de sangre de un individuo      afectado de la forma no experimental de esta enfermedad.</li>       <li> El per&iacute;odo de incubaci&oacute;n en trece casos de fiebre amarilla      experimental, ha fluctuado entre 41 horas y 5 d&iacute;as y 17 horas.</li>       <li> La fiebre amarilla no se transmite por medio de ropas de cama o de uso,      ni por mercanc&iacute;as ni art&iacute;culos de ninguna clase que hayan tenido      contacto con casos de esa enfermedad, y, por lo tanto, la desinfecci&oacute;n      de dichos efectos con el objeto de evitar la propagaci&oacute;n de la fiebre      amarilla es completamente innecesaria.</li>       <li> Se podr&aacute; decir que una casa se halla infectada de fiebre amarilla      solamente cuando dentro de ella se encuentren mosquitos contaminados capaces      de transmitir el par&aacute;sito de esa infecci&oacute;n.</li>       <li> La propagaci&oacute;n de la fiebre amarilla se puede restringir eficazmente      por medios que se dirijan a la destrucci&oacute;n de los mosquitos y a la      protecci&oacute;n de los enfermos contra las picadas de estos insectos y </li>       ]]></body>
<body><![CDATA[<li> Aunque la manera de vehiculaci&oacute;n de la fiebre amarilla se ha determinado      ya definitivamente, la causa espec&iacute;fica de esta enfermedad esta todav&iacute;a      por descubrir.&#148;</li>     </ol>     <p>Ya que he transcripto lo fundamental de este hist&oacute;rico trabajo, transcribir&eacute;    tambi&eacute;n la discusi&oacute;n a que dio lugar en la mencionada sesi&oacute;n,    ya que en ella intervinieron personas &iacute;ntimamente ligadas al problema    amarillo, y para dejar consignada sus opiniones, que en el andar de los tiempos    pueden olvidarse o tergiversarse, como por desgracia viene haci&eacute;ndose    &uacute;ltimamente. Las tomar&eacute; directamente del libro oficial del III    Congreso M&eacute;dico Pan-Americano (t. I. P. 287-290) donde se publicaron    las Actas de las sesiones y las Memorias presentadas.</p>     <p>Dice as&iacute;:</p>     <p>&#147;Ocupa la presidencia el doctor Finlay, con el doctor Guiteras.    <br>   El doctor Guiteras pide a la sala que dada la importancia del trabajo que presenta    la Comisi&oacute;n investigadora del Ej&eacute;rcito de los E. U., se permitiera    su lectura en ingl&eacute;s y en castellano, lo que se resolvi&oacute; afirmativamente.    <br>   El doctor Walter Reed, del Ej&eacute;rcito de los E. U., Presidente de la Comisi&oacute;n,    lee el trabajo sobre &#145;La Etiolog&iacute;a de la Fiebre Amarilla&#146;.    Una vez concluida la lectura en ingl&eacute;s, el doctor Agramonte, del Ej&eacute;rcito    de los E. U. la lee en castellano.</p> <h4>Discusi&oacute;n</h4>     <p>Dr. <i>Perna</i> (<i>Luis</i>). Dice no acepta resultados de estad&iacute;sticas;    que en ellos se basaron Carmona, Freyre y Sanarelli y que todos han venido en    descr&eacute;dito; que la teor&iacute;a del mosquito no es nueva; que a mediados    del siglo pasado un m&eacute;dico franc&eacute;s sostuvo que el paludismo, a    la vez que la fiebre amarilla, era transmitido por el mosquito. Critica el procedimiento    de la Comisi&oacute;n empleando seres humanos para sus inoculaciones, pues el    fin nunca justifica los medios.    <br> </p>     <p>Dr. <i>San Mart&iacute;n (Julio)</i>. Celebra las condiciones de experimentadores    de los se&ntilde;ores que componen la Comisi&oacute;n, y cree que es un hecho    positivo que el mosquito da la fiebre amarilla, porque los experimentos que    se han llevado a cabo tienen gran base de seriedad, considerando todas estas    experiencias fundamentales. Respecto a que las experiencias deben hacerse en    animales, considera el tema agotado. No se trata de estad&iacute;sticas, sino    de hechos. La experimentaci&oacute;n en los hombres est&aacute; justificada    dada la gravedad del problema amarillo, al cual hab&iacute;a que atacar valientemente    y de frente; &eacute;l cree que ya se empieza a llegar a la verdad, que vemos    a diario hechos muchos m&aacute;s graves que no llaman la atenci&oacute;n, como    son los hombres que se pierden en el ej&eacute;rcito sin un fin tan noble y    humanitario. Habla como cubano y no critica un trabajo experimental tan serio,    en el cual se han dado gigantescos pasos.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </p>     <p>Dr. <i>Perna (Luis)</i>. Mantiene sus reparos al trabajo de la Comisi&oacute;n,    que califica de espl&eacute;ndido y magn&iacute;fico, que no cree que &eacute;stos    sean los primeros pasos en la fiebre amarilla, sino que ya se han dado. Deb&eacute;se    muri&oacute; haciendo experiencias sobre s&iacute; mismo.    <br> </p>     <p><i>Dr. Montgomery</i>: Said that he was profoundly interested in the subject    under discussion, but not having had experience in the matter would like to    hear from Doctor Halbeck.    <br> </p>     <p><i>Dr. Halbeck</i>. Said he was equally interested and congratulated the Board    upon its findings. The desinfections of suspected articles as carried out to    day is a source of annoyance and expense. Regarding the non contagious character    of yellow fever he has observed that numerous cases carried out of town the    barren country where no mosquitoes abounded were not at all instrumental in    spreading the disease.    <br> </p>     <p>Dr.<i> Mart&iacute;nez (Emilio)</i>. Enforced doctor Mart&iacute;n&#146;s views.    The moral question should be taken up in this experiments; without them the    truth would never have been found.    <br> </p>     <p>Dr. <i>Agramonte (Ar&iacute;stides)</i>. Manifest&oacute; que en el trabajo    presentado no se hace referencia alguna a la cuesti&oacute;n moral del procedimiento,    dejando &eacute;sta a la conciencia de cada cual. Da las gracias al doctor San    Mart&iacute;n por la defensa que hace y a&ntilde;ade que no se ha presentado    estad&iacute;stica alguna, sino solamente hechos comprobados que llevaron a    los investigadores a hacer ciertas conclusiones.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </p>     <p>Dr. <i>Guiteras (Juan)</i>. Cree que muchos no han entendido los hechos referidos    por haber, necesariamente, sido r&aacute;pida su lectura; que en estas experiencias    no hay m&aacute;s que hechos comprobados y que en refutaci&oacute;n no se ha    presentado un argumento verdaderamente cient&iacute;fico; a todos los cubanos    interesa el trabajo de la Comisi&oacute;n, la cual fija la atenci&oacute;n sobre    los casos benignos que &eacute;l cree son la fuente principal de la infecci&oacute;n.    En los pa&iacute;ses donde es end&eacute;mica la fiebre amarilla, hay una tendencia    a rechazar, primero, su car&aacute;cter infeccioso, y, segundo, a hacer valer    la influencia del clima. Que &eacute;l cree que es preferible caer en el extremo    opuesto y que no es posible admitir una inmunidad por el solo hecho de haber    nacido en Cuba. Casos benignos no reconocidos se encuentran en ni&ntilde;os    y en individuos de la raza de color, y el lugar m&aacute;s a prop&oacute;sito    para observarlos es fuera de los focos end&eacute;micos. La Comisi&oacute;n    no ha hablado de otros casos que ha producido, tan benignos que habr&iacute;an    pasado desapercibidos y que seg&uacute;n su parecer son los que mantienen viva    la infecci&oacute;n de un verano a otro. No se refiere a los casos de fiebre    amarilla con borras que en los E. U. quiz&aacute; no llegue ni a un 10 % &oacute;    15 % como pasa tambi&eacute;n entre nosotros. El doctor Reed ten&iacute;a la    epidemia en sus manos y la desarrollaba y la suspend&iacute;a a su antojo. Sobre    el mosquito hace las siguientes observaciones en ingl&eacute;s: &#145;He believes    the mosquito employed by the Board should not be called C. fasciatus which does    not exactly correspond to the description made by Giles and Larrib&aacute;lzaga.    The Board sent specimens of the mosquito to Washington where it was classified    as fasciatus; but C. fasciatus has wings on its proboscis not present in the    Boards mosquitoes; the semilunar lines on the thorax of this insect are present    in the Culex mosquito so called by Robineau desvoidy from a specimen taken to    Paris by Don Felipe Poey. He thinks that the mosquito used by the Board may    belong to a new genus, as it lays its eggs differently from other Culeces.    <br> </p>     <p>Dr. <i>Finlay (Carlos J.).</i> Da las gracias al doctor Reed por haber la Comisi&oacute;n    comprobado la teor&iacute;a que tantos a&ntilde;os ha sustentado. Espera que    las diferencias de opini&oacute;n que existen entre la Comisi&oacute;n y &eacute;l    desaparecer&aacute;n con el tiempo y con futuros experimentos. Cree que la sesi&oacute;n    de hoy ocupar&aacute; una p&aacute;gina en la historia.    <br> </p>     <p>Despu&eacute;s de terminada la discusi&oacute;n, el Presidente (Finlay), dijo:</p>     <p>Dr. Reed: deseo expresar mi profunda admiraci&oacute;n por la manera con que    la Comisi&oacute;n militar de fiebre amarilla ha llevado a cabo su investigaci&oacute;n.    Al decir esto, estoy seguro de no obedecer a ning&uacute;n sentimiento de parcialidad;    pero no puedo negar que ha sido para m&iacute; una satisfacci&oacute;n muy grande    el ver que todos los puntos esenciales de mi teor&iacute;a del mosquito han    sido confirmados de una manera tan completa. Existen, sin duda, algunos de menor    importancia, acerca de los cuales no estamos completamente de acuerdo; pero    tengo la esperanza de que tambi&eacute;n esas divergencias dentro de breves    meses desaparecer&aacute;n. Atribuyo las diferencias en nuestros resultados    respectivos a las circunstancias siguientes:</p>     <p>1&ordm;. La de que la Comisi&oacute;n militar ha practicado todas sus experiencias    en la estaci&oacute;n de invierno, usando, probablemente, una sola de las tres    razas o variedades de Culex mosquito, se&ntilde;aladas por m&iacute; en esta    ciudad, mientras que mis experiencias han sido, casi todas, en los meses de    verano, con la raza m&aacute;s diminuta, la cual raras veces se encuentra en    los meses de invierno.    <br>   2&ordm;. Los pocos casos negativos que tuvieron esos se&ntilde;ores, es circunstancia    por la cual debe, ciertamente, congratularse la Comisi&oacute;n, pero que la    incapacita para formar reglas perentorias y terminantes respecto de las condiciones    en que el insecto podr&aacute; o no podr&aacute; transmitir la enfermedad.&#148;    <br>       ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   De todos modos, tengo la seguridad de que el recuerdo de esta sesi&oacute;n    permanecer&aacute; indeleble en la memoria de todos los miembros que a ella    han concurrido, como el de un evento que quiz&aacute;s resulte hist&oacute;rico    en los anales de la Asociaci&oacute;n.    <br> </p>     <p>Ya que estoy historiando cuidadosamente lo relacionado con esta c&eacute;lebre    Comisi&oacute;n, har&eacute; que el arquitecto que va a construir un edificio;    y a su ejemplo, antes de comenzar a levantar sus paredes, afirmar&eacute; profundamente    los cimientos, para que a las contingencias que en el futuro pueda estar sometida    la construcci&oacute;n no se conmueva ni pueda ser derrumbada.    <br> </p>     <p>He utilizado este s&iacute;mil, porque se ha dicho y hasta se ha escrito que    la actuaci&oacute;n de Agramonte en la referida Comisi&oacute;n fue s&oacute;lo    secundaria, debido a su condici&oacute;n de cubano y por tanto supuesto inmune,    y tambi&eacute;n por su conocimiento del idioma del pa&iacute;s donde deb&iacute;a    operar aquella.    <br> </p>     <p>Prueba en contrario de esta afirmaci&oacute;n, y muy valiosa, la ofrece un    colega tan respetable y veraz como mi querido amigo y compa&ntilde;ero desde    la infancia, el profesor de Medicina Tropical de nuestra Universidad de La Habana,    doctor Federico Grande y Rossi, en su discurso de contestaci&oacute;n al de    ingreso de Agramonte, en un acto tan serio y trascendental como el de su recepci&oacute;n    en la Academia de Ciencias M&eacute;dicas, F&iacute;sicas y Naturales de la    Habana, de donde tomo estos p&aacute;rrafos. Dice as&iacute;: </p>     <p>&#147;[...]Agramonte, Carroll, Lazear y otros hab&iacute;an sido picados varias    veces por mosquitos del mismo Finlay en aquella decidida intenci&oacute;n de    rasgar el velo del misterio a riesgo de la muerte. La sonrisa desde&ntilde;osa    o compasiva se dibujaba en las caras de aquellos soldados serios y estoicos    cuando contemplaban a los m&eacute;dicos entretenidos en las maniobras, que    ellos juzgaban infantiles, del manejo y la infecci&oacute;n de los mosquitos,    que no pod&iacute;an ser, de ninguna manera, los agentes responsables de la    enfermedad.    <br> </p>     <p>El 27 de agosto de 1900, a las dos de la tarde, Carroll fue picado por un mosquito    que hab&iacute;a sido experimentalmente aplicado a cuatro casos de fiebre amarilla    en la siguiente forma: uno, en el segundo d&iacute;a de la enfermedad, doce    d&iacute;as antes; otro, en el primero, seis d&iacute;as antes; otro, en el    segundo, cuatro d&iacute;as antes; y el cuarto, en el segundo d&iacute;a, dos    d&iacute;as antes. Como sabemos hoy, este mosquito era transmisor en ese momento    por la picadura del primer caso; segundo d&iacute;a y doce d&iacute;as de incubaci&oacute;n    insectil. A esta experimentaci&oacute;n memorable se debe el primer caso de    fiebre amarilla provocada en el hombre con el objeto de comprobar la teor&iacute;a    de Finlay, que ya por esos d&iacute;as empezaba a caer en el descr&eacute;dito    a que conduce la falta de r&aacute;pido &eacute;xito feliz. Carroll fue atacado    de fiebre amarilla y este diagn&oacute;stico fue hecho por el doctor Agramonte.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </p>     <p>Lazear, que hab&iacute;a permanecido alg&uacute;n tiempo en Italia estudiando    con Grassi los mosquitos, se ocupaba principalmente en las investigaciones de    entomolog&iacute;a y anatom&iacute;a patol&oacute;gica. Reed no estuvo m&aacute;s    de dos semanas en Cuba despu&eacute;s de la constituci&oacute;n de la Comisi&oacute;n    y luego march&oacute; a Washington con el objeto de completar un estudio de    &#145;Fiebre tifoidea en el ej&eacute;rcito&#146;, en colaboraci&oacute;n con    los doctores Shakespeare y Vaughan, y no volvi&oacute; a Cuba hasta los finales    de septiembre, en los d&iacute;as en que sucumbi&oacute; Lazear. Recordemos    que del 22 al 26 de octubre Reed ley&oacute; la &#145;Nota Preliminar&#146;    en el meeting de Indian&aacute;polis, pensemos que Carroll convalec&iacute;a    del ataque de fiebre amarilla y no nos ser&aacute; dif&iacute;cil apreciar la    parte tan activa desempe&ntilde;ada por el doctor Agramonte en los primeros    pasos decisivos de la experimentaci&oacute;n.    <br> </p>     <p>En la tarde del 31 de agosto, cuando ya Carroll estaba atacado, el soldado    americano llamado en las primeras notas X.Y., y cuyo verdadera nombre es Willian    H. Dean, pas&oacute; por donde se encontraba el doctor Agramonte manejando mosquitos,    con la sonrisa desde&ntilde;osa que ya era reflejo constante que despertaban    estos estudios; le pregunt&oacute; con iron&iacute;a si a&uacute;n trabajaba    con los mosquitos y los tubos. Agramonte contest&oacute; afirmativamente y le    invit&oacute; a dejarse picar. Dean acept&oacute; inmediatamente, y fue picado    por el mismo mosquito que infect&oacute; a Carroll, y por tres m&aacute;s, de    los cuales dos estaban en condiciones de transmitir la enfermedad. A los cinco    d&iacute;as comenz&oacute; el ataque de Dean. En estos dos casos reside indiscutiblemente    el comienzo de la comprobaci&oacute;n de la teor&iacute;a de Finlay, la base    del trabajo de la Comisi&oacute;n, los alientos para continuar las investigaciones    que luego dieron cima a la hermosa obra sanitaria que gozamos.    <br> </p>     <p>Pero no termina en este punto la serie de sucesos que ponen en claro la obra    de Agramonte. Lazear se hab&iacute;a hecho picar el diez y seis de agosto por    un mosquito aplicado a un caso de fiebre amarilla en el quinto d&iacute;a de    enfermedad y diez d&iacute;as antes. Esta experimentaci&oacute;n, como sabemos    hoy, no pudo ser positiva. Pero en la tarde del 13 de septiembre, mientras recog&iacute;a    para el estudio sangre de un caso de fiebre amarilla, vio que un mosquito se    detuvo en el dorso de su mano y lo dej&oacute; picar, permaneciendo tranquilo    hasta que el insecto estuvo satisfecho. A los cinco d&iacute;as comenz&oacute;    la fiebre amarilla que una semana despu&eacute;s terminaba por la muerte del    ilustre investigador. Con esta desgracia la Comisi&oacute;n qued&oacute; reducida    a tres miembros, los cuales, en uni&oacute;n de Gorgas y Guiteras realizaron    investigaciones ya bien conocidas de todo el mundo...&#148;<span class="superscript">10</span>    <br>       <br>   Puede afirmarse que con su colaboraci&oacute;n a los trabajos experimentales    de la Comisi&oacute;n Americana, comienza la verdadera vida cient&iacute;fica    del doctor Agramonte, pues aunque desde el mes de octubre de 1894, en que se    public&oacute; su primer &#147;Estudio Cl&iacute;nico sobre el Eczema neur&oacute;tico&#148;,    s&oacute;lo dio a luz dos trabajos en 1896, otros dos en 1898 y cuatro en 1899,    y para eso acerca de materias relacionadas con estudios pedi&aacute;tricos y    de laboratorio. En cambio, su ulterior y variada producci&oacute;n puede apreciarse    mejor en la relaci&oacute;n bibliogr&aacute;fica que inserto al final de este    Elogio.    <br> </p>     <p>Igual consideraci&oacute;n puede hacerse respecto a su actuaci&oacute;n en    la vida cient&iacute;fica al examinar la relaci&oacute;n de las sociedades a    que perteneci&oacute;, de las representaciones oficiales que ostent&oacute;,    y de los honores que le fueron conferidos por diversas Academias, Universidades    y otras instituciones y gobiernos; teniendo la suerte de poder gozar de ellos    en vida, y no como ocurre generalmente con los hombres de ciencias que se reconoce    el m&eacute;rito de sus trabajos y se premian sus esfuerzos, cuando la muerte    hace in&uacute;tiles tales premios, y cuando la desaparici&oacute;n del mundo    de los vivos no puede despertar las ambiciones de los contempor&aacute;neos    o impide clavar los dientes de la envidia en el que ha entrado en las sombras    del sepulcro.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </p>     <p>He aqu&iacute; la relaci&oacute;n a que acabo de referirme:</p> <ul>       <li> Secretario y Microscopista de la Comisi&oacute;n de Enfermedades Infecciosas,      agosto de 1902; y Delegado Especial de la Junta Nacional de Sanidad y Comisionado      Especial de la Secretar&iacute;a de Sanidad y Beneficencia, en numerosas ocasiones      a partir de esta fecha hasta el a&ntilde;o 1916.</li>       <li> Delegado del Gobierno al XV Congreso Internacional de Medicina, celebrado      en Lisboa, Portugal, en 1906.</li>       <li> Delegado del Gobierno al XIV Congreso Internacional de Higiene y Demograf&iacute;a,      celebrado en Berl&iacute;n, Alemania, en 1907.</li>       <li> Delegado del Gobierno al XVI Congreso Internacional de Medicina, celebrado      en Budapest, Hungr&iacute;a, en 1909.</li>       <li> Presidente de la Comisi&oacute;n de Enfermedades Infecciosas, y por ende      Vocal de la Junta Nacional de Sanidad y Beneficencia, en 1909.</li>     </ul>     <p align="center"><a href="/img/revistas/his/n92/f030292.jpg"><img src="/img/revistas/his/n92/f030292.jpg" width="112" height="155" border="0"></a></p>     
<p align="center"><b>Fig. 4.</b> <i>El doctor Ar&iacute;stides Agramonte en la    portada de la revista Asclepios     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   (Caricatura de Diego Fern&aacute;ndez).</i>    <br> </p> <ul>       <li> Miembro de la Comisi&oacute;n Permanente Internacional de Congresos de      Higiene y Demograf&iacute;a, en representaci&oacute;n de la Rep&uacute;blica      de Cuba, en 1910.</li>       <li> Miembro del Comit&eacute; Ejecutivo del II Congreso M&eacute;dico Nacional,      La Habana, 1911.</li>       <li> Presidente de la Comisi&oacute;n para el Estudio del &#147;606&#148;, La      Habana, 1911.</li>       <li> Delegado del Gobierno a la Conferencia Sanitaria Internacional de Par&iacute;s,      1911.</li>       <li> Vocal de la Comisi&oacute;n para el Estudio del Tratamiento de la Lepra      por el Mangle Rojo, La Habana, 1912.</li>       <li> Otorgado el Premio Breant, por la Academia de Ciencias, Instituto de Francia,      en Par&iacute;s, 1912.</li>       <li> Delegado del Gobierno al XVII Congreso Internacional de Medicina, celebrado      en Londres, Inglaterra, 1913.</li>       <li> Doctor en Ciencias (Honoris Causa) de la Universidad de Columbia, New York,      el d&iacute;a 3 de junio de 1914.</li>       ]]></body>
<body><![CDATA[<li> Delegado del Gobierno al II Congreso Cient&iacute;fico Pan-Americano, celebrado      en Washington, U.S.A, del 27 de diciembre, 1915, al 8 de enero, 1916.</li>       <li> Presidente del IV Congreso M&eacute;dico Nacional, La Habana, 1917.</li>       <li> Miembro de la Comisi&oacute;n Nacional de Reclutamiento, en representaci&oacute;n      de la Facultad de Medicina de la Universidad de La Habana, 1918.</li>       <li> Presidente de Honor del V Congreso M&eacute;dico Nacional, La Habana, 1920.</li>       <li> Presidente del VI Congreso M&eacute;dico Latino-Americano, La Habana, 1922.</li>       <li> Secretario de Sanidad y Beneficencia, en el Gabinete del Presidente Zayas,      de 1922 a 1923.</li>       <li> Delegado del Gobierno al Centenario de Pasteur, en Par&iacute;s y Estrasburgo,      1923.</li>       <li> Presidente de Honor de la VII Conferencia Sanitaria Pan-Americana, La Habana,      1924.</li>       <li> Delegado del Gobierno a la Conferencia Internacional de Medicina Tropical,      en Kingston, Jamaica, 1924.</li>       <li> Delegado del Gobierno al III Congreso Cient&iacute;fico Pan-Americano,      celebrado en Lima, Per&uacute;, 1924.</li>       ]]></body>
<body><![CDATA[<li> Delegado del Gobierno de Honduras a la VII Conferencia Sanitaria Pan- Americana,      noviembre 5 al 20 de 1924.</li>       <li> Doctor en Ciencias (Honoris Causa) por la Universidad Mayor de San Marcos,      de Lima, Per&uacute;, en 1925.</li>       <li> Doctor en Leyes (Honoris causa) por la Universidad de Tulane, Lousiana,      1928.</li>       <li> Miembro Vitalicio Honorario (Placa de Oro) de la Asociaci&oacute;n de Comercio      de New Orleans, E. U. A.</li>       <li> Orden del Busto del Libertador, Tercera Clase, otorgada por el Gobierno      de Venezuela.</li>       <li> Orden Nacional de M&eacute;rito &#147;Carlos J. Finlay&#148;, Gran Cruz,      otorgada por el Gobierno de Cuba, en 1929.</li>       <li> Medalla de Oro, Cruz Roja Espa&ntilde;ola, en 1929.</li>       <li> Medalla de Oro, especial, y pensi&oacute;n de los Estados Unidos, Ley 28      de febrero 1929.</li>       <li> Gran Cruz de Primera Clase, de la Cruz Roja Nacional Cubana, 1929.</li>     </ul>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Sociedades y Corporaciones a que perteneci&oacute;</p> <ul>       <li> American Medical Association.</li>       <li> New York County Medical Society.</li>       <li> New York State Medical Society.</li>       <li> Harlem Medical Association.</li>       <li> Society for Medical Progress.</li>       <li> Microscopical Society.</li>       <li> International Society of Tropical Medicine.</li>       <li> American Public Health Association, 31 de enero, 1905.</li>       <li> Real Sociedad M&eacute;dica de Hungr&iacute;a. Miembro Honorario, 1903.</li>       ]]></body>
<body><![CDATA[<li> Asociaci&oacute;n de Graduados de Columbia. Miembro Honorario.</li>       <li> American Society of Tropical Medicine. Miembro de Honor, 1903.</li>       <li> Societe de Pathologie Exotique, Par&iacute;s. Membre Associe. 1908.</li>       <li> Sociedad de Estudios Cl&iacute;nicos de la Habana. Socio Titular: 24 de      septiembre 1899 y su presidente en el bienio de 1914-1916.</li>       <li> Asociaci&oacute;n M&eacute;dico -Farmac&eacute;utica de la Isla de Cuba,      1900 (extinguida).</li>       <li> Asociaci&oacute;n de Estudios Biol&oacute;gicos. La Habana, 1905 (extinguida).</li>       <li> Sociedad de Medicina Tropical, La Habana, 1908 (extinguida).</li>       <li> Academia de Ciencias M&eacute;dicas, F&iacute;sicas y Naturales de La Habana.</li>       <li> Acad&eacute;mico de N&uacute;mero, 26 de mayo, 1911. Pas&oacute; a Correspondiente      Extranjero en 3 de julio, 1931.</li>       <li> Sociedad Cubana de Historia Natural Felipe Poey.</li>       ]]></body>
<body><![CDATA[<li> Comandante &#147;Habana Post&#148;, Veteranos del Ej&eacute;rcito Americano,      1914.</li>       <li> - Sociedad Econ&oacute;mica de Amigos del Pa&iacute;s de La Habana. 26      de abril, 1923.</li>       <li> C&iacute;rculo M&eacute;dico de Cuba.</li>       <li> Club Universitario de Cuba.</li>       <li> Colegio M&eacute;dico de La Habana.</li>       <li> Federaci&oacute;n M&eacute;dica de Cuba. 1925.</li>       <li> Miembro Honorario de la Sociedad Geogr&aacute;fica de Lima, Per&uacute;.</li>       <li> Miembro Correspondiente de la Academia Nacional de Medicina de Lima, Per&uacute;.</li>       <li> Miembro Honorario de la Louisiana Historical Society.</li>     </ul>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El 15 de febrero de 1912, present&eacute; con los doctores Guiteras, Casuso,    D&iacute;az Albertini, N&uacute;&ntilde;ez, Moya y Santos Fern&aacute;ndez,    una moci&oacute;n a la Academia de Ciencias, proponiendo presentar al Instituto    M&eacute;dico Quir&uacute;rgico &#147;Carolina&#148; de Stokolmo, Suecia, los    nombres de los doctores Carlos J. Finlay y Ar&iacute;stides Agramonte, como    candidatos conjuntamente al Premio Nobel del a&ntilde;o 1912. A esta propuesta    se asociaron la Sociedad de Estudios Cl&iacute;nicos de La Habana, el Claustro    de Profesores de la Escuela de Medicina de la Universidad, la Sociedad Econ&oacute;mica    de Amigos del Pa&iacute;s, etc., pero circunstancias que es preferible no recordar,    hicieron in&uacute;tiles los esfuerzos que colectiva y particularmente se realizaron,    y ninguno de los dos candidatos propuestos alcanz&oacute; el Premio solicitado    para los que hab&iacute;an beneficiado a las ciencias m&eacute;dicas y a la    humanidad con sus trabajos acerca de la etiolog&iacute;a de la fiebre amarilla.    <br> </p>     <p>Anot&eacute; antes que en 26 de abril de 1923 ingres&oacute; nuestro Amigo    en esta patri&oacute;tica Sociedad Econ&oacute;mica. Sus actividades y su hombr&iacute;a    de bien lo llevaron a&ntilde;os m&aacute;s tarde a ocupar una de las Vicepresidencias    de su Junta de Gobierno, la segunda, que desempe&ntilde;ara el integ&eacute;rrimo    patriota Fernando Figueredo. Al morir &eacute;ste la Junta, en 29 de mayo de    1929, lo design&oacute; como su sustituto; y por fallecimiento tambi&eacute;n    del Amigo doctor Ignacio Rem&iacute;rez pas&oacute; a ocupar la primera Vicepresidencia,    en 23 de junio de 1930.     <br> </p>     <p>Al celebrarse en 5 de diciembre de ese mismo a&ntilde;o la Junta General de    elecciones, fue elegido para ocupar dicho cargo durante el trienio de 1930 a    1932. La ausencia en el extranjero del Presidente, doctor Fernando Ortiz, lo    hizo desempe&ntilde;ar, por sustituci&oacute;n reglamentaria la presidencia    desde diciembre de 1930 hasta el 17 de junio de 1931, en que se le acept&oacute;    la renuncia, por ausentarse definitivamente de su patria; pero como la Sociedad    quer&iacute;a contarlo siempre entre el n&uacute;mero de los &#147;Amigos del    Pa&iacute;s&#148;, acord&oacute;, a propuesta del doctor Antonio Garc&iacute;a    Hern&aacute;ndez, apoyado por la unanimidad de los socios concurrentes, concederle    el elevado t&iacute;tulo de Socio de Honor, y en la Junta General de ese mismo    mes de junio fue aclamado como tal; acord&aacute;ndose adem&aacute;s que dicho    t&iacute;tulo se le entregara solemnemente en un p&uacute;blico homenaje, a    lo que se opuso Agramonte, suplicando que el acto revistiera la mayor sencillez    posible y se realizara en la intimidad de los socios. As&iacute; se hizo, y    en la tarde del 29 de junio, en el propio local de la Secretar&iacute;a de la    Sociedad, despu&eacute;s de un hermoso paneg&iacute;rico del doctor Garc&iacute;a    Hern&aacute;ndez, le fue entregado el apreciado Diploma, que recibi&oacute;    Agramonte tan profundamente conmovido que, su palabra siempre vibrante se ahog&oacute;    en su garganta por las l&aacute;grimas escapadas de sus ojos. Fue &eacute;ste    su &uacute;ltimo acto social, porque cinco d&iacute;as m&aacute;s tarde lo desped&iacute;amos    en el muelle del suelo patrio que jam&aacute;s volver&iacute;a a pisar.    <br> </p>     <p>En la Secretar&iacute;a de Sanidad y Beneficencia, dej&oacute; tambi&eacute;n    un agradable recuerdo de su paso. Las puertas de su despacho siempre estuvieron    abiertas para todo el quisiera acercarse a &eacute;l; y supo hacer administraci&oacute;n    sanitaria durante el tiempo que ocup&oacute; tan elevado cargo. Al cesar en    &eacute;l, en 20 de abril de 1923, contestando una carta m&iacute;a en que lo    felicitaba por su actuaci&oacute;n, me escribi&oacute; el 24 estas l&iacute;neas    que retratan fielmente su manera de ser:</p>     <p> &#147;Tengo la satisfacci&oacute;n de que a&uacute;n mis adversarios gratuitos    han reconocido que en aquel puesto no hice m&aacute;s que cumplir honradamente    con mi deber, haciendo el menor da&ntilde;o posible a los compa&ntilde;eros    que era necesario sacudir para que a su vez cumplieran con el suyo. Agradezco    tu juicio respecto a mi actuaci&oacute;n y con un saludo afectuoso sabes que    soy para ti el mismo de siempre.....&#148;</p>     <p>En 1927 ocup&oacute; el Decanato de la Facultad de Medicina y Farmacia de nuestra    bicentenaria Universidad de La Habana, fue propuesto en mayo de dicho a&ntilde;o    para ocupar el elevado cargo de Rector, cosa que al fin no se realiz&oacute;.    <br> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En m&aacute;s de una ocasi&oacute;n nos encontramos frente a frente Agramonte    y yo, defendiendo cada uno nuestros puntos de vista respectivos, acerca de los    problemas debatidos, sin que por eso se alterase en lo m&aacute;s m&iacute;nimo    la buena amistad que nos un&iacute;a.    <br> </p>     <p>Educado en los Estados Unidos de Norteam&eacute;rica, adquiri&oacute; all&iacute;    la pr&aacute;ctica frialdad del car&aacute;cter saj&oacute;n, sin que por ello    dejase de traslucir a veces los pasionales instintos latinos de su origen cubano,    motivando el que en ocasiones apareciera severo y hasta impulsivo para con sus    contrarios, pero su bien equilibrado cerebro, y sobre todo la influencia de    los pacientes estudios del laboratorio, a los que dedic&oacute; gran parte de    sus actividades, restablec&iacute;an el equilibrio moment&aacute;neamente alterado,    y los sentimientos de justicia y el alto concepto que ten&iacute;a del deber    determinaban sus ulteriores acciones.    <br> </p>     <p>Nada hay que pinte mejor a un hombre que cuando al correr de la pluma descubre    los &iacute;ntimos sentimientos de su coraz&oacute;n y las ideas que anidan    en su cerebro, y una buena prueba de ello nos la ofrece Agramonte en lo que    &eacute;l calific&oacute; de &#147;digresi&oacute;n&#148;, en su &#147;Elogio    p&oacute;stumo al Dr. Ignacio Calvo&#148;, discurso que le sirvi&oacute; para    ingresar en nuestra Academia de Ciencias M&eacute;dicas, F&iacute;sicas y Naturales.    <br> </p>     <p>Tomo de ese trabajo los siguientes p&aacute;rrafos, que justificar&aacute;n    mi anterior afirmaci&oacute;n:</p>     <p> &#147;...El patriotismo no se revela &uacute;nicamente arrostrando los peligros    de la guerra o el fragor de los combates por la libertad, ni tampoco en los    campos sembrados de abrojos de la pol&iacute;tica, ni menos a&uacute;n en la    ego&iacute;sta contienda de los grandes negocios, que al enriquecer muchas veces    envilecen tambi&eacute;n; no, es en el fomento de la familia honrada y virtuosa,    base inconmovible de la sociedad y exponente fiel, en todas partes, de la cultura    nacional; es en el cultivo de las ciencias, como lo hizo extensamente el doctor    Calvo y cooperando a levantar el estado sanitario y as&iacute; el cr&eacute;dito    internacional, que tambi&eacute;n se demuestra el amor a la tierra y se sirve    eficazmente a la patria; es concurriendo a prestar su concurso en instituciones    como esta Academia, no menos que predicando en el seno de los hogares, como    el lo hac&iacute;a, la sana doctrina de la higiene privada, en beneficio de    la salubridad p&uacute;blica, que tambi&eacute;n se hace obra patri&oacute;tica    y de trascendentales consecuencias.    <br> </p>     <p>Nuestros hombres de ciencias todav&iacute;a no tienen, por su desgracia, entre    nosotros, el est&iacute;mulo a su labor y el premio a sus esfuerzos que en otros    Estados de igual desarrollo comercial y pol&iacute;tico. Esto demuestra que    en la magna evoluci&oacute;n que se ha ido produciendo en nuestro pa&iacute;s,    es todav&iacute;a deficiente, no tan s&oacute;lo el elemento cient&iacute;fico,    sino tambi&eacute;n el literario y art&iacute;stico y que, el desarrollo material,    avanzando con mayor &iacute;mpetu que el intelectual, amenaza lanzar a nuestra    sociedad en brazos de un ego&iacute;sta materialismo. Al conjuro del trabajo,    aum&eacute;ntense en nuestro suelo los manantiales de riqueza; nazcan nuevos    pueblos, como por encanto, a lo largo de nuestras f&eacute;rreas paralelas;    despierten las ciudades dormidas al silbido de las locomotoras y abran nuestras    selvas v&iacute;rgenes y nuestros agrestes montes sus fecundos senos de inagotables    tesoros, pero al mismo tiempo y sirvi&eacute;ndonos de ejemplo la vida de tantos    ilustres compatriotas desaparecidos, cult&iacute;vense las ciencias, fuentes    abundantes de verdad; penetre en las conciencias redentora luz, que infunda    el sentimiento de lo noble, de lo grande y de lo bello, y cincelen nuestros    poetas en la heroica estrofa, no en los lastimeros ayes del decadentismo literario,    la imperecedera memoria de nuestros grandes hombres y de las glorias patrias;    dirija el moralista, por entre las masas populares las corrientes regeneradoras    de sus sabias ense&ntilde;anzas; dif&uacute;ndase en la po&eacute;tica leyenda    nuestras m&aacute;s valiosas tradiciones hist&oacute;ricas; vigor&iacute;cense    al pueblo con el constante recuerdo de las cruentas luchas para conquistar la    independencia de la patria; inc&uacute;lquese en el alma de todos el sentimiento    de igualdad, fraternidad y libertad, que amenaza desaparecer, si es que ha existido,    y as&iacute;, en el actual acelerado movimiento de progreso que a pesar de todo,    afortunadamente se produce en nuestro pa&iacute;s, podr&aacute; combatirse a    la codicia que corrompe y al ego&iacute;smo que esteriliza; as&iacute; nuestra    actual generaci&oacute;n, m&aacute;s potente y rica en elementos materiales,    podr&aacute; hacerse digna del hermoso suelo que los &eacute;picos esfuerzos    de nuestros ilustres progenitores lograron redimir&#148;.<span class="superscript">11</span></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>De figura arrogante y simp&aacute;tica, lo mismo sab&iacute;a vestir el aristocr&aacute;tico    frac, que los arreos de Marte, o la democr&aacute;tica blusa con que trabajara,    con sus propias manos, el bell&iacute;simo jard&iacute;n en que transform&oacute;    el hermoso patio de su morada de la calle K, donde en noche memorable en que    exhibiera el film de su investidura de Doctor <i>Honoris Causa</i> de la Universidad    de Tulane, reuni&oacute; a sus m&aacute;s &iacute;ntimos amigos en el seno del    hogar familiar, que supo sostener con la holgura que le proporcionara su productivo    ejercicio profesional.    <br> </p>     <p>En ese hogar sencillo y confortable, reinaba la alegr&iacute;a de una excelente    esposa, que comprendiendo todo el valor de su marido lo alentaba a proseguir    su brillante vida profesional, y de una inteligente hija a la que dio esmerada    instrucci&oacute;n, y a la que supo infundir un car&aacute;cter varonil, prepar&aacute;ndola    sabiamente para las luchas de la vida.    <br> </p>     <p>En M&eacute;xico nos encontramos la vez &uacute;ltima, en el mes de julio del    pasado a&ntilde;o. Hab&iacute;amos concurrido varios colegas al III Congreso    de la Asociaci&oacute;n M&eacute;dica Panamericana, y al preguntarme el Presidente    de ella, mi buen amigo el doctor Francisco M. Fern&aacute;ndez si era verdad    que hab&iacute;a venido tambi&eacute;n Agramonte, lo encontramos al pie de la    escalinata por donde ten&iacute;a que descender para informarme. La impresi&oacute;n    que a todos nos caus&oacute; el derrumbe de aquella herc&uacute;lea constituci&oacute;n,    la palidez de su rostro, y la tristeza de su mirada, en otros tiempos tan brillante,    son cosas que jam&aacute;s olvidar&eacute;; as&iacute; como el efecto que me    produjo al estrecharlo entre mis brazos sentir la esquel&eacute;tica sensaci&oacute;n    de sus espaldas.    <br> </p>     <p>Unidos estuvimos en algunas de las sesiones del Congreso, sobre todo en la    celebrada en la ma&ntilde;ana del 29 de julio, en la que tuvimos el placer todos    sus compa&ntilde;eros de elegirlo Presidente del pr&oacute;ximo Congreso, y    de que en una segunda y re&ntilde;ida votaci&oacute;n alcanz&aacute;ramos la    victoria de que la sede de este Congreso fuera la ciudad de New Orleans, que    &eacute;l hab&iacute;a ofrecido como mandatario de diversas instituciones de    esa urbe americana. La falta de energ&iacute;a por &eacute;l all&iacute; desplegada;    la ausencia del j&uacute;bilo natural de quien acababa de obtener ese doble    triunfo; la pasividad demostrada en ese acto, contrastando con las energ&iacute;as    a que est&aacute;bamos acostumbrados en su vida normal, nos hicieron a todos    sus amigos que lo observ&aacute;bamos, presagiar un pr&oacute;ximo funesto desenlace.    <br> </p>     <p>Lo invit&eacute; a que asistiera en esa noche a una sesi&oacute;n que en honor    de Paz Sold&aacute;n y m&iacute;o celebraba la Academia Nacional de Medicina    de M&eacute;xico, y se excus&oacute; manifest&aacute;ndome que esa misma tarde    abandonaba la capital del antiguo imperio de los aztecas. No nos volvimos a    ver, y pocos d&iacute;as despu&eacute;s, el cable con su breve laconismo nos    participaba su muerte, ocurrida el 17 de agosto, en la casa que hab&iacute;a    tomado en New Orle&aacute;ns, antes de que pudiera comenzar las labores de la    c&aacute;tedra que le cre&oacute; la Universidad de Tulane.    <br> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Un s&uacute;bito desplome del coraz&oacute;n; un embalsamamiento para trasladar    el cad&aacute;ver al horno crematorio de Brooklyn; una urna conteniendo las    cenizas de aquel cuerpo; una viuda y una hu&eacute;rfana que lloran la eterna    ausencia del ser querido; y unos Amigos del pa&iacute;s que no olvidan su memoria,    y que le rinden por mi conducto ese postrer homenaje por su brillante actuaci&oacute;n    ciudadana; he ah&iacute; el final de tan provechosa como fruct&iacute;fera existencia.    <br> </p>     <p>Terminar&eacute; a mi vez este Elogio con las palabras que escrib&iacute; a    ra&iacute;z de conocer la triste noticia de su fallecimiento:</p>     <p>&#147;Con la muerte de Agramonte la sociedad pierde un elemento valioso, la    ciencia un trabajador infatigable y Cuba a uno de sus pr&oacute;ceres m&aacute;s    esclarecidos&#148;.12    <br> </p> <h4>Referencias Bibliogr&aacute;ficas y notas</h4> <ol>       <li> Montoro, R. Obras, t. III, p. 67-68.</li>       <li> Memorias de la Real Sociedad Econ&oacute;mica y Anales de Fomento, Habana,      serie 4, t. VII, p. 196-204.</li>       <li> La Sra. Amalia Simoni y Argilagos, casada con Ignacio Agramonte y Loynaz,      era hermana de Matilde, la esposa de Eduardo Agramonte y Pi&ntilde;a. Eran      ellas a su vez hijas del doctor Jos&eacute; Ram&oacute;n Simoni, m&eacute;dico      de renombre que hab&iacute;a estudiado en Par&iacute;s, y de Da. Manuela Argilagos,      de antigua familia camag&uuml;eyana. Viajaron por casi toda Europa, los Estados      Unidos de Norteam&eacute;rica y el Canad&aacute; desde 1860 hasta 1865.    <br>     Datos tomados del libro &#147;Ignacio Agramonte y la revoluci&oacute;n Cubana&#148;,      por Eugenio Betancourt Agramonte. La Habana, 1928.</li>       <li> Finlay, C. J. Trabajos Selectos, La Habana, 1912, p. 6. Protocolo no.7.</li>       ]]></body>
<body><![CDATA[<li> La conclusi&oacute;n a que me refiero dice as&iacute;:    <br>     &#147;Con arreglo a las teor&iacute;as del mosquito, para librar a la Isla      de Cuba de las dos plagas m&aacute;s terribles que azotan a su suelo, habr&aacute;,      pues, que declarar guerra sin tregua al mosquito y rodear cada enfermo de      fiebre amarilla o de malaria de todas las precauciones imaginables para que      esos insectos no puedan contaminarse en las personas ni en los productos infecciosos      de los enfermos&#148;.    <br>     &#147;Los mosquitos considerados como agentes de transmisi&oacute;n de la      fiebre amarilla y de la Malaria&#148;. Trabajos Selectos, p. 347.</li>       <li>&#147;Finlay y su obra fundamental&#148;. Trabajo le&iacute;do ante la Academia      Nacional de Medicina de M&eacute;xico el 29 de julio de 1931, por el doctor      Jorge Le Roy y Cass&aacute;. Revista M&eacute;dica Cubana, t. XLII, p. 1161-1274;      Revista M&eacute;dica Farmac&eacute;utica, enero 1932, no. 5.</li>       <li>&#147;Higiene P&uacute;blica. Fiebre Amarilla. Contestaci&oacute;n al Dr.      Ernesto Edelmann&#148;. Revista M&eacute;dica Cubana, La Habana, sep.1902,      t. I, p. 208-213 [Combate en este trabajo una serie de apreciaciones erradas      sobre Finlay y su doctrina del mosquito].    <br>     &#147;Fiebre Amarilla. Acerca de su transmisi&oacute;n por el mosquito&#148;.      Revista M&eacute;dica Cubana, La Habana, 1o. junio 1903, t. II, p. 293- 299.      Este mismo trabajo fue publicado en portugu&eacute;s con el t&iacute;tulo      &#147;Febre amarella&#148; precedido de la carta que en 8 de septiembre de      1903 dirig&iacute; al Dr. Arthur Mendoca, Director de la Revista M&eacute;dica      de S. Paulo, Brasil, Anno VI, No 20, del 31 outubre 1903, p. 434-437 [ Es      una refutaci&oacute;n de los errores y falsedades escritas por el doctor Agust&iacute;n      M. Fern&aacute;ndez de Ibarra en la carta dirigida en 28 de febrero de 1903,      al doctor Rafael Rodr&iacute;guez M&eacute;ndez, Director de la Gaceta M&eacute;dica      Catalana, sobre &#147;La falacia sanitaria del mosquito en la fiebre amarilla&#148;].    <br>     &#147;Por la verdad&#148;. Contestaci&oacute;n al art&iacute;culo del Dr.      Ar&iacute;stides Agramonte &#147;En honor de la verdad&#148;. Revista M&eacute;dica      Cubana, febrero 1905, t. VI, p. 55-61; y folleto reimpreso de la anterior      Revista. La Habana, Imprenta Mercantil, 1905, en 4o.7 p&aacute;ginas [Se refiere      a la fiebre amarilla y a los Trabajos de Finlay, que supone desconocidos en      el extranjero].    <br>     Declaraci&oacute;n referente a la fiebre amarilla. The Journal of the American      Medical Association, Chicago, febrero 1o., 1924, vol. XI, p. 200-201, de la      edici&oacute;n en espa&ntilde;ol; reproducida mi carta en Vida Nueva, Habana,      enero 1924, t. XVI, p. 4-5; con el t&iacute;tulo &#147;Carta del Dr. Jorge      Le-Roy&#148;; en la Revista de Medicina y Cirug&iacute;a de la Habana, 10      febrero, 1924, t. XXIX, p. 107-108, aqu&iacute; con este otro &#147;Una carta      del Dr. Le-Roy&#148;; y en la Revista Bimestre, Habana, mar-abr. 1924, vol.      XIX, p.120-122, aqu&iacute; con este otro &#147;Carta acerca de Finlay&#148;      [Con motivo de unas preguntas formuladas por el doctor C.W. Hart, de New Orleans      y la respuesta del peri&oacute;dico demuestra la ignorancia de la historia      m&eacute;dica contempor&aacute;nea o el prop&oacute;sito deliberado de restarle      su gloria a Finlay].    <br>     La doctrina de Finlay en la fiebre amarilla. Academia de Ciencias M&eacute;dicas,      F&iacute;sicas y Naturales de la Habana, sesi&oacute;n del 25 de enero de      1924. Anales, &amp;, t. LX, p. 634-638 [Consideraciones con motivo del trabajo      del doctor Diego Tamayo &#147;Recuerdos del pasado en la investigaci&oacute;n      de la fiebre amarilla&#148; y respecto a la actuaci&oacute;n de la Rockefeller      Foundation y de algunos peri&oacute;dicos americanos respecto a Finlay y su      doctrina del mosquito].    <br>     Consideraciones acerca del trabajo del Dr. Diego Tamayo &#147;Informe de los      trabajos de Finlay&#148;. Academia de Ciencias, &amp;, sesi&oacute;n del 14      de marzo de 1924. Anales, &amp;, t. LX, p. 974-975 [ El trabajo aludido se      intitul&oacute; despu&eacute;s &#147;Informe sobre el Finla&iacute;smo&#148;      y aparece publicado en el mismo tomo, p. 978-991].    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>     V&eacute;ase tambi&eacute;n &#147;Justicia a la memoria del Dr. Finlay&#148;.      Discurso de ingreso como Acad&eacute;mico Correspondiente Nacional (Camag&uuml;ey),      por el Dr. Ram&oacute;n V. Guerrero y Betancourt. Academia de Ciencias, &amp;,      sesi&oacute;n del 14 de marzo de 1924. Anales, &amp;, t. LX, p. 992-1005.    <br>     Reivindicaci&oacute;n de la gloria de Finlay. Academia de Ciencias, &amp;,      sesi&oacute;n del 4 de febrero de 1927. Anales &amp;, t. LXIII, p. 794-814.      [V&eacute;ase el acta de la sesi&oacute;n en las p. 778-781]; Revista de Medicina      y Cirug&iacute;a de la Habana, 25 enero de 1927 [Aqu&iacute; aparece publicado      antes de la fecha de su lectura en la Academia, por haberse anunciado la del      trabajo para la sesi&oacute;n de enero, en la que no se pudo leer; pero en      la nota al pie de la p&aacute;gina se fija la fecha de su lectura]; Sanidad      y Beneficencia, La Habana, enero-febrero-marzo de 1927, t. XXXII, p. 204-215;      Finlay, Revista de divulgaci&oacute;n sanitaria. La Habana, agosto-septiembre-octubre      de 1927, t. I, p. 71-86.    <br>     V&eacute;ase tambi&eacute;n: &#147;La reivindicaci&oacute;n de Finlay&#148;,      por el Dr. Emilio Mart&iacute;nez. Academia de Ciencias, &amp;, sesi&oacute;n      del 14 de enero, de 1927. Anales &amp;, t. LXIII, p. 740-744 [Traduce p&aacute;rrafos      dedicados a la fiebre amarilla por el autor americano Paul de Kruif en su      obra &#147;Microbe Hunter&#148;, en la que como dice el doctor Mart&iacute;nez:      &#147;es la primera vez que los millones de habitantes americanos conocer&aacute;n      la verdad sobre el descubrimiento de nuestro Finlay&#148;].    <br>     Rectificaci&oacute;n de errores sobre la fiebre amarilla. Carta dirigida por      mediaci&oacute;n del doctor Eliseo Cant&oacute;n, al Director de la Revista      Caras y Caretas, de Buenos Aires (Argentina), el 18 de abril, de 1929, y publicada      en extracto en dicho peri&oacute;dico el 6 de junio de 1929.[Se refiere al      pretendido descubrimiento de Noguchi, con su Leptospira icteroides, y al desconocimiento      absoluto de Finlay].    <br>     Correspondencia con los Sres. Parke, Davis y Compa&ntilde;&iacute;a, a prop&oacute;sito      de la supresi&oacute;n del nombre de Finlay en un art&iacute;culo intitulado:      &#147;&iexcl;Caballeros os admiro! Comisi&oacute;n de la fiebre amarilla.      La Habana. 1900&#148;, publicado en Notas Terap&eacute;uticas, New York, agosto      de 1930, y aclaraci&oacute;n del mismo art&iacute;culo en el mismo peri&oacute;dico,      febrero de 1931, vol. XXIV, p. 6-7.    <br>     Otra omisi&oacute;n de Finlay. &iquest;Ignorancia o mala fe? Academia de Ciencias      &amp;, sesi&oacute;n del 23 de mayo de 1930. Revista M&eacute;dica Cubana,      agosto de 1930, t. XLI, p. 969-982.</li>       <li> Las muy interesantes observaciones epidemiol&oacute;gicas de Carter, ya      las hab&iacute;a anunciado Finlay en la segunda de las condiciones necesarias      para que la fiebre amarilla se propague: &#148;Prolongaci&oacute;n de la vida      del mosquito entre la picada hecha en el enfermo y la que deba reproducir      la enfermedad&#148; (14 agosto, 1881) y en el trabajo presentado en el Congreso      de Budapest (1-9 septiembre, 1894) al afirmar &#147;...finally, to consider      any place unsafe so long as the last mosquitoes which have stung Yellow Fever      patients may be alive in it ...&#148; Le-Roy.</li>       <li> Etiolog&iacute;a de la Fiebre Amarilla. Nota preliminar, por el Dr. Walter      Reed, cirujano del ej&eacute;rcito de los EE.UU. y los cirujanos auxiliares      James Carroll, Ar&iacute;stides Agramonte y Jesse W. Lazear. Traducida del      Philadelphia Medical Journal, de 27 de octubre de 1900, y publicada en la      Revista de Medicina Tropical, octubre de 1900, t. I, p. 49-64.</li>       <li> Discurso de contestaci&oacute;n al de ingreso del Dr. Ar&iacute;stides      Agramonte en la Academia de Ciencias, le&iacute;do por el Dr. Federico Grande      y Rossi. (Sesi&oacute;n extraordinaria del 12 de enero de 1912). Anales de      la Academia, &amp;, t. XLVIII, p. 470-472.</li>       <li> Anales de la Academia de Ciencias M&eacute;dicas, F&iacute;sicas y Naturales      de La Habana, t. XLVIII, p. 461-462.</li>       ]]></body>
<body><![CDATA[<li> Revista M&eacute;dica Cubana, La Habana, septiembre de 1931.</li>     </ol>     <p><span class="superscript"><a href="#asterisco">* </a></span><a href="#asterisco">Elogio    p&oacute;stumo le&iacute;do en la Sociedad Econ&oacute;mica de Amigos del Pa&iacute;s,    la noche del 17 de agosto de 1932. Publicado en Revista Bimestre Cubana. La    Habana, 1932; 30(2): 339-368.</a><a name="pie"></a></p>      ]]></body>
</article>
