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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Elogio póstumo del Dr. Ignacio Calvo y Cárdenas]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <h2>Elogio p&oacute;stumo del Dr. Ignacio Calvo y C&aacute;rdenas<a href="#pie">*</a><a name="asterisco"></a>  </h2>     <p>Sr. Presidente de la Academia: Sres. Acad&eacute;micos: Se&ntilde;oras y se&ntilde;ores:</p>     <p>Por una parte mi buena estrella, la bondadosa acogida de mis amigos acad&eacute;micos    por la otra, me han conducido &aacute; este puesto, vacado por el fallecimiento    del distinguido compa&ntilde;ero &aacute; quien invocando las palabras de nuestro    ilustre presidente, me ha cabido &#147;la pena, el honor y la fortuna&#148;    de sustituir.    <br> </p>     <p>Debo hablaros de &eacute;l y habr&eacute; de hacerlo sin m&aacute;s protestas    de impotencia &oacute; temor. Momento es este demasiado solemne para m&iacute;    y no quiero que crean que toco los l&iacute;mites rid&iacute;culos de la falsa    modestia &oacute; que me acojo &aacute; vuestra ben&eacute;vola indulgencia,    (que desde luego imploro) por aceptada f&oacute;rmula de cortes&iacute;a, m&aacute;s,    puedo aseguraros que, solamente en obediencia &aacute; lo prescripto en nuestro    C&oacute;digo, por el respeto que toda ley merece y en verdad, por la satisfacci&oacute;n    que al hablar del doctor Calvo experimento, es que me encuentro dirigiend&oacute;os    la palabra desde esta tribuna, sobre un asunto, que por su <i>motif</i> naturalmente    sentimental y por la envoltura necesariamente literaria que requiere, se aparta    por completo del esp&iacute;ritu que ha movido mis empe&ntilde;os m&aacute;s    grandes y difiere igualmente de los temas que han sido objeto de mis mayores    esfuerzos durante las diferentes etapas de mi vida profesional.    <br> </p>     <p>Eso no obstante, es trabajo de amor el que realiz&oacute; y como tal me complazco    en ofrec&eacute;roslo, porque tarea bien grata es esta que me impone El Reglamento,    de traer &aacute; vuestra memoria y de estampar en los Anales de la Academia    que habr&aacute;n de recoger mis palabras, el recuerdo, triste y cari&ntilde;oso,    de un amigo leal, de un compa&ntilde;ero correcto, de un compatriota que supo    en todas las circunstancias de la vida conservar su conciencia, como su historia,    limpia de mancha y de reproche.    <br> </p>     <p>Tarea relativamente f&aacute;cil para m&iacute;, que honr&aacute;ndome con    su amistad pude apreciar m&aacute;s de una vez la grandeza de su alma, la pureza    de sus sentimientos, la nobleza de sus aspiraciones, la lealtad de su coraz&oacute;n    y la rectitud de sus principios.    <br> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>No es la palabra torpe del que os habla, la que debiera aqu&iacute; vibrar    en su alabanza: si alg&uacute;n momento llega mi voz &aacute; vuestros o&iacute;dos,    d&eacute;bil, mon&oacute;tona y fr&iacute;a, como el rumor lejano del arroyuelo    que tranquilo en su cauce, se desliza; pensad que va impulsada y brota de una    fuente pura &eacute; inagotable de admiraci&oacute;n por su obra y rebosante    de justicia y afecto &aacute; su memoria.    <br> </p>     <p>El doctor Ignacio Calvo y C&aacute;rdenas: hijo de una de esas familias legendarias    de Cuba, era digno heredero de los apellidos ilustres Calvo y Herrera, C&aacute;rdenas    y Montalvo: nombres son estos que sin gran esfuerzo traen &aacute; nuestra mente    los t&iacute;tulos de nobleza criolla, si se me permite el vocablo, vinculados    por la historia de sus riquezas y representaci&oacute;n social, en los Condes    de Fernandina, de San Fernando, de la Reuni&oacute;n de Cuba, de Casa Bayona,    en los Marqueses de Calder&oacute;n, de Real Socorro, de la Real Proclamaci&oacute;n,    de la Gratitud, de Almendares, de Casa Calvo y Arcas, con todos los cuales se    hallaban emparentados los progenitores de mi ilustre biografiado.    <br> </p>     <p>Nacido en la opulencia, desde ni&ntilde;o educado en una atm&oacute;sfera de    leg&iacute;timo orgullo por su origen linajudo, rodeado de continuo por todos    aquellos halagos naturales &aacute; un miembro afortunado de la aristocracia,    fue sorprendente, pero irrefutable testimonio de su grandeza espiritual, de    su verdadera &eacute; innata nobleza, que se desarrollara en &eacute;l aquel    car&aacute;cter sencillo, llano, caritativo, aquella discreci&oacute;n &aacute;    toda prueba, habiendo naturalmente cooperado esas condiciones de vida &aacute;    producir, entre otras virtudes, aquella lealtad que tantas veces pudieron aquilatar    sus amigos y compa&ntilde;eros de trabajo y aquella honradez indiscutible y    evidente en sus juicios personales y en sus dict&aacute;menes m&eacute;dico-legales.    Era noble, pues, en verdad, el doctor Calvo, de hecho y de derecho.    <br> </p>     <p>La ciudad de La Habana fue su cuna y all&iacute; tambi&eacute;n rindi&oacute;    tributo &aacute; la Naturaleza, despu&eacute;s de una vida corta pero honorable    y fruct&iacute;fera. Sus primeros a&ntilde;os pasaron sin duda al igual que    los de otros j&oacute;venes contempor&aacute;neos y de su misma esfera social,    entre lisonjas, cari&ntilde;o y bienandanzas, cosas todas muy aptas &aacute;    forjar ese car&aacute;cter dulce y apacible que m&aacute;s tarde fue el encanto    de propios y extra&ntilde;os; ingres&oacute; en el Colegio de Delgado, entonces    uno de los planteles de educaci&oacute;n m&aacute;s renombrados, como digno    &eacute;mulo de &#147;El Salvador&#148; que, radicado en el mismo barrio de    la ciudad, fue origen de tantos benem&eacute;ritos cubanos. Despu&eacute;s en    el Instituto de La Habana prosigui&oacute; sus estudios hasta obtener el deseado    t&iacute;tulo de Bachiller, cuando apenas contaba 16 a&ntilde;os de edad.    <br> </p>     <p>No he podido averiguar si era brillante el joven Calvo durante esa &eacute;poca    de su vida, pero presumo que no, porque &aacute; juzgar por su labor madura    y sus condiciones personales, a&ntilde;os m&aacute;s tarde, era el doctor Calvo    lo que en ingl&eacute;s llaman &#147;a well balanced mind&#148; y un cerebro    bien equilibrado casi nunca presenta en sus manifestaciones esos destellos de    luz, que com&uacute;n &aacute; las imaginaciones volc&aacute;nicas y que tan    solo sirven para deslumbrar, rara vez para iluminar, aquellos problemas que    m&aacute;s embargan el pensamiento de investigadores cuidadosos, de los verdaderos    investigadores. Pero por otra parte he sabido que un sentimiento de dignidad    que lo enaltece y que no le permiti&oacute; soportar la injusta afrenta de un    catedr&aacute;tico violento &eacute; irreflexivo, lo oblig&oacute; &aacute;    abandonar las aulas universitarias cubanas y dirigirse &aacute; Europa con el    objeto de terminar sus estudios.    <br> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En el a&ntilde;o de 1887 recibi&oacute; Ignacio Calvo su t&iacute;tulo de m&eacute;dico    en la Universidad de Barcelona, regresando poco tiempo despu&eacute;s &aacute;    Cuba y entreg&aacute;ndose de lleno al ejercicio siempre ingrato de nuestra    profesi&oacute;n. Luch&oacute; como bueno, primeramente en el campo y luego    en esta ciudad, en conquista de otros lauros y otros t&iacute;tulos que no pudieron    legarle sus antepasados y coronando el &eacute;xito sus esfuerzos desde sus    primeros ensayos, pronto reconocieron sus compa&ntilde;eros que, hab&iacute;a    venido entre ellos uno, que por su personalidad, su preparaci&oacute;n cient&iacute;fica,    su conducta ejemplar&iacute;sima, habr&iacute;a de merecer el m&aacute;s alto    concepto del cuerpo m&eacute;dico cubano.    <br> </p>     <p>No pasaron muchos a&ntilde;os sin que su natural simpat&iacute;a y los m&eacute;ritos    y prestigio indiscutibles de que gozaba le permitieran conquistar el coraz&oacute;n    de bella y noble dama, y en 1891 unieron sus destinos y constituyeron aquel    hogar, fuente de todas las felicidades y templo de todas las virtudes, el doctor    Calvo y su digna esposa, la se&ntilde;ora Mar&iacute;a Antonia Silva y Alfonso.    De esta uni&oacute;n como consuelo y lenitivo &aacute; la inmensa pena que agobia    &aacute; su atribulada madre, queda una hija que, como era de esperarse, ha    heredado la belleza, las virtudes, la inteligencia y el buen juicio de sus padres.    <br> </p>     <p>Pero la vida cient&iacute;fica del doctor Calvo comienza verdaderamente en    el a&ntilde;o de 1895: en esa fecha, sin duda su culto &aacute; la verdad y    su natural inclinaci&oacute;n por el estudio de aquellas ramas de la medicina    que menos dependen de la especulaci&oacute;n y m&aacute;s se basan en la comprobaci&oacute;n    experimental, lo condujeron al Laboratorio de la Cr&oacute;nica M&eacute;dico-Quir&uacute;rgica    de La Habana. All&iacute;, la generosidad del doctor Santos Fern&aacute;ndez,    el amor que siempre ha demostrado por el progreso de las ciencias medicas, ten&iacute;a    abierto un centro de investigaci&oacute;n al que recurr&iacute;an ya muchos    compa&ntilde;eros en busca de ese auxilio, indispensable algunas veces, que    &aacute; la cl&iacute;nica presta el microscopio. El doctor Calvo as&iacute;    lo dice: &#147;desde mi entrada en el Laboratorio qued&oacute; para siempre    fijada mi vocaci&oacute;n&#148;.    <br> </p>     <p>Permitid que &aacute; mi vez y en comprobaci&oacute;n de la exactitud del concepto    que acerca del doctor Calvo he formado, anote aqu&iacute; sus propias palabras.    &iexcl;Que no diera yo porque mi voz, &aacute;spera y dura, pudiera imitar,    siquiera remotamente, aquel acento dulce y suave que escuchasteis entonces y    que m&aacute;s nunca escuchar&eacute;is!    <br> </p>     <p>&#147;Era, dice, como una atm&oacute;sfera nueva la que se respiraba en el    Laboratorio; all&iacute; no solo me sent&iacute; atra&iacute;do por la franca    y cari&ntilde;osa acogida, hija del esp&iacute;ritu de noble y sana democracia    que le imprim&iacute;an su bondadoso Director y los profesores de las distintas    secciones, sino tambi&eacute;n por la multitud de interesantes problemas cient&iacute;ficos    que se debat&iacute;an en el terreno especulativo &oacute; que se somet&iacute;an    &aacute; la experimentaci&oacute;n por el crisol, la probeta &oacute; la platina    del microscopio. Bien pronto la atracci&oacute;n que en m&iacute; ejerc&iacute;a    el personal del Laboratorio se convirti&oacute; en sentimiento de amistad que    el tiempo ha afianzado&#148;.    <br> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Y el doctor D&aacute;valos, ilustrado compa&ntilde;ero, desaparecido tambi&eacute;n,    cuyo elogio p&oacute;stumo hab&eacute;is de o&iacute;r redactado por mano maestra,    dec&iacute;a del doctor Calvo, en ocasi&oacute;n an&aacute;loga &aacute; esta    que nos re&uacute;ne hoy y celebrando su ingreso en esta Academia, lo siguiente:</p>     <p>&#147;Todos reconocimos en &eacute;l una vasta instrucci&oacute;n m&eacute;dica,    un juicio certero y un car&aacute;cter noble que se reflejaron en todo cuanto    expres&oacute; al departir amablemente sobre variados asuntos. Esto, unido al    sello de distinci&oacute;n que le caracteriza, correcto en todo con espont&aacute;nea    naturalidad, culto y cort&eacute;s, revelando una educaci&oacute;n esmerada,    &aacute; la par que una instrucci&oacute;n s&oacute;lida en conocimientos m&eacute;dicos,    nos hicieron estimarlo como una valiosa adquisici&oacute;n para el Laboratorio    y nos empe&ntilde;amos en atraerlo&#148;.</p>     <p>A ese laboratorio del doctor Santos Fern&aacute;ndez, Meca de cuantos se interesan    por la investigaci&oacute;n moderna, &uacute;nica instituci&oacute;n adonde    era posible recurrir &aacute; los que no se conformaban con el veredicto cl&aacute;sico    del<i> magister dixit</i>, all&iacute; fui yo tambi&eacute;n &aacute; recalar,    como &aacute; puerto seguro, en el tormentoso viaje de la vida. All&iacute;    me toc&oacute; &aacute; mi vez conocer al doctor Calvo, caballeroso, afable,    distinguido, con esa distinci&oacute;n natural del que la tiene por don propio    y no como barniz artificial y transparente; entusiasta sin alardes y como tuve    ocasi&oacute;n de comprobar, &#147;con el criterio abierto &aacute; la raz&oacute;n    y el coraz&oacute;n sensible &aacute; la amistad&#148;. Y &aacute; la verdad    que el doctor Calvo, en el Laboratorio, no era m&aacute;s que una nota en perfecta    armon&iacute;a con el conjunto; porque el lema de esa casa, si me atrevo &aacute;    sugerirlo, deb&iacute;a ser, &#147;amor, labor y honor&#148; que en mi opini&oacute;n,    de una manera fiel, as&iacute; se expresa el sentimiento que entonces como ahora    all&iacute; imperaba, de amor al trabajo y honor &aacute; la verdad.    <br> </p>     <p>Digo que la vida cient&iacute;fica del doctor Calvo comenzara &aacute; su ingreso    en el Laboratorio, porque anterior &aacute; esa fecha tan solo dos contribuciones    &aacute; la medicina hab&iacute;a publicado: la primera &#147;Fiebre tifo-mal&aacute;rica    sincopal y hemorr&aacute;gica&#148; es el resultado de observaci&oacute;n cl&iacute;nica,    larga y penosa; es un trabajo concienzudo y que sin duda puso &aacute; prueba    sus aptitudes de m&eacute;dico y de amigo; la segunda, &#147;Angina no dift&eacute;rica    tratada por el suero antidift&eacute;rico del Laboratorio Bacteriol&oacute;gico&#148;,    revela su inclinaci&oacute;n &aacute; utilizar en la practica cl&iacute;nica    los productos de la bacteriolog&iacute;a y presenta de una manera clara el hecho    reconocido hoy por todos de la influencia beneficiosa del suero antidift&eacute;rico    en las anginas catarrales &oacute; al menos no dift&eacute;ricas.</p>     <p align="center"><a href="/img/revistas/his/n92/f011492.jpg"><img src="/img/revistas/his/n92/f011492.jpg" width="141" height="178" border="0"></a>    
<br> </p>     <p align="center"><b>Fig. 13.</b><i> Dr. Ignacio Calvo y C&aacute;rdenas (1860-1911).</i></p>     <p>De los treinta y tantos trabajos publicados por el doctor Calvo, diez y nueve    son obra suya exclusivamente; cinco aparecen en colaboraci&oacute;n con el doctor    D&aacute;valos, el primer bacteri&oacute;logo de Cuba, &aacute; qui&eacute;n    Calvo llamaba su &#147;profesor y hermano&#148;; cinco en colaboraci&oacute;n    con sus compa&ntilde;eros del Laboratorio Nacional, los doctores Venero y Fern&aacute;ndez    y uno con el doctor Cartaya. Una hojeada r&aacute;pida &aacute; la bibliograf&iacute;a    del doctor Calvo deja ver bien claro su indiscutible erudici&oacute;n y el vasto    campo que abarcaban sus conocimientos, pues de otra manera no se explica que    en su corta vida pudiera tratar con la reconocida competencia que lo hizo, asuntos    de bacteriolog&iacute;a, de jurisprudencia m&eacute;dica, de higiene, de cl&iacute;nica    m&eacute;dica, de terap&eacute;utica, etc., y en esos escritos se comprueban    de manera fehaciente su constante laboriosidad, su decisi&oacute;n por el estudio,    sus condiciones de perspicaz observador y su dominio de la tecnolog&iacute;a    de laboratorio.    <br> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>No es posible hacer m&aacute;s que anotarla, en el breve espacio de tiempo    que debo ocupar en esta tribuna, ni es esta la oportunidad de presentar un completo    an&aacute;lisis de la obra cient&iacute;fica del doctor Calvo; pero antes de    abandonar esta parte del modesto y quiz&aacute; inadecuado aunque sincero tributo    que rindo &aacute; su memoria, perm&iacute;taseme fijar la especial importancia,    el grand&iacute;simo m&eacute;rito que tienen algunos de sus trabajos menos    conocidos. As&iacute; como en la vista panor&aacute;mica de las grandes ciudades,    de entre la masa informe del api&ntilde;ado caser&iacute;o se destacan aqu&iacute;    y all&aacute; las alt&iacute;simas torres de bas&iacute;licas y catedrales,    las elevadas c&uacute;pulas de los teatros y de los palacios, respectivos templos    de las religiones, del arte de la riqueza, as&iacute; una vista panor&aacute;mica    de la obra cient&iacute;fica del doctor Calvo permite descubrir, levant&aacute;ndose    por encima de los dem&aacute;s, tres hechos &oacute; tres resultados de su labor    intelectual. Me refiero en primer t&eacute;rmino &aacute; su demostraci&oacute;n    del &aacute;ntrax sintom&aacute;tico, infecci&oacute;n mort&iacute;fera que    en 1903 se introdujo en la Isla y que, por haber sido desconocida de los alb&eacute;itares    y herreros del interior, ven&iacute;a diezmando las cr&iacute;as de ganado vacuno    y amenazaba con la ruina econ&oacute;mica &aacute; numerosos agricultores. Completamente    independiente de la comisi&oacute;n que en esa &eacute;poca estudiaba en los    campos la epizootia, el doctor Calvo, en el Laboratorio Nacional, descubri&oacute;    el germen en las muestras de sangre y tejidos que le hab&iacute;an sido enviadas,    y como sucede con todas las infecciones, una vez conocida la identidad del agente    causal, fue relativamente f&aacute;cil proceder &aacute; su extinci&oacute;n    y &aacute; su prevenci&oacute;n: no creo exagerar ni consigno en centenares    de miles de pesos la cantidad en efectivo que esa obra del doctor Calvo, convirti&oacute;    en beneficio del Estado.    <br> </p>     <p>Otro esfuerzo coronado por el &eacute;xito es que el doctor Calvo realiz&oacute;    y detalla en su contribuci&oacute;n titulada &#147;An&aacute;lisis bacteriol&oacute;gico    del agua de un pozo etc.&#148; y que dio por resultado el hallazgo, por primera    vez en Cuba, del bacilo de la fiebre tifoidea en aguas que serv&iacute;an para    usos dom&eacute;sticos.    <br> </p>     <p>La otra obra que merece especial menci&oacute;n es la que &eacute;l denomin&oacute;    &#147;Angina pioci&aacute;nica&#148;; es una comunicaci&oacute;n &aacute; la    Academia de Ciencias y tiende principalmente &aacute; llamar la atenci&oacute;n    sobre la importancia del diagnostico bacteriol&oacute;gico en las anginas seudo-menbranosas:    pero la exposici&oacute;n clara y precisa, la relaci&oacute;n detallada de todas    las circunstancias del caso y de los prolijos procedimientos por medios de los    cuales llev&oacute; &aacute; cabo la demostraci&oacute;n, hacen de ese trabajo    una obra maestra, una verdadera y completa lecci&oacute;n acerca del bacilo    pioci&aacute;nico. Si en tantos otros escritos no hubiera el doctor Calvo demostrado    su capacidad muy especial para esta clase de investigaciones, habr&iacute;a    bastado ese para que basado en &eacute;l se le adjudicara el t&iacute;tulo de    bacteri&oacute;logo. Porque he de repetir aqu&iacute; lo que en la c&aacute;tedra    y fuera de ella vengo predicando hace muchos a&ntilde;os y es que el valor de    la investigaci&oacute;n microsc&oacute;pica depender&aacute; mucho m&aacute;s    de la sagacidad, perseverancia, seguridad y honradez del observador, que de    la excelencia de su equipo &oacute; de la perfecci&oacute;n de sus instrumentos.    El microscopio m&aacute;s costoso en manos inexpertas es in&uacute;til; en manos    de un observador descuidado, ligero &oacute; con prejuicios es peor que in&uacute;til,    porque entonces habr&aacute; de contribuir &aacute; multiplicar los errores    ya incontables, que &aacute; guisa de verdades cient&iacute;ficas se nos presentan.    En manos del doctor Calvo el microscopio era un arma poderosa en contra del    error, era una defensa segura colocada sobre los baluartes inexpugnables de    la ciencia verdadera.    <br> </p>     <p>&iquest;Qu&eacute; servicios ha prestado el doctor Calvo &aacute; su pa&iacute;s?    A mi manera de ver, incalculables. El patriotismo no se revela &uacute;nicamente    arrostrando los peligros de la guerra &oacute; en el fragor de los combates    por la libertad, ni tampoco en los campos sembrados de abrojos de la pol&iacute;tica,    ni menos a&uacute;n en la ego&iacute;sta contienda de los grandes negocios,    que al enriquecer muchas veces envilecen tambi&eacute;n, no, es en el fomento    de la familia honrada y virtuosa, base inconmovible de la sociedad y exponente    fiel, en todas partes, de la cultura nacional; es en el cultivo de las ciencias,    como lo hizo extensamente el doctor Calvo y cooperando &aacute; levantar el    estado sanitario y as&iacute; el cr&eacute;dito internacional, que tambi&eacute;n    se demuestra el amor &aacute; la tierra y se sirve eficazmente &aacute; la patria;    es concurriendo &aacute; prestar su concurso en instituciones como esta Academia,    no menos que predicando en el seno de los hogares, como &eacute;l lo hac&iacute;a,    la sana doctrina de la higiene privada, en beneficio directo de la salubridad    p&uacute;blica, que tambi&eacute;n se hace obra patri&oacute;tica y de trascendentales    consecuencias.    <br> </p>     <p>Nuestros hombres de ciencias todav&iacute;a no tienen, por desgracia, entre    nosotros, el estimulo &aacute; su labor y el premio &aacute; sus esfuerzos que    en otros estados de igual desarrollo comercial y pol&iacute;tico. Esto demuestra    que en la magna evoluci&oacute;n que se ha ido produciendo en nuestro pa&iacute;s,    es todav&iacute;a deficiente, no tan solo el elemento cient&iacute;fico, sino    tambi&eacute;n el literario y art&iacute;stico y que, el desarrollo material,    avanzando con mayor &iacute;mpetu que el intelectual, amenaza lanzar &aacute;    nuestra sociedad en brazos de un ego&iacute;sta materialismo. Al conjuro del    trabajo, aum&eacute;ntese en nuestro suelo los manantiales de riqueza; nazcan    nuevos pueblos, como por encanto, &aacute; lo largo de nuestras f&eacute;rreas    paralelas; despierten las ciudades dormidas al silbido de las locomotoras y    abran nuestras selvas v&iacute;rgenes y nuestros agrestes montes sus fecundos    senos de inagotables tesoros; pero al mismo tiempo y sirvi&eacute;ndonos de    ejemplo la vida de tantos ilustres compatriotas desaparecidos, cult&iacute;vense    las ciencias, fuentes abundantes de verdad; penetre en las conciencias redentora    luz que infunda el sentimiento de lo noble, de lo grande y de lo bello y cincelen    nuestros poetas en la heroica estrofa, no en los lastimeros ayes del decadentismo    literario, la imperecedera memoria de nuestros grandes hombres y de las glorias    patrias; dirija el moralista, por entre las masas populares las corrientes regeneradoras    de sus sabias ense&ntilde;anzas; dif&uacute;ndase en la po&eacute;tica leyenda    nuestras m&aacute;s valiosas tradiciones hist&oacute;ricas; vigorisese al pueblo    con el constante recuerdo de las cruentas luchas para conquistar la independencia    de la patria; inc&uacute;lquese en el alma de todos el sentimiento verdadero    de igualdad, fraternidad y libertad, que amenaza desaparecer, si es que ha existido    y as&iacute;, en el actual acelerado movimiento de progreso que &aacute; pesar    de todo, afortunadamente, se produce en nuestro pa&iacute;s, podr&aacute; combatirse    &aacute;, la codicia que corrompe y al ego&iacute;smo que esteliza; as&iacute;,    nuestra actual generaci&oacute;n, m&aacute;s potente y rica en elementos materiales,    podr&aacute; hacerse digna del hermoso suelo que los &eacute;picos esfuerzos    de nuestros ilustres progenitores lograron redimir.    <br> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Os ruego perdon&eacute;is esto que pudiera pareceros una digresi&oacute;n;    m&aacute;s puedo aseguraros que al concirnarlo aqu&iacute; no he perdido de    vista ni un momento, la imagen venerada del amigo en quien reconocimos tantas    cualidades y atributos inherentes al verdadero patriota, al ciudadano modelo.    Y all&iacute; esta como prueba irrecusable de su gran utilidad &aacute; la naci&oacute;n,    su diaria labor, al pi&eacute; del microscopio, dirigiendo por muchos a&ntilde;os,    desde su banco del Laboratorio Nacional, la acci&oacute;n terap&eacute;utica    de numerosos compa&ntilde;eros, en otros tantos hogares entristecidos por la    enfermedad de un ser querido, con su veredicto seguro, con su juicio sereno    y de toda confianza. All&iacute; est&aacute;n sus ponencias m&eacute;dico-legales,    todas aceptadas un&aacute;nimemente por esta Academia, que en auxilio de los    tribunales de justicia vinieron muchas veces &aacute; hacer luz adonde antes    eran tinieblas y dudas, vinieron &aacute; salvar al inocente, acusado injustamente    por la evidencia de circunstancias especiales &oacute; &aacute; convertir en    justiciero el castigo del malvado que necesariamente impone la ley y reclama    la vindicta p&uacute;blica.    <br> </p>     <p>Y antes de eso, como Inspector m&eacute;dico durante la primera Intervenci&oacute;n    y m&aacute;s tarde en el Laboratorio Municipal demostr&oacute; el doctor Calvo    sus facultades de hombre cient&iacute;fico y de recto criterio. Adem&aacute;s,    sin percibir emolumento alguno &iquest;cuantos a&ntilde;os no sirvi&oacute;    la plaza de m&eacute;dico del Dispensario de Ni&ntilde;os &#147; La Caridad&#148;    y en el seno de la Junta de Educaci&oacute;n de la Habana?    <br> </p>     <p>Dif&iacute;cilmente se puede presentar una hoja de servicios m&aacute;s completa    y meritoria para optar al honroso concepto de buen patriota.    <br> </p>     <p>Como l&iacute;mpido diamante engastado entre multitud de gemas de inestimable    valor, resplandec&iacute;a en car&aacute;cter del doctor Calvo, entre tantas    y tantas buenas cualidades, la caridad. Como el color &aacute; la luz, como    la inmensidad al espacio, como el verdor &aacute; los campos &oacute; la belleza    &aacute; las mujeres, ven&iacute;a en perfecta consonancia con su manera de    ser, esa, la m&aacute;s excelsa de todas las virtudes, base de los m&aacute;s    grandes sacrificios, es verdad, pero tambi&eacute;n fuente de las grandes satisfacciones.    <br> </p>     <p>La caridad fue innata al doctor Calvo, desde la infancia manifestabase espont&aacute;nea    en sus m&aacute;s naturales inclinaciones; no ha de extra&ntilde;arnos pues,    el sello de grandeza que caracteriz&oacute; toda su vida; porque la caridad    no es m&aacute;s que el centro poderoso alrededor del cual gravitan, como en    circuito del sol van los planetas, recibiendo su ben&eacute;fica influencia,    la bondad, la lealtad, la piedad, el altruismo, la abnegaci&oacute;n.    <br> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Permitir&eacute;is la relaci&oacute;n de un hecho que fija cual ninguno ese    sentimiento humanitario que le impulsaba &aacute; aliviar males ajenos, olvidando    muchas veces los suyos propios.    <br> </p>     <p>En el lecho de muerte yac&iacute;a un amigo &iacute;ntimo y compa&ntilde;ero    de muchos a&ntilde;os; la enfermedad prolongada y penosa, hab&iacute;a mermado    sus escasos recursos al grado de no serle posible &aacute; la familia satisfacer    las cuotas reglamentarias que deb&iacute;an mantener viables el seguro de vida:    sabedor el doctor Calvo de esta circunstancia, realiz&oacute; por su cuenta    el desembolso, para lo cual tuvo que descuidar el pago de sus propias mensualidades.    Fallecido por fin el amigo enfermo, pudieron sus hu&eacute;rfanos disfrutar    del beneficio material asegurado por aquella mano oculta. Poco tiempo despu&eacute;s,    apenas dos semanas, ca&iacute;a tambi&eacute;n el doctor Calvo bajo la acci&oacute;n    fatal de un accidente fortuito y pudo descubrirse entonces ese acto de abnegada    conducta, de ingenua caridad, digna de mayores elogios de los que mi humilde    palabra es capaz de expresar.    <br> </p>     <p>Y fue practicando la caridad que el doctor Calvo hall&oacute; el mortal veneno    que, infiltr&aacute;ndose en sus venas, puso fin, en corto plazo, &aacute; su    agitada y benem&eacute;rita existencia.    <br> </p>     <p>De d&iacute;a y noche, &aacute; todas horas, estaban sus servicios profesionales    &aacute; la disposici&oacute;n de sus compa&ntilde;eros; muchas familias de    estos han recibido sus indicaciones certeras y sus cari&ntilde;osas atenciones,    disfrutando el doctor Calvo el envidiable privilegio de que tantos m&eacute;dicos    depositaran en &eacute;l su confianza, en reconocimiento de sus condiciones    especiales de cl&iacute;nico experto.    <br> </p>     <p>Varios meses hac&iacute;a que los amigos del doctor Calvo hab&iacute;an notado    en &eacute;l, cierta melancol&iacute;a, cierta tristeza, que coincidiendo con    perturbaciones evidentes en su f&iacute;sico, hicieron sospechar que se minaba    su naturaleza por grave mal que nadie conoc&iacute;a. Eso no obstante, la tarea    diaria era vencida, sigui&eacute;ndole un cansancio exagerado, siempre en aumento.    Dos rudos golpes, dos grandes penas morales vinieron &uacute;ltimamente &aacute;    someter su esp&iacute;ritu &aacute; dos tremendas sacudidas; me refiero al fallecimiento,    en corto tiempo, de sus dos &iacute;ntimos amigos, los doctores D&aacute;valos    y Vila. Profundamente impresionado por la muerte penosis&iacute;ma de este &uacute;ltimo,    el doctor Calvo prosigui&oacute; su labor en el Laboratorio y la clientela.    <br> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El d&iacute;a 18 del &uacute;ltimo Febrero, sufri&oacute; una peque&ntilde;a    picadura, casi imperceptible, con el bistur&iacute; que le hab&iacute;a servido    para dilatar un absceso. En pocas horas, &aacute; pesar de haber procedido &aacute;    la inmediata desinfecci&oacute;n de la herida, se presentaron los s&iacute;ntomas    de la septicemia que fueron r&aacute;pidamente agravando su estado. Por fin,    nueve d&iacute;as despu&eacute;s, agotadas por completo las naturales defensas    de su organismo, hubo de sucumbir &aacute; la terrible infecci&oacute;n. Muri&oacute;    v&iacute;ctima del deber profesional. No quisi&eacute;ramos, ninguno de nosotros,    para consagrar nuestra gloria inmortal, que otro epitafio que este orlara nuestras    tumbas &#147;Muri&oacute; v&iacute;ctima del deber profesional&#148;.    <br> </p>     <p>Una tarde esplendorosa de nuestro bello invierno; en la calle, el bullicio    ensordecedor de centenares de carruajes y autom&oacute;viles; los gritos estridentes    de enmascarados, contentos y felices; en el ambiente sent&iacute;ase el calor    de la alegr&iacute;a de un d&iacute;a de carnaval. En el interior de una casa,    de la misma avenida, el fr&iacute;o glacial de una pena indecible helaba en    nuestros labios la palabra de consuelo tan in&uacute;til, tan hueca y sin sentido,    en aquellos momentos en que m&aacute;s parec&iacute;a necesario. Hab&iacute;a    muerto un amigo; un padre de familia cesaba en el mundo de los vivos, leg&aacute;ndonos    como herencia preciada el ejemplo glorioso de su vida.    <br> </p>     <p>Entre l&aacute;grimas y sollozos sali&oacute; de aquel hogar su inerte cuerpo,    en viaje sin regreso; nunca m&aacute;s su simp&aacute;tica presencia alegrar&aacute;    aquel recinto, ni el eco de su voz se dejar&aacute; o&iacute;r entre nosotros;    pero, &iquest;es que ha de acabar as&iacute; para siempre jam&aacute;s, una    existencia?. De seguro que no: por doquiera encontramos las huellas de su paso;    impresi&oacute;n indeleble ha dejado su vida corta pero fecunda, en un medio    adonde generalmente no causan impresi&oacute;n mas que los embates violentos    de las pasiones &oacute; las traidoras mordidas de la envidia.    <br> </p>     <p>Si; por doquiera est&aacute;n los comprobantes de su laboriosidad; en nuestros    corazones se halla fijo el recuerdo de sus bondades y en esta Academia, que    sabr&aacute; honrar su memoria haciendo grabar su nombre en digna l&aacute;pida,    en la Sociedad de Estudios Cl&iacute;nicos, en el Laboratorio de la Cr&oacute;nica,    en el Nacional, sus compa&ntilde;eros sienten el vac&iacute;o que produce su    ausencia. Si esto es as&iacute;, &iquest;qu&eacute; no experimentar&aacute;    ese hogar que &eacute;l mantuvo por siempre como un culto y que supo sostener    feliz y puro con el ejemplo constante de sus propias virtudes?    <br> </p>     <p>Descanse en paz el amigo, el compa&ntilde;ero, el compatriota; llegue &aacute;    sus deudos el sentimiento mas vivo de mi condolencia y perm&iacute;taseme adornar    su tumba con mis modestas flores, como dice nuestra dulce poetiza 1.</p>     <p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;.............. con las    del alma,    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Flores que siempre viven,    <br>   &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Formar debo yo el ramo    <br>   &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Que mi amistad exigen.</p>     <p><span class="superscript"><b>1</b></span> Lola Rodr&iacute;guez de Ti&oacute;.    <br> </p>     <p><a href="#asterisco">* Trabajo de ingreso como Acad&eacute;mico de N&uacute;mero    en la Academia de Ciencias M&eacute;dicas, F&iacute;sicas y Naturales de La    Habana. Le&iacute;do en la sesi&oacute;n extraordinaria del 12 de enero de 1912.    Ocup&oacute; el sill&oacute;n No. 1 (secci&oacute;n de Medicina). Se respeta    la ortograf&iacute;a del original (Dr.G.D.G.)</a> <a name="pie"></a></p>      ]]></body>
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