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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Discurso de contestación al de ingreso en la academia de ciencias médicas, físicas y naturales de la habana del Dr. Alfredo Domínguez roldán]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <h2>Discurso de contestaci&oacute;n al de ingreso en la academia de ciencias m&eacute;dicas,    f&iacute;sicas y naturales de la habana del Dr. Alfredo Dom&iacute;nguez rold&aacute;n    <a href="#pie">*</a><a name="asterisco"></a></h2>     <p>No debiera ser tarea muy dif&iacute;cil, dadas las condiciones relevantes del    nuevo acad&eacute;mico, recibirlo en esta ocasi&oacute;n con las frases de ritual,    que hicieron patentes sus merecimientos en todos los &oacute;rdenes y especialmente    el moral, cient&iacute;fico y social, los principales que deben aquilatarse    para aceptar que ocupe un asiento entre nosotros; y sin embargo, la conciencia    que tengo de mis limitadas aptitudes literarias y lo extra&ntilde;o que resulta    esta disertaci&oacute;n en el campo de mis habituales actividades, har&aacute;n    sin duda que mi <i>labor de amor</i>, porque as&iacute; lo es la que inspiran    la amistad y el afecto como &uacute;nicos m&oacute;viles, aparezca pobre y hueca    en demas&iacute;a. Por otra parte, no necesita de presentaci&oacute;n el doctor    Alfredo Dom&iacute;nguez Rold&aacute;n para ser apreciado por todos nosotros    y bastar&aacute; a cumplir mi cometido que yo se&ntilde;ale condiciones de relieve    patri&oacute;tico, cient&iacute;fico y moral que su car&aacute;cter, nada exhibicionista,    y su innata modestia, le han hecho mantener ocultas o apenas conocidas.    <br> </p>     <p>Durante un cuarto de siglo se han venido tejiendo y ajustando los lazos de    amistad que me unen al doctor Dom&iacute;nguez; como se v&eacute;, he tenido    tiempo suficiente para ir observando su desenvolvimiento cient&iacute;fico y    cultural y los diez a&ntilde;os de edad que nos separan, casi me permiten asumir    una pose de paternal inter&eacute;s en sus asuntos; por eso, sin duda, &uacute;nicamente,    he merecido la honrosa cuanto grata designaci&oacute;n para recibirlo en nuestro    seno.    <br> </p>     <p>Alfredo Dom&iacute;nguez Rold&aacute;n ha servido a su patria honradamente,    lealmente, constantemente, casi desde su adolescencia hasta la fecha, en la    guerra y en la paz.    <br> </p>     <p>No atenaceado por imperiosa necesidad de satisfacer intereses materiales, no    impulsado por el instinto de conservaci&oacute;n que de otra manera pusiera    en peligro su existencia, ni menos con la esperanza de alcanzar ulteriores recompensas    o el goce de gratificaciones, prebendas o sinecuras en la paz, sino reflexivamente,    poniendo en el empe&ntilde;o la discreci&oacute;n, la perspicacia y el valor    personal, con exposici&oacute;n continua, cuando menos su libertad, comenz&oacute;    prestando servicio a la sacrosanta causa de la independencia apenas salido de    las aulas universitarias y en su capacidad de &#147;m&eacute;dico de abordo&#148;,    viajando entre nuestro puerto y la ciudad de Nueva York, en el vapor &#147;Panam&aacute;&#148;    de la Compa&ntilde;&iacute;a Trasatl&aacute;ntica Espa&ntilde;ola, estableci&oacute;    y mantuvo, con la eficaz cooperaci&oacute;n en la gran urbe norte-americana    de la noble e inolvidable patriota puertorrique&ntilde;a, pero que era nuestra    tambi&eacute;n, Lola Rodr&iacute;guez de Ti&oacute;, un servicio de correspondencia    entre la Comisi&oacute;n Revolucionaria de aqu&iacute; y el Partido Revolucionario    de all&aacute;. Los contempor&aacute;neos que me escuchan y que en los primeros    a&ntilde;os de nuestra &uacute;ltima guerra por la independencia fueron testigos    de la actuaci&oacute;n del gobierno de la colonia en esos casos, podr&aacute;n    apreciar mejor que nadie, por una parte, la serenidad e inteligencia necesarias    para realizar semejante servicio durante un a&ntilde;o, y por otra, cual habr&iacute;a    sido la suerte de nuestro compa&ntilde;ero si hubiese sido descubierto en sus    haza&ntilde;as.    <br> </p>     <p>En los &uacute;ltimos d&iacute;as del mes de abril de 1898 y en alta mar, el    vapor &#147;Panam&aacute;&#148; fue apresado por la escuadra norte-americana    que se preparaba a establecer el bloqueo del puerto de La Habana como primera    medida en la guerra hispano-cubano-americana que se iniciaba. Tan pronto como    pudo, el doctor Dom&iacute;nguez puso en conocimiento del comandante de la flota    americana, porque as&iacute; lo hab&iacute;a averiguado durante el viaje, que    importantes documentos del gobierno espa&ntilde;ol se hallaban en la caja de    hierro del vapor; y en realidad, all&iacute; se encontr&oacute; una colecci&oacute;n    de planos y mapas de los principales puertos de los Estados Unidos, con anotaciones    acerca de sus defensas o de su vulnerabilidad. Por tan se&ntilde;alado servicio    a la causa, que definitivamente era la nuestra, ya que el Congreso norte-americano    en su resoluci&oacute;n conjunta hab&iacute;a declarado nuestro derecho a ser    libres e independientes y adem&aacute;s, por haber recibido el comandante americano    del Partido Revolucionario seguridades de la identidad y car&aacute;cter del    doctor Dom&iacute;nguez, fue puesto en libertad inmediatamente de desembarcar    en Cayo Hueso.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </p>     <p>Pocos d&iacute;as despu&eacute;s, llegaba al hist&oacute;rico cayo el General    Bernab&eacute; Boza, Jefe del Estado Mayor del General&iacute;simo M&aacute;ximo    G&oacute;mez, junto con el Coronel Carlos Mendieta, llevando documentos y el    prop&oacute;sito de conducir a Cuba una expedici&oacute;n: a esta se incorpor&oacute;    el doctor Dom&iacute;nguez y fuerza de unos cuarenta hombres, entre los que    estaban, adem&aacute;s los citados, Andr&eacute;s Hern&aacute;ndez, Ricardo    Arnaut&oacute;, Alfredo Laborde y otros connotados patriotas, desembarcaron    en la costa Norte de Cuba pr&oacute;ximo al puerto de Caibari&eacute;n. Desde    ese momento, hasta el licenciamiento de las fuerzas revolucionarias y con el    grado de capit&aacute;n, el doctor Dom&iacute;nguez sirvi&oacute; a las ordenes    del Coronel Trist&aacute;, teniendo al terminar su carrera de libertador una    hoja perfectamente limpia e inmaculada.    <br> </p>     <p>He bosquejado, aunque a grandes trazos, esta etapa de la vida p&uacute;blica    del doctor Dom&iacute;nguez, porque estoy seguro que no de otra manera trascender&iacute;a    las fronteras de la intimidad, y estimo que es necesario conocer para nunca    olvidarlos, si hemos de preciarnos de agradecidos y justicieros, los beneficios    aportados por la acci&oacute;n m&aacute;s o menos movida, m&aacute;s o menos    efectiva, m&aacute;s o menos saliente, de los que a costa de alg&uacute;n sacrificio    colaboraron en la obra de la patria, m&aacute;xime en estos tiempos que corremos,    en que los valores verdaderos se difunden hasta perderse de vista y en su lugar    se premian con largueza los servicios prestados en el comit&eacute; de barrio    o en la asamblea electoral. Porque, se&ntilde;ores, desgraciada de nuestra patria    si persistiera entre nosotros esa tendencia perniciosa de confundir la algarada    patriotera con el verdadero patriotismo.    <br> </p>     <p>Y desde aqu&iacute; empieza la &eacute;poca en la vida del doctor Dom&iacute;nguez    que mejor he conocido y en la que ha desarrollado una labor de practico beneficio    para nuestras instituciones sanitarias; labor que ha sido quiz&aacute; m&aacute;s    apreciada por autoridades y personajes extranjeros que por nosotros mismos;    pudiera aplicarse en este caso, con absoluta propiedad, el aforismo aquel de    que &#147;nadie es profeta en su tierra&#148;. Como quiera que sea, desde 1899    hasta 1926 el doctor Dom&iacute;nguez rindi&oacute; servicios a Cuba, como m&eacute;dico    sanitario, servicios que hubieron de terminar violentamente y sin raz&oacute;n,    hace pocas semanas, en obsequio a la pol&iacute;tica insidiosa que soportamos    y a la envidia de aquellos para quienes la conducta inquebrantablemente recta    de cualquier hombre, constituye un escozor insoportable, ya que pone de relieve    sus propias lacras morales.    <br> </p>     <p>La labor sanitaria, realizada primero como inspector de variante categor&iacute;a    en la antigua jefatura de sanidad y luego como m&eacute;dico del puerto de La    Habana, se halla detallada en su expediente personal y resalta, seg&uacute;n    vamos recorriendo el testimonio de los servicios prestados, en los informes    que el doctor Dom&iacute;nguez rindiera de las m&uacute;ltiples comisiones que    se le confiaron y la atenci&oacute;n prestada por superiores autoridades a algunas    de sus indicaciones para mejorar el servicio de cuarentenas, asunto que domina    con brillantez, gracias al tiempo y estudio que le ha dedicado y a la experiencia    personal adquirida en el extranjero junto a verdaderas autoridades en la materia,    cosa que es ineludiblemente necesario realizar, si se quiere alcanzar alguna    medida de &eacute;xito, pues fuera de nuestras fronteras naturales, en ning&uacute;n    pa&iacute;s se piensa que se pueda improvisar nadie en cuestiones sanitarias;    yo presumo que tampoco nuestros hombres intelectuales creen semejante enormidad,    sino que la imperiosa necesidad de premiar con los puestos p&uacute;blicos los    servicios pol&iacute;ticos, ( que despu&eacute;s de todo resultan m&aacute;s    o menos personales ), ha hecho que vayan a esos cargos t&eacute;cnicos, individuos    que en el campo de la ciencia nunca se han demostrado ni siquiera interesados    en asuntos sanitarios; las epidemias que inesperadamente surgen aqu&iacute;    y all&iacute;, son pruebas irrecusables de la ineptitud a que me refiero.</p>     <p align="center"><a href="/img/revistas/his/n92/f011592.jpg"><img src="/img/revistas/his/n92/f011592.jpg" width="156" height="143" border="0"></a>    
<br> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><b>Fig. 14.</b> <i>Dr. Alfredo Dom&iacute;nguez Rold&aacute;n    (1877--1961).    <br>   </i> </p>     <p>Tiene el nuevo acad&eacute;mico singular habilidad ejecutiva y temperamento    organizador; en todos los empe&ntilde;os que ocuparon su atenci&oacute;n durante    estos veinte cinco a&ntilde;os, ha dejado las huellas de su personalidad, evidenciadas    por el mejoramiento, de alguna manera, del servicio a &eacute;l encomendado;    v&eacute;ase como actuando de m&eacute;dico municipal, a ra&iacute;z de la primera    Intervenci&oacute;n, estableci&oacute; casi sin recursos para ello, la primera    casa de socorros en el poblado de Casa Blanca, equipada con cuanto se estima    necesario para poder practicar la cirug&iacute;a de urgencia moderna; el llamado    Lazareto del Mariel, rehabilitado en 1908, debe al doctor Dom&iacute;nguez muchas    de las mejoras que en el se introdujeron; personalmente, yo tuve una prueba    de su actividad y competencia hace cuatro a&ntilde;os, en ocasi&oacute;n de    haberlo nombrado para que, adem&aacute;s de sus obligaciones como m&eacute;dico    del puerto, asumiera la reorganizaci&oacute;n y direcci&oacute;n de la desinfecci&oacute;n    y fumigaci&oacute;n de buques, operaci&oacute;n que desde hac&iacute;a mucho    tiempo ven&iacute;a siendo motivo de quejas por parte de los agentes y armadores    nacionales y extranjeros que alegaban la comisi&oacute;n de una serie de irregularidades    por nuestras autoridades; desde el momento que el doctor Dom&iacute;nguez se    hizo cargo de esas operaciones, empec&eacute; a recibir, por una parte, la renuncia    de algunos subalternos y la petici&oacute;n de licencias de otros que no pod&iacute;an    soportar las exigencias de cumplimiento del nuevo jefe y por otra, una serie    de cartas, que conservo, de compa&ntilde;&iacute;as navieras, felicit&aacute;ndome    por el cambio y el resultado obtenido. Pocos d&iacute;as despu&eacute;s de haber    yo abandonado la Secretar&iacute;a de Sanidad, se relev&oacute; al doctor Dom&iacute;nguez    de la comisi&oacute;n antedicha.    <br> </p>     <p>Con igual idoneidad ha cumplido otras comisiones en otros puertos de la Rep&uacute;blica,    as&iacute; como en el extranjero, para inspeccionar unos y ganar conocimientos    en otros, para implantar medidas sanitarias como en Cienfuegos, (1903) y C&aacute;rdenas,    (1905) y en Tampico, Veracruz y Progreso, de la Rep&uacute;blica Mexicana, (1905)    y otros m&aacute;s. A esto debe a&ntilde;adirse la representaci&oacute;n que    ha tenido del Gobierno en Congresos y reuniones de sociedades extranjeras en    Jacksonville y Chicago, (1914) en Europa, (1922) y para estudiar las cuarentenas    en puertos &iacute;ntimamente relacionados con los nuestros como Santander,    Barcelona y Bilbao, en 1923.    <br> </p>     <p>Con relaci&oacute;n al servicio de cuarentenas, en cuyo personal ocup&oacute;    siempre puesto de primera, tiene escrito veinte y tantos trabajos, por algunos    de los cuales mereci&oacute; la felicitaci&oacute;n de sus jefes superiores;    por sus escritos sobre la desratizaci&oacute;n de La Habana durante la epidemia    de peste bub&oacute;nica, recibi&oacute; la Placa de la Cruz Roja Espa&ntilde;ola    en mayo de 1913 y Menci&oacute;n Honor&iacute;fica en la Exposici&oacute;n Pan-Americana    de San Francisco.    <br> </p>     <p>Se ve pues, c&oacute;mo el doctor Dom&iacute;nguez fue form&aacute;ndose hasta    afianzarse en el cargo de Tercer M&eacute;dico del Puerto de La Habana, por    un procedimiento laborioso de aplicaci&oacute;n y de estudio, de lucha y de    experiencia a trav&eacute;s de muchos a&ntilde;os de servicios t&eacute;cnicos    que requer&iacute;an una preparaci&oacute;n especial y que no asalt&oacute;    ese puesto trepando los intrincados vericuetos de la pol&iacute;tica, teniendo    a la adulaci&oacute;n o al servilismo por b&aacute;culo, dejando en los zarzales    del camino, la conciencia y la verg&uuml;enza hecha jirones. No; aquel fue un    proceso de evoluci&oacute;n natural, con las naturales consecuencias de &eacute;xito    y de cr&eacute;dito.    <br> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Para no dejar de tocar todos los puntos a que el m&eacute;dico sanitario debe    llegar en su esfuerzo por mejorar las condiciones de salud del pueblo y prevenirlos    contra las enfermedades infecciosas, ha escrito el doctor Dom&iacute;nguez cartillas    y folletos de vulgarizaci&oacute;n cient&iacute;fica, tales como &#147;Consejos    Higi&eacute;nicos a los Empleados de la Compa&ntilde;&iacute;a de Tel&eacute;fonos    Cubana&#148;, &#147;La Tuberculosis y su Naturaleza&#148;, &#147;Cuidado Personal    de los Dientes&#148; y otros sobre higiene industrial publicados en &#147;Heraldo    de Cuba&#148;.    <br> </p>     <p>En 1906 empez&oacute; el doctor Dom&iacute;nguez a interesarse en asuntos de    radiolog&iacute;a, teniendo por maestro nada menos que a su propio hermano,    uno de los primeros radi&oacute;logos de Cuba; de los primeros por su &eacute;poca    y por sus conocimientos en esa especialidad; al lado del doctor Francisco Dom&iacute;nguez    Rold&aacute;n permaneci&oacute; en el Hospital Mercedes y en su consulta particular    hasta 1914 en que nuestro compa&ntilde;ero se estableci&oacute; definitivamente.    En ese momento qued&oacute; fijada su verdadera vocaci&oacute;n y aunque sigui&oacute;    prestando al Estado servicios como m&eacute;dico de puerto, la practica de la    radiolog&iacute;a y fisioterapia ocup&oacute; el resto del tiempo disponible.    As&iacute; lo vemos hecho cargo del gabinete radiol&oacute;gico del Dispensario    Tamayo primero, luego, electo Miembro Corresponsal de la American Roentgen Ray    Society, de la Radiological Society of North Am&eacute;rica y nombrado Radi&oacute;logo    Consultor de la Marina de Guerra Nacional. Ulteriormente fue comisionado por    el Gobierno para estudiar en Europa los procedimientos llamados de terapia profunda    en el tratamiento del c&aacute;ncer, informe que oportunamente ley&oacute; en    esta tribuna.    <br> </p>     <p>Ha hecho bien el doctor Dom&iacute;nguez al presentar como su trabajo de ingreso    en esta instituci&oacute;n, ese bosquejo del desarrollo de la radiolog&iacute;a    entre nosotros. Justamente ha sido durante el per&iacute;odo de su vida cient&iacute;fica    que esa rama de las ciencias naturales ha venido desenvolvi&eacute;ndose hasta    alcanzar la importancia que tiene en la actualidad. A pesar de haberse conocido    y apreciado desde algunos a&ntilde;os antes el gran descubrimiento de Roentgen,    fue en la guerra hispano-cubano-americana, (1898) que por primera vez se emprendi&oacute;    en grande escala la investigaci&oacute;n de las heridas y fracturas por medio    de los rayos &#147;X&#148;; bien recuerdo como durante la cort&iacute;sima campa&ntilde;a    de Santiago de Cuba, e inmediatamente despu&eacute;s, &iacute;bamos los oficiales    m&eacute;dicos del ejercito americano a bordo del vapor hospital para conocer    admirados el trabajo radiogr&aacute;fico y escuchar las explicaciones del doctor    Gray, venido exclusivamente a ese objeto de la Escuela M&eacute;dica del Ejercito,    en Washington.    <br> </p>     <p>De entonces ac&aacute; hemos visto como han mejorado los aparatos y los m&eacute;todos;    como los esposos Curie descubren el radio, que luego nos suministra el &uacute;nico    tratamiento no quir&uacute;rgico del c&aacute;ncer por medio de las emanaciones    de las sales de ese elemento. &iquest;Como permanecer indiferentes o insensibles    ante los resultados de la llamada terapia profunda por la cual se obtiene la    degeneraci&oacute;n y destrucci&oacute;n a distancia de diferentes clases de    tejidos adventicios? Y no son menos dignos de nuestra admiraci&oacute;n los    efectos de la diatermia en la que se eleva a grandes temperaturas los tejidos    comprendidos entre los polos el&eacute;ctricos, aumentando localmente la circulaci&oacute;n    y as&iacute; estimulando el proceso de reparaci&oacute;n.    <br> </p>     <p>Entre los pr&oacute;ceres cubanos, con relaci&oacute;n a la radiolog&iacute;a    en Cuba, el doctor Dom&iacute;nguez apenas si ha hecho justicia a su hermano,    conocido de todos nosotros por el cari&ntilde;oso nombre de doctor &#147;Panch&oacute;n&#148;    Dom&iacute;nguez. Habiendo sido &eacute;l quien gestion&oacute; y hasta materialmente    trabaj&oacute; en la instalaci&oacute;n del gabinete del Hospital Mercedes,    era l&oacute;gico que la Junta de Patronos pusiera a este el nombre de Instituto    Francisco Dom&iacute;nguez Rold&aacute;n; da pena, pero no debe extra&ntilde;arnos,    que haya sido arrancada la placa conmemorativa y hasta que pronto se olvide    a qui&eacute;n se debe aquella magnifica instalaci&oacute;n; lo mismo sucedi&oacute;    con el Laboratorio Duque, nombrado as&iacute; a instancia m&iacute;a en la Junta    Nacional de Sanidad, obra aquella que fue nueva y merit&iacute;sima del doctor    Mat&iacute;as Duque, entre muchas que implant&oacute; durante el corto tiempo    que desempe&ntilde;&oacute; el cargo de primer Secretario de Sanidad y Beneficencia:    parece que la inmortalidad entre nosotros hay que afirmarla erigi&eacute;ndose    uno mismo su estatua, a gran altura del suelo y ver que no la echen abajo los    envidiosos mal intencionados. Por placa m&aacute;s o placa menos, que reconozca    su excelente actuaci&oacute;n, la obra del doctor Francisco Dom&iacute;nguez    no habr&aacute; de olvidarse por aquellos que vale la pena que la recuerden;    a los otros, inconscientes o malvados, mirarlos con la l&aacute;stima o el desprecio    que merecen. Que no pese en el &Aacute;nimo del nuevo acad&eacute;mico la falta    que ha observado; como m&eacute;dico, al fin, si no lo est&aacute; ya, pronto    quedar&aacute; avezado a la ingratitud; pensemos que nuestra labor no es de    las que se premian generalmente de manera visible, sino m&aacute;s bien que    tiene su mayor recompensa en la &iacute;ntima e intensa satisfacci&oacute;n    que se experimenta, al haber cumplido eficazmente el deber que nos hemos impuesto,    de curar, o de alguna manera mejorar la condici&oacute;n f&iacute;sica de nuestros    semejantes.    <br> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Est&eacute; seguro el doctor Alfredo Dom&iacute;nguez Rold&aacute;n que la    Academia lo recibe con gran benepl&aacute;cito para ella; yo los felicito a    ambos: a ella, porque adquiere en este acto un elemento valioso, de acuerdo    con sus practicas y sus ideales y digno por todos conceptos del honor que esto    significa y a &eacute;l, porque satisface en esta ocasi&oacute;n una just&iacute;sima    y plausible aspiraci&oacute;n. . .</p>     <p><a href="#asterisco">* Leida en la sesi&oacute;n del 25 de junio de 1926. Se    respeta la ortograf&iacute;a del original (Dr.G.D.G.).</a><a name="pie"></a></p>      ]]></body>
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