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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Profesor Dr Ángel Arturo Aballí Maestro de la Pediatría Cubana]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <h2>Profesor Dr &Aacute;ngel Arturo Aball&iacute; Maestro de la Pediatr&iacute;a    Cubana*</h2>     <p align="center">por el</p>     <p align="center">Dr. Daniel Alonso Men&eacute;ndez    <br>       <br> </p>     <p>Se acercaba el siglo XIX a sus a&ntilde;os finales. Cuba viv&iacute;a la tregua    impuesta a la lucha independentista por la Paz del Zanj&oacute;n.     <br>       <br>   Despu&eacute;s de 10 a&ntilde;os de intensa conmoci&oacute;n hab&iacute;a una    aparente calma social. La ciudad de Matanzas, rica en tradiciones culturales,    reanudaba sus actividades art&iacute;stico- literarias. El hogar de Jos&eacute;    Manuel Aball&iacute; y Mar&iacute;a Arellano, radicado en una amplia casona    casi en el centro de la ciudad, recib&iacute;a con alegr&iacute;a el nacimiento    de un var&oacute;n, al cual el P&aacute;rroco de la Santa Iglesia Catedral de    San Carlos registrar&iacute;a en su Libro de Bautismos de Blancos con el nombre    de &Aacute;ngel Arturo. Esto ocurr&iacute;a el 30 de septiembre de 1880.</p>     <p>Poca informaci&oacute;n tenemos de los primeros a&ntilde;os de la vida de &Aacute;ngel    Arturo Aball&iacute;, pero si aceptamos que los rasgos fundamentales de la personalidad    del adulto se manifiestan en distintas formas, desde edades tempranas de la    vida, pudi&eacute;ramos inferir que &Aacute;ngel Arturo fue un ni&ntilde;o inquieto    y observador, inteligente, estudioso y disciplinado que se tornaba d&iacute;scolo    y rebelde frente a la imposici&oacute;n o a la reprimenda injusta. Lo imaginamos    sobresaliendo como alumno en las aulas de educaci&oacute;n primaria y como cabeza    dirigente de los muchachos del barrio en los entretenimientos y juegos infantiles.</p>     <p>Los primeros estudios de nivel secundario los realiza en el Colegio &quot;El    Siglo&quot;, conocido centro de ense&ntilde;anza de la ciudad natal, y los de    bachillerato en el Instituto de la propia ciudad. La graduaci&oacute;n tiene    lugar en 1895. Hemos revisado el expediente acad&eacute;mico de esa etapa: la    nota de sobresaliente fue la constante en todas las asignaturas, y adem&aacute;s    gan&oacute; seis premios en los ejercicios finales por materias.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La Universidad de La Habana era entonces la &uacute;nica del pa&iacute;s, en    ella matricula la carrera de Medicina y la concluye brillantemente en 1901.    Quedaron imborrables huellas de su inteligencia y dedicaci&oacute;n en el <i>curriculum</i>    universitario. En sucesivas oposiciones obtiene la plaza de Alumno Ayudante    Disector Anat&oacute;mico, en 1897; Alumno Ayudante en la C&aacute;tedra de    Medicina Legal y Toxicolog&iacute;a en 1899 y de la C&aacute;tedra de Fisiolog&iacute;a    al a&ntilde;o siguiente. Durante los estudios de Medicina tuvo sobresaliente    en todas las asignaturas. Es declarado Alumno Eminente de la Universidad y con    el pergamino de m&eacute;rito debajo del brazo, sale a disfrutar la primera    beca de estudios, en el extranjero, que se concede a un estudiante cubano.</p>     <p>Visit&oacute;, trabaj&oacute; y estudi&oacute; en Hospitales de Boston, Washington,    Chicago y New York, en los Estados Unidos. Viaja a Europa y ampl&iacute;a los    conocimientos en centros hospitalarios de Francia, Alemania e Italia. Regresa    a Cuba en 1904.</p>     <p>Existe de esta &eacute;poca, a su regreso, una carta manuscrita que hemos le&iacute;do,    dirigida a una t&iacute;a, en la que despu&eacute;s de excusarse por no haber    podido comprar a la familia ning&uacute;n regalo como recuerdo del viaje, hay    un p&aacute;rrafo que textualmente dice: &quot;el deseo que tiene el Correo    de Matanzas- peri&oacute;dico provincial de la &eacute;poca- de publicar una    especie de biograf&iacute;a m&iacute;a, no me parece conveniente hacerlo, pues    supondr&iacute;a un deseo de mi parte de aparecer en letras de molde&quot;.    As&iacute; se expresaba con sencillez y modestia quien encerraba en su persona    y lo veremos despu&eacute;s, el potencial de pensamiento y acci&oacute;n m&eacute;dico-creador    m&aacute;s extraordinario que hab&iacute;a conocido, hasta entonces, la sociedad    cubana.</p>     <p>El primer cargo que ocupa a su regreso fue el de m&eacute;dico de ni&ntilde;os    en el Dispensario &quot;Tamayo&quot;. Al mismo tiempo ejerce como Ayudante Facultativo    de la C&aacute;tedra de Histolog&iacute;a y Anatom&iacute;a Patol&oacute;gica    en la Escuela de Medicina. En 1905, es nombrado Jefe del Laboratorio de esta    &uacute;ltima C&aacute;tedra y al a&ntilde;o siguiente, con car&aacute;cter    interino, Jefe de la C&aacute;tedra de Cl&iacute;nica Pedi&aacute;trica que    entonces era una dependencia de la C&aacute;tedra de Cl&iacute;nica M&eacute;dica.    Ese es el a&ntilde;o cuando convocan a oposici&oacute;n para ocupar la plaza    de Profesor Auxiliar de Patolog&iacute;a y Cl&iacute;nica Infantiles. El doctor    Aball&iacute; acude a las oposiciones y muchos a&ntilde;os despu&eacute;s a&uacute;n    se comentaba la brillantez de sus ejercicios. Parec&iacute;a imposible que un    joven de apenas 26 a&ntilde;os poseyera tal c&uacute;mulo de cultura m&eacute;dica    y general. Dos a&ntilde;os despu&eacute;s se le asigna oficialmente para que    imparta la ense&ntilde;anza de la Patolog&iacute;a y Cl&iacute;nica Infantiles    en la Universidad de La Habana.</p>     <p>Como podremos apreciar en el transcurso de estas p&aacute;ginas, las actividades    de Aball&iacute; se van ampliando, toman distintas vertientes y tocan diversas    facetas que van desde figura prominente en los trabajos de agrupar a los m&eacute;dicos    bajo consignas sociales y de car&aacute;cter gremialista, hasta el periodismo    pol&iacute;tico. Pero estas y otras inquietudes no podemos considerarlas ajenas    a la motivaci&oacute;n fundamental de su vida; cuanto inspir&oacute; y realiz&oacute;    &Aacute;ngel Arturo Aball&iacute;, cualquiera que fuera su aparente objetivo,    iba dirigido a un solo fin, la defensa de la salud, el desarrollo, la educaci&oacute;n,    el bienestar y la felicidad de la joven generaci&oacute;n.</p>     <p>Ser&iacute;a imposible apreciar la significaci&oacute;n de la vida de Aball&iacute;    en la pediatr&iacute;a cubana si no tenemos previamente una informaci&oacute;n    sobre cuales eran el estado de salud en la ni&ntilde;ez, los recursos destinados    a su atenci&oacute;n y la situaci&oacute;n de la ense&ntilde;anza de la disciplina.</p>     <p>Analicemos, pues, en que medio se encuentra Aball&iacute; al irrumpir en el    campo de la pediatr&iacute;a.    <br>       <br>   Tenemos que partir del siglo XIX. La situaci&oacute;n de la salud, de las higienes    y de la medicina correspond&iacute;a a las de un pa&iacute;s colonizado, donde    los intereses de la metr&oacute;poli estaban dados, desde hac&iacute;a m&aacute;s    de tres siglos, por la explotaci&oacute;n de sus riquezas, sin ninguna otra    preocupaci&oacute;n. No existen referencias estad&iacute;sticas que nos permitan    conocer el estado de salud de la poblaci&oacute;n en esa &eacute;poca. En las    publicaciones aparecen quejas y denuncias sobre la situaci&oacute;n higi&eacute;nica    de las ciudades y algunos datos casi siempre relacionados con los brotes epid&eacute;micos    que frecuentemente ocasionaban un n&uacute;mero considerable de v&iacute;ctimas.    En estas circunstancias se registraban las defunciones clasific&aacute;ndolas    por grupos de edades: menores de 10 a&ntilde;os, de 10 a 20 y mayores de 20.    A partir de 1888 contamos con algunos datos sobre mortalidad infantil en la    ciudad de La Habana. No creo necesario advertir sobre la confiabilidad de estas    cifras, teniendo en cuenta el sub-registro de nacimientos, el concepto de nacido    vivo, las irregularidades para expedir el certificado de defunci&oacute;n, pero    podemos sentirnos satisfechos de ofrecer estas tasas gracias a la dedicaci&oacute;n    y estudio de un joven pediatra que las ha puesto a nuestra disposici&oacute;n    y que a&uacute;n no han sido publicadas. Las cifras arrojan lo siguiente: en    1888, una tasa de 289 muertes en el primer a&ntilde;o de vida de mil nacidos    vivos; 331 en 1890; la cantidad se eleva a 468 en 1897 y a 667 en el a&ntilde;o    1898. Esto demuestra que en los a&ntilde;os de la pol&iacute;tica de concentraci&oacute;n    de los habitantes de las zonas rurales en pueblos y ciudades, dictada por el    gobernador colonial, mor&iacute;an en el primer a&ntilde;o casi 7 ni&ntilde;os    de cada 10 nacimientos. Ya de los quinquenios iniciales de este siglo aparecen    cifras para toda Cuba, con las mismas caracter&iacute;sticas expuestas, en lo    relacionado al registro. Por ejemplo tasas de 154,7 en el quinquenio de 1906-1910    y de 138,9 para el de 1911-1915.</p>     <p>Se desconoc&iacute;a la especializaci&oacute;n m&eacute;dica en la atenci&oacute;n    a la infancia de la cual no hab&iacute;a docencia. Los pocos y mal dotados servicios    de cl&iacute;nicas existentes recib&iacute;an en sus salas indistintamente al    adulto y al ni&ntilde;o enfermos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A principios del siglo XIX se crea una asignatura que identifican como Obstetricia,    Ginecolog&iacute;a e Infancia, limitadas a conferencias te&oacute;ricas. Al    comienzo la impart&iacute;a un m&eacute;dico de apellido Valencia. A mediados    de esa misma centuria, en 1845, el doctor Juan Jos&eacute; Hevia, segundo ayudante    del Cuerpo de Sanidad Militar, m&eacute;dico Home&oacute;pata, da a la publicidad    un peque&ntilde;o libro titulado <i>Tratado de las enfermedades de los ni&ntilde;os    y modo de curarlas</i> que puede considerarse el primer texto de esta especialidad    publicado en Cuba y que facilit&oacute; la puesta en pr&aacute;ctica de alguna    forma de ense&ntilde;anza.</p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><a href="/img/revistas/his/v93/f10293.jpg"><img src="/img/revistas/his/v93/f10293.jpg" width="212" height="247" border="0"></a></p>     
<p></p>     <p></p>     <p align="center">Fig. 2. En 1902 se fund&oacute; en New York la agrupaci&oacute;n    &quot;Juventud M&eacute;dica Cubana de New York&quot;. En la foto un grupo de    sus integrantes. Sentados de izquierda a derecha doctores &Aacute;ngel A. Aball&iacute;,    Joaqu&iacute;n Folch Pascau, Lino S. Chiv&aacute;s Guerra y Jos&eacute; M. Alem&aacute;n    Mart&iacute;n. De pie, de izquierda a derecha.: Raimundo de Castro Bachiller,    Julio F. Anteaga Quesada y Ulises Betancourt Castillo.    <br> </p>     <p>M&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os despu&eacute;s, en 1887, es aprobado por    la Universidad lo que dio en llamarse &quot;Curso Especial de Enfermedades de    los Ni&ntilde;os con su Cl&iacute;nica&quot;. Lo explicaban como asignatura    no integrante del programa de estudios en la carrera de medicina. Fue designado    para explicar la materia el doctor Antonio Jover, m&eacute;dico de origen catal&aacute;n,    poseedor de una vasta cultura. Posteriormente el curso qued&oacute; incluido    en el programa de estudios y pas&oacute; a formar parte de la C&aacute;tedra    de Cl&iacute;nica M&eacute;dica.</p>     <p>El doctor Jover es el autor del segundo libro publicado en el pa&iacute;s relacionado    con las enfermedades de los ni&ntilde;os. Lo titul&oacute; <i>Lecciones de enfermedades    de los ni&ntilde;os preparadas en la Universidad de La Habana.</i> La actividad    del doctor Jover puede calificarse sin duda alguna, de importante y meritoria.    Fue en Cuba el primer m&eacute;dico que sugiri&oacute; segregar de la C&aacute;tedra    de Cl&iacute;nica M&eacute;dica la ense&ntilde;anza de esta disciplina. De mucho    inter&eacute;s result&oacute; su tesis planteada en discurso que titul&oacute;    &quot;Concepto de Pediatr&iacute;a y lugar que le corresponde en el cuadro docente&quot;.    Fue el introductor del termino &quot;Pediatr&iacute;a&quot; para identificar    la especialidad. Debe considerarse al doctor Jover como precursor de la especialidad    y fue tambi&eacute;n el primero en exigir la creaci&oacute;n de Servicios dedicados    exclusivamente a la Cl&iacute;nica Infantil. Argumentaba que &quot;una ense&ntilde;anza    cl&iacute;nica sin enfermer&iacute;a -enti&eacute;ndase servicios- es como ense&ntilde;ar    Geograf&iacute;a sin mapas&quot;. No logr&oacute; mayores &eacute;xitos el doctor    Jover y regres&oacute; a Espa&ntilde;a al concluir la guerra. Lo sustituy&oacute;    el doctor Jos&eacute; Montalvo a quien debemos el traslado de la ense&ntilde;anza    de la asignatura -que se explicaba en un aula de Qu&iacute;mica en la vieja    Universidad de la Calle O' Reilly- para un local en el Hospital &quot;Nuestra    Se&ntilde;ora de las Mercedes&quot;.</p>     <p>Poco tiempo estuvo en funciones el doctor Montalvo. Al fallecer prematuramente    lo sucede el doctor J. Reol quien tambi&eacute;n desempe&ntilde;a por poco tiempo    su trabajo docente. Esto ocurre ya a principios del siglo actual. Coet&aacute;neamente    destacados m&eacute;dicos incitaron al estudio de las enfermedades de la infancia    y solicitaban su reconocimiento como una especialidad. Merecen citarse los nombres    de Joaqu&iacute;n L. Due&ntilde;as Pinto, Domingo Madan y Gonzalo Ar&oacute;stegui.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Es en 1906 cuando Aball&iacute; sustituye al doctor Reol reci&eacute;n fallecido.    Lo hace con car&aacute;cter interino y como tal ocup&oacute; la Cl&iacute;nica    Infantil de la C&aacute;tedra de Cl&iacute;nica M&eacute;dica. Dos a&ntilde;os    despu&eacute;s se convoca a oposiciones para cubrir la vacante oficial y realiza    entonces los ejercicios a los que ya nos hemos referido.</p>     <p>Aqu&iacute; comienza una de las vidas medicas m&aacute;s extraordinarias que    ha conocido nuestro pa&iacute;s. Al talento e inteligencia une el doctor Aball&iacute;    la voluntad, tes&oacute;n, esp&iacute;ritu de lucha, valent&iacute;a personal,    austeridad, insobornables principios de honestidad, dotes de orador y polemista    audaz.    <br>       <br>   Y todo esto demostrado siempre con suma sencillez y modestia, reflejos de aquella    exquisita sensibilidad humana, que alcanz&oacute; la mejor expresi&oacute;n    en su profundo amor a los ni&ntilde;os.</p>     <p>No encontramos sin embargo en Aball&iacute; al revolucionario consciente, capaz    de indagar en las ra&iacute;ces socioecon&oacute;micas y las causas que motivaban    las injusticias y desigualdades contra las que luch&oacute;. Pero tampoco estuvo    de espaldas a las convulsiones sociales de las d&eacute;cadas de los a&ntilde;os    1920 y 1930. No falt&oacute; su presencia, ni fue ajeno a los anhelos y aspiraciones    de nuestro pueblo.</p>     <p>Triunfador en las oposiciones y reconocido oficialmente responsable de la ense&ntilde;anza    de la Cl&iacute;nica y Patolog&iacute;a Infantiles en la Escuela de Medicina,    Aball&iacute; se empe&ntilde;a en la elaboraci&oacute;n de los Planes y Programas    de Estudios, incorpora a la ense&ntilde;anza los m&eacute;todos pedag&oacute;gicos    m&aacute;s avanzados y crea en la Sala &quot;San Vicente&quot; del Hospital    &quot;Nuestra Se&ntilde;ora de las Mercedes&quot; el primer Servicio de Cl&iacute;nica    Infantil en Cuba, al frente del cual estar&aacute; los pr&oacute;ximos 30 a&ntilde;os.</p>     <p>En un breve tiempo inaugura la Sala de Lactantes &quot;Manuel de la Cruz&quot;,    la Consulta Externa, el Departamento de Diet&eacute;tica, el Laboratorio de    Anatom&iacute;a Patol&oacute;gica y construye el Laboratorio Cl&iacute;nico    adjunto al Servicio. De inmediato empieza a preparar los cuadros docentes que    se incorporar&aacute;n a la ense&ntilde;anza de la C&aacute;tedra. La actividad    desplegada en las clases diarias y en las sesiones cient&iacute;ficas, la pulcritud    y disciplina de la organizaci&oacute;n y el est&iacute;mulo permanente a los    j&oacute;venes m&eacute;dicos y alumnos, a&uacute;n son recordados por viejos    m&eacute;dicos testigos de la &eacute;poca.</p>     <p>En este servicio introdujo en el pa&iacute;s la otoscop&iacute;a, el uso del    citoscopio infantil, las transfusiones de sangre a los ni&ntilde;os, las punciones    lumbares y el estudio del liquido cefalorraqu&iacute;deo, las pruebas funcionales    hep&aacute;ticas, las primeras determinaciones de CO<span class="subscript">2</span>    en el aire alveolar, el estudio de la reserva alcalina por el m&eacute;todo    de Van Slyke, el estudio de las prote&iacute;nas sangu&iacute;neas por refractometr&iacute;a    y otros procedimientos diagn&oacute;sticos y terap&eacute;uticos entonces en    boga en los centros especializados del extranjero.</p>     <p>Si se analizan los trabajos presentados por Aball&iacute; en esta &eacute;poca,    los programas de estudios y los objetivos de sus actividades, no es dif&iacute;cil    descubrir que dirigi&oacute; su atenci&oacute;n a los tres problemas de salud    m&aacute;s agudos: la enfermedad diarreica, la desnutrici&oacute;n y la tuberculosis.    De estos a&ntilde;os son las siguientes monograf&iacute;as: &quot;Estudio de    la distrofia infantil&quot;, &quot;Terap&eacute;utica de los trastornos gastrointestinales    del lactante&quot;, &quot;Esclerema en la gastroenteritis infantil&quot; y &quot;Laboratorios    de leche y sus relaciones con la cl&iacute;nica&quot;.</p>     <p>En esta etapa ya funciona una consulta de Puericultura en los Servicios Externos    del hospital.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La tenaz lucha de Aball&iacute; por dotar al pa&iacute;s de centros especializados    en el diagnostico y tratamiento de la tuberculosis infantil alcanza lentamente    algunos logros: inaugura el Dispensario Antituberculoso para ni&ntilde;os &quot;Calmette&quot;,    crea el Preventorio &quot;Grancher&quot; para ingresos de lactantes con riesgos    de contraer la enfermedad, posteriormente se construye la sala destinada a ni&ntilde;os    tuberculosos en el Hospital &quot;La Esperanza&quot; y m&aacute;s tarde el Hospital    Infantil Antituberculoso que lleva su nombre y que fue convertido en Hospital    Pedi&aacute;trico General despu&eacute;s del triunfo de la Revoluci&oacute;n.</p>     <p>Hemos referido, con brevedad, la decisiva presencia de Aball&iacute; en la    construcci&oacute;n y organizaci&oacute;n de todos estos servicios e instituciones.    Nada le resulta f&aacute;cil. Si bien es cierto que cuando las decisiones depend&iacute;an    directamente de la Universidad, hab&iacute;a comprensi&oacute;n y adem&aacute;s    gran respeto al Profesor que facilitaba los acuerdos y apoyo a sus ideas, cosas    bien distintas ocurr&iacute;an cuando eran las dependencias oficiales de gobierno,    donde empezaban a interponerse los intereses de los que disfrutaban el poder    pol&iacute;tico. En muchas ocasiones o&iacute;mos referencias al car&aacute;cter    violento de Aball&iacute;, juicio absolutamente falso, pero s&iacute; estamos    seguros de que en esas discusiones posiblemente el Profesor prescind&iacute;a    de los buenos modales.</p>     <p>No se le pod&iacute;a escapar a Aball&iacute; el componente social de las enfermedades    referidas y es a partir de esta convicci&oacute;n que muestra, a nuestro criterio,    una de las facetas m&aacute;s trascendentales de su vida y quiz&aacute;s no    bien conocida. Aball&iacute; entiende que el trabajo m&eacute;dico frente al    paciente no es bastante para modificar la situaci&oacute;n sanitaria de la infancia    y, en un sentido mas amplio, de la poblaci&oacute;n en general. Por tanto concibe    al m&eacute;dico como una fuerza social, que bien dirigida puede constituir    un elemento fundamental en la soluci&oacute;n de los problemas de salud. La    experiencia posterior ha demostrado que, si bien es importante, no es capaz    por si sola para enfrentar los programas amplios y complejos de la atenci&oacute;n    sanitaria a la poblaci&oacute;n. Junto al m&eacute;dico ha de integrarse el    equipo de salud y el propio pueblo en sus distintas formas de organizaci&oacute;n    social. As&iacute; y s&oacute;lo as&iacute;, puede aspirarse al &eacute;xito    de modificaciones profundas del cuadro de salud. Y la participaci&oacute;n del    pueblo &uacute;nicamente es posible con las m&aacute;s radicales transformaciones    pol&iacute;ticas, sociales y econ&oacute;micas capaces de poner en manos de    la inmensa mayor&iacute;a la direcci&oacute;n del poder pol&iacute;tico y del    estado.</p>     <p align="left">Analicemos como Aball&iacute;, estrat&eacute;gicamente, concibi&oacute;    la funci&oacute;n del m&eacute;dico como parte de una poderosa fuerza social.</p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><a href="/img/revistas/his/v93/f20293.jpg"><img src="/img/revistas/his/v93/f20293.jpg" width="184" height="255" border="0"></a></p>     
<p align="center">Fig. 3. Dr. Antolin Bernard Marfan (1858-1942).    <br>   Eminente pediatra franc&eacute;s, profesor del doctor &Aacute;ngel A. Aball&iacute;.</p>     <p align="left">De todas las denominadas entonces clases profesionales, los m&eacute;dicos    hab&iacute;an expresado una tendencia a la asociaci&oacute;n con fines no muy    bien definidos, pero que contemplaban relaciones sociales, actividades cient&iacute;ficas    e intereses individuales y generales enfocados con &oacute;ptica gremialista.    Esto se hab&iacute;a manifestado desde mucho tiempo atr&aacute;s. Y volvamos    a la historia: en 1868 nace la Sociedad de Socorros Mutuos de La Habana que    devino, a&ntilde;os despu&eacute;s, el C&iacute;rculo M&eacute;dico de Cuba.</p>     <p>El local del C&iacute;rculo M&eacute;dico de Cuba fue el punto de reuni&oacute;n    de muchos de los m&eacute;dicos de La Habana. All&iacute; se conversaba o discut&iacute;a    sobre los asuntos m&aacute;s diversos: cuestiones de intereses personales o    colectivos, las ciencias m&eacute;dicas, de la salud, de pol&iacute;tica, etc.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La presencia frecuente de Aball&iacute;, con su ya cimentado prestigio, era    centro de atracci&oacute;n y atenci&oacute;n. Dirig&iacute;a tambi&eacute;n    en esos momentos la Revista M&eacute;dica Cubana en la cual se recog&iacute;an    estas inquietudes. La Sociedad de Estudios Cl&iacute;nicos, presidida por &eacute;l    entre 1920 y 1924, fue la primera sociedad de car&aacute;cter cient&iacute;fico    de la medicina cubana, con sede en el Circulo M&eacute;dico, esta sociedad program&oacute;    y desarroll&oacute; las primeras actividades cient&iacute;ficas en el interior    del pa&iacute;s. Las figuras m&aacute;s destacadas de la medicina acud&iacute;an    a ofrecer conferencias y coloquios a las capitales de provincia. Dichas reuniones    atra&iacute;an a los m&eacute;dicos por la calidad de los expositores y por    la tem&aacute;tica bien seleccionada. Aball&iacute; con su movilidad y dinamismo,    participaba en estas visitas, provocando la oportunidad de pulsar la opini&oacute;n    de los m&eacute;dicos del interior- como ya lo hab&iacute;a hecho con los de    la capital- acerca de la posibilidad de crear una organizaci&oacute;n m&eacute;dica    de car&aacute;cter nacional que tendr&iacute;a por objetivos el desarrollo cient&iacute;fico    de la medicina, modificar y superar la situaci&oacute;n sanitaria del pa&iacute;s    y la defensa de los intereses personales y colectivos de sus miembros.</p>     <p>La labor llevada a cabo por Aball&iacute; fue extraordinaria. Rodeado por los    m&eacute;dicos m&aacute;s activos de la nueva generaci&oacute;n y con la presencia    constante de la figura venerable y respetada de Juan Guiteras constituye el    15 de octubre de 1925 la Federaci&oacute;n M&eacute;dica de Cuba y, nueve d&iacute;as    despu&eacute;s, tiene lugar en el &quot;Teatro Payret&quot;, la Asamblea Magna    de la Federaci&oacute;n con la asistencia de m&aacute;s de 2 000 miembros de    todo el pa&iacute;s. He ah&iacute; la primera reuni&oacute;n masiva de los m&eacute;dicos    cubanos. El Profesor &Aacute;ngel Arturo Aball&iacute; fue elegido Presidente    de la Federaci&oacute;n M&eacute;dica de Cuba.</p>     <p>La constituci&oacute;n de la Federaci&oacute;n M&eacute;dica de Cuba tuvo enorme    resonancia pol&iacute;tica. Fue, evidentemente, un triunfo de los m&eacute;dicos    y un reconocimiento a la visi&oacute;n, voluntad y energ&iacute;a de un hombre    que puso al servicio de la instituci&oacute;n todos los recursos que atesoraba    su extraordinaria personalidad.</p>     <p>A&uacute;n est&aacute; por estudiarse qu&eacute; signific&oacute; la Federaci&oacute;n    M&eacute;dica de Cuba y qu&eacute; valoraci&oacute;n puede darse a su cometido    hist&oacute;rico. Esto es necesario pues la Federaci&oacute;n surge en el mismo    momento en que se inicia el per&iacute;odo m&aacute;s convulso vivido por el    pa&iacute;s desde la guerra de independencia. Paralelamente a su existencia    ocurrieron acontecimientos pol&iacute;tico-sociales que han quedado para siempre    grabados en la historia de Cuba. En todos estuvo presente, en forma m&aacute;s    o menos directa, el Profesor Aball&iacute;. Su posici&oacute;n vertical frente    a la tiran&iacute;a machadista, junto a los mejores intereses de la Universidad    y el pueblo, su participaci&oacute;n en la huelga m&eacute;dica de los Centros    Regionales, sus inflamados art&iacute;culos en &quot;Tribuna M&eacute;dica&quot;,    &oacute;rgano oficial de la federaci&oacute;n, y que fue en definitiva clausurada.    Muchos recuerdan el estupor que caus&oacute; ver a Aball&iacute; presidir el    sepelio de Jos&eacute; El&iacute;as Borges, joven m&eacute;dico comunista asesinado    por la reacci&oacute;n, y rendir la &uacute;ltima guardia de honor, junto al    f&eacute;retro, con el brazo levantado y el pu&ntilde;o cerrado. Al clausurarse    &quot;Tribuna M&eacute;dica&quot;, funda el peri&oacute;dico pol&iacute;tico    &quot;El Cubano Libre&quot; en el cual denunciaba las inmoralidades, corrupciones    y arbitrariedades de las esferas oficiales de Gobierno. El primer editorial,    que titul&oacute; &quot;Todos a bordo&quot; en forma de llamamiento y el &uacute;ltimo,    &quot;Consumatum est&quot; que le gan&oacute; la clausura, expresan su decisi&oacute;n    a participar en la vida nacional m&aacute;s all&aacute; del &aacute;mbito universitario.    No se hicieron esperar la persecuci&oacute;n y el exilio.</p>     <p>Esta etapa, desde 1920 hasta 1940, fue quiz&aacute;s la de m&aacute;s intenso    trabajo en su vida.</p>     <p>Coincidiendo con las actividades referidas, en 1923, al segregarse de la C&aacute;tedra    de Cl&iacute;nica M&eacute;dica la ense&ntilde;anza de la pediatr&iacute;a y    crearse la C&aacute;tedra de Patolog&iacute;a y Cl&iacute;nica Infantiles, en    Aball&iacute; recae el nombramiento de Profesor Titular; en 1924 preside el    VI Congreso M&eacute;dico Nacional; en 1925 preside la Delegaci&oacute;n Cubana    al VII Congreso M&eacute;dico Latinoamericano celebrado en M&eacute;xico; en    1926 es elegido Miembro Numerario de la Academia de Ciencias M&eacute;dicas,    F&iacute;sicas y Naturales en sustituci&oacute;n, por fallecimiento, del Acad&eacute;mico    Profesor Raimundo G. Menocal; en 1927 preside el V Congreso Panamericano del    Ni&ntilde;o celebrado en La Habana; en 1928, a iniciativa suya, surge la Sociedad    Cubana de Pediatr&iacute;a, lo eligen Presidente y organiza la I Jornada Nacional    de Pediatr&iacute;a.</p>     <p>La capacidad de trabajo de este hombre incansable, resulta extraordinaria.    Mantiene la producci&oacute;n cient&iacute;fica e incrementa con su personalidad,    que ya desborda la Isla, las relaciones internacionales de la Pediatr&iacute;a    Cubana.</p>     <p>&Eacute;l, personalmente, disfrut&oacute; de un gran reconocimiento internacional;    fue Miembro Correspondiente Extranjero o Numerario y en muchas ocasiones Miembro    de Honor de casi todas las instituciones pedi&aacute;tricas reconocidas de Europa,    Am&eacute;rica del Norte y Am&eacute;rica Latina.</p>     <p>En 1936, cuando comienzan los esfuerzos para la reapertura de la Universidad,    que ha permanecido clausurada desde 1930 -salvo un lapso de tiempo comprendido    entre finales de 1933 y principios de 1935- y por constituir la Escuela de Medicina    un elemento decisivo en la normalizaci&oacute;n de las actividades, se designa    Decano a Aball&iacute;, posici&oacute;n que ocupa desde 1936 hasta 1938. Lo    reeligen despu&eacute;s y hasta 1940 mantuvo esa autoridad.</p>     <p>La presencia de Aball&iacute; fue decisiva en la reapertura de la Universidad.    Eran momentos muy dif&iacute;ciles y aunque no podemos decir que logr&oacute;    su normal funcionamiento, pues las circunstancia que viv&iacute;a la propia    universidad lo imped&iacute;an, s&iacute; debemos recordar que su valent&iacute;a    y firmeza fueron un cont&eacute;n poderoso a la anarqu&iacute;a que trataron    de introducir grupos malhechores y delincuentes en actitud de atemorizar a distintos    sectores universitarios. Durante este periodo, y a su iniciativa, se construye    la nueva Escuela de Medicina que permite abandonar de una vez el viejo caser&oacute;n    de la calle Belascoa&iacute;n. Durante estos a&ntilde;os, y tambi&eacute;n bajo    su orientaci&oacute;n e impulso, es inaugurado en 1935 el Hospital Municipal    de la Infancia, hoy &quot;Pedro Borr&aacute;s&quot;, del que fue designado Director    T&eacute;cnico, cargo que desempe&ntilde;&oacute; hasta 1944. Entre 1941 y 1944    fue miembro del Consejo Nacional de Tuberculosis.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Ya para esta &eacute;poca el pa&iacute;s contaba con un n&uacute;mero considerable    de pediatras bien preparados. La especialidad era una de las m&aacute;s prestigiosas    tanto en Cuba como en el extranjero, aunque no es necesario se&ntilde;alar aqu&iacute;    como era la organizaci&oacute;n de salud y como se ofrec&iacute;an los servicios    m&eacute;dicos, sobra por sabido.</p>     <p>Conocimos al Profesor Aball&iacute; en 1940 cuando comenzamos a trabajar en    el Hospital Municipal de la Infancia. El respeto y la admiraci&oacute;n que    posteriormente sentimos por &eacute;l creemos que comenz&oacute; desde la primera    vez que lo vimos. Aball&iacute; en esa &eacute;poca era ya un hombre de 60 a&ntilde;os    de edad, de estatura mediana y complexi&oacute;n fuerte, de pecho y hombros    anchos. Llamaba la atenci&oacute;n su cabeza grande, la frente amplia, los ojos    redondos y un poco saltones que miraban vivaces e inquietos, la piel muy blanca    que enrojec&iacute;a f&aacute;cilmente. La voz grave y pausada en la conversaci&oacute;n    personal, se transformaba en r&aacute;pida y de elevado tono en sus discursos    y exposiciones. Las manos expresivas parec&iacute;an ser un complemento de la    voz. Su sola presencia irradiaba energ&iacute;a. Diariamente llegaba muy temprano    al hospital. Su Servicio era la sala C para ni&ntilde;os mayores de 2 a&ntilde;os    de edad. La sala la dirig&iacute;a el doctor Juan Marcos Labourdette.</p>     <p>En el pase de visita las intervenciones del Profesor eran siempre una lecci&oacute;n    sabia y erudita. Por primera vez o&iacute;mos junto a las cuestiones de diagnostico    y tratamiento, el aspecto social de la Pediatr&iacute;a, conceptos integrales    de prevenci&oacute;n y asistencia, la utilidad de la presencia de la madre junto    al ni&ntilde;o y la imposibilidad de hacerlo en aquel hospital. Nos impresionaba    a todos la ternura, el respeto que sent&iacute;a y demostraba a los ni&ntilde;os    ingresados, los di&aacute;logos que establec&iacute;a con ellos. En estas visitas    insist&iacute;a mucho el Profesor en la necesidad de la observaci&oacute;n minuciosa    durante el examen f&iacute;sico, en la importancia del interrogatorio a los    familiares, y al ni&ntilde;o de ser posible, en la valoraci&oacute;n y s&iacute;ntesis    de los signos y s&iacute;ntomas, en las ventajas de la hoja cl&iacute;nica cuidadosamente    elaborada. Recordamos que era la &eacute;poca en que comenzaban a usarse las    sulfas y ya se hablaba de los antibi&oacute;ticos. Alert&oacute; sobre la utilizaci&oacute;n    de las nuevas drogas y cuando a&uacute;n no se expresaban conceptos y no circulaba    el t&eacute;rmino de &quot;iatrogenia&quot;, repet&iacute;a enf&aacute;ticamente    el da&ntilde;o de una terap&eacute;utica incorrecta o abusiva. Sus conversaciones    intercaladas eran coloquios de proped&eacute;utica, patolog&iacute;a cl&iacute;nica    y terap&eacute;utica.</p>     <p>En algunas ocasiones, despu&eacute;s del pase de visita, en un local situado    a la entrada de la sala, el Profesor se sentaba, el grupo permanec&iacute;a    de pie alrededor y comenzaba a hablar sobre temas de medicina o de otra &iacute;ndole.    Ah&iacute; pudimos apreciar la vasta cultura de Aball&iacute;. Charlaba con    profundo conocimiento sobre arte, historia y pol&iacute;tica. Pose&iacute;a    un fino sentido del humor, introduc&iacute;a inesperadamente una frase llena    de hilaridad o de sus labios sal&iacute;a un chiste dicho con gracia y picard&iacute;a.</p>     <p>Cuando abandonaba la sala para dirigirse a la direcci&oacute;n, nunca lo hac&iacute;a    por el elevador, bajaba por la escalera que daba al vest&iacute;bulo del hospital    pues all&iacute; lo esperaban siempre con ansiedad familiares de los ni&ntilde;os    ingresados. La paciencia, la delicadeza, la atenci&oacute;n que prestaba a las    preguntas, y responderlas adecuadamente ocupaban un buen tiempo de su trabajo.    Esta forma de relacionarse con los familiares de los enfermos constituy&oacute;    un modelo de conducta que imitaron los m&eacute;dicos del hospital.</p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><a href="/img/revistas/his/v93/f30293.jpg"><img src="/img/revistas/his/v93/f30293.jpg" width="198" height="257" border="0"></a></p>     
<p align="center">Fig. 4. Dr. Pierre Nob&eacute;court (1871-19&iquest;).    <br>   Eminente pediatra franc&eacute;s, profesor del doctor &Aacute;ngel A. Aball&iacute;.</p>     <p align="left">Los viernes, a las once de la ma&ntilde;ana, se celebraban las    reuniones cient&iacute;ficas del cuerpo m&eacute;dico. Cualesquiera que fueran    los temas tratados, las conclusiones las hac&iacute;a el Profesor. Su sola presencia    mov&iacute;a el inter&eacute;s no s&oacute;lo del personal del hospital sino    adem&aacute;s, de profesionales de otros lugares.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A fines de 1944 cesa en sus funciones de Director T&eacute;cnico del Hospital.    A partir de entonces sus visitas se hicieron menos frecuentes, pero siempre    concurr&iacute;a al Hospital, ofrec&iacute;a algunas conferencias o clases magistrales,    no faltaba a las reuniones de los viernes y continuaba presidiendo los Tribunales    de Ex&aacute;menes. En 1946 le confieren el Diploma de Miembro de Honor de la    Sociedad Cubana de Pediatr&iacute;a y lo designan Presidente de Honor de la    VIII Jornada Nacional. En esta VIII Jornada se reprochaba a s&iacute; mismo    Aball&iacute; por no haber publicado m&aacute;s y por no haber cumplido la promesa    de elaborar un libro de texto para la especialidad. No trat&oacute; de justificarse    pero explic&oacute; los motivos y razones que lo impidieron. No public&oacute;    poco, a nuestro juicio; conocemos m&aacute;s de 45 trabajos suyos y posiblemente    no sean los &uacute;nicos. En cuanto al libro de texto, en dos ocasiones, despu&eacute;s    de tenerlo adelantado, entreg&oacute; los originales a fin de que fueran reproducidos    en forma de conferencias, para que los alumnos dispusieran de material de estudio.</p>     <p>Nos permitimos seleccionar algunos p&aacute;rrafos de discursos pronunciados    por Aball&iacute;, recogidos de diversas publicaciones. Quiz&aacute; ayuden    a comprender a fondo su pensamiento y complementen este trabajo en su esencia,    al reflejar de manera directa la sensibilidad y riqueza espiritual del Profesor.</p>     <p>Copiamos del Tomo 84 de los Anales de la Academia, p&aacute;gina 21. Dec&iacute;a    Aball&iacute;:</p>     <blockquote>        <p>&quot;[...]el siglo que no sin raz&oacute;n deb&iacute;a llamarse el siglo      de los ni&ntilde;os y sin embargo se ve amenazado de demolici&oacute;n por      la falta de concepciones puras, tergiversando la conciencia del hombre actual      que en vez de cantar himnos de amor al pr&oacute;jimo se aferra en estrechos      criterios que s&oacute;lo se explican por el culto que se rinde, desgraciadamente,      a la envidia, a la avaricia, al af&aacute;n de dominar que ha sumido a los      pueblos en las l&uacute;gubres sombras que solo iluminan la luz de los estallidos      de los ca&ntilde;ones [...] haciendo cada d&iacute;a menos posible levantar      la blanca bandera de la paz.&quot;</p>       <p>&quot; Se ha dicho y no sin raz&oacute;n que nada puede cambiar en este mundo      mientras el hambre, la sed de oro y el poder sean los m&oacute;viles principales      de las acciones y que se requiere una innovaci&oacute;n en este estado de      cosas en que nos ha sorprendido en siglo XX&quot;.</p> </blockquote>     <p>En otro p&aacute;rrafo:</p>     <blockquote>       <p>&quot;[...]esta conciencia har&aacute; del cuidado del nacimiento, de las      atenciones higi&eacute;nicas y educativas de nuestros hijos, el pivote del      deber social que permita la aplicaci&oacute;n de leyes, usos y costumbres      que ser&aacute;n el principio de esta liberaci&oacute;n a que aspiramos, para      que de un modo absolutamente arm&oacute;nico veamos puesto en practica todo      eso que se habla y escribe sobre la educaci&oacute;n como el m&aacute;s importante      deber de un pueblo para con sus hijos, ya que tristemente est&aacute;n divorciados      los elementos constitutivos para esa lucha de innovaci&oacute;n, que debiera      aunar a la familia, la escuela y el Estado sin divergencias posibles que impidan      llegar a finalidades tangibles.&quot;</p> </blockquote>     <p>En 1945, en el mes de mayo y en esta misma sala en que nos encontramos hoy,    expresaba el Profesor, no sin ostensible amargura, lo siguiente:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>       <p>&quot;No ser&aacute; mi objeto esta noche el descender a analizar con m&aacute;s      o menos intensidad o caracteres c&iacute;vicos la protesta que en el &aacute;nimo      de todos est&aacute; por la indefensi&oacute;n en que se encuentran nuestros      ni&ntilde;os.&quot;</p> </blockquote>     <p>M&aacute;s adelante:</p>     <blockquote>       <p>&quot;[...]ni siquiera llegamos a saber con certeza cu&aacute;l es el &iacute;ndice      de natalidad, ni de morbi- mortalidad, ni de mortalidad infantil basado en      los hechos de las estad&iacute;sticas exactas de los nacimientos.&quot;</p> </blockquote>     <p>En otro p&aacute;rrafo:</p>     <blockquote>       <p>&quot;No existen suficientes instituciones. Hace apenas aproximadamente 10      a&ntilde;os se cre&oacute; un hospital dedicado a los ni&ntilde;os en el Municipio      de La Habana, insuficiente de un modo f&aacute;cilmente apreciable con una      simple visita a dicho establecimiento, para llenar las necesidades del pueblo      de La Habana y mucho menos las de la Rep&uacute;blica como resulta por la      concurrencia de ni&ntilde;os procedentes de todas las provincias. En la capital      del pa&iacute;s solo existen 60 camas en el Hospital &quot;Mercedes&quot;,      160 en el Municipal de La Habana, 40 o poco m&aacute;s en el &quot;Calixto      Garc&iacute;a.&quot;</p> </blockquote>     <p>Refiri&eacute;ndose despu&eacute;s al interior del pa&iacute;s, a&ntilde;ade:</p>     <blockquote>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&quot;Apenas, a pesar de nuestra lucha, puede decirse que est&eacute;n amparados      en este aspecto los ni&ntilde;os de provincias.&quot;</p> </blockquote>     <p>Y contin&uacute;a:</p>     <blockquote>       <p>&quot;Es a&uacute;n m&aacute;s triste que para aquellos que resulten victoriosos      en ese peligroso per&iacute;odo de la primera infancia, se tenga como futuro      pavoroso la imposibilidad de recibir la ense&ntilde;anza primaria, lo que      se demuestra por los datos de una estad&iacute;stica aproximada de la poblaci&oacute;n      escolar que acusa&quot;.</p> </blockquote>     <p>Y aqu&iacute; se refiere al curso de 1941-1942 cuando exist&iacute;a una poblaci&oacute;n    de 1 008 263 ni&ntilde;os de edad escolar, de los cuales hab&iacute;an matriculados    s&oacute;lo 374 588 y al margen de la escuela 633 675 ni&ntilde;os. De los matriculados    asist&iacute;an a clases, seg&uacute;n los datos, 314 172 elev&aacute;ndose    por tanto la cifra de los que no recib&iacute;an ninguna ense&ntilde;anza a    694 091.</p>     <p>Con angustia clama entonces &Aacute;ngel Arturo Aball&iacute;:</p>     <blockquote>       <p>&quot;[...] por estos hechos, superficialmente se&ntilde;alados, queremos      levantar, una vez m&aacute;s, nuestra voz para que se a&uacute;nen en sus      diferentes actividades nuestros factores sociales, higi&eacute;nicos, jur&iacute;dicos      y pedag&oacute;gicos, para que nuestros ni&ntilde;os gocen de las protecciones      que reclaman[...]&quot;</p> </blockquote>     <p>Seguramente, sinti&oacute; la pena de no haber conseguido, a pesar de su largo    y tenaz combate, los prop&oacute;sitos que lo animaron y quiz&aacute; no comprendi&oacute;    el porqu&eacute; no logr&oacute; lo que no pod&iacute;a lograr.</p>     <p>La protecci&oacute;n y la salud optima de la infancia solo pueden obtenerla    los pueblos despu&eacute;s de su liberaci&oacute;n, de la conquista del poder    pol&iacute;tico, de modificar las relaciones de producci&oacute;n, de disponer    de todas las riquezas naturales, de establecer una distribuci&oacute;n justa    del beneficio social, en resumen, al desaparecer los explotadores, la discriminaci&oacute;n    por cualquier causa y las diferencias de clases. As&iacute; y s&oacute;lo as&iacute;,    pueden ponerse en pr&aacute;ctica programas que de verdad aseguren la protecci&oacute;n,    el desarrollo y la educaci&oacute;n integral de las nuevas generaciones.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Esto no puede impedir que se le reconozcan al Profesor Aball&iacute; muy importantes    logros en su incansable trayectoria vital. Cre&oacute; en nuestro pa&iacute;s    una especialidad m&eacute;dica de extraordinaria importancia, form&oacute; generaciones    de nuevos pediatras, se&ntilde;al&oacute; a los m&eacute;dicos su posici&oacute;n    y sus responsabilidades sociales, ejemplific&oacute; con su vida la honestidad    y el valor de la conducta humana.</p>     <p>Mantuvo el Profesor Aball&iacute; sus actividades hasta el mismo instante de    morir. En la tarde del 22 de julio de 1952, despu&eacute;s de examinar a un    ni&ntilde;o y cuando se dispon&iacute;a a extender la receta, cruz&oacute; los    brazos sobre el escritorio, reclin&oacute; sobre ellos la cabeza y expir&oacute;.    El cad&aacute;ver fue expuesto en la Sala de Actos de la Escuela de Medicina    desde donde parti&oacute; el cortejo. Acompa&ntilde;&oacute; al Profesor Aball&iacute;    hasta su tumba una muchedumbre estremecida de pena.</p>     <p>Pero su desaparici&oacute;n f&iacute;sica no pudo significar la ausencia definitiva    del Profesor. El viejo maestro est&aacute; presente en el grupo de pediatras    que en momentos muy dif&iacute;ciles se hizo cargo de la docencia de la especialidad.    Es imposible ignorar la presencia de Aball&iacute; en nuestro Sistema Nacional    de Salud, en el Programa Materno Infantil, en las 10 000 camas pedi&aacute;tricas    distribuidas en 23 hospitales y 47 Servicios de Neonatolog&iacute;a, en la docencia    de la pediatr&iacute;a impartida actualmente a todo lo largo del pa&iacute;s,    en nuestros recursos humanos calificados que se incrementan de a&ntilde;o en    a&ntilde;o, en la investigaci&oacute;n biom&eacute;dica en desarrollo. Todo    esto nos ha permitido arribar a las m&aacute;s bajas tasas de mortalidad en    Am&eacute;rica Latina, para todos los grupos de edades en la infancia, a la    erradicaci&oacute;n de la poliomielitis, la difteria, el t&eacute;tanos del    reci&eacute;n nacido, el paludismo, y a cifras insignificantes en la tuberculosis    infantil. Cada d&iacute;a avanzamos en la mayor protecci&oacute;n y en la salud    de nuestros ni&ntilde;os.</p>     <p>Es cierto, no pudo el Profesor Aball&iacute; vivir, alcanzar y disfrutar del    triunfo pleno en su decidido combate, pero su vida &uacute;til palpita en estas    hermosas realidades actuales.</p>     <p>Dentro de tres a&ntilde;os, en 1980, se cumplir&aacute; el Centenario del Nacimiento    de &Aacute;ngel Arturo Aball&iacute;. Creemos oportuno se&ntilde;alar, desde    ahora, el deber del Ministerio de Salud P&uacute;blica y su Consejo Cient&iacute;fico,    de la Academia de Ciencias, de las Sociedades Cubanas de Pediatr&iacute;a y    de Historia de la Medicina, del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Salud,    de rendir en esa oportunidad el homenaje merecido. Ser&aacute; una forma de    mantener imborrable su recuerdo e impedir que el decursar del tiempo haga desaparecer,    en las nuevas generaciones, el conocimiento y el ejemplo de una existencia tan    digna y relevante.</p>     <p>Nos sentimos obligados, al concluir esta humilde evocaci&oacute;n, a expresar    nuestra gratitud al doctor Gregorio Delgado, Historiador del Ministerio de Salud    P&uacute;blica, quien nos facilit&oacute; informaciones y documentos; a los    doctores Vicente Banet y Juan Marcos Labourdette, por sus valiosos testimonios,    avalados por una larga amistad con Aball&iacute;; y al doctor Antonio Moreno    Luna, impulsor de este ciclo de conferencias, por habernos seleccionado en esta    ocasi&oacute;n, incit&aacute;ndonos as&iacute; a profundizar en el conocimiento    de la vida del Profesor &Aacute;ngel Arturo Aball&iacute;, Maestro de la Pediatr&iacute;a    Cubana.     <br> </p>     <p> </p>     <p>     <br>   * Conferencia pronunciada en el Museo de Historia de las Ciencias de la Academia    de Ciencias de Cuba el 23 de junio de 1977. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> </p>     <p></p>     <p></p>     <p></p>     <p></p>     <p></p>     <p></p>      ]]></body>
</article>
