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</front><body><![CDATA[  <h2>Los hospitales </h2> <h4>Hospital de San Felipe y Santiago (San Juan de Dios)</h4>     <p>En el a&ntilde;o de 1751 continuaba prestando buenos servicios este hospital    con su modest&iacute;simo presupuesto. En sus pobres salas de San Nicol&aacute;s,    San Sebasti&aacute;n, Santo Cristo, etc. hac&iacute;an los ex&aacute;menes de    grado los facultativos reci&eacute;n graduados ante los miembros del Protomedicato.</p>     <p>En Actas de 1756 se hace constar que &quot;se asigna un sueldo de cincuenta    pesos mensuales al m&eacute;dico del Hospital Real&quot;.    <br>       <br>   Exequias en el Convento, con su iglesia, que le era anexo, en el a&ntilde;o    1759, por la muerte del buen rey Fernando VI.</p>     <p>Las salas del hospital no dieron abasto en 1761 para admitir enfermos con motivo    de la epidemia de fiebre amarilla que se desarroll&oacute; en las numerosas    fuerzas espa&ntilde;olas que llegaron a La Habana para defenderla contra una    amenaza inglesa. Con este motivo dispuso el Cabildo: &quot;Que los enfermos    que no caben en el hospital de San Juan de Dios se alojen en el edificio de    la Factor&iacute;a&quot;. Con motivo de la epidemia se efectu&oacute; una junta    de las Altas Autoridades en el Castillo de La Fuerza para tratar del grave problema    y a ella asisti&oacute; D. Alejandro Fleitas, Prior del convento de San Juan    de Dios. En dicha junta se acord&oacute; &quot;que se diese m&aacute;s ventilaci&oacute;n    al hospital, que se utilicen sus bajos y la sala de cirug&iacute;a y que se    auxilie a la hospitalidad por el extraordinario numero de enfermos que contiene,    que se quemen buingos, etc. y se tomen las casas de Jos&eacute; de la Rosa y    del Escribano para alojar enfermos&quot;.</p>     <p>A principios de 1762 se hab&iacute;a descongestionado el hospital por haber    diminuido mucho la epidemia. Durante el sitio por los ingleses sufri&oacute;    el edificio y los enfermos que carecieron del agua de la Zanja y tuvieron que    utilizar el l&iacute;quido que se hab&iacute;a acumulado en sus aljibes.</p>     <p>En Acta del Cabildo de fecha 17 de marzo de 1763 existe una petici&oacute;n    del Prior del Convento en la que se dice que cuando la toma de la ciudad por    los ingleses &quot;estos expulsaron a los religiosos y a los enfermos del hospital    y tomaron posesi&oacute;n del mismo; que el general ingl&eacute;s rompi&oacute;    un memorial que le dirigi&oacute; el Prior sobre estos abusos&quot;. La hospitalidad    acude al Tte. Gobernador Gonzalo Recio y al Cabildo dado su estado lastimoso    en que se encuentra &quot; pues los ingleses solo les dejaron la casa del cabildo    de negros techado de paja y lo dem&aacute;s fue cercado con guardias que ten&iacute;an    &oacute;rdenes rigurosas destinando un cirujano para el recogimiento de cuanto    correspond&iacute;a al hospital el que impulsado de su veracidad al reconvenirle    de que no arrojase el alimento que se confeccionaba en las calderas que ped&iacute;a    se le entregasen en el acto me descarg&oacute; golpes de palo lastim&aacute;ndome    la cabeza, pero siguiendo con sagacidad he logrado que algunos religiosos continuaran    en el culto divino y que no profanasen la Iglesia. Se prohibi&oacute; el toque    de campana y logr&eacute; con s&uacute;plicas de que no las bajasen. Los ingleses    ocupan el convento y hasta las celdas de los religiosos y estos se amparan en    casas de sus parientes. Gracias a mis esfuerzos he fomentado un nuevo hospital    donde permanecen algunos soldados y marinos de nuestro cat&oacute;lico Rey;    estoy falto de recursos y el edificio en ruinas por las bombas que cayeron en    el convento que hubo necesidad de trasladarlo al de San Francisco&quot;. Evacuada    la ciudad por los brit&aacute;nicos el Prior tom&oacute; parte en las demostraciones    de regocijos que con tal fin se efectuaron.</p>     <p>En el siguiente a&ntilde;o de 1764 la fiebre amarilla volvi&oacute; a azotar    a la tropa y mariner&iacute;a que lleg&oacute; con el Conde de Ricla. La apertura    del nuevo hospital de San Ambrosio en la calle de San Isidro, frente a la plazuela    de ese nombre, alivi&oacute; la situaci&oacute;n del de San Juan de Dios.</p>     <p>En 1766 se trat&oacute; varias veces en Cabildo &quot;sobre la mala situaci&oacute;n    que confronta el hospital de San Juan de Dios y los buenos auxilios que prest&oacute;    en el asedio de la Ciudad&quot;.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Nuevas epidemias ocurridas en el a&ntilde;o 1770 (viruela y disenter&iacute;a)    dieron trabajo a los religiosos; sin embargo, los virulentos fueron trasladados    al recinto de la Factor&iacute;a, en extramuros, con alivio de la hospitalidad.</p>     <p>En los a&ntilde;os sucesivos el gobierno del Marqu&eacute;s de la Torre, que    tanto bien hizo en La Habana, alivi&oacute; un tanto la situaci&oacute;n de    San Juan de Dios.</p>     <p>En actas del a&ntilde;o 1776 se relacionan las diversas entradas con que cuenta    la hospitalidad y la de su mismo nombre en Puerto Pr&iacute;ncipe, Cuba. En    acta del 26 de abril se consigna &quot;que se corte el abuso de admitir en San    Juan de Dios a negros esclavos a costa de sus due&ntilde;os&quot;.</p>     <p>En 1799 y ante el I. A. se hizo la relaci&oacute;n de los buenos servicios    prestados por fray Alejo de Fleites Prior de la hospitalidad de San Juan de    Dios. En este mismo a&ntilde;o se dispuso al nuevo Prior &quot;que haga el desag&uuml;e    de la pila&quot;.    <br> </p>     <p>Nueva epidemia de fiebre amarilla en 1780.</p>     <p>En 1787, siendo administrador D. Tom&aacute;s Cervantes, se mejor&oacute; la    hospitalidad con dos salas nuevas construidas en la calle de La Habana.    <br> </p>     <p>Intervino el Prior en los festejos celebrados en 1784 con motivo de la Jura    del Rey Carlos IV. Por esa fecha ocurrieron algunas epidemias de catarros con    aumento de enfermos en hospitales y casas particulares.</p>     <p>En 1791 figuraba como m&eacute;dico y cirujano mayor fray Agust&iacute;n Hern&aacute;ndez.    Los enfermos ingresados padec&iacute;an generalmente enfermedades cr&oacute;nicas    del pulm&oacute;n y coraz&oacute;n, fiebres, viruela, disenter&iacute;as, etc.    --- En 1797 el promedio de enfermos en el mes fue de 214: entraron en el a&ntilde;o    1897, curaron 1 518 y fallecieron 230.--- en los &uacute;ltimos a&ntilde;os    del siglo fueron frecuentes los brotes de fiebre amarilla y viruela.</p> <h4>Hospital de Convalecientes de Bel&eacute;n</h4>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En Actas del Cabildo de 1757 se discuti&oacute; sobre el ensanche de esta hospitalidad.    Existe un certificado del Dr. Jos&eacute; Melchiades Aparicio haciendo constar    &quot;que desde hace treinta a&ntilde;os existe esta hospitalidad que asiste    a religiosos y a otros enfermos convalecientes en un departamento peque&ntilde;o    sin capacidad para alojar marinos cuando llegan las escuadras&quot;. Pide, se    ampl&iacute;e el edificio &quot;en beneficio de la salud de los enfermos&quot;.    En acta del 15 de diciembre existe otra certificaci&oacute;n de Don Ambrosio    Pujol cirujano de la hospitalidad se&ntilde;alando tambi&eacute;n que &quot;debe    ampliarse para mayor espacio y ventilaci&oacute;n&quot;.</p>     <p>En la Iglesia de la Convalecencia se hicieron exequias en febrero de 1759,    por la muerte de la reina Mar&iacute;a B&aacute;rbara de Portugal. El 23 de    noviembre fray Pedro de San Mat&iacute;as, Pdte. de la hospitalidad &quot;hizo    pedimento al Cabildo sobre servicios de presta a los pobres as&iacute; del paisanaje    como de la tropa&quot;. Exequias por la muerte del rey Fernando VI.</p>     <p>En la epidemia de fiebre amarilla de 1761 se atendieron muchos convalecientes    de &quot;v&oacute;mito negro&quot;.</p>     <p>No hemos encontrado noticias sobre los sufrimientos de la hospitalidad cuando    la toma de La Habana, 1762.</p>     <p>En 1775 solicitaron los padres de esta hospitalidad de Bel&eacute;n autorizaci&oacute;n    para comprar las casas situadas al sur de la misma y para construir un arco    sobre la calle &quot;de una altura de cinco varas para que deje paso franco    a los carruajes de la ciudad&quot; (a&uacute;n existe sobre calle Acosta).</p>     <p>En 1791 figuraba como cirujano de la casa Felipe Herrero. Continuaba prestando    servicios seis a&ntilde;os despu&eacute;s siendo su controlador Don Rafael Jim&eacute;nez.    - En la misma situaci&oacute;n hasta la terminaci&oacute;n del siglo.</p> <h4>Hospital de la Armada (Marinos)</h4>     <p>En el verano de 1761 estall&oacute; una gran epidemia de fiebre amarilla y    no bastando los hospitales de San Juan de Dios y de Bel&eacute;n para atender    a los enfermos, se estableci&oacute; un nuevo Hospital Provisional para militares    de mar y tierra en una casa situada al lado de la Factor&iacute;a del tabaco,    y no bastando esta, se alojaron enfermos en varias casas que se alquilaron con    ese fin. Este Hospital de la Factor&iacute;a, situado al sur de la ciudad y    cerca del Astillero se denomin&oacute; de San Carlos de la Caridad y prest&oacute;    gran servicio en la epidemia del 1761 que caus&oacute; la muerte de tres mil    soldados espa&ntilde;oles y la de muchos jefes del propio ej&eacute;rcito como    la del Dr. Juan Manresa, m&eacute;dico y cirujano mayor de la escuadra. </p>     <p>Asist&iacute;an este hospital de San Carlos el m&eacute;dico principal Dr.    Juan Jos&eacute; &Aacute;lvarez y Franco (segundo protom&eacute;dico y catedr&aacute;tico);    el m&eacute;dico segundo D. Mat&iacute;as Cantos; el primer cirujano de la armada,    D. Francisco Gona; el boticario Juan Vega; un segundo ayudante de botica y tres    cabos de sala. Este hospital se sostuvo hasta la invasi&oacute;n inglesa de    1762 en que se cerr&oacute; y sus enfermos pasaron a Bel&eacute;n y al Convento    de Santa Clara cuyas monjas huyeron cuando el asedio y desampararon a los enfermos.</p>     <p>En 1763 con la llegada de la Armada del Conde de Ricla y de S. Jos&eacute;    de Aguirre, se recrudeci&oacute; de una manera notable la fiebre amarilla y    otras afecciones y fue necesario utilizar de nuevo el Hospicio de San Isidro    y varias casas de alquiler para alojar a tanto enfermo. Terminada la epidemia    continuaron los pacientes de la Armada en San Isidro. En 1766, al crearse la    Comandancia General de Marina, se pens&oacute; unificar el hospital de marinos    con el de la tropa de l&iacute;nea, situado en su proximidad, en la casa de    San Ambrosio, lo que no se efectu&oacute;.</p>     <p>En 1780 se construy&oacute; un Hospital para Marinos en el recinto del Arsenal    con tres salas tituladas de San Vicente, San Rafael y Galibe con cabida para    70 enfermos. Tres a&ntilde;os despu&eacute;s los enfermos de San Isidro pasaron    al Hospital del Arsenal, con excepci&oacute;n de los &quot;ecticos&quot; que    no se trasladaron, y por tanto quedaron en el anticuado hospital de San Isidro    que ten&iacute;a capacidad para 270 enfermos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En 1785 pasaron de nuevo los enfermos del Arsenal a la casa de San Isidro,    para realizar obras en el edificio del Hospital del Arsenal, a donde fueron    devueltos poco despu&eacute;s, siendo atendidos en 1791 por el Lcdo. Antonio    Romero, su ayudante D. Pedro Candara y el primer cirujano de la armada Don Pedro    Puig.</p>     <p>En 1794, cuando la gran epidemia de fiebre amarilla ocurrida en La Habana con    la llegada de miles de marinos de la escuadra de Aristizabal, prestaron ambos    hospitales (Arsenal y San Isidro) muy buenos servicios. La epidemia fue tan    mort&iacute;fera que murieron muchos jefes y oficiales, entre ellos D. Jos&eacute;    Vara de Ulloa, jefe de escuadra. Terminada la epidemia, los Franciscanos ocuparon    los altos del Hospital de San Isidro y continuaron sus reclamaciones de derecho    sobre el edificio. Despu&eacute;s de muchos tr&aacute;mites triunf&oacute; la    congregaci&oacute;n de San Francisco, y el 2 de junio del a&ntilde;o 1799 qued&oacute;    desalojada la casa de enfermos, que pasaron al Hospital del Arsenal, y cuando    no cab&iacute;an en &eacute;ste se enviaban a San Ambrosio (Trayectoria hospitalaria    de la Armada Espa&ntilde;ola, Salvador Clavijo; y Pezuela).</p> <h4>Hospital de San Ambrosio</h4>     <p>En 1688 el excelente obispo Compostela construy&oacute; dos casas en una huerta    de recreo de su propiedad situada al suroeste de la ciudad. En la ubicada m&aacute;s    al norte estableci&oacute; el Colegio de San Francisco de Sales (1688) y el    Seminario de San Ambrosio (1689) para doce ni&ntilde;os que siguieron la carrera    eclesi&aacute;stica con profesores pagados de su propio peculio. En la situada    m&aacute;s al sur fund&oacute; el Hospicio de San Isidro en el que fund&oacute;    el Monasterio de los Carmelitas con su huerta y Ermita.</p>     <p>Poco antes de la guerra con los ingleses en 1762, la casa del norte que hab&iacute;a    pertenecido al obispo Jer&oacute;nimo Vald&eacute;s, a los padres de la Compa&ntilde;&iacute;a    de Jes&uacute;s y a la Catedral, se dedic&oacute; a Cuartel alojando tropas    de dragones, que fueron evacuadas de la casa cuando el sitio. Terminada la guerra    el edificio se mejor&oacute; y ampli&oacute; y en el se estableci&oacute; un    hospital para los soldados que se asist&iacute;an en el Hospital de San Felipe    y Santiago, titul&aacute;ndose de San Ambrosio, en recuerdo del nombre del Seminario    que lo hab&iacute;a ocupado. En 1764 depend&iacute;an de la casa principal del    Hospital de San Ambrosio, diez casitas particulares, situadas en lugares pr&oacute;ximos    (pertenec&iacute;an 2 a los padres belemitas, 1 a Nicol&aacute;s Trebejo, 2    a Jos&eacute; Parre&ntilde;o, 3 a Jos&eacute; Jim&eacute;nez, 1 a Apolonia Oliva    y 1 a Juana Josefa Miranda), por todas se pagaba un alquiler de 131 pesos mensuales;    de ellas cuatro eran de guano y deterioradas.</p>     <p>Los nuevos brotes de fiebre amarilla de final de siglo determinaron la ampliaci&oacute;n    del edificio mayor con dos casitas contiguas que fueron compradas por el intendente    Valiente, gran propulsor de los intereses sanitarios del ej&eacute;rcito. Constaba    de una fachada de 20 varas de frente, con dos cuerpos altos, descansando en    seis arcadas de piedra con techo de azotea. A un lado de la puerta principal    se situaba el cuerpo de guardia y el calabozo, llamado de San Cosme, capacitado    para 80 camas.</p>     <p align="center"><a href="/img/revistas/his/n97/f04his97.jpg"><img src="/img/revistas/his/n97/f04his97.jpg" width="124" height="173" border="0"></a></p>     
<p align="center">Fig. 4. &quot;Tarifa General de Precios de Medicina&quot;. Imp.    Carlos Habr&eacute;. La Habana. 1723. Documento representativo del Real Tribunal    del Protomedicato de La Habana.</p>     <p>M&aacute;s adentro, por la derecha y en la planta baja, estaba una galer&iacute;a    corrida que serv&iacute;a como sala para enfermos; y al lado opuesto, locales    para los m&eacute;dicos y dependientes fijos del hospital. Al fondo del patio    central, estaban las escaleras para las salas altas, y tras ellas se extend&iacute;a    un jard&iacute;n, que lleg&oacute; a convertirse en segundo cuarto; en el, estaban    instalados los locales para ba&ntilde;os, anfiteatro anat&oacute;mico, botica    y otras oficinas. La planta alta quedaba destinada para sala de enfermos (Clavijo).</p>     <p>El hospital, al que se incorpor&oacute; m&aacute;s tarde el de Jes&uacute;s    del Monte y el de la Marina de San Isidro, adquiri&oacute; gran importancia.    En 1790 ten&iacute;a un presupuesto bastante bueno estaba ocupado por un promedio    de 200 enfermos por cama por mes. Su personal facultativo lo constitu&iacute;an    ese a&ntilde;o: M&eacute;dico 1&ordm; Dr. Jos&eacute; Caro; 2&ordm; Dr. Nicol&aacute;s    del Valle; 3&ordm; Dr. Lorenzo Hern&aacute;ndez; practicante mayor D. Francisco    Javier C&aacute;rdenas; cirujano 1&ordm; (el mismo) y 2&ordm; D. Joaqu&iacute;n    Jim&eacute;nez. En 1797 figuraba como contralor D. Bartolom&eacute; P&aacute;rraga:    promedio de enfermos en cama al mes 262; entraron en este a&ntilde;o 1797, 3    500, murieron 86 y curaron 3 458 forzados y esclavos de S. M. en cama 85, entrados    598, muertos 30, curados 563 (&eacute;stos forzados estaban en el Real del Pilar).</p> <h4>Hospital Real del Arsenal</h4>     <p>Fundado despu&eacute;s de mediado de siglo para atender a paisanos y presidiarios.    En 1791 lo dirig&iacute;a el m&eacute;dico Dr. Juli&aacute;n de Ayala y le auxiliaba    el cirujano D. Miguel Su&aacute;rez. M&aacute;s tarde se uni&oacute; a San Ambrosio.</p> <h4>Hospital de San Isidro</h4>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Situado pr&oacute;ximo al Arsenal atend&iacute;a a marinos enfermos. Su n&oacute;mina    de 1791 era la siguiente: Lcdo. Antonio Romero, m&eacute;dico; D. Antonio Candaro,    ayudante, y D. Pedro Puig, primer cirujano de la armada. Se clausur&oacute;    en 1806 y sus enfermos se trasladaron a San Ambrosio.</p> <h4>Hospital de San Carlos</h4>     <p>Para marinos como los del Arsenal y Bel&eacute;n. Seg&uacute;n la Gu&iacute;a    de Forastero los tres estaban controlados por D. Rafael Jim&eacute;nez. Ten&iacute;an    en cama en 1797, 340 enfermos, entrados 321, muertos 196 y curados en el a&ntilde;o    2 814. M&aacute;s tarde pasaron sus enfermos a San Ambrosio.</p> <h4>Hospicio de San Isidro</h4>     <p>Su primitivo terreno fue comprado por el S&iacute;ndico del Monasterio de Santa    Teresa por la cantidad de quinientos pesos en el a&ntilde;o 1708. All&iacute;    vivi&oacute; varios a&ntilde;os el obispo Jer&oacute;nimo Vald&eacute;s quien    lo cedi&oacute; a los Franciscanos. Al principio no fue ocupado por estos y    m&aacute;s tarde s&iacute;, despu&eacute;s de un largo pleito (1730-1745). Durante    la invasi&oacute;n inglesa las autoridades espa&ntilde;olas se refugiaron en    este hospicio. En 1763 los franciscanos cedieron parte del terreno al Conde    de Ricla para hospital de tropa y otra parte para viviendas de los negros esclavos    del Rey (1765) que los contratistas se obligaban a vender a S. M. por su costo,    mil quinientos negros, entreg&aacute;ndolos en La Habana.</p> <h4>Hospital de San Francisco de Paula</h4>     <p>Este hospital para mujeres, como los otros de la ciudad, celebraba tambi&eacute;n    los grandes acontecimientos nacionales como la Jura de los Reyes, nacimientos    de Pr&iacute;ncipes, etc. Guardaba luto y dec&iacute;a misas en las desgracias    e infortunios cubanos y espa&ntilde;oles. Misas y rogativas en casos de intensa    y prolongadas sequ&iacute;as, epidemias y brotes de enfermedades infectocontagiosas,    etc. Sufri&oacute; con los rigores del sitio ingl&eacute;s en el a&ntilde;o    1762 y se celebr&oacute; con regocijo la devoluci&oacute;n de la plaza a Espa&ntilde;a    el siguiente a&ntilde;o.</p>     <p>En 1772 se agregaron al edificio tres salas nuevas. En 1791 lo reg&iacute;a    el m&eacute;dico D. Antonio Alonso (o Romero) auxiliado por el cirujano Lcdo.    Nicol&aacute;s Rodr&iacute;guez. En 1797, promedio de enfermos en cama en el    mes 73, entraron en el a&ntilde;o 346, murieron 128, curaron, 292, se volvi&oacute;    a restaurar este a&ntilde;o con dos salas altas y dos bajas. Ces&oacute; de    visitar el Dr. Jos&eacute; Ortiz. Las Actas del Cabildo tienen muy pocas noticias    relativas a esta hospitalidad.</p> <h4>Hospital de San L&aacute;zaro</h4>     <p>En 1751 se concluy&oacute; casi del todo este hospital con el legado de D.    Diego Marrero. En acta del Cabildo del 7 de mayo de 1753 existe una Real C&eacute;dula    relativa al establecimiento del hospital, de fecha 7 de marzo de 1752, expedida    en El Retiro, Espa&ntilde;a, que se&ntilde;ala:&quot;Que se trace y eval&uacute;e    el valor de la f&aacute;brica, que el Cabildo ofreci&oacute; cuatro mil pesos    para gastos por medio de arbitrios; que se forme una hermandad con religiosos    de la ciudad para que lo administre; que las viviendas est&aacute;n muy deterioradas    y sin rentas; que no se fabrique en su proximidad, etc.&quot; El 14 de noviembre    de 1755 dispuso el Ilustre Ayuntamiento: &quot;Que se ciegue la cueva de Jaganana    inmediata a la hospitalidad de San L&aacute;zaro para evitar que sirva para    excesos ofensivos a Dios&quot;. En acta de 1&ordm; de octubre de 1762, existe    una petici&oacute;n del coronel D. Tom&aacute;s Aguirre, mampostero y administrador,    para hacer nuevas casas para los lazarinos &quot;pues estos se dispersaron cuando    el sitio de la ciudad, fueron quemadas m&aacute;s de cuarenta y una casas y    ocupada la Ermita por las tropas inglesas que a&uacute;n la retienen&quot;.    Se acord&oacute; oficiar a personas que deben al hospital para que paguen.</p>     <p>En 1791 atend&iacute;an la hospitalidad el primer protom&eacute;dico D. Juli&aacute;n    de Oquendo y el cirujano Lucas P&eacute;rez. Recib&iacute;a con relativa frecuencia    la visita de los Hermanos del Rosario. En 1797 entraron 22 enfermos, murieron    23 y quedaron 92. Sus salas se nombraban de San Rafael y de San Francisco de    Borja, &eacute;sta para &quot;&eacute;ticos&quot;. Viv&iacute;a l&aacute;nguidamente    y se sosten&iacute;a con peque&ntilde;as entradas y con limosnas. En las Actas    del Cabildo encontramos pocas noticias sobre este hospital.</p> <h4>Otras instituciones</h4>     <p>En 1778 se establecieron las primeras Casas para Ba&ntilde;os P&uacute;blicos.    El Capit&aacute;n General Tineo empez&oacute; a construir la Casa de Mujeres    Recogidas, la obra se abandon&oacute; pero se continu&oacute; por el Marqu&eacute;s    de la Torre y la inaugur&oacute; el obispo Echevarria en 20 de agosto del 1772;    en 1791 se encontraba en mal estado el edificio. --- En 1792 se empez&oacute;    a edificar la Casa de Maternidad, en San L&aacute;zaro, frente a la Caleta donde    a&uacute;n se encuentra. --- En 1797, en la Casa de los Exp&oacute;sitos, se    alojaban 189 ni&ntilde;os, su capell&aacute;n D. Esteban de Payba; entraron    en el a&ntilde;o 205 ni&ntilde;os y fallecieron 16. Muy pocas noticias en las    Actas del Cabildo sobre esto.</p> <h4>Operaciones quir&uacute;rgicas</h4>     <p>Se efectuaban pocas: las de urgencia en las extremidades, aplicaciones de f&oacute;rceps    y algunas maniobras en los partos, la ces&aacute;rea post mortem, evacuaci&oacute;n    de la ascitis de la vejiga, etc. Parece que el italiano Rivas hac&iacute;a la    de la catarata. Juan D&iacute;az hizo m&aacute;s bien una necropsia para extraer    varios fetos en mayo de 1793.</p> <h4>Bibliograf&iacute;a m&eacute;dica</h4>     <p>En 1794 se public&oacute; un <i>Tratado de Enfermedades Febriles y Materia    M&eacute;dica</i> <i>por P. D. S. M</i>. - En 1795, en Papel Peri&oacute;dico,    art&iacute;culo del Dr. Espaldea sobre &quot;Inoculaci&oacute;n de la Viruela&quot;.    -Francisco Pensisola. &quot;<i>Memoria sobre Cementerios en Extramuros&quot;</i>.<i>    -1796, Miguel Espinosa</i>, &quot;Aguas Minerales en San Diego del Valle&quot;    y Juan Francisco Pach&oacute;n, &quot;Memoria sobre el V&oacute;mito Negro&quot;.    -1797, Dr. Francisco Xavier de C&oacute;rdova, &quot;Memoria con su Discurso    al inaugurar el Curso de Anatom&iacute;a y de Cirug&iacute;a Practica en el    hospital de San Ambrosio&quot;. -Tom&aacute;s Romay, &quot;Memoria sobre la    fiebre amarilla&quot;, Sociedad Patri&oacute;tica. -1799, Tom&aacute;s Romay,    extenso art&iacute;culo sobre &quot;Fiebre Amarilla&quot; en Papel Peri&oacute;dico    del 14 de julio.</p> <h4>Epidemias</h4>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Las m&aacute;s notables en esta segunda mitad del siglo XVIII fueron las siguientes:    A&ntilde;o de 1761, de fiebre amarilla, de mayo a octubre, Habana, murieron    3 000 soldados espa&ntilde;oles. -1762, fiebre amarilla, m&aacute;s en las tropas    inglesas. -1764, fiebre amarilla en las fuerzas llegadas con Ricla. -1765, epidemias    de calentura terciana en Santiago de Cuba. -1770, viruela y disenter&iacute;a,    la primera se perpetu&oacute; en La Habana seg&uacute;n Actas del Cabildo. -1776,    viruela en Santiago de Cuba. -1780, fiebre amarilla. -1782 y 89, dengue, el    bolero o influenza. -1793, con los marinos de Aristizabal se recrudeci&oacute;    la fiebre amarilla que tambi&eacute;n hacia da&ntilde;o en los pueblos del interior    especialmente en Santa Clara donde ocasion&oacute; 600 v&iacute;ctimas. -1800,    mucha viruela en San Juan de los Remedios.</p> <h4>Tratamientos m&eacute;dicos usuales</h4>     <p>En 1791, contra las pulmon&iacute;as y fluxiones catarrales se usaban diafor&eacute;ticos,    b&eacute;quicos emolientes, purgantes suaves, sangr&iacute;as y vejigatorios    en casos graves. En la disenter&iacute;a; antiflog&iacute;sticos, vomitivos,    purgantes ligeros y d&eacute;biles astringentes. En el sarampi&oacute;n intenso:    agua de borrajas y sangr&iacute;a. En ictericia del verano, aperitivos, ruibarbo    y gomas feculentas. En 1794 se empez&oacute; a usar para purificar el aire en    los hospitales grandes vasijas de barro que se colocaban sobre anafes para quemar    sal com&uacute;n reg&aacute;ndola con aceite de vitriolo, los vapores se pasaban    de sala a sala. Se recomendaba en el &quot;v&oacute;mito prieto&quot; suero    de leche y esp&iacute;ritu de nitro unidos al jarabe de borraja en bebida. En    fiebres biliosas y p&uacute;tridas: antiflog&iacute;sticos y quina. Algunos    usaban el m&eacute;todo jamaicano contra la fiebre amarilla: se aislaban a los    atacados usando los asistentes pa&ntilde;uelos mojados en vinagre alcanforado,    sangr&iacute;a en el per&iacute;odo congestivo, pa&ntilde;os empapados en vinagre    dando a beber mucha agua azucarada con vinagre. </p>      ]]></body>
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