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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La medicina en los pueblos del interior de Cuba]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <h2>La medicina en los pueblos del interior de Cuba </h2>     <p>El profundo estudio que hicimos durante quince a&ntilde;os (1914-1929) de la    historia de la medicina en la ciudad de San Juan de los Remedios y cuyos trabajos    fueron publicados en un libro profusamente ilustrado (1930) nos facilita la    redacci&oacute;n de este cap&iacute;tulo. Todo lo ocurrido en esa poblaci&oacute;n    es semejante a lo pasado en las distintas poblaciones cubanas de su categor&iacute;a,    entonces como Villa y Cabecera de una extensa y poco poblada Jurisdicci&oacute;n.    Por tanto todo lo que digamos en las siguientes p&aacute;ginas puede aplicarse    a Santa Clara, Trinidad, Sancti Sp&iacute;ritus y otros pueblos parecidos a    principios del siglo XIX. El medio ambiente era el mismo: clima, educaci&oacute;n,    llegada de facultativos con la misma instrucci&oacute;n y por la misma fecha,    etc.</p>     <p>Cuando empezamos a adquirir datos para escribir la Historia de la Medicina    en San Juan de los Remedios, o simplemente Remedios, como hoy generalmente se    le dice (en el a&ntilde;o 1914) nos dirigimos primeramente a la tradici&oacute;n,    representada entonces por los ancianos D. P&iacute;o de Rojas (viejo pr&aacute;ctico    de botica), D. Jenaro Nuche (farmac&eacute;utico), Rafael de Morales (viejo    flebotomiano nacido en 1825), D. Camilo P&eacute;rez, Emilio Ayala (de gran    ilustraci&oacute;n y feliz memoria), Da. Buenviaje de Rojas, Da. Rita Rodr&iacute;guez,    Da. Pastora de Rojas, Da. Josefa Navarro, etc. Sus noticias solo alcanzaban    hasta principios del siglo XIX y todos aseguraban que hab&iacute;a sido Don    Juan Mart&iacute;n de Rojas el primer m&eacute;dico que ejerci&oacute; en Remedios.</p>     <p>Mis investigaciones posteriores en las Actas del Cabildo, que se inician a    final del siglo XVII, me dieron a conocer que antes que D. Mart&iacute;n hab&iacute;an    ejercido los siguientes facultativos: -1738, un cirujano cuyo nombre no hemos    podido averiguar pero que atend&iacute;a al hospital local de San Juan de Dios    ese a&ntilde;o. -1753, Esteban de Fr&iacute;as y Lazcano y Sim&oacute;n Fontaine    (encontrados en documentos de la iglesia).-1772, Francisco Pl&aacute;cido L&oacute;pez,    cirujano. -1779, Jos&eacute; Alem&aacute;n y Revilla, m&eacute;dico de tropa.    -1784, Antonio Maxes, cirujano. -1790, Rafael Mar&iacute;a Sotomayor, m&eacute;dico.-1792,    Juli&aacute;n de Estatul. -1796, Francisco Mi&#133;, cirujano romancista y 1799,    D. Jos&eacute; Mart&iacute;n de Rojas.--- De estos facultativos solo sabemos    lo siguiente: D. Esteban de Fr&iacute;as cas&oacute; con Da. Mar&iacute;a de    la Caridad Camacho, mujer rica nacida en Sancti Sp&iacute;ritus y due&ntilde;a    de varias haciendas en ambas jurisdicciones de Sancti Sp&iacute;ritus y de Remedios;    Fr&iacute;as ejerci&oacute; en ambos pueblos, atendi&oacute; el hospital de    San Juan de Dios y en sus &uacute;ltimos a&ntilde;os se ocup&oacute; m&aacute;s    de sus tierras que de sus enfermos y falleci&oacute; a fines de siglo.- Fontayne    era franc&eacute;s y tambi&eacute;n cuid&oacute; a los enfermos de dicho hospital    que estaba situado al norte del templo del Santo Cristo de San Juan de los Remedios-    L&oacute;pez, era natural de Sancti Sp&iacute;ritus, su t&iacute;tulo fue expedido    en La Habana por Jos&eacute; Melchiades de Aparicio y Juli&aacute;n de Ayala,    protom&eacute;dicos, en 1772 Alem&aacute;n era m&eacute;dico de la tropa veterana,    ejerci&oacute; 16 a&ntilde;os en La Habana de donde pas&oacute; a Puerto Pr&iacute;ncipe    y de all&iacute; a Remedios.- Maxe, naci&oacute; en Poytou, Francia, se le despach&oacute;    t&iacute;tulo en La Habana en 1774, en esa fecha &quot;ten&iacute;a cincuenta    a&ntilde;os, bajo de cuerpo, ojos y pelo rubio, nariz gruesa redonda y cerrado    de barba&quot; seg&uacute;n el expediente de su examen.- De Sotomayor nada sabemos,    lo mismo que de Estatul.- Francisco Mi--- era hijo de Sancti Sp&iacute;ritus,    con t&iacute;tulo expedido en La Habana por los protom&eacute;dicos Dres. Mat&iacute;as    Cantos y Nicol&aacute;s del Valle.- Sigui&oacute;les el remediano D. Juan Mart&iacute;n    de Rojas, el cubano D. Jos&eacute; Le&oacute;n Vald&eacute;s, el ingl&eacute;s    D. Manuel Otis Hall y el dominicano D. Ram&oacute;n Reyes de Castro.</p> <h4>Ambiente en que se desenvolv&iacute;an estos hombres</h4>     <p>Al empezar el siglo XIX contaba Remedios y su Jurisdicci&oacute;n con una Villa    (Remedios), una Aldea (Guaracabulla) y dos Caser&iacute;os (Mayajigua y Taguayab&oacute;n).    Su poblaci&oacute;n total era de unas 10 000 almas de las cuales la tercera    parte resid&iacute;a en la villa y el resto en los caser&iacute;os y haciendas.    La introducci&oacute;n de gran n&uacute;mero de esclavos y la llegada de colonos    de la isla de Sto. Domingo contribuy&oacute; al fomento de los campos que estaban    despoblados. El cuadro era triste por los azotes de la viruela y de la pirater&iacute;a    en la costa.</p>     <p>El Cabildo resid&iacute;a en Remedios en una casa de guano, como eran casi    todas las de la villa y reg&iacute;a toda la extensa jurisdicci&oacute;n. Estaba    compuesto por regidores perpetuos y electivos. Exist&iacute;an adem&aacute;s    los Alcaldes Mayores que no formaban parte del Ayuntamiento, sino que serv&iacute;an    para la justicia ordinaria. El Alf&eacute;rez Real era un &quot;regidor con    vara&quot;, el primero en autoridad despu&eacute;s de los Alcaldes, y en los    grandes acontecimientos llevaba el estandarte o pend&oacute;n real de Castilla.    El Alguacil Mayor era el verdadero jefe de polic&iacute;a gubernativo del que    depend&iacute;a la C&aacute;rcel y el Alcaide de la misma. Este sistema perdur&oacute;    por muchos a&ntilde;os.</p>     <p>El poder de los Alcaldes era extraordinario y sus Bandos, disposiciones, ordenanzas    y decretos se daban a conocer por medio de preg&oacute;n, a tambor batiente    y campana ta&ntilde;ida, por la terrosas y rojizas calles remedianas. El Capit&aacute;n    de Partido era la suprema autoridad en los barrios de campo. Todos los d&iacute;as    primeros de a&ntilde;o se nombraban nuevos Alcaldes, de primera y segunda elecci&oacute;n,    y estos despu&eacute;s que tomaban posesi&oacute;n y celebraban un animado baile,    llamado de los alcaldes, lanzaban en la primera quincena del a&ntilde;o, el    bando pregonado, en el que dictaban las disposiciones a cumplir por el vecindario.</p>     <p>Entre los Alcaldes dignos de ser citados por su energ&iacute;a, providad y    car&aacute;cter citaremos a los remedianos de pura cepa D. Joaqu&iacute;n Ma.    Vigil, D. Pedro Antonio de Loyola, D. Miguel P&eacute;rez Ruiz, D. Alejo P&eacute;rez    de Alejo y D. Pelayo Vigil y P&eacute;rez. Don Joaqu&iacute;n Mar&iacute;a Vigil    hac&iacute;a rondas nocturnas acompa&ntilde;ado de un mulato esclavo llamado    Jos&eacute;, que llevaba una cuarta de cuero para castigar a los desobedientes.    Cuando alg&uacute;n esclavo era encontrado por D. Joaqu&iacute;n o alg&uacute;n    otro esclavo que se hu&iacute;a de casa del amo, se le mandaba a parar y se    le reconoc&iacute;a, despu&eacute;s dec&iacute;a el Alcalde al acompa&ntilde;ante,    &quot;desp&aacute;chale Jos&eacute;&quot; y el despacho era una mano de cuartazos    que tocaba a juicio. Excusado es decir que el Bando se cumpl&iacute;a por todos    porque alguna vez Jos&eacute; se equivoc&oacute; y peg&oacute; a libres, esclavos    y hasta a blancos.</p>     <p>El otro Alcalde D. Pedro Antonio de Loyola, ten&iacute;a en el fondo de su    casa, y en un cuarto reservado, un cepo hecho de madera y hierro, Cuando ven&iacute;an    dos vecinos litigantes a exponerles sus quejas y agravios, los o&iacute;a con    calma trataba despu&eacute;s de reconciliarlos amistosamente y cuando ve&iacute;a    que su trabajo era in&uacute;til y que no pod&iacute;a avenirlos , entonces    les met&iacute;a a los dos en el mismo cepo y los dejaba as&iacute; cierto n&uacute;mero    de horas . Al cabo de ellas volv&iacute;a y preguntaba si ya eran amigos y estaban    arreglados, si le contestaban s&iacute;, los soltaba y todo era concluido. Si    persist&iacute;an en su oposici&oacute;n, entonces les dejaba all&iacute; hasta    que ellos mismo s les suplicaban que le dieran libertad, porque no quer&iacute;an    m&aacute;s pleitos. Con este procedimiento se arreglaban sin necesidad de abogados.</p>     <p>El Alcalde D. Alejo P&eacute;rez de Alejo, se hizo notable por la energ&iacute;a    de su car&aacute;cter y el valor que desplegaba en todos sus momentos. El pueblo    le tem&iacute;a y acataba sus preceptos sumisamente. Solo se le insubordin&oacute;    una noche su hijo m&aacute;s querido, Joaqu&iacute;n, que era muy libre en todas    sus cosas y no respetaba nada ni a nadie. Se sali&oacute; de su casa una noche    ya tarde, y se fue a un baile que daban ciertas personas &quot;non santas&quot;,    con mucho esc&aacute;ndalo y alboroto. El padre lo supo, salt&oacute; de la    cama y se fue a la casa opuesta, frente al &quot;guateque&quot; y le mand&oacute;    un recado al hijo para que se le acercase; este no le hizo caso; volvi&oacute;    a llamarlo y tampoco. A la tercera vez acudi&oacute; el hijo Joaqu&iacute;n    descompuesto e iracundo a donde estaba el padre y le dijo lleno de ira, &quot;Si    no fuese Ud. mi padre, nos ver&iacute;amos&quot;. O&iacute;r esto D. Alejo,    sacar el espad&iacute;n, y caerle a planazos al hijo y dejarlo tendido a golpes,    fue obra de un segundo. Con la misma y ya encolerizado, se fue a la puerta del    baile y a este quiero y a este no quiero, no dej&oacute; t&iacute;tere con cabeza    que no recibiera golpes y el baile se acab&oacute; en el acto, siendo el desparramo    horroroso.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El Alcalde D. Miguel P&eacute;rez y Ruiz, dispuso en uno de sus bandos, que    ning&uacute;n hombre, al entrar en la Villa, pudiera hacerlo con la camisa faldifuera,    sino que ten&iacute;a que meterse los faldones dentro del pantal&oacute;n. Entonces    los calzones que se usaban no era como los de hoy, sino de tapa y media tapa,    o sea &quot;verigero&quot;. Calculen ustedes el compromiso en que se ver&iacute;an    los pobres guajiros cuando les obligaban a desmontarse a la orilla del pueblo,    por ser domingo, y despu&eacute;s, a que se metiesen los faldones de la camisa,    mucho m&aacute;s si se tiene en cuenta que la generalidad no usaban calzoncillos,    y que muchas veces ven&iacute;an mujeres en la comitiva, que pod&iacute;an ver    toda la operaci&oacute;n. Sin embargo, este bando tambi&eacute;n se cumpl&iacute;a.</p>     <p>Los hombres adinerados se dedicaban a atender a sus haciendas de campo y dedicaban    a sus hijos al mismo trabajo o los enviaban a La Habana a estudiar la carrera    eclesi&aacute;stica o la de las armas que gozaban m&aacute;s reputaci&oacute;n    que la de medicina o farmacia. Los pobres en su faena de campo. Las mujeres    se dedicaban a las labores propias de su sexo y algunas tej&iacute;an sombreros    de paja, etc. El almuerzo se hac&iacute;a a las ocho de la ma&ntilde;ana, se    com&iacute;a a las doce, se dorm&iacute;a la siesta hasta las tres en hamacas,    camas con bastidor de lona o en catres; a las tres se tomaba un poco de caf&eacute;.    Por la noche tomaban chocolate, pan y se acostaban muy temprano, se alumbraban    con velas hechas en la localidad y se levantaban al amanecer. Cuando tocaban    las tres iglesias, la oraci&oacute;n se rezaba en todas las casas y los que    iban por las calles se descubr&iacute;an en se&ntilde;al de respeto. Despu&eacute;s    se sentaban en las aceras, portales o colgadizos de las casas, especialmente    en el verano, para tomar el fresco y conversar.</p>     <p>En el campo se levantaban m&aacute;s temprano a&uacute;n y tomaban un poco    de chocolate y caf&eacute;. A las ocho, carne de puerco, pl&aacute;tanos fritos,    chocolate de ma&iacute;z (ma&iacute;z tostado con az&uacute;car y canela). A    las doce com&iacute;an ajiaco y arroz y por la noche chocolate y pan. Los hombres    dorm&iacute;an en hamacas y las mujeres en catres o camas de cuero. Esta &uacute;ltima    costumbre era a&uacute;n corriente en las familias acomodadas del pueblo.</p>     <p>Los d&iacute;as de Semana Santa se llenaba &quot;El Pueblo&quot; (nombre que    daban antiguamente a Remedios por ser la &uacute;nica poblaci&oacute;n de cierta    importancia que hab&iacute;a en la extensa jurisdicci&oacute;n) de gente de    campo, y lo mismo pasaba los d&iacute;as de San Juan, San Pablo, Santa Ana y    en Navidades. Las procesiones eran muy concurridas, especialmente la del Viernes    de Cuaresma, recorr&iacute;a la calle de Amargura (hoy Alejandro del R&iacute;o)    y se rezaba en las estaciones. El pueblo era religioso y humilde. En la procesi&oacute;n    del <i>Corpus</i> sal&iacute;an los &quot;diablitos&quot;, negros con trajes    de colores y campanillas.</p>     <p>Tambi&eacute;n se efectuaban con lucidez las Misas de Aguinaldos, la del &quot;gallo&quot;,    etc. En las fiestas se rifaban pomos con agua de Colonia, de aceite de jazm&iacute;n,    pomada de rosas, pa&ntilde;uelos de ol&aacute;n, cortes de vestido de tafet&aacute;n,    gargantillos, juego de p&eacute;nola, etc. Se hac&iacute;an &quot;nacimientos&quot;    y se celebraban &quot;altares de cruz&quot;. Eran frecuentes las corridas de    ca&ntilde;as y de &quot;patos&quot; en la calle de Jes&uacute;s del Monte, (hoy    Zayas) que es la m&aacute;s recta de la poblaci&oacute;n.</p>     <p>Eran frecuentes los ciclones devastadores, las grandes sequ&iacute;as, los    incendios (por ser casi todas las casa de guano, paja o manaca con algunas de    embarrado) y las &quot;pestes&quot;, especialmente la viruela, pues la fiebre    amarilla se empez&oacute; a presentar con m&aacute;s frecuencia a partir de    1880 en que aument&oacute; la inmigraci&oacute;n espa&ntilde;ola de asturianos    y catalanes, &quot;tenderos&quot; en su mayor parte. Para colmo de desdichas    de esos tiempos ocurri&oacute; un gran incendio (el &quot;fuego grande&quot;    de los ancianos) en 1819 que destruy&oacute; la tercera parte de las casas de    la villa.</p>     <p>La falta de botica era otra dificultad. Los facultativos, escasos, preparaban    sus mismos remedios, bien con alg&uacute;n producto de la vieja farmacopea que    guardaban en su propio domicilio, o con plantas que abundaban en los campos.    En estos abundaban los curanderos que empleaban ampliamente el herbolario local    en sus enfermos, y algunos de ellos ten&iacute;an cierta pr&aacute;ctica en    el masaje que usaban en esguinces y otras dolencias externas.</p>     <p>Estos curanderos y herbolarios empleaban -tambi&eacute;n algunos facultativos,    para hacer algo, ya que carec&iacute;an de remedios farmac&eacute;uticos- los    siguientes remedios: abey, en afecciones ven&eacute;reas. La algaria contra    &quot;el aire&quot;, &quot;el pasmo&quot; y el &quot;reuma&quot;. Anoncillo    o mamoncillo, para catarros. Bejuco ubi, en catarros y gripe. Ca&ntilde;a de    la tierra contra el mal de az&uacute;car (diabetes). Ca&ntilde;a f&iacute;stula    en catarros. Ca&ntilde;uela, contra las contracturas musculares. Clavellina,    en cocimientos, contra los hemorroides. Colonia &quot; en dificultades del coraz&oacute;n&quot;.    Croato contra el &quot;fruncimiento&quot; infantil (t&eacute;tanos o atrepsia).    Cuajan&iacute;, catarros. Doradilla en &quot;males del h&iacute;gado&quot;.    Esclaviosa, cocimiento, en lavados vaginales. Garro blanco, como sudor&iacute;fico    en las fiebres. Gib&aacute;, para &quot;fortalecer la sangre&quot;. Guaco, diarreas    (se us&oacute; despu&eacute;s con aguardiente en el c&oacute;lera). Guajaca,    las &quot;peluqueras&quot;, en catarros. Hinojo, contra la &quot;ventosidad&quot;,    lo mismo que el malambo. Mastuerzo, con huevo de gallina mojado o pasado por    agua para aplicaciones locales en la hernia estrangulada. Maguey, en infusi&oacute;n,    contra herpes y urticarias. Muralla contra el flujo blanco vaginal. Nabaco en    diarreas infantiles. Ortiga blanca &quot; para purificar los pulmones&quot;.</p>     <p>Siguen los remedios: Pengr&uacute;, contra el escorbuto y males de las enc&iacute;as.    Placentaria, para expulsar la placenta retenida despu&eacute;s del parto. Polipor,    en catarros y &quot;ahogos&quot; o asma. Rabo de zorra, para la irritaci&oacute;n    de la orina. S&aacute;bila y cedro, con aguardiente en catarros. Sabic&uacute;,    para &quot;ba&ntilde;os de fortaleza&quot;, &quot;pujos&quot; y disenter&iacute;a.    Sandoval en las fiebres. Sof&aacute; contra los dolores de ovarios. T&aacute;bano    en la &quot;hidropes&iacute;a&quot;. Tabaquillo con aguardiente en reuma. T&uacute;a    t&uacute;a, como purgante y &quot;vomipurgante&quot;. Vainilla contra la alopecia.    Bejuco macho, y lombriz, en verminosis infantil. Verbena cimarrona contra la    ictericia. Yamagua para contener la hemorragia. Yerba mora en caso de eczema.    Con la sirvana, comino, canela y aguardiente hac&iacute;an el &quot;Beibeso&quot;    que usaban en la &quot;fiebre del parto&quot;. Aplicaciones de &quot;reda&ntilde;os&quot;    de animales para calmar inflamaciones y dolores de vientre. Curieles y palomas    &quot;abiertas&quot; para aplicar en el vientre en la tifoidea. Tunas en inflamaciones    de vientre y pecho, al exterior. Aplicaciones de &quot;aceite de alacr&aacute;n    y cucarachas&quot; en retenci&oacute;n de orina. Aceite de palo para la cura    del cord&oacute;n umbilical. Tela de ara&ntilde;a para resta&ntilde;ar la sangre    en peque&ntilde;as heridas. Ingesti&oacute;n de &quot;balines de azogue&quot;    en hernias estranguladas y obstrucciones intestinales. Polvos de coraz&oacute;n    de aura de cabeza blanca para el asma. Cocimiento de &quot;nidal de paloma&quot;    en neumon&iacute;a infantil. Sangre fresca de vaca en bebidas y &quot;vaho&quot;    del mismo animal estabulado, contra la tuberculosis, etc.    <br> </p> <h4>Sus conocimientos m&eacute;dicos y quir&uacute;rgicos </h4>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Si la medicina se encontraba muy atrasada en La Habana &iquest;C&oacute;mo    ser&iacute;a el estado de las mismas en los pobres pueblos del interior, sin    comunicaciones, sin boticas, analfabetos y sin recursos de ninguna clase?</p>     <p>Rojas, Vald&eacute;s y Reyes, imbuidos en las ideas de fines de siglo XVIII    que reinaban en la Universidad de La Habana, ten&iacute;an conocimientos primitivos    de anatom&iacute;a, fisiolog&iacute;a y patolog&iacute;a. Cre&iacute;an, como    les hab&iacute;an ense&ntilde;ado, que los principios constituitivos de los    seres vivos estaban formados por los cuatro elementos tradicionales. Que el    h&iacute;gado era la fuente &quot;de la sangrificaci&oacute;n y segregaci&oacute;n    de los tres humores primarios&quot;. No existiendo en su &eacute;poca c&aacute;tedras    de Cl&iacute;nica tuvieron que estar al lado de alg&uacute;n m&eacute;dico pr&aacute;ctico    antes de pasar sus ex&aacute;menes del Protomedicato. Conoc&iacute;an los aforismos    hipocr&aacute;ticos y algunos de Boherhaave y estaban imbuidos en las viejas    ideas de L&oacute;pez, Piquer, Golter y L&aacute;zaro Riverio de tiempo anteriores.-    Manuel Otis Hall, nacido y educado en Londres, ten&iacute;a superior cultura    y era m&aacute;s progresista. Como buen ingl&eacute;s era partidario de las    ideas de Brown, sobre la irritabilidad, y en tal concepto entend&iacute;a que    la vida depend&iacute;a de un est&iacute;mulo, que cuando este era demasiado    intenso produc&iacute;a enfermedades est&eacute;nicas y por el contrario, cuando    era flojo causaba afecciones ast&eacute;nicas. Con estas ideas recomendaba en    estas &uacute;ltimas enfermedades los t&oacute;nicos (hidropes&iacute;a, gota,    pestes, etc.) y los deprimentes en las est&eacute;nicas, como neumon&iacute;as,    viruela, catarros, etc. Este criterio le facilitaba la aplicaci&oacute;n de    su pobre terap&eacute;utica.</p>     <p>En general, todos ellos, empleaban una medicina emp&iacute;rica. Usaban diafor&eacute;ticos,    b&eacute;quicos, ipeca, quina, mercurio, opio, ruibarbo, sanguijuelas, ventosas,    vejigatorios y muchas y peque&ntilde;as sangr&iacute;as con el escarificador    o el escalpelo. Cuando carec&iacute;an de este peque&ntilde;o arsenal ten&iacute;an    que acudir a los pueblos m&aacute;s cercanos, especialmente Santa Clara por    ser el m&aacute;s pr&oacute;ximo y bastante m&aacute;s progresista que Remedios.    Cuando carec&iacute;an de dichos medicamentos ten&iacute;an que acudir a la    bot&aacute;nica local, tan rica y variada, para hacer algo en pro de la salud    o de la imaginaci&oacute;n del enfermo.</p>     <p>En cuanto al estado de la Cirug&iacute;a en manos de estos primeros facultativos    nos da idea esta noticia tomada en un acta del Cabildo Remediano del a&ntilde;o    1809: Dice el s&iacute;ndico Maneg&iacute;a: &quot;Ha llegado a esta Villa un    individuo ingl&eacute;s, de Providencia, que exerce con el mejor acierto la    facultades de M&eacute;dico y Cirujano que en el d&iacute;a m&aacute;s que nunca    se necesita de semejante auxilio por esto que no hay una persona que desempe&ntilde;e    la segunda de dichas facultades, como es notorio, en t&eacute;rminos de no haber    qui&eacute;n pueda practicar la menor operaci&oacute;n chir&uacute;rgica&quot;.    Discutida la proposici&oacute;n del S&iacute;ndico del Ayuntamiento, se acord&oacute;:    &quot;Pedir permiso al Capit&aacute;n General para que pueda ejercer dicho individuo    que es de naci&oacute;n amiga y aliada&quot;. Las actas no dan m&aacute;s noticias    sobre este asunto.- Nos manifest&oacute; Da. Pastora de Rojas, que hab&iacute;a    conocido a estos facultativos: Que el Doctor Hall, con auxilio de una lupa que    pose&iacute;a (la &uacute;nica existente en la villa), pudo ver y extraer la    ponzo&ntilde;a de una abeja enterrada en la lengua de un ni&ntilde;o, con asombro    general, la que no acertaron ver sus otros compa&ntilde;eros a quienes antes    hab&iacute;an consultado. Que el Dr. Ram&oacute;n Reyes y Castro, dominicano,    &quot;le oper&oacute; con rapidez y seguridad una apostema que ten&iacute;a    en un pecho&quot;, intervenci&oacute;n que no se atrevieron a realizar ni Rojas,    ni Le&oacute;n, ni Hall, y que por este motivo adquiri&oacute; Reyes fama de    &quot;buen cirujano&quot;.</p> <h4>Sus biograf&iacute;as</h4>     <p>Don Jos&eacute; Le&oacute;n Vald&eacute;s lleg&oacute; a Remedios en los primeros    a&ntilde;os del siglo XIX, fue el gran vacunador y por eso le llamamos &quot;El    Romay de Remedios&quot;. Con su trabajo adquiri&oacute; propiedades y lleg&oacute;    a ser un prominente vecino y a ocupar cargos en el Cabildo como el de S&iacute;ndico.    Sus noticias se nos escapan a partir de 1837.</p>     <p>Don Manuel Otis Hall y Newton, naci&oacute; en Londres en 1776 y muri&oacute;    en Remedios en 1836. Fue conocido con el nombre de &quot;El m&eacute;dico ingl&eacute;s&quot;.    Hizo su rev&aacute;lida en La Habana en 1818. Antes hab&iacute;a vivido en Remedios    desde 1812. En 1828 era Fiscal del Protomedicato local, sucedi&eacute;ndole    D. Mart&iacute;n de Rojas. En febrero del 1830 fue nombrado fiscal 2&ordm;.    El Ayuntamiento le di?o un atestado favorable de conducta en 11 de marzo de    1832, haciendo constar en el mismo, que sirvi&oacute; gratuitamente en el hospital    de caridad y que hizo &quot;curas milagrosas&quot;. Fue vacunador. Prest&oacute;    excelentes servicios en la epidemia de c&oacute;lera del a&ntilde;o 1833. En    cuyo tiempo dirig&iacute;a el lazareto que se estableci&oacute; en&quot; Cayo    Conuco&quot;, Caibari&eacute;n. Este primer m&eacute;dico ingl&eacute;s que    se afianz&oacute; en Remedios hac&iacute;a largas excursiones a caballo por    los partidos de Yaguajay, Mayajigua y adquiri&oacute; nombrad&iacute;a por haber    curado con las aguas termales de este &uacute;ltimo lugar &quot;las dolencias    y dolamas&quot; del querido padre Manuel Antonio Balmaceda, vicario de la Iglesia    San Juan o Mayor. Sus excursiones llegaban hasta el casi centro de la provincia    de Puerto Pr&iacute;ncipe (Camag&uuml;ey) por la falta de m&eacute;dicos en    tan extenso territorio. Hall fue el primero que emple&oacute; en sus visitas    pueblerinas el quitr&iacute;n, introdujo la primera m&aacute;quina el&eacute;ctrica    y el piano que alegraba su domicilio en la calle de Amargura esquina a San Jacinto    (Gonzalo de Quesada) . Cas&oacute; en Remedios con Da. Susana Pineau, hija de    franc&eacute;s, con la que tuvo cuatro hijos. Su partida de defunci&oacute;n    la encontramos en la Iglesia en 1933 y en ella se hace constar que era hijo    de Juan y de Isabel Newton y que muri&oacute; de 60 a&ntilde;os el 15 de abril    de 1836.</p>     <p>El Bachiller D. Ram&oacute;n Reyes de Castro naci&oacute; en 1796 en la vecina    isla de Santo Domingo y lleg&oacute; a Remedios en 1820. Seg&uacute;n las Actas    del Cabildo, el 1&ordm; de enero de 1828, se le dio un comprobante de buen comportamiento    &quot;desde su llegada a esta hace ocho a&ntilde;os&quot;. Sucedi&oacute; a    Jos&eacute; Le&oacute;n Vald&eacute;s como vacunador, cargo que desempe&ntilde;aba    en 1830, siendo adem&aacute;s facultativo del hospital y reconocedor de barcos    en el puerto. Por esa fecha se hace se&ntilde;alar en un acta del Ayuntamiento:    &quot; Que es muy pobre pero est&aacute; muy bien considerado y luch&oacute;    mucho y con muy buen resultado en la epidemia de dengue que hubo en 1827&quot;.    En Cabildo de 29 de agosto de 1838, present&oacute; su t&iacute;tulo de cirujano    latino, legalizado por el fiscal local D. Mart&iacute;n de Rojas y conferido    por el Real Protomedicato de La Habana. En dicho documento se hace constar:    &quot;Don Ram&oacute;n Castro, natural de Santiago de los Caballeros en la isla    de Santo Domingo, de 5 pies y 3 pulgadas de altura, de ojos pardos, nariz afilada,    varias pecas en el rostro, pelo y cejas casta&ntilde;o oscuro, cicatriz de dos    pulgadas sobre el estern&oacute;n, casado, de treinta y cuatro. Cat&oacute;lico    Apost&oacute;lico Romano, practic&oacute; la Cirug&iacute;a Latina. Limpios    de sangre, de buena vida, respondi&oacute; bien por dos horas a las preguntas    que se le hicieron, etc&quot;. Su t&iacute;tulo fue expedido en La Habana a    doce de junio de 1830 y firmado por los Dres. Lorenzo Hern&aacute;ndez y Jos&eacute;    Antonio Bernal Mu&ntilde;oz.</p>     <p align="center"><a href="/img/revistas/his/n97/f09his97.jpg"><img src="/img/revistas/his/n97/f09his97.jpg" width="133" height="162" border="0"></a></p>     
<p align="center">Fig. 9. Dr. &Aacute;ngel J. Cowley Alvirdes (1797-1859).</p>     <p>El 28 de mayo de 1830 present&oacute; una exposici&oacute;n al ayuntamiento    en la que se hace constar &quot;Que hace a&ntilde;os que ejerce en esta Villa    la facultad de Medicina y Cirug&iacute;a&quot;, que la epidemia de 1827 (gripe)    gravit&oacute; sobre &eacute;l sin haber obtenido ning&uacute;n producto, que    trabaj&oacute; mucho en ella y se murieron pocos de sus enfermos; que es uno    de los hombres m&aacute;s pobres de la poblaci&oacute;n despu&eacute;s de los    once a&ntilde;os de ejercicio de su facultad, de asistencia a los pobres, de    ser Secretario de la Junta Subalterna de Vacuna, encargado de las visitas de    sanidad a los buques que entran de traves&iacute;a en el puerto, siendo de su    cargo curar en el hospital p&uacute;blico de caridad, que en su larga mansi&oacute;n    en esta Villa en la que se ha casado y establecido no ha sido nunca acusado    de nada ni por nadie, etc.&quot;. Con estos datos pide a la Corporaci&oacute;n    se le remita atestado sobre su conducta. El Ayuntamiento le remiti&oacute; un    certificado en el que hace constar &quot;que es cierto todo lo expresado por    Reyes, que ha hecho prodigiosas curas, que luch&oacute; mucho en la epidemia    del a&ntilde;o 1827 con muy pocas muertes, afirmando sobre su desinter&eacute;s,    buena conducta, etc.&quot;.--- En 1833 prest&oacute; buenos servicios en los    casos de c&oacute;lera que llegaron a la jurisdicci&oacute;n. En 1837 continuaba    de cirujano de marina. En 1845 viv&iacute;a en la calle de San Jacinto (hoy    Gonzalo de Quesada) y form&oacute; parte de la Diputaci&oacute;n Patri&oacute;tica    local a partir de 1847. Nos manifest&oacute; su clienta Da. Pastora de Rojas    que Reyes conoc&iacute;a m&aacute;s cirug&iacute;a que Rojas, que era muy cuidadoso    con sus enfermos a los que exig&iacute;a mucha limpieza y cuidaba que tuviesen    muy aseada la habitaci&oacute;n donde se alojaban. Contrastaba con D. Mart&iacute;n    en la manera de vestir, mientras &eacute;ste era descuidado en su indumentaria,    el dominicano andaba muy limpio y bien portado. Usaba mucho las ventosas, fijas,    corridas y a veces hac&iacute;a peque&ntilde;as sangr&iacute;as con el escarificador.    Atend&iacute;a con cuidado a los pobres del hospital y era asiduo concurrente    a la tertulia que se form&oacute; cuando Vieta estableci&oacute; la primera    farmacia poco antes de 1830.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Reyes contrajo matrimonio con Da. Ana Mar&iacute;a Hern&aacute;ndez con la    que no tuvo hijos. Vivi&oacute; tambi&eacute;n en una casa de guano o manacas    que existi&oacute; en la calle de Jes&uacute;s Nazareno (Antonio Maceo), esquina    a San Francisco Javier (Calixto Garc&iacute;a). Hombre progresista, muy bondadoso    y desinteresado hizo gestiones para fundar el primer peri&oacute;dico. Muri&oacute;    muy pobre en la noche del 24 de octubre de 1853, contaba 56 a&ntilde;os de edad    y 26 de residencia en Remedios. Tal era su pobreza que el gremio de mareantes    y la subdelegaci&oacute;n local de medicina, tuvieron que costear su entierro.    Poco despu&eacute;s su viuda se traslad&oacute; a Santa Clara. Hoy d&iacute;a    solo el que esto escribe lo recuerda. De &eacute;l dijo el gran remediano D.    Teodosio Montalb&aacute;n y P&eacute;rez de Alejo: &quot;Paso su vida derramando    beneficios y curando enfermos&quot;. Por fatalidad los pueblos no olvidan a    sus guerreros en cambio no recuerdan a sus benefactores. As&iacute; es el ser    humano. Alejandro, Napole&oacute;n, Hitler, Stalin, etc. ocupan grandes cap&iacute;tulos    de la Historia; en cambio Pasteur, Virchow, Koch, Erlich, Rosenow, Domagh, Fleming,    y otros, pasan desapercibidos como no sea en la Historia de la Medicina.</p>     <p>Por &uacute;ltimo llegamos a Don Jos&eacute; Mart&iacute;n de Rojas y Morales,    primer hijo de Remedios graduado m&eacute;dico. Naci&oacute; el 10 de noviembre    de 1771 y pertenec&iacute;a a una antigua y conocida familia local. Fueron sus    padres D. Jos&eacute; y Da. Mar&iacute;a Manuela de Morales, prima hermana del    alf&eacute;rez real Dr. Joaqu&iacute;n. Hizo sus primeros estudios con el padre    Juan Cris&oacute;stomo del templo del Santo Cristo. Viendo este su aplicaci&oacute;n    recomend&oacute; a su familia que lo mandase a La Habana para que hiciera estudios    mayores. En la Universidad estudi&oacute; la carrera de medicina bajo la advocaci&oacute;n    de fray Liberato Garc&iacute;a, entonces conciliario del Alto Centro.</p>     <p>Lleg&oacute; a Remedios al finalizar el siglo XVIII, y en 1799 inscribi&oacute;    su t&iacute;tulo en el Ayuntamiento y se dedic&oacute; al ejercicio de su profesi&oacute;n    llegando a adquirir reputaci&oacute;n y una extensa clientela. Auxili&oacute;    a Jos&eacute; Le&oacute;n Vald&eacute;s en la vacunaci&oacute;n contra la viruela.    Fue fiscal nato del Protomedicato de la Villa. Prest&oacute; buenos servicios    en las epidemias que por entonces ocurrieron. Fue m&eacute;dico del hospital,    etc. Hombre muy modesto y desinteresado viv&iacute;a pobremente y recib&iacute;a    muchos regalos en objetos y en especie con lo que atend&iacute;a a sus pocas    necesidades, ya que lo que se pagaba entonces por una visita (una peseta) no    le permit&iacute;a vivir con desahogo. Su indumentaria consist&iacute;a en una    sencilla &quot;chupa&quot; o chaqueta que cubr&iacute;a el tronco, con cuatro    faldillas en la cintura hacia abajo y mangas ajustadas a los brazos. No era    de complexi&oacute;n fuerte. Enjuto de carnes hac&iacute;a una vida patriarcal.    Visitaba a diario con su colega la botica de Vieta, preparando alg&uacute;n    remedio en su casa o consultando sus escasos libros a la luz de una triste vela    de cebo que confeccionaba a veces su familia.</p>     <p>Como m&eacute;dico estimaba que la calentura era un esfuerzo de la naturaleza    para desembarazarse de una materia m&oacute;rbida que hab&iacute;a entrado en    el cuerpo. Las divid&iacute;a en intermitentes, remitentes y malignas. Supon&iacute;a    que las primeras se deb&iacute;an a vapores que sal&iacute;an de las aguas estancadas    y corrompidas, de los alimentos averiados, de los cuerpos animales corrompidos    y tambi&eacute;n de efluvios salidos del sereno nocturno, de los terrenos h&uacute;medos    y de todo aquello que disminuyese la transpiraci&oacute;n del cuerpo y la fortaleza    del mismo, como la fatiga, la pasi&oacute;n de &aacute;nimo, etc. Contra estas    fiebres intermitentes usaba la decocci&oacute;n de cebada, naranjadas, infusiones    de camomila, leche aguada, etc. Alternando con ligeros purgantes, ipeca, quina,    jarabe de lim&oacute;n, pedilubios calientes, ventosas y peque&ntilde;as sangr&iacute;as.    Supon&iacute;a que las fiebres remitentes eran causadas por miasmas desprendidos    de los sitios bajos y pantanosos y las trataba al principio con un vomitivo    de ipeca y lavados del intestino con una infusi&oacute;n ligera de sen; despu&eacute;s    acud&iacute;a al man&aacute;, electuario lenitivo, cremor t&aacute;rtaro, tamarindo    y corteza de quina.-Estimaba que la fiebre continua ardiente y las malignas    eran ocasionadas por excesos alimenticios, bebidas fuertes y por todo aquello    que suprima la transpiraci&oacute;n del cuerpo; Trataba estos casos con gran    limpieza corporal y ambiental, bebidas abundantes, jarabe avinagrado, camomila,    enemas, etc. Contra las fuliginosidades de la boca: colutorios de miel y vinagre.    En pulso &quot;vivo y duro&quot; indicaba una peque&ntilde;a sangr&iacute;a.    En su terap&eacute;utica entraba tambi&eacute;n el carbonato de magnesia y esp&iacute;ritu    de vitriolo bien diluido. Usaba a veces peque&ntilde;os vejigatorios y cuidaba    la convalecencia con vinos y quina.</p>     <p>Ante la viruela. Primero luch&oacute; por evitarla con la vacuna. Estallada    la enfermedad las divid&iacute;a en discretas, confluentes y grave (negra) y    empleaba el tratamiento de la fiebre p&uacute;trida y extremaba la limpieza    del enfermo.-En la fiebre amarilla usaba bebidas acuosas abundantes, laxantes,    friegas con aceite tibio, jarabe de meconio y quina acudiendo a veces a peque&ntilde;as    sangr&iacute;as.-En un brote de ictericia e hidropes&iacute;a (&iquest;fiebre    amarilla?) que se present&oacute; en 1827 en el barrio de G&uuml;eiba, trat&oacute;    a sus enfermos con una bebida diur&eacute;tica que preparaba con buen resultado.    Esta bebida se hizo &quot;famosa&quot; en Remedios y fue conocida con el nombre    de &quot;botellas de los moatos&quot; con ella acrecent&oacute; su fama.</p>     <p>Diremos para concluir: &iquest;que m&aacute;s pod&iacute;a exigirse a estos    facultativos del per&iacute;odo de la iniciaci&oacute;n de la medicina moderna?    Hombres que hab&iacute;an estudiado anatom&iacute;a te&oacute;rica sin disecci&oacute;n;    fisiolog&iacute;a sin experimentaci&oacute;n y patolog&iacute;a sin cl&iacute;nica.    No obstante, ellos ense&ntilde;aron a aquellos habitantes analfabetos las primeras    nociones de la higiene, defendieron y propagaron la vacunaci&oacute;n contra    la viruela y con sus chupas e indumentaria estrafalaria, con sus latines y buenos    procedimientos, su mayor cultura y educaci&oacute;n llevaron las primeras nociones    del progreso a la pobre y aislada Villa, y sobre todo, fueron el consuelo de    los hogares tristes y abatidos por las numerosas &quot;pestes&quot; reinantes.    No olvido, pues, en nuestro libro, a estos cuatro facultativos, nacidos en distintos    pa&iacute;ses, que derramaron todo lo que sab&iacute;an de un arte a&uacute;n    en pa&ntilde;ales y que lucharon sin armas, pero con profunda fe, contra terribles    epidemias, llevando siempre, en cada caso, la fe, la esperanza y consuelo a    sus familiares y amigos.    <br> </p> <h4>Facultativos en otras poblaciones de Cuba </h4>     <p>Al iniciarse el siglo XIX exist&iacute;an en el interior de Cuba unos 30 facultativos,    n&uacute;mero reducido para la gran extensi&oacute;n de tierras y sus pobladores.    Los campos eran los lugares m&aacute;s abandonados. He aqu&iacute; lo que hemos    averiguado:</p>     <p>1804. J.A. Duvigneau, Stgo de Cuba, introductor de la vacuna. Miguel Rolland,    vacunador, en esa ciudad. Dr. Mandellier, vacunador, Pinar del R&iacute;o.-    Dr. Ram&oacute;n de Casta&ntilde;eda, vacunador Sta Ma. Del Rosario.- Esteban    Jen&iacute;zara, cirujano y vacunador en el ingenio &quot;San Jos&eacute;&quot;,    prov. Habana.- Dr. Jos&eacute; Bernal, vacunador en Jaruco.- Br. Jos&eacute;    Lezama, vacunador, Regla.- Jos&eacute; Govin, vacunador Managua.- Pedro Simancas,    vacunador Stgo de las vegas.-Francisco Durande, cirujano y vacunador San Antonio    de los Ba&ntilde;os.- Rafael Vald&eacute;s, vacunador Guanabacoa. Diego Mari&ntilde;as,    vacunador G&uuml;ines.- Jos&eacute; Castro, vacunador Matanzas.- M. Raineau,    vacunador Pto. Principe.- Eugenio de la Plaza, vacunador. Sta. Clara.- Jos&eacute;    Le&oacute;n Vald&eacute;s, vacunador Remedios.- Juan Castellanos, vacun&oacute;    en Sta Clara, Remedios y Sancti Sp&iacute;ritus.- Jos&eacute; Mat&iacute;as,    vacunador Pinar del R&iacute;o.- En Stgo. de Cuba se constituy&oacute; una Junta    m&eacute;dica para impulsar la vacunaci&oacute;n y estaba formada por los facultativos:    Miguel Rolland, Jos&eacute; Joaqu&iacute;n Navarro, Francisco de la Caridad    Ibarra, Bartolom&eacute; Segura Nicol&aacute;s Salazar y Juan Castellanos.-    El Dr. Tadeo Maldonado vacun&oacute; en Holgu&iacute;n, y Nicol&aacute;s Competet    y Tadeo Maldonado vacunaron en Victoria de las Tunas.    <br>       ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   1805. Dice Torres Lasqueti, historiador de Puerto Pr&iacute;ncipe: &quot;Existen    en Puerto Pr&iacute;ncipe 4 m&eacute;dicos, dos inh&aacute;biles, Antonio Guillen,    decr&eacute;pito, y Antonio Camacho, demente; D. Pedro Nolasco Ballegas, aprecia    poco la facultad y el solo expedito, Juan Porro (Poeso) y el cirujano Carlos    Loret de Mola&quot;.    <br>       <br>   1806. En Trinidad se establece la Junta de Vacuna subalterna con su secretario    el Lcdo. Jos&eacute; Silverio Recio, el 2 de enero.- En Sta. Clara, Idem, con    el Secretario Jos&eacute; de Parra, 3 de marzo.- Bejucal, Idem. Secretario Br.    Rafael Antonio de la Maza y auxiliares, Nicol&aacute;s Jacquet y Remigio Ponce.    Remedios, Idem. Secretario Dr. Jos&eacute; Le&oacute;n Vald&eacute;s, 11 de    agosto. Stgo de las Vegas, Idem.- S. Sp&iacute;ritus, Idem, con el Lcdo. Domingo    Varea, el cirujano Miguel Meneses y D. Joaqu&iacute;n de Cepeda, 11 de abril.-    En Santa Mar&iacute;a del Rosario, San Jos&eacute; de las Lajas y Nueva Filipinas,    vacunadores Jos&eacute; Garc&iacute;a, Esteban Gomezana y Jos&eacute; Mat&iacute;as    Mart&iacute;nez.- En Santiago de Cuba, el Dr. Miguel Rolland con el Bachiller    Joaqu&iacute;n Navarro, Jos&eacute; Caridad, Baltasar Segura, Nicol&aacute;s    Salazar y Juan Castellanos, vacunadores.    <br>       <br>   1807. Se crean las Juntas Locales de Sanidad, la de Remedios el d&iacute;a 4    de julio. Puerto Pr&iacute;ncipe, con Felipe Santiago Moya, 7 de septiembre.    Santiago de Cuba con Jos&eacute; Joaqu&iacute;n Navarro de secretario, 7 de    marzo.- Lleg&oacute; este a&ntilde;o a Santiago de Cuba el Lcdo. Rafael D&iacute;az    Collazo.    <br>       <br>   1809. Vacunadores en Remedios: Jos&eacute; Le&oacute;n Vald&eacute;s y Jos&eacute;    Mart&iacute;n de Rojas. El Lcdo. Juan Nepomuceno Rodr&iacute;guez, vacunador    en S. Sp&iacute;ritus por muerte de D. Jos&eacute; Ma. Casta&ntilde;eda.    <br>       <br>   1810. Lcdo. Jos&eacute; Govin, vacunador de El Calvario y Managua. Bachiller    Rafael de la Maza y D. Nicol&aacute;s Sagnet, vacunadores, en Bejucal. Rafael    Vald&eacute;s Idem en Guanabacoa. Br. Esteban Gomezara, Idem en S. J. de las    Lajas. Jos&eacute; Mat&iacute;as Mart&iacute;nez Idem en los Palacios. Andr&eacute;s    J. Parra, Idem en Sta. Clara.- Jos&eacute; Le&oacute;n Vald&eacute;s , Idem    en Remedios. En S. Sp&iacute;ritus, Juan Nepomuceno Rodr&iacute;guez, secretario    de la Junta de Vacunaci&oacute;n En P. Pr&iacute;ncipe el Lcdo. Francisco Stgo.    de Moya y en Santiago de Cuba, el Lcdo. Joaqu&iacute;n Navarro, vacunadores.    <br>       ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   1811. Juntas Subalternas de Vacuna: Villaclara, Andr&eacute; J. de Parra. Trinidad,    Jos&eacute; Silvestre Recio y en S. Sp&iacute;ritus el Lcdo. Juan Nepomuceno    Rodr&iacute;guez. Funciona en Stgo. de Cuba el Convento Hospital de Belemitas,    fundado en 1754, para hombres convalecientes y en Remedios el Hospital de San    Juan de Dios fundado en 1726.    <br>       <br>   1812. Vacunadores, en Alqu&iacute;zar, D. Jos&eacute; Ma. Ayala. Francisco Soriano,    tambi&eacute;n en ese pueblo. Bejucal, Rafael A. Moya. Jaruco, Manuel Michelena.    Guanabacoa, Rafael Vald&eacute;s. En Sta. Mar&iacute;a del Rosario, G&oacute;mez.    En San Jos&eacute; de las Lajas, Manuel Ca&ntilde;izares. En Matanzas, el Dr.    Jos&eacute; G&aacute;lvez y Br. Manuel Calvo. Sta. Clara, Andr&eacute;s Parra.    Remedios, Ml. Otis Hall, En S, Sp&iacute;ritus, D. Juan Nepomuceno Rodr&iacute;guez.    En P. Pr&iacute;ncipe, D. Felipe Stgo. de Moya y en Bayamo el Br. Anacleto Bustillo.    <br>       <br>   1813. Facultativos residentes en: San Nicol&aacute;s (Habana), D. Jos&eacute;    P&eacute;rez Delgado, Br. Jos&eacute; Germ&aacute;n Mart&iacute; y D. Santos    Gonz&aacute;lez, vacunadores. En Stgo. de Cuba, D. Jos&eacute; J. Navarro que    se&ntilde;al&oacute; este a&ntilde;o la existencia del &quot;Pian&quot; en el    sitio de San Luis de los Caneyes. En Matanzas entraban en la Junta de Medicina    y Cirug&iacute;a los Dres. Tom&aacute;s Mena y Ram&oacute;n Pintado, este era    natural de C&aacute;diz y secretario de la Junta.- Se fund&oacute; este a&ntilde;o    de 1815 el Hospital de San L&aacute;zaro en la ciudad de Santiago de Cuba.    <br>       <br>   1815. Vacunadores: D. Rafael Antonio de Maya en Bejucal. D. Benito Morales en    Sta. Mar&iacute;a del Rosario. D. Jes&uacute;s Miguel Vidal en R&iacute;o Blanco    del Norte y en Caraballo. D. Juan Nepomuceno Rodr&iacute;guez en S. Sp&iacute;ritus.    D. Felipe Stgo. Moya, en Puerto. Pr&iacute;ncipe. D. Pedro Nolasco de Almanza,    en Puerto Pr&iacute;ncipe. Lcdo. Joaqu&iacute;n Navarro en Santiago de Cuba.    <br>       <br>   1818. M&eacute;dicos vacunadores: Benito Morales en Santa. Ma. del Rosario.    Dr. Antonio Rafael de Maza, Bejucal. Lcdo. Francisco Guti&eacute;rrez en Santiago.    de las Vegas. Lcdo. L. Boteta en G&uuml;ines. Dr. Francisco Guti&eacute;rrez,    El Cano. Br. Manuel G&aacute;lvez en Matanzas. Lcdo. Antonio Jos&eacute; Parra,    Santa. Clara. Lcdo. Jos&eacute; L. Vald&eacute;s, Remedios. Lcdo. Jos&eacute;    Silverio Recio, Trinidad. Ldo. Juan Nepomuceno Rodr&iacute;guez, S, Sp&iacute;ritus.    D. Francisco Sandoval, Regla. D. Francisco Ayala, Jes&uacute;s del Monte. Manuel.    Mendoza y Miguel Balaguer en Santa Clara.--- M&eacute;dicos en ejercicio en    Puerto Principe: Lcdo. Juan Porro, Lcdo. Pedro Nolasco Vallegas, Lcdo. Stgo.    de Moya y Lcdo. Patricio Chiclana. Cirujanos, D. Ignacio Porro, D. Gumersindo    Guillen, y D. Pedro Nolasco Almanza, del Batall&oacute;n. En el Hospital de    S. L&aacute;zaro de dicha ciudad (data de 1747) exist&iacute;an doce camas;    en el de Mujeres instituido por Da. Ciriaca Varona, y fundado en 1730, contaba    con ocho camas y exist&iacute;an de la Casa de Beneficencia ocho ni&ntilde;as;    Vacunador, F.F. de Moya. M&eacute;dicos en ejercicio en Santiago de Cuba: Dres.    Bartolom&eacute; segura, Miguel Rolland, Luis Danger y Carlos Osomne. Lcdo.    Jos&eacute; Joaqu&iacute;n Navarro y Jos&eacute; de la Cruz Ibarra. Bachilleres,    Dr. Rafael D&iacute;az Collazo, D. Juan Caretany y D. Diego de Ibarra. El Hospital    de Belemitas con muchos enfermos y en mal estado el edificio. Vacunador, Jos&eacute;    Joaqu&iacute;n Navarro.    <br>       ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   1820. Vacunadores: D. Francisco Sandoval en Guadalupe y Regla. Jos&eacute; Francisco    Ayala en Jes&uacute;s del Monte. Juan de Comas en Alqu&iacute;zar y Jos&eacute;    Ml. Vald&eacute;s en Aguacate y Caraballo. En ejercicio en Santiago de Cuba    10 facultativos entre m&eacute;dicos y cirujanos y forman la Junta Local de    Sanidad, Nicol&aacute;s Salazar y Rafael D&iacute;az, facultativos, con algunos    vecinos conocidos.    <br>       <br>   1821. M&eacute;dicos en ejercicio en Puerto Pr&iacute;ncipe: Juan Porro, Pedro    Nolasco Vallegas, Santiago Moya, Patricio Chiclana, Joaqu&iacute;n Estrada y    Felipe Fern&aacute;ndez y los cirujanos: Ignacio Porro, Edmundo Guillen, Pedro    Nolasco Almanza (de tropa), Francisco Almanza y Ram&oacute;n Araujo--- M&eacute;dicos    en ejercicio en Santiago de Cuba: Lcdos. Jos&eacute; Joaqu&iacute;n Navarro    y Jos&eacute; de la Caridad Ibarra. Bachilleres, Bartolom&eacute; Segura, Rafael    D&iacute;az Collazo, Juan Castillo y Nicol&aacute;s Salazar. Dr. Miguel Rolland,    Lcdo. Felipe Fern&aacute;ndez, D. Luis Danger y D. Carlos Osomne. En la ciudad    ocurri&oacute; este a&ntilde;o una epidemia de viruela y se pidi&oacute; la    clausura del Cementerio de Santa Luc&iacute;a y de otros tres que estaban dentro    del recinto de la ciudad. Presentaron sus t&iacute;tulos el Dr. Jos&eacute;    Marshall, de Florida; Ricardo Wilson de Estados Unidos; Guillermo Honero, Thomas    y Cuerdann Dolling. Llegaron tropas espa&ntilde;olas del Continente Sur y se    instal&oacute; el Hospital Civil.    <br>       <br>   1822. Juntas Subalternas de Vacuna con el Lcdo. Manuel G&aacute;lvez en Matanzas.    Andr&eacute;s J. de Parra, Santa Clara. Jos&eacute; Silverio Recio, Trinidad.    J. L. Vald&eacute;s, Remedios. P.N. Almanza Puerto de Pr&iacute;ncipe. Y Joaqu&iacute;n    Navarro, S. de Cuba. En esta &uacute;ltima ciudad era Presidente de la Junta    de Sanidad el Alcalde con el Cura P&aacute;rroco, un Regidor y los cirujanos,    Francisco Castellanos y Jos&eacute; R. Mu&ntilde;oz. Facultativos en ejercicio    en Puerto Principe: J. Porro, P.N. Almanza, F. Santiago, Felipe Chiclana, Joaqu&iacute;n    Estrada, Felipe Fern&aacute;ndez J.G. Guill&eacute;n, Ignacio Porro, Francisco    Almanza y Ram&oacute;n Ara&uacute;jo. N&uacute;mero de Facultativos en ejercicio    en Santiago de Cuba: Dres. Bartolom&eacute;. Segura y Ml. Rolland; Lcdo. J.J.    Navarro y Br. Rafael D&iacute;az Collazo; D. Jos&eacute; de la C. Ibarra, D.    J. Fern&aacute;ndez. Cruzado, D. Nicol&aacute;s Salazar, D. Juan Francisco Castellanos,    D.J.R. Mu&ntilde;oz, D. Diego Ibarra; D. Luis D. Danger, D.Cosme Osemne y D.    Guillermo E. Combar. Se abri&oacute; este a&ntilde;o la botica de Francisco    Ali&ntilde;as. N&uacute;mero de Hospitales: de Trinidad, San Francisco de Paula,    mujeres, mayordomo J. Gonz&aacute;lez Batista; de P. Pr&iacute;ncipe, San Juan    de Dios, fundado en 1728 con 20 camas para blancos y 20 para los de color y    el de San L&aacute;zaro, fundado en 1747, con 32 enfermos.     <br>       <br>   1823. En S. Sp&iacute;ritus se inscribieron los t&iacute;tulos de los flebotomianos    Dgo. Abrantes y de J. Manuel Milord. Ejerce en Santiago de Cuba D. Jos&eacute;    Ml. Fern&aacute;ndez, cirujano del batall&oacute;n de milicias. En Matanzas,    Manuel Calvo y Tom&aacute;s S&aacute;nchez y los Cirujanos Antonio Pascual Gorin,    Manuel Machin, Ram&oacute;n Maceiro y Juan Ruiz con el farmac&eacute;utico Jos&eacute;    Medina.    <br>       <br>   1824. Se inscribe en San Juan de los Remedios el cirujano latino D. Jos&eacute;    Francisco Fern&aacute;ndez.    <br>       ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   1825. Vacunadores de este a&ntilde;o: Andr&eacute;s Parra en Santa Clara y Juan    Nepomuceno Prado en Corralillo. En Puerto Pr&iacute;ncipe se coloc&oacute; la    primera piedra para un nuevo Hospital. En Santiago de Cuba fund&oacute; D. Emilio    Prado un Hospital para Mujeres titulado &quot;Santa Ana&quot; y se inscribieron    los t&iacute;tulos de los cirujanos Francisco Su&ntilde;er y Juan Firpe. Ejerc&iacute;a    por esta fecha el Dr. Jos&eacute; Lavad&iacute;a en Guanajay.</p>      ]]></body>
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