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</front><body><![CDATA[  <h2 align="center"><a href="#titulo" class="Estilo2">La Nacionalizaci&oacute;n de los Servicios de Sanidad*</a><a name="asterisco1" id="asterisco1"></a> </h2>     <p align="center">Por el </p>     <p align="center">Dr. Jos&eacute; Antonio L&oacute;pez del Valle </p>     <p align="center">&nbsp; </p>     <p align="justify">La Junta Nacional de Sanidad, representante leg&iacute;tima    y autorizada de los distintos organismos sanitarios, ansiosa de ofrecer p&uacute;blico    testimonio de gratitud y consideraci&oacute;n<i> &aacute; </i>los que de manera    m&aacute;s directa hubieron de contribuir &aacute; la promulgaci&oacute;n del    Decreto de Nacionalizaci&oacute;n de los Servicios de Sanidad, acord&oacute;    colocar, en lugar preferente de su Sal&oacute;n de Sesiones, los retratos del    Honorable Gobernador Provisional Sr. Charles E. Magoon, al que le cupo el honor    de dictar ese Decreto; del Major Jefferson Randolf Kean, Consultor Sanitario,    al que corresponde la gloria de haberlo inspirado; y del Dr. Carlos J. Finlay,    como primer Presidente de la Junta y Jefe Nacional de Sanidad, al que le toc&oacute;    ejecutar y llevar &aacute; la pr&aacute;ctica, las sabias prescripciones de    esa ley sanitaria. </p>     <p align="justify">Y ese acuerdo de la Junta, est&aacute; por dem&aacute;s justificado, por cuanto la nacionalizaci&oacute;n de los servicios de Sanidad es, sin duda alguna, la m&aacute;s provechosa y &uacute;til medida adoptada en beneficio de la salud p&uacute;blica, y el paso m&aacute;s firme y de mayor provecho que se ha dado para el progreso y el mejoramiento de la Sanidad Cubana. </p>     <p align="justify">No es necesario, Se&ntilde;ores, por ser de ustedes harto conocidas,    que me detenga en enumerar, una por una, las innumerables deficiencias que exist&iacute;an    en el funcionamiento de la Sanidad en el interior de la Isla, antes de ponerse    en vigor el Decreto No. 894, como tampoco he de hacer menci&oacute;n de los    obst&aacute;culos,<i> &aacute; </i>veces insuperables, que se presentaban, en    esa &eacute;poca, para la buena marcha de los servicios sanitarios. </p>     <p align="justify">Sin remontarme<i> &aacute; </i>&eacute;pocas lejanas y partiendo,    tan solo, en esta rese&ntilde;a, del a&ntilde;o de 1898<i> &aacute; </i>la fecha,    podemos fijar tres per&iacute;odos bien distintos y bien marcados, en lo que<i>    &aacute; </i>nuestra historia sanitaria se refiere. </p>     <p align="justify">El primero de estos per&iacute;odos, es el que comprende toda    la primera intervenci&oacute;n americana, es decir, del 1&ordm; de enero de    1899 al 20 de mayo de 1902. Durante ese per&iacute;odo de tiempo, la Sanidad    terrestre funcionaba, en t&eacute;rminos generales, sin una ley que la regularizase,    sin una norma fija y sin que obedeciese, en toda la Isla,<i> &aacute; </i>un    plan de antemano trazado. </p>     <p align="justify">Puede decirse, que era una situaci&oacute;n ‘'personal, ''    improvisada y que se creaba y funcionaba, seg&uacute;n las necesidades del momento.    Algo parecido<i> &aacute; </i>la medicaci&oacute;n sintom&aacute;tica. Cada    Jefe de Sanidad, le daba al servicio<i> &aacute; </i>su cargo, el car&aacute;cter,    las tendencias, el m&eacute;rito y hasta los prestigios, de su propia persona.    Los Se&ntilde;ores M&eacute;dicos del Ej&eacute;rcito Americano, dando pruebas    de altruismo y de su amor<i> &aacute; </i>la humanidad crearon, bajo su direcci&oacute;n    inmediata, servicios sanitarios en las principales Ciudades<i> &aacute; </i>que    fueron destacados. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A la Capital le correspondi&oacute;, durante el primer tiempo de esa intervenci&oacute;n, el Major John G. Davis, y m&aacute;s tarde y por todo el tiempo que restaba del Gobierno Americano, al inolvidable William C. Gorgas. </p>     <p>El Major Davis, al tomar posesi&oacute;n de su cargo de Jefe de Sanidad de    La Habana, en enero de 1899, no encontr&oacute; en funci&oacute;n m&aacute;s    servicios sanitarios, que los del Ayuntamiento, esto es, los de asistencia m&eacute;dica<i>    &aacute; </i>domicilio<i> &aacute; </i>los pobres de solemnidad; los servicios    de urgencia (Casas de Socorro); los Forenses, el Hospital Municipal de Aldecoa    y una peque&ntilde;a brigada de desinfecci&oacute;n, formada por cuatro hombres.  </p>     <p>De acuerdo con &oacute;rdenes precisas del General Ludlow, quien<i> &aacute;    </i>su vez las recib&iacute;a del General Brook, el Major Davis cre&oacute;    en La Habana el Departamento de Sanidad, que comenz&oacute;<i> &aacute; </i>prestar    sus servicios en el propio mes de enero, despu&eacute;s de haber sido sometida    y aprobada su organizaci&oacute;n<i> &aacute; </i>las Autoridades Superiores    y<i> &aacute; </i>un grupo de m&eacute;dicos cubanos al efecto consultados.  </p>     <p>El primer servicio que comenz&oacute; a funcionar, fue el de inspecci&oacute;n sanitaria de las casas de esta Capital. Para facilitar este trabajo, se dividi&oacute; La Habana en cien distritos, nombr&aacute;ndose, para cada uno de ellos, un m&eacute;dico inspector. </p>     <p>En la Oficina se organizaron los Negociados de &Oacute;rdenes, Estad&iacute;sticas,    Multas y de Archivo. M&aacute;s tarde, en abril de 1899, se reorganiz&oacute;    el Servicio de Desinfecci&oacute;n. </p>     <p>Las disposiciones sanitarias, las &oacute;rdenes que se dictaban, las medidas    que se iban implantando, se pon&iacute;an en vigor,<i> &aacute; </i>falta de    una ley, en nombre del Gobernador Militar, que ten&iacute;a facultades discrecionales.  </p>     <p align="justify">Aunque desde el primer momento el Departamento de Sanidad era    una dependencia directa del Estado, como se carec&iacute;a de una ley que lo    amparase, algunas de las disposiciones sanitarias, para que tuvieran car&aacute;cter    legal, se somet&iacute;an<i> &aacute; </i>la consideraci&oacute;n del Municipio,    y una vez aprobadas por &eacute;ste, eran objetos de bandos de la Alcald&iacute;a,    y como disposiciones de la Autoridad Municipal, se exig&iacute;a su cumplimiento    y se penaba<i> &aacute; </i>los infractores. En tal concepto, se dict&oacute;,    por el Alcalde Municipal de La Habana, el bando de 30 de mayo de 1899, prohibiendo    escupir en los &oacute;mnibus, tranv&iacute;as y coches de plaza. </p>     <p align="justify">En abril 12, del mismo a&ntilde;o, el Gobernador Militar de La Habana, dict&oacute; una orden para que se incluyeran, en la lista de las enfermedades transmisibles de declaraci&oacute;n obligatoria, al c&oacute;lera y la tuberculosis. </p>     <p>Por Circular No.13, del Departamento de la Guerra de Washington, publicada en la Gaceta del d&iacute;a 10 de mayo de 1899, se pusieron en Cuba en vigor las leyes y reglamentos que reg&iacute;an en los Estados Unidos, para la inmigraci&oacute;n. </p>     <p>El Servicio de Cuarentena, qued&oacute; legalmente organizado con anterioridad, pues en 17 de enero de 1899, se promulg&oacute;, por el Honorable Presidente de los Estados Unidos, la Circular No. 8, del Departamento de la Guerra, dictando reglas para el debido funcionamiento de ese importante ramo sanitario. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><a href="/img/revistas/his/n100/f5his100.jpg"><img src="/img/revistas/his/n100/f5his100.jpg" width="229" height="151" border="0"></a></p>     
<p align="center">Fig. 5. El doctor Jos&eacute; A. L&oacute;pez del Valle y Vald&eacute;s presidiendo interinamente la Junta Nacional de Sanidad. A su izquierda el doctor Diego Tamayo Figueredo. </p>     <p align="justify">En agosto 17 de 1899, fue dictada la Orden Civil No. 15, del    Gobierno Militar, por la cual se creaba la Comisi&oacute;n de Fiebre Amarilla,    encargada del estudio y consideraci&oacute;n, hasta formar un diagn&oacute;stico    definitivo, de todos los casos que fuesen comunicados<i> &aacute; </i>la Oficina    de Sanidad, como sospechosos &oacute; confirmados de fiebre amarilla. </p>     <p align="justify">Pocas disposiciones se han dictado tan previsoras como la relativa<i>    &aacute; </i>la creaci&oacute;n de esa Junta de diagn&oacute;stico, ya que con    ella no solamente las estad&iacute;sticas de fiebre amarilla son una verdad,    sino tambi&eacute;n, la construcci&oacute;n, dig&aacute;moslo as&iacute;, del    edificio sanitario, se puede hacer sobre la firme y s&oacute;lida base del conocimiento    exacto y seguro de la naturaleza de la enfermedad que se trata de combatir.    M&aacute;s tarde, en 22 de diciembre de 1902, y por una resoluci&oacute;n del    Sr. Secretario de Gobernaci&oacute;n, se le cambi&oacute; el nombre de ‘'Comisi&oacute;n    de Fiebre Amarilla'' por el de ‘'Comisi&oacute;n de Enfermedades Infecciosas'',    habi&eacute;ndose tambi&eacute;n ampliado sus poderes, para el estudio de otras    enfermedades transmisibles, que por su naturaleza ameritasen ser detenidamente    consideradas. </p>     <p align="justify">La primera Comisi&oacute;n de Fiebre Amarilla estuvo formada    por el Dr. Carlos J. Finlay, como Presidente; y como Vocales, los doctores Diego    Tamayo; H. R. Carter, Jefe de Sanidad Mar&iacute;tima y Cirujano de los Hospitales    de Marina de los Estados Unidos; William C. Gorgas, Jefe de Cirujanos del Ej&eacute;rcito    Americano; John G. Davis, Jefe de Sanidad de La Habana. Como Secretario actuaba    el Dr. George R. Plumer, m&eacute;dico del Ej&eacute;rcito de los Estados Unidos.    El Dr. Plumer fue, m&aacute;s tarde, sustituido en la Secretaria, por el Dr.    Jorge Le Roy. </p>     <p align="justify">Al ser nombrado, en el a&ntilde;o 1902, el doctor Carlos J. Finlay, Jefe de Sanidad de La Habana, ocup&oacute; la Presidencia de esa Comisi&oacute;n el Dr. Juan Guiteras. Como Secretario fue nombrado el Dr. Ar&iacute;stides Agramonte, y Vocales los Dres. Antonio D&iacute;az Albertini y Emilio Mart&iacute;nez, los que forman actualmente esa Comisi&oacute;n. </p>     <p align="justify">En la Gaceta del 3 de octubre de 1899, se public&oacute; el    Reglamento General para la organizaci&oacute;n de los Servicios Sanitarios Municipales,    aprobado por el Ayuntamiento de La Habana. En 7 de octubre del citado a&ntilde;o,    se dio a conocer el Reglamento de Establos de todas clases, dictado por el Municipio    habanero. En octubre 1&ordm; de 1899, se puso en vigor, por el Ayuntamiento,    el Reglamento Profil&aacute;ctico contra el Muermo. Para el aislamiento de los    animales sospechosos de estar atacados de enfermedades susceptibles de ser transmisibles<i>    &aacute; </i>la especie humana, se cre&oacute; un Lazareto Municipal y se aprob&oacute;    por el Ayuntamiento, en 14 de septiembre del a&ntilde;o de 1899, el Reglamento    por el cual deb&iacute;a regirse esa instituci&oacute;n sanitaria municipal.  </p>     <p align="justify">En el mismo a&ntilde;o, fueron dictadas por el Ayuntamiento    de La Habana, en cuyo Cuerpo de Concejales figuraban m&eacute;dicos distinguidos,    otras disposiciones higi&eacute;nicas, entre ellas, las relativas<i> &aacute;    </i>prohibir la venta de pescados, mariscos y aves muertas en ambulancias; reglamento    de Casas de Socorros y suministro de medicinas<i> &aacute; </i>los pobres. </p>     <p align="justify">El d&iacute;a 9 de febrero del a&ntilde;o de 1900, se dict&oacute; por el Gobernador General de Cuba, la Orden Civil No. 13, en virtud de la cual se creaba la Junta de Sanidad de La Habana, asign&aacute;ndosele, como deberes propios de ese organismo, los siguientes servicios: estad&iacute;sticas de nacimientos, defunciones, matrimonios, enfermedades y epidemias; hospitales, asilos, hoteles, mataderos, escuelas, talleres, casas de vecindad, establos, cementerios, y todos los edificios p&uacute;blicos y cuarteles; aguas y servicios de alcantarillas y de disposici&oacute;n de basuras; inspecciones de drogas, bebidas, de v&iacute;veres y de otros comestibles para evitar adulteraciones; vigilancia del ganado de importaci&oacute;n y matanza en general; enfermedades infecto- contagiosas y la observaci&oacute;n, cuarentena, aislamiento y desinfecci&oacute;n de los atacados y lugares por &eacute;stos infectados; el servicio de vacuna y, en general, los servicios preventivos de car&aacute;cter m&eacute;dico sanitario. </p>     <p align="justify">Una de las disposiciones de esta Orden, era que la Junta de    Sanidad de La Habana examinase cuidadosamente las reglas de las Juntas de Sanidad    de otras localidades, para que tomando de ellas lo &uacute;til y aplicable<i>    &aacute; </i>La Habana, redactase su Reglamento. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Esta Junta, que se pon&iacute;a<i> &aacute; </i>cargo del Ayuntamiento    de esta Capital, fue debidamente organizada y comenz&oacute;<i> &aacute; </i>prestar    sus servicios, pero no tuvo facultades ejecutivas, pues como en uno de los p&aacute;rrafos    de la Orden que la creaba, se dispon&iacute;a que las funciones y deberes de    la Junta se ejercieran conforme<i> &aacute; </i>las &oacute;rdenes y disposiciones    que respecto<i> &aacute; </i>Sanidad y asuntos semejantes, dictase el Gobernador    Militar de la Isla ‘' y esta Autoridad, no consider&oacute; oportuno retirar    los poderes y facultades concedidos al Departamento de Sanidad de La Habana,    que eran los mismos que los conferidos<i> &aacute; </i>la Junta, &eacute;sta,    por consiguiente, tuvo que limitarse<i> &aacute; </i>la direcci&oacute;n de    los servicios sanitarios municipales, tales como Casas de Socorros, Asistencia    m&eacute;dica<i> &aacute; </i>domicilio etc. </p>     <p>Adem&aacute;s, como cuerpo consultivo del Ayuntamiento, prest&oacute;<i> &aacute;    </i>&eacute;ste y<i> &aacute; </i>la salud p&uacute;blica, muy &uacute;tiles    servicios. </p>     <p>No sufri&oacute;, pues, con la creaci&oacute;n de esa Junta, merma alguna, ni en sus deberes ni en sus derechos, el Departamento de Sanidad, el que continu&oacute; funcionando sin la m&aacute;s ligera alteraci&oacute;n. </p>     <p align="justify">En el a&ntilde;o de 1900 y con relaci&oacute;n<i> &aacute;    </i>Sanidad, se promulgaron, adem&aacute;s, por el Gobierno General de Cuba,    las Ordenes No. 113, de 16 de mayo, relativa<i> &aacute; </i>inscripciones en    el Servicio de Higiene Especial; la 120, de 20 de mayo, poniendo en vigor el    ‘'Reglamento para la inspecci&oacute;n de caballos, cerdos, ganados vacuno y    lanar y otros rumiantes que se importasen<i> &aacute; </i>Cuba; la 170, de 24    de abril, prohibiendo la inscripci&oacute;n de mujeres menores de 18 a&ntilde;os    en el Registro de la Secci&oacute;n de Higiene Especial; Circular No. 7, de    19 de agosto, en la que por disposici&oacute;n del Secretario de la Guerra de    los Estados Unidos, el Gobernador General de Cuba designaba las substancias    que deb&iacute;an ser consideradas como ‘'&oacute;leo- margarina''; la Circular    No.8, de 17 de septiembre, aclarando la anterior; la Orden No.346, de 6 de septiembre,    por la cual se traspas&oacute; el Hospital ‘'Las Animas ‘' del Departamento    de Beneficencia, al de Sanidad. Gracias<i> &aacute; </i>esta prudente disposici&oacute;n,    se le facilit&oacute;<i> &aacute; </i>la Sanidad el atender debidamente<i> &aacute;    </i>la observaci&oacute;n y aislamiento de los atacados de enfermedades transmisibles,    as&iacute; como practicar los estudios &eacute; investigaciones correspondientes,    con respecto<i> &aacute; </i>enfermedades tropicales. La Orden 379, de 18 de    septiembre, para que los m&eacute;dicos de las C&aacute;rceles dieran cuenta    al Inspector General de Prisiones, de los enfermos que asistieran. La Orden    251, de 6 de noviembre, relativa<i> &aacute; </i>inmigraci&oacute;n; la 506,    de 14 de diciembre, creando una Junta, para tomar las medidas necesarias que    evitaran la propagaci&oacute;n del Muermo en La Habana. </p>     <p align="justify">En la Gaceta del 20 de mayo, public&oacute; el Jefe de Sanidad, por orden del Comandante de la Divisi&oacute;n de Cuba, una disposici&oacute;n para que toda persona que limpiase fosas ‘'Mouras'', pozos negros, y sumideros, diese cuenta de ese trabajo en la Jefatura de Sanidad, antes de las veinte y cuatro horas de practicado, especificando el n&uacute;mero, la calle y nombre del due&ntilde;o de la casa en que se efect&uacute;e la limpieza, y si &eacute;sta es total &oacute; parcial, as&iacute; como el n&uacute;mero de carros de materias extra&iacute;das. </p>     <p align="justify">El Ayuntamiento de La Habana, en sesi&oacute;n celebrada en    5 de abril, autoriz&oacute;<i> &aacute; </i>los Se&ntilde;ores Eduardo Steinhoffer    y Federico Grande Rossi, para establecer, en el T&eacute;rmino Municipal, el    Servicio de recogida de animales muertos, dictando,<i> &aacute; </i>la par,    el Municipio, las reglas<i> &aacute; </i>que deb&iacute;a sujetarse ese servicio.  </p>     <p align="justify">En 11 de agosto, el Alcalde Municipal de La Habana, dispone    que los Sres. M&eacute;dicos de este T&eacute;rmino Municipal, comuniquen<i>    &aacute; </i>la Oficina del Departamento de Sanidad, los casos de fiebre amarilla,    de borras, tifoidea, puerperal, escarlatina, viruela, lepra y c&oacute;lera,    para proceder<i> &aacute; </i>la desinfecci&oacute;n de las casas infectadas.  </p>     <p align="justify">Al a&ntilde;o de 1901, corresponden las Ordenes Militares N&uacute;meros    66, de 6 de marzo, dictando las ‘'Prescripciones generales para la profilaxis    del muermo y la tuberculosis en la provincia de La Habana;'' la 78, de 20 de    marzo, poniendo en vigor las ‘'reglas adicionales<i> &aacute; </i>las Leyes    y Reglamentos de Cuarentenas de los Estados Unidos, en beneficio de la salud    p&uacute;blica''; la 102, de 18 de abril, reglamentando los puertos de Cuba;    la 157, de 12 de junio, autorizando<i> &aacute; </i>los inspectores de Sanidad    para practicar sus trabajos de inspecci&oacute;n en todas las residencias y    dem&aacute;s edificios de la Ciudad de La Habana; la 165, de 24 de junio, una    de las m&aacute;s importantes y de mayor trascendencia para la salud p&uacute;blica,    disponiendo y reglamentando la vacunaci&oacute;n obligatoria en Cuba y fijando    los deberes de las Autoridades para que cooperasen, cada una en la medida de    sus fuerzas,<i> &aacute; </i>la pr&aacute;ctica de la vacunaci&oacute;n. Esta    orden militar, por su indiscutible valor y por los incalculables beneficios    que ha prestado<i> &aacute; </i>Cuba, es una obra meritoria que debemos<i> &aacute;    </i>la Comisi&oacute;n de Vacuna, formada, en aquella &eacute;poca, por los    Dres. Havard, Lain&eacute; (D&aacute;maso), Guiteras, La Guardia y Cowley. </p>     <p>Por la Orden 244, de 15 de noviembre, se modifican algunos art&iacute;culos de la Orden 165, y por la 642, de 11 de noviembre, se especifican las penas en que incurren los que violen las leyes de cuarentena. </p>     <p align="justify">En este a&ntilde;o, se publican, adem&aacute;s, y con respecto<i>    &aacute; </i>Sanidad, una Circular del Secretario de Estado y Gobernaci&oacute;n,    acerca de la conducta que debe observar la Polic&iacute;a, con los caballos    que encuentre y que se les hagan sospechosos de estar atacados de muermo; el    Reglamento de Mercados, dictado por el Ayuntamiento de La Habana, en mayo 3.    Por el Alcalde Municipal de La Habana, se public&oacute; el d&iacute;a 6 de    mayo, y por recomendaci&oacute;n del Jefe de Sanidad al Gobernador Militar,    una disposici&oacute;n, en virtud de la cual se proh&iacute;ben tener en la    Capital, aljibes &uacute; otros dep&oacute;sitos de aguas pluviales,<i> &aacute;    </i>no ser que la superficie l&iacute;quida este cubierta con una capa de aceite,    y que en los aljibes se instale una bomba y los barriles y dem&aacute;s dep&oacute;sitos    an&aacute;logos, est&eacute;n provistos de llaves de paso. Esta Orden, se dict&oacute;    para evitar la procreaci&oacute;n de los mosquitos. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Igualmente se dispon&iacute;a, que dos veces<i> &aacute; </i>la    semana, los vecinos vertieran en las fosas Mouras y cloacas,<i> &aacute; </i>trav&eacute;s    de los inodoros y vertederos, media pinta de aceite. </p>     <p align="justify">En la Gaceta de 20 de julio, el Jefe de Sanidad de La Habana,    por orden del Comandante del Departamento, dispone que,<i> &aacute; </i>partir    de esa fecha, los Sres. M&eacute;dicos de los Municipios de La Habana, Regla    y Guanabacoa, extiendan los certificados de defunci&oacute;n, de acuerdo con    la Clasificaci&oacute;n Internacional de Bertill&oacute;n,<i> &aacute; </i>cuyo    fin se ordenaba<i> &aacute; </i>los Sres. Jueces Municipales no admitiesen,    para ser asentados en los Libros del Registro Civil, esa clase de certificados    sino se ajustaban<i> &aacute; </i>la mencionada Clasificaci&oacute;n. En 6 de    agosto, el Alcalde de La Habana, de orden del Gobierno Militar, dispone que    los Sres. M&eacute;dicos en ejercicio en esta Capital, comuniquen al Jefe de    Sanidad, sus nombres, apellidos y domicilios, as&iacute; como sus cambios de    residencias. </p>     <p align="justify">Por la misma Autoridad Municipal, se public&oacute; en la Gaceta de 10 de septiembre, una orden fijando las horas entre las 10 de la noche y una y media de la madrugada, para que los vecinos extraigan de sus casas las basuras y disponiendo que estas se coloquen en la v&iacute;a p&uacute;blica para su recogida, en recept&aacute;culos de lat&oacute;n &oacute; madera, en buenas condiciones. </p>     <p align="justify">En octubre 21, se puso, por el Ayuntamiento de La Habana en    vigor, el nuevo ‘' Reglamento de Establos para todas clases‘', en el que aparece    una disposici&oacute;n transitoria, que anula por completo ese texto, por cuanto    por ella se ordena, que lo m&aacute;s importante y de mayor inter&eacute;s en    esa clase de establecimientos, &oacute; sea las obras para el ‘'drenaje'' de    los mismos, ‘'queden en suspenso, hasta que comiencen los trabajos de alcantarillado    y pavimentaci&oacute;n de La Habana''. </p>     <p align="justify">El d&iacute;a 9 de julio se public&oacute; por el Gobierno    General, la Circular No. 2, en la que se dan<i> &aacute; </i>conocer al p&uacute;blico    las conquistas realizadas por la ciencia acerca de los medios de transmisi&oacute;n    de la fiebre amarilla, el paludismo y la filariasis por medio de los mosquitos,    y los medios apropiados para el exterminio de esos insectos, as&iacute; como    se solicita la cooperaci&oacute;n de todos los ciudadanos para que ayuden al    Gobierno en la labor emprendida contra esas infecciones y sus agentes trasmisores.  </p>     <p align="justify">De enero<i> &aacute; </i>mayo de 1902, se dictaron las siguientes    Ordenes Militares, en relaci&oacute;n con la Sanidad. </p>     <p align="justify">La Orden No. 55, promulgando y poniendo en vigor el Reglamento General para el Servicio de Higiene Especial de la Isla de Cuba y el Reglamento Especial para la Ciudad de La Habana, del mismo Servicio. </p>     <p align="justify">En 22 de febrero de 1902, fue dictada la Orden No. 47, en virtud de la cual se hace obligatoria la instalaci&oacute;n del agua del Canal de Albear en todas las casas de la Ciudad de La Habana. Por la citada Orden, se dispone, adem&aacute;s, la instalaci&oacute;n de metros contadores de agua, en los establecimientos comerciales &oacute; industriales, que consuman grandes cantidades de agua. Los precios que se se&ntilde;alan en esa Orden, son de cuatro centavos por cada metro c&uacute;bico de agua suministrada por gravedad y de cinco centavos cuando es bombeada. </p>     <p align="justify">Por el Departamento de Sanidad se cuida del cumplimiento de    la mencionada Orden, en lo que respecta<i> &aacute; </i>la instalaci&oacute;n    del agua del Acueducto en todas las casas, y por el Departamento de Obras P&uacute;blicas,    en lo referente<i> &aacute; </i>la colocaci&oacute;n de los metros contadores.    Hasta la fecha, se han colocado en toda la Ciudad, sesenta de esos contadores    de agua. </p>     <p align="justify">El agua en las casas de La Habana se paga por pluma y de acuerdo con la renta que produce el edificio. Las casas que tiene un alquiler menor de $34.00 mensuales, pagan, por el concepto de agua al Ayuntamiento, 20 pesos al a&ntilde;o y las que rentan mensualmente m&aacute;s de $ 34.00, abonan, por igual motivo al Municipio, 40 pesos al a&ntilde;o. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">El d&iacute;a 7 de marzo, se promulg&oacute; la Orden No. 65,    disponiendo que todas las personas no inmunes<i> &aacute; </i>la fiebre amarilla    que llegasen<i> &aacute; </i>La Habana procedentes de zonas infectadas de fiebre    amarilla, se presentasen al Jefe de Sanidad, para su observaci&oacute;n. </p>     <p align="justify">La No. 83, regulando el ejercicio de la profesi&oacute;n de    Veterinaria y creando la Junta de ex&aacute;menes para reglamentar los ex&aacute;menes    y dictaminar acerca de la competencia de los que aspiren<i> &aacute; </i>ejercer    la Veterinaria en Cuba. </p>     <p>La Orden 122, de 29 de abril, poniendo en vigor las Leyes y Reglamentos de Cuarentena en Cuba. </p>     <p>La Orden 155, de 15 de mayo, implantando definitivamente, en Cuba, las Leyes y Reglamentos para la inmigraci&oacute;n y que estaban vigentes en Cuba desde el 14 de abril de 1899, por orden del Presidente de los Estados Unidos. </p>     <p>La Orden 133, de 7 de mayo, en la que se dispone, entre otras cosas, que el    Servicio de Cuarentena, se incorpore<i> &aacute; </i>la Secretaria de Hacienda.  </p>     <p align="justify">De los hechos anteriormente expuestos; de la relaci&oacute;n    que acabamos de hacer de las Ordenes, Disposiciones y Reglamentos dictados por    el Gobierno de la Intervenci&oacute;n Americana y por el Ayuntamiento de La    Habana, se aprecia, en primer t&eacute;rmino, el noble y decidido empe&ntilde;o    de ese progresista Gobierno, de atender con toda preferencia<i> &aacute; </i>las    cuestiones sanitarias y su prop&oacute;sito firme de crear los m&aacute;s urgentes    &eacute; importantes servicios de Sanidad. </p>     <p align="justify">La Sanidad Mar&iacute;tima; el Departamento de Inmigraci&oacute;n; el Servicio de Vacuna; el del Muermo y la Tuberculosis en el ganado; el de Higiene </p>     <p align="center"><a href="/img/revistas/his/n100/f6his100.jpg"><img src="/img/revistas/his/n100/f6his100.jpg" width="128" height="125" border="0"></a></p>     
<p align="center">Fig. 6. Caricatura de Conrado W. Massaguer que representa al doctor Jos&eacute; A. L&oacute;pez del Valle y Vald&eacute;s junto a su maestro, doctor Juan Guiteras Gener. </p>     <p align="justify">Especial, quedaron bien organizados y en marcha regular. Pero    adolec&iacute;an del grave defecto de funcionar, cada una de esas ramas sanitarias,    de manera independiente, sin la necesaria unidad cient&iacute;fica y administrativa    y, por lo tanto, sin que se les pudiera dirigir<i> &aacute; </i>todas, de manera    arm&oacute;nica y eficaz. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">La Sanidad Mar&iacute;tima y el Departamento de Inmigraci&oacute;n, eran dependencias de la Secretar&iacute;a de Hacienda; los Servicios de Vacuna, los del Muermo y los de Higiene Especial, depend&iacute;an, cada uno, de Comisiones Especiales sin relaciones entre s&iacute;. </p>     <p align="justify">El Gobierno de la Intervenci&oacute;n, convencido de la necesidad de unificar esos servicios, dict&oacute;, el 17 de mayo de 1902, la Orden No. 159, la que puede considerarse como nuestra primera Ley Sanitaria y la que marca, en su aparici&oacute;n, el segundo per&iacute;odo de los tres en que hemos dividido este peque&ntilde;o trabajo. </p>     <p align="justify">En virtud de lo preceptuado en esa Orden, se cre&oacute; la    Junta Superior de Sanidad,<i> &aacute; </i>la que se confi&oacute; la tarea    de ejercer la supervisi&oacute;n general de los asuntos relacionados con la    salud p&uacute;blica en la Isla de Cuba y se le encomendaba que adoptara las    medidas sanitarias que por su car&aacute;cter general, tuvieran aplicaci&oacute;n    en todos los T&eacute;rminos Municipales de la Isla. </p>     <p align="justify">A la Junta Superior , se le confer&iacute;an, adem&aacute;s,    poderes para exigir el cumplimiento de las leyes de car&aacute;cter sanitario,    incluyendo las que regulaban el ejercicio de la medicina, cirug&iacute;a dental,    agencias funerarias, etc., as&iacute; como las relativas<i> &aacute; </i>las    industrias peligrosas; abastecimientos de aguas, recogida y disposici&oacute;n    de basuras, etc.; facultades para proponer al poder Ejecutivo para que &eacute;ste<i>    &aacute; </i>su vez lo recomendase al legislativo, los cambios y adiciones<i>    &aacute; </i>las leyes sanitarias; poderes para pedir informes y datos, bien    de estad&iacute;sticas, bien de otra &iacute;ndole sanitaria,<i> &aacute; </i>las    Autoridades y Directores de Hospitales, Asilos, Escuelas, Prisiones, etc. Se    le otorgaban<i> &aacute; </i>la Junta , poderes para poner en vigor las disposiciones    que estimase oportunas, bien para combatir las enfermedades transmisibles en    los hombres, &oacute; en los animales; bien para aminorar las costumbres da&ntilde;inas<i>    &aacute; </i>la salud p&uacute;blica, destruir las causas que originasen el    paludismo y para dictar reglas de cuarentenas interiores. </p>     <p align="justify">El Laboratorio Bromatol&oacute;gico Municipal, ampliado en    Secciones de Bacteriolog&iacute;a y Qu&iacute;mica Legal, qued&oacute; traspasado<i>    &aacute; </i>la Junta Superior. Igualmente la Orden 159, puso en manos de la    Junta, todo lo relativo<i> &aacute; </i>lepra, muermo, tuberculosis, vacuna    &eacute; Higiene Especial, disponiendo que esos servicios quedaran bajo la direcci&oacute;n    de la Junta. </p>     <p align="justify">Para cada T&eacute;rmino Municipal, se cre&oacute; una Junta    Local de Sanidad del Ayuntamiento respectivo,<i> &aacute; </i>la que se confi&oacute;    la parte administrativa de los asuntos sanitarios en cada municipalidad. Estas    Juntas Locales, adem&aacute;s, ten&iacute;an, dentro de sus t&eacute;rminos,    la supervisi&oacute;n general de los asuntos sanitarios y se le encomendaban,    en sus localidades, las mismas funciones y se le exig&iacute;an los propios    deberes que<i> &aacute; </i>la Junta Superior, pero bajo la direcci&oacute;n    y gobierno de esta &uacute;ltima. </p>     <p align="justify">Las Juntas Locales estaban constituidas por los Jefes Locales de Sanidad Municipales, que actuaban como Presidentes y Oficiales Ejecutivos de esos organismos; como Vocales figuraban los oficiales de Cuarentenas y los Jefes Locales de los servicios de Higiene Especial. En las localidades donde no hubiera ni Oficiales de Cuarentenas, ni Jefes de Servicio de Higiene Especial, el Ayuntamiento quedaba en libertad, previa la aprobaci&oacute;n de la Junta Superior, de nombrar los Vocales. </p>     <p align="justify">Dispon&iacute;a la Orden 159, que los gastos de las Juntas    Locales, fueran abonados por los respectivos Ayuntamientos, con excepci&oacute;n    de La Habana, que, ser&iacute;an pagados por el Estado hasta que el Ayuntamiento    de la Capital pudiera hacerle frente<i> &aacute; </i>esos desembolsos. </p>     <p align="justify">Pr&aacute;cticamente, la Orden 159, no se puso en vigor hasta el d&iacute;a 6 de enero de 1903, en que por Decreto Presidencial, No. 1, fueron nombradas las personas que deb&iacute;an constituir la Junta Superior de Sanidad. En ese Decreto se dispon&iacute;a, adem&aacute;s, que la Junta Superior, actuara como una dependencia de la Secretar&iacute;a de Gobernaci&oacute;n, y que por el Secretario de este Ramo, se recomendaran al Ejecutivo las medidas que conviniere adoptar para establecer el r&eacute;gimen de esa dependencia y las funciones de la Junta, en armon&iacute;a con la Constituci&oacute;n. </p>     <p align="justify">Este Decreto, que pod&iacute;a considerarse como la partida    de bautismo de la Orden 159, fue,<i> &aacute; </i>la par, y por triste iron&iacute;a    de la suerte, casi su partida de defunci&oacute;n, pues al quit&aacute;rsele,    en virtud de esa disposici&oacute;n Presidencial, el car&aacute;cter de independencia    que le daba el Gobierno Americano<i> &aacute; </i>la citada Orden y<i> &aacute;    </i>los organismos por ella creados, y someterlas<i> &aacute; </i>una Secretar&iacute;a    que siempre tiene, por ser esa su funci&oacute;n propia, marcado cariz pol&iacute;tico,    se colocaba<i> &aacute; </i>la Junta Superior y<i> &aacute; </i>todas sus dependencias,    en una situaci&oacute;n dif&iacute;cil y embarazosa. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Al constituirse la Junta Superior, cuid&oacute; con toda prontitud, de organizar las Juntas Locales en cada T&eacute;rmino Municipal, de acuerdo con las prescripciones de la Orden No. 159. </p>     <p align="justify">Los Ayuntamientos,<i> &aacute; </i>cargo de los que corr&iacute;an,    como antes hemos dicho, los pagos de los servicios sanitarios en sus t&eacute;rminos,    no destinaron, para esas atenciones, las cantidades necesarias &eacute; indispensables,    dejando indotadas por completo<i> &aacute; </i>las Juntas Locales. </p>     <p align="justify">Los sueldos asignados por los Municipios<i> &aacute; </i>los    Jefes Locales de Sanidad, eran en algunas ocasiones rid&iacute;culos, en otras    vergonzoso; y, en todas, mezquino &eacute; insuficientes para que pudiesen esos    funcionarios librar su subsistencia, por cuya causa, bien poderosa por cierto,    se ve&iacute;an obligados<i> &aacute; </i>acudir<i> &aacute; </i>mas lucrativos    trabajos, con olvido completo de la Jefatura de Sanidad, que nominalmente desempe&ntilde;aban.  </p>     <p align="justify">Los Municipios no atendieron<i> &aacute; </i>las Juntas Locales    de Sanidad. Las consignaciones para material, no exist&iacute;an, &oacute; si    figuraban en los presupuestos de gastos, era en partidas insignificantes &eacute;    incapaces, bajo todos conceptos, para la prestaci&oacute;n de los servicios.  </p>     <p align="justify">Al Jefe Local de Sanidad, no se asignaba por lo general ning&uacute;n    empleado y, cuando por rareza esto suced&iacute;a, y se destinaba alguno al    servicio de ese Jefe, se le quitaba<i> &aacute; </i>este la facultad de escogerlo    seg&uacute;n su criterio y las necesidades del servicio; y se le coartaba la    libertad de separarlo, si resultaba incompetente &eacute; impropio para el cargo    que desempe&ntilde;aba. </p>     <p align="justify">No eran estos,<i> &aacute; </i>pesar de su magnitud y grandeza,    los &uacute;nicos obst&aacute;culos que se opon&iacute;an<i> &aacute; </i>la    buena marcha de las Juntas Locales de Sanidad. A&uacute;n hab&iacute;a m&aacute;s.    La pol&iacute;tica, las influencias locales, ataban con lazos tan perniciosos    como fuertes<i> &aacute; </i>los Jefes Locales y ahogaban todas sus energ&iacute;as    y hac&iacute;an fracasar las voluntades m&aacute;s generosas y mejor preparadas.  </p>     <p align="justify">En vano luch&oacute; la Junta Superior y la Jefatura de Sanidad,    para que se dotasen decorosamente<i> &aacute; </i>las Juntas Locales, y se les    asignara cantidades necesarias para sus gastos, con objeto de que pudieran realizar    los servicios que les estaban encomendados; porque se aumentasen los empleados    subalternos de las Juntas y por que se librasen<i> &aacute; </i>estas de da&ntilde;inas    influencias. La lucha tit&aacute;nica sostenida por la Junta Superior en defensa    de las locales, fue est&eacute;ril; todo esfuerzo se estrell&oacute; y result&oacute;    in&uacute;til ante la resistencia pasiva que presentaban los Ayuntamientos,    que lejos de poner los medios para remediar los males que se les indicaban,    dejaban que &eacute;stos persistieran, con grave da&ntilde;o<i> &aacute; </i>la    salubridad general. </p>     <p>&iquest;Es de extra&ntilde;ar, Se&ntilde;ores, que contando con factores tan adversos, fracasaran en sus gestiones, las Juntas Locales de Sanidad? </p>     <p>El defecto capital de la Orden 159, fue la de poner<i> &aacute; </i>las Juntas    Locales de Sanidad, en manos de los Ayuntamientos. Bien es verdad, que aquella    Orden hubo de dictarse en una &eacute;poca en la cual, la tendencia general    era favorable<i> &aacute; </i>otorgar<i> &aacute; </i>los Municipios, la mayor    y m&aacute;s amplia autonom&iacute;a, y concederle el mayor n&uacute;mero de    servicios. </p>     <p align="justify">Inspir&aacute;ndose, seguramente, la primera Autoridad de la    Isla en esa corriente general de la opini&oacute;n, hubo de darle tal car&aacute;cter<i>    &aacute; </i>la ley sanitaria. Por lo dem&aacute;s, en la Orden 159 encontramos    los fundamentos m&aacute;s firmes, los principios m&aacute;s sabios, las disposiciones    mejor encaminadas, para servir de fundamento<i> &aacute; </i>una Ley de Sanidad.    En virtud de una de las disposiciones de esa Orden, tenemos las Ordenanzas Sanitarias,    texto legal notable, que debemos<i> &aacute; </i>la extinguida Junta Superior    de Sanidad, y del que fue ponente el Dr. E. B. Barnet. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Es justicia reconocer, que la causa principal del resultado    adverso de la organizaci&oacute;n sanitaria local, en los distintos Ayuntamientos,    debida<i> &aacute; </i>la Orden 159, fue de car&aacute;cter econ&oacute;mico.  </p>     <p align="justify">El Gobierno de la Rep&uacute;blica, conociendo este hecho, y ansioso de velar por la salud p&uacute;blica, concedi&oacute; distintos cr&eacute;ditos, bien por Decretos Presidenciales, bien por leyes del Congreso, para diversas atenciones sanitarias. Igualmente cre&oacute; servicios de car&aacute;cter urgentes, seg&uacute;n los iban demandando las necesidades del momento. </p>     <p align="justify">Entre las disposiciones adoptadas por el Gobierno de la Rep&uacute;blica    con respecto<i> &aacute; </i>Sanidad, tenemos en primer t&eacute;rmino, el Decreto    Presidencial No. 11, de 20 de mayo de 1902, en el que se dispone que los servicios    de Sanidad y Beneficencia, dependieran, en lo sucesivo, de la Secretar&iacute;a    de Gobernaci&oacute;n; la Circular del Secretario de Gobernaci&oacute;n, fecha    10 de junio de 1902, disponiendo<i> &aacute; </i>los Gobernadores Civiles que    exigieran el exacto cumplimiento de la Orden 165, de 1901, relativa<i> &aacute;    </i>vacunaci&oacute;n; el Decreto No. 39, de junio 11 del mismo a&ntilde;o,    disponiendo que los tripulantes y pasajeros procedentes de un buque infectado    de fiebre amarilla, fueran sometidos, en los puertos de la Rep&uacute;blica,<i>    &aacute; </i>una observaci&oacute;n sanitaria de cinco d&iacute;as y cuando    procediesen de puertos infectados por viruelas, y los pasajeros &oacute; tripulantes    no llevasen la marca indeleble de la vacuna, fueran revacunados. </p>     <p align="justify">Por el Decreto No. 40, de 11 de junio, se dispone que el Servicio    de Sanidad Mar&iacute;tima, que estaba<i> &aacute; </i>cargo de la Secretar&iacute;a    de Hacienda, seg&uacute;n lo preceptuado en la Orden No. 133, Serie 1902, pasase<i>    &aacute; </i>la de Gobernaci&oacute;n, con objeto de unificar, en lo posible,    poni&eacute;ndolas en una misma Secretar&iacute;a, la Sanidad Terrestre y la    Mar&iacute;tima. Esta prudente medida, que fue acogida por todos con verdadero    agrado y que estaba llamada<i> &aacute; </i>dar resultados muy beneficiosos,    fue mas tarde anulada por una Ley del Congreso. El Decreto No. 97, de 16 de    agosto, reorganiz&oacute; el Servicio de Cuarentenas y le cambi&oacute; el nombre    por el m&aacute;s propio de ‘'Servicio de Sanidad Mar&iacute;tima de la Rep&uacute;blica    de Cuba''. Por el Decreto No. 100 se dispon&iacute;a, como complemento<i> &aacute;    </i>la anterior disposici&oacute;n presidencial, que el Oficial Jefe de Cuarentenas,    se denominase ‘' Jefe del Servicio de Sanidad Mar&iacute;tima''. </p>     <p align="justify">El Jefe de Sanidad de La Habana public&oacute; en junio 20,    una disposici&oacute;n, en virtud de la cual, los Se&ntilde;ores M&eacute;dicos    en ejercicio en La Habana y Guanabacoa, estaban en el deber de participar<i>    &aacute; </i>la Oficina de Sanidad los casos que asistieran de las enfermedades    transmisibles que se especificaban, y d&aacute;ndoles,<i> &aacute; </i>la par,    instrucciones precisas, para que llenasen mejor esa obligaci&oacute;n y brind&aacute;ndoles    los medios para practicar los ex&aacute;menes bacteriol&oacute;gicos que considerasen    oportunos, para el esclarecimiento de los diagn&oacute;sticos en los casos dudosos.  </p>     <p>Igualmente se invitaba, tanto<i> &aacute; </i>los m&eacute;dicos como<i> &aacute;    </i>las comadronas, para que registrasen en la Oficina de Sanidad sus nombres,    firmas y domicilios. </p>     <p>Por el Ayuntamiento de La Habana se dictaron, en el propio a&ntilde;o de 1902, las siguientes disposiciones sanitarias: </p>     <p align="justify">Con fecha 9 de agosto, la Alcald&iacute;a Municipal dispuso    que en lo adelante, para ser admitidos los enfermos en los Hospitales, no tuviesen    necesidad de llevar una ‘'baja'' del m&eacute;dico de la Casa de Socorros que    acreditase su enfermedad, sino que bastaba para su ingreso, el presentarse al    m&eacute;dico del establecimiento. Con esta disposici&oacute;n se hizo un gran    bien<i> &aacute; </i>la clase pobre, y se facilitaba su ingreso en los Hospitales,    evit&aacute;ndoles<i> &aacute; </i>los interesados el llenar tr&aacute;mites    in&uacute;tiles y dilatorios. </p>     <p align="justify">En 14 de julio, dict&oacute; el Alcalde Municipal una Circular recordando el cumplimiento del bando por el que se prohib&iacute;a fumar en los carros, &oacute;mnibus y dem&aacute;s carruajes p&uacute;blicos. </p>     <p align="justify">Por la Alcald&iacute;a Municipal, con fecha 15 de julio, se    comunic&oacute;<i> &aacute; </i>los Se&ntilde;ores M&eacute;dicos que<i> &aacute;    </i>la relaci&oacute;n de enfermedades transmisibles de declaraci&oacute;n obligatoria,    se agregaba la ‘'malaria''. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Uno de los primeros y m&aacute;s notables trabajos que emprendi&oacute;    con toda decisi&oacute;n, el Departamento de Sanidad bajo la Rep&uacute;blica,    fue el organizado contra el paludismo. El Major Gorgas, que con &eacute;xito    lisonjero hab&iacute;a implantado en La Habana el servicio para la extinci&oacute;n    de los mosquitos, logr&oacute;, despu&eacute;s de incesantes trabajos, acabar    con la fiebre amarilla, reducir de manera muy notable el paludismo y aminorar    el n&uacute;mero de casos de filaria, gracias<i> &aacute; </i>los eficaces trabajos    que se llevaban<i> &aacute; </i>cabo para la extinci&oacute;n de esos insectos.    Y el Departamento de Sanidad cubano, una vez acabada la fiebre amarilla, consider&oacute;    como una atenci&oacute;n preferente y continu&oacute; con el mayor celo, los    trabajos contra el paludismo. A ese efecto, se dispuso que los Se&ntilde;ores    M&eacute;dicos dieran cuenta de los casos de malaria que asistiesen, con objeto    de aislar los enfermos y practicar las fumigaciones de las casas por &eacute;stos    ocupadas. </p>     <p align="justify">Por Decreto de la Alcald&iacute;a, de 27 de agosto, se adicionaron,<i>    &aacute; </i>la lista de enfermedades transmisibles de declaraci&oacute;n obligatoria,    la p&uacute;stula maligna y el t&eacute;tanos infantil. La Junta Superior de    Sanidad dedic&oacute; atenci&oacute;n muy exquisita al importante problema del    t&eacute;tanos infantil. No pod&iacute;a pasar inadvertido, para las Autoridades    Sanitarias Cubanas, el problema pavoroso que exist&iacute;a en relaci&oacute;n    con esa enfermedad. </p>     <p align="justify">En nuestras estad&iacute;sticas de defunci&oacute;n figuraban con alta cifra, los casos de t&eacute;tanos infantil, enfermedad evitable que se debe, en la inmensa mayor&iacute;a de los casos, al abandono y al descuido. </p>     <p align="justify">La Junta de Sanidad, trat&oacute; por todos los medios<i> &aacute;    </i>su alcance, de instruir al pueblo, por medio de folletos de las causas de    t&eacute;tanos infantil y de evitar la existencia y propagaci&oacute;n de esa    enfermedad. Adem&aacute;s, por la Jefatura de Sanidad se mandaron<i> &aacute;    </i>construir expresamente<i> &aacute; </i>los Estados Unidos unos paquetes    as&eacute;pticos conteniendo algodones, vendajes y la gasa necesaria para la    cura umbilical y cuyos paquetes se distribuyen gratuitamente<i> &aacute; </i>todo    el que lo solicite. Debido</p>     <p align="justify">estas gestiones, se han logrado reducir las defunciones que    antes ocasionaba el t&eacute;tanos infantil, arranc&aacute;ndole<i> &aacute;    </i>la muerte victimas inocentes que se inmolaban en el altar de la despreocupaci&oacute;n.  </p>     <p>Por recomendaci&oacute;n de la Junta de Salubridad, el Alcalde Municipal de    La Habana, dispone, en 24 de julio, que por los Se&ntilde;ores M&eacute;dicos    Municipales, se lleve<i> &aacute; </i>cabo la vacunaci&oacute;n y revacunaci&oacute;n    obligatoria y gratuita, en el T&eacute;rmino Municipal. </p> <h4>A&ntilde;o de 1903 </h4>     <p align="justify">En vista de estar infectados por la peste bub&oacute;nica algunos    Puertos Mexicanos, el Presidente de la Rep&uacute;blica, en enero 22, acord&oacute;    enviar<i> &aacute; </i>M&eacute;xico un Comisionado Especial, con objeto de    que person&aacute;ndose en las localidades infectadas, hiciera un estudio acerca    de las medidas que deb&iacute;an adoptarse en Cuba, con respecto<i> &aacute;    </i>esa enfermedad y creando dos plazas de m&eacute;dicos adscriptos<i> &aacute;    </i>los Consulados de Cuba, en Progreso y en Tampico. El Dr. Federico Torralbas,    fue nombrado Comisionado Especial y las dos plazas de M&eacute;dicos en los    Puertos Mexicanos fueron cubiertas por los Dres. Guillermo Pi&ntilde;a y Jos&eacute;    F. Pl&aacute;. </p>     <p align="center"><a href="/img/revistas/his/n100/f7his100.jpg"><img src="/img/revistas/his/n100/f7his100.jpg" width="118" height="149" border="0"></a></p>     
<p align="center">Fig. 7. El doctor Jos&eacute; A. L&oacute;pez del Valle y Vald&eacute;s, a la derecha, en el Departamento Nacional de Sanidad (1902) con los doctores Carlos J. Finlay y Barr&eacute;s, en el centro y Enrique B. Barnet Roque de Escobar, a la izquierda. </p>     <p align="justify">En Enero 27, se public&oacute; en la Gaceta un Decreto del Sr. Presidente de la Rep&uacute;blica, disponiendo que por los Secretarios de Gobernaci&oacute;n y de Agricultura se adoptasen todas las medidas oportunas para estudiar y combatir la epizootia que hab&iacute;a aparecido en las Provincias de la Habana, Matanzas y Santa Clara, y nombrando una Comisi&oacute;n cient&iacute;fica para que constituy&eacute;ndose en los lugares infectados, estudiasen la enfermedad y recomendasen las medidas apropiadas para su exterminio. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Para los gastos que se originasen con motivo de estos trabajos,    se conced&iacute;a un cr&eacute;dito de $ 50.000,<i> &aacute; </i>la Secretar&iacute;a    de Gobernaci&oacute;n. En 2 de febrero, el Presidente de la Rep&uacute;blica,    sancion&oacute; una Ley del Congreso, por la que se conced&iacute;an $ 25.000,    para los trabajos que se organizaren con objeto de evitar la propagaci&oacute;n    de una enfermedad epizo&oacute;tica que diezmaba el ganado vacuno. </p>     <p align="justify">Como resultado de los trabajos realizados, se public&oacute;, por la Secretar&iacute;a de Gobernaci&oacute;n, con fecha 17 de febrero, una Circular en la que se daban instrucciones precisas y claras acerca de los medios que deb&iacute;an poner en pr&aacute;ctica las autoridades y los particulares, para evitar el desarrollo de la epizootia reinante. En esta Circular, se conten&iacute;an las recomendaciones de la Junta Superior de Sanidad, para la inspecci&oacute;n, vigilancia, aislamiento y cremaci&oacute;n de los animales enfermos. </p>     <p align="justify">En 17 de febrero se public&oacute; en la Gaceta, el Decreto    Presidencial No. 15, dictando las reglas recomendadas por la Junta Superior    de Sanidad, prohibiendo la importaci&oacute;n de ganados procedentes del Puerto    de Coatzacoalcos, Rep&uacute;blica de M&eacute;xico, &oacute; de cualquier otro    puerto del Golfo que estuviese, como el citado, infectado por la Peste Bub&oacute;nica.    Se dictaban, tambi&eacute;n, en ese Decreto, reglas severas para someter<i>    &aacute; </i>cuarentenas<i> &aacute; </i>los buques y pasajeros que llegasen<i>    &aacute; </i>Cuba, procedentes de localidades infectadas por la Peste. </p>     <p align="justify">Con motivo de la aparici&oacute;n de la fiebre amarilla en Santiago de Cuba, y en previsi&oacute;n de que pudiera presentarse en Cienfuegos, se cre&oacute;, por Decreto No. 51, del Sr. Presidente de la Rep&uacute;blica, fecha 4 de mayo, en cada una de las ciudades antes mencionadas, una Comisi&oacute;n de Enfermedades Infecciosas, compuesta de cinco miembros, la que hab&iacute;a de funcionar al igual que la creada en La Habana en el a&ntilde;o 1899 por la Orden Civil No. 15. </p>     <p align="justify">En 12 de junio se dict&oacute; el Decreto Presidencial No.    74, en el que, por recomendaci&oacute;n de la Junta Superior de Sanidad, se    dispon&iacute;a que los buques procedentes de puertos infectados de fiebre amarilla    que conduc&iacute;an ganado<i> &aacute; </i>Cuba y que para tomar ese ganado    atracasen<i> &aacute; </i>alg&uacute;n lugar de la costa &oacute; muelle, fueran    fumigados con pyretrum antes del embarque del ganado, debiendo esa operaci&oacute;n    ser dirigida por un oficial m&eacute;dico de Cuba. </p>     <p align="justify">El Congreso vot&oacute;, y fue sancionada por el Presidente de la Rep&uacute;blica, en 24 de junio, una ley prorrogando por un a&ntilde;o m&aacute;s el cr&eacute;dito concedido por el propio Congreso en noviembre de 1902, para las experiencias de curabilidad de la lepra, seg&uacute;n el tratamiento de los Doctores Moreno y Duque. </p>     <p align="justify">Por una Resoluci&oacute;n Presidencial, de septiembre 4, se    concedieron<i> &aacute; </i>la Junta Superior varios cr&eacute;ditos para paquetes    as&eacute;pticos destinados<i> &aacute; </i>la prevenci&oacute;n del t&eacute;tanos    infantil; para reparaciones en el Hospital ‘'Las Animas'' y para el servicio    de saneamiento general de casas de la ciudad de La Habana, as&iacute; como tambi&eacute;n    se otorgaban, por la propia resoluci&oacute;n, otros cr&eacute;ditos para el    Laboratorio de la Isla de Cuba. </p>     <p align="justify">Habi&eacute;ndose presentado en La Habana en forma epid&eacute;mica    la escarlatina, y siendo necesario tomar las medidas para prevenir el mayor    incremento de la misma, as&iacute; como para extinguir los focos existentes,    se concedieron, por resoluciones presidenciales de fechas 31 de octubre y 11    de noviembre, cr&eacute;ditos<i> &aacute; </i>ese efecto, y gracias a los cuales    pudieron habilitarse salas especiales para el aislamiento de los enfermos y    organizarse brigadas para la r&aacute;pida y total desinfecci&oacute;n de las    casas infectadas. </p>     <p align="justify">La Junta Superior de Sanidad, en la Gaceta de octubre 26, hizo    p&uacute;blico el acuerdo tomado por la misma, relativo al n&uacute;mero de    enfermedades que se consideraban como de declaraci&oacute;n obligatoria para    toda la Rep&uacute;blica y extendiendo<i> &aacute; </i>la Isla entera, las practicas    seguidas en La Habana para facilitar<i> &aacute; </i>los Se&ntilde;ores M&eacute;dicos    el dar parte de esas enfermedades y adoptar los medios para comprobar el diagn&oacute;stico    en los casos dudosos. </p>     <p align="justify"><b>A&ntilde;o de 1904</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Entre los Decretos promulgados por el Sr. Presidente de la    Rep&uacute;blica, en el a&ntilde;o de 1904 y destinados<i> &aacute; </i>mejorar    los servicios de Sanidad, tenemos el No. 230, de 6 de agosto, dictando reglas    para la construcci&oacute;n de nuevos cementerios y las que hab&iacute;an sido    previamente recomendadas por la Junta Superior de Sanidad. </p>     <p align="justify">Existiendo en Bayamo un foco epid&eacute;mico de difteria,    la Junta Superior de Sanidad acord&oacute; enviar<i> &aacute; </i>La Habana<i>    &aacute; </i>esa localidad, un Inspector M&eacute;dico, un Inspector de Sanidad    y una brigada de expertos en los trabajos de desinfecci&oacute;n. As&iacute;    mismo acord&oacute; la construcci&oacute;n de una caseta, convenientemente habilitada    para el Hospital de aislamiento, con objeto de atender en ella<i> &aacute; </i>los    atacados por esa enfermedad. Para el pago de estas atenciones, as&iacute; como    para los de suero antidift&eacute;rico y dem&aacute;s exigencias del momento,    se concedi&oacute; por el Decreto No. 285, del Sr. Presidente de la Rep&uacute;blica,    de fecha 27 de septiembre, las cantidades necesarias y la autorizaci&oacute;n    correspondiente, para llevar<i> &aacute; </i>cabo esos trabajos con la mayor    eficacia y prontitud. </p>     <p>El Decreto No. 325, del 29 de octubre, por el que se concedi&oacute; al Laboratorio    de la Isla de Cuba un cr&eacute;dito para la adquisici&oacute;n de caballos    con destino<i> &aacute; </i>la preparaci&oacute;n de sueros preventivos. </p>     <p align="justify">Desde esta fecha, y por acuerdo de la Junta Superior de Sanidad,    viene el Laboratorio preparando suero anti-dift&eacute;rico que se reparte gratuitamente    por el Departamento<i> &aacute; </i>todo el que lo solicite, bien en La Habana,    bien en las dem&aacute;s poblaciones de la Rep&uacute;blica. </p>     <p align="justify">Al aparecer, en el mes de noviembre, la fiebre amarilla en    Santiago de Cuba, la Junta Superior de Sanidad tom&oacute; el acuerdo de proceder<i>    &aacute; </i>la r&aacute;pida fumigaci&oacute;n de las casas infectadas y crear    un servicio en dicha ciudad para defenderla de la infecci&oacute;n amarilla.    No solo se procedi&oacute;<i> &aacute; </i>fumigar la parte infectada, sino    que teniendo en cuenta la comunicaci&oacute;n diaria y constante de Santiago    de Cuba con los poblados y extensos distritos mineros enclavados en esa provincia,    se crearon, para la debida observaci&oacute;n m&eacute;dica de los numerosos    no inmunes que trabajan en las minas del Cobre, de Juragu&aacute; y de Daiquiri,    plazas de Inspectores M&eacute;dicos, con la misi&oacute;n de atender, en cada    uno de esos lugares,<i> &aacute; </i>todo lo relacionado con la fiebre amarilla.    A ese efecto, fue dictado el Decreto No. 363, de 28 de noviembre. </p>     <p align="justify">Entre las leyes del Congreso, y correspondientes al propio    a&ntilde;o de 1904, tenemos, la del 12 de enero, concediendo $ 200. 000.00 para    obras en el acueducto de Santiago de Cuba y otros $ 200. 000. 00 para igual    clase de trabajos en la ciudad de Camaguey. En el mismo d&iacute;a, aparece    otra ley, concediendo $ 15. 000. 00 para el acueducto de Uni&oacute;n de Reyes    y se public&oacute; tambi&eacute;n con la propia fecha, otra Ley del Congreso,    concediendo un cr&eacute;dito de $250. 000. 00 para conducir las aguas del Canal    de Vento<i> &aacute; </i>Guanabacoa. </p>     <p>En la Gaceta de noviembre 14, fue publicada una Ley del Congreso cubano, disponiendo    se llevasen<i> &aacute; </i>cabo las obras oportunas para el estudio y presupuesto    del acueducto de la Villa de Col&oacute;n. </p> <h4>A&ntilde;o de 1905 </h4>     <p align="justify">En el a&ntilde;o de 1905, tenemos, entre otras Leyes y Decretos    relativos<i> &aacute; </i>Sanidad, la ley votada en el Congreso, y sancionada    por el Presidente de la Rep&uacute;blica en enero 14, concediendo la suma de    $326.000.00 para atenciones sanitarias en Santiago de Cuba, Camag&uuml;ey, Matanzas,    C&aacute;rdenas, Nuevitas, Trinidad, Caibari&eacute;n, Santa Clara, G&uuml;ines,    Pinar del R&iacute;o y Guanajay. </p>     <p align="justify">En virtud del cr&eacute;dito concedido por esa ley, pudieron    organizarse servicios de saneamiento en las indicadas poblaciones, y llevarse<i>    &aacute; </i>cabo por el Departamento de Obras P&uacute;blicas, la limpieza    y mejoramiento sanitario de esas localidades. </p>     <p align="justify">Por Decreto No. 18, de 18 de enero, se concedi&oacute;, por    el Sr. Presidente de la Rep&uacute;blica, un cr&eacute;dito de $6.000.00 para    continuar los trabajos sanitarios que se ven&iacute;an llevando<i> &aacute;    </i>cabo en Santiago de Cuba, contra la fiebre amarilla. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Con motivo de haberse presentado un peque&ntilde;o brote epid&eacute;mico    de difteria en San Antonio de los Ba&ntilde;os, se concedi&oacute;, por el Decreto    No. 73, de 20 de febrero, un cr&eacute;dito de $2.000.000 para los gastos que    ocasionasen los delegados de la Junta Superior de Sanidad que fueran designados<i>    &aacute; </i>prestar sus servicios en esa localidad y la brigada de desinfecci&oacute;n    que al efecto se envi&oacute;<i> &aacute; </i>San Antonio. </p>     <p align="justify">Persistiendo en Santiago de Cuba las causas que obligaron<i>    &aacute; </i>la creaci&oacute;n del servicio temporero contra la fiebre amarilla,    se concedi&oacute;, por el Decreto No. 126, de 28 de marzo, el cr&eacute;dito    necesario para la pr&oacute;rroga, por 90 d&iacute;as m&aacute;s, del mencionado    servicio. </p>     <p align="justify">Dada la indiscutible importancia que<i> &aacute; </i>la salud    p&uacute;blica ofrec&iacute;a la permanencia y sostenimiento de los trabajos    sanitarios que se llevasen<i> &aacute; </i>cabo en Santiago de Cuba, se dispuso,    por el Decreto 245, de 29 de junio, la continuaci&oacute;n del citado servicio    por tiempo indefinido. </p>     <p align="justify">Habi&eacute;ndose agotado el cr&eacute;dito concedido por el    Congreso, en 14 de noviembre de 1905, y vista la necesidad imperiosa de que    se continuase prestando el servicio de saneamiento creado en distintas poblaciones    de la Isla, el Sr. Presidente de la Rep&uacute;blica, dispuso, en junio 30,    que hasta que por el Congreso no se resolviese otra cosa, el Estado siguiese    abonando los gastos que originasen los servicios de referencia en las mismas    poblaciones en que se llevaban<i> &aacute; </i>cabo, seg&uacute;n las citada    Ley de 14 de enero. </p>     <p align="justify">En la Gaceta de julio 28, apareci&oacute; el Decreto No. 292,    del Presidente de la Rep&uacute;blica, y en el que se dispon&iacute;a, de acuerdo    con lo informado por la Junta Superior de Sanidad, que el Dr. Juan Guiteras,    Vocal de esa Junta, fuese en comisi&oacute;n especial<i> &aacute; </i>algunos    puertos del Sur de los Estados Unidos, con objeto de estudiar la epidemia de    fiebre amarilla que se hab&iacute;a presentado en Nueva Orle&aacute;ns, y las    medidas de precauci&oacute;n que deb&iacute;an adoptarse en esta Rep&uacute;blica    para evitar la introducci&oacute;n en la misma de la citada enfermedad. En el    mencionado Decreto, se conced&iacute;an los cr&eacute;ditos necesarios para    llevar<i> &aacute; </i>cabo esa comisi&oacute;n. </p>     <p align="justify">En el mes de septiembre del a&ntilde;o<i> &aacute; </i>que    nos referimos, apareci&oacute; en el t&eacute;rmino municipal de San Luis, Oriente,    un caso de viruelas. Con motivo de este caso, y para prevenir<i> &aacute; </i>la    Isla de la propagaci&oacute;n de la terrible infecci&oacute;n variolosa, la    Junta Superior de Sanidad acord&oacute; crear plazas de m&eacute;dicos vacunadores    para que llevasen<i> &aacute; </i>cabo, con todo rigor, la vacunaci&oacute;n    y revacunaci&oacute;n obligatoria en los t&eacute;rminos municipales de San    Luis y los dem&aacute;s de la provincia de Santiago de Cuba. Para la prestaci&oacute;n    de estos servicios, se concedi&oacute; el cr&eacute;dito correspondiente, por    Decreto No. 357, de la Presidencia de la Rep&uacute;blica, de fecha 6 de septiembre.  </p>     <p>El d&iacute;a 4 de septiembre y por Decreto de la Secretar&iacute;a de Gobernaci&oacute;n, fue promulgado y puesto en vigor, el Reglamento General del Laboratorio de la Isla de Cuba. </p>     <p align="justify">El d&iacute;a 20 de septiembre, y por Decreto de la Secretar&iacute;a de Gobernaci&oacute;n, se anunci&oacute; que la Junta Local de Sanidad de La Habana, quedaba constituida de acuerdo con lo dispuesto en la Orden 159, serie de 1902, y el Decreto Presidencial de 23 de agosto. </p>     <p align="justify">La Habana, Guanabacoa, Marianao y Santiago de las Vegas, constitu&iacute;an    el Departamento de Sanidad de La Habana y el saneamiento de estos municipios    era sostenido por el Estado, en vista de que los respectivos Ayuntamientos,    no pod&iacute;an hacer frente<i> &aacute; </i>los gastos que originaban sus    servicios sanitarios y, aunque algo parecido ocurr&iacute;a en los dem&aacute;s    t&eacute;rminos municipales de la Rep&uacute;blica, se hizo, sin embargo, esa    excepci&oacute;n para los ya indicados, por ser el primero la Capital y estar    los otros en diaria y constante comunicaci&oacute;n con La Habana y la necesidad    de mantener<i> &aacute; </i>esta en las debidas condiciones higi&eacute;nicas.  </p>     <p align="justify">Al extinguirse el Departamento de Sanidad, pasaron sus deberes    y sus atribuciones<i> &aacute; </i>la Junta Local que se organizaba, para dar    exacto cumplimiento<i> &aacute; </i>lo dispuesto en la Orden 159. A esa Junta    se agregaron, tambi&eacute;n, y<i> &aacute; </i>los efectos sanitarios, los    municipios de Santiago de las Vegas, Guanabacoa y Marianao, encarg&aacute;ndole    de la direcci&oacute;n sanitaria de los referidos t&eacute;rminos municipales,    hasta que &eacute;stos pudieran desenvolverse econ&oacute;micamente y atender    esas importantes cuestiones en forma debida y que garantizase los intereses    sagrados de la salud P&uacute;blica. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Ansiosa la Junta Superior de Sanidad, de comprobar las teor&iacute;as    enunciadas por distinguidos profesores extranjeros, acerca de la transmisi&oacute;n    hereditaria de la infecci&oacute;n en el mosquito de la especie Estegomia, solicit&oacute;    y obtuvo del Sr. Presidente de la Rep&uacute;blica, la concesi&oacute;n del    permiso y cr&eacute;dito necesario para llevar<i> &aacute; </i>cabo los trabajos    oportunos para el estudio de esa teor&iacute;a. El Sr. Presidente de la Rep&uacute;blica,    por el Decreto 427, de 26 de octubre, concedi&oacute; lo interesado<i> &aacute;    </i>ese efecto. Estos trabajos de investigaci&oacute;n se suspendieron por la    reaparici&oacute;n de la fiebre amarilla en Cuba lo que demandaba toda la atenci&oacute;n    sanitaria. Por Decreto de la Secretar&iacute;a de Gobernaci&oacute;n de noviembre    8, se dispuso en obsequio del mejor servicio, que la Junta Superior de Sanidad    comenzara<i> &aacute; </i>ejercer las funciones que respecto<i> &aacute; </i>la    Comisi&oacute;n permanente de vacuna, le confer&iacute;a el apartado (F), de    la Secci&oacute;n 2&ordf;, de la Orden 159. En virtud de esa disposici&oacute;n,    la Junta Superior de Sanidad se hizo cargo, directamente, de la administraci&oacute;n    del Servicio General de Vacuna. </p>     <p>En fecha infortunada para nuestra historia sanitaria, en octubre de 1905, reapareci&oacute;, en La Habana, la fiebre amarilla. </p>     <p align="justify">Durante 4 a&ntilde;os hab&iacute;amos logrado mantener esta    Capital y la Isla toda, libre de la infecci&oacute;n amarilla, tal como nos    la hab&iacute;a entregado el Major Gorgas. Pero tuvimos que pagar el tributo    de vecindad, con una poblaci&oacute;n infectada: Nueva Orle&aacute;ns. Es honrado    declarar que la campa&ntilde;a contra el estegom&iacute;a y, sobre todo, contra    sus sitios preferentes de cr&iacute;a- los dep&oacute;sitos de aguas estancadas    al descubierto, - no se llevaba<i> &aacute; </i>cabo en 1905 con todo el rigor    que en 1901, cuando el Departamento de Sanidad ten&iacute;a ante su vista, como    problema casi &uacute;nico y capital, el de la fiebre amarilla. Por esa causa,    hab&iacute;a en 1905 y en gran n&uacute;mero, los elementos necesarios para    la propagaci&oacute;n de la fiebre amarilla, &oacute; sea, enfermos, estegom&iacute;as    y no- inmunes. Hab&iacute;amos cuidado de contar con elementos sobrados para    el debido aislamiento de los primeros; ejerc&iacute;amos vigilancia m&eacute;dica-sanitaria    sobre los terceros, pero el elemento m&aacute;s f&aacute;cilmente y con mayor    provecho ‘'dominable'' y que m&aacute;s favorece el incremento de esa infecci&oacute;n,    esto es, los estegom&iacute;as exist&iacute;an en gran cantidad. Y por esta    raz&oacute;n, la fiebre amarilla se propag&oacute; r&aacute;pidamente en La    Habana, constituyendo un foco epid&eacute;mico de importancia. </p>     <p align="justify">Por ser tambi&eacute;n una verdad, hay que declarar que tanto    el Gobierno, (por Decretos Presidenciales n&uacute;ms. 445, 455 y 472, de noviembre    16 y 18 y diciembre 4, respectivamente,) concedi&oacute; los recursos necesarios    para atacar el mal, como Junta Superior de Sanidad, y muy especialmente el Departamento    de Sanidad de La Habana, todos,<i> &aacute; </i>una, con patri&oacute;tico empe&ntilde;o,    se esforzaron por dominar, en el menor tiempo posible, el desarrollo de la epidemia,    alcanz&aacute;ndose en breve, un resultado por todos conceptos notables. En    la Habana se yugul&oacute; la infecci&oacute;n: pero m&aacute;s tarde, esta    se extendi&oacute; hasta el campo, donde, seg&uacute;n frase feliz del Major    Kean, ‘'adopt&oacute; la t&aacute;ctica revolucionaria, intern&aacute;ndose    en los montes, invadiendo los peque&ntilde;os poblados, las colonias y los ingenios''.  </p>     <p align="justify">La Junta Superior de Sanidad acudi&oacute; presurosa, por medio    de sus delegados y de sus disciplinadas brigadas de desinfecci&oacute;n,<i>    &aacute; </i>conjurar el peligro sanitario, all&iacute; donde &eacute;ste exist&iacute;a.    Se hac&iacute;an esfuerzos inauditos, para ahogar en sus puntos de emergencias,    los focos de infecci&oacute;n, logr&aacute;ndose de momento &eacute;xitos brillantes,    pues esos focos aparentemente se apagaban. Pero el trabajo sanitario no pod&iacute;a    en ning&uacute;n caso ser completo y decisivo en sus resultados, en lo relativo<i>    &aacute; </i>fiebre amarilla, pues si bien es verdad que se destru&iacute;an    los mosquitos infectados, en cambio, no se llevaba<i> &aacute; </i>cabo, ni    pod&iacute;a realizarse por falta de recursos, los trabajos apropiados para    la extinci&oacute;n de los mosquitos en general. No era hacedero entonces, de    manera regular y permanente, sostener por tiempo prudencial, los dem&aacute;s    trabajos sanitarios contra la fiebre amarilla en las localidades infectadas.  </p>     <p align="center"><a href="/img/revistas/his/n100/f8his100.JPG"><img src="/img/revistas/his/n100/f8his100.JPG" width="225" height="188" border="0"></a></p>     
<p align="center"> Fig. 8. El doctor Jos&eacute; A. L&oacute;pez del Valle y Vald&eacute;s, al    centro, en el Departamento Nacional de Sanidad (1903) con los doctores Carlos    J. Finlay Barr&eacute;s, a la derecha y Enrique B. Barnet Roque de Escobar,    a la izquierda. </p>     <p align="justify">Y de aqu&iacute; que se renovasen, de manera fatal, los focos    epid&eacute;micos en determinadas localidades - Uni&oacute;n de Reyes, Bolondr&oacute;n,    Cruces, etc. –&oacute; que se infectaran localidades vecinas -Alacranes, Palos,    Palmira, etc.,- por la facilidad que prestaban para esa difusi&oacute;n de la    enfermedad, la gran existencia, en todas las poblaciones de Cuba, de mosquitos    EstegomIas. Las Juntas Locales de Sanidad, eran impotentes, por su falta de    recursos y de independencia, para aplicar en toda su integridad las leyes sanitarias,    y para instalar los servicios contra la fiebre amarilla. Era necesario, en cada    lugar infectado, y cuando se presentaba alg&uacute;n caso, organizar la campa&ntilde;a,    crear de ‘'momento'' y ‘'por el momento'' los servicios, que solo funcionaban,    mientras exist&iacute;a el peligro inminente, pero que, m&aacute;s tarde y cuando    este aparentemente desaparec&iacute;a, hab&iacute;a que suprimirlos por falta    de cr&eacute;dito.</p>     <p align="justify">Siendo de necesidad ampliar el Hospital ‘'Las Animas'', para    que pudiese responder mejor<i> &aacute; </i>las necesidades del servicio, se    concedi&oacute;, por el Decreto No. 448, de noviembre 23, un cr&eacute;dito    de $4.000.00, para construir un nuevo pabell&oacute;n en ese Hospital. </p>     <p align="justify">Para el apropiado aislamiento de los enfermos, sospechosos &oacute; confirmados de fiebre amarilla que pudieran presentarse en el interior de la Rep&uacute;blica, se concedi&oacute;, por el Decreto No. 456, de noviembre 28, un cr&eacute;dito de $5.000.00, con objeto de instalar salas alambradas en los distintos Hospitales de Cuba. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Por la Jefatura de Sanidad, se tomaron, en esos d&iacute;as de angustias, las    medidas m&aacute;s oportunas y eficaces, para combatir la fiebre amarilla. La    fumigaci&oacute;n de las casas infectadas y las vecinas, se llevaba<i> &aacute;    </i>cabo con toda prontitud y rigor. Los no- inmune febriles eran aislados contra    las picadas de los mosquitos y sometidos<i> &aacute; </i>la consideraci&oacute;n    de la Comisi&oacute;n de Enfermedades Infecciosas. Se inspeccionaban las casas    y sus dep&oacute;sitos de agua. Se reorganizaron las brigadas de petrolizaci&oacute;n    y de zanjeos y se llevaban<i> &aacute; </i>cabo, las inspecciones m&eacute;dicas    de los no- inmunes que habitaban en las zonas infectadas. </p>     <p>En la Gaceta de 12 de diciembre, se publicaron tres Circulares de la Jefatura    de Sanidad, tendentes todas<i> &aacute; </i>la adopci&oacute;n de medidas para    evitar el incremento de la fiebre amarilla. </p>     <p align="justify">La primera de esas Circulares, era dirigida<i> &aacute; </i>los    Se&ntilde;ores M&eacute;dicos, en la que se les recordaba el deber en que est&aacute;n    de comunicar al Jefe de Sanidad, los casos, sospechosos <i>&oacute;</i> confirmados    de fiebre amarilla y se les recomendaba dieran cuenta, adem&aacute;s, de los    casos de 'dengue' cuya enfermedad reinaba, en esos d&iacute;as, epid&eacute;micamente    en La Habana. Muy prudente y discreta era esta determinaci&oacute;n, por cuanto    las primeras manifestaciones del 'dengue', pueden confundirse con los s&iacute;ntomas    invasores de la fiebre amarilla. Ten&iacute;amos tambi&eacute;n, y como factor    favorable<i> &aacute; </i>la declaraci&oacute;n obligatoria del ‘'dengue'',    la experiencia adquirida en Nueva Orle&aacute;ns, donde al principio de la epidemia    de fiebre amarilla, se crey&oacute; se tratase de 'dengue' y, como tal, eran    diagnosticados los casos. </p>     <p align="justify">No deja de ser curioso y digno de estudio, el que al igual    que en Nueva Orle&aacute;ns, en La Habana se presentasen conjuntamente y evolucionasen    de manera arm&oacute;nica, las epidemias de 'dengue' y de fiebre amarilla. </p>     <p align="justify">Por la segunda Circular, la Jefatura de Sanidad, ordenaba<i>    &aacute; </i>los due&ntilde;os de hoteles, posadas, casas de dormir y dem&aacute;s    establecimientos an&aacute;logos, se proveyeran de un libro -registro donde    anotasen los nombres, direcciones, lugares de procedencia, etc. de los hu&eacute;spedes    que alojasen en sus establecimientos. </p>     <p align="justify">La sabidur&iacute;a de esta disposici&oacute;n, ha sido comprobada por la pr&aacute;ctica, en la que hemos adquirido el convencimiento de su utilidad &eacute; importancia, en el terreno de la profilaxis de numerosas infecciones y, sobre todo, en el de la fiebre amarilla. </p>     <p align="justify">El Jefe de Sanidad, en la tercera Circular, le exig&iacute;a<i>    &aacute; </i>los due&ntilde;os y encargados de las casas de vecindad de La Habana,    que dieran cuenta<i> &aacute; </i>la Oficina de Sanidad, de todo caso de fiebre    que se presentase en los inquilinos de sus casas, bien se tratase de individuos    extranjeros, bien de ni&ntilde;os cubanos, que no estuviesen atendidos por m&eacute;dicos.  </p>     <p align="justify">Uno de los factores m&aacute;s importantes y que de manera    m&aacute;s directa contribuye<i> &aacute; </i>la propagaci&oacute;n de la fiebre    amarilla, es la existencia de casos benignos, de tipo ambulatorio, y que, por    el car&aacute;cter de la enfermedad, no exige la concurrencia de un facultativo    para la curaci&oacute;n de los atacados. Y esos enfermos, que pasan inadvertidos    para la Sanidad, riegan<i> &aacute; </i>su paso la infecci&oacute;n que sufren,    sin que puedan tomarse las medidas recomendadas por la Ciencia, ya que la &uacute;nica    noticia que de ellos se tiene, es la tard&iacute;a de los casos secundarios    que originan. </p> <h4>A&ntilde;o de 1906 </h4>     <p align="justify">El a&ntilde;o de 1906, lo debemos dividir,<i> &aacute; </i>los    efectos de este estudio, en dos partes. La primera, abarca del primero de enero    al 29 de septiembre y la segunda, de esta &uacute;ltima fecha, al 31 de diciembre.  </p>     <p align="justify">Durante el primer per&iacute;odo, que fue por cierto bastante fecundo en bienes para la Sanidad y en tristezas para la Patria, se dictaron las siguientes disposiciones sanitarias: </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En la Gaceta Oficial de enero 5, se public&oacute;, por acuerdo    de la Junta Superior de Sanidad, la Circular dirigida por la Jefatura del Ramo,<i>    &aacute; </i>los Se&ntilde;ores M&eacute;dicos en ejercicio en toda la Rep&uacute;blica,<i>    &aacute; </i>fin de que teniendo en cuenta y habida consideraci&oacute;n de    existir casos de fiebre amarilla en distintas localidades, diesen parte, mientras    subsistiera esa causa, de todo febril no- inmune &aacute; la fiebre amarilla    de que tuviese conocimiento, as&iacute; como dispusieran su aislamiento, bajo    mosquitero, hasta que otra cosa no se dispusiera por los Jefes Locales de Sanidad.  </p>     <p align="justify">Esta medida, sencilla en la apariencia, es, sin embargo, de gran conveniencia y de resultados pr&aacute;cticos en extremo provechosos. Comunicando los Se&ntilde;ores M&eacute;dicos todos los casos de fiebre en los no- inmunes que asistan, se pueden estos observar convenientemente, analizar sus orines, seguir, de manera cuidadosa, el curso de la enfermedad y llegar al conocimiento de casos que por su benignidad &oacute; su forma at&iacute;pica, pudieran, de no estudiarlos detenidamente, pasar inadvertidos. </p>     <p align="justify">La peculiaridad de la infecci&oacute;n amarilla, de no ser    transmisible m&aacute;s que en los primeros d&iacute;as del ataque, es decir,    cuando por lo general los enfermos deambulan por las calles y plazas y no llaman    al m&eacute;dico, es uno de los problemas m&aacute;s dif&iacute;ciles de solucionar,    en lo que respecta<i> &aacute; </i>la profilaxis de esa enfermedad. </p>     <p align="justify">El Sr. Presidente de la Rep&uacute;blica, sancion&oacute;, en enero 30, una ley del Congreso, concediendo 3.000.000.00 de pesos, para obras p&uacute;blicas y de saneamiento en toda la Rep&uacute;blica. </p>     <p align="justify">Entre las medidas que se dispon&iacute;an y para las que se concedi&oacute; cr&eacute;dito por esa ley, figuran 100.000.00 pesos para el acueducto de Matanzas; 10.000.00 para el de Songo; 50.000.00 para el acueducto de Nuevitas; 43.000.00 para el de Trinidad; 25.000.00 para el Rastro de Cienfuegos; 1.010 pesos 67 centavos para construir un Mercado en Caibari&eacute;n; 18.000.00 para otro Mercado en Camajuan&iacute;; 4.000.00 para la reparaci&oacute;n del acueducto del Mariel; 40.000.00 para terminar el acueducto de Pinar del R&iacute;o. El resto del cr&eacute;dito, se invert&iacute;a en carreteras, caminos, puentes y otras obras de urgencia. </p>     <p align="justify">Por la Secretar&iacute;a de Instrucci&oacute;n P&uacute;blica,    en Circular de fecha 3 de febrero, se llam&oacute; la atenci&oacute;n<i> &aacute;    </i>todas las dependencias de ese ramo, acerca de lo preceptuado en el Cap&iacute;tulo    X de las Ordenanzas Sanitarias, en el que se especifican las condiciones que    deben reunir las escuelas y colegios. </p>     <p align="justify">Con fecha 11 de febrero, fue puesto en vigor, por Decreto del Secretario de Gobernaci&oacute;n, el Reglamento formulado por la Junta Superior de Sanidad, para el Gobierno de la Comisi&oacute;n Especial para combatir el Muermo y la Tuberculosis en los ganados caballar, mular, asnal, vacuno, cabr&iacute;o, etc. Igualmente se dict&oacute; el Reglamento para el Establo de Observaci&oacute;n Sanitaria, dependiente de la misma. </p>     <p align="justify">En febrero 26, fue promulgada la ley del Congreso concediendo    500.000.00 pesos para obras p&uacute;blicas en las provincias de Pinar del R&iacute;o    y La Habana. Esas obras eran todas relativas<i> &aacute; </i>carreteras y puentes,    figurando tan solo un cr&eacute;dito de 8.000.00 pesos para el drenaje de las    lagunas de Guanajay. </p>     <p align="justify">En vista de que por el Congreso no se hab&iacute;a resuelto    la solicitud formulada por el Ejecutivo, para obtener un cr&eacute;dito con    <i>qu&eacute;</i> satisfacer los gastos extraordinarios que demandaban los trabajos    que se llevaban<i> &aacute; </i>cabo para la extinci&oacute;n de la fiebre amarilla    en La Habana y para el saneamiento de distintas poblaciones de la Rep&uacute;blica,    se dict&oacute;, por el Sr. Presidente, el Decreto No. 74, por el cual se conced&iacute;an    $16.000.00 para el pago de las atenciones del personal de Sanidad creado por    los Decretos n&uacute;ms. 445, 455 y 472 fechas 15 y 27 de noviembre y 13 de    diciembre del a&ntilde;o de 1905; ampliado en 12.000.00 pesos m&aacute;s, el    cr&eacute;dito concedido por el Decreto 448, de 22 de noviembre de 1905, para    la construcci&oacute;n de un pabell&oacute;n de aislamiento en el Hospital ‘'Las    &Aacute;nimas'' y concediendo otro cr&eacute;dito de $33.635.19 centavos, para    abonar los gastos de personal y material del servicio de fiebre amarilla en    La Habana y Santiago de Cuba. </p>     <p align="justify">Por Decreto No. 224, de 6 de junio, se concedi&oacute; un cr&eacute;dito    para atender<i> &aacute; </i>los gastos que originaba el servicio especial organizado    por la Junta Superior de Sanidad, para combatir los focos de fiebre amarilla    que se hab&iacute;an presentado en Bolondr&oacute;n, Uni&oacute;n de Reyes y    Alacranes. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Por el Decreto No. 226, fecha 4 de julio, fue confirmado, por cuatro a&ntilde;os m&aacute;s, en su cargo de Jefe de Sanidad, el Dr. Carlos J. Finlay, al que en esa fecha se le venc&iacute;a el t&eacute;rmino por el que hab&iacute;a sido nombrado. </p>     <p align="justify">Por Ley del Congreso, publicada en la Gaceta de 12 de julio, se autorizaba al Ejecutivo para invertir la suma de $193.485.44 centavos para atenciones de las Secretarias de Gobernaci&oacute;n y de Obras P&uacute;blicas. En obras de saneamiento fueron invertidos, de ese cr&eacute;dito, 11.000.00 pesos, y 1.500.00 para atenciones de Sanidad. </p>     <p>Habiendo sufrido perjuicios de consideraci&oacute;n algunas poblaciones de    la Isla, con motivo de inundaciones, el Congreso de la Rep&uacute;blica vot&oacute;    una Ley autorizando al Ejecutivo para disponer hasta la suma de $150.000.00    para socorrer<i> &aacute; </i>los peque&ntilde;os terratenientes, colonos y    vecinos que lo necesitasen, y disponiendo, adem&aacute;s, se tomase de dicho    cr&eacute;dito lo necesario, para la oportuna realizaci&oacute;n de trabajos    de saneamiento y otras obras an&aacute;logas. Por Decreto de la Presidencia,    No. 252, de 27 de junio, se hizo la distribuci&oacute;n de esa cantidad. </p>     <p align="justify">La Junta Superior de Sanidad, con el deseo de inspeccionar    los trabajos que llevaban<i> &aacute; </i>cabo las Juntas Locales, cre&oacute;    seis plazas de Inspectores uno para cada Provincia y dependientes del Estado.    M&aacute;s tarde, el Congreso de la Rep&uacute;blica, considerando necesario    que continuasen prestando sus servicios dichos funcionarios, dict&oacute;, con    fecha 28 de julio, una ley en la que se dispon&iacute;a que mientras que por    el Congreso no se aprobase una ley que organizase los servicios sanitarios de    la Rep&uacute;blica continuaran funcionando los seis Inspectores provinciales    de Sanidad. </p>     <p align="justify">Para atender al saneamiento del poblado de Madruga, as&iacute;    como para llevar<i> &aacute; </i>la pr&aacute;ctica reformas y obras de mejoras    del balneario de esa poblaci&oacute;n, por el Congreso se vot&oacute;, en 4    de julio, una ley autorizando al Ejecutivo para invertir en esas obras la cantidad    de $60.000.00. Igualmente, y por la propia Ley, se consignaban 40.000.00 para    el poblado y ba&ntilde;os de San Diego de los Ba&ntilde;os, y otros 40.000.00    para el pueblo y balneario de Ciego Montero. </p>     <p align="justify">En igual fecha, fue promulgada una ley concediendo una ampliaci&oacute;n al cr&eacute;dito de 200 mil pesos para que, con igual cantidad concedida por la Ley de 12 de enero de 1904, se completase la cantidad por la cual hab&iacute;an sido contratadas las obras del Acueducto de Santiago de Cuba. </p>     <p align="justify">Por la Ley del Congreso de julio de 1906, se concedi&oacute; al Ejecutivo, entre otros, un cr&eacute;dito de 22.000.00 pesos para la construcci&oacute;n de un Lazareto para caballos muermosos en La Habana. Por otra ley, de la misma fecha, se autoriza al Ejecutivo, para que de los fondos sobrantes del Tesoro, invirtiera la suma de 236.000.00 pesos para atenciones sanitarias en distintas ciudades y especialmente, se otorgaba, adem&aacute;s de la cantidad ya expuesta, la suma de 18.000.00 para atenciones sanitarias en Guant&aacute;namo. </p>     <p align="justify">Por Decreto Presidencial No. 324, de 3 de agosto, se dejaron    en suspenso, con car&aacute;cter de provisional, los art&iacute;culos 224 y    228 de las Ordenanzas Sanitarias, en lo relativo<i> &aacute; </i>las escuelas    p&uacute;blicas, hasta que por el Estado se procediera<i> &aacute; </i>la edificaci&oacute;n    de casas- escuelas, de acuerdo con las exigencias de la higiene moderna. Esta    disposici&oacute;n fue dictada en virtud de las dificultades que se presentaban    para el cumplimiento de esos art&iacute;culos por la falta de locales para instalar    las escuelas en toda la Rep&uacute;blica. Realmente, es bien sensible, que no    puedan ponerse en vigor esos art&iacute;culos, que tienden<i> &aacute; </i>dar<i>    &aacute; </i>los ni&ntilde;os en las escuelas, el espacio suficiente y necesario    para la salud. Es un punto muy interesante, y del que deber&iacute;an ocuparse    con toda preferencia los legisladores, el relativo<i> &aacute; </i>las casas-    escuelas. Actualmente, el Gobierno paga, por concepto de alquileres de casas    para escuelas p&uacute;blicas, una cantidad crecida, sin que pueda tener locales    bien acondicionados<i> &aacute; </i>ese objeto. Ser&iacute;a relativamente f&aacute;cil,    buscar una f&oacute;rmula en virtud de la cual se acometiera, por el Estado,    la empresa de construir edificios para las escuelas p&uacute;blicas, los que    adem&aacute;s de reunir de esa manera las condiciones higi&eacute;nicas necesarias,    resultar&iacute;an m&aacute;s econ&oacute;micos y, sobre todo, responder&iacute;an    mejor al fin<i> &aacute; </i>que se les destina. </p>     <p align="justify">Con fecha 6 de agosto, fue dictado el Decreto de la Presidencia    de la Rep&uacute;blica, N&uacute;mero 341, disponiendo que los gastos que originase    el servicio extraordinario de desinfecciones y saneamiento de poblaciones para    combatir la fiebre amarilla, se pagase con cargo<i> &aacute; </i>los fondos    consignados en la Secci&oacute;n 3, Cap&iacute;tulo 1&ordm;, del art&iacute;culo    3, del Presupuesto General. </p>     <p>En el propio Decreto, se conced&iacute;a, para los trabajos ya indicados, un cr&eacute;dito de 22.393 pesos 50 cts. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En el mes de agosto y habiendo surgido el movimiento revolucionario,    fue creada una Junta de Sanidad Militar, como asesora del Jefe de Sanidad de    las Fuerzas Armadas, para atender<i> &aacute; </i>la organizaci&oacute;n de    los servicios sanitarios propios de la campa&ntilde;a. El Doctor Enrique B.    Barnet, fue designado para la Presidencia de esa Junta. El Dr. Hugo Roberts,    Jefe de Sanidad Mar&iacute;tima, fue nombrado Jefe de Sanidad Militar, y Presidente    Honorario del organismo<i> &aacute; </i>que nos referimos. </p>     <p align="justify">Por esa Junta, que ten&iacute;a fines an&aacute;logos<i> &aacute;    </i>los de la 'Cruz Roja', se atend&iacute;a<i> &aacute; </i>proveer<i> &aacute;    </i>los soldados de medios apropiados para su curaci&oacute;n, as&iacute; como    se organizaron otros servicios de Sanidad Militar. </p>     <p align="justify">En la larga y bien extensa relaci&oacute;n que hemos hecho de las Leyes, Decretos y Ordenes dictadas durante este segundo per&iacute;odo de nuestro estudio, se puede apreciar que el Gobierno de la Rep&uacute;blica demostr&oacute; sus buenos deseos en bien de la salud p&uacute;blica, otorgando cr&eacute;ditos y atendiendo las m&aacute;s perentorias necesidades. </p>     <p align="justify">Es de sentirse, que no se acometiese la obra fundamental de dotarnos de una Ley Sanitaria y que no se resolviesen m&uacute;ltiples &eacute; imperiosas cuestiones de orden higi&eacute;nico, con la extensi&oacute;n y eficacia que son de desear, para esa clase de asuntos. </p>     <p align="justify">Al Congreso de la Rep&uacute;blica le fue presentado, por el Dr. Jos&eacute; A. Malberti, distinguido representante por La Habana, un excelente proyecto de ley sanitaria, que no fue aprobado. Igualmente, otro m&eacute;dico y representante muy laborioso, el Dr. Pedro Albarr&aacute;n, formul&oacute; un proyecto de ley con el mismo fin, corriendo igual suerte que el anterior. </p>     <p>&iexcl;L&aacute;stima grande, que esos proyectos, estuviesen llamados<i> &aacute;    </i>dormir el sue&ntilde;o eterno, entre los olvidados papeles de una Comisi&oacute;n!  </p>     <p>Con el establecimiento del actual Gobierno Provisional, en septiembre 29 de 1906, entramos en el tercer per&iacute;odo de nuestro trabajo. Con la instalaci&oacute;n de ese Gobierno, comienza para la Sanidad Cubana, una &eacute;poca de progreso, alcanzando los servicios sanitarios el mayor esplendor y perfeccionamiento. </p>     <p align="center"><a href="/img/revistas/his/n100/f9his100.jpg"><img src="/img/revistas/his/n100/f9his100.jpg" width="121" height="164" border="0"></a></p>     
<p align="center">Fig. 9. Dr. Jos&eacute; A. L&oacute;pez del Valle y Vald&eacute;s, profesor titular de Higiene y Legislaci&oacute;n Sanitaria de la Universidad de La Habana (1923-1930). </p>     <p align="justify">A poco de instalarse el nuevo R&eacute;gimen se cre&oacute;    la plaza del Consultor Sanitario,<i> &aacute; </i>la que se le confer&iacute;an    las atribuciones que con respecto<i> &aacute; </i>la Junta Superior de Sanidad    y sus organismos, ten&iacute;a la Secretar&iacute;a de Gobernaci&oacute;n. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Para el desempe&ntilde;o de ese elevado y delicad&iacute;simo cargo, fue nombrado el Major Jefferson Randolf Kean, U. S. A., m&eacute;dico del Ej&eacute;rcito de los Estados Unidos, funcionario ilustre y hombre de extraordinarias y bien probadas dotes de cultura y de inteligencia, y el que no era de manera alguna, desconocido para nuestro pueblo. </p>     <p align="justify">A&uacute;n recordamos todos agradecidos, la provechosa y ardua labor por &eacute;l realizada durante la primera Intervenci&oacute;n Americana, cuando desempe&ntilde;aba el cargo de Superintendente General de Hospitales de Caridad. </p>     <p align="justify">Debemos convenir, Se&ntilde;ores, que si la labor sanitaria    realizada en Cuba por el gobierno americano de 1899<i> &aacute; </i>1902, fue    una obra portentosa, que asombr&oacute; al mundo entero por sus brillantes resultados    y alta trascendencia, no dej&oacute; tambi&eacute;n de ser, desde muchos puntos    de vista, notable y brillante, la jornada rendida por ese Gobierno, en lo que    respecta<i> &aacute; </i>Beneficencia y Caridad. </p>     <p align="justify">El Gobierno de la Intervenci&oacute;n, al establecerse en Cuba en enero de 1899, se encontr&oacute;, con raras y bien contadas excepciones, m&aacute;s que Hospitales y Asilos, con unas barracas infectas en las que los enfermos y los pobres asilados, lejos de encontrar asistencias apropiadas, gem&iacute;an y se desesperaban ante la miseria en que viv&iacute;an, las tristezas que los rodeaban, la crueldad y abandono con que eran tratados y la falta de recursos de esos establecimientos. </p>     <p align="justify">La Caridad Oficial no exist&iacute;a por aquellos tiempos. La suciedad, el abandono y la impiedad, en triste y amargo consorcio, eran el patrimonio de los hospitales de esos tiempos, y de cuyos establecimientos hu&iacute;an, por esa causa, horrorizados los enfermos. </p>     <p align="justify">El Gobierno ten&iacute;a, pues, ante su vista, un problema realmente pavoroso, en el que por igual figuraban cuestiones de orden econ&oacute;mica y asuntos de car&aacute;cter moral. </p>     <p align="justify">Hab&iacute;a que sanear los hospitales y los asilos, dotarlos    de medios de vida <i>&oacute;</i> por mejor y m&aacute;s propiamente decir,    hacerlos, crearlos,<i> &aacute; </i>la vida moderna; barrer perniciosas costumbres    y da&ntilde;inas tradiciones; inculcar, en los llamados<i> &aacute; </i>tratar    con los enfermos y con los pobres, principios de moral, de compasi&oacute;n,    de caridad; educar<i> &aacute; </i>los rudos sirvientes; suavizar<i> &aacute;    </i>los &aacute;speros asistentes y organizar un cuerpo de enfermeros graduados,    bien instruidos para la asistencia de los enfermos, dando preferencia para esa    clase de trabajos<i> &aacute; </i>las mujeres, m&aacute;s inclinadas por lo    general que los hombres<i> &aacute; </i>la ternura y de esa manera, llevar<i>    &aacute; </i>las salas de los hospitales, tan fr&iacute;as y tan tristes, el    calor, la vida, el consuelo de la caridad y del amor. </p>     <p align="justify">No vacil&oacute; el Gobierno Interventor, en acometer con laudable decisi&oacute;n, tan magna empresa, obteniendo en breve, un resultado brillante y por todos conceptos admirable. </p>     <p>&iquest;De qui&eacute;n se vali&oacute; el Gobierno Americano para realizar esa obra gigantesca? </p>     <p>Se&ntilde;ores: el hombre de talento suficiente, el m&eacute;dico de bondad    infinita, de energ&iacute;a y entereza necesarias, que dio feliz t&eacute;rmino<i>    &aacute; </i>esa labor, no fue otro que el Major Kean, nuestro actual Consultor    Sanitario. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">No es de extra&ntilde;ar, que un hombre de tan envidiables    dotes de organizador, y que<i> &aacute; </i>fondo conoc&iacute;a nuestras necesidades    y nuestro medio social, se diera cuenta de la urgencia de cambiar radicalmente    la defectuosa organizaci&oacute;n sanitaria por la cual nos reg&iacute;amos.  </p>     <p align="justify">Justo es confesar, que desde que tom&oacute; posesi&oacute;n    de su cargo el Major Kean, fue su primer impulso, su preocupaci&oacute;n constante,    la de acometer la obra de preparar una nueva ley sanitaria sobre la base de    la nacionalizaci&oacute;n de esos servicios, dedicando, <i>&aacute;</i> esa    provechosa tarea, todas sus iniciativas, sus energ&iacute;as y sus conocimientos.  </p>     <p align="justify">El resultado de sus estudios y sus afanes, ha sido la promulgaci&oacute;n del Decreto No. 894, de 26 de agosto, y por el cual se cre&oacute; el Departamento Nacional de Sanidad. </p>     <p align="justify">El Decreto No. 894, que organiza, por cuenta, y<i> &aacute;    </i>cargo del Estado, en toda la Isla los servicios de Sanidad, que los dota    de manera conveniente para llenar su cometido, es una ley que est&aacute; llamada,    muy breve,<i> &aacute; </i>dar los resultados m&aacute;s satisfactorios. </p>     <p align="justify">Gracias<i> &aacute; </i>ese Decreto, llegan<i> &aacute; </i>las    regiones m&aacute;s apartadas de nuestra Rep&uacute;blica, los beneficios incalculables    de la higiene moderna: se deshierban, barren y componen calles, que permanec&iacute;an    v&iacute;rgenes de esa clase de trabajos; se practican desinfecciones; se inspeccionan    las casas y se colocan &eacute;stas en debidas condiciones higi&eacute;nicas;    se hace campa&ntilde;a sistem&aacute;tica y eficaz contra el mosquito en todas    las ciudades y pueblos; se analizan las aguas de consumo, y se evita la infecci&oacute;n    de las mismas; se instalan servicios de inspecci&oacute;n bromatol&oacute;gicas;    se atiende debidamente<i> &aacute; </i>las inspecciones m&eacute;dicas, y en    una palabra, y para no fatigar vuestra atenci&oacute;n con el largo relato de    los bienes que nos proporciona esa nueva ley sanitaria, se hace sanidad &eacute;    higiene en los t&eacute;rminos todos, desde los m&aacute;s principales<i> &aacute;    </i>los m&aacute;s retirados y de menor importancia. </p>     <p align="justify">En virtud del Decreto 894, completado con el n&uacute;mero 1187, de 22 de noviembre de 1907, se unificaron los servicios de Sanidad Terrestre y Mar&iacute;tima, coloc&aacute;ndolos bajo el Departamento Nacional de Sanidad, logr&aacute;ndose por esa conjunci&oacute;n de fuerzas, la mejor y m&aacute;s apropiada marcha de esos organismos, en beneficio de la salud p&uacute;blica. </p>     <p align="justify">No es llegada la hora todav&iacute;a, de que el Decreto de    la nacionalizaci&oacute;n de los servicios sanitarios, empiece<i> &aacute; </i>dar    los frutos provechosos que de &eacute;l deben esperarse. Es una obra, que si    ahora pasa inadvertida para muchos, sin embargo, en un cercano porvenir, habr&aacute;    de asombrar<i> &aacute; </i>todos. </p>     <p align="justify">En la profilaxis de la fiebre amarilla y dem&aacute;s enfermedades    que se trasmiten por los mosquitos, se ha de obtener un resultado decisivo,    puesto que la obra para la destrucci&oacute;n de esos insectos ha podido implantarse,    gracias<i> &aacute; </i>ese Decreto, de una manera firme, uniforme y eficaz    en toda la Isla, lo que hace esperar el dominio completo de esas enfermedades.    No figurar&aacute; m&aacute;s la fiebre amarilla epid&eacute;micamente en nuestras    estad&iacute;sticas, y desaparecer&aacute;, por lo tanto, esa barrera para nuestro    progreso y adelanto. El Paludismo no har&aacute; las victimas que al presente    ocasiona en el campo. Otras enfermedades ser&aacute;n dominadas, gracias<i>    &aacute; </i>los trabajos sanitarios que contra ella se realizan, y la mortalidad    general de Cuba, bajar&aacute; en notables proporciones. </p>     <p align="justify">Yo creo, Se&ntilde;ores, que Cuba necesita actualmente de mayor    defensa sanitaria, puesto que nuestras estad&iacute;sticas de defunci&oacute;n    nos acusan, cada a&ntilde;o, un ligero aumento, que puede, entre otras razones,    explicarse por haber cesado la causa que las rebaj&oacute; de una manera anormal,    en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Aunque es cierto que en este aumento de las    defunciones hay mucho de aparente, pues, al fijar la proporci&oacute;n de mortalidad    se part&iacute;a del dato err&oacute;neo de la poblaci&oacute;n, que se calculaba    de 1.500.000 habitantes y la que, seg&uacute;n el nuevo Censo, se ha visto que    alcanza<i> &aacute; </i>2.000.000, quedando un margen de error que recargaba    el tipo, proporcionalmente hasta llegar<i> &aacute; </i>500.000 habitantes.    Pero se nos presenta, tambi&eacute;n, la siguiente hip&oacute;tesis para explicar    ese ascenso de la curva de mortalidad. Y esa teor&iacute;a est&aacute; basada,    en que durante el per&iacute;odo de la Guerra de Independencia, las estad&iacute;sticas    de defunci&oacute;n aumentaron en toda la Isla de una manera considerable. A    los resultados, siempre crueles, de toda guerra, hubo que a&ntilde;adir, como    causa abonada de aumentar las defunciones, la orden inicua de la reconcentraci&oacute;n.  </p>     <p align="justify">Pero forzoso se hace admitir, que si la guerra y sus tristes    secuelas se llevaron organismos fuertes y robustos, en cambio barrieron, por    decirlo as&iacute;, con todos los d&eacute;biles, los raqu&iacute;ticos, los    enfermos y los pocos preparados para la lucha por la vida. Fue un sangriento    y rudo saneamiento social, al estilo de las pr&aacute;cticas de Licurgo. Y Cuba    se encontr&oacute; con una poblaci&oacute;n escasa, pero de hombres relativamente    fuertes, puesto que hab&iacute;an resistido<i> &aacute; </i>los recios embates    de la guerra y sus horrores. Es decir, que si hubo un per&iacute;odo de tiempo    en que la mortalidad aument&oacute; considerablemente con motivo de la guerra,    tambi&eacute;n hubo otro per&iacute;odo en que disminuy&oacute; por la misma    causa. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Ahora, establecida la normalidad, cesada las causas que provocaron    esas oscilaciones estad&iacute;sticas, estamos llamados<i> &aacute; </i>entrar    de lleno en la estabilidad demogr&aacute;fica, y por esa raz&oacute;n, es por    lo que se hace necesario preparar convenientemente la defensa,<i> &aacute; </i>fin    de restarle<i> &aacute; </i>las causas de defunci&oacute;n, el mayor n&uacute;mero    de victimas posibles. Y como<i> &aacute; </i>ese fin tiende de manera muy directa    el Decreto 894, se explica que los llamados<i> &aacute; </i>velar por la salud    p&uacute;blica muestren su complacencia, al contar, para el mejor desempe&ntilde;o    de su cometido, con arma tan preciosa y &uacute;til. </p>     <p align="justify">El Gobierno Provisional, que actualmente rige los destinos    de esta Rep&uacute;blica, para completar la obra emprendida para el mejoramiento    de los servicios de Sanidad, tiene en estudio, para ser en breve puesto en vigor,    el proyecto, ya aprobado por la Comisi&oacute;n Consultiva, de crear una Secretar&iacute;a    de Sanidad y Beneficencia. En tiempos de la Rep&uacute;blica y en el seno de    la C&aacute;mara de Representantes primero, y por medio de la prensa m&aacute;s    tarde el Representante por La Habana Dr. Jos&eacute; A. Malberti, apoyado por    el Dr. Pedro Albarr&aacute;n, Representante por Las Villas, abog&oacute; por    el establecimiento de la Secretaria de Sanidad, aportando<i> &aacute; </i>esa    idea poderosa y muy fundados argumentos. La C&aacute;mara, aprob&oacute; la    creaci&oacute;n de la Secretar&iacute;a de Sanidad, no as&iacute; el Senado,    por cuya causa no se promulgo la Ley que deb&iacute;a ponerla en pr&aacute;ctica.    La prioridad de ese proyecto le corresponde al doctor Malberti y<i> &aacute;    </i>la C&aacute;mara de Representantes. </p>     <p align="justify">Ya hemos visto, los incalculables beneficios que<i> &aacute;    </i>la salud p&uacute;blica han de derivarse del Decreto de Nacionalizaci&oacute;n    de los Servicios de Sanidad, y hemos convenido tambi&eacute;n, en las nobles    y elevadas tendencias de esa obra de humanidad, de civilizaci&oacute;n y de    progreso. </p>     <p align="justify">No he de cansar vuestra atenci&oacute;n, pretendiendo hacer,    con mi palabra siempre torpe y dif&iacute;cil, un estudio biogr&aacute;fico,    siquiera sea ligero, de los Se&ntilde;ores Magoon, Kean y Finlay, ya que carezco    de competencia para ello y en atenci&oacute;n<i> &aacute; </i>que sus m&eacute;ritos    y sus virtudes, son de ustedes conocidos. Pero permitidme que,<i> &aacute; </i>grandes    rasgos, considere un particular que estimo digno de atenci&oacute;n, por las    ense&ntilde;anzas que de &eacute;l puede derivarse, y la utilidad que puede    prestarnos en las luchas azarosas por la existencia: me refiero,<i> &aacute;    </i>que en los tres individuos en cuyo honor celebramos este acto, se advierten    cualidades de car&aacute;cter muy afines, rasgos personales que no dejan de    ser notables por su semejanza. </p>     <p align="justify">Fijaos, Se&ntilde;ores, que tanto en Magoon como en Kean, nacidos en las fr&iacute;as regiones del Norte, como en Finlay, que vio la luz primera en las ardientes llanuras del Camaguey, hay la misma bondad de car&aacute;cter, la propia sencillez y modestia, la misma fe en un ideal y el mismo amor al trabajo. </p>     <p align="justify">Y esos tres hombres que han alcanzado el p&uacute;blico respeto, la admiraci&oacute;n de sus conciudadanos y la estimaci&oacute;n general, han empleado tan solo para obtener tan envidiables resultados, las armas de la ciencia, las que han manejado con bondad y modestia. </p>     <p align="justify">Y aunque es de todos conocido, que el m&eacute;rito verdadero se oculta siempre entre los tupidos velos de la modestia, no por eso hemos de escatimar nuestros aplausos cuando, como en este caso, encontramos una vez m&aacute;s, comprobada esa verdad. </p>     <p align="justify">No es este el sitio m&aacute;s apropiado, ni tampoco ha llegado el momento oportuno para ello, de hacer un estudio cr&iacute;tico acerca de las gestiones del Sr. Magoon, al frente del Gobierno Provisional de Cuba. Esa labor hay que dejarla para el porvenir, donde de seguro, en la historia patria, ha de figurar en sitio de honor, el nombre del ilustre gobernante que hubo de dirigir con notable acierto, nuestros destinos en d&iacute;as de tormenta. </p>     <p align="justify">Cuando los mares de la pol&iacute;tica cubana se agitaban<i>    &aacute; </i>impulso de las m&aacute;s fuertes conmociones y parec&iacute;a    que furioso temporal se desataba sobre la nave del Estado, el Gobernador Magoon,    empleando,<i> &aacute; </i>m&aacute;s de su talento, la dulzura de su car&aacute;cter,    supo conducirla<i> &aacute; </i>puerto seguro y deshacer las furias del vendaval,    calmando y haciendo volver<i> &aacute; </i>su cauce habitual, las aguas que    parec&iacute;an iban a desbordarse. </p>     <p align="center"><a href="/img/revistas/his/n100/f10hi100.jpg"><img src="/img/revistas/his/n100/f10hi100.jpg" width="102" height="120" border="0"></a></p>     
]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center">Fig. 10. Dr. Jos&eacute; A. L&oacute;pez del Valle y Vald&eacute;s, Director Nacional de Sanidad (1933). </p>     <p align="justify">Nosotros los cubanos, estaremos siempre en deuda de afecto,    con los hombres que llegan<i> &aacute; </i>nuestro suelo de lejanas tierras,    para dedicar, llenos de generosidad y entusiasmo al estudio y resoluci&oacute;n    de nuestros problemas, el fruto de sus experiencias. Y entre esos extranjeros    nobil&iacute;simos,<i> &aacute; </i>los que debemos gratitud eterna, figuran,    en primera l&iacute;nea, Magoon, Wood, Brooks, Kean, Gorgas, Havard, Furbuch    y otros no menos ilustres, que nos han dejado, y a&uacute;n contin&uacute;an    ofreci&eacute;ndonos, el ejemplo de sus vidas honorables. </p>     <p align="justify">&iquest;Necesitar&eacute;, Se&ntilde;ores, levantar mi pobre    voz, en honor del que podemos considerar como el Padre y el Mentor de esta buena,    de esta noble familia sanitaria? Ciertamente, que el Dr. Carlos J. Finlay,<i>    &aacute; </i>quien tanto queremos y con el que estamos tan &iacute;ntimamente    ligados, no necesita que yo haga menci&oacute;n de sus m&eacute;ritos indiscutibles,    de sus virtudes que todos reconocemos, y de sus trabajos sanitarios, por el    mundo entero admirados. </p>     <p align="justify">El tenerlo siempre<i> &aacute; </i>nuestro lado, gui&aacute;ndonos    con su consejo, siempre leal; conduci&eacute;ndonos por el intrincado camino    de la vida con la luz de su genial inteligencia; endulzando, en todos los casos,    las amarguras de la lucha por la vida, con los destellos de su bondad infinita,    nos han hecho<i> &aacute; </i>todos considerarlo como algo que est&aacute; con    nosotros unido, m&aacute;s que por los lazos oficiales, siempre fr&iacute;os    y quebradizos, por los v&iacute;nculos eternos y llenos de calor y vida, del    m&aacute;s puro y acendrado cari&ntilde;o. </p>     <p align="justify">El mundo entero rinde al Dr. Finlay, tributo de admiraci&oacute;n; de las m&aacute;s apartadas regiones llegan hasta nosotros muestras de simpat&iacute;a para el venerable sabio cubano, que ha logrado, tras esfuerzos incesantes y de estudios continuados, llenarse de gloria y adquirir, con t&iacute;tulos bien sobrados para ello, la ambicionada palma de la inmortalidad. </p>     <p align="justify">&iquest;No creen Uds. que ser&iacute;a por mi parte imperdonable    muestra de osad&iacute;a el pretender, en este momento, tomar parte, mezclar    mi voz, en esos conciertos de universales elogios<i> &aacute; </i>nuestro amado    Maestro? </p>     <p align="justify">Los que comienzan la lucha por la vida, los que dan sus pasos    primeros en el terreno de la ciencia, y,<i> &aacute; </i>veces, ante peque&ntilde;as    contrariedades sienten decaer su entusiasmo y entibiar su fe, deben tener siempre    presente el hermoso ejemplo que nos ofrece el Dr. Finlay, quien lejos de pretender    descansar sobre los laureles que ya ha obtenido, y<i> &aacute; </i>pesar de    encontrarse en la edad en que m&aacute;s falta hace el reposo, continua luchando    como el primer d&iacute;a, con la misma fe y con el mismo entusiasmo. </p>     <p align="justify">Forzoso se hace, Se&ntilde;ores, que termine este mi pobre    discurso. No se me oculta que he ocupado mayor tiempo que el que vuestra bondad    me permit&iacute;a, pero as&iacute; como la pluma se siente torpe y cae de nuestras    manos, y la palabra se paraliza en nuestros labios cuando nos vemos obligados<i>    &aacute; </i>tratar de asuntos y de personas que no son de nuestro agrado, en    cambio, la primera corre f&aacute;cil y ligera, y acude la segunda abundosa,    cuando nos referimos<i> &aacute; </i>hechos y<i> &aacute; </i>personas que son    de todo nuestro afecto, de toda nuestra simpat&iacute;a. </p>     <p align="justify">M&aacute;s, antes de terminar este modesto trabajo que la bondad    de mis compa&ntilde;eros me confiara, permitidme que eleve mis votos sinceros    porque Dios contin&uacute;e iluminando<i> &aacute; </i>los encargados de dirigir    nuestros destinos, para que sigan por la hermosa senda ya emprendida de perfeccionar    nuestras leyes sanitarias, y porque Udes., los esforzados paladines del bien,    los que constituyen la brillante legi&oacute;n sanitaria, los valiosos obreros    que han de ayudar &aacute; la construcci&oacute;n del edificio, contin&uacute;en,    como hasta el presente, animados de la mejor voluntad y dedicando todos sus    entusiasmos, &aacute; la humanitaria labor que les est&aacute; encomendada,    ya que con ello, habr&aacute;n de obtenerse beneficios para nuestros semejantes,    y protecci&oacute;n y gloria para la patria! </p>     <p><a href="#titulo">La vida de un hombre sencillo*</a><a name="asterisco2" id="asterisco2"></a></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Cuando los amables Directores de esta simp&aacute;tica publicaci&oacute;n,    hubieron de pedirme que les facilitara mi auto-biograf&iacute;a pens&eacute;    limitarme<i> &aacute; </i>escribir estas palabras tan solo:- &laquo; He sido    un hombre que he trabajado y luchado mucho, y que est&aacute; dispuesto y se    siente con alientos para luchar y trabajar m&aacute;s &raquo;-- En efecto: &iquest;Qu&eacute;    otra cosa puedo decir de m&iacute;, que no he tomado parte en ninguna acci&oacute;n    heroica; que no he logrado realizar actos que me eleven del nivel de la vulgaridad,    y que no poseo ni el talento suficiente para descollar entre mis compa&ntilde;eros    de profesi&oacute;n, ni la inteligencia, ni los conocimientos, para llamar,    por ning&uacute;n concepto, la atenci&oacute;n sobre mi persona? </p>     <p align="justify">Y sin embargo, si me decido<i> &aacute; </i>ampliar este escrito<i>    &aacute; </i>pesar de darme exacta cuenta de mi insignificancia, se debe,<i>    &aacute; </i>que si nada valgo, en cambio, aqu&iacute;, a mi lado, por mi suerte    y por mi fortuna, tengo una persona, que es mi madre adorada, la que si merece    y es digna de ser presentada como un modelo de abnegaci&oacute;n y de virtud,    como un ejemplo viviente, de lo que puede y es capaz de hacer una criatura todo    coraz&oacute;n y energ&iacute;a, todo cari&ntilde;o y bondad, todo amor y talento,    que no vacila en seguir la dura senda del trabajo y de la virtud y en llegar    al sacrificio, en bien y en provecho de los seres que ama. </p>     <p align="justify">Siendo muy ni&ntilde;o, tuve la desgracia de perder &aacute;    mi padre, opulento comerciante, el que al morir, por reveses de la caprichosa    fortuna, nos dej&oacute; en una situaci&oacute;n econ&oacute;mica angustiosa.    Mi padre hab&iacute;a invertido toda su fortuna, en el comercio de ropas. Un    voraz incendio destruy&oacute;, en pocas horas, su establecimiento, que no estaba    asegurado. Las llamas con su fuerza destructora, redujeron<i> &aacute; </i>cenizas,    la labor, el trabajo de largos a&ntilde;os.</p>     <p align="justify">El golpe fue, para mi pobre padre, demasiado rudo. No lo pudo    resistir y cay&oacute;, al peso de la enfermedad y de la tristeza,<i> &aacute;    </i>los 33 a&ntilde;os de edad, dej&aacute;ndonos, como capital, su nombre honrado    y de todos querido; el recuerdo imborrable de sus cari&ntilde;os y de sus bondades;    el ejemplo de su vida honorable; la estela de simpat&iacute;as y de afectos    que despertara<i> &aacute; </i>su paso por la vida. </p>     <p align="justify">Mi madre qued&oacute; a los 24 a&ntilde;os de edad, viuda, con seis hijos y sin un centavo, pues lo poco que hab&iacute;amos heredado, ten&iacute;a que ser objeto de tr&aacute;mites y de reclamaciones judiciales, siempre largas y dilatorias. </p>     <p align="justify">Mis abuelos se apresuraron<i> &aacute; </i>brindarnos un hogar,    y<i> &aacute; </i>llevarnos<i> &aacute; </i>su lado. Pero aquella nueva vida    no satisfac&iacute;a<i> &aacute; </i>mi madre, la que, luchadora incansable,    quer&iacute;a, por su propio y personal esfuerzo, hacerse una posici&oacute;n,    educar<i> &aacute; </i>sus hijos, labrarles un porvenir. </p>     <p align="justify">Ten&iacute;a, en su nuevo estado, ante su vista, dos caminos.    Joven, de belleza extraordinaria y maravillosa, que todav&iacute;a conserva    y es mi orgullo, no le faltaron pretendientes sol&iacute;citos, pero, en cambio,    m&aacute;s tarde, surgir&iacute;an serios conflictos de familia, pues todos    saben que los padrastros no siempre se distinguen por su amor<i> &aacute; </i>los    hijos ajenos.</p>     <p align="justify">La otra senda que ante ella se presentaba, era ruda, incierta,    llena de asperezas y de dificultades, pero que le dejaba libres para dedicarlos    por completo<i> &aacute; </i>sus hijos, su coraz&oacute;n y su albedr&iacute;o.    Era esa, la ruta del trabajo personal, siempre tan penoso, siempre tan dif&iacute;cil.  </p>     <p align="justify">Y para tomar su determinaci&oacute;n, no vacil&oacute; un solo    instante: hab&iacute;a que trabajar, para que su cari&ntilde;o, su voluntad,    su vida toda, fueran solo de sus hijos y para sus hijos. Y llena de fe, de entusiasmo    y de energ&iacute;as, aprovechando la educaci&oacute;n esmerada que hab&iacute;a    recibido, se dedic&oacute;<i> &aacute; </i>la ense&ntilde;anza. Con sus tocas    de viuda se present&oacute;<i> &aacute; </i>unas oposiciones para la Direcci&oacute;n    de las Escuelas de la Sociedad del Pilar. Obtuvo en re&ntilde;ida lid el triunfo.    Y ya, desde esa &eacute;poca, comenz&oacute; para ella, la era del trabajo,    y de la batalla. Y con el sudor de su frente, con su talento y con su inteligencia    libr&oacute; duras campa&ntilde;as por la vida, educ&oacute;<i> &aacute; </i>sus    hijos, les dio carrera y les prepar&oacute;<i> &aacute; </i>la lucha por la    asistencia, templ&aacute;ndoles el alma, para esa campa&ntilde;a, con su ejemplo    y con sus ense&ntilde;anzas.</p>     <p align="justify">&iquest;Es de extra&ntilde;ar que yo, que ten&iacute;a<i> &aacute;    </i>mi lado<i> &aacute; </i>madre semejante, me dedicara, desde temprana edad,    al trabajo y al estudio? </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">A los doce a&ntilde;os de edad, ya daba clases en un colegio    particular, propiedad de mi abuelo. A los catorce a&ntilde;os, era profesor    auxiliar de la Escuela Municipal del barrio de Monserrate. Por cierto, que un    d&iacute;a en que por ausencia del Director, ocup&eacute; interinamente, su    puesto, estuvo en la Escuela un Inspector de Instrucci&oacute;n, el que en su    r&aacute;pida visita, no se me dio<i> &aacute; </i>conocer. Mas tarde, al presentar    su informe, hac&iacute;a constar que &laquo;todo lo hab&iacute;a encontrado    en orden, en buena marcha, cosa que era de extra&ntilde;ar, pues no hab&iacute;a    encontrado en el momento de su visita<i> &aacute; </i>ning&uacute;n profesor&raquo;.</p>     <p>Y esa manifestaci&oacute;n del Inspector se deb&iacute;a<i> &aacute; </i>que    yo en aquella &eacute;poca, usaba pantalones cortos.</p>     <p align="justify">A los quince a&ntilde;os ingres&eacute; como alumno interno,    en el Hospital Municipal de Aldecoa. Dej&eacute; mi plaza de la Escuela, donde    ganaba un buen sueldo, para ocupar la del Hospital que era honoraria y que me    ocasionaba gastos de transporte. La causa de que efectuara ese cambio, desventajoso    desde el punto de vista econ&oacute;mico, se deb&iacute;a,<i> &aacute; </i>la    voluntad firme, decidida, inquebrantable de mi madre, porque yo siguiera la    carrera de Medicina, por la que yo, desde mis primeros a&ntilde;os, sent&iacute;a    una decidida vocaci&oacute;n, una verdadera pasi&oacute;n. Y en el Colegio,    aunque obten&iacute;a positivas ventajas pecuniarias de momento, sin embargo,    me cerraba el porvenir; toda vez que ni pod&iacute;a asistir<i> &aacute; </i>clases,    ni practicar con los enfermos. Por ese camino, no me hac&iacute;a M&eacute;dico.    Y mi madre, que recib&iacute;a perjuicios econ&oacute;micos con mi traslado,    no vacil&oacute;, fue al sacrificio. Me oblig&oacute;<i> &aacute; </i>renunciar<i>    &aacute; </i>la Escuela y aceptar el destino gratuito del Hospital. M&aacute;s    tarde, obtuve una de las plazas retribuidas de Interno. </p>     <p align="justify">En Aldecoa, tuve la suerte de trabajar al lado de un hombre    excepcional, de m&eacute;ritos extraordinarios, el doctor Francisco Dum&aacute;s    y Franco, arrebatado<i> &aacute; </i>la vida cuando llegaba<i> &aacute; </i>las    cumbres de la gloria.</p>     <p align="justify">Dum&aacute;s fue mi amigo del alma, mi mentor cari&ntilde;oso    y bueno, que se afanaba por iniciarme en los secretos m&eacute;dicos. Y ahora,<i>    &aacute; </i>trav&eacute;s de los a&ntilde;os, deseo dedicarle<i> &aacute; </i>ese    mi maestro, este cari&ntilde;oso recuerdo, ya que presente lo tengo en los actos    todos de mi vida. </p>     <p align="justify">Durante siete a&ntilde;os estuve en el Hospital; donde llegu&eacute;<i>    &aacute; </i>ocupar los m&aacute;s altos puestos. Pas&eacute;, mas tarde,<i>    &aacute; </i>m&eacute;dico de Casas de Socorros y m&eacute;dico de Asistencia    Domiciliaria. Ocupando este &uacute;ltimo cargo, un amigo m&iacute;o muy querido    el doctor Roberto Chomat, que estaba designado por el General Ludlow y por el    Mayor Davis para organizar, en 1898, la Sanidad en La Habana, me llev&oacute;<i>    &aacute; </i>su lado, para que cooperase en esos trabajos. </p>     <p>Desde esa &eacute;poca, estoy en la Sanidad, en la que he desempe&ntilde;ado en propiedad y sucesivamente, los siguientes cargos: </p>     <p>Inspector Especial<i> &aacute; </i>las &oacute;rdenes directas de la Jefatura.  </p>     <p>Inspector de Distrito. </p>     <p>Jefe de Desinfecci&oacute;n. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Inspector General del Departamento. </p>     <p>Secretario de la Junta Local de Sanidad de La Habana. </p>     <p>Jefe Local de Sanidad de La Habana. </p>     <p>Vocal de la Junta Nacional de Sanidad. </p>     <p>Director del Dispensario para Tuberculosos. </p>     <p>Interinamente he desempe&ntilde;ado, en distintas &eacute;pocas, los cargos de: </p>     <p>Jefe Ejecutivo de Sanidad. </p>     <p>Secretario de la Junta Superior de Sanidad. </p>     <p>Jefe de Despacho de la Jefatura Superior de Sanidad. </p>     <p>Secretario de la Junta Nacional de Sanidad. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Actualmente, y gracias<i> &aacute; </i>la bondad infinita de    mi amigo del alma, el doctor Manuel Varona Su&aacute;rez, un luchador y un triunfador    en la vida, ocupo de nuevo, la Jefatura Local de Sanidad de La Habana y soy    adem&aacute;s, vocal de la Junta Nacional de Sanidad y Beneficencia. </p>     <p align="justify">En la &laquo;Cruz Roja Cubana&raquo;, desempe&ntilde;&oacute;    los cargos de Jefe &eacute; Inspector General del Cuerpo M&eacute;dico y Director    de la Academia de la Instituci&oacute;n. </p>     <p align="justify">Ocupo la Secretar&iacute;a General de la Delegaci&oacute;n    Cubana al Congreso Espa&ntilde;ol de Tuberculosis y he sido electo Secretario    de la Sociedad de Medicina Tropical de la Rep&uacute;blica de Cuba. Pertenezco<i>    &aacute; </i>distintas sociedades cient&iacute;ficas,<i> &aacute; </i>las que    les presto mi modesto concurso, no por lo que &eacute;l signifique, que no es    nada, en el orden cient&iacute;fico, pero s&iacute; por lo que pueda valer en    el num&eacute;rico, &oacute; sea en que haya &laquo;uno m&aacute;s&raquo; en    esas corporaciones. </p>     <p align="justify">En la &laquo;Cruz Roja &raquo; me han llenado de honores y    distinciones, que no merezco, sino que debo<i> &aacute; </i>bondad de amigos    cari&ntilde;osos. Adem&aacute;s en los cargos citados, he sido honrado con la    Cruz de Pro y se me y ha propuesto para la Gran Placa de la Instituci&oacute;n.  </p>     <p align="justify">La literatura me atrae con fuerza irresistible. Siento por ella un amor casi tan grande como por la Medicina. El periodismo me encanta y me seduce. </p>     <p align="justify">Apenas ten&iacute;a doce a&ntilde;os, cuando en uni&oacute;n    de un amigo muy querido, el se&ntilde;or Costa y Franc&eacute;s, tom&eacute;    parte activa, nada menos que con el car&aacute;cter de Jefe de Redacci&oacute;n,    en la publicaci&oacute;n de un semanario titulado &laquo;El Estudiante&raquo;,    que ten&iacute;a la novedad extraordinaria de estar escrito<i> &aacute; </i>mano.    Durante los seis primeros d&iacute;as de la semana, los redactores escrib&iacute;amos    <em>en </em>y <em> para </em>el <em></em>peri&oacute;dico. Hac&iacute;amos as&iacute;    manuscritos, unos 20 &oacute; 30 ejemplares y los domingos por la ma&ntilde;ana,    muy temprano, y para que no nos vieran, repart&iacute;amos el peri&oacute;dico.    M&aacute;s adelante colabor&eacute; en la &laquo;Habana Elegante&raquo; y en    &laquo;El F&iacute;garo&raquo;. Mis primeros escritos vieron la luz en el simp&aacute;tico    semanario, que dirig&iacute;a Hern&aacute;ndez Miyares. Todav&iacute;a recuerdo    con verdadero gusto, la satisfacci&oacute;n que experimentaba cada vez que ve&iacute;a    mis producciones reproducidas en tan bello y elegante peri&oacute;dico. </p>     <p>Al entrar de lleno en el estudio y en la pr&aacute;ctica de la Medicina , mis    escritos tomaron nueva orientaci&oacute;n. Entonces fui redactor de distintos    peri&oacute;dicos cient&iacute;ficos, entre los que recuerdo &laquo;Los Archivos    de la Policl&iacute;nica &raquo;, &laquo;La Revista de la Asociaci&oacute;n    M&eacute;dico- Farmac&eacute;utica&raquo;, notable publicaci&oacute;n que dirig&iacute;a    el doctor Enrique B. Barnet, m&eacute;dico, sanitario y literato muy ilustre.    Colaboraba, adem&aacute;s, en otros peri&oacute;dicos en los que,<i> &aacute;    </i>la par que observaciones cl&iacute;nicas y otros escritos de car&aacute;cter    puramente cient&iacute;ficos, daba<i> &aacute; </i>luz, peque&ntilde;as historietas    m&eacute;dicas algunas de las cuales reun&iacute; en un tomito y con la colaboraci&oacute;n    art&iacute;stica del genial Ricardo de la Torriente, publiqu&eacute; bajo el    t&iacute;tulo de &laquo;Memorias de un Interno&raquo;, &laquo;Recuerdos del    Hospital&raquo;. </p>     <p align="justify">He sido Director de la &laquo;Revista del Vedado&raquo;. Colaboro    en &laquo; La Discusi&oacute;n &raquo;, en la que se me ha confiado la &laquo;Secci&oacute;n    M&eacute;dica&raquo;, de su le&iacute;do Consultorio, secci&oacute;n que ha    obtenido gran cr&eacute;dito, por los esfuerzos que hace el se&ntilde;or Caballero,    por atenderla y mejorarla. Soy miembro de honor y m&eacute;dico de la &laquo;Asociaci&oacute;n    de Reporters&raquo; y fundador y vocal de la Directiva de la &laquo;Asociaci&oacute;n    de la Prensa &raquo;. Profeso<i> &aacute; </i>los periodistas sincero cari&ntilde;o    y les guardo gratitud muy profunda, pues<i> &aacute; </i>ellos debo pruebas    grandes de bondad, de deferencia y de aprecio. </p>     <p align="justify">Aprend&iacute; las primeras letras, en el colegio &laquo;San Nicol&aacute;s de Bari&raquo;, que dirigi&oacute; el ilustre educador, se&ntilde;or Andr&eacute;s Cobreiro. Mas tarde, fue mi maestro, el se&ntilde;or Luis Biosca Comellas, publicista distinguido y uno de los hombres m&aacute;s laboriosos y buenos. En el Real Colegio de &laquo;San Fernando&raquo;, termin&eacute; mi educaci&oacute;n primaria. </p>     <p align="justify">Curs&eacute; los a&ntilde;os de la segunda ense&ntilde;anza, en el Instituto oficial y en los colegios particulares, &laquo;Habana&raquo;, que dirig&iacute;a el querido &eacute; ilustrado Domingo Frades y el &laquo;Redentor&raquo;. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">La carrera m&eacute;dica la estudi&eacute; en la Universidad    de La Habana, en la que obtuve los grados de Licenciado y de Doctor en Medicina    y Cirug&iacute;a. Y<i> &aacute; </i>la par que estudiaba, desempe&ntilde;aba    mi plaza de Alumno Interno en Aldecoa. Para poder asistir<i> &aacute; </i>clases,    ten&iacute;a que levantarme<i> &aacute; </i>las cinco de la ma&ntilde;ana, visitar<i>    &aacute; </i>los enfermos graves, preparar la visita y salvar casi corriendo,    el kil&oacute;metro que entre zarzales, hay entre el Hospital y la Estaci&oacute;n    del Cerro del Ferrocarril de Marianao. En ella tomaba el tren descendente y    me apeaba en Concha para de aqu&iacute;, recorrer, tambi&eacute;n de prisa,    pues el tiempo apremiaba, los tres kil&oacute;metros, aproximadamente, que hay    hasta el Hospital &laquo;Nuestra Se&ntilde;ora de las Mercedes&raquo;, donde    se daban las clases que me correspond&iacute;an. </p>     <p align="justify">Llegaba, como es natural,<i> &aacute; </i>la clase, fatigado    y rendido, pero con el alma llena de alegr&iacute;a, pues hab&iacute;a cumplido    con mi deber. Y aunque crean que lo digo por alabarme, debo declarar ahora,    que la norma principal de mi car&aacute;cter, ha sido siempre el cumplimiento    del deber, la disciplina y el orden. </p>     <p align="justify">En Aldecoa, yo era m&aacute;s que un amigo, un hermano del    Director. Y nunca falt&eacute;<i> &aacute; </i>mis deberes. Jam&aacute;s abandon&eacute;    mi guardia. Permanec&iacute;a en el Hospital, cumpliendo como el que m&aacute;s,    las atenciones del cargo que desempe&ntilde;aba,<i> &aacute; </i>las clases,    y por mi voluntad no falt&eacute; nunca. Siempre he sido de car&aacute;cter    alegre y jovial. Cuando m&aacute;s joven, era amigo de las diversiones, de los    paseos. Fui un estudiante divertido, dispuesto siempre<i> &aacute; </i>la broma    y<i> &aacute; </i>la alegr&iacute;a. Pero al llegar la hora de la clase y del    estudio, estaba en mi puesto. </p>     <p align="justify">Tengo, como base de car&aacute;cter, el respeto. Empiezo por    respetarme<i> &aacute; </i>mi mismo, respeto<i> &aacute; </i>los dem&aacute;s    y procuro que se me guarde esa consideraci&oacute;n. Entiendo y creo, que no    hay cari&ntilde;o verdadero, all&iacute; donde no existe respeto. Soy, para    con mis amigos, afectuoso, franco; me gusta la cordialidad y la expansi&oacute;n:    pero que todo eso sea dentro de los l&iacute;mites de un respeto mutuo, de una    correcci&oacute;n exquisita. </p>     <p>No tengo m&aacute;s bienes de fortuna, que mi trabajo personal y mi nombre honrado, y me parece bastante. No poseo propiedades ni disfruto de rentas. </p>     <p align="justify">No creo necesario insistir en mi honradez, pues desconf&iacute;o de los hombres que constantemente la proclaman. El que yo sea honrado, no tiene m&eacute;rito alguno, ya que es hijo de las condiciones de mi car&aacute;cter, de las ense&ntilde;anzas que se han dado y de los ejemplos que ante mi vista he tenido. </p>     <p>Mi padre, postrado en el lecho,<i> &aacute; </i>las puertas de la muerte, liquid&oacute;    cuanto le quedaba, para pagar sus deudas todas. Y no le preocup&oacute;, para    cumplir con ese deber, la situaci&oacute;n en que quedar&iacute;an sus hijos.</p>     <p align="center"><a href="/img/revistas/his/n100/f11hi100.jpg"><img src="/img/revistas/his/n100/f11hi100.jpg" width="95" height="121" border="0"></a></p>     
<p align="center">Fig. 11. Dr. Jos&eacute; A. L&oacute;pez del Valle y Vald&eacute;s, &uacute;ltimo retrato (1937). </p>     <p align="justify">En mi largo y provechoso internado del Hospital, adquir&iacute;    grandes conocimientos de la humanidad, y aprend&iacute;, en mi trato constante    con la tristeza y el dolor,<i> &aacute; </i>sentir una piedad infinita hacia    los hombres. Los malos, los perversos, los que hacen da&ntilde;o, me inspiran    m&aacute;s que nada compasi&oacute;n, ya que son desviados de la vida, verdaderos    enfermos, que no conocen las dulzuras y las satisfacciones de la bondad y del    bien. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Conozco al que me quiere bien y s&eacute; corresponderle<i>    &aacute; </i>sus afectos. Se defenderme de los malos y tengo los alientos necesarios    para contenerlos en sus maldades. </p>     <p align="justify">No me gusta, ni soy partidario de la lucha, pero tampoco me asusta, pues me siento con los br&iacute;os necesarios para las m&aacute;s recias campa&ntilde;as. </p>     <p align="justify">Llevo en mi alma tan solo amores y esperanzas. No hay en mi    coraz&oacute;n sitio alguno para la maldad. Por esa causa, y como principio    de higiene moral, no acostumbro<i> &aacute; </i>guardar ni rencores ni odios,    los que, despu&eacute;s de todo, tengo la suerte de no conocer de vista siquiera.  </p>     <p align="justify">Tengo de la humanidad el mejor concepto. Estoy muy lejos de    creer que el mundo sea todo lo malo que muchos se empe&ntilde;an en hacerlo.    Al contrario, he recibido en la vida pruebas inequ&iacute;vocas de que la amistad,    la consecuencia y el amor, son una verdad. No tengo que lamentar desenga&ntilde;os    ni desencantos. Bien es verdad que no forjo vanas ilusiones, ni concibo enga&ntilde;osas    ni locas esperanzas. Soy un hombre pr&aacute;ctico que no acostumbra<i> &aacute;    </i>creer que las cosas pueden dar de s&iacute;, m&aacute;s de lo que deben    dar. </p>     <p align="justify">Tengo amigos verdaderos, con los que me ligan lazos de hondo y profundo cari&ntilde;o y de los que he recibido pruebas y demostraciones de consecuencia y afecto. En este particular, he sido un afortunado de la vida, pues muy pocos hombres habr&aacute; que hayan logrado sumar en su vida mayor n&uacute;mero de cari&ntilde;os. </p>     <p align="justify">Tengo, desde luego, ambiciones, aunque mi car&aacute;cter es    por dem&aacute;s conforme y mis gustos sencillos y tranquilos. Ans&iacute;o    paz, bienestar y tranquilidad para los m&iacute;os. Deseo que mi nombre sea,    como lo fue el de mi padre, s&iacute;mbolo de respeto y de consideraciones.    Amo la popularidad bien entendida y aspiro<i> &aacute; </i>ganarme el afecto    de los que me rodean. </p>     <p align="justify">Soy religioso. Para mi Jesucristo es la figura m&aacute;s grande    de la Humanidad y le profeso una devoci&oacute;n y un amor grande, al que debo,    sin duda, gran parte de la felicidad que disfruto. La Religi&oacute;n Cat&oacute;lica    al elevar nuestra alma por encima de las humanas flaquezas, parece que la libra    de debilidades y de miserias.</p>     <p align="justify">El &uacute;nico y grande dolor de mi vida, es ser soltero. Mi aspiraci&oacute;n de joven, mi mayor gusto y el placer m&aacute;s grande hubiese sido, apenas graduado, casarme. So&ntilde;aba, cuando era estudiante con una novia buena, dulce y cari&ntilde;osa; con un hogar venturoso y feliz. Pero la novia del Estudiante no lleg&oacute;, y &eacute;l m&eacute;dico no ha ido al altar. </p>     <p align="justify">Escrib&iacute; poes&iacute;as en la edad de nuestra vida, en que todos sentimos y pensamos en verso. Muchas de esas composiciones, las publiqu&eacute; en distintos peri&oacute;dicos y otras, quiz&aacute;s de las que estoy m&aacute;s enamorado, permanecen in&eacute;ditas. </p>     <p align="justify">La fuerza de las circunstancias me ha obligado,<i> &aacute;    </i>veces,<i> &aacute; </i>usar de la palabra en p&uacute;blico. He sido Conferencista    en las Escuelas Normales de Verano y he tenido que pronunciar discursos en Academias    y en diversos Centros. Me gusta la oratoria y quisiera ser, en el amplio concepto    de esa palabra, un verdadero orador. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Debo terminar. He hablado ya demasiado de mi persona. A fuerza de querer ser sincero y de pensar en alta voz, quiz&aacute;s me haya excedido en la enumeraci&oacute;n de cualidades, que acaso no tenga. Pero como me figuro poseerlas, por eso las he expuesto. </p>     <p align="justify">Las anteriores notas las he escrito volando. No hay en ellas    hilaci&oacute;n, ni han sido redactadas en estilo florido y estudiado. Ni siquiera    las he revisado. &iquest;Para qu&eacute;, si prefiero que se publiquen con la    misma espontaneidad con que han sido escritas? &iquest;No resultan, casi siempre,    m&aacute;s exactas las fotograf&iacute;as instant&aacute;neas, que aquellas    que mucho se retocan? Y yo, al hablar de m&iacute;, por vez primera en mi vida,    he querido decir solo la verdad, escuchando m&aacute;s que el cerebro, al coraz&oacute;n.  </p>     <p align="justify">Los que lean las anteriores notas, advertir&aacute;n que no tengo historia, y que no hay hechos salientes en mi vida, de esos que forman &eacute;poca en los hombres. Pero prefiero esto, por ver si de mi puede decirse lo que de los pueblos que carecen de historia, esto es, que son felices… </p>     <p align="justify">Tal ha sido mi vida modesta, sencilla y tranquila, que despu&eacute;s    de todo, no es sino la existencia de un hombre trabajador y que ha procurado    siempre ser leal, ordenado, y disciplinado y que solo aspira<i> &aacute; </i>una    cosa:<i> &aacute; </i>ocasionar en su paso por el mundo, el menor perjuicio    posible y<i> &aacute; </i>dejar, cuando muera, la mayor cantidad posible de    cari&ntilde;os… </p> <h4>Memorias de un interno </h4>     <p align="left">La peque&ntilde;a Marta</p>     <p align="justify">El reloj del Hospital marcaba la hora en que deb&iacute;a comenzar    la clase y nuestro joven y amado maestro no hab&iacute;a llegado; llam&aacute;bamos    muy mucho la atenci&oacute;n ese hecho, por ser la vez primera que ocurr&iacute;a;    era siempre el m&aacute;s exacto, el m&aacute;s puntual. Agrupados todos los    alumnos<i> &aacute; </i>la puerta de la Sala , hac&iacute;amos comentarios acerca    de esa tardanza; los m&aacute;s impacientes coloc&aacute;ronse en la amplia    ventana desde la cual se dominaba el camino que al Asilo conduc&iacute;a… &iexcl;Vanos    esfuerzos … Nada ve&iacute;amos! …. Tem&iacute;amos por la salud de nuestro    profesor querido: el tiempo corr&iacute;a y con &eacute;l nuestra impaciencia.    Se acudi&oacute; al tel&eacute;fono…. Uno de los compa&ntilde;eros que vigilaba    el camino nos anunci&oacute; con voz alegre que el coche del maestro estaba<i>    &aacute; </i>la vista: en efecto, envuelto en una nube de polvo, con el caballo    sudoroso, vimos el conocido milord que usaba… Corrimos<i> &aacute; </i>la puerta    para esperarle: mil preguntas le asediaron<i> &aacute; </i>la par: de pronto    callamos. Ante la expresi&oacute;n dolorosa de su fisonom&iacute;a, enmudecimos    por la amargura que su rostro reflejaba… Fatigado, con los ojos brillantes y    secos y voz temblorosa nos dijo: </p>     <p>-&iexcl;Es horrible, horrible lo que ha pasado! </p>     <p>Llenos de ansiedad nos agrupamos<i> &aacute; </i>su lado y continu&oacute;:  </p>     <p>- &iquest;Recuerdan ustedes<i> &aacute; </i>la peque&ntilde;a? &iquest;Recuerdan    ustedes aquella linda ni&ntilde;ita, aquel angelito todo bondad, la bella nietecita    de nuestro cieguecito, de nuestro n&uacute;mero 27….? </p>     <p>&iquest;… Recuerdan ustedes aquella ni&ntilde;a de inteligencia maravillosa,    de car&aacute;cter dulce, que diariamente visitaba este Hospital para besar<i>    &aacute; </i>su abuelito, traerle el consuelo de sus gracias, de sus encantos?  </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&iquest;… Recuerdan ustedes el amor intenso, el justificado orgullo, la pasi&oacute;n que ten&iacute;a el pobre viejecito por su nieta…? </p>     <p>- &iexcl;Pues, bien, la linda ni&ntilde;a ha fallecido har&aacute; una hora, v&iacute;ctima de una fiebre de forma perniciosa….! </p>     <p>Guardamos todos el m&aacute;s sepulcral silencio: en cada pecho hab&iacute;a un sollozo, en cada p&aacute;rpado una l&aacute;grima… </p>     <p>&iexcl;C&oacute;mo no hab&iacute;amos de recordar aquel angelito de negros y rizados cabellos, que en la tarde de cada d&iacute;a llegaba al Hospital cargada de frutas, flores y ropas para su abuelito adorado! </p>     <p>&iexcl;C&oacute;mo no recordar las dulces escenas que all&iacute; se desarrollaban entre aquel hombre venerable y la ni&ntilde;a bella! </p>     <p align="justify">Llegaba y el pobre enfermo cambiaba de fisonom&iacute;a: risue&ntilde;o,    emocionado, colmaba de besos<i> &aacute; </i>su nietecita: que, siempre, alegre,    le refer&iacute;a historias mil; le contaba su vida durante el d&iacute;a: lo    animaba, lo mimaba; peinaba con cuidado exquisito su luenga cabellera; recortaba    su blanca barba; lavaba su rostro, cambiaba sus ropas; cuidaba sus u&ntilde;as,    besaba sus ojos, aquellos ojos vac&iacute;os, que no pod&iacute;an ver belleza    tanta… </p>     <p align="justify">Al terminar su faena y cuando el viejecito estaba limpio, peinado    y vestido de nuevo, recost&aacute;base en su hombro, pr&oacute;xima al o&iacute;do    del cieguecito y entonaba<i> &aacute; </i>media voz, amorosa canci&oacute;n,    que &eacute;l hac&iacute;a repetir hasta que embelesado, con el rostro satisfecho,    dorm&iacute;a……. </p>     <p>&iquest;Qu&eacute; dulce poes&iacute;a encerraba para aquel hombre la canci&oacute;n    de amor que diariamente y<i> &aacute; </i>la misma hora hac&iacute;a que le    arrullasen<i> &aacute; </i>su o&iacute;do? </p>     <p>&iquest;Qu&eacute; extra&ntilde;o misterio se ocultaba en aquel esp&iacute;ritu? </p>     <p>Necesitaba para vivir que le acariciasen el alma con la tierna balada que ejerc&iacute;a    en &eacute;l una influencia extra&ntilde;a:<i> &aacute; </i>las notas primeras    contra&iacute;ase su rostro, cerraba sus ojos vac&iacute;os, exhaustos de l&aacute;grimas;    su rostro se alargaba….. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Despu&eacute;s, adormecido, entreabrian sus labios dulces sonrisas, su rostro expresaba la felicidad…. </p>     <p>La ni&ntilde;a segu&iacute;a con sus ojitos esa evoluci&oacute;n ps&iacute;quica    y cuando le ve&iacute;a adormecido lo acariciaba como<i> &aacute; </i>un ni&ntilde;o,    d&aacute;ndole palmaditas en la cara, imprim&iacute;a un beso en su ancha frente    y sentada al lado de la cama velaba el sue&ntilde;o del pobre anciano…. </p>     <p align="justify">Nuestra admiraci&oacute;n por aquella ni&ntilde;a sublime fue    mayor cuando supimos su historia: hu&eacute;rfana, sin m&aacute;s parientes    que su abuelito, recogida al abrigo de una familia compasiva, iba de puerta    en puerta mendigando la caridad para obtener lo necesario, y regalar todos los    d&iacute;as<i> &aacute; </i>su pobre abuelo con aquellas flores que eran su    delirio, aquellas frutas sabrosas que eran su &uacute;nico alimento, aquella    ropita limpia que diariamente se cambiaba. </p>     <p align="justify">Jam&aacute;s falt&oacute; la nietecita al Hospital. En los d&iacute;as de copiosa lluvia, en los de fr&iacute;o intenso, risue&ntilde;a siempre, cargada con sus paquetes aparec&iacute;a, bien calada de agua hasta los huesos, bien titiritando de fr&iacute;o hasta casta&ntilde;etear sus dientes… </p>     <p align="justify">La llam&aacute;bamos “la peque&ntilde;a”, pues apenas contaba catorce a&ntilde;os de edad; la quer&iacute;amos y en la medida de nuestras fuerzas le prest&aacute;bamos auxilio…. Para ella hab&iacute;a siempre una frase de cari&ntilde;o, un afectuoso saludo, un socorro de buena voluntad…. </p>     <p>&iquest;C&oacute;mo no sentir en nuestras almas un dolor infinito, ante la dolorosa nueva de nuestro maestro? </p>     <p>-&iexcl;Pobre viejo! Fue la frase que articularon nuestros labios… </p>     <p>El profesor, dominando su emoci&oacute;n, nos dijo: </p>     <p align="justify">-Yo no puedo pasar hoy la visita: ser&iacute;a someter mi coraz&oacute;n<i>    &aacute; </i>una prueba demasiado dura, si viera hoy al pobre ciego… &iexcl;No    me atrevo! &iexcl;Que me sustituya el Interno de guardia!... &iexcl;Adi&oacute;s!...    Y parti&oacute; lloroso y emocionado aquel hombre todo bondad, aquel m&eacute;dico    que hac&iacute;a quince a&ntilde;os ejerc&iacute;a su profesi&oacute;n y<i>    &aacute; </i>qui&eacute;n hab&iacute;amos visto en m&uacute;ltiples ocasiones    sin pesta&ntilde;ear ante las m&aacute;s graves situaciones y que, con rostro    impasible, con su sonrisa eterna, hab&iacute;a presenciado cientos de veces    la lucha entre la vida y la muerte…. </p>     <p align="justify">Me hice cargo de la triste misi&oacute;n; silenciosos, con    sus corazones destrozados, segu&iacute;anme mis compa&ntilde;eros…. Entramos    en la sala y dirigimos ansiosos una mirada<i> &aacute; </i>la cama del anciano:    su rostro apacible y tranquilo demostraba que su alma no present&iacute;a la    cat&aacute;strofe…. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">La visita empez&oacute;: jam&aacute;s fue tan lenta: tem&iacute;a    encontrarme frente<i> &aacute; </i>aquel desgraciado anciano que lo hab&iacute;a    perdido todo…. tem&iacute;a que mi voz lo alarmase… Al llegar<i> &aacute; </i>su    cama hice un esfuerzo supremo y con voz ronca por el dolor, le dirig&iacute;    preguntas cortas, breves. Lleno de cari&ntilde;o se interes&oacute; por el profesor,    y cuando le dimos el pretexto de que estaba ligeramente enfermo, nos contest&oacute;    lleno de fe: Cuando venga mi ni&ntilde;ita le dir&eacute; que lo vea, que le    charle un poco y ver&aacute;n ustedes como se pone bueno tan solo con la alegr&iacute;a    de la peque&ntilde;a…………………………</p>     <p>Lo que sucedi&oacute; en la sala cuando el anciano supo que su nietecita no hab&iacute;a ido fue horroroso: excitaci&oacute;n man&iacute;aca, gritos, ayes dolorosos, angustia suprema, lo invadieron. </p>     <p>De rodillas, con la cabeza pegada al suelo, hac&iacute;a esfuerzos auditivos creyendo o&iacute;r los menudos pasos de la ni&ntilde;a; lloraba, nos suplicaba noticias acerca de ella; buscaba la salida del Hospital; corr&iacute;a como un desesperado dando continuos tropezones, hasta que, desfallecido por el dolor, se rend&iacute;a….. </p>     <p>En su delirio constante, canturreaba, con los dientes apretados, la balada de amor con que de rodillas y con la boquita cerca del o&iacute;do, lo arrullaba la pobre ni&ntilde;a……………………………</p>     <p>Poco dur&oacute; el pobre abuelo. A la hora en que recib&iacute;a<i> &aacute;    </i>su nietecita, un d&iacute;a, presa del delirio intenso, muri&oacute; balbuceando    el amoroso c&aacute;ntico….. </p> <h4>Una confesi&oacute;n </h4>     <p>Era por la madrugada; hac&iacute;a un fr&iacute;o intenso: el enfermero de    guardia se acerc&oacute;<i> &aacute; </i>la puerta de mi cuarto y con voz so&ntilde;olienta    me dijo:- doctor: &iexcl;<em>Maleta </em>est&aacute; gritando como un becerro;    quiere verlo; no le haga caso, no vaya, que hay mucho fr&iacute;o, y esa v&iacute;bora    no se merece nada!..... </p>     <p>Haciendo caso omiso de los poco humanitarios consejos del enfermero, me vest&iacute;    de prisa y acud&iacute;<i> &aacute; </i>la sala de Presos donde se encontraba    el enfermo que reclamaba mis servicios. </p>     <p>Conoc&iacute;a su enfermedad y el estado de gravedad suma en que se encontraba. El compa&ntilde;ero que lo asist&iacute;a, habl&aacute;ndome de &eacute;l hab&iacute;a dicho: es “hombre al agua”…. </p>     <p>Me acerqu&eacute;<i> &aacute; </i>su lado y tomando entre las m&iacute;as sus    manos ardientes, me sent&eacute; al borde de la cama. </p>     <p>Entonces &eacute;l, luchando con la disnea que lo ahogaba, habl&oacute; en voz baja: </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">-Yo bien s&eacute; que in&uacute;tiles ser&aacute;n sus esfuerzos    y est&eacute;riles sus afanes por salvarme la vida: me muero. No necesito tampoco    mitigar mis dolores f&iacute;sicos. No es al m&eacute;dico<i> &aacute; </i>quien    acudo. Es al hombre leal que no habr&aacute; de violar mi secreto, al que yo    necesito. &iexcl;S&iacute;! Me hace falta,<i> &aacute; </i>la hora de morir,    despojar el coraz&oacute;n del peso que lo agobia; sacudir mi conciencia de    los remordimientos que me trastornan…. </p>     <p align="justify">Yo lo he visto<i> &aacute; </i>Vd. hablar en secreto con los    presos que iban<i> &aacute; </i>morir, y recuerdo que ellos, intranquilos, excitados    y nerviosos antes, se calmaban despu&eacute;s de la entrevista. </p>     <p align="justify">Yo lo he visto como Vd., olvid&aacute;ndose de los grandes delitos que le refirieran, los perdonaba y los atend&iacute;a sin acordarse, quiz&aacute;s, de lo que hab&iacute;a o&iacute;do. Pues, bien; yo necesito descargar la conciencia, me hace falta confesar mis cr&iacute;menes, encontrar quien me oiga, quien me perdone………. </p>     <p>Call&oacute; por un momento, me mir&oacute; con ojos de angustia y continu&oacute;: </p>     <p align="justify">-Soy hijo natural, como si dij&eacute;ramos el fruto de una infamia, de una pobre guajira, bella, seg&uacute;n me contaron, y de un joven muy inteligente que como Juez Municipal ejerc&iacute;a en el pueblo donde mis abuelos, los rudos padres de mi madre, viv&iacute;an. </p>     <p align="justify">&iquest;A que cansarlo con el relato de esos amores clandestinos habidos entre pobre &eacute; inocente guajira y experto y astuto seductor? Aquello no fue amor: fue una de esas infamias que los hombres suelen llamar conquistas….. </p>     <p align="justify">Mi madre fue burlada, y como resultado de esa burla, nac&iacute; yo, algo as&iacute; como la resultante de una canallada. Fuimos expulsados del boh&iacute;o de la familia. A los pocos d&iacute;as muri&oacute; la que me dio el ser, cuya voz jam&aacute;s escuch&eacute;, cuyos ojos jam&aacute;s me acariciaron, cuyos consejos nunca tuve. </p>     <p>Era yo un ni&ntilde;o feo, repulsivo, hu&eacute;rfano….. De negra historia. </p>     <p align="justify">Me recogieron dos pobres guajiros; me miraban con la m&aacute;s    ofensiva de las l&aacute;stimas. Fui maltratado; me pusieron en el Colegio Municipal    del pueblo. No tuve amigos, ni compa&ntilde;eros. Mi defecto f&iacute;sico me    dio nombre…. El maestro, un viejo alcoholista, col&eacute;rico y violento, se    hab&iacute;a empe&ntilde;ado en que ten&iacute;a en mi cabeza protuberancias    criminales. Hu&iacute;an de m&iacute; los dem&aacute;s ni&ntilde;os. Jam&aacute;s    me convidaron<i> &aacute; </i>participar en sus juegos. Yo pagaba las excitaciones    del maestro, sus incomodidades &eacute; intemperancias. Me hice malo. Necesitaba    serlo. Ten&iacute;a que repeler por la fuerza las agresiones de mis compa&ntilde;eros;    ten&iacute;a que castigar sus burlas y ofensivas frases. Me llamo Francisco:    hab&iacute;a otros de igual nombre; recuerdo que ellos eran Panchitos, Paquitos,    Francisquitos: yo… era &iexcl; <em>Maleta! </em></p>     <p>El maestro era el primero en aplicar<i> &aacute; </i>los dem&aacute;s el diminutivo    de sus nombres. Al dirigirse<i> &aacute; </i>mi lo hac&iacute;a diciendo con    voz &aacute;spera: Maleta!! </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Despu&eacute;s de las obligadas ri&ntilde;as, siempre el maestro dec&iacute;a:- Este muchacho tiene cabeza de criminal; &iexcl;ser&aacute; un bandido!.... </p>     <p>Sal&iacute; del colegio: tuve que arar la tierra, vivir en el pueblo donde hab&iacute;a nacido, al calor de una infamia, donde era odiado al recuerdo de la misma…. </p>     <p>Llegu&eacute; al crimen; mat&eacute;; asesin&eacute; al primer cobarde que me habl&oacute; de mi madre. Mi primer crimen permaneci&oacute; oculto. Trat&eacute; de modificarme. Tuve que re&ntilde;ir con aquellos que me insultaban y que de m&iacute; se re&iacute;an. </p>     <p align="justify">Me convirtieron en un ser de reputaci&oacute;n detestable. Ten&iacute;a que trabajar durante el d&iacute;a, al sol que curt&iacute;a mi epidermis y me enervaba el alma. Por las tardes, mientras los dem&aacute;s ten&iacute;an un hogar para descansar su cuerpo y esparcir su esp&iacute;ritu, yo solo ten&iacute;a el bodeg&oacute;n del pueblo, donde &uacute;nicamente hab&iacute;a alcohol, vagos y barajas… </p>     <p>Trat&eacute; de visitar; pero &iquest;qui&eacute;n me presentar&iacute;a<i>    &aacute; </i>las familias, qui&eacute;n me admitir&iacute;a en su casa? </p>     <p>Las pocas muchachas estaban pedidas en matrimonio por los j&oacute;venes garridos, aquellos que no ten&iacute;an una figura y una reputaci&oacute;n horrible. </p>     <p>&iexcl;Nadie me admiti&oacute; en su casa! &iexcl;No recuerdo que ninguna de aquellas mujeres me dirigiese la menor mirada! Volv&iacute;an su rostro al verme. Y con burlona sonrisa, no exenta de temor, me miraban de soslayo. </p>     <p>Fui un d&iacute;a<i> &aacute; </i>la Iglesia en busca de consuelo, y el P&aacute;rroco,    con todos bonach&oacute;n y amable, al notar mi presencia contrajo el entrecejo.  </p>     <p>Al otro d&iacute;a supe que despu&eacute;s de haberme retirado, estuvo revisando los altares para ver si faltaba algo. </p>     <p align="justify">Encontr&eacute; al fin una mujer que convino conmigo en casarse;    la desgraciada cre&iacute;a que la mujer era una costilla; fresca al principio,    deb&iacute;a ella escoger<i> &aacute; </i>quien cederse; <em>pasada </em>despu&eacute;s,    se deb&iacute;a contentar con el que la pidiese, y en malas condiciones m&aacute;s    tarde, cuando solo quedaba el hueso, deb&iacute;a arrojarse al primer perro    sarnoso que pasase con mirada de hambre…. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&iexcl;Yo fui el perro sarnoso<i> &aacute; </i>qui&eacute;n le toc&oacute;    roer el hueso! </p>     <p align="justify">La vida del matrimonio -con una mujer que no vacilaba en dar<i>    &aacute; </i>sus conocidos, que de ella se burlaban por haber cargado conmigo,    el pretexto del que se ahoga se agarra al primer tabl&oacute;n aunque est&eacute;    lleno de clavos, - era imposible. </p>     <p align="justify">Jam&aacute;s tuvo ella para conmigo la menor atenci&oacute;n: jam&aacute;s me dispens&oacute; el menor afecto. Todas esas caricias, todas esas pruebas de afecto, todos aquellos dulces halagos por mi so&ntilde;ado, se disipaban ante la realidad representada por aquella compa&ntilde;era sin coraz&oacute;n, que hura&ntilde;a y brusca, batallando siempre, convert&iacute;a mi casa en un infierno. </p>     <p align="justify">Cre&iacute; educarla: le habl&eacute; de mis sentimientos, la hice ver que tras la guayabera de guajiro, de los zapatos de baqueta y los pantalones de listado, hab&iacute;a un hombre que sab&iacute;a sentir, que solo ambicionaba frases de cari&ntilde;o. Le hice la historia de mi vida; trat&eacute; de hacerla comprender que mi padre hab&iacute;a infiltrado en mis venas las exquisiteces de su educaci&oacute;n refinada, las ambiciones de un cerebro educado en el estudio. </p>     <p>Pero era una bestia: con est&uacute;pida risa escuchaba estos relatos y con cara llena de iron&iacute;a replicaba: </p>     <p>-Vente haciendo el se&ntilde;orito: tu eres un holgaz&aacute;n. Y mirando mis facciones repulsivas re&iacute;a de una manera mortificante. </p>     <p>Abandon&eacute; la casa para volver<i> &aacute; </i>la bodega, esto, es al    vino, la baraja y las malas compa&ntilde;&iacute;as…………………</p>     <p>Torn&eacute; al crimen. El campo con sus soledades, con las facilidades que    para esconderse prestan aquellas sierras, donde la ocultaci&oacute;n hac&iacute;a    imposible la acci&oacute;n de la ley: todo eso eran con causas que suelen impulsar    al mal<i> &aacute; </i>las almas predispuestas. </p>     <p>Hu&iacute;: al poco tiempo me establec&iacute; en un poblado vecino; me delat&oacute; mi defecto f&iacute;sico; tuve que matar otro hombre, &iexcl;otro que se presentaba fatalmente en mi camino! </p>     <p>&iexcl;Llegu&eacute;<i> &aacute; </i>ser bandido…….! La predicci&oacute;n del    maestro se cumpli&oacute;……. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&iexcl;Ah! Si yo hubiese tenido cuando ni&ntilde;o una madre    que me condujera por el camino del bien, que me ense&ntilde;ase<i> &aacute;    </i>orar; si yo hubiese tenido de adolescente la mirada cari&ntilde;osa de amigos;    y luego, ya de hombre, las ternuras de una mujer, habr&iacute;a sido bueno y    no hubiese matado. </p>     <p align="justify">Pero aquel pueblo chico con sus murmuraciones grandes; aquella vida de campesino rodeado siempre por el verde; aquellos hombres malos que al crimen con sus burlas me conduc&iacute;an y aquellas mujeres que con sus indiferencias y sus risas ir&oacute;nicas al abismo me llevaban, fueron sin dudas causas abonadas para lanzarme al mal. </p>     <p>&iexcl;El campo, los lindos paisajes! &iexcl;Si yo hubiese sido artista, poeta! </p>     <p>Entonces cada barranco, cada matorral, cada r&iacute;o, hubiese encerrado para m&iacute; un tesoro de inspiraci&oacute;n………</p>     <p>&iexcl;Pero no era poeta! Y en vez de art&iacute;sticas inspiraciones encerraban para m&iacute; esos lugares retirados un asilo seguro donde ocultar mis cr&iacute;menes y huir del castigo. </p>     <p>Si hubiese tenido a mi lado una mujer sensible y amante, una compa&ntilde;era    dulce y cari&ntilde;osa, que en lugar de rechazar mis caricias, de contestar    con groser&iacute;as<i> &aacute; </i>mis sue&ntilde;os de hombre delicado, le    hubiese prestado el calor del cari&ntilde;o………….. </p>     <p>&iexcl;En una ciudad grande y poblada, en donde siempre hay mujeres hermosas,    que con su presencia disipan las penas: en donde el hombre tiene, aunque sea    en delirantes sue&ntilde;os, el est&iacute;mulo para su ambici&oacute;n de llegar    &aacute; ser algo para poder ofrec&eacute;rselo<i> &aacute; </i>la mujer<i>    &aacute; </i>quien adora,<i> &aacute; </i>la que idolatra, en sue&ntilde;os    quiz&aacute;s! </p>     <p align="justify">&iexcl; La Habana !…….. donde siempre hay atractivos, alegr&iacute;as, est&iacute;mulos, olvido para los desgraciados que del olvido necesitan, frases de afecto; y que en el vaiv&eacute;n de su poblaci&oacute;n grande, inmensa, nadie reserva su odio para el marcado por la mano de Dios. </p>     <p>&iexcl; La Habana ! &iexcl;Como ambicion&eacute; estar en su seno! &iexcl;Cuanto so&ntilde;&eacute; vivir en sus distinciones, sus esplendores y refinamientos!..........</p>     <p>Fatigado, rendido por el largo esfuerzo realizado, tumb&oacute; su cabeza en la almohada el pobre preso: le hice aire con un abanico: friccion&eacute; sus extremidades: dile agua… abri&oacute; de nuevo sus ojos y continu&oacute;: </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>-Cr&eacute;ame, doctor; si alg&uacute;n coraz&oacute;n hubiese latido junto al m&iacute;o: si alguna palabra de cari&ntilde;o, alguna mirada de afecto me hubiesen acompa&ntilde;ado, &iexcl;yo ser&iacute;a el mejor de los hombres!........................</p>     <p align="justify">S&oacute;lo aqu&iacute;, en este Asilo es donde yo he sido    mirado con afecto: el m&eacute;dico de esta sala, su compa&ntilde;ero de Vd.,    ese joven de cara apacible y bondadosa, ha sido la primera persona que me habl&oacute;    al alma con frases cari&ntilde;osas. Los sirvientes y mis compa&ntilde;eros    de prisi&oacute;n me desprecian, soy odiado: saben que muero de sed, oyen mis    lamentos, y no me alcanzan el vaso de agua que ha de mitigar mis sufrimientos….    Hablan cerca de m&iacute; en voz alta de mi gravedad: cuentan los d&iacute;as    que me quedan de vida: dicen que el m&eacute;dico hace una mueca cuando me reconoce…    Llevo diez a&ntilde;os preso: nunca he recibido la visita de nadie, jam&aacute;s    alguien ha llegado<i> &aacute; </i>la reja<i> &aacute; </i>preguntar por m&iacute;………………………………</p>     <p>No me quedan fuerzas para m&aacute;s: no me atrevo<i> &aacute; </i>pedir perd&oacute;n:    me siento mejor; estoy m&aacute;s aliviado; &iexcl;ahora me explico la mejor&iacute;a,    la tranquilidad, que observaba en los que hablaban bajito con usted!...........................................  </p>     <p>Amanec&iacute;a: los rayos primeros del sol iluminaban, dentro de la sala, aquel cuadro de muerte…. Alumbraban la cara del moribundo…. cuya agon&iacute;a comenzaba al nacer el d&iacute;a, cuando brillante y soberbio, all&aacute; por Oriente, de donde la luz nos llega, aparec&iacute;a magn&iacute;fico y esplendente el luminar radiante……………………</p> <h4>M&eacute;dico y Padre </h4>     <p>Sab&iacute;a que estaba herido de muerte. Hab&iacute;a sido el primero en conocer la enfermedad que le consum&iacute;a. Nada se le ocultaba: ni lo terrible del diagn&oacute;stico, ni lo pavoroso del pron&oacute;stico. A los amigos y compa&ntilde;eros, que sol&iacute;citos pretend&iacute;an consolarlo, les dec&iacute;a: </p>     <p>-Me voy: es cosa r&aacute;pida: mis pobres pulmones no funcionan: la fiebre me abrasa…. </p>     <p>Se resist&iacute;a<i> &aacute; </i>la medicaci&oacute;n sedante, que, como    recurso final y para calmar los dolores hab&iacute;a adoptado el m&eacute;dico    de cabecera, un colega de paciencia y bondad sin l&iacute;mites. </p>     <p>A cada s&iacute;ntoma que, como centinela avanzado daba el alerta del hurac&aacute;n    que habr&iacute;a de estallar, &eacute;l, resignado y tranquilo, llamaba<i>    &aacute; </i>sus familiares y les hac&iacute;a m&uacute;ltiples recomendaciones.  </p>     <p>-Cuiden amorosamente<i> &aacute; </i>mi hija,<i> &aacute; </i>la buena Laura:    h&aacute;ganla olvidar con caricias y besos del cari&ntilde;o que conmigo perder&aacute;  </p>     <p align="justify">A su mujer, la compa&ntilde;era de toda la vida, aquella<i>    &aacute; </i>quien conoci&oacute; de ni&ntilde;o, cuando entregado<i> &aacute;    </i>los infantiles juegos, robusto y sano, respiraba vida y alegr&iacute;a:<i>    &aacute; </i>ella, que con ejemplar cari&ntilde;o lo cuidaba, sin separarse    un solo instante de su lado, &iquest;qu&eacute; hab&iacute;a de decirle? Quer&iacute;a    mirarla como en pasados tiempos, en d&iacute;as felices, cuando roja de pasi&oacute;n    le juraba amor eterno….. &iexcl;pero no pod&iacute;a! Un mundo de l&aacute;grimas    nublaba sus ojos y oprim&iacute;a su garganta. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Luego que las hemoptisis aparecieron y la fiebre se hizo continua, llam&oacute;<i>    &aacute; </i>su familia y haciendo un esfuerzo supremo, aconsej&oacute; que    procuraran aislarlo de su hija, dici&eacute;ndoles: </p>     <p>-Yo soy m&eacute;dico, s&eacute; lo contagioso que es mi mal. &iexcl;Es un    crimen exponer esa criaturita<i> &aacute; </i>que contraiga esta enfermedad!  </p>     <p align="justify">Hubo que obedecer: la ni&ntilde;a- prematuramente hu&eacute;rfana-    fue llevada<i> &aacute; </i>una casa vecina. &Eacute;l se consolaba con pensar    que ella, el pedazo de su alma, ser&iacute;a robusta, sana, fuerte. Hablaba,    discurr&iacute;a, como m&eacute;dico y como tal conoc&iacute;a el peligro, lo    ve&iacute;a y lo evitaba…… La enfermedad tocaba<i> &aacute; </i>su fin. La inteligencia    flaqueaba: la voluntad se rend&iacute;a. El cuerpo ca&iacute;a cual &aacute;rbol    a&ntilde;ejo herido por el rayo. Vino la agon&iacute;a: una agon&iacute;a lenta    y desesperante……. A su lado estaban sus familiares, amigos y compa&ntilde;eros……..  </p>     <p align="justify">Sentado, con los ojos fuera de las &oacute;rbitas, la boca    te&ntilde;ida por la sangre, angustiado, buscaba<i> &aacute; </i>su hija: la    ped&iacute;a con entrecortados gritos, quer&iacute;a besarla en la boca, abrazarla…..    &iexcl;Era un crimen, gem&iacute;a, separar<i> &aacute; </i>un padre de lo que    es sangre de su sangre, vida de su vida!................................................  </p>     <p>&iexcl;El coraz&oacute;n dominaba al cerebro: callaba el m&eacute;dico, hablaba el padre! </p>     <p>Mujer heroica </p>     <p align="justify">Hab&iacute;amos sido convocados<i> &aacute; </i>una reuni&oacute;n    m&eacute;dica para examinar un caso curioso &eacute; interesante: el compa&ntilde;ero    encargado de la asistencia, un cl&iacute;nico eminente, encontr&aacute;base    confuso… A la ligera, r&aacute;pidamente, nos refer&iacute;a los antecedentes,    el estado del momento, pues el ni&ntilde;o enfermo estaba grav&iacute;simo…    Era un caso perdido… De repente interrumpe bruscamente su historia cl&iacute;nica:    un grito desgarrador, de angustia, seguido de sollozos y que part&iacute;a del    cuarto donde al cuidado de la madre estaba el enfermito, nos hizo sospechar    que &eacute;ste hab&iacute;a fallecido…. Nos trasladamos<i> &aacute; </i>la    habitaci&oacute;n y resultaron ciertas nuestras suposiciones…. Aquella enfermedad    que tan r&aacute;pidamente evolucionara, hab&iacute;a tenido un desenlace fatal:<i>    &aacute; </i>la invasi&oacute;n brusca y violenta, seguida de mejor&iacute;a    aparente, sucedi&oacute; la muerte que nos arrebataba un caso interesante antes    de poder formar el juicio- diagn&oacute;stico… Durante la enfermedad breve y    aguda todo hab&iacute;a sido dudas, suposiciones, hip&oacute;tesis: en vano    esper&aacute;bamos un s&iacute;ntoma que nos iluminase, que nos diese la clave    de aquel misterio…. Y en vez de ese esperado indicio suced&iacute;a brutal el    desenlace. </p>     <p align="justify">Pretend&iacute;amos arrancar ese s&iacute;ntoma<i> &aacute;    </i>la muerte: lo buscamos en el aspecto exterior de aquel cad&aacute;ver, a&uacute;n    caliente: escudri&ntilde;amos sus ojitos, dulcemente cerrados, la entreabierta    boquita, la carita de palidez de cera. </p>     <p align="justify">Rodeamos la blanca y limpia camita: no nos preocupaba en aquellos momentos el dolor intenso de la pobre madre que al lado de la cama sin cesar lloraba su hijo muerto. </p>     <p>Nadie se acordaba de aquella graciosa y culta mujer que dedicada al hijo adorado, por &eacute;l y para &eacute;l viviera. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Permanecimos callados: en nuestros cerebros germin&oacute; al mismo tiempo una idea: la autopsia… &iexcl;Si! Ella nos dar&iacute;a luz, nos facilitar&iacute;a los medios de despejar la inc&oacute;gnita: dese&aacute;bamos buscar all&aacute; en lo m&aacute;s &iacute;ntimo de las v&iacute;sceras, en la profundidad de los tejidos la causa, el por qu&eacute; de la enfermedad que hab&iacute;a provocado aquel desastre. </p>     <p>Quer&iacute;amos secreciones, sangre, algo donde buscar un germen morboso….&iexcl;Necesit&aacute;bamos el secreto de aquel misterio! </p>     <p>Como para practicar esa operaci&oacute;n, era necesario el permiso, la autorizaci&oacute;n    de la madre, callamos…. Nadie se atrev&iacute;a<i> &aacute; </i>turbar el dolor    de aquella desgraciada…… </p>     <p>Hubo uno de nosotros, el de m&aacute;s edad, que rompi&oacute; el silencio angustioso en que est&aacute;bamos. </p>     <p>-&iexcl;Si pudi&eacute;ramos…..! Dijo dirigi&eacute;ndonos una mirada llena de inteligencia, mirada fr&iacute;a, de sabio, de avaricia profesional…. </p>     <p>No necesit&oacute; completar la frase: lo comprendimos: pero volviendo nuestras cabezas hacia la madre, llamamos su atenci&oacute;n hacia las l&aacute;grimas de &eacute;sta………. </p>     <p>Est&aacute;bamos bajo el peso de una situaci&oacute;n anormal. </p>     <p>El compa&ntilde;ero que hab&iacute;a hablado se dirigi&oacute;<i> &aacute;    </i>la madre, y en nombre de la Ciencia, de la Humanidad le pidi&oacute; lo    &uacute;nico que aquella mujer ten&iacute;a sobre la tierra: el cad&aacute;ver    de su hijo. </p>     <p>Oy&oacute; ella con ojos llorosos y el alma emocionada los deseos del anciano m&eacute;dico: sec&oacute; las l&aacute;grimas y con generosidad heroica le dijo: </p>     <p>-Pueden Vds. proceder como mejor les plazca: los autorizo para que practiquen las operaciones que juzguen necesarias: ya que mi hijo no puede escuchar mis arrullos, ni sentir mis caricias que sirva su cuerpo al menos para ense&ntilde;anza: que el cielo los ilumine y Dios os bendiga……….. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Se retir&oacute;<i> &aacute; </i>un cuarto vecino: cerramos las puertas para    que no llegase<i> &aacute; </i>sus o&iacute;dos, el ruido seco y &aacute;rido    del rudo cortar de la sierra sobre los d&eacute;biles huesos…………………………</p>     <p>La joven t&iacute;sica </p>     <p align="justify">Cuantas veces en horas de alegr&iacute;a, en momentos felices, he sentido un instante de nost&aacute;lgica tristeza, de dolor, al asaltarme de pronto, al pasar r&aacute;pidamente ante mi vista, como una visi&oacute;n querida, el recuerdo dulce y triste de la pobre Rachel, la ni&ntilde;a enferma, la pobre flor tronchada en la primavera de su vida, por el cierzo helado de la tuberculosis, &iexcl;ese azote de nuestra juventud! </p>     <p align="justify">&iexcl;Cu&aacute;ntas veces al caer la tarde, en esa hora melanc&oacute;lica y dulce, tan po&eacute;ticamente triste, en que todo lo que nos rodea, parece m&aacute;s grande, m&aacute;s sublime, m&aacute;s po&eacute;tico; cu&aacute;ntas veces, repito, en esa hora dulc&iacute;sima he sufrido una sensaci&oacute;n de &iacute;ntima ternura, al evocar las m&iacute;seras escenas de la vida de aquella tierna joven bella como la flor, pura cual c&aacute;ndido lirio, que vi morir en las acompa&ntilde;adas soledades del Hospital!...................... </p>     <p align="justify">Acababa de llegar la ambulancia cargada de pobres enfermas: all&iacute; estaban calladas con las convulsiones de la fiebre, unas, con los estertores de la agon&iacute;a, otras……………………</p>     <p align="justify">Las examino: la primera una pobre vieja, harapienta, sin casa    ni familia, reum&aacute;tica<i> &aacute; </i>fuerza de dormir<i> &aacute; </i>la    intemperie, depauperada y sin fuerzas por no comer; leo su nombre inscrito en    la papeleta de baja, y por &eacute;l veo que aquella pobre mendiga que con hambre    y sin ropas, viene m&aacute;s que nada en busca de asilo, fue algunos a&ntilde;os    atr&aacute;s, una de las <em>horizontales </em> m&aacute;s solicitadas; una    <em>demi monde </em>ante cuyos pies se doblegaron muchos notables; y aquella    mujer cuyos caprichos fueron ley para esos, que derroch&oacute; el oro en org&iacute;as,    estaba all&iacute;, en busca de pan…. de cama…. </p>     <p>Examino las otras enfermas, y al llegar<i> &aacute; </i>la &uacute;ltima, joven    p&aacute;lida, demacrada, con la mirada animada por intensa fiebre, se me acerca:    viva simpat&iacute;a me inspira por la dulzura que respira todo su ser. </p>     <p>-&iquest;Su nombre, se&ntilde;orita? </p>     <p>- Rachel Flores, de La Habana , diez y ocho a&ntilde;os, costurera. </p>     <p>Era tan grande la simpat&iacute;a y afecto que hubo de inspirarme, que me resist&iacute;a<i>    &aacute; </i>examinarla con detenimiento asust&aacute;ndome la idea de que al    reconocer sus pulmones fuese<i> &aacute; </i>comprobar la existencia del mal    que me denunciaba su aspecto: con timidez leo la <em>baja</em>, y &iexcl;cual    no ser&iacute;a mi dolor al ver all&iacute;, escrito con letra clara, gruesa,    denunciadora de la firmeza en el diagn&oacute;stico, la sentencia de la pobre    enferma en esta palabra: <em>Tuberculosis……! </em></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Procuro, con la delicadez posible, hacerle un velado interrogatorio acerca de sus antecedentes primero, de su estado actual despu&eacute;s: en vano trato de hacerme ilusiones, procurando buscar un signo favorable que hiciera germinar la duda en mi esp&iacute;ritu: no puedo enga&ntilde;arme: es un caso fatal: hay lujo de s&iacute;ntomas: tos pertinaz, expectoraci&oacute;n abundante, hemoptisis frecuentes, sudores nocturnos, fiebre, enflaquecimiento progresivo, anorexia……………….. </p>     <p>Dejo como &uacute;ltimo recurso el auscultarla: temo, con raz&oacute;n, acudir<i>    &aacute; </i>ese examen; y prefiriendo dejar para otro d&iacute;a, lo que ha    de convencerme, procuro rodear<i> &aacute; </i>la enferma de todas las comodidades    posibles, de las atenciones mayores; llamo<i> &aacute; </i>la enfermera y se    la recomiendo con eficacia; hablo con inter&eacute;s<i> &aacute; </i>mis compa&ntilde;eros;    todos<i> &aacute; </i>una, rodeamos a Rachel del mayor cari&ntilde;o….. </p>     <p>Yo pensaba en los peque&ntilde;os detalles que le agradar&iacute;an; el sitio que le gustar&iacute;a ocupar, el n&uacute;mero de la cama; fue colocada al lado de una ventana de la cual dominaba el campo, cama n&uacute;mero 15, lejos de las dem&aacute;s enfermas, cerca de la asistenta. Ella no fue como las otras, esto es: la enferma n&uacute;mero tal, n&oacute;; fue <em>la se&ntilde;orita………….. </em></p>     <p align="justify">Me hice cargo de su asistencia, y nada m&aacute;s doloroso    que presenciar desarmado, obligado<i> &aacute; </i>la pasividad, la destrucci&oacute;n    de aquel cuerpo; d&iacute;a por d&iacute;a vi desplomarse aquel edificio ligero,    minado por el terrible bacilus. Se enga&ntilde;aba y pretend&iacute;a enga&ntilde;arme;    me ocultaba sus sufrimientos y dolores…… Me negaba todos aquellos s&iacute;ntomas    que yo no pod&iacute;a comprobar; en su bondad infinita procuraba no hacer sufrir<i>    &aacute; </i>los que la rodeaban con el relato de sus sufrimientos……… !Ah!,    como me desgarraba el alma su tocesita seca, que me acompa&ntilde;aba mientras    permanec&iacute;a en la sala. ! Cuanto no me hac&iacute;a sufrir al tomarle    el pulso, la piel quemante! Su disnea era tan intensa que no la dejaba hablar.    &iexcl;Cuantas veces vi la blanca s&aacute;bana salpicada de la sangre que arrojaba    al toser!.......... </p>     <p>Su vida en el Hospital fue la de una flor que muere por falta de savia; &iexcl;fue dobl&aacute;ndose mustia, falta de vida, hasta caer para no levantarse m&aacute;s!........ </p>     <p align="justify">Siempre en la cama, silenciosa y triste, o&iacute;a<i> &aacute;    </i>sus compa&ntilde;eras el relato de sus aventuras; interes&aacute;base con    las que hab&iacute;an sido desgraciadas; en esos d&iacute;as bell&iacute;simos    de ardiente sol, d&iacute;as que parecen que dan vida<i> &aacute; </i>todo lo    que les rodean, sent&iacute;ase animada, &eacute; iluminado su rostro con bella    sonrisa, hac&iacute;a proyectos para el porvenir: hablaba de ir al campo: se    ve&iacute;a en una finca corriendo; como loca, al sol: su fisonom&iacute;a cambiaba;    pero ven&iacute;a la noche con sus frialdades, con sus tristezas, y &iexcl;adi&oacute;s    alegres sue&ntilde;os, nacidos al calor del bello d&iacute;a! Volv&iacute;a    la tos, la disnea, los sudores y la fiebre…….. </p>     <p align="justify">En esas alternativas de esperanzas y de triste realidad pasaron los d&iacute;as, los contados d&iacute;as que le quedaban; las pocas horas que la separaban de la muerte. Una madrugada, pres&eacute;ntase intensa tos seguida de hemoptisis, y abrasada por la fiebre, con los ojos brillantes, abiertos; con el rostro fatigado, expresando la ansiedad m&aacute;s terrible con sus facciones alargadas, falta de aire, muri&oacute; rodeada de las compa&ntilde;eras de Sala que la idolatraban…………. </p>     <p>&iexcl;Ah! &iexcl;Cuantas veces de sobremesa, en horas de franca alegr&iacute;a, al caer la tarde, en horas de nostalgia, me asalta el recuerdo de la pobre Rachel! </p> <h4>M&eacute;dico antes que nada </h4>     <p>Termin&oacute; la comida; encendimos nuestros cigarros y c&oacute;modamente sentados, comenz&oacute; la tertulia de Hospital organizada para distraer el tiempo en aquellas horas de encierro………………………………… </p>     <p align="justify">Eduardo, nuestro Jefe de Cl&iacute;nica, m&eacute;dico valioso, cargado de a&ntilde;os, de penas y desencantos; que despu&eacute;s de una serie no acabada de triunfos acad&eacute;micos en su &eacute;poca de estudiante; que despu&eacute;s de luchas incesantes y esfuerzos tit&aacute;nicos en su vida m&eacute;dica y durante toda ella entera, ten&iacute;a en el ocaso que aceptar, obligado por la necesidad, la plaza que desempe&ntilde;aba de Interno del Hospital: hombre de gran cultura, de profundos conocimientos, era quien con el relato de las aventuras de su vida, sus observaciones y sus casos cl&iacute;nicos hac&iacute;a el gusto en nuestras largas veladas. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Aquella noche, en que el viento furioso batallaba fuera; menudas gotas de agua azotaban los cristales del sal&oacute;n y el fr&iacute;o se infiltraba por nuestros cuerpos, adoptando c&oacute;moda postura y procurando reunir sus recuerdos nos dijo: </p>     <p align="justify">-Acababa de recibirme; resonaban a&uacute;n en mis o&iacute;dos    las cari&ntilde;osas felicitaciones de los familiares y los amigos: le&iacute;a    y volv&iacute;a<i> &aacute; </i>leer gustoso las frases de encomio que por medio    de la prensa y escritas por manos amigas me remit&iacute;a mi madre, que las    recortaba de los peri&oacute;dicos locales: ten&iacute;a el coraz&oacute;n lleno    de esperanzas y la cabeza de ilusiones doradas. Trabajaba con fe, luchaba con    entusiasmo; ambicionaba abrirme paso. En la poblaci&oacute;n de C…… donde ejerc&iacute;a,    hab&iacute;a otros dos m&eacute;dicos; yo, el m&aacute;s joven, procuraba darme<i>    &aacute; </i>conocer; tuve suerte: Fui llamado por los vecinos principales para    asistir<i> &aacute; </i>sus familiares; algunos casos que los otros m&eacute;dicos    hab&iacute;an estado asistiendo durante largo tiempo sin resultado, mejoraron    con los tratamientos que les impuse; todos me quer&iacute;an y celebraban…………..  </p>     <p align="justify">Se constituy&oacute; por mi iniciativa un comit&eacute; pol&iacute;tico del cual fui Presidente y desde ese momento, al iniciarme en la vida p&uacute;blica, comenzaron para m&iacute; las amarguras y las penas. Algunos de mis queridos amigos y clientes m&aacute;s valiosos, me volvieron la espalda. </p>     <p align="justify">Ram&oacute;n R…., el veguero m&aacute;s rico de la comarca,    hombre pasional y violento, fue el que extrem&oacute; la nota de oposici&oacute;n;    me hacia una guerra implacable y cruel; aprovechaba todos los medios<i> &aacute;    </i>su alcance para inutilizarme; me pon&iacute;a en rid&iacute;culo; diariamente    aparec&iacute;an en el peri&oacute;dico del cual el era propietario, caricaturas    grotescas, art&iacute;culos furiosos en que se me ofend&iacute;a &eacute; insultaba.  </p>     <p align="justify">Llegu&eacute; a ser la obsesi&oacute;n de aquel hombre. Presidente    del partido contrario. Alcalde Municipal, me despidi&oacute; como<i> &aacute;    </i>un criado, de la plaza de m&eacute;dico municipal que desempe&ntilde;aba.    Su deseo era lanzarme del pueblo. No me saludaba y llevaba su odio hacia m&iacute;,    hasta el extremo de negar el saludo<i> &aacute; </i>los que &eacute;l sabia    eran mis clientes y amigos……………………</p>     <p>&iexcl;Cual no ser&iacute;a la sorpresa que hube de experimentar una ma&ntilde;ana al verle entrar en casa, con las facciones descompuestas, las ropas en desorden y la mirada extraviada!......................................</p>     <p>Al verme se acerc&oacute; con la vista baja, la voz ronca y exclam&oacute;: </p>     <p>-Mi hijo Ram&oacute;n se est&aacute; muriendo……… le est&aacute;n dando desde    anoche unos ataques nerviosos horribles……… su piel quema…….. los otros m&eacute;dicos    han salido<i> &aacute; </i>visitar enfermos al campo y yo deseo que Vd. lo vea……….  </p>     <p>Mir&eacute; lleno de compasi&oacute;n<i> &aacute; </i>ese pobre hombre: me    hac&iacute;a sufrir su dolor y, sobre todo, comprend&iacute;a el trance penoso    de verse obligado<i> &aacute; </i>recurrir<i> &aacute; </i>su enemigo mortal.  </p>     <p>Silenciosos llegamos<i> &aacute; </i>la casa y antes de entrar en la habitaci&oacute;n    que el enfermo ocupaba, el acerc&aacute;ndose y como qui&eacute;n obedece<b>    &aacute; </b>un mandato interior y realizando un sacrificio, dijo: </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>-Doctor, hemos sido grandes enemigos, yo lo he insultado injustamente, &iquest;me guarda Vd. rencor por los ataques pol&iacute;ticos, por los ultrajes que le he dirigido?.... </p>     <p>No le dej&eacute; concluir: con la mayor calma, no exenta de dolor, hube de responderle: </p>     <p>-Amigo: Vd. ha combatido al Presidente del Comit&eacute; Liberal: le ha hecho    la guerra al pol&iacute;tico, al empleado municipal, y como esas entidades se    han quedado ah&iacute; fuera en la puerta por donde el m&eacute;dico entr&oacute;;    cuando este termine su misi&oacute;n y estemos en la calle le preguntaremos    al pol&iacute;tico y al empleado si est&aacute;n dispuestos<i> &aacute; </i>perdonar.  </p>     <p>Me comprendi&oacute;: l&aacute;grimas de afectuosa admiraci&oacute;n corrieron por sus mejillas………. </p>     <p>Tuve al cabo del tiempo que abandonar el pueblo, y siempre he recordado esa escena en la cual aquel hombre sacrificaba sus odios y rencores por salvar al hijo enfermo. </p>     <p><a href="#titulo">El Gran Finlay*</a><a name="asterisco3" id="asterisco3"></a></p>     <p>Finlay, en el a&ntilde;o de 1881, en bien documentado informe presentado a la Academia de Ciencias de La Habana , dio a conocer su descubrimiento del medio de transmisi&oacute;n de la Fiebre Amarilla del “enfermo al sano”, por intermedio del mosquito “Culex fasciatus”, clasificado actualmente como “Aedes aegypti”. No se limit&oacute; Finlay en ese su genial trabajo, a exponer una teor&iacute;a, sino que hubo de basarla en una serie de sabias y l&oacute;gicas deducciones, en trabajos y pruebas experimentales y en observaciones y estudios realmente notables. </p>     <p align="justify">Finlay hace ese su maravilloso descubrimiento y para fundamentarlo y para explicar la endemicidad de la Fiebre Amarilla en las zonas intertropicales y sus brotes epid&eacute;micos, hace un estudio completo sobre la “geograf&iacute;a” de la clase de mosquitos que justamente se&ntilde;alaba como agente intermediario, estableciendo una de las bases m&aacute;s firmes de la profilaxis de esa enfermedad. Despu&eacute;s realiza, por su cuenta, en un medio hostil y careciendo a veces de los recursos necesarios, 106 pruebas experimentales, es decir, inoculando individuos sanos no inmunes a la fiebre amarilla, con los mosquitos que previamente hab&iacute;a infectado en los enfermos. Hace, con precisi&oacute;n admirable, las historias cl&iacute;nicas de la evoluci&oacute;n de los casos experimentados, con todos los datos para establecer el diagn&oacute;stico definitivo, no tan solo de los casos avanzados observados, sino a&uacute;n de los m&aacute;s ligeros. De manera, que cumple en todas sus partes y llena los requisitos necesarios para esta clase de trabajos. </p>     <p align="justify">Da a conocer, adem&aacute;s, su descubrimiento en Congresos cient&iacute;ficos extranjeros. Sienta, desde 1881, con una clarividencia verdaderamente genial, las bases para la profilaxis de la enfermedad, o sea el aislamiento de los atacados contra picadas de mosquitos; la extinci&oacute;n de estos insectos y la observaci&oacute;n de los no inmunes susceptibles de contraer la enfermedad. Durante veinte a&ntilde;os, Finlay sostiene con la fe de los convencidos, sus doctrinas, sin ser escuchado y sin facilit&aacute;rsele los elementos precisos para poder ampliar, como deseaba, sus pruebas experimentales. Pero el hecho cient&iacute;fico, base y eje de su descubrimiento, hab&iacute;a sido ya puesto de manifiesto por Finlay de una manera clara, precisa, terminante y con experiencias definitivas. En 1900, la Comisi&oacute;n de M&eacute;dicos del Ej&eacute;rcito Americano designada por el Gobierno Interventor de Cuba “para estudiar las causas que provocaban enfermedades epid&eacute;micas en este pa&iacute;s”, hubo de emprender el estudio de todo lo relacionado con la fiebre amarilla, que entonces causaba un n&uacute;mero extraordinario de victimas y que constitu&iacute;a, por decirlo as&iacute;, una barrera al efectivo progreso, a la riqueza y al desenvolvimiento de Cuba. Era el azote de los extranjeros que llegaban a nuestras playas y el verdadero fantasma que aterrorizaba a los que resid&iacute;an entre nosotros. </p>     <p align="justify">La Comisi&oacute;n visit&oacute; a Finlay; conoci&oacute; de sus trabajos; supo de sus experiencias y hasta el propio Finlay hubo de hacerle entrega de los mosquitos que conservaba y que se&ntilde;alaba como los que transmit&iacute;an esa infecci&oacute;n. La Comisi&oacute;n , constituida por los doctores Reed, Carroll, Lazear y nuestro Agramonte, m&eacute;dicos eminentes, sabios investigadores de gran valer, llevaron a cabo sus estudios en un campamento que instalaron en Columbia y presentaron en 1901, como resultados de los mismos, un informe que era, sin duda alguna, el pleno reconocimiento de la verdad del descubrimiento de Finlay y se fijaban, con precisi&oacute;n, particulares que hab&iacute;an sido objetos de especial consideraci&oacute;n por parte de esos ilustres investigadores. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p></p>     <p align="center"><a href="/img/revistas/his/n100/f12hi100.jpg"><img src="/img/revistas/his/n100/f12hi100.jpg" width="204" height="146" border="0"></a></p>     
<p align="center">Fig. 12. El doctor Carlos J. Finlay Barr&eacute;s, con algunos miembros de la Escuela Cubana de Higienistas. A su izquierda, sentado, el doctor Juan Guiteras Gener. De izquierda a derecha: persona no identificada y los doctores Ar&iacute;stides Agramonte Simoni, John R. Taylor, Antonio D&iacute;az-Albertini Mojarrieta, Honor&eacute; Lain&eacute; Garesche y Hugo Roberts Fern&aacute;ndez. </p>     <p align="justify">Finlay hab&iacute;a triunfado. Su doctrina cient&iacute;fica, aceptada ya oficialmente, reconocida por todos, entraba de lleno en el terreno de la “ciencia constituida”. Adoptadas y puestas en pr&aacute;ctica por Gorgas, las bases para la profilaxis de esa infecci&oacute;n, que ven&iacute;a indicando ese genial cubano desde 1881, la fiebre amarilla fue erradicada en Cuba y de todos los pa&iacute;ses que pusieron en pr&aacute;cticas las medidas derivadas de su descubrimiento. </p>     <p align="justify">Finlay, llamado justamente por Paz Sold&aacute;n el Pasteur de la Am&eacute;rica, ilumin&oacute; con los destellos geniales de su cerebro extraordinario, los Campos de la Medicina Preventiva. Dio explicaci&oacute;n cient&iacute;fica a particulares que permanec&iacute;an oscuros y que no ten&iacute;an hasta entonces explicaci&oacute;n, con respecto al medio de transmisi&oacute;n de m&uacute;ltiples enfermedades, al mecanismo de ciertas infecciones. Despu&eacute;s que Finlay estableci&oacute; sus doctrinas sobre la transmisi&oacute;n de las enfermedades de “hombre a hombre” por un agente intermediario, surgieron otros investigadores y otros sabios que descubrieron tambi&eacute;n el medio de transmisi&oacute;n de otras enfermedades por el mismo proceder. Pero a Finlay le corresponde la gloria de haber sido el primero, en 1881, en sentar esa doctrina cient&iacute;fica que constituye una de las conquistas higi&eacute;nicas de mayor trascendencia. </p>     <p align="justify">&iquest;Como y por qu&eacute;, siendo estos hechos tan claros y habiendo sido los trabajos de Finlay presentados a Academias y Congresos Nacionales y Extranjeros, desde 1881, constando todo el proceso de su descubrimiento en libros y en revistas, en Actas de esos Congresos, es decir, hecha a la faz del mundo; como es posible que todav&iacute;a se le niegue por unos a Finlay su gloria, o se trate por otros de disminuirle su m&eacute;rito, atribuy&eacute;ndolo a otros lo que leg&iacute;timamente le pertenece? Realmente es dif&iacute;cil la contestaci&oacute;n a esta pregunta. Parece tan evidente la prioridad, la originalidad, el descubrimiento de Finlay, que no admite discusi&oacute;n alguna de que le corresponde de lleno y por completo. Hay veinte a&ntilde;os seguidos – de 1881 a 1902, - de trabajos de Finlay, de luchas incesantes en Academias; de informes a las mismas, de investigaciones detenidas, de experiencias de todos conocidas, de publicaciones que constituyen la prueba indiscutible de haber sido el que descubriera el medio de transmisi&oacute;n de la fiebre amarilla, el que sentara las bases efectivas de la profilaxis de esa enfermedad y que aplicadas despu&eacute;s, dieron el triunfo mas definitivo sobre el dominio de tal infecci&oacute;n; el que diera a conocer las pruebas experimentales de su doctrina y de ser tambi&eacute;n el primero en enunciar una doctrina sobre la transmisi&oacute;n de infecciones de enfermos a sanos por agentes intermediarios (insectos chupadores de sangre). </p>     <p align="justify">Se ha pretendido restarle m&eacute;ritos a Finlay, cuando se trata de un hecho que no puede borrarse, porque se ha realizado de manera bien patente y, sobre todo, de que en todos estos estudios e investigaciones y trabajos de fiebre amarilla hay, como dijo en ocasi&oacute;n memorable Napole&oacute;n, “gloria para todos”. Finlay fue el cerebro genial que concibi&oacute; la idea y la present&oacute; llenando todos los mandatos exigidos por las pr&aacute;cticas cient&iacute;ficas para tales casos. Delgado, su colaborador eficaz y su Cirineo, como dijo Finlay en una carta dirigida al propio Delgado en los d&iacute;as amargos y dif&iacute;ciles en que se le negaba y se le persegu&iacute;a. La Comisi&oacute;n Americana , formada por los esclarecidos m&eacute;dicos Reed, Carroll, Lazear y Agramonte, el cubano de valer extraordinario, con sus estudios precisos y sus pruebas y observaciones valiosas, para todos, hay gloria y a todos les corresponde un m&eacute;rito extraordinario, que debemos reconocer sin necesidad de restarle a nadie lo que le corresponde, ni de atribuirle a otros hechos que no se ajustan a la verdad hist&oacute;rica y a la realidad cient&iacute;fica. Por encima de todos, surge el nombre y la figura de Finlay. Se destaca su personalidad brillante como de un faro gigantesco del que brot&oacute; luz viv&iacute;sima que ha iluminado los campos de la Medicina Preventiva y ha creado con su descubrimiento y su doctrina, la Moderna Escuela Sanitaria, completando los estudios de Pasteur, pues no basta muchas veces conocer la causa que provoca una infecci&oacute;n, sino que es preciso y al sanitario le es m&aacute;s practico, saber como se trasmite y como se evita. </p>     <p align="left"><a href="#titulo">Discurso pronunciado al develarse el monumento al Dr. Enrique    N&uacute;&ntilde;ez de Villavicencio Palomino*</a><a name="asterisco4"></a></p>     <p align="left">(Tomado taquigr&aacute;ficamente) </p>     <p align="justify">Por honrosa designaci&oacute;n del ilustre Sr. Secretario de Sanidad y Beneficencia y por cari&ntilde;osa solicitud del grupo de amigos y compa&ntilde;eros de la diaria labor que forman el Comit&eacute; Gestor del Homenaje que hoy rendimos a la memoria del Dr. Enrique N&uacute;&ntilde;ez, levanto mi voz en este acto, consagrado a honrar el recuerdo de ese compatriota esclarecido, que tantos y tan hondos cari&ntilde;os supo inspirar a su paso por la vida y que tantas y tan fecundas y provechosas obras realizara. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Recibo este mandato enaltecedor, sin tiempo apenas para coordinar los hechos m&aacute;s salientes de la existencia de Enrique N&uacute;&ntilde;ez y buscar las frases apropiadas para hacerlos resaltar en toda su grandeza y magnitud. Mas, si he aceptado tal encargo, se debe principalmente, a que he de hablar ante ustedes, los que fueron sus amigos fieles y amorosos, que conocen su obra y admiraron sus hechos y que no necesitan, ciertamente, de ajenas palabras, para tener por siempre presente en el cerebro y en el coraz&oacute;n, el recuerdo de ese insigne compa&ntilde;ero. </p>     <p align="justify">La vida profesional, patri&oacute;tica, social y administrativa de Enrique N&uacute;&ntilde;ez, fue pr&oacute;diga en nobles acciones, en arrestos provechosos y en actos dignos de que por siempre se rememoren. En todos y en cada uno de los distintos aspectos de su vida, dej&oacute; huellas profundas de su amor a la Patria , de su saber, de su experiencia y de su talento. Apenas nosotros traemos a nuestra imaginaci&oacute;n y hacemos desfilar ante nuestro recuerdo reverente la actuaci&oacute;n que desarrollara, hemos de ver, como y en que distintas y variadas actividades de su existencia, se hizo acreedor a la admiraci&oacute;n y a la gratitud de sus compatriotas. </p>     <p align="justify">No es posible, se&ntilde;ores, dada la naturaleza especial del acto que hoy efectuamos, que podamos nosotros en estos momentos, seguir paso a paso, la marcha triunfal de N&uacute;&ntilde;ez a trav&eacute;s de su vida, tarea &eacute;sta, que por su indiscutible importancia y por los m&uacute;ltiples aspectos en que merece ser considerada, demanda un tiempo de que ahora no disponemos. </p>     <p align="justify">Adem&aacute;s, dos compa&ntilde;eros muy distinguidos, los doctores Rodr&iacute;guez Molina y Alem&aacute;n, han escrito bien documentadas biograf&iacute;as de N&uacute;&ntilde;ez, en cuyos estudios notables, por la sinceridad y el cari&ntilde;o que los inspira y por el recto esp&iacute;ritu de justicia que los preside, han dado a conocer, en sus detalles m&aacute;s preciosos, la vida de ese inolvidable amigo y compa&ntilde;ero. En p&aacute;ginas brillantes, con estilo claro y conciso, han seguido la vida de N&uacute;&ntilde;ez desde su infancia hasta su muerte, por todos sentida y lamentada, relatando sus &eacute;xitos resonantes en la Escuela , en la Universidad , en las Sociedades y Academias. En esos excelentes trabajos, resalta, en todo su valer, la personalidad de Enrique N&uacute;&ntilde;ez. </p>     <p align="justify">Sus compa&ntilde;eros de estudios, los que fueron sus camaradas de aulas, recuerdan y refieren con orgullo sus grandes triunfos escolares y universitarios y relatan regocijados, an&eacute;cdotas de su vida; las genialidades y vehemencias de su car&aacute;cter apasionado, pero siempre franco, leal y generoso. </p>     <p align="justify">Enrique era un “humorista” y un observador sagaz, profundo, que r&aacute;pidamente conoc&iacute;a y juzgaba a los dem&aacute;s. Se dejaba llevar de sus aficiones a los estudios psicol&oacute;gicos y le gustaba analizar el car&aacute;cter de los que trataba. </p>     <p align="justify">Y despu&eacute;s, con iron&iacute;a sutil y fina, iba “disecando” a sus “tipos de estudio”, llegando, a veces, a presentarlos en esqueleto. Pero todo esto lo hac&iacute;a con sin igual gracejo, con verdadero talento y sin que lo animara ni el odio ni la maldad. M&aacute;s que nada, lo inspiraba el deseo de amenizar las “charlas” con sus amigos y de derrochar la gracia y el buen humor que le retozaban en el coraz&oacute;n. </p>     <p align="justify">Brill&oacute; de manera extraordinaria en la Universidad , alcanzando en el curso de la carrera m&eacute;dica, los m&aacute;s preciados laureles. En la guerra de la Independencia patria, a la que acudi&oacute; presuroso, prest&oacute; importantes servicios como m&eacute;dico de campa&ntilde;a, obteniendo el grado de Coronel de Santidad Militar y tomando parte activa y principal en heroicas acciones, en las que puso a prueba su valor personal y sus grandes conocimientos m&eacute;dicos. M&aacute;s tarde, fue Profesor de la Universidad , educando y formando alumnos, a los que inculc&oacute; los altos principios cient&iacute;ficos, c&iacute;vicos y morales que hab&iacute;an inspirado los actos de su vida. En el ejercicio m&eacute;dico alcanz&oacute; fama merecida y justo renombre y en el desempe&ntilde;o de dedicados cargos en la Administraci&oacute;n P&uacute;blica , demostr&oacute; en todas las ocasiones, su capacidad, buen deseo y hombr&iacute;a de bien intachable. </p>     <p align="justify">As&iacute;, a la ligera, acabamos de mencionar los principales aspectos de su vida, en cada uno de los cuales, alcanz&oacute;, por decirlo as&iacute;, el bien de la Patria y la admiraci&oacute;n de todos los que pudieron darse cuenta de la buena fe, el amor, el entusiasmo que sab&iacute;a poner en los asuntos que se confiaban a su pericia y patriotismo. N&uacute;&ntilde;ez representaba, en toda su gallard&iacute;a, la acci&oacute;n. Sab&iacute;a trabajar y laboraba con ardor y perseverancia, y con una sorprendente actividad. </p>     <p align="justify">Estudiando en detalle su obra, tanto desde el punto de vista puramente m&eacute;dico como en sus caracteres de social y patri&oacute;tica, se advierte en todos los detalles de la misma, la propia acometividad, el entusiasmo a veces rayano en la vehemencia, el talento y las excelencias y m&aacute;s meritorios prop&oacute;sitos por el bien y el honor. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">M&aacute;s, nosotros en estos precisos instantes, por las razones ya expuestas de falta material de tiempo para empresa tan grande, no podemos llegar al desenvolvimiento y exponer en detalles, cada una de las distintas actividades de su existencia. En obsequio a la brevedad a que nos debemos, nos limitaremos a considerar tan solo, sus principales trabajos al frente de la Secretar&iacute;a de Sanidad y Beneficencia, elevado cargo que desempe&ntilde;&oacute; con feliz acierto y en el que conquist&oacute; fama como gobernante en&eacute;rgico y de grandes y provechosas iniciativas. </p>     <p align="justify">Esa Secretar&iacute;a, amplio campo para el ejercicio del bien y de la ense&ntilde;anza; para explanar las m&aacute;s sobresalientes aptitudes en lo que respecta al desarrollo de altos planes cient&iacute;ficos y de administraci&oacute;n, fue, seguramente el apropiado escenario para que N&uacute;&ntilde;ez mostrara, como as&iacute; lo hizo, sus excepcionales dotes intelectuales, de inventiva fecunda y de energ&iacute;as sin l&iacute;mites. </p>     <p align="justify">Aprovech&oacute; la brillante oportunidad que le ofrec&iacute;a el desempe&ntilde;o de la Secretar&iacute;a, para poner de manifiesto su amor al progreso, su esp&iacute;ritu amplio, sus entusiasmos por el mejoramiento social, creando, unas veces, &uacute;tiles instituciones y derribando en otras, lo que entend&iacute;a era perjudicial y da&ntilde;ino a la Sanidad. </p>     <p align="justify">Y as&iacute; vemos, que con su mano de cirujano experto y valiente, extirpa el c&aacute;ncer social que constitu&iacute;a la arcaica, injusta y cruel reglamentaci&oacute;n de la Prostituci&oacute;n , a base de la inicua explotaci&oacute;n de las pobres ca&iacute;das en ese vicio. As&iacute;, tambi&eacute;n, suprime las llamadas “Zonas de Tolerancia”, por considerarlas como un bald&oacute;n de ignominia a toda poblaci&oacute;n culta y civilizada. </p>     <p align="justify">Al propio tiempo que demol&iacute;a, organizaba. A la par que echaba por tierra perniciosas y anticuadas instituciones, creaba, entre otros el Servicio de Higiene Infantil, una de sus obras m&aacute;s beneficiosas. </p>     <p align="justify">Dentro de breves d&iacute;as, el d&iacute;a 19 de los corrientes, se cumplen ocho a&ntilde;os, que en una noche memorable, al celebrar Sesi&oacute;n Solemne la Academia de Ciencias, el Dr. Enrique B. Barnet, otro veterano del bien, ca&iacute;do en plena lucha pocos d&iacute;as despu&eacute;s de Enrique N&uacute;&ntilde;ez, le&iacute;a un documentado trabajo sobre la mortalidad infantil entre nosotros, exponiendo la necesidad de adoptar medidas para disminuirla. A ese acto, concurri&oacute; el General Mario G. Menocal, reci&eacute;n electo Presidente de la Rep&uacute;blica, a quien impresion&oacute; hondamente el trabajo cient&iacute;fico de Barnet, al extremo de dirigirse al Dr. N&uacute;&ntilde;ez, que ten&iacute;a a su derecha y que hab&iacute;a sido ya designado para ocupar la Secretar&iacute;a de Sanidad y Beneficencia, y le encomend&oacute; el que implantara las medidas adecuadas para resolver el pavoroso problema sanitario que el Dr. Barnet presentaba en su magn&iacute;fico discurso, basado en datos precisos y elocuentes. </p>     <p align="center"><a href="/img/revistas/his/n100/f13hi100.jpg"><img src="/img/revistas/his/n100/f13hi100.jpg" width="138" height="174" border="0"></a></p>     
<p align="center">Fig. 13. Dr. Enrique N&uacute;&ntilde;ez de Villavicencio y Palomino (1872-1916), Secretario de Sanidad y Beneficencia (1913-1916). </p>     <p align="justify">El Dr. Enrique N&uacute;&ntilde;ez, identificado en un todo con aquellos deseos del General Menocal, que eran los suyos propios, desde el mismo momento en que tom&oacute; posesi&oacute;n de su cargo, comenz&oacute; a llevarlos a cabo, organizando al efecto, el Servicio de Higiene Infantil, abarcando tan honda y trascendental cuesti&oacute;n de una manera amplia y completa y creando no tan solo organismos oficiales para la protecci&oacute;n de la mujer y del ni&ntilde;o, sino tambi&eacute;n otros de car&aacute;cter particular, que viniesen a cooperar con la obra del Gobierno a ese respecto. </p>     <p align="justify">El Dr. Enrique N&uacute;&ntilde;ez, persiguiendo tan nobles y patri&oacute;ticos fines, organiza los Concursos Nacionales de Maternidad, y la Exposici&oacute;n Nacional de Ni&ntilde;os, para est&iacute;mulo de las madres pobres cubanas que lactan sus hijos a sus pechos, con objeto de evitar, en todo lo posible, la peligrosa lactancia artificial. Reglamenta el Abasto Sanitario de Leche para mejorar la calidad de ese art&iacute;culo tan necesario en la alimentaci&oacute;n de los ni&ntilde;os. Establece la Colonia Infantil de Verano en los Campamentos de Triscornia, para sustraer, aunque fuera por breve tiempo, a los pobres ni&ntilde;os que mueren de miseria, de tuberculosis y de anemia, en las Casas de Vecindad, d&aacute;ndoles, a la par, una lecci&oacute;n objetiva sobre las ventajas que ofrecen las principales pr&aacute;cticas higi&eacute;nicas. Instala el Asilo Menocal y da comienzo a la creaci&oacute;n de Creches, dedicadas a la asistencia y cuidado de los hijos de las obreras en tanto estas trabajan. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Organiza e inaugura el Preventorio Mart&iacute;, en Coj&iacute;mar,    para los ni&ntilde;os d&eacute;biles, raqu&iacute;ticos y an&eacute;micos, con    objeto de fortificarlos y nutrirlos y librarlos de la terrible tuberculosis.    Concibe, planea, proyecta e inicia la instalaci&oacute;n de los Hospitales de    Maternidad e Infancia en distintas Capitales de la Rep&uacute;blica y cuyos    establecimientos vienen a llenar una necesidad sentida, como verdaderas casas    higi&eacute;nicas para la asistencia de las parturientas pobres y la atenci&oacute;n    higi&eacute;nica de los reci&eacute;n nacidos. </p>     <p align="justify">Precisamente, en el d&iacute;a de hoy, dentro de muy breves momentos, se inaugura el Hospital de Maternidad e Infancia de La Habana, que lleva muy merecidamente, el nombre de Enrique N&uacute;&ntilde;ez, como justo tributo a su memoria y a sus trabajos. </p>     <p align="justify">Los sucesores de Enrique N&uacute;&ntilde;ez en la Secretar&iacute;a de Sanidad y Beneficencia, los doctores Raimundo Menocal y Fernando M&eacute;ndez Capote, continuaron la obra de la Higiene Infantil , desenvolviendo su programa a ese respecto y prest&aacute;ndole todo el calor de sus grandes inteligencias. Precisamente, hace muy pocos d&iacute;as, el Dr. Fernando M&eacute;ndez Capote inaugur&oacute; el Hospital de Maternidad e Infancia de Pinar del R&iacute;o y dentro de corto tiempo, habr&aacute; de abrirse al servicio p&uacute;blico el de Santa Clara. </p>     <p align="justify">Estos establecimientos constituyen uno de sus elementos m&aacute;s poderosos para la asistencia higi&eacute;nica de la mujer en el acto de su alumbramiento y para la educaci&oacute;n higi&eacute;nica de las madres, una de las bases m&aacute;s firmes del Servicio de Higiene Infantil. Los Hospitales de Maternidad e Infancia est&aacute;n, pues, destinados a ofrecer un lugar higi&eacute;nico y apropiado para asistir a las mujeres pobres en sus partos, a darles ense&ntilde;anzas pr&aacute;cticas sobre los cuidados que requieren durante su embarazo e instruirlas sobre las reglas que deben observar para la buena crianza de sus hijos. Son, por lo tanto, y m&aacute;s que nada, “escuelas de madres” donde se les educa sanitariamente y se les ofrecen las ense&ntilde;anzas en una forma gr&aacute;fica, ante la pr&aacute;ctica y el ejemplo. En estas Instituciones se les mostrar&aacute;n las ventajas indiscutibles de la lactancia materna. Se les har&aacute; ver los peligros de la artificial, pero tambi&eacute;n, se les instruir&aacute; convenientemente sobre la manera de evitar las asechanzas de las alimentaciones impropias y se les educar&aacute; en forma manual y pr&aacute;ctica sobre la manera de alimentar higi&eacute;nicamente a sus hijos, como tienen que preparar la leche y dem&aacute;s atenciones que requieren los ni&ntilde;os en la edad primera de la vida, tales como los ba&ntilde;os, vestidos y otros cuidados higi&eacute;nicos. Es decir, que al mismo tiempo que se les muestra el peligro, se les instruye sobre la manera de evitarlos. Y todo esto se har&aacute; de forma sencilla, al alcance de todas las inteligencias, mostr&aacute;ndole el “Modus operandi”, haci&eacute;ndole manipular ante sus maestros, los ni&ntilde;os y los &uacute;tiles destinados a su alimentaci&oacute;n y vestidos, para que la ense&ntilde;anza sea efectivamente &uacute;til y las madres adquieran los conocimientos y la habilidad necesaria en el manejo higi&eacute;nico de sus hijos. </p>     <p align="justify">No son estos Hospitales del tipo cl&aacute;sico de los destinados a llenar funciones de beneficencia y caridad. No. Son verdaderas y muy valiosas instituciones sanitarias, grandes centros de &uacute;tiles ense&ntilde;anzas para la educaci&oacute;n higi&eacute;nica de las madres. </p>     <p align="justify">As&iacute;, seguramente, los concibi&oacute; N&uacute;&ntilde;ez. As&iacute; los idearon los Profesores Eusebio Hern&aacute;ndez y Domingo F. Ramos, los ilustres, los merit&iacute;simos iniciadores de la Homicultura. Y as&iacute; tambi&eacute;n los ha comprendido y llevado a la pr&aacute;ctica el Sr. Secretario de Sanidad y Beneficencia, al disponer que estos establecimientos no dependan de la Direcci&oacute;n de Beneficencia, sino de la de Sanidad, como ramas del Servicio de Higiene Infantil. </p>     <p align="justify">Como puede advertirse por la somera exposici&oacute;n que hemos hecho de sus principales gestiones al frente de la Secretar&iacute;a de Sanidad y Beneficencia, Enrique N&uacute;&ntilde;ez dedic&oacute; en esas tareas una preferencia exquisita, a la parte de la Higiene relacionada con el mejoramiento de la especie humana, procediendo con tal objeto a establecer los servicios destinados a la educaci&oacute;n y defensa sanitaria de la mujer embarazada, del cuidado higi&eacute;nico del reci&eacute;n nacido, como medio seguro de obtener en el ma&ntilde;ana, ciudadanos saludables y fuertes. </p>     <p align="justify">Dos son los principales recursos de que dispone el higienista    para prevenir primero y defender m&aacute;s tarde a la humanidad, contra las    enfermedades, accidentes y quebrantos que la amenazan. El primero, verdaderamente    preventivo, arranca, por decirlo as&iacute;, desde la madre, para educarla y    cuidarla higi&eacute;nicamente durante su embarazo, atendi&eacute;ndola en su    parto y dirigi&eacute;ndola m&aacute;s tarde en el cuidado de su hijo, para    que &eacute;ste se alimente y desarrolle, de conformidad con las pr&aacute;cticas    higi&eacute;nicas. Este camino, tiende a colocar los individuos en condiciones    de fortaleza adecuada, para que procreen hijos saludables, que por sus condiciones    f&iacute;sicas y su educaci&oacute;n sanitaria, resistan victoriosamente los    ataques de las infecciones y de otros males que lo rodean. </p>     <p align="justify">El otro gran recurso de la higiene, lo constituye la lucha directa contra los g&eacute;rmenes de las enfermedades, contra los vectores o veh&iacute;culos de las mismas, contra las causas de las infecciones, contra los individuos y las cosas ya contaminadas, es decir, con lo que debe llamarse “la infecci&oacute;n ya establecida”. </p>     <p align="justify">El Departamento de Sanidad de la Primera Intervenci&oacute;n    Americana; el Nacional de Sanidad y Beneficencia de la Primera Rep&uacute;blica    y del Gobierno Provisional, se hab&iacute;an llenado de leg&iacute;timas glorias,    combatiendo con &eacute;xito sorprendente, las infecciones m&aacute;s temibles    que reinaban entre nosotros, llegando a erradicar la fiebre amarilla, que al    castigar cruelmente a los extranjeros que llegaban a nuestras playas, constitu&iacute;an    una barrera infranqueable para nuestro progreso y bienestar. Puede decirse,    que en tales trabajos, el Departamento de Sanidad de Cuba, rindi&oacute; una    de las jornadas m&aacute;s brillantes, cuyos resultados por lo efectivo y r&aacute;pidos,    asombraron al mundo. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Dada la situaci&oacute;n topogr&aacute;fica de nuestra Rep&uacute;blica y sus constantes relaciones con Pa&iacute;ses infectados, nos vemos en el caso de sostener una lucha constante para evitar infecciones que nos puedan llegar del exterior y suprimir, en tanto como sea posible, los agentes intermediarios de las mismas, para hacer as&iacute; una obra efectiva de higiene. En ese combatir constante, apenas si nos queda tiempo para hacer un alto en la recia jornada, y dedicar las energ&iacute;as, tiempo y recursos necesarios, para emprender, de manera firme y estable, las campa&ntilde;as higi&eacute;nicas preventivas a que antes nos refer&iacute;amos. N&uacute;&ntilde;ez, aprovechando el buen estado sanitario que reinaba en Cuba durante los primeros tiempos de su estancia en la Secretar&iacute;a; de acuerdo con sus orientaciones cient&iacute;ficas; atendiendo los dictados de su coraz&oacute;n y para resolver arduos problemas del momento, comenz&oacute; con su br&iacute;o y con su entusiasmo reconocidos, la obra de perfeccionamiento de la especie por medio de distintas organizaciones del Servicio de Higiene Infantil. Y precisa convenir, que esa su labor, consider&aacute;ndola en su calidad y teniendo en cuenta el tiempo que desempe&ntilde;&oacute; la Secretar&iacute;a – de 20 de Mayo de 1913 a 15 de Septiembre de 1916- es verdaderamente notable y digna de merecidos pl&aacute;ceme y de sinceras congratulaciones. </p>     <p align="justify">Enrique N&uacute;&ntilde;ez sent&iacute;a una vocaci&oacute;n decidida por el ejercicio de la Medicina. Su vida entera la pas&oacute; dedicada a esa noble ciencia, practic&aacute;ndola y ejerci&eacute;ndola como un sagrado ministerio. Una de las grandes predilecciones de su vida lo constitu&iacute;a la pr&aacute;ctica en las Salas de los Hospitales. Esos sus amores por la medicina, el culto fervoroso que rend&iacute;a a la pr&aacute;ctica hospitalaria, &iquest;se deb&iacute;an a condiciones especiales de su car&aacute;cter tan adecuado para los empe&ntilde;os m&eacute;dicos que tienen por base la generosidad y el sacrificio; eran debidos a inclinaciones de su esp&iacute;ritu o se sent&iacute;a atra&iacute;do hacia la vida de “hospital”, tan llena de dulces y melanc&oacute;licos encantos como de provecho y utilidad para la adquisici&oacute;n de conocimientos m&eacute;dicos, por el ejemplo que le ofrec&iacute;a su padre augusto, nuestro gran Don Emiliano, que ha consagrado su existencia toda a la creaci&oacute;n y direcci&oacute;n del Hospital “Nuestra Se&ntilde;ora de las Mercedes”? No lo sabemos. Pero es lo cierto, que N&uacute;&ntilde;ez, advirtiendo seguramente el importante papel que desempe&ntilde;an los Hospitales como grandes centros de ense&ntilde;anzas y fuentes inagotables del bien y de la caridad, sent&iacute;a por esos establecimientos uno de sus m&aacute;s constantes y preferentes afectos. </p>     <p align="center"><a href="/img/revistas/his/n100/f14hi100.jpg"><img src="/img/revistas/his/n100/f14hi100.jpg" width="126" height="168" border="0"></a></p>     
<p align="center">Fig. 14. Monumento al doctor Enrique N&uacute;&ntilde;ez de Villavicencio y Palomino en el Hospital Universitario “General Calixto Garc&iacute;a”. </p>     <p align="justify">Hab&iacute;a pasado en ellos, desde el Hospital San Felipe    y Santiago que visitaba siendo casi un ni&ntilde;o bajo la &eacute;gida cari&ntilde;osa    de su Maestro, el Dr. Gabriel Casuso, hasta los de Nuestra Se&ntilde;ora de    las Mercedes y San Francisco de Paula, los a&ntilde;os mejores de su vida. M&aacute;s    tarde, dej&aacute;ndose llevar por esa inclinaci&oacute;n de su car&aacute;cter,    fund&oacute;, en compa&ntilde;&iacute;a del Dr. Alberto S&aacute;nchez de Bustamante,    la Cl&iacute;nica de Cirug&iacute;a que lleva el nombre de esos dos ilustres    compa&ntilde;eros. </p>     <p align="justify">En la visita diaria en los Hospitales, en la asistencia esmerada y cari&ntilde;osa que constantemente prestaba a los enfermos, verdaderos libros abiertos a los ojos del observador m&eacute;dico inteligente, N&uacute;&ntilde;ez adquiri&oacute; su gran saber, su experiencia extraordinaria, su pr&aacute;ctica valiosa y el dominio absoluto de la cirug&iacute;a en cuya especialidad lleg&oacute; a ser uno de los m&aacute;s grandes maestros. </p>     <p align="justify">En nuestra patria, donde se han producido y lucen y brillan    en n&uacute;mero relativamente extraordinario en relaci&oacute;n con nuestros    medios, recursos y poblaci&oacute;n, una pl&eacute;yade grande de cirujanos    eminentes, verdaderas y positivas glorias cient&iacute;ficas, N&uacute;&ntilde;ez,    por su esfuerzo perseverante, por su inteligencia superior, por su dedicaci&oacute;n    constante al estudio y al trabajo y a la pr&aacute;ctica diaria en los hospitales,    lleg&oacute; a figurar como uno de los Cl&iacute;nicos mas afamados y como uno    de los Cirujanos m&aacute;s h&aacute;biles, expertos y valiosos. </p>     <p align="justify">En ning&uacute;n momento de su vida sinti&oacute; N&uacute;&ntilde;ez decaer esos sus entusiasmos por la practica hospitalaria. Por sus grandes y positivos m&eacute;ritos, lleg&oacute; a obtener elevadas condiciones dentro de la carrera m&eacute;dica y de la vida administrativa. Fue Profesor de nuestra Universidad; Presidente de la Comisi&oacute;n de Higiene Especial y Secretario de Sanidad y Beneficencia. Atendi&oacute; con solicitud extraordinaria esos cargos diversos, a los que dedic&oacute; actividad, celo y sapiencia. Pero no por ello, dej&oacute; de concurrir diariamente a la Cl&iacute;nica ni de visitar a sus pobres enfermos del Hospital. </p>     <p align="justify">Reci&eacute;n graduado de m&eacute;dico, ansioso de perfeccionar sus conocimientos cient&iacute;ficos, animado del amor al progreso que tanto lo caracterizaba, embarc&oacute; para New York, con objeto de visitar y de conocer los adelantos de los grandes Hospitales y Asilos de esa Ciudad, por tantos conceptos extraordinaria. Con su clara inteligencia advirti&oacute; bien pronto toda la importancia y grandeza de esas Instituciones, y en bien escritos art&iacute;culos publicados en la Prensa M&eacute;dica , dio cuenta a sus compa&ntilde;eros de Cuba del resultado de sus observaciones sobre aquellas organizaciones m&eacute;dicas maravillosas, con objeto de ponerlos al corriente de los &uacute;ltimos adelantos cient&iacute;ficos en ese orden. </p>     <p align="justify">&iexcl;Iron&iacute;as del destino! Como muy oportunamente hace constar el Dr. Alem&aacute;n, Enrique N&uacute;&ntilde;ez en esa su primer visita a New York dedica la inspecci&oacute;n primera al Hospital Presbiteriano, en cuyo establecimiento hab&iacute;a m&aacute;s tarde de morir. Es decir, que aquel grande hombre consagrado y atra&iacute;do por la vida del m&eacute;dico al hospital, encontr&oacute; precisamente la muerte en uno de esos templos dedicados al bien y al saber. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">El Hospital Nacional “Mayor General Calixto Garc&iacute;a”, donde ahora nos congregamos, es una de las grandes creaciones de N&uacute;&ntilde;ez y puede considerarse como su “obra de piedra”. A la construcci&oacute;n de este Hospital, dedic&oacute; en la Secretar&iacute;a de Sanidad y Beneficencia, perseverantes esfuerzos y bien dirigidas actividades. Labor&oacute; con tenacidad y sin desmayo hasta obtener el comienzo de la obra. El destino cruel, lo arrebat&oacute; a la vida antes de verla terminada… Aqu&iacute;, muy cerca de este Hospital, se levanta el Nuestra Se&ntilde;ora de las Mercedes, que en gran parte se debe a los generosos y patri&oacute;ticos esfuerzos de su padre, el notable patricio Emiliano N&uacute;&ntilde;ez. Y parece natural y l&oacute;gico que en este pedazo de tierra cubana, donde, por decirlo as&iacute;, “viven” tantos recuerdos de los N&uacute;&ntilde;ez, se levante la estatua de Enrique, para recordar a las generaciones futuras al m&eacute;dico insigne que consagr&oacute; su vida merit&iacute;sima al estudio y con toda especialidad a la practica profesional en los Hospitales, al funcionario ejemplar que dedicase sus energ&iacute;as a levantar este Hospital Modelo y a la ejecuci&oacute;n de otras obras en beneficio de sus semejantes. </p>     <p align="justify">En este Hospital, dedicado actualmente a la Escuela de Medicina, reciben ense&ntilde;anza los alumnos de la misma. A diario desfilan por Salas y discurren por sus corredores y jardines, cientos de estudiantes, en su mayor&iacute;a, presentes en este acto. Pues bien, mis j&oacute;venes amigos. Ah&iacute; tienen ustedes presidiendo vuestras nobles ansias de saber y laudables empe&ntilde;os por descubrir los secretos de la ciencia m&eacute;dica y vuestros juveniles entusiasmos y alegres juegos, la efigie simp&aacute;tica de Enrique N&uacute;&ntilde;ez, es decir, del que en vida sintiera iguales amores por la ciencia y el deber y los propios y ardorosos arrestos que os animan y que ahora, tallada en fr&iacute;o m&aacute;rmol, pero animada por nuestros recuerdos amorosos, contin&uacute;a la obra de ense&ntilde;anza a que siempre se dedicara, ofreciendo, con la historia brillante de su vida, altos ejemplos y provechosos est&iacute;mulos. </p>     <p align="justify">Antes de terminar este mi pobre discurso, deseo dedicar palabras de merecido encomio, a la entusiasta Comisi&oacute;n de Empleados de la Secretar&iacute;a de Sanidad y Beneficencia, constituida por amigos fieles de Enrique N&uacute;&ntilde;ez, los que de una manera decidida y generosa han venido laborando hasta obtener la hermosa finalidad que se propusieron: la creaci&oacute;n de este Monumento a su memoria y que hoy descubrimos para presentarlo al respeto y a la consideraci&oacute;n de todos. Al ocurrir el fallecimiento de Enrique N&uacute;&ntilde;ez, se constituy&oacute; en la Secretar&iacute;a un Comit&eacute; Gestor para levantar una estatua a su memoria, y cuya Comisi&oacute;n est&aacute; formada por el Dr. J. F. Morales L&oacute;pez, Presidente, quien no puede concurrir a este acto por encontrarse enfermo, el Sr. Benito Aranguren, como Tesorero, verdadera “alma mater” de este homenaje, y por otros valiosos elementos. </p>     <p align="justify">Esta Comisi&oacute;n logr&oacute; recaudar entre los Empleados todos de las distintas Dependencias de la Secretar&iacute;a , la suma de $6.419.02, depositada esa cantidad en el Banco de los Sres. Zaldo, gan&oacute; un inter&eacute;s de $503.44. Se ganaron, adem&aacute;s, con un pago de dos plazos adelantados al escultor $210.00, lo que da un total de $7.132.46. </p>     <p align="justify">La estatua fue ajustada con el escultor Luisi, que la ha llevado a cabo con gran maestr&iacute;a, en la cantidad de $7.500.00. Los gastos de flete, derechos, etc., ascendieron a $1.700.00, que suman un total de $9.200.00. Es decir, que entre lo recaudado y el importe total de la estatua exist&iacute;a una diferencia de $2.067.54, que el Mayor General Mario G. Menocal, amigo del alma del Dr. Enrique N&uacute;&ntilde;ez, se apresur&oacute; a abonar de su peculio particular. Los gastos de erecci&oacute;n del Monumento, han sido costeados por la Secretar&iacute;a de Sanidad y Beneficencia, a cuyo frente figura, actualmente, con car&aacute;cter de interino, el Dr. Fernando M&eacute;ndez Capote. </p>     <p align="justify">El Monumento a Enrique N&uacute;&ntilde;ez se ha construido con el concurso arm&oacute;nico de la iniciativa privada y la oficial. Ha sido una conjunci&oacute;n de afectos y de cari&ntilde;os, de manos amigas que han reunido y sumado sus esfuerzos, en recuerdo del desaparecido bien amado. Y m&aacute;s que sobre el pedestal de m&aacute;rmol, la estatua se levanta sobre los corazones de los que fuimos sus amigos y compa&ntilde;eros. </p>     <p align="left"><a href="#titulo">La vida de un hombre &uacute;til; el Dr. Enrique B. Barnet*</a><a name="asterisco5" id="asterisco5"></a></p>     <p align="justify">No solo por cumplir un deber reglamentario, sino para satisfacer, adem&aacute;s, los m&aacute;s ardientes deseos del coraz&oacute;n y una deuda de antiguo contra&iacute;da, nuestras primeras palabras al ingresar en esta docta Corporaci&oacute;n, deben ser de gratitud y de cari&ntilde;o para la memoria del Dr. Enrique B. Barnet, cuya vacante venimos a ocupar por la bondad de ustedes, y cuyo recuerdo vive en nuestros corazones por su brillante actuaci&oacute;n profesional. </p>     <p align="justify">Y nos explicaremos, se&ntilde;ores: -El Dr. Barnet fue nuestro amigo del alma, el compa&ntilde;ero inseparable, el camarada excelente y bondadoso durante diez y seis a&ntilde;os, de los cuales catorce estuvimos en &iacute;ntima comuni&oacute;n de ideas, de pensamientos y de acci&oacute;n, dedicados a las tareas sanitarias. </p>     <p align="justify">Fuimos colaboradores del gran Finlay en sus empe&ntilde;os sanitarios. Nos correspondi&oacute; el honor de colocar con ese cubano genial y con el ilustre Guiteras, las primeras piedras en la organizaci&oacute;n de la Sanidad Cubana. En su compa&ntilde;&iacute;a libramos, tanto en la Rep&uacute;blica como durante el Gobierno Provisional Americano con el inolvidable Kean, las m&aacute;s duras y recias jornadas por la salud p&uacute;blica y unidos, bajo su jefatura inteligente y amable rendimos intensa, sostenida y desinteresada labor sanitaria. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Compartimos con &eacute;l, ligados por un afecto sincero y por una simpat&iacute;a verdadera y una afinidad grande de gustos e inclinaciones, las horas de ansiedad, de lucha, de amarguras y de alegr&iacute;as. &Eacute;ramos dos buenos compa&ntilde;eros en el duro batallar por la existencia. </p>     <p align="justify">Y nada m&aacute;s natural y justo que nosotros, los que por estar en esas constantes relaciones con Barnet pudimos advertir la grandeza de su cerebro y de su alma, seamos ahora, en estos momentos solemnes, los que, como testigos de mayor excepci&oacute;n, demos fe de su dedicaci&oacute;n y fervor por todo lo que significase el bien de la patria y de la humanidad. </p>     <p align="justify">Pero a&uacute;n hay m&aacute;s. Estamos, tambi&eacute;n, ligados    por especial gratitud a Barnet, ya que &eacute;l fue quien con mano cari&ntilde;osa,    hubo de guiar nuestros pasos primeros en el seno de esta Academia y quien, con    su amor a las ciencias y al deber, nos ofreci&oacute; alto ejemplo y poderoso    est&iacute;mulo que tanto influyeron en nuestro desenvolvimiento y vocaci&oacute;n    por estas disciplinas del esp&iacute;ritu y dedicaci&oacute;n de la voluntad    y de la energ&iacute;a. –Aqu&iacute;, a su lado, bajo su direcci&oacute;n, levantamos    m&aacute;s de una vez la voz, para dar a conocer nuestra opini&oacute;n modesta    y sencilla, en distintos problemas de orden higi&eacute;nico, y gracias a sus    consejos y ense&ntilde;anzas, hemos podido, con el concurso generoso y noble    de ustedes, se&ntilde;ores acad&eacute;micos, ver colmada una aspiraci&oacute;n    de nuestra alma: el formar parte de esta Corporaci&oacute;n,<i> &aacute; </i>la    que venimos llenos de entusiasmo y de fervor, a aprender y a trabajar. </p>     <p align="justify">No se nos oculta, el que debemos tan solo<i> &aacute; </i>vuestra    bondad, ese honor. –Ello nos obliga al m&aacute;s profundo reconocimiento y    a la gratitud mayor y a perseverar en nuestros empe&ntilde;os y prop&oacute;sitos    para el cumplimiento del deber, ya que en ese orden, se nos otorga un premio    muy superior a nuestros pobres merecimientos. </p>     <p align="justify">Y una vez dados a conocer esos nuestros sentimientos y prop&oacute;sitos, pasemos, ahora, a referir, con las naturales deficiencias de nuestro entendimiento, a&uacute;n mayores y m&aacute;s notables en este caso por la emoci&oacute;n que nos embarga, los hechos m&aacute;s salientes de la vida y los principales trabajos cient&iacute;ficos del compa&ntilde;ero querido, cuya desaparici&oacute;n eterna ha provocado en nuestra alma tan vivo y tan grande dolor. M&aacute;s, por encima de esos nuestros personales sentimientos, ajustaremos nuestra tarea a la imparcialidad m&aacute;s absoluta, para que la obra de Barnet se destaque con sus propios caracteres y se pueda, por ella misma y sin necesidad de esfuerzos ajenos, advertir sus m&eacute;ritos y la justicia de la fama que lo proclama como uno de los cubanos m&aacute;s esclarecidos. </p>     <p align="justify">Enrique Buenaventura Barnet y Roque de Escobar, naci&oacute; en Matanzas el d&iacute;a 14 de julio de 1854. Dentro de un mes se cumplir&aacute;n los sesenta y cuatro a&ntilde;os de esa fecha memorable y esta noche nos congregamos en la Academia sus amigos y compa&ntilde;eros, para rendir a su memoria tributo sincero de admiraci&oacute;n y de cari&ntilde;o y ofrendar pruebas evidentes de que no hemos olvidado su &uacute;til existencia, consagrada al cultivo de las letras y de las ciencias y a la pr&aacute;ctica del bien y de la ense&ntilde;anza. </p>     <p align="justify">Barnet estaba orgulloso, con justos t&iacute;tulos para ello, de su ciudad natal. Era un matancero que proclamaba las grandezas y los m&eacute;ritos de esa hermosa ciudad, madre fecunda de literatos y de sabios, de artistas y de patriotas; bella poblaci&oacute;n que un mar amoroso arrulla y besa; que r&iacute;os caudalosos ba&ntilde;an y fertilizan; que po&eacute;tico valle avalora y realza, y a la que dan renombre unas cuevas misteriosas, donde la naturaleza, como art&iacute;fice inimitable, ha tejido en el andar pausado de los siglos, encajes maravillosos, de dibujos y de formas sorprendentes. </p>     <p align="justify">En el ambiente sereno de esa ciudad encantadora; en el seno    de un hogar honorable que en el trabajo y la virtud santificaban, se deslizaron    amables y venturosos, los a&ntilde;os primeros de Barnet, contribuyendo, de    seguro, ese medio tan apacible, sedante y lleno de bellezas, a formar su car&aacute;cter    sosegado y dulce y a inspirar en su alma los delicados sentimientos que tanto    le caracterizaban. </p>     <p align="justify">Barnet estudi&oacute; la primera ense&ntilde;anza en acreditado plantel “ La Empresa ”, instituci&oacute;n modelo, que goz&oacute; de gran fama por los prestigios cient&iacute;ficos y patri&oacute;ticos de su director y profesores, y por la sapiencia, demostrada m&aacute;s tarde, en el curso de los a&ntilde;os, por la gran mayor&iacute;a de sus alumnos. Los estudios correspondientes a la segunda ense&ntilde;anza, los curs&oacute; en el Instituto de Matanzas, en el que obtuvo, en 1869, el Grado de Bachiller. </p>     <p align="justify">En condiciones ya de emprender el estudio de la Medicina , por la que ten&iacute;a vocaci&oacute;n decidida y para la que reun&iacute;a, por las condiciones de su car&aacute;cter, especiales aptitudes, su familia, amante y previsora, resolvi&oacute; enviarlo a Espa&ntilde;a para que cursara su carrera en la Universidad de Barcelona, poni&eacute;ndolo as&iacute; a cubierto de los peligros que por esa &eacute;poca amenazaban a los cubanos y, con toda especialidad, a los que estudiaban medicina. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">La situaci&oacute;n pol&iacute;tica de Cuba, era, por aquellos momentos, en extremo dif&iacute;cil. Hac&iacute;a poco tiempo menos de un a&ntilde;o – 10 de octubre de 1868- que los patriotas cubanos hab&iacute;an lanzado, en los memorables campos de Yara, el grito de la libertad. </p>     <p align="justify">La revoluci&oacute;n, limitada en esos primeros instantes a Oriente y Camag&uuml;ey, hab&iacute;a sacudido el alma cubana y conmovido fuertemente a la sociedad toda. El clar&iacute;n de la guerra resonaba victorioso por las campi&ntilde;as feraces de Santiago de Cuba y su eco llegaba a los m&aacute;s rec&oacute;nditos lugares de la isla entera. Las autoridades de la colonia dieron comienzo a las persecuciones y a las crueles represalias. La familia cubana, dice Bustamante, se “dispers&oacute; a los cuatro vientos del horizonte, y apenas hay alguna que no pueda contar entristecida, c&oacute;mo se llora desde tierras extra&ntilde;as, por el suelo perdido de la patria, y c&oacute;mo se ofrenda en los altares de un ideal inextinguible, la sangre y la vida de seres queridos”. </p>     <p align="justify">Barnet emigr&oacute; a Espa&ntilde;a, permaneciendo seis a&ntilde;os en la culta ciudad catalana, cursando sus estudios en notable Universidad, teniendo por compa&ntilde;eros de aulas a compatriotas tan esclarecidos como los hermanos Albarr&aacute;n, Tamayo, M&eacute;ndez Capote, San Mart&iacute;n, Malberty, Mux&oacute;, Nu&ntilde;o, Terry, Tejera y otros cubanos insignes, que tantos d&iacute;as de gloria han dado a las ciencias y a las letras. </p>     <p align="justify">Profesaba Barnet a esos sus camaradas de estudios, un afecto sincero y un cari&ntilde;o sin l&iacute;mites. Siempre que se le presentaba ocasi&oacute;n propicia para ello, hac&iacute;a gala de esos sus sentimientos y experimentaba verdadero placer en evocar los recuerdos de su vida universitaria. Rend&iacute;a un verdadero culto al compa&ntilde;erismo. </p>     <p align="center"><a href="/img/revistas/his/n100/f15hi100.jpg"><img src="/img/revistas/his/n100/f15hi100.jpg" width="123" height="167" border="0"></a></p>     
<p align="center">Fig. 15. Dr. Enrique B. Barnet y Roque de Escobar (1855-1916), Secretario de la Junta Superior de Sanidad (1902). </p>     <p align="justify">Yo no s&eacute;, se&ntilde;ores, si ser&aacute; una idea err&oacute;nea, hija de un espejismo, o si, como dijo el poeta, siempre creemos, que “cualquier tiempo pasado fue mejor”. Pero es lo cierto a los que “ya peinamos canas”, los que estudiamos durante la &eacute;poca colonial, se nos ocurre pensar que los escolares de entonces est&aacute;bamos m&aacute;s &iacute;ntimamente unidos y, en t&eacute;rminos generales, nos profes&aacute;bamos mayores y m&aacute;s durables afectos que los del presente. </p>     <p align="justify">Y se explica, se&ntilde;ores, este hecho, ya que los estudiantes cubanos de esas &eacute;pocas, estaban ligados a m&aacute;s de los v&iacute;nculos, siempre fuertes, del compa&ntilde;erismo, de la simpat&iacute;a y de la confraternidad, por los ideales patri&oacute;ticos, por los trabajos revolucionarios, por el peligro que a todos, por igual, amenazaba y por recientes y profundos dolores provocados por el asesinato de j&oacute;venes estudiantes de medicina – los m&aacute;rtires del 71- y por las escenas de desolaci&oacute;n y de luto que a diario provocaba la guerra y de las que eran victimas familiares y amigos. </p>     <p align="justify">Y nada une de manera m&aacute;s firme y constante a los hombres, que la comunidad en el sufrimiento y en la tristeza. Suelen frecuentemente olvidarse con rapidez las amistades circunstanciales nacidas en las horas breves y fugaces de las alegr&iacute;as, en los r&aacute;pidos instantes de regocijo y de expansi&oacute;n. Esos afectos ligeros se esfuman y desaparecen casi siempre, con el eco de las &uacute;ltimas carcajadas. Son tan breves como el placer. Pero en cambio, son firmes y duraderos los cari&ntilde;os que nacen en los momentos de dolor, en las horas infinitas de las supremas angustias. </p>     <p align="justify">Tanto Barnet como los dem&aacute;s estudiantes que emigraron en esos tiempos de luchas patri&oacute;ticas, aunque estaban al abrigo de los peligros diarios y constantes que amenazaban a sus compa&ntilde;eros de la Universidad de La Habana , participaban sin embargo, de sus dolores y de sus quebrantos. Al partir de la patria, hab&iacute;a llevado grabadas en sus almas juveniles, las escenas de dolor y de tristeza incre&iacute;bles, que se hab&iacute;an desarrollado en la Habana, al inmolarse a los estudiantes del 71; sus corazones generosos sent&iacute;an las tristezas y las amarguras de la patria irredenta, en lucha abierta y heroica por alcanzar la libertad. A sus o&iacute;dos llegaban las penalidades y las zozobras de sus compa&ntilde;eros de la Universidad de La Habana y aunque estaban rodeados de consideraciones en pueblos liberales y hospitalarios, no pod&iacute;an por ello, permanecer indiferentes, ante todas esas escenas que ocasionaban tantas angustias a sus compatriotas y allegados. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Es decir, que durante los per&iacute;odos angustiosos de nuestras guerras de independencia, los estudiantes cubanos, tanto los que estaban en Cuba expuestos a peligros inminentes como los que cursaban sus carreras en el extranjero, todos por igual llevaban en sus almas los propios sentimientos, hijos de ansias patri&oacute;ticas y de muy justificados dolores. Los que estudiaban en las Universidades extranjeras, sent&iacute;an la necesidad de reunirse, de estar en constante comuni&oacute;n de pensamientos y de ideas, de estrechar los v&iacute;nculos de la amistad y del compa&ntilde;erismo, para as&iacute;, constituyendo un n&uacute;cleo fuerte por la uni&oacute;n, laborar con &eacute;xito m&aacute;s provechoso por la causa de la revoluci&oacute;n; concebir esperanzas en sus triunfos; preparar planes para el futuro; lamentar las p&eacute;rdidas de viejos camaradas y a&ntilde;orar en los dulces recuerdos de la ni&ntilde;ez y de la patria ausente y lejana. Constitu&iacute;an una verdadera familia. </p>     <p align="justify">Y por estas razones, Barnet y sus compa&ntilde;eros y con ellos los estudiantes todos de esos tiempos, se profesaban sinceros afectos que se conservan lozanos y frescos, a trav&eacute;s de los a&ntilde;os y de las luchas y amarguras de la vida. </p>     <p align="justify">Barnet estudi&oacute; a conciencia la Medicina. Se consagr&oacute; con ah&iacute;nco y decisi&oacute;n a los libros, a la cl&iacute;nica y al laboratorio. Se hizo, por el esfuerzo conciente y el prop&oacute;sito sostenido, un buen m&eacute;dico. Estudi&oacute; con ardor y con perseverancia, ansioso de adquirir los mayores conocimientos. </p>     <p align="justify">Este amor por el estudio y devoci&oacute;n por el deber, se observaba, como caracter&iacute;stica general, en casi todos los estudiantes de la &eacute;poca colonial y de los comienzos de la Rep&uacute;blica. Y es tanto m&aacute;s significativo ese hecho, cuanto que en la &eacute;poca anterior a nuestra vida republicana, el estudio se hac&iacute;a por dem&aacute;s dif&iacute;cil y todo parec&iacute;a conjurarse para presentar obst&aacute;culos a la labor del estudiante. </p>     <p align="justify">En lo que a la Universidad de La Habana, respecta, recordamos, por ejemplo, que no se ofrec&iacute;an al estudiante alicientes ni est&iacute;mulos que lo orientasen en el cumplimiento del deber o que lo alentasen en la senda emprendida. </p>     <p align="justify">Se carec&iacute;a de los elementos y de los recursos necesarios para la ense&ntilde;anza y hab&iacute;a, por esas causas fundamentales, que hacer te&oacute;ricas las clases pr&aacute;cticas, cuando &eacute;stas requer&iacute;an gastos especiales. Al lado de un grupo de maestros eminentes y sabios, hab&iacute;a otro de titulados profesores, negligentes y audaces, que desconoc&iacute;an por completo las asignaturas que ten&iacute;an a cargo y que ofrec&iacute;an a sus educandos el ejemplo pernicioso de su ignorancia y su descuido en el cumplimiento de sus deberes. </p>     <p align="justify">En edificio en el que se encontraba instalada la Universidad – el antiguo Convento de Santo Domingo- era vetusto, obscuro, sombr&iacute;o y carente de comodidades y atractivos. Las aulas destinadas a clases, eran las antiguas celdas de los monjes, en las que no hab&iacute;a ni la luz ni la ventilaci&oacute;n necesaria. </p>     <p align="justify">Las asignaturas correspondientes a la Facultad de Medicina, se cursaban en lugares distintos y extremos de la ciudad; en el Anfiteatro de San Isidro, en el Hospital de Nuestra Se&ntilde;ora de las Mercedes, en el Hospital de Paula y en la Universidad. Los horarios de las clases no hab&iacute;an sido arm&oacute;nica y racionalmente fijados, d&aacute;ndose el caso de que coincidiesen las horas de las asignaturas que se explicaban en el Hospital de Nuestra Se&ntilde;ora de las Mercedes y en Paula con las de San Isidro y la Universidad. </p>     <p align="justify">El estudiante que deseaba asistir puntualmente a esas clases, ten&iacute;a que dar carreras precipitadas para ir de un lugar a otro, sin que le fuera posible muchas veces, poder concurrir con exactitud a las mismas, ya que carec&iacute;a de la cantidad de tiempo necesario para poder trasladarse de uno a otro sitio tan lejano, sobre todo, no contando con los medios r&aacute;pidos y c&oacute;modos de transporte, de que hoy se dispone. Y a pesar de todas estas contrariedades, los estudiantes de esas &eacute;pocas demostraban un tes&oacute;n y deseo tan decidido por el trabajo, que salvaban esos obst&aacute;culos y sal&iacute;an victoriosos en sus empe&ntilde;os. </p>     <p>Ellos supl&iacute;an, con su entusiasmo, las deficiencias oficiales. –Cuando el catedr&aacute;tico, era incompetente y descuidado, acud&iacute;an a profesores particulares, que retribu&iacute;an de su propio peculio, a costa a veces, de las mayores privaciones. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Y se daba el caso, de que mientras el catedr&aacute;tico de la asignatura, esto es, el juez que habr&iacute;a de fallar y dictar sentencia a fin de curso le aseguraba al estudiante que &eacute;sta ser&iacute;a favorable, el joven alumno, por instinto de conservaci&oacute;n y por encima de los malos ejemplos y consejos, no solamente estudiaba con entusiasmo ardoroso, sino que interesaba el auxilio de profesores sabios, que lo encaminaban a trav&eacute;s de los intrincados senderos de la ciencia. En la Universidad no hab&iacute;a, entonces, m&aacute;s que un microscopio, que estaba roto desde hac&iacute;a muchos a&ntilde;os y que no pod&iacute;a sustituirse por otro ni aun siquiera componerse por falta de consignaci&oacute;n para ello. Y el estudiante, en esas sus ansias de saber, se encaminaba al Laboratorio de la “Cr&oacute;nica M&eacute;dica Quir&uacute;rgica”, donde un hombre ilustre y generoso el Dr. Santos Fern&aacute;ndez, con el concurso de m&eacute;dicos eminentes, los Dres. Tamayo, D&aacute;valos, Calvo, Coronado, Acosta y otros merit&iacute;simos compa&ntilde;eros facilitaban gratuitamente a los estudiantes los medios y elementos apropiados para el estudio de la bacteriolog&iacute;a, cuya importancia y trascendencia comenzaba ya a marcarse en el campo de la medicina. </p>     <p align="justify">Igual ocurr&iacute;a con otras ense&ntilde;anzas. Muchas veces, a pesar de la sapiencia y de los buenos deseos del profesor oficial, los alumnos no se conformaban con sus &uacute;nicas y colectivas ense&ntilde;anzas y en las horas de descanso, acud&iacute;an, para ampliar sus conocimientos, a profesores particulares, que con su experiencia y saber, les abr&iacute;an las p&aacute;ginas del libro misterioso de la cl&iacute;nica. </p>     <p align="justify">&iquest;Cu&aacute;l era la fuerza, la psicolog&iacute;a, el estado de &aacute;nimo, de los estudiantes de esos tiempos, que los llevaba a proceder as&iacute;, a inclinarlos, de manera tan firme, al estudio y al trabajo? </p>     <p align="justify">&iquest;C&oacute;mo se explica, que en su casi absoluta mayor&iacute;a, los j&oacute;venes de esas &eacute;pocas, en vez de entregarse a muelles y f&aacute;ciles placeres, a la vida de la alegr&iacute;a y de la holganza, se dedicasen por propio impulso, con empe&ntilde;o decidido al estudio, a duras pruebas de trabajo intelectual y a disciplina tan severa? </p>     <p align="justify">La respuesta es f&aacute;cil. El cubano, en esos tiempos, no ten&iacute;a a su disposici&oacute;n, para luchar y vencer en los grandes combates de la vida, m&aacute;s que las armas bien templadas en la competencia y en el trabajo. Y a&uacute;n &eacute;stas, las ten&iacute;a que manejar con br&iacute;os y con destreza, para salir victorioso en la lucha con contrarios que dispon&iacute;an de las oficiales influencias y del apoyo decidido de los gobernantes. </p>     <p>Adem&aacute;s, los cubanos no ten&iacute;an en esas &eacute;pocas, otros campos y horizontes m&aacute;s apropiados para luchar por la existencia, que los que les ofrec&iacute;an las profesiones, las artes y las letras. </p>     <p>El comercio, la industria, la burocracia, estaban en manos extra&ntilde;as. &Eacute;sta &uacute;ltima, era siempre de reciente importaci&oacute;n. A los naturales del pa&iacute;s se les reservaban, tan solo, los cargos de juez, de m&eacute;dico municipal o de oficial quinto en las oficinas p&uacute;blicas. </p>     <p align="justify">La guerra de los diez a&ntilde;os -de 1868 a 1878- fue, sin    duda alguna, una de las m&aacute;s grandes epopeyas de la historia americana.    Los cubanos, en cuyas manos estaba al comenzar esa hom&eacute;rica contienda    la riqueza agr&iacute;cola y que eran due&ntilde;os de las haciendas y de los    campos, se hab&iacute;an apresurado, al dar el grito de independencia y en un    rasgo de generosidad suprema, a quemar sus propiedades, a libertar las dotaciones    de sus ingenios y a lanzarse a la guerra en pos de la libertad de la patria.    La propiedad, sobre todo la rural, pas&oacute; en gran parte, a manos extranjeras.    El cubano heroico, valeroso y desprendido, ofrend&oacute; en el altar de la    libertad su vida y su hacienda. </p>     <p align="justify">Termin&oacute; esa cruenta y larga lucha. Los hijos de esta tierra, despose&iacute;dos de sus riquezas, vistos y tratados con grandes recelos en el orden pol&iacute;tico, no pudiendo, por variadas causas, dedicarse a las actividades del comercio y de la industria, tuvieron que orientarse por los senderos de las profesiones literarias. Se les dejaba, hasta cierto punto, libres esas v&iacute;as, por consider&aacute;rseles como “poco productivas” y por la competencia personal que requieren y los gastos que en sus comienzos demandan. </p>     <p align="justify">Desde luego, que todas estas causas, eran est&iacute;mulos poderosos y acicates formidables para el trabajo y el estudio, lo que se traduc&iacute;a en adelantos y progresos intelectuales para los cubanos, que dominaban y se distingu&iacute;an notablemente en el cultivo de las ciencias y de las letras. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En 1875, se gradu&oacute; Barnet de Licenciado en Medicina y Cirug&iacute;a en la Universidad de Barcelona. En el acto regres&oacute; a Cuba, viniendo provisto para el ejercicio profesional, no tan solo con el t&iacute;tulo que legalmente le autorizaba para ello, sino tambi&eacute;n con los conocimientos y la competencia necesaria para dedicarse al noble sacerdocio de la medicina. Desde los primeros momentos, tuvo que luchar reciamente con la suerte para hacerse de una situaci&oacute;n econ&oacute;mica propia, ya que no contaba para la vida con m&aacute;s recursos que los que obtuviera de sus personales esfuerzos. </p>     <p align="justify">Comenz&oacute; a ejercer en Cienfuegos y, m&aacute;s tarde se traslad&oacute; a Cruces. No encontr&oacute; de momento, en estas poblaciones, medio favorable, y se decidi&oacute;, entonces, a establecerse definitivamente en Santa Isabel de las Lajas, donde ejerci&oacute; por espacio de veinte a&ntilde;os la profesi&oacute;n con tal acierto y fortuna, que obtuvo grandes &eacute;xitos cient&iacute;ficos y positivos resultados econ&oacute;micos. Barnet, que ten&iacute;a un esp&iacute;ritu refinado y que era hombre de gustos exquisitos, amantes del progreso y del bienestar, supo llevar, hasta el apartado rinc&oacute;n criollo en que viv&iacute;a, el “confort” de las viviendas parisinas. Y &eacute;l se destacaba no solo como m&eacute;dico sapiente, sino que en el orden social, llamaba la atenci&oacute;n por el refinamiento de su casa y lo exquisito de sus gustos, puesto de manifiesto en sus vestidos, bienes y dem&aacute;s detalles de su vida. </p>     <p align="justify">En Lajas lleg&oacute; a ser el m&eacute;dico favorito y solicitado por los elementos todos de aquella sociedad. Lo mismo interesaban sus servicios profesionales los ricos hacendados y colonos de la comarca, acostumbrados a ser asistidos en sus dolencias por grandes eminencias de Cuba y del extranjero, que los pobres guajiros que resid&iacute;an en los sitios apartados, y a los que Barnet atend&iacute;a con generosidad y altruismo. Todos esos enfermos ve&iacute;an en Barnet al m&eacute;dico cari&ntilde;oso y sol&iacute;cito, al cl&iacute;nico experto, al verdadero sacerdote de la ciencia, por el que sent&iacute;an un fervor y una devoci&oacute;n verdaderamente religiosa. Lleg&oacute; a tener una clientela inmensa y ejerci&oacute; la profesi&oacute;n con dignidad, con prestigio y con decoro. </p>     <p align="justify">M&aacute;s adelante, en el andar de los tiempos, Barnet demostr&oacute; otras cualidades de su cerebro y otras energ&iacute;as de su esp&iacute;ritu, algunas de ellas tan notables, que llegaron casi a eclipsar sus grandes triunfos profesionales en Santa Isabel de las Lajas. Pero los que conocieron y siguieron de cerca su actuaci&oacute;n como m&eacute;dico y advirtieron, tanto en esa &eacute;poca primera de su vida profesional como m&aacute;s tarde, ya al final de su existencia, sus condiciones como cl&iacute;nico en “La Ben&eacute;fica” y en la clientela privada, convienen todos en afirmar, que si grande era el m&eacute;rito y los talentos de Barnet como sanitario y literato, como conferencista y como maestro, no era por cierto menor su valer como m&eacute;dico, y que si resonantes fueron sus triunfos administrativos y literarios, tambi&eacute;n fueron grandes los que alcanz&oacute; en su diario ejercicio de la medicina, all&aacute; en los f&eacute;rtiles campos de la rica regi&oacute;n de Santa Clara, en la que cosech&oacute; tantos lauros, y conquist&oacute; tan grande estimaci&oacute;n. </p>     <p align="justify">En Santa Isabel de las Lajas, Barnet, demostrando su amor al    trabajo y sus m&uacute;ltiples y variadas actividades y el poder ejecutivo de    su esp&iacute;ritu no fue tan solo m&eacute;dico, sino que dedicaba a los trabajos    agr&iacute;colas los instantes que le dejaban libres sus atenciones profesionales.    Foment&oacute; grandes siembras de ca&ntilde;a, en las que cifr&oacute; fundadas    esperanzas econ&oacute;micas. Lleg&oacute; a ser uno de los m&aacute;s ricos    colonos de la zona. Adem&aacute;s, dedic&oacute; tiempo y energ&iacute;as a    la apicultura, introduciendo, con su esp&iacute;ritu de progreso, muy &uacute;tiles    innovaciones en la explotaci&oacute;n de esa interesante rama de la zoolog&iacute;a    especulativa. Tuvo extensos potreros, donde perfeccion&oacute; la cr&iacute;a    caballar, obteniendo premios en distintos Concursos h&iacute;picos por los ejemplares    que present&oacute; en los mismos. Es decir, que Barnet puede ser considerado    como uno de esos hombres “polifacetados”, esto es, de cerebros superiores que    parecen tener, al igual que las piedras preciosas de gran val&iacute;a, m&uacute;ltiples    aristas, en cada una de las cuales irisa y brilla la luz, ofreciendo a la admiraci&oacute;n    de los dem&aacute;s, el espect&aacute;culo hermoso y deslumbrador de m&uacute;ltiples    rayos que iluminan, con el fulgor de la inteligencia, los caminos de la vida.  </p>     <p align="justify"> Barnet era un patriota que sent&iacute;a un gran amor por las libertades patrias. Tom&oacute; parte principal en los trabajos que se llevaban a cabo en Santa Isabel de las Lajas para la organizaci&oacute;n de la guerra de independencia. Conspir&oacute; con decisi&oacute;n y labor&oacute; con amor por la libertad de Cuba. Por aquella &eacute;poca, 1892, se inici&oacute; en la provincia de Santa Clara, especialmente en Lajas, un prematuro movimiento revolucionario, debido a las naturales impaciencias de ardorosos patriotas que se precipitaban por romper las cadenas de la esclavitud que los oprim&iacute;an. M&aacute;s esos esfuerzos no dieron un resultado pr&aacute;ctico, ya que no estaba todav&iacute;a bien preparada y dispuesta la m&aacute;quina revolucionaria, ni se hab&iacute;a completado la organizaci&oacute;n y planes del futuro y &uacute;ltimo esfuerzo libertador. Eran chispas de un incendio que ard&iacute;a en el coraz&oacute;n, pero que necesitaba para que pudiese con sus vivos resplandores iluminar los campos todos de Cuba, de mayores “combustibles” y de m&aacute;s poderosos elementos. </p>     <p align="justify">Y aunque Barnet cooperaba con los patriotas de Lajas en los trabajos revolucionarios, no por eso dejaba de advertirles con su juicio sereno, que se pretend&iacute;a realizar una obra que de seguro no habr&iacute;a de prosperar, por falta de recursos, de oportunidad y de tiempo. Y leal y sabiamente hubo, adem&aacute;s, de informarlo as&iacute; a Mart&iacute;, New York, en el viaje de recreo que hizo en 1892 a Europa, por v&iacute;a de los Estados Unidos. El Ap&oacute;stol de nuestra independencia, que estimaba a Barnet en todo lo que &eacute;l val&iacute;a y que apreciaba sus dotes de prudencia, discreci&oacute;n y patriotismo, acept&oacute; como buenos sus consejos que m&aacute;s tarde la experiencia demostr&oacute; que eran por dem&aacute;s razonables y atinados. </p>     <p align="justify">El propio a&ntilde;o, despu&eacute;s de recorrer las principales ciudades americanas y europeas, regres&oacute; Barnet a Lajas, donde continu&oacute;, con iguales arrestos y utilidades, al ejercicio profesional. Su clientela aumentaba y cada d&iacute;a eran mayores los provechos econ&oacute;micos que alcanzaba. Su fama como m&eacute;dico se extend&iacute;a por las regiones vecinas y era solicitado con frecuencias para consultas y juntas profesionales por sus compa&ntilde;eros, que lo ten&iacute;an en elevado concepto. En sus viajes al extranjero, hab&iacute;a adquirido modernas ense&ntilde;anzas que ampliaron sus conocimientos m&eacute;dicos y le dieron gran renombre profesional. </p>     <p align="justify">A su vuelta a Lajas, prosigui&oacute; tambi&eacute;n con fervoroso patriotismo, sus trabajos y propagandas en favor de la causa de la libertad. Se le se&ntilde;al&oacute; como un peligroso revolucionario. Las autoridades espa&ntilde;olas conoc&iacute;an sus empe&ntilde;os pol&iacute;ticos y en febrero de 1895, al estallar la Revoluci&oacute;n , comenz&oacute; para Barnet una era de persecuciones que culminaron, en octubre del propio a&ntilde;o, en una orden perentoria, terminante y amenazadora, para que abandonase en el acto aquel pueblo simp&aacute;tico, donde radicaban sus amores y sus tesoros. Y en un plazo de 24 horas tuvo que rematar su fortuna, adquirida a costa de tantos sacrificios y desvelos. Se vio precisado a abandonar su clientela formada con el estudio y la constancia, emigrar a tierras extra&ntilde;as para defender su vida y ponerse a cubierto de las fieras persecuciones de que eran victimas los patriotas. Perdi&oacute; en breves instantes una fortuna hecha con el esfuerzo propio, en el largo transcurso de numerosos a&ntilde;os de privaciones y de fatigas. Y aquellos verdes y pr&oacute;speros ca&ntilde;averales, en los que cifraba sus ilusiones y sus esperanzas, desparecieron arrasados por las turbulencias pol&iacute;ticas. Barnet, con los escasos recursos de que pudo obtener en esa forzosa y r&aacute;pida liquidaci&oacute;n, se traslad&oacute; a New York en octubre de 1895, donde plant&oacute; su pobre tienda de emigrado revolucionario. Prest&oacute; a la causa redentora nuevos e importantes servicios tanto en el Club Profesional “Oscar Primelles” formado por nobles y esforzados patriotas, como en el desempe&ntilde;o del cargo de Enviado Especial de la Junta Revolucionaria de New York, en Venezuela y Colombia, llevando a esas Rep&uacute;blicas hermanas, los anhelos, las demandas y representaci&oacute;n de la patria y obteniendo para la causa de la independencia efectivos y patri&oacute;ticos auxilios, tanto morales como materiales. </p>     <p align="justify">De regreso a New York, revalid&oacute;, en 1896, su t&iacute;tulo de m&eacute;dico, comenzando a ejercer su profesi&oacute;n en la gran rep&uacute;blica americana. Al igual que otros ilustres m&eacute;dicos cubanos, fue designado por el Gobierno de los Estados Unidos como Cirujano Auxiliar del Ej&eacute;rcito Americano. Prest&oacute; sus servicios como m&eacute;dico de las tropas americanas en distintos cuarteles y fortalezas de La Habana , y supo granjearse, por su comportamiento, por su fidelidad en el cumplimiento del deber y por su ciencia, las simpat&iacute;as, el afecto y la consideraci&oacute;n de sus superiores y subalternos, al extremo de que a poco de su ingreso en ese Ej&eacute;rcito, se le trasladaba, ascendido a Filipinas. No acept&oacute; esta promoci&oacute;n por estimar que deb&iacute;a ofrecer sus servicios a la patria ya libertada. Al poco tiempo, en 1902, al constituirse la Rep&uacute;blica, era designado por nuestro Gobierno para ocupar un cargo, en el que puso de manifiesto su gran valer, proporcionando grandes provechos a Cuba y a la humanidad. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Aqu&iacute; comienza, por decirlo as&iacute;, la &eacute;poca m&aacute;s brillante de la vida de Barnet y en la que, por actuar en un cargo p&uacute;blico de alto relieve, se le ofrecieron frecuentes oportunidades para demostrar sus poderosas facultades intelectuales, sus excelentes dotes de organizador, su perseverancia y dedicaci&oacute;n al trabajo. </p>     <p align="justify">En 1902, al constituirse la Rep&uacute;blica , los cubanos ten&iacute;amos que demostrar ante el universo entero, nuestra capacidad para el gobierno propio y para el disfrute de las libertades que hab&iacute;amos alcanzado a costa de tan grandes sacrificios. Puede asegurarse, que la atenci&oacute;n mundial estaba pendiente, en esos instantes de prueba, de nuestros trabajos y gestiones, y que cuidadosamente se observaban nuestros pasos primeros en la constituci&oacute;n y desenvolvimiento de la Rep&uacute;blica , con objeto de apreciar nuestras aptitudes y condiciones para la vida de los pueblos libres. Durante siglos enteros, el gobierno de la colonia hab&iacute;a sostenido que carec&iacute;amos de las condiciones necesarias para dirigir nuestros destinos p&uacute;blicos. Durante un corto per&iacute;odo de la primera intervenci&oacute;n americana, los cubanos, desde los elevados cargos ejecutivos que se les confiaron en ese gobierno, hab&iacute;an probado suficiencia y preparaci&oacute;n para tales empe&ntilde;os. Sin embargo, faltaba la demostraci&oacute;n efectiva y definitiva de esas nuestras condiciones y a ella hubimos de ser sometidas al establecerse, libre y soberana, la Rep&uacute;blica de Cuba. </p>     <p align="justify">Entre los distintos ramos de la administraci&oacute;n p&uacute;blica que de manera m&aacute;s especial hicieron fijar la atenci&oacute;n de todos sobre nosotros, fue sin duda alguna, el relativo a los asuntos sanitarios, no solamente por la vital importancia que tienen siempre estas cuestiones, sino por la estela gloriosa que en su gesti&oacute;n sanitaria, hab&iacute;a dejado el Gobierno de la Intervenci&oacute;n Americana a su paso por Cuba y por el &eacute;xito resonante que obtuvo en la campa&ntilde;a contra la fiebre amarilla y otras infecciones. </p>     <p align="justify">&iquest;Ser&aacute;n, se preguntaban los extra&ntilde;os, los cubanos capaces, no ya de mejorar, sino a&uacute;n de sostener, las grandes conquistas higi&eacute;nicas alcanzadas por el Gobierno de la Intervenci&oacute;n Americana en Cuba? &iquest;La naciente Rep&uacute;blica sabr&aacute; mantener la Isla en las debidas condiciones higi&eacute;nicas? </p>     <p align="justify">La Intervenci&oacute;n Americana, al hacer entrega del gobierno a los cubanos, hizo incluir, como ap&eacute;ndice constitucional, la llamada Enmienda Platt, que en su art&iacute;culo 50, establece “que el Gobierno de Cuba ejecutar&iacute;a y ampliar&iacute;a hasta donde fuese necesaria, los planes ya proyectados y otros que mutuamente se convinieran, para el saneamiento de las poblaciones de la Isla , con el fin de evitar la recurrencia de enfermedades epid&eacute;micas e infecciosas protegiendo as&iacute; al pueblo y al comercio de Cuba, lo mismo que al comercio y al pueblo de los puertos del sur de los Estados Unidos” . Es decir, que los cubanos, al nacer a la vida independiente, ten&iacute;amos en el orden sanitario, dos compromisos que cumplir, a cual mayor; el uno, de car&aacute;cter moral; el otro, como una obligaci&oacute;n internacional. Era, pues, cuesti&oacute;n de honor para todos los que se interesaban por el porvenir de la patria, el que Cuba mantuviese el estado sanitario de que ya disfrutaba y que saliese triunfante en sus empe&ntilde;os por defender la naci&oacute;n de los peligros de orden higi&eacute;nico que pudieran amenazarla. </p>     <p align="justify">Por fortuna, el Gobierno de la Rep&uacute;blica hubo desde los primeros instantes, de penetrarse bien de esos deberes y prestar atenci&oacute;n preferente a la eficaz organizaci&oacute;n del Departamento de Sanidad. El primer acierto de nuestro Gobierno en ese sentido, fue el de inspirarse en un criterio absolutamente patri&oacute;tico y cient&iacute;fico, al escoger los hombres que deb&iacute;an de ponerse al frente de ese Departamento, ya que de la bondad y de las personales condiciones de &eacute;stos, depender&iacute;a, seguramente, el resultado futuro de los trabajos de ese trascendental ramo del gobierno. </p>     <p align="justify">El Dr. Diego Tamayo, Secretario de Gobernaci&oacute;n en esa &eacute;poca, design&oacute; a los Dres. Carlos J. Finlay y Enrique B. Barnet, para ocupar los dos cargos m&aacute;s prominentes en la organizaci&oacute;n sanitaria. El Dr. Juan Guiteras, ocup&oacute; la presidencia de la Comisi&oacute;n de Enfermedades Infecciosas. El &eacute;xito obtenido por estos cubanos insignes en sus gestiones; el auge y la preponderancia que supieron darle a los asuntos encomendados a su tacto, pericia y sapiencia; la organizaci&oacute;n perfecta y la marcha seria y progresista que hubieron de imprimir a los servicios de que eran Jefes y los d&iacute;as de gloria y satisfacci&oacute;n que alcanz&oacute; la patria por los triunfos obtenidos, vinieron no tan solo a colmar de hondas y leg&iacute;timas satisfacciones a todos los cubanos, sino tambi&eacute;n a demostrar la feliz elecci&oacute;n que de ellos hab&iacute;a hecho el Gobierno de Cuba. </p>     <p align="justify">Es preciso, por ser justo y por constituir esa nuestra cualidad un timbre de orgullo para esta tierra tan amada, el que una vez m&aacute;s hagamos constar y reconozcamos con el coraz&oacute;n henchido de &iacute;ntimas satisfacciones, que en asuntos sanitarios, los cubanos, en los momentos todos de nuestra vida nacional, hemos demostrado capacidad, empe&ntilde;o y prop&oacute;sitos, no tan solo para mantener las conquistas higi&eacute;nicas realizadas por nuestros nobles aliados los americanos, sino tambi&eacute;n por mejorar y ampliar esos servicios, hasta perfeccionarlos y dotarlos de manera conveniente; para que puedan realizarse con eficacia y diligencia. </p>     <p align="justify">El primer Gobierno de la Intervenci&oacute;n Americana , se hab&iacute;a dedicado especialmente a la extirpaci&oacute;n de la fiebre amarilla en Cuba. Solamente en la ciudad de La Habana , exist&iacute;a una organizaci&oacute;n sanitaria terrestre completa. En las dem&aacute;s poblaciones de la Isla , los trabajos sanitarios se hab&iacute;an limitado a los de cuarentena y a los de saneamiento de calles, plazas, y parques. Los americanos establecieron los servicios p&uacute;blicos de recogida y apropiada disposici&oacute;n de las basuras, de composici&oacute;n, limpieza y riego de calles. Estos servicios de car&aacute;cter general, no hab&iacute;an sido establecidos m&aacute;s que en las principales ciudades. En abril de 1902, es decir, un mes antes de la constituci&oacute;n de la Rep&uacute;blica y del traspaso del Gobierno a los cubanos, la Intervenci&oacute;n Americana promulg&oacute; la Orden N&uacute;m. 159, por la que se establec&iacute;a una organizaci&oacute;n sanitaria nacional, cre&aacute;ndose, al efecto, la Junta Superior de Sanidad y sus delegadas las Juntas Locales en cada T&eacute;rmino Municipal. Al Gobierno de la Rep&uacute;blica correspondi&oacute; el implantar y poner en vigor esa Orden, por la que se creaban con car&aacute;cter de municipales, los servicios sanitarios en las poblaciones del interior y los que no pudieron establecerse en la gran mayor&iacute;a de los casos, por falta de consignaciones apropiadas, ya que de acuerdo con los preceptos de este Decreto, eran los Ayuntamientos los que ten&iacute;an que abonar los gastos que se originasen por el funcionamiento de estos servicios. Triste, pero necesario es confesarlo, que el mayor n&uacute;mero de las Corporaciones Municipales no dieron importancia alguna a estas obligaciones, dejando casi por completo indotadas a las Juntas Locales de Sanidad. </p>     <p align="center"><a href="/img/revistas/his/n100/f16hi100.jpg"><img src="/img/revistas/his/n100/f16hi100.jpg" width="110" height="140" border="0"></a></p>     
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<body><![CDATA[<p align="center">Fig. 16. Dr. Enrique B. Barnet y Roque de Escobar, eminente salubrista cubano, en sus &uacute;ltimos a&ntilde;os. </p>     <p align="justify">Finlay y Barnet primero, los miembros de las Junta Superior de Sanidad, m&aacute;s tarde, tuvieron pues que acometer la ardua empresa de organizar, de conformidad con lo establecido en la mencionada Orden 159, las Juntas Locales de Sanidad de la Isla. Y en esa &iacute;mproba labor, Barnet hubo de tomar, como Jefe Ejecutivo del Departamento y Secretario de la Junta Superior de Sanidad, una parte muy principal. Trabajaba d&iacute;a y noche, consagr&aacute;ndose por entero al desempe&ntilde;o de los deberes de su importante cargo. Fue dentro de la organizaci&oacute;n sanitaria, la abeja laboriosa que aportaba la rica miel de su ciencia y de su constancia. Atend&iacute;a al diario despacho de los numerosos asuntos propios de su cargo y por propia iniciativa, afanoso de progresar en el camino emprendido, acomet&iacute;a nuevas empresas, creaba servicios, organizaba y reglamentaba los existentes. </p>     <p align="justify">En la oficina era de los primeros en llegar y de los &uacute;ltimos en retirarse. No se entreg&oacute; a las muelles delicias de la burocracia, sino que convirti&oacute; su plaza en recio yunque de trabajo, donde diariamente forjaba proyectos y concienzudamente cumpl&iacute;a con los deberes que le estaban encomendados. Fue Vocal y Secretario de la Junta Superior de Sanidad, desde la creaci&oacute;n de la misma, distingui&eacute;ndose notablemente en el desempe&ntilde;o de esos cargos por la competencia, prontitud y equidad con que despachaba todos los asuntos, por la correcta y elegante redacci&oacute;n de las actas de las secciones y dem&aacute;s documentos de la Junta, y por las mociones y proyectos presentados a la misma, para organizar unas veces y mejorar en otras los servicios que depend&iacute;an de ese alto organismo sanitario. </p>     <p align="justify">Desempe&ntilde;&oacute; importantes comisiones en Cuba y en el extranjero, que le fueron conferidas por acuerdos de la Juntas y en el cumplimiento de esos deberes, supo colocar a gran altura el nombre de Cuba y de nuestras instituciones sanitarias. </p>     <p align="justify">En 1906, al establecerse el Gobierno Provisional, el entonces    Mayor y hoy Coronel J. R. Kean, Supervisor del Departamento, supo advertir y    aprovechar en beneficio de la administraci&oacute;n p&uacute;blica, las excepcionales    condiciones de Barnet, al que confirm&oacute; primero en sus puestos y ascendi&oacute;    m&aacute;s tarde, confi&aacute;ndole la Jefatura de Despacho de la Direcci&oacute;n    de Sanidad y la Secretar&iacute;a de la Junta Nacional de Sanidad. Barnet fue    un colaborador valioso de Kean en la nacionalizaci&oacute;n de los servicios    sanitarios y en la preparaci&oacute;n e implantaci&oacute;n del Decreto n&uacute;mero    894, de 1907, por el que se crearon las Jefaturas de Sanidad y se les dio vida    legal y econ&oacute;mica. Adem&aacute;s, fue uno de los Asesores de la Comisi&oacute;n    Consultiva en la redacci&oacute;n de los art&iacute;culos de la Ley del Poder    Ejecutivo, relacionados con la Secretar&iacute;a de Sanidad y Beneficencia.    El Gobierno Provisional lo design&oacute;, con car&aacute;cter interino y por    el tiempo en que se traspase el Gobierno a la Rep&uacute;blica, Director de    Sanidad y Presidente de la Junta Nacional de Sanidad y Beneficencia, premiando    as&iacute; sus constantes y fruct&iacute;feros trabajos, su inteligencia y dedicaci&oacute;n    al cumplimiento del deber. </p>     <p align="justify">Al constituirse de nuevo la Rep&uacute;blica en 1909, Barnet, por las exigencias de una pol&iacute;tica partidista, mezquina y demoledora, fue despojado de los cargos que con tanta devoci&oacute;n y estima desempe&ntilde;aba en Sanidad. Se ech&oacute; a rodar por tierra, con injusticia notoria, toda una vida administrativa, laboriosa, honorable y digna. Fue relegado a un puesto secundario, dentro de la Secretaria de Sanidad y Beneficencia, esto es, en el propio Departamento que &eacute;l hab&iacute;a contribuido a crear y que hab&iacute;a regado con el sudor de su frente y con la savia de su talento. Lo nombraron Inspector Especial. M&aacute;s adelante, fue designado para el cargo de Jefe de la Secci&oacute;n de Biblioteca y Prensa y Jefe de Redacci&oacute;n del Bolet&iacute;n Oficial de la Secretar&iacute;a de Sanidad y Beneficencia. Ese rudo golpe, dado en pleno pecho, hubiese hecho desmayar a otro que no tuviera ni la entereza de car&aacute;cter ni las serenas energ&iacute;as de Barnet. Ante la dura prueba del destino, no sinti&oacute; decaer su amor por el trabajo, ni entibiar su fervor por el bien de los asuntos sanitarios. Emprendi&oacute; resignado y tranquilo, el desempe&ntilde;o de las tareas relativamente secundarias que se le confiaban. Se dedic&oacute; con preferencia a la redacci&oacute;n del Bolet&iacute;n Oficial, que bajo su sabia y acertada Jefatura, ha llegado a ser una de las publicaciones m&aacute;s notables de Cuba, alcanzando gran demanda en el extranjero, por su bella presentaci&oacute;n, por el valor de los trabajos cient&iacute;ficos que publica y por lo interesante de sus notas estad&iacute;sticas y oficiales. Desde la celda oscura y modesta a la que Barnet hab&iacute;a sido relegado, desde all&iacute;, paciente, conforme y noble, segu&iacute;a laborando con cari&ntilde;o y patriotismo elevado, por el engrandecimiento de las distintas ramas sanitarias. Desempe&ntilde;aba a la perfecci&oacute;n las distintas misiones que se le confiaban; redactaba reglamentos, proyectos de mensajes, informes y dict&aacute;menes y cuantos trabajos eran encomendados a su larga experiencia sanitaria, a sus habilidades literarias y a su inteligencia superior. Y en ese su nuevo cargo, encontr&oacute; campo para demostrar lo s&oacute;lido y lo vario de su cultura; para satisfacer ansias de su esp&iacute;ritu y probar lo completo y excelente de su preparaci&oacute;n cient&iacute;fica, literaria y art&iacute;stica. </p>     <p align="justify">Barnet sent&iacute;a una decidida vocaci&oacute;n por los estudios literarios. Era un estilista refinado, que manejaba con maestr&iacute;a, soltura y elegancia, el idioma castellano. Sus escritos, tanto los puramente literarios como cient&iacute;ficos y de correspondencia particular y oficial, se distingu&iacute;an a simple vista, por la delicadeza de su presentaci&oacute;n, y por su estilo castizo y sobrio, de una impecable correcci&oacute;n. </p>     <p align="justify">La apacible serenidad de su car&aacute;cter, se reflejaba en sus escritos y en sus producciones literarias todas. Hablaba pausado, con la reposada calma de los temperamentos absolutamente equilibrados. Su oratoria era did&aacute;ctica, convincente, cual la del maestro que al entendimiento se dirige y no la del orador fogoso, de verbo ardiente, que al coraz&oacute;n y al sentimiento habla. </p>     <p align="justify">Barnet le&iacute;a magistralmente. Sab&iacute;a dar a su voz la entonaci&oacute;n apropiada y oportuna, leyendo con claridad y elegancia. Era un verdadero conferencista. Su palabra atra&iacute;a, educaba, instru&iacute;a. Sabia hacerse o&iacute;r, por la profundidad de sus conceptos y la facilidad y belleza de la exposici&oacute;n. Sus disertaciones en el Hospital N&uacute;mero Uno; sus conferencias en la Normal de Maestros; sus discursos e informes ante esta Academia, la Sociedad de Estudios Cl&iacute;nicos, las Juntas Superior y Nacional de Sanidad y la Asociaci&oacute;n M&eacute;dico- Farmac&eacute;utica de la Isla de Cuba, son piezas oratorias y literarias de gran valor, en las que se advierten las grandes condiciones intelectuales de Barnet y su dominio absoluto del idioma y de la ciencia. </p>     <p align="justify">El periodismo le atra&iacute;a con fuerza irresistible. Fund&oacute; en 1900 y dirigi&oacute; hasta 1905, la “Revista de la Asociaci&oacute;n M&eacute;dico- Farmac&eacute;utica”, publicaci&oacute;n que alcanz&oacute; gran cr&eacute;dito y que obtuvo &eacute;xitos por dem&aacute;s lisonjeros. Ese peri&oacute;dico, por su naturaleza y fines, era campo apropiado para lucir sus varias y eficientes cualidades y fue, por decirlo as&iacute;, el escenario de sus primeros triunfos literarios y donde comenz&oacute; a dar muestras de sus provechosas y pr&aacute;cticas iniciativas. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En los art&iacute;culos doctrinales, aparec&iacute;a el profesional    amante de su clase, defensor de sus derechos, palad&iacute;n generoso y esforzado    de las buenas causas; en los escritos de car&aacute;cter cient&iacute;fico,    hac&iacute;a gala de su cultura y erudici&oacute;n notables y de sus dotes como    observador profundo, demostrando su ilustraci&oacute;n y conocimientos m&eacute;dicos    excepcionales. Cre&oacute; una secci&oacute;n especial titulada “De todas partes,    notas y recortes”, en la que expon&iacute;a y trataba con amenidad y con gran    ingenio, las m&aacute;s diversas cuestiones relacionadas con el ejercicio de    las profesiones m&eacute;dica y farmac&eacute;utica. En esa interesante secci&oacute;n,    contestaba las quejas, reclamaciones y demandas de los interesados sobre intrusismo    profesional; resolv&iacute;a las consultas que se le dirig&iacute;an sobre arduas    y m&uacute;ltiples cuestiones en relaci&oacute;n con el ejercicio de esas carreras;    daba cuenta de los progresos y adelantos cient&iacute;ficos de las mismas, intercalando,    entre las notas graves y serias otras regocijadas y simp&aacute;ticas, en las    que refer&iacute;a las m&aacute;s intencionadas y rientes an&eacute;cdotas m&eacute;dicas.  </p>     <p align="justify">En la redacci&oacute;n de esa “Revista”, al igual que en el “Bolet&iacute;n de Sanidad y Beneficencia”, rend&iacute;a Barnet una intensa y continuada labor intelectual y prest&oacute; servicios de inestimable valor, a las clases m&eacute;dicas y a la sociedad en general. Acaso, esos sus meritorios trabajos period&iacute;sticos, hayan pasado inadvertido para muchos, al igual que acontece, casi siempre, en las tareas de esa &iacute;ndole. El esfuerzo, la iniciativa individual, realizada y expuesta en art&iacute;culos sin firma, se pierden, ante los ojos del “gran p&uacute;blico”, en la parte que se refiere a la paternidad de la idea y a la cantidad del trabajo ejecutado por el periodista, en su diaria e &iacute;mproba labor. </p>     <p align="justify">De ah&iacute;, el altruismo que preside los actos de estos grandes colaboradores de la humanidad, que pasan su vida entera dedicados a las tareas period&iacute;sticas, educando al p&uacute;blico, formando opini&oacute;n, lanzando los m&aacute;s luminosos conceptos, haciendo patria, forjando caracteres, poniendo su cerebro y su inteligencia toda, al servicio de nobles causas sin tener la dulce recompensa de la gratitud y del reconocimiento. Se da el caso frecuente, de que otros, m&aacute;s afortunados y felices, aprovechen sus ideas, se levanten sobre los pedestales que ellos, con su talento macizan; desenvuelven y realizan las ideas nacidas en lo hondo de sus cerebros o en lo &iacute;ntimo de sus corazones, mientras el pobre escritor, agota su vida en tareas siempre mal recompensadas, cae desconocido y olvidado, cual h&eacute;roe an&oacute;nimo, en los grandes combates de la vida. </p>     <p align="justify">Barnet ten&iacute;a una gracia especial para redactar cartas. Dominaba con gran maestr&iacute;a el estilo epistolar. Desde las amorosas y tiernas misivas que enviaba a su novia amant&iacute;sima en su &eacute;poca de estudiante, y en las que advert&iacute;a todo el ardor de su coraz&oacute;n juvenil y enamorado, hasta las cartas tristes que ya, en el ocaso de la vida y de la esperanza, dirig&iacute;a a sus familiares y amigos, y en las que revelaba el hondo pesar que le ocasionaba su enfermedad y el derrumbe de sus ilusiones y de su existencia, en todos sus escritos bellamente redactados, llenos de poes&iacute;a y de ternura, en estilo sencillo, hermoso, y l&iacute;mpido, en todos ellos, Barnet “pon&iacute;a un pedazo de su alma” y hac&iacute;a derroches de su talento y donaire. </p>     <p align="justify">Era un artista de la pluma. Enamorado de su producci&oacute;n literaria, la cuidaba y pul&iacute;a para presentarla con esmero y pulcritud. Revisaba y correg&iacute;a sus escritos y los segu&iacute;a, con cari&ntilde;o de padre, a trav&eacute;s de los linotipos y prensas. Uno de sus placeres mayores era el de corregir las pruebas de imprenta; en esas tareas sent&iacute;a un verdadero gusto, y pocos le igualaban. Cuando ten&iacute;a en la imprenta alg&uacute;n trabajo en prensa, personalmente escog&iacute;a los tipos de letras m&aacute;s apropiados, dirig&iacute;a la conformaci&oacute;n, indicaba los m&aacute;rgenes, los adornos y dem&aacute;s detalles de presentaci&oacute;n de la obra y vigilaba la impresi&oacute;n, siguiendo con deleite, el curso del trabajo hasta dejarlo terminado y listo. Era por lo tanto, un artista completo en estas cuestiones. Conceb&iacute;a en su cerebro privilegiado, la hermosa idea engendradora de la obra literaria. Con su pluma galana y florida, la llevaba a la blanca cuartilla. Y, m&aacute;s tarde, la convert&iacute;a en un trabajo tipogr&aacute;fico, delicado y perfecto. </p>     <p align="justify">Su producci&oacute;n literaria es extraordinaria. Fue un trabajador afortunado, incansable y fecundo. El Dr. Jorge Le Roy, a cuya paciente labor de bibli&oacute;grafo y de investigador debemos los datos de ese orden que publicamos, anota, en la Bibliograf&iacute;a de Barnet, 81 trabajos, cada cual m&aacute;s valiosos. Entre esas producciones, se destacan por su originalidad y por su m&eacute;rito cient&iacute;fico y literario, “Las Conversaciones del Doctor”, que durante cerca de dos a&ntilde;os public&oacute; en “El F&iacute;garo”, interesante y muy le&iacute;da Revista habanera. En esas “Conversaciones”, Barnet hac&iacute;a una util&iacute;sima obra de vulgarizaci&oacute;n cient&iacute;fica y de propaganda sanitaria, sobre todo entre las madres de familia, a las que educaba con sus amenas cr&oacute;nicas, en los principios de la higiene moderna. </p>     <p align="justify">Cada semana, publicaba Barnet una de sus instructivas “Conversaciones”,    que eran movidos di&aacute;logos “entre el m&eacute;dico y sus clientes”. As&iacute;,    en forma agradable iba, con talento y amenidad dando a conocer al p&uacute;blico    las causas de las enfermedades trasmisibles, especialmente la tuberculosis y    las que azotan y diezman la infancia; los recursos que deben emplearse para    evitar esas enfermedades y la manera m&aacute;s apropiada para defendernos de    ellas. </p>     <p align="justify">Dedicaba atenci&oacute;n preferente a la higiene y dem&aacute;s cuidados que demandan los ni&ntilde;os en la edad primera de la vida. Instru&iacute;a a las madres acerca de la alimentaci&oacute;n apropiada de los reci&eacute;n nacidos y explicaba, con detalles prolijos, en lenguaje conciso y claro, las atenciones higi&eacute;nicas que deben prestarse a los ni&ntilde;os para ponerlos al abrigo de las enfermedades que aniquilan y destruyen las nuevas cosechas de la graciosa flor humana. </p>     <p align="justify">En la primera de esas “Conversaciones”, publicada en “El F&iacute;garo”, n&uacute;mero correspondiente al 25 de enero de 1914, Barnet, a manera de introducci&oacute;n de esa su merit&iacute;sima labor, expon&iacute;a en intencionado di&aacute;logo sostenido con el Dr. Ram&oacute;n A. Catal&aacute;, Director de ese peri&oacute;dico, el Programa que se propon&iacute;a desarrollar en el curso de sus instructivas pl&aacute;ticas. </p>     <p align="justify">“En primer t&eacute;rmino, dec&iacute;a Barnet en esa su entrevista -prologo, tratar&eacute; cuestiones de salud p&uacute;blica. No hay bienestar individual comparable a la salud, ni riqueza de un pueblo como la de su buen estado sanitario. Como ha dicho el Profesor Pinard, todo cuanto contribuye al perfeccionamiento del cuerpo aumenta la dignidad de todo ser”. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">“De ah&iacute; el axioma de que sin salud, la vida no es vida. La salud es el factor esencial de la fertilidad, de la prosperidad y de la felicidad, y, por consiguiente, del progreso de la civilizaci&oacute;n” </p>     <p align="justify">Y ese tan extenso e interesante programa, desarroll&oacute; en su curso de las dos series de “Conversaciones” que public&oacute; en “El F&iacute;garo”, y que comprenden noventa y un trabajos de vulgarizaci&oacute;n higi&eacute;nica. “yo no escribo sino para los ignorantes”, ese era el lema que pon&iacute;a modestamente al frente de sus “Conversaciones”, como escudo para justificar el lenguaje natural y corriente que empleaba en esos art&iacute;culos y la sencillez aparente de sus argumentos. Y as&iacute;, redactadas en estilo familiar, amenizadas con ilustraciones y grabados alusivos al texto, valoradas por el saber y la experiencia de Barnet, sus “Conversaciones” adquirieron justa fama y realizaron una obra inmensa de cultura y de bien. La Secretar&iacute;a de Sanidad y Beneficencia acord&oacute; reimprimir en hojas sueltas esos trabajos, para repartirlos profusamente entre las clases pobres, con objeto de hacer una activa y muy necesaria obra de educaci&oacute;n higi&eacute;nica popular. </p>     <p>Ya Barnet se hab&iacute;a distinguido por sus excelentes trabajos de vulgarizaci&oacute;n cient&iacute;fica, entre los que figuran, entre otros de positivo m&eacute;rito, los siguientes: </p>     <p>La Peste Bub&oacute;nica –Conferencia en el Hospital N&uacute;mero Uno. -1903. </p>     <p>Instrucciones populares para evitar el contagio de la Escarlatina.- 1903. </p>     <p>Instrucciones populares para evitar la propagaci&oacute;n de la Fiebre Tifoidea.- 1904. </p>     <p>Instrucciones populares contra la Difteria.- 1904. </p>     <p>Nota sanitaria sobre el Sarampi&oacute;n.- 1905. </p>     <p>Higiene de la Primera Infancia. Instrucciones populares sobre la manera de criar los ni&ntilde;os. </p>     <p>Este trabajo comprende los siguientes cap&iacute;tulos: </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>T&eacute;tanos de los reci&eacute;n nacidos. </p>     <p>Alimentaci&oacute;n de los ni&ntilde;os. </p>     <p>Consejos sobre Enteritis. 1905. </p>     <p>Instrucciones populares sobre Fiebre Amarilla. 1906. </p>     <p>C&oacute;lera- morbo- asi&aacute;tico.-Naturaleza y s&iacute;ntomas de la enfermedad. </p>     <p>Medios de impedir su propagaci&oacute;n. </p>     <p>La rabia.-Medios de precaverla. </p>     <p>La fiebre de Malta.-La isla de Malta y las Cabras. </p>     <p align="justify">Nos hemos detenido en la enumeraci&oacute;n de trabajos de divulgaci&oacute;n cient&iacute;fica publicados por Barnet, para que se advierta la copiosa y laudables labor realizada durante el curso de su vida &uacute;til, como escritor, como m&eacute;dico y como sanitario, en bien de la educaci&oacute;n higi&eacute;nica de nuestro pueblo. </p>     <p align="justify">Veterano en las ideas sanitarias, hab&iacute;a adquirido la experiencia, que para salir airoso en esas luchas contra la infecci&oacute;n, la enfermedad y la muerte, es preciso, como condici&oacute;n indispensable, el contar con el concurso consciente y decidido de los ciudadanos todos, lo que se obtiene por medio de la propaganda y de la educaci&oacute;n. El valor, la necesidad, el provecho de las medidas higi&eacute;nicas es tal, que basta solo con saberlas apreciar, para que se acepten y apliquen por propia iniciativa, sin necesidad de emplear medios coercitivos, los que deben reservarse para los ignorantes, los descuidados y los que proceden de mala fe, inspirados en fines perversos o interesados. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><a href="/img/revistas/his/n100/f17hi100.jpg"><img src="/img/revistas/his/n100/f17hi100.jpg" width="186" height="122" border="0"></a></p>     
<p align="center">Fig. 17. Integrantes de la Junta Superior de Sanidad de La Habana (1903). De izquierda a derecha, los doctores Jos&eacute; A. del Cueto Pazos, Hugo Roberts Fern&aacute;ndez, Enrique B. Barnet Roque de Escobar (Secretario), Carlos J. Finlay Barr&eacute;s (Presidente), Gonzalo Ar&oacute;stegui del Castillo, Juan Guiteras Gener, Jos&eacute; Varela Zequeira, Gustavo G. Duplessis Aizp&uacute;rua y Joaqu&iacute;n L. Jacobsen y Cantos. </p>     <p align="justify">En el seno de esta docta Corporaci&oacute;n, Barnet se hizo notar, por su actuaci&oacute;n personal entusiasta e inteligente y por la val&iacute;a de los trabajos cient&iacute;ficos ante la misma presentado. </p>     <p align="justify">Fue designado para pronunciar los elogios f&uacute;nebres de los acad&eacute;micos desaparecidos doctores Domingo Fern&aacute;ndez Cubas, Joaqu&iacute;n Albarr&aacute;n y Dom&iacute;nguez y Vicente Benito Vald&eacute;s. Llev&oacute; a cabo estas tristes encomiendas, con su maestr&iacute;a y pericia acostumbradas. Esos sus discursos necrol&oacute;gicos, llenos de conmovedores conceptos, le valieron pl&aacute;cemes muy merecidos y justificadas alabanzas. Supo hacer destacar con su pluma privilegiada la figura simp&aacute;tica de Cubas; la venerable de Vald&eacute;s; el benedictino de la medicina- y la interesante de Albarr&aacute;n, por el que sent&iacute;a un afecto fraternal, nacido desde los d&iacute;as amargos de la emigraci&oacute;n. </p>     <p>Dio lectura en esta Academia a numerosos dict&aacute;menes, disertaciones e informes, entre los que se destacan los siguientes: </p>     <p>Algunas Instituciones Sanitarias de Berl&iacute;n. </p>     <p>La Fiebre de Malta en Cuba. </p>     <p>Reparos a las Ordenanzas Sanitarias. </p>     <p>Informe sobre Memorias presentadas en opci&oacute;n al Premio de la Academia en colaboraci&oacute;n con los Dres. Ar&iacute;stides Agramonte y Alfonso Betancourt. </p>     <p align="justify">Esta Academia le confi&oacute; por tres ocasiones, el honor merecido, de pronunciar los discursos en las sesiones solemnes verificadas los d&iacute;as 15 de mayo de 1902; 19 de mayo de 1909 y 28 de mayo de 1913. En su primer disertaci&oacute;n desarroll&oacute; de manera magistral, el amplio e interesante tema”Concepto actual de la Medicina ”. El segundo de los trabajos a que dio lectura en sesi&oacute;n solemne, fue sobre “ La Sociedad Universal de la Cruz Blanca en Ginebra”, “Cuestiones de Higiene Alimenticia”. Su tercer discurso vers&oacute; acerca del “Estado Sanitario de Cuba”. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En la sesi&oacute;n en que dio a conocer este &uacute;ltimo    trabajo, presidi&oacute; el acto el Honorable Presidente de la Rep&uacute;blica    y concurrieron las m&aacute;s altas autoridades de Cuba, por cuya feliz coincidencia,    pudieron advertir en el curso del excelente y bien documentado trabajo de Barnet,    la necesidad de llevar a la pr&aacute;ctica las medidas sanitarias por &eacute;l    recomendadas en favor de la infancia. </p>     <p>En ese discurso, Barnet, con argumentos s&oacute;lidos, en conceptos elevados y brillantes, dio a conocer en toda su magnitud, el problema pavoroso de la mortalidad infantil entre nosotros, haciendo resaltar, con la elocuencia efectiva de los n&uacute;meros, toda la importancia de ese vital asunto, y la necesidad urgente, de aplicarle sabios y oportunos remedios. </p>     <p>“La mortalidad infantil, dec&iacute;a Barnet en ese su trabajo, es una cuesti&oacute;n m&aacute;s trascendental, de lo que parece vista superficialmente”. Y para probar su aserto, continuaba exponiendo con su palabra autorizada lo siguiente: </p>     <p align="justify">“Durante el a&ntilde;o &uacute;ltimo, han muerto solo en el Municipio de La Habana, 1216 ni&ntilde;os de 0 a 1 a&ntilde;o y 460 de 1 a 9 a&ntilde;os, en total 1676 ni&ntilde;os por diversas enfermedades, de las cuales 682 por Enteritis, en menores de dos a&ntilde;os, esto es, por alimentaci&oacute;n inadecuada. Multiplicad por diez aquella cifra de 1676 ni&ntilde;os desaparecidos en un a&ntilde;o, y tendr&eacute;is 16.760 ni&ntilde;os muertos en un decenio, lo que equivale a la desaparici&oacute;n completa de una ciudad importante de la Rep&uacute;blica, solo por ese concepto. </p>     <p align="justify">“Y si volvemos la vista a la Rep&uacute;blica, encontraremos que en 1912, de las edades citadas, han desaparecido 13.230 ni&ntilde;os. Practicad la misma operaci&oacute;n anterior de aritm&eacute;tica y resultar&aacute; que en diez a&ntilde;os el n&uacute;mero de ni&ntilde;os muertos alcanza a la espantosa cifra de 132. 300, es decir, tres de nuestras ciudades m&aacute;s populosas, o s&eacute;ase media Habana. </p>     <p align="justify">“Y tened entendido que hay un axioma sanitario, familiar a los que nos ocupamos de estas materias, que establece que la baja cifra de mortalidad de un pueblo no es un dato cierto para juzgar de la excelencia de su administraci&oacute;n sanitaria, sino que el detalle preciso, el de verdadera significaci&oacute;n, hay que aquilatarlo con el n&uacute;mero de muertes en ni&ntilde;os menores de cinco a&ntilde;os. </p>     <p align="justify">“Nuestros Gobiernos se han preocupado hasta ahora constantemente de un ramo llamado a dar los frutos que hoy cosechamos. Han atendido preferentemente los asuntos de sanidad y los asuntos de beneficencia. Han cuidado con esmero especial el servicio de los hospitales, asilo de sus hijos enfermos, obedeciendo con ello a sentimientos justos y humanitarios, salvando de la muerte a miles de ciudadanos que vuelven al seno social a prestar &uacute;tiles servicios a la patria en diversas esferas y cumpliendo al mismo tiempo con las m&aacute;s primordiales de sus obligaciones, cual es la conservaci&oacute;n y la fortificaci&oacute;n de su pueblo, la base m&aacute;s s&oacute;lida y positiva de su prosperidad y grandeza de la Rep&uacute;blica. </p>     <p align="justify">“Ante cifras tan abrumadoras como las que acabo de presentaros, no dudo, que habr&eacute;is de dirigir el pensamiento y el coraz&oacute;n hacia nuestros ni&ntilde;os enfermos, pobres, miserables, que le ofrecen tan elevado contingente a la muerte, alojados en habitaciones infectas, con padres sin recursos para asistirlos en sus dolencias, por m&aacute;s que los municipios les proporcionen m&eacute;dicos y medicamentos. </p>     <p align="justify">“Pensad en el espantoso cuadro de esos ni&ntilde;os desamparados, pr&oacute;ximos a las puertas de la muerte, sin padres que los alimenten, con madres desvalidas y que no pueden prestar la asistencia indispensable, y comprender&eacute;is la necesidad que surge, por s&iacute; misma, imperiosamente, entre otras cosas, para remediar en algo miseria tanta, desde el doble aspecto sanitario y ben&eacute;fico, cual es la fundaci&oacute;n, por el momento en La Habana, de un hospital para ni&ntilde;os. Un Hospital para ni&ntilde;os, que acoja a tanta esperanza en flor, porvenir de la patria, que muere abandonada, y que haga descender a cifra insignificante la mortalidad infantil, evitando que se colmen de cad&aacute;veres de ni&ntilde;os las fosas de nuestro cementerio. </p>     <p align="justify">“Cada ni&ntilde;o que se extingue representa para la sociedad en que ha nacido un capital efectivo en dinero que se pierde y que, seg&uacute;n las condiciones peculiares de cada pa&iacute;s, es menor o mayor su cuant&iacute;a. Arrebatando vidas a la muerte se contribuye, pues, indudablemente a la riqueza del erario p&uacute;blico. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">“He ah&iacute; el motivo de la gran importancia que a la Higiene    p&uacute;blica conceden los gobiernos de las naciones m&aacute;s civilizadas.    La atenci&oacute;n que a los problemas de Sanidad se dedique, se&ntilde;ala    en cada pa&iacute;s la altura a que a llegado en la escala del progreso e indica    la extensi&oacute;n que ha alcanzado en sus relaciones internacionales. Levantemos,    pues, ese hospital. Lo reclaman a gritos nuestros pobres ni&ntilde;os enfermos    y las madres desamparadas. Todo es ahora regocijo y esperanza en nuestra patria.    Estos son los d&iacute;as de la tabla para el n&aacute;ufrago, de la gota de    agua para el que ha sed, del pedazo de pan para el hambriento, de la sonrisa    de cari&ntilde;o para el hu&eacute;rfano, de la voz de piedad para el desamparado,    del libro que ilumina para el que est&aacute; a oscuras, del amor que perdona    para el criminal, del consuelo que alivia para el que llora, del socorro a la    madre desolada, y que se resume todo en la hermosa palabra de Jes&uacute;s,    fuente inagotable del mundo moral: &iexcl;Caridad! Y ligadas est&aacute;n la    Beneficencia y la Sanidad, porque &eacute;sta no es solamente una especulaci&oacute;n    del esp&iacute;ritu llevada a la practica, sino que es tambi&eacute;n una rama    de la Caridad ”. </p>     <p align="justify">De ex profeso y aun a riesgo de hacer demasiado extenso nuestro trabajo, hemos trascrito los p&aacute;rrafos m&aacute;s salientes de la disertaci&oacute;n de Barnet, no solo por la brillantez de sus conceptos, la hermosura de sus frases, y lo s&oacute;lido de sus argumentos, sino adem&aacute;s, por marcar bien el &eacute;xito favorable que obtuvo con sus atinadas indicaciones relativas a la necesidad de proteger a la infancia. </p>     <p align="justify">Las juiciosas y sabias palabras de Barnet, contenidas en ese su oportuno discurso impresionaron vivamente al Honorable Presidente de la Rep&uacute;blica , al Sr. Secretario de Sanidad y Beneficencia y a cuantos hubieron de escucharlas, proponi&eacute;ndose todos, inspirados en los m&aacute;s patri&oacute;ticos y humanitarios sentimientos, emprender los trabajos adecuados para reducir, en cuanto fuera posible, las causas de mortalidad infantil en Cuba. </p>     <p align="justify">El Mayor General Mario G. Menocal, Presidente de la Rep&uacute;blica , que acababa de tomar posesi&oacute;n de ese elevado cargo, acogi&oacute; los consejos de Barnet y con el concurso entusiasta, inteligente y en&eacute;rgico del Dr. Enrique N&uacute;&ntilde;ez, Secretario de Sanidad y Beneficencia, y al calor de sus iniciativas personales, se acometi&oacute; la magna empresa de organizar el Servicio de Protecci&oacute;n a la Infancia. </p>     <p align="justify">Personas altruistas y generosas, secundaron los planes del Gobierno a ese respecto. La iniciativa particular se asoci&oacute; a la oficial y en hermoso consorcio de buenas voluntades, se iniciaron y llevaron a cabo, los m&aacute;s &uacute;tiles empe&ntilde;os en bien de la profilaxis de las enfermedades de la infancia. </p>     <p align="justify">Dos esclarecidos m&eacute;dicos cubanos, los doctores Eusebio Hern&aacute;ndez y Domingo F. Ramos, que desde hacia larga fecha hab&iacute;an levantado la bandera de la Homicultura y realizado importantes gestiones en ese sentido, colaboraron con desinter&eacute;s notorio en los trabajos emprendidos y con el concurso de otros elementos tambi&eacute;n de gran val&iacute;a, se establecieron Creches, Asilos y Colonias para ni&ntilde;os pre- tuberculosos y se cre&oacute; el Servicio de Higiene Infantil y se logr&oacute; un gran movimiento social en obsequio de la ni&ntilde;ez desvalida. </p>     <p align="justify">En los Congresos M&eacute;dicos Nacionales y Extranjeros; en las Conferencias de Beneficencia y Correcci&oacute;n; en distintos Cert&aacute;menes Cient&iacute;ficos celebrados en Cuba, Barnet ocup&oacute; siempre un sitio de honor y de preferencia, por la bondad de los trabajos que presentaba, por la luz y los conocimientos que aportaba en el curso de las discusiones de otros trabajos, y por el entusiasmo con que cooperaba a esas obras de mejoramiento y de cultura. </p>     <p align="justify">Fue Secretario deFue Secretario de la Sección de Higiene y Demografía del Tercer Congreso Médico Pan Americano, celebrado en La Habana en 1901 y a su laboriosidad y especial preparación en las labores literarias, se debió, en gran parte, como así lo reconoció en un documento lleno de generosidad y justicia el Dr. Tomás Vicente Coronado, Secretario General de ese Congreso, la publicación de las Actas de las sesiones celebradas y de las Memorias presentadas en esa junta del saber. Para comprender el esfuerzo realizado por Barnet en la preparación de esa obra, baste saber, que tuvo que dirigir la publicación de tres gruesos volúmenes que contenían los trabajos leídos en el Congreso, y hacer la corrección de pruebas tanto en inglés como en castellano.</p>     <p align="justify">Ocup&oacute; lugar prominente en el Primer Congreso M&eacute;dico    Nacional, ante el cual ley&oacute; un trabajo sobre Sarampi&oacute;n, haciendo    resaltar la relativa gravedad de esa infecci&oacute;n y el curso de la &uacute;ltima    epidemia de la misma, en los ni&ntilde;os de la Casa de Beneficencia y Maternidad.    Era su objeto, el llamar la atenci&oacute;n de las familias, acerca de la necesidad    de poner en pr&aacute;ctica las medidas profil&aacute;cticas para evitar el    contagio de esa enfermedad, que no siempre evoluciona con la benignidad que    el p&uacute;blico supone.      <p align="justify"> En el Congreso de la Sociedad Americana de Salubridad P&uacute;blica, efectuado en La Habana en 1911, present&oacute; un curioso trabajo sobre las “Enfermedades tropicales en Cuba”, proclamando la benignidad de nuestro clima, la excelencia de nuestro estado sanitario y el hecho, de que a pesar de ser Cuba un pa&iacute;s situado en la zona inter- tropical, no existen aqu&iacute; ciertas enfermedades mort&iacute;feras que habitualmente reinan en los pa&iacute;ses c&aacute;lidos. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En el Tercer Congreso M&eacute;dico Nacional, efectuado en La Habana , en 1914, tuve el honor de concurrir con un trabajo que reunidos preparamos, en opci&oacute;n a uno de los premios instituidos por la Secretar&iacute;a de Sanidad y Beneficencia. M&aacute;s que un colaborador, Barnet fue el maestro que dirigi&oacute; el trabajo, que prepar&oacute; los planes y con experiencia y sabidur&iacute;a, aport&oacute; los elementos para la victoria que obtuvimos. Debo esta declaraci&oacute;n honrada y me complazco en hacerla p&uacute;blica, en honor a la verdad y para satisfacci&oacute;n de mi conciencia. </p>     <p align="justify">Como literato y periodista, tom&oacute; parte activa en los Congresos de la Prensa M&eacute;dica de Cuba, presentando, en el primer certamen efectuado en 1912 un bien escrito trabajo sobre las Dificultades con que lucha la Prensa M&eacute;dica en este pa&iacute;s. </p>     <p align="justify">Barnet, por las condiciones especiales que en &eacute;l concurr&iacute;an, por su alto relieve cient&iacute;fico, fue designado por el Gobierno de Cuba para representar a esta Rep&uacute;blica, en distintos Congresos Cient&iacute;ficos y en Exposiciones celebrados en el extranjero. Y, al igual que los ilustres cubanos que compartieron con &eacute;l esas representaciones, contribuy&oacute; a enaltecer el nombre de Cuba en las grandes capitales del mundo. En esos Congresos, Barnet no era una figura decorativa, sino que se distingu&iacute;a y honraba a Cuba por sus trabajos y se esforzaba por obtener para la patria, los mayores honores y consideraciones. </p>     <p align="justify">En la Exposici&oacute;n de San Luis, en 1904, contribuy&oacute; con su gesti&oacute;n personal al &eacute;xito resonante alcanzado con nuestras exhibiciones sanitarias en ese gran certamen. Adem&aacute;s, fue miembro del Congreso Internacional de la Tuberculosis , celebrado en esa progresista ciudad americana. Dio lectura, en la Segunda Conferencia Sanitaria Internacional, efectuada en Washington en 1905, al Proyecto de Ordenanzas Sanitarias de Cuba. Y en julio de 1907 concurri&oacute;, en uni&oacute;n de los Doctores Ar&iacute;stides Agramonte y Gabriel Landa, como Delegado de Cuba, al Congreso Internacional de Higiene y Demograf&iacute;a celebrado en Berl&iacute;n. Con los conocimientos y los datos adquiridos en ese viaje, public&oacute; en colaboraci&oacute;n con el Dr. Landa, un valioso libro, que contiene el extracto de los m&aacute;s importantes trabajos presentados en ese Congreso. </p>     <p align="justify">Figura Barnet en el grupo de cubanos esforzados, que organizaron y dirigieron las Conferencias Nacionales de Beneficencia y Correcci&oacute;n, y que llevaron a cabo con tenacidad y energ&iacute;a loables, una obra apost&oacute;lica de ense&ntilde;anza y de piedad a trav&eacute;s de toda la Rep&uacute;blica. Form&oacute; parte del Comit&eacute; Ejecutivo de esas Conferencias y present&oacute; ante las mismas distintos trabajos relativos a “ La Tuberculosis y la Sanidad ”; “El Hospital Las Animas, su importancia sanitaria, beneficios que reporta”, “El ni&ntilde;o y la Beneficencia ” y “Una Cuesti&oacute;n de Beneficencia y de Higiene”, le&iacute;do este &uacute;ltimo, en la Sexta Conferencia celebrada en Cienfuegos en 1907. </p>     <p align="justify">Barnet fue designado para dirigir la Exhibici&oacute;n Sanitaria, Pabell&oacute;n de Cuba, en la Exposici&oacute;n Internacional celebrada en San Francisco, Estados Unidos de Am&eacute;rica, en 1915, habiendo desempe&ntilde;ado esa comisi&oacute;n con gran lucimiento y alcanzado Grandes Premios para la Secretar&iacute;a de Sanidad y Beneficencia, por la calidad de los ejemplares presentados. </p>     <p>Las “Conversaciones del Doctor”, obra personal de Barnet y el “Bolet&iacute;n Oficial de la Secretar&iacute;a ”, que inspirada y pr&aacute;cticamente dirig&iacute;a, alcanzaron Medalla de Oro en esa Exposici&oacute;n. </p>     <p>Barnet, que era un hombre delicado, que hac&iacute;a la vida del esp&iacute;ritu, amaba la gloria, le satisfac&iacute;an estas p&uacute;blicas recompensas que colmaban sus nobles aspiraciones y sus rom&aacute;nticos amores por la gloria. </p>     <p align="justify">Entre las notables condiciones de Barnet, figuraba la facilidad que ten&iacute;a para la redacci&oacute;n de leyes y reglamentos. Sab&iacute;a concebir y considerar en conjunto las ideas, darles todo el vuelo y amplitud necesaria y m&aacute;s tarde, desarrollarlas con precisi&oacute;n y exactitud, en el articulado de un reglamento. </p>     <p align="justify">En estos &aacute;ridos y dif&iacute;ciles trabajos, que demandan un dominio perfecto de la materia a reglamentar, Barnet pon&iacute;a a prueba su asiduidad en el trabajo, y la amplitud de sus vastos conocimientos. Lleg&oacute; a especializarse y distinguirse tanto en esa clase de tareas, las realizaba con tanto amor y competencia, que en las Sociedades y Corporaciones de que formaba parte, se le solicitaba con af&aacute;n, para encomendarle la redacci&oacute;n de los reglamentos de las mismas. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En el a&ntilde;o de 1900, public&oacute; en El Progreso M&eacute;dico, su primer trabajo sobre la materia: “Un Proyecto de Reglamento para el ejercicio de las Profesiones de M&eacute;dico- Cirujano; Cirujano Dentista y Comadrona”. </p>     <p align="justify">Al ser nombrado en el mismo a&ntilde;o Secretario de la Asociaci&oacute;n M&eacute;dico- Farmac&eacute;utica de Cuba, prepar&oacute;, en uni&oacute;n de los doctores Miguel Fern&aacute;ndez Garrido y Jos&eacute; P. Alac&aacute;n, un proyecto de Constituci&oacute;n y de Reglamento de esa Sociedad, que fueron aprobados. </p>     <p align="justify">En el a&ntilde;o 1903, desempe&ntilde;ando el cargo de Vocal, Vice presidente de la Junta de Patronos del Hospital N&uacute;mero Uno, redact&oacute;, asociado al Dr. Alfredo Mart&iacute;nez, el Reglamento para el r&eacute;gimen interior de ese establecimiento. </p>     <p align="justify">La Junta Superior de Sanidad tom&oacute; el acuerdo, en marzo de 1903, de designarlo Ponente, en uni&oacute;n de los Doctores Juan Guiteras, Juan Santos Fern&aacute;ndez y Jos&eacute; A. del Cueto, para la formaci&oacute;n del Reglamento de ese organismo. Someti&oacute; a la consideraci&oacute;n de esa Junta y fueron por unanimidad aprobada, los Reglamentos para el R&eacute;gimen interior de la Comisi&oacute;n del Muermo y la Tuberculosis en el ganado y para el Establo de Observaci&oacute;n Sanitaria. </p>     <p align="justify">En el seno de la Junta , en su calidad de Vocal Secretario de la misma, hubo de presentar y fueron aceptados, distintos Reglamentos para el Orden Interior de las Oficinas; del Laboratorio Nacional y Sanatorio de Tuberculosos, as&iacute; como de otras dependencias del Departamento de Sanidad. </p>     <p align="justify">Por acuerdo de la Directiva de la Asociaci&oacute;n de la Prensa , en la que figur&oacute; como Vocal desde su fundaci&oacute;n, redact&oacute; un Proyecto de Reglamento para el “fondo de socorro”, que fue aceptado con laudatorio acuerdo, por su iniciativa a ese respecto. </p>     <p align="justify">La obra maestra de Barnet, la que puede considerarse como el monumento de su gloria, en la que demostr&oacute; su pericia, inteligencia y preparaci&oacute;n sanitaria y su cultura s&oacute;lida y amplia, fue, sin duda alguna, las Ordenanzas Sanitarias, que debemos, en gran parte, a su competencia y dedicaci&oacute;n a ese trabajo tan meritorio y &uacute;til. </p>     <p align="justify">Durante algunos a&ntilde;os, Barnet con constancia ejemplar, con ah&iacute;nco y decisi&oacute;n de convencido, dedic&oacute; a ese trabajo los frutos de su talento y la firme resoluci&oacute;n de su esp&iacute;ritu. Revis&oacute; las legislaciones sanitarias extranjeras; consult&oacute;; oy&oacute; opiniones; busco en Bibliotecas y en Archivos cuanto pudiera ilustrar la materia; interes&oacute; y estudi&oacute; con provecho, reglamentos an&aacute;logos y como resultado de ese estudio y paciente investigaci&oacute;n, present&oacute; a la Junta Superior de Sanidad, un Proyecto de Ordenanzas Sanitarias, tan completo y tan acabado, que le vali&oacute; un honroso acuerdo de la Junta y las m&aacute;s sinceras felicitaciones de todos los que hab&iacute;an podido advertir la cantidad y calidad del trabajo realizado por Barnet en la preparaci&oacute;n de esa obra trascendental. </p>     <p align="justify">La Junta conoci&oacute; de ese Proyecto de Ordenanzas. Lo aprob&oacute; en conjunto. Despu&eacute;s, en detalles, al discutirse art&iacute;culo por art&iacute;culo, fueron ilustrando las materias hombres tan eminentes como Finlay, Guiteras, Santos Fern&aacute;ndez, San Mart&iacute;n, Enrique N&uacute;&ntilde;ez, Varela Zequeira, Jos&eacute; A. del Cueto, Ar&oacute;stegui, Jacobsen y dem&aacute;s miembros de ese alto organismo sanitario. Cada uno de estos compa&ntilde;eros, aportaba a la materia que se estudiaba y discut&iacute;a, sus conocimientos, saber y pr&aacute;cticas, y con el concurso de todos, las Ordenanzas Sanitarias resultaron un trabajo por dem&aacute;s perfecto y bien adaptado a nuestro medio y necesidades. </p>     <p align="justify">Otro de los trabajos de Barnet que merece especial menci&oacute;n    por su valor cient&iacute;fico, es la parte principal que tom&oacute; en la    redacci&oacute;n y direcci&oacute;n del “Manual de Pr&aacute;ctica Sanitaria”,    cuya obra fue redactada por los principales m&eacute;dicos sanitarios cubanos.    Ese “Manual”, es un libro de consulta y de gu&iacute;a, para los que se dedican    a cuestiones higi&eacute;nicas. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Barnet era un hombre de noble apostura, de figura agradable y distinguida. Sus modales suaves y correctos, su trato afable y cort&eacute;s, y sus procederes caballerosos y dignos, le valieron grandes simpat&iacute;as y afectos. </p>     <p>Su car&aacute;cter era firme y sostenido. Sab&iacute;a sostener sus opiniones y actuar con energ&iacute;a tranquila, sin violencias ni arrebatos. Era discreto en el hablar y de un trato por dem&aacute;s sugestivo y afectuoso. </p>     <p>Se esforzaba por complacer y resultar grato a sus compa&ntilde;eros y amigos. Era un camarada encantador, que se daba a querer, por la bondad de su coraz&oacute;n. </p>     <p>Tales han sido, a grandes rasgos expuestos, los principales trabajos de Barnet y las manifestaciones m&aacute;s salientes de su vida como m&eacute;dico, literato y sanitario. Puede decirse, que cumpli&oacute; como bueno y que rindi&oacute; brillantes jornadas a su paso por la vida. </p>     <p align="justify"> En el Departamento de Sanidad, tanto en los puestos elevados    de Jefe Ejecutivo del mismo y Secretario de la Junta Superior de Sanidad que    desempe&ntilde;&oacute; de 1902 a 1908; de Jefe de Despacho y Director de Sanidad    y Secretario de la Junta Nacional de Sanidad en breve per&iacute;odo de 1908    y de; de Jefe de Despacho y Director de Sanidad y Secretario de la Junta Nacional    de Sanidad en breve período de 1908 y de Jefe de la Sección de Biblioteca y    Prensa y Jefe de Redacción del Boletín Oficial de la Secretaría hasta el 23    de septiembre de 1916; en todo ese tiempo y en los distintos cargos que le fueron    confiados, Barnet cumplió sus deberes con probidad, honradez, rectitud y austeridad    y dio pruebas de su eficiencia notable y su maravillosa competencia.</p>     <p align="justify">En el desempe&ntilde;o de la plaza para la que hab&iacute;a sido &uacute;ltimamente nombrado, le quedaban libres algunas horas del d&iacute;a, y Barnet, que no sab&iacute;a permanecer ocioso y que sent&iacute;a la necesidad de utilizar las grandes energ&iacute;a de su esp&iacute;ritu y las actividades de su car&aacute;cter, aplic&oacute; el tiempo que ten&iacute;a disponible fuera de las atenciones oficiales, para dedicarse otra vez al ejercicio profesional, emprendiendo de nuevo la vida del m&eacute;dico cl&iacute;nico.      <p align="justify">Durante todo el tiempo que desempe&ntilde;&oacute; la Jefatura Ejecutiva y de Despacho de Sanidad, hab&iacute;a permanecido alejado de la pr&aacute;ctica diaria de la profesi&oacute;n, en la parte que se refiere a la asistencia de los enfermos. No por ello olvid&oacute; sus conocimientos m&eacute;dicos, ni abandon&oacute; el estudio, sino que por las noches, en horas quitadas al sue&ntilde;o, consultaba textos, le&iacute;a revistas m&eacute;dicas, para estar al corriente del progreso incesante de las ciencias m&eacute;dicas y nutrir su esp&iacute;ritu con las conquistas y adelantos de las mismas. </p>     <p>En sus frecuentes viajes al extranjero, atra&iacute;do por sus arraigadas aficiones a los estudios m&eacute;dicos, visitaba los hospitales y cl&iacute;nicas m&aacute;s afamadas, recibiendo ense&ntilde;anzas objetivas y adquiriendo importantes conocimientos. </p>     <p align="justify">Y gracias a ese cultivo constante de su inteligencia y sus desvelos por el estudio, pudo, al comenzar otra vez su vida de m&eacute;dico, actuar de manera eficaz y con los conocimientos y competencia necesaria. Obtuvo y desempe&ntilde;&oacute; con acierto, una plaza de M&eacute;dico de Visita del Departamento de Tuberculosos en la Casa de Salud “ La Ben&eacute;fica ”. Al poco tiempo, debido a sus merecimientos, fue ascendido a la Direcci&oacute;n de ese importante hospital particular. Y all&iacute;, en el cumplimiento de sus deberes profesionales, contrajo la terrible enfermedad que lo llev&oacute; a la tumba. Se infect&oacute; de Tuberculosis y su organismo robusto y sano, fue minado por el bacilo de Koch, que derrumb&oacute; por siempre aquella existencia tan &uacute;til para la patria. </p>     <p>En julio de 1916, ya enfermo, parti&oacute;, en busca de salud y de reposo, para la ciudad de Los &Aacute;ngeles, en California. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Era Barnet un apasionado por los viajes. Esas sus aficiones por la vida intensa, errante y movida del viajero, contrastaban, en verdad, con la aparente quietud y sosiego de su car&aacute;cter. Quien conoc&iacute;a y trataba a Barnet, no pod&iacute;a, de seguro, advertir, que tras esa su calma y reposo, latiese el alma de un “incansable peregrino, ansioso, como dijo el poeta, de cruzar pueblos extra&ntilde;os”. </p>     <p>&iquest;Esa su afici&oacute;n por los viajes, naci&oacute; en su alma por haber tenido en los d&iacute;as de su adolescencia, que abandonar hogar y patria y verse obligado a residir durante toda la &eacute;poca primera de su vida en suelo extra&ntilde;o? </p>     <p>&iquest;Se sent&iacute;a atra&iacute;do a otras tierras y a otros cielos por su esp&iacute;ritu delicado de artista o por sus ansias de investigaci&oacute;n y afanes por abrirse nuevos horizontes? </p>     <p align="justify">“A medida que la humanidad afina, dice G&oacute;mez Carrillo, se aumenta el placer de admirar nuevos y raros paisajes, lo que nos obliga a viajar”. Barnet no era de seguro el viajero filos&oacute;fico, ir&oacute;nicamente descrito por Bourget, que pretende, en la rapidez de una traves&iacute;a o en fugaz estancia en una poblaci&oacute;n, “ver el alma extranjera”, descubrir caracteres, estudiar y descifrar la complicada psicolog&iacute;a de los pueblos. No. El era el viajero artista que se encantaba ante los paisajes y cuyo &aacute;nimo se extasiaba en la contemplaci&oacute;n de las grandes maravillas de la naturaleza. </p>     <p align="justify">Recorri&oacute; en ocasiones distintas, las grandes capitales. Vivi&oacute; durante largo tiempo, en Par&iacute;s, New York y Barcelona. Conoc&iacute;a en todos sus detalles, los encantos y atractivos de la ciudad luz, la radiante, la sugestiva y so&ntilde;ada capital de Francia; la grandeza augusta de la metr&oacute;poli americana y los progresos de la laboriosa ciudad catalana. </p>     <p align="justify">Y, sin embargo, la poblaci&oacute;n que m&aacute;s le seduc&iacute;a, la que mayor y m&aacute;s grande impresi&oacute;n hab&iacute;a causado en su alma, aquella en la que ansiaba residir en los &uacute;ltimos momentos de su vida, era la de Los Angeles en California, cuyos paisajes sorprendentes y belleza natural, se hab&iacute;a grabado en su memoria con los indelebles caracteres del amor. Cada vez que con el alma abierta a las m&aacute;s caras ilusiones visitaba esa linda y coqueta poblaci&oacute;n, pod&iacute;a decir, como el dulce poeta mexicano: </p>     <p>“&iexcl;Yo vengo a esta regi&oacute;n encantadora, </p>     <p>Como la alondra que al espacio sube </p>     <p>En pos del primer rayo de la aurora, </p>     <p>Que nimba de oro la flotante nube!” </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Y ya, en el ocaso de su vida, cuando sinti&oacute; crujir los cimientos de su existencia, cuando apareci&oacute; ante su vista el fantasma pavoroso de la enfermedad y quiz&aacute;s el de la muerte, dirigi&oacute; sus miradas y sus esperanzas, a la preciosa ciudad californiana, como buscando en las guirnaldas de flores que coronan sus casas, &iexcl;el po&eacute;tico sudario que envolviera sus mortales despojos! </p>     <p align="justify">Y all&aacute; dirigi&oacute; sus pasos. En un per&iacute;odo de aparente mejor&iacute;a de su enfermedad traicionera y cruel parti&oacute; de Cuba por vez postrera, para satisfacer las ansias eternas de su coraz&oacute;n: visitar “Los Angeles”, recrear por &uacute;ltima ocasi&oacute;n, sus ojos, en la contemplaci&oacute;n de esa florida ciudad, que le atra&iacute;a con fuerza poderosa. Y Barnet, que como el poeta pod&iacute;a cantar, </p>     <p>“Yo que nac&iacute; en un valle que Dios regaba”, dir&iacute;a a su amada poblaci&oacute;n    de Los Angeles como Juan de Dios Peza en otra ocasi&oacute;n: </p>     <p>“Ya con el alma enferma llegu&eacute; a buscarte </p>     <p>para aliviar mi amarga melancol&iacute;a, </p>     <p>y as&iacute;, cual te so&ntilde;aba, logr&eacute; encontrarte, </p>     <p>con c&aacute;rmenes y vegas de Andaluc&iacute;a”. </p>     <p align="justify">En el recorrido del viaje de Los Angeles a La Habana , el d&iacute;a 23 de septiembre de 1916, falleci&oacute; Barnet en la ciudad de New Orle&aacute;ns, a la edad de 62 a&ntilde;os y despu&eacute;s de 41 de ejercicio profesional. Se extingui&oacute; por siempre, aquella noble existencia, tan provechosa y tan meritoria. Ces&oacute; de latir su coraz&oacute;n generoso, abierto al bien y al amor. Se apagaron, al soplo helado de la muerte, las brillantes luces de su inteligencia, que hab&iacute;a iluminado con sus destellos los caminos de la ciencia y del deber. </p>     <p align="justify">El Gobierno de la Rep&uacute;blica y muy especialmente la Secretar&iacute;a    de Sanidad y Beneficencia, rindieron merecidos honores y tributos de consideraci&oacute;n    y respeto, al cad&aacute;ver del hombre bueno que tanto hab&iacute;a luchado    por la cultura, la libertad y el mejoramiento de la Rep&uacute;blica. A ese    efecto, el Honorable Sr. Presidente de la Rep&uacute;blica dict&oacute; el siguiente    Decreto: </p>     <p align="justify">“Habiendo fallecido en New Orle&aacute;ns, Estados Unidos de Am&eacute;rica, donde se encontraba en el desempe&ntilde;o de una comisi&oacute;n oficial de este Gobierno, el Dr. Enrique B. Barnet y Roque de Escobar, Jefe de la Secci&oacute;n de Biblioteca y Prensa de la Secretar&iacute;a de Sanidad y Beneficencia, y teniendo en cuenta los valiosos servicios por &eacute;l prestados a la causa de la salud p&uacute;blica, y que le corresponde el honor de haber sido uno de los organizadores de la Sanidad cubana y de los mas eficaces y celosos colaboradores en la nacionalizaci&oacute;n de los Servicios Sanitarios de la Rep&uacute;blica , habiendo dedicado con laboriosidad ejemplar los frutos de su talento, de su actividad y de su grande inteligencia al bien y provecho de la patria; a propuesta del Secretario de Justicia, como Presidente de la Rep&uacute;blica, en virtud de las facultades que me conceden la Constituci&oacute;n y las Leyes, </p> <h4>Resuelvo</h4>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>“1&ordm;.- Que todos los gastos que ocasionen los funerales del Dr. Enrique B. Barnet, sean costeados por el Estado, de los cr&eacute;ditos correspondientes. </p>     <p>“2&ordm;.- Que una comisi&oacute;n de empleados de la Secretar&iacute;a de Sanidad y Beneficencia, designada por la misma, se traslade a New Orle&aacute;ns para hacerse cargo del cad&aacute;ver y acompa&ntilde;arlo a La Habana. </p>     <p>“3&ordm;.- Que se exponga el cad&aacute;ver al p&uacute;blico por veinte y cuatro horas, a contar de su llegada a La Habana, en los salones de la Secretar&iacute;a de Sanidad y Beneficencia, tribut&aacute;ndosele por los empleados de la misma los debidos honores. </p>     <p>“4&ordm;.- Que se abonen, con cargo a sobrantes, o por cuenta al Cap&iacute;tulo de Transporte y Dieta a Inspectores, del Presupuesto de la Secretar&iacute;a de Sanidad y Beneficencia, los gastos de viaje y dieta de diez pesos a los se&ntilde;ores comisionados. </p>     <p>“5&ordm;.- Los se&ntilde;ores Secretarios de Justicia y de Hacienda quedan encargados, en la parte que a cada uno concierne, del cumplimiento de lo establecido en el presente Decreto. </p>     <p>“Dado en “Dura&ntilde;ona”, Habana, residencia del Ejecutivo, a los veinte y cinco d&iacute;as del mes de septiembre de mil novecientos diez y seis. </p>     <p>M. G. MENOCAL </p>     <p align="left">Presidente. </p>     <p>C. DE LA GUARDIA </p>     <p>Secretario de Justicia. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">La sociedad cubana, hondamente conmovida con la p&eacute;rdida de ese ciudadano esclarecido, se asoci&oacute; a las manifestaciones de duelo oficial y su entierro, efectuado en esta capital el d&iacute;a 13 de octubre de 1916, revisti&oacute; los caracteres de una imponente y sincera demostraci&oacute;n de general condolencia. </p>     <p align="justify">Y en el pante&oacute;n de esta Academia, en la necr&oacute;polis de Col&oacute;n, descansan por siempre los restos queridos del amigo ejemplar, del m&eacute;dico ilustre que rindiera en el curso de su vida, una jornada &uacute;til a sus semejantes y a la patria. </p>     <p>Vulgarizaci&oacute;n Cient&iacute;fica </p>     <p align="left">Autobiograf&iacute;a de un microbio de tifoidea, dedicada a una    mosca en prueba de gratitud</p>     <p align="justify">Peque&ntilde;o, vivaz y en extremo virulento, soy un microbio de los llamados “anaerobios facultativos”, debiendo ese mi “diploma” y “grado”, al hecho de poder vivir con y sin aire. Y hasta me desarrollo mucho mejor, en contacto con ese elemento. Llevo el apellido de Eberth, por ser el primer sabio que me describi&oacute;. De forma no ando mal. Parezco un peque&ntilde;o bastoncillo, con los extremos redondeados. Me distingo, entre otras cosas, por mi extrema movilidad. </p>     <p align="justify">A mi tama&ntilde;o microsc&oacute;pico, debo la facultad de poder escapar, a simple vista, a la mirada de los hombres, los que para darse cuenta de mi existencia, tienen que recurrir a procedimientos cient&iacute;ficos dif&iacute;ciles y que no est&aacute;n siempre al alcance de todos. Bien es verdad, que por el mal que causo en el organismo humano, pronto se advierte mi presencia en el mismo. </p>     <p align="justify">Nacido para hacer da&ntilde;o, provoco la fiebre tifoidea, y en el colmo de la ingratitud y de la maldad, ocasiono, en muchos casos, la muerte de los individuos que en su organismo me hospedan. Pero hay que convenir, en que esa hospitalidad no me la ofrecen de manera espont&aacute;nea ni generosa, sino bien a su pesar, y de manera involuntaria. Y vaya lo uno por lo otro. </p>     <p align="justify">Mi medio natural de vida, el elemento donde generalmente se me encuentra, es en las excretas de aquellos a quienes ataco. Tambi&eacute;n me gusta la sangre y en ella vivo perfectamente y es f&aacute;cil hallarme en ella, de manera casi constante en los tifoideos. Otras veces me sit&uacute;o en el fondo de las manchas rosadas que se les presentan a esos enfermos, en el curso de su infecci&oacute;n. Por lo general, estoy en las deposiciones de los tifoideos desde el tercer d&iacute;a de la enfermedad. Resido, pues, habitualmente, en un medio poco envidiable, ya que est&aacute; constituido por materias excrementicias, de olores nada gratos y de apariencia poco atractiva. Tambi&eacute;n me encuentro en las orinas de los atacados por m&iacute;, sobre todo, cuando estas contienen alb&uacute;mina. Otras veces, emigro al bazo, v&iacute;scera que con el h&iacute;gado, comparte mis preferencias. Suelo tambi&eacute;n, y en los casos de complicaciones, visitar y alojarme en las am&iacute;gdalas, en la laringe, en los pulmones y hasta algunas veces, en las men&iacute;nges. </p>     <p align="justify">Amo tanto al hombre, que en multitud de ocasiones, y a&uacute;n despu&eacute;s de pasar el estado agudo de la tifoidea y de que el m&eacute;dico se despide de la casa por estar curado cl&iacute;nicamente el enfermo, yo contin&uacute;o residiendo en su organismo, escondi&eacute;ndome bien en la ves&iacute;cula biliar, o bien en los intestinos. En esos casos, no provoco fiebre, ni malestar alguno, por lo que suelo pasar inadvertido. Los m&eacute;dicos, que a fuerza de perseguirme, han descubierto esta propiedad m&iacute;a, llaman a esos individuos que despu&eacute;s de curados de su tifoidea me contienen, “portadores de bacilos”. A veces, los hombres me llevan en su organismo, sin que yo les haya provocado ning&uacute;n mal, ni trastorno f&iacute;sico alguno. Gracias a estos buenos se&ntilde;ores que inconscientemente me llevan y trasportan, y que ni ellos ni los que los rodean se dan cuenta de mi existencia en su organismo, puedo escapar muchas veces al exterior y continuar la tarea mort&iacute;fera y perjudicial que me est&aacute; encomendada, pues mientras el enfermo tiene fiebre y el m&eacute;dico con tono grave proclama que se trata de un caso de tifoidea, se observan por los familiares cuidados higi&eacute;nicos y los sanitarios nos destruyen con los malditos desinfectantes. Pero cuando cesa la fiebre, el enfermo recobra sus fuerzas, vuelve a la salud y sale a la calle y a pesar de ello, yo o alguno de mis hermanos continuamos escondidos en su organismo, entonces se nos presentan grandes oportunidades para diseminarnos, e ir de nuevo a visitar a otros individuos. Con esos “portadores de bacilos”, aparentemente sanos y libre de todo peligro sanitario, no se toman precauciones y nosotros campeamos por nuestro respeto. </p>     <p align="justify">Recuerdo en este momento, entre otras cosas an&aacute;logas, que un compa&ntilde;ero m&iacute;o, es decir, un bacilo de tifoidea, hab&iacute;a provocado esa infecci&oacute;n a un cocinero. Este cur&oacute; de su enfermedad, pero mi compa&ntilde;ero qued&oacute; escondido en la ves&iacute;cula biliar de ese individuo. En todas las casas en que se colocaba el cocinero y prestaba, por tanto, sus servicios, se presentaba un brote de fiebre tifoidea, provocado por mis cong&eacute;neres, que escapaban del intestino del cocinero y por falta de precauciones sanitarias, infectaban a los que resid&iacute;an en la casa. Los m&eacute;dicos del lugar, se volvieron locos tomando distintas precauciones y poniendo en pr&aacute;ctica diversas medidas sanitarias, pero no tuvieron en cuenta hacer investigaciones sobre “portadores de bacilos”. Y el cocinero y su infecci&oacute;n anterior pas&oacute; inadvertida y la tifoidea continuaba siguiendo al cocinero por donde quiera que iba, hasta que un d&iacute;a, un higienista m&aacute;s sagaz que los anteriores, descubri&oacute; el hecho y mis pobres hermanos murieron victimas de las precauciones sanitarias que se adoptaron con el cocinero. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">No ataco a los animales, que generalmente son refractarios a la tifoidea. Sin embargo, los sabios se valen de ellos para exaltar mi virulencia, por medio de inoculaciones y otras pr&aacute;cticas cient&iacute;ficas. </p>     <p align="justify">El fr&iacute;o no me hace da&ntilde;o. Puedo encontrarme en    los helados que se preparen con hielo o con aguas infectadas o que se confeccione    por los temibles “portadores de bacilos”. A veces me alojo en un <em>block </em>de    hielo, donde puedo vivir tranquilamente hasta tres meses. Este &uacute;ltimo    hecho es por lo general ignorado de los hombres, algunos de los cuales creen    err&oacute;neamente, que el fr&iacute;o me destruye, motivo por el cual, no    toman precauciones de ning&uacute;n g&eacute;nero con el hielo, el cual ingieren    directamente, mezcl&aacute;ndolo con el agua o con el vino, pensando, falsamente,    que este art&iacute;culo no contiene microbios. Esa es una pr&aacute;ctica muy    da&ntilde;ina al hombre, pues le provoca numerosas enfermedades. En cambio es    provechosa para nosotros los microbios, pues gracias a tan perniciosa costumbre,    podemos introducirnos en el organismo humano. </p>     <p>Una temperatura de 60 &ordm;C. mantenida por espacio de 20 minutos, me destruye.    Me hace tambi&eacute;n mucho da&ntilde;o la acci&oacute;n directa del sol. Resisto,    en cambio, la desecaci&oacute;n y me es f&aacute;cil vivir hasta dos meses en    arena o tierra seca. </p>     <p align="justify">Me gusta mucho el agua, la que busco por todos los medios a mi alcance, ya que ese es el mejor elemento para mi vida. En ella estoy como el pez, contento y feliz, me desarrollo y multiplico y encuentro grandes y apropiadas ventajas para mi vida y movimiento. El agua constituye el medio del que con preferencia me valgo, para ejecutar mi obra nefasta, o sea propagar la fiebre tifoidea y sembrar, muchas veces, la muerte. Mis enemigos, es decir, los que me persiguen y destruyen cuando vivo en el agua, son el calor y los filtros buenos y bien atendidos. </p>     <p align="justify">El m&eacute;todo m&aacute;s sencillo de destruirme, es hirviendo cuidadosamente el agua que me contiene. Es preciso, para que yo muera, que se mantenga la ebullici&oacute;n por largo rato, y despu&eacute;s, se “cuele” el agua a trav&eacute;s de un algod&oacute;n absorbente esterilizado. No puedo atravesar las “buj&iacute;as” de los buenos filtros, pero pocas son las personas que saben cuidar esos aparatos, que para dar buenos resultados, demandan constante atenci&oacute;n, a fin de que ni yo, ni mis compa&ntilde;eros, podamos vencerlos. </p>     <p align="justify">El p&uacute;blico cree, que basta que el agua pase por las “buj&iacute;as” de un filtro, para que ya nosotros, los microbios, nos ahoguemos en ellas. No hay tal. Cuando no se tiene el cuidado de hervir con frecuencia, una vez por semana a lo menos, las “buj&iacute;as” y de mantenerlas muy limpias y en buenas condiciones, nos resulta f&aacute;cil deslizarnos por ellas, y pasar al agua de consumo. Tambi&eacute;n me burlo de ciertos filtros “impermeables a las bacterias” por los cuales paso como Pedro por su casa. No respeto, ni me disgusta como muchos creen, las aguas llamadas minerales, las que infecto, bien en la propia poceta que las contienen cuando estas no est&aacute;n sanitariamente instaladas, bien al embotellarlas, cuando no se observan las practicas de higiene. </p>     <p align="justify">De aqu&iacute;, que yo le tema m&aacute;s a la practica de hervir el agua, por ser la manera que con mayor facilidad me destruyen, que a los filtros, a los que burlo a veces, y a las aguas minerales de mesa, que suelen contenerme. </p>     <p align="justify">Bastantes personas creen y hasta afirman, que yo soy sucio por oficio y por naturaleza, y que tan solo escojo para vivir, las aguas corrompidas y turbias. Est&aacute;n equivocados de medio a medio los que tal dicen, ya que con bastante frecuencia me encuentro en el agua limpia, de buena apariencia, en esas que enga&ntilde;an a los profanos, ya que a estos no se les ocurre pensar, que en linfa, al parecer cristalina y pura, se encuentre el germen de la infecci&oacute;n y de la muerte, que tanto yo, como mis “dignos” compa&ntilde;eros representamos. </p>     <p align="justify">El agua, la leche, y otros l&iacute;quidos me suelen ofrecer medios de transporte econ&oacute;micos, r&aacute;pidos y seguros. Muchas veces, cansado de viajar por los aires cabalgando en alguna mosca, prefiero, para mi seguridad personal, deslizarme por las v&iacute;as subterr&aacute;neas a trav&eacute;s de los terrenos y entonces utilizo el agua como v&iacute;a de locomoci&oacute;n y como medio silencioso y f&aacute;cil de trasladarme de los pozos negros en que me encuentro, a los pozos de agua, y de estos, al interior del que ingiera el agua infectada. </p>     <p align="justify">Una vez que consigo llegar al intestino del hombre, le causo toda clase de da&ntilde;o y llevo, por medio de mi presencia o de mis excreciones, la infecci&oacute;n a todas partes. En el intestino, lucho de manera desesperada por perforar su cubierta, aunque la experiencia me ha demostrado, que con esa pr&aacute;ctica, me expongo a alcanzar malos resultados, pues roto el intestino, mato, en el acto, al enfermo y puedo f&aacute;cilmente ser llevado, con mi victima, a la fosa y all&iacute; morir, bien por la cal, o por el formol que al cad&aacute;ver le echan. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Ya en distintas ocasiones, he estado a punto de perecer en esa forma, perseguido por los crueles desinfectantes y por los m&eacute;dicos, que con sus precauciones higi&eacute;nicas tanto perjuicio me hacen. Pero el descuido de muchos, que no se ocupan de recoger y de quemar o desinfectar las ropas de los fallecidos por tifoidea; que no cuidan de tapar herm&eacute;ticamente las cajas que contiene los cad&aacute;veres de los individuos muertos por esa infecci&oacute;n; que celebran “velorios” y reuniones en los propios departamentos en que se encuentran tendidos los cad&aacute;veres; que besan a estos, hacen que yo pueda escapar de esos trances dif&iacute;ciles infectando a otras personas. El medio de que me valido para librarme de la muerte en esos casos y volver al interior de otro hombre, ha sido el viajar en las patas de las moscas que llegan a las ropas de esos cad&aacute;veres que en ellos se posan, y que me recogen y trasportan a otros lugares. </p>     <p align="justify">Algunas veces soy expulsado del intestino del hombre por los diversos medicamentos y por los recursos que &eacute;ste emplea para su defensa. Cuando, por ejemplo, me toca, por desgracia para m&iacute;, provocar la enfermedad en un hombre fuerte, vigoroso, que observa fielmente los consejos del m&eacute;dico, soy pronto vencido y expulsado al exterior. Entonces me veo obligado, durante alg&uacute;n tiempo, a residir en el fondo de alg&uacute;n pozo negro o de alguna alcantarilla. Esos lugares, por lo sucios, mal olientes e inc&oacute;modos, me molestan, por cuyo motivo, y aprovechando el descuido o la ignorancia de los hombres, me apresuro a volver de nuevo al intestino de cualquier desgraciado. Para ello me valgo de diversos recursos y sigo distintos caminos. Unas veces, y al advertir que cerca del pozo negro en que me encuentro hay un pozo de agua, trato de establecer, por la v&iacute;a sub- terr&aacute;nea a que antes me refer&iacute;a, la comunicaci&oacute;n entre los dos pozos, o sea entre el “oscuro” que contiene materias fecales y el “claro” en que el agua se encuentra. Ese trabajo de comunicaci&oacute;n me resulta f&aacute;cil, cuando ambos pozos se han construido con olvido de la higiene y de sus reglas, esto es, en los casos en que no han cementado ni las paredes ni el fondo del pozo negro. Y gracias a esa negligencia y a esos olvidos de los mandatos sanitarios en que incurren los hombres casi constantemente, podemos vivir y reproducirnos y hacer da&ntilde;o, los seres infinitamente peque&ntilde;os. </p>     <p align="justify">Otro camino que tambi&eacute;n he seguido en muchas ocasiones, para escapar del pozo negro en que me encierran, ha sido el aprovechar los momentos, bastantes frecuentes por cierto, en que los inquilinos de las casas dejan al descubierto la entrada de esa fosa. Para escaparme en estos casos, me valgo de las moscas, que constituyen nuestro veh&iacute;culo favorito y las que se reproducen y viven tambi&eacute;n en el interior de esos excusados. Claro est&aacute;, que ellas, en atenci&oacute;n a que somos compa&ntilde;eros de casa y de infortunio, se ven obligadas a servirme y a llevarme al sitio que deseo. </p>     <p align="justify">Con frecuencia me ha ocurrido, el que yo me encontrase muy contento en el intestino de “mi enfermo”; pero de pronto, ha venido un movimiento intestinal y con una gran cantidad de serosidad, he sido expulsado al exterior. Las excretas que me conten&iacute;an han manchado las s&aacute;banas y las ropas de la cama del enfermo. En ese medio artificial la vida se me hac&iacute;a algo dif&iacute;cil. Pero en tales trances no falta alguien que con su descuido nos ayude. Esas s&aacute;banas manchadas con las excretas del enfermo e infectadas por m&iacute;, eran arrojadas, sin cuidado higi&eacute;nico, a los patios, corredores, pasillos, o a los mismos cuartos de la casa. En el acto, viene a nuestro llamamiento una mosca, la que siguiendo su costumbre, me saca de penas llev&aacute;ndome con ella a otros lugares mas propios y en mejores condiciones para la vida. </p>     <p align="justify">Un recurso f&aacute;cil para m&iacute; y del que a menudo me valgo para diseminarme, lo constituyen las manos de los enfermos y aun la de los sanos, cuando estas &uacute;ltimas se ponen en contacto con las ropas y substancias infectadas y no se desinfectan, o por lo menos, no se lavan con cuidado. </p>     <p align="justify">Si en cada lugar, que “excusado” es el nombrarlo, hubiera un lavabo de agua corriente y todo el que all&iacute; fuera a satisfacer una <em>necesidad corporal</em>, se lavara las manos, al terminar “la operaci&oacute;n”, con mucha agua y buen jab&oacute;n, muchos de nosotros morir&iacute;amos y no podr&iacute;amos hacer da&ntilde;o. Pero en vez de observar esa sana y limpia costumbre, es frecuente que los hombres se lleven descuidadamente las manos al bigote, para atus&aacute;rselo, o con ellas no muy limpias, manipulen los art&iacute;culos de comer o las extiendan a sus amigos para estrech&aacute;rselas <em>afectuosamente </em>, dej&aacute;ndoles, en prueba de amistad, microbios y suciedades. &iexcl;Vaya si resulta excelente para nosotros los g&eacute;rmenes de las enfermedades, esa fea costumbre de darse las manos! </p>     <p align="justify">Recuerdo una ocasi&oacute;n, en que estuve en lance bastante apurado. Fui expulsado al exterior, en un momento muy dif&iacute;cil. La mancha de excreta donde me encontraba, era peque&ntilde;a, en lo &iacute;ntimo de un bordado, de blanca s&aacute;bana. La familia me arroj&oacute; a un cesto de ropa sucia. Al cabo de dos d&iacute;as de penas fui sacado del mismo, por mi eterna compa&ntilde;era y protectora: la mosca. Por cierto, que ese viaje fue movido y curioso. La mosca que me llevaba en sus patas, ya no pod&iacute;a contener el n&uacute;mero extraordinarios de “viajeros” (l&eacute;ase microbios) que ten&iacute;a sobre s&iacute;. A muy cerca de seis millones llegaba el n&uacute;mero de g&eacute;rmenes que transportaba en sus patas, alas y trompas. Me toc&oacute; viajar en una pata. La mosca iba algo molesta con tantos pasajeros. Me dediqu&eacute;, para distraerme, en examinar a mis compa&ntilde;eros de traves&iacute;a. Entre ellos salud&eacute; a dos hermanos m&iacute;os, que tambi&eacute;n hab&iacute;an escapado de intestinos atacados por tifoidea. Hab&iacute;a un n&uacute;mero considerable de microbios de tuberculosis y muchos m&aacute;s de distintas formas de infecciones intestinales. Materialmente no cab&iacute;amos, y la mosca, aunque orgullosa y contenta de su carga, procuraba, sin embargo, aligerarla a cada momento. Unas veces, al posarse en un mel&oacute;n “calado” que ten&iacute;an en la cantina de un caf&eacute;, dejaba sobre &eacute;l un n&uacute;mero grande de mis compa&ntilde;eros. Recuerdo que en uno de esos sitios, dej&oacute; varios microbios de tuberculosis y uno de tifoidea. M&aacute;s tarde, esa mosca se pos&oacute; en un mamey muy hermoso que estaba en una fruter&iacute;a y que le ten&iacute;an tambi&eacute;n calado. Pens&eacute; quedarme en esa fruta pero intrigado por conocer la suerte de mis compa&ntilde;eros, continu&eacute; el viaje para observar el paso de nuestro “aeroplano” a trav&eacute;s de la ciudad. La mosca dej&oacute; en ese mamey, numerosos microbios de infecciones intestinales y creo que seis de tuberculosis. Segu&iacute;, pues, mi viaje en la mosca, y pude apreciar como &eacute;sta iba pos&aacute;ndose y dejando su carga y sus pasajeros en los dulces, en el queso, en el pan y otros art&iacute;culos que estaban expuestos al p&uacute;blico en vitrinas mal cerradas y en otras en las que no se hab&iacute;a tomado ninguna precauci&oacute;n para defenderlo de los insectos. </p>     <p align="justify">Los accidentes del viaje me distra&iacute;an, pero en eso la mosca se pos&oacute; en un biber&oacute;n y en una taza destinada a un pobre ni&ntilde;o, dejando all&iacute; miles de microbios, que llenaron mi alma de espanto, el pensar el da&ntilde;o que iban a hacerle a esa tierna criatura. </p>     <p align="justify">A pesar del empe&ntilde;o decidido que la mosca ten&iacute;a en soltar su carga, no por ello se desocupaba, pues a medida que iba dejando en los puntos antes indicados numerosos microbios, se ve&iacute;a tambi&eacute;n obligada a tomar nuevos “pasajeros”, los que recog&iacute;a, bien de las escupideras, donde casi siempre est&aacute;n penando los microbios de la tuberculosis, bien de los orinales y de los pa&ntilde;ales, donde suelen encontrarse los microbios de las infecciones intestinales. Cansado ya de mi largo y penoso viaje y de ver renovar constantemente el “pasaje” de la mosca y molesta &eacute;sta, adem&aacute;s, con mi presencia en su cuerpo, me arroj&oacute; en unas verduras que hab&iacute;a en el mercado y que realmente me ofrec&iacute;an un asilo c&oacute;modo, fresco y agradable. Me toc&oacute; una lechuga muy hermosa, que ten&iacute;a algunas gotas de agua que calmaron mi sed y me ofrecieron un medio muy propio para mi desarrollo y existencia. Me asalt&oacute;, de pronto, un temor, pues yo hab&iacute;a o&iacute;do decir, que los m&eacute;dicos recomendaban que antes de ingerirse las verduras, se lavaran cuidadosamente con agua corriente y ten&iacute;a el natural sobresalto, de que quien comprara esa lechuga, fuera a seguir tales precauciones de higiene. Pero afortunadamente, me toc&oacute; la suerte, uno de esos hombres, que consideran las reglas de la higiene como “bober&iacute;as” y en medio de una copiosa comida, ingiri&oacute; la lechuga en que yo me encontraba. Bien pronto pag&oacute; ese individuo con creces, su falta de fe en los preceptos de la higiene, pues le provoque una tifoidea tan grave, que por nada le cuesta la vida. </p>     <p align="justify">“Mi enfermo”, fue a pasar su tifoidea a un Hospital y como quiera que en esos establecimientos se observan cuidadosamente las leyes sanitarias, se desinfectan con rigor las ropas usadas por los enfermos, as&iacute; como las excretas de estos, se evita por todos los medios posibles la existencia de moscas y se emplean con abundancia los desinfectantes, yo estuve, durante largo tiempo, evitando salir al exterior, pues a diario sab&iacute;a que mis “compa&ntilde;eros” que se aventuraron a salir de paseo en las excretas, mor&iacute;an r&aacute;pidamente, bajo la acci&oacute;n del formol y de otros medicamentos que se emplean para destruirnos. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Un d&iacute;a se present&oacute; a visitar al “caso” en que    yo me encontraba un m&eacute;dico que o&iacute; decir prestaba sus servicios    en el Laboratorio. Tom&oacute; sangre del enfermo, me toc&oacute; salir con    la misma y m&aacute;s tarde me vi aprisionado en lo que llaman los se&ntilde;ores    profesionales, una “Muestra de Laboratorio”. No estaba muy mal, pues era en    “gota colgante”, es decir, que me encontraba en el agua, rodeado de algunos    millones de “hermanos”. Y cuando m&aacute;s contentos nos hall&aacute;bamos    refiri&eacute;ndonos unos a los otros nuestras penas y fatigas, fuimos sacrificados    en el Laboratorio para destinarnos a la preparaci&oacute;n de una “Vacuna”,    contra la “Fiebre Tifoidea”. </p>     <p align="justify">Y al entra en el camino del bien, he querido escribir estas    ligeras notas de mi vida, para ense&ntilde;anza de la humanidad y ofrecerle,    aun a riesgo de la muerte segura de mis compa&ntilde;eros, los medios m&aacute;s    apropiados para librarse de nosotros. </p>     <p><span class="superscript"><a href="#asterisco1"><b>1</b></a></span><a href="#asterisco">Discurso    le&iacute;do en la secci&oacute;n solemne celebrada por la Junta Nacional de    Sanidad para descubrir los retratos de los Sres. Charles E. Magoon, J. R. Kean    y Carlos J. Finlay el d&iacute;a 7 de marzo de 1908.</a><a name="titulo"></a>    <br>   <span class="superscript"><a href="#asterisco2"><b>2</b></a></span><a href="#asterisco3">Cr&oacute;nica    M&eacute;dico-Quir&uacute;rgica de La Habana. La Habana. 1910;36 (10):221- 230.        <br>   <span class="superscript"><strong>3</strong></span>Rev Finlay. La Habana 1929;1(4-5-6):41-42.</a><a name="titulo"></a><span class="superscript"><a href="#asterisco4">    <br>   <b>4</b></a></span><a href="#asterisco4">Discurso de recepci&oacute;n como acad&eacute;mico    de n&uacute;mero de la Academia de Ciencias M&eacute;dicas, F&iacute;sicas y    Naturales de La Habana. Anal. Acad. Cien. M&eacute;d. F&iacute;s. Nat. Habana.    La Habana. 1918;55:145-196.</a><a name="titulo"></a>     <br>   <span class="superscript"><a href="#asterisco5"><b>5</b></a></span><a href="#asterisco5">Hospital    Universitario “General Calixto Garc&iacute;a”, 17 de mayo de 1921. Bol. Secret.    Sanid. Benef. La Habana 1921;26 (2):160-167.</a><a name="titulo"></a>    <br> </p>      ]]></body>
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