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</front><body><![CDATA[ <p align="center" class="Estilo1">Ap&eacute;ndices </p>     <p align="center" class="Estilo2">Ap&eacute;ndice I </p>     <p align="center" class="Estilo3"><a href="#asterisco" class="Estilo4">Hogar de Maternidad. “Casa Bonita”     <br>   Centro piloto para atenci&oacute;n pre-materna en Camag&uuml;ey*</a><a name="llamada"></a></p>     <p align="center">Por </p>     <p align="center">Jos&eacute; Gil de Lamadrid </p>     <p>De la necesidad surgi&oacute; la instituci&oacute;n. Frecuente era el caso de mujeres llegadas al Hospital de Camag&uuml;ey en supuesta urgencia de alumbramiento y d&iacute;as tras d&iacute;as transcurr&iacute;an antes de suceder el parto. El Hospital ve&iacute;ase obligado a albergarlas, en ocasiones hasta dos o tres meses, ya que no pod&iacute;a aceptarse la conveniencia de regresar a la madre eventual a un hogar remoto en la provincia o a un sitio relativamente lejos de un centro obst&eacute;trico. </p>     <p>Vista la necesidad, surgi&oacute; la instituci&oacute;n. Y el Ministerio de Salud P&uacute;blica, decidi&oacute; crear un Centro Piloto para Hogares de Maternidad, cuya funci&oacute;n ser&iacute;a alojar, orientar y atender a las futuras madres en trance de dar a luz en Camag&uuml;ey. </p>     <p>Extensa es la provincia. Eficaz la labor de la Delegaci&oacute;n del Ministerio de Salud P&uacute;blica. Abundan los hospitales. Pero imposible es impedir que todo ser humano en urgente necesidad de recibir atenci&oacute;n m&eacute;dica no prefiera lo mejor. Y el hospital de capital de provincia siempre goza de mayor prestigio. </p>     <p>A &eacute;l afluyen desde remotos sitios de la provincia mujeres pr&oacute;ximas a ser madres, y ya por la raz&oacute;n explicada de confundir s&iacute;ntomas de parto, o ya por sentirse cerca del sitio escogido para el alumbramiento, desde semanas antes del supuesto momento del parto, a Camag&uuml;ey van llegando. Y en “Casa Bonita” son recibidas. </p> <h4><strong>“Casa Bonita” </strong></h4>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Es “Casa Bonita”, como su nombre indica, una linda y moderna mansi&oacute;n residencial en las afueras de Camag&uuml;ey. En el pasado capitalista fue residencia de uno de aquellos senadores de infausta recordaci&oacute;n. La Revoluci&oacute;n originalmente hizo de ella un c&iacute;rculo infantil y el mismo llev&oacute; el nombre de “Casa Bonita”. </p>     <p>Surgi&oacute; la necesidad y la Revoluci&oacute;n la transform&oacute; en novel Centro de Maternidad para “madres en espera”. Y carg&oacute; con la dulzura, la poes&iacute;a, y el nombre de la anterior instituci&oacute;n: “Casa Bonita”: ayer, jard&iacute;n de capullos en flor, hoy semillas de un esperado rosal infantil, a&uacute;n en el dulce vientre materno… </p> <h4><strong>“Mujeres en estado” </strong></h4>     <p>Un promedio de veinte a veinticinco mujeres viven constantemente en ella. Los rostros cambian. Se van unos, vienen otros. Pero las mismas escenas y los mismos di&aacute;logos se repiten: alegr&iacute;a, serenidad, orgullo de maternidad, charlas sobre id&eacute;nticos s&iacute;ntomas, planes, proyectos, estudios, canciones, felicidad. </p>     <p>De Esmeralda, de Florida, de Mor&oacute;n y hasta de la remota Punta Alegre, las mujeres van llegando. J&oacute;venes, confiadas, en busca del facultativo que le ayudara en su funci&oacute;n natural de alumbrar un nuevo ser humano. Y en “Casa Bonita”, la expectante madre cubana, halla el cuidado, el aliciente, la alimentaci&oacute;n, la educaci&oacute;n sobre profilaxis, higiene y salud infantil que va buscando. </p>     <p>Son mujeres en estado de gestaci&oacute;n, que en adici&oacute;n a la atenci&oacute;n cient&iacute;fica y humana que les brinda un eficiente y simp&aacute;tico personal, que incluye dos comadronas –en permanente turno de doce horas diarias cada una de ellas&ndash; reciben rica y balanceada alimentaci&oacute;n abundante en leche, huevos, carnes, legumbres y pescado. Clases y practicas de higiene personal, incluyendo modernos m&eacute;todos de ba&ntilde;ar a los ni&ntilde;os, aceitarlos, etc., reciben. Charlas orientadoras que incluyen temas de necesario contenido social as&iacute; como el necesario t&oacute;pico de elemental psicolog&iacute;a infantil. </p> <h4><strong>Vida en sociedad </strong></h4>     <p><strong> </strong>Notable es el comentario un&aacute;nime por su uniformidad. Sobre todo en las primerizas. Todas coinciden en lo conveniente, que para destruir supersticiones y temores inconfesados, la vida en com&uacute;n de veinte a veinticinco mujeres con los mismos dolores, las mismas preocupaciones y las mismas perspectivas, resulta. Unas se consultan con las otras, se complacen, y ante dudas surgidas en com&uacute;n, a la comadrona recurren. Su vasta experiencia destruye las telara&ntilde;as de temores infundados y ayuda al grupo en la creaci&oacute;n de un ambiente optimista y confiado, tan conveniente en el posible trauma psicol&oacute;gico que experimenta la mujer al convertirse en madre. </p>     <p>A las siete de la ma&ntilde;ana se levantan, despu&eacute;s de un sue&ntilde;o c&oacute;modo y protegido en los amplios dormitorios de “Casa Bonita”. Aseo y desayuno alrededor de las ocho; pr&aacute;cticas de gimnasia para el parto sin dolor; lectura colectiva y redacci&oacute;n de cartas a sus familiares. A las diez, clases sobre el cuidado del ni&ntilde;o; paseo por los lindos jardines de “Casa Bonita” como pre- almuerzo. Almuerzo temprano y abundante. Siesta a la una. Y nueva reuni&oacute;n de lo que pudi&eacute;ramos llamar “colectivo de futuras madres” en la tarde. &iexcl;Ah!, y no les falta la televisi&oacute;n, que brillante atrae como luz a las mariposillas en horas de la noche. </p> <h4><strong>Atenci&oacute;n m&eacute;dica </strong></h4>     <p><strong> </strong>Visitamos “Casa Bonita” junto al doctor <em>Francisco Rojas Ochoa</em>, delegado del Ministerio de Salud P&uacute;blica en Camag&uuml;ey. Las “pr&oacute;ximas madres” descansaban en el t&iacute;pico jard&iacute;n camag&uuml;eyano, ornando con su presencia a los bellos e inevitables tinajones. Conversamos con ellas. Y un manojo de tiernos nombrecitos infantiles salpicaron la conversaci&oacute;n. Las futuras madres repasaban n&oacute;minas para sus reto&ntilde;os: Yuris, Fidelitos, Valentinas y Vilmas, menudeaban. Casi todas ellas prefer&iacute;an varones. Como quien intuye la necesidad de ellos para los tiempos por venir. </p>     <p>Tambi&eacute;n hablaron con entusiasmo de la atenci&oacute;n m&eacute;dica recibida. Y con tranquilidad. La experiencia les iba diciendo que tan pronto alguna de sus compa&ntilde;eras experimentaba s&iacute;ntomas de parto, solo minutos transcurr&iacute;an en llegar la ambulancia. </p>     <p>Nos explic&oacute; el doctor <em>Rojas Ochoa</em>, que la comadrona las examina peri&oacute;dicamente y que ante cualquier s&iacute;ntoma o anuncio de parto se llamaba la ambulancia, que habr&iacute;a de llevarlas al cercano hospital. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#llamada">*Revista Bohemia. 1964, mayo 22; 56 (21). </a><a name="asterisco"></a></p>      ]]></body>
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