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</front><body><![CDATA[ <p align="right"><b><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">TRABAJO    ESPECIAL</font></b></p>     <p align="right">&nbsp; </p>     <P><font size="4" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Luis D&iacute;az    Soto: ejemplo de cient&iacute;ficos revolucionarios</b></font>      <P>&nbsp;     <P><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="3"><b>Luis D&iacute;az    Soto: an example of revolutionary scientists </b></font>     <P>&nbsp;     <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><b>Juan Marinello    </b> </font>     <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Publicado en el    folleto Semblanza de Luis D&iacute;az Soto. Impreso por la Secci&oacute;n de    Servicios M&eacute;dicos de la Direcci&oacute;n de Servicios del MINFAR en el    a&ntilde;o 1964 en la f&aacute;brica 205-00 Osvaldo S&aacute;nchez del Combinado    de Artes Gr&aacute;ficas. </font> <hr size="1" noshade>     <P>&nbsp;     <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Recordar a <I>Luis    D&iacute;az Soto</I> es un deber revolucionario no exento de amargura. Su sobria    ejemplaridad quedar&aacute; unida para siempre al acabamiento prematuro, al    final inoportuno. Su obra ser&aacute; para nosotros como una familiar sinfon&iacute;a    inconclusa. </font>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Seis semanas antes    de vencer la gran revoluci&oacute;n encabezada por <I>Fidel Castro</I> perdimos    al hombre de ciencia y conciencia. Cuando iba a cuajar un movimiento libertador    de entra&ntilde;a hist&oacute;rica que expresaba la creencia y la voluntad de    <I>D&iacute;az Soto</I>, nos faltaron su abnegaci&oacute;n ilimitada, sus insuperadas    dotes de meditador y organizador en la parcela propia, su ajustado entendimiento    de la realidad y del sue&ntilde;o, su sabidur&iacute;a de los libros, de los    hombres y de la vida. Quien le conoci&oacute; todas las dotes y virtudes sabe    la dram&aacute;tica frustraci&oacute;n que fue su muerte. Quedar&aacute; para    nuestro recuerdo como un &iacute;mpetu ansioso y penetrante, como un gesto radical,    empe&ntilde;ado en vencer las resistencias oscuras que su pueblo ha derrotado    para siempre. </font>     <P>&nbsp;     <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><B><font size="3">EL    HOMBRE</font></B> </font>      <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El caso personal    de <I>Luis D&iacute;az Soto</I> es una confirmaci&oacute;n m&aacute;s de la    verdad del marxismo-leninismo como impulso conductor hacia la convivencia justa    y creadora. No fue, como ha se&ntilde;alado <I>Sergio Aguirre</I>, un dirigente    pol&iacute;tico, un hombre de masas; lo que no le estorb&oacute; ser un espejo    de revolucionarios. El hecho proclama el burdo error de los que sostienen que    la voluntad transformadora -revolucionaria- es cosa privativa de gentes volcadas    en la agitaci&oacute;n fervorosa. Tal aserto es hijo de la m&aacute;s barata    concepci&oacute;n individualista. Los cambios sociales, expresiones del desarrollo    inevitable de las relaciones de producci&oacute;n, atraen a su &oacute;rbita    las conciencias honestas, por encima de matices personales; sin que ello niegue    que la clase dirigente de la revoluci&oacute;n, el proletariado, sienta de modo    m&aacute;s intenso y general el llamado a la lucha. </font>     <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Temperamento contrario,    ant&iacute;tesis del de <I>D&iacute;az Soto</I>, fue el de su compa&ntilde;ero    entra&ntilde;able <I>Luis &Aacute;lvarez Tab&iacute;o</I>. Los dos <I>Luises</I>    se untan por el fuerte v&iacute;nculo del contraste violento. Identificados    en ideolog&iacute;a y criterios esenciales, no pod&iacute;an darse hombres de    m&aacute;s distinta estampa. Hasta en lo f&iacute;sico aparec&iacute;an contrapuestos.    <I>&Aacute;lvarez Tab&iacute;o</I>, la sanidad sonriente, la apostura impetuosa,    la gracia traviesa y desbordada. <I>D&iacute;az Soto</I>, la mesura meditabunda,    la serenidad melanc&oacute;lica, la bu&iacute;da espectaci&oacute;n, el entusiasmo    soterrado. Los dos <I>Luises</I> trabajaban sin fatiga por el mundo liberado,    sin opresores ni oprimidos, que estaba en su creencia y militancia. Ni la risa    abierta ni la sonrisa responsable estuvieron presentes el gran d&iacute;a de    la victoria. Tampoco <I>Luis Alvarez Tab&iacute;o</I>, naturaleza cordial y    solidaria, pudo poner la planta en la tierra prometida. </font>     <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">No naci&oacute;    <I>D&iacute;az Soto</I> en hogar proletario, y su oportunidad de cultura y adiestramiento    profesional apuntaba, dentro de reglas normales, a una fructuosa ubicaci&oacute;n    en las filas de la burgues&iacute;a nacional. Pudo distraerse en lo cercano    y ser un m&eacute;dico amable, sabio y pr&oacute;spero. Su honradez cenital    -manifestada tantas veces en el comentario directo, tajante y aun desapacible-,    lo condujo al examen desnudo y perspicaz de la realidad que lo cercaba. Convencido    desde muy joven de que s&oacute;lo la lucha y la victoria de la clase obrera    podr&iacute;an transformar un mundo anarquizado y cruel, se dio, sin regateo    ni recelo, a la acci&oacute;n dirigida por el Partido de los comunistas cubanos.    Hasta su muerte form&oacute; en sus filas, honrando su militancia. Como el hombre    es la resultante de su medio y temperamento -no el famoso &#171;junco pensante&#187;,    pero s&iacute; el &#171;junco actuante&#187;- <I>D&iacute;az Soto</I> fue, sin    merma de su lealtad a la causa embrazada con la conciencia y el coraz&oacute;n,    una personalidad distinta y contrastada, un individuo se&ntilde;alado por caracter&iacute;sticas    infrecuentes, una voz peculiar y encarnizada en el coro de sus mejores contempor&aacute;neos.    No se le o&iacute;a como primera figura, pero su entonaci&oacute;n exaltaba-    el conjunto, al ser fiel a su intimidad trascendente. </font>      <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Est&aacute; claro,    por lo que llevamos escrito, que no fue <I>D&iacute;az Soto</I> lo que se llama,    con mucho de verdad, un cubano t&iacute;pico. Nadie, al verle la figura escueta    y afilada, el adem&aacute;n comedido, lo rubio del cabello y el azul de los    ojos, pensaba en un producto habitual del medio isle&ntilde;o. Vivi&oacute;    como envuelto en un &aacute;mbito de tensa contenci&oacute;n, de espaldas al    gesto y al espect&aacute;culo. No fue c&aacute;lido sino f&eacute;rvido. Como    hombre en que se cruzaban la responsabilidad y el apasionamiento (la mejor responsabilidad    y el mejor apasionamiento), no dej&oacute; de decir lo que su limpia vigilancia    le mandaba; pero lo dijo sin acritud ni zalamer&iacute;a, con la palabra tersa,    convincente y l&uacute;cida. No le vimos adelantar juicio sin buena maduraci&oacute;n,    ni callar lo que deb&iacute;a decir a tiempo. Posey&oacute; en gran medida la    virtud cuban&iacute;sima de la inteligente iron&iacute;a, siempre vestida de    peculiar elegancia. Parec&iacute;a estar de vuelta de todos los caminos, y hasta    un poco cansado del trayecto; en verdad, gozaba el camino con experiencia e    ilusi&oacute;n, con historia y sorpresa. Conoc&iacute;a muchas cosas, y las    entend&iacute;a todas. Fue un hombre simple, opuesto a la simpleza; grave, contra    la gravedad, distinto sin propon&eacute;rselo. </font>     <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Si se nos forzase    a destacar la virtud capital del gran compa&ntilde;ero, dir&iacute;amos que    estaba en su dominante sentido de responsabilidad, encauzado siempre hacia el    hacer ben&eacute;fico a que lo llamaba su creencia pol&iacute;tica. Por ello,    no fue distinta su postura ante la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica que    ante la organizaci&oacute;n hospitalaria o la tarea del militar revolucionario.    Quien hab&iacute;a calado en su ser primordial esperaba, adivinaba, su reacci&oacute;n    ante personas y acontecimientos. En toda ocasi&oacute;n, el entusiasmo por dentro    y la serenidad por fuera; siempre, la meditaci&oacute;n dilatada volcada en    el quehacer inmediato. Como todo lo encaminaba a una finalidad definida y amada,    hacia ella orientaba sus finas antenas sensibles, y lo sorprendente estaba en    aquel dominio de datos y antecedentes a punto, enfilando la meta de cada d&iacute;a.    </font>     <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Dej&oacute; <I>Luis    D&iacute;az Soto</I> en los que fuimos sus compa&ntilde;eros las huellas de    un magisterio involuntario, de una funci&oacute;n natural y penetrante como    la de esa lluvia que, sin ruido ni rel&aacute;mpagos, cala muy hondo en la tierra    sedienta. Como sab&iacute;amos que no usaba palabra ociosa ni sentencia sin    punter&iacute;a, &eacute;ramos avaros de su opini&oacute;n y comentario. Como    dice <I>Luis</I>... repet&iacute;amos al otro d&iacute;a del di&aacute;logo...    Para ejercer esta condici&oacute;n guiadora, hab&iacute;a hecho en todos la    conciencia de que, atento a lo grande' y a lo menudo, no le soltaba el freno    a la buena malicia criolla, ni pon&iacute;a el ojo en el &aacute;rbol para dejar    de ver el bosque. Contra el intento de la captaci&oacute;n enga&ntilde;osa,    alzaba murallas de raciocinio y, al fin, le sal&iacute;a la certidumbre redonda    y plena. </font>     <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Como el entusiasmo    le nac&iacute;a del convencimiento, la advertencia luc&iacute;a una claridad    exacta, en su poder activo. </font>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Fue obligado que    &aacute;rbol de tan profunda ra&iacute;z diese frutos de calidad duradera, aunque    inadvertidos para el gran n&uacute;mero. El filo de sus excelencias determin&oacute;    sus limitaciones. Si lo mejor de su tiempo lo dio a la meditaci&oacute;n solitaria    y el di&aacute;logo eficaz; si su gran menester fue el de organizar, con rigor    y vuelo, lo que ca&iacute;a en su campo, no hab&iacute;a de gozar del conocimiento    amplio y la devoci6n dilatada. Inspir&oacute; respeto y adhesi&oacute;n en los    que tuvieron oportunidad de o&iacute;rles el criterio y el consejo; y en sus    compa&ntilde;eros de profesi6n, sobre los que tuvo la influencia de un hermano    mayor sol&iacute;cito, alerta y comprensivo. </font>     <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Las personalidades    como la de <I>D&iacute;az Soto</I> se extienden y completan en la obra de sus    colaboradores cercanos. Son, en lo primordial, formadores de cuadros. La sustancia    de sus predicciones y advertencias tarda en manifestarse a la luz de todos;    pero no se pierde, ni se disuelve al producirse. Por ello, m&aacute;s que en    otros casos, en el del gran militante de la medicina revolucionaria, se hace    obligado que, al saludar la realizaci&oacute;n certera en su campo, se sepa    de d&oacute;nde viene el impulso originario. </font>     <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En mucho de lo    que hace hoy nuestra revoluci6n socialista por la salud del pueblo est&aacute;n    la se&ntilde;al y la norma de <I>Luis D&iacute;az Soto</I>. No lo saben muchos;    pero ma&ntilde;ana, en la medida en que se esclarezca su tarea orientadora y    su desvelo precursor, se ir&aacute; destacando, sobre las brumas de un per&iacute;odo    dif&iacute;cil y heroico de nuestra historia, el perfil de un luchador sin fatiga,    que no esper&oacute; recompensa ni premio, que lo puso todo en la espera laboriosa    de un mundo que no iba a contemplar. </font>     <P>&nbsp;     <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><B><font size="3">EL    M&Eacute;DICO REVOLUCIONARIO</font></B> </font>      <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Compa&ntilde;eros    devotos de <I>D&iacute;az Soto</I> y honra de su profesi6n -<I>Federico Sotolongo</I>,    <I>Jos&eacute; L&oacute;pez S&aacute;nchez, Carlos Font</I>-, han dicho cu&aacute;nto    fue su saber y su empe&ntilde;o por hacer de la ciencia m&eacute;dica un poderoso    instrumento al servicio del hombre. Sin la cultura espec&iacute;fica para hacer    juicio, debe debemos aludir, en muy breves l&iacute;neas, a este costado primordial    del ejemplar militante cient&iacute;fico. </font>     <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">No se rebajan merecimientos    de otros al afirmar que fue <I>D&iacute;az Soto</I>, en su tiempo, el m&aacute;s    esclarecido orientador de un servicio asistencial de nuevo tipo y que su creaci&oacute;n    en este prop&oacute;sito es el antecedente mejor de lo que hoy se realiza. Ten&iacute;a,    para serio, un bagaje de excepci6n. Lo primero, una ancha cultura cient&iacute;fica,    muy comunicada con lecturas del m&aacute;s vario car&aacute;cter. No fue para    &eacute;l la medicina, como para tantos h&aacute;biles curadores, un adiestramiento    pragm&aacute;tico, un conjunto de reglas aplicadas al caso en examen; sin que    cayese fuera de su &oacute;rbita la atenci&oacute;n a las t&eacute;cnicas m&aacute;s    nuevas y eficaces. </font>     <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Cuando se discurre    sobre la necesidad de que posea el m&eacute;dico -si quiere cumplir su funci&oacute;n    capital-, un saber oportuno, se recuerda la conocida frase de Letamendi: &#171;el    m&eacute;dico- que s&oacute;lo sabe medicina, ni medicina sabe&#187;. El dicho    tiene verdad y vigencia; pero hay que decir lo que debe ser, en su naturaleza    y proyecci&oacute;n, la dilatada sabidur&iacute;a que al m&eacute;dico se pide.    No lo que debe saber sino c&oacute;mo debe saber. </font>     <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">M&eacute;dicos    tuvimos en los tiempos de <I>D&iacute;az Soto</I> y a&uacute;n en los anteriores,    due&ntilde;os de sabidur&iacute;a considerable y, por ello, profesionales de    muy subida calidad. Ninguno ha dejado la huella de nuestro amigo por el sentido,    por la orientaci&oacute;n, por la trascendencia, de la cultura lograda. Lo relevante    y singular en <I>D&iacute;az Soto</I> -y ello se sabr&aacute; cuando, al conocer    su esfuerzo, se le haga justicia-, est&aacute; en que su entendimiento de la    medicina, asistido de m&uacute;ltiple informaci&oacute;n, surge de una concepci&oacute;n    revolucionaria de la sociedad y la cultura. De no haber sido as&iacute;, no    lo estar&iacute;amos recordando en este momento dichoso de nuestra historia.    </font>     <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Como marxista verdadero,    enfoc&oacute; <I>D&iacute;az Soto</I> la tarea m&eacute;dica dentro de las relaciones    sociales que todo lo rigen y condicionan. Por ello, el enfermo no fue para &eacute;l    un &#171;cliente&#187; sino un semejante al que hab&iacute;a que volver la salud,    al que hab&iacute;a que integrar a la vida &uacute;til en un medio determinado    y dentro de ciertas circunstancias. La funci&oacute;n del m&eacute;dico estaba    en hacer que los elementos aportados por siglos de ciencia y experiencia impidieran    la enfermedad y la derrotasen, si se presentaba. De este modo, el trabajo profesional    arriba a un nivel social y, en cierta medida, hist&oacute;rico. </font>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Tuvimos la oportunidad,    en d&iacute;as de duro combate, de conocer el trabajo <I>de D&iacute;az Soto</I>    como dirigente y organizador del Centro Ben&eacute;fico Jur&iacute;dico de Trabajadores    de Cuba. En ocasi&oacute;n en que deb&iacute;a rendir a sus compa&ntilde;eros    un informe de recuento y perspectivas, nos envi&oacute; el manuscrito en que    se apuntaban sus experiencias y criterios. All&iacute; se expresaban en forma    concentrada, sus concepciones primordiales sobre una empresa en extremo compleja    y dif&iacute;cil. Lo que entonces levant&oacute; nuestra atenci&oacute;n, queremos    recordarlo ahora. </font>     <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Se advert&iacute;a    en el informe un conocimiento muy completo de la evoluci&oacute;n de la ciencia    m&eacute;dica, no s&oacute;lo en sus l&iacute;neas matrices universales sino    en el cauce de su proceso nacional. Siguiendo un m&eacute;todo excelente, nuestro    compa&ntilde;ero arrancaba, para fundar sus prop&oacute;sitos de aplicaci&oacute;n    inmediata, en un exacto enjuiciamiento de los niveles cient&iacute;ficos m&aacute;s    recientes y del desarrollo y adaptaci&oacute;n que aconsejaban y permitan las    circunstancias cubanas. La situaci&oacute;n de las cuestiones no pod&iacute;a    ser ni m&aacute;s real ni m&aacute;s ambiciosa. S&oacute;lo un cient&iacute;fico    revolucionario cabal pod&iacute;a trabajar con tal perspectiva. </font>     <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Tenemos muy presente    c&oacute;mo la lectura de aquel documento nos mostr&oacute; el modo en que <I>D&iacute;az    Soto</I> absorb&iacute;a los mejores resultados del avance cient&iacute;fico    en los m&aacute;s diversos parajes de la tierra. Lo que se hab&iacute;a logrado    por gentes alejadas y aun contrapuestas a su opini&oacute;n pol&iacute;tica    y a sus concepciones sociales, quedaba incorporado, con ajustado afinamiento,    a su utilizaci&oacute;n conveniente. El acierto instrumental y el &eacute;xito    organizativo aparec&iacute;an apresados, en su an&aacute;lisis, en la medida    exacta en que colaboraban a sus objetivos sociales y a su preocupaci&oacute;n    humana. Y todo ello quedaba inserto, desde luego, en principios fundamentales    que miraban a hacer de la funci&oacute;n asistencial un servicio de la m&aacute;s    exigente calidad en bien del sujeto de su desvelo, el hombre enfermo, sin nombre    ni apellido. </font>     <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Debemos a&ntilde;adir    c&oacute;mo se pon&iacute;a de relieve en aquella oportunidad una preocupaci&oacute;n    de primer plano en un cient&iacute;fico revolucionario. Nos referimos a la conjugaci&oacute;n    sutil y certera entre los objetivos queridos y las posibilidades de hacerlos    avanzar dentro de una situaci&oacute;n enemiga y violenta. Veamos el relieve    de tal virtud en la realidad en que desenvolv&iacute;a <I>Luis D&iacute;az Soto</I>    su exigencia cient&iacute;fica y su deber de comunista. </font>     <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Lo mejor y m&aacute;s    intenso de la obra de nuestro amigo en la direcci&oacute;n del Centro Ben&eacute;fico    Jur&iacute;dico de Trabajadores de Cuba discurri&oacute; en tiempo en que la    tiran&iacute;a de <I>Batista</I> llegaba a la actitud m&aacute;s recelosa, persecutoria    y descocada. (Ya hemos dicho que <I>D&iacute;az Soto</I> desapareci&oacute;    seis semanas antes que la barbarie batistiana). M&iacute;dase la calidad del    esfuerzo realizado en ocasi&oacute;n tan ingrata. </font>     <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La pelea entre    el Centro y el gobierno no pod&iacute;a ser m&aacute;s frontal y enconada. <I>D&iacute;az    Soto</I> ejemplificaba, en su pensamiento y en el modo de aplicarlo, la m&aacute;s    avanzada concepci&oacute;n de la obra hospitalaria; y sosten&iacute;a sus puntos    de vista y sus realizaciones frente a la ofensiva m&aacute;s terca y reaccionaria    que pudiera concebirse. El gobierno anticubano preparaba cada d&iacute;a una    artera a&ntilde;agaza contra el Centro. No pod&iacute;a ocult&aacute;rsele que    constitu&iacute;a una entidad de entra&ntilde;a clasista, objetivamente revolucionaria,    aunque no se declarase en sus estatutos y reglamentos. Integrado por trabajadores,    el Centro serv&iacute;a a los trabajadores. Y tal servicio se prestaba con ejemplar    eficacia, lo que significaba una lecci&oacute;n ingrata a los servidores del    imperialismo. &#191;Pod&iacute;a serie indiferente a aquel gobierno que un trabajador    tuviese a su alcance la ciencia m&aacute;s actual y mejor dispensada? </font>     <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El director del    Centro uni&oacute; la habilidad al coraje, y contra todos los embates, fue en    adelante en su obra. Con visi&oacute;n muy certera y sin dejar de impulsar l&iacute;neas    organizativas nuevas y acordes con la naturaleza de la entidad, puso el mayor    &eacute;nfasis en la elevaci&oacute;n de su nivel cient&iacute;fico. </font>     <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Muy pronto se supo    que en el Centro Ben&eacute;fico se aplicaban los &uacute;ltimos procedimientos,    que la atenci&oacute;n era distinta y mejor y que la diaria discusi&oacute;n    de su personal facultativo aseguraba singulares resultados. Tal cosa hab&iacute;a    de tener dos consecuencias de signo contrario: de una parte, la defensa que    supon&iacute;a el creciente y merecido prestigio; de la otra, la exacerbaci&oacute;n    del resentimiento y del ataque de los organismos hospitalarios que se ve&iacute;an    situados en lugar secundario. </font>     <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En medio de la    insidia circundante y de la agresi&oacute;n sin escr&uacute;pulo, se crecieron    las calidades de <I>D&iacute;az Soto</I>. Incansable y sereno, meditador y activo,    se afirm&oacute; en la convicci&oacute;n de la victoria de su esfuerzo. S&oacute;lo    un hombre de su fe pol&iacute;tica pod&iacute;a haber resistido con &eacute;xito    la prueba dur&iacute;sima. Con profunda visi&oacute;n de marxista, sab&iacute;a    que lo que se funda en el prop&oacute;sito de derribar el privilegio y la opresi&oacute;n    vence al cabo todas las conjuras. Su rol estaba en resistir avanzando, en sortear    con habilidad y firmeza los obst&aacute;culos enemigos, en ganar, en la escaramuza    diaria, la batalla final. </font>     <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Ahora entendemos    mejor el callado y cicl&oacute;peo trabajo del cient&iacute;fico militante.    Cu&aacute;nta paciencia disimulada en la sonrisa; cu&aacute;nta maestr&iacute;a    t&aacute;ctica en el quehacer de .cada hora. Sus d&iacute;as comenzaban antes    del alba y terminaban m&aacute;s all&aacute; de la media noche. No pod&iacute;a    descuidar su cultura m&eacute;dica -y ya vimos que no era cosa alejada de la    informaci&oacute;n universal y m&uacute;ltiple-; hab&iacute;a de mantenerse    atento al &uacute;ltimo avance de la organizaci&oacute;n asistencial; y no pod&iacute;a    descuidar un punto la defensa de su obra, cercada por los cuatro costados. La    tensi&oacute;n continuada y creciente y el trabajo sin medida le quebraron la    salud, nunca cabal. Fue entonces cuando ofreci&oacute; la mejor medida de su    conciencia revolucionaria. Mir&oacute; su caso con serenidad de cient&iacute;fico    y pasi&oacute;n de comunista. Se sab&iacute;a herido de muerte y aceptaba el    final cercano como el cabo natural del largo trabajo. Nadie pudo convencerlo    de que le hab&iacute;a llegado la hora del reposo, para ganar fuerzas y continuar    la lucha. Como los capitanes ejemplares, se mantuvo al mando de la nave hasta    el &uacute;ltimo instante. A&ntilde;adi&oacute; as&iacute;, al ejemplo de la    acci&oacute;n clarividente, el del sacrificio heroico. </font>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Mientras se realizan    sus sue&ntilde;os en el seno de la sociedad liberada que quiso con el pensamiento    y con la obra, levantemos su caso de precursor sin miedo y sin tacha y entreguemos    su claro ejemplo a los que ahora tienen sobre s&iacute; la responsabilidad que    cumpli&oacute; con soberana plenitud. </font>     <P>&nbsp;     <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><B><font size="3">EL    COMBATIENTE</font></B> </font>      <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En los d&iacute;as    m&aacute;s duros de la lucha del pueblo espa&ntilde;ol contra el fascismo y    la reacci&oacute;n internacional, tuvimos la alegre sorpresa de ver llegar a    la Valencia martirizada a <I>Luis D&iacute;az Soto</I>. Por razones, muy explicables,    nuestra vieja amistad se hizo m&aacute;s estrecha y fraternal en la etapa de    ilusi&oacute;n y angustia que fue aquella guerra. Entonces conocimos de veras    su llama y su luz. </font>     <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">La acci&oacute;n    militar m&aacute;s intensa tiene momentos de calma reparadora. Cuando la guerra    parec&iacute;a &#171;dormida de mar a mar&#187;, seg&uacute;n el verso de <I>Antonio    Machado</I>, el m&eacute;dico cubano daba suelta a su sorprendente repertorio    de conocimientos y noticias. Nada en nuestro proceso hist&oacute;rico le era    desconocido; hab&iacute;a le&iacute;do, con delectaci&oacute;n y mimo, nuestros    mejores libros viejos y ten&iacute;a sobre nuestras cosas una visi&oacute;n    personal y aguda nacida de la cuantiosa informaci&oacute;n y del mando de sus    convicciones. </font>     <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Con tal bagaje    y orientaci&oacute;n, la experiencia de la guerra espa&ntilde;ola madur&oacute;    soberanamente al cient&iacute;fico y al luchador. Su gran tarea, su primordial    destino, era el de organizador de la salud. El trabajo del m&eacute;dico militar,    cuando hay </font>     <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">mucha sangre de    por medio, ahorra etapas y descubre caminos numerosos. La administraci&oacute;n    de los recursos escasos y aleatorios mueve a iniciativas impensadas; el enfrentamiento    continuo de la muerte violenta cr&iacute;a procedimientos inesperados. Cuando    volvi&oacute; <I>D&iacute;az Soto</I> de la heroica haza&ntilde;a espa&ntilde;ola    era un hombre distinto. Hab&iacute;a participado en un gran hecho de nuestro    tiempo y le rebosaban la capacidad cient&iacute;fica y la sabidur&iacute;a pol&iacute;tica.    </font>     <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Fue cosa frecuente    que sus compa&ntilde;eros de trabajo -los venidos de muy lejos y los nacidos    en la tierra que defend&iacute;a, quedaran asombrados ante su connatural acogimiento    de las normas militares. A todos parec&iacute;a un soldado de larga ejecutoria.    Claro que no sab&iacute;an que desdoblaba en la disciplina del batall&oacute;n    la de su acerada militancia pol&iacute;tica. Y como en su nueva condici&oacute;n    se exaltaban la curiosidad cient&iacute;fica y la ocasi&oacute;n de servir a    sus ideas, las nuevas formas del trabajo encontraban acogimiento natural y entra&ntilde;able.    </font>     <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Estuvimos junto    a <I>D&iacute;az Soto</I> en el empe&ntilde;o ingrato y oscuro de fomentar la    convicci&oacute;n y la disciplina entre gentes llegadas de todos los puntos    de la tierra. Su autoridad de capit&aacute;n del Ej&eacute;rcito Republicano    y su cargo de Cirujano Jefe del Batall&oacute;n Lincoln-Washington les serv&iacute;a    a maravilla en el oficio, tantas veces amargo, de reprimir querellas, deshacer    intrigas o matar celos perturbadores. Su fina sensibilidad -que flotaba con    raro deleite en la poes&iacute;a y en la m&uacute;sica-, le permit&iacute;a    penetrar con &eacute;xito en sus j&oacute;venes compa&ntilde;eros impetuosos.    La reciedumbre de una vida sin flaquezas ni vacilaciones le daba la seguridad    para la persuasi&oacute;n neta y sobria. Fue, en sus d&iacute;as espa&ntilde;oles,    la expresi&oacute;n exacta del claro poder en que se cuaja el revolucionario    verdadero. Espa&ntilde;a nos lo devolvi&oacute; entero y pleno, presto a cumplir    la obra modesta y singular s&oacute;lo detenida por la muerte. </font>     <P>&nbsp;     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><B><font size="3">EL    HOMENAJE</font></B> </font>      <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Los compa&ntilde;eros    que se han impuesto la tarea de recordar a <I>Luis D&iacute;az Soto</I> realizan    una iniciativa de largo alcance. El ejemplo del cient&iacute;fico revolucionario    s&oacute;lo encontrar&aacute; encaje oportuno si sale a luz su valor esencial;    si los que han de fundar en su huella logran penetrar hasta el fondo su acci&oacute;n    pionera; si echan a andar, por las anchas v&iacute;as actuales, su se&ntilde;alamiento    y su advertencia. Es otra la responsabilidad de hoy. Pero no es distinta en    lo que exige de plena honestidad, de estudio incansable, de sagaz vigilancia,    de abnegaci&oacute;n y vuelo. Y en esto, nuestro compa&ntilde;ero es maestro    de larga vigencia. </font>     <P><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Ha sido iniciativa    de mucho acierto, la de unir el recuerdo de <I>D&iacute;az Soto</I> al Hospital    Central Militar. Tiene un profundo sentido que un establecimiento destinado    a dar la salud a los miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias ostente    a su entrada el nombre de quien fue militante y militar de la mejor causa de    su tiempo. Digamos nuestra profunda emoci&oacute;n al contemplar, ayer mismo,    la simb&oacute;lica escena: junto a la puerta con el nombre querido, un soldado    de la Revoluci&oacute;n, guardaba erguido, con serena firmeza, la casa en que    se atiende a sus hermanos enfermos. Los que esperaban dentro el d&iacute;a,    de volver a la vigilancia armada son, sin saberlo, combatientes de la misma    haza&ntilde;a del hombre excepcional que los cobija con su recuerdo. <I>Luis    D&iacute;az Soto</I> agot&oacute; su empuje callado y poderoso en atesorar ciencia    eficaz y generosa; la ciencia que ahora salva las vidas de los defensores de    la Revoluci&oacute;n. Us&oacute; las armas, en una pelea de todo hero&iacute;smo,    para traer la paz, la &uacute;nica paz durable y cierta, la que se afinca en    la liberaci&oacute;n de los hombres y de los pueblos. Su condici&oacute;n de    hombre de ciencia y de hombre de armas -de ciencia para todos y de armas para    la paz-, es el mejor ejemplo para asegurar la victoria. </font>     <P>&nbsp;     <P>&nbsp;       ]]></body>
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