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</front><body><![CDATA[ <p align="right"><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">    <b>RESE&Ntilde;A    <br>   </b></font></p>     <p><font size="4"><b><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Una vida    consagrada al pensamiento revolucionario*</font></b></font></p>     <p><b><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">    <br>   </font></b></p>     <p><b><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="3">A Life Devoted    to the Revolutionary Thinking </font></b></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Aurelio Alonso    Tejada</font></b><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">    <br>   </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Subdirector de    la Revista Casa de las Am&eacute;ricas    <br>   </font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">* Palabras de agradecimiento    de Aurelio Alonso al recibir el Premio Nacional de las Ciencias Sociales y Human&iacute;sticas    de Cuba. </font></p>     <p align="right"><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">    <br>   Quien aspire a consagrar su vida al pensamiento    <br>   revolucionario tiene, ante todo, que respetarse a s&iacute;    <br>   mismo, y defender su pensamiento con libertad.    <br>       <br>   </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Compa&ntilde;ero    Bernal, compa&ntilde;era Zuleica, miembros del jurado, compa&ntilde;eras y compa&ntilde;eros:    <br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">No s&eacute; si    voy a lograr decir algo a la altura de lo que merecen quienes, desde el jurado    y de los centros que propusieron mi nombre, han honrado mi vida de trabajo con    este inmenso reconocimiento. Al Instituto Cubano del Libro, al Ministerio de    Cultura y al CITMA, instituciones que patrocinan este galard&oacute;n. A los    amigos y amigas que han venido a compartir conmigo este momento, y a los que    me han transmitido su alegr&iacute;a al saberlo y no han podido estar hoy aqu&iacute;.    Para todos son estas palabras.    <br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">De verdad que no    s&eacute; c&oacute;mo me va a salir. Que yo recuerde, nunca antes fui premiado,    ni siquiera como estudiante de primaria en los Hermanos Maristas, de donde conservo    solo medallas de plata; carezco de esa experiencia, as&iacute; que no tengo    el h&aacute;bito. En los pocos concursos a los que he enviado trabajos recib&iacute;    menciones, pero nunca el premio.    <br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">De modo que, sin    saber si podr&eacute; responder bien a mi pregunta inicial, comenzar&eacute;    estas palabras, y las terminar&eacute;, a mi manera.    <br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">&iquest;Me sorprendi&oacute;    el premio? S&iacute; y no. No pod&iacute;a sorprenderme del todo porque conoc&iacute;    que mi nombre hab&iacute;a sido propuesto en ocasiones anteriores: era un candidato    y ser&iacute;a rid&iacute;culo no reconocerlo aqu&iacute;. Claro que un candidato    con pedigree de finalista, no de premiado, lo que tambi&eacute;n explica que    no fuera algo que esperara. Adem&aacute;s, uno no trabaja para ser premiado,    sino porque cree en la utilidad de lo que hace.    <br>   </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">De modo que sorpresa    no me falt&oacute;. Conocer la decisi&oacute;n se tradujo para m&iacute; en    la emoci&oacute;n intensa que provoca el hecho de que tu comunidad acad&eacute;mica    identifique en tu obra un aporte a la comprensi&oacute;n de la realidad vivida,    a la cr&iacute;tica y el pensamiento creador, as&iacute; como a los principios    &eacute;ticos a los cuales has sujeto tu quehacer. No tendr&iacute;a palabras    adecuadas para agradecerles.    <br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">De pronto me descubro    premiado por primera vez en mi vida, y de la manera m&aacute;s rotunda. Soy    la vig&eacute;simo-segunda persona en recibir este homenaje, tan grande que    no acierto a convencerme de que me toca. Mi nombre se suma a una galer&iacute;a    que se llen&oacute;, desde 1985, de figuras que respeto y admiro; algunos son    mis profesores, otros mis coet&aacute;neos en tiempo y quehacer. Lista donde    inevitablemente faltan los nombres de los que abandonaron la vida sin recibirlo,    y de otros que nos acompa&ntilde;an ahora y tambi&eacute;n lo merecen.    <br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Este es un galard&oacute;n    que dif&iacute;cilmente hubiera podido ser creado antes. Para m&iacute; el gran    inspirador de la ciencia social y human&iacute;stica en nuestro proceso revolucionario    fue Ernesto Che Guevara. Por la obra de esa vida tan corta que, entre el discurso    fundacional de la PNR en 1959 y El socialismo y el hombre en Cuba en 1965, sembr&oacute;    ra&iacute;ces de lucidez her&eacute;tica para el futuro, te&oacute;rico y pr&aacute;ctico,    del socialismo fundado y conducido en el siglo XX, a una altura sin precedentes,    por Fidel.    <br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">El premio me dio    una gran satisfacci&oacute;n, que no hab&iacute;a calculado, y fue como una    confirmaci&oacute;n de que lo que he escrito y expresado ha sido escuchado y    le&iacute;do, que no ha sido in&uacute;til. Y no como algo ocasional, sino a    lo largo de m&aacute;s de medio siglo. &iexcl;Tantas veces me he preguntado    si val&iacute;a la pena! O si habr&iacute;a errado la vocaci&oacute;n. Profunda    satisfacci&oacute;n, porque me reitera tambi&eacute;n, a la vuelta de los a&ntilde;os,    que las cosas que he dicho merecen ser tomadas en cuenta. Lo recibo como un    verdadero est&iacute;mulo. El m&aacute;s importante de mi carrera de intelectual    revolucionario.    <br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Desde que recib&iacute;    la noticia he pensado en muchas cosas: en todo lo que deb&iacute;a haber escrito    y no llegu&eacute; a escribir y en c&oacute;mo corresponder ahora, en la medida    de mis capacidades y de mi talante, a este reconocimiento. Porque el otorgamiento,    que se refiere a la obra de toda una vida, incluye, generosamente, un adelanto    sobre lo que no has escrito a&uacute;n, que debe ser consecuente con lo hecho    hasta ahora. He pensado tambi&eacute;n en este discurso de hoy, que supongo    debe recorrer lo esencial de la vida premiada, las circunstancias y escenarios    que contribuyeron a moldearla, el curso de su pensamiento, el saldo de los riesgos    y los reveses, y la formaci&oacute;n de los valores que creo presentes hoy en    mis reflexiones. Aunque tampoco debe ser largo.    <br>   </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Al instante de    la victoria revolucionaria estudiaba yo en los Estados Unidos. A mi regreso    a Cuba matricul&eacute;, en 1959, en el curso nocturno de Derecho, en tanto    orientaba mi b&uacute;squeda de empleo hacia las nacientes estructuras creadas    por la Revoluci&oacute;n. Trabaj&eacute; de 1960 a 1962 en empresas consolidadas    del Departamento de Industrializaci&oacute;n del Instituto Nacional de la Reforma    Agraria, despu&eacute;s Ministerio de Industrias. All&iacute; pude participar    activamente en el proceso de nacionalizaci&oacute;n de empresas. Recuerdo como    instrumento emblem&aacute;tico un portafolio de piel marr&oacute;n que llevaba    inscrito en grandes caracteres dorados &quot;INRA&quot; y debajo, en otros m&aacute;s    peque&ntilde;os, &quot;Departamento de Industrializaci&oacute;n&quot;. Aquellos    portafolios se convirtieron en la jaqueca de la burgues&iacute;a. Aunque no    aludo aqu&iacute; a una experiencia acad&eacute;mica, la cito porque me sumergi&oacute;    de lleno en la radicalidad del cambio que se iniciaba, con ense&ntilde;anzas    indelebles para mi vida de revolucionario.    <br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Conocedor de mis    limitaciones profesionales, hab&iacute;a continuado mis estudios universitarios.    Fue entonces que me lleg&oacute;, en 1962, la proposici&oacute;n de incorporarme    al curso intensivo de Filosof&iacute;a y Econom&iacute;a Pol&iacute;tica Marxistas,    con vistas a implantar la docencia de dichas disciplinas en la Universidad.    Lo recuerdo como una especie de alfabetizaci&oacute;n te&oacute;rica, bajo la    asesor&iacute;a sovi&eacute;tica, la colaboraci&oacute;n de algunos profesores    cubanos y la administraci&oacute;n de las Escuelas de Instrucci&oacute;n Revolucionaria,    que contaban con unos dos a&ntilde;os de existencia y una red muy estructurada.    A m&iacute; me hab&iacute;a tocado ya, con anterioridad, &quot;liberar&quot;    a compa&ntilde;eros de empresas para que se internaran en escuelas provinciales.    Los bolcheviques en el poder crearon, en su tiempo, la &quot;Academia Roja&quot;.    El objetivo en nuestro caso era prepararnos para realizar el despegue docente    y, una vez incorporados los seleccionados al final del curso a la instituci&oacute;n    universitaria, continuar la formaci&oacute;n iniciada, precaria por fuerza.    <br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">De manera que el    comienzo de mi vida acad&eacute;mica llegaba a los 23 a&ntilde;os, en el Departamento    de Filosof&iacute;a de la Universidad de La Habana. Un espacio que result&oacute;    de duraci&oacute;n corta, entre 1963 y 1971, pero decisivo en la formaci&oacute;n    de aquel grupo fundador. Me atrever&iacute;a a afirmar que aquella original    experiencia fue inigualable para todos los que pasamos por ella, al margen de    diferencias y de disensos. </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Fue all&iacute;,    a trav&eacute;s del estudio sistem&aacute;tico, de la maravillosa experiencia    del aula universitaria, de una superaci&oacute;n dirigida y realizada con rigor    y sentido pr&aacute;ctico, del ejercicio de la cr&iacute;tica sin reticencias;    en una palabra, del aprendizaje de la herej&iacute;a del pensamiento, que puedo    decir que comenc&eacute; a hacerme lo que hoy soy ?sea bueno o malo?. All&iacute;    conoc&iacute; la responsabilidad de participar en la edici&oacute;n de una revista    de pensamiento, los desaf&iacute;os de cada n&uacute;mero que prepar&aacute;bamos    y las conmociones de la puesta en circulaci&oacute;n. Cincuenta a&ntilde;os    despu&eacute;s, me emociono al descubrir con cu&aacute;nta nostalgia los 53    n&uacute;meros de Pensamiento Cr&iacute;tico se recuerdan en tantos entornos    latinoamericanos.    <br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Desde el Departamento    de Filosof&iacute;a romp&iacute; el hielo de la aventura de la pluma, para expresar,    en el plano te&oacute;rico, distanciamientos cr&iacute;ticos y argumentar posturas    propias. En este terreno, mi intervenci&oacute;n en la pol&eacute;mica sobre    los manuales de filosof&iacute;a en 1966 indicaba ya, como ning&uacute;n otro    texto del per&iacute;odo, cu&aacute;l ser&iacute;a el curso de mi pensamiento,    de mi lectura de la historia, del socialismo, del sistema-mundo y de la realidad    toda, si no es demasiado pedante que lo diga as&iacute;.    <br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Le cobr&eacute;    en aquel tiempo un amor a la colina universitaria que me ser&iacute;a dif&iacute;cil    describir, aunque lo intent&eacute; en una breve nota para la revista Alma Mater    a principios de los noventa. Cre&iacute; con ingenuidad que mi destino me hab&iacute;a    ligado a ella con lazos indisolubles, por revolucionarios. Fue un deslumbramiento,    un gesto tal vez de vanidad juvenil. Tendr&iacute;a que descubrir en los a&ntilde;os    siguientes d&oacute;nde y cu&aacute;ndo no ser&iacute;a bienvenido; c&oacute;mo    y por qu&eacute; no lo era, me quedaba m&aacute;s claro.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Pero no faltaron    en esos a&ntilde;os otros espacios que me abrieran sus puertas, a los cuales    debo reconocimiento. De ellos tambi&eacute;n extraje experiencias valiosas y    descubr&iacute; relaciones de solidaridad, a veces insospechadas.    <br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Sin embargo, mi    vida acad&eacute;mica solo recuper&oacute; una intensidad semejante a la vivida    en los sesenta en el Centro de Estudios sobre Am&eacute;rica (CEA), de 1989    a 1995, con posterioridad a mi regreso de Europa como diplom&aacute;tico. Nos    percat&aacute;bamos de que el sorpresivo proceso de desintegraci&oacute;n de    Europa del Este obligaba a repensar el socialismo, y sent&iacute; incrementada    de nuevo la urgencia y la capacidad de lectura, las posibilidades de expresi&oacute;n    y de debate, los desaf&iacute;os del ejercicio de pensar. Sent&iacute; que se    establec&iacute;a un diapas&oacute;n para las relaciones acad&eacute;micas del    grupo, que se activaban espacios de estudio y debate para el pensamiento social    en Cuba, que incluso nuestras perspectivas de contribuir desde all&iacute; al    cuerpo pol&iacute;tico institucional aumentaban, y que nuestro trabajo desempe&ntilde;aba    un papel, por modesto que fuera, en la preparaci&oacute;n de un cambio necesario    en el modelo socialista. La sorpresa fue, de nuevo, que lo que hac&iacute;amos    no tuviera una acogida favorable. Volv&iacute; a figurar entonces en la plantilla    de los descalificados.    <br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">La descalificaci&oacute;n    fue p&uacute;blica y no necesito relatarla, como tampoco ser&iacute;a honesto    pasarla por alto en el recuento de mi vida de intelectual comprometido. Ya hab&iacute;a    aprendido a defender, con la misma energ&iacute;a, la coherencia de mis ideas    y la de mis lealtades, m&aacute;s all&aacute; de la adversidad de la coyuntura.    No se deben magnificar detalles buscando errores que corregir, con vistas a    ganar un perd&oacute;n, ni acunar amarguras en la deformaci&oacute;n que lleva    del hereje al renegado, que Isaac Deutscher describiera tan bien. Quien aspire    a consagrar su vida al pensamiento revolucionario tiene, ante todo, que respetarse    a s&iacute; mismo y defender sus ideales con libertad.    <br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Del CEA pas&eacute;    a trabajar en el Centro de Investigaciones Psicol&oacute;gicas y Sociol&oacute;gicas    (CIPS) durante los diez a&ntilde;os siguientes. El CIPS me permiti&oacute; dar    continuidad, con el total aliento de la instituci&oacute;n, a la intensa vida    acad&eacute;mica que hab&iacute;a rescatado y sin otras dificultades significativas.    Tambi&eacute;n conoc&iacute; all&iacute; de cerca esfuerzos cient&iacute;ficos    serios que, trabados en el laberinto de los c&aacute;nones, no ve&iacute;an    la luz.    <br>   Trabajaba como investigador y comenzaba a planear mi jubilaci&oacute;n cuando    Roberto Fern&aacute;ndez Retamar me sorprendi&oacute;, al proponerme acompa&ntilde;arle    en la confecci&oacute;n de Casa de las Am&eacute;ricas, su revista. Y yo, dispuesto    siempre a pertenencias valiosas y aventuras intelectuales, volv&iacute; a aceptar.    <br>   </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">La Casa de las    Am&eacute;ricas ha significado para m&iacute; muchas cosas; con unas hab&iacute;a    contado, con otras no. Por supuesto, sab&iacute;a que ingresaba a un enclave    de singular significado en la vida cultural de la Revoluci&oacute;n y a trabajar    con algunas de las figuras fundadoras con quienes hab&iacute;a tenido relaciones    desde mi etapa universitaria y desde el a&ntilde;o 1967, en que dirig&iacute;    la Biblioteca Nacional Jos&eacute; Mart&iacute;; personas todas cercanas en    afecto. Significaba volver a centrar mi atenci&oacute;n en una revista, por    a&ntilde;adidura de las m&aacute;s prestigiosas de nuestra Am&eacute;rica. El    desaf&iacute;o radicaba ahora en el predominio de lo literario; lo sab&iacute;a    desde el principio, lo asum&iacute; y lo advert&iacute;. Ya tengo ocho a&ntilde;os    all&iacute; y he participado en la elaboraci&oacute;n de treinta y dos n&uacute;meros,    sin que me haya llegado hasta ahora notificaci&oacute;n de despido. As&iacute;    que tan mal no debo haberlo hecho. He tenido la suerte de contar con un equipo    peque&ntilde;o, pero eficiente y bien cohesionado. En este tiempo, he aprendido    mucho de mis colegas en la Casa, de los de mi edad -mayores no los hay: Roberto    es poeta y los poetas no tienen edad-. Pero sobre todo, aprend&iacute; a aprender    de los m&aacute;s j&oacute;venes. Siento que tambi&eacute;n escribo mejor hoy    y eso se lo debo a Casa.    <br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">A veces hubiera    querido que el curso de mi vida acad&eacute;mica fuera otro m&aacute;s lineal,    pero no fue as&iacute; y tampoco lo lamento. Declin&eacute; en varias ocasiones    el ofrecimiento de doctorarme, porque sent&iacute; que me llegaba pasado de    tiempo y contexto, como un requisito formal y no lo hubiera querido as&iacute;.    Pero aclaro que esto de ning&uacute;n modo significa desprecio hacia el grado    cient&iacute;fico. Lo valoro en toda su magnitud, e incluso curs&eacute; estudios    intensivos de alem&aacute;n en 1975 cuando esta opci&oacute;n se present&oacute;    en mi camino. Aunque a&ntilde;adir&iacute;a que tampoco sobrestimo la acumulaci&oacute;n    de cursos y de cr&eacute;ditos acad&eacute;micos. John D. Bernal atribu&iacute;a    lo poco sistem&aacute;tico del genio de Da Vinci a no haber realizado estudios    universitarios, aunque gracias a ello -dec&iacute;a- tuvo menos que olvidar.    <br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">No podr&iacute;a    poner fin a estas palabras sin destacar lo que considero un verdadero privilegio:    la casualidad de que este galard&oacute;n me haya tocado al cabo de la primera    d&eacute;cada de transformaci&oacute;n del mapa pol&iacute;tico latinoamericano,    cuando la resistencia a la hegemon&iacute;a imperialista cuaja en proyectos    nacionales independientes y rescates socialistas. Lleg&oacute; tambi&eacute;n    durante el proyecto de integraci&oacute;n de nuestra Am&eacute;rica y de la    b&uacute;squeda de caminos propios. Recibo el premio a pocos d&iacute;as de    haberse celebrado en La Habana la II Cumbre de la CELAC, que resume los avances,    la fortaleza, las dificultades y los retos del proceso. La aventura del pensamiento    social est&aacute; m&aacute;s urgida que nunca de activarse desprovista de lastres,    para no dejar espacio ni problema de la vida real fuera del bistur&iacute; de    la reflexi&oacute;n y la cr&iacute;tica, y de la b&uacute;squeda de propuestas.    Pienso en una ciencia social verdaderamente marxista, capaz de afrontar el reto    del tiempo. No hablo de una concebida para satisfacer y santificar las decisiones    de la pol&iacute;tica, sino para dejar su aporte a trav&eacute;s de la cr&iacute;tica    rigurosa y de la participaci&oacute;n comprometida.    <br>   Para terminar, dir&eacute; que he pensado, cuando se me notific&oacute; este    honor, en dos compa&ntilde;eros, estudiosos y amigos, muy cercanos. En Hugo    Azcuy, con quien compart&iacute; mi vida en el Departamento de </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Filosof&iacute;a    primero y despu&eacute;s en el CEA, y que falleci&oacute; en 1996. Y en Jorge    Ram&iacute;rez Calzadilla, a quien tambi&eacute;n conoc&iacute; desde los sesenta.    Este fue mi compa&ntilde;ero de trabajo en el CIPS y muri&oacute; en 2006. Estar&iacute;an    felices hoy a mi lado.    <br>   </font></p>     <p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Agradezco a mis    padres, que sin ser intelectuales supieron priorizar la educaci&oacute;n de    sus hijos y nos introdujeron al placer de la lectura con El tesoro de la juventud,    con Salgari, Julio Verne y Dumas, con el Quijote y con el uso de la enciclopedia.    A Cary Cruz, mi compa&ntilde;era de los momentos felices y los dif&iacute;ciles,    m&aacute;s que los agradecimientos, le toca el premio, porque de no ser por    su apoyo en todos los sentidos imaginables, dif&iacute;cilmente hubiera llegado    yo a este momento. El premio es suyo tanto como m&iacute;o.    <br>   Muchas gracias.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Aurelio Alonso    Tejada. Subdirector de la Revista Casa de las Am&eacute;ricas. Correo electr&oacute;nico:    </font><a href="mailto:aurelio@casa.co.cu">aurelio@casa.co.cu</a></p>      ]]></body>
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