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</front><body><![CDATA[ <HTML>   <HEAD>      <META HTTP-EQUIV="Content-Type" CONTENT="text/html; charset=iso-8859-1">      <META NAME="Generator" CONTENT="Microsoft Word 97">      <META NAME="Template" CONTENT="D:\MICROSOFT OFFICE\OFFICE\html.dot">      <META NAME="GENERATOR" CONTENT="Mozilla/4.05 [en] (Win95; I) [Netscape]">      <META NAME="Author" CONTENT="Juana Perez">      <TITLE>Ciencia y pseudociencia: una distinci&oacute;n crucial</TITLE>   <LINK rel="STYLESHEET" href="../ibistyle.css" type="text/css">   </HEAD> <H3> Editorial</H3><H2> Ciencia y pseudociencia: una distinci&oacute;n crucial</H2><I>La  pseudociencia no puede progresar porque se las arregla para interpretar cada fracaso  como una confirmaci&oacute;n, y cada cr&iacute;tica como si fuera un ataque...  como la magia y como la tecnolog&iacute;a, la pseudociencia tiene un objetivo  primariamente pr&aacute;ctico, no cognitivo, pero, a diferencia de la magia, se  presenta ella misma como ciencia y, a diferencia de la tecnolog&iacute;a, no goza  del fundamento que da a &eacute;sta la ciencia.</I>     <DIV ALIGN=right><I>Mario  Bunge</I></DIV>Ya en 1976 Illich<SUP>1</SUP> alertaba que "el compromiso social  de proveer a todos los ciudadanos de las producciones casi ilimitadas del sistema  m&eacute;dico amenaza con destruir las condiciones ambientales y culturales para  que la gente viva una vida aut&oacute;noma y saludable. La medicina institucionalizada  ha llegado a ser una grave amenaza para la salud". La parafernalia tecnol&oacute;gica  desempe&ntilde;a un papel singular, por ejemplo, en el enfermo terminal, ya que  contribuye a ignorar que la prolongaci&oacute;n de la muerte no es sin&oacute;nimo  de prolongaci&oacute;n de la vida. Paralelamente, se ha producido un auge espectacular  de la producci&oacute;n y comercializaci&oacute;n farmacol&oacute;gicas que ha  permitido que la industria farmac&eacute;utica escale el tercer lugar mundial  en cuanto a volumen de ganancias y al adquirir un poder econ&oacute;mico manipular  el consumo mundial de f&aacute;rmacos.     <P>Paralelamente, cabe tener en cuenta  que por medio de la pr&aacute;ctica social las sociedades han desarrollado experiencias  y sistematizado formas especiales de "conocer y saber" acerca de la salud y la  enfermedad, que han ido configurando un conjunto de nociones y conocimientos formados  en la pr&aacute;ctica cotidiana y espont&aacute;nea de la gente com&uacute;n,  hasta llegar a la pr&aacute;ctica emp&iacute;rica que concentra y sistematiza  la experiencia de la colectividad en largo tiempo.<SUP>2</SUP> Este saber informal,  de indudable valor cultural, es considerado por algunos salubristas como algo  que es necesario conservar o recuperar debido a su valor secular.     <P>Todo ello  explica en parte la tendencia a que cada vez m&aacute;s gente eluda la "medicina  oficial" y acuda a procedimientos marginales o alternativos, parte de los cuales  se encuadran en la llamada Medicina Natural y Tradicional (MNT), fen&oacute;meno  que emerge con especial &eacute;nfasis en pa&iacute;ses desarrollados pero que  ha alcanzado gran empuje en Cuba, donde se parte de una cultura popular propensa  a este tipo de pr&aacute;cticas y de un favorable contexto sociocultural e hist&oacute;rico.  Cuba es un pa&iacute;s con gran tradici&oacute;n de yerberos y pr&aacute;cticas  m&aacute;gico-religiosas, como se&ntilde;alaba Fernando Ortiz en 1951:<SUP>3</SUP>      <P>La medicina folkl&oacute;rica es la que m&aacute;s se practica en la realidad,  pues las clases pobres, que son m&aacute;s numerosas e ignorantes, tienen que  acudir en sus dolencias a la medicina casera y a los recursos del curanderismo  profano o religioso, ben&eacute;fico o explotador, bien intencionado o con malicia  y eficaz o in&uacute;til y hasta nocivo, por no tener ellas a su alcance otros  medios defensivos de su salud.     <P>Las terapias de este tipo producen, sin embargo,  un marco pol&eacute;mico. Se identifican en la actualidad dos posiciones extremas:  una, caracterizada por la defensa sectaria y vehemente de estas pr&aacute;cticas;  la otra, representada por su negaci&oacute;n categ&oacute;rica desde posiciones  cientificistas. Posiblemente, ambas sean perniciosas. Naturalmente, entre esos  dos polos se ubica una amplia gama de posiciones, en muchos casos matizadas por  la confusi&oacute;n y el desconcierto.     <P>Este proceso se ha venido desarrollando  a lo largo de los &uacute;ltimos a&ntilde;os en un marco carente de n&iacute;tidas  directrices orientadoras en lo que se relaciona con la investigaci&oacute;n y  el car&aacute;cter cient&iacute;fico o no de las diversas expresiones posibles  de la MNT. Parece claro que la actividad de investigaci&oacute;n en este campo  ha sido -con excepci&oacute;n de la fitoterapia- fragmentada, no exigida ni sistematizada,  muy escasamente estimulada y no sentida como necesaria por la casi totalidad de  los practicantes, quienes se contentan en general con sus observaciones y las  an&eacute;cdotas que pueden relatar.     <P>Es imposible valorar una propuesta cient&iacute;fica  si no se cuenta con un marco te&oacute;rico potente que permita distinguir entre  ciencia y pseudociencia. Con frecuencia se escuchan debates en que intervienen  declaraciones del tipo "la pr&aacute;ctica X s&iacute; es cient&iacute;fica pero  la Y no lo es, en tanto que la teor&iacute;a Z a&uacute;n est&aacute; en discusi&oacute;n".  Muchas veces, lamentablemente, se trata de palabras vac&iacute;as de contenido,  pues no dimanan de un examen sistem&aacute;tico y correcto de X, Y y Z, sino de  convicciones nacidas de la intuici&oacute;n, de la asimilaci&oacute;n inercial  de lo que dicen o hacen otros, o de una concepci&oacute;n err&oacute;nea de los  objetivos y procedimientos de la ciencia.     <P>Por lo tanto, lo primero que debe  establecerse con transparencia es que el prop&oacute;sito central de la ciencia  es el establecimiento de las leyes que rigen los fen&oacute;menos que examinan,  as&iacute; como conformar teor&iacute;as (sistemas de leyes) que expliquen los  acontecimientos, tanto los actuales como los potenciales. Tal esfuerzo se orienta  a conseguir, a la postre, el control tecnol&oacute;gico m&aacute;s fruct&iacute;fero  de esos acontecimientos.     <P>Es bien conocido que el proceso de conformaci&oacute;n  de dichas leyes y teor&iacute;as exige la aplicaci&oacute;n de un m&eacute;todo  riguroso, que muchas veces es arduo y &aacute;rido, complejo y lento, a diferencia  de la especulaci&oacute;n no cient&iacute;fica, que resulta m&aacute;s f&aacute;cil  y en principio m&aacute;s interesante que la paciente colecci&oacute;n de datos  objetivos en un marco te&oacute;rico previo y el proceso subsiguiente de desentra&ntilde;arlos  y organizarlos dentro de estructuras te&oacute;ricas que sean interna y externamente  coherentes.     ]]></body>
<body><![CDATA[<P>La ciencia no pretende ser final, incorregible y definitivamente  cierta. Como resume Bunge,<SUP>4</SUP> lo que afirma la ciencia es: <UL>     <LI>  que es m&aacute;s verdadera que cualquier modelo no cient&iacute;fico del mundo</LI>    <LI>  que es capaz de probar, someti&eacute;ndola a contrastaci&oacute;n emp&iacute;rica,  esa pretensi&oacute;n de verdad.</LI>    <LI> que es capaz de descubrir sus propias  deficiencias</LI>    <LI> que es capaz de corregir sus propias deficiencias.</LI>    </UL>Lo  que se propone sobre estas bases es construir representaciones parciales de la  realidad que la modelen de manera cada vez m&aacute;s adecuada. Nunca parte de  postulados mesi&aacute;nicos e inamovibles; en todo caso, de hip&oacute;tesis  siempre abiertas a ser desechadas o mejoradas si se hallan motivos para ello.  Ninguna especulaci&oacute;n extracient&iacute;fica es tan modesta ni da tanto  de s&iacute;. La pseudociencia es, en cambio, t&iacute;picamente arrogante, se  autoproclama due&ntilde;a de la verdad y raramente se autocritica.     <P>Las especulaciones  no cient&iacute;ficas acerca de la realidad suelen caracterizarse por uno o m&aacute;s  de los siguientes rasgos:     <LI> no suelen formular interrogantes transparentes,  sino m&aacute;s bien problemas para los que ya se tienen respuestas anticipadas</LI>    <LI>  no proponen hip&oacute;tesis ni explicaciones fundamentales y contrastables; para  averiguar la verdad se valen de t&eacute;cnicas inescrutables</LI>    <LI> no se proponen  hacer contrastaciones objetivas de sus tesis y desde&ntilde;an o eluden los est&aacute;ndares  universalmente admitidos para ello</LI>    ]]></body>
<body><![CDATA[<LI> suplen los argumentos estructurales  con ilustraciones de sus concepciones y las evidencias estad&iacute;sticas con  an&eacute;cdotas</LI>    <LI> las leyes que esbozan o enuncian son b&aacute;sicamente  especulativas y se definen a trav&eacute;s de categor&iacute;as difusas y elusivas</LI>    <LI>  permiten la coexistencia de contradicciones internas en su propia formulaci&oacute;n;  su car&aacute;cter sectario no consiente las enmiendas que se podr&iacute;an derivar  de dichas contradicciones.</LI>    <BR>Algunos defensores de pr&aacute;cticas que  carecen de toda explicaci&oacute;n racional o que est&aacute;n en franca oposici&oacute;n  a leyes comprobadas de la ciencia, arguyen que lo &uacute;nico importante es si  el m&eacute;todo funciona o no. Esto trae a colaci&oacute;n un viejo dilema: si  los tratamientos no suponen iatrogenias ni efectos secundarios negativos, y adem&aacute;s  hay testimonios favorables a su efectividad, &iquest;por qu&eacute; cuestionarlos?,  &iquest;por qu&eacute; no aprovechar el recurso terap&eacute;utico sin m&aacute;s  discusi&oacute;n?, &iquest;cu&aacute;l es la posici&oacute;n cient&iacute;ficamente  v&aacute;lida ante este dilema?     <P>Hay dos razones de naturaleza diferente pero  cada una suficiente para objetar la traslaci&oacute;n de este burdo pragmatismo  a la ciencia m&eacute;dica. La primera concierne al esp&iacute;ritu del pensamiento  cient&iacute;fico. Aceptar las terapias a partir exclusivamente de sus &eacute;xitos  cl&iacute;nicos, supone un error metodol&oacute;gico, porque tiende a convalidar  la renuncia a determinar su base te&oacute;rica y restringe la investigaci&oacute;n,  si es que la admite, a un marco puramente emp&iacute;rico. El problema de aceptar  oficial o socialmente terapias sin base cient&iacute;fica, y manejarlas como v&aacute;lidas,  puede suponer un freno y un retraso grave en dicha investigaci&oacute;n, e implicar  a la larga grandes despilfarros en inversiones y subvenciones. Adem&aacute;s de  lo anterior, hay que enfatizar que tal convocatoria supone restringir nuestras  herramientas valorativas al marco del pragmatismo, como si la teor&iacute;a y  el conocimiento general no pudieran ser &uacute;tiles incluso para el propio perfeccionamiento  de dichas terapias. Cabe no perder de vista una realidad admitida en todos los  entornos mundiales en que rige un sentido estrat&eacute;gico de la ciencia: "La  pr&aacute;ctica sin teor&iacute;a es ciega y la teor&iacute;a sin pr&aacute;ctica  es est&eacute;ril".<SUP>5</SUP>     <P>Por otro lado, hay otra raz&oacute;n pr&aacute;ctica:  no es nada ins&oacute;lito que un paciente, ante una enfermedad grave, preocupado  o irritado por una ausencia de mejor&iacute;a, acuda al terapeuta alternativo  abandonando el tratamiento prescrito inicialmente. Cuando m&aacute;s tarde, en  ausencia de mejor&iacute;a o tras una reca&iacute;da, vuelve a su m&eacute;dico  habitual, el abandono del tratamiento ha resultado clave. Esta p&eacute;rdida  de tiempo, puede resultar tr&aacute;gica.<SUP>6</SUP>     <P>La especulaci&oacute;n  acient&iacute;fica ofrece muy poco a la ciencia contempor&aacute;nea. Prestar  atenci&oacute;n autom&aacute;tica a cada propuesta, por descabellada y contradictoria  que sea, no puede ser la regla de conducta, aunque s&oacute;lo fuera por mero  af&aacute;n de racionalidad y de ahorro de recursos humanos y materiales. Sin  embargo, aun en casos como estos, pudiera ser aconsejable contrastar rigurosamente  y con est&aacute;ndares valorativos indiscutibles las pretensiones de corte pseudocient&iacute;fico,  pues establecer que ellas son falsas significar&aacute; adquisici&oacute;n de  conocimiento y, llegado el caso, permitir&aacute; combatir convicciones absurdas  o err&oacute;neas, especialmente cuando han conseguido extenderse.     <P>La condici&oacute;n  m&aacute;s importante que tiene que cumplir una tecnolog&iacute;a terap&eacute;utica  para verse dignificada por el escrutinio cient&iacute;fico no es, sin embargo,  que se asiente en un cuerpo te&oacute;rico adecuado. Aunque ello, desde luego,  es altamente recomendable para, como se ha dicho, no despilfarrar recursos, no  resulta absolutamente indispensable.     <P>Existen diversas expresiones terap&eacute;uticas  alternativas que invocan sistem&aacute;ticamente la existencia de energ&iacute;as  desconocidas para la f&iacute;sica, y procesos fisiol&oacute;gicos no descubiertos  por la bioqu&iacute;mica ni la biolog&iacute;a. La pertinaz y enmara&ntilde;ada  alusi&oacute;n a tales energ&iacute;as y procesos no s&oacute;lo no aporta un  &aacute;pice de evidencia en favor de su existencia real (del mismo modo que la  repetici&oacute;n machacona de que se ha alcanzado un obejtivo no contribuye en  nada a la convicci&oacute;n de que se ha alcanzado) sino que obstaculizan seriamente  su valoraci&oacute;n. Por lo tanto, constituye una demanda cr&iacute;tica que  la propuesta tecnol&oacute;gica est&eacute; definida claramente y no maneje t&eacute;rminos  borrosos e inapresables; y lo que s&iacute; es simple y directamente imprescindible  para proceder a la contrastaci&oacute;n rigurosa que demanda su convalidaci&oacute;n  inicial es que formule con nitidez sus presuntas virtudes.     <P>Se vislumbra un  confuso entramando te&oacute;rico-conceptual que involucra a todos: practicantes,  investigadores, personalidades cient&iacute;ficas y dirigentes de la ciencia.  La disparidad de actitudes y posiciones entre personalidades relevantes de las  ciencias de la salud es tal que se registra desde gran entusiasmo hasta honda  preocupaci&oacute;n y alarma; no se observa, sin embargo, indiferencia. Es necesario  aprovechar ese inter&eacute;s para promover espacios de discusi&oacute;n cient&iacute;fica  dentro y entre los estamentos involucrados.     ]]></body>
<body><![CDATA[<P>Luis Carlos Silva Aycaguer, Dr.  C.     <BR>Vicerrector&iacute;a de Investigaciones y Posgrado     <BR>Instituto Superior  de C. M&eacute;dicas de la Habana <H4> REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</H4><OL>      <LI> Illich I. N&eacute;mesis m&eacute;dica. Joaqu&iacute;n Ortiz, M&eacute;xico,  1978.</LI>    <LI> Breilh J. El deterioro de la vida. Corporaci&oacute;n Editora Nacional,  Quito, 1990.</LI>    <LI> Ortiz F. La medicina folkl&oacute;rica de Cuba. Bohemia/1951;12(48):16-8.</LI>    <LI>  Bunge M. La investigaci&oacute;n cient&iacute;fica. Ciencias Sociales, Instituto  Cubano del Libro, La Habana, 1972.</LI>    <LI> Bernal J. La ciencia en nuestro tiempo.  Nueva Imagen, M&eacute;xico DF, 1979.</LI>    <LI> Teller&iacute;a C, Sanz VJ, Sabadell  MA. La homeopat&iacute;a: historia, descripci&oacute;n y an&aacute;lisis cr&iacute;tico.  Alternativa Racional a la Pseudociencia. Zaragoza, 1994.</LI>    </OL>     ]]></body>
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