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</front><body><![CDATA[ <P>&nbsp;</P> <H2>La geriatr&iacute;a. Algo m&aacute;s que una especialidad</H2>     <P><A HREF="#*"><I>Juan W. Gonz&aacute;lez Rill<SUP>1 </SUP>y Elizabeth Garc&iacute;a P&eacute;rez<SUP>1</sup></I></A> </P>     <P>Descriptores DeCS: <B>GERIATRIA/historia; ANCIANO.</B> </P>     <P>Desde que <I>Nasher</I>, en 1914, introdujo el t&eacute;rmino Geriatr&iacute;a para designar la rama m&eacute;dica que se ocupa del cuidado de los ancianos y senescentes, esta especialidad ha avanzado con un ritmo prodigiosamente acelerado, aunque quiz&aacute;s no tanto a&uacute;n como requiere la apremiante urgencia con que plantea problemas en todo el mundo, el crecimiento en n&uacute;mero de las personas viejas. </P>     <P>La medicina geri&aacute;trica se hizo una disciplina cient&iacute;fica cuando reconoci&oacute; que el envejecimiento trae consigo cambios espec&iacute;ficos en las estructuras, actividad funcional, homeostasia, nutrici&oacute;n, respuesta inmunol&oacute;gica, etc. Hace aproximadamente medio siglo, la pediatr&iacute;a naci&oacute; de modo semejante, al adquirir conciencia de que el infante y el ni&ntilde;o son algo distinto de simplemente un hombre peque&ntilde;o. </P>     <P>La amplia aceptaci&oacute;n que ha tenido la geriatr&iacute;a tanto en Cuba como en el extranjero, ha sido compensadora por dem&aacute;s. Cruzando las varias especialidades de la moderna pr&aacute;ctica m&eacute;dica, la geriatr&iacute;a es un campo tan grande que una presentaci&oacute;n adecuada de ella requiere el conocimiento y la experiencia de muchas autoridades. La medicina geri&aacute;trica no es una especialidad, en el sentido generalmente aceptado, es m&aacute;s bien la aplicaci&oacute;n del conocimiento y comprensi&oacute;n de los cambios que con la senescencia se producen en todas las facetas de la pr&aacute;ctica m&eacute;dica. Ning&uacute;n m&eacute;dico es tan competente que pueda poseer autoridad en los muchos y complejos aspectos de la medicina geri&aacute;trica. El conocimiento geri&aacute;trico es necesario para todos cuantos atienden pacientes viejos. </P>     <P>Las limitaciones de la medicina geri&aacute;trica han parecido grandes y han desanimado a muchos. La falsa creencia de que esta especialidad se refer&iacute;a solo a los seniles ha conducido a una presunci&oacute;n de futilidad. Aunque la medicina geri&aacute;trica trata a los ancianos, se interesa todav&iacute;a m&aacute;s en los que est&aacute;n envejeciendo, as&iacute; como de la senilidad prematura. Con demasiada frecuencia han sido negados a los ancianos los beneficios de la medicina preventiva, con el superfluo argumento de que el paciente es excesivamente viejo para vivir mucho m&aacute;s tiempo. </P>     <P>Las personas ancianas toleran sorprendentemente bien la cirug&iacute;a y algunas enfermedades graves, no obstante la edad avanzada, si se aplica un esfuerzo inteligente en su favor. </P>     <P>Ciertas actitudes m&eacute;dicas frente a los ancianos aumenta su incapacidad. Verdad es que la duraci&oacute;n de la vida es limitada, pero no es preciso que su crep&uacute;sculo se vea nublado por invalidez prolongada o por una inutilidad gravosa. La vida debe ser profunda y amplia, tanto como larga. El descenso de la eficiencia homeost&aacute;tica y la acumulaci&oacute;n de lesiones limitan las realizaciones posibles de la medicina cl&iacute;nica para los viejos, pero no los excluyen. La terap&eacute;utica rara vez es espectacularmente curativa, sin embargo la regulaci&oacute;n y retardo de la decadencia progresiva, pueden entre tanto conseguir resultados muy dignos. </P>     <P>Las potencialidades de la medicina geri&aacute;trica dependen de nosotros mismos. Hasta ahora han sido apenas exploradas y escasamente desarrolladas. Hay todav&iacute;a mucho que aprender, especialmente en lo que concierne a los fundamentos de la biolog&iacute;a de la senescencia y la complejidad de las enfermedades degenerativas, tan frecuentes en la madurez postrera. El desarrollo y maduraci&oacute;n del conocimiento son tan asim&eacute;tricos y variables como lo son la maduraci&oacute;n y la involuci&oacute;n biol&oacute;gica. Los geriatras actuales no tienen las respuestas definitivas, seguramente nunca dar&aacute;n la palabra final, porque entonces habr&iacute;a cesado el progreso. La conciencia de las imperfecciones es un requisito para el mejoramiento, lo mismo que reconocer la ignorancia es un preludio para aprender. </P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P>Sentimos la profunda convicci&oacute;n, basada en nuestra corta experiencia personal, de la aplicaci&oacute;n m&aacute;s extensa de cuanto ya se conoce. Las recompensas de la medicina geri&aacute;trica son grandes, aunque quiz&aacute;s menos espectaculares que las de otros campos de la pr&aacute;ctica m&eacute;dica. Produce una extensa y duradera satisfacci&oacute;n la resoluci&oacute;n de problemas diagn&oacute;sticos oscuros y complicados, el correlacionar sutiles mecanismos y procesos ps&iacute;quicos y fisiol&oacute;gicos, y el aplicar la medicina profil&aacute;ctica, constructiva y anticipada a los adultos mayores, cuya apreciaci&oacute;n y comprensi&oacute;n de nuestros esfuerzos sobrepasan a los de cualquier otro grupo de edad. La relatividad de la salud es m&aacute;s notable en los &uacute;ltimos a&ntilde;os de la vida. El grado &oacute;ptimo puede ser inalcanzable, pero podemos acercarnos lo m&aacute;s posible, ante nosotros se extiende esta inmensa posibilidad. </P>     <P>En otro orden de cosas el valor social de la medicina geri&aacute;trica es poco apreciado por muchos. En todo sendero de la vida los conductores son hombres y mujeres de maduros a&ntilde;os. La conservaci&oacute;n de su juicio y conocimiento es un servicio de la colectividad en conjunto. Cualquier reducci&oacute;n de la ya abrumadora carga econ&oacute;mica que suponen las enfermedades inutilizantes cr&oacute;nicas resulta asimismo un servicio social de primera magnitud. Una humanidad madura puede aprender a vivir en paz duradera. Constituye nuestra esperanza que podamos ayudar a la geriatr&iacute;a en su aspiraci&oacute;n a la prolongaci&oacute;n de la vida, la extensi&oacute;n del vigor, entusiasmo y utilidad; y al desarrollo de la madurez cultural por medio de aquellos que vivir&aacute;n bastante para tener tiempo de pensar. </P>     <P>Claro est&aacute; que sin la aportaci&oacute;n de los leales colaboradores del geriatra, la tarea es imposible. Mi apreciaci&oacute;n de los esfuerzos de cuantos contribuyen con amor a esta notable tarea de atender ancianos, no puede ser expresada con palabras. </P>     <P>Bienvenida sea esta oportunidad para declarar nuestra opini&oacute;n de respeto a todas las personas, sean m&eacute;dicos o no, que trabajan en este campo de la medicina, sabiendo de antemano que son dignas de algo m&aacute;s que esta pasajera misi&oacute;n.     <BR> &nbsp;     <BR> &nbsp; </P><DIR>      <P>Recibido: 4 de abril del 2000. Aprobado: 11 de julio del 2000.     <BR> <I>Dr. Juan W. Gonz&aacute;lez Rill</I>. 13 Sur # 904 % Ahogado y 1 Oeste, Guant&aacute;namo, Cuba.     <BR> &nbsp;     <BR> &nbsp;</P></DIR>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P><SUP>&nbsp;<A NAME="BM_"></A>1</sup> Especialista de I Grado en Medicina General Integral. Residentes de 2do a&ntilde;o de Gerontolog&iacute;a.     <BR>  </P>     ]]></body>
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