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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[A bibliographic review about informed consent was made. The characteristics of the attention given to the patient since ancient times were analyzed. At that time, there was a predominance of the so-called paternalist beneficence, since the patient did not have the capacity to decide and he was submitted to the physician's criterion who had all the moral, authority and enough knowledge to indicate him what to do with his health. This prevailed for a long time until the appearance of the informed consent, where the patient's autonomy regarding the medical decisions acquires a great importance.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <h2>Consentimiento informado </h2>     <p><a href="#cargo">Miguel Lugones Botell,<span class="superscript">1</span> Luis Alberto Pichs Garc&iacute;a<span class="superscript">2</span> y Marlen Garc&iacute;a Hern&aacute;ndez<span class="superscript">3 </span></a><span class="superscript"><a name="autor"></a></span></p> <h4>Resumen </h4>     <p align="justify">Se realiz&oacute; una revisi&oacute;n bibliogr&aacute;fica acerca del <em>consentimiento informado </em>. Se analizaron las caracter&iacute;sticas de la atenci&oacute;n y cuidados al paciente desde la antig&uuml;edad, en las que predomin&oacute; la llamada <em>beneficencia paternalista, </em>ya que el enfermo no ten&iacute;a capacidad de decisi&oacute;n y estaba sometido al criterio del m&eacute;dico, quien pose&iacute;a toda la moral, autoridad y conocimientos suficientes para ordenarle lo que deb&iacute;a hacer con su salud. Esto predomin&oacute; durante mucho tiempo, hasta el surgimiento del <em>consentimiento informado</em>, donde la autonom&iacute;a del paciente con relaci&oacute;n a las decisiones m&eacute;dicas, adquiere gran importancia. </p>     <p><strong>Palabras clave</strong>: Informaci&oacute;n, derecho del paciente, autonom&iacute;a, consentimiento. </p>     <p align="justify">Es una realidad insoslayable que trabajamos d&iacute;a a d&iacute;a con los principios de la &eacute;tica, de la moral. Los principios y normas morales que rigen a una sociedad var&iacute;an de un lugar a otro. En la pr&aacute;ctica m&eacute;dica se trabaja respetando el modo, la forma de vida, o sea, el ethos de cada ciudadano, basados en las leyes de la &eacute;tica medica, que tiene sus or&iacute;genes en el siglo XVIII a.n.e. cuando en la Mesopotamia, bajo el reinado de <em>Hammurabi</em>,<span class="superscript">1 </span>se dictaron las primeras leyes de moral objetiva, relacionadas con la medicina, y se estableci&oacute; la responsabilidad jur&iacute;dica del m&eacute;dico frente a su paciente. Posteriormente lleg&oacute;, desde hace ya m&aacute;s de 25 siglos, la &eacute;poca de <em>Hip&oacute;crates de Cos</em>,<span class="superscript">2 </span>en la que el ejercicio de la medicina en Grecia no estaba reglamentado, cualquiera pod&iacute;a ser curador, pero los que se prepararon con <em>Hip&oacute;crates </em> elaboraron un documento, testificado por los dioses hel&eacute;nicos, convirti&eacute;ndolo en <em>juramento</em>, con el nombre de <em>Juramento Hipocr&aacute;tico</em>, aceptado hasta nuestros d&iacute;as, que los compromet&iacute;a ante la sociedad, y cuyo principio &eacute;tico era <em>Primun non nocere </em> (primero no hacer da&ntilde;o).<span class="superscript">3</span> </p>     <p align="justify">El m&eacute;dico hipocr&aacute;tico actuaba con respeto por    la vida humana y con un exagerado instinto paternalista, conocido como <em>beneficencia    paternalista</em>. El enfermo era tratado como un incapacitado mental, sometido    al criterio del m&eacute;dico, quien pose&iacute;a la moral, autoridad y conocimientos    suficientes para ordenarle al minusv&aacute;lido moral (el enfermo) lo que deb&iacute;a    hacer con su salud.<span class="superscript">2,3</span> Este principio moral    es el que gobernaba la &eacute;tica de los m&eacute;dicos hipocr&aacute;ticos,    y el que, por herencia directa de estos, ha configurado a lo largo de los siglos    la concepci&oacute;n de su excelencia moral. En el breve tratado hipocr&aacute;tico    titulado “Sobre la decencia”, puede leerse que: “el m&eacute;dico debe estar    muy pendiente de s&iacute; mismo sin exhibir demasiado su persona ni dar a los    profanos m&aacute;s explicaciones que las estrictamente necesarias”.<span class="superscript">4</span>    Con esta actitud el m&eacute;dico hipocr&aacute;tico no trataba sino de respetar    el horizonte de la &eacute;tica griega, que no era otro que el de ajustarse    al orden natural. La obligaci&oacute;n del m&eacute;dico era, en este sentido,    tratar de restablecer en el enfermo el orden natural perdido, la salud; y la    del paciente, colaborar con el m&eacute;dico en ello. Todo aquello que pudiera    dificultar esta tarea, como la excesiva informaci&oacute;n, deber&iacute;a ser,    por obligaci&oacute;n &eacute;tico-t&eacute;cnica, sistem&aacute;ticamente evitado.    Solo ser&iacute;a justificable excepcionalmente cuando la comunicaci&oacute;n    de una cierta cantidad de informaci&oacute;n o la solicitud del consentimiento    para alguna actividad terap&eacute;utica, fuera estrictamente imprescindible    a fin de garantizar la eficacia de la medida y la colaboraci&oacute;n del paciente.<span class="superscript">5</span>    Tal era el caso de la cirug&iacute;a. Por otra parte, solo el m&eacute;dico    era conocedor del “arte” (<em>t&eacute;khne</em>), y solo &eacute;l pod&iacute;a    saber lo que hab&iacute;a que hacer para restablecer la salud. Era impensable    que el enfermo tuviera algo que decir al respecto. &Eacute;ste solo pod&iacute;a    y deb&iacute;a obedecer a todo lo que el m&eacute;dico prescribiera.<span class="superscript">5</span>  </p>     <p align="justify">Los comentaristas medievales, renacentistas y posteriores del <em>Corpus Hippocraticum </em> no hicieron sino transmitir invariablemente a las sucesivas generaciones de m&eacute;dicos esta mentalidad. Tambi&eacute;n la enfermer&iacute;a moderna ha estado imbuida por ella, como puede apreciarse, por ejemplo, en los escritos de <em>Florence Nightingal</em>.<span class="superscript">6</span> De todas formas, en este caso, por ser las enfermeras mayoritariamente mujeres, la relaci&oacute;n cl&iacute;nica ha sido denominada <em>maternalismo</em>, pues la posici&oacute;n de la enfermera la obligaba a adoptar el mismo papel que el de la esposa en la relaci&oacute;n patriarcal cl&aacute;sica, sumisa al marido, por un lado, y cari&ntilde;osa con sus hijos, por otro.<span class="superscript">6</span> </p>     <p align="justify">Afortunadamente para la humanidad, las sociedades fueron desarroll&aacute;ndose, apareci&oacute; el concepto de Estado, y ya en 1789 la Revoluci&oacute;n Francesa promulg&oacute; los derechos del hombre por la Asamblea Nacional Francesa, que dio al individuo su condici&oacute;n de persona, quien fue ganando respeto social, autoestima y dignidad hasta para su relaci&oacute;n m&eacute;dico-paciente, que segu&iacute;a siendo paternalista, pero los conocimientos sociales que la propia vida daba al hombre, incluso en materia de salud, lo hicieron con el devenir del tiempo m&aacute;s exigente.<span class="superscript">7</span> </p>     <p align="justify">As&iacute;, tambi&eacute;n ha sido se&ntilde;alado que a lo    largo de la modernidad los habitantes de las sociedades occidentales fueron    ganando poco a poco el reconocimiento de <em>ciudadanos</em>, individuos con    derechos reconocidos y con potestad para decidir libremente c&oacute;mo y por    qui&eacute;n quer&iacute;an ser gobernados, y qu&eacute; tipo de sociedad quer&iacute;an    construir. Se fueron liberando de la concepci&oacute;n paternalista de las relaciones    sociopol&iacute;ticas, donde el gobernante ejerc&iacute;a su autoridad desp&oacute;ticamente    sobre sus s&uacute;bditos, y fueron avanzando hacia concepciones democr&aacute;ticas    en las que dichas relaciones estaban presididas por la idea del consentimiento    libre e informado de los ciudadanos. El principio &eacute;tico que daba soporte    a estas nuevas ideas era el de <em>autonom&iacute;a</em>, un principio t&iacute;picamente    ilustrado, que afirmaba la potestad moral de los individuos para decidir libremente    c&oacute;mo gobernar su propia vida en todos los aspectos, mientras no interfiriera    en el proyecto vital de sus semejantes.<span class="superscript">5&nbsp;</span>  </p>     <p align="justify">A mediados del siglo pasado, despu&eacute;s de la II Guerra Mundial, se promulga el <em>C&oacute;digo de Nuremberg, </em> que fue el primer protocolo internacional sobre investigaci&oacute;n en humanos y el &shy;primer esfuerzo decidido por introducir el <em>consentimiento informado </em> en la investigaci&oacute;n.<span class="superscript">5</span> Luego la &eacute;tica y sus principios sociales eran ya insuficientes para estas investigaciones, se hac&iacute;a necesario, vincular los conocimientos biol&oacute;gicos a los valores humanos. Esto no supuso un cambio significativo en la asistencia sanitaria.<span class="superscript">5</span> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Aunque existe un caso aislado de sentencia condenatoria por    falta de informaci&oacute;n adecuada a un paciente en el siglo XVIII (<em>Slater    </em> frente a <em>Baker &amp; Stapleton</em>) <span class="superscript">8</span>    en Inglaterra, fue en los EE.UU. donde m&aacute;s se desarroll&oacute; esta    cuesti&oacute;n, inicialmente en el siglo XIX ( <em>Carpenter </em>contra <em>Blake,    </em> o <em>Wells </em> contra <em>World's Dispensary Medical Association</em>),    y durante el reci&eacute;n concluido siglo XX.<span class="superscript">8 </span></p>     <p align="justify">Precedido de otros (<em>Pratt </em> contra <em>Davis</em>, <em>Mohr </em> contra <em>Williams</em>, <em>Rolater </em> contra <em>Strain</em>, etc.), el caso <em>Schloendorff </em> contra la <em>Society </em><em> of New York Hospitals </em> (1914) tuvo especial resonancia, tanto por la localizaci&oacute;n geogr&aacute;fica como por la personalidad del juez <em>Benjam&iacute;n Cardoso </em>. Se trataba de una paciente que hab&iacute;a consentido en una laparotom&iacute;a exploradora con anestesia general, habiendo hecho constar espec&iacute;ficamente que no se extrajera ning&uacute;n &oacute;rgano o tejido. El cirujano extirp&oacute; un tumor fibrinoide por creer que era lo mejor para la paciente. El caso se complic&oacute; porque la paciente demand&oacute; al hospital (responsabilidad civil subsidiaria de nuestros d&iacute;as). En la sentencia, el juez <em>Cardoso </em> manifest&oacute;: &quot;...todo ser humano de edad adulta y sano juicio tiene el derecho de determinar lo que debe hacerse con su propio cuerpo, y un cirujano que realiza una intervenci&oacute;n sin el consentimiento de su paciente comete una agresi&oacute;n por la que se le pueden reclamar legalmente da&ntilde;os...&quot; </p> <h4>Fundamentos </h4>     <p align="justify">La dignidad humana es uno de los principales fundamentos del <em>consentimiento informado</em>, la que nos obliga a tratar a nuestros semejantes como a nosotros nos gustar&iacute;a que nos tratasen. La dignidad es algo elemental dentro de toda persona y es com&uacute;n a todo individuo. As&iacute;, la dignidad debe ser considerada como el patrimonio propio de toda persona, la que se opone a toda instrumentalizaci&oacute;n de un individuo.<span class="superscript">9</span> </p>     <p align="justify">Filos&oacute;ficamente, cada persona es un fin en s&iacute; misma, y no un simple medio, ni siquiera para hacer el bien. La libertad humana, esa cualidad tan espec&iacute;fica de nuestra especie y que nos distingue de las otras, exige respeto y consulta, tambi&eacute;n para lo que afecta a la corporeidad. Quiz&aacute; los m&eacute;dicos deber&iacute;amos aplicar nuestras ansias de hacer el bien con un respeto exquisito a la libertad. &Eacute;se puede ser el fondo del <em>consentimiento informado</em>. El principio de autonom&iacute;a exige un trato igualitario de relaci&oacute;n profesional con comunicaci&oacute;n continua, y con apoyo emocional a los enfermos y a sus familias, como consecuencia de la dignidad humana, inseparable de la libertad.<span class="superscript">10</span> </p> <h4>Concepto </h4>     <p align="justify"><em>Informed consent </em> son las palabras anglosajonas que    han dado origen a este concepto.<span class="superscript">11</span> Evidentemente,    para que un profano en medicina d&eacute; su consentimiento acerca de algo que    afecte a su salud, precisa una informaci&oacute;n previa. El proceso de explicar    el procedimiento, con sus ventajas e inconvenientes, para poder tomar luego    una decisi&oacute;n, como una m&aacute;s de tantas otras decisiones que se toman    en la vida y recabarla fehacientemente por el profesional, es lo que recibe    el nombre de <em>consentimiento informado</em>. Este radica en una relaci&oacute;n    confiada y pausada entre el m&eacute;dico y el enfermo, con una explicaci&oacute;n    adecuada, no exhaustiva, del proceso, procedimiento y alternativas, guiada por    la verdad, hasta colmar el inter&eacute;s que el paciente solicite. Todos los    recursos humanos leg&iacute;timos para afianzar una confianza profesional entre    iguales, sin b&uacute;squeda de sumisi&oacute;n o acatamiento ciego, y caracter&iacute;sticos    de la personalidad de cada m&eacute;dico deben ser utilizados. El l&iacute;mite    de la autonom&iacute;a del paciente ser&iacute;a la <em>lex artis</em>. </p>     <p align="justify">El Colegio de M&eacute;dicos Americanos defini&oacute; el <em>consentimiento informado </em>como &quot;la explicaci&oacute;n a un paciente atento y mentalmente competente, de la naturaleza de su enfermedad, as&iacute; como el balance de los efectos de la misma y el riesgo de los procedimientos diagn&oacute;sticos y terap&eacute;uticos recomendados, para a continuaci&oacute;n solicitarle su aprobaci&oacute;n para ser sometido a esos procedimientos. La presentaci&oacute;n de la informaci&oacute;n debe ser comprensible y no sesgada. La colaboraci&oacute;n del paciente debe ser conseguida sin coacci&oacute;n y el m&eacute;dico no debe sacar partido de su potencial dominio psicol&oacute;gico sobre el paciente&quot;. </p>     <p align="justify">Un <em>consentimiento informado </em> inadecuado se considera    como ausencia del mismo. La firma de un <em>consentimiento informado </em> no    exime al m&eacute;dico de responsabilidad por <em>mala praxis</em>; sin embargo,    su mala aplicaci&oacute;n puede debilitar la defensa en una acusaci&oacute;n    sobre negligencia en un procedimiento, por lo dem&aacute;s defendible. El m&eacute;dico    que no informa ser&aacute; responsable de los da&ntilde;os debidos a los procedimientos,    aunque no exista mala pr&aacute;ctica profesional. El <em>consentimiento informado    </em> puede perder su funci&oacute;n protectora en el &aacute;mbito m&eacute;dico-legal    si no se realiza de forma adecuada. Por otro lado, no hay que olvidar que la    mayor protecci&oacute;n frente a litigios consiste en una buena comunicaci&oacute;n    con los pacientes. <strong></strong></p> <h4>Requisitos del documento </h4>     <p align="justify">Aunque el soporte documental es en ocasiones imprescindible, generalmente una ayuda y siempre una evidencia, es importante resaltar que, en las &uacute;ltimas sentencias al respecto, el Tribunal Supremo, ha dado como v&aacute;lidas de correcta informaci&oacute;n, la rese&ntilde;a en la historia cl&iacute;nica. Por tanto, parece aconsejable y necesaria la firma de un documento impreso que recoja, con menor detalle, lo explicado y acordado, resumiendo lo m&aacute;s importante, pero la &uacute;nica f&oacute;rmula v&aacute;lida de obtener el consentimiento es mediante una conversaci&oacute;n. El documento firmado no debe ser nunca el centro ni la finalidad del proceso del consentimiento y siempre debe ir precedido del di&aacute;logo. El documento final del Grupo de Expertos para el Consentimiento Informado en Cirug&iacute;a considera que la historia cl&iacute;nica es el lugar f&iacute;sico por antonomasia para registrar procesos de informaci&oacute;n y consentimiento, y recomienda a los profesionales que adquieran el h&aacute;bito de incluir en las hojas de evoluci&oacute;n cl&iacute;nica comentarios y anotaciones acerca de lo que hablan con sus pacientes, tanto como factor positivo de la evaluaci&oacute;n de la calidad asistencial, como por su valor probatorio a efectos jur&iacute;dicos, siquiera este valor no pueda entenderse en t&eacute;rminos absolutos. </p>     <p>El <em>consentimiento informado </em> trata de respetar la autonom&iacute;a del paciente, y para que una acci&oacute;n sea aut&oacute;noma debe cumplir 4 condiciones: </p> <ul>       <li> Intencionalidad: capacidad de obrar voluntariamente. Se tiene intenci&oacute;n      o no se tiene. </li>       ]]></body>
<body><![CDATA[<li> Conocimiento preciso de la acci&oacute;n : el paciente debe conocer las circunstancias que afectan a sus decisiones. </li>       <li> Ausencia de control externo : el paciente no debe sufrir manipulaciones. </li>       <li> Control interno : el paciente debe poseer una personalidad suficientemente capaz. </li>     </ul>     <p align="justify">El propio nombre de <em>consentimiento informado </em> implica    2 caracter&iacute;sticas: la <em>voluntariedad </em> y la <em>informaci&oacute;n</em>.    La primera se define como elecci&oacute;n sin impulso externo que obligue,<span class="superscript">12</span>    pues la voluntad es una de las facultades superiores del ser humano. Voluntario    es todo lo que procede de un principio intr&iacute;nseco con conocimiento del    fin. Est&aacute; en funci&oacute;n de la percepci&oacute;n subjetiva de cada    paciente, de su propia escala de valores, y siempre se trata de respetar su    autonom&iacute;a. Pueden existir algunas perversiones en la obtenci&oacute;n    del <em>consentimiento informado </em> que hagan que no se respete la voluntad    del paciente, y las m&aacute;s frecuentes son las siguientes: </p> <ul>       <li>Persuasi&oacute;n: no se le da otra posibilidad de elecci&oacute;n. El paciente debe conocer las alternativas de que dispone y sus consecuencias, para poder decidir, as&iacute; como las posibles consecuencias de no hacer nada. </li>       <li>Coacci&oacute;n: se amenaza de manera expl&iacute;cita o impl&iacute;cita al paciente; por ejemplo, plante&aacute;ndole el alta voluntaria si no accede al tratamiento. </li>       <li>Manipulaci&oacute;n: es la distorsi&oacute;n de la informaci&oacute;n que se da al paciente, dada de forma sesgada o incompleta. Esta manipulaci&oacute;n podr&iacute;a llevar al paciente a una decisi&oacute;n que de otro modo no hubiera tomado. </li>     </ul>     <p align="justify">Es frecuente que el m&eacute;dico, consciente o inconscientemente, trate de inducir al paciente hacia la realizaci&oacute;n de un procedimiento por motivos m&aacute;s o menos v&aacute;lidos, que no siempre concuerdan con los intereses del paciente. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">La <em>informaci&oacute;n</em>, por su parte, est&aacute; basada en que se debe informar al paciente de forma simple, aproximativa, leal e inteligente, de todas aquellas circunstancias que puedan influir de forma razonable en su decisi&oacute;n, de modo que, tras un conocimiento exacto de la situaci&oacute;n en que se encuentra, disponiendo de un balance de riesgos y beneficios de las alternativas terap&eacute;uticas existentes, pueda adoptar libremente la decisi&oacute;n que crea m&aacute;s oportuna.<span class="superscript">13</span> La informaci&oacute;n debe facilitarse al paciente y a los familiares, salvo prohibici&oacute;n expresa del interesado. </p>     <p align="justify">Es recomendable acudir a un documento escrito cuando se trate de procedimientos invasivos o que conlleven riesgos notorios o de dudosa efectividad. La informaci&oacute;n ha de ser siempre verdadera. Nunca se justifica mentir al paciente. Se debe utilizar un lenguaje adecuado a cada paciente, teniendo en cuenta la edad, el nivel cultural y la capacidad de comprensi&oacute;n. </p> <h4>Consideraciones finales </h4>     <p align="justify">El <em>consentimiento informado </em> plantea un reto &eacute;tico    de primer orden a todos los profesionales de la salud. Con frecuencia los m&eacute;dicos,    y tambi&eacute;n las enfermeras y t&eacute;cnicos, tienen dificultades para    asumirlo porque su formaci&oacute;n acad&eacute;mica y su pr&aacute;ctica cl&iacute;nica    han estado imbuidas, hasta hace bien poco, por los principios y modos del paternalismo    y maternalismo tradicionales a los que nos refer&iacute;amos al principio. No    obstante, esto &uacute;ltimo implica un aspecto muy positivo: que los profesionales    s&iacute; suelen estar seriamente preocupados por procurar a sus pacientes el    mayor bienestar posible, fundamentalmente mediante la realizaci&oacute;n de    una pr&aacute;ctica de alta calidad cient&iacute;fico-t&eacute;cnica. Lo que    sucede es que les resulta dif&iacute;cil aceptar que hoy esto deba acompa&ntilde;arse    de la renuncia al monopolio del poder de decisi&oacute;n, para compartirlo con    alguien, el paciente, a quien se considera a veces un intruso incapacitado para    tomar decisiones en algo tan serio como es su salud y su vida. Solo si se tiene    en cuenta esta idea de que los profesionales est&aacute;n ya comprometidos moralmente    con sus pacientes, aunque desde una &oacute;ptica poco adecuada para los tiempos    actuales, podremos producir paulatinamente el cambio de mentalidad y actitud    que implica el <em>consentimiento informado </em>. </p>     <p align="justify">Una segunda cuesti&oacute;n que hay que tener en cuenta son los miedos u objeciones concretas que el <em>consentimiento informado </em> suscita entre los profesionales, y que hay que ser capaces de neutralizar. Un miedo muy frecuente es la posibilidad de que la informaci&oacute;n genere en los pacientes una ansiedad innecesaria. Aqu&iacute; hay que decir que todos los estudios realizados, ponen de manifiesto precisamente lo contrario, pues cuando los pacientes reciben una informaci&oacute;n adecuada sobre las intervenciones a las que van a someterse, la ansiedad no aumenta, sino que disminuye.<span class="superscript">14-16</span> Otro miedo frecuente es que la informaci&oacute;n aumente el rechazo de los pacientes hacia intervenciones que ellos consideran necesarias. Bajo esta preocupaci&oacute;n moral leg&iacute;tima subyace el t&iacute;pico esquema del paternalismo. Por eso habr&aacute; que subrayar que lo que sea bueno para un paciente es el propio paciente quien debe delimitarlo, con la ayuda del profesional. Esto &uacute;ltimo es el punto clave. Es bueno destacar que en muchos lugares los pacientes exigen con mayor frecuencia el buen uso del <em>consentimiento informado </em> en sus gestiones m &eacute;dicas.<span class="superscript">17</span> </p>     <p align="justify">El <em>consentimiento informado </em> no exige que el profesional se coloque en una posici&oacute;n pasiva para evitar “interferir” en la libertad del paciente que debe decidir. Antes, al contrario, demanda del profesional que no abandone a su paciente y se implique a fondo junto con &eacute;l en el proceso de toma de decisiones, aconsej&aacute;ndole, e incluso persuadi&eacute;ndole en una determinada direcci&oacute;n. Es cierto que en este proceso abierto el paciente puede estimar como mejores opciones las que el profesional considera peores, pero eso no es un mal resultado, al contrario, es de mayor calidad moral que la mera imposici&oacute;n paternalista. </p>     <p align="justify">Aqu&iacute; habr&aacute; que resaltar, en primer lugar, la necesidad de que los profesionales asuman la nueva cultura asistencial que comporta el <em>consentimiento informado </em> y optimicen la gesti&oacute;n de su tiempo de atenci&oacute;n para poder incorporar el <em>consentimiento informado </em> como dimensi&oacute;n b&aacute;sica de su ejercicio profesional. Pero junto a ello habr&aacute; que reconocer, en segundo lugar, que los profesionales no son omnipotentes, por lo que habr&aacute; que aceptar que cada uno adapte esta exigencia a su propia realidad asistencial y, haciendo ejercicio de su responsabilidad, incorpore paulatinamente el <em>consentimiento informado </em>a su pr&aacute;ctica diaria. Adem&aacute;s, los gestores deber&aacute;n reconocer que la incorporaci&oacute;n del consentimiento informado a la pr&aacute;ctica cl&iacute;nica no se hace “a coste cero”. Realizar procesos de <em>consentimiento informado </em>consume tiempo, tiempo que tiene un precio que debe tomarse en consideraci&oacute;n a la hora de programar y medir la actividad asistencial y de gestionar recursos. </p> <h4><strong>Summary</strong></h4> <h6>Informed consent </h6>     <p align="justify">A bibliographic review about informed consent was made. The characteristics of the attention given to the patient since ancient times were analyzed. At that time, there was a predominance of the so-called paternalist beneficence, since the patient did not have the capacity to decide and he was submitted to the physician's criterion who had all the moral, authority and enough knowledge to indicate him what to do with his health. This prevailed for a long time until the appearance of the informed consent, where the patient's autonomy regarding the medical decisions acquires a great importance. </p>     <p><strong>Key words</strong>: Information, patient's rights, autonomy, consent. </p> <h4>Referencias bibliogr&aacute;ficas </h4>     <!-- ref --><p>1. Lugones Botell M. El C&oacute;digo de Hammurabi. Rev Cubana Med Gener Integr. 1991; 7(2):187-9. <!-- ref --><p>2. Lugones Botell M. Hip&oacute;crates. Revista Cubana Med Gener Integr. 1990; 6(3):461. <!-- ref --><p>3. De Castro, Bachiller R. Juramento hipocr&aacute;tico. En: Caduceos y juramentos m&eacute;dicos. Cuadernos de Historia de la Salud P&uacute;blica. La Habana ; Editorial Ciencias M&eacute;dicas; 2000:76. <!-- ref --><p>4. Tratados hipocr&aacute;ticos I. Sobre la decencia. Cap 7. Madrid: Gredos; 1990: 205. <!-- ref --><p>5. Lorda SP, Judez GJ. Consentimiento informado. Bio&eacute;tica para cl&iacute;nicos. 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Profesor Auxiliar del Policl&iacute;nico Universitario “26 de Julio”, Playa.    <br>     <span class="Estilo3">2</span>Especialista de I Grado en Medicina Interna Verticalizado en Cuidados Intensivos. Vicerrector Docente del Instituto Superior de Ciencias M&eacute;dicas de La Habana.     <br>     <span class="Estilo3">3</span>Licenciada en Psicolog&iacute;a y Pedagog&iacute;a. Profesora Auxiliar. Asesora de la Vicerrector&iacute;a de Postgrado del Instituto Superior de Ciencias M&eacute;dicas de La Habana. </a><a name="cargo"></a></p>     ]]></body>
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