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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Factores de riesgo de preeclampsia: enfoque inmunoendocrino. Parte I]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[In this first part, a wide review of the classical risk factors for preeclampsia was made, making emphasis on the endocrine aspects in each case. It was proposed a classification that divided them into 2 large groups: maternal and environmental. This was the central axis from which the different aspects of this review were discussed, evidencing the importance of the immunological and endocrine systems in the physiopathology, and the appearance of the hypertensive disease induced by pregnancy.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <h2>Factores de riesgo de preeclampsia:  enfoque inmunoendocrino. Parte I </h2> <a href="#cargo">Jedd&uacute; Cruz Hern&aacute;ndez,<span class="superscript">1</span>  Pilar Hern&aacute;ndez Garc&iacute;a,<span class="superscript">2</span> Marelis  Yanes Quesada<span class="superscript">3</span> y Ariana Isla Vald&eacute;s<span class="superscript">4 </span></a><span class="superscript"><a name="autor" id="autor"></a></span>  <h4>Resumen</h4>     <p align="justify">En esta primera parte se  realiza una amplia revisi&oacute;n de los factores cl&aacute;sicos de riesgo de preeclampsia,  enfatizando en los aspectos inmunoendocrinos en cada uno de los casos. Se  propuso una clasificaci&oacute;n que los divide en 2 grandes grupos: maternos y  ambientales, y esta constituye el eje central a partir del cual se realiza la discusi&oacute;n  de los diferentes aspectos que integran esta revisi&oacute;n, la cual evidencia la  importancia que tienen el sistema inmunol&oacute;gico y el endocrino en la  fisiopatolog&iacute;a, y el surgimiento de la enfermedad hipertensiva inducida por el  embarazo.</p>     <p><strong>Palabras clave:</strong> Preeclampsia,  factores de riesgo, enfoque inmunoendocrino.</p> <h4>Introducci&oacute;n</h4>     <p align="justify">La preeclampsia (PE) es una  enfermedad exclusiva de la gestaci&oacute;n humana, que conlleva a morbimortalidad  perinatal elevada, y que se caracteriza por el aumento de la presi&oacute;n arterial y  proteinuria durante la segunda mitad del embarazo. Se presenta&nbsp; en&nbsp;  todas&nbsp; las poblaciones con una  incidencia general que var&iacute;a entre el 5 y el 7 %; sin embargo, diferencias  geogr&aacute;ficas, socioecon&oacute;micas y raciales hacen que su frecuencia en algunas  &aacute;reas sea 3 veces mayor que en otras.<span class="superscript">1</span></p>     <p align="justify">A pesar de la importancia de  la PE en t&eacute;rminos de salud p&uacute;blica, ya que constituye la mayor causa de  mortalidad materna en los pa&iacute;ses desarrollados, as&iacute; como de morbilidad  gestacional a corto y largo plazo, de muerte perinatal, parto pret&eacute;rmino y  retardo del crecimiento intrauterino,<span class="superscript">2,3</span> los mecanismos que la  desencadenan no est&aacute;n totalmente precisados y han sido m&uacute;ltiples las teor&iacute;as  que se han enumerado para explicar su etiolog&iacute;a.<span class="superscript">4,5</span> Se acepta que es  una enfermedad compleja, en la cual la manifestaci&oacute;n individual de la  enfermedad depende de la interacci&oacute;n entre varios genes maternos con el  genotipo fetal y con factores medioambientales, lo que determina la generaci&oacute;n  de una respuesta que conduce a la aparici&oacute;n de hipertensi&oacute;n arterial,  proteinuria y edema, signos evidentes del desarrollo de la PE.<span class="superscript">6</span> No  obstante, aunque se ha acumulado bastante evidencia sobre el aporte gen&eacute;tico y  medioambiental en la predisposici&oacute;n a desarrollar una PE, pocos estudios hasta  la fecha han intentado cuantificar y discriminar el peso que cada uno de ellos  tiene, en relaci&oacute;n con este aspecto, y menos clara es todav&iacute;a la importancia  que tienen los nuevos factores de riesgo para anticipar el surgimiento de esta  enfermedad. Por todo ello, nos propusimos hacer una amplia y actualizada  revisi&oacute;n del tema en cuesti&oacute;n, para tratar de profundizar en el conocimiento  que se tiene sobre los factores de riesgo de PE en este momento, y agrupar en  este art&iacute;culo la mayor cantidad de informaci&oacute;n posible, en relaci&oacute;n con este  aspecto de este proceso m&oacute;rbido.</p> <h4>Factores de riesgo de PE</h4>     <p align="justify">Los factores de riesgo de PE  han sido clasificados o divididos de diferente manera por varios autores. As&iacute;, <em>Serrano</em> y otros<span class="superscript">6</span> los dividen  en gen&eacute;ticos y medioambientales, mientras que <em>Contreras</em> y otros<span class="superscript">7</span> en preconcepcionales o cr&oacute;nicos y  vinculados con el embarazo. En otros estudios epidemiol&oacute;gicos se ha encontrado  que son clasificados en modificables y no modificables, visi&oacute;n que pudiera ser  m&aacute;s operativa y pr&aacute;ctica, ya que acepta o da la opci&oacute;n de cambiar algunos de  ellos, en este caso, los que se consideran modificables.<span class="superscript">8,9</span> Tambi&eacute;n  se acepta la divisi&oacute;n en placentarios y maternos.<span class="superscript">10</span></p>     <p align="justify"> En este trabajo proponemos una  clasificaci&oacute;n que los divide en maternos (preconcepcionales y relacionados con  la gestaci&oacute;n en curso)&nbsp; y  medioambientales:</p>     <p>Factores de riesgo de PE</p> <ol>       <li>Maternos:<br />   Preconcepcionales:<br />   - Edad materna menor  de 20 y mayor de 35 a&ntilde;os.<br /> - Raza negra.<br /> - Historia personal  de PE (en embarazos anteriores).<br /> - Presencia de  algunas enfermedades cr&oacute;nicas: hipertensi&oacute;n arterial, obesidad, diabetes  mellitus, resistencia a la insulina, enfermedad renal, neurofibromatosis,  s&iacute;ndrome antifosfol&iacute;pido primario (anticuerpos antifosfol&iacute;pidos) y otras  enfermedades autoinmunes (s&iacute;ndrome antifosfol&iacute;pido secundario), trombofilias y  dislipidemia.     <p>Relacionados con  la gestaci&oacute;n en curso:<br />   - Primigravidez o  embarazo de un nuevo compa&ntilde;ero sexual.<br />   - Sobredistenci&oacute;n  uterina (embarazo gemelar y polihidramnios).<br />   - Embarazo molar en  nul&iacute;para.  </p>   </li>       ]]></body>
<body><![CDATA[<li>Ambientales:<br />   - Malnutrici&oacute;n por  defecto o por exceso.<br />   - Escasa ingesta de  calcio previa y durante la gestaci&oacute;n.<br />   - Hipomagnesemia y  deficiencias de zinc y selenio.<br />   - Alcoholismo  durante el embarazo.<br />   - Bajo nivel  socioecon&oacute;mico.<br />   - Cuidados  prenatales deficientes.<br />   - Estr&eacute;s cr&oacute;nico.</li>     </ol> <h6>Factores de riesgo maternos  preconcepcionales</h6>     <p align="justify"><strong>Edad  materna:</strong> para algunos autores las edades extremas (menor de 20 y mayor de 35  a&ntilde;os) constituyen uno de los principales factores de riesgo de hipertensi&oacute;n  inducida por el embarazo, y se ha informado que en estos casos el riesgo de  padecer una PE se duplica.<span class="superscript">11</span> As&iacute;, <em>&Aacute;lvarez</em> y <em>Mendoza</em>,<span class="superscript">9</span> del Hospital Central &ldquo;Dr. Antonio Mar&iacute;a  Pineda&rdquo; de Barquisimeto (Venezuela), lo corroboran en su estudio descriptivo  transversal,&nbsp; que incluy&oacute; a 100 pacientes  que cumplieron con los criterios diagn&oacute;sticos establecidos de PE. En Cuba, esto  ha sido precisado tambi&eacute;n por <em>Lugo</em> y otros,<span class="superscript">8</span> <em>&Aacute;lvarez</em> y otros<span class="superscript">12</span> y <em>Moya</em> y otros,<span class="superscript">13</span>  entre otros. </p>     <p align="justify">M&uacute;ltiples conjeturas han tratado de explicar este  riesgo incrementado. Se ha planteado que las mujeres mayores de 35 a&ntilde;os padecen  con mayor frecuencia enfermedades cr&oacute;nicas vasculares, y esto facilita el  surgimiento de la PE. Por otra parte, se ha dicho que en el caso de las  pacientes muy j&oacute;venes se forman con mayor frecuencia placentas anormales, lo  cual le da valor a la teor&iacute;a de la placentaci&oacute;n inadecuada como causa de la PE.<span class="superscript">14</span></p>     <p align="justify"><strong>Raza negra:</strong> algunos autores informan que la PE aparece con mayor  frecuencia en las mujeres de esta raza, lo cual ha sido explicado por el hecho  de que la hipertensi&oacute;n arterial cr&oacute;nica es m&aacute;s frecuente y severa en estas  personas. Adem&aacute;s, la obesidad y la diabetes mellitus tipo 2 tambi&eacute;n son m&aacute;s  prevalentes en la poblaci&oacute;n afronorteamericana de los EE.UU. que en la  cauc&aacute;sica, y gran parte de los estudios sobre factores de riesgo de PE se han  hecho en este pa&iacute;s. Es sabido que padecer cualquiera de estas enfermedades&nbsp; cr&oacute;nicas incrementa el riesgo de sufrir una  hipertensi&oacute;n inducida por el embarazo.<span class="superscript">7,10,15 </span></p>     <p align="justify"><strong>Historia  familiar de preeclampsia:</strong> en estudios familiares observacionales y descriptivos  se ha encontrado un incremento del riesgo de padecer una PE en hijas y hermanas  de mujeres que sufrieron una PE durante su gestaci&oacute;n. Se plantea que las  familiares de primer grado de consaguinidad de una mujer que ha padecido una  PE, tienen de 4 a 5 veces mayor riesgo de presentar la enfermedad cuando se  embarazan. Igualmente, las familiares de segundo grado tienen un riesgo de  padecerla de 2 a 3 veces mayor, comparado con aquellas mujeres en cuyas  familias no hay historia de PE. Este tipo de predisposici&oacute;n familiar apoya la  definici&oacute;n de la PE como una enfermedad compleja, en la que los factores  gen&eacute;ticos que contribuyen a su origen, y que suelen ser m&uacute;ltiples,  interactuar&iacute;an de la forma siguiente entre ellos y con el ambiente: 2 o m&aacute;s  genes entre s&iacute; (herencia polig&eacute;nica), o 2 o m&aacute;s genes con diferentes factores  medioambientales (herencia multifactorial), y donde la heterogeneidad gen&eacute;tica  del individuo determinar&iacute;a diferentes respuestas a un factor externo. Los genes  que est&aacute;n implicados en el surgimiento de la PE, de los cuales se han  encontrado m&aacute;s de 26, han sido agrupados, de acuerdo con su papel etiol&oacute;gico en  4 grupos: aquellos que regulan el proceso de placentaci&oacute;n, los que intervienen  en el control de la tensi&oacute;n arterial (TA), los que est&aacute;n involucrados en el  fen&oacute;meno de isquemia placentaria y, por &uacute;ltimo, los que rigen el proceso de  da&ntilde;o/remodelado del endotelio vascular. </p>     <p align="justify">La influencia del componente  gen&eacute;tico en el surgimiento la PE ha sido puesta en evidencia por estudios  hechos en gemelos de sexo femenino, muchos de los cuales han demostrado una  mayor frecuencia de aparici&oacute;n de PE entre gemelos homocig&oacute;ticos que en  dicig&oacute;ticos. Por su parte, se ha precisado que el efecto gen&eacute;tico sobre la  susceptibilidad para desarrollar una PE est&aacute; dado, en gran medida, por genes de  origen materno; pero que tambi&eacute;n los genes paternos, por medio del genotipo  fetal, pueden contribuir a esta predisposici&oacute;n, ya que estos &uacute;ltimos genes  tienen un papel clave en la placentaci&oacute;n.&nbsp;  La influencia de los genes paternos como factor de riesgo de PE, se pone  de manifiesto al encontrar que una mujer tiene 80 % m&aacute;s de riesgo para  desarrollar una PE si su compa&ntilde;ero sexual tiene como antecedente ser el  progenitor masculino de una gestaci&oacute;n previa en la que la mujer sufri&oacute; una PE.  A su vez, los hombres cuyas madres padecieron una PE durante la gestaci&oacute;n que  los procre&oacute;, tienen 110 % m&aacute;s riesgo de que una mujer por ellos embarazada  desarrolle esta enfermedad durante la gestaci&oacute;n. <span class="superscript">6,16,17 </span></p>     <p align="justify">As&iacute;, como la susceptibilidad  para desarrollar una PE est&aacute; mediada en gran parte por un componente gen&eacute;tico  heredable, que contribuye en aproximadamente un 50 % al riesgo de sufrir la  enfermedad, indagar sobre la existencia de historia familiar de PE puede ser una  herramienta valiosa para detectar embarazos con alto riesgo de padecerla.</p>     <p align="justify"><strong>Historia  personal de preeclampsia: </strong>se ha observado que entre un 20 y 50 % de las  pacientes que padecieron una PE durante un embarazo anterior, sufren una  recurrencia de la enfermedad en su siguiente gestaci&oacute;n. <em>Torales</em> y otros3  &nbsp;&nbsp;hallaron en su estudio de 56  gestantes hipertensas que el 31 % ten&iacute;a el antecedente de haber sufrido una PE  durante el embarazo anterior, mientras que <em>&Aacute;lvarez y Mendoza</em><span class="superscript">9</span> encontraron  en su investigaci&oacute;n hecha en 100 embarazadas hipertensas en Barquisimeto, que  el 50 % ten&iacute;a tambi&eacute;n el mismo antecedente ya referido. Asimismo, <em>S&aacute;nchez</em> y otros<span class="superscript">10</span> plantearon que uno de los hallazgos m&aacute;s llamativos de su  estudio de 183 mujeres preecl&aacute;mpsicas, fue la diferencia significativa entre  casos y controles, en cuanto al antecedente referido de PE en un embarazo  previo, y concluyeron que las mujeres con este antecedente tuvieron un riesgo  de padecer una PE durante la gestaci&oacute;n actual que se estudi&oacute;, casi 9 veces  mayor que las que no la refirieron. Se ha planteado que este riesgo de  recurrencia estar&iacute;a justificado por el hecho de que existe una susceptibilidad  para padecer una PE en toda mujer que la sufre, y en esto jugar&iacute;a su papel el  factor gen&eacute;tico utilizando como mediador al sistema inmunol&oacute;gico. Este supuesto  tendr&iacute;a una explicaci&oacute;n satisfactoria, sobre todo, en el caso de las pacientes  que no lograron desarrollar una tolerancia inmunol&oacute;gica a los mismos ant&iacute;genos  paternos a los que ya se expusieron en gestaciones anteriores.<span class="superscript">9,10 </span></p> <h6>Presencia de  algunas enfermedades cr&oacute;nicas </h6>     <p align="justify">Hipertensi&oacute;n arterial cr&oacute;nica: es conocido  que un alto &iacute;ndice de enfermedad hipertensiva del embarazo se agrega a la  hipertensi&oacute;n arterial preexistente,<span class="superscript">3,8-10</span> y que en la medida en que  es mayor la TA pregestacional, mayor es el riesgo de padecer una PE.<span class="superscript">7</span> La hipertensi&oacute;n arterial cr&oacute;nica produce da&ntilde;o vascular por diferentes  mecanismos, y la placenta anat&oacute;micamente es un &oacute;rgano vascular por excelencia,  lo cual puede condicionar una oxigenaci&oacute;n inadecuada del trofoblasto y  favorecer el surgimiento de la PE.<span class="superscript">7</span> Se ha informado tambi&eacute;n que en la PE se  produce un aumento de la sensibilidad a la norepinefrina, y que esta es a&uacute;n m&aacute;s  intensa en las pacientes que ya tienen una hipertensi&oacute;n arterial cr&oacute;nica,  cuando la PE se le asocia.<span class="superscript">18</span> Por otra parte, se ha visto que el 20 %  de las mujeres que sufren una PE durante su embarazo y que no eran hipertensas  con anterioridad, pueden quedar en este estado para siempre, sobre todo, si la  toxemia apareci&oacute; antes de las 30 semanas de gestaci&oacute;n.<span class="superscript">18,19 </span> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Obesidad:  la  obesidad, por un lado, se asocia con frecuencia con la hipertensi&oacute;n arterial, y  por otro, provoca una excesiva expansi&oacute;n del volumen sangu&iacute;neo y un aumento  exagerado del gasto card&iacute;aco, que son necesarios para cubrir las demandas  metab&oacute;licas incrementadas, que esta le impone al organismo, lo que contribuye <em>per se</em> a elevar la TA.<span class="superscript">15</span> Por  otro lado, los adipositos secretan citoquinas, en especial el factor de  necrosis tumoral <span class="Estilo1">a</span> (FNT<span class="Estilo1">a</span>), que producen da&ntilde;o vascular, lo que empeora el estr&eacute;s oxidativo,  fen&oacute;meno que tambi&eacute;n est&aacute; involucrado en el surgimiento de la PE. <span class="superscript">20-22</span></p>     <p align="justify">Diabetes  mellitus: en la diabetes mellitus pregestacional puede existir  microangiopat&iacute;a y generalmente hay un aumento del estr&eacute;s oxidativo y del da&ntilde;o  endotelial, todo lo cual puede afectar la perfusi&oacute;n uteroplacentaria y  favorecer el surgimiento de la PE, que es 10 veces m&aacute;s frecuente en las  pacientes que padecen esta enfermedad.<span class="superscript">7</span> Asimismo, tambi&eacute;n se ha  visto que la diabetes gestacional se asocia con frecuencia con la PE, aunque  todav&iacute;a no se tiene una explicaci&oacute;n satisfactoria para este hecho.<span class="superscript">7,23,24 </span> </p>     <p align="justify">Resistencia a  la insulina: en los &uacute;ltimos tiempos se ha reunido alguna evidencia para  considerar a la resistencia a la insulina como un factor de riesgo de PE; sin  embargo, el embarazo por s&iacute; mismo est&aacute; asociado con una reducci&oacute;n de la  sensibilidad a la insulina, por lo que es dif&iacute;cil precisar a partir de qu&eacute;  grado la resistencia a la insulina comienza a ser anormal durante la gestaci&oacute;n.<span class="superscript">19,23,25-27</span> En el estado hiperinsulin&eacute;mico existe una hiperactividad  simp&aacute;tica y una retenci&oacute;n de sodio y agua por el ri&ntilde;&oacute;n debido a la acci&oacute;n  natriur&eacute;tica directa de la insulina, todo lo cual puede contribuir al  incremento de la TA durante el embarazo.<span class="superscript">23</span> El responsable directo de  las alteraciones metab&oacute;licas que se producen en el estado hiperinsulin&eacute;mico  parece ser el FNT<span class="Estilo1">a</span>.&nbsp; Esta citoquina act&uacute;a directamente sobre el  receptor de la insulina, y lo hace resistente a la acci&oacute;n de la hormona, y  adem&aacute;s, estimula la liberaci&oacute;n de &aacute;cidos grasos libres y disminuye la  producci&oacute;n de &oacute;xido n&iacute;trico, lo que contribuye a aumentar a&uacute;n m&aacute;s el estado de  insulinorresistencia y favorecer la vasoconstricci&oacute;n, respectivamente.<span class="superscript">28 </span></p>     <p align="justify">Enfermedad  renal cr&oacute;nica (nefropat&iacute;as): las nefropat&iacute;as, algunas de las cuales ya quedan  contempladas dentro de procesos morbosos como la diabetes mellitus (nefropat&iacute;a  diab&eacute;tica) y la hipertensi&oacute;n arterial (nefroangioesclerosis), pueden favorecer  por diferentes mecanismos el surgimiento de una PE.<span class="superscript">7,29</span>&nbsp;&nbsp; En los casos de la nefropat&iacute;a  diab&eacute;tica y la hipertensiva, puede producirse una placentaci&oacute;n anormal, dado  que conjuntamente con los vasos renales est&aacute;n afectados los de todo el  organismo, incluidos los uterinos.<span class="superscript">30</span> Por otra parte, en las enfermedades renales en  la que existe un da&ntilde;o renal importante, se produce con frecuencia hipertensi&oacute;n  arterial, y como ya se coment&oacute;, su presencia en la gestante puede coadyuvar a la  aparici&oacute;n de la PE.<span class="superscript">31,32</span></p>     <p align="justify">Presencia de  anticuerpos antifosfol&iacute;pidos: estos est&aacute;n presentes en varias enfermedades  autoinmunes, como el s&iacute;ndrome antifosfol&iacute;pido primario y el lupus eritematoso  sist&eacute;mico, y su presencia (prevalencia aproximada de 15 % en mujeres con alto  riesgo obst&eacute;trico) se ha relacionado con un aumento de la probabilidad de  padecer una PE.<span class="superscript">33,34</span> En el estudio de <em>Branch</em> y otros<span class="superscript">35</span>&nbsp; en 43 gestantes que presentaron PE severa  antes de la semana 34 de edad gestacional, se encontr&oacute; que el 16 % de las  pacientes ten&iacute;an niveles significativamente elevados de estos anticuerpos y  ninguno de los controles de edad gestacional similar (p&lt;0,001). Esta asociaci&oacute;n tambi&eacute;n ha sido encontrada  por <em>Pampus</em> y  otros,<span class="superscript">36</span> <em>Kupferminc</em> y otros,<span class="superscript">37</span> y <em>Yasuda</em> y otros,<span class="superscript">38</span> en  sus respectivas investigaciones. </p>     <p align="justify">La presencia de anticuerpos  antifosfol&iacute;pidos se asocia con un aumento de la tendencia a la trombosis. Esto  puede afectar la placenta, torn&aacute;ndola insuficiente, lo que resulta por  trombosis de los vasos placentarios, infartos y da&ntilde;o de las arterias espirales.  Se alterar&iacute;a as&iacute; el desarrollo del trofoblasto desde su inicio y no habr&iacute;a una  efectiva circulaci&oacute;n fetoplacentaria (isquemia), y en etapas tard&iacute;as,  aparecer&iacute;a un da&ntilde;o importante de la vasculatura uteroplacentaria, lo que  producir&iacute;a un estado de insuficiencia placentaria y surgir&iacute;an las  complicaciones gestacionales que se asocian con esta. Por otro lado, se  producir&iacute;a tambi&eacute;n un aumento de la respuesta inflamatoria del endotelio de  todo el &aacute;rbol vascular, con porosidad de la membrana vasculosincitial,  secreci&oacute;n de mol&eacute;culas proadhesivas y citoquinas, e ingreso f&aacute;cil al espacio subendotelial  de autoanticuerpos de tipo IgG, todo lo cual ha sido implicado tambi&eacute;n en la  fisiopatolog&iacute;a de la PE.<span class="superscript">39</span> &nbsp;En  resumen, los mecanismos patog&eacute;nicos para el surgimiento de la trombosis  placentaria en el s&iacute;ndrome antifosfol&iacute;pido ser&iacute;an los siguientes:  hipercoagulabilidad&nbsp; plaquetaria inducida  por la presencia de los autoanticuerpos, disminuci&oacute;n de la producci&oacute;n de  prostaciclina, aumento de la s&iacute;ntesis&nbsp;  del factor Von Willebrand y del factor activador plaquetario, inhibici&oacute;n  de la actividad anticoagulante de las prote&iacute;nas C y S, y de la antitrombina  III, deterioro de la fibrinolisis y, finalmente, disminuci&oacute;n de la anexina V,  prote&iacute;na producida por la placenta que se une a los fosfol&iacute;pidos ani&oacute;nicos  membranales exteriorizados, para hacer las superficies de las membranas de los  vasos plancentarios no trombog&eacute;nicas.<span class="superscript">39,40</span></p>     <p align="justify">Trombofilias: su  presencia se asocia con un mayor riesgo de presentar enfermedad tromboemb&oacute;lica  durante el embarazo y el puerperio, alteraciones vasculares placentarias,  aborto recurrente y PE.<span class="superscript">41</span> En  el estudio de tipo caso-control de <em>Kupferminc</em> y otros <span class="superscript">37</span> en 110  mujeres con antecedentes de complicaciones vasculares placentarias tard&iacute;as (PE  severa, abruptio  placentae, retardo del crecimiento intrauterino y/o muerte fetal  intrauterina), se detect&oacute; alg&uacute;n tipo de trombofilia en el 52 % de los casos.  Asimismo, se ha observado una mayor incidencia de resistencia al efecto de la  prote&iacute;na C activada, de deficiencia de prote&iacute;na S y de mutaci&oacute;n del factor V de  Leiden en mujeres que tienen antecedentes de PE, de resultados perinatales  adversos o de ambos.<span class="superscript">7</span> Por lo tanto, las mujeres con trombofilia  familiar tienen un mayor riesgo de PE y de p&eacute;rdida fetal.</p>     <p align="justify">Es necesario aclarar que  cuando se habla de trombofilias se refiere a trastornos de la coagulaci&oacute;n que  padece la mujer, en este caso, antes del embarazo, y en los cuales existe una  situaci&oacute;n de hipercoagulabilidad, por lo que pueden contribuir a acentuar el  estado procoagulante propio de cualquier embarazo normal.&nbsp; Otro aparte merecen los trastornos de la  coagulaci&oacute;n que pueden aparecer en el curso de una PE, que son muy variados,<span class="superscript">16,27,42</span>  y que por supuesto, no est&aacute;n presentes antes del surgimiento de esta  enfermedad.</p>     <p align="justify">Dislipidemia: su  presencia se asocia con un aumento del estr&eacute;s oxidativo y con la aparici&oacute;n de  disfunci&oacute;n endotelial,&nbsp; condiciones que  est&aacute;n vinculadas con la g&eacute;nesis de la PE, adem&aacute;s, generalmente se presenta  acompa&ntilde;ando a otras enfermedades cr&oacute;nicas, como la obesidad, la diabetes  mellitus y la hipertensi&oacute;n arterial, lo que incrementa a&uacute;n m&aacute;s el riesgo de  padecer una PE. Al parecer, un simple aumento del substrato oxidable (l&iacute;pidos  circulantes, y m&aacute;s espec&iacute;ficamente, LDL peque&ntilde;as y densas ricas en  triglic&eacute;ridos), que logre superar la capacidad amortiguadora antioxidante de la  gestante, podr&iacute;a ser responsable de la liberaci&oacute;n de productos derivados de la  oxidaci&oacute;n lip&iacute;dica, que pueden afectar la integridad de las membranas celulares  y generar una cascada de eventos que tendr&iacute;an como colof&oacute;n a la disfunci&oacute;n  endotelial.<span class="superscript">19,43 </span></p>     <p align="justify">En cultivos de c&eacute;lulas  placentarias se ha visto que la modificaci&oacute;n de los l&iacute;pidos membranales por  reacciones como la oxidaci&oacute;n, disminuye la secreci&oacute;n de progesterona,  afect&aacute;ndose el proceso de placentaci&oacute;n, y as&iacute; tambi&eacute;n se ha relacionado la  presencia de una hipertrigliceridemia importante al inicio del embarazo con el  incremento de la probabilidad de sufrir una PE en la segunda&nbsp; mitad de la gestaci&oacute;n.<span class="superscript">43</span> Debido a  que los triglic&eacute;ridos (TGC) son los l&iacute;pidos predominantes en las lipoprote&iacute;nas  de muy baja densidad (VLDL), el aumento de su concentraci&oacute;n encontrado en  gestantes preecl&aacute;mpsicas pudiera ser explicado por la gran resistencia a la  acci&oacute;n de la insulina que tambi&eacute;n tienen estas pacientes, ya que esta hormona  inhibe la secreci&oacute;n hep&aacute;tica de VLDL. Son estos TGC en exceso los que se  acumulan en las c&eacute;lulas endoteliales y contribuyen al surgimiento de la  disfunci&oacute;n endotelial, por lo que se ha planteado que la alteraci&oacute;n en el  metabolismo lip&iacute;dico es un prerrequisito para la aparici&oacute;n de la disfunci&oacute;n  endotelial en la PE.<span class="superscript">23,43</span></p> <h6>Factores de riesgo maternos  relacionados con la gestaci&oacute;n en curso</h6>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b>Primigravidez o embarazo de nuevo compa&ntilde;ero sexual:</b>    esto ha sido comprobado por m&uacute;ltiples estudios epidemiol&oacute;gicos,    que sustentan la validez de este planteamiento, siendo en las primagestas la    susceptibilidad de 6 a 8 veces mayor que en las mult&iacute;paras.<span class="superscript">3,8-10    </span></p>     <p align="justify">La PE se reconoce actualmente  como una enfermedad provocada por un fen&oacute;meno de inadaptaci&oacute;n inmunitaria de la  madre al <em>conceptus</em> fetal. La unidad  fetoplacentaria contiene ant&iacute;genos paternos que son extra&ntilde;os para la madre  hu&eacute;sped, y que se supone sean los responsables de desencadenar todo el proceso  inmunol&oacute;gico que provocar&iacute;a el da&ntilde;o vascular, causante directo de la aparici&oacute;n  de la enfermedad. En la PE, el sistema reticuloendotelial no elimina los  ant&iacute;genos fetales que pasan a la circulaci&oacute;n materna, y se forman entonces  inmunocomplejos, que se depositan finalmente en los peque&ntilde;os vasos  sangu&iacute;neos&nbsp; y provocan da&ntilde;o vascular y  activaci&oacute;n de la coagulaci&oacute;n con nefastas consecuencias para todo el organismo.  Durante el primer embarazo se pondr&iacute;a en marcha todo este mecanismo  inmunol&oacute;gico y surgir&iacute;a la PE pero, a la vez, tambi&eacute;n se desarrollar&iacute;a el  fen&oacute;meno de tolerancia inmunol&oacute;gica, que evitar&aacute; que la enfermedad aparezca en  gestaciones posteriores, siempre que se mantenga el mismo compa&ntilde;ero sexual.  As&iacute;, el efecto protector de la multiparidad se pierde con un cambio de  compa&ntilde;ero. El fen&oacute;meno de tolerancia inmunol&oacute;gica disminuye con el tiempo y  aproximadamente 10 a&ntilde;os despu&eacute;s de una primera gestaci&oacute;n, la mujer ha perdido  la protecci&oacute;n que le confiere esta.<span class="superscript">44-46</span></p>     <p align="justify">Se ha comprobado, asimismo,  que la escasa duraci&oacute;n de la cohabitaci&oacute;n sexual es un determinante importante  del surgimiento de la enfermedad. En varios estudios ya se ha demostrado que  tanto en las primigestas como en las mult&iacute;paras, la mayor duraci&oacute;n de la  cohabitaci&oacute;n sexual antes de la concepci&oacute;n tiene una relaci&oacute;n inversa con la  incidencia de PE. Por el contrario, la modificaci&oacute;n de la paternidad o un breve  per&iacute;odo de exposici&oacute;n a los espermatozoides del compa&ntilde;ero sexual, se han  relacionado con un incremento sustancial del riesgo de padecer la enfermedad, y  lo mismo sucede con los embarazos ocurridos por inseminaci&oacute;n artificial  heter&oacute;loga o por donaci&oacute;n de ovocitos, y con el hecho de tener un compa&ntilde;ero que  fue el progenitor masculino en un embarazo con PE en otra mujer.<span class="superscript">46,47</span></p>     <p align="justify">Por otra parte, se ha dicho  tambi&eacute;n que la mujer primigesta, por no haber tenido sometido previamente el  &uacute;tero a la distensi&oacute;n de un embarazo, tiene durante toda su evoluci&oacute;n un mayor  tono del miometrio que, por compresi&oacute;n, disminuye el calibre de las arteriolas  espirales, y esto limita la perfusi&oacute;n sangu&iacute;nea a esta zona, con la consecuente  posibilidad de hipoxia trofobl&aacute;stica, fen&oacute;meno que tambi&eacute;n ha sido implicado en  la g&eacute;nesis de la PE. As&iacute;, la inadecuada perfusi&oacute;n de la placenta es seguida por  sus cambios patol&oacute;gicos, el escape de trofoblasto a la circulaci&oacute;n, y el  consecuente y lento desarrollo de una coagulaci&oacute;n intravascular sist&eacute;mica con  efectos delet&eacute;reos importantes en todo el organismo.<span class="superscript">14,48</span></p>     <p align="justify">Se ha comprobado que en la PE  la irrigaci&oacute;n uteroplacentaria est&aacute; disminuida en un 50 %, lo que produce una  degeneraci&oacute;n acelerada del sincitiotrofoblasto y trombosis intervellosa e  infartos placentarios, lo cual conduce al s&iacute;ndrome de insuficiencia  placentaria, y altera el intercambio diaplacentario de sustancias y la  producci&oacute;n y secreci&oacute;n hormonal de la placenta, facilit&aacute;ndose, adem&aacute;s, su  desprendimiento prematuro, con sus consecuencias nefastas para la madre y el  feto.<span class="superscript">49,50</span></p>     <p align="justify"><b>Sobredistensi&oacute;n uterina (embarazo gemelar y polihidramnios):</b>    tanto el embarazo gemelar como la presencia de polihidramnios generan sobredistensi&oacute;n    del miometrio; esto disminuye la perfusi&oacute;n placentaria y produce hipoxia    trofobl&aacute;stica, que, por mecanismos complejos, ya explicados en parte,    pueden favorecer la aparici&oacute;n de la enfermedad. As&iacute;, se ha informado    que la PE es 6 veces m&aacute;s frecuente en el embarazo m&uacute;ltiple que    en el sencillo.<span class="superscript">14,51 </span></p>     <p align="justify">Por otra parte, en el  embarazo gemelar hay un aumento de la masa placentaria y, por consiguiente, un  incremento del material gen&eacute;tico paterno vinculado con la placenta, por lo que  el fen&oacute;meno inmunofisiopatol&oacute;gico t&iacute;pico de la PE puede ser m&aacute;s precoz e  intenso en estos casos.<span class="superscript">52</span></p>     <p align="justify"><b>Embarazo molar: </b>la frecuencia de PE es 10 veces superior    en estos casos a la encontrada en el embarazo normal. Durante el embarazo molar    se produce un mayor y m&aacute;s r&aacute;pido crecimiento del &uacute;tero,    lo que genera distensi&oacute;n brusca del miometrio, con el consiguiente aumento    del tono uterino, disminuci&oacute;n del flujo sangu&iacute;neo placentario    e hipoxia que, como ya se coment&oacute;, est&aacute; vinculada con la aparici&oacute;n    de la enfermedad.<span class="superscript">7,53 </span>Asimismo, en el embarazo    molar est&aacute; aumentada la masa placentaria, ya que hay una superabundancia    de vellosidades cori&oacute;nicas, lo cual puede anticipar y acrecentar la reacci&oacute;n    inmunitaria anormal vinculada con la aparici&oacute;n de la PE.<span class="superscript">7,53</span>    Por su parte, en este tipo de gestaci&oacute;n est&aacute; muy elevada la hCG,    situaci&oacute;n que tambi&eacute;n se ha asociado con un incremento de la incidencia    de PE, incluso en el embarazo que no est&aacute; afectado por una mola. <em>G&ouml;kdeniz    </em>y otros<span class="superscript">54</span> publicaron en 1999 un estudio    en el cual compararon los niveles de &szlig;-hCG encontrados al principio del    tercer trimestre en mujeres preecl&aacute;mpsicas y en otras con gestaci&oacute;n    normal, y concluyeron que esta estaba muy elevada en las primeras y que su temprano    (inicio del segundo trimestre)&nbsp; y marcado incremento pudiera predecir el    surgimiento posterior de una PE.</p> <h6>Factores de riesgo  ambientales</h6>     <p align="justify"><b>Malnutrici&oacute;n por defecto o por exceso:</b> se ha    visto que, con frecuencia, la malnutrici&oacute;n por defecto se asocia con    la PE. La justificaci&oacute;n de este hecho es compleja. La desnutrici&oacute;n    se acompa&ntilde;a generalmente de anemia, lo cual significa un d&eacute;ficit    en la captaci&oacute;n y transporte de ox&iacute;geno, que puede ocasionar la    hipoxia del trofoblasto. Por otro lado, en la desnutrici&oacute;n tambi&eacute;n    existe deficiencia de varios micronutrientes, como calcio, magnesio, zinc, selenio    y &aacute;cido f&oacute;lico, cuya falta o disminuci&oacute;n&nbsp; se ha relacionado    con la aparici&oacute;n de la PE.<span class="superscript">14,54,55</span> En    relaci&oacute;n con la malnutrici&oacute;n por exceso, ya fue abordado el tema    cuando nos referimos a la obesidad.</p>     <p align="justify"><b>Escasa ingesta de calcio:</b> estudios epidemiol&oacute;gicos    en mujeres embarazadas encuentran una relaci&oacute;n inversa entre el calcio    ingerido en la dieta y la hipertensi&oacute;n inducida por el embarazo.<span class="superscript">43,56-58</span>    Un trabajo reciente en el cual se le administr&oacute; a gestantes adultas un    suplemento de 1,5 g de calcio elemental al d&iacute;a (en forma de carbonato    de calcio), y a embarazadas adolescentes, otro con una concentraci&oacute;n    de calcio elemental de 2 g, mostr&oacute; una disminuci&oacute;n de la PE en    los grupos que recibieron el suplemento.<span class="superscript">59</span>    Se plantea que una excreci&oacute;n urinaria de calcio menor que 12 mg/dL puede    predecir el surgimiento de la PE con una sensibilidad de 85 %, una especificidad    de 91 %, un valor predictivo positivo de 85 % y un valor predictivo negativo    de 91 %.<span class="superscript">60-63</span> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">La disminuci&oacute;n del calcio  extracelular conlleva, a trav&eacute;s de mecanismos reguladores, al aumento del  calcio intracelular, lo que produce una elevaci&oacute;n de la reactividad y una  disminuci&oacute;n de la refractariedad a los vasopresores; entonces, la noradrenalina  act&uacute;a sobre los receptores alfa y produce vasoconstricci&oacute;n y aumento de la TA.  Con la disminuci&oacute;n del calcio plasm&aacute;tico, disminuye tambi&eacute;n la s&iacute;ntesis de  prostaglandina&nbsp; I<span class="subscript">2</span>  (prostaciclina), que es un vasodilatador. En esencia, la hipocalcemia en el  l&iacute;quido extracelular despolariza las membranas de las c&eacute;lulas nerviosas y  musculares, y aumenta la producci&oacute;n de potenciales de acci&oacute;n. <span class="superscript">60,64,65&nbsp;</span> </p>     <p align="justify">Asimismo, a diferencia de los  embarazos normales, en la PE los niveles de la hormona paratiroidea, en  respuesta a la hipercalcemia inicial, se encuentran significativamente elevados  y los de vitamina D3, disminuidos, produci&eacute;ndose esto &uacute;ltimo luego del aumento  plasm&aacute;tico de la PTH y del incremento de la calcemia. Todo lo anterior pudiera  explicar la menor excreci&oacute;n de calcio por la orina, y la reducci&oacute;n de la  absorci&oacute;n intestinal de este i&oacute;n que se presentan en la PE. Otros  autores han hablado tambi&eacute;n de la existencia de una ATPasa de calcio (bomba de  calcio) defectuosa en las mujeres con PE. Esta enzima es responsable de la  regulaci&oacute;n de los niveles de calcio i&oacute;nico intracelular, y tiene como funci&oacute;n  extraer el calcio del interior de la c&eacute;lula y llevarlo al espacio extracelular.  Su defecto conducir&iacute;a a una acumulaci&oacute;n intracelular de calcio que producir&iacute;a  un aumento del tono de la musculatura lisa arteriolar, vasoconstricci&oacute;n,  aumento de la resistencia vascular parif&eacute;rica y, finalmente, de la TA.<span class="superscript">64,65</span></p>     <p align="justify">Adem&aacute;s, en el embarazo, el  metabolismo del calcio se modifica, sobre todo, para compensar el flujo activo  transplacentario de este i&oacute;n al feto. El equilibrio del calcio es afectado por  la diluci&oacute;n de este elemento que se produce por la expansi&oacute;n del volumen del  l&iacute;quido extracelular, as&iacute; como por la hipercalciuria que resulta del aumento de  la tasa de filtraci&oacute;n glomerular durante la gestaci&oacute;n. Por tanto, para mantener  un balance positivo de este elemento, la embarazada tiene que ingerir m&aacute;s  calcio que la mujer no embarazada.<span class="superscript">65,66</span> Se ha comprobado tambi&eacute;n que  en el ser humano el calcio es un inductor de la fosfolipasa A2, enzima que  interviene en la s&iacute;ntesis del &aacute;cido araquid&oacute;nico, que es un precursor de otros  elementos que tienen funci&oacute;n vasodilatadora, y de la &oacute;xido n&iacute;trico sintetasa,  que est&aacute; vinculada con la producci&oacute;n de &oacute;xido n&iacute;trico, el vasodilatador natural  por excelencia.<span class="superscript">66</span> Por todo ello, el suministro adecuado de calcio  parece disminuir la respuesta vasopresora y, por ende, mejora la  microcirculaci&oacute;n, lo que reduce, en consecuencia, la posibilidad de padecer  hipertensi&oacute;n arterial durante el embarazo. Los resultados son apreciables  despu&eacute;s de las 8 semanas de terapia suplementaria con 2 g de calcio al d&iacute;a.<span class="superscript">65,66</span></p>     <p align="justify"><b>Hipomagnesemia:</b> la disminuci&oacute;n del magnesio debido    a su funci&oacute;n reguladora del calcio intracelular, del tono vascular central    y de la conductividad nerviosa, tambi&eacute;n se considera un factor precipitante    de la hipertensi&oacute;n durante la gestaci&oacute;n, lo cual ha sido informado    por <em>Davison</em> y otros; <span class="superscript">67</span> sin embargo,    estos resultados no son concluyentes, dado que otros investigadores han encontrado    en sus estudios lo contrario, es decir, una asociaci&oacute;n entre la hipermagnesemia    y la PE,<span class="superscript">68-70</span> por lo que se necesitan m&aacute;s    investigaciones sobre el tema para poder resolver esta disyuntiva. </p>     <p align="justify"><b>Bajo nivel socioecon&oacute;mico y cuidados prenatales deficientes:</b>    m&uacute;ltiples son los estudios que relacionan estas 2 situaciones con la    presencia de PE. La causa de esto se ha informado que es multifactorial e involucra    a varios de los factores individuales mencionados en esta revisi&oacute;n.<span class="superscript">7,9,10</span>  </p>     <p align="justify"><b>Estr&eacute;s cr&oacute;nico:</b> varios estudios evidencian    que el aumento de los niveles de las hormonas asociadas con el estr&eacute;s    puede afectar tanto la TA de la madre, como el crecimiento y el desarrollo del    feto. Las mujeres sometidas a estr&eacute;s cr&oacute;nico presentan una elevaci&oacute;n    en sangre de la ACTH, que es producida fundamentalmente por la hip&oacute;fisis,    pero tambi&eacute;n por la placenta. La elevaci&oacute;n de la ACTH favorece    el incremento de la s&iacute;ntesis de cortisol por las gl&aacute;ndulas suprarrenales    y este produce un aumento de la TA, pero tambi&eacute;n act&uacute;a sobre la    placenta adelantando su reloj biol&oacute;gico, y puede as&iacute; desencadenarse    el parto antes de las 37 semanas.<span class="superscript">71,72 </span></p> <h4>Consideraciones  finales</h4>     <p align="justify">Los  sistemas org&aacute;nicos inmunol&oacute;gico y endocrino est&aacute;n implicados de forma  importante en la g&eacute;nesis de la PE, como qued&oacute; evidenciado en esta revisi&oacute;n,  acerca de les factores cl&aacute;sicos de riesgo de esta enfermedad gestacional.  Detectar tempranamente durante el embarazo los factores de riesgo de PE tiene  gran importancia, ya que esto permitir&aacute; diagnosticarla de forma precoz y, en  algunos casos, hasta prevenirla y actuar sobre ellos, evitando as&iacute; todo el  malestar que puede causar esta enfermedad en la madre, su producto y el  personal de salud que los atiende.  </p> <h4 align="justify">Summary</h4> <h6>Risk factors for preeclampsia: an immunoendocrine approach. Part I </h6>     <p align="justify">In this first part, a wide review of the classical risk factors for  preeclampsia was made, making emphasis on the endocrine aspects in each case.  It was proposed a classification that divided them into 2 large groups:  maternal and environmental. This was the central axis from which the different  aspects of this review were discussed, evidencing&nbsp; the importance of the immunological and  endocrine systems in the physiopathology, and the appearance of the  hypertensive disease induced by pregnancy.</p>     <p><strong>Key words:</strong> Preeclampsia, risk factors, immunoendocrine approach.</p> <h4 align="justify">Referencias bibliogr&aacute;f&iacute;cas</h4>     <!-- ref --><p>1. Serrano NC, P&aacute;ez MC, Mart&iacute;nez MP, Casas JP, Gil L, Navarro    AA. Bases gen&eacute;ticas y moleculares de la preeclampsia. Rev MEDUNAB. 2002;5(15):185-94.<!-- ref --><p>2. Ciero M, Rodr&iacute;guez D, Fern&aacute;ndez F. Hipertensi&oacute;n arterial:    riesgo para la madre y el beb&eacute;. Farmacoter. 2003;1(3):91-8.<!-- ref --><p>3. Ulanowicz MG, Parra KE, Rozas GV, Tisiana L. Hipertensi&oacute;n gestacional.    Consideraciones generales, efectos sobre la madre y el producto de la concepci&oacute;n.    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Calle L&iacute;nea y G, Vedado,    municipio Plaza, Ciudad de La Habana, Cuba.</p>     <p><span class="superscript"><a href="#autor">1</a></span><a href="#autor">Especialista de I Grado en  Medicina General Integral y Endocrinolog&iacute;a. M&aacute;ster en Atenci&oacute;n Integral a la  Mujer. Asistente. Hospital Ginecoobst&eacute;trico  Docente &ldquo;Am&eacute;rica Arias&rdquo;. <em><br /> </em><span class="superscript"><strong>2</strong></span>Especialista de II Grado en Laboratorio Cl&iacute;nico.  Profesora Auxiliar. Hospital Pedi&aacute;trico  Docente &ldquo;Marf&aacute;n&rdquo;. <br /> <span class="superscript"><strong>3</strong></span>Especialista de I Grado en  Medicina General Integral y Endocrinolog&iacute;a. Asistente. Instituto Nacional de  Endocrinolog&iacute;a.<br /> <span class="superscript"><strong>4</strong></span>Especialista de II Grado en Ginecoobstetricia.  M&aacute;ster en Atenci&oacute;n Integral a la Mujer. Asistente. 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