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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Popper, el contraste de hipótesis y el método crítico]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Contrary to what is common in the appreciation of the contrast of statistical hypotheses as essentially false, and following the popperian logics of the contrast of hypotheses/scientific theories, 3 theses tried to be proved: (1) that Popper himself did not consider the contrast of hypotheses in the current technical sense, in spite of certain erroneous interpretations and and some texts of his own in which a confused vocabulary is used; (2) that the contrast of hypotheses cannot be assimilated by Popper's contrast neither in its structure nor in its objectives and consequences; in fact, what it finally pursues is to affirm a positive hypothesis, the H1, something radically antipopperian, and (3) that the popperian "critical rationalism" really hides behind its apparent common sense and antidogmatism a "general and methodological totalitarism" subtle as the democratic neototalitarism of which it is a part and of an "everything is worth for those who have it all", an ethical, scientific and political aliby for the present absolute power the pharmaceutical industry has on medical decisions]]></p></abstract>
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<kwd lng="en"><![CDATA[EPIDEMIOLOGIC METHODS]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[ <div align="left">     <p align="right"><img src="/img/revistas/rcsp/v29n1/debate.gif" width="301" height="44"></p>    
<p align="left">&nbsp;</p></div><h2>Popper,  el contraste de hip&oacute;tesis y el m&eacute;todo cr&iacute;tico</h2>    <p><i><a href="#cargo">F&eacute;lix  Miguel Garc&iacute;a<span class="superscript">1</span></a><span class="superscript"><a name="autor"></a></span></i></p><h4>    <br>  RESUMEN</h4>    <p>En contra de lo que es un lugar com&uacute;n en la apreciaci&oacute;n  del contraste de hip&oacute;tesis estad&iacute;sticas como esencialmente falsacionista,  en tanto que sigue la l&oacute;gica del contraste popperiano de hip&oacute;tesis/teor&iacute;as  cient&iacute;ficas, se tratan de demostrar tres tesis: 1) que Popper no se ocup&oacute;  el mismo del contraste de hip&oacute;tesis en el sentido t&eacute;cnico actual,  a pesar de ciertas interpretaciones err&oacute;neas y de ciertos textos suyos  en los que se utiliza un vocabulario confuso; 2) que el contraste de hip&oacute;tesis  no es asimilable al contraste popperiano ni en su estructura, ni en objetivos  ni en sus consecuencias; de hecho, lo que finalmente persigue es afirmar una hip&oacute;tesis  positiva, la H1, algo radicalmente antipopperiano; y 3) que el &quot;racionalismo  cr&iacute;tico&quot; popperiano, detr&aacute;s de su aparente sentido com&uacute;n  y antidogmatismo, esconde en realidad un &quot;totalitarismo general y metodol&oacute;gico&quot;,  sutil como neototalitarismo democr&aacute;tico del que forma parte, y de un &quot;todo  vale para quien lo tiene todo&quot;, coartada &eacute;tica, cient&iacute;fica  y pol&iacute;tica para el actual poder absoluto que la tecnoindustria farmac&eacute;utica  tiene sobre las decisiones m&eacute;dicas. </p>    <p><i>DeCS: </i>M&Eacute;TODOS  EPIDEMIOL&Oacute;GICOS.    <br> </p><h4>Introducci&oacute;n</h4>    <p>En el &uacute;ltimo  cuarto del siglo XX, tras el inici&aacute;tico art&iacute;culo de Carol Buck en  1975,<span class="superscript">1</span> se ha producido un debate entre los epidemi&oacute;logos  acerca de la aplicabilidad o no de las ideas del fil&oacute;sofo austro-brit&aacute;nico  <i>Karl Popper</i> (1902-1979) a la teor&iacute;a y pr&aacute;cticas epidemiol&oacute;gicas  y a la teor&iacute;a de la inferencia estad&iacute;stica. El debate ha florecido  fundamentalmente en el &aacute;mbito anglosaj&oacute;n, aunque tambi&eacute;n  ha llegado al latinoamericano<span class="superscript">2-5</span> a pesar de la  clarividente reflexi&oacute;n de <i>Karhausen:</i> &quot;Alg&uacute;n d&iacute;a  los historiadores de la medicina escribir&aacute;n la historia de la epidemiolog&iacute;a  del siglo XX y se preguntar&aacute;n por qu&eacute; varios buenos cient&iacute;ficos  llegaron a ser presa de una misteriosa y reverencial fascinaci&oacute;n por las  ideas de <i>Karl Popper</i>&quot;.<span class="superscript">6</span>    <br> </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En  los ambientes epidemiol&oacute;gicos el nombre de Popper ha conseguido adherirse  a dos grandes ideas:1) que el contraste de hip&oacute;tesis estad&iacute;sticas  est&aacute;ndar (en adelante, contraste de hip&oacute;tesis), el de <i>Neyman  </i>y <i>Pearson</i>, pero tambi&eacute;n la prueba de significaci&oacute;n de<i>  Fischer</i>, es esencialmente popperiano, incluso, que <i>Popper</i> ha dado un  marchamo cient&iacute;fico y filos&oacute;fico a tal contraste de hip&oacute;tesis;  y 2) que<i> Popper </i>ha regalado a la ciencia el impagable m&eacute;todo cr&iacute;tico  que postula la humildad y la b&uacute;squeda continua de la verdad y el sometimiento  constante de nuestras convicciones a la cr&iacute;tica racional implacable.    <br>  Este trabajo pretende desmontar tales grandes ideas y mostrar, en primer lugar,  no solo que <i>Popper</i> no se ocup&oacute;, pudiendo haberlo hecho, del contraste  de hip&oacute;tesis en su sentido moderno (parte 1), sino que en realidad el contrate  de hip&oacute;tesis es radicalmente antipopperiano (parte 2) y, en segundo lugar,  destacar, en una excursi&oacute;n necesariamente pol&iacute;tica y general, la  cara reaccionaria y oculta de <i>Popper</i> y el papel que su filosof&iacute;a  desempe&ntilde;a en una investigaci&oacute;n m&eacute;dica desnaturalizada y en  manos de los grandes grupos farmac&eacute;uticos.</p>    <p><b>Lo que Popper no dijo</b></p>    <p>Todo  ello concuerda con la visi&oacute;n de <i>Popper</i> [&eacute;nfasis m&iacute;o]  de que pruebas estad&iacute;sticas son hipot&eacute;ticas-deductivas, que incluyen  reglas de decisi&oacute;n y de que no hay lugar para la inducci&oacute;n.<span class="superscript">4  </span>    <br> </p>    <p>Aunque existan, como se ver&aacute; m&aacute;s adelante, leg&iacute;timas  interpretaciones del contraste de hip&oacute;tesis en t&eacute;rminos popperianos,  es necesario se&ntilde;alar, en primer lugar, que <i>Popper</i> no ha abordado  directamente en su obra el asunto del contraste de hip&oacute;tesis en su sentido  moderno. Todo lo relativo a la aplicabilidad de la filosof&iacute;a popperiana  a la l&oacute;gica del contraste de hip&oacute;tesis es una adaptaci&oacute;n  o interpretaci&oacute;n de otros autores, fundamentalmente los llamados epidemi&oacute;logos  popperianos.    <br> </p>    <p>La necesidad de aclarar este punto no es gratuita, ya  que por una parte, es posible encontrar unos pocos fragmentos en la obra de <i>Popper  </i>que le&iacute;dos aisladamente y fuera de contexto induzcan a pensar que se  ocup&oacute; de la l&oacute;gica del contaste de hip&oacute;tesis y, por otra,  existe un malentendido generalizado en los ambientes epidemiol&oacute;gicos que  casi llegan a atribuir a Popper la paternidad de la filosof&iacute;a del contraste  de hip&oacute;tesis, -ejemplo de lo cual puede ser la cita que encabeza esta p&aacute;rrafo,  aunque hay m&aacute;s.<span class="superscript">7</span>    <br> </p>    <p>La raz&oacute;n  m&aacute;s obvia de que <i>Popper</i> no se ocup&oacute; del contraste de hip&oacute;tesis  es constatar que en su obra principal en el terreno de la epistemolog&iacute;a,  La l&oacute;gica de la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica<span class="superscript">8</span>  de la cual el resto no es m&aacute;s que una elongada prolongaci&oacute;n, no  aborda el asunto. Como concuerda <i>Goodman</i><span class="superscript">9</span>  en una interesant&iacute;sima revisi&oacute;n hist&oacute;rico-conceptual, en  la que trata de recuperar las hoy olvidadas diferencias entre la p y el contraste  de hip&oacute;tesis, ya en 1928<i> Neyman </i>y <i>Pearson</i><span class="superscript">10</span>  hab&iacute;an presentado los fundamentos te&oacute;ricos de la prueba de hip&oacute;tesis,  despu&eacute;s de que <i>Fischer</i> inventase la prueba de significaci&oacute;n.  </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La l&oacute;gica de la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica fue publicada  en alem&aacute;n en el oto&ntilde;o de 1934, pero con fecha de 1935, aunque realmente  empez&oacute; a ser conocida cuando se tradujo al ingl&eacute;s- ampliada con  notas, renotas y ap&eacute;ndices, en 1958. En esta obra <i>Popper </i>no cita  a <i>Neyman</i> ni a <i>Pearson</i>, aunque s&iacute; a<i> Fischer</i>, a quien  trae a colaci&oacute;n &uacute;nicamente para comparar su propio concepto de grado  de corroboraci&oacute;n con el fisheriano de verosimilitud. Es perfectamente posible  que en los a&ntilde;os 30 <i>Popper</i> desconociera tales aportaciones, pero  es m&aacute;s dif&iacute;cil pensar que en 1958, fecha de la edici&oacute;n inglesa,  que casi dobla el original a causa de las anotaciones, no conociera los escritos  posteriores de<i> Neyman</i> o los de <i>Fischer</i> The desing of experiments,<span class="superscript">11</span>  de 1935, en la que presenta de forma completa las pruebas de significaci&oacute;n  estad&iacute;sticas o Statistical methods and scientific inference,<span class="superscript">12</span>  una s&iacute;ntesis de todas sus aportaciones. Pues bien, <i>Popper</i> seguir&aacute;  ignorando a <i>Neyman</i> y <i>Pearson</i>. Uno podr&iacute;a ir&oacute;nicamente  especular acerca de las razones de este olvido conociendo la ascendencia rusa  del primero y el activismo pol&iacute;tico radical desarrollado por el otro Pearson  (Karl) en su Londres natal, pero m&aacute;s bien habr&aacute; que buscar otras  razones, ya que a pesar de ser un &quot;compa&ntilde;ero -Sir&quot;, <i>Popper</i>  continuar&aacute; con su monotema fisheriano: la verosimilitud.    <br> </p>    <p>Adem&aacute;s  de estas razones de orden descriptivo, deber&iacute;an anotarse otras conceptuales,  pues <i>Popper</i>, en algunos p&aacute;rrafos de su obra, utiliza una terminolog&iacute;a  en todo com&uacute;n a la que hoy usamos en el contraste de hip&oacute;tesis.  Sirva de ejemplo este p&aacute;rrafo.    <br> &quot;Los esfuerzos de estos autores  [Laplace y Bernoulli] se dirig&iacute;an (...) a establecer una teor&iacute;a  probabil&iacute;stica de la inducci&oacute;n (...) se equivocaban en ello: las  teor&iacute;as estad&iacute;sticas, como cualquier otras son hipot&eacute;tico-deductivas,  y se las somete a contraste -como a todas las dem&aacute;s hip&oacute;tesis- intentando  falsarlas, es decir, intentando reducir su verosimilitud secundaria a cero&quot;.<span class="superscript">8</span>    <br>  </p>    <p>Resultar&iacute;a prolijo explicar aqu&iacute; los pormenores del significado  que tienen en el contexto popperiano, por lo que pido que se me conceda el cr&eacute;dito  para afirmar sin m&aacute;s que expresiones como: hip&oacute;tesis estad&iacute;sticas,  contrastes estad&iacute;sticos, confrontaci&oacute;n con la experiencia, contraste  de la hip&oacute;tesis, verosimilitud, etc. aparentan pertenecer a la constelaci&oacute;n  sem&aacute;ntica del contraste de hip&oacute;tesis; pero en realidad son utilizadas  por Popper con un significado distinto al uso t&eacute;cnico que actualmente se  hace de ellos.</p>    <p><b>El contraste de hip&oacute;tesis es antipopperiano</b></p>    <p>&quot;...  existe un consenso sobre el grupo de convenciones que gobiernan los procedimientos  de la inferencia estad&iacute;stica. Esas convenciones para el contraste de hip&oacute;tesis  acuerdan bien con los requerimientos de <i>Popper</i> [&eacute;nfasis m&iacute;o]  de falsabilidad de una hip&oacute;tesis a priori. Una hip&oacute;tesis debe ser  claramente formulada antes de ser contrastada y el objetivo es rechazar la hip&oacute;tesis  nula de no diferencia&quot;.<span class="superscript">13</span>    <br> </p>    <p>Seguramente  m&aacute;s inter&eacute;s que demostrar que <i>Popper</i> no se ocup&oacute; de  modo directo del contraste de hip&oacute;tesis, es comprobar si realmente la filosofia  popperiana es compatible o es aplicable como fundamento te&oacute;rico del contraste  de hip&oacute;tesis . Hay cierta legitimidad en pensar que la l&oacute;gica popperiana  es de aplicaci&oacute;n a la l&oacute;gica de las pruebas de hip&oacute;tesis.  No solo <i>Susser</i>, que no es popperiano, reconoce esa compatibilidad. Tambi&eacute;n  <i>Maclure</i>, como ya se ha se&ntilde;alado en el apartado anterior, que adem&aacute;s  ha propuesto adaptar conceptos epidemiol&oacute;gicos<span class="superscript">7,  4,15</span> y t&eacute;cnicas estad&iacute;sticas (an&aacute;lisis multivariado,<span class="superscript">16</span>  meta-an&aacute;lisis<span class="superscript">17 </span>a una perspectiva popperiana.  <i>Senn</i>, un epidemi&oacute;logo que, por su parte, ha intentado hacer lo mismo  con los ensayos cl&iacute;nicos, escribe: &quot;Es tentador afirmar inmediatamente  que el punto de vista popperiano [...] conduce l&oacute;gicamente a asociar el  sistema de la inferencia estad&iacute;stica con la prueba de hip&oacute;tesis  cl&aacute;sico y que es incompatible con la inferencia bayesiana.<span class="superscript">18  </span>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </p>    <p>Esta similitud filos&oacute;f&iacute;ca de <i>Popper</i>-contraste  de hip&oacute;tesis, al menos en la mayoritaria interpretaci&oacute;n frecuentista,  porque en la bayesiana, con pretensiones claramente inductivistas, es clara la  contraposici&oacute;n, queda a&uacute;n m&aacute;s de manifiesto si se leen las  frases escritas en 1935, justo el a&ntilde;o de publicaci&oacute;n de La l&oacute;gica...,  por <i>Fischer</i>, el inventor de las pruebas de significaci&oacute;n estad&iacute;stica,  que Riva-dulla recoge en su clarificador Probabilidad e inferencia cient&iacute;fica<span class="superscript">19</span>  &quot;...con un comentario entre incr&eacute;dulo y admirado: interesante es la  coincidencia -ignoro si conocida por ambos- entre <i>Fischer</i> y <i>Popper</i>  en relaci&oacute;n con los aspectos l&oacute;gicos y metodol&oacute;gicos de los  test experimentales.<span class="superscript">19</span> Escribe Fischer&quot;.  habr&iacute;a que tener en cuenta que la hip&oacute;tesis nula nunca resulta probada  o establecida en el curso del experimento, pero s&iacute; posiblemente refutada.  Se puede decir que todo experimento se plantea a fin de dar a los hechos una posibilidad  para refutar la hip&oacute;tesis nula&quot;.<span class="superscript">11 </span>Y  m&aacute;s adelante: &quot;como en todo caso el experimento es capaz de refutar,  pero nunca de demostrar esta hip&oacute;tesis, podemos decir que el valor del  experimento aumenta cuando permite refutar m&aacute;s f&aacute;cilmente la hip&oacute;tesis  nula&quot;.<span class="superscript">11</span>    <br> </p>    <p>Pues bien, a pesar de  todo lo hasta ahora expuesto, lo que se va a mantener aqu&iacute; es que no es  posible aplicar, si no es de un modo trivial, y por lo tanto inservible, la metodolog&iacute;a  popperiana a las pruebas de hip&oacute;tesis, puesto que su origen, estructura,  objetivos, t&eacute;cnicas y consecuencias son totalmente distintos.    <br> </p>    <p>No  muy lejos de esta conclusi&oacute;n parecen que se encuentran <i>Susser</i> y  <i>Pearce </i>(ver m&aacute;s adelante), pero no se atreven a dar el paso definitivo,  porque la similitud formal del contraste de hip&oacute;tesis con los requisitos  popperianos es innegable y de gran fuerza. Como se puede observar en la figura  1, en el contraste de hip&oacute;tesis se parte de una hip&oacute;tesis, la hip&oacute;tesis  nula (Ho) de la que se deduce una distribuci&oacute;n de probabilidad cuyas consecuencias  se contrastan con los datos de la experiencia. Si estos datos son incompatibles  con ella, se rechaza (falsa) la Ho; si son compatibles, no se est&aacute; en condiciones  de rechazar Ho, pero nunca se podr&aacute; afirmar que los datos prueban que tal  Ho es cierta. Por su parte, <i>Popper </i>afirma que una hip&oacute;tesis o teor&iacute;a  cient&iacute;fica debe ser falsable, esto es, capaz de realizar predicciones contrastables,  y por lo tanto, ser potencialmente falsadas por los datos emp&iacute;ricos. Estos  datos podr&aacute;n refutar o rechazar la hip&oacute;tesis, pero nunca afirmarla,  a pesar de que los datos fueran compatibles con ella.</p>    <p align="center"><a href="/img/revistas/rcsp/v29n1/f0108103.gif"><img src="/img/revistas/rcsp/v29n1/f0108103.gif" width="201" height="137" border="0"></a></p>    
<p align="center">FIG.  1. Similitudes formales entre contraste estad&iacute;stico y el popperiano.     <br>  </p>    <p>Ciertamente esta similitud formal es poderosa. Pero ya <i>Susser</i> percibe,  a pesar de nadar en su sempiterna ambig&uuml;edad, como bien se&ntilde;ala <i>Poole</i>,<span class="superscript">20</span>  que una prueba estad&iacute;s-ticamente significativa afirma de alg&uacute;n modo  la hip&oacute;tesis. 13y21 Dice Susser: &quot;si se encuentra el criterio de significaci&oacute;n,  el resultado (del test) (...) es afirmativo.13 y 21 Y <i>Pearce</i> cr&iacute;tica  con iron&iacute;a&quot; &quot;lo que parece ser el &uacute;nico 'avance' sugerido  por el m&eacute;todo popperiano a la epidemiolog&iacute;a&quot;.<span class="superscript">22  </span>Se refiere a que es posible replantear una hip&oacute;tesis en t&eacute;rminos  negativos, como hip&oacute;tesis nula, tal que sea l&oacute;gicamente refutable.  Pero afirma Pearce, la forma en la que la hip&oacute;tesis se expone no afecta  a su estabilidad l&oacute;gica ni al tipo de estudio que se precisa para probarla.  &quot;As&iacute; que la idea de que los epidemi&oacute;logos pueden hacer su disciplina  m&aacute;s cient&iacute;fica al insertar la palabra 'no' en su hip&oacute;tesis,  es cuestionable, por no decir m&aacute;s&quot;.<span class="superscript">22</span>      ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </p>    <p>Tales intuiciones quedan definitivamente claras si se observa el anexo  1, en el que se muestran las diferencias radicales entre el contraste de hip&oacute;tesis  y el contraste de hip&oacute;tesis popperiano. En efecto, las hip&oacute;tesis  de las que habla Popper no tienen nada que ver con las hip&oacute;tesis estad&iacute;sticas.  Las hip&oacute;tesis que <i>Popper </i>contrasta con los datos de la experiencia,  a trav&eacute;s de las consecuencias de ellas derivadas, son hip&oacute;tesis  positivas y generales tipo la teor&iacute;a gravitacional o la de la relatividad,  las cuales compiten a su vez con otras hip&oacute;tesis positivas y generales  que no tienen por qu&eacute; ser incompatibles mutuamente en todos sus extremos.  Sin embargo, la hip&oacute;tesis estad&iacute;stica t&iacute;pica es la Ho, la  cual postula la no diferencia entre par&aacute;metros poblaciones y compite con  su complementaria, la H1. De este hecho estructural se desprende que el objetivo  final y las consecuencias del contraste estad&iacute;stico y del contraste popperiano  sean totalmente opuestas, pues de lo que se trata en el contraste popperiano es  de falsar por todos los medios la hip&oacute;tesis positiva y, si no se consigue,  aceptarla provisionalmente, mientras que en el contraste estad&iacute;stico se  pretende finalmente afirmar la hip&oacute;tesis positiva, la H1, si bien indirectamente  a trav&eacute;s del rechazo de la Ho. El resultado buscado en un caso es rechazar  una hip&oacute;tesis positiva (la teor&iacute;a newtoniana, por ejemplo,) y en  el otro aceptar una hip&oacute;tesis positiva la H1 (por ejemplo, que dos medias  son distintas), lo cual es decir, afirmar una hip&oacute;tesis positiva, es estrictamente  antipopperiano.     <br> </p>    <p>Efectivamente, en el contraste popperiano nunca se  podr&aacute; afirmar la hip&oacute;tesis positiva, sino solo aceptarla provisionalmente,  mientras que en el estad&iacute;stico lo que no se podr&aacute; afirmar nunca  ser&aacute; la hip&oacute;tesis negativa (que las medias son iguales, por ejemplo).  La asimetr&iacute;a epistemol&oacute;gica est&aacute; bastante clara, aunque los  trueques ling&uuml;&iacute;sticos y formales hacen caer f&aacute;cilmente en la  trampa.    <br> </p>    <p>A pesar de su apariencia falsacionista, la inercia verificacionista  inmanente del contraste de hip&oacute;tesis se muestra a las claras, cuando lo  que se pretende es probar un resultado negativo. En ese caso, a despecho de algunos  remilgos puristas, se &quot;afirma&quot; con naturalidad el resultado negativo.  Por ejemplo la no aparici&oacute;n de efectos secundarios o la no existencia de  asociaci&oacute;n estad&iacute;stica entre un supuesto agente pat&oacute;geno  que no se desea que lo sea y una enfermedad (uranios enriquecidos, tendidos el&eacute;ctricos,  etc). Tambi&eacute;n ocurre esto, ya en el terreno m&aacute;s &iacute;ntimo de  la pr&aacute;ctica estad&iacute;stica, cuando se &quot;acepta&quot; de facto la  semejanza de dos distribuciones en una prueba de homocedasticidad o la normalidad  de una distribuci&oacute;n con una prueba de Kolmogorov. Bien mirado, estos usos  que he denominado a prop&oacute;sito &quot;verificacionistas,&quot; ser&iacute;an  los t&iacute;picamente falsacionistas popperianos, ie, se plantea una hip&oacute;tesis  que no es posible rechazar pero que se &quot;acepta&quot; provisionalmente de  modo operativo. Pero si he utilizado el calificativo &quot;verificacionista,&quot;  es para remarcar que el objetivo real del contraste de hip&oacute;tesis no es  rechazar la nula sino aceptar una hip&oacute;tesis, la H1, y tambi&eacute;n, si  es menester, y en contra de la ortodoxia, &quot;aceptar&quot; la Ho, bien que  haciendo aspavientos si el contexto acad&eacute;mico as&iacute; lo aconseja.    <br>  </p>    <p><b>El m&eacute;todo cr&iacute;tico como impostura pol&iacute;tica</b></p>    <p>Las  recientes &quot;tendencias&quot; popperianas tienen un aspecto en que han fomentado  el pensamiento deductivo y mostrado los defectos de la inducci&oacute;n [...]  Sin embargo, actualmente, el restrictivo esquema popperiano inhibe la discusi&oacute;n,  a pesar de su veneraci&oacute;n por la &quot;discusi&oacute;n cr&iacute;tica.&quot;<span class="superscript">23</span>    <br>  </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Inseparablemente unida a la err&oacute;nea interpretaci&oacute;n del contraste  de hip&oacute;tesis en el sentido de que cumple los requisitos popperianos, y  como si fuera una prolongaci&oacute;n suya, se encuentra la admiraci&oacute;n  y alabanza que en los esp&iacute;ritus honrados despierta el repetido hasta la  saciedad llamamiento popperiano a la autocr&iacute;tica continua, la discusi&oacute;n  racional, la lucha contra el dogmatismo, en definitiva, a practicar un racionalismo  cr&iacute;tico.    <br> </p>    <p>Si fuera cierto que es propio de los pensadores mediocres  hacer solemnes afirmaciones que de puro inespec&iacute;ficas provocan el asentimiento  general por su trivialidad, Popper estar&iacute;a en los primeros puestos en una  imaginaria lista de tales seres. Si a alguien le cuesta cre&eacute;rselo puede  leer algunas perlas recogidas en el anexo dos, que adicionalmente muestran otras  dos caracter&iacute;sticas muy suyas: el humor tonto y la megaloman&iacute;a.  Este hecho no tendr&iacute;a m&aacute;s trascendencia que la repetici&oacute;n  papagayosa de esas obviedades.<span class="superscript">24</span> si no fuera  porque al lado o detr&aacute;s de tales simplificaciones aparece una doctrina  fuertemente ideologizada que desprecia precisamente lo que aparenta defender.  Vieja como nuestra memoria personal e hist&oacute;rica es esa t&eacute;cnica consistente  en reapropiarse del lenguaje ajeno para esconder, tras su prestigio, justo lo  contrario de lo que originalmente se quer&iacute;a significar, y neutralizar de  ese modo la potencia pol&iacute;tica de la palabra.    <br> </p>    <p><i>Popper</i> caracteriza  finalmente al m&eacute;todo cient&iacute;fico como m&eacute;todo cr&iacute;tico,  como una exhortaci&oacute;n a revisar nuestras creencias y teor&iacute;as sobre  el mundo y a ponerlas a prueba constantemente, con el fin &uacute;ltimo de falsarlas.  Esta continua llamada a la autocr&iacute;tica esconde detr&aacute;s de su aparente  rigor, libertad de esp&iacute;ritu y sentido com&uacute;n, unos presupuestos duros  y unas consecuencias inesperadas para un confiado lector.</p>    <p>Entre los presupuestos  destacan dos: (a) el del realismo epistemol&oacute;gico, es decir, la creencia  en que existe una verdad objetiva, &uacute;nica y cognoscible, aunque pueda ser  que pasemos la vida sin llegar a conocerla: Nuestra discusi&oacute;n cr&iacute;tica  de las teor&iacute;as est&aacute; presidida por la idea de encontrar una teor&iacute;a  explicativa verdadera.<span class="superscript">25 </span>Popper propone aceptar  el realismo como la &uacute;nica hip&oacute;tesis sensata -como conjetura a la  que nunca se ha opuesto una alternativa sensata.<span class="superscript">25</span>  No quiero ser dogm&aacute;tico, contin&uacute;a, (...) [pero] considero que todos  los argumentos filos&oacute;ficos [en contra del realismo presentados por la fenomenolog&iacute;a,  el positivismo o el idealismo] son, sin duda, err&oacute;neos.<span class="superscript">25</span>  Esta es una secuencia t&iacute;pica de la escritura popperiana: afirmar vaguedades,  presentar presupuestos no falsables bajo una apariencia cr&iacute;tica y acabar  dogmatizando y sin dudar. This is the real <i>Popper&middot;</i> Y (b) el de la  defensa de un &uacute;nico m&eacute;todo v&aacute;lido para la ciencia, el hipot&eacute;tico-  deductivo, en forma de conjeturas audaces e ingeniosas seguidas por intentos rigurosos  de refutarlas.<span class="superscript">25</span>    <br> </p>    <p>Y entre las consecuencias  de la aplicaci&oacute;n del llamado m&eacute;todo cr&iacute;tico, continuamente  explicitado y exhibido hasta la saciedad como insistente leit-motiv, se&ntilde;alo  otras dos (a) un sutil dogmatismo y totalitarismo en el pensamiento, y (b) un  resquicio para el &quot;todo vale para quien lo tiene todo&quot;.</p>    <p>Hoy el  fascismo se llama democracia    <br> Carteles en las calles de Madrid durante la navidad  del 2000</p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>a) El totalitarismo popperiano.</b>    <br> </p>    <p>Aunque parezca  parad&oacute;jico, tanta insistencia con el esp&iacute;ritu cr&iacute;tico no  es m&aacute;s que una forma de esconder las &iacute;nfulas totalitarias de <b><i>Popper.  </i></b>Para describir esta situaci&oacute;n disponemos de un equivalente en la  vida cotidiana expresado en la m&aacute;xima excusa no pedida, acusaci&oacute;n  manifiesta.    <br> </p>    <p>El dogmatismo y totalitarismo del m&eacute;todo cr&iacute;tico  popperiano, consiste en intentar que toda alternativa al pensamiento vigente pase  inadvertidamente por el tamiz de un m&eacute;todo particular. Es una maniobra  equivalente al antropocentrismo, es decir, juzgar con arreglo a los propios c&aacute;nones.  Y su inmoralidad radica en esconder su verdadera naturaleza al utilizar terminolog&iacute;a  y argumentos de sentido com&uacute;n o com&uacute;nmente aceptados y ocultar que  en realidad el m&eacute;todo cr&iacute;tico no es una mera apelaci&oacute;n gen&eacute;rica  a la cr&iacute;tica, sino un m&eacute;todo con premisas, procedimientos y consecuencias  no neutrales. Nadie en sus cabales intelectuales y &eacute;ticos puede rechazar  que la cr&iacute;tica continua sea un principio regulador. Ni tampoco apelar con  asentimiento a la racionalidad en t&eacute;rminos generales, aunque ya esto tiene  m&aacute;s problemas, puesto que lo que sea la racionalidad no es asunto a dirimir  en dos l&iacute;neas. Hacer de lo obvio doctrina es la habilidad que ha desarrollado  cierto tipo de pensamiento para barnizar posiciones totalitarias e instrumentos  te&oacute;ricos y pr&aacute;cticos al servicio del status quo. Esta funci&oacute;n  la ha cumplido cabalmente el laureado <i>Sir Karl,</i> quien, junto a la retah&iacute;la  cr&iacute;tica y racionalista, ha sabido sacar partido de la intuici&oacute;n  de otros, fundamentalmente de <i>Bacon</i> y de <i>Mill</i>, unilateralizando  el m&eacute;todo cient&iacute;fico en el sentido negativo, como recuerda con su  caracter&iacute;stica energ&iacute;a antipopperiana el parisino Karhausen.26 No  puede uno de dejar de admirar la extraordinaria fuerza l&oacute;gica de la falsaci&oacute;n,  pero acto seguido, percatarse de su radical falsedad, tanto hist&oacute;rica como  pragm&aacute;tica. Pronto los cr&iacute;ticos/seguidores de <i>Popper</i>, como  Lakatos se dieron cuenta de que, en la pr&aacute;ctica, los hechos emp&iacute;ricos  que est&aacute;n en contradicci&oacute;n con una teor&iacute;a, no la falsan autom&aacute;ticamente;  de hecho puede estar apoyada en hip&oacute;tesis auxiliares falsas o incompletas  o existir errores en las mediciones, etc. Su concepto de 'programas de investigaci&oacute;n<span class="superscript">27  </span>trata de responder a este problema. Pero es que hay m&aacute;s, porque  la falsaci&oacute;n es s&oacute;lo uno de los momentos en el descubrimiento cient&iacute;fico  como ya <i>Bacon</i><span class="superscript">28 </span>y <i>Mill</i><span class="superscript">29</span>  destacaron suficientemente. Para andar este camino, pues, no hac&iacute;a falta  <i>Popper. </i>    <br> </p>    <p>De forma que lo que se presenta como esp&iacute;ritu  cr&iacute;tico no es m&aacute;s que una determinada forma de esp&iacute;ritu cr&iacute;tico,  con el a&ntilde;adido de que, al autopresentarse con tal excelencia cr&iacute;tica,  da por establecida su primac&iacute;a intelectual y moral. Esa es la trampa: aparentar  la libertad de pensamiento trat&aacute;ndose en realidad de un pensamiento &uacute;nico;  ser adalid de la libertad y excluir los puntos de vista ajenos. De hecho, en la  pr&aacute;ctica, <i>Popper </i>se desenmascara &eacute;l solo. Desde su atalaya  de la libertad, la cr&iacute;tica y la democracia, ha lanzado los m&aacute;s furibundos  ataques a los que el denomina enemigos de la sociedad abierta, <i>Plat&oacute;n</i>  y <i>Marx</i>. Lo terrible es que su cacareada posici&oacute;n en el terreno de  la libertad le dan la coartada, a sus ojos, para hacer tal cosa. Pero no hace  falta m&aacute;s que leer algunos de sus textos para, sin ser especialista, comprobar  con irritaci&oacute;n la pobreza argumental, la simplificaci&oacute;n, incomprensi&oacute;n  o, directamente, manipulaci&oacute;n de las fuentes y las doctrinas ajenas y la  tendenciosidad general que se desprende de su biliosa escritura: ... cabe preguntarse  cu&aacute;nto da&ntilde;o no habr&aacute; cuando su [de Plat&oacute;n] ponzo&ntilde;osa  ret&oacute;rica;<span class="superscript">30</span> un triunfo de la democracia  ateniense [fue] el haber llegado casi, pese a la inhumana propaganda [de Plat&oacute;n]  (...) a abolir la esclavitud,<span class="superscript">30</span> etc. Y aunque  no deje de loar a<i> Marx</i><span class="superscript">30 </span>en cuanto puede,  por ejemplo en su conferencia de la Expo-92 de Sevilla, titulada, por cierto,  El colapso de la agresi&oacute;n marxista (...) dice cosas como: la teor&iacute;a  marxista (...) era una teor&iacute;a absolutamente falsa y absolutamente pretenciosa.  Sus muchas falsedades y mentiras te&oacute;ricas iban envueltas en otras de todos  los tama&ntilde;os.<span class="superscript">31</span> Y relatando su pasada experiencia  simpatizante del marxismo: a punto estuve de caer en lo que m&aacute;s tarde [yo]  denominar&iacute;a &quot;ratonera ideol&oacute;gica marxista&quot;.<span class="superscript">31</span>  Seguramente <i>Emilio Lled&oacute;</i> lo expresa mejor: Que despu&eacute;s de  24 siglos, un fil&oacute;sofo contempor&aacute;neo desgrane esa serie de improperios  contra Plat&oacute;n, contra sus escritos, no dejar&iacute;a de presentar un aspecto  rid&iacute;culo, si no fuese porque, efectivamente, esta teor&iacute;a del improperio  -inconcebible por cierto en un pensador liberal-, no expresase tambi&eacute;n  la imposibilidad de 'dialogar' con el pasado.<span class="superscript">32</span>    <br>  </p>    <p>El totalitarismo popperiano, metodol&oacute;gico y general, no es m&aacute;s  que un ejemplo cualificado del totalitarismo propio de nuestro tiempo al que &eacute;l  ha servido y sirve con especial &eacute;xito intelectual. Obviamente no se trata  de un descarado y, hoy por hoy, impresentable totalitarismo nazi, si no de aquel  otro sutil e insidioso caracter&iacute;stico de la forma pol&iacute;tica actualmente  mayoritaria, denominada tan acertadamente por <i>Agust&iacute;n Garc&iacute;a  Calvo</i><span class="superscript">33</span> democracia desarrollada o r&eacute;gimen  que padecemos y que constituye, en su opini&oacute;n, la forma de poder m&aacute;s  actual y m&aacute;s perfecta. Por otro lado, un a&ntilde;o antes del 68, el situacionista  <i>Debord,</i> de insistente actualidad de los que a&uacute;n creen en el antagonismo  como pr&aacute;ctica pol&iacute;tica y en la subversi&oacute;n como remedio, utiliz&oacute;  el ya popular t&eacute;rmino sociedad del espect&aacute;culo<span class="superscript">34,35</span>  para caracterizar nuestro tipo de sociedad abierta, que dir&iacute;a Popper, pero  con otros par&aacute;metros bien distintos. El espect&aacute;culo del que habla  Debord no es tanto el abuso de un mundo visual [como] una visi&oacute;n del mundo  que se ha objetivado.<span class="superscript">34</span> p. 4 Utilizando un potente  detournement o trastoque intencional de una cita ajena, tan de su gusto, afirma:  el espect&aacute;culo es el capital en un grado tal de acumulaci&oacute;n que  se transforma en imagen.<span class="superscript">34</span> p. 11 Y en brillante  f&oacute;rmula escribe: el mundo a la vez presente y ausente que el espect&aacute;culo  hace ver es el mundo de la mercanc&iacute;a dominando todo lo que es vivido.<span class="superscript">34</span>  p.<span class="superscript">12 </span>Efectivamente se trata de un refinamiento  del totalitarismo, cuya caracter&iacute;stica t&iacute;pica es el dominio totalitario  de lo mercantil y, paralelamente, en la natural asimilaci&oacute;n por parte de  la gente de una forma de vida desnaturalizada como la mejor de las vidas posibles.  Tambi&eacute;n podr&iacute;a traerse aqu&iacute; a <i>Foucault</i><span class="superscript">36-38</span>  a despecho de las neutralizaciones neoposmodernas de su pensamiento. En todo caso,  lo que ocurre es que no existe mayor legitimaci&oacute;n que la que emana de un  estado democr&aacute;tico o, similarmente, de la poblaci&oacute;n de un m&eacute;todo  cr&iacute;tico. No en vano otro totalitarismo disfrazado de nuestros d&iacute;as,  la medicina basada en la evidencia, utiliza tambi&eacute;n su critical appraisal  como santo y se&ntilde;a... pero esto es harina de otro costal.</p>    <p align="right"><i>Cuando  todo se puede decir, la dictadura es el consenso    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Pintada en una calle de Lavapi&eacute;s</i></p>    <p><b>b)  El &quot;todo vale&quot; popperiano o el &quot;todo vale para quien lo tiene todo&quot;.</b>    <br>  </p>    <p>La aportaci&oacute;n de <i>Popper </i>a la filosof&iacute;a de la ciencia  tiene su mayor logro pol&iacute;tico en hacer efectiva la m&aacute;xima del todo  vale. Dicha m&aacute;xima se aplica en sentido estricto a una filosof&iacute;a  de la ciencia en las ant&iacute;podas de lo popperiano, al denominado anarquismo  metodol&oacute;gico de <i>Feyerabend</i>,<span class="superscript">39</span> que  propugna la eficacia y pertinencia del pluralismo en el m&eacute;todo cient&iacute;fico.  <i>Popper</i>, sin embargo, defiende un &uacute;nico m&eacute;todo cient&iacute;fico,  el hipot&eacute;tico deductivo, al que trata de salvar a trav&eacute;s de una  abigarrada puesta en escena de notas, ap&eacute;ndices, comentarios y notas de  notas. (La repetitiva llamada de atenci&oacute;n m&iacute;a acerca de esta caracter&iacute;stica  de la escritura popperiana, de la que, por cierto, el propio <i>Popper</i> es  consciente: [en la L&oacute;gica de la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica  recog&iacute;] tantos argumentos (repiti&eacute;ndome a menudo, mucho me temo);<span class="superscript">40</span>  y bromea con que se han hecho distinciones ir&oacute;nicas entre <i>Popper0, Popper1,</i>  y <i>Popper2</i> [para denotar etapas contradictorias],<span class="superscript">40</span>  tiene su raz&oacute;n de ser, aparte de constituir una queja de lector, en denunciar  dicha t&eacute;cnica de escritura, consciente o no, en tanto que forma parte de  una estrategia, tambi&eacute;n vieja, a la que podr&iacute;a aplicarse las palabras  del gran historiador de la filosof&iacute;a <i>Francois Chatelet: </i>&quot;estoy  convencido de que las majader&iacute;as del pensamiento mayoritario y la falsedad  de los ac&oacute;litos del poder, aqu&eacute;llas sosteniendo a &eacute;sta que  a su vez las fomenta, tiene su basti&oacute;n en las definiciones confusas o flotantes&quot;.<span class="superscript">41</span>    <br>  </p>    <p>Pero, quejas aparte, el caso es que resultado de tal &uacute;nico m&eacute;todo  cient&iacute;fico es parad&oacute;jicamente un todo vale, en este caso no encaminado  a la producci&oacute;n libre, sino un todo vale para quien lo tiene todo, para  quien tenga el poder de decidir y hacer. Ya ha pasado a la historia la creencia  en la pureza y neutralidad de la ciencia y de los cient&iacute;ficos. Fue precisamente  un m&eacute;dico, <i>Fleck</i>,<span class="superscript">42 </span>quien se adelant&oacute;  casi 30 a&ntilde;os a la obra inaugural de lo que se ha dado en denominar el giro  historicista de la filosof&iacute;a de la ciencia, &quot;La estructura de las  revoluciones cient&iacute;ficas&quot;<span class="superscript">43</span> de <i>Thomas  Kuhn</i>. Desde entonces no han parado de crecer las aportaciones a las tesis  sociologistas como las del propio F<i>eyeraben, Laudan</i> o las de los soci&oacute;logos  <i>Latour</i> o <i>Knorr-Cetina. </i>Perdida la inocencia por todo menos, parece,  por <i>Popper</i>, es f&aacute;cil aceptar que la filosof&iacute;a de la ciencia  de <i>Popper,</i> tras la apariencia de ser el ejemplo del rigor y la racionalidad,  es en realidad, y creo que es parte de la raz&oacute;n de su &eacute;xito, un  salvoconducto perfecto para que los complejos industriales y tecnol&oacute;gicos  que hoy dominan la investigaci&oacute;n, incluida la investigaci&oacute;n en biomedicina,  campe&eacute;n por sus respetos. El grado de corroboraci&oacute;n popperiano,  es decir, su medida de la aceptabilidad de una teor&iacute;a frente a otras, abre  la puerta para actuar, sin traba esc&eacute;ptica alguna. Como nuestra aproximaci&oacute;n  a la verdad es siempre tentativa, y sin embargo, hay que tomar decisiones, es  leg&iacute;timo tomarlas desde la teor&iacute;a actualmente mejor corroborada.  Y leg&iacute;timo equivocarse.<span class="superscript">25 y 54</span> Sin plantear  las derivas fraudulentas que aqu&iacute; caben, o sibilinamente fraudulentas como  actualmente ocurre en medicina (se investiga s&oacute;lo acerca de lo rentable  econ&oacute;micamente y en una direcci&oacute;n hacia la m&aacute;xima rentabilidad),  no es dif&iacute;cil ver en esta fundamentaci&oacute;n un aval te&oacute;rico  y moral para que quien pueda, es decir, quien tenga en sus manos la capacidad  para decidir l&iacute;neas de investigaci&oacute;n, haga, a despecho de la pureza  intelectual que el bienintencionado <i>Popper</i> defienda, lo que quiera. La  medicina contempor&aacute;nea, y en concreto, la medicina de los factores de riesgo,  con su abigarrada ambig&uuml;edad y su espectacular parafernalia de megaensayos  y metaan&aacute;lisis, encuentra en la filosof&iacute;a de <i>Popper</i> un lugar  perfecto para fundamentar su teor&iacute;a y su pr&aacute;ctica.    <br> </p>    <p>En  contra de lo que algunos epidemi&oacute;logos defienden,<span class="superscript">4  </span>es mi opini&oacute;n que el ser conscientes de que no operamos inductivamente  y de que la corroboraci&oacute;n de nuestras teor&iacute;as es siempre provisional,  no es una garant&iacute;a de actuaciones correctas, sino todo lo contrario. La  dichosa provisionalidad deja abierta la puerta a todo, y esa puerta es aprovechada  impunemente por quien tiene la sart&eacute;n por el mango, la industria farmac&eacute;utica  y tecnol&oacute;gica. El gran error es pensar que utilizando el m&eacute;todo  cr&iacute;tico popperiano seremos presuntamente m&aacute;s humildes [...] y buscaremos  m&aacute;s los errores<span class="superscript">4</span> o creer en la ilustrada  y popperiana idea de la autoemancipaci&oacute;n por el conocimiento.<span class="superscript">4  </span>Con gran tristeza tuvieron que reconocer <i>Horkheimer</i> y <i>Adorno</i><span class="superscript">45  </span>y que un gran nivel cultural y cr&iacute;tico no es una vacuna contra el  nazismo, ni, me atrever&iacute;a a decir ya puestos, contra esa forma actual de  sutil neototalitarismo mercantil y pol&iacute;tico que es nuestra escandalosamente  mal denominada demokrat&iacute;a.     <br> </p>    <p><a href="/img/revistas/rcsp/v29n1/anexo108103.gif"><img src="/img/revistas/rcsp/v29n1/anexo108103.gif" width="749" height="408" border="0"></a></p>    
]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>    <p><a href="/img/revistas/rcsp/v29n1/anexo2a08103.gif"><img src="/img/revistas/rcsp/v29n1/anexo2a08103.gif" width="751" height="408" border="0"></a><a href="/img/revistas/rcsp/v29n1/anexo2b08103.gif"><img src="/img/revistas/rcsp/v29n1/anexo2b08103.gif" width="760" height="105" border="0"></a></p><h4>Summary</h4>    
<p>Contrary  to what is common in the appreciation of the contrast of statistical hypotheses  as essentially false, and following the popperian logics of the contrast of hypotheses/scientific  theories, 3 theses tried to be proved: (1) that Popper himself did not consider  the contrast of hypotheses in the current technical sense, in spite of certain  erroneous interpretations and and some texts of his own in which a confused vocabulary  is used; (2) that the contrast of hypotheses cannot be assimilated by Popper's  contrast neither in its structure nor in its objectives and consequences; in fact,  what it finally pursues is to affirm a positive hypothesis, the H1, something  radically antipopperian, and (3) that the popperian &quot;critical rationalism&quot;  really hides behind its apparent common sense and antidogmatism a &quot;general  and methodological totalitarism&quot; subtle as the democratic neototalitarism  of which it is a part and of an &quot;everything is worth for those who have it  all&quot;, an ethical, scientific and political aliby for the present absolute  power the pharmaceutical industry has on medical decisions.</p>    <p><i>Subject headings:  </i>EPIDEMIOLOGIC METHODS</p><h4>Referencias bibliogr&aacute;ficas</h4><ol>     <!-- ref --><li>  Buck C. Popper's philosophy for epidemiologists. Int J Epidemiol 1975;4: 159-68.    <br>  </li>    <!-- ref --><li>Moravia A. Sobre el origen de los criterios causales de Austin Bradford  Hill. Bol Of Sanit Panam 1992;113:243-7.    <br> </li>    <!-- ref --><li>Ayres JR. O problema do  conhecimento verdadeiro na epistemologia. Rev Sa&uacute;de P&uacute;blica 1992;26:206-14.    <br>  </li>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><li>Banegas JR, Rodr&iacute;guez F, Rey J. del. Popper y el problema de la  inducci&oacute;n en epidemiolog&iacute;a. Rev Esp Salud P&uacute;blica 2000;74:327-39.    <br>  </li>    <li>Miguel F. La fascinaci&oacute;n por Popper en la epidemiolog&iacute;a  contempor&aacute;nea. Rev Esp Salud P&uacute;blica 200;74:323-5.    <br> </li>    <!-- ref --><li>Karhausen  LR. On the logic of causal inference (letters). Am J Epidemiol 1987;126:556-7.    <br>  </li>    <!-- ref --><li>Maclure M. Popperian refutation in epidemiology. Am J Epidemiol 1985;121:345-50.    <br>  </li>    <!-- ref --><li>Popper KR. La l&oacute;gica de la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica  (1935, 1958). Madrid: Tecnos; 1994. p. 39.    <br> </li>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><li>Goodman SN. p values,  hypothesis test and likelihood: implications for epidemiology of a neglected historical  debate. Am J Epidemiol 1993;137:485-96.    <br> </li>    <!-- ref --><li>Neyman J., Pearson E. On  the use and interpretation of certain test criteria for purposes of statistical  inference. Biometrika 1928;20:175-240.    <br> </li>    <!-- ref --><li>Fisher R. The desing of experiments.  Edinburg: Oliver and Boyd, 1935. p 16 y 22.    <br> </li>    <!-- ref --><li>_____. Statistical methods  and scientific inference. Edinburg and Boyd, 1956.    <br> </li>    <li>Susser M. Falsification,  verification and causal inference in epidemiology: reconsiderations in the light  of sir Karl Popper's philosophy. En: Rothman KJ. Causal inference. Contraste de  hip&oacute;tesis. Chesstnut Hill, Boston: ERI, 1988:33-57.    <br> </li>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><li>Maclure  M. Refutation in epidemiology: why else not? En: Rothman KJ. Causal inference.  Chesstnut Hill. Boston: ERI, 1998:131-8.    <br> </li>    <!-- ref --><li>_____. Taxonomic axes of  epidemiologic study designs: a refutationist perspective. J Clin Epidemiol 1991;44:1045-53.    <br>  </li>    <!-- ref --><li>_____. Multivariant refutation of aetiological hypothesis. Int J Epidemiol  1990;19:782-7.    <br> </li>    <!-- ref --><li>_____. Demostration for deductive meta-analisys: ethanol  intake and risk of myocardial infarction. Epidemiol Rev 1993;15:328-51.    <br> </li>    <!-- ref --><li>Senn  SJ. Falsificationism and the clinical trials. Stat Med 1991;10:1679-92.    <br> </li>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><li>Rivadulla,  A. Probabilidad e inferencia cient&iacute;fica. Madrid: Anthropos, 1991. p. 15.    <br>  </li>    <!-- ref --><li>Poole C. Induction does not exits in epidemiology, either. En: Rothman  KJ. Causal inference. Contraste de hip&oacute;tesis. Chesstnut Hill. Boston: ERI,  1988:153-62.    <br> </li>    <!-- ref --><li>Susser M. The logic of sir Karl Popper and the practice  of epidemiology. Am J Epidemiol 1986;124:711-8.    <br> </li>    <!-- ref --><li>Pearce N. White swans,  black ravens and lame ducks: necessary and sufficient causes in epidemiology.  Epidemiology 1990;1:47-50.    <br> </li>    <!-- ref --><li>____. Crawford-Brown. Critical discussion  in epidemiology: problems with the popperian approach. J Clin Epidemiol 1989;42:177-84.    <br>  </li>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><li>Aznar Jm. Omnisciencia, falibilidad y tolerancia. El homenaje de un pol&iacute;tico  a Karl Popper. En: Aznar JM, Vargas M, Villapalos G, Schwartz P, Vidal-Quadras  A. Homenaje a Karl Popper. Madrid: Fundaci&oacute;n para el An&aacute;lisis de  Estudios Sociales, 1995.    <br> </li>    <!-- ref --><li>Popper KR. Conocimiento objetivo (1972).  Madrid: Tecnos, 1988. p. 49 y 83-5.    <br> </li>    <!-- ref --><li>Karhausen LR. The poverty of  popperian epidemiology. Int J Epidemiol 1995;24:869-74.    <br> </li>    <!-- ref --><li>Lakatos I.  La metodolog&iacute;a de los programas de investigaci&oacute;n (1977). Madrid:  Alianza, 1983.    <br> </li>    <!-- ref --><li>Bacon. Novum Organum. Madrid: Alianza, 1985.    <br> </li>    ]]></body>
<body><![CDATA[<li>Mill  JS. A suystem of logic. Rationative and inductive. London: Longmans; 1959; vol.  3. Existe traducci&oacute;n espa&ntilde;ola parcial. En: De los cuatro m&eacute;todos  de indagaci&oacute;n experimental. Valencia: Cuadernos Teorema, 1980.    <br> </li>    <!-- ref --><li>Popper  KR. La sociedad abierta y sus enemigos. Buenos aires: Paid&oacute;s, 1945.p.54-5  y 268-9.    <br> </li>    <!-- ref --><li>____. El colapso de la agresi&oacute;n marxista. Madrid:  Atl&aacute;ntida, 1992;t11:260-72.    <br> </li>    <!-- ref --><li>Lled&oacute; E. La memoria del  Logos. Madrid: Taurus, 1894. p. 11.    <br> </li>    <!-- ref --><li>Garc&iacute;a Calvo A. Contra  la paz. Contra la democracia. Bilbao: Virus, 1993.    <br> </li>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><li>Debord G. La sociedad  del espect&aacute;culo (1967). Madrid: Pretextos; 1999. p. 4 y 11-2. [Disponible  en:] http://www.sindominio.net/maldeojo/trad.htm[    STANDARDIZEDENDPARAG]<br> </li>    <!-- ref --><li>____. Comentarios  a la sociedad del espect&aacute;culo (1988). Barcelona: Anagrama, 1999.    <br> </li>    <!-- ref --><li>Foucault  M. Un di&aacute;logo sobre el poder. Madrid: Alianza, 1981.    <br> </li>    <!-- ref --><li>____.  La crisis de la medicina o la crisis de la antimedicina. En: La vida de los hombres  infames. Madrid: La Piqueta, 1990:93-120.    <br> </li>    <!-- ref --><li>____. Historia de la medicalizaci&oacute;n.  En: La vida de los hombres infames. Madrid: La Piqueta, 1990:121-52.    <br> </li>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><li>Feyerabend.  Contra el m&eacute;todo. Barcelona: Orbis, 1974.    <br> </li>    <!-- ref --><li>Popper KR. Realismo  y el objetivo de la ciencia (postscritum I). Madrid: Tecnos, 1985.p.26     <br> </li>    <!-- ref --><li>  Chatelet F. Cr&oacute;nica de las ideas perdidas. Barcelona: Mascar&oacute;n,  1981.p.56.    <br> </li>    <!-- ref --><li>Fleck L. La g&eacute;nesis y el desarrollo de un hecho  cient&iacute;fico (1935). Madrid: Alianza, 1986.    <br> </li>    <!-- ref --><li>Kuhn TS. La estructura  de las revoluciones cient&iacute;ficas (1962). M&eacute;xico, DF: Fondo de Cultura  Econ&oacute;mica, 1975.    <br> </li>    ]]></body>
<body><![CDATA[<li>Popper KR. Conjeturas y refutaciones. Barcelona:  Paid&oacute;s, 1965.    <br> Horkheimer M, Adorno TW. Dial&eacute;ctica de la Ilustraci&oacute;n:  fragmentos filos&oacute;ficos. Madrid: Trotta, 1997. p. 235ss.</li>    </ol>    <p>Recibido:  17 de marzo dedl 2001. Aprobado: 2 de diciembre del 2002.    <br> <i>F&eacute;lix  Miguel Garc&iacute;a.</i><a href="mailto:fmiguel@fgapva09.insalud.es"> fmiguel@fgapva09.insalud.es</a></p>    <p><span class="superscript"><a href="#autor">1  </a></span><a href="#autor">Doctor en Medicina, Especialista en Medicina de Familia  y Comunitaria.</a><a name="cargo"></a></p>    <p>    <br> </p>    <p></p>      ]]></body><back>
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