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<publisher-name><![CDATA[Editorial Ciencias Médicas]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Las conductas impropias en la actividad científica]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Instituto de Ciencias Básicos y Preclínico Victoria de Girón  ]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Science may be synthetically characterized as an activity of permanent search for the truth. The falsification, fabrication and plagio commonly identified as the most ostensible misconducts in science are its antithesis. Although the prevalence of these miconducts as an aberrant expression of the scientific work is difficuct to be estimated ove, among other things, to the difficulty to have their diagnosis, there is no doubt about the convenience of their prevention. In Cuba, where the scientific education is a social priority oriented to the technical competence and to ethical integration, teaching turns into education belause it implies not only the transmission of knowledge, but also the formation of habits. This article to define some misconducts ana proposes a framework for their diagnosis and preventive actions]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p>Instituto de Ciencias B&aacute;sicas y Precl&iacute;nicas &quot;Victoria de  Gir&oacute;n&quot;</p><h2>Las conductas impropias en la actividad cient&iacute;fica</h2>    <p><i><a href="#cargo">Jorge  Bacallao,<span class="superscript">1</span> Antonio Barber<span class="superscript">2</span>  y Gerabel Roca<span class="superscript">3</span></a><span class="superscript"><a name="autor"></a></span></i></p><h4>Resumen</h4>    <p>La  ciencia podr&iacute;a caracterizarse sint&eacute;ticamente como una actividad  de b&uacute;s- queda permanente de la verdad. La falsificaci&oacute;n, la &#147;fabricaci&oacute;n&#148;  y el plagio, com&uacute;nmente identificados como faltas m&aacute;s ostensibles  de conducta en la ciencia, son su ant&iacute;tesis. Aunque la prevalencia de estas  malas conductas como expresi&oacute;n aberrante del quehacer cient&iacute;fico  es dif&iacute;cil de estimar motivado, entre otras causas, por la dificultad de  su diagn&oacute;stico, nadie duda de la conveniencia de su prevenci&oacute;n.  En Cuba, donde la formaci&oacute;n cient&iacute;fica es una prioridad social que  se orienta igualmente a la competencia t&eacute;cnica y a la integridad &eacute;tica,  la ense&ntilde;anza se transforma en educaci&oacute;n porque no implica solo transmisi&oacute;n  de conocimientos, sino tambi&eacute;n formaci&oacute;n de h&aacute;bitos. En este  art&iacute;culo se intenta definir algunas conductas impropias y se propone un  marco para su diagn&oacute;stico y acciones preventivas.</p>    <p><i>DeCS: </i>CIENCIA/&eacute;tica;  PLAGIO.</p><h4>Introducci&oacute;n</h4>    <p>La ciencia podr&iacute;a caracterizarse  sint&eacute;ticamente como una actividad de b&uacute;squeda permanente de la verdad.  La falsificaci&oacute;n, la &#147;fabricaci&oacute;n&#148; y el plagio -com&uacute;nmente  identificados como las faltas m&aacute;s ostensibles de conducta en la ciencia-  son, por tanto, su ant&iacute;tesis. Las ciencias biom&eacute;dicas y biosociales,  en las que los recursos para el control intersubjetivo son m&aacute;s escasos  y menos eficaces que en las ciencias formales y en otras ciencias naturales m&aacute;s  desarrolladas, son particularmente vulnerables a las consecuencias de las conductas  impropias o incorrectas.    <br> </p>    <p>Aunque la prevalencia de estas malas conductas  como expresi&oacute;n aberrante del quehacer cient&iacute;fico es dif&iacute;cil  de estimar debido, entre otras causas, a la dificultad de su diagn&oacute;stico,  nadie duda de la conveniencia de su prevenci&oacute;n.    <br> </p>    <p>En Cuba, donde  la formaci&oacute;n cient&iacute;fica es una prioridad social que se orienta igualmente  a la competencia t&eacute;cnica y a la integridad &eacute;tica, la ense&ntilde;anza  se transforma en educaci&oacute;n porque no implica solo transmisi&oacute;n de  conocimiento, sino tambi&eacute;n formaci&oacute;n de h&aacute;bitos.    <br> </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El  presente art&iacute;culo intenta definir las conductas cient&iacute;ficas impropias,  y propone un marco conceptual para un diagn&oacute;stico etiol&oacute;gico y un  esquema o programa de acci&oacute;n preventivo, con dos componentes: uno de prevenci&oacute;n  secundaria a cargo de los comit&eacute;s de &eacute;tica de la investigaci&oacute;n,  y otro de prevenci&oacute;n primaria, que debe ser parte obligada de nuestro trabajo  educativo como actores de la educaci&oacute;n superior en el pa&iacute;s.</p>    <p><b>La  naturaleza y la prevalencia de la conducta cient&iacute;fica impropia o incorrecta</b></p>    <p>Al  plagio, la falsificaci&oacute;n y la &#147;fabricaci&oacute;n&#148; como manifestaciones  por excelencia de malas conductas, algunos han a&ntilde;adido prudentemente &#147;otras  desviaciones con respecto a los c&aacute;nones aceptados de la pr&aacute;ctica  cient&iacute;fica, al proponer o ejecutar la investigaci&oacute;n o al divulgar  sus resultados&#148;<span class="superscript">1</span> a lo que otros han reaccionado  arguyendo que en esta &uacute;ltima categor&iacute;a podr&iacute;an ubicarse,  impropiamente, los trabajos innovadores o creativos en el campo de la ciencia.<span class="superscript">2-3</span>    <br>  </p>    <p>De cualquier modo, al margen de las dificultades que se asocian siempre  a los intentos de definir conceptos, es claro que en la actividad cient&iacute;fica  afloran conductas impropias que van m&aacute;s all&aacute; de sus tres expresiones  m&aacute;s burdas, y que entre ellas sobresalen por su frecuencia los modos intencionadamente  sesgados de divulgar los resultados de la investigaci&oacute;n; por ejemplo, la  ocultaci&oacute;n de los problemas asociados a los datos mismos o a su recolecci&oacute;n,  la publicaci&oacute;n selectiva, la interpretaci&oacute;n tendenciosa de los estudios  con escasa potencia o sensibilidad, la censura editorial de los resultados negativos  o contrarios a las expectativas, la publicaci&oacute;n repetitiva, y las atribuciones  indebidas de autor&iacute;a.<span class="superscript">4,5</span>    <br> </p>    <p>No  deben confundirse el error y la conducta impropia, aunque esta &uacute;ltima suele  vestir el disfraz del primero para intentar pasar inadvertida o conseguir impunidad.  El error es, parad&oacute;jicamente, uno de los m&aacute;s eficaces recursos de  la ciencia para su permanente autocorrecci&oacute;n; la conducta impropia involucra  siempre una intencionalidad de falsa representaci&oacute;n o, de falsa apropiaci&oacute;n.  Hacia el extremo de la mala conducta se agrupan las conductas tendenciosas y hacia  el extremo opuesto, las buenas pr&aacute;cticas cient&iacute;ficas, que incluyen  al error involuntario como uno de sus recursos m&aacute;s frecuentes y m&aacute;s  fecundos. Hacia el centro, la falta de rigor.    <br> </p>    <p>En un estudio realizado  en universidades norteamericanas, <i>Swazey</i> et al<span class="superscript">6</span>  reportaron que el 9 % de los estudiantes y miembros del personal facultativo confesaron  tener conocimiento directo acerca de conductas plagiarias entre sus colegas. Cuando  en la propia encuesta se incluyeron otras manifestaciones de este tipo (atribuci&oacute;n  indebida de autor&iacute;a, uso inadecuado de los fondos para la investigaci&oacute;n,  violaciones de las medidas de seguridad, etc.) el porcentaje ascendi&oacute; a  50 % de los profesionales. En otro estudio efectuado por <i>Shapiro </i>y <i>Charrow,</i>  publicado en, JAMA (1989)<span class="superscript">7</span> y que involucr&oacute;  un trabajo de autor&iacute;a entre alrededor de 2 000 investigadores, se report&oacute;  una disminuci&oacute;n de 12 a 7 % en la comisi&oacute;n de faltas de conducta  en el trabajo cient&iacute;fico. No hay duda de que estas cifras son alarmantes,  aunque exhiban una tendencia favorable.    <br> </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Para emplear una analog&iacute;a  epidemiol&oacute;gica, lo grave de las conductas impropias cient&iacute;ficas,  particularmente en el campo de la investigaci&oacute;n biom&eacute;dica, no es  solo su prevalencia, sino su letalidad. Uno de los casos m&aacute;s elocuentes  y de mayor impacto real y potencial para el prestigio personal e institucional,  la seguridad de los pacientes y la credibilidad de la ciencia ante la opini&oacute;n  p&uacute;blica, es la fabricaci&oacute;n de resultados en un ensayo terap&eacute;utico  contra el c&aacute;ncer auspiciado por el propio gobierno norteamericano y denunciado  en publicaciones relativamente recientes de &oacute;rganos bien reconocidos.<span class="superscript">8-10</span>    <br>  </p>    <p>No tenemos conocimiento acerca de ning&uacute;n intento en Cuba por cuantificar  la magnitud de las expresiones inapropiadas en la conducta cient&iacute;fica.</p>    <p><b>Sobre  las causas de la conducta impropia</b></p>    <p>Hay dos grupos de causas que podr&iacute;an  denominarse end&oacute;genas y ex&oacute;genas. Entre las primeras figuran factores  econ&oacute;micos,<span class="superscript">11 </span>el ego o la vanidad y la  falta de valores &eacute;ticos asociados a una formaci&oacute;n deficiente;<span class="superscript">12</span>  entre las segundas, las presiones sociales o institucionales por la publicaci&oacute;n,<span class="superscript">13</span>  los patrones distorsionados de competencia personal o institucional, el control  o monitoreo ineficientes de la actividad cient&iacute;fica<span class="superscript">14  </span>y la falta de un trabajo educativo o incluso, las influencias perniciosas  que ejercen los investigadores ya consagrados en sus colaboradores m&aacute;s  j&oacute;venes con sus pr&aacute;cticas cient&iacute;ficas irresponsables o, en  ocasiones, abiertamente fraudulentas.    <br> </p>    <p>En sociedades diferentes a la  nuestra, los factores econ&oacute;micos tienen una funci&oacute;n muy importante  como est&iacute;mulo a la mala conducta. El investigador no es ajeno a las angustias  sociales de la lucha por la subsistencia; gran parte de su tiempo debe dedicarla  al tr&aacute;mite de recursos para la investigaci&oacute;n, que es cada vez una  actividad m&aacute;s costosa y tambi&eacute;n m&aacute;s sujeta a consideraciones  de costo-utilidad en el m&aacute;s estricto sentido econ&oacute;mico y no siempre  &eacute;tico. No es f&aacute;cil vislumbrar c&oacute;mo podr&iacute;a revertirse  esta tendencia.    <br> </p>    <p>La competencia y las presiones por la publicaci&oacute;n  figuran entre las causas m&aacute;s invocadas de la mala conducta cient&iacute;fica.<span class="superscript">13  </span>tampoco resulta f&aacute;cil concebir una estrategia que minimice los efectos  perjudiciales de estos factores, ya que ellos son, por otra parte, dos de los  elementos que hacen de la ciencia la actividad respetada y productiva que es en  la actualidad. Nuestra sociedad no es ajena a los efectos positivos ni a los negativos  de estos factores. &iquest; A qu&eacute; causas pueden atribuirse las urgencias  de muchos profesores e investigadores en v&iacute;speras de una evaluaci&oacute;n,  una promoci&oacute;n de categor&iacute;a o una campa&ntilde;a de la instituci&oacute;n  para llenar de carteles la sede del pr&oacute;ximo f&oacute;rum o para cubrir  el tiempo de la pr&oacute;xima reuni&oacute;n cient&iacute;fica? &iquest;Se debe  trabajar para un evento o aprovechar las circunstancias del evento para dar a  conocer los resultados del trabajo cient&iacute;fico? Si para procurarse un lugar  de privilegio en falsas emulaciones basadas en burdos criterios de contabilidad  simple, se estimula o se transige con una producci&oacute;n de baja calidad. &iquest;no  se est&aacute; elevando la mala conducta al rango institucional y a la vez estimulando  a otros a que hagan lo mismo y contribuyan as&iacute; a perpetuar el fraude y  la autocondescendencia? Dos medidas se imponen como parte de una estrategia consciente:  anteponer la calidad a la cantidad y erradicar definitivamente el h&aacute;bito  de la publicaci&oacute;n honoraria.</p>    <p><b>Hacia una estrategia de erradicaci&oacute;n  de la conducta cient&iacute;fica impropia</b></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Cualquier estrategia de prevenci&oacute;n  tiene dos componentes: uno secundario y otro primario. La conducta cient&iacute;fica  incorrecta no es una excepci&oacute;n. En el modelo salubrista cl&aacute;sico,  la prevenci&oacute;n secundaria implica la detecci&oacute;n oportuna y el tratamiento  efectivo. La prevenci&oacute;n secundaria de la mala conducta cient&iacute;fica  supone incrementar los recursos y las oportunidades para descubrir instancias  de conducta impropia, el tratamiento, dise&ntilde;ar los procedimientos para la  investigaci&oacute;n de los casos y el cuerpo de sanciones proporcionales a la  frecuencia y la magnitud de la infracci&oacute;n.    <br> </p>    <p>Los comit&eacute;s  de &eacute;tica, habitualmente m&aacute;s preocupados por los aspectos de la investigaci&oacute;n  relativos a la integridad y los derechos de los pacientes, el cumplimiento de  las normas del consentimiento informado y el respeto a los c&aacute;nones &eacute;ticos  de la investigaci&oacute;n experimental, deber&iacute;an asumir su cuota de responsabilidad  en la auditor&iacute;a y el monitoreo de la producci&oacute;n cient&iacute;fica,  en todas sus fases, desde el proyecto y la ejecuci&oacute;n hasta la divulgaci&oacute;n  del resultado. El h&aacute;bito pernicioso de la &#147;descuartizaci&oacute;n&#148;  de los trabajos cient&iacute;ficos para multiplicar artificialmente la producci&oacute;n,  no debe pasar inadvertido ni ser premiado con la transigencia o la impunidad.  Tampoco la clonaci&oacute;n o el h&aacute;bil camuflaje.    <br> </p>    <p>Las instituciones  cient&iacute;ficas, y de un modo muy especial los centros de educaci&oacute;n  superior que adem&aacute;s se dedican a la investigaci&oacute;n, deben revisar  sus criterios de valoraci&oacute;n de la actividad cient&iacute;fica, para no  abandonarse a la autoindulgencia y, sobre todo, para no trasmitir a los estudiantes  y a los j&oacute;venes investigadores la falsa percepci&oacute;n de que la ciencia  es algo que puede hacerse sin rigor y a la carrera, como quien llena un formulario  de rutina o cumple con un simple tr&aacute;mite administrativo.    <br> </p>    <p>Hay  algunos escollos que superar antes de ejercer una prevenci&oacute;n secundaria  efectiva. En primer lugar, a escala individual, liberarse de la tendencia a la  contemporizaci&oacute;n y el silencio, que son formas de complicidad, y por tanto,  expresiones de mala conducta. Ser&iacute;a inconsecuente no entenderlo as&iacute;  en momentos en que la propia juventud, sacundi&eacute;ndose de una inercia de  a&ntilde;os, se ha declarado resuelta a emprender una batalla frontal contra el  fraude acad&eacute;mico y reconquistar as&iacute; logros que ya hab&iacute;an  hechos suyos las generaciones que les precedieron durante los dos primeros decenios  despu&eacute;s del triunfo revolucionario en el pa&iacute;s.    <br> </p>    <p>En segundo  lugar, a escala institucional, se requiere un cambio de perspectiva en el sentido  de revindicar la necesaria autonom&iacute;a y estar en condiciones de resistir  las coacciones externas derivadas de concepciones esquem&aacute;ticas, no aut&eacute;nticamente  orientadas a mejorar la calidad de la producci&oacute;n cient&iacute;fica.    <br>  </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Por lo tanto, hay que dise&ntilde;ar e institucionalizar procedimientos  para investigar y procesar presuntos casos de conducta cient&iacute;fica impropia.  Lo m&aacute;s importante, y tal vez tambi&eacute;n lo m&aacute;s dif&iacute;cil  es conseguir que este proceso se efect&uacute;e con el mayor rigor, la mayor imparcialidad  y la mayor transparencia, requisitos inexcusables para evitar las catastr&oacute;ficas  consecuencias de decisiones contemporizadoras y de juicios injustos. En algunos  escenarios, se han previsto sanciones como la prohibici&oacute;n de publicar en  determinadas revistas, para aquellos autores involucrados en malas conductas manifiestas  y probadas.<span class="superscript">15</span> Es razonable prever que tal como  ocurre al poner en marcha un programa efectivo de vigilancia epidemiol&oacute;gica,  la incidencia se incremente artificialmente, como simple resultado de un control  m&aacute;s riguroso. Tal evento no deber&iacute;a tomar de sorpresa a los comit&eacute;s  de &eacute;tica, ni generar alarmas injustificadas.    <br> </p>    <p>Otra medida, que  al igual que en la salud p&uacute;blica dar&aacute; seguramente mejores dividendos  en el largo y mediano plazos, es la prevenci&oacute;n primaria, la cual se concibe  tanto como la identificaci&oacute;n y remoci&oacute;n de las causas de los eventos  adversos (la conducta cient&iacute;fica impropia en nuestro caso), como la identificaci&oacute;n  de los factores reductores de la prevalencia o la incidencia de dichos eventos  (lo que algunos llaman promoci&oacute;n en el contexto salubrista).    <br> </p>    <p>Cuando  proclamamos nuestra vocaci&oacute;n de educadores, nos suponemos depositarios  de un conjunto de valores y principios no siempre expl&iacute;citamente enunciados.  Dentro de ese conjunto es necesario incluir la fidelidad a una &eacute;tica cient&iacute;fica  y profesional congruente. No hay dudas de que puede formularse y trasmitirse un  c&oacute;digo de conducta cient&iacute;fica responsable y comprometida, pero una  &eacute;tica cient&iacute;fica no se reduce a un conjunto de reglas, del mismo  modo que la propia ciencia no se agota en un pu&ntilde;ado de procedimientos can&oacute;nicos.  En cualquier pr&aacute;ctica cient&iacute;fica emerger&aacute;n siempre incontables  situaciones no previstas en un cuerpo legal.    <br> </p>    <p>Componentes elementales  de aquella &eacute;tica son la honestidad, entendida como fidelidad absoluta a  la verdad cient&iacute;fica, el autorrenunciamiento, entendido como subordinaci&oacute;n  de los intereses personales a los de la profesi&oacute;n, y de &eacute;stos a  los de la sociedad, y la excelencia, entendida como tensi&oacute;n permanente  hacia el rigor cient&iacute;fico. No basta, sin embargo, con proclamar o exaltar  estos principios como parte de la f&oacute;rmula facilista del &#147;haz lo que  yo digo pero no lo que yo hago&#148;, sino que es necesario adem&aacute;s incorporarlos  como norma de vida y como ingrediente b&aacute;sico del magisterio diario. De  otro modo no ser&iacute;a posible exigir esas virtudes a las nuevas generaciones  de m&eacute;dicos e investigadores que se orientan tanto por nuestro discurso  como por nuestro ejemplo.    <br> </p>    <p>Esta estrategia preventiva debe ser dise&ntilde;ada  cient&iacute;ficamente. &iquest;Se han identificado todas las causas de conducta  impropia? &iquest;En qu&eacute; proporci&oacute;n contribuyen las causas enunciadas  al problema? &iquest;Qu&eacute; proporci&oacute;n del problema explican? &iquest;Qu&eacute;  efectividad puede anticiparse para las diferentes terapias preventivas frente  a la conducta cient&iacute;fica impropia? La valoraci&oacute;n de la efectividad  puede hacerse recurriendo a uno de los principios cardinales para el establecimiento  de la conexi&oacute;n causal: remover la presunta causa y observar el efecto de  la intervenci&oacute;n preventiva, lo cual presupone la existencia de un mecanismo  de evaluaci&oacute;n y control antes y despu&eacute;s de la intervenci&oacute;n.    <br>  </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Si la presi&oacute;n por publicar y la competencia son factores que estimulan  la producci&oacute;n cient&iacute;fica, &iquest;por qu&eacute; en algunos casos  conducen a resultados de calidad y en otros degeneran en una carrera inescrupulosa  para procurarse visibilidad y reconocimiento? Frente a esta realidad, &iquest;c&oacute;mo  administrar sabia y mesuradamente estos instrumentos de est&iacute;mulo? &iquest;C&oacute;mo  sortear sin concesiones a la honestidad y al rigor, evitando los efectos erosionantes  del mal ejemplo y salvando las frecuentes tentaciones a la autocomplacencia, las  presiones de los congresos, los f&oacute;rums, la frecuentemente mal llamada actividad  cient&iacute;fica estudiantil? No podr&iacute;amos sentirnos genuinos educadores  si renunciamos al planteo directo, autocr&iacute;tico y consecuente de estos problemas.    <br>  </p>    <p>Tampoco puede dejarse de lado la atenci&oacute;n terciaria, en t&eacute;rminos  de rehabilitaci&oacute;n y tratamiento a largo plazo. &iquest;Qu&eacute; oportunidades  concedemos a los transgresores? &iquest;Qu&eacute; medidas tomamos para rescatarlos  a la actividad cient&iacute;fica honesta y genuinamente productiva?    <br> </p>    <p>Las  preguntas que se plantean son muchas y dif&iacute;ciles, pero precisamente, el  lado fuerte del cient&iacute;fico es saber hallar soluciones a los problemas dif&iacute;ciles.  En &uacute;ltima instancia, el problema puede ser mucho m&aacute;s motivacional  que metodol&oacute;gico. Una &uacute;ltima pregunta podr&iacute;a ser: &iquest;estamos  dispuestos a estudiar y valorar cient&iacute;ficamente nuestra propia conducta?</p><h4>Summary</h4>    <p>Science  may be synthetically characterized as an activity of permanent search for the  truth. The falsification, fabrication and plagio commonly identified as the most  ostensible misconducts in science are its antithesis. Although the prevalence  of these miconducts as an aberrant expression of the scientific work is difficuct  to be estimated ove, among other things, to the difficulty to have their diagnosis,  there is no doubt about the convenience of their prevention. In Cuba, where the  scientific education is a social priority oriented to the technical competence  and to ethical integration, teaching turns into education belause it implies not  only the transmission of knowledge, but also the formation of habits. This article  to define some misconducts ana proposes a framework for their diagnosis and preventive  actions.</p>    <p><i>Subject headings: </i>SCIENCE/ethics; PLAGIARISM.</p><h4></h4><h4>Referencias  bibliogr&aacute;ficas</h4><ol>     <!-- ref --><li>Gunsalus CK. Institutional structure to ensure  research integrity. Acad Med. 1993;68:S33-S38.    <br> </li>    <!-- ref --><li>Schachman HK. What  is misconduct in science? Science 1993;261:148-9.    <br> </li>    <!-- ref --><li>Buzelli DE. The  definition of misconduct in science: a view from NSF. Science 1993,259:584-5.    <br> </li>    <!-- ref --><li>Bailar JC. The real threats to the integrity of science. Chron Higher  Educ 1995;B1.    <br> </li>    <!-- ref --><li>Chalmers I. Underreporting research is scientific misconduct.  JAMA 1990;263:1405-8.    <br> </li>    <!-- ref --><li>Swazey JP. Anderson MS, Lewia KS. Ethical problems  in academic research. Amer Scientist 1993;81:542-53.    <br> </li>    <!-- ref --><li>Shapiro MF,  Charrow RP. Scientific misconduct in investigational drug trials N Engl J med.  1985;312:731-6.    <br> </li>    <!-- ref --><li>Pellegrino ED. Character and the ethical conduct  of research. Accountab Res 1992;2:1-11.    <br> </li>    <!-- ref --><li>Rennie D. Breast cancer:how  to mishandle misconduct. JAMA 1994;271:1205-7.    <br> </li>    <!-- ref --><li>Angel M, kassirer  JP. Setting the record straight in the breast cancer trials. N Engl J Med 1994;330:1448-150.    <br>  </li>    <!-- ref --><li>Royal College of Physicians. Fraud and misconduct in medical research:  causes, investigation and prevention. London, England. Royal College of Physicians,1991.    <br>  </li>    <!-- ref --><li>Kassirer JP. The frustrations of scientific misconduct. N Engl J Med  1993;1634-6.    <br> </li>    <!-- ref --><li>Angel M. Publish or perish: a proposal. Ann Intern Med  1986;104:261-2.    <br> </li>    <!-- ref --><li>Danforth WH, Schoenhoff DM. Fostering integrity in  scientific researcg. Acad Med 1992;67:351-6.    <br> </li>    <!-- ref --><li>Edsall JT. Specific  inappropriate acts in the publication process. Am J Obstet Gynecol 1996;174:1-9.</li>    </ol>    <p>Recibido:  15 de noviembre del 2002. Aprobado: 18 de diciembredel 2002.    <br> Dr.<i> Jorge  Bacallao</i>. Instituto de Ciencias B&aacute;sicos y Precl&iacute;nico &#147;Victoria  de Gir&oacute;n&#148;. Ave 31 y 146. Cubanac&aacute;n, municipio Playa, Ciudad  de La Habana </p>    <p></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p></p>    <p>    <br> <span class="superscript"><a href="#autor"><b>1  </b></a></span><b><a href="#autor">Doctor en Ciencias. Profesor titular.    <br> </a></b><a href="#autor"><span class="superscript"><b>2</b></span></a><b><a href="#autor">  Doctor en Ciencias. Profesor censultante.    <br> </a></b><a href="#autor"><span class="superscript"><b>3</b></span></a><b><a href="#autor">  Profesor Consultante. </a><a name="cargo"></a></b>    <br></p>      ]]></body><back>
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