<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>0864-3466</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Revista Cubana de Salud Pública]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Rev Cubana Salud Pública]]></abbrev-journal-title>
<issn>0864-3466</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Editorial Ciencias Médicas]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S0864-34662004000100004</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Indicadores de calidad y eficiencia de los servicios hospitalarios: Una mirada actual]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Indicators of quality and efficiency of hospital services. An updated vision]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Jiménez Paneque]]></surname>
<given-names><![CDATA[Rosa E]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Hospital Clinicoquirúrgico Hermanos Ameijeiras  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[Ciudad de La Habana ]]></addr-line>
<country>Cuba</country>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>03</month>
<year>2004</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>03</month>
<year>2004</year>
</pub-date>
<volume>30</volume>
<numero>1</numero>
<fpage>0</fpage>
<lpage>0</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0864-34662004000100004&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S0864-34662004000100004&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S0864-34662004000100004&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><abstract abstract-type="short" xml:lang="es"><p><![CDATA[La definición de buena calidad de los servicios de salud es difícil y ha sido objeto de muchos acercamientos. Desde el punto de vista de los gestores o administradores de la atención médica, la calidad con que se brinda un servicio de salud no puede separarse de la eficiencia puesto que si no se tienen en cuenta el ahorro necesario de los recursos disponibles, el alcance de los servicios será menor que el supuestamente posible. La medición de la calidad y la eficiencia de un servicio de salud es una tarea de complejidad intrínseca ya que a la medición de conceptos abstractos se añade la variedad de intereses que pueden influir en las evaluaciones subsecuentes. Calidad y eficiencia son nociones abstractas, la necesidad de medirlas es obvia pero es siempre un desafío debido en parte a que los indicadores deben separar la parte de ellos que se debe a las características de los pacientes, de la que se relaciona con la atención prestada. La atención hospitalaria juega un papel preponderante en la atención sanitaria; tiene un alto significado social, pues los hospitales albergan a las personas con los problemas de salud más serios y son los centros más costosos del sistema de salud por la atención especializada y tecnológicamente avanzada que deben brindar, además del servicio hotelero que lógicamente ofrecen. La evaluación continua de la calidad y la eficiencia de la atención hospitalaria con sus implicaciones sociales y económicas es un imperativo para el sector de la salud. El presente trabajo comienza por una visión actualizada de los conceptos de calidad y eficiencia de la atención sanitaria y de la relación entre ellos. Profundiza entonces en los indicadores tradicionales y actualmente utilizados para medir ambos atributos en los servicios hospitalarios. Incluye las formas en que tales indicadores se clasifican y las distintas maneras en que se aborda la difícil tarea de realizar los ajustes necesarios para separar la parte de su valor que se debe a las características de los pacientes de la que realmente se debe a la calidad y eficiencia de la gestión hospitalaria]]></p></abstract>
<kwd-group>
<kwd lng="es"><![CDATA[CALIDAD DE LA ATENCION DE SALUD]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[INDICADORES DE CALIDAD DE LA ATENCION DE SALUD]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[SERVICIOS DE SALUD]]></kwd>
</kwd-group>
</article-meta>
</front><body><![CDATA[ <p>Hospital Clinicoquir&uacute;rgico &quot;Hermanos Ameijeiras&quot; </p><h2>Indicadores  de calidad y eficiencia de los servicios hospitalarios. Una mirada actual</h2>    <p><a href="#cargo">Rosa  E. Jim&eacute;nez Paneque<span class="superscript">1</span></a><span class="superscript"><a name="autor"></a></span></p><h4>Resumen</h4>    <p>La  definici&oacute;n de buena calidad de los servicios de salud es dif&iacute;cil  y ha sido objeto de muchos acercamientos. Desde el punto de vista de los gestores  o administradores de la atenci&oacute;n m&eacute;dica, la calidad con que se brinda  un servicio de salud no puede separarse de la eficiencia puesto que si no se tienen  en cuenta el ahorro necesario de los recursos disponibles, el alcance de los servicios  ser&aacute; menor que el supuestamente posible. La medici&oacute;n de la calidad  y la eficiencia de un servicio de salud es una tarea de complejidad intr&iacute;nseca  ya que a la medici&oacute;n de conceptos abstractos se a&ntilde;ade la variedad  de intereses que pueden influir en las evaluaciones subsecuentes. Calidad y eficiencia  son nociones abstractas, la necesidad de medirlas es obvia pero es siempre un  desaf&iacute;o debido en parte a que los indicadores deben separar la parte de  ellos que se debe a las caracter&iacute;sticas de los pacientes, de la que se  relaciona con la atenci&oacute;n prestada. La atenci&oacute;n hospitalaria juega  un papel preponderante en la atenci&oacute;n sanitaria; tiene un alto significado  social, pues los hospitales albergan a las personas con los problemas de salud  m&aacute;s serios y son los centros m&aacute;s costosos del sistema de salud por  la atenci&oacute;n especializada y tecnol&oacute;gicamente avanzada que deben  brindar, adem&aacute;s del servicio hotelero que l&oacute;gicamente ofrecen. La  evaluaci&oacute;n continua de la calidad y la eficiencia de la atenci&oacute;n  hospitalaria con sus implicaciones sociales y econ&oacute;micas es un imperativo  para el sector de la salud. El presente trabajo comienza por una visi&oacute;n  actualizada de los conceptos de calidad y eficiencia de la atenci&oacute;n sanitaria  y de la relaci&oacute;n entre ellos. Profundiza entonces en los indicadores tradicionales  y actualmente utilizados para medir ambos atributos en los servicios hospitalarios.  Incluye las formas en que tales indicadores se clasifican y las distintas maneras  en que se aborda la dif&iacute;cil tarea de realizar los ajustes necesarios para  separar la parte de su valor que se debe a las caracter&iacute;sticas de los pacientes  de la que realmente se debe a la calidad y eficiencia de la gesti&oacute;n hospitalaria.  </p>    <p><i>DeCS:</i> CALIDAD DE LA ATENCION DE SALUD; INDICADORES DE CALIDAD DE  LA ATENCION DE SALUD; SERVICIOS DE SALUD.</p><h4></h4><h4></h4><h4>Introducci&oacute;n</h4>    <p>La  definici&oacute;n de <i>buena calidad</i> de los servicios de salud es dif&iacute;cil  y ha sido objeto de muchos acercamientos. La dificultad estriba principalmente  en que la calidad es un atributo del que cada persona tiene su propia concepci&oacute;n  pues depende directamente de intereses, costumbres y nivel educacional entre otros  factores.     <br> </p>    <p>Desde el punto de vista del paciente, es conocido por ejemplo,  que para algunos una consulta m&eacute;dica de buena calidad debe ser breve y  dirigirse directamente al punto problem&aacute;tico, mientras que para otros la  entrevista m&eacute;dica s&oacute;lo ser&aacute; satisfactoria si el m&eacute;dico  destina una buena parte de su tiempo a o&iacute;r los pormenores de la naturaleza,  historia y caracter&iacute;sticas de los s&iacute;ntomas que aquejan al paciente.    <br>  </p>    <p>Desde el punto de vista del m&eacute;dico (como exponente principal del  proveedor de salud) tampoco existe un patr&oacute;n estrictamente uniforme de  lo que puede considerarse atenci&oacute;n m&eacute;dica de buena calidad. Se acepta,  por lo menos, que &eacute;sta tiene una relaci&oacute;n con el estado del conocimiento  actual y el empleo de la tecnolog&iacute;a correspondiente. Si un m&eacute;dico  utiliza un procedimiento anticuado para tratar una dolencia, no podr&aacute; decirse  que est&aacute; brindando atenci&oacute;n m&eacute;dica de calidad. Tampoco podr&aacute;  afirmarse esto si procede a indicarle a un paciente una prueba diagn&oacute;stica  o un tratamiento que no es el reconocido (digamos que por la &#147;comunidad m&eacute;dica&#148;)  para la supuesta enfermedad, ni siquiera si el paciente est&aacute; complacido  con el procedimiento empleado. Las tendencias m&aacute;s modernas de la atenci&oacute;n  sanitaria (la llamada &#147;Medicina Basada en la Evidencia&#148;) abogan porque  las pr&aacute;cticas m&eacute;dicas est&eacute;n profundamente basadas en la evidencia  cient&iacute;fica de que realmente son las id&oacute;neas para cada caso. Sin  embargo, muchos alegan que la pr&aacute;ctica de una medicina totalmente basada  en la evidencia cient&iacute;fica podr&iacute;a conducir a una deshumanizaci&oacute;n  de la relaci&oacute;n m&eacute;dico paciente, algo que tampoco deber&iacute;a  considerarse deseable.    <br> </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Desde el punto de vista de los gestores o administradores  de la atenci&oacute;n m&eacute;dica, la calidad con que se brinda un servicio  de salud no puede separarse de la eficiencia puesto que si no se tienen en cuenta  el ahorro necesario de los recursos disponibles, el alcance de los servicios ser&aacute;  menor que el supuestamente posible.    <br> </p>    <p>Ninguno de los enfoques deber&aacute;n  desde&ntilde;arse puesto que si bien los m&eacute;dicos pueden tener la raz&oacute;n  mejor fundamentada, los administradores disponen de los recursos y los enfermos,  receptores de la atenci&oacute;n, deber&aacute;n aceptarla conscientemente para  que surta el efecto esperado. S&oacute;lo el balance apropiado de intereses y  concepciones dar&aacute; lugar a la calidad &oacute;ptima que, en buena lid, todos  deseamos.    <br> </p>    <p>La medici&oacute;n de la calidad y la eficiencia de un servicio  de salud es una tarea compleja ya que, adem&aacute;s de la complejidad intr&iacute;nseca  que conlleva la medici&oacute;n de conceptos abstractos, no pueden ignorarse la  variedad de intereses que pueden influir en una evaluaci&oacute;n de ese tipo.  En los sistemas de salud no p&uacute;blicos las contradicciones entre clientes  (pacientes), gestores y financistas son las principales promotoras del control  y evaluaci&oacute;n de la calidad y la eficiencia. Las compa&ntilde;&iacute;as  de seguros han jugado un papel crucial en esta evaluaci&oacute;n ya que muchas  veces deben pagar la mayor parte de los servicios y calcular debidamente el monto  que deben cobrar a sus clientes ya que este pago se produce antes de que el servicio  se haya brindado. Las ganancias de tales compa&ntilde;&iacute;as depender&aacute;n  directamente de lo acertado de sus c&aacute;lculos y del costo real del servicio  brindado. Esta madeja de intereses obviamente no siempre resulta en una atenci&oacute;n  de buena calidad.     <br> </p>    <p>En los sistemas p&uacute;blicos y gratuitos el estado  financia los servicios de salud y es el mayor interesado en que &eacute;stos sean  brindados con calidad y eficiencia. La falta de control y evaluaci&oacute;n de  estos dos atributos en los servicios de salud se reflejar&aacute; a la larga en  una disminuci&oacute;n de las posibilidades reales para brindar todos los servicios  sociales.    <br> </p>    <p>Por otro lado, la medici&oacute;n de conceptos abstractos  como calidad y eficiencia de los servicios de salud, necesita de una operacionalizaci&oacute;n  cuantitativa que permita comparaciones en el tiempo y en el espacio y la determinaci&oacute;n  de patrones que consientan la identificaci&oacute;n de fallos o logros.     <br> </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Como  bien lo define<i> Silva</i>, de manera muy general, un indicador es &#147;una  construcci&oacute;n te&oacute;rica concebida para ser aplicada a un colectivo  y producir un n&uacute;mero por conducto del cual se procura cuantificar alg&uacute;n  concepto o noci&oacute;n asociada a ese colectivo&#148;.<span class="superscript">1</span>  Y &eacute;ste es precisamente el caso que nos ocupa, pues necesitamos <i>n&uacute;meros</i>  para medir dos <i>conceptos abstractos</i>: <i>calidad y eficiencia</i>.    <br> </p>    <p>La  costumbre ya arraigada de medir el nivel de salud de las poblaciones ha convertido  a algunos indicadores en conocimiento ordinario. Tal es el caso de la tasa de  mortalidad infantil (como indicador de salud y nivel socioecon&oacute;mico de  poblaciones) y el de otras tasas menos renombradas como las de mortalidad y morbilidad  crudas o espec&iacute;ficas.     <br> </p>    <p>La caracter&iacute;stica b&aacute;sica  de un indicador es su potencialidad para medir un concepto de manera indirecta.  La tasa de mortalidad infantil no es m&aacute;s que la frecuencia relativa de  las muertes de ni&ntilde;os menores de un a&ntilde;o en cierto per&iacute;odo  pero con ella se puede tener una idea de un concepto relativamente lejano: el  desarrollo socioecon&oacute;mico de una regi&oacute;n. Es decir que, por caminos  te&oacute;ricos y emp&iacute;ricos, se ha demostrado que el nivel socioecon&oacute;mico  de una poblaci&oacute;n se refleja en su mortalidad infantil y por ende &eacute;sta  constituye un indicador del primero.    <br> </p>    <p>Calidad y eficiencia son nociones  abstractas, conceptos basados en un sinn&uacute;mero de aspectos que hist&oacute;rica  y socialmente llegan a alcanzar un significado aceptable. La necesidad de medirlos  es obvia aunque es siempre un desaf&iacute;o. Una buena parte de este desaf&iacute;o  se debe a que los indicadores de calidad y eficiencia deben separar la parte de  ellos que se debe a las caracter&iacute;sticas de los pacientes, de la que se  relaciona con la atenci&oacute;n prestada. No se trata de un problema de esos  indicadores en particular sino una caracter&iacute;stica impl&iacute;cita en muchos  indicadores. Un ejemplo cl&aacute;sico es el de las tasas brutas de mortalidad  de los distintos pa&iacute;ses. Si se quieren tomar como indicadores de nivel  socioecon&oacute;mico o de salud con el fin de hacer comparaciones, deber&aacute;n  estandarizarse para tener en cuenta, por lo menos, las estructuras de edad de  los pa&iacute;ses en cuesti&oacute;n. Diferencias entre las tasas de mortalidad  bruta de dos pa&iacute;ses con estructuras de edad diferentes no permitir&aacute;n  hacer juicios de valor sobre condiciones sociales, econ&oacute;micas o sanitarias.      <br> </p>    <p>La atenci&oacute;n hospitalaria juega un papel preponderante en la  atenci&oacute;n sanitaria. Por un lado los hospitales albergan a las personas  con los problemas de salud m&aacute;s serios, lo que les confiere alto significado  social; por otro lado, la atenci&oacute;n especializada y tecnol&oacute;gicamente  avanzada que deben brindar, adem&aacute;s del servicio hotelero que l&oacute;gicamente  ofrecen, los convierte en los centros m&aacute;s costosos del sistema de salud.  La evaluaci&oacute;n continua de la calidad y la eficiencia de la atenci&oacute;n  hospitalaria con sus implicaciones sociales y econ&oacute;micas es un imperativo  para el sector de la salud.    <br> </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Muchos de los indicadores conocidos de  calidad y eficiencia de los servicios hospitalarios (la tasa de mortalidad, la  de reingresos, la de infecciones entre otros) var&iacute;an de acuerdo con la  de la atenci&oacute;n que se brinde pero, como se esboz&oacute; antes, tambi&eacute;n  dependen de la gravedad de los pacientes que han servido como unidades de an&aacute;lisis.      <br> </p>    <p>El presente trabajo tiene por objeto brindar una visi&oacute;n resumida  de los indicadores tradicionales y actualmente utilizados para medir la calidad  y la eficiencia de los servicios hospitalarios, las formas en que &eacute;stos  se clasifican, y la manera en que se aborda la dif&iacute;cil tarea de separar  la parte de su valor que se debe a las caracter&iacute;sticas de los pacientes  de la que realmente se debe a la calidad y eficiencia de la gesti&oacute;n hospitalaria.    <br>  </p><h4>Aspectos conceptuales</h4><h6>Calidad</h6>    <p>La calidad de la atenci&oacute;n  m&eacute;dica ha sido definida de diversas maneras que en mucho dependen del contexto  concreto en que el t&eacute;rmino quiera emplearse.<span class="superscript">2,3  </span>    <br> </p>    <p>En 1980, <i>Donabedian</i>, una de las personas m&aacute;s  reconocidas en este campo, define una atenci&oacute;n de alta calidad como &#147;aquella  que se espera maximice una medida comprensible del bienestar del paciente despu&eacute;s  de tener en cuenta el balance de las ganancias y las p&eacute;rdidas esperadas  que concurren en el proceso de atenci&oacute;n en todas sus partes&#148;.<span class="superscript">4</span>  <i>Donabedian</i> se ha referido tambi&eacute;n a las m&uacute;ltiples facetas  del concepto de calidad: calidad t&eacute;cnica, calidad interpersonal, calidad  individual y calidad social y ha profundizado en las relaciones entre cantidad  y calidad y entre beneficios y riesgos. Considera que una sola definici&oacute;n  de calidad que abarque todos los aspectos no es posible, pero que, en el manejo  de un problema espec&iacute;fico de salud, la buena calidad puede resumirse como  &#147;el tratamiento que es capaz de lograr el mejor equilibrio entre los beneficios  de salud y los riesgos&#148;.<span class="superscript">5,6</span>    <br> </p>    <p><i>Luft  </i>y <i>Hunt</i><span class="superscript">7</span><span class="subscript"> </span>definen  la calidad como &#147;el grado con el cual los procesos de la atenci&oacute;n  m&eacute;dica incrementan la probabilidad de resultados deseados por los pacientes  y reduce la probabilidad de resultados no deseados, de acuerdo al estado de los  conocimientos m&eacute;dicos&#148;.    <br> </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>De <i>Geyndt</i><span class="superscript">8  </span>apunta que las distintas definiciones que se la han dado a la calidad son  un reflejo de lo dif&iacute;cil que puede resultar arribar a un consenso debido  a los valores impl&iacute;citos en las distintas definiciones. Se&ntilde;ala que  el concepto de atenci&oacute;n m&eacute;dica o atenci&oacute;n sanitaria es multidimensional  y que esto explica la existencia de tantas definiciones y formas para evaluarla.    <br>  </p>    <p>Parece obvio que es imposible arribar a una definici&oacute;n universalmente  aplicable de calidad de la atenci&oacute;n m&eacute;dica y que, am&eacute;n de  las similitudes y concordancias que puedan existir entre todas las definiciones,  habr&aacute; que introducirle al concepto en cada caso el car&aacute;cter local  que irremediablemente tiene.</p><h6>Eficiencia</h6>    <p>La eficiencia es el segundo  concepto que nos ocupa y que, en principio, tiene un significado diferente.     <br>  </p>    <p><i>Murray</i> y <i>Frenk </i>en el documento titulado &#147;Un marco de  la OMS para la evaluaci&oacute;n del desempe&ntilde;o de los sistemas de salud&#148;  consideran que la eficiencia est&aacute; estrechamente relacionada con el desempe&ntilde;o  de un sistema de salud, que este desempe&ntilde;o debe evaluarse sobre la base  de objetivos (en ingl&eacute;s <i>goal performance</i>) y que debe tomarse como  eficiencia el grado en que un sistema alcanza los objetivos propuestos, con los  recursos disponibles&#148;.<span class="superscript">9</span>    <br> </p>    <p><i>Jaramillo</i><span class="superscript">10</span><span class="subscript">  </span>se&ntilde;ala que &#147;debe considerarse la eficiencia como el m&aacute;ximo  resultado posible de productividad que puede ser alcanzado a partir de un volumen  de recursos determinado&#148;.    <br> </p>    <p>Algunos definen eficiencia en su relaci&oacute;n  con dos t&eacute;rminos de similar interpretaci&oacute;n sem&aacute;ntica: eficacia  y efectividad. La eficacia, en la esfera de la Salud P&uacute;blica, se define  como la expresi&oacute;n general del efecto de determinada acci&oacute;n cuyo  objetivo fuera perfeccionar la atenci&oacute;n m&eacute;dica. Debido a que las  relaciones causa-efecto que implica esta definici&oacute;n pueden estar confundidas  con diversos factores, la eficacia de un procedimiento suele evaluarse en condiciones  experimentales o ideales. La eficacia de un procedimiento o tratamiento en relaci&oacute;n  con la condici&oacute;n del paciente, se expresa como el grado en que la atenci&oacute;n/intervenci&oacute;n  ha demostrado lograr el resultado deseado o esperado. La efectividad es de mayor  alcance y se define como la medida del impacto que dicho procedimiento tiene sobre  la salud de la poblaci&oacute;n; por tanto, contempla el nivel conque se proporcionan  pruebas, procedimientos, tratamientos y servicios y el grado en que se coordina  la atenci&oacute;n al paciente entre m&eacute;dicos, instituciones y tiempo. Es  un atributo que s&oacute;lo puede evaluarse en la pr&aacute;ctica real de la Medicina.  En la eficiencia se consideran los gastos y costos relacionados con la eficacia  o efectividad alcanzadas.<span class="superscript">11,12</span> Se trata adem&aacute;s  de tres conceptos concatenados pues no se concibe eficiencia sin efectividad y  &eacute;sta pierde sentido sin eficacia.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </p>    <p>Un ejemplo concreto, que  ilustra de manera sencilla la interrelaci&oacute;n entre eficacia, efectividad  y eficiencia en un contexto sanitario poblacional es el siguiente. Cierto programa  de intervenci&oacute;n para dejar de fumar puede considerarse eficaz si, en un  estudio apropiado, consigue reducir el n&uacute;mero de fumadores entre los intervenidos  en una magnitud aceptable y previamente establecida. Para conocer si esta intervenci&oacute;n  resulta tambi&eacute;n <i>efectiva</i> habr&iacute;a que introducirla en la pr&aacute;ctica  y medir, por ejemplo, si adem&aacute;s de reducir las tasas de fumadores se logra,  a largo plazo, tambi&eacute;n reducir las tasas de mortalidad por c&aacute;ncer  de pulm&oacute;n o la morbilidad por enfermedad pulmonar obstructiva cr&oacute;nica  (EPOC) en el contexto social donde se viene empleando. La eficiencia de la intervenci&oacute;n  podr&iacute;a medirse entonces como la magnitud de reducci&oacute;n de la tasa  de fumadores por unidad monetaria gastada en la implantaci&oacute;n del programa.  El programa es eficiente si tales niveles de eficacia y efectividad no se pueden  alcanzar con menos recursos o si los recursos han sido menores que los necesarios  en otros programas de igual eficacia y efectividad.    <br> </p>    <p>Un sistema de salud  se considera eficiente cuando es capaz de brindar un producto sanitario aceptable  para la sociedad con un uso m&iacute;nimo de recursos. Lograr eficiencia en salud,  significa tambi&eacute;n alcanzar los mejores resultados con los recursos disponibles.  De modo que, cuando se persiguen determinados resultados tambi&eacute;n deben  quedar claras cu&aacute;les son las formas m&aacute;s eficientes de alcanzarlos  y qu&eacute; procesos t&eacute;cnicos se deben abordar para llegar a ellos con  eficiencia.<span class="superscript">13</span></p><h6>Relaci&oacute;n entre calidad  y eficiencia</h6>    <p>Calidad y eficiencia son dos conceptos estrechamente relacionados,  al punto que algunos consideran la eficiencia como parte de la calidad.<span class="superscript">11,14</span>  Es obvio que un servicio cualquiera puede brindarse dentro de l&iacute;mites aceptables  de calidad con m&aacute;s o menos eficiencia pero tambi&eacute;n es posible que  una b&uacute;squeda desmedida de eficiencia vaya en perjuicio de la calidad.     <br>  </p>    <p>Si bien en el &aacute;mbito de la salud el servicio central es el bien  humano m&aacute;s preciado y parecer&iacute;a injusto y hasta indeseable &#147;cambiar&#148;  calidad por eficiencia, la natural escasez de recursos debe conducirnos a una  posici&oacute;n m&aacute;s realista. Una posici&oacute;n que refleje la necesidad  de alcanzar la mayor calidad en la prestaci&oacute;n de servicios con el m&iacute;nimo  de recursos, o, quiz&aacute;s mejor, una posici&oacute;n que favorezca el uso  m&aacute;s eficiente de los recursos disponibles dentro de l&iacute;mites aceptables  de calidad. Por lo tanto, la b&uacute;squeda de la calidad, debe ser siempre m&aacute;s  bien la b&uacute;squeda del mejor balance entre calidad y eficiencia.     <br> </p>    <p>No  es poco lo que se discute el tema en el &aacute;mbito sanitario actual de un mundo  donde prevalece el desigual reparto de todas las riquezas, pero una discusi&oacute;n  profunda estar&iacute;a fuera del alcance de este trabajo.     <br> </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>No obstante,  me permito se&ntilde;alar que la b&uacute;squeda del mejor balance calidad-eficiencia  transita por el perfeccionamiento y uso racional de los indicadores de ambos componentes  y de su relaci&oacute;n, un hecho que se enfatiza en la literatura m&aacute;s  reciente.<span class="superscript">15-17</span>    <br> </p>    <p>En 1999 el Sistema  Nacional de Salud de los Estados Unidos (NHS) public&oacute; el llamado &#147;Marco  para la evaluaci&oacute;n del desempe&ntilde;o&#148; en el que se&ntilde;alan  la necesidad de acciones evaluativas en seis &aacute;reas:</p><ol>     <li> Mejor&iacute;a  de la salud.</li>    <li> Justeza del acceso.</li>    <li> Entrega efectiva de atenci&oacute;n  adecuada.</li>    <li> Eficiencia.</li>    <li> Experiencia de pacientes y cuidadores.</li>    <li>  Resultados de salud del sistema</li>    </ol>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Se&ntilde;alan adem&aacute;s una serie  de indicadores para cada una de las &aacute;reas.<span class="superscript">18</span>    <br>  </p><h6>Indicadores</h6>    <p>Adem&aacute;s de la definici&oacute;n general brindada  por <i>Silva</i>,<span class="superscript">1</span> en el &aacute;mbito concreto  de la salud se encuentran otras definiciones de este concepto.     <br> </p>    <p>En  el glosario de t&eacute;rminos de la OMS, aparece el siguiente p&aacute;rrafo  para definir el t&eacute;rmino <i>indicador</i>:<span class="superscript">19</span></p>    <p>Variable  con caracter&iacute;sticas de calidad, cantidad y tiempo, utilizada para medir,  directa o indirectamente, los cambios en una situaci&oacute;n y apreciar el progreso  alcanzado en abordarla. Provee tambi&eacute;n una base para desarrollar planes  adecuados para su mejor&iacute;a.     <br> </p>    <p>Variable susceptible de medici&oacute;n  directa que se supone asociada con un estado que no puede medirse directamente.  Los indicadores son a veces estandarizados por autoridades nacionales o internacionales.    <br>  </p>    <p>Variable que contribuye a medir los cambios en una situaci&oacute;n de  salud, directa o indirectamente, y evaluar el grado en que los objetivos y metas  de un programa se han alcanzado.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </p>    <p>Las 3 acepciones expresan que un indicador  es una variable que pretende reflejar cierta situaci&oacute;n y medir el grado  o nivel con que &eacute;sta se manifiesta, de manera que resulte &uacute;til para  evaluar cambios en el tiempo y hacer comparaciones en el espacio. Con este enfoque,  puede decirse que los indicadores de calidad y eficiencia de la atenci&oacute;n  sanitaria jugar&iacute;an el mismo papel que los que utilizan los laboratorios  para evitar problemas en el proceso que afecten la calidad de los resultados y  se produzca un descalabro en los niveles donde &eacute;stos se utilizan. Un s&iacute;mil  semejante podr&iacute;a hacerse con la construcci&oacute;n de los canales end&eacute;micos,  instrumento importante de la Epidemiolog&iacute;a concebido para detectar oportunamente  la aparici&oacute;n de una epidemia.    <br> </p>    <p>En la atenci&oacute;n hospitalaria,  los indicadores de calidad y eficiencia sirven de base para medir el desempe&ntilde;o  de los servicios que brinda o debe brindar el hospital y facilitar las comparaciones  en el espacio y en el tiempo. Por tal motivo, am&eacute;n de la posibilidad del  desarrollo de indicadores espec&iacute;ficos a nivel local, la necesidad de indicadores  de valor general ha sido y es una necesidad cada d&iacute;a m&aacute;s comprendida.      <br> </p>    <p>Pero, el desarrollo de buenos indicadores no es una tarea f&aacute;cil  ni puede abordarse sin un conocimiento profundo de Medicina, unido al de otras  disciplinas como la Administraci&oacute;n de Salud, la Estad&iacute;stica y la  Epidemiolog&iacute;a. Un buen indicador por lo menos deber&aacute; cumplir al  menos con cuatro caracter&iacute;sticas: </p><ul>     <li> <i>Validez</i>: debe reflejar  el aspecto de la calidad para el que se cre&oacute; o estableci&oacute; y no otro.</li>    <li>  <i>Confiabilidad</i>: debe brindar el mismo resultado en iguales circunstancias.</li>    <li>  <i>Comprensibilidad</i>: debe comprenderse f&aacute;cilmente qu&eacute; aspecto  de la calidad pretende reflejar.</li>    <li><i> Sencillez</i>: debe ser sencillo  de administrar, de aplicar y de explicar.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </li>    </ul>    <p>El desarrollo y utilizaci&oacute;n  de buenos indicadores deber&aacute; adem&aacute;s sustentarse sobre buenos sistemas  de informaci&oacute;n. Es decir que habr&aacute; que tener en cuenta cuestiones  como: la fuente de datos, las caracter&iacute;sticas de los recolectores o la  necesidad de velar por la confidencialidad de datos sobre los pacientes.     <br>  </p>    <p>Por fortuna, el desarrollo de indicadores de calidad de la atenci&oacute;n  hospitalaria es de larga data. Ya en 1952, se public&oacute; un estudio que comparaba  las tasas de apendicectom&iacute;a de diferentes &aacute;reas de servicios hospitalarios  en Rochester (Nueva York) como indicadores de la variaci&oacute;n en la calidad  de la atenci&oacute;n en esas &aacute;reas. El autor se&ntilde;alaba entonces:  &#147;las medidas de calidad deber&iacute;an expresarse en t&eacute;rminos uniformes  y objetivos y que permitan comparaciones significativas entre comunidades, instituciones,  grupos y per&iacute;odos de tiempo&#133; todav&iacute;a existen muy pocos m&eacute;todos  sencillos y f&aacute;ciles que satisfagan las necesidades de este tipo de mediciones&#133;&#148;<span class="superscript">20</span>    <br>  </p>    <p>En la actualidad existen cientos de indicadores concebidos para la evaluaci&oacute;n  de la calidad de la atenci&oacute;n de salud y de la hospitalaria en particular.<span class="superscript">18,21,22</span><span class="subscript">  </span>En la literatura sobre el tema se discuten cuestiones tales como el uso  de indicadores agregados para evaluar el desempe&ntilde;o hospitalario,<span class="superscript">23</span>  o si deben o no hacerse p&uacute;blicos los informes sobre indicadores de desempe&ntilde;o.<span class="superscript">24</span></p><i>Tipos  de indicadores</i>     <p><i>Donabedian</i> fue el primero en plantear que los m&eacute;todos  para evaluar calidad de la atenci&oacute;n sanitaria pueden aplicarse a tres elementos  b&aacute;sicos del sistema: la estructura, el proceso y los resultados.<span class="superscript">25</span>  Este enfoque se mantiene hoy y suele ser el <i>leit motiv</i> de los trabajos  que abordan el problema de la monitorizaci&oacute;n de la calidad de la atenci&oacute;n  sanitaria y hospitalaria en particular.<span class="superscript">3,26</span>    <br>  </p>    <p>De manera general, los indicadores de calidad de la estructura, o <i>indicadores  de estructura</i>, miden la calidad de las caracter&iacute;sticas del marco en  que se prestan los servicios y el estado de los recursos para prestarlos, los  indicadores de la calidad del proceso o indicadores <i>de proceso</i> miden, de  forma directa o indirecta, la calidad de la actividad llevada a cabo durante la  atenci&oacute;n al paciente y los indicadores basados en resultados o <i>indicadores  de resultados </i>miden el nivel de &eacute;xito alcanzado en el paciente, es  decir, si se ha conseguido lo que se pretend&iacute;a con las actividades realizadas  durante el proceso de atenci&oacute;n.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </p>    <p>Tambi&eacute;n se utilizan indicadores  que miden sobre todo la <i>eficiencia</i> y que resultan complemento obligado  de los indicadores de calidad.    <br> </p>    <p>El desarrollo de los tipos de indicadores,  sus usos y subtipos son el objeto del pr&oacute;ximo ac&aacute;pite.</p><h4>Desarrollo  de los indicadores</h4><h6>Indicadores de calidad de la estructura</h6>    <p>La evaluaci&oacute;n  de la estructura implica los recursos materiales (instalaciones, equipos y presupuesto  monetario), los recursos humanos (n&uacute;mero y calificaci&oacute;n del personal)  y otros aspectos institucionales o gerenciales (organizaci&oacute;n del personal  m&eacute;dico y m&eacute;todos para su evaluaci&oacute;n).    <br> </p>    <p>Su evaluaci&oacute;n  es casi siempre f&aacute;cil, r&aacute;pida y objetiva pues engloba una serie  de caracter&iacute;sticas est&aacute;ticas y previamente establecidas, sobre la  base de conseguir una calidad aceptable para un momento dado. No obstante, la  estructura m&aacute;s perfecta no garantiza la calidad y el uso de estos indicadores  es limitado si se pretende tener una visi&oacute;n real de la calidad de la gesti&oacute;n  hospitalaria.    <br> </p>    <p>En otras palabras, est&aacute; claro que ni el proceso  ni los resultados pueden existir sin estructura aunque &eacute;sta puede albergar  distintas variantes del propio proceso. La relaci&oacute;n entre estructura y  calidad dimana sobre todo de que algunas deficiencias del proceso pueden estar,  al menos parcialmente, explicadas por problemas de estructura.    <br> </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Dentro  de los indicadores que se consideran como &#147;de estructura&#148; est&aacute;n  la accesibilidad geogr&aacute;fica, la estructura f&iacute;sica del &aacute;rea  hospitalaria, las caracter&iacute;sticas y estructura de cada servicio, los recursos  humanos (n&uacute;meros y calificaci&oacute;n), los recursos materiales y las  actividades asistenciales, docentes e investigativas.<span class="superscript">25,27</span></p>    <p>De  <i>Geyndt</i><span class="superscript">8</span> establece cuatro categor&iacute;as  para los indicadores de estructura:</p><ul>     <li> <i>Estructura f&iacute;sica</i>:  comprende cimientos, edificaciones, equipo m&eacute;dico y no m&eacute;dico (fijo  y movible), veh&iacute;culos, mobiliario m&eacute;dico y de oficina, medicamentos  y otros insumos farmac&eacute;uticos, almacenes y condiciones de almacenamiento  y mantenimiento de los inmuebles.</li>    <li> <i>Estructura ocupacional</i> (<i>staff</i>):  incluye la calidad y cantidad del personal m&eacute;dico y no m&eacute;dico empleado  para brindar asistencia m&eacute;dica: n&uacute;mero y tipo de personal por categor&iacute;a.  Incluye tambi&eacute;n relaciones entre categor&iacute;as de personal (Ej. enfermeras/m&eacute;dico)  o entre personal y poblaci&oacute;n (Ej. m&eacute;dicos/habitante), entrenamiento  del personal (por tiempo y lugar) y los criterios de desempe&ntilde;o del personal  espec&iacute;fico.</li>    <li> <i>Estructura financiera</i>: incluye el presupuesto  disponible para operar adecuadamente los servicios, pagar a los trabajadores,  financiar los requerimientos m&iacute;nimos de entradas f&iacute;sicas y de personal  y proveer incentivos con la finalidad de obtener un desempe&ntilde;o mejor.</li>    <li>  <i>Estructura organizacional</i>: refleja las relaciones entre autoridad y responsabilidad,  los dise&ntilde;os de organizaci&oacute;n, aspectos de gobierno y poderes, proximidad  entre responsabilidad financiera y operacional, el grado de descentralizaci&oacute;n  de la capacidad de decisi&oacute;n y el tipo de decisiones que son delegadas.</li>    </ul><h6>Indicadores  de la calidad del proceso</h6>    <p>Los indicadores que miden la calidad del proceso  ocupan un lugar importante en las evaluaciones de calidad. De hecho el proceso  de la atenci&oacute;n m&eacute;dica es el conjunto de acciones que debe realizar  el m&eacute;dico (como exponente del personal que brinda atenci&oacute;n) sobre  el paciente para arribar a un resultado espec&iacute;fico que, en general se concibe  como la mejor&iacute;a de la salud quebrantada de este &uacute;ltimo. Se trata  de un proceso complejo donde la interacci&oacute;n del paciente con el equipo  de salud, adem&aacute;s de la tecnolog&iacute;a que se utilice, deben jugar un  papel relevante.    <br> </p>    <p>Tambi&eacute;n se analizan aqu&iacute; variables relacionadas  con el acceso de los pacientes al hospital, el grado de utilizaci&oacute;n de  los servicios, la habilidad con que los m&eacute;dicos realizan aquellas acciones  sobre los pacientes y todo aquello que los pacientes hacen en el hospital por  cuidarse a s&iacute; mismos. Por otro lado, es en el proceso donde puede ganarse  o perderse eficiencia de modo que, los indicadores de eficiencia (que se abordan  m&aacute;s adelante) en cierto sentido son indicadores de la calidad del proceso.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  </p>    <p>Seg&uacute;n expresan <i>Gilmore y de Moraes</i>, en la atenci&oacute;n  m&eacute;dica los procesos suelen tener enormes variaciones, con los indicadores  lo que se trata es de identificar las fuentes de variaci&oacute;n que pueden deberse  a problemas en la calidad de la atenci&oacute;n.<span class="superscript">14</span>    <br>  </p>    <p>Existe adem&aacute;s una contradicci&oacute;n dial&eacute;ctica entre los  indicadores de proceso y los de resultados, algunos alegan que el proceso pierde  sentido si su calidad no se refleja en los resultados mientras que otros se&ntilde;alan  que muchos resultados dependen de factores, como las caracter&iacute;sticas de  los pacientes, que nada tienen que ver con la calidad del proceso.<span class="superscript">15,28</span>    <br>  </p>    <p>De cualquier manera, parece haber consenso en que el inter&eacute;s por  los indicadores de proceso crecer&aacute; en el futuro y que deber&aacute; mejorarse  la validez y el alcance de los actuales.<span class="superscript">29,30</span></p><i>La  historia cl&iacute;nica como documento principal del proceso</i>     <p>Entre los  indicadores de proceso m&aacute;s naturales se encuentran los que eval&uacute;an  la calidad de documentos o formularios que deben llenarse durante el desarrollo  de la atenci&oacute;n por los m&eacute;dicos u otros profesionales o t&eacute;cnicos  de la salud. Como ejemplo espec&iacute;fico y elocuente est&aacute; la evaluaci&oacute;n  de la historia cl&iacute;nica, documento b&aacute;sico donde se refleja todo el  proceso que atraviesa el paciente durante su estancia en el hospital. La hip&oacute;tesis  subyacente es que si la historia cl&iacute;nica se considera satisfactoria, puede  su-ponerse que andar&aacute; bien la atenci&oacute;n que recibe el paciente.     <br>  </p>    <p>Dada la gran cantidad de elementos que suele tener la historia cl&iacute;nica  en algunos centros se ha instrumentado un sistema de puntos para evaluar su calidad.  Se trata de otorgar puntos a todos los elementos de la historia de manera que  la ausencia de un elemento o su confecci&oacute;n incorrecta conduzcan una &#147;p&eacute;rdida&#148;  de puntos. El sistema puede organizarse sobre una base cualquiera (100, 20, 10  u otro) y la mayor dificultad estriba en lograr darle a cada componente o elemento  de la historia un peso adecuado. Adem&aacute;s, deber&aacute;n emplearse t&eacute;cnicas  adecuadas de muestreo ya que por el gran volumen de historias cl&iacute;nicas  que suele haber en un hospital este sistema de puntos suele aplicarse solo a un  subconjunto de historias cuya evaluaci&oacute;n presuntamente debe permitir obtener  una idea de la calidad de la historia cl&iacute;nica en el hospital, servicio  o unidad de pacientes que se desee.     <br> </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La calidad de otros documentos  que reflejan el proceso de atenci&oacute;n tambi&eacute;n podr&iacute;a evaluarse  con un sistema similar. La confecci&oacute;n y validaci&oacute;n de una escala  o sistema para evaluar una historia cl&iacute;nica u otro documento resultante  de la actividad asistencial deber&iacute;a guiarse por los procedimientos ya conocidos  para construir y validar escalas de medici&oacute;n.<span class="superscript">31</span></p><h6>Indicadores  de calidad basados en los resultados</h6>    <p>Los indicadores basados en los resultados  han sido el eje central de la investigaci&oacute;n para la monitorizaci&oacute;n  de la calidad pues tienen la enorme ventaja de ser f&aacute;cilmente comprendidos;  su principal problema radica en que para que constituyan un reflejo real de la  calidad de la atenci&oacute;n, deber&aacute;n contemplar las caracter&iacute;sticas  de los pacientes en los cuales se basan, algo que puede resultar complicado.<span class="superscript">32,  33</span>    <br> </p>    <p>El resultado, se refiere al beneficio que se logra en los  pacientes, aunque tambi&eacute;n suele medirse en t&eacute;rminos de da&ntilde;o  o, m&aacute;s espec&iacute;ficamente, el resultado es un cambio en la salud que  puede ser atribuido a la asistencia recibida.     <br> </p>    <p>De manera amplia, <i>Donabedian  </i>define como resultados m&eacute;dicos &#147;aquellos cambios, favorables o  no, en el estado de salud actual o potencial de las personas, grupos o comunidades  que pueden ser atribuidos a la atenci&oacute;n sanitaria previa o actual&#148;.  Pero tambi&eacute;n apunta que los resultados incluyen otras consecuencias de  la asistencia como por ejemplo el conocimiento acerca de la enfermedad, el cambio  de comportamiento que repercute en la salud o la satisfacci&oacute;n de los pacientes.  A esta &uacute;ltima se le otorga gran importancia ya que, adem&aacute;s de constituir  el juicio de los pacientes sobre la calidad de la asistencia recibida tiene una  influencia directa sobre los propios resultados.<span class="superscript">25</span>    <br>  </p>    <p>El an&aacute;lisis de los resultados de la atenci&oacute;n de salud ofrece  oportunidades para valorar eficacia, efectividad y eficiencia de las pr&aacute;cticas  m&eacute;dicas, tanto en el aspecto de la evaluaci&oacute;n de las tecnolog&iacute;as  como de la evaluaci&oacute;n de los propios proveedores de servicios asistenciales.    <br>  </p>    <p><i>Gilmore</i> y de <i>Moraes</i><span class="superscript">14</span><span class="subscript">  </span>le atribuyen a los indicadores de resultados de la atenci&oacute;n hospitalaria  varias caracter&iacute;sticas entre las que se destacan las siguientes:</p><ul>      ]]></body>
<body><![CDATA[<li> No eval&uacute;an directamente la calidad de la atenci&oacute;n, sino que  simplemente permiten deducir sobre el proceso y la estructura del servicio.</li>    <li>  Dependen de la interacci&oacute;n con otros factores, como la mezcla de pacientes  (<i>case</i> <i>mix</i> su nombre en ingl&eacute;s) y la gravedad de la enfermedad.</li>    <li>  Reflejan la contribuci&oacute;n de diferentes aspectos del sistema de atenci&oacute;n  m&eacute;dica pero al mismo tiempo esconden lo que anduvo bien o mal y no deber&iacute;an  analizarse separadamente del proceso y la estructura.</li>    <li> Son mejor comprendidos  por los pacientes y el p&uacute;blico que los aspectos t&eacute;cnicos de estructura  y proceso. </li>    </ul>    <p>Dentro de los indicadores de resultados se pueden identificar  dos grandes grupos los llamados &#148;Indicadores Centinela&#148; y los &#147;Indicadores  basados en proporciones o de datos agrupados&#148;.<span class="superscript">14  </span></p><i>Indicadores centinela</i>     <p>Son aquellos que representan un suceso  lo bastante grave e indeseable del resultado de la atenci&oacute;n, como para  realizar una revisi&oacute;n individual de cada caso en que se produzca. Identifican  la aparici&oacute;n de un evento serio cuya ocurrencia debe ser investigada inmediatamente.  Son importantes para garantizar la seguridad del paciente, pero son menos &uacute;tiles  para medir el desempe&ntilde;o global de una instituci&oacute;n.     <br> </p>    <p>Los  sucesos centinela se caracterizan por una baja probabilidad de ocurrencia y una  alta probabilidad de ser atribuibles a un fallo en la atenci&oacute;n y por tanto  deben tener una excelente validez.<span class="superscript">26</span>    <br> </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En  ocasiones se distingue entre &#147;evento centinela&#148; e &#147;indicador centinela&#148;.  Un evento centinela es el suceso propiamente dicho y el indicador centinela es  el que resume informaci&oacute;n de eventos considerados centinela. Por ejemplo:  el n&uacute;mero de muertes maternas por n&uacute;mero de partos ocurridos en  un per&iacute;odo se considera un <i>indicador centinela</i> pero el suceso o  evento centinela es la muerte materna.    <br> </p>    <p>El cuadro 1 muestra algunos  ejemplos de indicadores hospitalarios considerados centinela.</p>    <p align="center">Cuadro  1. Ejemplos de sucesos considerados centinela</p><table width="75%" border="1" align="center">  <tr> <td>Gangrena gaseosa.</td></tr> <tr> <td>Absceso del SNC.</td></tr> <tr>  <td>Da&ntilde;o por anoxia cerebral.</td></tr> <tr> <td>Punci&oacute;n o laceraci&oacute;n  accidental durante acto quir&uacute;rgico.</td></tr> <tr> <td>Dehiscencia de sutura  operatoria.</td></tr> <tr> <td>Cuerpo extra&ntilde;o abandonado accidentalmente  durante acto quir&uacute;rgico.</td></tr> <tr> <td>Reacci&oacute;n ABO incompatible.</td></tr>  <tr> <td>Reacci&oacute;n Rh incompatible.</td></tr> <tr> <td>Fallecimiento tras  cirug&iacute;a menor de bajo riesgo.</td></tr> <tr> <td>Muerte materna (ocurrida  en el hospital).</td></tr> </table>    <p><i>Indicadores de datos agregados (continuos  o basados en tasas) </i> </p>    <p>Son aquellos que indican la necesidad de una revisi&oacute;n  detallada, s&oacute;lo si la proporci&oacute;n de casos en que se presenta el  suceso de base sobrepasa un l&iacute;mite considerado aceptable por los propios  profesionales (umbral).     <br> </p>    <p>Los indicadores de datos agregados (continuos  o basados en tasas) son los que miden el desempe&ntilde;o bas&aacute;ndose en  eventos que ocurren con cierta frecuencia. Son los m&aacute;s importantes para  determinar el nivel de desempe&ntilde;o de una instituci&oacute;n, detectar tendencias,  hacer comparaciones con el desempe&ntilde;o pasado, con otras instituciones o  con puntos de referencia establecidos.     <br> </p>    <p>Los programas de garant&iacute;a  de calidad de hospitales com&uacute;nmente proponen una lista de mediciones de  resultados que suelen ser indicadores de datos agregados y que se presentan en  el cuadro 2.</p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center">Cuadro 2. Ejemplos de Indicadores de datos agregados</p><table width="75%" border="1" align="center">  <tr> <td>Tasa de mortalidad hospitalaria (general o por servicios).</td></tr>  <tr> <td>Tasa de reingreso por la misma enfermedad.</td></tr> <tr> <td>Tasa de  infecciones intrahospitalarias.</td></tr> <tr> <td>Tasa de complicaciones relacionadas  a la hospitalizaci&oacute;n (&uacute;lcera de dec&uacute;bito, dehiscencia de  sutura).</td></tr> <tr> <td>Tasa de incapacidad (f&iacute;sica o ps&iacute;quica  al egreso).</td></tr> <tr> <td>Tasa de accidentes quir&uacute;rgicos por n&uacute;mero  de operaciones.</td></tr> <tr> <td>Tasa de mortalidad por complicaciones anest&eacute;sicas  (por n&uacute;mero de operaciones).</td></tr> <tr> <td>Tasa de mortalidad por  resecciones pancre&aacute;ticas.</td></tr> <tr> <td>Tasa de mortalidad por insuficiencia  cardiaca congestiva.</td></tr> <tr> <td>Tasa de mortalidad por infarto del miocardio.</td></tr>  </table>    <p><i>Indicadores trazadores </i> </p>    <p><i>Aranaz</i> introduce un tercer  tipo de indicador de resultados: el indicador trazador, que define como &#147;una  condici&oacute;n diagn&oacute;stica t&iacute;pica de una determinada especialidad  m&eacute;dica o de una instituci&oacute;n, que refleje de forma fiable la globalidad  de la asistencia brindada. Puede ser una enfermedad de diagn&oacute;stico frecuente  en la cual las deficiencias en la asistencia se consideran comunes y susceptibles  de ser evitadas, y en las que se puede lograr beneficio al corregir esas deficiencias&#148;.<span class="superscript">16</span>    <br>  </p>    <p>Este tipo de indicador incluye sucesos no tan graves para requerir un an&aacute;lisis  individual como es el caso de los indicadores centinela ni es susceptible de ser  evaluado s&oacute;lo mediante proporciones, sino que consiste en la detecci&oacute;n  de padecimientos relativamente frecuentes, de f&aacute;cil diagn&oacute;stico  cuyo tratamiento produce resultados inequ&iacute;vocos (o altamente probables)  y permite as&iacute; identificar si el caso ha sido manejado apropiadamente o  no. Por ejemplo: un paciente hospitalizado por hipertensi&oacute;n arterial que  al egreso contin&uacute;a con cifras tensionales elevadas, un paciente con prescripci&oacute;n  de 7 o m&aacute;s f&aacute;rmacos al alta o un paciente diab&eacute;tico que al  egreso contin&uacute;a con cifras de glucemias elevadas, pueden considerarse sucesos  trazadores ya que indican, con alta probabilidad, un problema de calidad en la  atenci&oacute;n m&eacute;dica recibida.     <br> </p>    <p>Relacionado con este concepto,  en 1970 se desarroll&oacute; en el Instituto de Medicina (de la Academia de Ciencias  de los Estados Unidos) lo que llamaron &#147;Metodolog&iacute;a Trazadora&#148;.<span class="superscript">8</span>  En este contexto se defini&oacute; un trazador como &#147;un problema espec&iacute;fico  de salud que, cuando se combina en conjuntos, permite a los evaluadores de la  atenci&oacute;n m&eacute;dica determinar debilidades y fortalezas de una pr&aacute;ctica  m&eacute;dica espec&iacute;fica o de una red de servicios de salud&#148;. Para  la atenci&oacute;n primaria se definieron 6 trazadores: infecci&oacute;n del o&iacute;do  medio y p&eacute;rdida de la audici&oacute;n, des&oacute;rdenes &oacute;pticos,  anemia por deficiencia de hierro, hipertensi&oacute;n, infecciones del tracto  urinario y c&aacute;ncer del cuello de &uacute;tero. La evaluaci&oacute;n en el  tiempo de tasas de incidencia o prevalencia de estas enfermedades en la comunidad  servir&iacute;a para evaluar la efectividad de la atenci&oacute;n m&eacute;dica  recibida y probablemente la calidad puesto que se trata de dolencias f&aacute;cilmente  tratables.    <br> </p>    <p>Seg&uacute;n <i>Kessner </i>(tomado de De <i>Geyndt</i>,<span class="superscript">8  </span>una enfermedad (o dolencia) trazadora deber&iacute;a cumplir con las caracter&iacute;sticas  de: </p><ol>     <li> Impacto funcional significativo.</li>    ]]></body>
<body><![CDATA[<li> F&aacute;cil diagn&oacute;stico.</li>    <li>  Alta prevalencia.</li>    <li> Cambiar sustancialmente con la atenci&oacute;n m&eacute;dica.</li>    <li>  Tener criterios de manejo ampliamente aceptados.</li>    <li> Ser comprendida en el  contexto epidemiol&oacute;gico.</li>    </ol>    <p>No existe una lista espec&iacute;fica  de indicadores trazadores sino que &eacute;stos se han de establecer en el lugar  y momento apropiados.    <br> </p><h4>Indicadores basados en la opini&oacute;n de  los pacientes </h4>    <p>Si pensamos que la atenci&oacute;n sanitaria est&aacute;  dirigida especialmente a mejorar la salud de las personas y de las comunidades,  es natural que la opini&oacute;n de los pacientes constituya uno de los indicadores  principales de su calidad. En esto se basan los actuales esfuerzos hacia los llamados  &#147;<i>sistemas orientados al cliente</i>&#148; o la llamada &#147;<i>capacidad  de reacci&oacute;n</i>&#148; (en ingl&eacute;s &#147;responsiveness&#148;) a las  expectativas de la poblaci&oacute;n como cualidad importante de los sistemas de  salud.<span class="superscript">34</span>    <br> </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p><i>Donabedian </i>se&ntilde;alaba:  &#147;la satisfacci&oacute;n del paciente es de fundamental importancia como una  medida de la calidad de la atenci&oacute;n porque proporciona informaci&oacute;n  sobre el &eacute;xito del proveedor en alcanzar los valores y expectativas del  paciente que son asuntos en los que &eacute;ste es la autoridad &uacute;ltima&#148;.<span class="superscript">35</span>    <br>  </p>    <p>La OMS en su <i>Marco para el Desempe&ntilde;o de los Sistemas de Salud  </i>se&ntilde;ala tres objetivos:</p><ol>     <li> Mejor&iacute;a de la salud de las  poblaciones a las que sirven.</li>    <li> Responder a las expectativas no m&eacute;dicas  de la poblaci&oacute;n. </li>    <li> Proveer protecci&oacute;n financiera contra  el costo de la salud deteriorada.<span class="superscript">36</span></li>    </ol>    <p>Recientemente  se han comenzado a desarrollar programas de evaluaci&oacute;n de resultados, que  incluyen la satisfacci&oacute;n del paciente y la mejor&iacute;a subjetiva de  los s&iacute;ntomas.<span class="superscript">37,38</span> Debido a que la informaci&oacute;n  sobre estos elementos no aparece fielmente reflejada en la historia cl&iacute;nica  (que confeccionan usualmente los proveedores de salud) para implantar estos programas  ha sido necesario desarrollar instrumentos <i>ad hoc</i>.    <br> </p>    <p>Tres de los  m&aacute;s conocidos son: el Cuestionario de Satisfacci&oacute;n del Cliente (Client  Satisfaction Questionnaire, CSQ-8),<span class="superscript">39</span> el Inventario  Breve de S&iacute;ntomas (Brief Symptom Inventory, BSI)<span class="superscript">40</span>  y la Encuesta Corta de Salud MOS 36 (MOS 36- Item Short Form Health Survey, SF-36).<span class="superscript">41</span>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  </p>    <p>El primero (CSQ-8) se basa en 8 preguntas que deben responder los pacientes  al final de su estad&iacute;a en el hospital sobre la base de una escala an&aacute;logo-visual.  Cada pregunta se eval&uacute;a entre 0 y 4 puntos y la satisfacci&oacute;n est&aacute;  directamente relacionada con el n&uacute;mero de puntos, de modo que la suma de  lugar a una variable semicuantitativa que toma valores entre 8 y 32 puntos.    <br>  </p>    <p>El segundo (BSI) ha sido concebido para servicios psiqui&aacute;tricos,  est&aacute; formado por 32 preguntas que versan sobre la capacidad para realizar  determinadas actividades. Para cada pregunta el paciente deber&aacute; contestar  con una de 5 posibilidades que van desde &#147;ninguna dificultad&#148; (0 puntos)  hasta &#147;con dificultad extrema&#148; (4 puntos).     <br> </p>    <p>El tercero (SF-36)  es similar al anterior pero est&aacute; concebido para servicios generales (no  psiqui&aacute;tricos). Tanto el BSI como el SF-36 deben ser contestados por el  paciente al ingreso y al egreso de manera que se pueda evaluar el cambio (supuestamente  mejor&iacute;a) como una diferencia en el estado de salud percibido por el paciente.  </p>    <p>Programas e instrumentos que tienen como objetivo evaluar el desempe&ntilde;o  de servicios, hospitales u otras instituciones de los sistemas de salud a partir  de la opini&oacute;n y satisfacci&oacute;n de los pacientes contin&uacute;an desarroll&aacute;ndose.      <br> </p>    <p><i>Salomon</i> y otros describen la construcci&oacute;n de una escala  para medir la opini&oacute;n de pacientes hospitalizados sobre la calidad de la  atenci&oacute;n que reciben.<span class="superscript">42</span> <i>Nathorst-B&ouml;&ouml;s</i>  y otros proponen dos modelos para evaluar la satisfacci&oacute;n de los pacientes:&#147;Calidad  desde la perspectiva del paciente&#148; y &#147;Calidad, satisfacci&oacute;n,  desempe&ntilde;o&#148;; con el primero el paciente juzga los diferente dominios  en dos dimensiones: la realidad percibida y la importancia subjetiva; el segundo  modelo utiliza an&aacute;lisis multivariado para captar las prioridades del paciente.<span class="superscript">43</span>    <br>  </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p><i>Hendriks </i>y otros eval&uacute;an la validez y confiabilidad de un  instrumento llamado &#147;Cuestionario de satisfacci&oacute;n de la atenci&oacute;n  hospitalaria&#148;.<span class="superscript">44</span>    <br> </p>    <p>Quiz&aacute;s  la limitaci&oacute;n m&aacute;s importante que puede se&ntilde;al&aacute;rsele  a las evaluaciones de este tipo es la que se deriva de que la calidad sea considerada  a partir de la &oacute;ptica del paciente, ya que no puede asegurarse que la calidad  de la atenci&oacute;n m&eacute;dica, tal como ha sido generalmente concebida se  corresponda directamente con lo que percibe el paciente. Sin embargo <i>Waxman</i><span class="superscript">38</span>  reporta haber encontrado una asociaci&oacute;n positiva entre los resultados arrojados  por su programa y los niveles de otros indicadores de calidad tradicionales (tasa  de mortalidad, tasa de reingresos y promedio de estad&iacute;a).    <br> </p>    <p>Otras  limitaciones de las evaluaciones de desempe&ntilde;o a partir de la opini&oacute;n  de los pacientes estar&iacute;an dadas por el hecho de que muchas veces deben  ser los mismos m&eacute;dicos los que realizan o controlan la recogida de la informaci&oacute;n  y porque el llenado voluntario de los cuestionarios conduce a tasas de no-respuesta  que pueden ser altas.</p><i>Indicadores positivo y negativos </i>     <p>Otra clasificaci&oacute;n  de los indicadores de resultados es la que los divide seg&uacute;n su interpretaci&oacute;n  o la reacci&oacute;n a que den lugar en los evaluadores. As&iacute; se consideran:</p>    <p><i>Indicador  positivo</i>: Aquel que se basa en un suceso considerado deseable. Por ejemplo,  el <i>volumen de revascularizaciones coronarias por a&ntilde;o</i> en un hospital  o servicio es un indicador que puede considerarse positivo ya que se espera que  cifras altas de este volumen se asocien a una buena calidad de la atenci&oacute;n.      <br> </p>    <p><i>Indicador negativo</i>: Aquel que se basa en un suceso considerado  no deseable, seg&uacute;n el estado del conocimiento cient&iacute;fico. Las tasas  de mortalidad por complicaciones o por procedimientos terap&eacute;uticos son  generalmente indicadores <i>negativos</i>.    <br> </p><i>&iquest;Resultados o proceso?  </i>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Como ya se esboz&oacute; en el ac&aacute;pite referido a la eficiencia,  la literatura refleja la existencia de un debate entre el uso de indicadores de  proceso o de los basados en resultados en la evaluaci&oacute;n de la calidad de  la atenci&oacute;n sanitaria.28 La contradicci&oacute;n radica en que, por un  lado los resultados no siempre son atribuibles al proceso y por otro lado un determinado  proceso no garantiza los resultados esperados.     <br> </p>    <p><i>Palmer</i> explica  en detalle las falacias a que puede dar lugar el uso de uno u otro tipo de indicadores.  Se&ntilde;ala que deber&aacute;n tenerse clara las preguntas que quieren responderse  antes de decidir qu&eacute; tipo de indicadores utilizar y que, en general, los  indicadores de proceso tienen utilidad si previamente se conoce que hay una estrecha  relaci&oacute;n entre el proceso y los resultados mientras que los indicadores  de resultados son m&aacute;s &uacute;tiles cuando se analizan grandes vol&uacute;menes  de datos por largo tiempo o se quiere detectar problemas en la implementaci&oacute;n  de los procesos. M&aacute;s detalladamente, los indicadores de proceso ser&aacute;n  los adecuados si se cumple que:</p><ol>     <li> El objetivo es mejorar la atenci&oacute;n  brindada.</li>    <li> Se necesita conocer por qu&eacute; determinados proveedores  alcanzan ciertos resultados.</li>    <li> Se necesitan respuestas a corto plazo.</li>    <li>  Los procesos de inter&eacute;s influyen en resultados a largo plazo.</li>    <li>  Es de inter&eacute;s el desempe&ntilde;o de proveedores peque&ntilde;os.</li>    <li>  Faltan herramientas para ajustar por caracter&iacute;sticas de los pacientes.</li>    <li>  Los proveedores se comparan en una situaci&oacute;n de competencia o coerci&oacute;n.</li>    ]]></body>
<body><![CDATA[</ol>    <p>Se&ntilde;ala  entonces que los indicadores de resultados ser&aacute;n adecuados si se cumple  que:</p><ol>     <li> Se buscan &aacute;reas que deben mejorar su calidad.</li>    <li>  Se trata de procesos espec&iacute;ficos con resultados conocidos.</li>    <li> Se  tiene inter&eacute;s en aplicar procesos con seguridad.</li>    <li> Son posibles  evaluaciones a largo plazo.</li>    <li> Se tiene inter&eacute;s en el desempe&ntilde;o  de sistemas completos.</li>    <li> Se trata de la evaluaci&oacute;n de grandes proveedores.</li>    <li>  Se tiene una situaci&oacute;n de cooperaci&oacute;n entre los proveedores comparados.<span class="superscript">45</span></li>    </ol>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Todo  parece indicar que las mejores evaluaciones de calidad de la atenci&oacute;n se  obtendr&aacute;n de un balance apropiado entre indicadores de estructura, proceso  y resultados basado en preguntas concretas, oportunas y necesarias.    <br> </p><h6>Indicadores  de eficiencia</h6>    <p>Eficiencia es un t&eacute;rmino de uso com&uacute;n al cual  suelen d&aacute;rsele variados significados. El diccionario de la Real Academia  Espa&ntilde;ola la define como la &#147;virtud y facultad para lograr un efecto  determinado&#148; pero en su acepci&oacute;n m&aacute;s t&eacute;cnica la eficiencia  contempla tambi&eacute;n el esfuerzo que se hace para lograr un efecto.    <br> </p>    <p>En  Econom&iacute;a en general se aceptan tres niveles b&aacute;sicos de eficiencia  (eficiencia t&eacute;cnica, eficiencia de gesti&oacute;n y eficiencia econ&oacute;mica)  y se incorporan adem&aacute;s al concepto de eficiencia los t&eacute;rminos eficiencia  estrat&eacute;gica y eficiencia operativa.<span class="superscript">13</span>  Con esta variedad en nomenclatura se pretende dar cabida a los variados aspectos  relacionados con la producci&oacute;n de bienes y servicios: factores de producci&oacute;n,  costos de producci&oacute;n, costo social, competencia, gesti&oacute;n econ&oacute;mica,  etc&eacute;tera.     <br> </p>    <p>En salud la eficiencia se refiere a la producci&oacute;n  de servicios de salud, al menor costo social posible. Se plantea adem&aacute;s  que la eficiencia se cuantifica mediante la relaci&oacute;n por cociente entre  los resultados y el valor de los recursos empleados o simplemente como la medida  en que las consecuencias de un proyecto de salud son deseables o no (est&eacute;n  justificados o no) desde el punto de vista econ&oacute;mico.    <br> </p>    <p>En cuanto  a los resultados que forman parte de este cociente (resultados/recursos) que define  a la eficiencia es natural que no exista una manera concreta o &uacute;nica de  definirlos. En primer lugar porque la decisi&oacute;n sobre estos resultados no  est&aacute; solamente en manos de los m&eacute;dicos y otros profesionales vinculados  a esta disciplina ya que la salud es una aspiraci&oacute;n de todas las personas.  Y en segundo lugar porque la salud es un concepto con implicaciones en el medio  ambiente social y natural y le corresponder&iacute;a a la sociedad como un todo,  la responsabilidad de definir el resultado que se debe alcanzar.    <br> </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A  partir de estas ideas,<i> G&aacute;lvez<span class="superscript">13</span> </i>nos  brinda una definici&oacute;n m&aacute;s precisa: &#147;un sistema de salud es  eficiente cuando logra un producto de salud socialmente aceptable, con un uso  m&iacute;nimo de recursos&#148;; y repara en el car&aacute;cter relativo de esta  definici&oacute;n desde el punto de vista temporal ya que la aceptaci&oacute;n  social de un determinado resultado variar&aacute; de acuerdo con caracter&iacute;sticas  hist&oacute;ricas, socioecon&oacute;micas y pol&iacute;ticas.    <br> </p>    <p>En el  glosario de t&eacute;rminos publicado por la OMS la eficiencia se define como  <i>la capacidad para producir la &#147;m&aacute;xima salida&#148; a partir de  determinada &#147;entrada</i>&#148;.<span class="superscript">19</span> La propia  OMS, se&ntilde;ala que el concepto de &#147;eficiencia del sistema de salud&#148;  es equivalente a lo que llaman &#147;desempe&ntilde;o global&#148; y que &eacute;ste  se define a partir de los resultados alcanzados por un sistema a partir de determinado  nivel de recursos.<span class="superscript">36</span>    <br> </p>    <p>A partir de estos  conceptos de eficiencia est&aacute; claro que, si a un indicador de resultados  cualquiera, se le introduce (de alguna manera) un elemento que considere recursos,  se est&aacute; evaluando entonces tambi&eacute;n eficiencia.     <br> </p>    <p>Por ejemplo,  al a&ntilde;adir un elemento temporal a las tasas de mortalidad hospitalarias,  se est&aacute; introduciendo un rasgo relacionado con los recursos, en cierta  forma significa: muertes (resultados adversos) para los recursos empleados en  un per&iacute;odo de tiempo. Algo similar ocurre cuando se calculan otras medidas  relativas y no absolutas. No se expresa, por lo regular, el n&uacute;mero de muertes  en un per&iacute;odo sino el n&uacute;mero de muertes dividido entre el n&uacute;mero  de ingresos en un per&iacute;odo dado. O sea, muertes por ingresos y por unidad  de tiempo. Relacionar el concepto del resultado (la muerte, por ejemplo) al espacio,  el tiempo y las personas en riesgo es, visto as&iacute;, una manera de introducir  la eficiencia en los indicadores de resultados.    <br> </p>    <p>Es obvio que la eficiencia  resulte una condici&oacute;n importante para los sistemas de salud ya que los  recursos son limitados y obtener de ellos el m&aacute;ximo resultado es la garant&iacute;a  de que puedan mejorarse los servicios. Por tanto, para medir la eficiencia de  un sistema o subsistema de salud cualquiera habr&aacute; que tener por lo menos  informaci&oacute;n sobre los recursos empleados y los resultados alcanzados.    <br>  </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En los hospitales, la cama es el recurso central que constituye la base  de su estructura y su concepto. Muchas de las medidas globales de la eficiencia  hospitalaria se basan en el empleo que se le d&eacute; a este recurso. </p><i>Indicadores  que miden el aprovechamiento del recurso cama </i>     <p>En la atenci&oacute;n hospitalaria  existen indicadores que miden eficiencia directamente. Particularmente los que  se utilizan para evaluar la eficiencia de gesti&oacute;n hospitalaria a partir  del aprovechamiento que se le da a la cama, el recurso hospitalario b&aacute;sico.  Se encuentran aqu&iacute; los que miden el volumen de los recursos utilizados  (como el n&uacute;mero de ingresos por a&ntilde;o, camas por habitantes, etc.)  y los que miden su aprovechamiento (como el promedio de estad&iacute;a, el &iacute;ndice  ocupacional, el intervalo de sustituci&oacute;n y el &iacute;ndice de rotaci&oacute;n).<span class="superscript">46</span></p><i>La  estad&iacute;a hospitalaria </i>     <p>El promedio de estad&iacute;a es, quiz&aacute;s,  el m&aacute;s importante y utilizado indicador de eficiencia hospitalaria, probablemente  por su claro significado y por su doble condici&oacute;n de indicador de aprovechamiento  de la cama y de la agilidad de los servicios prestados en los hospitales.    <br>  </p>    <p>Suelen considerarse las largas estad&iacute;as como indicadores de ineficiencia  de la gesti&oacute;n hospitalaria pero esta relaci&oacute;n &#147;estad&iacute;a-eficiencia&#148;  no resulta tan elocuente si se considera que una estad&iacute;a baja podr&iacute;a  ser alcanzada a partir de altas prematuras lo que, adem&aacute;s de considerarse  un problema de calidad, podr&iacute;a generar un gasto mayor de recursos hospitalarios  si tales altas se transforman en reingresos.     <br> </p>    <p><i>Thomas</i> y otros  realizaron un estudio en 13 situaciones cl&iacute;nicas y observaron que aquellos  casos que recibieron servicios de &#147;mala calidad&#148; tuvieron un promedio  de estad&iacute;a significativamente mayor que los casos que recibieron una atenci&oacute;n  con una calidad &#147;aceptable&#148;.<span class="superscript">47</span>    <br>  </p>    <p>El obst&aacute;culo m&aacute;s importante para el uso de la estad&iacute;a  como indicador de eficiencia, calidad o ambos es la necesidad de considerar en  su evaluaci&oacute;n las caracter&iacute;sticas de los pacientes involucrados.  La estad&iacute;a &oacute;ptima para un paciente depende de las caracter&iacute;sticas  del propio paciente, a tal punto, que se podr&iacute;a considerar la estad&iacute;a  &oacute;ptima como una cifra individual para cada paciente. La necesidad de emplear  como patrones de comparaci&oacute;n estad&iacute;as ajustadas a las caracter&iacute;sticas  de los pacientes es obvia. El ajuste de los indicadores se tratar&aacute; con  mayor detalle m&aacute;s adelante.     <br> </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Recientemente se ha desarrollado  y comercializado en los Estados Unidos el llamado &#147;&Iacute;ndice de Eficiencia  Hospitalaria&#148; (Hospital Efficiency Index) que se basa en la estad&iacute;a  y que supuestamente constituye una herramienta para detectar d&iacute;as y hospitalizaciones  evitables a partir de comparaciones con las &#147;pr&aacute;cticas m&aacute;s  eficientes del pa&iacute;s&#148;.<span class="superscript">48</span></p><i>Otros  indicadores que miden el aprovechamiento de la cama hospitalaria</i>     <p>El aprovechamiento  de la cama se mide a partir del principio de que el n&uacute;mero de camas de  un hospital debe estar acorde con el volumen y gravedad de los pacientes que debe  atender. Como este dato es imposible de saber con exactitud, se utilizan aproximaciones.  Se supone que para cierta regi&oacute;n geogr&aacute;fica, no debe haber ni m&aacute;s  ni menos camas hospitalarias de las necesarias. Lo que implica que:</p><ol>     <li>  Toda persona que necesite una hospitalizaci&oacute;n debe poder acceder a una  cama hospitalaria en el momento que la necesite.</li>    <li> Cada paciente hospitalizado  debe permanecer en el hospital el tiempo m&iacute;nimo requerido para lograr que  regrese a un estado tal en el que pueda recibir atenci&oacute;n ambulatoria.</li>    <li>  El hospital no debe tener nunca camas vac&iacute;as.</li>    </ol>    <p>Bajo estos principios  se han definido ciertos indicadores del aprovechamiento de las camas y se han  ideado normas que deben cumplir estos indicadores en condiciones &oacute;ptimas  de servicio.    <br> </p>    <p>Antes de la presentaci&oacute;n de los indicadores es  &uacute;til definir ciertos conceptos operacionales: </p>    <p>Se conoce como <i>d&iacute;a-cama</i>  a la disponibilidad de una cama durante un d&iacute;a. Es decir si en 30 d&iacute;as  se han tenido 100 camas a disposici&oacute;n de los pacientes, se dice que se  ha contado con 300 d&iacute;as-cama en ese per&iacute;odo. El concepto es necesario  si se tiene en cuenta que no todas las camas est&aacute;n siempre disponibles.  Puede haber camas en reparaci&oacute;n por ejemplo, y aunque se contemplan dentro  de las camas del hospital, durante el tiempo que se estuvieron reparando no pod&iacute;a  contarse con ellas para la hospitalizaci&oacute;n de un paciente.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </p>    <p>Se  conoce como <i>d&iacute;a-paciente</i> a los servicios brindados a un paciente  durante un d&iacute;a (24 horas). Si un paciente est&aacute; 10 d&iacute;as ingresado  en un hospital, se dice que &eacute;ste ha aportado 10 d&iacute;as-paciente; si  10 pacientes est&aacute;n hospitalizados por 10 d&iacute;as entonces se han aportado  100 d&iacute;as-paciente.    <br> </p>    <p>Se conoce como <i>promedio de camas disponibles  </i>en un per&iacute;odo al siguiente cociente: total de d&iacute;as-cama de ese  per&iacute;odo/total de d&iacute;as del per&iacute;odo.    <br> </p>    <p>Los indicadores  m&aacute;s conocidos en este &aacute;mbito se describen entonces a continuaci&oacute;n.    <br>  </p>    <p><i>&Iacute;ndice ocupacional</i>: se trata de una medida promedio de la  ocupaci&oacute;n de la cama. Responde a la pregunta: de todo el tiempo disponible  en cierto per&iacute;odo &iquest;cu&aacute;nto tiempo estuvieron, en promedio,  ocupadas todas las camas? Su c&aacute;lculo se obtiene del siguiente cociente:  (d&iacute;as-paciente)/(d&iacute;as-cama).    <br> </p>    <p>Ambas partes del cociente  se refieren a cierto per&iacute;odo. Por ejemplo si del 20 de enero al 30 de enero  se han tenido 10 d&iacute;as-cama disponibles y tambi&eacute;n 10 d&iacute;as-paciente,  el &iacute;ndice ocupacional de ese per&iacute;odo es de 1 (se suele dar este  n&uacute;mero como el porcentaje de d&iacute;as-cama utilizado por &#147;d&iacute;as-paciente&#148;,  en este caso es 100 %). Pero si en ese per&iacute;odo se han tenido 10 d&iacute;as-cama  pero s&oacute;lo hubo 8 d&iacute;as-paciente (la cama estuvo vac&iacute;a 2 d&iacute;as)  se dice que el &iacute;ndice ocupacional es de 0,8 o 80 %.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </p>    <p><i>&Iacute;ndice  de rotaci&oacute;n</i>. Expresa el n&uacute;mero promedio de personas que pasan  por una cama durante un per&iacute;odo dado. Se calcula como el n&uacute;mero  de egresos dividido entre el promedio de camas disponibles, durante un per&iacute;odo.  Su interpretaci&oacute;n es f&aacute;cil y da idea de la variabilidad de enfermedades  y pacientes que se tratan en cierto servicio. Indica el uso que se le est&aacute;  dando a cada cama y de esta manera expresa eficiencia.</p><h6>Intervalo de sustituci&oacute;n</h6>    <p>Se  trata de un &iacute;ndice que expresa de forma resumida el tiempo promedio que  transcurre entre la salida y llegada de un paciente a una cama. Si se cumple el  principio de que toda persona que necesite hospitalizaci&oacute;n debe poder acceder  a una cama hospitalaria en el momento que le corresponde, este tiempo debe ser  peque&ntilde;o. Sin embargo un &iacute;ndice de sustituci&oacute;n demasiado peque&ntilde;o  podr&iacute;a ser reflejo de una falta de camas disponibles.     <br> </p>    <p>Este  indicador podr&iacute;a calcularse directamente si en cada cambio de paciente  se midiera el tiempo transcurrido entre la salida de un paciente y entrada del  otro pero normalmente se obtiene de forma aproximada porque la informaci&oacute;n  exacta no siempre est&aacute; disponible. Se calcula entonces as&iacute;: (total  de d&iacute;as-cama, total de d&iacute;as-paciente)/total de egresos en cierto  per&iacute;odo.    <br> Los dos primeros &iacute;ndices deber&iacute;an bastar para  tener una idea de si sobran o no camas en un hospital y si se est&aacute;n utilizando  bien las que ya existen, pero el intervalo de sustituci&oacute;n, es un indicador  m&aacute;s directo del tiempo promedio que permanece vac&iacute;a una cama.</p><h4>Indicadores  estandarizados o ajustados </h4>    <p>Los indicadores que parten de los resultados  miden el &eacute;xito alcanzado en los pacientes y act&uacute;an como se&ntilde;al  de alerta para que las estructuras y los procesos de los sistemas de salud vigentes  sean mejorados o corregidos.     <br> </p>    <p>Sin embargo, al analizar la estructura  de los indicadores de resultados se observa que casi todos dependen del tipo de  pacientes atendidos. Es decir, que las variaciones que se observan en los valores  de estos indicadores no dependen solamente de la calidad o la eficiencia de la  atenci&oacute;n que se presta. Las tasas de mortalidad hospitalaria, las tasas  de complicaciones, las de reingreso, y el promedio de estad&iacute;a (que a ciertos  efectos tambi&eacute;n resulta un indicador de resultados) entre otras, poseen  escasa utilidad para la comparaci&oacute;n entre instituciones o per&iacute;odos  de tiempo si no se controlan variables que reflejen las caracter&iacute;sticas  de los pacientes sobre cuya informaci&oacute;n fueron calculados. Este control  de variables que permita comparaciones en espacio y tiempo que resulten &uacute;tiles  para atribuir diferencias a problemas de la atenci&oacute;n (lo mismo en hospitales  que en otras instancias del sistema de salud) se conoce como &#147;ajuste de riesgo&#148;  (en ingl&eacute;s, &#147;<i>risk adjustmen&#148;</i>) en una clara alusi&oacute;n  a las diferencias entre los pacientes, en cuanto al <i>riesgo </i>de arribar a  determinado resultado, que no dependen de la atenci&oacute;n recibida. En el libro  editado por <i>Iezonni </i>se describen con detalle los distintos m&eacute;todos  y sistemas que han sido utilizados en este contexto.<span class="superscript">49</span>    <br>  </p><h6>Las variables para los ajustes</h6>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Con un enfoque epidemiol&oacute;gico  estas variables que representan las caracter&iacute;sticas de los pacientes podr&iacute;an  calificarse como &#147;confusoras&#148; ya que pueden confundir la relaci&oacute;n  entre resultados reales y calidad de la gesti&oacute;n. </p>    <p>Te&oacute;ricamente  toda atenci&oacute;n sanitaria deber&iacute;a ser individualizada<span class="superscript">50</span>  ya que, seg&uacute;n un viejo aforismo de la medicina, &#147;no existen enfermedades  sino enfermos&#148; y la diversidad de los pacientes puede tildarse casi de infinita.  Sin embargo, en este <i>mare magnum</i> de pacientes, los indicadores m&aacute;s  t&iacute;picos de resultados deben interpretarse a base de puntos de corte o normas  que sirvan a los gestores de gu&iacute;as para detectar deficiencias en la calidad  y en la eficiencia. La contradicci&oacute;n es evidente.    <br> </p>    <p>En los a&ntilde;os  60 se realiza en los Estados Unidos uno de los primeros intentos por clasificar  a los pacientes de modo que se obtuvieran grupos homog&eacute;neos en cuanto a  costos hospitalarios; surgieron as&iacute; los Grupos de Diagn&oacute;sticos Relacionados  (GDR en espa&ntilde;ol y DRG de Diagnostic Related Groups, en ingl&eacute;s)51  cuyo origen se relaciona con la necesidad de reducir los gastos que la atenci&oacute;n  hospitalaria provocaba en uno de los programas m&aacute;s importantes del pa&iacute;s  (MEDICARE). Se formaron entonces 470 GDR (conformados por un panel de expertos)  basados en cinco aspectos del paciente: el diagn&oacute;stico principal, la intervenci&oacute;n  quir&uacute;rgica, la edad, las complicaciones y el motivo del alta. El cuadro  3 muestra la composici&oacute;n de varios GDR. </p>    <p>Estos GDR sirvieron de base  al sistema de &#147;pago prospectivo&#148;, seg&uacute;n el cual las compa&ntilde;&iacute;as  de seguros pagaban a los hospitales de acuerdo al GDR donde se clasificaba al  paciente y no a los gastos a los que individualmente diera lugar. De esta manera  la introducci&oacute;n de los GDR perjudicaba al hospital que se ve&iacute;a obligado  a ajustar los recursos por paciente y homogeneizar a los pacientes que realmente  no eran homog&eacute;neos. Por tanto, casi desde su surgimiento los GDR fueron  criticados por no contemplar una serie de variables que tambi&eacute;n influ&iacute;an  sobre los gastos, particularmente sobre el tiempo de estad&iacute;a. </p>    <p align="center">Cuadro  3. Ejemplos de GDR</p><table width="75%" border="1" align="center"> <tr> <td>GRD  </td><td>Descripci&oacute;n</td></tr> <tr> <td>1</td><td>Craneotom&iacute;a edad  &gt; 17 excepto por trauma</td></tr> <tr> <td height="15"> 2</td><td height="15">Craneotom&iacute;a  por trauma edad &gt; 17</td></tr> <tr> <td>12</td><td>Trastornos degenerativos  de sistema nervioso</td></tr> <tr> <td>13</td><td>Esclerosis m&uacute;ltiple y  ataxia cerebelosa</td></tr> <tr> <td>14 </td><td>Trastornos cerebrovasculares  espec&iacute;ficos excepto accidente isqu&eacute;mico transitorio y hemorragia  intracraneal</td></tr> <tr> <td>15 </td><td>Accidente isqu&eacute;mico transitorio  y oclusiones precerebrales</td></tr> <tr> <td>87</td><td>Edema pulmonar e insuficiencia  respiratoria</td></tr> <tr> <td>118 </td><td>Revisi&oacute;n de marcapasos cardiaco  sustituci&oacute;n de generador</td></tr> <tr> <td>185</td><td>Trastornos dentales  y bucales excepto extracciones y reposiciones, edad &gt; 17</td></tr> <tr> <td>213</td><td>Amputaci&oacute;n  por trastornos musculoesquel&eacute;ticos y tejido conectivo</td></tr> <tr> <td>216  </td><td>Biopsias de sistema musculoesquel&eacute;tico y tejido conectivo</td></tr>  <tr> <td>302 </td><td>Trasplante renal</td></tr> <tr> <td>338</td><td>Procedimientos  sobre test&iacute;culo, neoplasia maligna</td></tr> <tr> <td>339</td><td>Procedimientos  sobre test&iacute;culo, proceso no maligno edad &gt; 17</td></tr> <tr> <td>400</td><td>Linfoma  y leucemia con procedimiento quir&uacute;rgico mayor</td></tr> <tr> <td>462</td><td>Rehabilitaci&oacute;n</td></tr>  <tr> <td>482 </td><td>Traqueostom&iacute;a con trastornos de boca, laringe o faringe</td></tr>  <tr> <td>536</td><td>Procedimientos de ORL y bucales excepto procedimientos mayores  de cabeza y cuello</td></tr> <tr> <td>556 </td><td>Colecistectom&iacute;a y otros  procedimientos hepatobiliares con complicaciones mayores</td></tr> <tr> <td>630  </td><td>Neonato, peso al nacer &gt; 2 499 G, sin procedimiento quir&uacute;rgico  significativo, con otros problemas</td></tr> <tr> <td>746 </td><td>Abuso o dependencia  de coca&iacute;na u otras drogas, alta voluntaria</td></tr> <tr> <td>782</td><td>Leucemia  aguda sin procedimiento quir&uacute;rgico mayor edad &gt; 17 con complicaciones</td></tr>  </table>    <p> La literatura recoge otros sistemas de clasificaci&oacute;n de pacientes  que han servido de base para los ajustes de indicadores de calidad o eficiencia  de la gesti&oacute;n hospitalaria. El &nbsp;sistema de clasificaci&oacute;n por  estadios (conocido como <i>Staging</i>) propuesto por <i>Gonella</i> y otros<span class="superscript">52</span>  fue desarrollado para clasificar a los pacientes seg&uacute;n la gravedad de la  enfermedad en 4 niveles. Tanto en los GDR como en el sistema de <i>Gonella</i>  y otros, la gravedad se le adjudica a un conjunto de caracter&iacute;sticas centradas  en el diagn&oacute;stico y las categor&iacute;as de gravedad se construyen independientemente  de los pacientes. En ambos casos se necesitaron paneles de expertos para construir  las combinaciones de los diagn&oacute;sticos con otras caracter&iacute;sticas  que definir&iacute;an los distintos grupos y grado de gravedad. Por tal motivo,  ambos sistemas se han convertido en tecnolog&iacute;a comercializada y los hospitales  deber&aacute;n comprarlos para poder hacer uso de ellos.    <br> </p>    <p>Entre las  variables que m&aacute;s influyen sobre los resultados est&aacute; la gravedad  del paciente hospitalizado, o m&aacute;s bien, la gravedad que ha tenido el paciente  durante su hospitalizaci&oacute;n. El significado intuitivo, pero abstracto, de  este concepto de gravedad y la dificultad para medirlo han conducido al desarrollo  de &iacute;ndices que, basados en caracter&iacute;sticas medibles del paciente  y el proceso de su hospitalizaci&oacute;n, permitan arribar a escalas (variables  &#147;semicuantitativas&#148;), a veces de amplio espectro, de gran utilidad para  el ajuste de los indicadores.    <br> </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Una de las escalas de gravedad, de car&aacute;cter  general, m&aacute;s estudiadas es la propuesta por <i>Horn</i> y otros en 1983.<span class="superscript">53,54</span>  Este &iacute;ndice pretende ser capaz de caracterizar con exactitud las diferencias  entre los pacientes por concepto de gravedad y uso de recursos pues deber&iacute;a  dar lugar a grupos de pacientes heterog&eacute;neos en diagn&oacute;stico (<i>case-mix</i>,  en ingl&eacute;s) pero homog&eacute;neos en consumo de recursos. El &iacute;ndice  de <i>Horn</i> ha demostrado ser aceptablemente v&aacute;lido y confiable.    <br>  </p>    <p>Otros &iacute;ndices similares, utilizados tambi&eacute;n como variables  de control para evaluar calidad y eficiencia de gesti&oacute;n hospitalaria lo  constituyen el APACHE<span class="superscript">55</span> espec&iacute;fico para  Unidades de Cuidados Intensivos, el &iacute;ndice de Salemi y otros<span class="superscript">56</span>  para utilidad de los departamentos de control de infecciones y el &iacute;ndice  de sucesos adversos (Adverse Patient Ocurrence Index).<span class="superscript">57</span>    <br>  </p>    <p>En el contexto cubano, <i>Jim&eacute;nez </i>y otros<span class="superscript">58,59  </span>construyeron y validaron, dos &iacute;ndices de gravedad, uno para pacientes  hospitalizados en &aacute;reas cl&iacute;nicas y otro para &aacute;reas quir&uacute;rgicas.  Ambos &iacute;ndices resultan m&aacute;s sencillos de aplicar que los descritos  hasta el momento en la literatura. Se basan en datos de respuesta dicot&oacute;mica  (si/no) f&aacute;ciles de obtener de la historia cl&iacute;nica o de recordar  por el m&eacute;dico de asistencia que completa la historia al alta del paciente.</p><h6>Los  m&eacute;todos para los ajustes</h6>    <p>En cuanto al m&eacute;todo utilizado para  el ajuste, los enfoques pueden ser diversos. Los m&eacute;todos de estandarizaci&oacute;n  (directa o indirecta),<span class="superscript">60</span> utilizados com&uacute;nmente  en la comparaci&oacute;n de tasas de mortalidad y morbilidad entre pa&iacute;ses  y regiones pueden ser &uacute;tiles tambi&eacute;n en este contexto siempre que  se cuente con la informaci&oacute;n necesaria. Por ejemplo, si el objetivo fuese  comparar la tasa de mortalidad entre hospitales, no tendr&iacute;a sentido comparar  sus tasas brutas ya que lo m&aacute;s probable es que haya diferencias importantes  entre hospitales con respecto a la gravedad de los pacientes atendidos en un per&iacute;odo  dado. Estas tasas podr&iacute;an ajustarse tomando como variable de ajuste la  gravedad de los pacientes egresados durante el per&iacute;odo que se analiza.  Con un &iacute;ndice de gravedad adecuado podr&iacute;an definirse subgrupos que  permitieran la comparaci&oacute;n.     <br> </p>    <p>Con el <i>m&eacute;todo</i> <i>directo  habr&iacute;a</i> que definir una &#147;poblaci&oacute;n est&aacute;ndar&#148;,  es decir un conjunto de pacientes egresados con determinada distribuci&oacute;n  por niveles de gravedad. Entonces para obtener la tasa estandarizada de mortalidad  en un hospital se aplicar&iacute;an las tasas espec&iacute;ficas de mortalidad  para cada nivel de gravedad en ese hospital a la poblaci&oacute;n est&aacute;ndar.  Se obtendr&iacute;an as&iacute; las defunciones por nivel de gravedad en la poblaci&oacute;n  est&aacute;ndar que &#147;hubieran ocurrido si all&iacute; se hubiera comportado  la mortalidad como en el hospital de marras&#148;. La suma de esas defunciones  dividida entre el total de egresos de la poblaci&oacute;n est&aacute;ndar dar&iacute;a  la tasa ajustada de mortalidad para ese hospital. Si se realiza esta operaci&oacute;n  con cada uno de los hospitales que se desea comparar se obtendr&iacute;an tasas  estandarizadas de mortalidad por el m&eacute;todo directo que dar&iacute;an una  idea de las diferencias entre hospitales &#147;ajustadas por el nivel de gravedad&#148;.    <br>  </p>    <p>El <i>m&eacute;todo indirecto</i> es m&aacute;s complicado pero no necesita  las tasas de mortalidad por nivel de gravedad de cada hospital. Lo que debe tenerse  es una &#147;poblaci&oacute;n est&aacute;ndar&#148;, que aqu&iacute; ser&iacute;a  un conjunto de tasas de mortalidad por nivel de gravedad. Estas tasas se aplicar&iacute;an  a los n&uacute;meros de egresos por nivel de gravedad en cada uno de los hospitales  que se est&aacute;n comparando. Se obtendr&iacute;a as&iacute; las defunciones  te&oacute;ricas o estimadas por nivel de gravedad en cada hospital, &#147;si en  &eacute;stos se estuviera comportando la mortalidad como en la poblaci&oacute;n  est&aacute;ndar&#148;. La suma de esas defunciones en cada hospital dividida entre  el n&uacute;mero de egresos ser&iacute;a la &#147;tasa hipot&eacute;tica de mortalidad&#148;  para cada hospital. La tasa de mortalidad de la poblaci&oacute;n est&aacute;ndar  dividida entre la tasa hipot&eacute;tica nos da el llamado &#147;factor de estandari-zaci&oacute;n&#148;  para cada hospital. Este factor de estandarizaci&oacute;n multiplicado por la  tasa bruta real de cada hospital nos dar&iacute;a <i>las tasas de mortalidad ajustadas  por el m&eacute;todo indirecto </i>que entonces constituir&iacute;an tasas comparables.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  </p>    <p>La mayor&iacute;a de las tasas de mortalidad para comparaciones entre hospitales  que se utilizan hoy en d&iacute;a no emplean estos dos conocidos m&eacute;todos  para ajustes de tasas puesto que no se ha adoptado a&uacute;n una manera &uacute;nica  de medir gravedad, lo que se hace m&aacute;s com&uacute;nmente es utilizar alguno  de los sistemas de clasificaci&oacute;n mencionados antes, principalmente el sistema  de GDR. Por ejemplo, <i>Desharnais </i>y otros<span class="superscript">61 </span>publican  la construcci&oacute;n y validaci&oacute;n de tasas ajustadas para la mortalidad,  el reingreso y las complicaciones, tres de los indicadores de resultados m&aacute;s  utilizados. De forma resumida, estos autores refieren que para el ajuste, toman  en cuenta las diferencias en cuanto a los motivos de ingreso y lo que llaman &#147;reservas  fisiol&oacute;gicas del paciente&#148;. </p>    <p>Reconocen que tales factores de  riesgo s&oacute;lo pueden ser estimados aproximadamente, pero que a&uacute;n as&iacute;  los estimadores resultan &uacute;tiles. Utilizan dos m&eacute;todos: uno que denominan  &#147;Modelo de Tablas de Contingencia&#148; y el &#147;Modelo de Regresi&oacute;n  Log&iacute;stica&#148;. En el pr&oacute;ximo ac&aacute;pite se brindan m&aacute;s  detalles sobre los m&eacute;todos que emplean <i>Desharnais</i> y otros para construir  indicadores ajustados.    <br> </p>    <p>Se han utilizado tambi&eacute;n los <i>modelos  de Regresi&oacute;n</i> para hacer los ajustes necesarios a tasas y otros indicadores.  Estos modelos son funciones donde se distingue una variable de respuesta (o dependiente)  y varias variables explicativas (o independientes). Se supone que la funci&oacute;n  (de las variables explicativas) pueda explicar la mayor parte de la variaci&oacute;n  de la variable de respuesta por lo que dichos modelos son capaces de &#147;aislar&#148;  algebraicamente el efecto (o la relaci&oacute;n) que cada variable explicativa  tiene sobre la variable de respuesta. Esto permite alcanzar lo que precisamente  se persigue con los ajustes, el control de los efectos de variables potencialmente  confusoras sobre la relaci&oacute;n que supuestamente se est&aacute; midiendo.    <br>  </p>    <p>Los dos modelos de regresi&oacute;n con m&aacute;s utilidad en este &aacute;mbito  son el Modelo de Regresi&oacute;n Log&iacute;stica y el Modelo de Regresi&oacute;n  M&uacute;ltiple.    <br> </p>    <p>En la Regresi&oacute;n Log&iacute;stica la probabilidad  de que ocurra determinado suceso se expresa en funci&oacute;n de las variables  consideradas influyentes. La ecuaci&oacute;n que representa al modelo es la siguiente:</p>    <p>Prob  (Y=1) = 1/[1+ exp(-b<span class="subscript">0</span> - X<span class="subscript">1</span>b<span class="subscript">1</span>-....-X<span class="subscript">k</span>b<span class="subscript">k</span>)]</p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>donde:  Y representa a la variable de respuesta dicot&oacute;mica (Y=1 si ocurre el suceso  y Y=0 si no ocurre) y Prob (Y=1) representa la probabilidad de que ocurra el suceso.  Las X<span class="subscript">i</span> representan las variables explicativas que  pueden ser cuantitativas o dicot&oacute;micas e incluso, mediante el empleo de  cierto recurso estad&iacute;stico (variables &#147;dummy&#148;) se permite incluir  en la funci&oacute;n variables cualitativas nominales u ordinales. Una explicaci&oacute;n  detallada del modelo de Regresi&oacute;n Log&iacute;stica y sus aplicaciones puede  encontrarse en el texto de <i>Silva</i>.<span class="superscript">62</span>    <br>  </p>    <p>Con la Regresi&oacute;n Log&iacute;stica se estiman las &#147;tasas esperadas&#148;  de determinado suceso bajo ciertas condiciones (dadas por los valores de las X)  y esas tasas se podr&aacute;n comparar con las observadas. De esta manera se est&aacute;n  controlando los factores identificados como confusores en la comparaci&oacute;n.  Por ejemplo, si tenemos una funci&oacute;n de Regresi&oacute;n Log&iacute;stica  que explica bien la probabilidad de morir a partir de la edad, la gravedad y el  diagn&oacute;stico principal de los pacientes se puede estimar la tasa de mortalidad  esperada en un servicio en determinado per&iacute;odo de tiempo (dado el tipo  de pacientes que ingresaron en ese per&iacute;odo, el n&uacute;mero esperado de  muertes es la suma de las probabilidades de morir estimadas por la funci&oacute;n  para cada paciente) y compararla con la observada en ese per&iacute;odo. Si la  tasa observada es mucho mayor que la esperada, la diferencia podr&iacute;a atribu&iacute;rsele  a problemas de calidad en la atenci&oacute;n ya que otros factores que podr&iacute;an  explicar la mortalidad est&aacute;n presuntamente controlados.     <br> </p>    <p>La  Regresi&oacute;n Lineal M&uacute;ltiple permite un an&aacute;lisis similar, pero  este modelo es v&aacute;lido para situaciones donde la variable de respuesta es  cuantitativa. La ecuaci&oacute;n que representa al modelo: Y= b<span class="subscript">0</span>  + b<span class="subscript">1</span>X<span class="subscript">1</span> + b<span class="subscript">2</span>X<span class="subscript">2</span>  +.... + b<span class="subscript">k</span>X<span class="subscript">k</span>, es  similar a la vista antes, solo que aqu&iacute; &#147;Y&#148; representa a una  variable de respuesta cuantitativa.    <br> </p>    <p>Se ha utilizado para analizar la  estad&iacute;a &#147;ajustando&#148; por otras variables. Con las variables explicativas  adecuadas (edad, gravedad, diagn&oacute;stico, etc.) se puede estimar la estad&iacute;a  esperada para cada paciente. Las diferencias con la estad&iacute;a observada pueden  atribu&iacute;rsele a problemas en la atenci&oacute;n recibida. Del mismo modo  es posible estimar el promedio ajustado de estad&iacute;a y compararlo con el  observado. <i>Jim&eacute;nez</i> y otros desarrollaron y evaluaron en Cuba un  sistema de este tipo en los servicios de Medicina Interna y Cirug&iacute;a General  de un hospital cl&iacute;nico-quir&uacute;rgico.<span class="superscript">63</span>    <br>  </p>    <p>En ambos casos el ajuste consiste &#147;controlar&#148; las variables o  caracter&iacute;sticas del paciente que tambi&eacute;n pueden explicar el suceso  (muerte, estad&iacute;a u otro) y aislar as&iacute; los posibles problemas en  la atenci&oacute;n.     <br> </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Las dificultades principales para la aplicaci&oacute;n  de estos modelos est&aacute;n determinadas por:</p><ol>     <li> La necesidad de recoger  una serie de datos sobre el paciente no son extra&iacute;dos rutinariamente de  la historia cl&iacute;nica.</li>    <li> La interpretaci&oacute;n, que demanda conocimientos  de Estad&iacute;stica relativamente avanzados.</li>    </ol>    <p>Sin embargo, creemos  que su uso contribuye sin dudas a una evaluaci&oacute;n m&aacute;s fidedigna de  la calidad de la atenci&oacute;n m&eacute;dica. Actualmente, con el uso de la  computaci&oacute;n, que facilita el manejo del sistema de informaci&oacute;n y  los c&aacute;lculos que demandan, estos modelos resultan realmente atractivos.</p><h4>Indicadores  m&aacute;s utilizados</h4>    <p>Si bien en los cap&iacute;tulos anteriores se han  revisado diferentes aspectos relativos a los indicadores principales del desempe&ntilde;o  hospitalario y sus formas; no se han brindado detalles sobre la construcci&oacute;n  y uso espec&iacute;fico de ninguno de ellos por la gran cantidad de indicadores  que pueden concebirse a partir de los conceptos b&aacute;sicos y las necesidades  espec&iacute;ficas en cada situaci&oacute;n.     <br> </p>    <p>Entre todos los indicadores  mencionados hay cuatro que, por su importancia, amplio uso y claro significado,  merecen un desarrollo detallado: la tasa de mortalidad, la tasa de reingreso,  la tasa de complicaciones y el promedio de estad&iacute;a. Los tres primeros se  utilizan b&aacute;sicamente como indicadores de resultados que deben reflejar  calidad de la atenci&oacute;n prestada mientras que la estad&iacute;a hospitalaria  es un claro &iacute;ndice de eficiencia como se vio antes.    <br> </p>    <p>Con la publicaci&oacute;n,  en los Estados Unidos, de las tasas de mortalidad hospitalaria (por la Administraci&oacute;n  de Finanzas para la Atenci&oacute;n M&eacute;dica, &#147;Health Care Financing  Administration&#148;) desde 1986, se ha incentivado el uso de los indicadores  de resultados de la asistencia hospitalaria en este pa&iacute;s y en otras regiones  del planeta. En particular la tasa de mortalidad, la tasa de reingreso y las complicaciones  asociadas a la hospitalizaci&oacute;n se han convertido en indicadores obligados  de desempe&ntilde;o hospitalario y sobre ellas se profundiza en esta parte del  trabajo.<span class="superscript">21,64,65</span></p><h6>La tasa de mortalidad</h6>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La  mortalidad hospitalaria es el indicador de resultados que probablemente tiene  la mayor trascendencia. Los enfermos acuden a los hospitales con la finalidad  de mejorar su salud, una muerte es siempre una falla potencial de la atenci&oacute;n  prestada. Sin embargo, por diversas razones no todas las muertes hospitalarias  son evitables con los conocimientos y los recursos actuales, el tiempo de vida  es finito, muchas enfermedades son incurables y los hospitales muchas veces deben  albergar personas que irremediablemente fallecen.    <br> </p>    <p>El problema entonces  consiste en deslindar si una muerte, que se produce en un momento dado puede atribu&iacute;rsele  o no a la calidad de la atenci&oacute;n; o en otras palabras, si con una atenci&oacute;n  mejor esta muerte podr&iacute;a haberse evitado en ese momento.    <br> </p>    <p>En  muchos hospitales, cada fallecimiento es analizado en detalle, a veces con la  ayuda de los datos de la autopsia y este an&aacute;lisis se dirige a separar los  aspectos que pueden considerarse imputables a la atenci&oacute;n hospitalaria  de los que no podr&iacute;an haberse remediado. En cierto sentido, el an&aacute;lisis  individual de una muerte cumple el mismo papel que el de los ajustes vistos en  el cap&iacute;tulo anterior.    <br> </p>    <p>De modo que las tasas de mortalidad <i>imputables</i>  a la atenci&oacute;n recibida ser&iacute;an buenos indicadores de la calidad de  la atenci&oacute;n recibida y servir&iacute;an para hacer comparaciones en el  tiempo y en el espacio. Pero, la autopsia es un procedimiento relativamente caro  que no se realiza en el 100 % de las muertes de ning&uacute;n hospital hoy en  d&iacute;a y para que tal indicador tuviera sentido y utilidad habr&iacute;a que  uniformar los criterios que establecen la imputabilidad de cada muerte a la atenci&oacute;n  recibida, algo que ofrece dificultades obvias.     <br> </p>    <p>Los enfoques m&aacute;s  comunes para el uso de las tasas de mortalidad como indicadores de la atenci&oacute;n  transitan por la b&uacute;squeda de m&eacute;todos de ajuste apropiados, seg&uacute;n  se trat&oacute; en el cap&iacute;tulo anterior.    <br> </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p><i>Dubois</i> y otros<span class="superscript">66</span>  en 1987 proponen el uso de la diferencia entre mortalidad esperada y observada  como un indicador potencial de la calidad de la atenci&oacute;n. Utilizan los  hospitales como unidades de observaci&oacute;n y calculan la tasa de mortalidad  esperada a base de un modelo de Regresi&oacute;n Log&iacute;stica M&uacute;ltiple  que inclu&iacute;a como variables independientes la edad promedio, la fuente de  entrada de pacientes (urgencia o no) y un &iacute;ndice de gravedad de la enfermedad  basado en los GDR. Estos autores no eval&uacute;an directamente la validez del  modelo que proponen sino que infieren su bondad dada la gran variedad de tasas  de mortalidad ajustadas que encontraron en los 93 hospitales que incluyen en su  estudio.    <br> </p>    <p><i>Des Harnais</i> y otros<span class="superscript">61</span>  tambi&eacute;n proponen una tasa de mortalidad ajustada que se calcula seg&uacute;n  una de dos variantes:</p><ol>     <li> Para cada uno de los 252 grupos de GDR que  presentaban tasas de mortalidad menores de 5 % se construye una tabla de contingencia  de dos entradas.</li>    <li> Para los grupos de GDR con tasas de mortalidad iguales  o mayores de 5 %, se utiliza el modelo de Regresi&oacute;n Log&iacute;stica. La  tabla de contingencia de dos entradas (3X2) se construye con la edad (en 3 grupos:  0-64, 65-74, 75 y m&aacute;s) y la variable: presencia o no de enfermedades asociadas.  Las tasas de mortalidad se calculan directamente dentro de cada celda. El modelo  de Regresi&oacute;n Log&iacute;stica implic&oacute; un proceso complejo que culmin&oacute;  en una ecuaci&oacute;n para cada uno de los 64 GDR cuya tasa de mortalidad era  mayor o igual a 5 %. Como variables independientes se incluyen: la edad, el riesgo  de morir asociado al diagn&oacute;stico, el riesgo de morir asociado a la intervenci&oacute;n  quir&uacute;rgica, la presencia de diagn&oacute;stico secundario, la presencia  de c&aacute;ncer, el riesgo de morir relativo a la enfermedad asociada con mayor  riesgo y el n&uacute;mero de diagn&oacute;sticos secundarios cuando el riesgo  de morir era mayor para ese diagn&oacute;stico que el riesgo total asociado al  grupo de GDR.     <br> </li>    </ol>    <p>Sin embargo, no siempre las tasas de mortalidad  ajustadas han dado el resultado que de ellas se esperaba como indicadores de calidad  de la atenci&oacute;n. <i>Best</i> y <i>Cowper</i> <span class="superscript">67</span>  en 1994 eval&uacute;an la validez del uso de la raz&oacute;n: mortalidad-observada/mortalidad-esperada  como indicador de calidad de la atenci&oacute;n en pacientes de los hospitales  de veteranos en los Estados Unidos. En este caso la mortalidad esperada se calcula  a partir de un modelo de Regresi&oacute;n Log&iacute;stica, que inclu&iacute;a  entre 19 y 22 variables, con el cual estimaban la probabilidad de morir de cada  uno de los pacientes incluidos en el estudio con 170 hospitales. Despu&eacute;s  de un complejo proceso de validaci&oacute;n concluyen que el modelo no resulta  apropiado para detectar problemas de calidad.    <br> </p>    <p>En 1999 <i>Thomas</i>  y <i>Hofer</i><span class="superscript">68 </span>eval&uacute;an la exactitud  de las tasas de mortalidad ajustadas como medidas de la calidad de la atenci&oacute;n  hospitalaria mediante t&eacute;cnicas de simulaci&oacute;n. El objetivo de estos  autores era demostrar que, incluso si se pudiera conseguir un ajuste de tasas  perfecto (que controlara toda la variabilidad debida a caracter&iacute;sticas  propias de los pacientes), las tasas de mortalidad ajustadas no servir&iacute;an  para detectar con exactitud los hospitales con pobre calidad en la atenci&oacute;n.  Encuentran que, aun bajo condiciones ideales, menos del 12 % de los hospitales  que realmente se considerar&iacute;an con problemas de calidad ser&iacute;an detectados  por el indicador y que m&aacute;s del 62 % de los hospitales se&ntilde;alados  por el indicador como &#147;deficientes en calidad&#148; tendr&iacute;an realmente  una calidad aceptable.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </p>    <p>Esta falta de sensibilidad de las tasas de mortalidad  ajustadas para detectar hospitales con pobre calidad en la atenci&oacute;n que  prestan podr&iacute;a explicarse por varias v&iacute;as:</p><ul>     <li> Las variables  para el ajuste son todav&iacute;a insuficientes por falta de conocimiento y de  accesibilidad.</li>    <li> Las tasas de mortalidad son habitualmente peque&ntilde;as  y sus distribuciones en hospitales &#147;malos&#148; y &#147;buenos&#148; no permiten  encontrar un punto de corte que conduzca a una diferenciaci&oacute;n aceptable.</li>    <li>  La mala calidad en la atenci&oacute;n m&eacute;dica tiende a disiparse cuando  de salvar una vida se trata. Los pacientes con mayor probabilidad de morir tienden  a ser mejor atendidos.</li>    </ul>    <p><i>Lied</i> y otros<span class="superscript">69</span>  evaluaron recientemente el impacto de un nuevo m&eacute;todo de ajuste para tasas  de mortalidad hospitalarias con resultados promisorios. </p><h6>La tasa de reingreso</h6>    <p>El  reingreso se ha definido de diferentes formas en la literatura pero en general  se considera que un paciente <i>reingresa</i> en un hospital si tiene que ser  hospitalizado de nuevo, con el mismo diagn&oacute;stico, poco despu&eacute;s de  finalizada una primera hospitalizaci&oacute;n.    <br> </p>    <p>El tiempo que debe mediar  entre un ingreso y otro para que este &uacute;ltimo se considere un &#147;reingreso&#148;  no est&aacute; absolutamente establecido. Parece que la mayor&iacute;a de los  autores consideran un per&iacute;odo de un mes (30 o 31 d&iacute;as) aunque en  algunos trabajos que abordan el reingreso &eacute;ste se ha considerado en un  per&iacute;odo de 14 d&iacute;as.<span class="superscript">70</span> Si se da  por sentado que, durante el per&iacute;odo de hospitalizaci&oacute;n, en la mayor&iacute;a  de los pacientes debe mejorar de manera aceptable el proceso patol&oacute;gico  que los llev&oacute; al ingreso y que el alta s&oacute;lo debe decidirse cuando  el paciente est&aacute; en condiciones de ser atendido fuera del &aacute;mbito  hospitalario, se puede considerar que un reingreso es, por lo menos en principio,  un indicador de una falla en la atenci&oacute;n recibida en el ingreso anterior.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  </p>    <p>Como esta consideraci&oacute;n no es ni puede ser absoluta, el reingreso  se incorpora a un &iacute;ndice de los llamados agregados y la tasa de reingreso  forma parte importante de los indicadores de calidad de la gesti&oacute;n hospitalaria.  Regularmente se eliminan de las tasas de reingresos aquellos que se han producido  de forma programada (para iniciar radioterapia o quimioterapia, para hacer una  operaci&oacute;n que qued&oacute; pendiente, etc.). A&uacute;n as&iacute;, la  tasa de reingresos, como indicador de calidad de la atenci&oacute;n, no ha sido  siempre reconocida como obvia principalmente porque el reingreso est&aacute; determinado  por un grupo de factores relacionados con el paciente que no dependen de la calidad  de la atenci&oacute;n y que son dif&iacute;ciles de concretar.    <br> </p>    <p><i>Thomas</i>  y <i>Holloway</i><span class="superscript">71 </span>en 1991 eval&uacute;an el  reingreso temprano como &#147;indicador en los estudios de calidad de la atenci&oacute;n&#148;.  Su objetivo era arribar a conclusiones mediante la respuesta a tres preguntas:  &iquest;influye el destino del paciente (a su hogar o a otro centro de atenci&oacute;n)  sobre el reingreso? &iquest;El riesgo de reingreso es una funci&oacute;n del tiempo  de estad&iacute;a del primer ingreso? &iquest;Difieren sistem&aacute;ticamente  las tasas de reingreso entre hospitales con distintas caracter&iacute;sticas como  el porcentaje de ocupaci&oacute;n? Concluyeron que el estudio prove&iacute;a informaci&oacute;n  adicional sobre la importancia de factores cl&iacute;nicos como determinantes  del reingreso y se&ntilde;alaron la necesidad de estudiar m&aacute;s profundamente  las relaciones entre la tasa de reingreso y la calidad de la atenci&oacute;n.  Seg&uacute;n estos autores no se conoc&iacute;an a&uacute;n cuestiones como: qu&eacute;  modelos deber&iacute;an utilizarse para distintos tipos de pacientes o cu&aacute;l  era la contribuci&oacute;n de la gravedad de la enfermedad al reingreso. Consideraron  que para determinar la validez del reingreso como indicador de calidad eran necesarias  3 premisas:</p><ol>     <li> Establecer modelos espec&iacute;ficos para cada tipo  de paciente.</li>    <li> Identificar aquellos pacientes cuyo riesgo de reingreso  fuese bajo y a&uacute;n as&iacute; fueran reingresados en el hospital.</li>    <li>  Utilizar criterios de expertos para establecer si el egreso prematuro se asociaba  con el reingreso.</li>    </ol>    <p> En 1993 <i>Ludke</i> y otros eval&uacute;an la  relaci&oacute;n entre el reingreso y los indicadores de calidad de la atenci&oacute;n  hospitalaria en el ingreso anterior pero no obtienen resultados concluyentes.<span class="superscript">70</span>  M&aacute;s recientemente <i>Weissman</i> y otros<span class="superscript">72</span>  concluyen que las tasas de reingreso no planificado estaban asociadas con problemas  de calidad aunque no constitu&iacute;an herramientas &uacute;tiles para la comparaci&oacute;n  entre hospitales.    <br> </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>No obstante la tasa de reingreso se considera a&uacute;n  un indicador de calidad de la atenci&oacute;n y se promueve su uso con ajustes  por otras variables.<span class="superscript">73</span> Las variables que deben  contemplarse para el ajuste de la tasa de reingreso son similares a las mencionadas  para otros indicadores de resultados: la edad, el sexo, el diagn&oacute;stico  principal y la gravedad de la enfermedad.<span class="superscript">71</span>    <br>  </p>    <p>La tasa de reingreso ajustada que proponen <i>Des Harnais</i> y otros<span class="superscript">61</span>  es similar a la propuesta para la tasa de mortalidad. Reagrupan los casos en grupos  de GDR y construyen tablas de contingencia de 2 entradas (2 X 3) con la edad de  los pacientes en tres grupos y la presencia o no de enfermedades asociadas o complicaciones  ocurridas durante el ingreso original. Luego calculan la probabilidad de reingreso  para cada celda de la tabla en cada grupo de GDR y &eacute;sta constituye la estimaci&oacute;n  de la tasa de reingreso normal que servir&aacute; como punto de comparaci&oacute;n.</p><h6>La  tasa de complicaciones</h6>    <p>La tasa de complicaciones es tambi&eacute;n un indicador  t&iacute;pico de resultados en la evaluaci&oacute;n de la calidad de la atenci&oacute;n.  Las complicaciones que surgen en un paciente durante su ingreso en el hospital  constituyen eventos atractivos para ser utilizados como indicadores de la calidad  de la atenci&oacute;n recibida. Si el paciente entra al hospital con y por la  presencia de cierta dolencia, te&oacute;ricamente no deber&iacute;a adquirir otra  durante su estad&iacute;a hospitalaria.    <br> </p>    <p><i>Des Harnais</i> y otros  61 sugieren un m&eacute;todo de ajuste para la tasa de complicaciones basado en  la construcci&oacute;n de tablas de contingencia, similar al descrito para la  tasa de mortalidad y la de reingreso pero en este caso publican la lista de complicaciones  consideradas para conformar la tasa.    <br> </p>    <p>Adem&aacute;s de la necesidad  evidente de utilizar tasas de complicaciones ajustadas seg&uacute;n las caracter&iacute;sticas  de los pacientes (como se promueve para la mortalidad y el reingreso) surge aqu&iacute;  el problema de determinar cu&aacute;les complicaciones podr&iacute;an tomarse  como posibles indicadores de calidad.     <br> </p>    <p>Entre las complicaciones m&aacute;s  ilustrativas de la lista publicada por <i>Des Harnais</i> y otros<span class="superscript">61</span>  est&aacute;n las que se presentan en el cuadro 4.</p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center">Cuadro  4. Lista de complicaciones &uacute;tiles para indicadores de problemas de calidad  en la atenci&oacute;n hospitalaria</p><table width="75%" border="1" align="center">  <tr> <td>Hipoinsulinemia postquir&uacute;rgica.</td><td>Complicaciones quir&uacute;rgicas  card&iacute;acas.</td></tr> <tr> <td>Reacci&oacute;n a punci&oacute;n lumbar.</td><td>Complicaciones  quir&uacute;rgicas del sistema vascular perif&eacute;rico.</td></tr> <tr> <td>Complicaciones  del sistema nervioso central por implantaci&oacute;n quir&uacute;rgica de dispositivos.</td><td>Complicaciones  quir&uacute;rgicas del sistema respiratorio.</td></tr> <tr> <td height="29">Par&aacute;lisis  inespec&iacute;fica de las cuerdas vocales.</td><td height="29">Complicaciones  quir&uacute;rgicas del tracto gastrointestinal.</td></tr> <tr> <td>Par&aacute;lisis  unilateral parcial o total de las cuerdas vocales.</td><td>Complicaciones quir&uacute;rgicas  del tracto urinario</td></tr> <tr> <td>Par&aacute;lisis bilateral parcial o total  de las cuerdas vocales</td><td>Infecci&oacute;n de la amputaci&oacute;n de miembros.</td></tr>  <tr> <td>Neumon&iacute;a por v&oacute;mitos alimentarios</td><td>Complicaciones  quir&uacute;rgicas de otros &oacute;rganos espec&iacute;ficos</td></tr> <tr> <td>Perforaci&oacute;n  esof&aacute;gica.</td><td>Shock postoperatorio.</td></tr> <tr> <td>Septicemia.</td><td>Complicaciones  hemorr&aacute;gicas por procedimientos m&eacute;dicos.</td></tr> <tr> <td>Complicaciones  pulmonares inespec&iacute;ficas en el parto.</td><td>Laceraci&oacute;n accidental  durante procedimientos m&eacute;dicos.</td></tr> <tr> <td>Complicaciones pulmonares  del parto o del postparto.</td><td>Dehiscencia de herida quir&uacute;rgica.</td></tr>  <tr> <td>Complicaciones anest&eacute;sicas del parto anteparto o postparto</td><td>Dejar  cuerpo extra&ntilde;o durante procedimientos m&eacute;dicos.</td></tr> <tr> <td>Shock  obst&eacute;trico con postparto complicado.</td><td>Infecci&oacute;n postoperatoria.</td></tr>  <tr> <td>Shock obst&eacute;trico postparto.</td><td>Persistencia de f&iacute;stula  postoperatoria</td></tr> <tr> <td>Insuficiencia renal aguda inespec&iacute;fica  del parto o postparto</td><td>Reacci&oacute;n postoperatoria a sustancia extra&ntilde;a.</td></tr>  <tr> <td>Insuficiencia renal aguda del parto con postparto complicado.</td><td>Otras  complicaciones quir&uacute;rgicas espec&iacute;ficas.</td></tr> <tr> <td>Infecci&oacute;n  puerperal mayor.</td><td>Otras complicaciones quir&uacute;rgicas inespec&iacute;ficas.</td></tr>  <tr> <td>Embolismo gaseoso obst&eacute;trico inespec&iacute;fico.</td><td>Embolismo  gaseoso despu&eacute;s de los cuidados m&eacute;dicos.</td></tr> <tr> <td>Embolismo  gaseoso obst&eacute;trico con postparto complicado.</td><td>Otras complicaciones  vasculares despu&eacute;s de cuidados m&eacute;dicos.</td></tr> <tr> <td>Embolismo  gaseoso obst&eacute;trico del postparto.</td><td>Otras infecciones como complicaci&oacute;n  de cuidados m&eacute;dicos.</td></tr> <tr> <td>Enfermedad cerebrovascular inespec&iacute;fica  del puerperio.</td><td>Shock anafil&aacute;ctico-s&eacute;rico.</td></tr> <tr>  <td>Enfermedad cerebrovascular con postparto complicado. </td><td>Otra reacci&oacute;n  s&eacute;rica.</td></tr> <tr> <td>Dehiscencia inespec&iacute;fica de herida de  la ces&aacute;rea.</td><td>Reacci&oacute;n de incompatibilidad ABO.</td></tr>  <tr> <td>Dehiscencia inespec&iacute;fica de la herida perineal.</td><td>Reacci&oacute;n  de incompatibilidad Rh.</td></tr> <tr> <td>Dehiscencia de la herida perineal postparto.</td><td>Otras  reacciones a una transfusi&oacute;n de sangre o derivados.</td></tr> <tr> <td>Absceso  de mama con complicaciones del postparto.</td><td>&nbsp;</td></tr> <tr> <td>Shock anest&eacute;sico.</td><td>&nbsp;</td></tr>  <tr> <td>    <br> Complicaciones quir&uacute;rgicas del sistema nervioso central.</td><td>&nbsp;</td></tr>  </table>    <p align="center"> Fuente: Des Harnais SI, Mc Mahon LF, Wroblewski RT.  Measuring outcomes of hospital care using multiple risk-adjusted indexes. Health  Services Research 1991;26(4):425-445.</p><h4>Consideraciones finales</h4>    <p>Los  indicadores brindan de forma r&aacute;pida, f&aacute;cil y concisa informaci&oacute;n  valiosa acerca de c&oacute;mo se est&aacute; desempe&ntilde;ando el hospital en  cuesti&oacute;n y permiten comparaciones en tiempo y espacio que de otra forma  ser&iacute;an imposibles de realizar.    <br> El uso de indicadores es y continuar&aacute;  siendo de utilidad para administradores de hospitales, autoridades sanitarias  y para todos aquellos que de una forma u otra est&aacute;n vinculados con el perfeccionamiento  del Sector de la Salud y con los hospitales en particular.     <br> </p>    <p>Es claro  sin embargo, que para la obtenci&oacute;n de indicadores oportunos es imprescindible  desarrollar los Sistemas de Informaci&oacute;n que permitan recoger los datos  necesarios para su elaboraci&oacute;n. Es necesario adem&aacute;s el monitoreo  de la calidad de las fuentes b&aacute;sicas de la informaci&oacute;n, en particular  la historia cl&iacute;nica, la fuente principal de informaci&oacute;n sobre las  caracter&iacute;sticas de cada paciente hospitalizado.     <br> </p>    <p>Los indicadores  por dem&aacute;s brindan una informaci&oacute;n cuantitativa que permite detectar  los espacios con alta probabilidad de problemas en la atenci&oacute;n. La determinaci&oacute;n  y evaluaci&oacute;n de cada problema y sus causas debe ser objeto de investigaci&oacute;n  espec&iacute;fica, detallada y profunda con un enfoque m&aacute;s cualitativo.      <br> </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Uno de los problemas pr&aacute;cticos m&aacute;s importantes que surgen  en el uso de indicadores hospitalarios es el que surge por la necesidad de hacer  uso de varios de ellos a la vez para tener una idea global de la calidad y la  eficiencia conque se est&aacute;n ofreciendo los servicios en una unidad o departamento  pues, hasta el momento, no se ha instrumentado ninguna manera &uacute;nica de  englobar el desempe&ntilde;o hospitalario en una sola medida. S&oacute;lo el uso  del sentido com&uacute;n, la experiencia y la pericia administrativa lograr&aacute;n  el balance adecuado de toda la informaci&oacute;n que pueden brindar los indicadores  y la visi&oacute;n global que a menudo es necesaria. No obstante, un esfuerzo  por disminuir el n&uacute;mero de cifras que deben manejarse en estas evaluaciones  globales sobre la base de indicadores ha sido recientemente propuesto por <i>Almenara</i>  y otros.<span class="superscript">74</span> Estos autores emplean una t&eacute;cnica  estad&iacute;stica multivariada de las conocidas como &#147;reductoras de dimensionalidad&#148;,  el An&aacute;lisis de Componentes Principales, para demostrar que, en determinado  contexto, un n&uacute;mero elevado de indicadores pueden reducirse a muchos menos  sin p&eacute;rdida importante de informaci&oacute;n.    <br> </p>    <p>En algunos pa&iacute;ses,  el uso de indicadores refinados de desempe&ntilde;o hospitalario ha sido sumamente  pobre, la detecci&oacute;n de problemas se ha realizado y se realiza principalmente  a fuerza de acciones puntuales donde se despliegan recursos humanos con criterios  de experto que realizan evaluaciones, en su momento profundas, sobre la actividad  de salud en un entorno hospitalario dado. No puede considerarse que &eacute;sta  no sea una manera eficaz de detectar problemas, pero es poco eficiente. El uso  continuo de indicadores de uno u otro tipo de los reportados en este trabajo permitir&iacute;a  dirigir las acciones controladoras m&aacute;s certeramente a la b&uacute;squeda  de problemas espec&iacute;ficos y puntuales.    <br> </p>    <p>Nuestra recomendaci&oacute;n  principal es que se le d&eacute; a los indicadores de calidad y eficiencia de  la gesti&oacute;n hospitalaria el lugar que les corresponde en la evaluaci&oacute;n  del desempe&ntilde;o de los hospitales. La introducci&oacute;n de sistemas computadorizados  y el uso de las redes intra y extrahospita-larias contribuir&aacute; decisivamente  a que el monitoreo continuo del binomio calidad-eficiencia en nuestro sistema  de salud y, particularmente en nuestros hospitales, sea una realidad a la que  todos aspiramos.</p><h4>Agradecimientos</h4>    <p><i>La autora desea hacer constar  que la doctora Aliuska Amador Gonz&aacute;lez contribuy&oacute; de manera importante  en la realizaci&oacute;n de este trabajo, especialmente en la b&uacute;squeda  bibliogr&aacute;fica y la redacci&oacute;n de la primera versi&oacute;n en 1999.</i></p><h4>Referencias  bibliogr&aacute;ficas</h4><ol>     <!-- ref --><li> Silva LC. Escalas e indicadores. En: Silva  LC. Cultura estad&iacute;stica e investigaci&oacute;n cient&iacute;fica en el  campo de la salud. Una mirada cr&iacute;tica.Cap.3. Madrid, D&iacute;az de Santos;  1997:43-58.</li>    <!-- ref --><li> Blumenthal D. Quality of care &#151;what is it?P.1.NEJM 1996;335(12):</li>    <!-- ref --><li>  Brook RH, Mc Glynn EA, Shekelle PG. Defining and measuring quality of care: a  perspective from US researchers. IJQJC 2000;12(4): 281-95. </li>    <!-- ref --><li> Donabedian  A. Explorations in quality assessment and monitoring. The definition of quality  and approaches to its assessment. Ann Arbor Mich. 1980. </li>    <!-- ref --><li> ____. Veinte  a&ntilde;os de investigaci&oacute;n en torno a la calidad de la atenci&oacute;n  m&eacute;dica, 1964-1984. Salud P&uacute;b M&eacute;x 1988; 30: 202-15. </li>    <!-- ref --><li>  _____. Una aproximaci&oacute;n a la monitorizaci&oacute;n de la calidad asistencial,  P.2. Contr calidad asist. 1991; 6:31-9. </li>    <li> Luft HS, Hunt SS. Evaluating  individual hospital quality through outcome statistics. JAMA,986; 255:2780. </li>    <li>  De Geyndt W. Managing the Quality of Health Care in Developing Countries. 1994.(World  Bank Technical Papers No. 258).</li>    <!-- ref --><li> Murray CJL, Frenk J. A WHO framework  for health system performance assessment. World Health Organization;2000.</li>    <!-- ref --><li>  Jaramillo J. Gerencia y administraci&oacute;n de servicios m&eacute;dicos y hospitales.  San Jos&eacute;: Editorial de la Universidad de Costa Rica, Editora Nacional de  Salud y Seguridad Social; 1998.</li>    <!-- ref --><li> Corella JM. La Gesti&oacute;n de servicios  de salud. Cap 11. Madrid, D&iacute;az de Santos; 1996.</li>    <!-- ref --><li> Grupo de Trabajo  sobre Terminolog&iacute;a. Glosario de T&eacute;rminos frecuentemente utilizados  en F&aacute;rmaco econom&iacute;a. Anexo A. En: Sacrist&aacute;n JA, Bad&iacute;a  X, Rovira J eds. Farmacoecon&oacute;mica: Evaluaci&oacute;n econ&oacute;mica de  Medicamentos. Madrid, Editores M&eacute;dicos S.A; 1995. </li>    <!-- ref --><li> Galv&eacute;z  AM. Concepto de eficiencia en el contexto de la salud p&uacute;blica cubana. Taller.  Aspectos macroecon&oacute;micos de la eficiencia en salud. Febrero, 1999, Escuela  Nacional de Salud P&uacute;blica. Ciudad de La Habana.</li>    <!-- ref --><li> Gilmore CM, De  Moraes H. Manual de gerencia de la calidad. Washington DC. OPS PALTEX;1996: 36-54.</li>    <!-- ref --><li>  Brook RH, Mc Glynn EA, Cleary PD. Quality of health care P. 2: Measuring quality  of care. Editorial. NEJM 1996; 335(13):966-70.</li>    <!-- ref --><li> Chassin MR. Quality of  Health Care, Part 3: Improving the quality of care. Editorial. NEJM, 1996, 335(14):1060-63.</li>    <!-- ref --><li>  Kassirer JP. The quality of care and the quality of measuring It Editorial. NEJM  1993; 329(17):1263-5.</li>    <!-- ref --><li> NHS Performance Indicators : July 2000 Foreword.  Disponible en: http://www.doh.gov.uk/nhsperformanceindicators/2002/index.html</li>    <!-- ref --><li>  World Health Organization. Glossary. Disponible en: http://www.who.int/health-systems-performance/docs/glossary.htm#indicator</li>    <!-- ref --><li>  Lembcke PA. Medici&oacute;n de la calidad de la atenci&oacute;n m&eacute;dica  mediante estad&iacute;sticas vitales basadas en &aacute;reas de servicio hospitalario:  1. Estudio comparativo de las tasas de apendicectom&iacute;a. En: Buck C, Llopis  A, N&aacute;jera E, Terris M, editores. El desaf&iacute;o de la epidemiolog&iacute;a.  Problemas y lecturas seleccionadas. Washington, Organizaci&oacute;n Panamericana  de la Salud, 1988; p. 972-82. </li>    <li> AHRQ Quality Indicators &#151;Guide to  inpatient quality indicators: Quality of Care in Hospitals&#151; Volume, Mortality,  and Utilization. Rockville, MD: Agency for Healthcare Research and Quality, 2002.  (AHRQ Pub. No. 02-RO204). </li>    <!-- ref --><li> OPS/OMS. La garant&iacute;a de calidad. Acreditaci&oacute;n  de hospitales para Am&eacute;rica Latina y el Caribe. HSD/SILOS 13. Federaci&oacute;n  Latinoamericana de la Salud. Sept. 1991.</li>    <!-- ref --><li> Mulligan J,&nbsp;Appleby J,&nbsp;Harrison  A.&nbsp;Editorials Measuring the performance of health systems BMJ 2000;321:191-192.  </li>    <!-- ref --><li> Leatherman S, Mc Carthy D. Public disclosure of health care performance  reports: experience, evidence and issues for policy. Int J Qual Health Care 1999;  11(2):93-8. </li>    <!-- ref --><li> Donabedian A. Approaches to assessment: What to assess in  evaluating the quality of medical care? Milbank Mem Fund Quart 1986; 44:167-70.</li>    <!-- ref --><li>  De Moraes H, Paganini JM. Est&aacute;ndares e indicadores para la acreditaci&oacute;n  de hospitales en Am&eacute;rica Latina y el Caribe. OPS/HSS;1994. </li>    <!-- ref --><li> Mauri  I, Santur&eacute; J. Proyecto de gesti&oacute;n en el hospital. Todo Hospital  1996; 123:11-16.</li>    <!-- ref --><li> Mant J. Process versus outcome indicators in the assessment  of quality of health care. Intern J Qual Health Care 2001;13:475-80.</li>    <!-- ref --><li>  Rubin HR, Pronovost P, Diette GB. Methodology Matters. From a process of care  to a measure: the development and testing of a quality indicator Intern J Qual  Health Car e2001;13:489-96.</li>    <!-- ref --><li> Rubin HR, Pronovost P, Diette GB. The advantages  and disadvantages of process-based measures of health care quality Intern J Qual  Health Care 2001;13:469-74.</li>    <!-- ref --><li> Streiner DL y Norman R. Health Measurement  Scales. A practical guide to their development and use. 2 Ed. New York Oxford  University Press;1995.</li>    <!-- ref --><li> Delamothe T. Using outcomes research in clinical  practice. BMJ 1994;308:1583-84.</li>    <!-- ref --><li> Orchard C. Comparing healthcare outcomes.  BMJ 1994;308:1493-6.</li>    <!-- ref --><li> McKee M. Measuring the efficiency of health systems.  BMJ 2001;323:295-6.</li>    <!-- ref --><li> Donabedian A. Una exploraci&oacute;n conceptual.  En: La calidad de la atenci&oacute;n m&eacute;dica. La prensa M&eacute;dica Mexicana  M&eacute;jico DF:1982 p. 1-39. </li>    <!-- ref --><li> World Health Organization. Concepts,  methods and debates. Disponible en: http://www.who.int/health-systems-performance/concepts.htm</li>    <!-- ref --><li>  Waxman H. An inexpensive hospital-based program for outcome evaluation. Hosp Comm  Psych.1994; 45 (2): 160-62.</li>    <!-- ref --><li> _______. Using outcomes assessment for quality  improvement Outcomes Assessment in Clinical Practice. Sederer and Dickey, Eds,  Willians and Wilkins;1996: 25-33.</li>    <!-- ref --><li> Larsen DL, Attkisson CC, Hargreaves  WA, Nguyen TD. Assessment of client/patient satisfaction: development of a general  scale. Eval Prog Planning 1979; 2: 197-202.</li>    <!-- ref --><li> Derogatis LR, Melisaratos  N. The brief symptom inventory: an introductory report. Psychol Med 1993; 13:  595-605.</li>    <!-- ref --><li> Ware JE, Sherbourne CD. The MOS 36-item short-form health survey  (SF-36). Med Care 1992; 30: 473-483.</li>    <!-- ref --><li> Salomon L, Gasquet I, Mesbah M,  Ravaud P. Construction of a scale measuring inpatients&#146; opinion on quality  of care. Intern J Qual Health Care 1999;11(6):507-16.</li>    <!-- ref --><li> Nathorst-B&ouml;&ouml;s  J, Munck IME, Eckerlund I, Ekfeldt-Sandberg C. An evaluation of the QSP and the  QPP: two methods for measuring patient satisfaction. Intern J Quality in Health  Care 2001; 13:257-64.</li>    <li> Hendriks AAJ, Oort FJ, Vrielink MR, Smets EMA.  Reliability and validity of the satisfaction with hospital care questionnaire.  Intern J Quality in Health Care 2002;14:471-82.</li>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><li> Palmer H. Using health  outcomes data to compare plans, networks and providers. Intern J Quality in Health  Care 1998;10(6):477-83.</li>    <!-- ref --><li> R&iacute;os NE. Estad&iacute;sticas Hospitalarias.  Indicadores de Salud P&uacute;blica. Selecci&oacute;n de art&iacute;culos. ISCM-H.  Facultad de Salud P&uacute;blica, Ciudad de La Habana, 1987: 93-108.</li>    <!-- ref --><li>  Thomas WJ, Guire KE, Howart GG. Is patient length of stay related to quality of  care?. Hosp Health Serv Admin 1997; 42(4): 489-507.</li>    <!-- ref --><li> Milliman. Hospital  Efficiency Index. LOS efficiency Index. En: http://www.op.net/~jcookson/losei.html  </li>    <!-- ref --><li> Iezzoni LI.: Risk adjustment for measuring healthcare outcomes. 2. ed.Chicago,  Illinois, Health Administration Press; 1997. </li>    <!-- ref --><li> Rodr&iacute;guez Rivera  L. La cl&iacute;nica y su m&eacute;todo. Reflexiones sobre dos &eacute;pocas.  Cap. 4. Madrid: D&iacute;az de Santos; 1999.</li>    <!-- ref --><li> Shaffer F. DRGs: history  and overview. Nurs Health Care 1983; 4(7): 388-96. </li>    <!-- ref --><li> Gonella JS, Louis  DZ. Disease staging applications for utilization review and quality assurance.  JAMA 1984; 251(5): 637-44. </li>    <!-- ref --><li> Horn SD, Sharkey PD, Bertran DA. Measuring  severity of illness. Homogeneous case mix groups. Med Care 1983; 21(1): 14-30.</li>    <!-- ref --><li>  Horn SD, Horn RA. Reliability and validity of the severity of illness index. Med  Care 1986; 24(2): 159-78.</li>    <li> Knaus WA, Zimmerman JE, Wagner et al. APACHE:  acute physiology and chronic health evaluation: a phisiologically based classification  system. Crit Care Med 1981;9:591-97.</li>    <!-- ref --><li> Salemi C, Morgan JW, Kelleghan SI,  Hiebert-Crape B. Severity of Illness classification for infection control departments:  a study in nosocomial penumonia. Am J Infect Control 1993; 21(3):117-26.</li>    <!-- ref --><li>  Schumacher DN, Parker B, Kofie V, munns JM. Severity of illness index and the  adverse patients ocurrence index. A reliability study and policy implications.  Med Care 1987; 25:695-704.</li>    <!-- ref --><li> Jim&eacute;nez RE, V&aacute;zquez J, Fari&ntilde;as  H. Construcci&oacute;n y validaci&oacute;n de un &iacute;ndice de gravedad para  pacientes hospitalizados en &aacute;reas cl&iacute;nicas. Gaceta Sanitaria 1997;11:122-30.</li>    <!-- ref --><li>  Jim&eacute;nez RE, Dom&iacute;nguez E, Fari&ntilde;as H, Fuentes E. Construcci&oacute;n  y validaci&oacute;n de un &iacute;ndice de gravedad para pacientes hospitalizados  en &aacute;reas quir&uacute;rgicas. Rev Cubana Salud P&uacute;b 1999; 25(2):154-66.</li>    <!-- ref --><li>  Pascua M. Metodolog&iacute;a Bioestad&iacute;stica. 2. ed. Madrid. Editorial Paz  Montalvo;1974:142-7.</li>    <!-- ref --><li> Des Harnais SI, Mc Mahon LF, Wroblewski RT. Measuring  outcomes of hospital care using multiple risk-adjusted indexes. Health Serv Res  1991; 26(4): 425-45. </li>    <!-- ref --><li> Silva LC. Excursi&oacute;n a la regresi&oacute;n  log&iacute;stica en ciencias de la salud. Madrid. D&iacute;az de Santos.1995.  </li>    <!-- ref --><li> Jim&eacute;nez RE, L&oacute;pez L, Dom&iacute;nguez D, Fari&ntilde;as  H. Observed-predicted length of stay as an indicator of impatient care inefficiencies.  Int J Qual Health Care 1999;11(5):375-84. </li>    <!-- ref --><li> Muri JH, White JS, Pezzullo  JC, Buechner JS. Summary report: hospital care trends in quality indicators for  health care in Rhode Island (1994-1998): hospital care, access to care and utilization  of inpatient procedures. National Perinatal Information Center Providence, Rhode  Island. August 2001. Disponible en: www.health.state.ri.us</li>    <!-- ref --><li> Garc&iacute;a-Eroles  L, Illa C, Arias A, Casas M. Los Top 20 2000: objetivos, ventajas y limitaciones  del m&eacute;todo. Rev Calidad Asist 2001;16:107-16. </li>    <!-- ref --><li> Dubois RW, Brook  RH, Rogers WH. Adjusted hospital death rates: A potential screen for quality of  Medical Care. Am J Publ Health 1987;77(9):1162-1624. </li>    <!-- ref --><li> Best WR, Cowper  DC. The ratio of observed-to-expected mortality as a quality of care indicator  in non-surgical VA patients. Med Care 1994, 32(4): 390-400.</li>    <!-- ref --><li> Thomas WI,  Hofer TP. Accuracy of risk-adjusted mortality rate as a measure of hospital quality  of care. Med Care 1999; 37(19): 83-92.</li>    <!-- ref --><li> Lied TR, Kazandjian VA, Hohman  SF. Impact of risk adjusted clinical outcomes methodology quality measures on  hospital mortality data: a statistical and case study approach. Am J Med Qual  1999;14(6):255-61.</li>    <!-- ref --><li> Ludke RL, Booth M. Relationship betwen early readmission  and hospital quality of care indicators. Inquiry, 1993,30:95-103. </li>    <!-- ref --><li> Thomas  JW, Holloway JJ. Investigating early readmission as an indicator for quality of  care studies. Med Care 1991;29(4):377-94.</li>    <!-- ref --><li> Weissman JS, Ayanian JZ, Chasan-Taber  S, Sherwood MJ, Roth C, Epstein AM. Hospital readmissions and quality of care.  Med Care 1999; 37(5): 490-501. </li>    <!-- ref --><li> Benbassat J, Taragin M. Hospital readmissions  as a measure of quality of health care: advantages and limitations. Arch Intern  Med. 2000;160(8):1074-81.</li>    <!-- ref --><li> Almenara-Barrios J, Garc&iacute;a-Ortega C,  Gonz&aacute;lez-Caballero JL, Abell&aacute;n-Hervas MJ. Creaci&oacute;n de indicadores  de gesti&oacute;n hospitalaria mediante an&aacute;lisis decomponentes principales.  Salud P&uacute;b M&eacute;x 2002; 44(6):533-40.</li>    </ol>    <p>Recibido: 26 de septiembre  de 2003. Aprobado: 13 de noviembre de 2003.    <br> <i>Rosa E. Jim&eacute;nez Paneque</i>.  Hospital Clinicoquir&uacute;rgico &#147;Hermanos Ameijeiras&#148;, Calle Belascoa&iacute;n  esquina a San L&aacute;zaro, Ciudad de La Habana, Cuba.    <br> </p>    <p><span class="superscript"><a href="#autor">1</a></span><a href="#autor">  Licenciada. &Aacute;rea de Econom&iacute;a.</a><a name="cargo"></a></p>      ]]></body><back>
<ref-list>
<ref id="B1">
<nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Silva]]></surname>
<given-names><![CDATA[LC]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Escalas e indicadores]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Silva]]></surname>
<given-names><![CDATA[LC]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Cultura estadística e investigación científica en el campo de la salud: Una mirada crítica]]></source>
<year>1997</year>
<page-range>43-58</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B2">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Blumenthal]]></surname>
<given-names><![CDATA[D]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Quality of care -what is it?P.1]]></article-title>
<source><![CDATA[NEJM]]></source>
<year>1996</year>
<volume>335</volume>
<numero>12</numero>
<issue>12</issue>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B3">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Brook]]></surname>
<given-names><![CDATA[RH]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Mc Glynn]]></surname>
<given-names><![CDATA[EA]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Shekelle]]></surname>
<given-names><![CDATA[PG]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Defining and measuring quality of care: a perspective from US researchers]]></article-title>
<source><![CDATA[IJQJC]]></source>
<year>2000</year>
<volume>12</volume>
<numero>4</numero>
<issue>4</issue>
<page-range>281-95</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B4">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Donabedian]]></surname>
<given-names><![CDATA[A]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Explorations in quality assessment and monitoring: The definition of quality and approaches to its assessment]]></article-title>
<source><![CDATA[Ann Arbor Mich]]></source>
<year>1980</year>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B5">
<label>____</label><nlm-citation citation-type="journal">
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Veinte años de investigación en torno a la calidad de la atención médica, 1964-1984]]></article-title>
<source><![CDATA[Salud Púb Méx]]></source>
<year>1988</year>
<volume>30</volume>
<page-range>202-15</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B6">
<label>_____</label><nlm-citation citation-type="journal">
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Una aproximación a la monitorización de la calidad asistencial, P: 2]]></article-title>
<source><![CDATA[Contr calidad asist.]]></source>
<year>1991</year>
<volume>6</volume>
<page-range>31-9</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B7">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Luft]]></surname>
<given-names><![CDATA[HS]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Hunt]]></surname>
<given-names><![CDATA[SS]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Evaluating individual hospital quality through outcome statistics]]></article-title>
<source><![CDATA[JAMA]]></source>
<year>1986</year>
<volume>255</volume>
<page-range>2780</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B8">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[De Geyndt]]></surname>
<given-names><![CDATA[W]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Managing the Quality of Health Care in Developing Countries]]></article-title>
<source><![CDATA[World Bank Technical Papers]]></source>
<year>1994</year>
<numero>258</numero>
<issue>258</issue>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B9">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Murray]]></surname>
<given-names><![CDATA[CJL]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Frenk]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[A WHO framework for health system performance assessment]]></source>
<year>2000</year>
<publisher-name><![CDATA[World Health Organization]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B10">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Jaramillo]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Gerencia y administración de servicios médicos y hospitales]]></source>
<year>1998</year>
<publisher-name><![CDATA[Editorial de la Universidad de Costa Rica, Editora Nacional de Salud y Seguridad Social]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B11">
<nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Corella]]></surname>
<given-names><![CDATA[JM]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[La Gestión de servicios de salud]]></source>
<year>1996</year>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B12">
<nlm-citation citation-type="book">
<collab>Grupo de Trabajo sobre Terminología</collab>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Glosario de Términos frecuentemente utilizados en Fármaco economía: Anexo A]]></article-title>
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Sacristán]]></surname>
<given-names><![CDATA[JA]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Badía]]></surname>
<given-names><![CDATA[X]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Rovira]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Farmacoeconómica: Evaluación económica de Medicamentos]]></source>
<year>1995</year>
<publisher-name><![CDATA[Editores Médicos S.A]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B13">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Galvéz]]></surname>
<given-names><![CDATA[AM]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Concepto de eficiencia en el contexto de la salud pública cubana: Taller; aspectos macroeconómicos de la eficiencia en salud]]></source>
<year>1999</year>
<publisher-loc><![CDATA[Ciudad de La Habana ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Escuela Nacional de Salud Pública]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B14">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Gilmore]]></surname>
<given-names><![CDATA[CM]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[De Moraes]]></surname>
<given-names><![CDATA[H]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Manual de gerencia de la calidad]]></source>
<year>1996</year>
<page-range>36-54</page-range><publisher-name><![CDATA[OPS PALTEX]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B15">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Brook]]></surname>
<given-names><![CDATA[RH]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Mc Glynn]]></surname>
<given-names><![CDATA[EA]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Cleary]]></surname>
<given-names><![CDATA[PD]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Quality of health care P. 2: Measuring quality of care]]></article-title>
<source><![CDATA[Editorial. NEJM]]></source>
<year>1996</year>
<volume>335</volume>
<numero>13</numero>
<issue>13</issue>
<page-range>966-70</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B16">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Chassin]]></surname>
<given-names><![CDATA[MR]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Quality of Health Care, Part 3: Improving the quality of care]]></article-title>
<source><![CDATA[Editorial. NEJM]]></source>
<year>1996</year>
<volume>335</volume>
<numero>14</numero>
<issue>14</issue>
<page-range>1060-63</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B17">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Kassirer]]></surname>
<given-names><![CDATA[JP]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The quality of care and the quality of measuring It Editorial]]></article-title>
<source><![CDATA[NEJM]]></source>
<year>1993</year>
<volume>329</volume>
<numero>17</numero>
<issue>17</issue>
<page-range>1263-5</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B18">
<nlm-citation citation-type="">
<source><![CDATA[NHS Performance Indicators]]></source>
<year>2000</year>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B19">
<nlm-citation citation-type="">
<collab>World Health Organization</collab>
<source><![CDATA[Glossary]]></source>
<year></year>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B20">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Lembcke]]></surname>
<given-names><![CDATA[PA]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Medición de la calidad de la atención médica mediante estadísticas vitales basadas en áreas de servicio hospitalario: 1 Estudio comparativo de las tasas de apendicectomía]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Buck]]></surname>
<given-names><![CDATA[C]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Llopis]]></surname>
<given-names><![CDATA[A]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Nájera]]></surname>
<given-names><![CDATA[E]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Terris]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[El desafío de la epidemiología. Problemas y lecturas seleccionadas]]></source>
<year>1988</year>
<page-range>972-82</page-range><publisher-name><![CDATA[Organización Panamericana de la Salud]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B21">
<nlm-citation citation-type="">
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[AHRQ Quality Indicators -Guide to inpatient quality indicators: Quality of Care in Hospitals- Volume, Mortality, and Utilization]]></article-title>
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Rockville]]></surname>
<given-names><![CDATA[MD]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Agency for Healthcare Research and Quality]]></source>
<year>2002</year>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B22">
<nlm-citation citation-type="book">
<collab>OPS/OMS</collab>
<source><![CDATA[La garantía de calidad: Acreditación de hospitales para América Latina y el Caribe]]></source>
<year>1991</year>
<publisher-name><![CDATA[Federación Latinoamericana de la Salud]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B23">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Mulligan]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Appleby]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Harrison]]></surname>
<given-names><![CDATA[A]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Editorials Measuring the performance of health systems]]></article-title>
<source><![CDATA[BMJ]]></source>
<year>2000</year>
<volume>321</volume>
<page-range>191-192</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B24">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Leatherman]]></surname>
<given-names><![CDATA[S]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Mc Carthy]]></surname>
<given-names><![CDATA[D]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Public disclosure of health care performance reports: experience, evidence and issues for policy]]></article-title>
<source><![CDATA[Int J Qual Health Care]]></source>
<year>1999</year>
<volume>11</volume>
<numero>2</numero>
<issue>2</issue>
<page-range>93-8</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B25">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Donabedian]]></surname>
<given-names><![CDATA[A]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Approaches to assessment: What to assess in evaluating the quality of medical care?]]></article-title>
<source><![CDATA[Milbank Mem Fund Quart]]></source>
<year>1986</year>
<volume>44</volume>
<page-range>167-70</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B26">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[De Moraes]]></surname>
<given-names><![CDATA[H]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Paganini]]></surname>
<given-names><![CDATA[JM]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Estándares e indicadores para la acreditación de hospitales en América Latina y el Caribe]]></source>
<year>1994</year>
<publisher-name><![CDATA[OPS/HSS]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B27">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Mauri]]></surname>
<given-names><![CDATA[I]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Santuré]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Proyecto de gestión en el hospital]]></article-title>
<source><![CDATA[Todo Hospital]]></source>
<year>1996</year>
<volume>123</volume>
<page-range>11-16</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B28">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Mant]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Process versus outcome indicators in the assessment of quality of health care]]></article-title>
<source><![CDATA[Intern J Qual Health Care]]></source>
<year>2001</year>
<volume>13</volume>
<page-range>475-80</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B29">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Rubin]]></surname>
<given-names><![CDATA[HR]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Pronovost]]></surname>
<given-names><![CDATA[P]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Diette]]></surname>
<given-names><![CDATA[GB]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Methodology Matters: From a process of care to a measure; the development and testing of a quality indicator]]></article-title>
<source><![CDATA[Intern J Qual Health Care]]></source>
<year>2001</year>
<volume>13</volume>
<page-range>489-96</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B30">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Rubin]]></surname>
<given-names><![CDATA[HR]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Pronovost]]></surname>
<given-names><![CDATA[P]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Diette]]></surname>
<given-names><![CDATA[GB]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The advantages and disadvantages of process-based measures of health care quality Intern]]></article-title>
<source><![CDATA[J Qual Health Care]]></source>
<year>2001</year>
<volume>13</volume>
<page-range>469-74</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B31">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Streiner]]></surname>
<given-names><![CDATA[DL]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Norman]]></surname>
<given-names><![CDATA[R]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Health Measurement Scales: A practical guide to their development and use]]></source>
<year>1995</year>
<edition>2</edition>
<publisher-name><![CDATA[New York Oxford University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B32">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Delamothe]]></surname>
<given-names><![CDATA[T]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Using outcomes research in clinical practice]]></article-title>
<source><![CDATA[BMJ]]></source>
<year>1994</year>
<volume>308</volume>
<page-range>1583-84</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B33">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Orchard]]></surname>
<given-names><![CDATA[C]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Comparing healthcare outcomes]]></article-title>
<source><![CDATA[BMJ]]></source>
<year>1994</year>
<volume>308</volume>
<page-range>1493-6</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B34">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[McKee]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Measuring the efficiency of health systems]]></article-title>
<source><![CDATA[BMJ]]></source>
<year>2001</year>
<volume>323</volume>
<page-range>295-6</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B35">
<nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Donabedian]]></surname>
<given-names><![CDATA[A]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Una exploración conceptual]]></article-title>
<source><![CDATA[La calidad de la atención médica]]></source>
<year>1982</year>
<page-range>1-39</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B36">
<nlm-citation citation-type="">
<collab>World Health Organization</collab>
<source><![CDATA[Concepts, methods and debates]]></source>
<year></year>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B37">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Waxman]]></surname>
<given-names><![CDATA[H]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[An inexpensive hospital-based program for outcome evaluation]]></article-title>
<source><![CDATA[Hosp Comm Psych]]></source>
<year>1994</year>
<volume>45</volume>
<numero>2</numero>
<issue>2</issue>
<page-range>160-62</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B38">
<nlm-citation citation-type="">
<source><![CDATA[Using outcomes assessment for quality improvement Outcomes Assessment in Clinical Practice: Sederer and Dickey]]></source>
<year>1996</year>
<page-range>25-33</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B39">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Larsen]]></surname>
<given-names><![CDATA[DL]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Attkisson]]></surname>
<given-names><![CDATA[CC]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Hargreaves]]></surname>
<given-names><![CDATA[WA]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Nguyen]]></surname>
<given-names><![CDATA[TD]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Assessment of client/patient satisfaction: development of a general scale]]></article-title>
<source><![CDATA[Eval Prog Planning]]></source>
<year>1979</year>
<volume>2</volume>
<page-range>197-202</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B40">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Derogatis]]></surname>
<given-names><![CDATA[LR]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Melisaratos]]></surname>
<given-names><![CDATA[N]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The brief symptom inventory: an introductory report]]></article-title>
<source><![CDATA[Psychol Med]]></source>
<year>1993</year>
<volume>13</volume>
<page-range>595-605</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B41">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Ware]]></surname>
<given-names><![CDATA[JE]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Sherbourne]]></surname>
<given-names><![CDATA[CD]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The MOS 36-item short-form health survey (SF-36)]]></article-title>
<source><![CDATA[Med Care]]></source>
<year>1992</year>
<volume>30</volume>
<page-range>473-483</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B42">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Salomon]]></surname>
<given-names><![CDATA[L]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Gasquet]]></surname>
<given-names><![CDATA[I]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Mesbah]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Ravaud]]></surname>
<given-names><![CDATA[P]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Construction of a scale measuring inpatients&#8217; opinion on quality of care]]></article-title>
<source><![CDATA[Intern J Qual Health Care]]></source>
<year>1999</year>
<volume>11</volume>
<numero>6</numero>
<issue>6</issue>
<page-range>507-16</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B43">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Nathorst-Böös]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Munck]]></surname>
<given-names><![CDATA[IME]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Eckerlund]]></surname>
<given-names><![CDATA[I]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Ekfeldt-Sandberg]]></surname>
<given-names><![CDATA[C]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[An evaluation of the QSP and the QPP: two methods for measuring patient satisfaction]]></article-title>
<source><![CDATA[Intern J Quality in Health Care]]></source>
<year>2001</year>
<volume>13</volume>
<page-range>257-64</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B44">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Hendriks]]></surname>
<given-names><![CDATA[AJ]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Oort]]></surname>
<given-names><![CDATA[FJ]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Vrielink]]></surname>
<given-names><![CDATA[MR]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Smets]]></surname>
<given-names><![CDATA[EMA]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Reliability and validity of the satisfaction with hospital care questionnaire]]></article-title>
<source><![CDATA[Intern J Quality in Health Care]]></source>
<year>2002</year>
<volume>14</volume>
<page-range>471-82</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B45">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Palmer]]></surname>
<given-names><![CDATA[H]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Using health outcomes data to compare plans, networks and providers]]></article-title>
<source><![CDATA[Intern J Quality in Health Care]]></source>
<year>1998</year>
<volume>10</volume>
<numero>6</numero>
<issue>6</issue>
<page-range>477-83</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B46">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Ríos]]></surname>
<given-names><![CDATA[NE]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Estadísticas Hospitalarias: Indicadores de Salud Pública, selección de artículos]]></source>
<year>1987</year>
<page-range>93-108</page-range><publisher-loc><![CDATA[Ciudad de La Habana ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[ISCM-H. Facultad de Salud Pública]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B47">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Thomas]]></surname>
<given-names><![CDATA[WJ]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Guire]]></surname>
<given-names><![CDATA[KE]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Howart]]></surname>
<given-names><![CDATA[GG]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Is patient length of stay related to quality of care?]]></article-title>
<source><![CDATA[Hosp Health Serv Admin]]></source>
<year>1997</year>
<volume>42</volume>
<numero>4</numero>
<issue>4</issue>
<page-range>489-507</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B48">
<nlm-citation citation-type="">
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Hospital Efficiency Index: LOS efficiency Index]]></article-title>
<source><![CDATA[]]></source>
<year></year>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B49">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Iezzoni]]></surname>
<given-names><![CDATA[LI]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Risk adjustment for measuring healthcare outcomes]]></source>
<year>1997</year>
<edition>2</edition>
<publisher-name><![CDATA[Health Administration Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B50">
<nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Rodríguez Rivera]]></surname>
<given-names><![CDATA[L]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[La clínica y su método: Reflexiones sobre dos épocas]]></source>
<year>1999</year>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B51">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Shaffer]]></surname>
<given-names><![CDATA[F]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[DRGs: history and overview]]></article-title>
<source><![CDATA[Nurs Health Care]]></source>
<year>1983</year>
<volume>4</volume>
<numero>7</numero>
<issue>7</issue>
<page-range>388-96</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B52">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Gonella]]></surname>
<given-names><![CDATA[JS]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Louis]]></surname>
<given-names><![CDATA[DZ]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Disease staging applications for utilization review and quality assurance]]></article-title>
<source><![CDATA[JAMA]]></source>
<year>1984</year>
<volume>251</volume>
<numero>5</numero>
<issue>5</issue>
<page-range>637-44</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B53">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Horn]]></surname>
<given-names><![CDATA[SD]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Sharkey]]></surname>
<given-names><![CDATA[PD]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Bertran]]></surname>
<given-names><![CDATA[DA]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Measuring severity of illness: Homogeneous case mix groups]]></article-title>
<source><![CDATA[Med Care]]></source>
<year>1983</year>
<volume>21</volume>
<numero>1</numero>
<issue>1</issue>
<page-range>14-30</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B54">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Horn]]></surname>
<given-names><![CDATA[SD]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Horn]]></surname>
<given-names><![CDATA[RA]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Reliability and validity of the severity of illness index]]></article-title>
<source><![CDATA[Med Care]]></source>
<year>1986</year>
<volume>24</volume>
<numero>2</numero>
<issue>2</issue>
<page-range>159-78</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B55">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Knaus]]></surname>
<given-names><![CDATA[WA]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Zimmerman]]></surname>
<given-names><![CDATA[JE]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[APACHE: acute physiology and chronic health evaluation; a phisiologically based classification system]]></article-title>
<source><![CDATA[Crit Care Med]]></source>
<year>1981</year>
<volume>9</volume>
<page-range>591-97</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B56">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Salemi]]></surname>
<given-names><![CDATA[C]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Morgan]]></surname>
<given-names><![CDATA[JW]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Kelleghan]]></surname>
<given-names><![CDATA[SI]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Hiebert-Crape]]></surname>
<given-names><![CDATA[B]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Severity of Illness classification for infection control departments: a study in nosocomial penumonia]]></article-title>
<source><![CDATA[Am J Infect Control]]></source>
<year>1993</year>
<volume>21</volume>
<numero>3</numero>
<issue>3</issue>
<page-range>117-26</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B57">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Schumacher]]></surname>
<given-names><![CDATA[DN]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Parker]]></surname>
<given-names><![CDATA[B]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Kofie]]></surname>
<given-names><![CDATA[V]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[munns]]></surname>
<given-names><![CDATA[JM]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Severity of illness index and the adverse patients ocurrence index: A reliability study and policy implications]]></article-title>
<source><![CDATA[Med Care]]></source>
<year>1987</year>
<volume>25</volume>
<page-range>695-704</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B58">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Jiménez]]></surname>
<given-names><![CDATA[RE]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Vázquez]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Fariñas]]></surname>
<given-names><![CDATA[H]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Construcción y validación de un índice de gravedad para pacientes hospitalizados en áreas clínicas]]></article-title>
<source><![CDATA[Gaceta Sanitaria]]></source>
<year>1997</year>
<volume>11</volume>
<page-range>122-30</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B59">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Jiménez]]></surname>
<given-names><![CDATA[RE]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Domínguez]]></surname>
<given-names><![CDATA[E]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Fariñas]]></surname>
<given-names><![CDATA[H]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Fuentes]]></surname>
<given-names><![CDATA[E]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Construcción y validación de un índice de gravedad para pacientes hospitalizados en áreas quirúrgicas]]></article-title>
<source><![CDATA[Rev Cubana Salud Púb]]></source>
<year>1999</year>
<volume>25</volume>
<numero>2</numero>
<issue>2</issue>
<page-range>154-66</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B60">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Pascua]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Metodología Bioestadística]]></source>
<year>1974</year>
<edition>2</edition>
<page-range>142-7</page-range><publisher-name><![CDATA[Editorial Paz Montalvo]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B61">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Des Harnais]]></surname>
<given-names><![CDATA[SI]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Mc Mahon]]></surname>
<given-names><![CDATA[LF]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Wroblewski]]></surname>
<given-names><![CDATA[RT]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Measuring outcomes of hospital care using multiple risk-adjusted indexes]]></article-title>
<source><![CDATA[Health Serv Res]]></source>
<year>1991</year>
<volume>26</volume>
<numero>4</numero>
<issue>4</issue>
<page-range>425-45</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B62">
<nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Silva]]></surname>
<given-names><![CDATA[LC]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Excursión a la regresión logística en ciencias de la salud]]></source>
<year>1995</year>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B63">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Jiménez]]></surname>
<given-names><![CDATA[RE]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[López]]></surname>
<given-names><![CDATA[L]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Domínguez]]></surname>
<given-names><![CDATA[D]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Fariñas]]></surname>
<given-names><![CDATA[H]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Observed-predicted length of stay as an indicator of impatient care inefficiencies]]></article-title>
<source><![CDATA[Int J Qual Health Care]]></source>
<year>1999</year>
<volume>11</volume>
<numero>5</numero>
<issue>5</issue>
<page-range>375-84</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B64">
<nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Muri]]></surname>
<given-names><![CDATA[JH]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[White]]></surname>
<given-names><![CDATA[JS]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Pezzullo]]></surname>
<given-names><![CDATA[JC]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Buechner]]></surname>
<given-names><![CDATA[JS]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Summary report: hospital care trends in quality indicators for health care in Rhode Island (1994-1998): hospital care, access to care and utilization of inpatient procedures]]></source>
<year>2001</year>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B65">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[García-Eroles]]></surname>
<given-names><![CDATA[L]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Illa]]></surname>
<given-names><![CDATA[C]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Arias]]></surname>
<given-names><![CDATA[A]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Casas]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Los Top 20 2000: objetivos, ventajas y limitaciones del método]]></article-title>
<source><![CDATA[Rev Calidad Asist]]></source>
<year>2001</year>
<volume>16</volume>
<page-range>107-16</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B66">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Dubois]]></surname>
<given-names><![CDATA[RW]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Brook]]></surname>
<given-names><![CDATA[RH]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Rogers]]></surname>
<given-names><![CDATA[WH]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Adjusted hospital death rates: A potential screen for quality of Medical Care]]></article-title>
<source><![CDATA[Am J Publ Health]]></source>
<year>1987</year>
<volume>77</volume>
<numero>9</numero>
<issue>9</issue>
<page-range>1162-1624</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B67">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Best]]></surname>
<given-names><![CDATA[WR]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Cowper]]></surname>
<given-names><![CDATA[DC]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The ratio of observed-to-expected mortality as a quality of care indicator in non-surgical VA patients]]></article-title>
<source><![CDATA[Med Care]]></source>
<year>1994</year>
<volume>32</volume>
<numero>4</numero>
<issue>4</issue>
<page-range>390-400</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B68">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Thomas]]></surname>
<given-names><![CDATA[WI]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Hofer]]></surname>
<given-names><![CDATA[TP]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Accuracy of risk-adjusted mortality rate as a measure of hospital quality of care]]></article-title>
<source><![CDATA[Med Care]]></source>
<year>1999</year>
<volume>37</volume>
<numero>19</numero>
<issue>19</issue>
<page-range>83-92</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B69">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Lied]]></surname>
<given-names><![CDATA[TR]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Kazandjian]]></surname>
<given-names><![CDATA[VA]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Hohman]]></surname>
<given-names><![CDATA[SF]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Impact of risk adjusted clinical outcomes methodology quality measures on hospital mortality data: a statistical and case study approach]]></article-title>
<source><![CDATA[Am J Med Qual]]></source>
<year>1999</year>
<volume>14</volume>
<numero>6</numero>
<issue>6</issue>
<page-range>255-61</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B70">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Ludke]]></surname>
<given-names><![CDATA[RL]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Booth]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Relationship betwen early readmission and hospital quality of care indicators]]></article-title>
<source><![CDATA[Inquiry,]]></source>
<year>1993</year>
<volume>30</volume>
<page-range>95-103</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B71">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Thomas]]></surname>
<given-names><![CDATA[JW]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Holloway]]></surname>
<given-names><![CDATA[JJ]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Investigating early readmission as an indicator for quality of care studies]]></article-title>
<source><![CDATA[Med Care]]></source>
<year>1991</year>
<volume>29</volume>
<numero>4</numero>
<issue>4</issue>
<page-range>377-94</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B72">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Weissman]]></surname>
<given-names><![CDATA[JS]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Ayanian]]></surname>
<given-names><![CDATA[JZ]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Chasan-Taber]]></surname>
<given-names><![CDATA[S]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Sherwood]]></surname>
<given-names><![CDATA[MJ]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Roth]]></surname>
<given-names><![CDATA[C]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Epstein]]></surname>
<given-names><![CDATA[AM]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Hospital readmissions and quality of care]]></article-title>
<source><![CDATA[Med Care]]></source>
<year>1999</year>
<volume>37</volume>
<numero>5</numero>
<issue>5</issue>
<page-range>490-501</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B73">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Benbassat]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Taragin]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Hospital readmissions as a measure of quality of health care: advantages and limitations]]></article-title>
<source><![CDATA[Arch Intern Med]]></source>
<year>2000</year>
<volume>160</volume>
<numero>8</numero>
<issue>8</issue>
<page-range>1074-81</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B74">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Almenara-Barrios]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[García-Ortega]]></surname>
<given-names><![CDATA[C]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[González-Caballero]]></surname>
<given-names><![CDATA[JL]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Abellán-Hervas]]></surname>
<given-names><![CDATA[MJ]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Creación de indicadores de gestión hospitalaria mediante análisis decomponentes principales]]></article-title>
<source><![CDATA[Salud Púb Méx]]></source>
<year>2002</year>
<volume>44</volume>
<numero>6</numero>
<issue>6</issue>
<page-range>533-40</page-range></nlm-citation>
</ref>
</ref-list>
</back>
</article>
