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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Reflexiones en torno a la eutanasia como problema de salud pública: euthanasia]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The paper describes how the term euthanasia has served in the course of history to refer to an endless number of concepts related with death, however, this term has moved away from the original concept and even has meant all the opposite to what it etymologically describes. Ambiguity is the distinctive sing of the term and the concept of euthanasia in our times. It is emphasized that when man assesses the dignity of his life, he will assess also the right of each human being to die with dignity, which is the real meaning of euthanasia given by the Greek culture. If euthanasia is understood in this way, then it constitutes an unavoidable ethical demand. It is concluded that the act of dying should be assumed as a transcendental moment in the life of the person, the family and the social group and that for dignifying death, it is essential to firstly dignify the life of each person by offering him/her all the necessary conditions that lead to full enjoyment of life because &#8220;all the length of time that we are living, we are taking it away from life]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p><img src="/img/revistas/rcsp/v30n1/vi_de.jpg" width="303" height="48"></p>    
<p>Universidad  Central de Ecuador</p><h2>Reflexiones en torno a la eutanasia como problema de  salud p&uacute;blica </h2>    <p><a href="#cargo">Dimitri Barreto Vaquero<span class="superscript">1</span></a><span class="superscript"><a name="autor"></a></span></p><h4>Resumen</h4>    <p>Se  expone c&oacute;mo, a lo largo de la historia, el t&eacute;rmino eutanasia ha  servido para referirse a infinidad de conceptos relacionados con la muerte, separ&aacute;ndose  de la concepci&oacute;n inicial y llegando incluso a significar todo lo contrario  de lo que etimol&oacute;gicamente describe. La ambig&uuml;edad es el signo distintivo  del t&eacute;rmino y el concepto de eutanasia en nuestros d&iacute;as. Se hace  &eacute;nfasis en que, cuando el hombre valora la dignidad de su vida, valorar&aacute;  tambi&eacute;n el derecho de cada ser humano a morir con dignidad, que es lo que  la cultura griega denomin&oacute; realmente como eutanasia, que as&iacute; comprendida  constituye una exigencia &eacute;tica ineludible. Se concluye que el acto de morir  debe ser asumido como un momento trascendente en la vida de la persona, la familia  y el grupo social; y que para dignificar la muerte es imperativo dignificar primero  la vida de cada persona, ofreci&eacute;ndole todas las condiciones que conlleven  la plenitud de la existencia porque &#147;todo el tiempo que vivimos, se lo quitamos  a la vida&#148;.</p>    <p><i>DeCS</i>: EUTANASIA; MUERTE; SALUD PUBLICA.</p><h4>Introducci&oacute;n</h4>    <p>El  <i>Centauro Quir&oacute;n</i>, siendo un Dios era inmortal, sin embargo, sufri&oacute;  una herida incurable causada por una flecha que <i>Heracles</i> dirigi&oacute;  contra otro centauro, <i>Elatos</i>. El sufrimiento que la herida le causaba era  intolerable, ante lo cual <i>Apolo</i> le concedi&oacute; el don de la mortalidad.  Pero <i>Apolo</i> no termin&oacute; con la existencia de <i>Quir&oacute;n </i>para  liberarle de sus dolencias, sino que le dio la libertad de vivir, a pesar del  sufrimiento, para que, basado en su propia experiencia, mitigara el dolor de los  dem&aacute;s. M&aacute;s tarde, <i>Quir&oacute;n</i> ofrendar&aacute; su vida  para liberar a <i>Prometeo</i>, el h&eacute;roe encadenado por haber pretendido  robar el fuego de los dioses.     <br> </p>    <p>El mito de <i>Quir&oacute;n </i>nos  presenta el drama de la especie humana: la vida, el sufrimiento, la muerte. El  hombre es el &uacute;nico ser vivo que tiene conciencia de finitud, de ah&iacute;  deviene la incesante preocupaci&oacute;n por la muerte hasta tal punto de haber  dejado de ser un proceso estrictamente natural, para convertirse en un aut&eacute;ntico  acontecimiento cultural. El saberse finito le ha llevado a crear un conjunto de  mitos y de ritos, que van desde el desconcierto hasta la idea de la inmortalidad;  a la vez que a la construcci&oacute;n de una aut&eacute;ntica cultura than&aacute;tica,  en la que, al mismo tiempo que demuestra su temor, evidencia su respeto ante lo  inevitable de la muerte individual. <i>Karl Popper</i> sintetiza con propiedad  esta situaci&oacute;n, al se&ntilde;alar que: &#147;la conciencia del yo va de  la mano de que yo &#150;el yo&#150; morir&eacute;; y a la luz de ello podremos  comprender mejor la idea del cuidado otorgado a los muertos&#148;.<span class="superscript">1</span>    <br>  </p>    <p>Al valorar la vida, el hombre, de alguna manera se acomoda al hecho de  que ha de morir, y es la certeza pr&aacute;ctica de la muerte la que contribuye  en gran medida a dar valor a su existencia y especialmente a la existencia de  las otras personas. Dif&iacute;cilmente se podr&iacute;a valorar la vida si &eacute;sta  estuviese abocada a proseguir por siempre. La conciencia de finitud es la que  confiere mayor valor a la vida e incluso al sufrimiento final de la muerte. Ah&iacute;  radica el sentido de la existencia humana. El valorar la vida nos hace respetar  la muerte y considerarla como constataci&oacute;n de la vida. S&oacute;lo mueren  los que est&aacute;n vivos y todo el que est&aacute; vivo necesariamente esta  destinado a morir. Por lo tanto de ninguna manera la muerte es la derrota de la  vida sino su confirmaci&oacute;n: &#147;porque, al decir de <i>Khalil Gibr&aacute;n</i>,  la vida y la muerte son una, as&iacute; como son uno el r&iacute;o y el mar.&#148;    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  </p>    <p>Cuando el hombre valora la dignidad de su vida, valorar&aacute; tambi&eacute;n  el derecho de cada ser humano a morir con dignidad, que es lo que la cultura griega  denomin&oacute; como eutanasia, que as&iacute; comprendida constituye una exigencia  &eacute;tica ineludible. Sin embargo, a lo largo de la historia este t&eacute;rmino  ha servido para referirse a infinidad de conceptos relacionados con la muerte,  separ&aacute;ndose de la concepci&oacute;n inicial y llegando incluso a significar  todo lo contrario de lo que etimol&oacute;gicamente describe. La ambig&uuml;edad  es el signo distintivo del t&eacute;rmino y el concepto de eutanasia en nuestros  d&iacute;as.</p><h4>Antecedentes hist&oacute;ricos</h4>    <p>Basta una ligera revisi&oacute;n  de algunos vocablos, en cuya construcci&oacute;n se utiliza el mismo prefijo griego,  eu, para demostrar que la cultura griega le confiri&oacute; un valor positivo  y al complementarlo con el correspondiente sufijo, expresaba en forma taxativa  una intencionalidad beneficiosa en cada acci&oacute;n descrita. Muchas de dichas  acciones est&aacute;n relacionadas con la medicina, as&iacute;:</p><ul>     <li><i>Eucrasia</i>:  buena constituci&oacute;n.</li>    <li><i>Eeupepsia</i>: buena digesti&oacute;n.</li>    <li><i>Euritmia</i>:  justo equilibrio de las facultades.</li>    <li><i>Eutimia</i>: equilibrio de los  afectos.</li>    <li><i>Eufon&iacute;a</i>: sucesi&oacute;n arm&oacute;nica de sonidos.</li>    <li><i>Eugenesia</i>:  buen nacimiento, buen origen.</li>    <li><i>Eubasia</i>: marcha correcta.</li>    ]]></body>
<body><![CDATA[</ul>    <p>En  todos estos conceptos est&aacute; impl&iacute;cita la condici&oacute;n de normalidad  natural. Para significar lo contrario se utiliza el prefijo dis, con lo cual se  construyen palabras como <i>discrasia</i>, <i>distimia</i>, <i>disbasia</i>, <i>diston&iacute;a</i>  y desde luego distanasia, cuyo significado puede ser el de proceso de muerte con  sufrimiento, sin dignidad, fuera del orden natural.    <br> </p>    <p>La mayor&iacute;a  de los conceptos significados con vocablos en cuya construcci&oacute;n se utiliza  el prefijo griego <i>eu</i>, mantienen la concepci&oacute;n original y en la cultura  occidental, especialmente en el l&eacute;xico m&eacute;dico, sirven para describir  hechos y situaciones positivas. No ocurre lo mismo con dos conceptos: <i>eutanasia</i>  y <i>eugenesia</i>, que son utilizados en forma tan diversa y extra&ntilde;a,  quedando totalmente distantes de su concepto primigenio. La distorsi&oacute;n  m&aacute;s severa se constata con el primer t&eacute;rmino.    <br> </p>    <p>En la cultura  griega, la eutanasia se constituy&oacute; en objeto de deseo y de petici&oacute;n  de todas las personas sensatas, pues se refer&iacute;a a una muerte buena, en  la que se han atenuado los sufrimientos extremos; de ninguna manera era una muerte  provocada bajo la premisa de la compasi&oacute;n, ni una muerte decidida por los  m&eacute;dicos. <i>Cicer&oacute;n</i> en su carta a <i>&Aacute;tico</i> emplea  la palabra eutanasia, como sin&oacute;nimo de muerte digna, honesta y gloriosa.<span class="superscript">2</span>    <br>  </p>    <p>En el Renacimiento, el concepto de eutanasia adquiere su real significado  y se considera como tal al buen morir, en el sentido f&iacute;sico, como el &uacute;ltimo  proceso de la salud y la vida del hombre. Siendo la muerte el &uacute;ltimo acto  de la vida, hay que ayudar al moribundo con todos los recursos disponibles para  una muerte digna y sin sufrimiento.2    <br> </p>    <p>En el siglo XIX, <i>Karl Friedrich  Marx </i>retoma el concepto de eutanasia y en su tesis doctoral titulada &#147;Eutanasia  M&eacute;dica&#148;, propone la obligatoriedad de ense&ntilde;ar a los m&eacute;dicos  a cuidar t&eacute;cnica y humanamente a los enfermos que est&aacute;n en fase  terminal de su vida.<span class="superscript">3</span></p><h4>El uso perverso  del t&eacute;rmino</h4>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Dif&iacute;cil es intentar una explicaci&oacute;n convincente  al cambio del significado del t&eacute;rmino eutanasia desde sus or&iacute;genes  hasta nuestros d&iacute;as. &iquest;Por qu&eacute; secreta raz&oacute;n se cambia  en el curso de los siglos el significado de la palabra griega que quiere decir:  bondad, dignidad, honestidad al momento de morir, para descender a decir muerte  provocada, muerte decidida por el m&eacute;dico, muerte por piedad o compasi&oacute;n?    <br>  </p>    <p>Con mucha raz&oacute;n <i>Rabinovich</i><span class="superscript"><i>4</i></span>  se&ntilde;ala &#147;que el t&eacute;rmino &#145;eutanasia&#146;, a pesar de su  noble origen griego ha quedado cargado de connotaciones harto desagradables, desde  que los nazis la usaron para denominar los aberrantes procedimientos por medio  de los cuales comenzaron exterminando a numerosos discapacitados f&iacute;sicos  y mentales, en muchos casos esgrimiendo la hip&oacute;crita m&aacute;scara de  una supuesta piedad para con aquellos infortunados, cuya vida s&oacute;lo les  reportar&iacute;a un in&uacute;til sufrimiento&#148;. Efectivamente, Hitler, el  1 de septiembre de 1939 ordena lo siguiente: &#147;El consejero del Partido Bouhler  y el Dr. Brandt asumir&aacute;n la responsabilidad de ampliar sus atribuciones  a los m&eacute;dicos designados expresamente para que razonablemente otorguen  &#145;la muerte clemente&#146; a enfermos incurables despu&eacute;s de juzgar  cr&iacute;ticamente su estado patol&oacute;gico.&#148;<span class="superscript">5</span>  Bajo este mandato murieron miles y miles de seres inocentes y este detestable  proceder fue cubierto bajo el membrete de eutanasia.     <br> </p>    <p>Como uno de los  antecedentes para esta pol&iacute;tica hitleriana est&aacute; el libro <i>Permiso  para destruir las vidas carentes de valor vital</i>, publicado en 1920 por <i>Karl  Binding</i> y <i>Alfred Hoche</i>, quienes abogan por exterminar a todos los enfermos  incurables, los enfermos mentales, los retrasados ps&iacute;quicos y los ni&ntilde;os  deformes, argumentando que dichas medidas constituyen una aut&eacute;ntica obra  de higiene p&uacute;blica. Cabe resaltar que estos autores no tuvieron la osad&iacute;a  de llamar eutanasia a este proceder.    <br> </p>    <p>Lo que sorprende es que a partir  de la utilizaci&oacute;n perversa del t&eacute;rmino eutanasia, la medicina occidental  haya incorporado la misma concepci&oacute;n nazi para referirse a procedimientos  cuestionables y pol&eacute;micos y que, al decir de <i>Rabinovich</i>, tienen  una denominaci&oacute;n mucho m&aacute;s franca y universal, cuando afirma que:  &#147;la muerte es un hecho inevitable y cierto desde el punto de vista de su  acontecer. De modo que de lo que se trata en realidad, cuando de &#145;eutanasia&#146;  se habla, no es de la muerte en s&iacute;, sino de los actos concretos del sujeto  o de terceros tendientes a provocarla o a anticiparla, o a evitar su postergaci&oacute;n.  De donde resultar&iacute;a mucho m&aacute;s l&oacute;gico hablar de supuestos  especiales de homicidio o de suicidio, con lo que se pondr&iacute;a el acento  en las conductas que desembocar&aacute;n en la producci&oacute;n o anticipaci&oacute;n  de la muerte, m&aacute;s que en su resultado&#148;.<span class="superscript">4</span>    <br>  </p>    <p>Una interesante comparaci&oacute;n efect&uacute;a <i>James Drane</i>,<span class="superscript">6</span>  en su trabajo sobre el cuidado del paciente terminal, cuando describe un supuesto  episodio en que un hombre acude a un hospital y dispara contra su hermano que  sufre una dolorosa agon&iacute;a por un proceso neopl&aacute;sico. Termin&oacute;  con la vida del sufriente por compasi&oacute;n, pero esta intencionalidad no cambia  el t&eacute;rmino legal para tal acci&oacute;n: asesinato. &iquest;No tiene acaso  el mismo alcance y la misma intencionalidad si un m&eacute;dico hubiese, por compasi&oacute;n,  apresurado la muerte del paciente? Surge de inmediato una nueva pregunta: &iquest;Por  qu&eacute; se da distinto juicio de valor a dos actos que tienen la misma premisa  &#150;acortar el sufrimiento&#150; y el mismo fin &#150;la muerte del paciente?</p><h4>Los  usos actuales del t&eacute;rmino</h4>    <p>El modelo m&eacute;dico hegem&oacute;nico,  centrado en el hospital como escenario, con una tecnolog&iacute;a de gran complejidad  como instrumento de trabajo y con el f&aacute;rmaco como medio terap&eacute;utico  dominante, ha determinado un cambio en muchos patrones culturales muy arraigados  para ser sustituidos por nuevos paradigmas, pr&aacute;cticas, mitos y ritos. El  modelo cl&aacute;sico del hospital moderno supone la obediencia indiscutida a  la autoridad m&eacute;dica para solucionar todas situaciones que surgen de la  enfermedad. La mayor&iacute;a de las veces los enfermos internados en un hospital,  en virtud de su enfermedad, est&aacute;n incapacitados para tomar sus propias  decisiones y dependen del poder y la acci&oacute;n del m&eacute;dico y del resto  de personal, consecuentemente se convierten en personas hacia quienes y para quienes  hay que hacer las cosas y por lo tanto en receptores pasivos de los cuidados m&eacute;dicos.<span class="superscript">7</span>  La agon&iacute;a y la muerte son momentos fuertemente impactados por el poder  m&eacute;dico. De un acto familiar y compartido pas&oacute; a ser un acto privado,  recluido en una sala de hospital, bajo la tutela y responsabilidad del m&eacute;dico  y la asistencia del personal de enfermer&iacute;a, sin la presencia de los familiares  del moribundo. La agon&iacute;a se convirti&oacute; en vergonzosa y por lo tanto  impropia de ser compartida por los m&aacute;s &iacute;ntimos. El hospital pas&oacute;  a convertirse en el escenario obligado para la muerte y el m&eacute;dico una especie  de conductor del proceso, concedi&eacute;ndosele en forma paulatina la posibilidad  de poder determinar la hora y el momento de la misma, contrariando el hecho de  que la muerte no es primeramente un evento m&eacute;dico o cient&iacute;fico,  sino un evento personal, cultural e incluso religioso.<span class="superscript">8</span>  A esta posibilidad se le ha designado como eutanasia, desfigurando por completo  el sentido original de la palabra. La muerte se ha medicalizado.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </p>    <p>Este  mismo proceso de medicalizaci&oacute;n determina una posici&oacute;n extrema y  contraria a la mal denominada eutanasia, al considerar que es &eacute;ticamente  exigible todo lo que es t&eacute;cnicamente posible, lo que <i>Hans Jonas</i>  denomin&oacute; &#147;imperativo tecnol&oacute;gico&#148;, que lleva a la obstinaci&oacute;n  terap&eacute;utica.<span class="superscript">9</span> Muchas de estas conductas  extremas del personal m&eacute;dico se sustentan en consideraciones altruistas,  pero no pocas pecan de anti&eacute;ticas puesto que en ellas predominan intereses  econ&oacute;micos y particulares, antes que el aut&eacute;ntico beneficio del  paciente. Nos encontramos, por lo tanto, ante la realidad de quedar atrapados  en un mecanismo inexorable de alta tecnolog&iacute;a que obliga a soportar agon&iacute;as  largas a un costo elevado y aisladas del contacto familiar.<span class="superscript">6</span>    <br>  </p>    <p>La ambig&uuml;edad en torno al t&eacute;rmino y concepto eutanasia es tan  grande hasta encontrar flagrantes contradicciones y lugar a confusiones. La Real  Academia Espa&ntilde;ola la define como: &#147;muerte sin sufrimiento f&iacute;sico  y, en sentido restrictivo, la que se provoca voluntariamente&#148;. Por su parte  <i>Fernando Lolas</i>, un pionero de la Bio&eacute;tica Latinoamericana, la define  como: &#147;un estado de plenitud y acuerdo consigo mismo que permite considerar  la muerte como un pasaje obligado de la condici&oacute;n humana&#148;.<span class="superscript">10</span>  Para el Profesor de Medicina Legal de la Universidad de Valladolid, <i>Javier  Vega Guti&eacute;rrez</i>, &#147;eutanasia es aquella acci&oacute;n u omisi&oacute;n  encaminada a dar la muerte, de una manera indolora, a los enfermos incurables&#148;.  Seg&uacute;n la Organizaci&oacute;n M&eacute;dica Colegial (Espa&ntilde;a), &#147;la  eutanasia es quitar la vida a un paciente mediante una acci&oacute;n que se ejecuta  o mediante la omisi&oacute;n de una intervenci&oacute;n m&eacute;dica obligada.  En uno y otro caso se provoca deliberadamente la muerte a un paciente&#148;. Los  psiquiatras, <i>Kaplan </i>y <i>Sadock</i><span class="superscript">11</span>  se&ntilde;alan que &#147;eutanasia significa permitir, acelerar o provocar la  muerte de otro por compasi&oacute;n&#148;.    <br> </p>    <p>Infinidad de clasificaciones  se han hecho en torno a esta sui g&eacute;neris concepci&oacute;n de la eutanasia,  as&iacute; podemos enumerar:</p><ul>     <li> Voluntaria, si el paciente la solicita.</li>    <li>  No voluntaria, si la decisi&oacute;n se toma sin su conocimiento.</li>    <li> Involuntaria,  cuando se opone a los deseos del paciente.</li>    <li> Pasiva, al no administrar  o suspender las medidas extraordinarias para prolongar la vida.</li>    ]]></body>
<body><![CDATA[<li> Activa,  al aplicar medidas que est&aacute;n destinadas a terminar con la existencia del  paciente.</li>    <li> Aut&oacute;noma, que surge por iniciativa del moribundo.</li>    <li>  Heter&oacute;gena, decidida y ejecutada por otro.</li>    </ul>    <p>La eutanasia voluntaria  o aut&oacute;noma apoyada por el m&eacute;dico constituye el denominado suicidio  asistido. Para <i>Rabinovich</i> la eutanasia no voluntaria, involuntaria, o heter&oacute;gena  entra de lleno en el campo del homicidio.<span class="superscript">4</span> Desde  una perspectiva &eacute;tica, la muerte provocada por otro, as&iacute; sea por  compasi&oacute;n, no es aceptable y ha merecido la condena en la mayor&iacute;a  de las sociedades. Un acto socialmente condenado no puede ser valorado como <i>eu</i>,  es decir, como bueno. Una muerte provocada por cualquier motivo, no puede ser  catalogada como buena, por lo tanto no puede ser eutanasia.    <br> </p>    <p>Frente  a semejante confusi&oacute;n se han acu&ntilde;ado otros t&eacute;rminos que intentan  clarificar las diferentes posibilidades del acto de morir, muchos de los cuales  han contribuido a incrementar el desconcierto. Algunos llaman &#147;ortotanasia&#148;  a la muerte que ocurre a su tiempo, sin acortar la vida y sin alargarla innecesariamente  mediante medios extraordinarios. Al alargamiento de la vida mediante medios despro-porcionados  se le conoce con el nombre de &#147;ensa&ntilde;amiento terap&eacute;utico&#148;,  &#147;encarnizamiento terap&eacute;utico&#148; u &#147;obstinaci&oacute;n terap&eacute;utica&#148;.  Como distanasia se considera al aprecio a la vida humana sin el derecho a morir  dignamente.<span class="superscript">2</span>    <br> </p>    <p>El cuidado solidario  del paciente terminal orientado a no precipitar ni alargar en forma indebida la  muerte, que incluye el control de sus dolencias f&iacute;sicas y reacciones emocionales,  procurando mantener la mayor actividad posible, la comunicaci&oacute;n y la participaci&oacute;n  familiar ha recibido el nombre de &#147;cuidados paliativos&#148;, que en estricto  rigor vendr&iacute;a a constituir lo que originariamente fue concebido como eutanasia.</p><h4>La  necesidad de recuperar el significado original</h4>    <p>Nacer es empezar a morir;  el &uacute;ltimo momento de nuestra existencia es consecuencia del primero. Ambos  acontecimientos son trascendentes y por lo tanto, deben estar rodeados de todas  las condiciones que los dignifiquen, porque ambos son expresiones de la vida.  El uno, por ser inicio, es motivo de satisfacci&oacute;n social, el otro, por  ser final, es causa de sufrimiento y pesar. Dif&iacute;cil, cuando no imposible,  resulta pensar en qu&eacute; ser&iacute;a la vida sin la muerte.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </p>    <p>La  sociedad en general y la tendencia &eacute;tica de la medicina propiciaron siempre  el respeto a la vida y la dignidad a la hora de la muerte. Dignificar el morir  humano, significa aceptarla como un proceso natural; no acelerar ni posponer indebidamente  su llegada; suprimir, en la medida de lo posible: los dolores, molestias y sufrimientos;  mantener la autoestima y la comunicaci&oacute;n familiar del moribundo; respetar  sus ideas, creencias y decisiones y acompa&ntilde;arle hasta el &uacute;ltimo  momento, apoy&aacute;ndole f&iacute;sica y emocionalmente. De ninguna manera puede  ser un momento de dolor extremo y de horror inenarrable. As&iacute; estaremos  frente a una muerte buena, frente a un proceso eutan&aacute;sico. </p><h4>Consideraciones  finales</h4>    <p>Ante el uso perverso del t&eacute;rmino eutanasia, es necesario  iniciar un proceso de recuperaci&oacute;n del sentido positivo de la palabra,  tal cual como la concibieron quienes la acu&ntilde;aron, los griegos. El acto  de morir debe ser asumido como un momento trascendente en la vida de la persona,  la familia y el grupo social. Por las condiciones propias del desarrollo de la  humanidad seguir&aacute; siendo un proceso medicalizado y ante esta realidad estamos  en la obligaci&oacute;n de impedir que se destruya una larga tradici&oacute;n  de confianza de la sociedad en los m&eacute;dicos como defensores de la vida y  no como dispensadores de la muerte. El proceder &eacute;tico del m&eacute;dico  frente al paciente terminal debe estar orientado hacia la eutanasia real, que  de ninguna manera puede ser interpretada como muerte provocada, o suicidio asistido  u obstinaci&oacute;n terap&eacute;utica.     <br> </p>    <p>Para dignificar la muerte  es imperativo dignificar primero la vida de cada persona, ofreci&eacute;ndole  todas las condiciones que conlleven la plenitud de la existencia porque &#147;todo  el tiempo que vivimos, se lo quitamos a la vida. El continuo quehacer de nuestra  existencia levanta el edificio de nuestra propia muerte. Si la vida fue llena  de provecho, tenemos ya bastante y podemos ir satisfechos&#148;.<span class="superscript">12</span>    <br>  </p>    <p>El reto de la medicina radica en saber recoger todos los logros de la ciencia  y de la t&eacute;cnica para revertirlos en beneficio de la humanidad bajo los  principios de equidad, justicia, calidad y solidaridad, de esa forma cumplir&aacute;  con los presagios de (<i>Gregorio Mara&ntilde;&oacute;n</i>: &#147;la medicina  de hoy, con su dureza, con la escasez de amor al individuo, con los an&aacute;lisis  y las radiograf&iacute;as in&uacute;tiles, y no d&oacute;ciles auxiliares del  buen juicio, volver&aacute; a sus cauces, como vuelve todo lo que es fundamentalmente  imperfecto; y otra vez presidir&aacute; a la medicina el signo del amor, tanto  m&aacute;s vivo cuanto m&aacute;s eficaces sean los progresos de la ciencia&#148;.(Mara&ntilde;&oacute;n  G. Lo que ha pasado desde la plata hasta el oro. [Discurso en la conmemoraci&oacute;n  de las Bodas de Oro de la promoci&oacute;n m&eacute;dica 1909]. Madrid;1959.)    <br>  </p><h4>Summary</h4>    <p> The paper describes how the term euthanasia has served  in the course of history to refer to an endless number of concepts related with  death, however, this term has moved away from the original concept and even has  meant all the opposite to what it etymologically describes. Ambiguity is the distinctive  sing of the term and the concept of euthanasia in our times. It is emphasized  that when man assesses the dignity of his life, he will assess also the right  of each human being to die with dignity, which is the real meaning of euthanasia  given by the Greek culture. If euthanasia is understood in this way, then it constitutes  an unavoidable ethical demand. It is concluded that the act of dying should be  assumed as a transcendental moment in the life of the person, the family and the  social group and that for dignifying death, it is essential to firstly dignify  the life of each person by offering him/her all the necessary conditions that  lead to full enjoyment of life because &#147;all the length of time that we are  living, we are taking it away from life&#148;.</p>    <p><i>Subject headings</i>:  EUTHANASIA; DEATH; PUBLIC HEALTH.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </p><h4>Referencias bibliogr&aacute;ficas</h4><ol>      <!-- ref --><li> Popper K, Eccles J. El yo y su cerebro. Basilea: Ediciones Roche; 1977.</li>    <!-- ref --><li>Vidal  M. Moral de la persona y bio&eacute;tica teol&oacute;gica. Madrid: PS Editorial;1991;  501.</li>    <!-- ref --><li> Marx K. Citado por Diego Gracia en &Eacute;tica de los confines  de la vida. Bogot&aacute;: Edit. El Buho;1999.</li>    <!-- ref --><li> Ravinovich R. Responsabilidad  del m&eacute;dico. Buenos Aires: Edit. Astrea; 1999.</li>    <!-- ref --><li> Pichot P. Un siglo  de psiquiatr&iacute;a. Basilea: Ediciones Roche; 1983.</li>    <!-- ref --><li> Drane J. El cuidado  del enfermo terminal. Washington: OPS; 1999.</li>    <!-- ref --><li> Coe R. Sociolog&iacute;a  de la medicina. Madrid: Alianza Editorial;1973. 325-6.</li>    <!-- ref --><li>La&iacute;n Entralgo  P. El m&eacute;dico y el enfermo. Madrid: Edit. Gaudarrama; 1969.</li>    <!-- ref --><li>Taboada  P. El derecho a morir con dignidad. Acta Bio&eacute;tica 2000;1(1):91-101.</li>    <!-- ref --><li>  Lolas F. Bio&eacute;tica. Santiago de Chile: Editorial Universitaria; 1998.</li>    <li>  Kaplan H, Sadock B. Tratado de psiquiatr&iacute;a. 6 ed. V. 3. Buenos Aires: Editorial  EUDEBA;1977; p.1649.</li>    <!-- ref --><li> Monataigne M. Ensayos. Buenos Aires: El Ateneo;  1944.</li>    </ol>    <p>Recibido: 6 de agosto de 2003. Aprobado: 12 de octubre de 2003.    <br>  <i>Dimitri Barreto Vaquero</i>. Facultad de Ciencias M&eacute;dicas. Universidad  Central del Ecuador.    <br> </p>    <p><a href="#autor"><span class="superscript">1</span>  Profesor del &Aacute;rea de Salud Mental. Facultad de Ciencias M&eacute;dicas.  </a><a name="cargo"></a></p>      ]]></body><back>
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